por Luis Enrique Alcalá | Ene 9, 2020 | Política, Terceros |
Acá se transcribe, añadiéndole notas al pie que no trae el original, un importante artículo de Mibelis Acevedo Donís que se ha tomado del diario El Universal, en su edición digital del 22 de noviembre de 2019. LEA
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El cacumen pertinente de Mibelis Acevedo Donís
«La lengua abundante es señal de mano escasa”, reza el refrán, en suerte de zumbona sentencia acerca de esa distancia que parece existir entre lexis y praxis, abstracción y realización, el pensar-decir y el hacer. En terrenos de la política y más allá de esos llanos desahogos, mucho se ha discutido al respecto, por cierto. Quienes optan por preconizar la intervención químicamente pura* del “hombre de acción”, por ejemplo, alegan que sus movidas suelen prescindir de las teorizaciones; una compañía estorbosa en la medida en que operar sobre la urgencia demanda zambullirse en la realidad, tal como viene. He allí verdad a medias, no obstante: si bien es cierto que la acción, como apunta Arendt, hace posible la transformación del mundo, en ausencia de ideas funcionales y desprovista de alma, de logos, la praxis avanza sin fuelle suficiente, se vuelve enclenque; y fracasa. La sola voluntad, el solo impulso, en fin, no bastan para dar consistencia a la gestión de un líder obligado a superar la impronta simplificadora de la épica.
El buen hacer supone pensar. En tanto actividad que afecta el espacio entre-nos, la política pide un ejercicio que no esquive la construcción elaborada, no perentoria, un sentido que la oriente y justifique. Así, el apretado encadenamiento que pasa desapercibido cuando toca decidir sobre la marcha, nos debería hablar de la sinergia entre el “saber hacer” y cierta señera cualidad desarrollada a partir de la experiencia y el conocimiento.
Conviene volver sobre los pasos de Isaiah Berlin, a su disertación sobre el sentido de la realidad y el juicio político. Al examinar la peste de los nacionalismos del s. XX, Berlin explica cómo el romanticismo redujo la libertad humana a pura autonomía de acción: así cobró cuerpo la imagen del héroe trágico, agente que no rinde cuentas a nadie, que subestima los límites del conocimiento científico, que sólo debe lealtad a sí mismo y en el que la ética de la convicción sojuzga a la ética de las consecuencias. Irónicamente, una visión que justificó las mayores perversiones autoritarias en el pasado sigue cosechando adeptos en el presente; y la política venezolana tampoco se ha librado de sus arañazos.
Hacer, hay que hacer, hacer mucho aunque eso no entrañe necesariamente pensamiento estratégico o sentido de la realidad: de un tiempo para acá nuestro ecosistema político parece rebasado por la compulsión de estos auto-mentados “pragmáticos”. Henchidos, sí, de nobles intenciones, pero renuentes a revisar las lecciones de la historia; dueños a su vez de una noción de praxis que parece girar en torno a una precaria lexis, una idea fija aunque expuesta de diversas, efectistas, potables, cada vez más customizadas formas. No extraña entonces que un mantra inamovible suplante toda flexible labor de racionalidad. Que el afán de deliberación atado a la duda que suscita la falta de resultados, sea visto como ataque, como intento de fragmentar lo que ya luce en extremo fragmentado… ¿cabe acaso llamar a esto “pragmatismo”?
Es justo reconocer que para el pragmatismo—como sostenía uno de sus más célebres exponentes, Charles S. Peirce—verdad, bondad o belleza atienden al éxito que estas reporten en la práctica. El pragmático se basa así en la utilidad de ideas o acciones; en la falibilidad**, esto es, la naturaleza tentativa y siempre sujeta a rectificación de las afirmaciones, lo cual supone por un lado sensibilidad para abrazar la contingencia, y por otro, el rechazo a certezas últimas e inmutables. No hay separación entre razón práctica y teórica. La verdad es aquello que funciona, concluía Schiller.
En atención a eso, ¿podríamos decir entonces que un político es pragmático por el simple hecho de eludir las definiciones, de poner la acción por encima de la ortodoxia de determinada doctrina? ¿No es más bien anti-pragmatismo desdeñar sistemáticamente la evidencia empírica, la razonable previsión, y entregarse al tanteo a ciegas; apostar tercamente, por ejemplo, a la virtud de un enunciado, sin advertir que la aplicación desmedida de métodos para concretarlo—llámese calle, levantamiento o movidas caóticas a favor de un quiebre militar; todo menos apostar al efecto movilizador del voto—no se traduce en corolarios aprovechables?
