Según la creenciacristiana, puede decirse de Jesús de Nazaret que nació en Belén y murió y volvió a nacer en Jerusalén. Una particular conjetura arreligiosa explicaría su presencia en la tierra, luego de su crucifixión, como la improbable pero no imposible recuperación de un evento tan traumático como ése. (De clases de religión, en el colegio católico en el que estudié hasta egresar como bachiller en 1959, recuerdo que algún profesor explicaba que a gente como los discípulos de Emaús le costaba reconocerlo por su demacrado aspecto). En todo caso, son las ocasiones de su nacimiento y su postulada resurrección las fechas cumbre de su presencia terrestre.
Hay menos controversia respecto del tiempo de su ajusticiamiento político en criminal connivencia judeo-romana; en cuanto a su nacimiento, nadie menos que el Papa Emérito, Benedicto XVI, ha sostenido que posiblemente Jesús nació antes de lo que tradicionalmente se cree. En la última parte de la trilogía—Jesús de Nazaret – Las narrativas de su infancia (desde su concepción hasta su presentación en el templo al cumplir doce años)—que escribiera sobre su vida, Ratzinger sostiene que si fuese cierto, como sostiene Mateo, que Jesús nació mientras Herodes el Grande era Rey de Judea las fechas no cuadran, pues éste habría muerto entonces cuatro años antes de Jesucristo.
Portada de la edición que tengo de Principios de Orquestación de Rimsky Korsakov
Un famoso compositor ruso miembro de Los Cinco, Nikolai Andreievich (Nicolás hijo de Andrés) Rimsky Korsakov, tal vez el más dotado de los orquestadores en la historia de la música, creó dos obras centradas en ambas fechas. Primeramente, compuso ente 1894 y 1895 la ópera Noche de Navidad, basada en un cuento homónimo de su tocayo Nikolai Gogol. He aquí la suite que sacara de esa obra por la Orquesta Nacional de Escocia, conducida por el competente director estonio Neeme Järvi. Consta de cuatro movimientos: 1. Introducción, 2. Cuadros VI y VII, 3. Polonesa y 4. Cuadro VIII.
Noche de Navidad (Suite)
Es composición anterior (1887-88) y mucho más famosa su Obertura Festival de la Pascua Rusa – Obertura sobre temas litúrgicos, más conocida como Obertura de la Gran Pascua Rusa. En esta versión escuchamos a la Orquesta Anima Eterna bajo la dirección de Jos van Immerseel.
Gran Pascua Rusa.
N. A. Rimsky Korsakov
Un solo músico, pues, musicalizó la Pascua de Navidad y la Pascua de Resurrección, los dos nacimientos de Jesús de Nazaret. ¿No decimos de quien se salvó de una muerte segura que «volvió a nacer»? LEA
Cubierta de Las élites culposas – Diseño de Aitor Muñoz Espinoza (clic para ampliar)
En el #64 (año 6, noviembre de 2012) de la añorada revista El Librero, que se obtenía gratuitamente en librerías, fue publicada una entrevista que me hiciera el admirable periodista Rafael Osío Cabrices. Es la que rescato hoy de los archivos con mi eterno agradecimiento a él y a la publicación, editada por Sergio Dahbar.
LANZAMIENTOS >> Las élites culposas, memorias imprudentes
“PREFIERO SER BRUJO DE LA TRIBU QUE BRUJO DEL CACIQUE”
Sociólogo, periodista, en suma científico social, en su nuevo libro Luis Enrique Alcalá mira al pasado, el presente y el futuro de Venezuela con una crítica feroz pero argumentada, en la que no se salvan ni políticos ni antipolíticos
>>Rafael Osío Cabrices >>
Imagen de Mauricio J. Villahermosa. (Clic amplía). El pie de foto ponía: «Alcalá piensa que los nuevos políticos deben reemplazar la ideología por la metodología. (Musiú, por su parte, se reserva su opinión)».
Luis Enrique Alcalá (Caracas, 1943) es un hombre con una denuncia. La tragedia de la política venezolana, dice al final de su libro Las élites culposas (editado en Libros Marcados, con una foto en la tapa en la que María Corina Machado saluda a Hugo Chávez), consiste en que el país «sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz”.
También es un hombre con una misión. En el mismo libro expresa, pocas líneas más adelante, que “el mal no dura un siglo” y que “es de esperar que el pueblo venezolano aprenda de estos años terribles, tal como los alemanes—hoy la nación más sólida de Europa y no sólo económicamente—pudieron aprender de una de las dictaduras más espantosas que ha sufrido alguna parte de la humanidad. Pero no puede dejarse esto al azar. Es preciso educar al Pueblo, es necesario elevar su cultura política. Es ineludible hacer una política responsable y seria, que abreve de las más modernas nociones aportadas por la ciencia. Es urgente identificar y ayudar a liderazgos más modernos y clínicos. Es imperioso acercar recursos a cabezas nuevas que tienen otro enfoque de la tarea política, que discurren acerca de las implicaciones concretas de la vocación política desde nuevos paradigmas”.
Sociólogo de la UCAB, en principio, Alcalá tiene un extenso currículum que lo ha llevado a distintas funciones en la administración privada y pública, y a otras más en el periodismo, como la de editor del diario La Columna y editor jefe de El Diario de Caracas, entre otras. En su nuevo libro, que subtitula Memorias imprudentes a sabiendas de que lo que cuenta será desagradable para unos cuantos, organiza su visión de lo que nos ha pasado y elabora su tesis de que nuestras distintas élites—que él agrega que se han transformado con la llegada de Chávez y los suyos—han fallado en conducir adecuadamente al país porque lo que tienen en la cabeza no sirve en la realidad del presente.
