por Luis Enrique Alcalá | Abr 23, 2009 | LEA, Política |

El 13 de enero de este año fue el Presidente de la República a la Asamblea Nacional, para hablar durante más de siete horas sobre los logros de su gobierno en, no sólo el ejercicio del año anterior, sino de la década entera que lleva gobernando. (Una cuarta parte ya de toda la previa época democrática). Cuando comenzaba a incursionar sobre el tema educativo, enumeró algunas carreras nuevas, y entonces escogió significativamente detenerse un rato sobre la flamante carrera de Ingeniería Azucarera. “¡Fíjense por donde venimos!”, dijo, y repetía: “¡Ingeniería azucarera! ¡El socialismo alimentario!”, o algo parecido.
Bueno, desde el lunes ondea una bandera de la Misión Zamora, “Tierra y Hombres Libres”, en tierras (33 hectáreas) del fundo La Paca, que surte de azúcar al central azucarero El Palmar y a la producción de Ron Santa Teresa. Es harto conocido que estas actividades ocurren en tierras que, desde el siglo XVIII, son propiedad de la familia Vollmer.
El pretexto, expuesto por Juan Carlos Loyo, Presidente del Instituto Nacional de Tierras, es que el fundo La Paca produciría menos de ochenta toneladas de azúcar por hectárea, las que vendrían a conformar los requerimientos mínimos de productividad para que la vocación planetaria de la “revolución bolivariana” no se vea vulnerada en su lucha contra el imperio capitalista, o algo así.
Fue justamente en territorio de ese imperio donde se libró una cruenta guerra civil, en gran medida peleada por la liberación de los esclavos en plantaciones agrícolas al sur de los Estados Unidos. Era el presidente de esa nación, naturalmente, Abraham Lincoln, que pagó con su vida su dedicación a la libertad universal de todos los hombres, independientemente de su raza. Es conocida expresión de su elocuencia democrática el trozo copiado a continuación:
No se puede crear prosperidad desalentando el ahorro. No se puede fortalecer al débil debilitando al fuerte. No se puede ayudar a quien gana un salario rebajando a quien lo paga. No se puede auspiciar la hermandad de los hombres estimulando la lucha de clases. No se puede ayudar al pobre destruyendo al rico. No se puede eludir los problemas gastando más de lo que se gana. No se puede edificar carácter y coraje quitándole al hombre su iniciativa e independencia. No se puede ayudar permanentemente a los hombres haciendo por ellos lo que pudieran y debieran hacer por sí mismos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 21, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Con motivo del juicio que culminara en la condenación a penas máximas de funcionarios de la Policía Metropolitana por muertes acaecidas el 11 de abril de 2002, ha salido a la luz un documento de una década anterior, en el que Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Diosdado Cabello, José Vielma Mora, Ronald Blanco La Cruz y dieciséis militares más, anunciaban que no escucharían de boca del juez militar Ramón Moreno Natera la imposición de un auto de detención.
El abogado defensor José Luis Tamayo leyó extractos de este documento el 15 de enero de 2008, al protestar la negativa de la juez Marjorie Calderón a sobreseer la causa contra Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero, y los funcionarios de la Policía Metropolitana Marco Hurtado, Julio Rodríguez Salazar, Héctor Rovaín, Arube Pérez Salazar, Luis Molina Cerrada, Erasmo Bolívar, Rafael Neazoa López y Ramón Zapata. Quince días antes, el Presidente de la República había decretado una Ley de Amnistía, cuyos beneficios fueron negados a los policías mencionados.
Los militares nombrados firmaron una carta de recusación del juez Moreno Natera el 15 de mayo de 1992, tres meses y cuatro días después de haber actuado criminalmente con armas de la República en alzamiento inconstitucional, ilegítimo y abusivo en contra de un gobierno elegido por una mayoría de venezolanos. La razón para repudiar cualquier acción de ese juez era que éste habría ordenado el traslado de algunos de los golpistas prisioneros en el Cuartel San Carlos a la Cárcel de Yare, y que tal cosa habría sido hecha con “nocturnidad y apremio”. (¿Es que la intentona criminal del 4 de febrero de 1992 ocurrió a plena luz del día y poquito a poco?) También porque se les había dicho que el traslado, que acataron como “medida disciplinaria”, sería revertido poco después y tal promesa habría sido violada, olvidando que “la palabra es el honor del hombre”.
