por Luis Enrique Alcalá | Feb 17, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El día viernes 13 de febrero, cuarenta y ocho horas antes del referéndum del domingo pasado, el Dr. Luis Alberto Machado me confiaba su impresión de que el presidente Chávez ganaría la contienda constiuyente. Así podía inferirlo de las más responsables evaluaciones que había conocido.
Pero el Dr. Machado no se detuvo en eso. Su propósito, en cambio, era infundirme su interpretación anticipada de lo que serían los resultados, los que a su juicio incluirían asimismo una mitad casi del país que negaría su apoyo a la enmienda constitucional propuesta a consulta popular. Me dijo, entonces, que esta última circunstancia era un signo extraordinariamente saludable, admirable más bien, pues tal cosa mostraba inequívocamente que después de diez años de detentar el poder, de haber dispuesto de todos sus resortes, incluso de poderes que no le corresponden, de cuantiosos recursos, y luego de haberlos empleado con agresividad y ventajismo sin precedentes en nuestra historia, la mitad del país no se había doblegado a su voluntad. Esto, me dijo, le parecía una realidad de importancia descomunal, digna de ser valorada y celebrada.
El Dr. Machado, en consecuencia, no se llevó una sorpresa con los acontecimientos posteriores. Menos aún se deprimió al conocerlos.
Tampoco serían sorprendidos dos autores completamente separados y distantes el uno del otro, el ex embajador Sadio Garavini di Turno y el articulista afiliado al Washington Post que firma como Edward Schumacher-Matos. Ambos escribieron antes de que la votación del domingo tuviera lugar; ambos dijeron cosas atinadas. Sus dos artículos son reproducidos, uno tras otro, en esta Ficha Semanal #229 de doctorpolítico.
Esta publicación no comparte la gama total de matices en ambos análisis, pero ve en ellos una coincidencia de puntos de vista que habla mucho de una maduración en el tratamiento interpretativo del fenómeno chavista. Ambas piezas, además, forman familia con el constructivo y justificadamente optimista juicio del Dr. Machado.
En el artículo de Garavini es de resaltar su acertada lectura de la erosión continuada del apoyo a Chávez y su convocatoria al trabajo político. Schumacher adelanta una sensata recomendación a la nueva administración estadounidense: que no se meta en nuestra política local y deje el problema Chávez a los venezolanos.
A partir de estas lecturas puede inferirse que el país y el mundo no cesan de aprender de sus errores. El futuro siempre podrá ser, por eso, mejor que el pasado en términos generales. Con uno que otro doloroso retroceso, la humanidad crece en conciencia.
LEA
…
Dos plumas
La lucha sigue
Escribo estas líneas antes del 15 de febrero, por tanto desconozco, obviamente, el resultado del referéndum. Pero, cualquiera haya sido el desenlace de la votación, la lucha política seguirá.
De acuerdo a todas las encuestas serias, el país está dividido en dos grupos más o menos equivalentes. Sin embargo, recordemos que el Presidente Chávez obtuvo en las elecciones presidenciales del 2006 casi el 63% de los votos, mientras que en las recientes elecciones regionales el chavismo logró escasamente el 52%, perdiendo en la capital y en los estados más poblados y relevantes del país.
Todo esto lo logró la alternativa democrática a pesar de sus divisiones y de no contar, por ahora, con un liderazgo claro y consolidado. Además, el resultado obtenido por el NO, ganando o perdiendo, hay que subrayarlo, se habrá logrado no obstante que los demócratas venezolanos se enfrentaron al uso y al abuso ilegal de todo el presupuesto nacional y de todas las instituciones del Estado en la campaña electoral.
A esto habría que agregarle la descarada intimidación de los empleados públicos. Todo lo cual significó el más obsceno “ventajismo” que gobierno alguno haya utilizado desde la caída de Pérez Jiménez.
Además, cualquiera haya sido el resultado, se obtuvo al final de la época de oro del chavismo, cuando se disfrutó de los más altos y sostenidos ingresos fiscales de la historia de Venezuela. Si con ese dineral un gobierno, con todo el poder del Estado a su disposición y diez años de tiempo, logra sólo obtener el apoyo de más o menos la mitad del país, es evidente que ha sido de una incapacidad y una ineficiencia descomunales. Podemos imaginarnos cómo gobernará en la época de “vacas flacas”, que se avecina.
