por Luis Enrique Alcalá | Mar 12, 2009 | LEA, Política |

No es porque Barack Obama lo haya hecho, y lo sigue haciendo, con éxito que la nueva política debe existir en la red de redes. Es porque la red de redes es la nueva realidad.
En un planeta con 6.700 millones de habitantes, 1.700 millones navegan habitualmente por Internet; esto es, la cuarta parte de la humanidad está conectada en modo que no existía disponible para los mortales comunes antes de 1995. En Venezuela, más de seis millones de compatriotas son internautas, y de éstos las dos terceras partes serían ubicadas por las estadísticas en las clases D y E. Hay en el barrio venezolano una poderosa vocación de modernidad que debe ser acompañada.
José Rafael Revenga nos da el siguiente dato alucinante: el parque mundial de teléfonos celulares ya alcanza los cuatro mil millones de aparatos, y la cuarta parte de ellos fue vendida el año pasado. O uno lee en Wikipedia en español: “Un netbook es un subportátil, es decir, una categoría de ordenador de bajo coste y reducidas dimensiones, lo cual aporta una mayor movilidad y autonomía. Son utilizados principalmente para navegar por Internet y realizar funciones básicas como proceso de texto y de hojas de cálculo”. Pues bien, en medio de la descomunal crisis económica planetaria, ABI Research estima que el mercado de estos últimos dispositivos crecerá por lo menos en 100% durante 2009.
El gran libro de Marshall MacLuhan era un ensayo más bien compacto: “La comprensión de los medios: las extensiones del hombre”. Allí nos proponía entender el automóvil como una extensión del aparato locomotor, y el telescopio como una extensión del ojo. Pero ahora las redes y los procesadores nos extienden el cerebro total, la capacidad general de pensar y comunicar. Estamos bien enredados, como predijo Teilhard de Chardin sin saber cuál sería el sustrato físico de una conciencia colectiva que culminaría la evolución humana, o como sintió Yehezkel Dror—“Ahora se construye el cerebro del mundo”—ignorando la misma cosa.
No somos ya, pues, Homo sapiens; ha nacido una nueva especie del género Homo. Extendidos en facultades, somos el producto de una mutación que ha producido el Homo retis, el hombre de la red. Y éste no es el gladiador reciario, que lanzaba su red sobre el contrincante. Por más que la conectividad planetaria puede ser, local y temporalmente, empleada con maldad o desalmadamente para la agresión, el enjambre planetario tiene un tamaño enorme, y forma una célula sobrehumana cuya prioridad será su homeostasis: la supervivencia. El hombre de la red es primordialmente el hombre de la cooperación.
¿Qué es un referéndum de escasos once millones de votantes ante uno que pudiera, en plazo más bien breve, concitar a un par de miles de millones?
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 12, 2009 | Cartas, Política |

Entre las varias ideas (un comando estratégico unificado, una sala situacional, una tesis política, un think tank, etc.) que unas ganas de hacer cosas, una inusitada efervescencia de iniciativas ha puesto sobre el tapete—en explosión de creatividad política suscitada por la votación del 15 de febrero pasado—, ninguna tan definitiva y necesaria como la de una nueva organización política, puesto que ella puede, precisamente, contener todo lo enumerado, y además puede ocuparse del problema esencial de facilitar la emergencia de actores idóneos para el ejercicio de las funciones públicas.
No basta para justificar la aparición de una nueva asociación política, sin embargo, ni siquiera la más contundente descalificación de las asociaciones existentes, como es estado de opinión que se generaliza con el paso de los días. La nueva asociación tendría que ser expresión, ella misma, de una nueva forma de entender y hacer la política y debe estar en capacidad de demostrar que sí propone soluciones que escapan a la descalificación que se ha hecho de otras opciones. En suma, debe ser capaz de proponer soluciones reales, pertinentes y factibles a los problemas verdaderos.
No debe entenderse por esto, sin embargo, que tal asociación pretenda conocer la más correcta solución a los problemas. Tal cosa no existe y por tanto tampoco existe la persona o personas que puedan conocerla. Ningún actor político que pretenda proponer la solución completa o perfecta es un actor serio.
Siendo las cosas así, lo que proponga un actor político cualquiera siempre podrá en principio ser mejorado, lo que de todas formas no necesariamente debe desembocar en el inmovilismo, ante la fundamental y eterna ignorancia de la mejor solución. Más todavía, una proposición política aceptable debe permitir ser sustituida por otra que se demuestre mejor: es decir, debe ser formulada de modo tal que la comparación de beneficios y costos entre varias proposiciones sea posible.
