por Luis Enrique Alcalá | Jul 18, 2012 | Argumentos, Política |

Continuará mirando aun si lo hacen callar. Habrá que matarlo.
El bioanálisis es verdaderamente una gran cosa. Los exámenes de laboratorio son en extremo útiles; precisan cuantitativamente la cantidad de bilurrubina no conjugada en la sangre, pero el ojo clínico sabe que hay un problema de la función biliar con sólo ver el color amarillento de la piel. Lo mismo hacen las encuestas; si la muestra de población es tomada con esmero, con una buena estratificación, registran con bastante exactitud el estado de la opinión pública. Hablemos, pues, de dos exámenes de esa opinión relativamente recientes.
El más antiguo fue recogido el lunes 16 de julio por la inoportuna Reuters, en nota de Diego Ore y Daniel Wallis que reprodujeron varios medios internacionales. Por ejemplo, el Chicago Tribune, titulando Venezuela’s Chavez maintains poll lead over rival. Escribieron esos periodistas:
El presidente venezolano Hugo Chávez mantuvo una ventaja de 15 puntos porcentuales sobre su rival opositor Henrique Capriles en una encuesta cuidadosamente vigilada que se publicara el lunes, a menos de tres meses de la elección presidencial del 7 de octubre. El estudio de junio por la respetada encuestadora Datanálisis mostró 46,1 por ciento de votantes que apoyan a Chávez y 30,8 por ciento por Capriles, mientras que el resto estaba indeciso o no respondió. (…) Su ventaja de 15,3 puntos porcentuales fue ligeramente menor que el 15,9 por ciento registrado por Datanálisis en mayo, pero todavía dentro del margen de error de 2,7 puntos porcentuales. (…) La mayoría de los encuestadores mejor conocidos de Venezuela da a Chávez una ventaja de dos dígitos sobre Capriles, quien está prometiendo poner fin a las políticas estatistas y radicales y establecer una administración de ‘izquierda moderna’ al estilo brasileño.
Los números de Datanálisis implican que Capriles Radonski debiera, junto con un estancamiento de la candidatura socialista, crecer 1% cada cinco días para lograr un empate. Al cubrir la misma encuesta, Noticias 24 informó: «Según los números de la firma Datanálisis, la intención de voto a favor del militar retirado se incrementó en 2,5 puntos porcentuales, a 46,1 por ciento en junio respecto al mes anterior; mientras que Capriles subió 3,1 puntos a 30,8 por ciento en ese lapso». (Destacado de la agencia). Capriles, pues, logró un aumento neto de 0,6% en treinta días; o sea, su eficacia tendría que ser diez veces mayor en lo que queda de campaña si quisiera empatar.
La gente de Datanálisis hizo todo lo posible por no desanimar al campo caprilista. En la divulgación de la encuesta a una audiencia sin chavistas, José Antonio Gil Yépez hizo una comparación de corte «teórico» entre las ofertas de Chávez y Capriles para presentar favorablemente al segundo de los candidatos. Noticias 24 registró sus palabras:
“Los modelos de sociedad entre los candidatos Chávez y Capriles son muy distintos, de inclusión–excluyente versus inclusión–incluyente». Así lo definió, según la teoría sociológica y política y concluye que la propuesta del candidato oficialista es un Modelo de Comunidad Primitiva y en el caso del aspirante de la Mesa de la Unidad, plantea un Modelo de Sociedad Moderna. (…) «El margen de ventaja de Capriles está en su capacidad de acompañamiento y trabajo en equipo y las ventajas de Chávez radican en el dinero y las manipulaciones desinformadas“.
Por su parte, Luis Vicente León ofreció esperanzas para Capriles: «Chávez arranca la carrera en el puesto uno; eso no quiere decir que quien arranque en el puesto uno llegue en el puesto uno, lo que tiene es una ventaja de arranque» (El Universal, martes 17 de julio), y pintó la tierra prometida en el terreno de los indecisos: «Dijo que en apenas una semana de campaña los indecisos se redujeron 6% y de este sector 55% se fue al candidato opositor».
Bueno, no en una semana; la comparación de Datanálisis es referida a lo que midió un mes antes, y no toda la reducción de indecisos en un poco menos de 6%—5,6%; de 28,7% a 23,1%—fue a Capriles; 45% de este 6% aproximado se pronunció por Chávez. Si todo el 23% de indecisos remanentes se decantare en las mismas proporciones observadas el último mes—45% para Chávez y 55% para Capriles—, el candidato opositor terminaría añadiendo 12,65% a la intención de voto a su favor, mientras que Chávez obtendría 10,35% de esa supuesta decisión; en ese caso hipotético de cero indecisos, de difícil cristalización (ver en este blog ¿Una tragedia inescapable?), Capriles lograría una votación total de 43,45%, mientras que Chávez obtendría 56,45%, para una ventaja final de 13 puntos. (Otra manera de decir la misma cosa: si Chávez perdiera ventaja, en los 81 días que faltan para la elección, en la misma proporción que Datanálisis midiera en un mes, terminaría reduciéndola en 1,62% y ganaría entonces con una brecha de sólo 13,68 puntos, lo que sería una ganga, pero no como para que la Mesa de la Unidad Democrática decida poner una fiesta). A modo de consolación, León destacó algo que El Universal registró: «Dijo que la diferencia que tiene en contra el aspirante opositor no es irreversible, pero es importante, no obstante recuerda que la encuesta de arranque en la campaña de 2006 entre Chávez y Manuel Rosales, le daba al Presidente 46 puntos de ventaja y terminó en 26%». Es decir: «No se preocupe, Capriles Radonski, que la paliza no va a ser tan dolorosa».
Noticias 24 dio detalles técnicos: «La encuesta se realizó del 14 al 23 de junio con una muestra de 1.300 entrevistados en hogares, con un margen de error de +/- 2,72 puntos porcentuales», y cerró con una comparación: «La encuestadora GIS XXI, del ex ministro del actual gobierno Jesse Chacón, arroja 34,8 puntos de diferencia a favor de Chávez, mientras que Hinterlaces reduce esa ventaja a 21%. Al contrario, Consultores 21 asegura que ambos candidatos están igualados en 46% de preferencia».
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En efecto, Hinterlaces reportó 21 puntos de diferencia en su Monitor País del mes anterior, con datos levantados entre el 14 y el 26 de junio. (Ver en este blog No sólo números, explicaciones). Ahora ha ofrecido, una vez más en presentación en el Hotel Marriott (hoy, 18 de julio), las mediciones de un estudio de seguimiento (tracking poll presidencial) concluido el pasado sábado 14 de julio. Veamos qué dice este último examen bionalítico.