El sol está a las espaldas de Chávez. El caudillo, ya no puede ocultar su vocación totalitaria, de clara matriz castro-comunista. San Agustín decía que los humanos tenemos tres clases fundamentales de deseos: la “libido sentiendi”, la “libido cognoscendi” y la “libido dominandi”. La “libido dominandi”, la concupiscencia por el poder de Chávez es espantosamente patológica. Con todos los problemas que tiene el país, lo que se le ocurrió a Chávez es llamar a un referéndum inconstitucional, que implicó el gasto inmoral de centenares de millones de dólares y una enorme cantidad de horas de trabajo y de clases perdidas, así como la suspensión de inversiones y una baja considerable de la actividad económica. Todo esto para satisfacer la insaciable “libido dominandi” del caudillo”.
Si el NO ganó, la lucha sigue, porque Chávez inventará, en un futuro más o menos cercano, algún otro mecanismo (Asamblea Constituyente, otra enmienda etc.) para reproponer su obsesiva pasión por el poder, pero lo tendrá que hacer “herido en el ala”, con la magia carismática en crisis. El sedicente Mesías y “salvador del pueblo” requiere, para mantenerse en el poder, de un abrumador apoyo popular, que ya no existe.
Si ganó el SI, la lucha sigue, porque de todos modos, Chávez habrá bajado su votación considerablemente, desde su reelección en el 2006. Su “curva” va bajando, mientras la de la alternativa democrática seguirá subiendo. Por eso, tuvo prisa en llamar a este referéndum. Si no se cruzaron las curvas esta vez, será en un futuro bastante cercano. La alternativa democrática tiene, desde ya, que empezar a trabajar en las candidaturas unitarias para las próximas elecciones de concejales y, sobretodo, para las cruciales elecciones parlamentarias del año que viene. La lucha sigue, pero la alternativa democrática es el futuro.
Sadio Garavini di Turno
……………………………….
Cercando a Chávez
El comienzo del fin está llegando para Hugo Chávez.
El autoritario presidente venezolano escenificará mañana un referéndum sobre un cambio constitucional que le permitiría postularse indefinidamente a la presidencia. Los encuestadores dicen que Chávez tiene una pequeña ventaja, pero la elección es en mayor medida irrelevante. A menos que ocurra un milagro petrolero, el antiguo paracaidista del ejército está siendo minado lentamente por su mal manejo económico y la corrupción, como unos cuantos hombres fuertes populistas antes que él.
Puede que los precios petroleros se recuperen algo de su actuales niveles bajos de alrededor de cuarenta dólares por barril, pero no pronto y no cerca de los más de ochenta por barril que Chávez necesita para eludir una devaluación importante que atizaría la inflación rampante y la escasez de alimentos. La suya es la crónica de una muerte anunciada, una vieja historia que terminara en la mayor parte de América Latina en los ochenta pero que Chávez y demasiados venezolanos han escogido visitar de nuevo.
Hay aquí una lección para la nueva administración de Obama. No debiera engancharse con Chávez en una disputa pública y ciertamente no debiera trabajar privadamente en su contra dentro de Venezuela. Ambas aproximaciones son tontas, las mismas que los guerreros atávicos de la Guerra Fría impusieron a George W. Bush durante su primer período. El astuto Chávez hizo verbalmente de Bush un hazmerreír en el sur, y la cofianza hemisférica en los Estados Unidos fue seriamente dañada cuando la administración Bush pareció avalar un golpe en 2002 contra Chávez que fracasó.
Obama debiera meramente ignorar a Chávez y dejar que los venezolanos se ocupen de él. Se habla mucho de cómo Chávez es un pendenciero que ha reclutado a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras y Cuba en una alianza izquierdista antinorteamericana. ¿A quién le importa? Ninguno de estos pequeños países es una amenaza o quiere serlo. No hay Unión Soviética que los use como plataforma, y la inmersión china en el hemisferio es puramente comercial.
La historia es también una guía. Dos dictadores venezolanos hicieron también cambios constitucionales similares para ser reelegidos, y ambos fueron depuestos al año siguiente, el último en 1958, al comenzar el ciclo democrático que condujo a Chávez. En diez años como presidente, sin embargo, Chávez ha sido el anunciante de una “democracia iliberal” con el voto de la mayoría, principalmente de los pobres y los no educados, para destripar la Asamblea y los tribunales del país, clausurar medios independientes y nacionalizar muchas industrias.
Chávez perdió un referéndum similar hace catorce meses. Para la votación inminente, ha recurrido a la táctica fascista de los treinta: fomentar la inseguridad para subir en las encuestas. Partidarios suyos han lanzado bombas lacrimógenas a los hogares de adversarios (e incluso en la misión del Vaticano), atacado a manifestantes y señalado líderes estudiantiles como judíos, creando un clima en el que una sinagoga fue profanada hace dos semanas. Ahora Chávez hace campaña como la alternativa a este caos.