Con tres presentaciones, de Victoria de Stefano, José Rafael Revenga y el ex presidente Ramón J. Velásquez, Las élites culposas rebosa de citas, de argumentos y de una escritura cuidadosa y vehemente. Alcalá revisa varios momentos pivotales en la historia contemporánea venezolana y sus propias observaciones sobre el país que publicó entonces. Sus muchas advertencias sobre el mal rumbo que llevaba—que lleva—Venezuela, desoídas todas ellas, como las de otros. Por ejemplo, sus profecías sobre un próximo golpe de Estado en su libro Krisis, en 1987. *
Es que éste es un país diferente al de 1958 y al de 1998, en verdad. Mucho más indescifrable. “En 1991”—contó a El Librero en su casa de Caracas—, “Adán Celis, un hombre del grupo Mendoza que fue Presidente de Fedecámaras, me dijo que el país se había vuelto muy complicado, que antes uno levantaba el teléfono, hablaba con Rafael Caldera y luego con Gonzalo Barrios, y listo. El país de antes era mucho más simple. En 1958, la Caracas que se le alzó a Pérez Jiménez tenía no más de 800.000 personas. En esa época, en ese pequeño país, todavía había relativa lucidez en las élites venezolanas: en 1962, el año del Porteñazo, Eugenio Mendoza lanzó en una asamblea de Fedecámaras en Mérida la idea del Dividendo Voluntario para la Comunidad, una iniciativa de responsabilidad social empresarial que empezó en Venezuela tres décadas antes de que se hablara de eso en esta región. Cuando un personaje cuyo nombre no mencionaré le propuso al empresariado organizar paramilitares para combatir a la guerrilla, Pedro Tinoco le dijo que el empresariado lo que tenía que hacer era ayudar a fortalecer la democracia para quitarle piso político a la extrema izquierda. Hasta que el chorro de ingreso petrolero de 1974 hizo creer al Estado que ya no necesitaba al sector privado y empezó a hacer todo por su cuenta”.
Alcalá brinda en la conversación algunos de los matices que no faltan tampoco en su libro. “Sería muy injusto decir sobre las élites criollas que su crisis no forma parte de una crisis global del oficio político mismo, de lo que se ha entendido como política”. Llama por eso a las élites “culposas”, no “culpables”. Alcalá dice que aquí todos, chavistas y no chavistas, están “esclerosados en sus paradigmas” y siguen creyendo que la política era lo que creían que era. “Siguen viéndola de manera newtoniana, mecanicista. Creen que la política es una ciencia deductiva. No la miran con la complejidad con que deben hacerlo. Mientras hay mucha inteligencia en las clases D y E de la población venezolana, donde está el 71% de los internautas del país. Hay una gran vocación de modernidad en el barrio venezolano. No se puede pensar que ahí votan sólo con la barriga”.
Luego de los resultados de las elecciones del 7 de octubre de 2012, Alcalá piensa en ampliar su libro con un capítulo adicional. Pero adelanta algunas de sus notas sobre el presente. “Aquí, la oposición sigue viéndose como oposición y es tan representativa de la vieja política como lo es Chávez, por su apego a la tan vencida Realpolitik como por su carga ideológica. En Capriles el tema ideológico aparece muy rara vez y él dice que no cree en el dilema izquierda versus derecha, pero igual pertenece a un partido que, como todos los demás, hizo un congreso ideológico, y en el fondo, como todos nuestros políticos, cree que puede tener el derecho de ser el jefe del pueblo y administrar el Estado petrolero”.
Respira en él una frustración que uno respira en muchos otros autores venezolanos y latinoamericanos sobre la frecuente derrota ante los jefazos, ante los que insisten en que a esta sociedad lo que le gusta es que la manden y punto, al margen de que la despojen de buena parte de lo que es suyo. “Pero la Humanidad es así aquí y en Japón. Basta leer un poco de Historia para darse cuenta de que lo que pasa aquí pasa en todas partes y en todas las épocas. Sin embargo, hay que llevar eso con filosofía, evitar neurotizarse. Yo opté por mirar la política y escribir y hablar sobre ella desde un ángulo médico, desde la figura de la política clínica. Me interesa estar entre los brujos de la tribu, no entre los brujos del cacique. ** Siento que debo empaquetar mi política clínica para gente con vocación pública, para la nueva generación de líderes, y en ese sentido va un taller que ofreceré próximamente. La propuesta: sustituir la ideología por la metodología”.
Alcalá cierra la entrevista con la misma propuesta con la que cierra el libro. Él se ofrece a formar: “Un político debe ser un profesional del arte de responder a problemas de carácter público, cosa que debe hacerse con seriedad y con un código de ética. La tarea profunda es quitarle las mentiras al electorado. Practicar la enseñanza política. Que la gente aprenda a que no le caigan a cobas, cobas además elaboradísimas, que son toda una estructura. Es lo que intento hacer con mi programa en RCR, con mi blog (doctorpolitico.com) y con mis libros: compartir un manual de ciudadanía”. ❡
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* En verdad, no fue en mis Memorias prematuras—publicadas en 1986—donde anticipé el golpe de Chávez; en mis Memorias imprudentes, pretexto de la conversación con Osío Cabrices, consta: “En Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela (septiembre de 1987), había escrito: ‘…el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable’”. Una nota al pie comenta: “La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar”.
También se lee en las imprudentes acerca de una premonición más próxima:
…el 21 de julio de 1991, El Diario de Caracas había publicado un artículo mío—Salida de estadista—, en el que recomendaba la renuncia del presidente Pérez como modo de eludir, justamente, lo que estaba ocurriendo a pocas centenas de metros de mi casa. Allí puse: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal”.
** Es probable que los hombres de pensamiento que se dediquen a la formulación de políticas se entiendan más como “brujos de la tribu” que como “brujos del cacique”. Esto es, se reservarán el derecho de comunicar los tratamientos que conciban a los Electores, sobre todo cuando las situaciones públicas sean graves y los jefes se resistan a aceptar sus recomendaciones. Pero también es probable que en algunos pocos casos algunos brujos lleguen a ejercer como caciques. En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate. (De héroes y de sabios, referéndum #26, 17 de junio de 1998).