Mal podríamos hablar de pragmatismo cuando el sentido de la realidad no forma parte de la conducta regular de quien se proyecta como hombre de acción. Evadir ideas que podrían dotarlo de vital perspectiva y sustituirlas por las llaves todo-uso que provee el marketing, tampoco figura en el menú de lo deseable. No se trata, claro está, de convertir al político en un consumidor de ideologías*** o de exigirle una vana erudición (inevitable recordar que en 1981, una descomunal criatura política como Walesa admitía ante Oriana Fallaci no haber leído un solo libro) y sí discernimiento, comprensión del laberinto del “espíritu de los tiempos”, coherencia, cautela y no temeridad; el hambre de ideas necesaria para entender que, ante la desventaja, menos no es más. MAD
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* Ver en este blog Reiteración del error (2 de diciembre de 2019), la crítica a un artículo de Luis Vicente León—¿Qué es un político puro?—, que fuera dos veces publicado en El Universal (15 de enero y 1º de diciembre de 2019).
** «Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra». (Tiempo de incongruencia, 8 de febrero de 1985).
*** «Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones». (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 7, 2020 | Notas, Política |

Juan Guaidó, rodeado de diputados, hoy en la sede del Poder Legislativo
La comedia de los errores es una de las primeras obras de William Shakespeare. Es su comedia más corta y una de sus más absurdas, con una gran parte del humor que proviene de la payasada y la identidad equivocada, además de juegos de palabras. (…) En los siglos posteriores a su estreno, el título de la obra ha entrado en el léxico popular inglés como modismo para «un evento o serie de eventos ridiculizados por la cantidad de errores que se cometieron». (…) una serie de percances salvajes basados en identidades erróneas conduce a golpizas injustas, una seducción cercana, el arresto de Antipoles de Éfeso y falsas acusaciones de infidelidad, robo, locura y. posesión demoníaca.
The Comedy of Errors – Wikipedia
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Debo admitir un estado anímico poco proclive al juicio clínico, desapasionado, de los últimos acontecimientos políticos nacionales, los que giran alrededor del inicio del último período de sesiones de la Asamblea Nacional elegida en diciembre de 2015. Dos días antes del 5 de enero, un íntimo y queridísimo amigo ha sufrido un accidente cerebro-vascular que lo mantiene inmovilizado en terapia intensiva y eso me ha producido, lo reconozco, un importante grado de angustia; sólo por eso, no estoy totalmente en mis cabales. Luego, los incidentes de esa fecha en el Palacio Legislativo y la sede del diario El Nacional me han causado pena ajena y no poca ansiedad ciudadana. Experimento inquietud y vergüenza por el mediocre espectáculo que escenifica la mayoría de nuestros actores políticos, una verdadera comedia—¿tragedia?—de equivocaciones.
Esto no es nuevo—a lo largo de dos décadas hemos sido testigos de enormes desatinos—y la causa principal del proceso es la abrumadora presencia política del chavismo-madurismo; por ejemplo, nos encontramos ya a casi dieciocho años de distancia del delirio de Pedro Carmona Estanga:
…sobre el 11 de abril hay más de una interpretación y, más fundamentalmente, porque varios procesos coexistieron en paralelo el 11 de abril. Esto es, no hay una explicación lineal, unidimensional, del 11 de abril. Pero aun si lo que hubiera ocurrido fuese tan sólo lo que el gobierno de Chávez pretende vender como única verdad, que el 11 de abril solamente ocurrió un golpe de Estado en Venezuela, esa ocurrencia sería resultado de las pasiones que Hugo Chávez se cuidó muy bien de excitar por todos los medios a su alcance. Hugo Chávez estuvo buscando la fiera atroz que anidaría, según Jardiel Poncela, en el alma de cada venezolano, desde el instante mismo que tomó posesión del gobierno y aun mucho antes. Por mucho menos de lo que ha hecho Chávez, muchos presidentes recibieron un golpe de Estado.
