por Luis Enrique Alcalá | Dic 18, 2019 | Memorias, Política |

Ingredientes para la cocción de un nuevo paradigma político
El 26 de diciembre de 1985 concluí la escritura de Krisis – Memorias prematuras, mi primer libro, el que sería impreso al año siguiente por Editorial Ex Libris, excelente imprenta que recién iniciaba operaciones. (Fue el segundo libro que ella imprimiera y—según Javier Aizpúrua, amigo y factor principal de Ex Libris—el primer libro venezolano escrito y diagramado en un computador personal). Pudo ver la luz gracias al financiamiento de mi gran amigo Gerd Stern. Reproduzco de seguidas, de ese texto, la relación de un intercambio con Alfredo Keller a comienzos de octubre de 1984.
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A los pocos días tuve contacto con un capaz trabajador de la periferia copeyana: Alfredo Keller, Director de Conciencia 21, centro de análisis político que sirve a COPEI. Su visita, y la que yo hice poco después a sus oficinas, sirvieron para que, al exponer, yo pudiera asentar, con mayor precisión, algunas formulaciones más explícitas de lo que se venía configurando como mi comprensión de lo político y que había venido exponiendo ante el auditorio unipersonal de Diego Urbaneja.
Ante Alfredo esbocé una caracterización del liderazgo político clásico, y comparé varios de sus rasgos con el de un nuevo liderazgo que a mi juicio era posible y era mejor. Por ejemplo, dije que el liderazgo tradicional operaba por oposición, mientras que el nuevo liderazgo debía actuar por “superposición”, al traer un nuevo paradigma político que cubría y hacía prescindible el anterior. Hasta eché mano de Max Weber para discutir una diferencia en la “legitimación” del liderazgo clásico y el liderazgo más moderno que era posible. Max Weber es uno de los grandes de la sociología de fin de siglo. Al estudiar las formas de la legitimación del poder describió tres “tipos ideales”: tres formas cualitativamente diferentes y que podían ser estudiadas con cierta abstracción. El poder puede legitimarse por la vía carismática: el de un liderazgo que tiene poder de conectar alógicamente, influyendo fuertemente de modo afectivo sobre un gran conjunto de personas. Fidel Castro, Adolfo Hitler, John Fitzgerald Kennedy, Renny Ottolina, José Luís Rodríguez, son personas con carisma. Se da también la legitimación tradicional, referida a un largo pasado de unión con una vieja fuente originaria o fundadora: la de Isabel II de Inglaterra o la de Caldera. Y también se establece legitimación para el poder por razones burocráticas: se controla un aparato poderoso. Es el caso de Eduardo Fernández, de Talleyrand, de López Contreras, de Manuel Peñalver.
Había que añadir, le decía a Alfredo Keller, una vía más pertinente al problema. Los próximos líderes se legitimarán porque traerán soluciones que sí sean suficientes, y será posible esto porque enfocarán la política de un modo diferente. La legitimación será programática, porque se establecerá más racionalmente por aquellos que suministren metas con mayor sentido, y será paradigmática, porque aportará una nueva arquitectura para nuevas interpretaciones de los hechos políticos.
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La cita precedente complementa a Una metamorfosis preferible, entrada en este blog que fuera publicada hace dos días. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 16, 2019 | Notas, Política |

Un libro* que conviene considerar
Creo que Venezuela es un país que está atravesando un proceso de metamorfosis muy profundo. No sé si para bien o no, pero creo que estamos ante un momento que puede ser un gran reto moral como sociedad, que es aprender de este terrible proceso, de este desierto tan grande al que hemos entrado, o quedarnos aislados, dando vueltas alrededor de nuestro propio eje. Hay un justo equilibrio y la oportunidad de saldar cuentas con muchos fantasmas, entre ellos “los hombres fuertes” y los militares. Para mí Venezuela es una proposición, una oportunidad, y esta es una visión que he ido ganando con el tiempo. Yo antes era mucho más dura con el país y creo que, en buena medida, la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera.