De este modo, una proposición deberá considerarse aceptable siempre y cuando resuelva realmente un conjunto de problemas, es decir, cuando tenga éxito en describir una secuencia de acciones concretas que vayan más allá de la mera recomendación de emplear una particular herramienta, de listar un agregado de estados deseables o de hacer explícitos los valores a partir de los cuales se rechaza el actual estado de cosas como indeseable. Pero una proposición aceptable debe ser sustituida si se da alguno de los siguientes dos casos: primero, si la proposición involucra obtener los beneficios que alcanza incurriendo en costos inaceptables o superiores a los beneficios; segundo, si a pesar de producir un beneficio neto existe otra proposición que resuelve más problemas o que resuelve los mismos problemas a un menor costo.
En ausencia de estas condiciones para su sustitución la solución que se proponga puede considerarse correcta y, dependiendo de la urgencia de los problemas y de su importancia (o del tiempo de que se disponga para buscar una mejor solución), será necesario llevarla a la práctica, pues el reino político es reino de acción y no de una interminable y académica búsqueda de lo perfecto.
Pero es importante también establecer que no constituyen razones válidas para rechazar una proposición la novedad de la misma—“no se ha hecho nunca… las cosas no se hacen así”—o la presunción de resistencias a la proposición. Por lo que atañe a la primera razón debe apuntarse que una previa condición de las soluciones aceptables es precisamente la novedad. Respecto de la existencia de resistencias y obstáculos hay que señalar que eso es un rasgo insalvable de toda nueva proposición. El que las resistencias y los obstáculos hagan a una proposición improbable no es una descalificación válida: el trabajo del hombre es precisamente la negación de probabilidades, la consecución de cosas improbables.
Toda proposición política seria, y muy especialmente la que pretenda emerger por el canal de una nueva asociación política deberá estar dispuesta a someterse a un escrutinio y a una crítica comparativa que se conduzcan con arreglo a las normas descritas más arriba. La “objetividad” política sólo se consigue a través de un proceso abierto y explícito de conjetura y refutación, pero jamás dentro de un ámbito en el que lo pautado es el silencio y el acatamiento a “líneas” establecidas por oligarquías, o en el que se confunde la legitimidad política con la mera descalificación del adversario.
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Pero que una proposición esté abierta a la crítica general no es lo mismo que sostener que las proposiciones deben ser construidas en asamblea o decididas en transacción consensual.
La discusión pública venezolana tal vez haya agotado los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a importantes o meritorios actores y factores de poder de la sociedad. Si hay que construir una “visión de país”, un “consenso-país”, un “proyecto de país”, una “tesis política”, ¿no será lo mejor—se pregunta—reunir a quienes hayan trabajado ya en tareas similares para que compartan sus hallazgos y pueda así componerse un conjunto sumatorio?
El método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de estas “mesas democráticas” (así las llamaba hace más de una década Luis Raúl Matos Azócar) de las que debe salir el ansiado acuerdo nacional. Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el “Encuentro Nacional de la Sociedad Civil” organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Así trabajó la comisión del “consenso-país” de la extinta Coordinadora Democrática. Así, al interior de los partidos, tiende a trabajarse cuando les toca preocuparse de la confección de un “programa de gobierno”. En unas ciertas “memorias prematuras” de 1986 puede leerse una descripción de la dinámica prevaleciente:
“Lo típico es organizar una serie innumerable de reuniones, dispuestas según una estructura similar a la de aquellas ‘pirámides’ de dólares que fueron una estafa socialmente tolerada en Caracas… El inconveniente de esta forma de redactar programas de gobierno es que el resultado final tiende invariablemente a la incoherencia… Desde una media docena de personas hasta varias decenas en algunos casos, se reúnen a ‘echar ideas’ o a leer sus ponencias favoritas. Usualmente no le es dado al director de la reunión, aunque piense que oye alguna idea impertinente, rechazar muchas de las proposiciones, pues el compañero de Achaguas se podría resentir y el apoyo de Fulanito y los fulanistas sería escatimado. La sumatoria de un proceso de tal naturaleza es de un grado de incompatibilidad tal, o de un carácter tan absolutamente negador del concepto de prioridades (al incluir prácticamente de todo), que no es posible nunca llevarla a la práctica si se llega a ganar las elecciones”.
La oposición de opiniones e intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.
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Si el Ministerio de Sanidad se encontrase ante la necesidad de construir un nuevo hospital público, seguramente no convocaría a una masiva reunión de arquitectos, médicos, pacientes, enfermeros, administradores de salud, aseguradores y sepultureros a celebrarse en un gran espacio como el Parque del Este para que, “participativamente”, se pusieran de acuerdo sobre el diseño del hospital.
En cambio, determinaría como primera cosa, técnicamente, los criterios de diseño: debe ser un hospital para 1.500 camas, debe cubrir las especialidades tales y cuales, no debe pasar de un costo de tanto, etcétera.
