LEA #291

LEA

Hace exactamente una semana los irlandeses, en lugar de ratificar directamente el Tratado de Lisboa a través de su parlamento, celebraron un referéndum que técnicamente acaba con el acuerdo. Hasta ese momento el tratado, una reforma de previos tratados (Maastricht, Roma), había venido siendo ratificado sin problemas. (En diciembre pasado había sido firmado por los líderes de los 27 países miembros de la Comunidad Europea). Irlanda estaba obligada por su nueva constitución a someter el asunto a plebiscito. Es así como, con una abstención cercana al 60%, el 53,4% de los votos dijo no al tratado. Esto es, 598 mil personas decidieron por 495 millones de ciudadanos europeos o, si se quiere, 0,12% de los habitantes de Europa paralizaron el desarrollo institucional de su unión. Las reglas, sin embargo, eran muy claras: para que el tratado entrara en efecto, absolutamente todos los países miembros debían ratificarlo.

El Tratado de Lisboa reformaba la armazón de las instituciones europeas para crear una presidencia y una cancillería más ágiles y con mayor poder. Hoy en día, el Presidente Encargado ejerce por el brevísimo plazo de seis meses; la nueva provisión estipulaba que se elegiría al Presidente del Consejo Europeo por dos años y medio.

Más decisiva parecía la fusión de dos cargos actuales: el de Alto Representante para la Política Común del Exterior y la Seguridad, en manos del español Javier Solana, y la Comisionaduría de Relaciones Exteriores y la Política de Vecindad Europea, cuyo titular es Benita Ferrero-Waldner, austriaca a pesar de sus primeros nombres. Las disposiciones de Lisboa creaban un único Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, quien sería además un Vicepresidente de la Comisión, ejercería como Secretario General del Consejo y dirigiría la Agencia de Defensa Europea. (El temor de que tal acumulación de poderes erosionara la soberanía de los estados miembros fue la razón para que se produjera una declaración especial, que aseguraba que el nuevo cargo “no afectaría las bases legales, responsabilidades y poderes existentes de cada Estado Miembro en relación con la formulación y conducción de su política exterior, su servicio diplomático nacional, sus relaciones con terceros países y su participación en organizaciones internacionales, incluyendo la condición de miembro en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de un Estado Miembro”).

Es posible que fuera demasiado pedir a la pobre Irlanda, que conoce la prosperidad sólo muy recientemente, después de siglos de sometimiento británico. Cuando por fin sacaba la cabeza con una vigorosa industria informática, no estaría muy dispuesta a sacrificar nada de su costosa autonomía. Irónicamente, el Tratado de Lisboa reconocía por primera vez el derecho de un estado miembro de abandonar la unión. Ahora se busca en reunión en Luxemburgo la continuación del proceso de ratificación mientras se diseña una “solución” para Irlanda.

Lo cierto es que el proceso integracionista europeo ha sido tanto largo como laborioso. Cuando, en 1993, el esfuerzo de unificación monetaria estuvo a punto de descarrilar—a causa de presiones introducidas por altas tasas de interés del Bundesbank—nadie menos que Milton Friedman, líder de la Escuela Monetarista de Chicago, dijo en entrevista a L’Espresso): “Si los europeos quieren de veras avanzar en el camino de la integración, deberían comprender que la unidad política debe preceder a la monetaria. El continuar persiguiendo algo que se acerca a una moneda común, mientras cada país mantiene su autonomía política, es una receta segura para el fracaso”.

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CS #291 – Receta reencarnada

Cartas

Quien escribe se propone adquirir, para leerlo con respeto y detenimiento, el libro recientemente presentado por el general retirado Raúl Isaías Baduel: “Mi solución. Venezuela, crisis y salvación”. (Editado por Libros Marcados). Hasta tanto eso no ocurra, será imposible que el suscrito arribe a una opinión responsable sobre el libro en cuestión, que es en todo caso saludable, puesto que es útil al país que sus ciudadanos lo piensen y propongan soluciones a sus problemas.

Pero es posible anticipar, no obstante, algunas evaluaciones, por cuanto el general Baduel peroró un amplio discurso—cuyo texto ha sido reproducido en su totalidad en varios medios—el día del bautizo del libro, acto en el que junto a él oficiaron Ismael García, el jefe de Podemos, y Leopoldo López, anfitrión, ya que el acto tuvo por escenario la sala de la Fundación Cultural Chacao.

El discurso versó sobre dos únicos temas, y por ende es posible suponer que ambos constituyen las cumbres de “Mi solución”. El primero tiene que ver con la economía del petróleo. Haciéndose eco de la teoría de M. King Hubbert (una curva acampanada de producción de petróleo con un punto máximo en el centro), Baduel alertó sobre nuestra excesiva dependencia económica del petróleo que alojamos, producimos y vendemos. Se trata, probablemente, de una prédica oportuna y, seguramente, de una advertencia con mucho sentido. Baduel admite que ya antes se ha hablado de agotamiento del petróleo: “En segundo lugar, si se piensa que éste es nada más otro cuento del fin de petróleo, como aquél de los años 40 del siglo pasado, cuando en verdad se pensaba que el petróleo iba a durar dos décadas, pudiese estarse cometiendo un gravísimo y costosísimo error. Pudiésemos bien convertirnos en la encarnación del cuento aquel de Pedro y el Lobo”. (Acá Baduel confunde la fábula del pastor que advierte sobre la venida del lobo, atribuida a Esopo, con el cuento ruso Pedro y el lobo, escrito y musicalizado por Sergei Prokofiev y estrenado en 1936. Los asuntos de ambas narraciones son diferentísimos).

El segundo gran tema del discurso (y el libro) de Baduel versó sobre su proposición—“su solución”, la “salvación” que nos ofrece de la “crisis”—de convocar, elegir y realizar una nueva asamblea constituyente, a diez años de la de 1999. Este es un tema recurrente en Baduel—habló de ella el año pasado en varias ocasiones, justificándola de distintas maneras—, pero en esta ocasión ofreció más detalle. Conocemos ya, por tanto, su argumentación, y entonces es posible analizarla y juzgarla. Antes, sin embargo, recordemos cuáles eran las razones que adujo a fines del año pasado para proponer una nueva constituyente.

La primera fue la de levantar un “muro inexpugnable”, una “barrera infranqueable” a las pretensiones de Chávez. Era la segunda vez que usaba esas expresiones; la primera vez las empleó, idénticas, para referirse a los resultados del referéndum del pasado 2 de diciembre. En el #267 de esta carta (Un kilo de estopa) se comentaba ese repetido argumento de esta forma: “Luego está, en las declaraciones de Baduel, el concepto militar de ‘barrera infranqueable’ que el evento del 2 de diciembre habría erigido. Si Baduel señala que hay que salir al paso de intentos gubernamentales por eludirla, la muralla no puede ser tan infranqueable; tampoco cuando dice que el tal muro inexpugnable sólo podría ‘solidificarse’ con la constituyente. Él mismo, pues, describe su muro ‘infranqueable’ como flojito”.

A continuación, Baduel expuso que la constituyente reconciliaría al país. Una vez más, esta publicación comentó así esa segunda motivación: “Se trata, en el fondo, de la misma idea expuesta el 25 de septiembre de este año… por Manuel Rosales…” Rosales declaró entonces: “Yo creo que, definitivamente, en Venezuela, después de este referendo constitucional hay que pensar seriamente en la realización de una Asamblea Nacional Constituyente porque es la refundación y la reconciliación del país”. Respecto de este argumento se escribió acá: “En primer término, resulta ser realmente ingenuo—o insincero—postular que la elección de un centenar y pico de diputados constituyentes, y su reunión en asamblea todopoderosa, pueda servir para ‘reconciliar’ al país. Un proceso electoral cualquiera es una competencia, y no son precisamente las competencias los mecanismos idóneos para la reconciliación…  La operación misma de una asamblea tal, además, es la de un debate, y habría que ver cómo dentro de un cuerpo de confrontación argumental, cuyas decisiones se toman por mayoría, emerge la reconciliación. (¿Se reconcilia Bolivia con su constituyente, cuando más bien ha servido para que Santa Cruz haya decidido declarar su autonomía?) Por otra parte, el ministro Pedro Carreño, a quien la oposición debe agradecer efusivamente, por brutas, sus más recientes manifestaciones, ha dicho ya que ‘no puede haber reconciliación posible (tal como ha planteado la oposición) porque la verdadera reconciliación venía establecida en la propuesta de reforma constitucional’.”

