por Luis Enrique Alcalá | Feb 25, 2010 | Política, Terceros |

De lo mejor de América Latina
La Dra. María Teresa Herrera de Andrade ha tenido la gentileza de obsequiar a este blog el texto completo del importantísimo discurso que pronunciara Óscar Arias Sánchez, Presidente de Costa Rica, el 23 de febrero de 2010 en Cancún, México, ante la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe. El discurso ha sido titulado con una de sus más firmes admoniciones—Que cada palo aguante su vela—; acá se le introduce con la más hermosa de sus frases. Quien fuera galardonado en 1987 con el Premio Nóbel de la Paz quiso que su despedida del circuito de cumbres latinoamericanas fuese una advertencia clarísima, contra la pérdida de tiempo y las desviaciones de los países latinoamericanos. No hizo falta que Arias colocara nombres y apellidos en sus palabras; es evidente que tuvo en la mira al gobierno venezolano mientras ofrecía a sus colegas su sabiduría de estadista. Este blog queda muy agradecido de la Dra. Herrera, y los latinoamericanos todos debemos estarlo del presidente Arias. LEA
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Excelentísimos Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe, amigas y amigos:
Ésta es mi última participación en una cumbre internacional. No pretendo despedirme de América Latina ni del Caribe. Los sueños de esta región los llevo atados al centro de mi vida. Pero sí debo despedirme de ustedes, colegas, hermanos, compañeros de viaje. Debo despedirme de este auditorio que resume, en un racimo de voces, las esperanzas de 600 millones de personas, casi una décima parte de la humanidad. Es en nombre de esa estirpe latinoamericana que quiero compartir con ustedes algunas reflexiones. Es en nombre de la prosapia que habita más allá de estas puertas, y que exige de nosotros la osadía de construir un lugar más digno bajo el sol.
A pesar de los discursos y de los aplausos, lo cierto es que nuestra región ha avanzado poco en las últimas décadas. En ciertas áreas, ha caminado resueltamente hacia atrás. Muchos quieren abordar un oxidado vagón al pasado, a las trincheras ideológicas que dividieron al mundo durante la Guerra Fría. América Latina corre el riesgo de aumentar su insólita colección de generaciones perdidas. Corre el riesgo de desperdiciar, una vez más, su oportunidad sobre la Tierra. Nos corresponde a nosotros, y a quienes vengan después, evitar que eso suceda. Nos corresponde honrar la deuda con la democracia, con el desarrollo y con la paz de nuestros pueblos, una deuda cuyo plazo venció hace siglos.
Honrar la deuda con la democracia quiere decir mucho más que promulgar constituciones políticas, firmar cartas democráticas o celebrar elecciones periódicas. Quiere decir construir una institucionalidad confiable, más allá de las anémicas estructuras que actualmente sostienen nuestros aparatos estatales. Quiere decir garantizar la supremacía de la ley y la vigencia del Estado de Derecho, que algunos insisten en saltar con garrocha.
Quiere decir fortalecer el sistema de pesos y contrapesos, profundamente amenazado por la presencia de gobiernos tentaculares, que han borrado las fronteras entre gobernante, partido y Estado. Quiere decir asegurar el disfrute de un núcleo duro de derechos y garantías fundamentales, crónicamente vulnerados en buena parte de la región latinoamericana. Y quiere decir, antes que nada, la utilización del poder político para lograr un mayor desarrollo humano, el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros habitantes y la expansión de las libertades de nuestros ciudadanos.
No se debe confundir el origen democrático de un régimen con el funcionamiento democrático del Estado. Hay en nuestra región gobiernos que se valen de los resultados electorales para justificar su deseo de restringir libertades individuales y perseguir a sus adversarios. Se valen de un mecanismo democrático, para subvertir las bases de la democracia. Un verdadero demócrata, si no tiene oposición, debe crearla. Demuestra su éxito en los frutos de su trabajo, y no en el producto de sus represalias. Demuestra su poder abriendo hospitales, caminos y universidades, y no coartando la libertad de opinión y expresión. Un verdadero demócrata demuestra su energía combatiendo la pobreza, la ignorancia y la inseguridad ciudadana y no imperios extranjeros y conspiraciones imaginarias. Esta región, cansada de promesas huecas y palabras vacías, necesita una legión de estadistas cada vez más tolerantes, y no una legión de gobernantes cada vez más autoritarios. Es muy fácil defender los derechos de quienes piensan igual que nosotros. Defender los derechos de quienes piensan distinto, ése es el reto del verdadero demócrata. Ojalá nuestros pueblos tengan la sabiduría para elegir gobernantes a quienes no les quede grande la camisa democrática.