Una vez con tales criterios en mano, procedería a llamar a licitación a unas cuantas oficinas de arquitectura demostradamente capaces. Las oficinas de arquitectos que participaran en la licitación desarrollarían, cada una por su lado, un proyecto completo y coherente. No serían admitidas, por ejemplo, proposiciones que sólo diseñaran la sala de partos o la admisión de emergencias. Cada oficina tendría que presentar un proyecto completo. Sólo así podrían competir, la una contra la otra, en una licitación que compararía una proposición coherente y de conjunto contra otras equivalentes.
Este es el mismo método que debe emplearse para la emergencia de una solución política. Lo que el espacio político nacional debe alojar es una licitación política con claras reglas para el contraste de proposiciones de conjunto.
¿Cuáles son estas reglas? Con más detalle que antes debe postularse que, si a la discusión se propone una formulación que parece resolver un cierto número de problemas o contestar un cierto número de preguntas, la decisión de no adoptar tal formulación debiera darse si y sólo si se da alguna o varias de las siguientes condiciones:
a. cuando la formulación no resuelve o no contesta, más allá de cierto umbral de satisfacción que debiera en principio hacerse explícito, los problemas o preguntas planteados.
b. cuando la formulación genera más problemas o preguntas que las que puede resolver o contestar.
c. cuando existe otra formulación—que alguien debiera plantear coherentemente, orgánicamente—que resuelve todos los problemas o contesta todas las preguntas que la formulación original contesta o resuelve, pero que además contesta o resuelve puntos adicionales que ésta no explica o soluciona.
d. cuando existe otra formulación propuesta explícita y sistemáticamente que resuelve o contesta sólo lo que la otra explica o soluciona, pero lo hace de un modo más sencillo. (En otros términos, da la misma solución pero a un menor costo).
Si ninguna de las condiciones precedentes existe, la formulación propuesta debe llevarse a la práctica. No se compondrá jamás un país desde las ciencias políticas, sino desde la política, la profesión u oficio de resolver problemas de carácter público.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Mar 10, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Esta Ficha Semanal #232 de doctorpolítico es más bien una antificha. En apariencia sería un apoyo a la idea de una Medicina Política o una Política Clínica, puesto que viene redactada enteramente en términos de metáforas de la patología. Sin embargo, se trata de un uso metafórico superficial, meramente vistoso, con algo—sin duda—de poder pedagógico, pero sin integración a un paradigma sólido de la política como arte de carácter médico.
Se trata de la reproducción de un artículo de la productora de televisión inglesa Hazel Henderson, aficionada a la economía y la futurología, predicadora de la ética en la conducta económica. (Ethical Markets: Growing the Green Economy). La pieza en cuestión fue dada a conocer por InterPress Service el 9 de enero de este año, y lleva por título “Diagnóstico del cuerpo político económico”. (Diagnosing the economic body politic). Es la traducción de este artículo lo que compone la ficha #232.
Aunque la lectura de su texto se tropezará con imagen tras imagen tomadas de la terminología médica, no hay tras ellas una fundamentación seria para su empleo, y una que otra son mutuamente contradictorias. No basta la metáfora para hacer ciencia, aunque en ciertos casos puedan alcanzar valor heurístico; es decir, relativo al descubrimiento y la invención. El profuso empleo de analogías médicas, algunas más acertadas que otras, es, sin embargo, un indicador cultural de cuán listos estamos para exigir una seriedad clínica al ejercicio político. De algún modo se percibe que tenemos derecho a obtener de los políticos un nivel de idoneidad que damos por sentado como exigible de los profesionales de la salud.
Naturalmente, es posible adoptar una postura médica en política y economía con verdadera responsabilidad profesional. Esta publicación ha dado cuenta, por ejemplo, de la proposición formal de Jeffrey Sachs en su libro The End of Poverty (2005), cuyo capítulo cuarto fuera llamado “Economía Clínica” y describe un protocolo médico para la actuación profesional de los economistas. Antes, en 1993, el economista venezolano José Toro Hardy organizó sus “Fundamentos de Teoría Económica” en una parte anatómica, una fisiológica y una patológica. Antes todavía, en 1984, quien escribe ya proponía una aproximación médica a la política, no sin reconocer los antecedentes de Rudolf Virchow—fundador de la Patología y miembro del Reichstag en época de Bismarck—y de observaciones de Yehezkel Dror. (Policy sciences are, in part, a clinical profession and craft). Y, obviamente, la marca bajo la que se edita esta publicación es doctorpolítico, precisamente en reivindicación del carácter médico en la política exigible.
