Un venezolano imprescindible

Río Caribe, Península de Paria, Estado Sucre, la cuna de Juancho

 

A Sylvia Josefina en su cumpleaños

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En Noventa años de luz (17 de mayo de 1996) se dijo: «un país en el que nace Úslar, en el que vive Úslar, al que regresa Úslar, en el que se queda Úslar prefiriéndolo entre todos los que le ofrecerían patria de inmediato, no puede ser un mal país». Venezuela es un buen país, y lo es porque ha parido hombres excepcionalmente buenos. Del descomunal ingeniero que fuese Juan Francisco (Juancho) Otaola Paván puede decirse lo mismo que de Úslar Pietri: si Venezuela lo vio nacer, vivir, procrear y trabajar, nuestra patria no puede ser un mal país.

Nuestro corazón se llena a la vez de agradecimiento y orgullo al ver el documental de CINESA acerca de su personalidad y su obra. Saber de su tránsito entre nosotros nos cura de todo mal. Tenemos remedio.

 

 

Gracias, Dr. Otaola, por ser nuestro, por haber nacido en Río Caribe, tierra de pesca y cacao próxima a Macuro, donde Cristóbal Colón bajó a pisar por primera vez la masa continental de América en 1498. Sus compatriotas somos mejores por usted. LEA

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Una nación idiota

Un mordaz artículo publicado en Salon, una publicación electrónica estupenda

 

Un expresidente con gorro de necio

 

Nuestro mayor problema de seguridad nacional es la «vasta y militante ignorancia» de los Estados Unidos. Millones de estadounidenses abrazan insípidas mentiras y teorías de conspiración, y al orgulloso líder estúpido que las difunde

 

Por Brian Karem *

Publicado el 28 de octubre de 2021 a las 10:57 a.m. (EDT)

 

Con el perdón de Paul Simon, y a pesar de toda la información disponible para el común mortal, todavía hay millones de estadounidenses que actualmente creen que se están deslizando por la carretera cuando en realidad escapan resbalando.

Mientras el presidente Biden se prepara para viajar a Europa a reunirse con el Papa y nuestros aliados de la OTAN la próxima semana, deja un gran problema de seguridad nacional con el que debe lidiar, uno que no se ha abordado de manera significativa durante muchos años.

Es la causa fundamental de nuestros problemas con China. Es por ella que algunas personas no quieren vacunarse. Es por ella que algunos todavía siguen alegremente a Donald Trump. Explica por qué el Congreso no puede reunirse de manera bipartidista para ocuparse de la infraestructura, la atención médica y el control de armas. Es por eso que tenemos problemas para comprender el cambio climático. Ella explica la supresión de electores. Es por eso que la «teoría crítica de la raza» se ha vuelto controvertida, por lo que algunos elementos de nuestra población de izquierda y derecha están en guerra entre sí y por qué algunos creen que la tierra es plana y que el Holocausto no ocurrió. Es por eso que algunos de nosotros creemos que seguimos siendo la nación «número uno» del mundo cuando, más allá de tener el ejército más grande, estamos claramente a la zaga de otras naciones importantes en muchos factores críticos. Más que cualquier otra cosa, explica por qué fallamos.

Los Estados Unidos son una nación de gente militantemente ignorante, arrogante en sus creencias, incapaz de cambiar de opinión y reacia a intentarlo. Carecemos de educación.

Y la falta de educación en este país es un problema tal que el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan lo describió esta semana como un tema crítico para nuestra seguridad nacional. «Lo considero un problema de seguridad nacional», me dijo el martes durante una sesión informativa en la Casa Blanca. «De hecho, es la Dra. [Jill] Biden quien ha dicho repetidamente, y el presidente la cita con frecuencia, que cualquier país que supere en educación a Estados Unidos superará a Estados Unidos, y ése es un problema fundamental de seguridad nacional».

NPR informó el martes que, en parte debido al COVID-19, tenemos este año 500,000 estudiantes menos inscritos en las universidades. Realmente ¿piensa alguien que podemos competir en los modernos lugares de trabajo con sólo una educación secundaria?