Intención de voto del 4 al 14 de julio (clic amplía)
La brecha entre los candidatos—al igual que midiera Datanálisis—disminuyó entre junio y julio, para pasar de 21% a 17%. Chávez bajó de 52 puntos a 47, y Capriles de 31 a 30. Y es que Hinterlaces, al contrario de la encuestadora de Gil & León que midió un crecimiento de ambas candidaturas y una disminución de los indecisos, registró un descenso de los candidatos y un movimiento ascendente de los indecisos, de 13% a 20%. (Más 3% de entrevistados que indicaron que no votarían por ninguno de los dos candidatos; sumados estos últimos a los indecisos, se obtiene la cifra de Datanálisis: 23%). Oscar Schemel dijo que a la distancia de poco más de dos meses de la fecha de los comicios, ya era posible proyectar los resultados electorales polarizados; es decir, retirando de la cuenta a quienes no han decidido aún por quién votarán. Las cuentas le dan a Chávez triunfador con 61% de los votos efectivos contra 39% de Capriles, lo que, recordó, correspondía a las proporciones que se han mantenido bastante estables del oficialismo y la oposición desde hace varios años.

Al menos la mitad de los indecisos propende a la abstención
También a diferencia de Datanálisis, Hinterlaces interpreta el papel de los indecisos como irrelevante a la hora de afectar los resultados. Para Hinterlaces, los indecisos no cambiarán los resultados del 7 de octubre. Schemel exhibió una lámina que escudriña la estructura de esta categoría. Dice la nota de prensa entregada hoy a los asistentes a su rueda de prensa:
El más reciente Monitor País de Hinterlaces arrojó un incremento de los indecisos de 13% a 20% en un mes. El análisis de los resultados del estudio revela que la mitad de este segmento podría abstenerse de votar, por lo que no incidirán en los comicios del 7 de octubre. El 75,8% de los indecisos no se identifica con ningún partido político; el 52,05% no apoya a ninguno de los candidatos y 49,32% no se identifica con «los ideales de ninguno de ellos». De la misma manera, las simpatías de los indecisos se distribuyen equilibradamente. Un 19,63% piensa que el presidente Chávez tiene las mejores ideas y proyectos y un 18,26% cree que quien las tiene es Henrique Capriles, mientras 22,37% cree que «ninguno de los dos» y un 39,73% «no sabe o no responde».