Con las salvedades hechas, pues, se trae a la atención de los suscritores de esta publicación el artículo de Henderson. En su exposición afloran preocupaciones legítimas junto con frecuentes prescripciones dogmáticas, no exentas de simplismo y contradicción. Se ha vestido con ropa hospitalaria, pero no es un texto de Medicina Política.
LEA
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Abuso metafórico
En 2008, los principales medios estuvieron repletos con diagnósticos de las enfermedades de la economía de los EEUU. Los banqueros centrales, los políticos y sus consejeros económicos buscaban explicar el desmayo de la economía en términos médicos. Se describió al paciente económico como si sufriera un ataque cardiaco, un síncope, un colapso, una pérdida de vigor animal, una pérdida de confianza. Se describía a nuestro cuerpo económico en shock, necesitado de inyecciones de liquidez, de una sala de emergencias, de resucitadores, de un quirófano, de respuesta a la medicación y de, ojalá, una sala de recuperación.
Echemos una mirada a estas profusas imágenes que conjuraron los expertos económicos y veamos si puede haber algunas evaluaciones médicas más realistas. Puesto que parece obvio que nuestra economía requiere una reestructuración, veamos cuán deformada llegó a ser en el último cuarto de siglo. Sabemos que nuestro cuerpo económico sufre de un crecimiento canceroso de su sector financiero que hizo metástasis hasta un 20% del PIB. Un sector financiero normalmente eficiente, análogo al sistema circulatorio de suministro sanguíneo, no necesita ser más grande que el 10% del PIB.
Despleguemos, pues, el diagnóstico en términos médicos más amplios. El cuerpo económico sufre de:
– Un corazón y un sistema circulatorio recrecidos. A diferencia del viejo remedio médico de la sangría, los doctores económicos de hoy parecen preferir el suministro sanguíneo del cuerpo, creando hematomas en el sector bancario. La inyección de liquidez ha conducido a edemas con hemorragia y coagulación en varios órganos y sectores. Puede ser que la cirugía de bypass sea la respuesta para reducir a las hinchadas (“demasiado grandes para fallar”) firmas de Wall Street, bancos y compañías “aseguradoras” mientras se redirecciona las transfusiones a los dueños de viviendas, negocios de Main Street, estudiantes, presupuestos de los estados, la extensión de beneficios de desempleo, estampillas de alimentos, escuelas, cuidado de la salud, servicios humanos y fundaciones caritativas.
– Disfunciones del sistema inmunológico, que han comprometido las funciones reguladoras de sus células de vigilancia, el hígado, los riñones y otros órganos vitales, causando el crecimiento de organismos tales como los CDO, SIV, CDS y una variedad de invasores externos irreconocibles. Aquí se necesita el remedio de potenciar los anticuerpos de la inmunidad, los vigilantes, los periodistas de investigación y los blogueros. Otras prescripciones deben incluir el lavado de desperdicios (“activos tóxicos”) de los bancos, los fondos de protección y las compañías de seguros, simplemente llevándolos a pérdida y permitiendo que las compañías imprudentes fracasen y vayan a la quiebra.
– Atrofia esquelética y muscular en tanto se desmanteló los sectores productivos y la manufactura vertebral, la infraestructura, las plantas, los equipos y la producción de bienes se desplazó hacia la mano de obra más barata de otros países menos regulados. La columna de la economía sufrió un deterioro, al pasar a malas condiciones los diques, el tratamiento de desechos, las fuentes de agua, los puentes, las represas, las carreteras y los ferrocarriles. Es un obvio remedio llevar nuevas transfusiones de sangre a la circulación para oxigenar y restaurar los tejidos, los huesos y los tendones.
– Sobrepeso y acumulación de depósitos grasos en los tejidos, a causa de sobreinversión en automóviles para el transporte mientras pasa hambre el tránsito masivo y se impide el ciclismo, los paseos y los parques para mantener el vigor en las ciudades y la infraestructura. Hay remedios a la mano para el estímulo de la revitalización urbana y el reequipamiento de la infraestructura de las ciudades con paseos para peatones, tránsito masivo y revertir el desordenado despliegue urbano.
– Recrecimiento disfuncional de un complejo médico-industrial que se traga 16% del PIB y un complejo militar-industrial que devora 500 mil millones de dólares al año. La cura de estas condiciones exige un desplazamiento hacia programas de bienestar y cuidado de la salud que sean preventivos, universales, de pagador único y holísticos, y de presupuestos de armas hacia la diplomacia y mejores servicios de información e inteligencia.