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Que tenga Ud., amable lector, en unión con su gente, una Feliz Navidad. (Dentro de lo petroposible). LEA
Hace exactamente diez años de la despedida de Rafael Caldera de este mundo de los vivos, y lo recuerda la mayoría de los venezolanos con agradecimiento. Alguien complicado en actividades subversivas esperó cobardemente hasta el fin de su segundo período presidencial para atreverse a atacarlo, en despreciable artículo del 9 de diciembre de 1998 en el que afirmaba: “el juicio de la historia será muy duro con la ya triste figura de Caldera”. A mi vez, escribí poco más tarde (18 de diciembre) Tiempo de desagravio en El Diario de Caracas. Allí puse entre otras cosas:
Personalmente no creo que tenga que agradecer nada del otro mundo a Caldera. De hecho, en los últimos años transcurrió entre ambos alguna corriente de velados disgustos mutuos. Por eso todo lo que tenga que agradecerle es a título de ciudadano. Acá creo sinceramente, y a pesar de que en mi personal evaluación pudiera tener razones de insatisfacción con él, que en tanto ciudadano tengo que agradecerle bastante. Creo que los ciudadanos de la República de Venezuela tenemos que agradecer mucho a Rafael Caldera.
Se ha celebrado como “justicia histórica” que Rafael Caldera haya sido el Presidente de la República al momento del deceso del Pacto de Punto Fijo. Hoy en día, cuando algunas de las previsiones de este pacto—como la de elegir a un miembro del partido del Presidente Electo como Presidente del Congreso—se han repetido, no es tan claro que Punto Fijo haya muerto, por lo menos no totalmente. Si bien puede hablarse en Venezuela de un deterioro de las élites como causa última del fenómeno chavista, en los comienzos de nuestra democracia sus “componendas” se dieron entre los mejores hombres públicos del país, que asentaron bases democráticas tan firmes que han soportado eventos tan poderosos como el Caracazo, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, la deposición constitucional de Carlos Andrés Pérez y la elección de Hugo Chávez Frías. Yo no creo, como se ha dicho, que “el juicio de la historia será muy duro con la ya triste figura de Caldera”. Ni siquiera creo que Caldera exhibe una triste figura; creo que exhibe una figura dignísima. Y creo también que el juicio de la historia le será favorable en general, con una dosis variable de crítica ante algunos de sus procedimientos y algunas de sus decisiones.
Se ha repetido hasta el punto de convertirlo en artículo de fe que Rafael Caldera fue elegido por segunda vez Presidente de la República por el discurso que hizo en el Congreso en horas de la tarde del 4 de febrero de 1992.* Esto es una tontería. Caldera hubiera ganado las elecciones de 1993 de todas formas. Sin dejar de reconocer que ese discurso tuvo, en su momento, un considerable impacto, Caldera hubiera ganado las elecciones porque representaba un ensayo distanciado de los partidos tradicionales cuando el rechazo a éstos era ya prácticamente universal en Venezuela y porque venía de manifestar tenazmente una postura de centro izquierda frente al imperio de una insolente moda de derecha.
De mediados de 1991 data una encuesta que distribuía la intención de voto entre los precandidatos de aquellos días de modo casi totalmente homogéneo. Rafael Caldera, Luis Piñerúa, Eduardo Fernández, Andrés Velázquez, absorbían cada uno alrededor del 20% de la intención de voto (con pequeña ventaja para Caldera) y un restante 20% no estaba definido o no contestaba. Se trataba de una distribución uniforme, indiferente, que a la postre iba a desaguar por el cauce calderista por las razones anotadas más arriba. Las elecciones de 1993 contuvieron dos ofertas sesgadas a la derecha en lo económico, la de Álvarez Paz y la de Fermín, y dos sesgadas a la izquierda, la de Velázquez y la de Caldera. Con este último ganó, si se quiere, una izquierda sosegada, puesto que los candidatos furibundos eran claramente Álvarez Paz y Velázquez, que llegaron detrás de los más serenos Caldera y Fermín. El pueblo no estaba tan bravo todavía.
Se ha dicho que la culpa de que Chávez Frías haya ganado las elecciones es de Rafael Caldera, porque el sobreseimiento de la causa por rebelión impidió la inhabilitación política del primero. Esto es otra simplista tontería. Al año siguiente de la liberación de Chávez Frías se inscribe una plancha del MBR en las elecciones estudiantiles de la Universidad Central de Venezuela, tradicional bastión izquierdista. La susodicha plancha llegó de última. Y la candidatura de Chávez Frías, a exactamente un año antes de las elecciones de 1998, no llegaba siquiera a un 10%. La “culpa” de que Chávez Frías sea ahora el Presidente debe achacarse a los actores políticos no gubernamentales que no fueron capaces de oponerle un candidato substancioso. Salas Römer perdió porque no era el hombre que podía con Chávez, y ninguna elaboración o explicación podrá ocultar ese hecho.
Caldera fue quien rehabilitó a los partidos de izquierda proscritos por Betancourt, con lo que se cerró el capítulo guerrillero de la década de los sesenta. Caldera fue quien sobreseyó la causa de los alzados de 1992, reinsertándolos, ya sin uniforme, dentro de la pugna civil. Caldera fue también quien tomó todas las previsiones para impedir la interrupción de la constitucionalidad, como pretendió hacerse poco antes de las elecciones de 1993.
Caldera fue objeto, al arranque de su gobierno, de los más despiadados y prematuros ataques por su postura en materia económica, resistente a las imposiciones paqueteras que se fundaban—otra vez el simplismo—en el dogmatismo neoliberal imperante. Resulta que ahora, no después que los venezolanos rechazábamos de todas las formas posibles tan simplistas esquemas, sino luego del desplome de las economías asiáticas, incluido el Japón, de la resistente gravedad económica rusa, del terrible proceso argentino, los propios economistas norteamericanos** reconocen que el mundo no es tan sencillo como lo creía Fukuyama y que el Fondo Monetario Internacional ha estado evidentemente equivocado.
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La mezquindad sigue atacándolo después de muerto, echándole la culpa de nuestros males, como si incluso las patrañas protagonizadas por Juan Guaidó fuesen obra suya. Debe haber sido Rafael Caldera, verdaderamente, muy grande y poderoso para que sus efectos hayan sido tan numerosos como diversos.
