por Luis Enrique Alcalá | Feb 11, 2014 | Argumentos, Política |

La presunta necesidad del ceño fruncido
Cualquiera puede enfurecerse; eso es fácil. Pero enfurecerse con la persona correcta, hasta el grado correcto, en el momento correcto, para el propósito correcto y del modo correcto, no le es posible a todo el mundo y no es fácil.
Aristóteles
La furia habita en el pecho de los tontos.
Albert Einstein
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Eduardo Fernández dijo el 5 de julio de 1987: «El pueblo está bravo». Tenía razón; casi dos años más tarde, esa furia contenida explotaba en el Caracazo. En el mismo año trágico de 1989, se elegía por primera vez a los gobernadores de estado; en su campaña hacia la Gobernación del Zulia, Oswaldo Álvarez Paz ofrecía combatir con inmisericorde plomo a la delincuencia. No es nueva la idea de la política como arrechera. (DRAE: 2. f. vulg. Ven. Indignación violenta).
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El rasgo más prominente del chavismo es, precisamente, un lenguaje constantemente agresivo:
Desde que entró, en mala hora, Hugo Rafael Chávez Frías a la política venezolana, el 4 de febrero de 1992, este ciudadano se ha conducido, constantemente, como un modelo agresivo. Por supuesto, por sus actos de esa fecha, que fueron armados para la agresión. Pero también en su campaña electoral de 1998, cuando ofrecía freír cabezas de adecos y copeyanos; también el 4 de febrero de 1999—cuarenta y ocho horas después de haber jurado sobre una constitución a la que declaró, frente a su padre, moribunda, en revelación de su carácter despiadado—cuando emplazó a la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia para que aceptara el robo por necesidad; también cuando sugirió a Marcel Granier que su vida corría peligro; también cuando escribía cartas, en plan de colega revolucionario, al terrorista criollo Illich Ramírez Sánchez, alias “El Chacal”; también cuando incitó agresiones de otros, como las de la banda de Lina Ron, a la que declaraba luchadora meritoria; también cuando despidió con sorna a los ejecutivos de PDVSA; también cuando insulta a mandatarios extranjeros e instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales en cualquier parte del globo; también cuando excita las invasiones de propiedades privadas, como él mismo hace en aplicación del “método Chaz”; también cuando amenaza a quienes se le opongan con el empleo de la fuerza armada; también cuando compra armas—fusiles, helicópteros, submarinos—y establece contingentes de reservistas más grandes que el ejército regular; también cada vez que golpea la palma de su mano diestra con el puño siniestro; también cuando no cesa de hablar de guerra, de magnicidio, de guerrilla, de resistencia; también cuando ofrece la expropiación a cuanto factor social no se alinee con su voluntad; también cuando acuña el lema de “patria, socialismo o muerte”. (En Nocivo para la salud (mental), Carta Semanal #244 de doctorpolítico, 5 de julio de 2007).
La explicación que aduce el oficialismo para el grave desarreglo económico del país es una supuesta guerra económica, que los empresarios de la nación habrían desatado contra el gobierno y de la que nunca ha presentado pruebas, pero quien emitió el decreto de guerra a muerte, el inventor de esa noción fue el mismísimo Hugo Chávez. He aquí una nota en El Universal del 2 de junio de 2007:
El presidente Hugo Chávez se declaró en «guerra económica» contra la burguesía, incluyendo a Fedecámaras y Consecomercio, así como a las Empresas Polar.
«Me declaro en guerra económica. A ver quién puede más, ustedes, burgueses de pacotilla, o los que quieren la patria», dijo en cadena nacional desde la planta de la empresa Diana, en Carabobo.
Chávez llamó a los trabajadores a dignificar la clase obrera y a no dejarse manipular por los empresarios. Retó al presidente de las Empresas Polar, Lorenzo Mendoza, a «ver quién aguanta más (…) tú con tu riqueza y yo con mi moral y mi pueblo».
«Mendoza: te acepto el reto. Tú con tus millones y yo con mi moral, porque tú eres un ricachón, para el cielo no vas (…) éste es el reino del pueblo. Vamos a ver quién aguanta más, si tú con tu Polar y tu riqueza, y yo con mi pueblo y mi dignidad. Sigan manipulando a los trabajadores y poniéndole números en el pecho, que lo que da es vergüenza», expresó.
Dirigiéndose a Fedecámaras, Consecomercio, Cavidea, Polar y compañía, Chávez les advirtió, «guerra es guerra, compadre, después no se estén quejando». Según el jefe de Estado, «ustedes no entienden qué es esto, ellos sólo entienden de biyuyo (dinero)».
Destacó el rol del control obrero para el rescate de las empresas y criticó nuevamente a los trabajadores de la Polar que han protestado la medida expropiatoria de los galpones de la Polar en la Zona Industrial I de Barquisimeto, para la construcción de viviendas. «Defendiendo al burgués, defendiendo a quienes los explotan, deles vergüenza, si es que la tienen. Pero yo invoco a la verdadera clase obrera a la guerra económica contra la burguesía», les expresó el primer mandatario.
Los obreros aludidos por Chávez habían tenido una ocurrencia que lo irritó: señalar que las empresas expropiadas por su gobierno funcionaban muy mal. Pero la retórica chavista es siempre la misma: desde una pretendida superioridad ética, promueve el desprecio contra quienes osen rebatirla. Sería el chavismo el monopolio de la «dignidad» y la «moral»; el pueblo sería suyo y nadie más que los chavistas querría a la patria la que, por supuesto, no habría existido antes de 1999.
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Los puños listos
Pero también hay ira del otro lado de la polarización. En Autoungidos furibundos—Ficha Semanal #44 de doctorpolítico, del 3 de mayo de 2005—, me vi obligado a contestar a un defensor de Oswaldo Álvarez Paz, el mismo que creyó posible eliminar la delincuencia zuliana a punta de plomo, pues sostuvo que sólo daba yo «rienda suelta a mis pasiones» al formular observaciones a un artículo de su defendido, que en abril de ese año había escrito en su columna semanal: “Ya basta de pensar sólo en elecciones. La verdadera naturaleza del problema no es electoral. Algo está por nacer”. (¿Suena conocido?) Como obrero de Polar, se me había ocurrido comentar: “Esperaremos, entonces, que Álvarez Paz y otros que como él andan en lo mismo, expliquen cuál es esa ruta no electoral—insurreccional o intervencionista, suponemos—que no depende por tanto de los Electores, del Pueblo mismo, sino del arrojo de autoungidos furibundos que nos resolverán todo”. En mi contestación a quien me reconvenía, expliqué qué quería decir con furibundo:
En el caso de “furibundo” he querido describir un cierto estilo practicado por algunos de nuestros políticos, que estiman consustancial a su profesión el perorar en un estado de constante iracundia. (Para el DRAE “furibundo” denota “Airado, muy propenso a enfurecerse”). Creo que Álvarez Paz es cultor de este estilo desde hace tiempo, bastante antes de que la presente autocracia entrara en funciones, y que forma parte de un grupo estilístico al que pueden ser adscritas personalidades como las de, por ejemplo, Andrés Velásquez, Alberto Franceschi o el recientemente fallecido Jorge Olavarría. Antes de que te convirtieras en suscritor de mi carta escribí, respecto del estilo de Franceschi, en el número 104 del 16 de septiembre del año pasado: “Su discurso no se hace inválido porque parezca un ejemplar genuino de esa clase de políticos iracundos, atrabiliarios (de bilis negra) que, como Jorge Olavarría, Alfredo Peña, Andrés Velásquez, José Vicente Rangel, Oswaldo Álvarez Paz, y tantos otros, creen que es preciso mostrar constantemente un rostro disgustado, al borde del enfurecimiento”.
Los enumerados en ese trozo componen una lista obviamente incompleta; en ella cabrían muy holgadamente Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Iris Varela, la difunta Lina Ron, Jorge Rodríguez y, del otro lado, Leopoldo López, María Corina Machado, Gustavo Coronel, Antonio Sánchez García y Teodoro Petkoff. Ofrezco mis excusas a un buen número de políticos y formadores de opinión que he dejado de mencionar.
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Su blog: «Las armas de Coronel»
La idea de la política como lucha por el poder—los militantes del MEP se saludan como combatientes—, cuya justificación o coartada es una ideología pretendidamente superior, es la base de esta conducta disfuncional. Es una política arrogante, soberbia, autosuficiente, perdonavidas, fanfarrona. (DRAE: Que se precia y hace alarde de lo que no es, y en particular de valiente). Quienes procuran un trámite sosegado y sensato de los problemas públicos son despreciados por ella:
“La cobardía moral predomina entre los venezolanos sentados en la barrera, asistiendo inexplicablemente al espectáculo de su propia destrucción, exhibiendo una cobardía mezclada con indiferencia y masoquismo”. (…) “Pronto tendrá que llegar la chispa que prenda la resistencia civil en Venezuela, una acción continuada en el tiempo, no una protesta esporádica. Y esa chispa la encenderá un venezolano (a) con coraje moral”. (Gustavo Coronel, citado en la Carta Semanal #329 de doctorpolítico, 30 de abril de 2009. En ella puse: «Estas declaraciones de Coronel, emitidas desde la segura distancia que desde hace años lo separa de esta atribulada tierra, son injustas y constituyen una falta de respeto hacia quienes permanecemos en ella para dar la batalla cotidiana y la más profunda y penetrante. (…) Si, como parece ser su implicación, es él alguien con la estatura moral que haría falta ¿por qué no deja de vivir en los Estados Unidos y se radica de nuevo en Venezuela a guiarnos con su superioridad?»).
