Nota del Día 27/07/10: Trance en la quebrada

El Chamán del Guaraira Repano entra en trance de cuando en vez, y en más de una ocasión murmura en lenguas incomprensibles. Ayer en la mañana temprano le acompañé a los pozos de la quebrada Tocomé, donde sufrió una súbita parálisis durante unos cinco minutos, con la vista clavada sobre algún punto en lo alto de un eucalipto. Al terminar el episodio, comenzó a musitar, repetidamente, algo que sonaba como «nonivén». Por fin me di cuenta de que las lenguas incomprensibles que habla lo son porque las pronuncia muy mal. A juzgar por lo que después pronosticó, el término que repetía era inglés: «nonevent». (Un evento u ocasión decepcionante o insignificante, especialmente uno que se esperaba o quería que fuese excitante o interesante. Un evento programado que no ocurrió. Oxford American Dictionaries).

Un poco más tarde, sentado en cuclillas frente a mí, me dijo que no iba a pasar lo que todo el mundo estaba esperando con la visita del cardenal Urosa a la Asamblea Nacional. «Doña Cilia—explicó—sólo necesitaba la comparecencia para congraciarse con el Sumo Sacerdote de la rama maisántica de la Iglesia Bolivariana. No quiere averiguar nada; lo que quiere es poder decirle al Jefe: ‘¿Vio, Presidente? Puse al Sr. Urosa en el banquillo de los acusados’. Con eso saldrá del paso». Eso fue lo único que dijo, tres horas y media antes de la cita del prelado en el Palacio Legislativo. Después pasó a otros temas, y no hubo forma de que contestara nada más sobre la confrontación cardenalicio-parlamentaria, que a esas horas me parecía ominosa. Nada; hizo algunas referencias botánicas, habló extensamente del casabe y su valor nutritivo y luego comenzó a adentrarse más en la montaña, advirtiéndome que no le siguiera.

Quedé solo, preguntándome si la negativa de Cilia Flores a la presencia de medios de comunicación durante la comparecencia arzobispal, porque podrían incitar alteraciones del orden público, no era en sí misma la admisión de que no podían garantizarlo. Pero luego pensé que ella podría tener razón. A fin de cuentas, la garantía del orden público es asunto del Poder Ejecutivo, y tomando en consideración aquello de la separación de los poderes, la Presidenta de la Asamblea no podía comprometerse con asunto fuera de su incumbencia. He permanecido en el cerro a ver si el Chamán reaparece, y no sé qué pasó en la reunión. Pero bajaré antes de que anochezca; ya me enteraré de si la sangre ha corrido. LEA

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Nota del día 26/07/10: Chisme no es diplomacia

Acto diplomático

El enfoque correcto sobre el diferendo entre Colombia y Venezuela fue planteado ayer. Se hizo una invitación a los venezolanos en general a fortalecer la unidad colombo-venezolana, con el objeto de “lograr que nuestra frontera sea un espacio de paz y de bienestar “.

La invitación precedente partió del Vicepresidente Ejecutivo de la República, Elías Jaua. Pero mientras Jaua decía eso en Perijá, el Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, aseguraba en el estadio de La Rinconada que en los últimos cien años no había habido una probabilidad tan alta de ataque militar de Colombia contra Venezuela, y que todo indicaba que detrás de esa posibilidad estaba el designio de los Estados Unidos.

Cuando Roy Chaderton tomó la palabra en la sesión del Consejo Permanente de la OEA, el jueves pasado, en respuesta a las acusaciones de Luis Alfonso Hoyos, el embajador colombiano, nuestro diplomático adoptó una línea que cualquier abogado defensor asumiría en un juicio penal: las pruebas son malísimas, las fotos pueden haber sido tomadas en un sitio que no pertenece al territorio nacional. Tenía razón; las fotos de Hoyos no tienen la contundente irrefutabilidad de las satelitales exhibidas por John Kennedy durante la peligrosa Crisis de los Misiles. (Quien escribe no ha podido obtener de Google Earth una vista de las inmediaciones de La Villa del Rosario en Perijá que sea suficiente como para detectar campamentos guerrilleros, y tampoco conoce las coordenadas que Hoyos habría suministrado para hacer la búsqueda más precisa).

Pero el gobierno de Venezuela tampoco presenta pruebas de sus repetidas acusaciones de planes agresivos en su contra, de las tramas de magnicidio o invasión. Basta que diga que ha interceptado la carta de alguien, o que un terrorista majunche venía a asesinarlo—ya el incompetente fue convenientemente detenido y enviado a Cuba—, sin presentar siquiera pruebas que Chaderton descartaría, para justificar alarmas amarillas en PDVSA y otras posturas que evidencian desagrado y decisión de confrontar amenazas.