Fui entrenador de fútbol americano en la escuela secundaria durante muchos años. Puedo decirles de primera mano que la calidad de la educación del estudiante «promedio» de hoy en día habría estado por debajo del nivel de una educación de reparación cuando estuve en la escuela secundaria. Hay cantidades de estudiantes que son analfabetas funcionales y analfabetas en ciencias y matemáticas, y que no tienen idea de cómo funciona el gobierno o cuáles son sus responsabilidades en una democracia. Muchos gritan por «derechos». Son menos quienes entienden la responsabilidad.

Muchos esperan y rezan para encontrar un trabajo de baja categoría donde puedan «sobrevivir», y rara vez se atreven a soñar que podrían prosperar. Muchos claman por la atención médica universal, pero no creen que la obtengamos. Algunos ni siquiera entienden cómo obtener un salario decente, permisos médicos remunerados y otros beneficios laborales, y mucho menos cómo unirse a un sindicato podría ayudarlos a realizar esas tareas. No saben qué es el socialismo o el capitalismo, más allá de creer que uno es malo y el otro es estadounidense. No conocen nuestra historia, no ven el futuro y son moribundos en un presente que temen, odian y no entienden.

Tenemos que hacerlo mejor. Las razones son claras. Biden tiene razón: sin una educación competitiva, sentenciamos a nuestra progenie a la servidumbre industrial, mientras que aquellos que estén educados acumularán poder y riqueza. Veamos a nuestro alrededor. Estamos en una nueva carrera espacial con China. Estamos atrasados ​​en tecnología hipersónica. Nuestros científicos dicen que debemos tener un cohete nuclear para ganarle a los chinos la carrera a Marte, pero millones de personas creen que Clorox podría tratar el coronavirus. Algunos incluso lo probaron.

Biden quiere brindar educación postsecundaria gratuita o asequible, y nos ha recordado deliberadamente lo inútil que es hoy un mero diploma de escuela secundaria, y eso nos asusta a algunos de nosotros. George Carlin nos advirtió que los señores supremos de la sociedad nos quieren lo suficientemente inteligentes como para operar máquinas, pero no más inteligentes que eso. Algunos creen que eso es cierto. Otros, en el Congreso, nos dicen que los necesarios desembolsos educativos del presupuesto tienen un costo prohibitivo, mientras que al mismo tiempo asentimos reflexivamente cada vez que aumentamos nuestro inflado presupuesto militar.

Esto no es un desarrollo reciente. Nuestra dedicación a la educación ha caído constantemente durante los últimos 40 años y, como de la mayoría de la podredumbre que ha ocurrido en este país, culpo a Ronald Reagan y a los ultraconservadores por los que solía ser electo y a los que ayudó a incorporarse al cauce principal.

Si no se quiere aceptar que Reagan fue un tonto irresponsable que destruyó los sindicatos, la educación, la prensa libre y la atención médica, llevándonos por el camino de la ruina, entonces piénsese en el hedor causado por George W. Bush y su infame política educativa («Ningún niño se queda atrás»).

Ese mantra idiota se convirtió en que todos los niños se quedaron atrás, creando una generación entera de estadounidenses a quienes se les enseñó cómo aprobar exámenes, pero nunca cómo pensar críticamente.

Muchos de esos niños que crecieron y fueron entrenados para aprobar exámenes son ahora adultos y están comenzando a ocupar puestos gerenciales de nivel medio en la fuerza laboral estadounidense. Se han convertido en parte de lo que H.L. Mencken describió hace un siglo como una «ignorancia vasta y militante», lo que nos recuerda que la ignorancia arrogante no es un fenómeno nuevo, solo que “Ningún niño se queda atrás” exacerbó el problema. «Team America: La policía del mundo” e «Idiocracia” parecen películas documentales en lugar de sátiras en estos días.

¿Cuál es el ejemplo más llamativo de la falta de educación? Dos palabras: Donald Trump.

Y tengo una pregunta real que me gustaría me fuera respondida: ¿alguien dejará de enviarme correos electrónicos de Donald Trump y sus hijos, parientes, subordinados y secuaces, pidiéndome dinero y garantizándome tiempo privado con Donald?

¡Don Jr. me envió incluso un correo electrónico diciéndome que le diría a su papá si no le daba una cantidad de dinero ¡AHORA! También me prometieron una pelota de fútbol si contribuía con Donald Trump, quien ni siquiera se está postulando oficialmente para un cargo, pero ciertamente ha perfeccionado, con una precisión similar a la de un láser, el arte de estafar a la gente el dinero que tanto le costó ganar.