Karina Sainz Borgo (conversación con Dalila Itriago)
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El lector entenderá que me hayan impresionado las palabras del epígrafe, tomado de una inteligente entrevista que Dalila Itriago hiciera a la autora venezolana de La hija de la española, novela traducida «a 15 idiomas distintos, distribuida en 22 países, considerada uno de los 100 mejores libros de este año, según la revista Time». Entenderá aun mejor con el siguiente registro de lo que yo mismo escribiera veinticinco años atrás:
El país está atravesando, en estos mismos momentos, por lo que tal vez llegue a ser la más importante transición en nuestra historia. No hay que perdérsela. Por lo contrario, es la hora de quedarse a producir y contemplar un soberbio espectáculo: el de un país que ha venido asimilando sufrimiento, creciendo en conciencia, aprendiendo serenamente de la adversidad, y que puede convertir ese doloroso proceso en una metamorfosis de creación política. (…) No es el momento de negarnos. Todo país próspero conoció la penuria primero que nada. Nos toca ahora a nosotros comprobar que no somos menos, no somos raza, ni cultura, ni pueblo inferior. A quienes piensan resolver sus problemas en tierra ajena y distante, queremos llamar a la reflexión. Tampoco encontrarán, salvo casos muy específicos y particulares, la vida fácil en ningún país. Todo el planeta vive ahora un inmenso ajuste, que naturalmente invalida o hace obsoletos a más de un modo de vida o producción. La inteligencia está en adaptarse a esta grandísima transformación de la humanidad, aprender y hacer cosas nuevas. (In memoriam Augusto Mijares, referéndum #6, 8 de agosto de 1994).
Ese artículo, que anticipó en un cuarto de siglo la interpretación de Sainz Borgo, fue redactado en una situación bastante distinta de la actual; aún no teníamos una crisis de la magnitud alcanzada por estos días. Fue publicado (y leído por muy pocos) a mediados del primer año del segundo gobierno de Rafael Caldera y, claro, ya habían mediado el Viernes Negro (1983)—cuando naciera, sin que los venezolanos lo supiéramos, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200—, el Caracazo (1989), el fallido intento golpista de aquel MBR200 (4 de febrero de 1992) y al año siguiente la defenestración constitucional de Carlos Andrés Pérez, a quien Karina Sainz absuelve sumariamente y en cuyo segundo gobierno se diera el crecimiento tumoral de un sector financiero que explotó a fines de la presidencia pro tempore de Ramón J. Velásquez y condicionó el inicio de la segunda de Caldera. Entre el Viernes Negro de Herrera Campíns y el Caracazo de Pérez presidió la República Jaime Lusinchi, el que admitió en 1985, ya en el segundo año de su período, severas dificultades del sistema político venezolano:
…la insuficiencia política funcional se manifiesta en Venezuela como enfermedad grave y, lo que es peor, con tendencia a un progresivo agravamiento. Es importante notar que la insuficiencia del sistema político es reconocida por los miembros más conspicuos del mismo. Por citar el caso más notorio, vale la pena recordar una cruda frase del Primer Magistrado Nacional, Dr. Jaime Lusinchi, en ocasión de contestar a las Comisiones del Congreso de la República que fueron a participarle la instalación del período legislativo de 1985. En esa oportunidad el Presidente de la República confesó: “…el Estado casi se nos está yendo de las manos”. (Dictamen, junio de 1986).
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La siguiente pareja conceptual viene al caso:
Es una distinción francesa la idea de una cuenta corta y una larga de la historia. Ésta última es el tiempo lento, secular o milenario, de las sociedades. A su ritmo, las naciones experimentan fases felices o infelices de su existencia; algunas hasta su aniquilación. El progreso de las sociedades, o su declive, no son procesos rápidos. Esta característica de la cuenta larga puede desesperar a los miembros concretos de una comunidad, que quisieran ver la cesación de un mal o una gran necesidad social consumarse en el curso de sus propias vidas de cuenta corta. La lentitud metamórfica de la cuenta larga puede ser tolerada por el filósofo idealista, pero suscita la rebelión del existencialista que se ocupa del aquí y del ahora. ¿De qué me sirve un mapamundi—diría un Kierkegaard caraqueño—si lo que quiero es saber cómo llegar de la parroquia de La Candelaria a la urbanización de La Urbina? (Lecciones disponibles. Carta Semanal #260 de doctorpolítico, 25 de octubre de 2007).