Volví a ocuparme de él—Suma contra gentiles abstencionistas—el 1º de enero de 2012:
Ya en 1998 decía cierto abogado tremendista que la solución al problema era “pegarle un tiro a Chávez”. ¿Por qué él no lo ha hecho desde entonces? ¿Por qué no ha organizado un golpe de Estado? ¿Por qué no busca garantizar que Obama envíe helicópteros que retiren quirúrgicamente a Chávez, como se hizo en Panamá con Manuel Antonio Noriega? (Marta Colomina sugirió hace unos días por Twitter que Chávez se mirara en el espejo de Noriega). En marzo de 2006, María Corina Machado proponía el récipe de crear “una crisis de gobernabilidad” que acabara con el régimen. (Ella predicaba entonces que el candidato presidencial debía ser determinado por elecciones primarias, para que su candidatura fuera oportunamente retirada con 45% y no con 15% de apoyo). ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se garantiza el control del caos? Hay indignados héroes de pacotilla que se la pasan emitiendo proclamas moralizantes y exhortaciones arrogantes que echan en falta la hombría de los venezolanos, en particular la de sus militares, porque no tendrían el “valor de los militares hondureños”. Uno de ellos—Gustavo Coronel—escribe desde la tierra norteamericana, donde vive hace un buen número de años, para acusar a los venezolanos de “falta de coraje moral”. ¿Por qué no se viene a conducir el movimiento insurreccional que, según él, haría falta?
El tremendista abogado es la misma persona que pretendió regañarme porque llamé furibundo a Álvarez Paz.
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El principal responsable de la crispación política que neurotiza al pueblo venezolano, la causa primera de su desasosiego, es claramente el gobierno chavista. No sólo por sus torpes acciones que generan escasez e inflación, sino por su permanente agresividad. Hace poco declaré a Mario Villegas: «Si yo fuera malandro, estaría feliz con este gobierno, que es un modelo agresivo y además desprecia la propiedad privada. O sea, si ser rico es malo, cuando robo o mato a un rico estoy eliminando la maldad». (En 2001). Antes escribí en la Carta Semanal #244 de doctorpolítico, ya citada:
Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. No hay, pues, nada que pueda salvar a las administraciones de Chávez en el registro de la historia, y esto debe ser explicado a sus partidarios en nuestra ciudadanía. Uno pudiera invitarles a que hicieran una lista de los aciertos de Chávez, pues por más larga que fuese sería reducida a la insignificancia al cotejarla con su perenne modelación de la violencia y la agresión, que deja cicatrices en el espíritu de la Nación. ¿Cómo puede disminuir la delincuencia en un país cuyo presidente la modela, exacerbando el azote que lacera por igual a sus partidarios y sus opositores? ¿Qué asaltante no se sentirá “dignificado” por la conducta presidencial, cuya agresividad y cuyo desprecio por la propiedad puede tomar por modelos?
Este rasgo terrible y definitivo del modo de gobernar de Hugo Chávez se complementa con una “desconexión moral”—moral disengagement, otro concepto de Bandura—que le impele a fabricar excusas para su mala conducta, eludir la responsabilidad de sus consecuencias y culpar a sus víctimas. Las razones de Chávez son, mayormente, coartadas.
Y esta espantosa modelación, más gravemente, es amplificada en el más obsceno culto a la personalidad que haya conocido Venezuela. No hay agencia oficial que no le adule, no hay programa que no se atribuya a sus méritos, no hay pieza publicitaria del gobierno que no infle su ego megalómano y tóxico.

Goebbels: el propagandista
La propaganda cala, y distorsiona el juicio de más de un ciudadano. Menos de veinte segundos tomó a un oyente para exponer, en la emisión #81 de Dr. Político por Radio Caracas Radio, la peregrina tesis de que si un comerciante nos «asalta sin pistola, acapara, etcétera ¿con qué moral le vamos a pedir al malandro que no lo haga?» El ponente formuló tan retorcida pregunta luego de declarar que «el problema de Venezuela es de moral, de principios, de valores».
Así se pervierte la psiquis nacional, y eso es el resultado de un persistente clima pugnaz creado por el oficialismo. El Presidente de la Asamblea Nacional ha creído útil al país inaugurar anoche un programa de opinión política bajo el nombre de Con el mazo dando; el felizmente extinto programa que tuvo en Venezolana de Televisión el señor Mario Silva—denunciante de Cabello como conspirador y corrupto—se llamaba La hojilla, y la más conocida web del chavismo escogió llamarse Aporrea. Las imágenes chavistas sugieren mazazos, cortadas, aporreos.
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La descarga que antecede fue suscitada por una frase del presidente Maduro; anoche le escuché en su evaluación de la parálisis de la planta cumanesa de Toyota, cuando se refirió a un hipotético «gerentico tecnócrata» con altanero desprecio. En la quincuagésima emisión de Dr. Político por Radio Caracas Radio, sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, escasamente un año después de haber sido electo. Diecisiete millones de egipcios protestaron su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que mucho preocupan. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hacía un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”.
Bueno, el mismo Eduardo Fernández del comienzo proponía, en diciembre de 2012, que se concediera al entonces Vicepresidente “el beneficio de la duda”; según él, había demostrado ser “proclive al diálogo”. Ruego porque de nuevo tuviera razón, y porque Nicolás Maduro no prefiera ser recordado como un presidentico arrechócrata. LEA
Para descargar como archivo .pdf: La arrechocracia
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 5, 2014 | Argumentos, Política |

En vísperas del Día de Reyes
En la mañana de hoy, recibí un correo electrónico que transcribo a continuación (protegiendo la identidad del remitente) y, de seguidas, mi respuesta. LEA
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Para Luis Enrique Alcalá <alcala@doctorpolitico.com>
Sobre Las élites culposas
He leído íntegro su libro de memorias imprudentes, no tiene ningún desperdicio. Todo es cronológicamente correcto, con juicios de valor que en su mayoría comparto. Es una acertada caracterización de sus compañeros de la oposición, ciertamente por su condición de Élites, difícilmente accedan al gobierno por vía popular.
Estimo que se incurre en un error, al usar el término «sociedad civil», como que si fuera un factor exclusivo del oposicionismo. Los chavistas, campo político al que pertenezco de una forma muy legítima, también formamos parte de la sociedad civil y parece que a usted eso, se le olvidara. Los consejos obreros, trabajadores en general, los comités de tierras urbanas y agrarias, los comités de aguas, los comités de salud, los propulsores de consejos comunales, los propios consejos ya constituidos,—la oposición también los integra—, los círculos bolivarianos que también existen y ustedes los consideran peyorativos, el movimiento bolivariano que no se ha disuelto, los paupérrimos, los tierrúos, los vegueros, los diversos colectivos y distintas e insospechadas formas de organización que ustedes ni se imaginan, en fin, los que rescatamos a Chávez el 13A, también somos e integramos eso que ustedes definen como SOCIEDAD CIVIL, que no se le olvide eso en sus próximos informes. Pero para ello, es necesario que haga un esfuerzo en caracterizar al campo chavista, verá que encontrará una diversa y más interesante fauna política que esas que usted llama las élites. El chavismo nunca ha sido un pensamiento único por la gran riqueza y su variedad de condimentos, y ahora con la muerte del Comandante, ha comenzado a convertirse en doctrina. Lo invito entonces para que ayude al país, primero en caracterizar y luego en diagnosticar al chavismo.
Estás críticas se las hago con la mayor de las consideraciones y respeto hacia su persona y hacia su trabajo. De Usted NNNN
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Estimado Sr. NNNN: quiero agradecer su cálido y atento correo, que me hace llegar luego de haber leído Las élites culposas. Me alegra que haya encontrado positivo mi esfuerzo.
Debo corregir una impresión inexacta: no tengo “compañeros de la oposición”. Precisamente, he sostenido consistentemente que considerarse “de oposición” es la falla de origen de la oposición venezolana. En mi libro, por caso, se lee (página 354 y siguiente):
Tal óptica no era nueva; desde que Chávez asumiera por vez primera la Presidencia de la República, en los inicios de 1999, el resto de las iniciativas políticas optó por entenderse como mera oposición a Chávez. En cierta terminología se la nombraba como “comunidad opositora”. Un artículo de Manuel Felipe Sierra en el diario El Nacional aducía poco después de la derrota de Manuel Rosales en las elecciones presidenciales: “La votación que el CNE le adjudicó al candidato opositor es importante, siempre y cuando éste sepa ejercer el liderazgo del antichavismo…” Exactamente el mismo día de su publicación, un análisis que circuló por correo electrónico se expresaba en términos como los siguientes:
La oposición… decidió no participar en las elecciones legislativas… la Oposición ya había perdido sus Gobernaciones y Alcaldías… para una parte importante de la Oposición el contrincante mayor no era Chávez, era el CNE… Muchos pensaban que la oposición era mayoría… la ausencia de la Oposición de la contienda electoral… La Oposición se debatía entre el método de escogencia del candidato único y la campaña por condiciones… Muestra un liderazgo indiscutible en la oposición durante la campaña… Se ganó al lograr la unidad de toda la oposición… Que la oposición es minoría… ¿Cuál es el estado de la oposición un día después?… La Oposición amanece como un conglomerado nacional de importante magnitud… no desperdiciar esfuerzos en combatir a la oposición desde la oposición misma…
Allí se evidenciaba la falla de origen de la inmensa mayoría de los planteamientos políticos distintos del chavismo: que sólo atinan a definirse como antichavistas. Desaparecido Chávez, dejarían también, entonces, de tener sentido sus existencias. Ésa era la misma falla de origen en el planteamiento de Magdaleno. Una nueva acción política que quisiera ser viable no podía pensarse como oposición a Chávez; era preciso que procurara superar el estado de cosas por superposición, por salto a un nivel superior del discurso político. A fin de cuentas, el régimen de Chávez no ha sido otra cosa que la exacerbación oncológica de una política que no inventó él: la política de poder posicionada en algún punto del eje decimonónico de izquierda y derecha. La refutación de Chávez debía venir, para usar términos evangélicos, por añadidura, nunca como única justificación.
Que rechace el chavismo no significa que apoye a “la oposición” o tenga en ella compañeros. Recientemente, leí en mi programa de los sábados por Radio Caracas Radio un pasaje de cierta entrada en mi blog (Doctrina del referendo sobre el socialismo):
…un rechazo del socialismo no es lo mismo que abrazar al capitalismo o ninguna otra ideología diferente; se trata de asuntos lógicamente independientes en un mundo que cada vez menos se ve en blanco y negro, en el que la riqueza multicolor de las diversidades culturales y de opinión nos promete, a pesar de todas las dificultades del momento en el planeta, un futuro mucho más satisfactorio.