Conozco a docenas de otros reporteros de la Casa Blanca que aparentemente están en la lista de correo electrónico de Donald, y ninguno de nosotros se suscribió a sus sistemáticos acoso y mendicidad. Es un acosador de Internet y un vagabundo sin hogar combinados en uno. Aparentemente, el ex presidente se llevó la lista de correo electrónico de los corresponsales de la Casa Blanca cuando huyó de DC. Desde entonces, también recibo correo de la campaña de Sarah Sanders y de otros estrechos asociados de Trump con cargos públicos. Sólo puedo suponer que me envían sus escatológicas reflexiones porque Trump ha compartido la lista de correo electrónico con sus acólitos itinerantes, enfurecidos, con muerte cerebral.

Todos me envían contenido diseñado para hacer que los ignorantes aúllen a la luna y se rasquen como un perro de depósito de chatarra con pulgas. Estos «comunicados de prensa» de los idiotas discípulos de Trump son recibidos con gritos de placer por parte de sus fanáticos. Dejando a un lado la mala gramática y la ortografía, estas liberaciones fecales generalmente no tienen sentido y parecen ser los murmullos de tontos que han ingerido alucinógenos contaminados.

La idea de que el candidato más calificado del Partido Republicano para el cargo más alto del país podría otra vez ser un tipo que fue acusado dos veces y nos alentó a ingerir Clorox y a hacer brillar luz ultravioleta dentro de nuestros cuerpos, eso es algo que no puede explicarse ni siquiera por una sobredosis de psilocibina en el torrente sanguíneo.

Pero una falta de educación lo explica todo, incluyendo, entre otros, a Jim Jordan, Matt Gaetz, Lauren Boebert, Joe Manchin y Kyrsten Sinema.

Nuestra falta de educación es la mayor amenaza para la existencia de nuestra nación. Jake Sullivan tiene razón: es un problema de seguridad nacional.

También nos dijo Paul Simon: «Aun cuando mi falta de educación no me ha hecho daño ninguno / puedo leer la escritura en la pared».

Hoy en día, no estoy seguro de cuántas personas son capaces de leer eso. ¶

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* Brian Karem, corresponsal de la Casa Blanca desde hace mucho tiempo, escribe una columna semanal para Salon.

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DW sobre la falsedad de alta tecnología

No es que la difamación por razones políticas sea algo nuevo; en La Guerra Civil ¿Cómo pudo ocurrir?, Julián Marías apunta al exponer el tercero—pereza—de once factores que explican su eclosión: “¿No era una época en que los intelectuales gozaban de gran prestigio, no había entre ellos unos cuantos eminentes y de absoluta probidad intelectual? Ciertamente los había; pero encontraron demasiadas dificultades, se les opuso una espesa cortina de resistencia o difamación”.

Cuestión de época, 19 de junio de 2019).

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El amigo Orlando Amaya me envió el enlace al documental de la Deutsche Welle* que se coloca a continuación. Se explica por sí mismo y vale la pena verlo y aprender. LEA

 

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* Deutsche Welle («Onda alemana» en alemán) o DW es un servicio de radiodifusión internacional financiada por el presupuesto fiscal federal alemán.​ El servicio está disponible en 30 idiomas. El servicio de televisión por satélite de DW consta de canales en inglés, alemán, español y árabe. Aunque financiado por el gobierno, el trabajo de DW está regulado por la Deutsche Welle Act,​ lo que significa que el contenido está destinado a ser independiente de la influencia del gobierno. DW es miembro de la Unión Europea de Radiodifusión.

Wikipedia en Español​

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El precio del atrevimiento

 

Vincent Van Gogh – La Morera

 

Tomo prestado de María Popova, del más reciente de sus muy recomendables Brainpickings (a los que puede uno suscribirse gratuitamente para recibirlos todas las semanas). Así lo ha titulado:

 

El impulso creativo: John Coltrane* sobre la perseverancia contra el rechazo, la mentalidad del innovador y cómo las dificultades alimentan el arte.