Histograma del apoyo en los indecisos

León y Schemel en el Marriott hoy. ¿Confabulación?
En síntesis, Oscar Schemel no pudo dorarle la píldora a Capriles Radonski, como hizo Luis Vicente León, haciéndole creer que los indecisos pudieran darle la victoria. En cambio, señaló al segmento de 34% de entrevistados con postura crítica ante el gobierno como el verdadero mercado a conquistar por cualquiera de los dos comandos de campaña.
Significativamente, a escasos 81 días de las votaciones del 7 de octubre, hay una proporción considerable de ciudadanos que no han decidido su voto, como también un porcentaje elevado de gente no alineada, en el sentido de no estar convencida por las ofertas de los partidos, sean éstos del lado oficialista o de la oposición. La última medición de Hinterlaces, recién salida del horno, obtuvo los siguientes porcentajes de apoyo a los partidos—pregunta: ¿Con cuál partido político se identifica Ud. más actualmente?—: PSUV, 38%; Primero Justicia, 7%; Un Nuevo Tiempo, 4%; Acción Democrática, 2%; Otros (con menos de 1%), 2%; con todos los partidos de oposición, 3%; ¡con ninguno, 42%! (No sabe o no contesta el 2% de la muestra). El partido NNN—Ninguno-No sabe-No contesta—, con 44%, supera por 6 puntos al partido del Presidente. Casi la mitad de los venezolanos pide a gritos una oferta que supere la mediocridad de las organizaciones existentes.
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Estos registros no sorprenden a un ojo clínico adiestrado. (El buen clínico conoce el funcionamiento del cuerpo humano; el buen político el del cuerpo social). El 10 de marzo de 2011—¡hace un año, cuatro meses y ocho días!—se escribió en este blog (El pelotón opositor):
…por supuesto, muchos nombres suenan como posibles candidatos. Además de los ya nombrados, puede enumerarse con facilidad a Eduardo Fernández, María Corina Machado (2,5% según IVAD), Ramón Guillermo Aveledo, Cecilia Sosa, Cecilia García Arocha, Pablo Pérez (6,3%), Henrique Capriles Radonski (7,3%, en el primer lugar)…
(…)
Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.
Quienquiera hubiese practicado con responsable seriedad una política clínica habría arribado a la misma impresión diagnóstica y el pronóstico que de ella se deriva. No hay modo de que Capriles Radonski alcance la Presidencia de la República, y eso lo sabe más de un opositor inteligente. Entre avezados financistas de su campaña, hace rato que lo dan por perdedor; aunque recomienden seguir con el espectáculo hasta el final, ya saben que lo mejor que pueden hacer es prepararse a mediano plazo para una segunda elección, cuando se produzca la falta absoluta del Presidente de la República antes de los cuatro años contados a partir de la cuarta toma de posesión de Hugo Chávez.
Otros, menos inteligentes, dirigen sus baterías contra el Consejo Nacional Electoral, como un equipo de la Eurocopa que, en lugar de atacar la meta del contrario en procura de goles, se dedicara a quejarse del árbitro y los jueces de línea.* Es táctica de derrotado, la misma que en 2004 proclamó un fraude que jamás se comprobara; con eso logró apenas un aumento de la abstención oposicionista y la derrota en 21 de 23 estados el 30 de octubre de ese mismo año. Por lo demás, reman contra la corriente, como lo hizo otro Henrique al oponerse al proceso constituyente en 1998, cuando las encuestas medían una opinión mayoritaria a su favor. Hinterlaces midió en junio 71% de opinión positiva del Consejo Nacional Electoral, cifra que se coloca en 70% en el estudio de seguimiento presentado hoy. No luce aconsejable arrendar la ganancia a los impenitentes acusadores del CNE. LEA
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*El rector electoral Vicente Díaz ha escrito la siguiente nota:
En Venezuela no es posible, por ningún método, alterar la voluntad de los electores expresada en votos. Quien tenga los votos ganará, y así será proclamado.
Algunos hechos que fundamentan esta afirmación. Sólo unos pocos, dado lo limitado del espacio.
Registro Electoral: no es cierto que haya millones de electores inventados. Nuestro registro es plenamente consistente con la cantidad de población. Y tiene el mismo perfil de cobertura que los principales países de la Región. Lo que pasa es que ya Venezuela no es un país joven. Los partos por mujer pasaron de más de 5 hace 30 años, a poco más de 2 en la actualidad.
Votación: no se puede alterar el voto, ni agregársele votos a la máquina. El elector comprueba su voto con el comprobante que le da la máquina y lo deposita en la caja de resguardo. Al terminar la votación se imprimen los resultados, se cuentan cuántos electores sufragaron según el cuaderno de votación y se agrega a mano al acta de escrutinio, se conecta la máquina y se transmiten los resultados; esa acta se le entrega a los testigos de los partidos, qiuienes la reportan a sus comandos. Luego de todo esto se sortean manualmente las cajas que se abrirán para la auditoría ciudadana. Si se alteraran los votos se comprobaría en el conteo manual, nunca ha sucedido. No puede suceder. Y si se le agregaran votos, no coincidirían los votantes (registrados a mano) con los votos. Por cierto, la máquina es bidireccional, siempre ha sido. No es un secreto. Es una garantía de seguridad, pero siempre está desconectada, hasta la transmisión.
Totalización: no se pueden alterar los votos Ya no tiene capacidad de transmision inalámbrica, es como un teléfono fijo: si no se conecta no transmite. Y todo esto se verifica exaustivamente en las auditorías de producción y predespacho, por los técnicos en la transmisión ni en la sala de totalización. No hay salas de totalización paralelas y clandestinas. La de la Bolivariana siempre ha existido, es de respaldo; es auditada y certificada por los técnicos representantes de los candidatos, y al igual que en la de Plaza Caracas siempre hay testigos de los partidos. La del antiguo Teleport está por inaugurarse, se acaba de construir, nunca ha funcionado. Además, y principalmente, ni que las rectoras y yo quisiéramos cambiar los resultados podríamos hacerlo: el boletín de totalización incluye las hojas complementarias con el resultado acta por acta y mesa por mesa. La totalización es la suma de los resultados de cada mesa. No se puede cambiar el total sin cambiar los de las mesas. Los de las mesas no se pueden cambiar porque todos los partidos tienen las actas.
Por razones de espacio no puedo hablar de tonterías como el cable submarino o el satélite Simón Bolivar. Tal vez más adelante vuelva sobre el tema. Y con toda seguridad escribiré en torno al SAI. Estoy a la orden para conversar sobre cualquiera de estos temas.
Las puertas de mi oficina, mi correo y mi tuiter están a la orden para aclarar dudas o escuchar sugerencias.
@vicentedz
Rectoriavd@cne.gob.ve
(Recibido de Sadio Garavini di Turno)
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Para descargar .pdf del Tracking Presidencial de Hinterlaces: MCS – MONITOR PAIS – JULIO 2012 – REPORTE ELECTORAL (18-07-2012)
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 12, 2012 | Argumentos |

