por Luis Enrique Alcalá | Mar 26, 2009 | Cartas, Política |

En su primera alocución presidencial al país desde el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, todavía en febrero de 1999, Hugo Chávez hizo la primera de sus promesas de austeridad. Entonces no sufría de elefantiasis discursiva. La alocución no fue demasiado larga, pero lo suficiente como para condenar ante el país televidente de esa noche, y la concentración de personalidades en la sala, la propiedad pública de activos excesivos como automóviles, algunos blindados—ofreció uno en venta a Marcel Granier, amenazándole de modo poco velado—, y aviones. Todavía no había pasado por su apetito el antojo del Airbus A319CJ, su avión, por el que Venezuela invirtió 172 millones de bolívares de hoy si CADIVI le autorizara, que lo haría, 80 millones de dólares a la tasa de 2,15 (172.000 millones de aquellos a los que estuvimos acostumbrados desde el inicio del control de cambios, hacen ya seis años). Es bueno leerlo con guarismos: Bs. 172.000.000.000. Es como si el presidente Chávez se hubiera ganado el equivalente de 57 billetes del Kino Táchira únicos el domingo pasado, y los hubiera cambiado por un avión.
Ahora dice: “Se prohíbe el gasto suntuario o superfluo en el sector público nacional: primero, la adquisición de servicio de telefonía celular y de discado directo internacional, así como el uso de Internet; hay que cuidar lo que se tiene y revisarlo bien, y ver dónde hay exageración: por ejemplo, en el uso de teléfonos celulares”. Reporta María Lilibeth Da Corte en El Universal: “Chávez dijo que en Miraflores tenían la costumbre de dar relojes o arreglos florales en cumpleaños y en tono jocoso comentó que ahora recibirán una felicitación firmada por él”.
Ahora dice: “Cuidado con las tarjetas de crédito; todo eso tiene que ser recogido, revisado, rectificado. Así como la adquisición y alquiler de vehículos ejecutivos”.
Ahora dice: “Prohibido asignación de misiones oficiales al exterior: sólo con la autorización del Vicepresidente Ejecutivo y previa exposición de motivos que justifique tal aprobación, solo así podrá cualquier funcionario del gobierno estar haciendo asignaciones de misiones al exterior”.
Ahora dice: “Material promocional, publicidad y publicaciones que no se correspondan con las actividades que cumplan ese órgano o ese ente; todo eso queda prohibido”. (Ya no más, es de suponer, gigantografías con su efigie para propósitos de culto personal en, por ejemplo, las paredes exteriores de las distintas sedes del SENIAT, ni publicidad electoral, que no se corresponde con las actividades que debieran cumplir los entes de la administración pública. ¿Será por esto que las elecciones de concejales han sido diferidas?)
Ahora dice (se traduce aquí de nota de Associated Press): “Debemos poner fin a los megasalarios, a los megabonos”. Y añade: “Quien quiera ser rico que se vaya a otro lado”. Y vive del aire. Según explicó, gana 2.800 bolívares al mes. La mitad de ese sueldo lo envía a la hija menor (las demás tampoco comen), y la otra mitad es convertida en becas para niños pobres. Es el gobierno entero el culpable de boato innecesario, salvo él, que es un sacrificado.
Ahora dice: “Luchemos contra eso sin descanso, a la raíz de la vieja cultura del derroche y el gasto irresponsable; ahorremos hasta el ultimo bolívar que debe ser para solucionar y ayudar tantos problemas de la gran deuda social que nos dejó todo el pasado capitalista neoliberal”. (¿Es que no forman parte del pasado los diez años que ya lleva mandando?)
Hugo Chávez ha necesitado que se desate y desarrolle una crisis económica y financiera de magnitudes planetarias inusitadas, que se estreche gravemente el ingreso del fisco nacional, para firmar un decreto que debía desde hace diez años. Le tomó cuatro años y medio darse cuenta del tamaño de “la gran deuda social que nos dejó todo el pasado capitalista neoliberal”. Fue en 2003, cuando enfrentaba la posibilidad de perder su cargo por revocación, cuando inventó las misiones que comenzarían a pagar esa deuda. Cinco años y medio después, a los diez de su primera y antepenúltima toma de posesión, es cuando llega a pensar que su administración pudiera tener un problema de gastos suntuarios o superfluos. (¿Será que pasa tanto tiempo fuera del país que, en cuanto llega, tiene que ocuparse del análisis de los proyectos de magnicidio en su contra y no pudo percatarse hasta ahora del desperdicio presupuestario?)