De todo parece tener la culpa
Gracias, Dr. Caldera. Estaríamos mucho peor si Ud. no hubiera existido. LEA
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* En horas de la tarde del 4 de febrero de 1992, Rafael Caldera habló a las cámaras del Congreso de la República en sesión conjunta. Entre las cosas que dijo se le critica este pasaje: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad… El golpe militar es censurable y condenable en toda forma, pero sería ingenuo pensar que se trata solamente de una aventura de unos cuantos ambiciosos que por su cuenta se lanzaron precipitadamente y sin darse cuenta de aquello en que se estaban metiendo”. La misma fauna que cobra odiosamente a Caldera sus palabras, aplaude en Facebook éstas de Nelson Mandela: “La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndole”. Manuel Alfredo Rodríguez dijo de ese discurso: “La piedra de toque de los hombres superiores es su capacidad para distinguir lo fundamental de lo accesorio y para sobreponerse a los dictados de lo menudo y contingente. Quien alcanza este estado de ánimo puede meter en su garganta la voz del común, y mirar más allá del horizonte”.
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** En The End of Poverty (2005), expuso [Jeffrey Sachs, antiguo defensor del Fondo Monetario Internacional y sus amargas recetas]: “De algún modo, la actual economía del desarrollo es como la medicina del siglo dieciocho, cuando los doctores aplicaban sanguijuelas para extraer sangre de los pacientes, a menudo matándolos en el proceso. En el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos imploraban por ayuda al mundo rico, eran remitidos al doctor mundial del dinero, el FMI. La prescripción principal del FMI ha sido apretar el cinturón presupuestario de pacientes demasiado pobres como para tener un cinturón. La austeridad dirigida por el FMI ha conducido frecuentemente a desórdenes, golpes y el colapso de los servicios públicos. En el pasado, cuando un programa del FMI colapsaba en medio del caos social y el infortunio económico, el FMI lo atribuía simplemente a la debilidad e ineptitud del gobierno. Esa aproximación, por fin, está comenzando a cambiar”. Él mismo era quien había cambiado, luego de que se pusiera de moda criticar al FMI (ver en este blog En el fondo un villano, para constatar la opinión de Joseph E. Stiglitz, Premio “Nobel” de Economía en 2001). (Apostilla a un texto defectuoso, 31 de diciembre de 2010).
Checoeslovaquia durante la década anterior a la II Guerra Mundial (Wikimedia)
He compuesto mi primera (y última) sinfonía. Ha sido tarea nada difícil, puesto que su construcción no fue otra cosa que un plagio.* (Cuatro plagios, para ser exactos). Cada movimiento de esta más que holgazana «composición» fue aportado por un compositor distinto, pero la unidad del conjunto radica en que cada uno de ellos era checo. (Admito que ando en onda«hanseática«, puesto que no dejo de pensar en el amigo desaparecido, Hans Neumann, checo, desde que supiera delvideo promocionaldel libro de su hija, Ariana, sobre su existencia checo-germana antes de venir a vivir en Caracas en 1949).
En orden cronológico, es más antiguo el tercer movimiento (Polka), compuesto originalmente entre 1863 y 1866 por Bedrich Smetana para su exitosa ópera, La novia vendida. El segundo trozo más antiguo es el primer movimiento, que es verdaderamente el primero, Allegro con brio, de la bella Sinfonía #8 en Sol mayor, el opus 88 de Antonín Dvořák, completado en 1888. Luego viene el cuarto movimiento de «mi» sinfonía, contemporáneo del anterior y que es—¡oh casualidad!—el cuarto y explosivo movimiento final (Stürmisch Bewegt, Movimientos tormentosos) de la Sinfonía #1 en Re mayor (Titán) de Gustav Mahler, compuesta entre 1887 y 1888. Finalmente, el segundo movimiento, Adagio, corresponde a la Serenata para cuerdasen Mi bemol mayor (1892) de Josef Suk, discípulo y yerno de Dvořák. (Es más apropiado hablar de desordencronológico).
¿De dónde surge el cognomento de Sinfonía transecular, si cada sección fue compuesta en el acontecido siglo XIX? Bueno, porque Smetana murió en 1884, pero Dvořák (1904), Mahler (1911) y Suk (1935) lograron existir en el siglo XX, y si hubiera llamado a la obra que me pone orgulloso Sinfonía checa quienes se enteraran habrían sospechado de inmediato. (En el álbum de Columbia Records que reunía todas las sinfonías de Mahler interpretadas por la Orquesta Filarmónica de Nueva York, conducida por Leonard Bernstein, podía leerse un breve ensayo de este gran director de orquesta acerca de la figura de Mahler. Allí asentaba que Mahler era un espíritu escindido varias veces: por su doble nacionalidad bohemia e imperial, por su raíz judía y su catolicismo asumido—para no pasar tanto trabajo en el católico Imperio Austro-Húngaro—, por su nacimiento en el siglo XIX y su fallecimiento en el XX, «con una pierna en un siglo y la otra en el siguiente», escribió Bernstein; él fue, junto con Dvořák y Suk, verdaderamente transecular).
He aquí «mi» sinfonía. Los movimientos están ejecutados por distintos artistas, como conviene a un plagiario para sembrar la confusión. El primero está a cargo de George Szell y la Orquesta de Cleveland—que vino a Venezuela (con Lorin Maazel como director) en 1975**, traída por la Fundación Neumann en proyecto que manejara fundamentalmente María Cristina Anzola de Neumann, escasamente auxiliada por mi parte. (La Fundación Creole, a cargo de Alfredo Anzola Montauban, tío de Ma. Cristina, ayudó en el financiamiento de la feliz visita). Bohdan Warchal dirige la Orquesta de Cámara Eslovaca en el segundo movimiento de Sinfonía transecular, mientras que Leopold Hager dirige en la Polka la Orchestre Symphonique de Radio-Télé-Luxembourg. Finalmente, lo que es en verdad de Mahler (y no mío) ha sido confiado acá a nuestro Gustavo Dudamel, en inolvidable conducción de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles como su director titular.