Luego propuso Baduel algo que el #267 (13 de diciembre de 2007) registró así: “Un tercero y novedoso concepto introducido por Baduel ayer es anatómico. Según el reencarnado general, el cuerpo social se divide ahora en tres partes (cabeza, tronco y extremidades): ‘Han quedado marcados tres sectores en la sociedad venezolana: los que se abstuvieron (44% del electorado), los que votaron NO y los que votaron SÍ’. (Reporta El Universal). Tan nítida sería esta organización tripartita de Venezuela que Baduel propone, para integrar la constituyente, que ‘deben ser seleccionados representantes de los tres sectores (NO, SÍ y abstencionistas)’. Este concepto es, por decir lo menos, una sociología simplista que no puede aspirar a describir con justicia la muy compleja variedad de opiniones del país. (‘Cada cabeza es un mundo’). Consideremos tan sólo a quienes se abstuvieron: en ellos hay gente que ha podido simpatizar con la ‘reforma’. ¿Pueden éstos ser representados por los mismos diputados que representarían a los abstencionistas que la rechazaban?”

Como el general continuó abundando sobre el asunto, cupieron en el #267 los siguientes dos párrafos:

“Una cuarta idea adelantada por Baduel contradice frontalmente la noción misma de constituyente, al prescribir una garantía de ‘que no puedan tocarse los valores fundamentales de la Constitución’. Las constituyentes tienen por misión, justamente, sustituir una determinada constitución por otra radicalmente distinta. Si éste no fuese el propósito no se requeriría una constituyente, y bastarían los mecanismos de enmienda o reforma constitucional. Para preservar los ‘valores fundamentales’ de la Constitución no se requiere una constituyente”.

“Finalmente, Raúl Isaías Baduel es quien pareciera desconocer la decisión soberana del 2 de diciembre, que entre otras cosas fue un rotundo no a la pretensión de instaurar en Venezuela un sistema socialista. Así perfora el general su propia ‘barrera infranqueable’: ‘La Constitución puede ser mejorada en sentido progresivo. Para definir la sociedad que queremos no podemos remitirnos solamente a gritos y consignas, tiene que haber una profundización de lo que es el ‘socialismo del siglo XXI’, con método, orden, ciencia y conciencia. No es incompatible un modelo de producción socialista con un sistema político profundamente democrático, con contrapesos y división de poderes’.”

Añadamos una interpretación, ofrecida por el propio general Baduel, de lo que significaría profundizar el “socialismo del siglo XXI” mediante “método, orden, ciencia y conciencia”. El 18 de julio del año pasado, hace todavía menos de un año, Baduel abandonaba la cartera de Defensa con un discurso en el Patio de la Academia Militar. Allí dijo: “En el Aló Presidente del 27 de marzo de 2005, el Señor Presidente Chávez indicó, cito: ‘el Socialismo de Venezuela se construiría en concordancia con las ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels’, fin de la cita. Reiterando lo que al respecto he mencionado en una oportunidad anterior, si la base para la construcción del Socialismo del Siglo XXI es una teoría científica de la talla de la de Marx y Engels, lo que construyamos sobre ella no puede serlo menos, so pena de que la estructura construida no pase a ser más que una humilde choza levantada sobre los cimientos de un rascacielos”. Al menos, pues, hasta diciembre de 2007, el método, el orden, la «ciencia» y la conciencia de Baduel eran marxistas. (No pareciera haber leído La miseria del historicismo, de Karl Popper, ni su Logik der Forschung).

………

El lunes de esta semana dijo Baduel en el discurso sobre “Mi solución”: “En lo político propongo lo que considero la única salida posible: la convocatoria a una Asamblea Constituyente”. De seguidas, mientras descalificaba a “los políticos”, expuso crudamente lo que siempre fue el real objetivo de su proposición de constituyente, que ahora reencarna como “Mi solución”: “Sin embargo, a pesar de que este mecanismo es tan atrayente, es lamentable que la mayoría de los ‘políticos’, de ésos que llaman ‘la oposición’ y que dicen representar a la mitad del país, no se hayan dado cuenta, que incluso es la mejor vía para salir rápido del actual régimen, de manera eficiente, democrática, pacífica y legal”.

“Mi solución”, pues, consiste en salir rápidamente del actual régimen: “Entre los destituibles y candidato número uno a ello está, ¿quién más?, el señor Hugo Chávez, principal responsable del desastre actual y de buena parte de los futuros”. Sobre esta evaluación abundó ampliamente, con estructura retórica de infomercial que vende baba de caracol: “¿Cansados de esperar contrario a Dios, a que una enfermedad grave nos quite a este dictador disfrazado del camino? ¿Fastidiados de esperar la vergüenza de una invasión de los Marines y demás fuerzas especiales norteamericanas o de que un organismo internacional nos salve u otros países intervengan? ¿Duda ante la posibilidad de que con las elecciones de alcaldes y gobernadores (si es que las hay), Chávez se vea ‘acorralado’? ¿Se angustian al pensar, que para que Chávez entregue el poder, hacen falta más de cuatro años? Pues no se preocupen, la Constituyente es la solución a sus angustias”.

Y también: “Es decir, podemos quitarnos de una vez a Chávez y su combo completo de poderes vasallos, al removerlos o disolverlos a través de un acto de la Soberana Asamblea Constituyente”.

Y también, en párrafo de una sola y farragosa oración de ciento noventa y seis palabras ya hacia el final: “A los que creen en el Presidente Chávez, que están en su derecho, aun compartiendo con él que nos vengamos todos abajo y él sea el rey de la Venezuela pobre, porque hacia allí estamos siendo conducidos nosotros y también ustedes, sus familias, sus hijos, sus nietos y todas las generaciones con la dependencia de este recurso y la aniquilación del aparato productivo nacional en paralelo, convirtiéndonos en una economía de puerto y engañando a los ciudadanos ofreciendo unas medidas económicas recientes en beneficio de los supuestos pequeños productores que no son tales, sino pequeños importadores en su mayoría porque ya nada se produce aquí, manteniendo el yugo burocrático para los verdaderos productores que deben ser potenciados para abastecer la demanda nacional, obligándolos a adoptar un modelo productivo atrasado con fines políticos perversos ya rechazado por el pueblo el 2 de diciembre pasado, y así con la destrucción del país, provocar una estampida de los venezolanos que no estén de acuerdo con el autoritarismo del estado y con la locura de Hugo Chávez, logrando progresivamente el debilitamiento e intimidación de todos los actores políticos y económicos que se opongan a la muerte de nuestra república libre”.

………

Bueno, no haremos paráfrasis de tan abundante y resbaladiza caracterización del régimen chavista, pero sí cabe intercalar aquí una observación (antes de proseguir en el análisis de la propuesta misma). El general Baduel trabajó para el presidente Chávez, más de una vez bajo sus órdenes directas, en 1999 (cuando fue su primer secretario privado), en 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006 y hasta julio de 2007 (cuando dejó de ser Ministro del Poder Popular para la Defensa), un total de más de ocho años. ¿Cuándo fue que se dio cuenta de que Hugo Chávez es el “principal responsable del desastre actual y de buena parte de los futuros”? ¿Cuándo vino a percatarse de que “el proceso constituyente de 1999 fue un completo fraude”, como aseguró hace tres días? ¿Cuándo entendió que el andamiaje político de Chávez era un “combo completo de poderes vasallos”? ¿Era que por entonces preparaba laboriosamente “Mi solución” y esta labor no le permitía ver lo que tenía frente a sus narices?