– Atrofia cerebral y nerviosa debida al entumecimiento mental de los medios de comunicación principales. La publicidad induce la compra impulsiva, una baja autoestima y el desperdicio consumista, mientras ofusca la comprensión pública de la necesidad de cambiar los combustibles fósiles por un uso eficiente de los recursos con una energía limpia, ecológica y renovable. Los remedios incluyen la expansión de la teledifusión pública, estándares éticos para la publicidad, el financiamiento público de las campañas políticas, la restauración de la doctrina de equidad, la provisión de igualdad de tiempo de la FCC mientras se reconstruye escuelas que se derruyen, se revisa currículos obsoletos y se paga adecuadamente a los maestros. Serán necesarios programas de readiestramiento para reubicar el exceso de economistas, abogados, administradores, comerciantes de opciones, analistas cuantitativos e ingenieros financieros hacia el cumplimiento de tareas útiles, incluyendo la ingeniería real, la remodelación de edificios, la restauración de parques y terrenos de juego, el voluntariado en bancos de alimentación, hogares de cuidado de infantes y la alfabetización de nuestro 20% de analfabetas.
– Constipación y acumulación de desechos tóxicos en órganos del cuerpo, el colon, el hígado y los riñones, lo que conduce a una incapacidad de lavar los activos tóxicos de los balances mediante las pérdidas y bancarrotas apropiadas. Acumulación de polución a causa de falta de supervisión reguladora y exigencia de eliminación de sustancias tóxicas. Las prescripciones incluyen la restricción del cabildeo y las contribuciones políticas, el vigoroso imperio de la ley y una nueva regulación para aumentar los estándares ambientales y de salud y seguridad públicas. La compactación del sector financiero debe incluir el fraccionamiento de bancos exageradamente grandes, la prohibición de credit default swaps, y otros derivados turbios, el restablecimiento de la ley Glass-Steagall para separar la banca de la correduría, la banca de inversión y los seguros, al tiempo que se prohiba la venta corta y se restablezca la regla de las pequeñas ganancias y el pequeño impuesto a todas las transacciones.
– Desórdenes psicosomáticos, incluidos el narcisismo, los sentimientos de derecho adquirido, temores sin fundamento, adicción al petróleo, uso excesivo de medicamentos y una incapacidad para aceptar la realidad y reconocer las nuevas condiciones globales. Los remedios incluyen endurecimiento de algunas otras economías de la familia humana que nos prestan unos 3 mil millones de dólares diarios para sostener nuestros hábitos de consumo excesivo, incluyendo China, Japón y las naciones de la OPEP. Otra prescripción clave es un pequeño impuesto sobre las transacciones diarias en divisas de más de 2 billones de dólares, de las que 90% es especulativo. Esto estabilizaría la turbulencia monetaria y proveería miles de millones de dólares para alcanzar las Metas del Milenio de las Naciones Unidas de proveer salud y educación a todos los miembros de la familia humana y reducir la pobreza. La evasión de impuestos y el lavado de dinero pueden ser más estrechamente vigilados y castigados, al tiempo que las transferencias costa afuera a burdeles financieros puedan ser cauterizadas y cerradas.
¿Tiene cura el cuerpo económico de los EEUU? ¡Sí! El rejuvenecimiento y las reformas están en la agenda de la nueva administración Obama, así como planes para realizar cirugía reconstructiva de la economía, hacia una nueva base solar, eólica y geotérmica y una infraestructura más eficiente. A medida que el resto del mundo descanse menos sobre el dólar estadounidense, los consumidores de los EEUU abandonarán muchas viejas adicciones y los productores crearán economías locales más sostenibles. Las industrias tumefactas se compactarán y las firmas ineficientes desaparecerán. Los viejos sueños de los “dueños del universo” de Wall Street y las aventuras militares y el imperio de los viejos muchachos podrán disolverse tranquilamente.
Hazel Henderson
por Luis Enrique Alcalá | Mar 5, 2009 | LEA, Política |

Los churupos dan ahora sólo para estatizar plantas arroceras de mediano tamaño, ya no bancos de tamaño grande. A la gente del Banco Santander se le ha hecho saber que, por ahora, lo de comprarle el Banco de Venezuela está diferido. La masa no está para bollos.
Apenas concluida la tarea política de la apresurada enmienda constitucional, la Presidencia de la República expresó al fin preocupación por la situación económica del planeta, que al deprimir la demanda petrolera y los precios de nuestra principal fuente de divisas, cambia radicalmente las posibilidades de la revolución. Es difícil saber si en verdad era Montgomery mejor comandante de tanques que Rommel; lo cierto es que este último se quedó sin gasolina. Ya la revolución no es tan fácil. Ahora dice el Presidente del Metro de Caracas, poco antes de que algunos de sus trabajadores fuesen a protestar ante las oficinas de Chacao, que el Ejecutivo Nacional, no la mera compañía sino el gobierno entero, carece de los recursos requeridos para honrar el contrato colectivo firmado hace menos de seis meses.