Y ojalá también sepan resistir la tentación de quienes les prometen vergeles detrás de la democracia participativa, que puede ser un arma peligrosa en manos del populismo y la demagogia. Los problemas de Latinoamérica no se solucionan con sustituir una democracia representativa disfuncional, por una democracia participativa caótica.
Parafraseando a Octavio Paz, me atrevo a decir que en nuestra región la democracia no necesita echar alas, lo que necesita es echar raíces. Antes de vender tiquetes al paraíso, preocupémonos primero por consolidar nuestras endebles instituciones, por resguardar las garantías fundamentales, por asegurar la igualdad de oportunidades para nuestros ciudadanos, por aumentar la transparencia de nuestros gobiernos, y sobre todo, por mejorar la efectividad de nuestras burocracias. Mi experiencia como gobernante me ha comprobado que los nuestros son Estados escleróticos e hipertrofiados, incapaces de satisfacer las necesidades de nuestros pueblos y de brindar los frutos que la democracia está obligada a entregar.
Esto tiene serias consecuencias sobre nuestra capacidad de honrar la segunda deuda que he querido mencionarles, la deuda con el desarrollo. Una deuda que, repito, tenemos que honrar nosotros. Ni el colonialismo español, ni la falta de recursos naturales, ni la hegemonía de Estados Unidos, ni ninguna otra teoría producto de la victimización eterna de América Latina, explican el hecho de que nos rehusemos a aumentar nuestro gasto en innovación, a cobrarle impuestos a los ricos, a graduar profesionales en ingenierías y ciencias exactas, a promover la competencia, a construir infraestructura o a brindar seguridad jurídica a las empresas. Es hora de que cada palo aguante la vela de su propio progreso.
¿Con qué derecho se queja América Latina de las desigualdades que dividen a sus pueblos, si cobra casi la mitad de sus tributos en impuestos indirectos, y la carga fiscal de algunas naciones en la región apenas alcanza el 10% del Producto Interno Bruto? ¿Con qué derecho se queja América Latina de su subdesarrollo, si es ella la que demuestra una proverbial resistencia al cambio cada vez que se habla de innovación y de adaptación a nuevas circunstancias? ¿Con qué derecho se queja América Latina de la falta de empleos de calidad, si es ella la que permite que la escolaridad promedio sea de alrededor de 8 años? Y sobre todo, ¿con qué derecho se queja América Latina de su pobreza si gasta, al año, casi 60.000 millones de dólares en armas y soldados?
La deuda con la paz es la más vergonzosa, porque demuestra la amnesia de una región que alimenta el retorno de una carrera armamentista, dirigida en muchos casos a combatir fantasmas y espejismos. Demuestra, además, la total incapacidad para establecer prioridades en América Latina, una práctica que impide la concreción de una verdadera agenda para el desarrollo. Hay países que sufren conflictos internos, que pueden justificar un aumento en sus gastos de defensa nacional. Pero en la gran mayoría de nuestras naciones, un mayor gasto militar es inexcusable ante las necesidades de pueblos cuyos verdaderos enemigos son el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la desigualdad, la criminalidad y la degradación del medio ambiente. Es lamentable que en esta Cumbre de la Unidad se reúnan países que se arman los unos contra los otros. Y es también lamentable que en esta Cumbre de la Unidad se encuentre ausente el Gobierno de Honduras, cuyo pueblo es víctima del militarismo y no merece castigo, sino auxilio.
Si hace veinte años me hubieran dicho que en el 2010 estaría todavía condenando el aumento del gasto militar en América Latina, probablemente me habría sorprendido.
¿Cómo, después de haber visto los cuerpos destrozados de jóvenes y niños heridos en la guerra, podía esta región anhelar un retorno a las armas? ¿Cómo habría de permitir el dantesco desfile de cohetes, misiles y rifles que pasa frente a pupitres desvencijados, loncheras vacías y clínicas sin medicinas? Algunos dirán que me equivoqué al confiar en un futuro de paz. No lo creo. La esperanza nunca es un error, no importa cuántas veces sea defraudada.