 

Luego nos regala:

Noche estrellada

Crear cualquier cosa de belleza, atrevimiento y sustancia que haga que el mundo se vea a sí mismo de nuevo, ya sea una ley revolucionaria del movimiento planetario o la Noche Estrellada**, es el trabajo de una perseverancia solitaria contra las mareas de la convención y la conformidad, a menudo a costa del doloroso ostracismo del visionario por el status quo que está desafiando con su visión. Rilke reconoció esto cuando observó que “las obras de arte son de una soledad infinita” y Baldwin lo reconoció en su clásica investigación del proceso creativo, en la que argumentara que la principal distinción del artista es la voluntad de mantener el estado que todos los demás evitan con el mayor celo: la soledad.*** No la romántica soledad del ermitaño junto a un plateado arroyo, sino la cruda soledad existencial y creativa que Baldwin comparó con «la soledad del nacimiento o la muerte» o «la soledad del amor, la fuerza y ​​el misterio que tantos han ensalzado y muchos han maldecido, pero que nadie jamás ha entendido ni realmente ha podido controlar».

Esta fuerza parecida al amor, la fuerza creativa, es lo que alimenta la perseverancia necesaria para marcar el comienzo de una nueva forma de ver o una nueva forma de ser. Es la fuerza vital mediante la cual los visionarios sobreviven a la soledad de sus vidas contraculturales.

(…)

Coltrane escribe:

La verdad es indestructible… La historia muestra (y es lo mismo hoy) que el innovador suele encontrarse con algún grado de condena; generalmente, según el grado de su desviación de los modos de expresión predominantes o lo que sea. El cambio siempre es tan difícil de aceptar.

En un sentimiento que evoca la observación del artista Egon Schiele: que los visionarios tienden a provenir de la minoría y se hacen eco del séptimo de los diez mandamientos del pensamiento crítico de Bertrand Russell: «No temas ser excéntrico al opinar, porque toda opinión ahora aceptable fue excéntrica alguna vez«. Coltrane agrega:

Los innovadores siempre buscan revitalizar, extender y reconstruir el status quo en sus campos específicos, donde sea que sea necesario. Muy a menudo son rechazados, marginados, tenidos por subciudadanos, etc. por las mismas sociedades a las que aportan tanto sustento. A menudo son personas que soportan grandes tragedias personales en sus vidas. Cualquiera que sea el caso, ya sea aceptado o rechazado, rico o pobre, siempre están guiados por esa grande y eterna constante: el impulso creativo.

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Gracias, María Popova, por el texto sanador y la imagen de La morera de Van Gogh que has elegido para ilustrarlo. LEA

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*John William Coltrane (Hamlet, Carolina del Norte, 23 de septiembre de 1926-Nueva York, 17 de julio de 1967), también conocido como Trane, fue un músico estadounidense de jazz, saxofonista tenor y saxo soprano. Ocasionalmente, tocó el saxo alto y la flauta. Aunque también muy controvertido, se trata de uno de los músicos más relevantes e influyentes de la historia del jazz, a la altura de otros artistas como Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker y Miles Davis. (Wikipedia en Español).

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**  Starry, starry night – Don MacLean

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*** En junio de 1986 fui de visita a la casa de una pareja de amables amigos—acabo de reencontrarme con el esposo en Facebook—en compañía de un amigo común. Éste preguntó al anfitrión—ya para entonces se habían formado en mis tripas las primeras ganas de presidir la República—: “¿Qué piensas tú de lo que anda buscando Luis Enrique?” En segundos vino la contestación: “Luis Enrique está soñando solo… pero sueña bonito”. (…) La soledad es, parece, la condición de quienes quieren invitar a sus prójimos a una reunión con el futuro o, simplemente, con la verdad. (Hallado lobo estepario en el trópico, 28 de mayo de 2011).

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Quiénes amamos y quiénes somos

Lo que sigue es una traducción de la más reciente entrada del estupendo blog de Maria Popova, Brainpickings.

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José Ortega y Gasset sobre el amor, la atención y la arquitectura invisible de nuestro ser

 

Una de las ilustraciones en The ABZ of Love

“La atención es la forma más rara y pura de generosidad”, escribió la gran filósofa francesa Simone Weil poco antes de su prematura muerte. Una época después de ella, Mary Oliver elogió al amor de su vida con la observación de que «la atención sin sentimiento … es solo un informe». Recordando siglos de poemas de amor de personas geniales que se atrevieron a amar más allá de los límites culturales de su época, el poeta J.D. McClatchy observó que «el amor es la calidad de la atención que prestamos a las cosas».