Pareciera entonces que los gobiernos de Colombia y Venezuela deben enseriar las cosas y plantear pruebas reales y no chismes, porque entretanto los pueblos de ambos países sufren las consecuencias y se hace imposible el “espacio de paz y de bienestar”. Si lo más sólido que tiene Hoyos son las declaraciones de desertores que se han acogido a ofertas de pacificación y reintegración, la cosa no parece bien fundamentada. Ya tuvimos la experiencia de los Geovanny Vásquez, los testigos estrella que son capaces de decir cualquier cosa. Nelson Mezerhane sabe de eso.

Entretanto, hay gente que se compara con el Cid Campeador y disfruta su papel de protagonista arrecho (del latín arrectus) en una epopeya planetaria que imagina. ¿Qué mejor premio que tener pretexto para retar a las cúpulas que descienden de las que envenenaron a Bolívar, quizás en acuerdo secreto con Andrew Jackson? Es para molestarlas que elogia a Tirofijo y pone por modelo al Che Guevara. LEA

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Nota del día 25/07/10: La política que debe cesar

Otro uso para las piedras

La política convencional se la entiende, en palabras de Hess, ocupada del asunto de “la adquisición y el empleo del poder político”. En ambientes democráticos, su tecnología cotidiana es la conciliación de intereses opuestos, y por tanto son para ella importantes el diálogo, la negociación y la transacción. Pero a esa tarea ostensiblemente beneficiosa, subyace el propósito de la dominación, y en la práctica es el modo normal de actuación política la competencia, el combate. Los políticos convencionales, por consiguiente, pasan paradójicamente la vida confrontándose para acceder a un poder que les permitiría conciliar.

Actitudinalmente, además, el político convencional “parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia”. Los partidos son, en consecuencia, agrupaciones de personas que creen que siempre tienen la razón.

Es claro que estos dos rasgos del paradigma político prevaleciente—el de la política de poder o Realpolitik—impiden que el aparato público cumpla cabalmente con la única función que lo justifica: la solución de los problemas de carácter público. (De hecho, es esto lo que ha sido medido una y otra vez por estudiosos del fenómeno; por ejemplo, John A. Vasquez en The power of power politics). Si la cuestión es alcanzar el poder e impedir que el competidor haga lo propio, el adiestramiento más importante del político es el de un arte marcial, pues la lucha es su actividad constante. Las destrezas a adquirir son las requeridas para ese combate: artes retóricas y de manipulación.

Si el paradigma “realista” es la causa última de la insuficiencia política, aquí y en toda latitud, no habrá solución de fondo hasta que no lo suplante un paradigma “clínico”, que entienda la política como arte o profesión de solucionar los problemas públicos, y hasta tanto nuestros políticos no reciban un adiestramiento correspondiente. En particular: “El nuevo actor político… tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra”. LEA

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Las músicas azules

De la Commedia dell’arte, Arlequín, por Pablo Picasso


 

Hagamos una cosa: oiga usted, primero que nada, el siguiente archivo de audio y luego sigamos hablando.

Si usted está familiarizado con la música «culta», probablemente su oído ubicaría el trozo reproducido en la época del Barroco. No le faltaría razón; esa música ha sido atribuida a Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736), violinista, organista y compositor italiano de importante obra en el género de la opera buffa. Quizás conozca usted precisamente la pieza en cuestión; si es así, sabrá entonces que en cambio se trata del primer movimiento de la Suite Polichinela, del ballet del mismo nombre compuesto por ningún otro que Igor Stravinsky (1882-1971), el mismo de Agón y El Pájaro de Fuego. (El ballet fue encargado por Sergei Diaghilev para sus Ballets Russes. Quería una obra basada en los caracteres de la Commedia dell’arte italiana, y Stravinsky reconstruyó las partituras halladas por aquél con lenguaje y rítmica moderna).

No se trata, por tanto, de que el compositor más famoso del siglo XX escandalizara a los parisinos en 1913 con su Rito de la Primavera porque no sabía componer música consonante. El nuevo idioma musical de Stravinsky no tenía que ver con incapacidades armónicas o melódicas del compositor; era, simplemente, eso: un nuevo idioma, del mismo modo que el Período Azul de Pablo Picasso desmiente la superficial e inculta especie de que el pintor malagueño hizo las Damiselas de Aviñón porque no era buen dibujante. (Picasso, por cierto, diseñó los vestuarios y la escenografía de Polichinela, estrenado en París hace noventa años).