Entre los destinatarios de la patética misiva se contaban “la conciencia jurídica del mundo civilizado y democrático” (¿la de Mugabe, por ejemplo?) y los “compañeros de armas de los gloriosos ejércitos latinoamericanos” (que en manos de Pinochet, Videla, Goulart, Castro, Somoza y demás dictadores alcanzaron la gloria). Entonces si era “excelentísimo” el Nuncio Apostólico de Su Santidad (todavía no ocurría el asilo de Nixon Moreno) e importantes “las comunidades que integran las Facultades de Derecho” y los Colegios de Abogados, a los que apelaban con la cursi e inmodesta pretensión de que hablaban desde “las celdas de la dignidad”.
En 1992 preocupaba mucho a los reclusos que un juez militar actuara “servil y obedientemente” por mandato del Presidente de la República, y que tal cosa negara el “principio de la separación de los poderes que caracteriza la existencia de un Estado Republicano y Democrático”. Entonces se quejaban porque los hubieran cambiado de celdas y afirmaban: “Aquí, en Venezuela, los Poderes del Estado se encuentran concentrados en manos del Jefe del Ejecutivo. Es decir, vivimos bajo un régimen autocrático y totalitario de gobierno”.
La Ficha Semanal #238 de doctorpolítico reproduce el contenido de la carta comentada, con una que otra mínima corrección de acentuación o puntuación. Un facsímil en archivo .pdf de las seis páginas del documento, con las firmas de los militares golpistas, puede obtenerse en http://imagenes.globovision.com/archivos/75126_cartac.pdf o en http://media.noticias24.com/0904/chavez93.pdf
LEA
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Petición de cacao
Al Pueblo de Venezuela
A la conciencia jurídica del mundo civilizado y democrático
A la juventud militar que hemos precedido en la lucha por la defensa de nuestra integridad territorial y de la dignidad nacional para restablecer la supremacía de la Constitución
A nuestros compañeros de armas de los gloriosos ejércitos latinoamericanos
Al Excelentísimo Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Juan Pablo II y a los Excelentísimos Representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en Venezuela
A las comunidades que integran las Facultades de Derecho del País
A los Colegios de Abogados
Los suscritos, Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela, soldados del Ejército Bolivariano, que el 4 de febrero del presente año cumplimos con el deber que nos imponen los artículos 51 y 250 de la Constitución Nacional, violada y puesta fuera de vigencia por el actual Gobierno, el más corrupto de nuestra historia republicana, hoy en las celdas de la dignidad, recluidos en la Cárcel de Yare, Estado Miranda, en el Cuartel San Carlos y en el Fuerte Tiuna de la ciudad de Caracas, declaramos:
Recusamos ante la opinión pública al Juez Militar que conoce de nuestra causa, por considerarlo persona no idónea para conocer de ningún juicio militar, por carecer de independencia y autonomía, ya que actúa servil y obedientemente no conforme a la Ley, sino a los mandatos del Presidente de la República y de su Ministro de la Defensa. Este Juez, con su conducta, pone de manifiesto que en Venezuela no existe un Poder Judicial autónomo e independiente como el que consagra la Constitución Nacional. Trátase de un Juez vasallo, que sepulta el Estado de Derecho y deshonra la Magistratura Militar. Su conducta niega el principio de la separación de los poderes que caracteriza la existencia de un Estado Republicano y Democrático. Aquí, en Venezuela, los Poderes del Estado se encuentran concentrados en manos del Jefe del Ejecutivo. Es decir, vivimos bajo un régimen autocrático y totalitario de gobierno.
Ciertamente, el Juez Militar Ramón Moreno Natera no ha actuado, ni podrá actuar como representante de un Poder Judicial como el que consagra la Constitución Nacional en su artículo 205: “En el ejercicio de sus funciones los Jueces son autónomos e independientes de los demás órganos del Poder Público”. Norma ésta que reproduce, como cabeza rectora de la administración de Justicia, la Ley Orgánica del Poder Judicial en su artículo 1°: “El Poder Judicial es independiente de las demás ramas del Poder Público en el ejercicio de sus funciones”, y que consagra también como tal el Código de Justicia Militar en su artículo 22: “Los Jueces Militares son autónomos en el ejercicio de sus funciones y soberanos en la apreciación de los hechos que les corresponden juzgar”.
En efecto, el traslado arbitrario, de un grupo de Oficiales, con nocturnidad y apremio, desde el Cuartel San Carlos de Caracas, a la cárcel de Yare lo ordenó dicho Juez Moreno Natera, obedeciendo instrucciones y dictados del Presidente de la República y del Ministro de la Defensa, cumpliendo una orden. Una vez llevado a cabo dicho traslado, el ciudadano Ministro de la Defensa manifestó, según lo publicó la prensa, que ello ocurrió porque “el Juez comprendió y aceptó las argumentaciones que él le había expresado”. Posteriormente el Ministro le expresó a las esposas de dos de los Comandantes detenidos, que “fue equivocada la orden de ese traslado por parte del Presidente de la República”.