Yo aún espero un nuevo día para América Latina y el Caribe. Espero un futuro de grandeza para nuestros pueblos. Llegará el día en que la democracia, el desarrollo y la paz llenarán las alforjas de la región. Llegará el día en que cesará el recuento de las generaciones perdidas. Puede ser mañana, si nos atrevemos a hacerlo. Puede ser el próximo año, la próxima década o el próximo siglo. Por mi parte, yo seguiré luchando. Sin importar las sombras, seguiré esperando la luz al final del arco iris. Seguiré luchando hasta el día que llegue.
Queridos amigos y amigas. Compartir con ustedes este foro, al igual que muchos otros más, ha sido para mí sumamente honroso y un verdadero privilegio. Esta es mi última cumbre y al decirles adiós, quiero que sepan que en Óscar Arias tendrán siempre a un amigo de verdad.
Muchas gracias.
Óscar Arias Sánchez
por Luis Enrique Alcalá | Feb 24, 2010 | Argumentos, Política |

Escudo de la OEA
Luego de que el Parlamento Europeo promulgara una resolución de urgencia (ver Europa contra Chávez) con graves observaciones acerca de la situación política venezolana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, órgano oficial de la Organización de Estados Americanos, ha emitido hoy un serio informe sobre el estado de la democracia y los derechos humanos en nuestro país.
Fue justamente la última estipulación de la resolución del Parlamento Europeo (#12, del 12 de febrero de 2010) la de elevar al conocimiento del Secretario General de la OEA el texto de la misma. La comunidad internacional parece haber iniciado una marcha contra Hugo Chávez, quien debiera cuidarse. Dos días antes de la resolución europea, Associated Press difundió la siguiente noticia: «El Tribunal Penal Internacional de la Haya, había sustentado hasta ayer que sus sentencias no podían aplicarse a Jefes de Estado o de Gobierno que estuviesen en funciones. Hoy, en una sentencia que produce jurisprudencia, establece que Omar al-Bashir, presidente de Sudán y acusado de genocida, y cualquier otro funcionario incurso en delitos de DDHH, será juzgado aún estando en funciones».
A continuación, el comunicado de prensa de la OEA que anuncia la publicación del informe de la CIDH. Al final se encuentra un enlace para descargar el informe mismo en su totalidad. LEA
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COMUNICADO DE PRENSA
No. 20/10
cidh publica informe sobre venezuela
Washington, DC, 24 de febrero de 2010 – La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó hoy el informe Democracia y Derechos Humanos en Venezuela.
La CIDH identifica una serie de aspectos que restringen el pleno goce de los derechos humanos. Entre otros, la CIDH analiza una serie de condiciones que evidencian la falta de una efectiva separación e independencia de los poderes públicos en Venezuela. El Informe hace referencia a que no se ha garantizado a todas las personas el pleno ejercicio de sus derechos con independencia de su posición frente a las políticas del gobierno. La Comisión encuentra además que se está utilizando el poder punitivo del Estado para intimidar o sancionar a personas en virtud de su opinión política. La Comisión considera que no existen las condiciones para que los defensores de derechos humanos y los periodistas ejerzan libremente su labor. Asimismo, la CIDH determina la existencia de un patrón de impunidad en los casos de violencia, que afecta de manera particular a los comunicadores sociales, los defensores de derechos humanos, los sindicalistas, las personas que participan en manifestaciones públicas, las personas privadas de su libertad, los campesinos, los pueblos indígenas y las mujeres.
En relación con los derechos económicos, sociales y culturales, la CIDH reconoce los logros del Estado relacionados con la progresiva vigencia de estos derechos, entre los que se destacan la erradicación del analfabetismo, la reducción de la pobreza, y el incremento en el acceso de los sectores más vulnerables a servicios básicos como la salud. Asimismo, la Comisión señala que existen serias falencias en materia de derechos sindicales así como también en relación con el derecho de los pueblos indígenas a su territorio.
La Comisión resalta que en aras de la realización de los derechos económicos, sociales y culturales en Venezuela no puede sacrificarse la vigencia de otros derechos fundamentales. Los derechos humanos constituyen un todo indisoluble y, conforme señala la Convención Americana en su preámbulo, “sólo puede realizarse el ideal del ser humano libre, exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos”.