Hay muchos ejemplos, por lo contrario, de maestría composicional de los autores modernos cuando han usado deliberadamente moldes de épocas precedentes. Muchos compositores del siglo XX tuvieron su época azul, y las razones para componer en forma, armonía o textura más antigua son de diversa índole.

Camille Saint-Säens (1835-1921), por ejemplo, eligió una textura, un motivo musical y un tempo bastante clásicos para La rueca de Onfalia, pieza a la que llamó poema sinfónico, que es una forma característica del Romanticismo ya maduro. ¿Por qué? Porque su tema es mitológico y no convenía, a su criterio, alojarlo en lenguaje más moderno. He aquí su primera parte:

Al norte de Camille los ingleses son muy dados a sentir la obligación de componer alguna pieza al estilo antiguo. Veamos varios ejemplos en sucesión.

En primer término, puede ocurrir que se adapta un tema tradicional. Éste es el caso de la muy conocida Fantasía sobre Greensleeves (Mangas verdes) que el compositor Ralph Vaughan Williams (1872-1958) incorporara en su ópera Sir John in love. El tema es tan antiguo como Isabel I de Inglaterra, y es mencionado incluso por Shakespeare (en Las alegres casadas de Windsor y en Falstaff). Todos lo reconocemos:

Otras veces, un tema antiguo es transformado en variaciones que lo tratan más allá de la mera adaptación. Henry Purcell (1659-1695), posterior a Isabel I, es el gran músico inglés del Barroco (Händel era alemán), y un tema de su música incidental para la obra teatral Abdelazar (La venganza del moro, de Aphra Behn), del segundo movimiento o Rondó, fue tomado por Benjamin Britten (1913-1976) para musicalizar una película encargada por la BBC: Guía de los jóvenes a la orquesta. (La Orquesta Sinfónica de la BBC fue dirigida en la película en blanco y negro por Sir Malcolm Sargent). He aquí, en sucesión, el tema original de Purcell y luego el tratamiento de Britten:

Pero también puede prescindirse del préstamo temático y usar material moderno, original, inventado, dentro de formas ya en desuso. El mismo Britten nos ofrece el ejemplo de esta manera de componer en azul con la Passacaglia de su ópera Peter Grimes. El tema es de Britten, con su característica acidez, pero la forma es la estricta del contrapunto barroco: un basso ostinato (una secuencia melódica que se repite una y otra vez en el registro bajo) al que se superponen variaciones en los registros altos. Facilita la comprensión escuchar primero una passacaglia del Barroco verdadero, en este caso, la de la Passacaglia y Fuga en Do menor de Juan Sebastián Bach (1685-1750). Después, la de Peter Grimes. (Cada una expone, inicialmente, el tema recurrente solo).

Un ejemplo formal más por otro compositor inglés. El movimiento Ostinato de la Suite de San Pablo de Gustav Holst (de fama por la suite astrológica Los planetas):

Naturalmente, otras nacionalidades musicales han emprendido las mismas exploraciones. Ernest Bloch (suizo-estadounidense, 1880-1959) escribió dos concerti grossi completos. Podemos oír ahora (entero) el cuarto y último movimiento del primero de ellos, para orquesta de cuerdas y piano obligado en un papel antaño reservado al clavecín. Se inicia en textura polifónica de fuga, y al final evoca el tema del primer movimiento fusionándolo con el material previo:

Mucho menos áspera es En tiempos de Holberg, Suite al viejo estilo, cuyo autor es el noruego Edvard Grieg. Su cuarto movimiento, Andante religioso, íntegro aquí, es de una nobleza incomparable:

Así que obras completas de compositores modernos en varios movimientos pueden seguir estructuralmente las reglas de formas pasadas. El ejemplo más famoso lo proporciona Sergei Prokofiev (1891-1953) con lo que llamó, justamente y sin tapujos, nada menos que Sinfonía Clásica, compuesta en el estilo de Haydn (1732-1809) y Mozart (1756-1791). Acá ponemos los movimientos centrales, Larghetto y Gavotta. (Baile este último que recuerda más atrás: el origen de la forma sinfónica en la suite barroca de danzas).