Más de una vez, muchos opositores a Chávez han recibido como salvadores a personas que trabajaron con Chávez y cohonestaron sus ejecutorias. Cuando aún no había tenido lugar el intento revocatorio de 2004 muchos pensamos que podía ser exitoso, y que entonces tendríamos que elegir perentoriamente a un nuevo Presidente de la República. Más de uno pescueceó para posicionarse como posible candidato, y uno de los mejor recibidos era el difunto Alejandro Armas. En una sesión destinada a escuchar su autopromoción se le apuntó: “Don Alejandro, usted ha mencionado el tema del presidente de la transición, y ha señalado algunos rasgos deseables en esa figura. Tal vez convendría también especificar algunos de los rasgos que no debiera tener. Uno de ellos es que haya participado por un tiempo significativo en el proyecto de Chávez y lo haya aupado, por cuanto ese proyecto estuvo perfectamente claro desde 1992, y quedó más claro todavía durante la campaña electoral de 1998, y clarísimo también desde que comenzó a gobernar. Por tanto, quienes hayan incurrido en un error tan grueso como el de equivocarse con Chávez, demostraron cabalmente poseer, al menos, poca claridad y visión poco penetrante, que son seguramente dos defectos que no debiéramos tolerar en el presidente de tan difícil transición”. (Armas estuvo apoyando al gobierno desde la campaña de 1998 hasta mediados de 2002).

Antes de este caso, fue uno notorio la pretensión de Alfredo Peña, primer Alcalde Metropolitano de Caracas, de suceder de inmediato a Chávez. En enero de 2002 inició un ataque decidido contra el Presidente, y curiosamente incluyó en su crítica que Chávez se había alzado en 1992, dato naturalmente conocido por Peña y que no le había causado escrúpulo alguno para apoyarlo desde Venevisión en 1998, para ser su primer Ministro de la Secretaría de la Presidencia, ni para despegar desde su portaaviones para convertirse en diputado a la Constituyente de 1999 o Alcalde Mayor.

Y antes de Peña, por supuesto, tuvimos a Francisco Arias Cárdenas, tan golpista como Chávez, en candidatura presidencial opuesta a éste en 2000 que contó con increíble apoyo de recursos opositores porque era “cuña del mismo palo”.

Hay una clientela opositora que acoge irreflexivamente estas iniciativas y llega a concebir que figuras como ésas—o la del general Lameda, o la del general Rosendo, o la del general Usón (¡qué broma, todos militares, como Baduel!)—, que gobernaron bajo Chávez, pueden ser los líderes de “Mi solución”. Baduel ha sugerido que su participación en el gobierno de Chávez se debió al estricto cumplimiento profesional en su carácter de militar obediente, pero ésta fue exactamente la excusa de los jerarcas nazis juzgados en Nuremberg: que obedecían órdenes.

Obviamente, es de celebrar que personas que hayan apoyado largamente al gobierno ahora le adversen. (“Hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”, Lucas 15, 7). Eso es una cosa y otra muy distinta recibirles como los líderes que requerimos. Por la medida chiquita, exhibieron miopía política en grado de continuidad, y si algo debe exigirse de un líder es visión. (Para Alexis de Tocqueville, ésa era precisamente la cualidad central de lo que llamó “el verdadero arte del Estado”).

………

Retomando los más frescos argumentos (los del lunes) de Raúl Isaías Baduel. El general reencarnado dijo: “La salida es fácil, está disponible y es a la vez rápida, eficiente, pacífica y legal. La salida es convocar a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter originario, popular. Un organismo de ese rango puede llamar a rendición de cuentas a todos los poderes constituidos, destituirlos y sustituirlos provisoriamente por mecanismos ad hoc, mientras se aprueba una constitución, en la que nos sintamos representados todos los venezolanos, producto del mejoramiento de la que tenemos en sentido progresivo, no dejando ya más lugar a dudas ni a interpretaciones acomodaticias de su articulado y aclarando las sombras de la actual”. (A tal «nueva constitución», por supuesto, podría llegarse, sin necesidad de constituyente, mediante enmiendas o reformas, sobre todo si se toma en cuenta que a juicio de Baduel se trata “del mejoramiento de la que tenemos en sentido progresivo”).

Al explicar el punto de la legalidad, expone: “Apenas si haría falta decir por qué la Asamblea Constituyente es una salida perfectamente legal, a no ser por el desconocimiento que casi la gran mayoría de los venezolanos tenemos, del verdadero contenido y fin de ese importante documento que es la Constitución Nacional. En sus artículos 347, 348 y 349 se establece clara y taxativamente que la Asamblea Constituyente puede convocarse, si se cumplen los requisitos allí establecidos. En el caso de una Asamblea originaria, es decir, una que nazca como resultado de la convocatoria por el pueblo mismo, sólo se necesita de la manifestación de voluntad del 15% de los electores inscritos en el Registro Electoral”.

Para empezar, el Artículo 349 no habla en absoluto de la posibilidad de convocar una constituyente, como Baduel afirma descuidadamente. Luego, en los dos párrafos citados emerge la común confusión entre Poder Constituyente Originario y Asamblea Constituyente.

Esta confusión era interesada en Chávez ante la convocatoria de la Constituyente de 1999. Las posiciones del debate de la época eran las siguientes: Chávez decía que la asamblea sería “originaria”; la oposición que sería “derivada”. (He allí el primer éxito de Chávez como nomenclador, que introducía términos y expresiones que la oposición acogía desprevenidamente para ahorcarse a ella misma. Había que imaginar la recepción que tendría un orador de oposición en un barrio, si trataba de vender una constituyente “derivada”).

Lo que ha debido decirse en 1999 es que la constituyente era un poder tan constituido como el Congreso de la República o, si a ver vamos, como la misma Presidencia de la República. Que sólo el Pueblo tiene el carácter de Poder Constituyente Originario, y que ese carácter no lo pierde jamás y es intransferible. Que lo único originario sería el referéndum final con el que nos pronunciaríamos sobre el proyecto de nueva constitución que la constituyente lograra preparar.

En lugar de asumir esta postura, la oposición se dejó. La constituyente presidida por Luis Miquilena, otro largo colaborador de Chávez, decapitó al Congreso de la República cercenándole la Cámara del Senado, y Henrique Capriles Radonsky no dijo nada porque entonces presidía la Cámara de Diputados, que no fue tocada por don Luis, y los diputados de oposición continuaron llenando sus curules y cobrando, a pesar de que no existía aún una constitución distinta de la de 1961, que claramente prescribía un Senado.

En suma, la Constituyente de 1999 se extralimitó, suspendiendo un órgano constituido por la constitución de 1961 antes de derogarla por superposición de la constitución nueva.

Y es que, de nuevo, una asamblea constituyente es un poder constituido por el único poder que tiene carácter originario, por el Pueblo. Los diputados constituyentes no son otra cosa que apoderados del Poder Constituyente Originario, de nosotros. Naturalmente, podemos conferirles poderes muy especiales y suficientes, pero nunca serán “originarios” esos diputados.

Y también es una confusión la idea de que hay asambleas constituyentes “originarias” cuando nacen, en palabras de Baduel, “como resultado de la convocatoria por el pueblo mismo”, es decir, por la iniciativa popular que contempla el Artículo 348. Por un lado, mal puede equipararse el Poder Constituyente Originario a una minoría de 15% de los electores. Por la otra, ese artículo no distingue la asamblea que convoque tal porcentaje de los electores de las que pudieran convocar el Presidente de la República en Consejo de Ministros, las dos terceras partes de la Asamblea Nacional o “los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos”. Se trata exactamente de la misma clase de asamblea, cuyo propósito es, según el Artículo 347: “transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. El artículo no dice, por cierto, que sea el objeto de una constituyente destituir a los mandatarios constituidos por elección o nombramiento, o “salir de un régimen”.

Es para este propósito que precisamente existe la institución electoral. Los gobiernos democráticamente electos, como el de Chávez, se sustituyen, en democracias, por elección popular. En nuestro caso, además, podemos causar anticipadamente una elección presidencial mediante un referéndum revocatorio. Este expediente vuelve a estar disponible desde el arranque de 2010. Baduel ha estimado que tomaría todo un año instalar la constituyente omnímoda (“originaria”) que vislumbra. Es decir, que pudiera destituirse a Chávez (en su opinión) no antes de mediados de 2009. El ahorro temporal que propone, por tanto, sería de sólo seis meses, si es que en verdad puede cumplirse el cronograma que ha previsto.

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Pero es verdad que el Poder Constituyente Originario—no, repetimos, una asamblea constituyente—tiene la cualidad de supraconstitucionalidad. Es doctrina constitucional venezolana, asentada en sabia decisión de la antigua Corte Suprema de Justicia (19 de enero de 1999), que el Pueblo, que crea la Constitución, no está limitado por ella, que sólo limita al Poder Constituido. El Poder Constituyente Originario, no una asamblea constituyente, sólo está limitado por los derechos humanos—ni siquiera un referéndum de asistencia universal y voto unánime puede autorizar la tortura—y los tratados internacionales válidamente admitidos (porque otro Estado es par del nuestro y tan soberano como el nuestro).