Tragedia de abril (El Carmonazo) – 14 de junio de 2002.
Más tarde sería Nicolás Maduro el principal responsable. A raíz del afortunadamente fallido atentado del 4 de agosto de 2018, comenté tres días más tarde en Nicolás Maduro y los dos drones:
Resulta verdaderamente lamentable que la inepta y desalmada gestión de Maduro haya suscitado la tentación criminal. No dispongo de información suficiente acerca del incidente peligrosísimo para el país—”Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquiera crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente”, asentó William Clifford en La ética de la creencia—, pero tampoco puedo negar la existencia de la locura en focos más o menos autónomos de la oposición. En Huele a humo, 27 de junio de 2017, acerca de los explosivos lanzados por Oscar Pérez desde un helicóptero sobre el techo del Tribunal Supremo de Justicia, opiné: “…lo que es cierto es que esto es el país esculpido por Nicolás Maduro Moros”. En esa misma entrada dejé esta constancia:
…en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio (29/06/13), sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”.
Es Nicolás Maduro quien no ha dejado de citar al toro del atentado y… los toros embisten.
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La oposición predominante, atomizada pero reunida en su repudio a Maduro, también ha contribuido muy suficientemente. (Ver en este blog La historia desaparecida, 2 de abril de 2017). Fue Henry Ramos Allup quien desenterrara el hacha de guerra, el mismo día de la instalación de la Asamblea (5 de enero de 2016), al declarar que era propósito del cuerpo legislativo «la cesación de este gobierno». Esa dinámica confrontacional entre los poderes principales de la República existe, pues, desde hace cuatro años, y fue la oposición quien la estableciera, aunque entonces se predicara como una «salida constitucional, democrática, pacífica y electoral». (Los alegatos que Guaidó esgrimiera durante el año recién concluido no se distinguen precisamente por ninguno de esos rasgos).
Es doloroso contemplar la escena de militares que impidieron la entrada de diputados a la sede de la Asamblea, incidente que provocara la pertinente declaración de Juan Guaidó: «No son los militares quienes deciden quién es diputado y quién no, es el pueblo de Venezuela». Pero él no parece tomar en cuenta que es igualmente el Pueblo el que decide quién es y quién no el Presidente de la República. No le toca a la Asamblea Nacional, no le toca al diputado Guaidó calificar falazmente la presidencia de Nicolás Maduro como «usurpación». (Ver Más usurpador será usted, 23 de enero de 2019).
Es el Pueblo, lo diré una vez más, el único actor capaz de disolver tan destructiva dinámica. No puede ser más urgente el llamado a que se pronuncie en referendo; ningún otro agente es capaz de cortar nuestro pernicioso nudo gordiano. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 6, 2020 | Notas, Política |

Momentos antes de la evaporación de la Torre Eiffel, inaugurada en 1889
Al más competente de los polemólogos* venezolanos: José Rafael Revenga
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En su pérdida de propósito, incluso en su abandono de los temas que más sinceramente abrazaron, Gran Bretaña, Francia y sobre todo, debido a su inmenso poder e imparcialidad, Estados Unidos permitieron que las condiciones se formaran gradualmente, las que llevaron precisamente al clímax que más temían. Sólo tendría que repetirse ese mismo comportamiento, bien intencionado pero miope hacia los nuevos problemas que con singular semejanza confrontamos hoy, para provocar una tercera convulsión de la cual ninguno podría vivir para contar la historia.
Winston Churchill –The Gathering Storm, uno de los seis tomos de su historia de la Segunda Guerra Mundial (1948)
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No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta se librará con palos y piedras.
Albert Einstein – Entrevista con Albert Werner (1949)
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Ayer se publicó en la web de Gentleman’s Quarterly (México y Latinoamérica) una breve nota que comenzaba así:
La Tercera Guerra Mundial es tendencia en Twitter, miles de usuarios han estado hablando de ello, tras el conflicto internacional entre Estados Unidos e Irán, una vez que se diera a conocer que Estados Unidos asesinó al general de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Qassem Soleimani, por lo que los usuarios de la red social se han encargado de compartir su opinión, sobre todo memes, a través de los hashtags #WWIII, #WorldWar3 y #WorldWarIII, los cuales ocupan las primeras 3 posiciones en tendencias de Twitter. (Tercera Guerra Mundial, ¿por qué todos hablan de ello y es tendencia en Twitter?)