La idea que Eugenio Mendoza Goiticoa llevó a la XVIII Asamblea de Fedecámaras (Mérida, julio de 1962)
Se ha querido presentar al empresariado nacional como actor insensible y egoísta, involucrado en una dominación deliberada sobre los habitantes más pobres del país. La verdad es que el empresario venezolano ha sido destacado pionero en materia de responsabilidad y solidaridad social, tanto en términos de recursos aportados como en materia de iniciativas con imaginación y de conceptos avanzados en la materia.

Alfredo Anzola Montaubán, el ideólogo
Siempre hubo filantropía de los empresarios en Venezuela, pero fue en la década de los años sesenta cuando su presencia se hizo marcadamente mayor y mejor orientada por una moderna filosofía de la responsabilidad social, de elaboración esencialmente autóctona. En 1964 los empresarios venezolanos concibieron y emitieron su Declaración de Responsabilidad Social de la Libre Empresa, que daba piso principista a la organización y el concepto del Dividendo Voluntario para la Comunidad, que cumplió 40 años de existencia en 2004. El documento fue conceptualmente tan importante que la explicación venezolana de sus nociones fue requerida en el continente y en Europa, y misiones de empresarios nacionales fueron a distintos países a llevar el evangelio de la responsabilidad social, tan lejos como a Filipinas, donde la iniciativa del DVC fue copiada en la asociación Phillipine Business for Social Progress (1971). Treinta y seis años antes de que British Petroleum comenzara la publicación de balances sociales y ecológicos (año 2000), ya el liderazgo empresarial venezolano había establecido las líneas conceptuales de la responsabilidad social de la empresa, noción que terminó estando de moda en el mundo sólo al inicio del siglo XXI.

Una visión que cumple 50 años
La década de oro de la inversión social privada fue, entonces, la que va de 1963 a 1973 (justo el año antes de que se iniciara la patología económica venezolana causada por la inundación de dólares petroleros a raíz del embargo de los países árabes, una acción en la que Venezuela no tuvo parte). Entre esos años floreció una numerosa constelación de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la acción solidaria en casi cada parcela de necesidad, y criterios y conceptos desarrollados por ellas y por la actividad fundacional fueron asumidos por el gobierno para sus propios programas. (En materia, por ejemplo, de desarrollo de las comunidades de menores recursos—con el Instituto Venezolano de Acción Comunitaria y Acción en Venezuela—o en la consideración de la enseñanza preescolar como sistema educativo formal: los principios desarrollados por Alba Fernández de Revenga en el Centro Infantil Altamira de la Fundación Neumann informaron la filosofía de la educación oficial en preescolar, establecida por el Ministerio de Educación que ejercía Enrique Pérez Olivares, muy recientemente fallecido).
Por aquella época, debe anotarse, la incipiente democracia venezolana se vio seriamente amenazada por la violenta actividad subversiva de la guerrilla rural y urbana. El empresariado venezolano eludió la tentación de involucrarse, como le fue propuesto, en la promoción de la violencia contraria, y asumió como suya la acción a favor de las comunidades desde la perspectiva de una ciudadanía corporativa que respondía a la realidad social. Y aunque a comienzos de la democracia el sector público disponía de más recursos que el sector privado, la acción social de éste se hizo sentir con su creatividad innovadora y la magnitud y energía de su dedicación.
Esto cambió de manera muy importante a partir de 1974. Un Estado repentinamente recrecido en recursos, trastocó las proporciones y las prioridades. Así, un Estado súbitamente rico ya no tuvo tanto interés en la cooperación social proveniente de la iniciativa privada, y el deterioro posterior de las condiciones económicas generales dificultó la proyección de la acción social empresarial.
A pesar de esto, la solidaridad social del empresario venezolano sigue siendo muy significativa, como lo atestiguan las cifras de su inversión en la comunidad, que han sido recogidas por reciente investigación sistemática. (Tan sólo una entidad bancaria venezolana, por ejemplo, registraba en 2004 la cifra de 17 millardos de bolívares de aporte en el “balance social” que publica con regularidad).
Pero más allá de las cifras, es la calidad y la eficiencia de la inversión social privada algo digno de destacar. La sola iniciativa de la red de escuelas de Fe y Alegría representa para el Estado venezolano un enorme alivio de la carga social, y a todas luces es de una productividad superior a la del sistema educativo público.
Hoy en día la presencia social del empresario nacional está multiplicada por todas partes, a través de su contribución al sostenimiento de numerosas ONGs o mediante la operación directa de programas propios. Además del Dividendo Voluntario para la Comunidad, Fedecámaras ha establecido una especial Oficina de Responsabilidad Social, y la Cámara de Comercio Venezolano-Americana (Venamcham) administra su vigoroso programa de Alianza Social. Numerosas fundaciones de diversas escalas canalizan fondos de muy importante cuantía para la educación, la ciencia, la cultura, el alivio de la pobreza, la profilaxis contra las drogas, la salud, el deporte.
Pero como decía Juan XXIII, no sólo hay que ser bueno, hay que parecerlo. Es necesario que el empresariado de Venezuela se reposicione a este respecto, a partir de la realidad de su trascendente solidaridad social. Ser rico no es malo.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 5, 2012 | Argumentos, Política |