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En su campaña de 1998 Hugo Chávez fustigó a todo el pasado político venezolano por corrupto, y esto fue una de las coartadas de su abusiva intentona de 1992. Pero todavía en 2006, el día que inscribió su candidatura a su primera (y última) reelección, formuló su pretensión como una petición a los electores: que le ayudaran a “continuar la lucha contra la corrupción”. Tres años más tarde se despereza y comienza a estirar su musculatura anticorruptelas con la presentación de una nueva coartada. Y justifica así la centralista deglución de puertos y aeropuertos estadales: “Ahora tenemos un reto nosotros, recuperarlos para ponerlos eficientes y más eficientes al servicio de la causa nacional; y para acabar en estos espacios con lo que ya dije: mafias, ladrones, traficantes, contrabandistas, etcétera. ¡Lucha a muerte contra las mafias enquistadas y contra los viejos vicios! Eso es el reto que tenemos por delante”. (La corrupción sólo existiría donde perdió las elecciones en noviembre pasado).
A comienzos de 2007, cuando se aprestaba a dar uno de sus zarpazos, esta vez contra la telefonía privada con la estatización de la CANTV, Chávez puso a Jesse Chacón, su peón más empleado, a propalar una falsa razón de la medida. (Venía de explicar a unos cuantos presidentes sudamericanos, en Brasil, que se iba a ver forzado a estatizar la empresa, porque era estratégica y porque grababan sus conversaciones). Chacón adujo que “la falta de cobertura en gran parte del país es producto de la posición del dominio del principal operador, que ha limitado con prácticas restrictivas la entrada de nuevos operadores”. En el papel y disfraz de Ministro del Poder Popular para las Telecomunicaciones, Chacón acusó a la CANTV de impedir la libre competencia, sin que esto se demostrara jamás. (Procompetencia nunca procesó un expediente en tal sentido y, en cualquier caso, si la CANTV era algo cercano a un monopolio ¿qué es ahora en manos del Estado?)
Pero este modo falaz no es nuevo. Una de sus reiteradas explicaciones, cuando intenta defender su infeliz ocurrencia del 4 de febrero de 1992, es que el frustrado levantamiento de esa fecha se produce como rectificación “bolivariana” de los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989. La lógica chavista procede más o menos de este modo: primero, Simón Bolívar había señalado que un ejército sería maldito si enfilaba las armas contra su pueblo; segundo, Carlos Andrés Pérez ordenó al ejército venezolano enfilar sus armas contra el pueblo en 1989; tercero, en consecuencia, la asonada del 4 de febrero no fue otra cosa que el castigo merecido por el pecado perecista. Eso es mentira. Mentira dicha con el mayor desparpajo, con el mayor irrespeto por la inteligencia y la memoria de ese pueblo que él dice defender. Durante su breve prisión en el penal de Yare, cuando no preveía aún el posterior desarrollo de los acontecimientos y por tanto se encontraba algo descuidado, Hugo Chávez Frías admitió que el grupo que encabezó el intento de golpe de Estado de 1992 llevaba muchos años conspirando, por lo menos seis años antes de que se produjeran los disturbios de 1989, la excusa que después ofreciera como explicación.
Esto es la constante y característica principal de la dominación de Chávez: la falta de apego a la verdad, la ligereza para difamar, el cinismo de sus explicaciones. En dos platos: Hugo Chávez—y con él unos cuantos de sus personeros—es un mentiroso contumaz.
Y su mentira favorita es la difamatoria. No puede haber, dice, cinco millones de ricachones en Venezuela, y sólo quien fuera ricachón pudo haber votado contra su capricho continuista el 15 de febrero. Por tanto, es su astuta deducción, la mayor parte de la votación contraria se debe al engaño de millones por parte de unos medios ricachones (uno en particular, aunque su audiencia no pase de 6%) que manipulan la verdad.
¿Puede creerse, entonces, a quien negara inclinaciones socialistas ante una pregunta directa en una reunión con hombres de negocios de la ya lejana campaña de 1998? (Chávez negó tenerlas, y contestó que no era socialista sino bolivariano). ¿Qué puede sacarse en claro del siguiente intercambio (año 2000) con El Mundo de España? “Presidente, ¿es usted comunista? No tengo nada de comunista, pero respeto el comunismo, porque los comunistas no son esos diablos que siempre nos han dicho que eran. Son gente que quiere la justicia social, como yo”.
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“La duración”, señalaba Anne Morrow Lindbergh, “no es una prueba de verdad o falsedad”. Una década de dominación chavista no convierte en verdaderos sus argumentos.
Y una conducta típicamente asociada al mentiroso es la evasión. Chávez sabe eludir los debates incómodos, evita la confrontación argumental con quienes pueden revolcarlo. Alude sarcásticamente con indirectas, por ejemplo, al Editor del diario Tal Cual, Teodoro Petkoff, pero no se atreve a enfrentarlo o siquiera a nombrarlo. Sabe que saldría muy mal parado. No se le ocurriría debatir con Fernando Egaña, prefiere ignorar lo que denuncia Argelia Ríos, ni de casualidad comenta lo que aquí se escribe y le llega.