Las anteriores aseveraciones que hacemos fueron difundidas por la prensa nacional, que dio publicidad a esas manifestaciones del Ministro de la Defensa. Pero aún hay algo más que añadir al respecto:
Para que se llevara a cabo el traslado de ese grupo de Oficiales a la Cárcel de Yare, fue necesaria una negociación entre los representantes del Ministerio de la Defensa y los Militares detenidos en el Cuartel San Carlos, en presencia de una representación del Ministerio Público y otra de las Autoridades Eclesiásticas de Venezuela, a saber: “que el traslado se imponía sólo como una medida disciplinaria y temporal que acataban como tal dichos militares detenidos y que en los próximos días serían trasladados de nuevo al Cuartel San Carlos”.
Así pues, en esta negociación no intervino el Juez Militar, sino los representantes del Ministerio de la Defensa. El traslado entonces, de hecho, lo imponía el Alto Mando Militar en base a una promesa en cuyo cumplimiento estaba envuelto el Honor Militar. (La promesa no se cumplió, olvidándose que la palabra es el honor del hombre). El Juez Militar Ramón Moreno Natera, estuvo ausente de esta tragicomedia físicamente, pero permitió que las Autoridades Militares decidieran,actuaran y negociaran a sus espaldas, obedeciendo órdenes a su vez del Presidente de la República. Testigos de esto, y muy calificados por cierto son los Monseñores Mario Moronta y Diego Padrón, Obispos Auxiliares de Caracas, y el Padre Arturo Sosa, representantes de la Iglesia, el ciudadano Fiscal General fe la República, Dr. Ramón Escovar Salom, quien estuvo acompañado del Director General de la Fiscalía y del Director de los Derechos Humanos Dr. Antonio Herrera y Padre Dr. Luis María Olaso.
De todo lo anteriormente expuesto se evidencia que el Juez Militar que conoce de nuestra causa no lo es independiente y autónomo, sino más bien un Juez servil y obediente a los dictados del Ministro de la Defensa y a la vez del Presidente de la República, con lo cual todas sus actuaciones estarán fundamentadas no en debido proceso legal, no en la Constitución y las Leyes, pero sí en las ordenes castrenses y políticas del Ministro y del Presidente.
Por tales razones pues, que son obvias, hemos decidido negarnos a que seamos impuestos del írrito auto de detención, dictado por ese Juez Militar al cual recusamos por ante el Pueblo, máximo Tribunal de la República y al cual reconocemos como fuente legítima única de todos los Poderes. Y es que el Juez Ramón Moreno Natera actúa en una relación de supra-subordinación con el Ministro de la Defensa, servidor del Presidente de la República.
A un Juez semejante, un distinguido militar retirado procesado y condenado injustamente por influencias políticas y mercenarias a principios de siglo, le escribió en el expediente, al apelarle el fallo inicuo:
“Hombre cretino y soez
cuyas sentencias oprimen,
tu no eres Juez del crimen
sino un crimen hecho Juez”
Con razón decía un extraordinario jurista latinoamericano, asesinado por los políticos corruptos de su país, al expresarse acerca de un Poder Judicial cortesano y mercenario, que: “Cuando el puesto de los prevaricadores de la justicia está en la magistratura judicial, el de los hombres honestos está en la cárcel”.
Desde las celdas que dignifican, Cuartel San Carlos de Caracas; sede del Batallón Lino de Clemente de Fuerte Tiuna y Cárcel de San Francisco de Yare en el Estado Miranda, a los quince días del mes de mayo de mil novecientos noventa y dos.
Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela, soldados del Ejército Bolivariano
MBR 200
por Luis Enrique Alcalá | Abr 16, 2009 | Cartas, Política |

Debe dejarse atrás la cogedera de seña en Cuba, especialmente si es de letras de conga habanera como la de: “Los componedores se van, componiendo sus tambores p’a gozá, p’arrollá”. (Cf. Los componedores, Mosaico #1, Billo’s Caracas Boys). Llegado una vez más a estas tierras de abrazar a los Castro, el Presidente de la República gritó: “¡Debemos seguir a la ofensiva, arrollando a la contrarrevolución, no tenemos más alternativa!” En La Habana han debido explicarle que si quería que su régimen se pareciera al castrista, tenía que decir contrarrevolución en lugar de oposición. El mero cambio terminológico justificaría cualquier atropello p’arrollá, puesto que la sexta acepción que el DRAE registra para el verbo arrollar es: “Atropellar, no hacer caso de leyes, respetos ni otros miramientos ni inconvenientes”.