* Para reforzar este asunto del plagio, pongo acá la presentación (en inglés) de una obra del músico humorista Peter Schickele, «descubridor» de un presunto hijo perdido de Johann Sebastian Bach: P. D. Q. Bach. (PDQ significa, según el Cambridge English Dictionary, pretty damn quick, o malditamente rápido). La pieza de Schickele, que no suena acá por espantosa, lleva por título Unbegun Symphony (Sinfonía incomenzada),en sí algo plagiario al meramente invertir el nombre de la Sinfonía Inconclusa (Unfinished Symphony) de Franz Schubert.
Presentación de Schickele
**La Orquesta de Cleveland nos ofreció dos conciertos: la noche del sábado 19 y la mañana del domingo 20 de abril de 1975. Con la facilidad que me permitía ser uno de los organizadores, había comprado boletos para toda una fila del patio del Teatro Municipal—no existía la Sala Ríos Reyna—e invitado a unos cuantos amigos que la llenarían; pero el miércoles 16 cerca del mediodía me accidenté mientras manejaba una motocicleta en la urbanización Los Ruices, con el resultado de una triple fractura de la cabeza del húmero izquierdo, lo que fue tratado con un chaleco de yeso de 11 kilos de peso que mantenía mi brazo elevado, apoyado en un trozo de palo de escoba tendido entre el antebrazo y el tórax. No me iba a perder los conciertos, por supuesto, e incluso me presenté, nuevamente premunido de mi condición de organizador, en el ensayo general el sábado a las 10 de la mañana. Lorin Maazel llegó al proscenio a trabajar y, viendo al patio, divisó con algo de detenida curiosidad a quien vestía un aparatoso chaleco de yeso. A la noche volvería a ver al mismo asistente, esta vez encorbatado, sentado en el asiento de su fila que daba al pasillo central para estorbar lo menos posible con el alzado brazo inmóvil, y lo mismo contempló a la mañana del día siguiente. Al concluir el último concierto con la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, salí apresuradamente a la casa de Hans y María Cristina en Los Chorros, donde éstos habían invitado a almorzar a Maazel y a todos los músicos de la orquesta. Los sorprendidos ojos del director vieron, al entrar a la casa, al accidentado melómano recibirle al lado de los anfitriones, y él me invitó a sentarme a su lado en la mesa en la que almorzaríamos para conversar. Allí le confié que yo había comprado su primera grabación (al frente de la Filarmónica de Berlín): un álbum Deutsche Grammophon con Romeo y Julieta de Tchaikovsky y extractos del ballet de Prokofiev y la sinfonía dramática de Berlioz con el mismo nombre. Otras cosas que dije después lo convencieron de que hablaba con un amante de la música sinfónica, y en un arranque entusiasta me dijo que, si alguna vez iba yo a Cleveland, él me prestaría su batuta para que yo dirigiera la orquesta durante diez minutos. Nunca fui, así que pelé ese boche.
…de los recuerdos. Transcribo acá una entrevista que me hicieran a mi paso como Editor Jefe de El Diario de Caracas (1999-2000), cargo que me confiara mi amigo y empleador—Corimón, Fundación Neumann—, el gran empresario y hombre de cultura checo-venezolano Hans Neumann. El motivo: hoy me ha llegado el video promocional de When Time Stopped, libro escrito por su hija (Ariana Neumann Anzola) con María Cristina Anzola Etchevers, a quien considero la cuarta de mis hermanas. (Estará disponible en 2020). He aquí el video que anticipa al texto:
Y ahora la entrevista. (Releerla ha removido muchísimos recuerdos gratos y agradecidos; también uno doblemente triste: el sepelio de Hans Neumann Haasova tuvo lugar en Caracas el 11 de septiembre de 2001, el mismo día del ataque hiperterrorista contra las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York. Ese día, llamé a María Cristina, ya separada de Hans y residenciada en la metrópolis atacada, para asegurarme de que hubiera sobrevivido y recordar a quien quisimos tanto).
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¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?
Marco Gómez
Portada ficticia de El Diario de Caracas, creada por Coromoto Fajardo para mi cumpleaños (11/01/2000; clic amplía)
Primero me dejaron ver un video. Un poco más de dos horas de registro audiovisual de un “seminario de pauta trimestral” de El Diario de Caracas. Luego me actualizaron con los cambios más recientes, pues el evento que el video muestra tiene ya un poco más de un mes de haberse celebrado. Después de esto contestaron mis preguntas—las fáciles, que las difíciles iba a hacérselas al Editor, a quien entrevistaría al día siguiente—para finalmente darme un tour por las instalaciones del periódico, paseo que culminó, mi vista abrumada, ante la imponente rotativa Roland de tres pisos, que puede manejar ediciones de hasta 128 páginas en blanco y negro o de 96 páginas con color.
Todo muy organizado y eficiente, pero cuando pretendía indagar cierta clase de cosas la respuesta era invariable: “Pregúntale a Luis Enrique”. Y por Dios que lo haría.
Luis Enrique Alcalá, el nuevo Editor Jefe de El Diario de Caracas, y yo, novel articulista de sus páginas, nos habíamos visto una sola vez antes de nuestra extensa conversación sobre la nueva fase del periódico. Un amigo común permitió el enlace que a su vez me ofreció la oportunidad de enviar un artículo que gustó a Alcalá. Tuvo la gentileza de obtener mis señas a través del amigo y llamarme por teléfono directamente, sin una voz secretarial que mediara en el encuentro de bocinas. De una vez me propuso que continuara escribiendo para sus páginas de opinión. Al tercer artículo que me publicó (este pasado lunes 1º de noviembre [de 1999]) llamé yo para agradecer el espacio y curiosear acerca de cosas que se estaban diciendo del periódico. Inmediatamente me propuso algo mejor: ¿por qué yo no aceptaba escribir, como observador externo, acerca de lo que Alcalá llama la metamorfosis del diario? Me explicó la transformación que CORPUS experimentaría y puso a mi disposición el espacio de varias páginas. Yo riposté que necesitaría entrevistarlo, a lo que accedió, siempre y cuando yo me sometiera al proceso de inmersión preliminar, el que incluyó el mencionado video y el paseo guiado por el edificio.