En particular, el Poder Constituyente Originario, no una asamblea constituyente, puede abolir enteramente a un gobierno particular por acto directo en cualquier instante, esté o no cumplido un período constitucional o madura la ocasión para un referéndum revocatorio. La doctrina pertinente fue expuesta por primera vez, y con gran claridad, en la Declaración de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776): “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos [el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad] una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indubitable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”.

La clave del asunto reside, como se ha destacado más de una vez en esta publicación, en que el sujeto de ese derecho es una mayoría de la comunidad. Y he aquí, finalmente, el quid político de la cuestión. ¿Existe en los actuales momentos una mayoría clarísima y suficiente para abolir el régimen de Chávez desde el Poder Constituyente Originario? No lo creemos. La encuestadora estadounidense Evans McDonough (Varianzas) concluyó hace dos semanas una encuesta de 1.200 entrevistas (error de muestreo de 2,8% y nivel de confianza de 95%) que arrojó, entre otros muchos, los siguientes datos: el 43% de los encuestados evalúa negativamente la gestión de Chávez, pero 42% lo hace positivamente y 14% la tiene por “regular”.

¿Puede garantizar Raúl Isaías Baduel que esas proporciones habrán variado dramáticamente contra Chávez al cabo de un año, que es lo que piensa tomaría elegir una asamblea constituyente? Es difícil asegurar ese resultado, sobre todo si se toma en cuenta la reciente muestra de astucia conciliatoria que Chávez ha ofrecido, lo que puede amellar las navajas opositoras que lo tallan, con razón, como arbitrario y pendenciero, un cargo que le ha costado sus puntos.

Es por tales razones que esta carta decía en su número 278 (El mundo encima, 13 de marzo de 2008, citado la semana pasada por otras razones): “Una cierta sabiduría emerge en Venezuela en cabezas opositoras a Chávez y parece generalizarse. En días recientes, quien escribe ha podido escuchar y leer, en más de un sitio, la paciente y sensatísima opinión de que todavía debe permitirse que Chávez se cueza en su propia salsa. Es preciso, se sostiene, que el rechazo nacional a su figura crezca hasta el borde de la unanimidad; que el aprendizaje del pueblo acerca de su malignidad se haya generalizado. Sólo así, se arguye, será posible su abandono del poder sin que sea tenido como mártir inmolado por su fe antiimperialista. Es necesario que su coartada quede descubierta universalmente. No debe haber apuro, entonces. La oposición a Chávez por contención se ha vuelto de nuevo posible, a raíz de su primera derrota electoral el 2 de diciembre pasado y la incesante serie de traspiés internacionales con los que se ha tambaleado. Esto es, seguramente pagaríamos un costo mientras se generaliza la opinión en su contra. pero eso sería un costo muy menor al que ya hemos pagado, puesto que su capacidad para hacer estropicios se ha visto considerablemente reducida”.

………

En síntesis: la idea de convocar una nueva constituyente es pésima. Si lo que quiere el general Baduel es “salir del régimen” con la fuerza del Poder Constituyente Originario, que apele directamente a él y le haga firmar, en clara mayoría, una sencilla acta de abolición. No es necesario, para nada, el engorroso e incierto trabajo de convocar y elegir una constituyente que muy bien pudiera ser un clásico tiro por la culata (imagen que el militar que es Baduel—“Yahvé Elohim de los ejércitos”—entenderá perfectamente).

Son estas cosas las que opongo a “Mi solución”, mientras adquiero ese libro y puedo leerlo con seriedad.

LEA

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FS #199 – Putt de veinticinco

Fichero

LEA, por favor

Daniel Bell (1919) es un sociólogo estadounidense de importante influencia. En 1960 publicó el penetrante estudio que llamó “El fin de la ideología”. De tendencia izquierdista—“Soy un socialista en economía, un liberal en política y un conservador en cultura”—, Bell hizo, no obstante, fuerte oposición al estalinismo dentro del grupo conocido como “Intelectuales de Nueva York”. A la fundación del Instituto Hudson por Herman Kahn, Bell fue invitado a unirse a su claustro de investigadores, en compañía de Raymond Aron. Comoquiera que ese instituto estaba dedicado a la futurología—The Year 2000, de Kahn y Anthony Wiener con prólogo de Bell, The Next 200 Years —, este último está ampliamente familiarizado con el problema de la predicción social.

En el verano de 1987, Daedalus, la revista de la American Academy of Arts and Sciences, publicó un artículo futurológico de Bell: El mundo en 2013. En él trató, obviamente, de pronosticar el estado de la humanidad con veinticinco años de anticipación, de los que cinco están aún por cumplirse. Es la sección media de ese artículo la que se reproduce acá, en esta Ficha Semanal #199 de doctorpolítico.

La lectura de los pronósticos de Bell confirma lo intrínsecamente difícil que es el arte de predecir. Él mismo advierte al comienzo del artículo: “¿Podemos predecir el futuro? Si por ello entendemos la configuración exacta de la sociedad mundial, o incluso de los Estados Unidos, en el año 2013, es muy poco probable. Los imponderables son principalmente las corrientes político-ideológicas, que son demasiado complejas y difíciles de proyectar”. (De paso, esta afirmación de Bell contesta a algunos de los críticos de The End of Ideology, puesto que la suponía muy actuante diecisiete años después de haber decretado su fin).

Más adelante, Bell continúa la discusión sobre la posibilidad de pronosticar: “Entonces, ¿qué es posible predecir? Dentro de una perspectiva limitada se puede identificar marcos que están surgiendo y que forman la matriz de la vida de las personas”.

El segundo gran libro de Daniel Bell es “El advenimiento de la sociedad postindustrial” (1973), caracterizada por la difusión planetaria del capital, el desequilibrio del comercio internacional y la declinación del sector manufacturero en la economía doméstica de los Estados Unidos. Además de estos cambios estructurales, sociales o económicos hay también cambios en los valores, con predominio de la racionalidad y la eficiencia. Bell teme que tarde o temprano esto desemboque en una separación de la sociedad y su cultura.

En cuanto a la claridad de su bola de cristal, el texto reproducido registra más de un acierto y, como era de esperar, unos cuantos desatinos. Una puntería imperfecta es característica inmancable de cualquier intento de predicción por parte, si se quiere, de una academia de los más sabios.

LEA

Putt de veinticinco

EL DESPLAZAMIENTO A LA ZONA DEL PACÍFICO

La cuestión más importante es si, para el año 2013, la cuenca del Pacífico será el centro del poderío económico. De ser así, las naciones del este de Asia encabezadas por Japón y China, los países del sudeste asiático, y los Estados Unidos y la Unión Soviética, serán los principales actores económicos del mundo.

Éste es un cambio de extraordinarias dimensiones históricas. Tradicionalmente, Europa ha sido el centro del desarrollo económico y de la civilización. La matriz inicial fue la Cuenca del Mediterráneo. Después del siglo XVII, el centro económico se desplazó a la zona del Atlántico y a los países del norte de Europa. Desde 1970, el desplazamiento ha sido hacia el Pacífico. Actualmente, la gran expansión en el comercio de los EUA es con los países de la zona del Pacífico.

Si ocurre un giro económico, lo que es probable, ¿ocurrirá también un giro político? Y, de ser así, ¿es posible que un país sea una potencia política de primer orden sin llegar a ser también, con el tiempo, una gran potencia militar? Es poco probable. La “línea de fuerza económica” más importante va de Japón a Australia. Japón tiene escasos recursos naturales y produce pocos alimentos propios. Australia posee vastos depósitos de hulla y uranio; es un granero de gran importancia.

La vieja división del trabajo, que moldeó a la economía mundial durante 200 años desde 1780 hasta 1980, creó un conjunto de sociedades manufactureras centrales (el Reino Unido y Alemania, después los Estados Unidos, luego la Unión Soviética y Japón), junto con una periferia de países, principalmente en el Tercer Mundo. que suministraron las materias primas y los productos primarios para los países centrales. Este patrón está desapareciendo y no ha surgido una pauta clara y única. La manufactura industrial básica de bienes estandarizados de producción en masa está siendo “sacada” del mundo occidental y ubicada en el este de Asia y, en menor medida, en Brasil y la región mexicano-caribeña.