Es esa guerra tema que preocupara a Elon Musk, el empresario tecnológico de automóviles eléctricos conducidos por inteligencia artificial y cohetes y naves interplanetarias, al menos desde hace algo más de dos años:
En las fechas del Día del Trabajo en Estados Unidos, por allá en septiembre de 2017, Elon Musk se encontraba tuiteando, reflexionando sobre la posibilidad de la Tercera Guerra Mundial. El famoso director ejecutivo de Tesla y de SpaceX se encontraba haciendo algunas predicciones de este tema, pues en aquel tiempo se había realizado una prueba con armas nucleares, hechas por Corea del Norte. Aunque en realidad lo que a Elon Musk le preocupaba era una posible guerra mundial gracias a la inteligencia artificial, pues dijo que Corea del Norte “debería estar abajo en nuestra lista de preocupaciones por el riesgo que implica para la civilización”, dijo Musk en un tuit que escribió aquella mañana en Twitter. “En mi opinión, la competencia por la superioridad en la inteligencia artificial a nivel nacional será la causa más probable de la Tercera Guerra Mundial”, expresó Musk en otro de sus tuits. Esta predicción la hizo en respuesta a un comentario hecho en esos días por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en donde dijo que “la inteligencia artificial es el futuro no sólo de Rusia sino de toda la humanidad” y dijo que “quienquiera que sea el líder en este campo será el gobernante del mundo”. En este momento, Estados Unidos, China y la India son los tres países más adelantados en el tema de la inteligencia artificial, según asegura Musk. Sin embargo, decía que otros países tratarán de alcanzarlos por cualquier medio. “Los gobiernos no tienen que seguir leyes normales. Obtendrán inteligencia artificial desarrollada por compañías a punta de pistola, si es necesario”. Musk acostumbra usar mucho Twitter, por lo que en otra ocasión Musk escribió creer que algún sistema de inteligencia artificial podría escoger comenzar una guerra “si decide que un ataque preventivo es el camino más probable para obtener la victoria”. (Elon Musk vio venir la Tercera Guerra Mundial en 2017, Alfonzo Tirado Quezada, 3 de enero de 2020).
Musk no sólo se ha ocupado de diagnosticar y pronosticar, también ha prescrito un tratamiento. Al año siguiente, participaba en el seminario South by Southwest, que tuvo lugar en Austin, la capital de Texas. Allí hizo más explícita la prescripción de una salida: la colonización de Marte para preservar una fracción de raza humana. A partir de ella, podrían regresar los colonizadores para repoblar una Tierra destruida:
«Es probable que haya otra edad oscura… particularmente si hay una tercera guerra mundial», dijo Musk durante las preguntas y respuestas. A corto plazo, una vez que la compañía esté lista con una nave espacial que sea capaz de hacer viajes cortos a Marte, Musk agrega que se necesitarán recursos empresariales para construir una base completa de industria que permita la existencia de la civilización humana. Una colonia en Marte llevaría adelante la cultura humana al mantenerse alejada de cualquier destino final que esté reservado para la Tierra. Musk agrega que la única forma de garantizar que las edades oscuras se acorten es tener humanos en otros planetas que puedan regresar a la Tierra y reconstruirse.
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Alguien como el muy autorizado policy scientist Yehezkel Dror se ha preocupado del tema con mayor pertinencia científica y refinamiento cultural que Elon Musk:

Dror ha insistido sobre una posible y nueva guerra biológica, así como acerca del uso agresivo de robots:
El tema puede parecernos una exageración y tal vez pensemos que problemas como ésos no nos alcanzarán, así como el continente americano permaneció prácticamente intocado por los conflictos mundiales de 1914-18 y 1939-45. Pero esto es una ilusión:
Mucho se ha pensado, en una especie de convicción de invulnerabilidad final muy acusada en nuestro pueblo, que una conflagración nuclear en países del Hemisferio Norte (OTAN-Varsovia), si bien nos afectaría grandemente por el lado económico, al menos nos sería leve en cuanto a lo físico, a los daños por los efectos mismos de las explosiones, entre otras cosas por distancia y por factores naturales tales como el pulmón del Mato Grosso. Pero los modelos más recientes de meteorología nuclear nos muestran cómo nos veríamos directa e impensablemente afectados por un invierno artificial de proporciones cataclísmicas, que incluiría la traslación, por inversión de los ciclos eólicos normales, de nubes de hollín y polvo que harían barrera a más del 90% de la radiación solar incidente (con lo que muy pronto la superficie terrestre descendería a temperaturas de subcongelación) y de nubes intensamente radiactivas. (Para un caso base de un intercambio de 5.000 megatones, equivalente a la mitad del arsenal actual. Ackerman, Pollack y Sagan, Scientific American, agosto de 1984).