En verdad, Chávez tiene apoyo genuino. Ha reducido a la mitad la tase de pobreza extrema en un país desde hace tiempo mal manejado y maldito por la irresponsabilidad popular común a muchos países petroleros. Con largueza petrolera, Chávez construyó escuelas y hospitales para los pobres y condujo al país a un boom de consumo. Pero también crecieron el crimen y la corrupción, y no ha construido nada que sea económicamente sustentable.
Como ha dicho Cristopher Sabatini, de la Sociedad de las Américas en Nueva York: “La economía global está dejando atrás a Chávez, y tristemente para él y todos los izquierdistas que vieron en él un antídoto contra la globalización, sus sueños bolivarianos están a punto de concluir con el colapso de su única fuente de poder: el petróleo”.
La inflación en Venezuela anda por 31 por ciento, con mucho la más grande en América Latina, y se espera que alcance este año 45 por ciento. La tasa de cambio oficial es de 2,15 bolívares por dólar, pero la del mercado negro supera los 5 bolívares, lo que es una brecha tan grande que el gobierno no tendrá otro remedio que devaluar la moneda, lo que a su vez elevará los precios locales todavía más. El gobierno tiene suficientes reservas para continuar subsidiando los alimentos por el año próximo, pero esto ha generado escasez de alimentos. Y el gobierno está tan atrasado en sus pagos a los contratistas petroleros que muchos han dejado de trabajar, recortando la producción de la gallina de los huevos de oro. El petróleo representa 95 por ciento de las exportaciones de Venezuela.
Esto es un cuadro ya visto. Ha conducido a caos y golpes en América Latna. Los oponentes de Chávez, muchos de ellos jóvenes, dicen querer derrotarlo limpiamente en las próximas elecciones, programadas para 2012. Puede que no tengan el lujo de que dure tanto tiempo.
Edward Schumacher-Matos
por Luis Enrique Alcalá | Feb 12, 2009 | LEA, Política |

Una característica casi enteramente común a los estudios de opinión serios de los últimos dos meses es que el rechazo a la enmienda para la reelección indefinida del Presidente de la República—los demás funcionarios y legisladores son ñapa—es posición mayoritaria entre los electores venezolanos. Sólo los más acendrados partidarios del gobierno, y unos cuantos ingenuos que han comprado la falaz propaganda oficialista, están dispuestos a aprobarla.
Lo que hace incierto el desenlace previsible del referéndum del próximo domingo es la afluencia efectiva de los votantes y, por supuesto, una oposición a la enmienda que se quede en su casa equivale a aprobarla. El que calla otorga.
No es posible a esta publicación, por tanto, adelantar una predicción acerca del resultado dominical. El mero ojo clínico, en ausencia de encuestas, permite suponer que la votación del 2 de diciembre de 2007, contraria a las pretensiones presidenciales, debiera ser superada el 15 de febrero de 2009. La intención continuista es más clara a pesar del tramposo camuflaje, el incomprensible apuro es más evidente, la violenta agresividad gubernamental más patente. (El general González González amenaza a última hora con el Código Orgánico de Justicia Militar, cuyo artículo 501 estipula penas de hasta veinte años de prisión por el delito de “ataque al centinela”, para disuadir a quienes se apresten a protestar alguna extralimitación de los que tienen por única función la protección del voto popular).
Pero es posible que Chávez logre obtener dentro de tres días una votación favorable, y esta circunstancia debe llamar a dos estados de conciencia. El primero es de la más inmediata importancia práctica: hay que ir a votar. Aunque sufragar afirmativamente es sin duda un apoyo al gobierno, votar en contra no equivale a un apoyo a la oposición. Los estudios indican claramente que cerca de las cuatro quintas partes de quienes se representan como no alineados (insatisfechos con la oferta del gobierno y la de la oposición formal y conocida) repudian la enmienda. Esta fuerte mayoría debe ir a expresarse.
El segundo estado de conciencia necesario es éste: si, en mala hora, el continuismo saliera triunfante esta vez, no será responsable predicar un fraude como explicación del resultado, luego de que se invita a votar predicando que el voto es inviolable y secreto. En esa indeseable circunstancia, lo responsable será examinar serenamente las causas del tropiezo y prepararse para la próxima confrontación electoral.