El risueño saludo de los insuficientes
A menudo, los desastres se acompañan de situaciones en las que hay inconvenientes para prácticamente toda decisión que se necesite hacer.
Yehezkel Dror
La toma de decisiones bajo condiciones desastrosas, 1988
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En julio de 1972 venía por primera vez Yehezkel Dror a Venezuela; luego repetiría sus sustanciosas visitas casi una vez por año hasta 1994. En aquella ocasión, el experto de clase mundial en policy sciences dictó durante tres días su famoso Taller para Tomadores de Decisiones de Alto Nivel, y ya entonces había presentado, con un nombre decidor, la situación que enfrenta quien toma decisiones públicas cuando todas las opciones son de resultado previsible negativo: a esa circunstancia se la llama opción trágica (tragic choice). Es una situación de esa clase la que se eleva el próximo 7 de octubre frente a los electores venezolanos: ni Hugo Chávez Frías ni Henrique Capriles Radonski son una opción satisfactoria. Para traducir el tecnicismo de Dror con viejo vulgarismo caraqueño: pareciera que si no nos agarra el chingo, nos agarra el sin nariz.

La foto de la portada es ya una mentira (clic amplía)
El Presidente de la República ha impreso y distribuido su «Propuesta del Candidato de la Patria—Comandante Hugo Chávez—Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019». Típica: grandilocuente, irremisiblemente anacrónica y falaz, narcisista. Ahora se autoproclama en la portada, y en vallas y carteles, como «El corazón de mi patria». Hay que ser fatuo.*
El propio título del documento ya delata un doble anacronismo, además de expresar una mentira. La insistencia en Bolívar equivale a fijarse patológicamente en el pasado, en la gloria de una persona que murió hace 182 años, a quien ya debiera dejarse descansar. Cuando un joven adquiere madurez, el Derecho dice que se emancipa de la tutela de sus padres; por mayor que sea la deuda que los venezolanos tengamos con el Libertador, hace mucho que es hora de emanciparnos del emancipador, de entrar en el futuro sin la enfermiza y constante referencia pretérita. Claro que «el corazón de su patria» pretende ser personaje de epopeya, la más primitiva de las literaturas. De allí su insistencia megalómana en asociarse con Simón Antonio de la Santísima Trinidad.
Luego, el socialismo es anacrónico y no basta que se le proclame «del siglo XXI» para ponerlo al día. El socialismo, como toda otra ideología, es medicina antigua, panacea vencida. Toda ideología se arroga títulos para conocer cuál sería la sociedad perfecta y quién es el culpable de que una concreta no lo sea; los liberales dicen que es el Estado, los socialistas que es la empresa privada. Ambos están equivocados, como lo están las medias tintas de los socialdemócratas y los demócrata cristianos. La política responsable es hoy transideológica; el último artículo que se publicara de Carlos Fuentes, dos días antes de su muerte, señalaba «este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha».
Pero asociar a Bolívar con el socialismo es una distorsión histórica de primera magnitud. El Libertador declaró a Fco. Iturbe al cabo de la Campaña Admirable: “No tema usted por las castas: las adulo porque las necesito; la democracia en los labios y la aristocracia aquí”, señalando el corazón. (José Domingo Díaz, Recuerdos de la rebelión de Caracas, Madrid, 1829). Simón Bolívar era, sépase, muy capaz de demagogia. La identificación del Padre de la Patria con el socialismo es una falsificación manipuladora, tal vez ignorante.
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Un buen muchacho
Ante tamaño desatino se yergue un candidato gris, escaso. Ha creído Capriles, como muchos otros antes que él, que a la proposición totalizante de Chávez debe oponerse programas específicos, como sus planes de Seguridad para Todos y Empleo para Todos. Los programas de gobierno son importantísimos para eso, para el gobierno, pero no son los elementos que ganan elecciones. Es mucho más determinante la imagen que los electores se formen del carácter del candidato, y la que Capriles proyecta es lamentable: la de un muchacho bueno, decente, que no insulta, que preservará las misiones (quiere consagrarlas en una ley), pero que tiene dificultades para hilar las ideas—que le llevan a silencios inexplicables en sus oraciones de campaña—y promete nociones tan vagas y vacías como los lugares comunes que repite en sus insulsas arengas. No calza los puntos de un estadista, no ha refutado jamás el discurso chavista, y en más de una ocasión se ha notado muy confundido, como cuando anunciaba en agosto de 2009 un imposible referendo abrogatorio de la Ley Orgánica de Educación y la formación, en lastimosa ocurrencia a imitación de Chávez, del Comando Moral y Luces que lo promovería. Jamás llegó a constituirse.