Es así como estoy ahora frente a Luis Enrique Alcalá, o simplemente Luis Enrique, como lo llaman en la Sala de Redacción sus periodistas o en la nave de Rotativa sus operarios.
Este hombre de periódicos no es periodista de profesión. Una extraña mezcla de media carrera de Medicina y una completa de Sociología le llevaron alguna vez, hace diez años, a Maracaibo. Allí se encargaría de relanzar el diario La Columna que, habiendo cerrado sus puertas en junio de 1988, volvería a la luz el 8 de septiembre de 1989. En seis meses contados desde esa fecha La Columna circulaba 49 mil ejemplares diarios, dos meses más tarde llegaba a punto de equilibrio por la inserción publicitaria y en dos meses más obtenía el Premio Nacional de Periodismo de 1990.
Mucho antes de eso Alcalá había trabajado para Corimón, la empresa que había fundado el actual dueño del periódico, Hans Neumann. Entre 1968 y 1979 ejerció en ese grupo industrial una diversidad de funciones corporativas. “Para mí esto fue otra universidad”, dice.
De modo que cuando a comienzos de septiembre le propusieron asumir el cargo de Editor Jefe no lo pensó dos veces. Su pasión por los periódicos, y su larga relación con el propietario y su total confianza en él se mostraban como factores positivos convergentes y absolutamente convincentes. “A esto se añade que yo fui lector asiduo de El Diario de Caracas desde que salió por primera vez, en 1979. Yo estaba recién casado y mi esposa me trajo el primer número como regalo. Luego escribí artículos en este diario bajo tres directores diferentes: Ball, Urbaneja y Herrera. Entonces, siempre me he sentido muy cerca de El Diario de Caracas. Cuando me ofrecieron este cargo pensé, confieso: lo que es del cura va para la iglesia”.
La entrada de Luis Enrique en el periódico caraqueño no ha pasado desapercibida. Comentaristas de radio y televisión han tenido que hacer con la primera página del periódico, la mayoría para referirse a ella positivamente. Y, tal vez más significativamente, también ha recibido ataques. ¿Qué es lo que hace que tengan que ocuparse de este periódico después de sólo mes y medio de su cambio de dirección? ¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?
“No está pasando nada del otro mundo. En el fondo se trata de hacer ciertas cosas elementales del buen periodismo, mezcladas con una buena dosis de sentido común gerencial. Hacer periodismo bueno en Venezuela es posible, aun tomando en cuenta las limitaciones locales y las que vienen de las circunstancias. Pero en realidad lo que hemos hecho es poco. En esencia se trata de haber sentado la orquesta de modo diferente a como lo hacía el anterior director. (Hemos estado usando mucho entre nosotros la metáfora de la orquesta, y tú viste al entrar el afiche de la Sinfónica de Boston). La hemos sentado distinto significa que hemos producido un nuevo esquema de paginación, que comenzó a regir el lunes 18 de octubre y que ya ha sufrido algunas modificaciones y va a sufrir más todavía. El 19 de noviembre, viernes, aprovechando que no salimos, por ahora, los días sábado y domingo, tendremos una evaluación a fondo del esquema que hemos venido usando”.
El esquema, explica Luis Enrique mientras firma algún tipo de recibo, se fundamenta en dos premisas básicas. El caraqueño es una persona que está profundamente interesada en lo que ocurre en su ciudad. Aunque sólo sea por lo que ocurrió aquí el 27 y 28 de febrero de 1989. Pero el caraqueño es también un ciudadano del mundo, un ciudadano del planeta. Por esto la secuencia de páginas arranca por Caracas y continúa con Mundo.
“Pero hay una premisa más fundamental: El Diario de Caracas es, o más exactamente, debeser el diario de Caracas. Esto refuerza más todavía la conciencia de que debemos pensar en las necesidades de información de los habitantes de Caracas, y se refleja de modo inmediato en que el periódico abre por Caracas”:
Sí, pero ¿por sucesos, por página roja?
“Sí, porque lo que más le interesa a un sistema biológico es que su sistema inmunológico funcione bien. Y los sucesos son el sistema inmunológico de una ciudad”.
Después de las 6 páginas que el periódico dedica a Caracas y el Mundo vienen dos de Opinión—“No debemos tener más por los momentos”, intercala el editor—y luego el periódico se desarrolla por secciones: República, que es una combinación de lo que en muchos periódicos se llama política con lo que se llama país, Indicadores, Economía y Negocios, Economía Personal, Artes, Casa, Espectáculos, Sociales, Deportes. Intercaladas van dos carteleras, una de Servicios y una de Espectáculos, así como una página de Pasatiempos.
El resto de la portada (clic amplía)
Pero el cambio en El Diario de Caracas es mucho más que un nuevo esquema de páginas. Ha habido cambios en el estado mayor de la Redacción, por ejemplo. Y hubo el seminario cuyo video vi y que bien podría llamarse un seminario estratégico. Hacia el final del video, cuando se discutía la presentación sobre los objetivos de la Redacción, se registra una intervención entusiasmante de Gianpaolo Veronelli, el Gerente General del periódico: “Ahora este periódico tiene un norte claro. Cuenten con todo el apoyo de las unidades de la Gerencia General. Aquí vinimos a ganar”.
Y es que en el seminario del 2 de octubre no sólo participó el grupo de la Redacción, sino que asistieron y participaron activamente los miembros del equipo de Publicación—Ventas, Administración, Producción, etc.—y hasta el nivel corporativo, representado por Alba de Aponte, Coordinadora Ejecutiva de la Junta Directiva del negocio.
“Cuando hacíamos La Columna en Maracaibo entre 1989 y 1990 yo tenía que ejercer la función de editor y también manejar el lado comercial del asunto. Acá tengo la inmensa fortuna de contar con la presencia de Gianpaolo Veronelli, que es un hombre de las nuevas generaciones gerenciales del país y cuenta con una importante experiencia en periódicos, incluyendo, naturalmente, en el propio periódico nuestro y en The Daily Journal, diario en inglés que es nuestra fraterna competencia corporativa. Por esta presencia, y por la de toda la gente que Gianpaolo comanda con gran maestría, tengo la bendición de poder concentrarme en los aspectos puramente editoriales de la empresa”.