De resto, desempeña el papel de valiente, de héroe valeroso que se enfrenta, con el pecho desnudo (tras el chaleco antibalas), al mayor de los contendores, el imperio, y sale airoso ante conspiraciones regionales separatistas.
Pero no tiene el valor de debatir; sólo el de imponer por la fuerza, con gas del bueno, lo que es incapaz de fundar sobre la razón.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Mar 24, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
La Cátedra Pío Tamayo y el Centro de Estudios de Historia Actual de la Universidad Central de Venezuela publicaron hace poco, con motivo del próximo centenario del periódico El Universal (fundado por Andrés Mata en abril de 1909), un trabajo del profesor Agustín Blanco Muñoz: El combate de Amadís en El Universal y frente al país.
Se trata de una introducción y un buen número de entrevistas: cinco a Luis Teófilo Núñez Arismendi, el protagonista y, en el epílogo, una entrevista a Carlos Croes, ex jefe de redacción del periódico y otra a María Inés Basmagi, secretaria de Núñez. Completa la obra una recopilación de editoriales que éste firmaba con el seudónimo que todo el mundo sabía era suyo: Amadís. (Se incluye los cinco últimos, publicados en El Nacional luego de disolverse la sociedad de Núñez Arismendi, cuya parte heredara de su padre Luis Teófilo Núñez Gómez, con el actual Andrés Mata Osorio).
Luis Teófilo Núñez Arismendi fue un prolífico editorialista, como lo atestiguan las casi cuatrocientas páginas del volumen ocupadas por la recopilación. Nadie más escribió tanto en funciones de editor, y Núñez Arismendi ejerció una gran influencia en la opinión nacional y, por ende, en las decisiones políticas, precisamente porque él había dejado claro que no buscaba posiciones públicas. En esto siguió la guía paterna. A Blanco Muñoz explicó: “Además siempre sentí que mi padre trataba de orientarme en ese sentido. No se me olvida, y en eso yo tenía como 12 años, cuando, conversando con él mientras se vestía para salir a una cena, me preguntó: ¿qué quieres ser cuando sea grande? A lo que contesté: Presidente de Venezuela”. Y luego aclara: “…lo que me sorprendió e impactó fue su respuesta: ¿por qué Presidente de Venezuela cuando es más importante ser director de ‘El Universal’? La presidencia de Venezuela dura sólo cinco años y la dirección del periódico es vitalicia”.
Esta entrega #234 de la Ficha Semanal de doctorpolítico es en verdad una microficha (1.758 caracteres). Ninguna ha sido tan corta. Corresponde al argumento de la lanza de Amadís del 16 de octubre de 1979: “El odio y la incomprensión pueden generar aquí una guerra fratricida”. No había concluido aún el primer año del gobierno de Luis Herrera Campíns.
Es sorprendente leer esta selección, pues pareciera describir las actuales circunstancias nacionales. Treinta años más tarde, se pregunta uno por qué la temida guerra civil no ha sucedido. Y uno espera que la advertencia de Núñez Arismendi, repetida por estos días, no equivalga al cuento del lobo, que no se creyó hasta que ocurriera.
LEA
…
Guerra avisada
Es sorprendente como los venezolanos podemos generar tanto odio, como nos cegamos y nos dejamos arrastrar por el odio poniendo en peligro la estabilidad de la Patria y nuestra personal seguridad.
El odio y la incomprensión pueden llegar hasta engendrar guerras fratricidas. Estamos viviendo momentos muy difíciles, como consecuencia de lo que hoy se ha dado por llamar “reconcomio” de las fracciones políticas mas importantes del país, que han sido precursoras y baluarte de nuestra democracia.
Las acusaciones de uno al otro, los agravios personales que han sobrepasado el limite del ámbito político, impulsado con regocijo por los enemigos de la democracia, magnificado por los medios de comunicación para aumentar la audiencia y venta de sus órganos publicitarios, está carcomiendo la base de las instituciones del país, desmoralizando a los venezolanos y haciéndoles perder su fe en el futuro del sistema democrático y por ende el de la nación.
La majestad del poder se ha perdido, ya no se cree ni en la palabra del Presidente de la República ni en la imparcialidad del Poder Judicial. Todo parece amañado por la intriga política.
A los gobernantes se les acusa de corruptos, a la empresa privada de explotadora, a las autoridades policiales de atracadores, a los jueces de manipular la justicia por razones políticas o de corrupción, a los médicos de extorsionadores e inhumanos, etc.
A dónde se cree que pueda conducirnos esta situación que estamos viviendo, además del estado de ánimo que ella esta produciendo en todos los venezolanos que no somos políticos, ni aspiramos a serlo, que sólo exigimos el derecho que tenemos a vivir en un clima de relativa tranquilidad y seguridad.