Pero esta situación pudiera cambiar dentro de poco. La apuesta del gobierno es que la recesión mundial no llegue a convertirse en depresión, y que los precios del petróleo repunten antes de que sea demasiado tarde para el socialismo del siglo XXI. Mientras esto ocurre, las abundantes reservas de moneda extranjera pueden cubrir la brecha entre el descomunal gasto público venezolano y los ingresos fiscales. ¿Tiene tal esperanza algún asidero?
Hay ya algunos analistas que dibujan exactamente ese escenario. Los expertos en petróleo de Barclays Bank, por ejemplo, creen que la caída de la demanda petrolera dejará de ser tan acusada en los meses venideros, mientras que del lado de la oferta su contracción impulsará los precios hacia arriba. Bernstein Research fijó su atención en la reducción de la oferta no OPEP, la que estima pudiera caer en 2,5 millones de barriles diarios durante 2009. PFC Energy también pronostica, aunque con cifras menores, una contracción continuada de la oferta petrolera a corto plazo.
Esta reducción se suma, por supuesto, a la ya decidida por la OPEP, que ha retirado del mercado alrededor de tres millones de barriles diarios. La realidad de los costos se impone sobre las inversiones programadas en la industria petrolera como en la del arroz, y los proyectos de desarrollo son diferidos o cancelados cuando los números no dan.
En los últimos días los precios de petróleo han detenido su caída, e incluso han mostrado alguna recuperación. Quizás quienes esperaron que la solidez del gobierno venezolano se vería gravemente mermada del lado financiero se adelantaron en exceso. Aun así, es difícil que regrese para Hugo Chávez la posibilidad de financiar la revolución latinoamericana. Por ahora no tiene cómo sufragar la adquisición del Banco de Venezuela.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 5, 2009 | Cartas, Política |

Comenzaba apenas la cuarta década del siglo XX y Londres se encontraba bajo asedio aéreo de la Luftwaffe. La defensa antiaérea de la ciudad dejaba mucho que desear y el proceso de decisiones militares característico de la época no lograba mejorar la situación. Luego de largos meses de ineficacia surgió una proposición poco convencional, la que fue aceptada, por supuesto, porque es característica humana universal acordarse de Santa Bárbara cuando truena. Alguien propuso entregar el problema a científicos pues, argumentaba, a fin de cuentas son personas adiestradas en una forma sistemática y flemática de pensamiento. Fue así como se constituyó el primer equipo de «investigación operacional» de la historia. Un químico, un matemático, un filósofo, y otros científicos después, hincaron el diente al descoordinado sistema de defensa aérea londinense. La mayoría de los problemas era, justamente, de problemas de coordinación y control, problemas sistémicos, de relación entre componentes y dinámicas complejas. El equipo tuvo éxito, y a partir de sus resultados Londres sintió una notable mejoría en lo que de todos modos fue una angustia prolongada y terrible.
Allí fue, entonces, donde se probó por primera vez de modo explícito que la acción convergente de varias cabezas educadas en los modos de la ciencia puede no sólo contestar preguntas sino también resolver problemas. No se trata, por supuesto, de problemas de tecnología física. A fin de cuentas, siempre la sabiduría, la filosofía natural, encontró tiempo para diseñar espejos incendiarios y proyectiles, construir puentes y acueductos, inventar máquinas y herramientas, descubrir vacunas y remedios. Esta vez se trataba de una tecnología de decisión, de un etéreo proceso de análisis e invención de arreglos y organizaciones.
Más tarde, el mundo anglosajón sobre todo, vería el nacimiento y desarrollo de variadas versiones de institutos para el análisis científico de problemas públicos y la invención de soluciones y políticas. Había nacido la institución del think tank, un centro típicamente multidisciplinario para la investigación y el desarrollo de políticas y tratamientos a problemas de carácter público. Notables ejemplos norteamericanos son, por citar algunos nombres, la Corporación RAND, el Centro para el Estudio de las Instituciones Democráticas, el Instituto Hudson y la muy venerable Institución Brookings.
No es en los pueblos sudamericanos demasiado frecuente este modelo de simbiosis de conocimiento y poder, con algunas muy honrosas excepciones como en el caso del Instituto Torcuato Di Tella argentino o el CENDES venezolano, aunque este último instituto se encuentra muy disminuido desde su época de mayor influencia en la década de los años sesenta. Pareciera que nuestro gen cultural del reconocimiento a lo sabio fuese un gen recesivo. No existe en nuestros arquetipos del inconsciente colectivo una pareja equivalente a la de Merlín y Arturo. En nuestras latitudes Arturo pretende indicarle a Merlín qué es lo que éste tiene que hacer, lo que es, obviamente, una inversión del arquetipo inglés de un guerrero que toma su norte de un sabio.