En LA IMPROBABILIDAD DE LAS PROPOSICIONES Respuesta de Luis Enrique Alcalá a Diego Bautista Urbaneja Debate Viso, Urbaneja, Alcalá – Revista Válvula, diciembre de 1984.
Roguemos porque no ocurran locuras, entre otras cosas porque hace nada se incendió una buena parte de la protectora selva amazónica (lo mismo que ahora sufren dramáticamente los australianos) y todavía Elon Musk no puede transportar un millón de terrícolas a Marte, que él estima la mínima población necesaria para repoblar el planeta. La gente del mundo está muy preocupada pues, como dice el refrán, a la tercera va la vencida. LEA
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* polemología Del gr. πόλεμος pólemos ‘guerra’, ‘combate’ y -logía. 1. f. Estudio científico de la guerra como fenómeno social. (Diccionario de la Lengua Española).
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 3, 2020 | Argumentos, Política |

La Asamblea Nacional venezolana
El más sutil de los atentados a la libertad es el de suponer el futuro como historia congelada. No se puede decir que los actores políticos tradicionales serán incapaces para comprender los procesos políticos o que serán incapaces para diseñar cursos de acción.
Krisis – Memorias Prematuras, 12 de febrero de 1986
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En verdad, congelar a alguien en su pasado es un grave atentado a su libertad, pues no puede a nadie prohibírsele que cambie para bien.
De mangueras y enemigos, 27 de noviembre de 2003
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Noticia contenida en Rayuela, la novela cumbre de Julio Cortázar. Ella nos informa de peceras con tabiques de vidrio transparente, en la que los peces que nadan allí tropiezan una y otra vez con ellos, pues no pueden distinguirlos del agua. Al cabo de una serie de frustraciones, los animales aprenden y dan vuelta antes de chocar. Luego, retirados los tabiques, continúan creyendo que no pueden pasar de un lado al otro: “Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…”
Lo irónico, en el caso de los tabiques que limitan la actuación de nuestra Asamblea Nacional, es que es ella misma quien los ha colocado. Si bien ella no juramentó, hasta ahora, al diputado Juan Guaidó como encargado de la Presidencia de la República, aprobó el 5 de febrero de 2019 el Estatuto que rige la transición a la democracia para restablecer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que certifica esa postiza investidura: «El Presidente de la Asamblea Nacional es, de conformidad con el artículo 233 de la Constitución, el legítimo Presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela». (La Presidencia de la República sólo recae en el Presidente de la Asamblea Nacional, según ese artículo, en el caso de falta absoluta del Presidente Electo, y sólo si tal falta se produce antes de su toma de posesión, la que ocurrió el 10 de enero del año pasado. Si se argumenta que la segunda elección de Nicolás Maduro como Presidente de la República es ilegítima—y no le corresponde al Poder Legislativo certificar tal cosa—, entonces no existió nunca el Presidente Electo exigido por la Constitución para que su falta absoluta antes de tomar posesión cause la encargaduría del Presidente de la Asamblea Nacional. El propio «estatuto» declara en su Artículo 8: «El evento político celebrado el 20 de mayo de 2018 no fue una legítima elección presidencial. En consecuencia, no existe Presidente electo legitimado para asumir la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela para el período 2019-2025″).