La consigna general de atropello sin escrúpulos fue estrenada hace tres días, en alocución histéricamente laudatoria de la caída de Pedro Carmona Estanga y su propio regreso al poder, luego de que no le hubieran dejado ir a refugiarse en un museo militar más grande, en, otra vez, La Habana. Como es costumbre en Chávez, la arenga no dejó de construirse con una abigarrada mezcla de verdades, semiverdades, exageraciones y afirmaciones falaces. (No hubo “reacción popular” histórica y protagónica—esdrújula, en síntesis—entre las seis de la tarde del 11 de abril de 2002 y la tarde del 13, cuando grupos en buena medida “convocados” por miembros armados del Partido Comunista de Venezuela se atrevieron a acercarse a Miraflores, una vez que la criminal estupidez carmonista hubiera colapsado. Gente de La Charneca explicaba en la mañana del 12, únicamente, su preferencia por un modo constitucional para salir de Chávez. Con el resultado estaba de acuerdo).
Ahora busca por todos los medios, principalmente con el empleo simultáneo de diputados y jueces asicariados, el atropello de políticos y ciudadanos que en nada amenazan la “estabilidad democrática”—que él mismo sobresalta casi a diario—y mucho menos su “revolución”, que no es otra cosa que el desorden de un resentido apetito de poder. En su delirio, el planteamiento de un canal de contraflujo en la autopista a Guarenas constituye una amenaza contrarrevolucionaria.
Pero como algunos quemadores de Judas en Sebucán, hay observadores que no lo respetan, a quienes tales ladridos de día trece—número pavoso en muchas partes—les suenan huecos. Entre éstos son particularmente interesantes quienes conocen de vida ya longeva los tipos humanos y, sobre todo, los verdaderos revolucionarios. El fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Domingo Alberto Rangel, fue entrevistado por el diario zuliano Versión Final, que ayer reproduce su interpretación de Chávez como conguero componedor. Así contestó a José Flores Castellano:
—Chavez llamó a sus seguidores a arrollar a la contrarrevolución e instó a los tribunales a castigar a los medios por tratar de “subvertir” la estabilidad democrática en el país, ¿qué opina usted de esa actitud?
—Yo creo que eso es pura paja y que no llevará absolutamente nada a la práctica. Chávez es el hablador de paja más grande de la historia de Venezuela, supera en eso a Juan Vicente González, al cabito Cipriano Castro y a cualesquiera otros charlatanes de nuestra historia.
—El Presidente dijo que su revolución es “eterna”, ¿no es un tanto hitleriana esa afirmación? ¿Revela tentaciones autoritarias?
—Es posible que sea hitleriana, pero yo creo que Hitler era un hombre más serio. Fue a una guerra cuando creyó que Alemania estaba suficientemente armada. Es que Chávez es un payaso, perdóneme que sea tan franco, pero es un payaso. Y ya lo están viendo así a escala internacional, Chávez pasa ya por un hablador de tonterías.
Pudiera ser que hubiera una suerte de afinidad entre el actual presidente y la noble profesión de i pagliacci. El suscrito compuso el 1º de octubre de 1998 un artículo para el diario—también zuliano—La Verdad, y lo llamó Payasadas. He aquí algunos extractos:
Creo que es la primera vez que lo hace el diario El Nacional: considerar que es materia de primera página la celebración del primer cumpleaños de una niñita. La “noticia de primera página”, junto con su correspondiente fotografía, remite a un despliegue a página completa de su sección de sociales, en la que más fotos cubren el área de impresión junto con el texto que se estila en estos casos. Sale la niñita fotografiada en brazos de sus “orgullosos padres”, salen fotografiados los más notables entre los asistentes al sarao infantil, y no dejan de ser capturadas por el lente las infaltables payasitas…
El problema es que el papá de la niñita, ataviado con lujosa camisa y ocasional sonrisa es nada menos que Hugo Chávez Frías, el candidato presidencial más “popular”, y que la fiestecita se efectuó en la sede del Círculo Militar de Caracas.
Naturalmente, los niñitos de Chávez Frías crecen y cumplen años. Naturalmente, la celebración de esas ocasiones es una entrañable costumbre a la que tienen derecho todos los niños y todos los “orgullosos padres”. El punto curioso es el estilo “clase alta” de la fiesta aludida y el inusitado despliegue que del acontecimiento hizo El Nacional.
Demasiado rápidamente, pienso yo, el patriótico candidato –y no pocos de su séquito– ha admitido “la necesidad” de las camionetas “Blazer”, los trajes de Clement y las piñatas con payasitas. Según él declaró hace unas cuantas semanas, ya se siente en control del poder, y en consecuencia empieza a mostrarnos ya cuál va a ser su estilo de vida en cuanto perciba el primer sueldo presidencial.
………
Del otro lado hay asimismo cosas que deben ser dejadas atrás, y dos son particularmente perniciosas.