Es preciso que no renazca un radicalismo golpista, cuyo falso axioma principal es que con este régimen la vía democrática estaría clausurada.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 12, 2009 | Cartas, Política |

Prácticamente todo idioma dispone de metáforas zoológicas para referirse a su economía y su política. Los estadounidenses, por caso, hablan de un oso cuando el mercado de valores se haya en fase de contracción y de un toro cuando es momento de expansión, aluden a halcones y palomas para referirse a posturas belicistas o pacifistas y simbolizan con un burro el partido de los demócratas y con un elefante el de los republicanos
La lengua castellana dispone también de las suyas, para describir con gran economía ciertos tipos de personalidad en la política. Así, nos informa el Diccionario de la Real Academia que la expresión “más resbaloso que la guabina” es una locución adjetiva que se emplea en Venezuela—y en Puerto Rico, con o sin conspiraciones—para referirse a una persona que es “Hábil para salir airosa de cualquier situación”. Es decir, cuya argumentación es tan resbaladiza que se hace imposible comprometerle con una opinión decidida en torno a algún asunto. (Tengo en mente la figura particular de un cierto magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia). La guabina misma, por supuesto, es un pez de río mucilaginoso, de allí que escape resbalando cuando se intenta atraparlo con las manos. En Cuba decirle guabina a alguien es llamarlo cobarde, y el mismo DRAE recoge que en ese país significa, despectivamente, una persona que “interesadamente y con frecuencia, cambia de parecer o de filiación política, o que se abstiene de tomar partido”.
No muy lejos del carácter guabinoso está el del camaleón. En este caso hablamos de quien, tal como el reptil saurio que “posee la facultad de cambiar de color según las condiciones ambientales”, es una persona “que tiene habilidad para cambiar de actitud y conducta, adoptando en cada caso la más ventajosa”.
Una vez más, el camaleón que es Hugo Chávez esconde la mano izquierda con la que toma una granada y extiende la derecha con una paloma de la paz—amarrada, naturalmente, pues si no huiría espantada—, mientras comunica en alguna nauseante cadena que se ha enterado de que existe un tal colectivo La Piedrita y también ha recordado que Lina Ron tiene muy mal carácter (anárquico). En la misma declaración, proclama que el gobierno venezolano no es antisemita, a pesar de que expulse embajadores israelíes y se alíe y congratule con Mahmud Amahdineyad, quien niega el holocausto y piensa, como, Hamás, que Israel debe desaparecer. Añade quien saltara a la arena política con un intento de golpe, no faltaba más, que “la oposición”—término que eleva al rango de categoría universal kantiana)—busca dar un golpe de Estado. Él siempre ha buscado la paz. Luego ordena el apresamiento de Valentín Santana a la Fiscalía General de la República, la que entonces se da por enterada de las actuaciones delictivas de ese ciudadano. A Lina Ron le augura la soledad, a pesar de que esta señora aparezca recientemente en la cordial compañía de Jorge Rodríguez, quien es el alcalde al que ordenara la expropiación arbitraria del Centro Sambil de La Candelaria y antes fuera su Vicepresidente Ejecutivo.
Hábil, el Presidente. Pudiera, a su salida del cargo que ha detentado en sobrada demasía, seguir una notable carrera como pedigüeño malabarista de semáforo; no dejaría caer ni una sola bola.
………
Pero la personalidad presidencial trasciende lo camaleonino, y entonces la metáfora zoológica no es fácil de hallar. A pesar de que se habla de engaño animal cuando, por ejemplo, ciertas ranas verdes macho croan con voz más grave de la que tienen habitualmente para sugerir que son ejemplares más fuertes en época de celo, o se nombra coral roja falsa a una serpiente que no es venenosa cuando la parecidísima coral auténtica sí lo es, no es fácil conseguir un animal al que adjudicar el rasgo de mentiroso. Sobre esto hay tajante opinión; Fernando González Ochoa, el filósofo colombiano, dijo una vez a Félix Ángel Vallejo: “Los animales, los vegetales y los minerales, siempre dicen o expresan la verdad. El único ser mentiroso, entre todos los de la creación, es el hombre”. Y el Presidente de la República viene de admitir muy reciente y divertidamente que miente cuando ese proceder le conviene.
El 13 de enero de este año todavía incipiente, Chávez torturaba a los televidentes venezolanos con una alocución de más de siete horas y media desde la Asamblea Nacional. Se trataba de su informe de gestión al concluir el ejercicio de 2008, al que convirtió en panegírico de los diez años que ya lleva en el poder, que asumió por vez primera el 2 de febrero de 1999. Entre los asistentes que no pudieron despegarse de sus asientos estaban, como es natural, los diputados mismos y las barras convocadas para el apoyo ruidoso y borreguil, pero también sufrieron el excesivo y autobiográfico abuso los miembros del cuerpo diplomático acreditado en el país. Entre otras barbaridades, éstos debieron escuchar la explicación, acerca de cómo el presidente Chávez mentía, por propia admisión, una veintena de años atrás.