Luego de más de treinta años de la admisión de Jaime Lusinchi la situación es bastante peor, pero una consideración de cuenta larga previene que desahuciemos al país, a pesar de la longevidad de los desarreglos. Por otra parte, en toda latitud de la actualidad es posible registrar crisis políticas, económicas y culturales, como se anticipara ya en el inventario parcial de La médula del problema (4 de octubre de 2019):
¿Será que la raíz de tales procesos es común? Bien pudiera ser que esos casos clínicos de enfermedad política, en apariencia dispares, tengan que ver con cosas como éstas: «En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate». (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).
Pero las personas, así como las sociedades y de modo más rápido, también pueden experimentar cambios metamórficos. Naturalmente, para que esto sea posible tienen que estar dispuestas a un aprendizaje que en gran medida es una desintoxicación, pues la advertencia de Sainz Borgo no deja lugar a dudas: «la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera».
El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país. (Etiqueta negra, 11 de abril de 2016).
Es preciso dejar atrás las ideologías—liberalismo o socialismo, socialdemocracia o socialcristianismo, progresismo o cualquier otro agregado conceptual con la desinencia ismo—, guías políticas inventadas en el siglo XIX que sólo sirven hoy como coartada de la mera lucha por el poder.** Una ideología es, esencialmente, «la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea». (El medio es el medio, 29 de abril de 2015). Lo que la sociedad puede hoy exigir de los políticos es su dedicación a solucionar concretamente los problemas de carácter público. Un cambio a favorecer, por tanto, es el tránsito de una política de poder a una política clínica, y esto será posible sólo desde organizaciones que alojen esa búsqueda de soluciones en vez de la mera acusación ritual del adversario. Por ejemplo, en una organización que se defina de este modo:
La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo. (Sociedad Política de Venezuela – Proyecto de Acta Constitutiva, junio de 1985).

Pénsum de un taller suficiente para el político profesional
Así que la superación de nuestra castrante circunstancia requiere la lobotomía ideológica en los actores políticos vocacionales, y también el aprendizaje de la sociedad misma. Esto es posible, pues están disponibles nuevas nociones que sustituirían con ventaja la idea de política como lucha por el poder, el mecanicismo newtoniano de «fuerzas» y «espacios» políticos, el reflejo corporativista de entender a la sociedad como dividida en «sectores» y la peregrina idea de un «proyecto país» (los países se construyen a sí mismos).
Para los más jóvenes debe pensarse en una escuela universitaria de Política, no de Ciencias Políticas:
A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos. (El caso de una Licenciatura en Política, 19 de septiembre de 2003).
Este aprendizaje del Pueblo es tanto o más esencial que el descrito para los profesionales de la Política, y nada tan fundamental como cobrar conciencia de que él es el Poder Supremo del Estado; en nuestra raíz constitucional, que el Pueblo no está limitado por la Constitución. Y es con la conjunción de ambos aprendizajes como la metamorfosis entrevista por Karina Sainz Borgo será exitosa.
¿Es esto posible? Para que algo sea un deber tiene primeramente que ser posible; nadie está obligado a hacer lo imposible. Estoy convencido de que tal programa de toma de conciencia y educación es perfectamente posible, aunque no sea lo que se predique convencionalmente. Nuestra «clase política», por supuesto, aún se guía por la declaración de Pedro Pablo Aguilar, antiguo Secretario General de COPEI, al diario El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”.
Pero ¿no se trata de una metamorfosis?
…el cambio es posible, aunque sea exigentísimo: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.
Un año más tarde insistía:
…el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aún el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas, se trataría de una sorpresa—no es necesariamente imposible y que, por lo contrario, la dinámica del proceso político venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987).