La primera de ellas es la de las valentías de salón, que prescriben absurdas enormidades, concepciones criminales absolutamente enfermizas. Hace poco alguien recomendaba en una tertulia de amigos, con la tranquilidad de quien recomienda la lectura de un libro, que la forma de salir de Chávez era propiciar ¡la eclosión de un “segundo Caracazo”!
La irresponsabilidad de una idea tal es casi inmedible; se trata de imaginar el acicate eficaz a una epidemia de saqueos en desbordamiento masivo, con su ineludible secuela de muertes y daños patrimoniales graves en grande extensión. Una amoralidad tan descomunal se acompaña de la cobardía: quien recetara ese holocausto, obviamente, no está dispuesto a saquear él mismo, ni a permitir que sus familiares lo hagan. Esas cosas se ven por televisión, mientras la popular carne de cañón que él incitaría por apropiadas personas interpuestas se ve disminuida por la muerte. Tampoco es tan increíble persona dueño de establecimiento alguno, que pudiera verse afectado en desórdenes urbanos desencadenados por su precisa ingeniería.
La descripción precedente no es ficción; el suscrito escuchó, atónito e indignado, la insólita propuesta, que además de doblemente inmoral sería enteramente ineficaz. Ni siquiera el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, a quien se le desmayara el Ministro de Relaciones Interiores durante alocución televisada el 28 de febrero de 1989, cayó bajo el impacto del Caracazo. Para lo único que serviría una recomendación tan insana es para la muerte de unos cuantos, entre los que no estarían ni el Presidente ni el proponente.
Esta insensatez debe cesar. No debe repetirse. Dejemos atrás la recomendación insensata de Henrique Salas Römer en artículo de 1999: que si Chávez glorificaba el 4 de febrero, el acto de una logia reducida, “nosotros” debíamos glorificar el desenfreno del 27 de febrero, que por masivo sería más democrático y equiparable en mérito cívico ¡a la caída del Muro de Berlín y los acontecimientos de la plaza de Tiananmén!
………
Una segunda cosa perniciosa es más difícil de distinguir, pues es prédica en apariencia menos violenta y, en más de un caso, acometida con inocente tenacidad. Ella es la pertinaz convicción de que con teoremas y teorías logra comprobarse que hubo fraude en todo evento electoral celebrado en Venezuela entre el 15 de agosto de 2004 y el 15 de febrero de 2009. (Poco antes de esta última fecha, un empresario local de aguerrida participación política aseguraba por televisión: “Nosotros no hemos perdido ni una sola elección desde el revocatorio de 2004”. El 3 de noviembre de 2004 decía valiente y certeramente Eduardo Fernández a la dirección nacional de COPEI: “Hay dos ‘guarimbas’, que quisiera analizar. Una es el fraude: ‘no lo estamos haciendo mal, lo que pasa es que nos roban las elecciones’… Si eso fuera verdad, en nuestro análisis tendríamos que ver cómo hacemos para no ser tan bobos, que ganamos todas las elecciones y nos las roban”).
Un dedicado grupo de profesionales—ESDATA—se ha convencido de que ha “demostrado” los presuntos fraudes, aduciendo teoremas o “leyes” de Newcomb-Bensford y similares, y presenta en su página web tendenciosas presentaciones y datos tendenciosos en abono de su pretensión. Dirigido por gente tenaz y motivada, sus ejercicios han servido para convencer del milagroso hallazgo a personas que carecen de las herramientas críticas que les serían necesarias para discernir la verdad. Es la impresión de quien escribe que las intenciones del grupo son honestas e igualmente valientes; su método, en cambio, es equivocado.
La historia de la ciencia moderna aloja más de un caso de elaboraciones con plena consistencia interna (lógico-matemática) y que además concuerdan con las observaciones. Así lo explica Nassim Nicholas Taleb en el muy recomendable libro The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable (Random House, 2007), del que tuviera noticia por aviso de José Rafael Revenga y posesión por regalo de mi hijo mayor:
“Más allá de nuestras distorsiones de percepción, hay un problema con la lógica misma. ¿Cómo puede alguien que no tiene idea de lo que pasa ser, sin embargo, capaz de sostener un conjunto de puntos de vista perfectamente razonables y coherentes que cuadran con las observaciones y se atienen a toda regla lógica? Considérese que dos personas pueden sostener creencias incompatibles basadas en exactamente los mismos datos… En un famoso argumento, el lógico W. V. Quine mostró que existen familias de interpretaciones y teorías lógicamente consistentes que pueden casar con una serie dada de datos. Esta visión debiera advertirnos que la mera ausencia de sinsentido puede no ser suficiente para convertir a algo en verdadero”. (Capítulo Sexto, La falacia narrativa, pág. 72).