La ocurrencia del «estatuto» hace mucho más costosa la rectificación por cuanto implicaría una retractación, que sería lo indicado. Ese instrumento fue promovido sobre una equivocada interpretación del Artículo 333 de la Constitución, el que dice: «Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia». La Constitución, aunque ha sufrido violaciones de distinto calibre—ver la más grave en Violación denunciada (12 de agosto de 2008)—no ha dejado de observarse por acto de fuerza (un golpe de Estado, por ejemplo, como el que pretendió ejecutar el mismo Guaidó el pasado 30 de abril). Luego, tampoco ha sido derogada mediante procedimiento distinto del que ella prevé: la aprobación en referendo de un nuevo texto constitucional que provenga de una Asamblea Nacional Constituyente. (Sí pretendió derogarla, por caso, Pedro Carmona Estanga el 12 de abril de 2002, con el «decreto» para el que Allan Randolph Brewer Carías recomendó «correcciones de estilo», según propia admisión del 15 de abril de 2002). Apartando esos dos casos, no hay otros orígenes para la obligación de «colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia» que la Constitución impone a cualquier ciudadano y, a todo evento, sería un contrasentido restablecerla con una violación: la «conformación de un Gobierno provisional de unidad nacional» (Artículo 2 del «estatuto»), enteramente ausente de nuestra Carta Magna. Pretender que para defender la Constitución hay que desconocerla, como ha sostenido más de uno, es postura decididamente absurda.
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Nuestra situación requiere que nuestros representantes legislativos se quiten de los ojos las vendas que ellos mismos se han puesto, los tabiques que por su cuenta han introducido a la pecera. Para que la actuación de la Asamblea Nacional elegida a fines de 2015 no sea un total desperdicio, es preciso que ella recupere su eficacia como poder (resolviendo el asunto del persistente desacato) para que pueda convocar, por mayoría simple (Artículo 71 de la Constitución), referendos que resuelvan cosas fundamentales. «Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional«. (5 de febrero de 2003).
Debe la Asamblea sobreponerse a su prejuicio:
La inmensa mayoría de la dirigencia nacional, política o privada, alimenta un desprecio básico por el pueblo venezolano. A casi todo proyecto político verdaderamente audaz y significativo se le opone usualmente la idea de que el pueblo no se interesa sino por muy elementales necesidades de supervivencia, por las más egoístas apetencias, por los más triviales objetivos. (…) Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo venezolano continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles. (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).
La prescripción referendaria, revestida como alianza entre la Asamblea Nacional y el Pueblo de Venezuela, fue recomendada el 9 de enero de 2016 (sólo cuatro días después de la instalación de la nueva legislatura) en el programa #178 de Dr. Político en RCR. He aquí el fragmento* correspondiente, de poco menos de cinco minutos:
Alianza estratégica
Juan Guaidó ha reconocido recientemente que ha cometido errores (sin especificarlos). Varios otros conductores de la Asamblea Nacional elegida a fines de 2015 también han errado, y los errores se superan únicamente con la rectificación. Nunca es tarde para corregir. (Bueno, a menos que la cosa sea incorregible). LEA
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*El primer segmento del programa #178 comentó algunas actuaciones de personajes importantes de la política nacional, como Nicolás Maduro y Vladimir Padrino López. Creo que vale la pena escucharlo, como refrescamiento de las condiciones políticas a comienzos de 2016 y consideración de conceptos de Luis Salas Rodríguez, por esos días nombrado Ministro de Economía «Productiva». Helo aquí completo, finalizando con los 4′ 53″ del audio precedente:
Introducción del 9 de enero de 2016
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 30, 2019 | Notas, Política |

El Poder Legislativo Nacional en sesión
Faltan sólo unos pocos días para que la Asamblea Nacional, elegida el 6 de diciembre de 2015, concluya el penúltimo año de su período constitucional de cinco años (iniciado el 5 de enero de 2016); esto es, para que agote las cuatro quintas partes de su tiempo útil. En este punto conviene preguntarse para qué ha servido; ¿cuáles logros puede exhibir? ¿Es que ha sido benéfica su actuación para el Pueblo de Venezuela?