Al seminario se incorporó también un grupo de observadores amigos de El Diario de Caracas, y otros importantes asesores se han acercado con un entusiasmo renovado en las posibilidades del periódico. “Debo destacar la visita de Don René Scull. René es una especie de biblia ambulante del mercadeo en Venezuela, y además su familia era la dueña de El Diario de la Marina en La Habana. De modo que sabe mucho de estas cosas. El día que nos visitó escuchó en serena calma y con toda atención mis explicaciones que, en esencia, eran las cosas que habíamos discutido en nuestro seminario del 2 de octubre. Sólo entonces empezó a hablar. Y amigo, yo me puse a tomar apuntes como un alumno de bachillerato ante un profesor estrella. Aprendí mucho ese día. Pero además obtuve una gran dosis de tranquilidad, pues René ofreció su bendición para los lineamientos presentados en el seminario. Así que ahora me siento doblemente seguro de que vamos por buen camino”.
¿Cuál es ese camino?
“En realidad podemos decir que El Diario de Caracas es un equipo doble A en vías de convertirse en triple A. No somos de las Grandes Ligas. El Diario de Caracas lo fue en un tiempo, pero debemos recuperar ese lugar. Grandeligas son El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias… En su campo especializado, Meridiano, que ahora hace una potentísima sinergia con su canal de televisión. Luego tenemos al refrescamiento que Teodoro Petkoff ha logrado con El Mundo. Teodoro está haciendo un experimento interesante, en el que su primera página, o más propiamente, su noticia de abrir, es un editorial. En mi opinión personal El Mundo debiera llevarse el Premio Nacional de Periodismo del año 2000”.
Uno no sabe sí creer este posible exceso de modestia con eso de doble A y triple A. A fin de cuentas, El Diario de Caracas tiene un posicionamiento privilegiado en la memoria de los caraqueños, y con sus capacidades técnicas y la sabiduría industrial de Neumann debiera ocupar muy pronto una posición preeminente. “Bueno, yo creo que Hans Neumann se merece un triunfo con El Diario de Caracas. No sólo por lo que él ha entregado al país como industrial y como promotor de cultura en 50 años de dedicación, sino porque Hans tiene una inocultable vocación comunicacional. Fue miembro de la Junta Directiva de El Nacional, estuvo involucrado en las revistas Semana y Número y, por supuesto, es el factor principal en The Daily Journal desde hace mucho tiempo. Hasta llegó a considerar, unos cuantos años atrás, la posibilidad de comprar El Nacional. Quita eso, que me lo van a cobrar como indiscreción”. Lo siento por ti, Luis Enrique, el desliz de la lengua se copia. Tú me prometiste libertad y yo estoy entregando acá información veraz, oportuna y sin censura. Se encoge de hombros.
“El Sr. Neumann, que está complacido con la dirección de los cambios, me ha instruido con mucha claridad. No te apures, me ha dicho, prefiero que hagas las cosas sólidamente y buscando la calidad. Así que tampoco me preocupo por los temas de la capitalización del periódico. Ahora lo posee íntegramente Hans Neumann, luego de una amistosa adquisición de todo el capital que antes no poseyera”. (Luis Enrique deslizó comentarios elogiosos sobre aciertos de la administración de las Empresas 1BC, y recordó momentos estelares del periódico de esa época bajo sus distintos directores, como la mezcla de articulistas que logró ensamblar Diego Urbaneja, o aún más atrás, las estelares direcciones de Rodolfo Schmidt y Tomás Eloy Martínez).
El concepto estratégico para El Diario de Caracas reserva para el 2000 desarrollos más importantes. En el último trimestre del año se propuso obtener logros significativos sin pretender la conquista del planeta prematuramente. “Pero en el 2000 completaremos la metamorfosis para aumentar el número de páginas y servir la semana completa, de lunes a domingo. Hans Neumann me dijo, este periódico ni es diario ni es de Caracas, yo quiero que sea eldiario de Caracas. Bueno, estamos empezando a ser de Caracas. El año que viene seremos diario”.
El aumento del número de páginas está entendido por Luis Enrique como una evolución perfectamente natural.
“Lo que tratamos de hacer es servir con información básica al Lector de Caracas—pidió la mayúscula para Lector—en nuestras 32 páginas. No es que no nos interese el Lector del interior de la República. Por lo contrario, nos interesa mucho. Pero creo que si hacemos un buen periódico pensando en el Lector de Caracas, el Lector de Barquisimeto nos querrá leer también, porque él también es, como el caraqueño, ciudadano del planeta. Y en esto no hacemos otra cosa que seguir la lógica de los grandes periódicos del mundo. Si apartamos el caso de USA Today, que es una incorporación relativamente reciente, los grandes periódicos norteamericanos son todos periódicos metropolitanos: The New York Times, The Philadelphia Enquirer, The Los Angeles Times… Y Los Angeles Times se lee en Nueva York y se lee en Berlín. Caracas es una entidad política, social y mercadológica de 6 millones de habitantes, diez veces lo que era cuando en primaria estudiaba geografía de Venezuela. Caracas merece un periódico pensado para ella. Ahora bien, si servimos bien a los Lectores, inevitablemente aumentará nuestra circulación—ya lo está haciendo: en las últimas semanas la circulación del periódico ha llegado a incrementarse en porcentajes de hasta 12% intersemanal—y cuando aumente la circulación inevitablemente aumentará el flujo de publicidad. Entonces chillará algún periodista porque le hemos mochado un trabajo que estuvo construyendo desde la mañana para insertar un aviso, y cuando los chillidos sean muchos sabremos a ciencia cierta que necesitamos más páginas”.
