por Luis Enrique Alcalá | Jun 17, 2017 | Dr. Político en RCR, Política |

La bella durmiente por el American Ballet Theater
Poco característicamente, el programa #253 de Dr. Político en RCR admitió a los oyentes el tono depresivo expresado en Buenos días, tristeza, entrada que fue leída durante la transmisión. Recientes declaraciones de Herman Escarrá confirman lo sostenido varias veces en el programa: que sólo el Pueblo puede decidir en referendo expreso la entrada en vigencia de una nueva constitución. También se formuló una clara consigna para las elecciones de constituyente esperadas para el 30 de julio: una masiva inasistencia que causaría la falta de «quórum de representatividad», considerada igualmente por Escarrá como una posibilidad. Dos números del ballet La bella durmiente de P. I. Tchaikovsky—Panorama y Vals final—fueron la música escuchada hoy durante la transmisión. Su archivo de audio, como es costumbre, se coloca acá a continuación:
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 16, 2017 | Notas, Política |

Sobre la novela de Françoise Sagan
A los hijos y los nietos
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Usualmente soy profesional optimista cuya especialidad médica no es la corrupción, pero hoy desperté deprimido tras leer anoche en La Patilla, con algún retraso, la terrible pieza de Gustavo Azócar Alcalá: La batalla entre Cilia y Luisa. Luego de un inapetente desayuno, me refugié en versos de T. S. Eliot—No cesaremos de explorar, y al término de nuestra exploración, regresaremos al sitio donde comenzamos y conoceremos el lugar por la primera vez—y los de un sólido amigo foráneo que también es poeta. Quise releer la curativa cita de Will Durant (The Pleasures of Philosophy):
Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas.
(Eliot escribió a un amigo: «El Missouri y el Mississippi me han dejado una impresión más profunda que cualquier otra parte del mundo»).
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Volví sobre mis propias defensas: que las señales dolorosas son más vívidas por razón de supervivencia, y así la picada de un bachaco puede terminar el más dulce de los embelesos cuando muerde el menor de los dedos en el pie de un amante. Que los medios de comunicación prefieren difundir las noticias malas porque son las más leídas y refuerzan su circulación. (El fundador de USA Today, Al Neuharth, dijo en sus autobiográficas Confessions of an S. O. B. que la línea editorial del Washington Post era echar a perder el desayuno de sus lectores con la peor noticia disponible en primera plana). Yo mismo escribí esto en Krisis: Memorias prematuras:
El otro factor digno de mencionar es el marcado aumento en el escrutinio que de las ejecutorias públicas hacían, principalmente, los medios de comunicación social. Se puede decir que a este respecto aumentó la democracia venezolana durante el período de Luís Herrera. En efecto, nunca antes un gobierno había estado expuesto a un asedio tan insistente o tan escudriñador. El día que llegue a ser posible una cuenta más objetiva de los casos de corrupción administrativa y se haga una comparación entre los producidos en el gobierno de Pérez y en el de Herrera, será posible notar que durante el período de este último aumentó la frecuencia de reporte. Habrá que decidir entonces si hubo más corrupción absoluta durante el mandato de Luís Herrera o si la percepción de que así lo fue dependió más de una mayor cantidad de iluminación, si el tumor era realmente más grande que antes o si se veía más porque la lámpara del quirófano alumbraba mejor.
Eso fue señalado diez años antes de que Internet llegara a nosotros, para cambiarnos la vida de modo múltiple y profundo abrumándonos con información, cuando éramos sólo 4.700 millones de terrícolas; hoy somos 7.500 millones y hay más gente mala en el mundo. El primer acto hiperterrorista de la historia inauguró nuestro tercer milenio el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, cuando éramos ya 6.200 millones. Pero en la misma proporción hay gente buena; también en Krisis (1986):
…se comprende a la realidad política como si estuviese compuesta por un conjunto de los honestos y un conjunto de los corruptos, por un conjunto de los poseedores y un conjunto de los desposeídos, un conjunto de los reaccionarios y uno de los revolucionarios, etcétera. La realidad social no es así. Tómese, para el caso, la distinción entre “honestos” y “corruptos” que parece tan crucial a la actual problemática de corrupción administrativa. Si se piensa en la distribución real de la “honestidad”—o, menos abstractamente, en la conducta promedio de los hombres referida a un eje que va de la deshonestidad máxima a la honestidad máxima—es fácil constatar que no se trata de que existan dos grupos nítidamente distinguibles. Toda sociedad lo suficientemente grande tiende a ostentar una distribución que la ciencia estadística conoce como distribución normal de lo que se llama corrientemente “las cualidades morales”: en esa sociedad habrá, naturalmente, pocos héroes y pocos santos, como habrá también pocos felones, y en medio de esos extremos la gran masa de personas cuya conducta se aleja tanto de la heroicidad como de la felonía.