El odio ciega. Por ello los que no estamos envueltos en ese sentimiento y mantenemos la visión clara de las cosas, tenemos la obligación de hacer un llamado de alerta al ciego, que ha perdido hasta el bastón que pueda indicarle que está al borde de un precipicio, y que no sólo está en peligro de caer en él, sino de arrastrar consigo a muchos otros que no son más que espectadores impotentes para una acción salvadora.
Luis Teófilo Núñez Arismendi
por Luis Enrique Alcalá | Mar 19, 2009 | LEA, Política |

Desplante de autócrata lo de arrebatar a los estados el control de los puertos y aeropuertos. Nada nuevo bajo el sol, en cualquier caso. Ya Antonio Guzmán Blanco prometió en su tiempo convertir a Maracaibo en “playa de pescadores”, según cuenta Juan Besson en su Historia del Zulia. Una escritora más reciente detalla: “Así… del gobierno central en Caracas emanó una orden para fusionar a Zulia y Falcón, y ya para abril de 1883 el Zulia había pasado a ser sólo una sección de la entidad federal Falcón, cuya capital era la aldea falconiana Capatárida, situada—qué conveniente— a mitad de camino entre Coro y Maracaibo. Las operaciones del célebre puerto de Maracaibo fueron degradadas a mero cabotaje hacia Puerto Cabello”. (Nacha Sucre, Alicia Eduardo: Una parte de la vida, de próxima publicación por la Fundación Empresas Polar).
El Consejo Legislativo del Zulia ha declarado al estado en emergencia, pero más allá de la amenaza de “desenmascarar al Presidente, para colocarlo en su lugar ante el pueblo y demostrarles a todos quién gobierna al país”, que fue lo que ofreciera Eliseo Fermín, Presidente del parlamento regional, uno no ve cuál resistencia práctica pudiera oponer el cuerpo legislativo estadal, y las autoridades ejecutivas, al designio absolutista. En 1899 el Zulia probó a rebelarse contra la férula de otro dictador, Cipriano Castro, quien no tardó en someter por la fuerza a los zulianos. (“La desolación se apoderaría de Maracaibo. La ciudad fue sitiada por tres vapores de guerra y varias goletas armadas. Fue profundamente violentado el estado de derecho, lo que acrecentó el odio contra Castro, y se siguió luchando en algunos distritos del Zulia y conspirando en su capital”. Nacha Sucre, op. cit.)
De pasar la resistencia a rebelión, Hugo Chávez procedería a reprimirla con la fuerza. Después de aquella amenaza inconclusa contra Colombia, y dada la imposibilidad de medirse contra las fuerzas del imperio, Chávez podría por fin probar a los Sukhoi en combate, ordenando que bombardeen Maracaibo como Franco lo hizo con Guernika. Ésta es la clase de valiente combate al que Chávez se atreve.
Él entiende—lo ha dicho más de una vez muy didácticamente—la política como lucha, como guerra. Claro, sólo lucha contra contrincantes débiles y más pequeños a los que arrebata sus recursos, con la complicidad cobarde de los diputados nacionales. Sólo tiene valor para el combate desigual, en el que lleve una abrumadora ventaja.
Lucha, sí, pero contra enemigos atados o impedidos de otro modo. ¡Valiente valentía!
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 19, 2009 | Cartas, Política |

Nature and Nature’s Laws lay hid in Night.
God said, Let Newton be! and all was Light.
Alexander Pope
If I have seen a little further it is by standing on the shoulders of Giants.
Issac Newton
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En este año bicentenario del nacimiento de Charles Darwin es apropiado leer en las ciencias de su elección, las biológicas, lecciones y moralejas utilísimas a la política. Sobre todo en lo conocido sobre la evolución, ese monumental despliegue del cambio del universo, la vida misma y las especies que pintara él por vez primera junto con Alfred Russel Wallace, y más aún y más particularmente sobre la evolución de los sistemas nerviosos de los seres vivos, puesto que la política es la actividad nerviosa más desarrollada de las sociedades.
Y es una lección estupenda la que recoge Carl Sagan en Dragones del Edén, su libro de 1977: la realidad de un cerebro trino en los animales superiores, especialmente en los humanos, un cerebro que es en verdad tres cerebros superpuestos. A su vez, Sagan se limita a explicar el cuadro descrito por Paul MacLean, quien fuera Jefe del Laboratorio de Evolución del Cerebro y la Conducta del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos.