Tampoco identifico en ningún caso las nociones de sociedad civil y oposición. Cuando empleo en mi libro el primer término sin entrecomillarlo, se trata de designaciones que no son mías, como en el caso de referencias a eventos cuyos nombres no fueron puestos por mí; por ejemplo, “Todavía el 13 de marzo de 2003, en foro realizado en el Colegio San Ignacio—La sociedad civil busca liderazgo—, Borges hablaba del asunto…” (pág. 105). En otros casos, pongo la expresión entre comillas, justamente para indicar que se trata de un uso incompleto o impropio: “Tanto fue el encogimiento catatónico que la mayoría de los candidatos de oposición a la circunscripción nacional, veintinueve en total, se presentó en postulaciones de la ‘sociedad civil’ o por iniciativa propia”. (Pág. 118). Más aún, dejo constancia de la apropiación indebida al confundir las dos expresiones:
La única actividad opositora de consideración provenía de organizaciones no gubernamentales que comenzaron a apropiarse del concepto de “sociedad civil”. (Pág. 145).
En consecuencia, comparto con Ud. una noción amplia e incluyente de sociedad civil, y ciertamente incluyo en ella—es noción que casi no empleo—los ejemplos que Ud. ha enumerado. Creo que Ud. ha confundido mis posiciones al redactar, por ejemplo, “somos e integramos eso que ustedes definen como SOCIEDAD CIVIL, que no se le olvide eso en sus próximos informes”. El “ustedes” no se me aplica y no he olvidado nada; un repaso no predispuesto de mi libro le convencerá de que me ha interpretado mal a este respecto.
En innumerables ocasiones, he tomado distancia de una comprensión de la realidad política nacional como si fuese una película en blanco y negro, como que si ella se agotara en chavismo y oposición. Pienso que ambas posturas, ideológicas e ideologizantes, están equivocadas. Y así como Ud. apunta, creo que correctamente, que “el chavismo nunca ha sido un pensamiento único”, lo mismo puede decirse de la oposición. Pero el chavismo también incluye una nueva élite, una nueva hegemonía que ha sustituido al bipartidismo previo en el predominio político. Es una élite muy arrogante, muy dada al autoelogio, propensa a creer—o a anunciar en la más abundante y costosa propaganda que el país ha presenciado en toda su historia—que todas las semanas hace algo “histórico” y “protagónico”; padece de enfermedad épica y pomposa. De allí su autosatisfacción, y está fundamentalmente errada en más de una premisa.
No dispongo del dato de su edad, pero ya en 1963, a mis veinte años, tenía tiempo trabajando en actividades para el desarrollo de comunidades urbanas y campesinas, en labores solidarias en barrios y asentamientos de la reforma agraria. A pesar de formar parte de la clase media, no ignoro la pobreza; me permito recomendarle que escuche el audio de mi programa #54, del 3 de agosto de 2013, dedicado a este último tema; lo encontrará en Dr. Político en RCR. Tampoco desconozco la percepción de quienes piensan al modo socialista; sin ir muy lejos, la esposa de uno de mis hermanos es hija de Fabricio Ojeda, y el tercero de sus hijos, chavista fanático, es mi ahijado. Hace poco discutí con el abusivo conductor de una motocicleta, y éste creyó que era inteligente y me insultaba llamándome “marginal”; el concepto me causó risa y le contesté: “A mucha honra”. Conviene no tener por reales las primeras impresiones que a distancia, y en desconocimiento de su trayectoria, uno se forma de las personas. En mi caso, Ud. ha incurrido en ese error.
Con todo, me ha complacido mucho su amable correo, que agradezco de nuevo. Ojalá tengamos nuevas oportunidades de compartir opiniones y criterios.
Cordialmente
Luis Enrique Alcalá
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 18, 2013 | Argumentos, Complejidad, Política |

Anthony Frederick Augustus Sandys (1829-1904): Casandra
Casandra fue sacerdotisa de Apolo, con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. (…) El «síndrome de Casandra» es un concepto ficticio usado para describir a quien cree que puede ver el futuro, pero no puede hacer nada por evitarlo.
Wikipedia en Español
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Tengo un amigo que me remitió una noticia que mucho le preocupaba: la agencia Moody’s, una calificadora de riesgos estadounidense, acababa de rebajar «la calificación de los bonos venezolanos en bolívares de B1 a Caa1 y en dólares de B2 a Caa1 con perspectiva negativa, ante el ‘notorio incremento’ del riesgo de colapso económico y financiero». (Entorno Inteligente). Le comenté que había gente acá que celebraba cosas así; mientras peor pueda pintarse el cuadro nacional más parece aumentar su satisfacción ciudadana. Ripostó diciendo que había que saber dónde estábamos parados, como si no nos hubiéramos percatado de la difícil situación económica de la nación antes de que Moody’s, y previamente Standard & Poor, hablaran.
Este amigo no es el único que me alarma; otro tiene meses hablándome de lo mismo, y en los últimos días ha arreciado su angustia. Ayer me advirtió del “crack económico, fiscal, monetario que se nos viene encima”. Este último allegado es de las personas mejor informadas que conozco; produce un blog que se adentra con gran conocimiento en los eventos y procesos descollantes del planeta, y en 2011 y comienzos de 2012 pronosticó en una serie de trabajos poco menos que la desaparición de Europa. Éstos son algunos de los títulos con los que encabezaba sus artículos de ese tiempo: La eurozona zozobra; Europa en barrena; El “efecto cascada” incendia a Europa; Grecia: cuna y tumba de Europa; La des-Unión Europea; Al borde del caos; Europa: un pandemonio; Europa en el desbarrancadero; Euro 2012: un nuevo Titanic; La pandemia europea; Los últimos días de Europa.
Por la misma época (18 de noviembre de 2011), este blog veía las cosas de diferente modo:
…crujen las economías de doce repúblicas de la Unión Europea. Conductas macroeconómicas en gran medida irresponsables, exageradamente optimistas o arrogantes, han puesto en peligro el gran experimento de la integración de Europa. Ya hay quien expide certificados de defunción del euro; Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, ha hecho precisamente eso: “This is the way the euro ends. Not with a bang but with bunga-bunga”. (El 9 de noviembre en su blog en The New York Times). Como él, la mayoría de los analistas espera el deceso del sueño europeo.
Y, sin embargo, viendo las cosas bien, asistimos a un inusitado esfuerzo de cooperación de los jefes de Estado de Europa. Nunca antes, los líderes del Viejo Continente habían actuado de manera tan coordinada, tan sinérgica. (Merkel y Sarkozy destacan por su diligencia y desprendimiento, por su prudencia). Antes resolvían sus problemas con guerras que extendían al mundo, dos veces el siglo pasado. Ahora los líderes se reúnen y acuerdan tratamientos sensatos.
La Zona Euro no ha muerto todavía; es más, se puede argumentar que se dirige a un nuevo estadio evolutivo. El peligro común alimenta el cambio, dirigido a un ulterior fortalecimiento de las instituciones centrales. Así, se le pide al Banco Central Europeo que funcione abiertamente como lo hace la Reserva Federal de los Estados Unidos, que intervenga para salvar a la moneda única del continente.
Stuart Kauffman es el biólogo teórico que destacara que la rica complejidad de la vida resulta no sólo de la selección natural de una competencia darwiniana, sino de una auto-organización que emerge de dinámicas bastante distantes del equilibrio. Un cristal es completamente organizado, sus átomos en posiciones fijas dentro de una estructura regular; pero un cristal es una estructura muerta. La desorganización total, por otra parte, es también la negación de la vida, que requiere la preservación de estructuras orgánicas. Por eso dice Kauffman que la complejidad de los organismos y los sistemas biológicos se crea en una franja al borde del caos.
Creo que es justamente eso lo que ahora ocurre en Europa y que, a pesar de los anuncios de Casandra, la fuente de la cultura occidental terminará por resolver su crisis sistémica. Europa saldrá fortalecida, una vez más, de tierras griegas y romanas. (En Los apremios de una mujer fenicia).
Hoy, 18 de diciembre, escribe Melvyn Krauss en The Irish Examiner el artículo Razones tras la misteriosa fortaleza del euro, donde certifica: «Desde septiembre, el euro ha aumentado su valor en más de 4%, a US$ 1,37 ayer sobre US$ 1,31%». También hoy, se reporta que los ministros de finanzas de la Zona Euro han hecho progresos en negociaciones clave para la formación de una unión bancaria, la que incluye provisiones de financiamiento de bancos en grave situación. La Unión Europea subsiste como la mayor economía del mundo, superando a la de los Estados Unidos y la de China; Europa dista mucho de ser un montón de ruinas.
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Europa no ha terminado de superar su recesión, obviamente (los Estados Unidos a duras penas), y Venezuela ha alcanzado una tasa de inflación anual que supera 50%, sufre de una marcada escasez de productos básicos y mantiene una tasa oficial de cambio nada realista: el mercado paralelo de dólares, ante la escasez de divisas provistas por el gobierno, ya ha llegado a ofrecer por la divisa estadounidense diez veces el valor oficial, mientras disminuyen las reservas de moneda extranjera y la economía como conjunto desacelera. Encima de esos problemas coyunturales, persisten rasgos estructurales—principalmente la excesiva dependencia de la industria petrolera—que hacen de la economía venezolana un sistema acromegálico y, para coronar, el simplismo ideológico del oficialismo le lleva a la guerra con la empresa privada. Una parte considerable del aparato productivo ha sido destruida o estatizada con destacada ineficiencia.