El cambio de CORPUS es otra evolución interesante. Era un suplemento que circulaba encartado los días martes, y que desde esta edición circulará los días viernes de cada semana. “Por ahora es un experimento. Se trata de sólo 16 páginas y, por supuesto, queremos hacer más. Pero el asunto surgió porque el Sr. Neumann no estaba conforme con el producto, y preguntó si no debiéramos más bien concentrarnos en nuestras 32 páginas diarias, sin necesidad de apuntalarnos con suplementos. Como se trata de un hombre con criterio abierto y flexible le solicitamos autorización para repensar totalmente a CORPUS. Autorización concedida y hemos convertido a CORPUS en una oferta variada que sustituye a la muy digna versión anterior, que se limitaba al importante campo de la salud integral, pero que es, a fin de cuentas, un campo limitado. Así que CORPUS es ahora un proyecto en gestación y evolución, que querremos hacer crecer y transformarlo de la mano de los Lectores. Tiene por misión, además, ser el germen de lo que será nuestro suplemento de fin de semana una vez que estemos saliendo todos los días”.
No puede ocultarse que han circulado rumores de que el periódico está a punto de ser cerrado, o que algún comentarista de televisión parece tener por el periódico cierta animadversión. Luis Enrique se ríe.
“Estos rumores tienen interesados detrás. El Diario de Caracas es un fruto muy apetecible. Tan sólo el nombre vale centenares de millones, y hay quienes quieren ponerle la mano y poseerlo. Razonan que sí logran dañar al periódico conseguirían, a la postre, un precio de gallina flaca por él. Pero voy a desilusionarlos. El Diario de Caracas ni va a cerrar ni está a la venta. Por lo contrario, el accionista principal ha fortalecido su posición de capital.
Mira, cuando en Maracaibo La Columna que dirigí se encontraba todavía en fase de proyecto, un miembro del mismo me dijo: Luis Enrique, yo estoy seguro que Fulano de Tal (un competidor) está grabando tus conversaciones telefónicas para saber qué te traes entre manos. Yo creo que tú debes grabar las conversaciones de él. Entonces le dije lo siguiente: mira Mengano, poco antes de venir a Maracaibo mi señora y yo habíamos comenzado a escalar hasta un punto del Avila que es muy popular. Bueno, al comienzo yo me sentía muy avergonzado, porque mientras yo lograba llegar boqueando a Sabas Nieves, un señor, que obviamente tenía más de 70 años de edad, subía, bajaba, volvía a subir y volvía a bajar. Hasta que me di cuenta de que mi problema no era con el señor sino con la montaña. Cuando dejé de preocuparme por él y comencé a oler montaña, a respirar y sudar montaña; cuando obtuve mi ritmo de la propia montaña, ese ritmo mejoró y ya el viejo atleta no me sacaba tanta ventaja. Y nuestra montaña son los Lectores. De ésos nos preocuparemos. Yo no voy a grabar las conversaciones de nadie.
Con esto te quiero decir que tampoco pongo mucha atención a los rumores. Ni siquiera cuando son más que rumores y pasan a ser pretendidas noticias. Por ejemplo, una conocida columnista llegó a publicar que el cambio en la dirección significaba que El Diario de Caracas cerraría muy pronto. Me limité a enviarle un correo electrónico donde le aseguraba que estaba mal dateada y me ponía a su orden para explicarle los planes de futuro desarrollo. Muy divertidamente contestó por la misma vía con la siguiente explicación: que como no había conseguido el periódico en el kiosco, había llegado a pensar que lo que había escrito en su columna era cierto. Tengo copia de esa perla de información veraz a buen resguardo, con una copia en las bóvedas del Banco Central y otra guardada en Fort Knox. Ante estas cosas, Marco, me rijo por el más sabio de los proverbios árabes: la mejor venganza es ser feliz. Por lo que respecta a otros comentarios, que no sé con qué interés o con qué grado de temor quieren asociarnos con algún partido político y con esperanza de rayarnos, lo que tengo que decir es que, como me ha dicho sin que quepa duda el Sr. Neumann, éste no es un periódico de oposición al Gobierno, como tampoco se trata de un periódico partidario del Gobierno. Nuestro periódico tiene por misión, me dijo, servir a las necesidades de información del Lector de Caracas. Punto. Esa es la línea política de El Diario de Caracas. Es una línea que el Gobierno respetaría, como el Canciller ha reafirmado ante la SIP por el respeto gubernamental a la libertad de expresión y como el propio Presidente de la República ha enfatizado. Queremos hacer, si quieres un calificativo, un periodismo clínico y certero”.
Luis Enrique me advierte que no puede darme un minuto más. Tiene un “cochino” (retraso o empelotamiento) en marcha, por un cuello de botella que tiene en corrección de textos. Recojo mis cosas y salgo con la cinta y mis notas de su oficina. Salgo a la Sala de Redacción, donde el enjambre se encuentra en plena faena. Caras alegres, animadas. Rostros de gente que se sabe perteneciente a un proyecto ganador. Y es que, verdaderamente, ahora El Diario de Caracas es otra cosa. MG
………
Apostilla 1: en abril de 2000 cerró operaciones El Diario de Caracas. Hans Neumann pidió que le visitara en su casa—en ese entonces estaba confinado a una silla de ruedas a raíz de un accidente cerebro-vascular—y me explicó que Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken (recientemente fallecido) le habían solicitado un periódico para que que lo dirigiera Teodoro Petkoff; de allí surgió su compromiso de financiar Tal Cual. Neumann me explicó que no podía soportar dos periódicos; luego vendería El Diario de Caracas, ya cerrado. El 27 de ese mes y ese año, asistí, por invitación de Gustavo Ghersy, a una reunión en casa de su suegro donde expondría Francisco Arias Cárdenas, a la que asistió un buen número de figuras importantes: «Lo más interesante que recuerdo de esa cita es la presencia de Teodoro Petkoff, quien se había acercado al cónclave con una copia del número cero o ensayo de su nuevo periódico. Sentado a su lado, pude examinarla. Me gustó el nombre del proyectado vespertino—Petkoff venía de un notorio éxito en la Dirección de El Mundo, del que fue despedido por presiones gubernamentales contra la sucesión de Miguel Ángel Capriles—y su lema: Claro y raspao». (Las élites culposas).
Apostilla 2: pensando en Hans Neumann, recordé una pieza hermosísima de Antonin Dvorák, el más grande los compositores checos: Canciones que me enseñó mi madre. Acá está interpretada por la estupenda soprano estadounidense Renée Fleming:
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