Los Estados Unidos y Japón han pasado a ser sociedades postindustriales; las partes predominantes de sus economías son los sectores de servicios y alta tecnología. Para 1990 casi el 75% de la fuerza laboral de los EUA estará en los servicios. La palabra servicios trae a la mente imágenes de empleos mal pagados en restaurantes de servicio rápido. Esto es engañoso. Las principales áreas de empleo son los servicios financieros, los servicios profesionales y de diseño, los servicios humanos (salud, educación y servicios sociales) y, en el extremo inferior de la escala, los servicios personales. El núcleo de la sociedad postindustrial reside en sus servicios profesionales y técnicos.

En la nueva manufactura, la proporción de materias primas disminuye en forma sostenida como porcentaje de los costos. En los países avanzados, el cambio básico consiste en evitar los productos y procesos pesados y con empleo intensivo de materiales: 40 kilos de fibras ópticas en un cable pueden trasmitir la misma cantidad de mensajes que una tonelada de alambre de cobre. Las materias primas disminuyen en importancia, no sólo a causa de la miniaturización (por ejemplo, los microconductores) y la reducción de los requerimientos de energía, sino también por la revolución en la ciencia de los materiales.

UN NUEVO SISTEMA MONETARIO MUNDIAL

Si el primer cambio ocurre en los centros múltiples de manufactura, el segundo en los centros financieros: los Estados Unidos se han convertido en la sede de la economía de grandes partes del mundo. Londres, a la mitad del camino entre Nueva York y Tokio (en tiempo), se esta volviendo un nódulo de servicios financieros.

El punto principal es la internacionalización del capital; un estado de cosas simbolizado por la vasta acumulación de eurodólares “apátridas” (dólares retenidos por bancos y países fuera de los Estados Unidos) que no están sujetos al reglamento financiero de los EUA. La existencia de esta vasta provisión significa que los grupos banqueros y empresariales pueden buscar rendimientos más altos para sus capitales, incluso cuando estas acciones vayan en contra de los intereses nacionales de cada país en particular. Pocos son los países que pueden controlar su propia moneda.

Tendrán que surgir algunos sistemas monetarios nuevos que constituyan la columna vertebral de la nueva economía internacional. El oro es una solución sencilla: los precios se denominan en oro; el oro es fungible. Sin embargo, también está sujeto a la manipulación: no puede funcionar fácilmente como patrón independiente ajeno a los controles políticos. Además, el oro es en gran medida inaccesible para la mayoría de los países pequeños y menos desarrollados.

Otras dos posibilidades: una “canasta” de las principales monedas o una “canasta de productos” en las que los países depositaran y retiraran créditos para aquéllos, y un sistema bancario internacional que funcionara como lo hace la Reserva Federal en los Estados Unidos, es decir, como supercontrol para los bancos centrales nacionales.

Todo esto puede parecer esotérico; no obstante, sin un nuevo arreglo estructural internacional, la economía mundial seguirá siendo errática e inestable. Un nuevo sistema monetario no descarta inestabilidades, pero las vuelve más manejables dentro de los contextos nacionales.

Dos puntos adicionales:

Aunque vemos el libre movimiento de capitales desde un punto de vista internacional, los precios de las materias primas—especialmente de los metales—han sido deprimidos, y pueden permanecer así hasta finales del siglo, aumentando sólo en forma lenta y limitando por ende la capacidad de muchos países (particularmente en África) de construir una base de capital para su propio desarrollo.

El “iceberg oculto”. Aunque el capital puede moverse libremente, no ocurre así con la mayoría de las personas. Si los empleos son dispersados por todo el mundo, ¿seguirán las personas a los empleos?

LA PROXIMA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

Para el 2013 habrá madurado la tercera revolución tecnológica: la unión de las computadoras y las telecomunicaciones (televisión interactiva, audio telefónico, computadoras para la informática. facsímiles de textos) en un sistema único pero diferenciado, el de la “nación cableada” e incluso la “sociedad mundial”.

La primera revolución tecnológica, ocurrida hace 200 años, fue la aplicación de la energía del vapor al transporte (ferrocarriles, barcos de vapor), a la minería y a la producción de maquinaria en las fabricas. La segunda revolución tecnológica, acaecida hace 100 años, dependió de la difusión de la electricidad (mensajes codificados en alambres, telégrafo y teléfono; luz; energía para turbinas y elevadores, lo que permitió la construcción de rascacielos) y el progreso de la química, que por primera vez permitió a los hombres hacer productos fuera del contexto de la naturaleza (productos sintéticos, petroquímicos, plásticos).

La tercera revolución tecnológica será auxiliada por las comunicaciones en idiomas ordinarios, la traducción mediante máquinas y ciertos sistemas periciales. Se habrán difundido la robótica, el correo y los mensajes electrónicos, la recuperación de la información sobre pedido, los servicios organizados por medio de terminales interactivas. La gama de cambios posibles y probables es enorme.

Esta revolución resultará en la eliminación de la geografía como variable controladora. Para ilustrar esto, considérese la naturaleza cambiante de los mercados.

Históricamente, el mercado fue el lugar donde los caminos y los ríos se cruzaban, donde los comerciantes y las caravanas hacían un alto en su recorrido, donde los agricultores llevaban sus productos y los artesanos sus habilidades. En la nueva economía ya no es así. Tomemos el mercado de petróleo de localización específica. Se le llama “el mercado de Rotterdam” porque los buques tanque con capacidad por encima de sus entregas contratadas solían dirigirse a Rotterdam a vender el petróleo excedente “en el lugar mismo”. Allí, los corredores hacían sus tratos y enviaban a los barcos a sus nuevos destinos. El mercado ya no está en Rotterdam. ¿Dónde está? En todas partes. Es una red de télex-radio-computadora que vincula a los corredores en todo el mundo y desvía a los barcos en alta mar a sus nuevos destinos.

Cada día se desliga más el trabajo del lugar, y las operaciones de sus oficinas generales. Las redes de comunicaciones, con estallidos de datos que recorren velozmente miles de kilómetros, significan la disolución de los viejos hábitos y ubicaciones geográficos. Así, vemos un cambio de extraordinaria importancia histórica y sociológica: el cambio en la naturaleza de tos mercados de “lugares” a “redes”.

Sin embargo, la realización de estas posibilidades tecnológicas podría verse frustrada por dos dificultades tal vez insuperables. Casi todas las personas han tendido a concentrarse en problemas relacionados con los recursos (alimentos, energía, agua, metales y minerales). Creo que sus temores son un tanto infundados. Sin embargo, hay dos problemas estructurales que constituyen peligrosas bombas de tiempo.

¿HACIA DÓNDE SE DIRIGE LA NACIÓN-ESTADO?

Bomba de tiempo 1: El estado. Tenemos en la actualidad una economía internacional fuertemente interdependiente. Sin embargo, pese a que la economía internacional se halla cada día más integrada, muchos estados se están fragmentando. El proceso se parece al acordeón, expandiéndose y contrayéndose en momentos determinados. En Bélgica, la fragmentación es lingüística y nacional; en Canadá es lingüística; en el norte de Irlanda es religiosa; en España se basa en el nacionalismo local; en Nigeria es tribal. En cualquiera de estas naciones, las divisiones siguen las “fallas” históricas de estos países. Pero como esto parece estar ocurriendo en tamos lugares diferentes, deberíamos sospechar la existencia de un problema estructural común subyacente. Creo que es éste: la nación-estado se está volviendo demasiado pequeña para los grandes problemas de la vida, y demasiado grande para los pequeños problemas de la vida.

La nación-estado es demasiado pequeña para los grandes problemas porque no existen mecanismos internacionales efectivos para resolver los problemas de los flujos de capital, los desequilibrios entre productos, la pérdida de empleos y las varias oleadas demográficas que se presentarán en los próximos 20 años. Pero es demasiado grande para los pequeños problemas porque la afluencia de poder a un centro político nacional significa que la nación-estado se vuelve cada vez menos sensible a la variedad y diversidad de necesidades locales, y los centros políticos locales pierden la capacidad para controlar efectivamente los recursos y tomar sus propias decisiones.