Antes que Quine, Bertrand Russell había salvado su voto sobre el primer y más famoso libro de Ludwig Wittgenstein, su pupilo: “Como alguien que posee una larga experiencia de las dificultades de la lógica y de lo engañoso de teorías que parecen irrefutables, me declaro incapaz de estar seguro de la corrección de una teoría sobre el único basamento de que no pueda conseguir algún punto en el que esté equivocada”. (Prólogo al Tractatus Logico-Philosophicus).
Pero lo que no ha hecho la gente de ESDATA es mostrar evidencia empírica, legalmente convincente–en el sentido de convicción penal—de que en verdad se perpetró fraude en siquiera uno de los eventos electorales que ha examinado. Su admirable constancia conduce a un callejón sin salida, y sus evidentes talentos serían muy útiles en otras tareas. Lo que habrán generado será un ejemplo hipotético de cómo hubieran podido obtenerse los resultados que revisaron si hubiera sido perpetrado un cierto fraude que suponen existió. No han probado que de ninguna otra manera pudieron haberse dado esos resultados, ni tampoco tienen pruebas empíricas, no teoremas viejos o recién descubiertos, de que, en efecto, Jorge Rodríguez o Tibisay Lucena ordenaron la ejecución del fraude imaginario y fueron obedecidos. Cuando son precisados para que expliquen cómo se habrían producido materialmente los hechos, se ven reducidos a conjeturas especulativas.
Y es que el laborioso trabajo de ESDATA es aprovechado por gente interesada en propiciar iniciativas antipolíticas, o entendido e interpretado erróneamente en el mejor de los casos, como para concluir que la participación electoral no vale la pena.
El reino de la lógica, y el de sus hermanas la matemática y la estadística teórica, es una cosa; el de lo empírico es otra muy distinta. Otro, más diferente aún, es el de la política práctica. En otras ocasiones se ha recordado aquí cómo un pueblo decidido, como el ucraniano, es capaz de revertir, llegado el caso, elecciones trucadas por un gobierno comunista, “revolucionario”, arrollador. Dos condiciones son necesarias a un tal logro: ser mayoría y la comparecencia ante las urnas de votación. Si los ucranianos se hubieran quedado en sus casas considerando teoremas exquisitos, absteniéndose de votar, la Revolución Naranja no habría ocurrido nunca.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Abr 16, 2009 | LEA, Política |

Una crónica de los días cuaresmales en Sebucán, urbanización del Municipio Sucre caraqueño, reportaría que en la intersección de su cuarta calle transversal con la avenida Miguel Otero Silva se procedió a quemar un Judas en Domingo de Resurrección, un evento que no había ocurrido en ese preciso sitio en, al menos, los últimos veinte años. Por la mera observación de la figura de espantapájaros habría sido imposible determinar a quién representaba, pero un joven que solicitaba de conductores y peatones dinero para el financiamiento de bebida alcohólica portaba un cartel explicativo: se trataba de una efigie de Hugo Chávez.
Tal vez sea apresurado concluir por ese hecho que la popularidad presidencial en fechas recientes haya disminuido; la veintena de jóvenes motorizados—que cualquier encuestadora hubiera clasificado del segmento C hacia abajo—ha podido razonar su mercadeo y previsto, en una urbanización con pobladores del segmento C hacia muy arriba, que sería mucho más fácil recoger plata si se anunciaba la quema de un modelo del Presidente de la República. Aun así, la lectura más favorable a Chávez es que los inquisidores de la prevista pira no le respetan ya, no le tienen miedo.
En la misma zona, quien escribe esperaba unos días antes el Metrobús 111 frente al Polideportivo del Parque Miranda, con el plan de bajarse unos metros más arriba de la ubicación de Judas Chávez. En el poste que señala la parada sobre la avenida Rómulo Gallegos, contemplaba la ineludible publicidad roja del SENIAT, con la infaltable y destacada mención de Chávez. Pequeña muestra, por supuesto, del abuso característico del actual gobierno venezolano.
La molestia y el ensimismamiento fueron rotos por un ruido de metal y pavimento contrapuestos. Era la pala de un empleado del Municipio Sucre que barría, con instrumento ineficiente, hojas y basura de la calle al borde de la acera. Ya no vestía franela roja, sino color crema, y no avisaba algún lema socialista, sino la más sutil insinuación: “El cambio ya empezó”, o algo por el estilo. ¡Qué lástima—pensé—que el alcalde por el que voté con el mayor gusto emplee también dineros públicos para propaganda política! La obscenidad de la propaganda gigantográfica y omnipresente de Chávez, por descontado, es mil veces peor que tan inocuo eslogan, pero la cosa evocó de inmediato el número aquel de 800-IRENE.