En efecto, en uno de sus peculiares recuentos históricos, el recuerdo de Hugo Chávez regresó a febrero de 1989, cuando Carlos Andrés Pérez asumía por segunda vez la Presidencia de la República. Chávez aludió específicamente al acto de toma de posesión de Pérez en el Teatro Teresa Carreño, el fastuoso acto que mereció el cognomento de “coronación” e irritó a una población muy exigida, a la que días después se le aumentaría el precio de la leche y el pan, y el del transporte público al producirse el aumento del precio de la gasolina; a esa población que reaccionaría airada con el “Caracazo” del 27 y 28 de febrero de ese año. Recordó Chávez, incluso, que Fidel Castro, su “padre”, estaba entre los circunstantes que aplaudían a Pérez. Entonces, el Presidente de la República contó a quienes apenas comenzaban la sufriente audición, y a quienes en ese momento lo veían y escuchaban por radio o televisión, cómo es que él era quien aplaudía más frenéticamente, aunque por supuesto conspiraba ya activamente, para que se le tuviera por persona afecta al régimen. Esta confesión la expuso con orgullo satisfecho, como si el engaño fuera travesura meritoria, inmoralidad necesaria a la revolución que todo lo absuelve.
El Presidente de la República es un mentiroso inveterado. Durante la campaña electoral de 1998, Chávez dijo reiteradamente en entrevistas, reuniones y declaraciones que él y sus compañeros habían intentado derrocar al gobierno constitucional de Venezuela porque Carlos Andrés Pérez había ordenado al Ejército volver sus fusiles contra el Pueblo en febrero de 1989 para controlar los desórdenes ya mencionados, contra la explícita condena del Libertador, que había declarado la posibilidad abominable. Para la época de su prisión en Yare, sin embargo, Hugo Chávez ya había admitido que “su grupo” conspiraba desde hacía siete o nueve años (desde el Bicentenario de la muerte de Bolívar). Por tanto, para el 27 y 28 de febrero de 1989, la intención de tomar el poder por la fuerza ya estaba formada varios años antes. Mal podía presentarse como pretexto para el golpe fallido del 4 de febrero de 1992 algo que no pudo tener nada que ver para la conformación de una logia conspirativa. Pero esto no obstaba para que Chávez ofreciera a conciencia un argumento falso, una de sus primeras coartadas bolivarianas.
Antes había ofrecido ya otras explicaciones. El ex comandante Chávez argumentaba a la revista Newsweek a comienzos de 1994 que el artículo 250 de la Constitución Nacional de 1961 prácticamente le mandaba a rebelarse. Lo que ese artículo 250 estipulaba es que en caso de inobservancia de la Constitución por acto de fuerza o de su derogación por medios distintos a los que ella misma disponía, todo ciudadano, independientemente de la autoridad con la que estuviera investido, tendría el deber de procurar su restablecimiento. Pero con todo lo que se podía criticar a Carlos Andrés Pérez en 1992, y aun cuando los venezolanos estuviésemos convencidos de que lo más sano para el país era su salida de Miraflores, ni Pérez había dejado de observar la Constitución en acto de fuerza, ni la había derogado por medio alguno. Todas las cosas que le eran censurables a Pérez tenían rango subconstitucional, y por tanto esa otra justificación ofrecida por Chávez era asimismo mentirosa.
Son también de la campaña electoral de 1998 instancias—existen videos—en las que fuera preguntado directamente por su presumible orientación socialista. Con la mayor desfachatez, el candidato Chávez negaba esa especie en reuniones de la época con empresarios, y decía que su plataforma no era socialista sino bolivariana. Ya en el gobierno, mientras establecía sus líneas de coordinación con Fidel Castro, explicó en 2000 que buscaba, “como Tony Blair”, una “tercera vía” entre capitalismo y socialismo.
Ahora, en cambio, ahíto de poder, presa de lo que los japoneses denominan “enfermedad de la victoria”, ya no oculta sus engaños: ahora miente con descaro y, es lo peor, con gozo. Su regodeo en la Asamblea Nacional es el más reciente ejemplo.
A menos que las encuestas le indiquen que se ha pasado de la raya. Y es esto lo que ha suscitado su última y repentina conversión a la paz. Después de que su campaña franca fuera corregida a media marcha para hacerla más digerible—que ahora sí quería que otros funcionarios pudieran reelegirse indefinidamente, que se trataba, con redacción engañosa, de ampliar los derechos políticos del pueblo—, las tácticas periféricas de amedrentamiento mediante fuerzas de choque amateurs como el “colectivo” La Piedrita empezaron a costarle una disminución de intención de voto a su favor.