Una retrospectiva histórica: ¿qué fue el Nuevo Trato de Franklin D. Roosevelt? Para algunos fue un “socialismo insidioso”, para otros fue “la salvación del capitalismo”. Tal vez el punto central es que fue una respuesta a un cambio de escala. De 1900 a 1930 hubo un crecimiento en los mercados y las empresas nacionales. Pero el poder económico y equilibrador efectivo permaneció en manos de los estados. Lo que el Nuevo Trato hizo fue crear mecanismos nacionales eficaces para resolver los problemas económicos nacionales: una Comisión Controladora de Acciones y Valores para regular los mercados financieros y un sistema de Seguridad Social para ofrecer a las personas de edad avanzada una red de seguridad.

En la actualidad no existe semejante correspondencia de escalas. Hay muy pocas agendas económicas o coordinadoras internacionales efectivas que estén a la altura del poder económico internacional. Y dada la multiplicación de las soberanías nacionales como resultado de la disolución del viejo sistema colonial, la nación-estado se ha vuelto cada día más inefectiva para hacer frente a tos problemas económicos. Así, estamos ante la integración económica internacional y la fragmentación política nacional.

Bomba de tiempo 2: La demografía. La población mundial asciende hoy a unos 5.000 millones de personas. Dadas las proyecciones actuales, podría duplicarse en 40 años, a 10.000 millones. ¿Podremos alimentar a todas estas personas? ¿Habrá empleos suficientes? Así es como suelen plantearse las preguntas, Creo que tanto los cálculos como las preguntas están equivocados.

Habría que decir, en primer lugar, que debemos desagregar las cifras del crecimiento. Es probable que en Europa haya una declinación absoluta de la población. Esto ya está ocurriendo en Alemania Occidental y en Hungría, y pronto ocurrirá en algunos otros países. En África, y en menor medida en América Latina, las poblaciones aún van en rápido aumento. El problema en estos países se deriva menos de los números totales—en África, la relación entre las personas y la tierra disponible para el cultivo es aún manejable—que del hecho de la urbanización, la concentración en las ciudades.

Es en las urbes del Tercer Mundo donde tiende a haber un problema con el crecimiento de las megalópolis: la ciudad de México (30 millones de habitantes para el ano 2000); Shanghai (25 millones); Bombay y Jakarta (cerca de 17 millones cada una). En estas ciudades, los problemas de infraestructura y servicios serán severos, como lo son ahora en El Cairo y Calcuta.

Aun así, ésa no es la principal bomba de tiempo. Lo es más bien la brecha cada vez más amplia entre los grupos de edad en diferentes partes del mundo. En toda el África, los jóvenes menores de 15 años de edad constituyen entre el 40 v el 50% de la población. En casi toda América Latina—en especial en Centroamérica y el Caribe—los jóvenes representan cerca del 40% de la población; en la mayor parte de Asia, entre el 30 y el 40%; en los EUA y Canadá, aproximadamente el 22%. Con excepción de Irlanda, en Europa esta proporción de jóvenes es de 20% o menos.

Estos desequilibrios de la población significan que, en los próximos 20 años, veremos que el mundo es arrasado por oleadas demográficas. En los países densamente poblados, significará duplicar las tasas de ingreso a las fuerzas laborales.

LA DEMANDA DE RECURSOS

Contrariamente a la opinión aceptada y popular, los recursos—alimentos, agua, energía, metales y minerales, bosques y tierras pantanosas, el problema del ozono—no son aspectos de gran impacto, ni siquiera limitaciones graves. Lo que ocurre es que todos los cálculos se basan en proyecciones que sobrestiman el lado de la demanda y suelen equivocarse garrafalmente en el lado de la oferta.

Tomemos un ejemplo como indicación de la lógica prevaleciente y sus deficiencias. En 1973, el Club de Roma predijo el agotamiento temprano de las existencias mundiales de cobre. En el lapso de unos años, sin embargo, el precio del cobre se duplicó. A ese elevado precio, Israel, Panamá y Zaire abrieron minas durante largo tiempo inactivas. Asimismo, y en vista del alto precio del cobre, los usuarios empezaron a remplazar la tubería de cobre por plástico y a buscar otros materiales sustitutos, como las fibras ópticas. En la actualidad los mercados están saturados de cobre. De ahí mi relato admonitorio.

Alimentos. Hace 10 años sólo había unos cinco grandes exportadores de cereales y granos: los Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina y, marginalmente, uno o dos países más. Hoy, casi todos los países del mundo son prácticamente autosuficientes en alimentos y buscan mercados para exportar. La India es un magnífico ejemplo.

Energía. Es difícil saber si se nos agotará el petróleo para el año 2013. Las proyecciones actuales indican que habrá una crisis de petróleo entre principios y mediados de la década de 1990. Para el año 2013 habrá nuevas tecnologías en el horizonte: diodos emisores de luz que remplazarán a las bombillas y a las luces de los semáforos, y la superconductividad que reforzará las redes de fuerza electromotriz, posiblemente mediante molinos de viento y tableros solares.

Agua. Un problema creciente, sobre todo en los Estados Unidos, pero provocado en gran medida por el desperdicio, la mala administración y la contaminación. De nuevo, no es fundamentalmente un problema de recursos, sino económico y político: la necesidad de administrar mejor los recursos escasos.

¿Podemos trazar un cuadro integral y coherente del mundo en el año 2013? Dados tan sólo los imponderables políticos esbozados aquí, la respuesta es no. Pero si deseamos concentrarnos en los problemas principales, los más explícitos serían los desequilibrios demográficos y de grupos de edad. El mas difuso pero crucial seria la fragmentación política. De tos cambios estructurales, el auge de la zona del Pacífico es claramente el cambio más trascendental que se vislumbra, y es de extraordinaria importancia histórica y económica.

Daniel Bell

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LEA #290

LEA

Nada menos que en Ecuador, patria de su aliado Rafael Correa, ha sido vapuleado Hugo Chávez recientemente por Lech Walesa, ex Presidente de Polonia y Premio Nóbel de la Paz. En entrevista concedida al canal Ecuavisa, Walesa describió a Chávez como “un demagogo y populista que engaña a la gente pobre”. Luego explicó: “La última vez que vine a América Latina había una oferta para que fuera a Venezuela, para entrevistarme con el presidente Chávez, pero yo la rechacé porque no me gusta encontrarme con gente de este tipo”. Lenguaje claro y raspado de obrero portuario polaco.

Bueno, Chávez no está precisamente buscando alianzas estratégicas con Polonia (que no tiene bicicletas nucleares que ofrecer). Más bien parece prepararlas ahora, según frescas declaraciones, con los Estados Unidos, país que está en el proceso de procurarse un nuevo presidente.

Un poco más abajo de Ecuador, el periódico chileno El Mercurio publicó una entrevista a quien asoma como el más probable sucesor de George W. Bush: el candidato demócrata Barack Obama. Prácticamente todas las respuestas de Obama tuvieron que ver con América Latina, gracias al foco de Jorge Ramos, su entrevistador.

Así, expresó su deseo de viajar a nuestro continente por primera vez, aun antes de las elecciones de noviembre en su país, e indicó que finiquitada la guerra de Irak la atención preferencial de los Estados Unidos debía fijarse sobre América Latina. A juzgar por la postura que Obama reiteró a El Mercurio, Chávez encontraría en él una mayor disposición a aceptar otro de sus propósitos de enmienda: la reconstrucción de las relaciones de Venezuela con los Estados Unidos. Obama dijo: “Iniciaría conversaciones con nuestros enemigos en Cuba y Venezuela”.

Obama tampoco se chupa el dedo. Refiriéndose a Chávez indicó: “Sabemos, por ejemplo, que pudo haber estado involucrado en el apoyo a las FARC, perjudicando a un vecino. Ése no es el tipo de vecino que queremos. Creo que es importante, a través de la Organización de Estados Americanos (OEA) o de las Naciones Unidas (ONU), iniciar sanciones que digan que ese comportamiento no es aceptable”.

Quizás haya sido más humillante para Chávez la respuesta que dio a una pregunta específica de Ramos: “¿Y Hugo Chávez? ¿Es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y del resto del continente?” Obama contestó de este modo: “Sí, creo que es una amenaza, pero una amenaza manejable”.

Es decir, Chávez reducido al status de niño travieso, disminuido desde su pretensión de liderazgo mundial contra el neoimperialismo norteamericano. En una sola entrevista, Obama lo llamó amenaza y lo llamó enemigo. Eso sí, de ligas bastante menores.