¿Quién dijo miedo? ¿No le tenemos más miedo a lo que ahora vivimos? LEA
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* Nos dice Wikipedia en Español sobre el libro de Polanyi. «El libro publicado en 1944—La gran transformación: Crítica del liberalismo económico – (Texto completo)—intenta explicar la gran crisis económica y social con la que, desde principios del siglo XX, concluyó en Occidente un periodo relativamente largo de paz y confianza en el librecambio. Concretamente, Polanyi busca las causas profundas de una amplia serie de conflictos y turbulencias que incluye dos guerras mundiales, la caída del patrón oro o el surgimiento de nuevos proyectos políticos totalitarios. En último término, La gran transformación caracteriza el liberalismo económico como un proyecto utópico cuya puesta en práctica habría destruido los cimientos materiales y políticos de la sociedad moderna. Metodológicamente, La gran transformación une datos económicos, sociológicos y antropológicos para analizar acontecimientos históricos de gran magnitud». (Enlace para descargar el libro como archivo de formato pdf: Polanyi, Karl – La gran transformación).
** «No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga. Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan «romántico» ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del Premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—, en su libro La Doble Hélice de 1968, es una descarnada exposición a este respecto). Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social». (Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994).
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 11, 2019 | Argumentos, Política |

Lo contrario se exigía en el Mayo Francés (1968)
Es de esperar que La Patilla—sitio web cuyo jefe es Alberto Federico Ravell, el mismo que dirige el Centro de Comunicación Nacional del «gobierno» de Juan Guaidó—se refiera a éste como protagonista de la ficción que lo tiene por Presidente de la República de Venezuela:
El Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, propuso una agenda de lucha para el año 2020, donde los partidos políticos estuvieron respaldando una salida política a la gran crisis humanitaria que atraviesa Venezuela. El plan establecido por el Jefe de Estado busca reunificar, rectificar y alinear las visiones de todos los sectores sociales y políticos del país que hacen falta para lograr los objetivos planteados durante el nuevo ciclo. Los liderazgos políticos, estudiantes, universidades y academia, liderazgo sindical, iglesias, sector empresarial, chavismo disidente, el Frente Amplio e incluso fuerzas independientes como Soy Venezuela, son los que formarán parte de la agenda. El mandatario aseguró que el llamado es a convocar un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos.
Ya habíamos visto esa película. El 13 de febrero de 2015 se publicaba en este blog Dos cepas del virus salidista, nota en la que se daba cuenta de lo siguiente:
Athos Ledezma, Porthos López y Aramís Machado—quizás es más apropiado Juana de Arco en lugar de Aramís—proponen luego tres agendas bastante completas para un “gobierno de transición”: agenda política-institucional, agenda de atención a la emergencia social y agenda económica. No es esa enumeración, por archiconocida, lo que interesa en el documento, sino esta prescripción:
Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.
Una vez más, se cuela el concepto corporativista en el modo propuesto para la aprobación del tal “acuerdo nacional para la transición”. Esto es, el Pueblo no hablaría desde su propia esencia, sino fraccionado en “sectores” (como pedazos de la “torta social”). Cuando Chávez enarbolaba la bandera de la asamblea constituyente en su primera campaña electoral (1998), el artículo Contratesis refutaba esa noción que ahora comparten los comunicadistas à trois:
La constituyente debe componerse, a lo Mussolini, corporativamente. (Chávez Frías et al). Esto es, que debe estar compuesta por representantes de distintos cuerpos o unidades sociales: obreros, empresarios, militares retirados, profesionales colegiados, eclesiásticos, etcétera. Muy incorrecto. Nuestra condición de miembros del Poder Constituyente no nos viene de pertenecer a algún grupo o corporación, sino de la condición simple y original de ser ciudadanos.
(…)
Quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales».
Esto es, lo que se necesita desde hace tiempo y cada vez con mayor urgencia es una gran consulta al Pueblo como único poder capaz de resolver nuestros graves problemas: «Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional». (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).