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¿El futuro? Copio de Mundo nuevo y bueno (23 de octubre de 2008, días antes de la elección de un hombre de color a la Presidencia de los Estados Unidos):
Hace unos días, la cadena CNN presentaba un interesante capítulo de su serie “Destinos”, dedicado a mostrar al Paraguay como atractivo país para la visita turística. Al tiempo que mostraba hermosos parajes y significativos elementos de cultura, el programa entrevistaba a varios visitantes, la mayoría de otros países sudamericanos, aunque también de uno que otro europeo. Una pareja muy joven, procedente de Colombia, fue igualmente requerida por los periodistas, y sus respuestas sobresalieron nítidamente respecto de las de los restantes entrevistados, por más que ninguna de estas últimas dejó de ser atinada y positiva. El contenido concreto de las respuestas juveniles no tuvo nada fuera de lo común; la diferencia estuvo en el tono natural de sus observaciones. Cosas como la hermandad primordial de pueblos distintos, la importancia de la cultura autóctona, la igualdad de hombres y mujeres, no eran dichas como declaración solemne o programas políticos, sino con la misma naturalidad con que uno hablaría de la lluvia o una sopa cotidiana. No hacían el menor esfuerzo por convencer a nadie, puesto que daban su discurso por sentado, comme il faut, as a matter of fact. Ni siquiera estaban conscientes de su propia frescura: se trataba, simplemente, de la visión inmediata de la juventud. (…) El mundo va a ser mejor porque llegarán los jóvenes con esa perspectiva. Cuando vengan a ocuparse de la cosa pública no tendrán que ser convencidos de la importancia de preservar el planeta, porque serán ecólogos natos; no pasarán trabajo con la diversidad cultural del mundo, pues habrán nacido en la globalidad; no conocerán el prejuicio étnico, ya que las vallas publicitarias multirraciales de los colores unidos de Benetton serán historia remota, convertida por el tiempo en el modo estándar de la percepción. No serán locales.
Esto no es poesía, o deseo ingenuo. De un observador tan intenso y agudo como Kevin Kelly escuchamos esto (That We Will Embrace the Reality of Progress):
Soy optimista acerca de lo único que, por definición, podemos ser optimistas: el futuro. Cuando anoto lo positivo y lo negativo que hoy trabajan en el mundo, veo progreso. El mañana luce como que será mejor que hoy. No sólo en progreso para mí, sino para todo el mundo en el planeta tanto en conjunto como en promedio… Como dijera una vez el rabino Zalman Schacter-Shalomi: ‘Hay más bien que mal en el mundo, pero no por mucho’. Inesperadamente, ‘no mucho’ es todo lo que necesitamos cuando tenemos el poder del interés compuesto en operación. El mundo sólo necesita ser 1% mejor (o incluso una décima de por ciento mejor) cada día para acumular civilización. En tanto creemos 1% más de lo que destruimos cada año, tendremos progreso. Este incremento neto es tan pequeño que es casi imperceptible, especialmente ante el 49% de muerte y destrucción que nos afronta. Sin embargo, este minúsculo, delgado y tímido diferencial genera progreso.
No se trata, por tanto, de negar el mal social en el mundo. Allí está, pero está allí para superarlo, y en más de un caso es posible progresar en proporciones mayores que la medida por Kelly.
Es verdad que ahora está el autodestructivo Donald Trump en lugar de Barack Obama en el cargo más poderoso del mundo, pero ya su país se prepara a despedirlo. Los neonazis europeos han sido derrotados última y convincentemente en elecciones, y nosotros hemos decidido remover el chavoma—ver Memoria Clínica: Tratamiento de abolición (5 de febrero de 2003)—con metástasis mutada en maduroma, que es peor. (Manda Su Majestad, 17 de diciembre de 2016).
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Por último, me dije, es cosa de postura. El 28 de junio de 2015 publicaba el semanario La Razón la entrevista que me hiciera Eduardo Agüero, donde consta este punto de intercambio:
Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?
Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos.
Pero aunque poco me interesan asuntos como el tratado por Azócar, aún me queda algo de tristeza y eso está bien; para algo tenemos esa emoción. Emilio Mirá y López identificaba en Cuatro gigantes del alma, en orden creciente de más primitiva a más evolucionada, estas grandes pasiones del espíritu: el miedo, la ira, el amor y el deber. Es del deber cumplido de donde nos llega la mayor de las felicidades. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 15, 2017 | Notas, Política |