Capriles tuvo una actitud dudosa en 1999 cuando, Presidente de la Cámara de Diputados, prosiguió en su cargo después de la decapitación del Congreso de la República electo en noviembre de 1998, en la llamada Pre-eliminación del Senado perpetrada inconstitucionalmente por decreto de la Asamblea Constituyente. Su propia cámara no había sido tocada; él seguía teniendo salario presidencial, despacho, carro y escolta presidenciales y continuó despachando como si nada hasta el año siguiente, cuando las elecciones de julio de ese año establecieron una flamante Asamblea Nacional. No parece demasiado carácter, y tampoco fueron muy felices sus actuaciones por los días del Carmonazo, cuando permitió que su antiguo compañero de partido y Alcalde de Chacao, Leopoldo López, saliera de su jurisdicción para detener en Baruta, predio de Capriles, al Ministro del Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, y sacarlo fuera de su residencia sin ninguna orden judicial que le autorizara.
Pero, apartando esos detalles reveladores de su personalidad, Capriles carece de panacea. El «Socialismo del siglo XXI» es tan engañoso como el Pacto Social de Jaime Lusinchi y la Democracia Nueva de Eduardo Fernández, pero al menos posa como remedio sistémico. Capriles no ha podido sintetizar su proposición, que en el fondo no es sino el hecho evidente de que él no es Hugo Chávez; a sus seguidores les basta, pero por eso solamente no ganará las elecciones.
Capriles es la oposición a Chávez; no tiene otra razón de ser. Es miembro de un Partido ideologizado—¡hizo su congreso ideológico!—de centro-derecha; está clara su orientación general ante un candidato que ha admitido sin el menor pudor: «Soy marxista». Así estamos en el siglo XIX.
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Ésos son los términos de nuestra opción trágica del 7 de octubre. Una enorme proporción de los electores no se convence con el discurso de Chávez y tampoco con el de Capriles. Voces sensatas han detectado este asunto y hablan con claridad. Teódulo López Meléndez acaba de declarar al diario El Informador de Barquisimeto: «Mi tesis es que la unificación de los viejos partidos no puede históricamente suplantar al proceso chavista, que es menester una unificación de país, pero ello no se logra sólo con alianzas sino con una oferta que luce inexistente».
En efecto, la oferta necesaria no se ha manifestado. Es posible, sin embargo; es más, ella existe y será anunciada. Entretanto, pudiera haber una expresión electoral de la gente no alineada: si, como parece irremediable, Chávez ganare el 7 de octubre, sería más sano que no sacara demasiada ventaja a Capriles y que su propia votación resultara disminuida mientras la abstención, signo de inconformidad con los dos polos, fuese de proporción cercana a la que los candidatos recaben. Por ejemplo, Chávez 38%, Capriles 32%, abstención 30%.
A futuro no muy lejano, una proposición sensata y moderna, responsable y sin arrogancia, puede interesar en primer término a la gran población no alineada—que al cese de los procesos electorales se mide como la mitad o más del país—y luego a quienes apoyan circunstancialmente, con baja intensidad de convicción, a la insuficiente pareja de candidatos.
Chávez ganará la elección del 7 de octubre, pero su falta absoluta como Presidente de la República se producirá antes de enero de 2017—quizás bastante antes—y la Constitución mandará en ese caso una nueva elección. Entonces deberá haber disponible una figura convincente, una que pueda enrumbar al Estado, no altaneramente al país, en una dirección que lo aleje del anacronismo de opciones ideológicas, como las que ahora nos atenazan.
Hay quien supone que puede modificarse el texto constitucional para eliminar esa condición de nuevo sufragio, pero la más mínima enmienda debe pasar por referendo del Pueblo y tal intento fracasaría. Chávez no podría salirse con la suya para dejar un sucesor de su agrado al decirnos: «Pueblo, no tú, sino yo, escogeré a quien me suceda». La Corona, el Pueblo soberano, titular y asiento del Poder Originario, no lo permitirá. No estamos condenados a la tragedia. LEA
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*fatuo. Lleno de presunción o vanidad infundada y ridícula. (Diccionario de la Lengua Española, 22ª edición).
Para descargar .pdf de este artículo: ¿Una tragedia inescapable?
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 28, 2012 | Argumentos, Política |