Pero ¿está el colapso económico de Venezuela a la vuelta de la esquina, o es tal cosa un mal augurio más de los coleccionistas de worst-case scenarios? Mark Weisbrot, un economista estadounidense que simpatiza con el gobierno venezolano, no cree que ése sea el caso; así argumentaba en The Guardian (El tan esperado apocalipsis en Venezuela es poco probable) el 7 de noviembre:
Es poco probable. En los análisis de la oposición y de los medios internacionales, Venezuela está entrampada en un espiral de inflación y devaluación. La hiperinflación, una deuda externa en aumento y una crisis en la balanza de pagos marcarían el final de este experimento económico. Pero en el año 2012, Venezuela alcanzó los $93,6 millardos en ingresos petroleros, frente a importaciones totales en la economía—a unos niveles históricamente altos—de $59,3 millardos. La cuenta corriente en la balanza de pagos registraba un superávit de $11 millardos. Los pagos de intereses sobre la deuda pública externa sumaban apenas $3,7 millardos. A este gobierno no se le van a agotar los dólares. Actualmente, el Banco Central cuenta con $23 millardos en reservas, y los propios economistas de la oposición estiman que existen otros $15 millardos en manos de otras instancias del gobierno, sumando así un total de $36,4 millardos. Normalmente, las reservas que puedan cubrir tres meses de importaciones son consideradas suficientes; Venezuela cuenta con las reservas necesarias para cubrir por lo menos ocho meses, y posiblemente más. También tiene la capacidad de solicitar créditos a nivel internacional. (…) Lo que verdaderamente disparó la inflación, ya hace un año, fue un recorte en el suministro de dólares al mercado de cambio de divisas, los cuales se redujeron a la mitad en octubre del 2012 y prácticamente fueron eliminados en febrero. Esto hizo que más importadores tuvieran que comprar dólares cada vez más caros en el mercado negro. La devaluación de febrero también contribuyó en algo a la inflación, aunque probablemente no tanto. Pero desde entonces el gobierno ha aumentado sus subastas de dólares, anunciando también un plan para aumentar las importaciones de alimentos y otros bienes, lo cual seguramente ejercerá cierta presión hacia la baja en los precios. (…) Ciertamente, Venezuela se enfrenta a algunos problemas económicos serios. Pero éstos no son del tipo que sufren por ejemplo Grecia (ya en su sexto año de recesión) o España, que se ven atrapadas en un arreglo donde la política macroeconómica es fijada por factores cuyos objetivos entran en conflicto con su recuperación económica. En cambio, Venezuela cuenta con suficientes reservas e ingresos en divisa extranjera para hacer lo que quiera, incluyendo empujar hacia abajo el valor del dólar en el mercado negro y eliminar buena parte del desabastecimiento. Estos son problemas que pueden ser resueltos de manera relativamente rápida mediante cambios en las políticas. Venezuela—al igual que la mayor parte de las economías del mundo—también sufre problemas estructurales de largo plazo, como lo son una sobredependencia respecto del petróleo, una infraestructura deficiente y una capacidad administrativa limitada. Pero no son éstas las causas de sus dificultades actuales.
En verdad, hay dos rasgos de consistente prudencia financiera que han caracterizado a las administraciones del chavismo: los presupuestos se calculan a precios del petróleo significativamente menores que los reales, y las obligaciones de deuda externa han sido canceladas puntualmente. Es su concepto de «guerra económica», que le ha sido necesario para apaciguar a sus partidarios radicales, lo que le ha impedido la flexibilidad que una versión moderna de la economía exige.
Pero ya están atrás las elecciones municipales que cierran el ciclo de cuatro comicios en catorce meses (7 de octubre y 16 de diciembre de 2012 y 14 de abril y 8 de diciembre de este año), uno detrás de otro. Tal vez las autoridades económicas venezolanas estén ahora más abiertas a considerar el modelo de un patriarca del socialismo: China, cuyo Partido Comunista ha reunido su 18º Comité Central para aprobar el mes pasado el Plan 383 (con penetración hasta 2030), que comienza por declarar: «En primer lugar, se trata de implementar reformas estructurales para fortalecer los cimientos de una economía basada en el mercado por medio de la redefinición del rol del gobierno; reformar y reestructurar las empresas del Estado y los bancos del sector público; desarrollar el sector privado; promover la competencia; y profundizar las reformas en cuanto a los factores tierra, trabajo y mercados financieros». Los jerarcas chinos no llaman a los empresarios privados la derecha «fascista» o «parasitaria»; son sus socios en el desarrollo de la cuna de Confucio y de Mao.
Gracias a la invención del «Plebiscito de la Inmaculada Concepción» por Capriles Radonski, el gobierno dispone de mayor capacidad de maniobra después de su triunfo electoral. Ya habla con tranquilidad del aumento-tabú de la gasolina—mientras la mayoría de los dirigentes opositores critica lo que antes propugnaba—, y se prepara para una nueva devaluación, una de las medidas de ajuste que alejarían el riesgo de colapso temido por Moody’s. Haría bien en atender la recomendación implícita en el artículo de Weisbrot: los problemas «pueden ser resueltos de manera relativamente rápida mediante cambios en las políticas». Lo que no debe hacer es emperrarse en la rígida lógica revolucionaria. Hasta Vladimir Ilich Lenin—para Ángel Bernardo Viso «probablemente el maestro indirecto de Hugo Chávez Frías» (Las revoluciones terribles)—tuvo que dar «un paso atrás para dar dos adelante» con su NEP (Nueva Política Económica) de 1921.
Es natural, por descontado, que luego de una derrota electoral como la del 8 de diciembre aumente en los voceros de la oposición su tendencia a hacer predicciones catastróficas, y que quienes tienen de nacimiento una vocación catastrofista se sumen a esos profetas del desastre. Si fueran consistentes con sus pedimentos de diálogo, pudieran disponerse, en bien del país, a contribuir con una prédica moderada; si persiguen, con muy buenas razones y algunas bastante malas, que el gobierno cambie, pudieran comenzar por cambiar ellos. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 23, 2013 | Argumentos, Política |
Nota añadida al final

Boleta algo sesgada del plebiscito sobre la anexión de Austria por Hitler en 1938
plebiscito. (Del lat. plebiscītum). 1. m. Resolución tomada por todo un pueblo a pluralidad de votos. 2. m. Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc. 3. m. Ley que la plebe de Roma establecía separadamente de las clases superiores de la república, a propuesta de su tribuno. Por algún tiempo obligaba solamente a los plebeyos, y después fue obligatoria para todo el pueblo.
Diccionario de la lengua española
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En Venezuela se ha desplazado el sentido de la palabra plebiscito, para enfatizar la opción entre Ja y Nein, entre Sí y No. Como la primera vez que se usara esa expresión en Venezuela fue para designar el celebrado el 15 de diciembre de 1957—al suspender las elecciones presidenciales y plantear la mera prolongación del mandato de Marcos Pérez Jiménez—, el término adquirió connotaciones peyorativas: lo entendíamos como el acto de un dictador. Ramón Escovar Salom llegó a argumentar que los partidarios del presidente Chávez ¡no debían votar en el referendo revocatorio de 2004! porque «se convertiría un referendo—DRAE: referéndum. (Del lat. referendum, gerundivo de referre). 1. m. Procedimiento jurídico por el que se someten al voto popular leyes o actos administrativos cuya ratificación por el pueblo se propone—en un plebiscito». (Ver Críticas demofóbicas, en la Carta Semanal #66 de doctorpolítico, 11 de diciembre de 2003).
Ahora ha propuesto Henrique Capriles Radonski la adulteración de las venideras elecciones municipales para interpretarlas como un plebiscito sobre la satisfacción del país entero con el Poder Ejecutivo Nacional. «El líder»—Führer—de la oposición, supuestamente partidario de la descentralización, crítico del estilo centralizador del oficialismo chavista, intenta convertir unas elecciones que de suyo son locales en un evento de significación nacional; es decir, centraliza. Antes, y en imitación fiel de la actuación de Hugo Chávez en las elecciones regionales y municipales de 2008, se autopropuso como jefe de campaña de todas las candidaturas municipales de la Mesa de la Unidad Democrática, «la cual aceptó» luego de unos pocos días de deliberación; es decir, centraliza.
La pregunta de Mario Villegas, 290813
Naturalmente, la jugada, pretendidamente ingeniosa, se inscribe en la prédica de Capriles luego del 14 de abril: que le robaron las elecciones, que este gobierno no va a durar seis años, que hay que votar masivamente en su contra el 8 de diciembre: ”Desde ya debemos ir organizándonos, para convertir esto en un proceso nacional con la finalidad de tener alcaldes comprometidos con el pueblo y el progreso. Al frente de las alcaldías hay muchos enchufados con una pésima gestión de gobierno y esa lucha tenemos que darla sobre la base de la participación. El reto que tenemos es superar la votación del 14 de abril. Tenemos que entender que la trampa se vence con más participación. (…) El ocho de diciembre quedará demostrado quién es mayoría». (2 de junio de 2013). En otra ocasión indicó: «Quedó demostrado que si ganamos por poco te roban la elección», implicando que, según él, habría ganado el 14 de abril por una mínima diferencia, y también: «Lo que quedó demostrado es lo podrido que está el Gobierno». Asimismo: “Aquí ya quedó demostrado que la mayoría de los venezolanos ya apostó por un cambio». Igualmente, sentenció con apropiación indebida: “La Vinotinto nos ha demostrado que sí se puede ganar y que sí nos podemos unir”. (Tal vez lo que quedó demostrado fue que se quedó pegado en lo de quedó demostrado).* Quod erat demonstrandum.
No obstante, a pesar de esa insistencia euclidiana, ni Capriles ni la Mesa de la Unidad Democrática han demostrado en ningún caso que hubo fraude electoral el 14 de abril; han alegado que lo hubo, por supuesto, y el núcleo duro de sus partidarios ha asumido tal alegato como dogma de fe. Así, han retrotraído las cosas a 2004, cuando Henry Ramos Allup gritara fraude en la madrugada del 16 de agosto de aquel año—ver Bofetada terapéutica—, ante la claudicación de Enrique Mendoza. Bastante más tarde (9 de marzo de 2011), declaraba a Ciudad CCS, menos seguro:
—Se le pasó un episodio, también muy mediático y protagonizado por usted directamente: la denuncia de fraude en el revocatorio de 2004… ¿Consiguió las pruebas?