Para la defensa de la ciudadanía
¿En qué país vive el Defensor del Pueblo? ¿No requieren los acontecimientos en el grupo residencial conocido como «Los Verdes» su actuación firme, «hasta las últimas consecuencias»? ¿Es que aún no le ha llegado la notitia criminis de la longeva e impune actuación de grupos armados paramilitares alineados con la revolución «bonita»? ¿Es que no es de su competencia defender al Pueblo del terrorismo de Estado? LEA

Para fabricar lágrimas impotentes

¿Quién paga a herreros y cerrajeros?

Según el color del cristal con que se mira

Según el color del cristal que se revienta

Urbanismo colectivo
por Luis Enrique Alcalá | Jun 14, 2017 | Argumentos, Política |

El tuitero Brito
Fue opinión de hoy del Arqto. José Brito C. lo siguiente, que expresara en tuit—Diccionario de la Lengua Española: tuit Del ingl. tweet. 1. m. Mensaje digital que se envía a través de la red social Twitter® y que no puede rebasar un número limitado de caracteres—dirigido al suscrito:
@jobricor @doctorpolitico Venezuela necesita urgentemente un doctor político que le suministre un tratamiento de terapia intensiva
Copio mi respuesta en mensaje directo (no limitado a 140 caracteres):
En la Introducción de Dictamen (junio de 1986), mi primer acto explícito de Política Clínica:
Un paciente se encuentra sobre la cama. No parece padecer una indisposición común y leve. Demasiados signos del malestar, demasiada intensidad y duración de las dolencias indican a las claras que se trata de una enfermedad que se halla en fase crítica. Por esto es preciso acordar con prontitud un tratamiento. No es que el enfermo se recuperará por sus propias fuerzas y a corto plazo. Tampoco puede decirse que las recetas habituales funcionarán esta vez. El cuerpo del paciente lucha y busca adaptarse, y su reacción, la que muchas veces sigue cauces nuevos, revela que debe buscarse tratamientos distintos a los conocidos. Debe inventarse un nuevo tratamiento. La junta médica que pueda opinar debe hacerlo pronto, y debe también descartar, responsable y claramente, las proposiciones terapéuticas que no conduzcan a nada, las que no sean más que pseudotratamientos, las que sean insuficientes, las que agravarían el cuadro clínico, de por sí extraordinariamente complicado, sobrecargado, grave. Así, se vuelve asunto de la primera importancia establecer las reglas que determinarán la escogencia del tratamiento a aplicar. Fuera de consideración deben quedar aquellas reglas propuestas por algunos pretendidos médicos, que quieren hacer prevalecer sus tratamientos porque son los que más gritan, o los que hayan tenido éxito en descalificar a algún colega, o los que sostengan que a ese paciente “lo vieron primero”. La situación no permite tolerar tal irresponsabilidad. No se califica un médico porque haya logrado descalificar a otro. No se convierten en eficaces sus tratamientos porque los vociferen, como no es garantía de eficacia el que algunos sean los más antiguos médicos de la familia. El paciente requiere el mejor tratamiento que sea posible combinar, así que lo indicado es contrastar los tratamientos que se