FS #8 – Imagen de Venezuela

Fichero

LEA, por favor

Los fragmentos que componen la Ficha Semanal #8 de doctorpolítico están entresacados del trabajo que llevó por nombre Visión de Venezuela, y fuera publicado en abril de 1994 en referéndum, publicación editada por el suscrito entre ese año y 1998. Forman parte de la sección inicial—Venezuela, municipio del planeta—y la final—Venezuela, nación de los venezolanos—de ese trabajo.

La sección intermedia del mismo—Venezuela, Estado de la Confederación Suramericana—abogaba por un modelo de integración política sudamericana, en una época en la que los grandes bloques—Estados Unidos, China, Rusia, la Comunidad Europea—son los actores determinantes del concierto planetario. Allí se exponía, por ejemplo:

«Resulta obvio que el modelo descrito corresponde a la estructura adoptada por los Estados Unidos de Norteamérica a partir de 1787, y lo que se propone entender es que, aun dentro de la interpretación más pesimista de la sociología latinoamericana, debemos ser capaces de hacer hoy lo que los norteamericanos pudieron efectuar hace más de doscientos años, sobre todo cuando tenemos por delante el precedente de esa unión norteña, a todas luces exitosa. Los norteamericanos, en cambio, no contaban con precedente alguno. Nosotros tenemos la ventaja de haber presenciado un experimento político que ya se ha prolongado por sobre los dos siglos de existencia… Es legítimo preguntarse por qué la integración política fue posible a los norteamericanos y no a nosotros, ni siquiera en la primera mitad del siglo XIX, cuando ya el experimento de los Estados Unidos llevaba varias décadas funcionando. La respuesta reside en que durante ese período la tecnología de las comunicaciones permaneció prácticamente inalterada, imponiendo una suerte de perímetro máximo a lo integrable. Los Estados Unidos que nacieron en 1776 no ocupaban el área que hoy poseen. En 1776 se reunieron trece colonias norteamericanas cuya superficie conjunta era de 888.000 kilómetros cuadrados. Es decir, una superficie inferior a la de Venezuela. Por esta razón era muy difícil mantener integrada la Gran Colombia, cuatro veces mayor que los Estados Unidos originarios, no digamos la América del Sur entera. Cuando Bolívar escribía una carta a Sucre, ordenándole que persiguiera y presentara batalla a determinado jefe realista, el «término de la distancia» se contaba muy frecuentemente en meses. Hubo casos cuando Bolívar impartió una orden de esa naturaleza en carta fechada cinco días después del fallecimiento del eventual contendiente de Sucre, circunstancia que Bolívar ignoraba en virtud de esa misma lentitud de las comunicaciones. Hoy en día las circunstancias han variado radicalmente, lo que permite que, por ejemplo, el estado de Hawai esté perfectamente integrado a los procesos políticos de sus 49 colegas continentales».

LEA

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Imagen de Venezuela

El periódico La Columna resurgió en Maracaibo en septiembre de 1989. Seis meses después era el diario que más circulaba en esa ciudad. Muchos factores tuvieron que ver con ese resultado, pero seguramente fue esencial para tan calurosa acogida que los que hicieron el periódico hubieran adoptado una imagen de sus lectores: que los lectores de Maracaibo eran personas inteligentes; que sus lectores eran ciudadanos del mundo. Ya no los habitantes sometidos al régimen de un poder central y lejano sino, conectados informativamente con el resto de la Tierra, habitantes con derecho en el mundo y con influencia y responsabilidad por su estado. El habitante de Maracaibo se dio cuenta de que verdaderamente era una parte del cerebro del mundo. En cuanto pudo entrever esa verdad, en cuanto pudo tener esa imagen de sí mismo, dio su decidido apoyo a quien también le entendía de ese modo.

El que cosas como ésa ocurran, y que ocurran acá en Venezuela, es muy importante para nosotros, pues el primero de los sentidos de la visión-objetivo que proponemos lleva a considerar a Venezuela como municipio del planeta.

Somos un municipio del planeta. El mundo está por constituirse políticamente. El substrato de esa nueva polis existe: la hipótesis de James Lovelock llega a pensar la Tierra como un ente viviente, como una sola célula. Una gigantesca célula cuyos organelos interdependen ecológicamente, cuyas regiones se comunican por satélites inventados por el hom-bre. Un organismo vivo que construye, intento por intento, lo que Yehezkel Dror llama la «mente central del mundo»: su gobierno.

Un gobierno planetario que como el sistema nervioso central de los animales superiores, el hombre incluido, regulará muy pocas de las actividades del conjunto. El desarrollo de la Tierra, en su mayor parte, no provendrá de las acciones de ese gobierno mundial, sino de las unidades locales. Y entre las unidades locales, las naciones del tamaño de la venezolana serán los municipios de la estructura política del planeta Tierra.

Un planeta que construye también una nueva versión, más comprensiva, de su conciencia. Que elabora con penoso esfuerzo los componentes de una nueva teoría del mundo, de una forma más desarrollada de funcionamiento político, hasta de una nueva percepción religiosa.

Se construye, poco a poco pero incesantemente, el cerebro del mundo. Las redes celulares y de computadores y telefacsímiles, CNN, Telemundo, los satélites, los servicios de medios múltiples, las fibras ópticas, van tendiendo los ganglios y los nervios, los núcleos cerebrales de esa mente central planetaria. Se construye un cerebro de la Tierra.