Debido a que nuestra atención da forma a toda nuestra experiencia del mundo – esto, después de todo, es la base de todas las tradiciones orientales de atención plena, que entrenan la atención para templar nuestra calidad de presencia – los objetos de nuestra atención terminan, de una manera sutil. pero de manera profunda, dando forma a quienes somos.

Debido a que difícilmente existe una condición de conciencia que concentre la atención de manera más aguda y total en su objeto que el amor, qué y a quién amamos es la revelación última de qué y quiénes somos.

Eso es lo que explora el gran filósofo español José Ortega y Gasset (9 de mayo de 1883-18 de octubre de 1955) en una serie de ensayos escritos originalmente para el diario madrileño El Sol y publicados póstumamente en inglés como On Love: Aspects of a Single Theme (biblioteca pública): una culminación singular de la investigación filosófica de Ortega sobre los puntos ciegos, los prejuicios y los autoengaños conmovedores de la cultura occidental sobre el amor, es decir, sobre quiénes y qué somos.

Al definir el amor como “ese sentido de percepción espiritual con el que uno parece tocar el alma de otra persona, sentir sus contornos, la dureza o la dulzura de su carácter”, Ortega señala que el amor revela “las preferencias más íntimas y misteriosas que forman nuestro carácter individual». Él escribe:

Hay situaciones, momentos en la vida, en los que, sin saberlo, el ser humano confiesa grandes porciones de su personalidad última, de su verdadera naturaleza. Una de estas situaciones es el amor. En su elección * de amantes [los seres humanos] revelan su naturaleza esencial. El tipo de ser humano que preferimos revela los contornos de nuestro corazón. El amor es un impulso que brota de lo más profundo de nuestro ser, y al llegar a la superficie visible de la vida lleva consigo un aluvión de conchas y algas del abismo interior. Un naturalista experto, al archivar estos materiales, puede reconstruir las profundidades oceánicas de las que han sido desarraigados.

Al definir la atención como “la función encargada de dar estructura y cohesión a la mente”, Ortega la sitúa en el centro de la experiencia del amor:

“Enamorarse” es un fenómeno de atención.

[…]

Nuestra vida espiritual y mental es simplemente la que tiene lugar en la zona de máxima iluminación. El resto, la zona de inatención consciente y, más allá, el subconsciente, es solo vida potencial, una preparación, un arsenal o reserva. La conciencia atenta puede considerarse como el espacio mismo de nuestras personalidades. También podemos decir que esa cosa desplaza un cierto espacio en nuestras personalidades.

Medio siglo después de que William James, una de las mayores influencias y progenitores filosóficos de Ortega, sentara las bases de la psicología moderna con su declaración «Mi experiencia es lo que acepto atender», agrega Ortega:

Nada nos caracteriza tanto como nuestro campo de atención… Esta fórmula podría aceptarse: dime dónde está tu atención y te diré quién eres.

[…]

“Enamorarse”, inicialmente, no es más que esto: atención anormalmente fijada en otra persona. Si ésta sabe aprovechar su privilegiada situación y nutre ingeniosamente esa atención, el resto sigue como irremisible mecanismo.

Paradójicamente, la narrativa cultural que nos transmitieron los románticos postula que el amor amplía y consagra nuestra conciencia de la vida: de repente, todo se ilumina; de repente, todo canta. Cualquiera que haya vivido la embriagadora euforia del amor temprano lo ha sentido y, sin embargo, Ortega insinúa que se trata de una ilusión de conciencia, que enmascara el fenómeno real en el trabajo, que es más bien lo contrario: todo está teñido con aspectos del amado, difuminado y ignorando los detalles que le dan al mundo su actualidad. Ortega escribe:

El enamorado tiene la impresión de que la vida de su conciencia es muy rica. Su mundo reducido está más concentrado. Todas sus fuerzas psíquicas convergen para actuar sobre un solo punto, y esto le da un aspecto falso de intensidad superlativa a su existencia.

Al mismo tiempo, esa exclusividad de la atención dota al objeto favorecido de cualidades portentosas … Al abrumar un objeto de atención y concentrarse en él, la conciencia lo dota de una incomparable fuerza de realidad. Existe para nosotros en todo momento; está siempre presente, junto a nosotros, más real que cualquier otra cosa. Hay que buscar el resto del mundo, desviando laboriosamente nuestra atención del amado … El mundo no existe para el amante. Su amado lo ha desalojado y reemplazado … Sin una parálisis de la conciencia y una reducción de nuestro mundo habitual, nunca podríamos enamorarnos.