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Por su parte, Noticiero Digital registra hoy declaraciones de Gerardo Blyde que traslucen la prefabricación de la figura política de Guaidó (énfasis añadido acá):
El 5E debe resurgir un mensaje de esperanza y debemos trazarnos un camino (…) mi recomendación sería no manejar expectativas muy grandes con respecto a lo que realmente se puede lograr. (…) Tenemos un líder que además tiene un soporte parlamentario importante y reconocimiento internacional, tanto la AN como ese líder son importantes para buscar el cambio. (…) Yo no digo que no haya críticas, pero no destructivas, y en el momento que ataquen a uno, nos unamos. No hay tiempo para crear otro líder, no podemos esperar cinco años más.
Guaidó, admite descuidadamente Blyde, es una creación, un producto de laboratorio o, más bien, de libretistas de una telenovela política. Luego de diecinueve años de marchas para protestar, todavía ese liderazgo fabricado reitera la inexacta e inconveniente comprensión sectorial de la Nación. Carece de la imaginación necesaria para asumir la noción simple y fundamental de que el Pueblo es el poder supremo de nuestra República. Es la contumacia al ignorar tan sencilla y poderosa verdad lo que hace repetir al muy poco imaginativo liderazgo opositor que «debemos trazarnos un camino» (Blyde), que hay que tomar «decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos» (Ledezma, López & Machado), que se convoca a «todos los sectores» a «un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos» (Guaidó).
Todo permanece, se nos dice, aún en el futuro: el camino que hay que trazar, decisiones que deberán ser adoptadas, la definición de una única hoja de ruta. Pero debemos ser comprensivos; tales cosas requieren un esfuerzo de imaginación y ésta no se compra en botica. Hasta ahora, la poca imaginación exhibida es mentirosa: Guaidó no es el Presidente de Venezuela, la Asamblea Nacional no puede autorizar la ocupación de nuestro territorio en aplicación del Numeral 11 del Art. 187 de la Constitución y el TIAR no es «un tratado interamericano, en sus grandes líneas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”. (Juan Guaidó, El Nacional, 22 de julio de 2019).
No sé si crear otro líder es lo indicado, Dr. Blyde, pero el actual es muy malo. La manifiesta perniciosidad del régimen presidido por Nicolás Maduro no debe ser superada con la mentira. Eso es, además, una falta de respeto al Pueblo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 7, 2019 | Fichas, Terceros |

Un investigador destacado en su hábitat
Los !Kung, también escrito !Xun son un pueblo San, que viven en el desierto de Kalahari entre Botsuana, Namibia y Angola. (…) Históricamente, los !Kung vivían en campamentos semipermanentes de entre 10 y 30 personas, dispuestos generalmente cerca de una extensión de agua. Una vez que el agua y los recursos se agotaban en el entorno del poblado, el grupo o banda se trasladaba a nuevas zonas ricas en recursos por explotar. Vivían en una economía basada en la caza-recolección, siendo los hombres los responsables de proveer de carne, producir herramientas y mantener una provisión de flechas y lanzas envenenadas. Las mujeres proporcionaban la mayor parte de la comida, pasando entre dos y tres días a la semana forrajeando raíces, frutos secos y bayas en el desierto de Kalahari. Como sociedad de cazadores-recolectores, eran muy dependientes entre ellos para sobrevivir. El acaparamiento y la tacañería estaban mal vistas. El énfasis de los !Kung estaba puesto en la riqueza colectiva de la tribu, y no en la riqueza individual.
Wikipedia en Español
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Lo que sigue es una traducción de porciones del capítulo 18 de una obra de Carl Sagan, El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad (1995), de la que dijera The Sciences (la extinta revista de la Academia de Ciencias de Nueva York): «Es un testimonio del poder de la ciencia y una advertencia contra los peligros de una credulidad sin límites». En efecto, el propósito de Sagan no es otro que el paciente, ameno e informado desmontaje de aseveraciones falsas que un gentío traga vorazmente, crédulamente, sin el menor análisis crítico. (Conozco una dama caraqueña que vendió todos sus enseres y su apartamento para mudarse a una granja «protegida» de cataclismos en Argentina, y así escapar al fin del mundo «predicho» por los mayas para el solsticio de invierno de 2012. Claro, si los mayas lo dijeron tenía que ser verdad, pues fueron gente «muy avanzada», pero eso no impidió que ella tuviera que regresar con las tablas en la cabeza y muy empobrecida).