Una región del planeta puede ser maqueta para el conjunto. Como veremos más adelante, aun dentro de sí misma Venezuela puede potenciar las instancias asociativas en su aparato político. La imagen-objetivo de Venezuela como lúcido y anticipador municipio del planeta, en tanto campo de demostración de las ventajas del conocimiento como determinante político es perfectamente sostenible.

Francisco Nadales nació en Cumanacoa, Estado Sucre, Venezuela. Pudo completar solamente una educación primaria, lo que no le permitió mejor empleo que el de obrero no calificado de la industria de la construcción. Una vez fue puesto, sin otra preparación previa, delante de un moderno computador personal. La pantalla mostraba una hoja de cálculo electrónica, en la que en breves segundos postuló, bajo instrucciones, una operación algebraica. Cuando la pantalla titiló mostrando el resultado, una sonrisa tan amplia como su cara demostró su alegría profunda, y la extensión de su súbita comprensión fue expresada en su inmediato comentario: «¡Hay que ver que el hombre es bien inteligente!»

Francisco Nadales hablaba, claro, del hombre que había sido capaz de concebir, producir y ensamblar la intrincada maraña de circuitos y componentes del computador que tuvo ante sí; del que había sido capaz de generar y enhebrar las numerosas líneas del código de programa que le permitió usar el álgebra por primera vez. Pero esa referencia no habría bastado para ampliarle la sonrisa de aquel modo. Francisco Nadales estaba también hablando de sí mismo. Francisco Nadales era ese hombre bien inteligente y Venezuela puede contribuir significativamente a la constitución política de la Tierra.

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Cada cierto tiempo, una moda doctrinaria irrumpe en el ámbito de la gestión de organizaciones. Cada una deja su huella, como los estratos de una formación geológica puesta al descubierto. La organización científica del trabajo, los «T groups» del «sensitivity training» y el tema más general de la dinámica de grupos, la organización matricial, «the managerial grid», el desarrollo organizacional, la «teoría Z», la búsqueda de la «excelencia», la «calidad total». Cada tema domina la atención como panacea efímera por un breve lapso, durante el cual ingresan sumas considerables a los escritores de libros y manuales, a los conferencistas, a los asesores y a las empresas que se dedican al adiestramiento de personal ejecutivo. Más de una moda gerencial termina por la creación de departamentos completos dentro de las empresas y otras organizaciones.

Dado que en un grado significativo el manejo del gobierno requiere la aplicación de criterios y técnicas gerenciales, muchas de estas teorías de moda logran pasar al ámbito de la administración pública, Otras son formulaciones más ambiciosas, generadas dentro del campo más amplio de la economía.

Un caso de este último tipo lo constituyen las tesis de Michael E. Porter en «La ventaja competitiva de las naciones», la más reciente versión de la ya vieja teoría del darwinismo social y una modificación de la clásica explicación del desarrollo en términos de ventajas comparativas.

El énfasis de Porter en la competitividad—previamente a su obra más conocida Porter escribió Competitive Strategy en 1980 y Competitive Advantage en 1985—se ha difundido hasta el punto de convertirse en un credo de aceptación prácticamente universal, aunque en el fondo poco hay de nuevo en sus planteamientos generales.

Al mismo tiempo, no obstante, el mundo progresa en dirección de una planetización o «globalización» de las economías. En una decisión histórica, ciento diecisiete países han acordado ya aprobar el Acuerdo General de Tarifas y Comercio, mejor conocido como GATT, luego de siete años de discusiones de la llamada «Ronda Uruguay». El impacto de este hecho debe ser, en términos generales, enorme, y es previsible un efecto benéfico debido al aumento global del comercio mundial.

¿Está realmente preparada Venezuela para este nuevo período de la economía planetaria, en el que bajo los criterios de Porter todo país intentará competir con base en ventajas propias?

La noción de las ventajas comparativas ha sido empleada en Venezuela desde hace ya bastante tiempo para determinar la orientación de la política económica, principalmente en lo concerniente a la actividad del Estado como inversionista. No otra cosa es la actividad petrolera del Estado, o su impulso a la explotación y el procesamiento del hierro y el aluminio, basados en la disponibilidad de yacimientos y energía relativamente barata. En la teoría predominante en los estratos dirigentes de nuestra industria petrolera, ha sido dogma de fe la ventaja comparativa (y competitiva) que nos proporcionaría la cercanía a nuestros principales mercados de exportación.

Pero este dogma se ha visto duramente cuestionado por factores de tipo geopolítico, derivados en buena parte de la alianza saudita-kuwaití-norteamericana, sobre todo a partir de la guerra con Irak. Ya Venezuela no es más el país que más coloca petróleo en los Estados Unidos, pues el primer suplidor es ahora Arabia Saudita, a pesar de las distancias. Y el mismo día en que se anuncia una era de liberalización planetaria de barreras aduanales, se anuncia también la puesta en vigencia de restricciones a la importación de gasolina de procedencia venezolana a los Estados Unidos, por razones de tipo ambiental.

Un desplazamiento del foco sobre lo económico a un foco sobre lo político conduce, no obstante, a otro tipo de lectura. La planetización no es sólo económica; es también, y tal vez sobre todo, comunicacional y cultural y, por ende, política. Y he aquí que entonces resulta procedente reflexionar con detenimiento sobre lo que pueden ser nuestras ventajas para la cooperación: nuestras ventajas cooperativas.