Al concluir el Informe, la Comisión considera que la intolerancia política, la falta de independencia de los poderes del Estado frente al ejecutivo, las restricciones a la libertad de expresión y a la protesta pacífica, la existencia de un ambiente hostil para el libre ejercicio de la participación política en disenso y para la actividad de monitoreo por parte de las organizaciones de derechos humanos, la inseguridad ciudadana, la violencia que afecta a las personas privadas de su libertad, a sindicalistas, a mujeres y a campesinos, y sobre todo la impunidad en la que se encuentran los casos de violaciones a los derechos humanos, son factores que contribuyen al debilitamiento del Estado de Derecho y la democracia en Venezuela y han tenido como consecuencia serias restricciones al pleno goce de los derechos humanos reconocidos en la Convención Americana.
La CIDH considera que el Estado debe aumentar sus esfuerzos para combatir estos desafíos y alcanzar una mejor y más efectiva protección de los derechos garantizados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
La CIDH elaboró este informe sin haber podido realizar una visita de observación a Venezuela debido a la negativa del Gobierno a otorgar su anuencia. La última visita de la Comisión a Venezuela se llevó a cabo en mayo de 2002. Las observaciones realizadas durante la visita fueron reflejadas en el informe que la CIDH publicó en diciembre de 2003. A partir de entonces la Comisión ha realizado múltiples gestiones en búsqueda de la anuencia del Estado para realizar una visita de observación. El hecho de que hasta la fecha el Estado se haya negado a permitir una visita de la CIDH no sólo afecta las facultades asignadas a la Comisión como órgano principal de la OEA para la promoción y protección de los derechos humanos, sino que debilita seriamente el sistema de protección colectivo creado por los Estados Miembros de la Organización.
La Comisión analiza en el informe la evolución de los derechos humanos en Venezuela a partir de información recibida a través de sus diversos mecanismos de protección. Asimismo, la Comisión fundamenta su análisis en información enviada por el Estado de Venezuela en atención a solicitudes de la Comisión.
La Comisión Interamericana reitera su ofrecimiento de colaborar con el gobierno, así como con la sociedad venezolana en su conjunto, a fin de dar cumplimiento efectivo a las recomendaciones contenidas en su informe y contribuir así con el fortalecimiento de la defensa y protección de los derechos humanos en un contexto democrático en Venezuela.
La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión está integrada por siete miembros independientes que se desempeñan en forma personal, que no representan a ningún país en particular y que son elegidos por la Asamblea General de la OEA.
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Acá puede pulsar para obtener el archivo .pdf con el informe completo de la CIDH sobre Venezuela.
por Luis Enrique Alcalá | Feb 23, 2010 | Argumentos, Política |

El cartel oficial de Invictus
El viernes de la semana pasada, 19 de febrero, mi señora y yo disfrutamos la más reciente película de Clint Eastwood, el filme Invictus, en el que destacan las actuaciones de Morgan Freeman, en el papel de Nelson Mandela, y Matt Damon como François Pienaar, el capitán del equipo de rugby de Sudáfrica que ganó la copa mundial de ese deporte en 1995.
El triunfo de los sudafricanos fue una doble proeza: por una parte, prácticamente nadie daba un medio, deportivamente hablando, por los Springbooks, el equipo de Pienaar; por la otra, el prolongado y agotador proceso de adiestramiento y victorias preliminares de los Springbooks debió desenvolverse en un país que venía del apartheid, y el equipo era visto, por la mayoría de la población negra, como símbolo de la era de dominación blanca.
Nelson Mandela, en contra de los consejos de sus más cercanos asesores, asumió un interés serísimo y constante en la marcha de los Springbooks hacia el triunfo. Sabía que un buen desempeño de sus jugadores era importantísimo para la unión de los sudafricanos, hasta hacía nada involucrados en una verdadera guerra civil. Primero se ocupó de revertir, con su elocuencia personal y la razón en sus palabras, una decisión unánime del Consejo de Rugby de Sudáfrica, que en efecto mandaba la disolución del equipo y la proscripción de su nombre y sus colores. Luego, antes de una visita sorpresa a los jugadores en vísperas del juego final, convoca a Pienaar a una conversación personal en la casa de gobierno, y allí le entrega el texto de un poema que, en su larga prisión de veintisiete años, le hizo ponerse “de pie, cuando lo que quería era tenderme”.
El poema en cuestión, Invictus, fue escrito en 1875 por el poeta inglés William Ernest Henley, y publicado por vez primera en 1888 sin el título con el que se ha hecho famoso. (Fue bautizado así por Arthur Quiller-Couch en 1900, para su edición de The Oxford Book of English Verse).
He aquí una traducción aventurada:
En la noche que me cubre,/Negra como mina de carbón de polo a polo,/Agradezco a los dioses que hayan sido/Por mi alma inconquistable.