En el fondo de todo está una particular disposición, una postura que caracteriza a la actividad científica: el examen paciente y crítico de la evidencia experimental. En el capítulo que nos ocupa—El viento hace polvo—se lee:
El impedimento al pensamiento científico no es, creo, la dificultad de su objeto. Las hazañas intelectuales complejas han sido alimento habitual de, incluso, culturas oprimidas; los chamanes, los magos y los teólogos son altamente competentes en sus intrincadas y arcanas artes. El impedimento es político y jerárquico. En aquellas culturas que carecen de retos poco usuales, externos o internos, donde no se necesita un cambio fundamental, no es necesario estimular ideas nuevas. (…) Pero bajo circunstancias ambientales, biológicas o políticas variadas y cambiantes, la mera reproducción de las viejas costumbres simplemente ya no funciona. (Pág. 311).
Siguiendo la lógica de Sagan, los venezolanos necesitamos ideas políticas nuevas; es decir, necesitamos una política basada en la ciencia, no ideológica, no de mera lucha por el poder. Dejémosle la palabra, para que nos enseñe que esa disposición analítica es una postura que gente muy «primitiva» es perfectamente capaz de asumir en lo cotidiano. LEA
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The Wind Makes Dust
La pequeña partida de caza sigue el rastro de huellas de pezuñas y otros indicios. Se detiene por un instante al lado de un grupo de árboles. En cuclillas, examina la evidencia con mayor cuidado. El rastro que ha venido siguiendo ha sido cruzado por otro. Rápidamente, se pone de acuerdo acerca de los animales responsables, cuántos son, de qué edades y sexos, si algunos están heridos, cuán rápidamente viajan, hace cuánto tiempo pasaron, si otros cazadores los persiguen, si la partida puede alcanzar las presas y, de ser así, cuánto tiempo sería requerido. Se toma la decisión, chasquean sus manos sobre el camino que seguirán, producen un sonido como el viento con sus dientes y arrancan. A pesar de sus arcos y flechas envenenadas, continúan a velocidades de maratón durante horas. Casi siempre, han leído correctamente el mensaje del suelo. Los ñus, los antílopes o los okapis estaban donde creían, en la cantidad y condiciones que habían estimado. La cacería es exitosa. La carne se lleva de regreso al campamento provisional. Todo el mundo festeja.
Esta viñeta de cacería más o menos típica es provista por el pueblo !Kung San del Desierto del Kalahari, en las repúblicas de Botsuana y Namibia, que ahora está trágicamente a punto de extinción. Durante décadas, ellos y su modo de vida han sido estudiados por los antropólogos. Puede que los !Kung San sean típicos del modo de existencia de cazadores y recolectores en el que los humanos hemos pasado la mayor parte del tiempo—hasta hace diez mil años, cuando se domesticara las plantas y los animales y la condición humana comenzara a cambiar, quizás para siempre. Ellos eran seguidores de rastros de tan legendaria competencia que fueron alistados en el ejército de la Sudáfrica del apartheid, para cazar presas humanas en sus guerras contra los «estados fronterizos». Este encuentro con los militares de la Sudáfrica blanca aceleró de diversas maneras la destrucción de la forma de vida de los !Kung San que, en todo caso, había venido deteriorándose poco a poco, a través de los siglos, con cada contacto con la civilización europea.
¿Cómo lo hacían? ¿Cómo podían saber tantas cosas con una sola mirada? No explica nada decir que eran agudos observadores. ¿Qué hacían en realidad? Según el antropólogo Richard Lee, escrutaban la forma de las depresiones. Las huellas de un animal que se mueve rápidamente muestran una simetría más alargada. Un animal cojo favorece la pata afectada, pone menos peso sobre ella, y deja una impresión más débil. Un animal más pesado deja una hendidura más profunda y ancha. Las funciones de correlación residen en las cabezas de los cazadores.