El planeta va hacia la construcción de un nivel político de escala planetaria, a partir de las estructuras revisables de la Organización de las Naciones Unidas, impulsado por la consideración de realidades que trascienden fronteras nacionales y aun continentales, como son, por ejemplo, las de naturaleza ecológica. El mismo acuerdo del GATT ha creado una nueva organización global: la Organización Mundial del Comercio.

Venezuela tiene un cierto carácter nacional. Un carácter o personalidad que la marcan como actora constructiva en la próxima fase de planetización: la política. La construcción política del planeta requerirá de un grado muy considerable de cooperación y de un excedente neto de la cooperación sobre la competencia. Y he aquí que Venezuela, protagonista de una historia de desprendimiento político, generosa, a veces ingenua, más allá de cualquier ventaja competitiva que llame la atención de Michael Porter, es titular de muy señaladas ventajas cooperativas. Venezuela, que desdeñó establecer la dominación de buena parte de América del Sur, que ha cedido territorio en lugar de conquistarlo, que ha compartido riqueza y ha manifestado solidaridad sostenida con los pueblos de la Tierra, es un municipio del planeta que puede facilitar en mucho la feliz constitución de la polis del mundo.

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CS #99 – Asunto de Pueblo

Cartas

Es sólo muy recientemente que la «teoría de la complejidad», que incluye la llamada «teoría del caos», ha podido proporcionar un paradigma adecuado para la consideración del futuro social. Los primeros ejercicios analíticos de predicción eran fundamentalmente proyecciones en línea recta. (La estadística había proporcionado la herramienta de la «regresión lineal», mientras el «determinismo histórico» de las doctrinas marxistas contribuía a esa opinión de que el futuro era único e inevitable). Obviamente, sólo pocos fenómenos pueden ser adecuadamente descritos como una línea recta.

El reconocimiento de la multiplicidad del futuro llevó, más tarde, al desarrollo de la técnica de «escenarios» (principalmente por la Corporación RAND, en la década de los sesenta), en los que se exponía intencionalmente un conjunto de descripciones diferentes del futuro en cuestión. Sin embargo, aún la técnica de escenarios tiende a estar asociada con una percepción del problema en forma de «abanico» de porvenir, según la cual se presume una continuidad de la transición entre los distintos futuros, al desplazarse por el área continua del abanico. Este modo de ver las cosas supone, por tanto, una enorme cantidad de incertidumbre, pues los futuros serían, en el fondo, infinitos.

El formalismo matemático sobre el que se asienta la teoría de la complejidad, en cambio, permite describir el futuro como una estructura arborificada o ramificada, como una arquitectura discontinua en la que unos pocos futuros posibles actúan como cauces o «atractrices» por los que puede discurrir la evolución del presente. (Benoit Mandelbrot, investigador del Thomas Watson Research Center de la compañía IBM, presentó en 1982, en su libro The Fractal Geometry of Nature, la noción de «fractal»: en términos generales, una línea que exhibe «autosimilaridad», que se parece a sí misma. La matemática fractal reproduce, con ecuaciones de extrema simplicidad, estructuras ramificadas complejas, sea ésta el perímetro de un helecho o la forma del aparato circulatorio humano. Cuando los investigadores de fenómenos caóticos—el clima, la turbulencia de los líquidos, los ataques cardíacos, el pánico económico, etcétera—buscaban una herramienta analítica que les permitiera describir estos procesos, encontraron que la matemática fractal era justamente lo que necesitaban).

Incertidumbres de este tipo han llevado a la desesperante noción de que la predicción social es imposible. El hecho de que, por lo atrayente del nombre, se haya popularizado más la teoría del caos que la teoría de la complejidad que la engloba, ha contribuido aún más a la desesperanza. Pero esto es un conocimiento y una aplicación superficiales de tales teorías. Por una parte, aun los fenómenos caóticos transcurren por cauces que siguen un orden subyacente estricto. Por la otra, ya a niveles prácticos se ha tenido éxito en introducir estímulos que «sincronizan» procesos caóticos para hacerlos seguir trayectorias estables. En otras palabras, es posible dominar el caos. (Ver William L. Ditto y Louis M. Pecora, Mastering Chaos, Scientific American, agosto de 1993 y antes Elizabeth Corcoran, Ordering Chaos, Science and Business, Scientific American, agosto de 1991). Más aún, la proporción de caos dentro de los sistemas complejos es usualmente pequeña, y predomina en éstos un proceso opuesto y más poderoso de autorganización, especialmente en sistemas que, como el social, son capaces de intercambiar información. (Ver Stuart A. Kauffman, Antichaos and Adaptation, Scientific American, agosto de 1991).

Naturalmente, ciertos episodios caóticos pueden tener consecuencias lamentables en magnitudes enormes. Los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989, por ejemplo, son más fácilmente comprensibles si se les interpreta como un caso de proceso caótico, antes que como resultado de una acción subversiva intencional. En muchos sistemas físicos la transición de una fase ordenada a una fase caótica se produce al aumentar la magnitud de algún parámetro, la velocidad, por ejemplo. En el caso del más reciente crash del mercado de valores de Nueva York (octubre de 1987), ese parámetro ha podido ser la mayor velocidad de transmisión de datos que se había logrado luego de la completa computarización de las transacciones. El 27 de febrero de 1989 pudo observarse la propagación de la avalancha desde Guarenas, exacerbándose por la transmisión del evento a través de los medios de comunicación social, pero también a través de una cadena informal de transmisión de información: los mensajeros motorizados, que exhiben desde hace mucho una rápida solidaridad de conducta y que fueron propagando el descontento desde Guarenas a Petare, de allí a Chacaíto, a la estación del Metro en Bellas Artes, y así sucesivamente.