propongan. Debe compararse lo que realmente curan y lo que realmente dañan, pues todo tratamiento tiene un costo. Es así como debe seleccionarse la terapéutica. Será preferible, por ejemplo, un tratamiento que incida sobre una causa patológica a uno que tan sólo modere un síntoma; será preferible un tratamiento que resuelva la crisis por mayor tiempo a uno que se limite a producir una mejora transitoria. Y por esto es importante la comparación rigurosa e implacable de los tratamientos que se proponen. Solamente así daremos al paciente su mejor oportunidad.
Esta prescripción, este modo de seleccionar la terapéutica, con la que seguramente estaríamos de acuerdo si un familiar nuestro estuviese gravemente enfermo, debiera ser la misma que aplicásemos a los problemas de nuestra sociedad. Venezuela es el paciente. Es obvio que sus males no son pequeños. Ya casi se ha borrado de la memoria aquella época en la que nuestros medios de comunicación difundían una mayoría de buenas noticias, cuando en la psiquis nacional predominaba el optimismo y la sensación de progreso. La política se hace entonces exigible como un acto médico. En las condiciones actuales, en las que el sufrimiento es intenso y creciente, ya no basta que los tratamientos políticos sean lo que han venido siendo. Por esta razón este dictamen se ofrece en la justa dimensión indicada por su nombre. Es lo que yo propondría en la junta política que tuviera que atender la salud de la Nación en la presente circunstancia. Lo ofrezco en el espíritu con el que deben emitirse los dictámenes: a la vez con la fuerza del mejor tratamiento que uno sabe proponer y con la conciencia de su imperfección, deliberadamente abierto y vulnerable ante la refutación. A fin de cuentas aun lo que propone el hombre más seguro no pasa de ser una mera conjetura.
(…)
Fuera de la metáfora médica puede asemejarse esta necesidad a la de una licitación política. El país está convocando a una licitación. Uslar dice: “El país está deseoso de que se le señale un rumbo». Aquí me atrevo, después de mucho escrúpulo, a proponer uno. Invito a mis colegas en la preocupación por el diseño societal a que propongan otros, para que veamos cuál resuelve la mayor cantidad de problemas, los problemas más importantes, al menor costo relativo. Invito especialmente a todos aquellos venezolanos que han supuesto que dirigirían correctamente al país desde sus más poderosas magistraturas a que participen de esta licitación política a la que Venezuela ha convocado. (…) Están particularmente obligados los que piensan luchar por la máxima conducción en Venezuela. Están obligados a ofrecer, más que su poder, cualquiera que sea el que tengan, su propio dictamen.
Pero sobre todo debe participar el Pueblo. Es él el convocante. Es él el paciente. Es él, a la postre, quien tiene que comparar los dictámenes. Y tal vez puede hasta ser él su propio médico. Es aquél a quien debemos consultar, en una democracia que si no lo hiciera ya no lo sería, el tratamiento que pensamos debe aplicarse él mismo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 14, 2017 | Notas, Política |