—No fue una fanfarronada. Hablé por forfeit, porque nadie más quiso hablar y todos me distinguieron con el “honor”, casi que me empujaron. Había que decirle algo al país, era un penoso deber. Tomé escrupulosa nota de lo que me pidieron que dijera para que luego no me dejaran embarcado. ¿Por qué no hablé con las pruebas en la mano? Bueno, eso es como que a ti te atraquen y a los dos minutos te pregunten el nombre del atracador y la marca de la pistola. Era imposible, pero el estudio se hizo y aquí están las pruebas, en este libro (Los secretos del referéndum revocatorio del 2004, en el que el entrevistado figura como autor, junto a Enrique Mendoza, César Pérez Vivas, Gerardo Blyde, Pompeyo Márquez, Timoteo Zambrano y Gabriel Puerta, publicado en 2009). Yo no sé si es exacto o fehaciente, pero el trabajo lo hicieron técnicos bien capaces, y es muy verosímil.
(DRAE: verosímil. 1. adj. Que tiene apariencia de verdadero).
Mes y medio después de la declaración de fraude en 2004, una considerable abstención opositora produjo la captura oficialista de 21 entre 23 gobernaciones en juego. También se eligió alcaldes ese 31 de octubre; Carlos Ocariz aceptó famosamente su derrota y declaró valientemente que no había perdido por fraude, sino por una diferencia de 1.500 votos que la abstención de los opositores causara. (Ver, sobre los manidos pretextos de fraude electoral, Suma contra gentiles abstencionistas).
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Ahora ve por lo menos tres
Es fácil de entender que Capriles busque mantenerse como el líder de la comunidad opositora, montado sobre la ficción de que ganó por pocos votos las elecciones del 14 de abril; no objetó las del 7 de octubre ni las del 16 de diciembre del año pasado, cuando fue el único candidato originalmente opositor que preservó su gobernación (con una votación menor que la que obtuviera en 2008—50,35% contra 53,13%—aunque superior en 0,84% que la que Miranda le dió en las presidenciales de 2012: 49,51%.) Como no piensa permitir que el gobierno actual dure seis años, como las encuestas muestran la erosión del apoyo popular a Nicolás Maduro y la posibilidad de que el 8 de diciembre (a pesar de que la oposición no obtendría la mayoría de triunfos municipales) la votación sumada nacionalmente pudiera ser mayoritariamente de oposición, está empeñado en un curso de desconocimiento del Presidente de la República; Capriles Radonski se ha convertido en Capriles Obrador.
Ahora bien, ¿qué podría hacer si en verdad se produjere el segundo escenario que propone Francisco Pérez Gómez en su insustancial estudio, Análisis de resultados electorales y proyecciones para las elecciones municipales de diciembre de 2013? («La oposición obtiene 20 nuevos municipios con una mayoría general de 51% del registro electoral nacional equivalente a 4,7 millones de electores”. El primer escenario que considera es éste: “El oficialismo obtiene 15 nuevos municipios para un total de 254 con una mayoría general de 53% del registro electoral equivalente a 5,3 millones de electores”). No podría hacer ninguna otra cosa que propaganda reciclada de su actual doctrina: «¿Se fijan que sí somos mayoría, que nos robaron el 14 de abril?» A partir de un «plebiscito» ganado por uno o dos puntos no tendría la fuerza necesaria como para producir la caída inmediata del gobierno de Maduro, ni siquiera para añadir convicción a la tesis indemostrada de que ganó en abril. Quienes desde la oposición voten con la esperanza de que el 8 de diciembre será el fin del régimen se quedarán con los crespos hechos.
El 10 de agosto de este año, Capriles anunciaba un combo McDonald’s: dijo que había que pasar por el 8 de diciembre para ver “si se convoca una reforma, enmienda, revocatorio o constituyente”. Ya esta última, vista la poca acogida de la supersticiosa idea, la ha desechado desinflando a María Corina Machado, su competidora, que rompió lanzas por ella. Quedan tres caminos, sin embargo; aún no sabe en qué palo ahorcarse. LEA
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*A la 1:24 p. m. de hoy, El Universal puso en su web el siguiente titular: Capriles: Caso de avión con droga demuestra lo «putrefacto» del Gobierno. ¿Será que J. J. Rendón—según un amigo un gran sloganeer—le ha recomendado pasar de enchufes a demostraciones?
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 15, 2013 | Argumentos, Política |

El militarismo: ingrediente esencial del fascismo
In order to understand this new period in Venezuelan politics the focus should be centered in an anthropological approach, in the sense of understanding that a totally new set of political values and styles has emerged with Chávez’ ascension to power. This implies, among other things, discarding common analyses of his ‘breaches of political etiquette’ in order to grasp essential processes.
Understanding Chavez, Presentación a British Petroleum Exploración de Venezuela, 21 de junio de 2000
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La llegada del chavismo al poder fue el arribo de una nueva cultura política al país. Nuevos símbolos, nuevos usos, nuevos estilos. Una clara anticipación de esta llegada se encuentra en El laberinto de los tres minotauros, del filósofo apureño—Doctor en Filosofía y Filología de la Universidad de Viena, luego Profesor de la Universidad de Los Andes—José Manuel Briceño Guerrero. En la Ficha Semanal #46 de doctorpolítico (17 de mayo de 2005) dejé constancia que supe de eso «por una cadena de mediaciones»:
El noble arquitecto y diseñador, mejor amigo, Juan Bravo Sananes, me envió desde Maracaibo el dato que a su vez había recibido de su hermano, residente en Canadá: el soplo acerca de un blog extraordinario, cuyo responsable es el venezolano Francisco Toro Ugueto, que lo alimenta desde Maastricht. En particular Juan refería un trabajo de Toro sobre el libro El laberinto de los tres minotauros, del profesor José Manuel Briceño Guerrero, que enseña en la Universidad de Los Andes desde 1962. (En ese año llegaba a Mérida precedido de un aura de sabio; tuve entonces la oportunidad de escucharle tres “conferencias contradictorias” sobre materialismo dialéctico e histórico). Para completar la secuencia de mediaciones, hay que anotar que Toro se dio a la tarea de traducir al inglés extensos trozos de la obra de Briceño Guerrero, los que hizo preceder de sus propias notas y reflexiones.
Es de Toro esta penetrante lectura: “…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder”.
La iracundia, pues, es un elemento primario del chavismo; no es de extrañar que el insulto sea un rasgo definitorio de su proceder político.
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Los tres discursos americanos
La tesis fundamental de Briceño Guerrero es que en América coexisten tres discursos que no se mezclan, pues son incongruentes: el Discurso Racional-Occidental (que vino con la civilización europea, la de las ideas y la alta cultura), el Discurso Mantuano (el de la dominación criolla de los descendientes españoles que se apoya en la religión) y el Discurso Salvaje (el de los pobladores originales y los negros traídos para la esclavitud, que derriba la estatua de Cristóbal Colón y pone en el Parque del Este que rebautiza Parque Miranda la réplica del Leander mirandino en lugar de la Nao Santa María). Como destaca Toro, el talento de Briceño Guerrero «radica en su capacidad de mimetizarse con cada uno de los tres discursos que describe: poco a poco, en cada una de las tres partes del libro, se va pasando a la primera persona, deja de describir el discurso y comienza a encarnarlo, a asumirlo, y a expresar—así en primera persona—sus contradicciones internas”. Así escribe como si no hubiera estudiado en Viena, como si fuera salvaje:
Las colinas, los bosques, los prados, los animales y las plantas tienen amo, tienen propietario. Yo camino sobre tierra ajena, donde soy tolerado como sirviente; y no hay ningún sitio que yo pueda llamar mío. Con mi trabajo pago a duras penas las cosas que consumo y el alquiler de las que uso. Uso y consumo las peores y aun así logro escasamente sobrevivir. Todas las cosas se cambian por dinero; mi trabajo también. Pero la cantidad de dinero que obtengo no me alcanza para comprar las que necesito. Ando manga por hombro y crío hijos malsanos condenados a vender su sangre.
A veces los amos tienen rostro latifundista, patrón. Yo les digo “Sí amito, sí patrón, lo que Ud. mande, jefe, ya mismo Don Ra-amón”. Pero cada día es más frecuente que no tenga rostro y se llame compañía anónima, ministerio, instituto, comité central, empresa transnacional; me entiendo sólo con capataces o funcionarios. De nada me sirve matar a los amos porque vienen sus herederos a tomar posesión; de nada me sirve matar a unos capataces o funcionarios porque nombran otros de inmediato, tal vez peores; sin contar los castigos y represalias.
Sé que mi presencia les repugna, que les doy asco, que si pudieran prescindir de mi trabajo (sustituyéndome por máquinas, por ejemplo), me eliminarían físicamente, me exterminarían como a ratas.
Camino encogido, con la cabeza gacha, reverente y como pidiendo perdón por existir, sobre la misma tierra donde mis ancestros se erguían altivamente para respirar a pleno pulmón el aire de su mundo en la holgura de la patria; pero hubo un combate y fueron vencidos. Pelearon y perdieron; nosotros heredamos el oprobio de su derrota así como ellos, los otros, los de arriba, aquellos a cuya merced estamos, heredaron los privilegios de la victoria. ¿Podemos preparar otro combate, la revancha, una batalla a campo abierto, con clarines, en un día brillante de banderas y metales bruñidos, o perseveraremos en esta sórdida situación de resentimiento, saboteo, doblez, odio reprimido, envidia y papel?
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La fina pluma de Ángel Bernardo Viso corrobora y justifica de algún modo el airado reclamo de los diferidos en sus Memorias marginales: «La teoría del gendarme necesario, inventada por razones de praxis política, responde al temor de las clases sociales conservadoras ante el riesgo de una incivilizada conducta popular. (…) El temor a los pardos sirve así para justificar a Gómez, como hubiese servido en el caso de otro dictador absoluto; se les teme por insumisos, en potencia o en acto, desde el día en que los dos bandos en pugna, al comenzar la rebelión republicana, quisieron conquistar su apoyo y permitieron sus desmanes; para impedir éstos y construir la República, se requiere mano dura: los pardos son hijos del rigor…»
La contradicción histórica en que incurre la clase dominante—cuyo refinado fruto es Cesarismo democrático—tiene numerosos antecedentes en otras latitudes y en otros países: esa clase olvida la mansedumbre de los pardos durante la Colonia, a pesar de algunas sublevaciones aisladas, hasta el espléndido crepúsculo de aquélla en el siglo XVIII; incitados por los mantuanos, y, ante el acoso de éstos, por los realistas, a subvertir el orden político y social, son temidos luego por los descendientes de sus mentores, en busca de un gendarme para contener su amenaza. La dictadura propuesta con tan buenas razones, y en nombre del positivismo científico, esconde un miedo irracional profundo: la nostalgia del pasado, del tiempo en que los esclavos obedecían y las numerosas servidumbres permitían el ocio de los señores. El pasado regresa, en forma de teorías, que en verdad son fantasmas.