Intención de voto en el mes de junio
Acepté con gusto la amabilidad de Oscar Schemel, «el mejor conceptualizador de los encuestadores venezolanos» (José Rafael Revenga dixit), quien me invitó a la rueda de prensa en la que presentó los hallazgos fundamentales del Monitor País de Hinterlaces correspondiente al mes de junio (levantamiento de campo entre el 16 y el 24 de junio), recién salido del horno. Se trató de 1.500 entrevistas directas—con muestra estratificada, semi-probabilística, polietápica y aleatoria—de las que el 76% se hizo en hogares y 24% por consulta telefónica. (Hinterlaces comenzó en 2006 sus sondeos telefónicos—de amplio empleo en los Estados Unidos—y ha logrado construir una base de datos de 12 millones de teléfonos fijos y celulares plenamente estratificados). Además hace Hinterlaces estudios cualitativos—focus groups—que le permiten desentrañar significados y motivos para las respuestas que obtiene con sus encuestas; su aproximación a tal tomografía de la opinión nacional es psicosocial, cultural, lo que mejor aprecia la premisa de que el país ha cambiado su cultura política. «Hay un nuevo país», dijo Schemel.
Naturalmente, la cifra más esperada era la de intención de voto para el 7 de octubre; la recentísima medición registra que la brecha entre las candidaturas del oficialismo y la oposición se ha ampliado algo más: ahora es de 21 puntos la ventaja de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles. He aquí los datos de las respectivas trayectorias (que sólo corresponden a intención de voto por Capriles después del 12 de febrero):

Recorrido histórico de la intención de voto
En el último mes, la ventaja del adelantado se amplió en cuatro puntos desde la formalización de las postulaciones ante el Consejo Nacional Electoral; la intención de voto a favor de Chávez aumentó en 1%, mientras que bajaron tres puntos quienes anuncian que votarán por Capriles. Dos informaciones complementarias son la propensión a votar en las elecciones presidenciales y el juicio acerca de quién ganará en ellas.

Apuesta al ganador (clic para ampliar)
Una buena mayoría del país piensa que Hugo Chávez será el triunfador. En mayo, 61% de los consultados pensaba eso mismo; en junio, 60% cree que tal será el resultado. Sólo 24% de la muestra piensa que Capriles vencerá. En términos del padrón electoral, 4.300.000 personas creen que Capriles ganaría, lo que no es una cifra despreciable. Esa fue la cantidad de votantes que sufragó por Manuel Rosales en diciembre de 2006, y seguramente hay un buen número de electores que votarán por Capriles aunque crean que perderá. Con toda probabilidad, sacará más votos que Rosales en números absolutos.