Ortega Díaz con peluca negra
Hace dos días daba cuenta de lo siguiente la web de El Universal:
La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, acudió este lunes al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para impugnar la designación de los 13 magistrados principales y 20 suplentes de ese órgano judicial que realizó la saliente Asamblea Nacional (AN) el 23 de diciembre de 2015. En entrevista con Maripili Hernández por Unión Radio, la fiscal aseguró que el TSJ es un “obstáculo para la paz del país” por la “falta de legitimidad de origen de esos magistrados”. Añadió que el acta donde se realizó la segunda preselección para elegir a los referidos jueces no estuvo firmada ni por ella ni por la secretaria del Consejo Moral Republicano. “Espero que el Tribunal entre a decidir esta nueva solicitud que estoy haciendo y que se inhiban los magistrados involucrados en este caso (los 33)”, expresó. Asimismo, Ortega Díaz pidió una acción de amparo cautelar “a los fines de la suspensión de los efectos de los actos impugnados” para así “garantizar” la estabilidad del país y el cumplimiento del estado de derecho.
Y ayer informaba el mismo diario:
La Asamblea Nacional (AN) juramentó este martes a los miembros seleccionados al comité de postulaciones judiciales para la elección de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). El diputado Carlos Berrizbeitia afirmó que desde el lunes se inicia la selección de los nuevos magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). «A partir del lunes que viene comenzamos con la selección para nombrar hombres y mujeres idóneos, con ética y respeto a los ciudadanos” dijo Berrizbetia al tiempo de señalar que mañana se instalará el comité de postulaciones judiciales para rescatar el TSJ. Aseguró que “hoy le estamos cumpliendo al país porque a partir de este miércoles vamos a estar todos los días con el llamado a los venezolanos honestos y preparados para rescatar el TSJ”.
Es algo tarde para estar cumpliéndole al país; hace un año, dos meses y una semana—a sólo dos meses de instalada la Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015—, sostuve un intercambio con el profesor Antonio D’Alessandro Martínez que fuera publicado en este blog al día siguiente (Diálogo electrónico, 8 de marzo de 2016). Allí se lee:
Prof.: Gracias Luis Enrique, está muy claro y fundamentado tu planteamiento, sólo falta lo referido a “impedir” la investigación de la AN sobre el nombramiento de los magistrados “express”, con esto podrías completar el guión para tu próximo programa. Voy a leer la sentencia. Ya leí la “discusión” tuya con Ramón Escovar León, están muy claros y firmes tus argumentos, como te dije en correo anterior.
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LEA: La AN puede introducir, y es lo que ha debido hacer y no ha hecho, una demanda de nulidad de esos nombramientos ante el TSJ. Cuando anularon su decisión de negar el decreto de emergencia económica por excederse en el plazo previsto por la Ley Orgánica sobre Estados de Excepción, recomendé a la AN esa demanda, basada precisamente en los plazos cuando la Sala Constitucional acababa de argumentar sobre ellos. A alguien le escribí que habría estado la SC “más enredada que un mocho prendiendo un cohete”. Eso—no esta imagen—lo repetí el sábado pasado.
He aquí el fragmento de audio del programa al que me refería (5 de marzo de 2016):
El 10 de octubre de 2006, en el foro Úslar, el hombre, organizado por la Universidad Simón Bolívar, Rafael Arráiz Lucca decía «Hablamos (…) de un Senador que ejerció en el Congreso Nacional que comenzó con la democracia a partir del 23 enero de 1958, durante tres períodos, instituyéndose como el Hombre Congreso”. Pudiera tal vez decirse ahora que Luisa Ortega Díaz es la Mujer Asamblea. LEA
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Actualización: de nuevo la web de El Universal informa hoy a las 6:31 p. m.: «Sobre la constitucionalidad del acto parlamentario dictado por la AN el 23 de diciembre de 2015, en el cual fueron designados y juramentados magistrados para llenar las vacantes en el Alto Tribunal, ya se pronunció con anterioridad la Sala Constitucional en sentencia N° 614 del 19 de julio de 2016, cuya copia certificada le fue entregada a la fiscal general de la República el 4 de agosto de 2016, reza el comunicado».
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