No se busque, pues, en su tardía orden de detención al cabecilla de La Piedrita la consecuencia lógica de sus pacíficos principios. En ella sólo hay pose y mentira. Hipocresía funcional, adoptada voluntariamente, en otro profundo irrespeto a la inteligencia venezolana, como técnica estándar de gobierno.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Feb 10, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Una vez más, vuelve a la Ficha Semanal de doctorpolítico el célebre financista George Soros. En esta ocasión, la #228 reproduce dos secciones de la primera parte de su libro más reciente: El nuevo paradigma de los mercados financieros (Taurus, 2008).
Soros no oculta para nada que se considera discípulo de Karl Popper (mencionado en la Carta Semanal #318, de la semana pasada). De hecho, The Open Society Institute fue el nombre que escogió para denominar a su fundación insignia, y el término “sociedad abierta” fue tomado de Henri Bergson por Popper, quien lo expandió a una completa tesis en su conocida obra La sociedad abierta y sus enemigos (1945). Una sociedad abierta es, en esencia, una sociedad democrática, abierta a la diversidad de opiniones que pueden ser expresadas libremente. El propio Soros ofrecía—en La amenaza capitalista, artículo en The Atlantic Monthly en su edición de febrero de 1997—la siguiente definición: “Entiendo la sociedad abierta como una sociedad abierta a su mejora. Debemos comenzar por el reconocimiento de nuestra propia falibilidad, la que se extiende no sólo a nuestras construcciones mentales sino también a nuestras instituciones. Lo que es imperfecto puede mejorarse mediante un proceso de ensayo y error. La sociedad abierta no sólo permite este proceso sino que lo estimula, al insistir sobre la libertad de expresión y el amparo de la disensión”.
Soros ha convertido la noción de sociedad abierta en la principal de sus causas en tanto ciudadano universal. Pudiera decirse entonces, con alguna inexactitud, que es ella su ideología.
Por otra parte, ha elevado a causa en el sentido explicativo el fenómeno que llama reflexividad: una relación circular, autorreferencial, entre causas y efectos en medio de una situación social. Un ejemplo clásico de procesos reflexivos lo ofrecen las llamadas «profecías autocumplidas». (Definidas por el sociólogo norteamericano Robert Merton sobre idea de su antecesor William Thomas, que trató el asunto bajo la forma de un teorema: If men define situations as real, they are real in their consequences). Si los jugadores de bolsa se convencen de que un cierto título bajará de precio, tenderán a venderlo, con lo que el precio en efecto bajará.
Soros cree que esta clase de dinámica es fundamental en la comprensión de la actual crisis financiera, pero en las secciones reproducidas acá relaciona la reflexividad con el problema político general. El dilema que le preocupa es el de poder o verdad, y correctamente conjetura que la solución del mismo reside en las exigencias que hagan los electores. Es lo que había entendido ya Bárbara Tuchman (The March of Folly, Alfred A. Knopf 1984): “The problem may not be so much a matter of educating officials for government as educating the electorate to recognize and reward integrity of character and to reject the ersatz”. (El problema pudiera ser no tanto una cuestión de educar a funcionarios para el gobierno como de educar al electorado para que reconozca y recompense la integridad de carácter y rechace lo postizo).
LEA
…
Poder y verdad
LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD
Ahora que sabemos que la realidad puede manipularse, es mucho más difícil comprometerse con la búsqueda de la verdad de lo que lo era en el tiempo de la Ilustración. Primero, es más difícil establecer lo que es la verdad. La Ilustración consideraba la realidad algo dado e independiente y, por tanto, cognoscible; pero, cuando el curso de los acontecimientos depende de las creencias sesgadas y de las concepciones erróneas de los participantes, la realidad se convierte en un blanco movedizo. Por otra parte, no es autoevidente que la búsqueda de la verdad deba tener prioridad sobre la búsqueda de poder. E, incluso si el electorado estuviera convencido de ello, ¿cómo puede conseguir que los políticos sean honestos?
La reflexividad nos da parte de la respuesta, aunque deja sin resolver el problema de cómo conseguir que los políticos sean honestos. Nos enseña que la búsqueda de la verdad es importante precisamente porque las concepciones erróneas tienden a generar consecuencias adversas no queridas. Desafortunadamente, la gente no entiende bien el concepto de reflexividad. Eso puede ser parte de la influencia de largo alcance que han ejercido la tradición de la Ilustración y, más recientemente, el lenguaje posmoderno, sobre la visión del mundo que tiene la gente. Ambas interpretaciones de la relación entre pensamiento y realidad están distorsionadas. La Ilustración ignora la función manipulativa. El enfoque posmoderno va al otro extremo. Al tratar la realidad como un conjunto de narrativas habitualmente en conflicto, no da suficiente importancia al aspecto objetivo de la realidad. El concepto de reflexividad ayuda a identificar las carencias de cada enfoque. Dicho esto, la reflexividad no es ni mucho menos una representación perfecta de una realidad muy compleja. El mayor problema del concepto es que busca describir la relación entre pensamiento y realidad como entidades separadas cuando en realidad el pensamiento forma parte de la realidad.