Traduzco de Sagan: “…MacLean ha desarrollado un cautivador modelo de la estructura cerebral y su evolución que llama el cerebro trino. ‘Estamos obligados’, dice, ‘a vernos a nosotros mismos y al mundo a través de los ojos de tres mentalidades muy diferentes’, dos de las cuales carecen del poder de la palabra. El cerebro humano, sostiene MacLean, ‘equivale a tres computadores biológicos interconectados’, cada uno con ‘su propia y especial inteligencia, su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y del espacio, su propia memoria, sus propias funciones, motores y otras’. Cada cerebro corresponde a un gran paso evolutivo separado. Decimos que los tres cerebros se distinguen anatómica y funcionalmente…”
Lo interesante del asunto es que el cerebro que es evolutivamente más primitivo (cientos de millones de años), llamado por MacLean el Complejo R—rodea a la estructura que denominamos mesencéfalo—sigue existiendo y funcionando en el sistema nervioso central de los humanos que es, por supuesto, el más poderoso y sofisticado del reino de la zoología. A pesar de que más adelante en la evolución se superpondrán a él dos estructuras distintas y más evolucionadas—el llamado sistema límbico y el neocortex (corteza nueva)—la naturaleza no lo ha desechado; construye sobre él y lo preserva. El sistema límbico, asiento fundamental de las emociones, es posterior al Complejo R y anterior al neocortex, pero tampoco es desplazado por éste, que se le superpone sin anularlo cuando añade, al fin, las funciones superiores del pensamiento analítico y el lenguaje.
No deja de parecer a Sagan divertido que MacLean haya “demostrado que el Complejo R juega un rol importante en la conducta agresiva, la territorialidad, el ritual y el establecimiento de las jerarquías sociales”. Y comenta Sagan: “A pesar de bienvenidas excepciones ocasionales, me parece que esto caracteriza una buena cantidad de la conducta burocrática y política moderna. No quiero decir por esto que el neocortex no esté funcionando en absoluto en una convención política norteamericana o una sesión del Soviet Supremo; después de todo, mucha de la comunicación en estos rituales es verbal y por tanto neocortical. Pero es sorprendente cuánto de nuestra conducta real—distinta de lo que decimos y pensamos de ella—puede ser descrita en términos reptilianos”. (El Complejo R, de allí su nombre, es el cerebro ya presente en los reptiles. Con penetrante intuición de filósofo natural, Pedro León Zapata hace frecuentes alegorías presidenciales con la imagen de un dinosaurio: “A mí me absolverá la Prehistoria”).
A pesar de esto, y como se evidencia del apunte de Sagan, nuestro cerebro reptil continúa modelando buena parte de nuestra conducta, principalmente nuestra conducta política que entendemos, las más de las veces, como modo de dilucidar territorios a base de comportamiento agresivo y establecer jerarquías sociales que los rituales confirman. Y a pesar de esta preservación, el progreso de las especies inventa y supera el Complejo R.
Con otras palabras, Kevin Kelly—Getting smart from dumb things, en Out of Control—señala lo mismo: “El cerebro y el cuerpo se hacen del mismo modo. De abajo hacia arriba. En vez de por aldeas, uno comienza por conductas simples: instintos y reflejos. Uno hace un pequeño circuito que realiza un trabajo simple, y pone muchos ejemplares a circular. Entonces uno superpone un nivel secundario de comportamiento complejo que puede emerger de ese montón de reflejos funcionales. La capa original continúa trabajando, sea que la segunda lo haga o no. Pero cuando la segunda capa logra producir una conducta más compleja, subsume la acción de la capa que está abajo”.
De algún modo Isaac Newton, que no conocía estas exquisiteces de la neurofisiología evolutiva, celebraba la misma estrategia de preservar y honrar lo previamente construido. Fue en latín que escribió a Robert Hooke, honrando a quien fuera su rival al comparar sus aportes con los de Descartes: Pigmaei gigantum humeris impositi plusquam ipsi gigantes vident. (“Si vi más lejos fue porque subí sobre los hombros de gigantes”). Aunque su propio logro era inconmensurablemente mayor que el de Hooke—eran sus pedestales enormes Kepler, Galileo y Copérnico y, en fin de cuentas, también el descomunal Aristóteles cuya física él deponía—, Newton sabía que sin los precursores no hubiera visto lo que vio. Él mismo era el más gigantesco de los gigantes—no a todo el mundo puede escribírsele “Dios dijo: hágase Fulano”—y doscientos veintinueve años después de que publicara su epifanía un judío de Ulm se subiría sobre sus hombros para lanzar la mirada más lejos todavía.