Esa leve inconformidad desapareció por completo en Sábado de Gloria. A eso de las cinco y media de la tarde, buena parte de un corpulento árbol cayó sobre un automóvil que pasaba por la tercera transversal de Sebucán, por fortuna sin lesiones graves a los ocupantes. Toda la calle quedó obstruida.
Poco antes de las ocho de la noche la normalidad había sido restablecida. Un camión con trabajadores del Municipio Sucre ya había recogido el estropicio, en horas tardías de difícil día de Cuaresma y respuesta veloz. El cambio, me di cuenta, ya ha empezado.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 14, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El “destacado hombre de lucha e intelectual de valía” Carlos Blanco, que cada domingo escribe Tiempo de palabra para el diario El Universal, tuvo destacada función pública durante la presidencia de Jaime Lusinchi, cuando ejerciera la Secretaría Ejecutiva de la famosa y extinta COPRE (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado), y luego la Presidencia del mismo organismo entre 1989 y 1992, en el segundo e inconcluso período de Carlos Andrés Pérez.
Cada pieza dominical de Blanco es texto adelantado en tono usualmente lapidario, definitivo. Por caso: el domingo 22 de junio de 2008 aseguraba: “No ha habido proyecto más importante y radical para cambiar el país y el Estado que el elaborado por la Copre”. Es decir, el organismo que él dirigió.
En el mismo artículo abría fuegos de este modo: “Si por algo este gobierno será condenado por la Historia, por los de abajo, por los suyos y los de acá, no será por exceso de revolución sino por su carencia. No por los cambios que hizo, sino por los que dejó de hacer. No por la audacia real y profunda, sino por sus vacilaciones y timideces”. De paso explicó: “Sin embargo, si la revolución se entendiera en un sentido más amplio, como reforma profunda y radical, por supuesto que sí era y es necesaria. Un cambio bravo y rudo ya estaba asomando su tentadora y amenazante necesidad a finales de los 80”.
¿Qué clase de revolución tendría en mente Blanco al opinar de tal manera? Quizás una clave se encuentre en artículo que le publicara la revista Resumen—de famosa dirección por Jorge Olavarría—en su edición del 6 de diciembre de 1981, a comienzos de la década que a su conclusión, según Blanco, ya hacía evidente con rudeza—por ejemplo, con el Caracazo de 1989 (año en el que Blanco comenzaba su presidencia de la COPRE)—la necesidad de revolución. En el artículo de Resumen (Vol. XXXIII, Nº 422), Carlos Blanco apoyaba una proposición de Manuel Alfredo Rodríguez, la de un “frente nacional”, en estos términos: “Desde el punto de vista social un proyecto de esta naturaleza deberá enfrentar con severidad a los sectores monopolistas internos, articulados al capital transnacional y que en el plano económico son la expresión más conspicua del imperio norteamericano”. Antes había diagnosticado: “…se ha ido gestando una oligarquía burocrática, plutocrática y partidista, que se ha apoderado de las palancas de las instituciones publicas y privadas de Venezuela. Esta oligarquía no sólo defiende sus inmediatos intereses pecuniarios, sino que su estatuto moral—orientado por la rapiña más desconsiderada—se ha ido imponiendo como el tono espiritual de los núcleos de poder fundamentales”.
Como puede verse, se trata de una retórica muy parecida a la del gobierno actual, y entonces la metamorfosis de Blanco ofrece una esperanza: los radicales de izquierda, con excepciones, tienden a moderarse con el paso de los años.
La Ficha Semanal #237 de doctorpolítico reproduce in toto el artículo de Carlos Blanco para el número 422 de Resumen, el que fuera publicado bajo el título Posibilidades de un frente nacional. Justo al final, contiene una sorpresa.
LEA
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Un frente nacional
Recientemente, Manuel Alfredo Rodriguez, destacado hombre de lucha e intelectual de valía, ha insistido en la necesidad de promover un gran frente nacional o movimiento de convergencia con el propósito de generar “un nuevo proyecto político capaz de acceder al poder y de proporcionar un nuevo y actualizado modelo a la democracia venezolana”. Creo que este es un tema de excepcional importancia en la Venezuela de hoy y que debe ser discutido seriamente.
Las demandas del país
Ya nadie ignora que la nación está sometida a una de las situaciones más comprometidas de su historia, pues algo así como un ambiente de “fin de mundo” recorre vastas porciones de la población. No sólo se trata del agravamiento de los problemas seculares, sino también de que quienes tienen en sus manos la responsabilidad de afrontar la crisis—fundamentalmente los núcleos dirigentes de AD y Copei—carecen de proposiciones políticas novedosas, aptas para responder a la desarticulación del “modelo” político y económico vigente desde 1958. La dirección dominante en el país ha construido un tipo de democracia aun mas restrictiva que en otros países que poseen regímenes similares, pues en nombre de esta democracia ni siquiera esa mínima participación ciudadana, que funciona casi como hoja de parra del sistema, adquiere vigencia.