He adquirido un sano respeto por el aspecto objetivo de la realidad tanto por haber vivido bajo los regímenes nazi y comunista como por haber especulado en los mercados financieros. La única experiencia que te infunde más respeto por una realidad externa más allá de tu control que la de perder dinero en los mercados financieros es la de la muerte —y la muerte propia no es una experiencia real de la vida—. Es muy difícil que un público que ocupa gran parte de su tiempo en la realidad virtual de los espectáculos televisivos, los videojuegos y otras formas de entretenimiento desarrolle ese respeto. Es digno de mención que la gente en Estados Unidos hace lo posible para negar u olvidar la realidad de la muerte. Pero, aunque no hagas caso de la realidad, ésta te alcanza.
iQué mejor momento que el actual para traer este argumento a colación, cuando son tan evidentes las consecuencias adversas no intencionadas de la guerra contra el terror y la realidad virtual de los productos financieros sintéticos ha desbaratado nuestro sistema financiero!
EL LENGUAJE POSMODERNO
Hasta hace poco, no había prestado mucha atención a la visión posmoderna. No la había estudiado, y no la había comprendido del todo, pero pensaba descartarla directamente porque parecía en conflicto con el concepto de reflexividad. Consideraba la visión posmoderna del mundo como una sobrerreacción a la fe excesiva de la Ilustración en la razón, en particular, a la creencia de que la razón es capaz de abarcar la realidad. No veía ninguna conexión directa entre el lenguaje posmoderno y las ideologías totalitarias y las sociedades cerradas, aunque me daba cuenta de que, al ser muy condescendiente con los diferentes puntos de vista, la posición posmoderna podía fomentar el surgimiento de ideologías totalitarias. Recientemente, cambié de idea. Ahora veo una conexión directa entre el lenguaje posmoderno y la ideología de la administración Bush. Esa revelación me vino cuando estaba leyendo un artículo en octubre de 2004 de Ron Suskind en el New York Times Magazine. Esto es lo que decía:
En el verano de 2002 [… ] tuve una reunión con un asesor jefe de Bush. Me mostró el disgusto de la Casa Blanca [por una biografía de Paul O’Neill, El precio de la lealtad, de Ron Suskind], y entonces me dijo algo que en ese momento no entendí del todo, pero que ahora creo que es la clave de la presidencia de Bush.
El auxiliar dijo que los tipos como yo estaban «en lo que nosotros denominamos la comunidad basada en la realidad» que él definía como la gente que «cree que las soluciones surgen de vuestro estudio ponderado de una realidad perceptible». Asentí y murmuré algo sobre los principios de la Ilustración y el empirismo. Me cortó. «Ésa ya no es la forma en que el mundo funciona hoy», continuó. «Ahora, somos un Imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras tú estudias la realidad —por muy ponderado que seas— actuaremos de nuevo, creando otras realidades nuevas, que también puedes estudiar, y así es como se explican las cosas. Somos actores de la historia… os dejamos a ti, a todos vosotros, que estudiéis lo que hacemos».
El auxiliar, supongo que Karl Rove, no sólo reconocía que se puede manipular la verdad, también alentaba esa manipulación como si se tratara de una perspectiva privilegiada. Esto interfiere directamente con la búsqueda de la verdad tanto porque la revela inútil como porque la hace mas difícil dado que la manipula constantemente. Además, el enfoque de Rove llevó a la restricción de las libertades al manipular a la opinión pública con el objeto de aumentar los poderes y prerrogativas del presidente. Eso es lo que llevaba implícito la administración Bush cuando declaraba la guerra contra el terror.
Creo que la guerra contra el terror es un excelente ejemplo de los peligros inherentes en la ideología de Rove. La administración Bush usó la guerra contra el terror para invadir Irak. Éste fue uno de los ejemplos con más éxito de manipulación, pero sus consecuencias para Estados Unidos y la misma administración Bush fueron poco menos que desastrosas.