Mucho antes de que los científicos cognitivos llegaran a estudiar la atención de “un discriminador intencional y sin complejos”, cuando enmarca nuestra experiencia de la realidad mediante la exclusión deliberada, Ortega escribe:

La atención es el instrumento supremo de la personalidad; es el aparato que regula nuestra vida mental. Cuando está paralizado, no nos deja ninguna libertad de movimiento. Para salvarnos tendríamos que reabrir el campo de nuestra conciencia, y para lograrlo sería necesario introducir otros objetos en su foco para romper la exclusividad del amado. Si en el paroxismo del enamoramiento pudiéramos ver repentinamente a la amada en la perspectiva normal de nuestra atención, su poder mágico quedaría destruido. Sin embargo, para ganar esta perspectiva tendríamos que enfocar nuestra atención en otras cosas, es decir, tendríamos que emerger de nuestra propia conciencia, que está totalmente absorbida por el objeto que amamos.

Nada ilustra más claramente esta contracción de la lente que la experiencia desconcertante de salir del estado sonámbulo de enamoramiento, una experiencia familiar para cualquiera que haya emergido de un enamoramiento o haya profundizado un enamoramiento hasta convertirse en una almeja y un amor constante. Ortega escribe:

Cuando salimos de un período de enamoramiento, sentimos una impresión similar a despertar y emerger de un pasaje estrecho repleto de sueños. Entonces nos damos cuenta de que la perspectiva normal es más amplia y aireada, y nos damos cuenta de todo el hermetismo y la rareza que sufrieron nuestras mentes apasionadas. Por un tiempo vivimos los momentos de vacilación, debilidad y melancolía de la convalecencia.

Pero a pesar de sus posibles peligros, el amor sigue siendo a la vez la experiencia más interior y la más influyente de nuestra personalidad. En un sentimiento que evoca esa línea exquisita de El Principito: «Lo esencial es invisible a los ojos». – Ortega considera cómo el amor, un rasgo tan invisible pero tan esencial de nuestra humanidad, pule el lente de toda nuestra cosmovisión:

Las cosas que son importantes están detrás de las cosas que son aparentes.

[…]

Probablemente, solo hay otro tema más interno que el amor: el que puede llamarse «sentimiento metafísico», o la impresión esencial, última y básica que tenemos del universo. Esto actúa como base y apoyo para nuestras otras actividades, sean las que sean. Nadie vive sin él, aunque su grado de claridad varía de persona a persona. Abarca nuestra actitud primaria y decisiva hacia toda la realidad, el placer que el mundo y la vida nos brindan. Nuestros otros sentimientos, pensamientos y deseos son activados por esta actitud primaria y son sostenidos y coloreados por ella. Por necesidad, la tez de nuestras aventuras amorosas es uno de los síntomas más reveladores de esta sensación primogenital. Al observar a nuestro prójimo con amor podemos deducir su visión o meta en la vida. Y esto es lo más interesante de averiguar: no anécdotas sobre su existencia, sino la carta en la que apuesta su vida.

Del mismo libro

Y, sin embargo, nuestra cultura tiene una peculiar ceguera deliberada sobre cómo el amor da forma a la vida y la expresión particular de vitalidad que es nuestro trabajo creativo, una negación peculiar del hecho elemental de que, debido a que amamos con todo lo que somos, nuestros amores impresionan todo lo que hacemos. (Escribí Figuring en gran parte como un antídoto para esta peligrosa ilusión, explorando cómo los amores en el centro de las grandes vidas moldearon la forma en que esas personas geniales a su vez moldearon nuestra comprensión del mundo con su trabajo científico y artístico). Ortega comparte este disgusto por la disminución cultural del amor como motor del trabajo creativo. Al observar que muchas personas con un poder creativo extraordinario han tendido a tomar sus amores «más en serio que su trabajo», el trabajo mismo por el que son celebrados como genios, y una elección por la que han sufrido burlas de sus contemporáneos y de la posteridad, advierte. contra este juicio cultural común:

Es curioso que sólo aquellos incapaces de producir una gran obra crean que lo contrario es la conducta adecuada: tomarse en serio la ciencia, el arte o la política y desdeñar los asuntos amorosos como meras frivolidades.