En el curso de un día, las huellas sufren algo de erosión. Las paredes de la depresión tienden a desplomarse. La arena que es soplada por el viento se acumula en el fondo de la hendidura. Tal vez trozos de hojas, pequeñas ramas o hierba son soplados dentro de ella. Mientras uno más espera, más erosión se encuentra.
El método es esencialmente idéntico al que los astrónomos planetarios emplean para analizar los cráteres que dejan los impactos de meteoritos; apartando otros factores, mientras más llano es un cráter más antiguo es. Los cráteres con paredes más hundidas, con una proporción modesta entre profundidad y diámetro, con partículas finas acumuladas en su interior, tienden a ser más antiguos, puesto que tuvieron que existir lo suficiente como para que tales procesos erosivos se pusieran en juego.
Las causas de la degradación pueden variar de un mundo a otro, de desierto a desierto, de época a época. Pero uno puede determinar bastantes cosas de lo preciso o borroso de un cráter. Si hay trazas de insectos u otros animales superpuestas sobre las huellas de pezuñas, esto también niega que sean frescas. La humedad bajo el suelo y la velocidad con que éste se seca luego ser pisado por una pezuña, determinan cuán propensas a desplomarse son las paredes del cráter. Todos estos asuntos son cuidadosamente estudiados por los !Kung.
Un rebaño galopante detesta el Sol caliente. Los animales usan toda la sombra que puedan encontrar. Cambiarán de dirección para aprovechar la sombra de una aglomeración de árboles. Pero la localización de la sombra depende de la hora del día, puesto que el Sol se desplaza por el cielo. Por la mañana, cuando el Sol nace al este, las sombras están al oeste de los árboles. Después, por la tarde, cuando el Sol se pone al oeste, las sombras se proyectan al este. Del viraje en las huellas, es posible decir hace cuánto tiempo pasaron los animales. Tal cálculo varía en diferentes estaciones del año, así que los cazadores deben llevar en sus cabezas una especie de calendario astronómico que prediga el movimiento solar aparente.
Para mí, todas esas formidables habilidades de seguimiento forense son ciencia en acción.
No sólo son los cazadores-recolectores expertos en las huellas de otros animales; asimismo conocen muy bien las huellas humanas. Cada miembro de la banda es reconocible por sus huellas; son tan familiares como sus rostros. Laurent van der Post refiere:
[M]uchas millas lejos de su hogar y separados del resto, Nxou y yo, tras la pista de un astado herido, encontramos de repente otro juego de huellas y rastros que se unían a las nuestras. Él soltó un profundo bufido de satisfacción y dijo que eran las huellas de Bauxhau, dejadas hacía pocos minutos. Declaró que Bauxhau estaba corriendo rápidamente y que pronto le veríamos a él y al animal. Superamos la duna que teníamos enfrente y allí estaba Bauxhau, ya desollando a su presa.
(…)
No hay el menor indicio de que los protocolos de caza de los !Kung se basen en métodos mágicos—el examen de las estrellas la noche anterior o las entrañas de un animal, o el lanzamiento de dados, o la interpretación de sueños, o la conjura de demonios o nada de la miríada de espurias pretensiones de conocimiento que los humanos han considerado intermitentemente. Aquí hay una pregunta específica y bien definida: ¿adónde fue la presa y cuáles son sus características? Se necesita una respuesta precisa que la magia y la adivinación simplemente no pueden ofrecer, o al menos no con la suficiente frecuencia como para eludir la inanición.
Carl Sagan
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 5, 2019 | Notas, Política |

¿Caracas? ¿Santiago? ¿La Paz? París, hoy 5 de diciembre de 2019, en huelga general. (Foto de Rafael Serrano).
A 2019 le quedan apenas veintiséis días, o 7,12% de su duración total. El próximo año será bisiesto, y Datanálisis presume que a pesar de ese rasgo pavoso será «mejorcito».