Primero que nada, vale la pena recordar las expectativas que la oposición, reunida en la Mesa de la Unidad Democrática, vendió entusiasta e irresponsablemente. El archivo de audio siguiente corresponde a tres minutos de un programa especial de Y así nos va, grabado en Radio Caracas Radio el 18 de noviembre de 2014 y puesto al aire por la emisora el 30 de diciembre de ese año. Nehomar Hernández, ancla de RCR que me entrevistaba, hizo inventario somero de las expectativas creadas principalmente por voceros del partido Primero Justicia, luego de mi predicción de que la oposición alcanzaría una mayoría de diputados, un año y 18 días antes de la elección:
Fragmento Y así nos va – 18/11/14
«Haga la última cola»—para votar y elegir una mayoría de oposición en la Asamblea Nacional—fue consigna vendida con la explícita promesa de que la Asamblea en manos opositoras acabaría con las colas de consumidores en tiempos de desabastecimiento. En el primer día de diciembre de 2015, cinco días antes de la elección del cuerpo legislativo, Juan Pablo Olalquiaga, Presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, profetizaba: «El reto de la Asamblea va a ser voltear la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente». Así ocurrió, y a estas alturas ese castigo ha alcanzado cotas vergonzantes, como registrara Meganálisis en encuesta recentísima:

Esa medición es explicable para un órgano que, en lugar de seguir lo pautado por el Art. 136 de la Constitución—“Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado”—declaró la guerra frontal al Ejecutivo Nacional el mismo día de su instalación, el 5 de enero de 2016. (En su discurso inaugural como su Presidente, Henry Ramos Allup sostuvo que era un «compromiso no transable» de la Asamblea Nacional encontrar en el plazo de seis meses una forma de lograr «la cesación de este gobierno»). Luego solicitaría a la Organización de Estados Americanos la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela (siendo la Asamblea Nacional parte del Estado que sería suspendido de su condición de miembro). La siguiente presidencia, de Julio Borges, declaró el «abandono del cargo» (?) por parte de Nicolás Maduro y a mediados de 2017 nombró un Tribunal Supremo de Justicia (pretendidamente «legítimo», que ha hecho vida en el exilio) faltando a lo pautado en la Constitución, la que estipula la participación del Poder Ciudadano en su designación. Omar Barboza no se distinguió por desaguisados como ésos pero, al iniciarse el año que concluye, Juan Guaidó superó tales cotas de desvarío al autoproclamarse Presidente Encargado de la República con una interpretación falaz del Art. 233 de la Constitución, aprobar un inconstitucional «estatuto de transición» y sostener que la Carta Magna confiere a la Asamblea Nacional potestad de solicitar invasiones de fuerzas armadas extranjeras y que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca no tiene tanto que ver con el uso de la fuerza como ¡con asuntos de ayuda humanitaria!
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¿Qué ha hecho esta Asamblea Nacional opositora por el Pueblo de Venezuela? ¿Qué hará en el último año de su período de cinco? Ni siquiera ha servido como órgano de control; justamente al comienzo de sus funciones, el presidente Maduro presentó a consideración de la Asamblea Nacional su primer decreto declarativo de emergencia económica. La Asamblea presidida por Ramos Allup ignoró la Ley Orgánica de Estados de Excepción, que establece para la consideración legislativa de un instrumento tal un plazo de 48 horas sin previa convocatoria; tal omisión implicó la aprobación automática del decreto, consagrándose así la teoría de «la guerra económica» como explicación de nuestros males. Ramos Allup y José Guerra ofrecieron la excusa de que se había preguntado a Maduro por el plazo y éste les habría dicho que los diputados tenían ocho días. Bueno, uno no pregunta una cosa así al enemigo; el general Eisenhower no llamó al mariscal Rommel para preguntarle: «Dime, Edwin ¿de cuánto tiempo dispongo para desembarcar en Normandía? Tú sabes, para fines de relaciones públicas necesito avisar a los fotógrafos».