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En Venezuela es particularmente escueta la participación de lo científico en la formación de las políticas públicas. Ciertamente, los ingenieros, los médicos, los economistas, los encuestadores funcionan en un nivel técnico, como calculistas o diseñadores físicos, como coordinadores de servicios, como acumuladores y suministradores de estadísticas. No así los investigadores científicos en tanto analistas de decisiones e inventores de políticas. Más cerca de las decisiones políticas están los expertos en mercadeo y propaganda que los sabios de nuestra nación. Seguramente el paso instantáneo más importante que podemos dar en nuestra próxima fase de desarrollo político debe ser la de una mayor participación de los científicos venezolanos en la construcción de las decisiones públicas.
Mientras esto no ocurra, las grandes “soluciones” a nuestros problemas públicos surgirán de la improvisación, de la mera intuición del gobernante, de su capricho. Este mecanismo intuitivo de generación de soluciones o políticas muchas veces conduce a la generación de problemas adicionales, pues la complejidad de los problemas sociales, la complicada imbricación de causas y efectos hace que las soluciones más eficaces sean con frecuencia contraintuitivas.
Marcos Pérez Jiménez, por ejemplo, creyó alguna vez que resolvería el problema de los barrios caraqueños, agravado durante su administración, con dinero e ingeniería civil aplicada a nuestra ecología urbana. Si los habitantes de los barrios vivían mal en sus ranchos, “era de cajón” que lo que debía hacerse era construir mejores unidades de vivienda. Así surgieron los “superbloques” de apartamentos en las zonas de Simón Rodríguez y la actual parroquia del 23 de Enero (que en venganza contra su creador adoptó el nombre de la fecha de su derrocamiento). Pero la causa profunda de la proliferación de los barrios en Caracas era una acelerada migración rural-urbana: el traslado de numerosas familias campesinas que consideraban un rancho urbano preferible a un rancho en un conuco, pues a pesar del hábitat precario y pobre estimaban que sus probabilidades de progreso económico eran mayores en la ciudad que en el campo. Así, cuando hicieron su aparición los superbloques, lo que ocurrió es que más leña se añadió al fuego. El intuitivo invento de Pérez Jiménez hizo aun más atractiva la migración a la ciudad. Un análisis sistémico del asunto hubiera puesto de relieve las relaciones dinámicas del problema, y desarrollado soluciones más eficaces cuando el problema todavía era de dimensiones manejables. (A comienzos de la década de los años cincuenta, no había casi otro barrio caraqueño distinto del Guarataro y La Charneca).
Ahora pensamos que los problemas económicos de los venezolanos pueden ser resueltos mediante la promoción de “núcleos endógenos” y gallineros verticales—¿qué será de su vida?—o de estatizaciones, sean éstas de arroceras o de siderúrgicas. Las mentes simples creen que los problemas del mundo, y sus soluciones, son tan simples como ellas.
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El cerebro humano, a pesar de constituir el órgano nervioso más desarrollado de todo el reino de lo biológico, no regula directamente sino muy pocas cosas. Más específicamente, la corteza cerebral, asiento de los procesos conscientes y voluntarios de mayor elaboración, sólo regula directamente los movimientos de conjunto del organismo, a través de su conexión con el sistema músculo-esquelético. La gran mayoría de los procesos vitales son de regulación autónoma. (Muchos de ellos ni siquiera son regulados por el sistema nervioso no central, o sistema nervioso autónomo). La analogía con la relación de lo político y lo económico es inmediata. La economía, según la observamos, tiende a funcionar mejor dentro de un ambiente de baja intensidad de regulación.
La corteza cerebral puede emitir órdenes incuestionables al organismo… por un tiempo limitado. Puede ordenar a los músculos respiratorios, por ejemplo, que se inmovilicen. Al cabo de un tiempo más bien breve esta orden es insostenible y el aparato respiratorio recupera su autonomía. Este hecho sugiere, por supuesto, más de una analogía útilmente aplicable a la comprensión de la relación entre gobierno y sociedad.
Más aún, es sólo una pequeña parte de la corteza cerebral la que emite esas órdenes ineludibles. (La circunvolución prerrolándica, o área piramidal, es la única zona del cerebro con función motora voluntaria, la única conectada directamente con efectores músculo-esqueléticos). La corteza motora, la corteza de células piramidales, abarca no más que la extensión aproximada de un dedo sobre toda la superficie de la corteza de un hemisferio cerebral. Un tercio de la corteza restante es corteza de naturaleza sensorial. (A través de los cinco sentidos registra información acerca del estado ambiental o externo; a través de las vías sensoriales propioceptivas se informa acerca del estado del medio interno corporal). La gran mayoría de la superficie cortical del cerebro humano es corteza asociativa. Emplea la información recibida por la corteza sensorial, coteja recuerdos almacenados en sus bancos de memoria, y es la que verdaderamente elabora el telos, la intencionalidad del organismo humano. Es interesante constatar este hecho: en la corteza cerebral hay más brujos que caciques.