LEA

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CS #290 – Como el cangrejo

Cartas

Hace unos días decía Ibsen Martínez en el diario Tal Cual: “Los lectores, pienso seriamente, deberían llevar anotaciones, como se hace en el parque de béisbol, y tomar en cuenta el average de aciertos que muestren sus analistas favoritos”. (Perder es cuestión de método, 2 de junio). No será un promedio de bateo, pero esta publicación produjo un límpido hit el pasado 13 de marzo: “No es noticia fresca para las FARC, por consiguiente, su propio desplome, signado por el repliegue, la precariedad y la disensión intestina. Es más, ahora parece probable que hubieran depuesto ya las armas para este momento de no haber mediado el aliento y el apoyo material y financiero que les haya hecho llegar el gobierno presidido por Hugo Chávez. Es muy probable que hayan sido los sueños opiáceos—más bien cocáceos—de Chávez lo que haya frenado una capitulación más temprana de los irregulares, al persuadirles de que sus fuerzas, sumadas a las tropas hermanas de Venezuela, Ecuador y Nicaragua podrían acabar con la podrida cúpula uribista, heredera de los asesinos del Libertador en Santa Marta. Pero ahora van a constatar que son tan desechables para Chávez como lo son Rafael Correa, Luis Tascón, Juan Barreto o Raúl Baduel. Ahora verán cómo el apoyo del gobierno venezolano se esfuma súbitamente. No es Chávez quien querrá mantenerse en sociedad con unos perdedores. Antes explicará a Fidel Castro que los guerrilleros en Colombia no sirven para nada, y que son una causa perdida”. (El mundo encima, Carta Semanal #278 de doctorpolítico).
Al menos acá, por tanto, no hubo sorpresa alguna en la amonestación que Hugo Chávez hiciera a las FARC en su acostumbrado sermón dominical.

………

Por supuesto que la admonición se inscribe en una serie de repliegues ordenados por Chávez. Todos, por supuesto, repliegues de amagos expansivos, no de posiciones ya alcanzadas. (Es decir, tampoco se trata de devolver SIDOR a Ternium o el canal 2 a las Empresas 1BC). Cada reciente retroceso corresponde al freno de operaciones emprendidas por él o su gobierno, a las que voltea luego de que suscitan importante oposición. La imposición de normas demagógicas de admisión a las universidades, el currículo “bolivariano”, la declaración de las FARC como insurgentes, la prohibición de aumentar el costo de los pasajes en Caracas, el cobro de la transmisión de videos de Venezolana de Televisión, la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia. En apariencia estamos ante un Chávez desconocido, un Mr. Hyde que regresa a la educada placidez inglesa del Dr. Jekyll. La inglesa revista The Economist se permite decir que Chávez ha alcanzado en vueltas en U rango de experto.

¿A qué se debe conducta tan poco característica?

Una primera explicación obvia es que Chávez, escarmentado con los resultados del 2 de diciembre y enfrentado a las elecciones del próximo 23 de noviembre, no quiere poner en peligro el desempeño de las candidaturas oficialistas. Esta consideración, sin duda, ocupa sus análisis e informa sus decisiones recientes. Si una cantidad significativa de gobernaciones y alcaldías en poder de los chavistas es ganada por la oposición, aun cuando una mayoría de ellas permanezca en manos de candidatos del PSUV y sus aliados, tal cosa se interpretaría como que el gobierno pierde terreno, y como un segundo revés electoral. El mito de su invencibilidad, ya horadado profundamente en diciembre pasado, recibiría un nuevo golpe y prepararía las posibilidades para un más sonado triunfo opositor en las muy importantes elecciones de la Asamblea Nacional del año que viene.

Pero una manera complementaria de ver la cosa es que los opositores al gobierno han crecido en potencia y eficacia, y que han logrado ellos este viraje. Puede ser. En el mismo #278 de esta carta se afirmaba: “La oposición a Chávez por contención se ha vuelto de nuevo posible, a raíz de su primera derrota electoral el 2 de diciembre pasado y la incesante serie de traspiés internacionales con los que se ha tambaleado”. (Y mucho antes, Ibsen, se hablaba de esta posibilidad, por ejemplo tan temprano como en el #56, del 2 de octubre de 2003: “En 1999 fue posible recomendar que no se entendiera la oposición a Chávez como su negación. Era imposible negarle. Era un fenómeno telúrico, como el Caroní. Lo primero que puede intentarse ante un fenómeno así es la contención…  La oposición pudo hacer bastante más contención de la que hizo”. Y se añadía ya desde entonces: “Pero no basta, naturalmente, la mera contención. Para ganarle a Chávez hay que rebasarlo con un discurso de orden superior. La única oposición viable a Chávez es por superposición”).

Otros dos factores, sin embargo, deben ser tomados en cuenta. El primero es el miedo. En este caso, el miedo a una intervención directa e inminente de los Estados Unidos, tal vez al estilo de la remoción quirúrgica de Manuel Antonio Noriega, en tiempos de la presidencia de Bush papá. Chávez tuvo los riñones de decir a las FARC que su mera existencia era un pretexto para el ataque del “imperio” contra él, contra Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, y que en cuanto las FARC depongan las armas la excusa estadounidense dejará de existir. Esto lo dice quien no hace nada pedía un minuto de silencio por un guerrillero muerto, cuyo ministro Rodríguez Chacín fue sorprendido en un video que lo grabó alentando efectivos de las FARC a la lucha; esto lo dice quien a comienzos de año abogaba por reconocer a las FARC como beligerantes según definición de convenciones ginebrinas.

Ahora, a toda máquina, da vuelta en U, dice a las FARC que son anacrónicas y declara que “está trabajando” para establecer relaciones amistosas y productivas con el próximo presidente de los Estados Unidos. Ha debido sentirse peligrosamente expuesto para lanzar señales tan opuestas, no a recientes ejecutorias suyas, sino a su larga prédica antiimperialista.

Ahora expone que la lucha de guerrillas ya no tiene sentido en América Latina; el año pasado, no obstante, se llenaba la boca con lo de, no uno, sino varios Vietnam en nuestro continente y con la prédica de la «guerra asimétrica», que el general Raúl Isaías Baduel había incluido en discurso suyo (1Ëš de julio de 2004) sobre las hipótesis de guerra para Venezuela. Eleazar Díaz Rangel parafraseaba a Baduel de esta manera: “1) Guerra de Cuarta Generación, con posible confrontación asimétrica; 2) desestabilización y desarticulación del país mediante golpe de Estado, subversión o acciones de grupos separatistas; 3) conflicto regional, que podría derivarse del estado de violencia interna en Colombia, en el que participa Estados Unidos con algo más que el Plan Colombia, y usar el pretexto de que Venezuela es promotor de violencia en ese país para utilizarlo como ‘casus belli’ y propiciar una intervención en el nuestro: y, 4) invasión directa de Estados Unidos, no descartable en vista de la política desarrollada por Estados Unidos, sobre todo en Oriente Próximo”. Por su parte, Edgar C. Otálvora afirmaba en julio de 2007: «Los militares de Chávez piensan que ‘el imperio’ atacará a Venezuela usando a Colombia de intermediario. En ello coinciden los generales Alberto Müller Rojas y Raúl Baduel y, seguramente, el nuevo ministro de Defensa, general Rangel Briceño». Habría razones para el miedo, aunque más recientemente Baduel también ha dado vuelta en U, al decir que sería Chávez quien busca la confrontación con Colombia y los Estados Unidos para suscitar un nacionalismo artificialmente exacerbado.

El segundo factor, característico del concepto político-estratégico de Chávez, tiene que ver con la incitación a que quienes por estos días conspiran muestren su juego. Si da apariencias de debilidad, calcula, puede hacer creer a estos enemigos que su caída es inminente—como anunciaban Carmona Estanga y Ortega el 5 de marzo de 2002 desde la quinta La Esmeralda—y provocaría así su precipitación. Este juego ya lo ha jugado antes, y de nuevo Raúl Isaías Baduel ha declarado hace poco (por algo será) que Chávez provoca la insurrección.

………

Los retrocesos más vistosos, por supuesto, son la sacada de la alfombra a las FARC y la derogación de una ley (de Inteligencia y Contrainteligencia) que promulgó él mismo hace menos de un mes (14 de mayo).