En contraposición a estas posibilidades caóticas, los sistemas sociales aprenden y se autorganizan. A pesar de la larga acumulación de tensiones sociales en el país, el apagón masivo del sistema eléctrico venezolano del 29 de octubre de 1993 no condujo a disturbios dignos de ser mencionados. Recordemos el episodio: era un día viernes, día de pago, y poco después de mediodía la energía eléctrica desapareció del país desde el Guri hasta San Cristóbal. Los bancos no tenían línea, los telecajeros no funcionaban, el Metro de Caracas estaba paralizado. Quienes vivían en Petare y trabajaban en Catia marcharon a pie hacia el este de la ciudad; quienes trabajaban en Petare y vivían en Catia atravesaron la ciudad como resignados peatones en sentido contrario para regresar, sin dinero, hasta sus casas… ¡y ni una sola piedra voló a romper una vitrina! La ciudadanía intuyó tal vez que los disturbios, de producirse, proporcionarían un pretexto para la toma del poder político por autoridades militares que depondrían al presidente Velásquez. (El Ministro de la Defensa de la época, el vicealmirante Radamés Muñoz León, llevaba semanas declarando agresivamente a los medios y sugiriendo desfachatadamente que muchas voces se le acercaban «urgiéndole» que interviniera). La comunicación telefónica sirvió esta vez para generalizar la impresión de que se estaba frente a la preparación de un golpe de Estado: la conciencia política lograda en años de sufrimiento social evadió la pretendida trampa.

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La teorización precedente viene muy al caso del próximo domingo 15 de agosto, puesto que ese día se producirá una descomunal acumulación de actos personalísimos del enjambre ciudadano de nuestra nación. Cerca de diez millones de personas, se estima, irán a definir el futuro de la república y, por ende, de sus propias vidas y las de sus seres más queridos. Nuestra impresión, y nuestra apuesta, es que a pesar de lo que las encuestas de opinión han registrado—la posibilidad de que Hugo Chávez permanezca en el poder—y a pesar de errores de la conducción opositora, la inteligencia colectiva de ese enorme enjambre operará como lo hizo en 1993 y procederá a restaurar la tranquilidad del país, que ha sido asediada cada día desde el 2 de febrero de 1999.

Los registros están allí. Alfredo Keller ha debido producir la explicación del «voto oculto»—que le hizo equivocarse en Nicaragua ante el inesperado triunfo de Violeta Chamorro sobre la dinastía Ortega—y Luis Vicente León (Datanálisis) ha cifrado su íntima esperanza en la capacidad de movilización de la alianza de oposición. Las encuestas no han servido para tranquilizar sino a los enchufados en el gobierno.

La intranquilidad alcanza al exterior de Venezuela. El Financial Times (Andy Webb-Vidal) especulaba el 6 de agosto que los Estados Unidos estarían «ablandando» su postura hacia Venezuela en la creencia de que Chávez saldría bien librado del referendo revocatorio. El Informe Stratfor del mismo día evaluaba terriblemente a la Coordinadora Democrática: «Por suerte para Chávez, si hay algo que la oposición venezolana ha demostrado es que es estratégicamente torpe, profundamente impopular y moralmente cuestionable». Y añadía: «Independientemente de cómo resulte el referéndum, esperamos que Chávez mantenga el poder…»

De nuevo, estas apreciaciones se basan en los estudios de opinión, pero además tal vez Stratfor tenga preferencias por «estrategias» perecistas u orteguianas. Poco antes de los acontecimientos de abril de 2002 Stratfor anticipaba una acción golpista.

Pero nadie puede negar el registro de las encuestadoras. ¿Pueden equivocarse las encuestas, aun las mejor y más profesionalmente hechas? No, no se equivocan si se les tiene como registro fiel de opiniones emitidas, pero están sujetas a error, a veces de los más gruesos, si se pretende con ellas hacer predicciones.

En 1948, la victoria de Harry S. Truman sobre la candidatura de Thomas Dewey en los Estados Unidos fue motivo de vergüenza para encuestadores como Gallup y Roper. Las encuestas «pronosticaban» un triunfo de Dewey por un margen que oscilaba entre 5 y 15 puntos porcentuales, y al final Truman ganó con una ventaja de 4,4 puntos. El archivo digital del Instituto Político Eagleton (Universidad del Estado de Nueva Jersey en Rutgers) expone: «Irónicamente, las mismas encuestas pueden haber ayudado con un impulso tardío de Truman para vencer a Dewey, cuando los reportes de prensa que señalaban la delantera de Dewey estimularon a los demócratas a montar unos últimos esfuerzos para aumentar la afluencia de votantes, e hicieron que los republicanos se excedieran en confianza respecto de su necesidad de llevar a sus propios votantes a las urnas».

No podemos, por tanto, ofrecer certidumbre. Lo que podemos certificar es nuestra fe en el pueblo venezolano, que el domingo que viene nos impartirá una de sus más grandes lecciones.