Atrapado en el cepo circunstante/No hice muecas ni di gritos./Bajo los golpes del destino/Mi cabeza sangra, pero no se inclina.
Más allá de este lugar de ira y llanto/Acecha sólo el Horror sombrío,/Pero la amenaza de los años/Me encuentra y encontrará sin miedo.
No importa lo estrecho de la reja,/Ni el pergamino repleto de castigos,/Soy el dueño de mi sino:/Soy el capitán de mi alma.
Pero esto, a pesar del guión de Anthony Peckham, no fue lo que en verdad Mandela obsequió a Pienaar, aunque es cierto que el poema lo acompañó en sus numerosos días de presidio. Mandela regaló al capitán de los Springbooks, capitán de su alma, un fragmento del discurso que Teodoro Roosevelt pronunciara en 1910 ante el claustro de la Universidad de la Sorbona en París. Es su pasaje más citado, al punto de que el discurso entero es conocido ahora como El hombre en la arena. Aquí pongo una traducción imperfecta:
No es el crítico quien cuenta; no el hombre que señala los tropiezos del hombre fuerte, o dónde el hacedor de hazañas hubiera podido hacerlas mejor. El crédito pertenece al hombre que realmente está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo y el sudor y la sangre; que lucha con valentía; que yerra, que se queda corto una y otra vez, puesto que no hay esfuerzo sin error y sin quedarse corto; pero que verdaderamente pugna por hacer lo que hay que hacer; que conoce los grandes entusiasmos, las grandes devociones; que se consume en una causa digna; que en el mejor de los casos conoce al fin el triunfo del gran logro y que, en el peor, si falla, por lo menos falló mientras se atrevió con grandeza, de modo que su sitio no estará nunca con esas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota.
Eso es historia. Eso es lo que hace un líder. Nelson Mandela supo sacar, de los cuerpos y mentes de un equipo desahuciado, las energías que le hicieron el campeón del mundo, y el poema de Henley y la pieza de Roosevelt comparten un espíritu indómito, necesario para las grandes cosas. Que en Venezuela dejáramos que nuestro ánimo se apoque con las dificultades, cuando quien pasara casi treinta años encerrado por sus justos ideales jamás bajó la frente, sería causa de vergüenza.
Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo nacional continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles. (En Este piazo’e pueblo, Carta Semanal #196 de doctorpolítico).
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 21, 2010 | Argumentos, Política |

El padre y el hijo de la música
Una fotografía publicada hoy agita la pasión farisaica: en ella aparecen reunidos José Antonio Abreu y Gustavo Dudamel con el Presidente de la República. La tentación es demasiado grande para almas mediocres. («La envidia es el rubor de la mejilla sonoramente abofeteada por la gloria ajena». José Ingenieros, El hombre mediocre). No pudieron dejar de sacar conclusiones necias, inútilmente moralizantes, de la sesión y retornaron las supuestamente cultas comparaciones con Wilhelm Furtwängler, Director de la Filarmónica de Berlín durante el período de los nazis en Alemania. En este blog se encuentra, sin mucha dificultad, la calificación del chavismo como proceso canceroso (Dictamen 2010), pero no se necesita mucha sagacidad para entender que el chavoma, por más pernicioso e invasivo que sea, es mucho menos virulento que el hitleroma. El régimen venezolano ha iniciado su duodécimo año; en doce años habían muerto ya, por obra de Hitler (1933-1945) seis millones de judíos en sistemática y despiadada exterminación y cincuenta millones de personas en la Segunda Guerra Mundial que el monstruo austriaco desatara. Hasta para rasgarse las vestiduras conviene adquirir el sentido de proporción.
Abreu es casi que la única, junto con Dudamel, referencia positiva remanente para los venezolanos. Los moralistas— que han escrito, desde la comodidad de ya largas residencias norteñas, cosas como ésta: «…la exhibición de cobardía moral que está dando la sociedad venezolana, con su pasividad y hasta masoquismo, representa un profundo descrédito para nuestro gentilicio»—, armados de una indignación pretendidamente superior y con gran inconsciencia, ya han salido con antorchas al incendio de quienes, con disciplina y amor venezolano, construyen patria grande aun en medio del odio mediocre del gobierno actual y sus peores oponentes. («Lo peor que puede hacer un opositor a Chávez es parecerse a él»).