Más de una vez adujo Hugo Chávez que él era el dique de contención de esa furia ancestral.
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El chavismo trajo consigo rasgos endurecidos, actitudes agresivas, técnicas útiles para su dominación, destinadas al descrédito y el amedrentamiento. La nomenclatura maniática del oficialismo es una de sus manifestaciones; Chávez fue el gran nomenclador despectivo de la comarca—escuálidos, Cuarta República, majunche—, y sus herederos han continuado esa práctica. Toman prestados los insultos del marxismo—burguesía (que viene de burgo, ciudad) y oligarquía (que es la patología de la aristocracia)—y etiquetan a mansalva con epítetos insultantes. Uno de sus favoritos es fascista, y en su primitivo e inconsistente razonar emplean ese cognomento con inexactitud. En el fondo, nada nuevo; en tiempos del forcejeo de la Rusia y la China comunistas (1960-1989), la gente de Mao Zedong llamaba fascistas a los rusos, y la de Khrushchev hacia lo propio con sus antiguos aliados chinos.

Hay fascistas de izquierda
El fascismo, por supuesto, era la ideología de Benito Mussolini, acogida interesadamente por Adolfo Hitler, Francisco Franco Bahamonde y Juan Domingo Perón; en cierta forma, por Marcos Pérez Jiménez, dictador admirado y defendido por Hugo Chávez. El componente fundamental del fascismo es la glorificación y primacía del Estado, que se supone encarnado en el líder, sea éste Duce, Führer, Caudillo, Corazón de la Patria o Comandante Eterno. El fascismo no es ni izquierda ni derecha; de hecho, más de una vez se le presentó como tercera vía, la misma designación de la Doctrina Social de la Iglesia y la postura de Tony Blair, que Chávez dijo seguir en comparación expresa con el político inglés. El fascismo es dictadura fundada en el militarismo: «Fascists seek to unify their nation through a totalitarian state that promotes the mass mobilization of the national community, relying on a vanguard party to initiate a revolution to organize the nation on fascist principles. Hostile to liberal democracy, socialism, and communism, fascist movements share certain common features, including the veneration of the state, a devotion to a strong leader, and an emphasis on ultranationalism and militarism». (Wikipedia). Si algo parece fascismo es el chavismo, y por eso sería apropiado que el oficialismo venezolano no llamara fascistas a sus adversarios.
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Si uno entendiera, ayudado por Briceño Guerrero y Viso, que el chavismo no es un mero capricho gratuito, los gobernantes venezolanos podrían comprender que el combustible de la ira es una guía neurótica de la política. Prácticamente todas las conductas que critican y desprecian se encuentran en ellos mismos, y todas son rasgos de la humanidad, no propias de la condición de empresario o profesor universitario. Censuran al Imperio, pero se conducen imperiosamente; se justificaron originalmente como rebelión ante las prácticas corruptas de políticos que los precedieron, pero ahora declaran la emergencia nacional contra la corrupción y convierten eso en pretexto de poderes absolutos; llaman golpistas a sus contendores y surgieron de asonadas.
El chavismo es una enfermedad: una fiebre que vino de una larga pobreza, de un longevo sufrimiento; pero es tiempo de que ceda. Su existencia conduce a cosas malas, muy malas. Briceño Guerrero vio asimismo con claridad la patología revolucionaria:
He visto también—deseara no haberlo visto—que la revolución, caso de ser practicada en serio y caso de triunfar, conduce a formas de injusticia y opresión más abominables que las actuales. Esas formas nuevas de injusticia y opresión las he visto en los ojos y en las palabras de los dirigentes más sinceros, más esforzados, más leales a la causa. Se sienten salvadores mesiánicos, avatares de la historia; creen conocer mis intereses, mis deseos y mis necesidades mejor que yo mismo; no me consultan ni me oyen; se han constituido por cuenta de ellos en representantes míos, en vanguardias de mi lucha; son tutelares y paternalistas; prefiguran ya el Olimpo futuro donde tomarán todas las decisiones para mi bienestar y mi progreso; las tomarán y me las impondrán en nombre mío, a sangre y fuego en nombre mío. Yo bajo la cabeza diciendo “Sí camarada, sí compañero, eso es lo que hay que hacer, tiene razón, viva”. Les sigo la corriente para que no me peguen y para no desanimarlos; pueden producir esos momentos de relajo, de caos, cuando parpadea la vigilancia de los gendarmes, cuando puedo descargar impune mi rencor, mi cólera reprimida, mi odio; después de todo, ese alivio esporádico es el mendrugo que me toca en el tejemaneje revolucionario mientras llegan días peores, los del triunfo revolucionario.
Chávez, para bien o para mal, fue una figura descomunal, un líder de proporción heroica; adquirió «…una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar». (Tío Conejo como outsider). Lo hicieron y rompieron el molde, y Nicolás Maduro sólo tiene una forma de adquirir significación: superar su odio.
A unos petroleros ingleses que querían «entender a Chávez» les propuse la metáfora del Mulo el 21 de junio de 2000: «The appearance of an unforeseen mutant and sterile powerful leader (The Mule), in the second volume of Isaac Asimov’s trilogy Foundation, can serve as a metaphor for understanding Chávez’ phenomenon. It may be sterile in the sense of not being able to produce a successor with his same features». Maduro no debe, no puede empeñarse en ser calco de Chávez; si va a servir a su pueblo, es como su unificador. En la medida en que continúe la política del injusto insulto agresivo, inexacto e inútil, dañará más a Venezuela, necesitada de reconciliación. Tiene que dejar atrás la lucha fratricida, aunque Nicmer Evans se moleste. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 10, 2013 | Argumentos, Política |

Brewer Carías ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos
Hoy se ha separado Venezuela de la Convención Americana de Derechos Humanos. El motivo que aduce el gobierno presidido por Nicolás Maduro se remonta a 2002, cuando su madre organizacional, la Organización de Estados Americanos, habría reconocido al gobierno espurio de Pedro Carmona Estanga. Esto no ocurrió nunca formalmente, pero sí hubo dudosas actuaciones de su Secretario General de entonces, César Gaviria. Una nota de Valentina Lares Martiz en Tal Cual (Las mil caras de la OEA, 24 de abril de 2002) señala:
La reunión del Consejo Permanente de la OEA el sábado 12 de abril, efectuada de urgencia para estudiar la situación de Venezuela, no sólo mostró a Caracas quiénes son los aliados del gobierno del presidente Chávez, sino que comprobó además que la ambigüedad del organismo empieza por la misma Secretaría General. Por ahora, el canciller venezolano sólo se ha limitado a decir que Venezuela «salió sola» del golpe de Estado «pues no hubo intervenciones determinantes ni de la OEA ni el Grupo de Río». La reacción de los demás países «está en evaluación».

Una guabina colombiana
Más adelante, el reportaje anota: «Un día antes de la reunión formal del Consejo Permanente, estaban todos los jefes de misión reunidos con el Secretario General de la OEA, César Gaviria, menos el representante venezolano, Jorge Valero, justo después de que Carmona, en Caracas, hiciera su autojuramentación. Aunque la OEA planificaba su reunión formal para el día siguiente y allí evaluaría la legitimidad del nuevo gobierno, ya Gaviria había adelantado su impresión sobre los acontecimientos. Señaló que el gobierno del presidente Chávez había sido depuesto y que, por consiguiente, el representante venezolano, Jorge Valero, no debía entrar a la reunión de Consejo Permanente del sábado. La tarea de darle la noticia a Valero la asumió el representante de la misión chilena, Esteban Tomic». También refiere Lares Martiz lo siguiente:
Según explicaron fuentes bien informadas de países caribeños y centroamericanos, desde el principio de la reunión unas cuantas misiones comenzaron a hacer los esfuerzos correspondientes para reconocer el gobierno de Carmona Estanga: Estados Unidos, Ecuador, El Salvador, Costa Rica y, menos abiertamente, Colombia. Ya el gobierno de Nicaragua había respaldado abiertamente al «gobierno de transición».
La presión ejercida por estos países, y especialmente el peso específico que representa la figura de Estados Unidos, dilató la invocación de la Carta Democrática, cosa que sí deseaba buena parte de los países «fuertes» de la OEA (como México, Argentina y Brasil) y especialmente los estados caribeños. Iniciadas las primeras discusiones, una segunda intervención de Gaviria destapó la molestia de los países que no respaldaban el golpe dado en Venezuela.
Y es que el Secretario General aseguró que, desde Caracas, el recién instalado gobierno de Carmona le «informó» de la destitución de Valero, quien entonces debía abandonar inmediatamente la sala. La respuesta vino de la representación de Barbados, cuyo jefe de misión recordó al Secretario General que no era su potestad decidir sobre la legitimidad de los gobiernos, y que en el caso especial de la legitimidad del gobierno de Carmona, ese era justamente el tema de discusión de ese Consejo Permanente. En esa misma intervención, se le señaló a Gaviria lo «improcedente» de que él fungiera como enlace entre el «nuevo» gobierno venezolano y la OEA y, más aún, que ordenara el cese de funciones de un embajador sin que se cumplieran los respectivos trámites.
(…)
Una tercera intervención de Gaviria sentaría definitivamente las posiciones en la mesa.