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LEA #99

LEA

Esta publicación no se ha caracterizado, precisamente, por su benevolencia hacia la central opositora de la Coordinadora Democrática. En múltiples ocasiones hemos hecho explícita nuestra crítica; en otras nuestra más sincera recomendación.

Hemos señalado que para ciertas evoluciones necesarias la organización pudiera estar genética o constitucionalmente impedida—porque es una organización de organizaciones en lugar de una organización de ciudadanos, porque aloja actores políticos convencionales que no han sido capaces de hacer metamorfosis y se conducen con arreglo a patrones que antaño produjeron grave deterioro político y permitieron la emergencia del chavoma, porque cometió graves y costosos errores estratégicos.

Pero no puede negarse verdades de bulto. Primero, como una vez apuntara Julio Borges, si la Coordinadora Democrática no existiese habría que inventarla, con lo que quería decir que esa central había aportado el inestimable servicio de asegurar una mínima coherencia en la conducción de la resistencia al chavismo. De no haber sido por ella esa oposición, extensamente fragmentada, se habría revelado enteramente ineficaz.

En segundo término, la Coordinadora ha permitido un inmenso esfuerzo logístico, sin el que los esfuerzos que superaron la tortuosa y criminal ruta marcada por el oficialismo del Consejo Nacional Electoral no hubieran sido posibles.

Para esta última tarea, por supuesto, el país ha sido bendecido con la madura, valiente y brillante presencia de Súmate, la que nos ha complacido notar y apoyar en más de una ocasión. La juventud y capacidad de su gente directiva es la mejor profecía de un futuro venezolano positivo.

Y ya que hablamos de juventud, sería mezquino desconocer el sereno y destacado aporte de los jóvenes ingenieros de Smartmatic que, superando la muy comprensible suspicacia de los venezolanos, han merecido el martes el reconocimiento de Francisco Diez en nombre del Centro Carter. Es un orgullo nacional que se hayan atrevido a vender y rendir su sobresaliente trabajo tecnológico—de clase mundial—en circunstancias tan difíciles.

Pero este hito democrático del 15 de agosto tiene detrás otros héroes incansables: nuestros profesionales de la comunicación y los medios donde trabajan, dos rectores específicos del CNE, la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, innumerables voluntarios de organizaciones no gubernamentales, los más capaces intelectuales del país, sus más agudos caricaturistas y humoristas, sus mejores artistas, sus empresarios y sindicalistas, sus dirigentes religiosos, los ciudadanos y ciudadanas de a pie… en fin, todo un país erguido ante el despotismo narcisista.

Independientemente del resultado del domingo, Venezuela tendrá motivo para sentirse orgullosa de sí misma.

LEA

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FS #7 – Democrático molino

Fichero

LEA, por favor

Leopoldo Mozart, el padre de Wolfgang Amadeus, hizo todo lo que estuvo en sus manos para fabricar un genio con las facultades de su excepcional hijo. Claro, estuvo advertido por las precoces señales de un niño que produjo su primera composición musical a los seis años de edad y compuso su primera ópera a los nueve. Antes había mostrado cómo podía sentarse en el clavecín o el piano de su casa y reproducir, de oído, una pieza que acabara de escuchar por vez primera en el órgano de una iglesia.

Hay, por tanto, padres que fabrican genios de sus hijos. Así lo hizo James Mill con el mayor de los suyos, John Stuart Mill. (1806-1873). El más sobresaliente de los pensadores liberales ingleses del siglo XIX, John Stuart Mill descolló por la penetración y claridad de su pensamiento. Su padre cultivó sus recursos mentales mediante implacable disciplina, al punto de que limitara las relaciones del hijo con jóvenes de su misma edad. Le obligó, por ejemplo, a comenzar su estudio de la lengua griega clásica cuando John apenas tenía tres años de edad. Cuando cumplía ocho años ya había leído todo Heródoto, seis diálogos de Platón y mucho de historia. Antes de los doce dominaba el álgebra y la geometría euclidiana, así como la poesía griega y latina y algo de la inglesa. A los trece años ya sabía lo suficiente como para merecer un título universitario. Después de estudiar en Francia botánica, francés y matemáticas avanzadas, asumió el aprendizaje del derecho.

Entre 1836, cuando falleció su padre, y 1856, Mill trabajó en India House. Era en horas extras cuando podía escapar a la burocrática tarea y desplegar su poderoso intelecto sobre la ética, la lógica, la economía y, por encima de todo, la filosofía política.

Entre sus obras más importantes debe tenerse, sin duda, a sus Consideraciones sobre el gobierno representativo. (1861). Allí escribe lecciones tan diáfanas y veraces como la siguiente: «Si nos preguntamos qué es lo que causa y condiciona el buen gobierno en todos sus sentidos, desde el más humilde hasta el más exaltado, encontraremos que la causa principal entre todas, aquella que trasciende a todas las demás, no es otra cosa que las cualidades de los seres humanos que componen la sociedad sobre la que el gobierno es ejercido… Siendo, por tanto, el primer elemento del buen gobierno la virtud y la inteligencia de los seres humanos que componen la comunidad, el punto de excelencia más importante que cualquier forma de gobierno puede poseer es promover la virtud y la inteligencia del pueblo mismo… Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan».