El socio Director de Datanalisis, José Antonio Gil Yépez, hizo referencia a la organización del seminario “Escenarios País 2020, Proyecciones del 2019 y Criterios de Seguimiento del 2020”. Gil explicó que el gobierno entendió que no podía seguir con las políticas de control de precios, control de cambio, sobrevaluación exagerada de la moneda: «Por eso implementó la liberación de precios, la dolarización informal que hemos visto en la economía y la reducción de los aranceles”. (…) Si a eso se le suma reducción del encaje bancario y la profundización de la dolarización; «la perspectiva de la economía es que se toque piso en la caída de la producción nacional y empecemos a repuntar”. Precisó: “Si a eso se le suma la conversión de deuda en capital, no pretender pagar la deuda con más deuda, sino pagar la deuda de las empresas del Estado entregando las acciones para que los acreedores se cobren y se encarguen de reflotarlas, eso sería un impacto muy positivo en el rescate de la confianza entre los venezolanos”. Se debe buscar que se moderen las sanciones de EEUU contra Venezuela. Manifestó que esos acreedores son grandes empresas internacionales que se ocuparían de hacer el lobby en los EEUU para que se moderen las sanciones: «Porque si se siguen prolongando le seguirán haciendo mucho daño a la economía». Para que las variables macroeconómicas sean favorables para el futuro del país, reiteró que “debe continuar el proceso de liberación que está en marcha». (Las predicciones de Datanálisis sobre Venezuela para el 2020).
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Por su parte, Meganálisis ha dado a conocer los resultados de mediciones levantadas entre el 25 de noviembre y el 2 de este mes. He aquí algunas de sus láminas:

Rechazo a Nicolás Maduro

Rechazo a Juan Guaidó
La desconfianza en Nicolás Maduro totaliza 86,1%, mientras un total de 81,4% de los encuestados desconfía de Juan Guaidó, o una diferencia de sólo 4,7%. ¿No es eso un empate técnico? ¿Cómo están las preferencias referidas al Poder Ejecutivo y el Legislativo actuales?

Un gobernante indeseable

Un parlamento indeseable
En este caso, la diferencia se reduce a sólo 1,3% «a favor» de la oposición. Volvamos a Datanálisis y Gil Yepes (no Yépez); entrevistado en Globovisión, reveló que la popularidad de los partidos de oposición, todos sumados, no supera el 14% de la opinión medida. El 11 de abril de 2016 cerraba este blog la entrada Etiqueta negra con estas palabras: «El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país».
La perniciosidad gubernamental podía anticiparse desde el 4 de febrero de 1992; la incompetencia de la oposición, causa de la frustrada intentona de esa fecha, se ha puesto de manifiesto a lo largo del viacrucis chavista-madurista. Hace poco (Viejo problema que tiene solución, 27 de noviembre de 2019) se recordaba acá un juicio relativamente temprano acerca de ella, entonces nucleada en la Coordinadora Democrática, la fallecida madre de la Mesa de la Unidad Democrática:
La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia.
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Hace más de diez años se propuso—en la Carta Semanal #341 de doctorpolítico (23 de julio de 2009)—lo siguiente:
…la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”. ¿Qué hace uno con una mayoría tan fuerte? Pues procura que se exprese políticamente de modo válido. Pide que el asunto sea votado, pues está seguro de ganar una consulta que lo considere. Es ésa una regla política elemental. Quien tiene la mayoría quiere que se la mida y certifique, porque quien tiene la mayoría puede mandar. La mayoría abundante que no quiere un régimen socialista para Venezuela debiera apoyar la convocatoria, por iniciativa popular, de un referéndum consultivo sobre dicha posibilidad, de una consulta que le pare el trote a Ramírez y a su jefe.
Y esto acaba de medir Meganálisis sobre ese asunto:

En lugar de una encuesta debiera celebrarse un referendo
La dirigencia opositora, la oposición profesional, se ha mostrado contumaz en su renuencia a convocar al Pueblo para que decida los asuntos fundamentales de la política venezolana. Tal vez eso explique el enorme rechazo que recibe. LEA
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