La necesidad de una «corteza asociativa» del Estado venezolano es evidente, pero su espacio debe ser determinado como permanente, y su composición y métodos establecidos según lo conocido ahora en materia de la disciplina denominada policy sciences (ciencias de las políticas, no ciencia política), luego de varias décadas de elaboración conceptual y metodológica a este respecto. Y estas ciencias no son ideologías, ni liberales ni socialistas. He aquí un campo para un rediseño de la arquitectura del Estado y los restantes actores políticos que aloje, de modo permanente y adecuado, la función asociativa de la generación de políticas.
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En aguda descripción, C. P. Snow oponía la ignorancia de lo literario en un científico, que asistiera a uno de esos cultos saraos neoyorquinos a lo Woody Allen, al supino desconocimiento de lo científico por parte de un artista que igualmente conversaba en esa fiesta. El científico no lograba ubicar un recuerdo para Wallace Stevens o registrar conocimiento acerca del modernismo italiano, tal vez; pero el artista no acertaba a identificar quién era Roger Penrose ni estaba enterado de la función del ARN mensajero, pongamos por caso.
Desde esos compartimientos estancos del interés especializado hasta la más grave inconsciencia social respecto de la importancia estratégica y fundamental de lo científico, se extiende la gama que describe el aislamiento relativo de la ciencia y la tecnología en la mayoría de nuestras sociedades, y que explica mucho de la baja prioridad que se le suele asignar en los presupuestos nacionales. Esto, si bien más grave en latitudes de esta Tierra de Gracia sudamericana, es un fenómeno más bien universal. La ciencia tiende a aislarse y a agravar su aislamiento en la medida de su baja sofisticación para la interacción política. Jeffrey Pfeffer, por ejemplo, ha documentado el punto para los Estados Unidos (en Managing with power), con el caso de la confrontación de investigadores de la biomedicina y los bancos de sangre en torno a la transmisión del virus HIV a través de transfusiones sanguíneas. Miles de muertes norteamericanas por SIDA mediaron entre el primer alerta de los científicos en 1981 y la verdadera extensión del despistaje de HIV en depósitos de sangre hacia 1985. En todas partes se cuece habas.
Entre las diversas estrategias disponibles para sacar a la ciencia y la tecnología del aislamiento en que se encuentra en la mayoría de nuestros países, probablemente sea la más responsable el incremento de la participación de los científicos y tecnólogos en los procesos de formación de las políticas públicas. Más allá de su contribución especializada en cada área específica, los científicos están en capacidad de emplear su adiestramiento mental en el análisis de los inmensos problemas que aquejan a nuestras sociedades y en la invención de protocolos de solución. Ninguna otra cosa puede convencer más acerca de la gigantesca pero regateada importancia social de la ciencia.
El aporte de la ciencia a la composición de las decisiones públicas se lleva a cabo de forma estándar, como dijimos, en el seno de instituciones especializadas conocidas como think tanks, término para el que todavía carecemos en castellano de una traducción más adecuada que aquella de «pensaduría» del ex sacerdote austriaco Iván Ilich. Y a pesar de que una pensaduría es un buen negocio, no siempre se dispone de los recursos para establecer uno equivalente a la Corporación RAND, que aloja en las afueras de Los Angeles a varios centenares de doctores y de discípulos dedicados al arte de obtener políticas racionales.
Pero he aquí que la novísima presencia de las redes informáticas, de la maravilla civilizatoria de la Internet permite ahora la instalación de verdaderos think tanks virtuales, los que al menos no consumen edificaciones, salones, aulas para la conferencia que ahora puede hacerse electrónicamente distribuida a distancia. En efecto, no se requiere otra cosa que enfocar las capacidades interactivas de la Red para dedicarlas en parte a la opinión científica sobre los problemas sociales y la creación metódica de tratamientos a los mismos. La tecnología de aplicaciones computarizadas está ya allí: la posibilidad de la publicación, la conferencia y el correo electrónicos. Con estos instrumentos un buen webmaster o maestro de red puede conducir una pertinente construcción científica de conjunto orientada a la búsqueda de soluciones a muchos problemas públicos. La instantaneidad y amplitud de la Red y sus redes inaugura la posibilidad de una crucial contribución de la ciencia a la política.
Como decía Gastón Berger, debemos procurar la cooperación de aquellos que conocen lo conveniente con aquellos que determinan lo que es posible.
luis enrique ALCALÁ
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