La Ficha Semanal #7 de doctorpolítico reproduce fragmentos de este gran ensayo consagrado a la democracia. El primero y más breve de ellos está tomado del Capítulo Primero (Hasta qué punto las formas de gobierno son asunto de elección); los restantes del Capítulo Tercero (Que la forma ideal de gobierno es el gobierno representativo).

Son oportunas las luminosas palabras de este inglés excepcional, que nació en Londres de padre escocés y terminó sus días en Aviñón, ante la inminente expresión de la voluntad, el próximo domingo 15 de agosto, del Pueblo Soberano de Venezuela.

LEA

Democrático molino

Un pueblo puede preferir un gobierno libre, pero si, por indolencia, descuido, cobardía o falta de espíritu público, se muestra incapaz de los trabajos necesarios para preservarlo; si no pelea por él cuando es directamente atacado; si puede ser engañado por los artificios empleados para robárselo; si por desmoralización momentánea, o pánico temporal, o un arranque de entusiasmo por un individuo, ese pueblo puede ser inducido a entregar sus libertades a los pies de incluso un gran hombre, o le confía poderes que le permiten subvertir sus instituciones; en todos estos casos es más o menos incapaz de libertad: y aunque pueda serle beneficioso tenerlo así sea por corto tiempo, es improbable que lo disfrute por mucho.

……..

Por mucho tiempo (tal vez a lo largo de toda la duración de la libertad británica) ha sido conseja común que, si pudiera asegurarse un buen déspota, una monarquía despótica sería la mejor forma de gobierno. Considero esto una falsa concepción, radical y muy perniciosa, acerca de lo que es el buen gobierno; la que, hasta que podamos desembarazarnos de ella, viciará fatalmente todas nuestras especulaciones sobre el gobierno.

La suposición es la de que el poder absoluto, en las manos de un individuo eminente, aseguraría un desempeño virtuoso e inteligente de todos los deberes del gobierno. Se establecerían y mantendrían en vigor buenas leyes, las leyes malas serían reformadas; los mejores hombres serían colocados en todas las situaciones de confianza; la justicia sería tan bien administrada, las cargas públicas serían tan livianas y tan juiciosamente impuestas, toda rama de la administración sería tan pura e inteligentemente conducida, como las circunstancias del país y su grado de cultivo intelectual y moral lo admitiesen. Estoy dispuesto, para fines de esta discusión, a conceder todo esto; pero debo señalar cuán grande la concesión es; cuánto más se necesita para producir incluso una aproximación a estos resultados que lo que es dado a entender por la simple expresión de un buen déspota. Su realización implicaría, de hecho, no meramente un buen monarca, sino uno que pudiera verlo todo. Tendría que estar en todo momento informado correctamente, en considerable detalle, de la conducta y funcionamiento de toda rama de la administración, en todo distrito del país, y tendría que ser capaz, en las veinticuatro horas diarias que es todo lo que se concede tanto a un rey como al más humilde trabajador, de dar una eficaz cuota de atención y superintendencia a todas las partes de este vasto campo; o al menos tendría que ser capaz de discernir y escoger, entre la masa de sus súbditos, no sólo una gran abundancia de hombres honestos y capaces, aptos para conducir cada rama de la administración pública bajo supervisión y control, sino también el pequeño número de hombres de eminente virtud y talento a quienes pudiera confiarse que prescindiesen de tal supervisión sobre ellos, para que la ejerciesen ellos mismos sobre otros. Tan extraordinarias serían las facultades y energías requeridas para desempeñar esta tarea en alguna forma soportable, que difícilmente podemos imaginar que el buen déspota que estamos suponiendo consintiera en emp! renderla , a menos que fuese como refugio de males intolerables y preparación transeúnte para algo que viniera después. Pero el argumento puede prescindir de incluso este ítem de la contabilidad. Supongamos que la dificultad fuese vencida. ¿Qué tendríamos entonces? Un hombre de actividad mental sobrehumana manejando todos los asuntos de un pueblo mentalmente pasivo. Su pasividad está implícita en la idea misma de poder absoluto. La nación como conjunto, y todo individuo que la compusiera, estaría sin voz potencial alguna sobre su propio destino. No ejercitarían ninguna voluntad respecto de sus intereses colectivos, Todo estaría decidido por ellos por una voluntad que no es la suya, que sería legalmente un crimen que desobedecieran.

¿Qué clase de seres humanos pudiera formarse bajo un régimen tal? ¿Qué desarrollo pudieran lograr bien fueran su pensamiento o sus facultades activas bajo él? Puede que en asuntos de teoría pura se les permitiera especular, hasta donde sus especulaciones no se acerquen a la política ni tengan la más remota conexión con su práctica. Puede que se tolerase a lo sumo que hicieran sugerencias en asuntos prácticos; y aun bajo el más moderado de los déspotas nadie que no fuese persona de superioridad ya admitida o reputada pudiera esperar que sus sugerencias se conocieran, mucho menos tomadas en cuenta, por aquellos que tuviesen la gestión de los asuntos. Una persona debe tener un gusto muy inusual por el ejercicio intelectual en sí mismo para someterse a la molestia de pensar si no va a tener efecto externo alguno, o de calificar para funciones que no tiene ninguna probabilidad de que le sea permitido ejercerlas.