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Requerimos un nuevo paradigma político, requerimos una organización novedosa que lo encarne y lo transmita, que realice funciones que los partidos actuales—PSUV incluido—no atinan a cumplir. Pero la construcción de ese nuevo piso cerebral de la sociedad venezolana no requiere la cesación de los partidos, como pidiera Bolívar en proclama testamentaria con otra de sus humanas equivocaciones. Tampoco, claro, es lo que debe hacerse políticamente en Venezuela una federación de partidos, esquema que ya se probara, sin éxito, en la especie extinta de la Coordinadora Democrática y con muy bajo rendimiento en el esquema de unidad de candidaturas para el 23 de noviembre de 2008. El neocortex no es el agregado de una docena de Complejos R. Se trata de una estructura nueva, y puede decirse que la persistente ebullición de la creatividad política actual terminará creándola, terminará superponiéndola a lo que hoy vemos funcionando.
Más de uno ha especificado, con más o menos alguna precisión, segmentos de su genoma. Por ejemplo, que una “sala situacional” sería necesaria. Se la predica, incluso, con urgencia llena de explicable angustia. Visto que no hay cesación de arremetidas gubernamentales, la inquietud crece, y el tema de las salas situacionales se puso dramáticamente de moda cuando el Presidente de la República saludó y agradeció a decenas de miembros de la que funciona en Miraflores, al ganar su proposición de enmienda (no confundir con propósito de enmienda).
Pero no existen las salas situacionales aisladas, pues necesitan un cliente: el agente de decisión para el que operan y les da sentido. Sería como trabajar solamente en el diseño de un quirófano cuando lo que se requiere es el plano de un hospital entero. Esto no obsta para que quienes saben lo que es una sala situacional y podrían concebiblemente establecerla u operarla vayan pensándola, pues la estructura final probablemente exhiba arquitectura modular y aquélla sería uno de los módulos que la compondrían. (Es el mismo Kevin Kelly quien señala una mutación estratégica en los cultores de la robótica. Sus primeros intentos eran ambiciosos: pretendían nada menos que lograr un robot que imitase, de una vez, a un ser humano. Ahora proceden con el desarrollo de circuitos simples pero exitosos, que con otros de función distinta podrán componer más adelante un sistema más complejo). Por otra parte, la decisión metapolítica de transplantar un órgano nuevo o, más todavía, la de procrear un organismo enteramente nuevo, no debe ser sino estratégica, jamás respuesta táctica a una estrategia que se nos opone. Aunque Chávez no tuviera una, sería aconsejable contar, si se quiere hacer política moderna, con una sala situacional.
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La raíz del asunto, sin embargo, es paradigmática, y esta circunstancia lo hace peculiarmente difícil. Tardó tiempo para que Arturo Úslar Pietri comprendiera el problema. Aunque se le propusiera la idea a comienzos de 1985, no fue sino hasta octubre de 1991 cuando escribiera en El Nacional: “…de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta”. Y añadía, delatando que no tenía solución para el problema: “Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación”. Y eso que no vivió lo suficiente para contemplar el despliegue del anacronismo chavista.
El caso es, entonces, el concepto mismo de la política. Se la entiende como combate por el poder—el antropólogo Rafael Rengifo indica que la noción misma de poder es supuesta como una entidad asible, determinada como cosa en el tiempo y el espacio—y debiera ser entendida como la profesión de resolver problemas de carácter público. Esto tan simple es un profundo cambio paradigmático; los cambios de esta clase no son de la totalidad de un discurso, sino de una o unas pocas premisas que lo reorganizan en configuración diferente. (El judío de Ulm, Alberto Einstein, que subsumió a Newton encaramándose sobre sus anchos hombros, dedujo su revolucionaria teoría de la gravitación de sólo tres premisas inusuales).
El inventor del sentido más frecuente hoy del término paradigma, Thomas S. Kuhn (The Structure of Scientific Revolutions), sabía que uno nuevo, aun cuando sea muy superior al prevaleciente, provoca empecinadas resistencias. De hecho, dijo que el nuevo paradigma llegaría a entronizarse definitivamente cuando murieran quienes sustentan las concepciones más antiguas.
Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores—imagen de Eduardo Fernández—de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008).
Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos.
No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta.
luis enrique ALCALÁ
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 17, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Hace dos días una modesta mayoría de los electores de El Salvador escogió a Mauricio Funes como su nuevo presidente. Con sólo 68 mil votos de ventaja, Funes se impuso al rival postulado por Arena, la formación de derecha, con 51,3% ante el 48,7% de Rodrigo Ávila. Comoquiera que Funes fue postulado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), organización marcadamente izquierdista que intervino en la sangrienta guerra civil de El Salvador, es perfectamente natural que su triunfo suscite intensas preocupaciones. Entre éstas ocupa un lugar destacado la posible relación de Funes con el presidente venezolano.
La Ficha Semanal #233 de doctorpolítico presenta la traducción de una nota—El Salvador election: Is this a referendum on Chávez?—de Sara Miller Llana, periodista de planta en The Christian Science Monitor, en la que se ponen de manifiesto esas tensiones certificando, de paso, cómo gravitó la figura de Chávez en la campaña electoral del país centroamericano. El reportaje fue publicado el mismo día de las elecciones.