A punto de concluir esta fugaz visita a las músicas azules, admitamos que no hemos retrocedido más allá del período Barroco. Un icono cultural a partir de los años sesenta—los de Woodstock y el Mayo Francés—es, sin duda, la cantata escénica Carmina Burana (Canciones del Beuern), que Carl Orff (alemán, 1895-1982) compuso en 1937. La famosa obra trajo un lenguaje musical que es copiado ahora en Hollywood para musicalizar sugerentemente películas de exorcistas o vampiros, en la creencia de que escribiendo como Orff se hace música medieval. En verdad, los textos sobre los que Orff montara la impar cantata provienen de manuscritos del siglo XII y aún antes, hallados en el monasterio Benediktbeuern. (No hay vampirismo en ellos). Pero la música de Orff es enteramente moderna; ciertamente, por la orquestación y por los ritmos, que suenan primitivos pero son inconstantes, al estilo de Stravinsky. (De hecho, Les Noces, de este compositor—que tuvo su período azul, neoclásico–influyeron mucho en Carmina Burana). La genialidad de Orff reside en haber logrado una música de tal simplicidad que se la siente primitiva, ingenua, y el latín y el alemán antiguo, con algo de francés de la época, contribuyen a formar la impresión de antigüedad. Pongamos acá dos de los veinticuatro números de la obra. El coro Veni, venim, venias y el dulce solo de soprano In trutina mentis dubia, cuya letra copiamos abajo. (Cantado por la primerísima soprano estadounidense Renée Fleming):

In trutina mentis dubia
fluctuant contraria
lascivus amor et pudicitia
Sed eligo quod video
collum iugo prebeo
ad iugum tamen suave transeo

Lo que antecede debiera ser suficiente demostración. Los grandes compositores contemporáneos son capaces de hacer obras en formas estrictas como las clásicas y barrocas, en texturas y armonías del tonalismo convencional, en melodías tan románticas como las de Schubert o Chopin. Si se han lanzado por caminos musicales distintos es, precisamente, porque el lenguaje que han aprendido en los conservatorios donde estudiaron se ha empleado para decir casi todo y ellos quieren decir cosas nuevas.

Pero no es bueno un concierto sin encore. Aprovechando la presencia de Renée Fleming, escuchémosle cantar Baïlerò, de la maravillosa recopilación de añejas canciones del folklore profundo francés por Joseph Canteloube: Chants d’Auvergne. Recopilar lo viejo y arreglarlo para el oído y los instrumentos modernos es otro modo de componer música azul. LEA


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Nota del día 24/07/10: Do not disturb

Una explosión que pudo ser evitada

Lo último en razones del accidente en la plataforma Deepwater Horizon, que explotara sobre el pozo Macondo en el Golfo de México el pasado 20 de abril, ha emergido en declaraciones del técnico en electrónica Michael Williams, a cargo del mantenimiento de sus sistemas electrónicos. Hasta ahora, la mayor parte de la culpa por el accidente que ha causado inconmensurable daños ecológicos y económicos ha sido colocada sobre BP, siendo que esta petrolera internacional es la operadora del pozo, pero las revelaciones de Williams podrían reubicarla sobre los hombros de Transocean, la contratista a cargo de las operaciones.

Durante una sesión de la investigación en progreso que sigue el gobierno federal de los Estados Unidos, Williams explicó que los sistemas de alarma se encontraban desconectados, así como otros mecanismos de seguridad. Más aún, indicó que ese estado era el producto de decisiones deliberadas.

El día de la explosión no hubo alarmas que advirtieran del peligro; un año atrás fueron desactivadas intencionalmente porque los jefes en la plataforma, como Williams personal de Transocean, no querían que los trabajadores despertaran en la madrugada por causa de falsas alarmas. Otro sistema que habría cerrado la cabina del taladro en caso de detección de gas en niveles peligrosos, estaba desactivado, y el supervisor de Transocean, Mark Hay, descartó la advertencia de Williams confiándole que así llevaba cinco años y que en todas las plataformas de la compañía el sistema operaba desactivado. Finalmente, Williams contó que un sistema computarizado que vigilaba la cabina del taladro se colgaba constantemente y, en una ocasión en particular, ofreció información errónea. Éste era el sistema que debió informar que una válvula del dispositivo encargado de cerrar el pozo en caso de problemas estaba dañada.

La gravedad de las declaraciones de Williams parece indicar que el villano principal de la tragedia, que mató a 11 trabajadores y ya ha descargado más de cuatro millones de barriles de petróleo en el Golfo de México, no es BP sino su contratista, Transocean Limited, y esta compañía dista mucho de tener el músculo financiero de la petrolera británico-estadounidense. Un desastre de esta magnitud puede acabar con la contratista incorporada en Suiza, pero no liberará de culpa a BP, de la que el Presidente del Comité de Energía y Comercio del Congreso de los EEUU, Henry Waxman, dijera el mes pasado: “Una y otra vez, parece que BP ha tomado decisiones que aumentaron el riesgo de una explosión para ahorrar tiempo y dinero a la compañía”.

Es muy difícil que una cosa así concluya sin responsabilidades penales. LEA

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