En esta oportunidad, el Secretario General aseguró haber recibido—esta vez no se sabe si vía fax o vía telefónica—otra comunicación del gobierno de Carmona invitando a la OEA a que enviara a Venezuela una comisión para verificar que el recién nombrado gobierno no había dado ningún golpe de Estado.
En esa oportunidad, fue la representación de Brasil la que puntualizó: a partir de ese momento no se va, ni siquiera, a leer ningún tipo de comunicación que provenga del gobierno de Carmona Estanga. Al menos no hasta que estuviera definida la situación en Venezuela.
La rápida descomposición del gobierno de Carmona, además de la fuerte posición del resto de los países latinoamericanos y caribeños, hizo ceder al embajador estadounidense (Roger Noriega, antiguo asesor del senador Helms), que finalmente accedió a condenar la ruptura del hilo constitucional y enviar una comisión de verificación a Venezuela encabezada por Gaviria. La versión manejada por las fuentes es que lo rápido de las circunstancias privó entre los embajadores para que Gaviria fuera el designado como jefe de la misión. Para tomar distancia de la posición asumida inicialmente, la agenda del Secretario General en el país fue, además de corta, profundamente «gobiernera».
………
María Lilibeth Da Corte da cuenta hoy en El Universal (Maduro: «Se le acabó el tiempo a la Corte IDH»):
Tras acusar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos de reconocer al gobierno de Pedro Carmona Estanga, de «perseguir a la democracia venezolana» luego del golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 , de «proteger terroristas» y convertirse «en un instrumento de persecución contra los gobiernos progresistas», el mandatario sentenció: «¡Ya basta! Se le acabó el tiempo a la CIDH (en referencia a la Corte), se le acabó el tiempo y es la mejor decisión que nuestro comandante pudo haber tomado».
«Ellos se creen un poder supranacional, que son un poder por encima de los gobiernos legítimos del Continente», dijo Maduro al afirmar que el Sistema Interamericano de DDHH «está capturado por los intereses del Departamento de Estado de Estados Unidos».
En conferencia de prensa realizada en el salón Simón Bolívar del Palacio de Miraflores, ante la pregunta de un periodista, Maduro criticó a la oposición por impugnar ayer ante la CIDH su elección por supuesto fraude. «¿Qué tiene que ver la CIDH con el quinto poder soberano y autónomo que es el Poder Electoral», preguntó, al calificar de contradictorio «estar inscribiendo candidaturas (para los comicios municipales) y meter un documento diciendo que aquí se hace fraude», dijo.
«Ellos (oposición) aspiran a que la CIDH saque una decisión y diga que yo no soy Presidente. ¿Para que? ¿Para justificar una invasión será? Uno puede pensar que lo hacen por estúpidos, pero no lo hacen por estúpidos sino por perversos», agregó el Jefe de Estado.
Recordó que pronto Venezuela va a presidir el Consejo de DDHH de las Naciones Unidas y aseguró que propondrá desde la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) crear una instancia que vele por las garantías fundamentales «para que Latinoamérica tenga un Consejo de Derechos Humanos nuestro, no de los gringos, no con una burocracia internacional que nos odia, que nos desprecia y que recibe orden del imperio».

ONG de Derechos Humanos
Pero Liliana Ortega, Directora de COFAVIC—Comité de Familiares de Víctimas de los sucesos de febrero y marzo de 1989—sustenta un criterio dispar, según refiere Juan Francisco Alonso en el mismo periódico:
«Este Gobierno pasará a la historia como el que le quitó a la sociedad una de las escasas alternativas para obtener justicia (…) porque qué ha hecho la Corte sino dictar justicia», afirmó la directora de la organización, Liliana Ortega, quien recordó: «La única condena que hay sobre El Caracazo lo emitió la Corte, ningún tribunal ha dictado una en casi 25 años».
Para la activista la decisión es parte de una estrategia para silenciar a las víctimas y a las organizaciones que monitorean la situación de los Derechos Humanos, la cual comenzó en el ámbito interno con la reforma del Código Orgánico Procesal Penal (COPP) aprobada en 2012 por el fallecido presidente Hugo Chávez mediante la Ley Habilitante.
«En la reforma se nos arrebató a las organizaciones dos facultades fundamentales para el apoyo a las víctimas: La de representación ante los tribunales y la de poder presentar querellas contra funcionarios policiales y militares incursos en abusos», afirmó, al tiempo que denunció: «Se nos ha ido apartando con la idea de que al dejar solas a las víctimas ellas se debilitan y no denuncian, pero eso no es cierto. La voz de las víctimas seguirá siendo nítida, porque la dignidad de Venezuela seguirá siendo nítida».
En todo caso, ya Venezuela no estará sujeta a los dictámenes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,* a pesar de lo dispuesto en el Artículo 31 de la Constitución: «Toda persona tiene derecho, en los términos establecidos por los tratados, pactos y convenciones sobre derechos humanos ratificados por la República, a dirigir peticiones o quejas ante los órganos internacionales creados para tales fines, con el objeto de solicitar el amparo a sus derechos humanos. El Estado adoptará, conforme a procedimientos establecidos en esta Constitución y la ley, las medidas que sean necesarias para dar cumplimiento a las decisiones emanadas de los órganos internacionales previstos en este artículo». La clave de esta disposición es la frase «ratificados por la República», puesto que la denuncia por parte de Venezuela de la Convención Americana de Derechos Humanos suspende la ratificación hecha en 1969. La decisión de denunciar la convención fue tomada por el presidente Chávez el año pasado, a raíz de que la Corte de la OEA fallara a favor de Raúl José Díaz Peña, acusado y condenado por tribunales venezolanos como el autor de los atentados terroristas contra la sede de la Embajada de Colombia en Venezuela, en 2003.
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La Corte de la OEA
Y es ante esa corte que ya no nos obliga que ha recurrido el jurista Allan Randolph Brewer Carías para sostener «una petición presentada por Pedro Nikken, Hélio Bicudo, Claudio Grossman, Juan E. Méndez, Douglass Cassel y Héctor Faúndez Ledesma (en adelante ‘los peticionarios’), en la cual se alega que la República Bolivariana de Venezuela (en adelante ‘el Estado’) es responsable por la persecución política del abogado constitucionalista Allan R. Brewer Carías (en adelante ‘la presunta víctima’) en el marco de un proceso judicial en su contra por el delito de conspiración para cambiar violentamente la Constitución, en el contexto de los hechos ocurridos entre el 11 y el 13 de abril de 2002».
Germán Saltrón Negretti ha argumentado:
La Fiscalía lo imputó el 27/01/2005, por el delito de conspiración para cambiar violentamente la Constitución mediante la realización del Decreto Carmona. El Doctor Brewer fue citado a la Audiencia Preliminar y sus abogados defensores presentaron un escrito al Tribunal señalando «que rechazaban en todas sus partes, tanto en los hechos como en el derecho la acusación». Además indicaban que su defendido no se presentaría a la audiencia preliminar, porque no tenía garantizado su derecho a la defensa, y había recibido una propuesta de dar clase en la universidad de Columbia.
Es evidente que al rechazar y contradecir la referida acusación en todas y cada una de sus partes, están invocando las facultades del artículo 328 del COPP. Es innegable que al no presentarse el Dr Brewer a la Audiencia Preliminar el proceso se detiene, pero es un hecho imputable a él mismo. Lo que demuestra a la Comisión Interamericana que no se han agotado todos los recursos internos jurisdiccionales en Venezuela, y la Comisión no debió admitirlo de conformidad con el artículo 46.1 de la Convención Interamericana de DH. Los defensores alegan que introdujeron un recurso de nulidad, pero éste tiene que resolverse en la Audiencia Preliminar según jurisprudencia reiterada del Tribunal Supremo de Justicia.
Venezuela le ha respondido a la Comisión y a la Corte, que la audiencia preliminar es la oportunidad que tiene el imputado para negar, contradecir, argumentar los hechos y el derecho, replicar, recusar, etc. Al imputado Dr Brewer y a sus abogados se le explicó en la audiencia en la Corte Interamericana que todos estos derechos pueden ser ejercidos solo en la fase de juicio pero no durante la fase preliminar de investigación, como lo han pretendido extemporáneamente los abogados de la presunta víctima, en su escrito del 24/01/2007, en el cual confunden (o ignoran) las etapas del proceso penal venezolano.
Además, cuentan con los recursos que no son extraordinarios, sino que lo acompañan en todo el proceso penal, tales como: Recurso de Revocación, el Recurso de Autos, el Recurso de Apelación, el Recurso de Casación y la Revisión de la Sentencia Firme. Para finalizar expusimos a los Magistrados de la Corte, que el Dr Brewer no sufrió ningún tipo de persecución política ni de otra índole pues gozó de libertad plena entre la fecha del golpe de Estado el 11 de abril de 2002, hasta el momento que decidió irse del país en el año 2005. Cuando se dió a la fuga, el Tribunal de la causa le dictó Auto de Detención. Además, el Presidente Chavez el 31/12/2007, dictó una amnistía que benefició a todas las personas que estuviesen a derecho, involucrados en el golpe de Estado el 11 de abril de 2002, por lo cual no hay forma de que el prófugo sea condenado por tales hechos.
Si Venezuela fuera condenada nuevamente, de manera ilegal por esta Corte, ello aportaría más elementos a la tesis de que esta Corte y la Comisión son un instrumento de confabulación internacional contra nuestro país, por organismos que se “autoproclaman defensores de derechos humanos” pero apoyan los golpes de Estado en la región, contra gobiernos legítimamente electos y progresistas. Además, ratificaría la pertinencia de las razones por las cuales Venezuela denunció la Convención Americana y marcaría el final definitivo de la credibilidad del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos.
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Madrugada en Fuerte Tiuna
El propio Brewer Carías ha aducido, en escrito dirigido a la Fiscal 6 del Ministerio Público en el que alude al libro de Carmona Estanga sobre los acontecimientos de abril de 2002, lo que sigue:
1. El documento que serviría para la organización de un supuesto “nuevo gobierno” ya estaba redactado antes de que Carmona me llamara telefónicamente a mi casa en la madrugada del día 12 de abril de 2002.