En el primer caso es, naturalmente, la necesidad imperiosa de desvincularse de la comprometedora evidencia en los computadores de Raúl Reyes la preocupación principal. Ayer nomás se puso al vicepresidente Carrizales a decir que esa evidencia es inválida, de modo que el tema está muy presente en las conciencias del gobierno. Reporta Yolimer Obelmejías en El Universal: “El Vicepresidente de la República, Ramón Carrizalez, reiteró hoy que no se le puede dar validez a los informes dados a conocer por la Interpol sobre las computadoras del segundo líder de las FARC, Raúl Reyes, muerto en marzo del presente año”.

Teodoro Petkoff hizo semanas atrás una aguda observación: que sobre el affaire de los computadores de Reyes habían hablado Raimundo y todo el mundo, pero no las propias FARC. Ese silencio era, decía, atronador.

¿Qué pudieran decir ahora las FARC, cuando su más connotado campeón las abandona? Si la cosa fuese que Hugo Chávez les hubiera dejado en el esterero, entonces sería esperable la indignación del comandante Cano, quien debiera mandarlo a freír monos y de paso asegurar que todo lo que dicen las computadoras es cierto.

Pero puede muy bien ser que las FARC estuvieran avisadas del “inesperado” movimiento de Chávez. Entre las cosas que Chávez sabe hacer muy bien es percatarse de cuándo ha sido derrotado, lo que declara de inmediato. En el Museo Militar lo supo el 4 de febrero de 1992, y se rindió invitando a los restantes conjurados a deponer las armas. Lo supo en Miraflores el 11 de abril de 2002, y ofreció renunciar a su cargo. Lo supo el 2 de diciembre de 2007 y reconoció su derrota poco tiempo después de la medianoche. Luis Alberto Machado suele decir que, en momentos críticos, Chávez puede actuar como la persona más sensata.

Las FARC mismas, por otro lado, también saben cómo pinta la cosa para ellas. Una vez más, una cita del #278 de la Carta Semanal de doctorpolítico (13 de marzo de 2008): “Como ha destacado más de un analista, las propias FARC emitieron un precoz comunicado al conocerse la muerte de ‘Raúl Reyes’ en Ecuador, en el que indicaron que ese incidente no tendría por qué impedir el proceso de canje ‘humanitario’. Ellas mismas, conocedoras como nadie de su precaria situación militar, no querían interrumpir la ruta hacia su deposición de las armas, única salida que les queda. Ellas saben que sus fuerzas actuales, estimadas generosamente en 8.000 guerrilleros, ya no son sino la sombra de un cuerpo armado subversivo que hace sólo cinco años contaba con 4.000 combatientes más, y que tan sólo el año pasado desertaron de sus filas unos 2.500. Y ese comunicado fue emitido antes de que supieran del segundo golpe durísimo en dos semanas: la muerte de ‘Iván Ríos’ a manos de su propia gente para salvarse de una situación desesperada. Su eficacia terrorista ha disminuido marcadamente: Uribe, que accedió al poder en 2002 sobre la promesa de reducir a las FARC, y que aumentó la fuerza militar colombiana en 44%, ha logrado que la cantidad de secuestros disminuyera en 83% y los ataques terroristas en 76% para 2007”.

Es perfectamente posible, por tanto, que Chávez y las FARC se hayan acordado antes de las “sorprendentes” declaraciones del primero el pasado domingo. Si ahora las FARC siguieran la línea indicada por Chávez, parecerían configurar un resultado que éste pudiera capitalizar, presentándose como el artífice del fin de una guerra de más de cuatro décadas. No faltaría algún desprevenido diputado francés que propusiese su nombre para el Premio Nóbel de la Paz.

………

El segundo caso dramático de viraje de ciento ochenta grados es que haya derogado la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia publicada en gaceta el 28 del mes pasado. Al justificar su “rectificación” ha dicho que el Artículo 16 de la ley era “desastroso”. Una de dos, entonces: o promulgó a conciencia ese desastroso artículo o, quizás peor, firma y promulga leyes irresponsablemente sin saber lo que hace, como pareció decir al excusarse sobre responsabilidades de “asesores” que habrían desvirtuado el espíritu democrático de la ley.

Cuidado, sin embargo; como se explicó acá la semana pasada, es la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, vigente desde diciembre de 2002, la que establece la obligatoriedad ciudadana de suministrar información relativa a la seguridad, defensa y “desarrollo integral” de la Nación y el carácter penal del desacato. (Artículo 53: “Quedan obligadas todas las personas residentes o transeúntes en el territorio nacional a atender los requerimientos que le hicieren los organismos del Estado en aquellos asuntos relacionados con la seguridad y defensa de la Nación; su incumplimiento acarreará la aplicación de sanciones civiles, penales, administrativas y pecuniarias de acuerdo con lo previsto en el ordenamiento legal vigente”. Artículo 54: “Las personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras, así como los funcionarios públicos que tengan la obligación de suministrar los datos e informaciones a que se refiere la presente Ley y se negaren a ello, o que las dieren falsas, serán penados con prisión de dos (2) a cuatro (4) años, en el caso de los particulares; y de cuatro (4) a seis (6) años, en el caso de los funcionarios públicos”). Dicha ley, que sólo repite la obligatoriedad y la penalización introducidas en la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa de 1976, que sustituyó y derogó, continúa en plena vigencia, pues el decreto de recule no la deroga. (Mal podría, pues la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación fue aprobada en legislación ordinaria de la Asamblea Nacional. En fecha de su promulgación era Willian Lara el Presidente de la Asamblea Nacional, Rafael Simón Jiménez, hoy en día militante de Un Nuevo Tiempo, su Primer Vicepresidente y Noelí Pocaterra su Segunda Vicepresidente). El lunes 24 de noviembre, al siguiente día de las próximas elecciones estadales y municipales, pudiera emplearse la muy vigente ley para detener gente.

Mas, por ahora, será declarado sin lugar el recurso de nulidad introducido hace dos días, ante el Tribunal Supremo de Justicia, por Herman Escarrá contra la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia, puesto que ella ya no existe. Será interesante ver si el abogado Escarrá proseguirá su acción con un recurso similar contra la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, que es la verdadera raíz del problema, y tal vez lo sería preguntarle por qué no se opuso, en su momento, a la antigua ley de 1976.

………

Los psicólogos conductistas practicantes suelen rechazar afirmaciones genéricas de sus pacientes. Si algún niño declara en la consulta que su mamá no lo quiere, el psicólogo le pedirá que especifique instancias concretas que justifiquen tan general evaluación. (“No me deja oír la música como yo quiero”, “Me persigue para que me bañe”, “No le gustan mis amigos”, etcétera). Lo que procura el conductista es una descripción precisa de las conductas que causan la desazón del paciente. Sólo así, sostienen, será posible trazar una estrategia terapéutica eficaz.

Pareciera que el presidente Chávez hubiera consultado de nuevo a Edmundo Chirinos para preguntar por qué es que tanta gente no lo quiere. Chirinos, conductista, hubiera podido decirle que ciertas conductas concretas—el arrebatón contra RCTV, su apoyo a las FARC, la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia—explican lo que por él sienten muchos ciudadanos. Son casi innumerables los comportamientos específicos de Chávez que generan y acrecientan el rechazo a su persona. El que a hierro mata no puede morir a sombrerazos.

Y es que hay ya desde hace tiempo, incluso recientemente en una parte considerable de quienes votaron por él, la impresión firme de que el Presidente de la República adolece de serios problemas de carácter; que es pendenciero, que es insultante, que es arbitrario, que causa constante sobresalto en la población. Es quizá, entonces, no una conducta específica la razón del repudio, sino su general modo de ser. La terapéutica de los psicólogos conductistas habría sido excedida por su caso.

De ellos, no obstante, pudiera rescatarse otra prescripción típica: si se cuenta en una familia, como en casi todas, con una oveja negra que se porta malísimo, resulta de lo más recomendable reforzarla con estímulos positivos cuando quiera que pegue una y se porte bien. Así, recomendarían, habría que decir: “¡Muy bien, Hugo Rafael! ¡Qué bueno que derogaste la ley que nos tenía tan asustados!” “Te felicito, Hugo Rafael. Has puesto a las FARC en su sitio”. A lo mejor le coge el gusto a esta clase de elogio.

LEA

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