Ya antes ha salido el suscrito en defensa de Abreu y Dudamel (Conocimiento y opinión, en la Carta Semanal #241 de doctorpolítico, del 14 de julio de 2007), y con orgullo ciudadano tradujo—Director del Pueblo, Ficha Semanal #169, del 6 de noviembre del mismo año—un extenso y elogioso trabajo sobre Dudamel, Abreu y El Sistema en The New York Times.
En el estudio citado—Dictamen 2010—se contempla la figura de Abreu como un posible sucesor balsámico de Chávez, en el caso no improbable de una falta absoluta anticipada del Presidente de la República. (En su sección última, también publicada como archivo de audio: Tratamiento del chavoma). Quienes ahora denuestan acaloradamente de él y de su más destacado pupilo hacen muy flaco servicio al país. Con alguna frecuencia podemos constatar que algunos observadores externos son más perceptivos que nosotros mismos. El 31 de agosto de 2009, José Antonio Abreu recibió de manos del rey Carl XVI Gustaf de Suecia el Premio Polar de Música, conferido por la Academia Real Sueca de Música. Esta academia dijo de él:
El Premio Polar de Música 2009 se concede al director, compositor y economista José Antonio Abreu. Impulsado por una visión de que el mundo de la música clásica puede ayudar a mejorar las vidas de los niños venezolanos, ha creado la red musical El Sistema, que ha ofrecido a cientos de miles las herramientas para superar la pobreza. La exitosa creación de José Antonio Abreu ha promovido valores tradicionales, como el respeto, la solidaridad y la humanidad. Su logro nos muestra lo que es posible cuando se hace de la música un terreno común y por eso mismo parte de la vida cotidiana de la gente. Simultáneamente, se ha dado a niños y padres, así como a los políticos, una nueva esperanza para el futuro. La visión de José Antonio Abreu sirve de modelo para todos nosotros.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 19, 2010 | General, Política |

La solución de los problemas públicos
Ésta es la tercera entrada de una serie de breves lecciones sobre los principios de la Política Clínica. Es el punto de vista asumido explícitamente por el suscrito desde 1984, y la aproximación que ha guiado las publicaciones de doctorpolítico. Entre los servicios que se anunciará prontamente en este blog, se encuentra un curso formal de Introducción a la Política Clínica, a ofrecer en varias ciudades del país.
(Aquí en archivo de audio):
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político, ca. 7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
clínico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo al ejercicio práctico de la medicina basado en la observación directa de los pacientes y en su tratamiento.
Diccionario de la Real Academia Española
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Política Clínica (3)
Las fuentes paradigmáticas más adecuadas a la Política Clínica están en la moderna Ciencia de los Sistemas Complejos, la que incluye la Teoría del Caos. Ella, a su vez, se maneja mejor con las llamadas “matemáticas fractales”, cuyo fundador consciente es Benoît Mandelbrot, matemático franco-americano nacido en Varsovia y autor de La Geometría Fractal de la Naturaleza (1982).
Un sistema complejo es un conjunto de muy numerosos componentes que interactúan entre sí. El clima de la tierra, por ejemplo, es un sistema complejo, como lo son el aparato circulatorio humano, la dinámica turbulenta de los fluidos, los mercados de valores, las sociedades en general y, naturalmente, el mismo universo entero. Las Ciencias Sociales clásicas procuraban construir modelos lineales y simples en imitación de la Física Clásica; ahora disponen de las estructuras conceptuales provistas por la Ciencia de la Complejidad, que son mucho más poderosas para modelar entes complejos como las sociedades y su desenvolvimiento histórico. Si Carlos Marx hubiera tenido a la mano la Ciencia de la Complejidad, nunca hubiera desarrollado su “materialismo histórico”.
Uno de los rasgos definitorios de los sistemas complejos es la presencia, en el conjunto, de “propiedades emergentes” que no están presentes en los componentes individuales y por esto son impredecibles a partir de ellos.
En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida.
Para la economía clásica, la mano misteriosa del mercado estaba basada en la eficiencia del decisor individual. Se lo postulaba como miembro de la especie homo œconomicus, hombre económicamente racional. Los modelos del comportamiento microeconómico postulaban competencia perfecta e información transparente. El mercado era perfecto porque el átomo que lo componía, el decisor individual, era perfecto. La propiedad del conjunto estaba presente en el componente.
Hoy en día, no es necesario suponer esa racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente independientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales.
Es esta característica natural de los sistemas complejos el más sólido fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfección económica de los consumidores, el mercado es preferible como distribuidor social. LEA
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