Por el contrario, la exclusión de la deliberación y de cualquier atisbo de decisión de la mayoría de los ciudadanos es la nota que predomina, y si esto fuese poco ocurre que en el seno de los partidos también campea la antidemocracia; la ausencia de discusión real y profunda, la segregación de la mayoría de la militancia, los procedimientos de exclusión de las tendencias críticas, imponen los acentos más destacados de ese engendro en que ha devenido la llamada “democracia interna”.
El mundo de los partidos que detentan el poder se ha transformado brutalmente. Ni mensajes, ni programas, ni democracia, ni consulta; lo que se impone es el juego tenebroso de sub-aparatos contra sub-aparatos, en definitiva dominados por el tono electoral, las candidaturas y las prebendas.
También concurren a la gestión de este establecimiento del poder un conjunto de grupos, “roscas”, familias, que han ido conformando Ia corporeidad real de los que deciden, imponen y gobiernan el país. De tal modo que se ha ido gestando una oligarquía burocrática, plutocrática y partidista, que se ha apoderado de las palancas de las instituciones publicas y privadas de Venezuela. Esta oligarquía no sólo defiende sus inmediatos intereses pecuniarios, sino que su estatuto moral—orientado por la rapiña más desconsiderada—se ha ido imponiendo como el tono espiritual de los núcleos de poder fundamentales.
Contra este estado en que se desenvuelven los asuntos del país es que un frente nacional se hace imprescindible.
Características del frente nacional
Un proyecto político que se proponga ser poder y transformar sustancialmente la sociedad venezolana, desde luego que debe definir sus enemigos y sus integrantes con mucha claridad. Desde el punto de vista social un proyecto de esta naturaleza deberá enfrentar con severidad a los sectores monopolistas internos, articulados al capital transnacional y que en el plano económico son la expresión más conspicua del imperio norteamericano. Tal confrontación define el tipo de alianzas que es posible establecer en el seno de un frente: todos los sectores sociales distintos a la macolla del capital monopolista, donde evidentemente la clase obrera y un conjunto de sectores medios tienen la posibilidad real de tener el mayor peso social.
Políticamente el frente nacional no puede dejar de proponerse desalojar del poder a los núcleos dirigentes que han detentado el poder en los últimos veinte años, sobre todo representados por las direcciones de AD y Copei. En ese frente como sectores integrantes deben concurrir los partidos, grupos e individualidades que compartan tales propósitos. La izquierda, a mi juicio, puede jugar un papel fundamental si se propone ir mas allá de sí misma y por esta vía transformar su visión y sus prácticas, para colocarse en sintonía con las demandas de la sociedad. Sin embargo, otros sectores políticos que no se definen por ser de izquierda pueden y deben concurrir a este vasto encuentro nacional. Un objetivo principalísimo es motivar a muchos hombres y mujeres que han sufragado y simpatizado por AD y Copei y que hoy están dispuestos a explorar otros caminos más promisores, a condición de desechar el sectarismo y la prepotencia mesiánica que algunos sectores ostentan.
Comparto la opinión de que en este sentido un buen núcleo de la izquierda ha cometido errores pues ha actuado con un sentido claramente hegemónico y segregador. Sin embargo, hay otros grupos que estamos dispuestos a que—sin desdibujar nuestro perfil político e ideológico—arribemos a una convergencia entre iguales, para tareas de corto y largo plazo.
La candidatura presidencial
Resulta inobjetable el planteamiento de Manuel Alfredo en el sentido de que un frente nacional puede, según las circunstancias. estar representado por un candidato civil o militar. Creo que hay que explorar creadora y seriamente las distintas posibilidades que estén o puedan estar en discusión. Hay gente que como yo cree que ese candidato nacional puede ser José Vicente Rangel, no porque no existan otros venezolanos con títulos y condiciones para representar adecuadamente una política como la propuesta, sino porque Rangel se presenta como un dirigente que reúne, al lado de la coherencia en su acción, una indesmentida amplitud, junto a la nada despreciable condición de ser un dirigente que sin “aparato” ha logrado mantenerse y desarrollarse en la conciencia espontánea de la gente común y corriente.
Proponemos a José Vicente Rangel sin negarnos a considerar a otros venezolanos que puedan representar esa impostergable demanda del país para un nuevo liderazgo y nuevos rumbos. Hay que explorar y rápido. Antes de que sea demasiado tarde.
Carlos Blanco
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