Pero el pretexto universal de impotencia ha sido el tratamiento de camisa de fuerza que el Tribunal Supremo de Justicia ha impuesto a la Asamblea Nacional, por haber desacatado su sentencia sobre los diputados electos por el estado Amazonas:
El TSJ no “impuso” el desacato a la Asamblea Nacional; fue este órgano el que decidiera, bajo la presidencia de Henry Ramos Allup, hacer caso omiso de la Decisión #260 de la Sala Electoral del máximo tribunal, emitida el 30 de diciembre de 2015. Dicha sala tramitó un recurso interpuesto contra la elección de los diputados electos en el estado Amazonas el 6 de diciembre de ese año, sobre la base de una grabación ampliamente difundida en medios de comunicación que presuntamente registró la admisión de la Secretaria de la Gobernación del Estado Amazonas de que “pagaba diversas cantidades de dinero a los electores para votar por candidatos opositores”. Siendo el hecho comunicacionalmente notorio, la sala ordenó “de forma provisional e inmediata la suspensión de efectos de los actos de totalización, adjudicación y proclamación emanados de los órganos subordinados del C.N.E. respecto de los candidatos electos por voto uninominal, voto lista y representación indígena en el proceso electoral realizado el 6 de diciembre de 2015 en el estado Amazonas para elección de diputados y diputadas a la Asamblea Nacional”. (Destacado en cursivas de este blog). Esto es, se trataba de una sentencia razonable, no definitiva, y ni la Asamblea Nacional ni la Mesa de la Unidad Democrática decidieron impugnar la decisión mediante los procedimientos de derecho contencioso electoral contemplados en la Ley Orgánica de Procesos Electorales. La Asamblea Nacional, en cambio, procedió a juramentar a tales candidatos. (Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019).
Fueron juramentados no una sino dos veces por Ramos Allup. En ocasión de proponer la convocatoria de un referendo consultivo por la Asamblea que pudiera causar inapelablemente una nueva elección presidencial (Prontas Elecciones, 22 de octubre de 2016), este blog anticipaba:
El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).
Esto hicieron ellos veinticuatro días después, y la reacción de Ramos Allup fue la de limitarse a pronunciar estas palabras: «Hemos tomado nota»; nunca se ocupó de tramitar el levantamiento de la sanción. (Borges sí lo haría, pero un quisquilloso Tribunal Supremo de Justicia ha sostenido que la desincorporación tuvo que ser hecha por Ramos Allup). En Del armisticio como programa (11 de mayo de 2017), propuse lo siguiente:
El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas. Por una parte, esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación, y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Por la otra, el conjunto de decisiones del Tribunal declarando la nulidad de actos del Parlamento por tal motivo resulta excesivo; en todo caso, hubiera podido restringir su sanción a aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en discordia; específicamente, debe admitir como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. (…) Adicionalmente, ordenará al Consejo Supremo Electoral la celebración de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.
Por supuesto, la cosa era dando y dando; también propuse allí que la Asamblea Nacional rectificara:
Primero. Así como la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, gracias a la decidida intervención de la fiscal Ortega Díaz, suprimió de sus infames sentencias 155 y 156 las partes más extraviadas y excedidas—que en la práctica significaban la completa anulación de la Asamblea Nacional—, debe ésta suprimir por acto expreso su peregrina declaratoria de abandono del cargo por parte del Presidente de la República del 9 de enero de este año.*
Segundo. La Asamblea Nacional debe retractar explícitamente—en resolución expresa (o al menos en comunicación de su Presidencia)—, del programa delineado por su anterior Presidente el 5 de enero de 2016, que es un “compromiso no transable” del Parlamento “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. (“El Poder Legislativo Nacional reconoce que no es una de sus facultades o propósitos la cesación del gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros, elegido en libres comicios el 14 de abril de 2013 para completar el período constitucional iniciado el 10 de enero de 2013”. (Plantilla del Pacto, 25 de abril de 2016).
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En suma, la producción útil de la Asamblea Nacional en manos de los partidos de oposición ha sido poco menos que nula. ¿Pueden en conciencia sus diputados augurarnos un Feliz Año 2020? LEA
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* Poco después de la supresión parcial de las sentencias 155 y 156, el propio Tribunal Supremo de Justicia e incluso el presidente Maduro excitaron a la Asamblea Nacional a resolver el asunto del desacato. Es interpretación estándar, para la renuencia de la Asamblea a arreglar este asunto, que la suspensión «provisional» de los tres diputados opositores y uno oficialista en Amazonas tenía por propósito—»lo que persigue el TSJ», «lo que busca Maduro»—romper la mayoría de dos terceras partes que permitiría decisiones más poderosas (como una moción de censura al Vicepresidente Ejecutivo de la República, lo que conlleva su remoción). Pero la mayoría opositora fue reducida, por la sentencia sobre la representación de Amazonas, de un total de 167 diputados con 112 de oposición a un total de 163 diputados de los que 109 son de oposición, y éstos siguen siendo las dos terceras partes de esa base reducida. La Asamblea presidida por Henry Ramos Allup nunca quiso probar una votación calificada con esos números.
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