La gente está ahora despertando, como si se tratara de un mal sueño. ¿Qué podemos aprender de la experiencia? Que la realidad manda y, si la manipulamos, es bajo nuestra responsabilidad. Las consecuencias de nuestras acciones pueden divergir de lo que esperamos. Por muy poderosos que seamos, no podemos imponer nuestra voluntad al mundo: tenemos que comprender cómo funciona. El conocimiento perfecto no está a nuestro alcance; pero debemos intentar acercarnos a él tanto como podamos. La realidad no es un blanco fácil, pero debemos buscarla. En definitiva, la comprensión de la realidad debe tener prioridad sobre su manipulación.
Tal y como están las cosas, se suele preferir la búsqueda del poder a la búsqueda de la verdad. Popper y sus seguidores —yo incluido— nos equivocamos cuando dimos por supuesta la búsqueda de la verdad. Reconocer el error no nos debe llevar a abandonar el concepto de sociedad abierta. Al contrario, la experiencia con la administración Bush debe reforzar nuestro compromiso con la sociedad abierta como una forma deseable de organización social. Sin embargo, debemos cambiar nuestra definición de lo que implica una sociedad abierta. Ademas de las típicas cualidades de la democracia liberal —elecciones libres, libertades individuales, división de poderes, Estado de derecho, etcétera—, la sociedad abierta también implica un electorado que insista en ciertos estándares de honestidad y veracidad. Primero debe determinarse con cuidado en que consisten estos estándares y, después, deben ser generalizadamente aceptados.
George Soros
_______________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Feb 5, 2009 | LEA, Política |

Llama mucho la atención que el gobierno nacional haya destacado como vocero y negociador principal de su parte, en el caso de la profanación de la Sinagoga Tiferet Israel (Maripérez), al canciller Nicolás Maduro y que, simultáneamente, haya silenciado sobre el mismo caso la voz del Ministro del Interior y Justicia, que en propiedad es quien debiera dar el frente ante el terrible asunto.
El Ministro de Relaciones Exteriores es quien conduce cotidianamente, bajo la dirección del Presidente de la República, las relaciones internacionales del Estado venezolano. ¿Es que, entonces, el actual gobierno conceptúa a la comunidad israelita de Venezuela como formada por extranjeros, como un cuerpo extraño, foráneo, que no pertenece a la Nación propiamente dicha? ¿Es que la sinagoga ultrajada con método y saña es entendida como si fuera la embajada de otro país?
Eso sería una primera explicación del protagonismo de Maduro en el caso. Otra distinta sería, simplemente, que El Aissami está castigado. Que últimamente su labor, que debiera ser la de garantizar la seguridad de los habitantes de este país, deja mucho que desear, vistas las tasas de criminalidad o la impunidad impúdica del “colectivo” La Piedrita y de la perfectamente inútil Lina Ron. Que el policía mayor se va a caer de maduro.
Otra más permite pensar que lo que pasa es que El Aissami, que probablemente tenga una colección considerable de pañoletas palestinas, no quiera nada con los judíos y se haya negado a ayudar a la Asociación Israelita de Venezuela. Una versión cercana es que el propio gobierno haya estimado que un ministro con ese nombre, tal vez también por razones adicionales, no caería simpático a nuestros judíos.
En fin, uno puede proseguir en esta generación de ficciones que expliquen el insólito caso de un canciller ocupado de asuntos de seguridad interna, pero lo cierto es que el incidente de Maripérez contrasta con otros episodios de terrorismo paragubernamental, como los de la mencionada Piedrita. Comparadas con lo que pasó en la sinagoga violada, las hazañas del estúpido y criminal colectivo son cosa de amateurs. En verdad, el modus operandi, que incluyó una profesional y concienzuda limpieza de evidencias incriminatorias, no se parece en nada a lo que estamos acostumbrados ya a ver como técnicas de amedrentamiento de la población: o abiertamente, como abusos oficiales de la fuerza pública (gas del bueno), o encubiertamente, pero a punta de bombitas lacrimógenas mayormente inocuas, por parte de free lances de cuya actuación El Aissami, entre otros, se hace el desentendido.
Ese contraste, pues, señala en otra dirección, y autoriza la sospecha de actores interesados en rayar más aún a un gobierno que hace tiempo parece una zebra. El 11 de abril de 2002 ya hubo estupideces de esa calaña, cuidadosamente planificadas.
Por otra parte, ciertas posturas de las asociaciones israelitas dan pie a la primera interpretación expuesta sobre la incumbencia del canciller Maduro. En comunicado oficial de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela, se refiere que una delegación, reunida ayer con Maduro y otros funcionarios, ratificó sus “nexos indestructibles e incuestionables, por razones históricas, espirituales, afectivas y familiares con el Estado de Israel”. La mezcla de religión con política no es buena cosa, como los propios judíos, víctimas de una intolerancia milenaria, conocen muy bien con inolvidable dolor.
LEA
intercambios