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Ni es solamente su inteligencia lo que sufrirá. Sus capacidades morales estarán igualmente impedidas de crecimiento. Doquiera que la esfera de acción de los seres humanos es artificialmente circunscrita, sus sentimientos se estrechan y empequeñecen en la misma proporción. El alimento del sentimiento es la acción: incluso el afecto doméstico vive de los buenos oficios que sean voluntarios. Que una persona no tenga nada que ver con su país y no se preocupará por él. De antaño se ha dicho que en un despotismo hay a lo sumo un solo patriota, el mismo déspota; y este dicho descansa sobre una justa apreciación de los efectos de la sujeción absoluta, aun a un amo bueno y sabio.

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Un buen despotismo significa un gobierno en el que, hasta tanto dependa del déspota, no haya positiva opresión por parte de los funcionarios del Estado, pero en el que todos los intereses colectivos del pueblo son manejados por otros, en el que todo pensamiento que guarde relación con los intereses colectivos sea hecho por otros, y en el que las mentes sean formadas, de modo consentido, por esta abdicación de sus propias energías. El dejar las cosas al gobierno, como dejarlas a la Providencia, es sinónimo de no preocuparse en nada por ellas, y aceptar sus resultados, cuando sean desagradables, como visitaciones de la Naturaleza. Con excepción, por tanto, de unos pocos hombres estudiosos que tengan un interés intelectual en la especulación por sí misma, la inteligencia y los sentimientos del pueblo entero estarán dados a los intereses materiales, y cuando estos hayan sido atendidos, a la diversión y adorno de la vida privada. Pero decir esto es decir, si es que vale para algo todo el testimonio de la historia, que ha llegado la era de la decadencia nacional: esto es, si es que la nación ha logrado alguna vez algo desde lo que pudiera decaer.

John Stuart Mill

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CS #98 – Pesadilla en octubre

Cartas

El 18 de octubre de 2004 Jorge Rodríguez anuncia al país los resultados de las elecciones presidenciales del día anterior: primer lugar, Enrique Mendoza, con 36% de los sufragios; segundo lugar. Alí Rodríguez con 27%; último lugar, Henrique Salas Roemer con 14%. Los votos nulos suman 23%. Según la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sentenciará que debe procederse a nuevas elecciones. Artículo 228: La elección del Presidente o Presidenta de la República se hará por votación universal, directa y secreta, de conformidad con la ley. Se proclamará electo o electa el candidato o la candidata que hubiere obtenido la mayoría de votos válidos. Esto es, que a diferencia del texto de 1961, que prescribía que se proclamará electo al candidato que obtenga mayoría relativa de votos, la constitución vigente parece exigir mayoría absoluta del ganador, y el Sr. Mendoza sólo obtuvo una mayoría relativa. Ergo, hay que repetir elecciones.

Las cuentas son así: los votos válidos correspondieron al 77% de los votos emitidos, siendo que los votos nulos ascendieron a 23%. El Sr. Mendoza, por tanto, ha recibido el 47% de los votos válidos, lo que es insuficiente, dado que esa cantidad no es la «mayoría de votos válidos». (Rodríguez 35%, Salas 18%. En materia de representatividad, ya que a diferencia del referendo revocatorio—abstención de 35%—a las elecciones del 17 de octubre de 2004 dejó de asistir el 44% de los electores, el Sr. Mendoza recibió el beneplácito de 24% de ellos, Rodríguez 18% y Salas Roemer 9%).

Entonces ocurre que esta vez ocurren nada más que Mendoza y Rodríguez (no Eugenio Antonio) a las nuevas elecciones. Y esta vez llega Alí Rodríguez de primero, con 50,5% de los votos válidos frente a, obviamente, 49,5% para el segundo: el Sr. Mendoza. Y es que ahora las cuentas revelan que los votos nulos crecieron a 39%, mientras que Rodríguez ganó 4 puntos respecto de la votación anterior a su favor para 31%, y el Sr. Mendoza perdió 6 puntos para 30% de los votos emitidos. Pero es que también aumentó la abstención considerablemente, casi en diez puntos, para 53% de electores que se quedaron en casa. Rodríguez fue apoyado por el 15% de los electores; el 14% soportó al Sr. Mendoza. ¿Qué fuerza tendría un presidente Rodríguez con sólo 15% de apoyo?

Argentina pasó por una turbulencia de media docena de presidentes desde la caída de De La Rúa. ¿Nos espera una turbulencia similar?

Pero es que puede ocurrir una cosa totalmente dispar. Más bien, la ficción política puede concebir un escenario más diabólico aún. Que cuando el Sr. Mendoza llegue de primero en las primeras elecciones el prototribunal supremo del CNE se niegue a proclamarlo presidente electo y, mientras continúa en la presidencia Rangel (o un Diosdado designado Vicepresidente el viernes 13 de agosto), la panteónica Sala Constitucional diga que como la Constitución no prevé nada al respecto, y ya ha pasado, en 27 de enero de 2005, bastante más que el 19 de agosto de 2004, fecha corte de criterios respecto de la sucesión, el espíritu constituyente del 99 era que de no haberse dilucidado el punto de un sucesor del presidente faltante cuando restaran menos de dos años para el término del período, el Vicepresidente en funciones debe completarlo.

La ficción política puede, ciertamente, imaginar trayectorias de ese tipo. No hemos traído esas pesadillas a colación para afirmar que sean probables, sino para saber que son posibles y pensarlas. Son, en este sentido, de utilidad heurística, propias para el descubrimiento o la invención.