De lo encontrado por Miller Llana pareciera desprenderse que no es automática la asociación de Funes y Chávez. Funes se perfila como un moderado líder de izquierda, a pesar de la propaganda de Arena.
Más aún: las primeras declaraciones de Funes evocan mucho más a Obama que a Chávez. Por ejemplo, Funes se apresuró a declarar que Arena será “respetada y escuchada”, evidenciando una disposición muy diferente a la que ha exhibido siempre Chávez ante su oposición. Más todavía: Funes dijo que no era el tiempo de la revancha, sino el tiempo del entendimiento político. “Tendremos que ser un gobierno en permanente negociación, en busca del consenso, donde el consenso deje atrás la intolerancia y la exclusión que han caracterizado los últimos veinte años de ejercicio [del gobierno]”. Y añadió: “Nada traumático va a pasar aquí. No habrá ninguna confiscación. No revertiremos ninguna privatización. No pondremos en riesgo la propiedad privada. En este momento no hay motivo ninguno para el miedo”.
Claro, está por verse si Funes es hombre de palabra o, como Chávez, es capaz de engaño descarado. Ya una vez, con ocasión de aceptar un premio a su labor periodística y cenar en la casa del presidente Armando Calderón Sol, solicitó autorización para registrar el acto, con el pretexto de mostrar la grabación a su madre. Llegado el momento, Funes desató una feroz filípica contra lo que consideraba abuso y corrupción del gobierno de su anfitrión.
Pero esta descortesía no equivale a su alineación con los poco urbanos procedimientos de Chávez. En un reportaje sobre Funes, la agencia de noticias AFP enfatiza cómo Funes se cuidó especialmente de ser identificado con nuestro presidente durante toda la campaña, y en cambio destaca su apertura hacia los Estados Unidos, país con el que espera tener las mejores relaciones y trabajar especialmente el tema migratorio y el control del tráfico de drogas. Por su parte, el gobierno estadounidense saludó el triunfo de Funes en lo que llamó una elección particularmente transparente.
Mauricio Funes, a diferencia de Ireneo, será de izquierda, pero no es chavista.
LEA
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Funes el izquierdoso
Los salvadoreños van hoy a las urnas para votar en una elección histórica que pudiera darle a la nación su primer presidente izquierdista, casi dos décadas después de que las guerrillas marxistas y militares financiados por los EEUU depusieran sus armas para terminar una guerra civil de doce años.
Esta elección presidencial, desde su arranque, ha sido señalada como el más nuevo frente en la batalla de ideologías conservadoras y liberales en América Latina.
El conservador partido gobernante, la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), ha advertido que, de ganar la izquierda, El Salvador pasaría a ser el siguiente peón del “socialismo del siglo XXI” del presidente Hugo Chávez, que busca un mundo multipolar menos dependiente de los EEUU.
El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que surgió de las filas rebeldes durante la Guerra Fría, hace una campaña de cambio con un candidato moderado. Repone que una continuación de los líderes de derecha significa más del neoliberalismo al estilo de los EEUU que afecta a los salvadoreños más pobres, forzando hasta un tercio de ellos a la migración en busca de trabajo.
Durante meses, el candidato del FMLN, Mauricio Funes, un ex periodista de televisión, ha mantenido la ventaja en las encuestas. Pero para este domingo este margen ante Rodrigo Ávila, un antiguo jefe de policía, se ha estrechado.
Ha sido una campaña manchada por la difamación y la evocación del miedo del pasado, en una nación profundamente dividida y todavía con las cicatrices de una guerra civil que cobró 75.000 vidas. Sin embargo, no importa quien gane, el hecho de que un partido de oposición tenga su mejor oportunidad en dos décadas—lo que pudiera introducir una alternación en el poder por primera vez desde que la guerra concluyera en 1992—ya es un paso positivo para la democracia, dicen algunos observadores.
¿Voto por el cambio?
Aun cuando abunda el temor al fraude en ambos lados y la campaña ha sido conducida con fiereza, aquí pudiera darse un momento importante de maduración política. “La gente está votando por el cambio”, dice Roberto Rubio-Fabián, director del think tank Funde en San Salvador. “El apoyo al FMLN se ha extendido bastante más allá de la militancia de izquierda”.
Los problemas domésticos motivan a la mayoría de los votantes, especialmente los económicos. Empleos viables es lo que la mayoría de los electores dice querer de su gobierno, especialmente los jóvenes (entre las edades de 19 y 34), que sufren una tasa de desempleo tan grande como de 12%. La tasa general de desempleo es de 7%.