Un siglo y medio después de que la astrónoma Maria Mitchell, una figura clave en Figuring, observara que “cualquiera que sea nuestro grado de amigos, estamos más bajo su influencia de lo que somos conscientes”, lamenta Ortega:

No tomamos suficientemente en consideración la enorme influencia que nuestros amores ejercen en nuestra vida.

Pero mientras que el amor revela quiénes somos, también moldea quiénes somos, esculpiendo nuestro carácter y matizando nuestra personalidad. El siglo de la psicología desarrollado desde la época de Ortega ha iluminado hasta qué punto «quiénes somos y en qué nos convertimos depende, en parte, de a quién amamos». Ortega intuye este poder transformador del amor y, en consonancia con la teoría de Kurt Vonnegut de que se puede estar enamorado hasta tres veces en la vida, escribe:

Una personalidad experimenta en el curso de su vida dos o tres grandes transformaciones, que son como etapas diferentes de una misma trayectoria moral … Nuestro ser más íntimo parece, en cada una de estas dos o tres fases, girar unos grados sobre su eje, para desplazarse hacia otro cuadrante del universo y orientarse hacia nuevas constelaciones.¶

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Sobre la libertad de prensa

El más grande de los Padres Fundadores de los EEUU

 

Yo creo que ésta es la más extraordinaria colección de talento y conocimiento humano que se haya reunido alguna vez en la Casa Blanca, con la posible excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba en ella solo.

John F. Kennedy (el 29 de abril de 1962, en cena de agasajo a 49 Premios Nobel)

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He aquí una muestra incompleta de citas de Jefferson sobre la libertad de prensa, tomadas de entrada en este blog del 15 de febrero de 2017: La defensa de Tomás.

-Nuestra libertad depende de la libertad de prensa, y ella no puede limitarse sin perderla. (Carta al Dr. James Currey, 28 de enero de 1786).

-Siendo la base de nuestro gobierno la opinión del pueblo, su primer objeto debe ser el mantenimiento de ese derecho; si me fuere dado decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un instante en preferir lo segundo. (Carta al coronel Edward Carrington, 16 de enero de 1787).

-Estoy por la libertad de prensa, y en contra de toda violación de la Constitución para silenciar por la fuerza y no por la razón las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos contra la conducta de sus agentes. (Carta a Elbridge Gerry, 26 de enero de 1799).

-Para preservar la libertad de la mente humana y la libertad de prensa, todo espíritu debiera estar presto a entregarse al martirio, puesto que mientras pensemos como queramos y hablemos como pensamos, la condición del hombre procederá a mejorar. (Carta a William Green Mumford, 18 de junio de 1799).

-Ningún experimento puede ser más interesante que el que ahora intentamos, y que confiamos terminará estableciendo el hecho de que el hombre puede ser gobernado por la razón y la verdad. Nuestro primer propósito debe ser, entonces, mantener abiertas para él todas las avenidas que llevan a la verdad. La más eficaz encontrada hasta ahora es la libertad de prensa. Es, por consiguiente, la primera que es cerrada por aquellos que temen la investigación de sus acciones. (Carta al juez John Tyler, 28 de junio de 1804).

-Si una nación espera ser ignorante y libre, en estado de civilización, espera lo que nunca fue y nunca será. Los funcionarios de todo gobierno propenden a ordenar a voluntad sobre la libertad y la propiedad de sus constituyentes. No hay seguridad de ambas que no sea el mismo pueblo, ni podrán estar seguras sin información. Donde la prensa sea libre, y todo hombre capaz de leer, todo estará seguro. (Carta al coronel Charles Yancey, 6 de enero de 1816).

-La única seguridad de todo reside en una prensa libre. La fuerza de la opinión pública no puede ser resistida cuando se permite que se exprese libremente. Debemos someternos a la agitación que produzca. Ella es necesaria para mantener las aguas puras. (Carta al Marqués de Lafayette, 4 de noviembre de 1823).

En contestación a comentario de Orlando Amaya a la entrada citada, le puse: «Jefferson reconoció (en la tercera de las citas) que podía haber quejas y críticas justas e injustas de la opinión ciudadana. Aun así, hay formas de defenderse de la calumnia que no son cortarle la lengua a quien difame, y la trayectoria del chavismo-madurismo no es algo que pueda ser absuelto». LEA

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