Porque es que la interpretación perfectamente posible del 228 constitucional es la que hemos expuesto, según nos hiciera notar Ramón Adolfo Illarramendi, ex Embajador ante Jamaica en el primer gobierno de Caldera, director de una oficina de análisis para la Presidencia de la República en su segundo turno, abogado de largo conocimiento de los predios institucionales de Washington. Es también quien me hiciera notar el mecanismo de run-off elections, referido en el número 91 de esta publicación. Ramón Adolfo tuvo la amabilidad de enviarnos copia de comunicación que remitiera al Presidente y demás Miembros del Consejo Nacional Electoral y nos autorizó a citarle.

Esta es su carta a Francisco Carrasquero y sus co-rectores:

Ramón Adolfo Illarramendi

Abogado y Doctor en Derecho

Inscrito en Impreabogado con el N° 143

29 de julio de 2004

Ciudadano Doctor

Francisco Carrasquero, Presidente, y demás

Rectores miembros del Directorio del

Consejo Nacional Electoral (CNE)

Su Despacho

Caracas, Venezuela

Estimados Señores:

Esta comunicación tiene el propósito de llamar su atención y de exigirles la aplicación inmediata y plena a los eventuales procesos electorales venideros, de la norma contenida en el artículo 228 de la Constitución Nacional.

«Artículo 228. La elección del Presidente o Presidenta de la República se hará por votación universal, directa y secreta, de conformidad con la ley. Se proclamará electo o electa el candidato o la candidata que hubiere obtenido la mayoría de votos válidos»

Siendo la norma transcrita de rango constitucional, por supuesto que no admite contradicción por cualquiera otra normativa de rango inferior, en tal virtud debe aplicarse sin recurso alguno. El CNE es el órgano idóneo para hacerlo y está obligado a ello.

Ahora bien, siendo «la mayoría» una expresión gramatical unívoca, equivalente a decir «la mitad más uno» de los votos válidos, debe preverse y regularse la manera como se alcanzará esa «mayoría» a favor de uno o una de los candidatos o candidatas que concurran a eventuales elecciones previstas por nuestra legislación, en caso de que sean más de dos y que no obtenga el más favorecido de entre ellos o ellas más del 50% de los sufragios.

En muchos países del mundo, particularmente en la América Latina, se ha popularizado el sistema de balotaje o doble elección comúnmente conocido como «la doble vuelta». Muchas constituciones y leyes electorales lo consagran. Entre otros ejemplos pueden citarse a Brasil, Argentina, Perú, Ecuador y Colombia además de Francia. En otros países e instituciones se usa con éxito y con creciente popularidad una variante que produce los mismos efectos sin intervalos entre ambas fases o «vueltas» del proceso pues se elimina la segunda votación. Este sistema es el del balotaje instantáneo, o doble vuelta instantánea (instant Run-off), que es usado en Australia, en Irlanda, en California (la ciudad de San Francisco) y en primarias partidistas en el Estado de Utah de los Estados Unidos.

En Venezuela es insoslayable atender de inmediato esta exigencia constitucional.

Así lo solicito de Ustedes con todo respeto, en mi carácter de ciudadano venezolano por nacimiento, casado, de mayor edad, con domicilio en la ciudad de Caracas (Municipio Chacao del Estado Miranda), titular de la Cédula de Identidad Personal N° 1.856.902, y en mi carácter además, de Elector hábil para elegir y para ser electo, debidamente inscrito en el Registro Electoral Permanente (REP) que lleva ese máximo organismo electoral.

Ruego que me sea acusado el recibo de esta comunicación y, en tiempo oportuno, los resultados de la pronta decisión que Ustedes se sirvan tomar sobre las exigencias que la misma contiene. Dicha decisión sin dilaciones interesa gravemente tanto al Orden Público como al ejercicio de mis derechos personales y ciudadanos.

Es Justicia. Juro la Urgencia.

Ramón Adolfo Illarramendi

Naturalmente, una cosa de tal monta requerirá, impepinablemente, la decisión de la ínclita Sala Constitucional sobre recurso de interpretación que se interponga ante ella. Especialmente si en el caso de las únicas elecciones posteriores a la promulgación de la constitución vigente—julio de 2000—no hubo necesidad de preguntar por la aplicabilidad del artículo 228, dado que el Sr. Chávez Frías obtuvo el 59,76% de los votos válidos.

La composición de las autoridades del Tribunal Supremo de Justicia debió rehacerse en diciembre de 2002. Se suponía la existencia de un pacto entre Iván Rincón y Franklin Arriechi para que este último sucediera al primero. En agosto de 2004 Rincón sigue al frente del tribunal y Arriechi ha sido defenestrado.

Desde comienzos de 2000—cuando terminó sus funciones la instancia constituyente—hasta fines de 2003, no se puso remedio a la provisionalidad del Consejo Nacional Electoral que terminaría presidiendo, heroica pero ineficazmente, nuestro invalorable amigo Alfredo Avella Guevara.

El gobierno ha sabido valerse de la arbitraria e interesada interpretación de cuanto artículo u ordinal esté escrito en constituciones, leyes, reglamentos e instructivos para impedir a la oposición. En esto se comporta como la piraña, que muerde en todo resquicio. ¿Puede uno creer que respecto de la aparente regla de la mayoría absoluta del 228 la dirección política del chavismo ha estado totalmente distraída? ¿O más bien tenemos que pensar que tan inocente redacción está puesta allí adrede?

LEA

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