“Necesitamos empleos, y no hay”, dice Werner Antonio Alvarado, quien está en sus años veinte y limpiaba las calles para el gobierno municipal en las afueras de San Salvador. Ahora está sin trabajo.
Otros problemas acechan. Las remesas del exterior componen cerca del 20% del producto nacional bruto de la nación centroamericana, y se hacen más cruciales cada año, pasando de 1.700 millones de dólares en el año 2000 a 3.700 millones el año pasado. No obstante, el dinero enviado a casa pudiera disminuir en 5 por ciento este año, dice Manuel Orozco, director de remesas y desarrollo del Diálogo Interamericano en Washington. Las exportaciones del país a los EEUU pudieran también caer en 10 por ciento.
El partido Arena sostiene que está en mejor posición para ayudar a que el país capee la inminente crisis económica. “Arena ha demostrado su capacidad para gobernar, para atraer inversión y para generar industria”, dice Luis Mario Rodríguez, un abogado que ayudó a redactar el programa de gobierno del Sr. Ávila.
“Toda la inversión pudiera ser ahuyentada con un triunfo del FMLN”, añade, refiriéndose a una relación entre ciertos miembros del FMLN y el Sr. Chávez, que ha progresado en la nacionalización y expropiación de las industrias clave de Venezuela durante su diez años en el gobierno.
Todo Chávez, todo el tiempo
Arena, que es apoyado por los principales medios de comunicación en El Salvador, colocó vallas en la ciudad que muestran al Sr. Funes con Chávez y otros jefes de Estado izquierdistas. De hecho, el líder venezolano aparece por estos días en la televisión salvadoreña tanto como los mismos candidatos.
El FMLN descarta estas cosas como tácticas para atemorizar, y dice que la lucha real no es entre las ideologías, sino entre la creación de una economía que sólo beneficia a los privilegiados y una que beneficie a todos. “El de ellos es un modelo que expulsa a su propia gente”, dice Gerson Martínez, un miembro del FMLN de toda la vida que coordinó el programa de gobierno de Funes. “Durante veinte años vivimos en una sociedad de posguerra, y Arena se benefició del miedo. Pero esto no funciona con Mauricio”.
De muchos modos, las condiciones parecen darle la ventaja al FMLN. Arena ha estado tanto tiempo en el poder que naturalmente carga la peor parte de las críticas, tanto en lo económico como en lo criminal, otra preocupación principal en un país que está entre los más violentos de América Latina.
“Hay una fatiga del partido político”, dice el Sr. Orozco. En un estudio del último otoño por la Universidad de Centroamérica, más del 80% de los entrevistados dijo que el país necesitaba un cambio de dirección.
Pero el FMLN no estaría en ventaja de no haber evolucionado como partido. Durante los últimos veinte años, dice el Sr. Rubio-Fabián, el FMLN tuvo como candidatos a izquierdistas de línea dura, lo que ahuyentó a muchos salvadoreños cuyos recuerdos de la guerra civil todavía están vivos. “No fueron capaces de cambiar su imagen ni de tranquilizar a la gente que teme la guerra”, dice Rubio-Fabián.
Después de veinte años, un izquierdista moderado
Luego de dos décadas de derrotas políticas, sin embargo, el partido se dio cuenta de que debía expandir su base electoral. Es así como Funes, que convoca desde fuera del partido y nunca peleó en la guerra, y que se ha pintado a sí mismo como un izquierdista moderado en el molde del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, se convirtió en el candidato del FMLN. Rubio-Fabián dice que su base de apoyo viene de los electores de clase media y clase media baja, así como de los votantes urbanos, jóvenes y varones.
Los partidarios de Ávila contienden que, aun cuando Funes mismo es moderado, todavía tiene que lidiar con un partido de línea dura que vería la mano de Chávez en el país con buenos ojos. Dice el Sr. Rodríguez: “El problema no es Mauricio Funes. Aun con buenas intenciones, tiene a todos los comunistas de antaño en su esquina”.
Luis Gustavo Cruz, un elector estudiante, mueve la cabeza cuando otro comercial con Chávez aparee en una pantalla de televisión. “Esto es una manipulación total”, dice el Sr. Cruz, quien alega no considerarse de izquierda pero votará por Funes para el cambio. “Debieran dar a alguien distinto la oportunidad de manejar el país”, dice.
Otros dicen que se preocupan por la dirección que tome el FMLN, y que esto pudiera significar que El Salvador se encontrara formando parte de un nuevo eje izquierdista. Julia Ester Cuéllar, una vendedora de alimentos en San Salvador, susurra su escogencia de presidente. “Arena”, musita, y añade con voz aún más queda, “Yo no quiero que Chávez comience a entrometerse en nuestro país”. Y termina: “En estos tiempos, es mejor quedarse con el conocido”.
Sara Miller Llana
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