2. La llamada telefónica de Carmona fue para conocer mi criterio jurídico sobre el mencionado documento, a cuyo efecto me mandó a buscar con su chofer. Mi actuación fue la de abogado, y no participé en reunión alguna ni con civiles ni militares en las cuales se hubiera tomado decisión política alguna en relación con los acontecimientos de ese día. Fui retornado a mi casa en la misma madrugada del 11 [sic] de abril, como Carmona lo indica en el libro (p. 110), sin haberle podido dar mi opinión sobre el documento.
3. Mi opinión jurídica a Carmona, quien era la persona que había solicitado mi opinión, sólo se la pude dar por teléfono desde mi casa al fin de la tarde del 12 de abril, que fue la única ocasión que tuve de hablar con él sobre el tema, pues lamentablemente no tuve oportunidad de hablar personalmente con él durante el día sobre el texto del decreto, a pesar de que fui al Palacio de Miraflores hacia el mediodía de ese día con tal propósito. Allí estuve poco tiempo, y salí pasado el mediodía, al no entender la dirección de los acontecimientos y captar que las decisiones políticas a las que se refería el proyecto de decreto no serían modificadas. Por tanto, no estuve en Miraflores durante la tarde del día 12 de abril, ni asistí al acto de instalación del nuevo gobierno.
4. Mi criterio profesional, expresado a Carmona, fue contrario a las decisiones políticas que estaban incorporadas en el documento; por eso las “diferencias en relación con el camino elegido” a que hace referencia el autor, quien además señala que discrepó de mis interpretaciones. Estimé efectivamente, que lo que se proponía como decisiones en el documento era contrario a la Carta Democrática Interamericana, que es el instrumento internacional sobre doctrina democrática más completo en el Continente, y por ende, contrario al orden constitucional; y por eso me alegré, como lo dice el autor, con la “rectificación posterior” del decreto que restablecía la representación popular de la Asamblea Nacional. Carmona hace referencia en su libro, además, a que uno de sus asistentes, en la noche del 12 de abril, le había solicitado que hablara conmigo para que conociera mis observaciones al Decreto (p. 148).
La primera afirmación de Brewer fue corroborada y ampliada por el Secretario General de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, quien declaró a Ciudad CCS el 9 de marzo de 2011: «Es mentira que ese decreto cayó del cielo, lo habíamos visto todos, una semana antes». Quizás Brewer Carías no estuvo incluido en ese «todos», pero el lunes 15 de abril de 2002 declaró al diario El Nacional que ante la renuencia de Carmona a aceptar su opinión, no le había quedado más recurso que sugerir correcciones de estilo. Es decir, el Dr. Brewer vio a un asesino presto a dispararle a alguien, le propuso inicialmente que no lo hiciera y, como el matador insistió en la ejecución, recomendó entonces que empuñara el revólver de otra forma y apuntara un poco más atrás en la sien de la víctima, más cerca de la oreja.
Pero no es esto lo más fundamental. Carmona Estanga no estaba facultado constitucionalmente para decretar absolutamente nada, pues no era el Presidente de la República, menos para la «rectificación posterior», que Brewer aprueba; aunque Hugo Chávez hubiera perfeccionado su renuncia a ese cargo—anunciada por el general Lucas Rincón en alocución de la madrugada del 12 de abril—, se habría estado ante la falta absoluta del Presidente de la República, circunstancia en la que su investidura y atribuciones debieron recaer sobre el Vicepresidente según manda la Constitución, no sobre el Presidente de Fedecámaras aunque unos militares, que tampoco tenían potestad para eso, lo encargaran del coroto. No sirve de excusa que Diosdado Cabello se hiciera ausente; se había puesto a buen resguardo en momentos cuando el Ministro de Relaciones Interiores, Ramón Rodríguez Chacín, había sido extraído de su residencia, con aderezo de coscorrones, por acción conjunta de las policías de Baruta y Chacao, en presencia de los alcaldes Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López. Por no haber desaparecido, Tarek William Saab fue apresado y montado en una camioneta de detención.
Brewer Carías no ha debido nunca acceder a la petición de Carmona; ha debido decirle, simplemente: «Carmona, Ud. no es el Presidente de la República y, si lo fuera, tampoco podría desconocer los restantes Poderes Públicos. Ud. no puede consultarme una cosa así; Ud. es un usurpador».

De razón defectuosa
A pesar de estas cosas, insistía ayer Asdrúbal Aguiar en Informe 21 (El caso Brewer): «Pero la cuestión que otra vez queda sobre el tapete de la opinión, ahora internacional, va más allá del caso Brewer, a quien Carmona consulta en la madrugada del 12 de abril sobre cómo proceder constitucionalmente al manejo de la transición que le encomiendan los militares y plantea el anuncio por éstos ante el país de la renuncia del Presidente Chávez. El ministro de la defensa y más tarde del Interior, hoy embajador del régimen, Lucas Rincón, es el vocero del renunciante. Pero se trata de una consulta que el académico atiende pero no acoge su interesado, quien al final opta por el decreto que le sugieren y mandan a redactar los propios militares en la circunstancia, que lee el abogado Daniel Romero»……….
La última vez que hablé con Allan Randolph Brewer Carías lo hice en su bufete, mientras despuntaba el año de 1999. La Corte Suprema de Justicia no había emitido aún su decisión famosa del 19 de enero de ese año, con la que abría la puerta a una consulta referendaria sobre la conveniencia de reunir una asamblea constituyente. Brewer me ratificó su posición al respecto, fundado en el Artículo 250 de la Constitución de 1961: «Esta Constitución no perderá su vigencia si (…) fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone». Como una constituyente no estaba contemplada en el texto del 61, no podría convocarse sin una propia reforma del mismo. Entonces, le dije aquella mañana: «Randy: la Constitución vigente no contempla ningún medio para su derogación; sólo habla de reformas o enmiendas. El Artículo 250 es una norma vacía». Recordé lo que ya había escrito para el diario La Verdad de Maracaibo cuatro meses antes (Contratesis, 10 de septiembre de 1998):
Es preciso reformar la Constitución de 1961 para que pueda convocarse una constituyente (Brewer-Carías y otros), pues hay que preservar el “hilo” constitucional. Incorrecto. El artículo 250 de la constitución vigente, en el que fincan su argumento quienes sostienen que habría que reformarla antes, habla de algo que no existe: “Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone”. El texto de 1961 no dispone de medio ninguno para derogarla. Sólo menciona enmiendas o reforma general. No prescribe medio alguno para sustituirla por conceptos constitucionales cualitativamente diferentes. Además, el Poder Constituyente, nosotros los Electores, estamos por encima de cualquier constitución. Si aprobamos la convocatoria a una constituyente eso es suficiente.
La doctrina de supraconstitucionalidad del Poder Constituyente Originario, expuesta en ese artículo, sería acogida por la Corte Suprema de Justicia en su decisión del 19 de enero, pero el docto jurista con quien conversaba permaneció mudo; no atinó a rebatir mi interpretación sobre la vaciedad del Artículo 250. Poco después se postularía y resultaría electo diputado a la Asamblea Constituyente que antes estimó inconstitucional. Más adelante acogería su equivocado criterio el abogado Oswaldo Páez Pumar y lo ampliaría: en la Asamblea de Fedecámaras del año 2001 en la que se elegiría a Carmona como su Presidente, disertó sobre la peregrina tesis de que la constitución vigente era la de 1961, a pesar de que un referéndum aprobatorio promulgara el 15 de diciembre de 1999 la Constitución que nos rige. Su fundamento era la misma prescripción vacía del viejo Artículo 250, pero aun en el supuesto negado de que la constitución vigente fuera la derogada, tampoco ella autorizaba que unos militares decidieran quien debía encargarse de la Presidencia de la República. En la mañana del 12 de abril de 2002, cuando ya Hugo Chávez estaba detenido en Fuerte Tiuna, reiteró esa equivocación en unas Notas para una transición que envió por correos electrónicos a una lista que me incluía. Una hora después de su envío, estaba sentado a la mesa del Salón de los Espejos del Palacio de Miraflores; Carmona anunciaba que compondría un Consejo de Estado y que la mayoría de los sentados a la mesa formaría parte de él. A la tarde, convencido de la tesis de Páez Pumar que le proporcionaba falazmente tranquilidad de espíritu, Carmona pretendió decapitar, sin conseguirlo, los poderes de la República, quizás haciendo caso a las «correcciones de estilo» propuestas por Brewer Carías.
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Es lamentable que Venezuela se retire del sistema interamericano de protección de derechos humanos. La humanidad necesita construir su polis planetaria, y es importantísimo e imprescindible que los estados del mundo reconozcan poderes supranacionales como, por ejemplo, la Corte Penal Internacional de La Haya. Pero motivos hay para la denuncia venezolana de la Convención Americana de Derechos Humanos. No se trata de un mero capricho totalitario.
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*Para estar seguros, el Artículo 78 de la Convención Americana de Derechos Humanos establece: «1. Los Estados Partes podrán denunciar esta Convención después de la expiración de un plazo de cinco años a partir de la fecha de entrada en vigor de la misma y mediante un preaviso de un año, notificando al Secretario General de la Organización, quien debe informar a las otras partes. 2. Dicha denuncia no tendrá por efecto desligar al Estado parte interesado de las obligaciones contenidas en esta Convención en lo que concierne a todo hecho que, pudiendo constituir una violación de esas obligaciones, haya sido cumplido por él anteriormente a la fecha en la cual la denuncia produce efecto». Brewer Carías y sus asesores interpretarán que, a pesar de que la denuncia de Venezuela ya ha tenido efecto, su caso no tiene prescripción según el numeral 2 de ese artículo, pero lo expuesto por Saltrón debiera impedir que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictamine que se cumplió un hecho que constituyó una violación de las obligaciones del país. Si decidiere en contrario, Venezuela simplemente desconocerá la sentencia, y habría que ver si Barack Obama querrá insistir en la aplicación de previsiones de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela, lo que únicamente acarrearía su suspensión como miembro de la OEA, y si una representación al efecto por Estados Unidos y algunos aliados contará con el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros de la organización, necesario para que tal suspensión proceda.
LEA
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