Disposición de ir a votar (clic amplía)
En cambio, parece muy elevado el porcentaje de quienes aseguran que depositarán su voto el 7 de octubre. Los que dicen que votarán con seguridad alcanzan 86% de los encuestados, y si se suma quienes afirman que lo harán probablemente, la cosa se monta en un total de 94%. Estas respuestas hacen presumir a Hinterlaces que la abstención del 7 de octubre equivaldrá a 20% de los electores.
Quien hace este blog, en cambio, se inclina por pronosticar 30% de abstención y que, tal vez, Chávez gane a Capriles por menos de diez puntos y él mismo alcance 40% de los votos o un poco menos. Esto, obviamente, puede ser un caso de wishful thinking; veremos si puede ser más preciso el ojo clínico de Dr. Político que el bioanálisis del laboratorio de Hinterlaces. Reconoceré mi error si se produce, pero apuesto a alguna forma de manifestación de la gente no alineada con el gobierno y tampoco con la oposición.
En una de las tantas informaciones que Schemel aportó acerca de la importancia de ese grupo, llamó mi atención la que refiere porcentajes de identificación con tres posibilidaes; Hinterlaces preguntó: «¿Cuál de las siguientes frases se parece más a su manera de pensar? 1. El resultado de las próximas elecciones presidenciales decidirá mi futuro; 2. Gane quien gane, mi situación personal se mantendrá igual; 3. Los cambios en mi vida personal no dependen de estas elecciones». Estos fueron los resultados: 1. 35%, 2. 24%, 3. 38%. Casi 40% del país cree que construye la forma de su vida a pesar de lo que pase políticamente.
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El solo Resumen Ejecutivo del Monitor de Hinterlaces se compone de 49 láminas (abajo se encuentra un enlace para descargarlo en formato .pdf). Creo interesante mostrar algunas de las que corresponden a la opinión de los ciudadanos acerca de ciertos grupos e instituciones. Aquí se ha seleccionado las que presentan la estimación de los venezolanos acerca de los tribunales de justicia, la policía, el Consejo Nacional Electoral, el PSUV y la oposición, así como un cuadro de simpatías por los principales partidos. No será fácil la cosa para quienes preparen su grito de fraude, con los números que ahora obtiene el CNE.
Cuando los periodistas presentes en la rueda de prensa preguntaron a Schemel si la brecha de 21 puntos entre Chávez y Capriles, a escasos tres meses de las votaciones, era superable por el segundo, se resistió a desahuciarlo por completo. Destacó que Capriles había tenido éxito en posicionarse como «candidato potable», que no genera mucha resistencia y ha asegurado la continuidad, en términos generales, de los programas sociales del gobierno. Y pudiera haber, dijo, eventos imprevistos que modificaran la situación a favor de Capriles. Si hubiera sido yo a quien hubiese sido dirigida la interrogante, habría sacado una cuenta muy simple: Capriles tendría que captar 7% de los electores cada mes faltante, mientras Chávez no convenciera ni un solo votante más, para lograr un empate. (Y no me refiero a un «empate técnico» como el que ha declarado Consultores 21, sino real).
Hace nada declaró Saúl Cabrera, el Director General de esa encuestadora: “Tengo en la cara una sonrisa y es que nuestros estudios reflejan que los candidatos tienen una diferencia de 2, 3 o 4 puntos; pero otros estudios, realizados a la misma población, señalan una diferencia porcentual de 27 o 30 puntos, eso es imposible, alguien está mintiendo“. (En Noticias 24). Bueno, la admisión de rostro sonriente equivale a admitir para quién trabaja. Por su lado, Schemel no tenía en la cara una sonrisa cuando habló hoy, con mucha seriedad, en la rueda de prensa del Hotel Marriott, y aprovechó para destacar que sus más de 60 clientes son todos empresas privadas nacionales e internacionales, que no trabaja para ninguno de los comandos y ninguno de los partidos. Tampoco habló de 27 o 30 puntos de brecha; sólo de 21, el número de la consultora de Capriles.
LEA

Aprobación de los tribunales

Aprobación de la policía

Aprobación del Consejo Nacional Electoral

Aprobación del PSUV

Aprobación de la oposición

Simpatías partidistas de los venezolanos
Descargue aquí el Resumen Ejecutivo, que no sólo contiene números, sino explicaciones: MONITOR PAIS – JUNIO 2012 – REPORTE MCS (28-06-2012)
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 20, 2012 | Argumentos, Política |

La sede londinense de Reuters: 30 South Colonnade en Canary Wharf
Fue Reuters la primera agencia de noticias que anunciara el asesinato de Abraham Lincoln en 1865; había sido fundada en la Pérfida Albión por Paul Julius Reuter catorce años antes. Desde entonces, se ha consolidado como una de las agencias más serias y oportunas en esto de distribuir noticias sobre acontecimientos importantes. Más de una vez, empero, ha sido criticada por su estricto apego a una política de lenguaje objetivo. Por ejemplo, trata de no usar la palabra «terrorista». El Editor de Noticias Globales en la agencia, Stephen Jukes, explicó el caso: «Todos sabemos que quien es terrorista para un hombre es un luchador de la libertad para otro, y que Reuters sostiene el principio de no usar la palabra terrorista». Por la misma razón, la agencia ha sido acusada de mantener una posición antisraelita.
Pero Reuters no está al servicio de Telesur, ni se conoce que alguno de sus directivos o ejecutivos esté afiliado al PSUV. Esta advertencia es necesaria porque Reuters acaba de tabular y publicar las mediciones de una media docena de encuestadoras venezolanas, sin que exista un punto de cuenta que le autorice viáticos o pasajes del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, como aseguró Tomás Guanipa (Primero Justicia) que fuera aprobado para beneficiar a Germán Campos y Oscar Schemel.
Las tablas de Reuters incluyen registros de 2011 y 2012. He aquí la correspondiente al año pasado; los números son los porcentajes de la intención de voto para las elecciones presidenciales de octubre de 2012, y como no fue sino hasta febrero de este año cuando fuera definida la candidatura de la Mesa de la Unidad Democrática, la comparación se establece entre la intención de voto a favor de Hugo Chávez y la asignada a cualquier candidato de la oposición.

Intención de voto en 2011 según cinco encuestadoras
Es fácil notar que las mediciones anómalas fueron anunciadas por Consultores 21, que fue la única encuestadora que en 2011 anotara (hasta octubre) que un candidato opositor cualquiera le ganaría la elección a Hugo Chávez. Extrañamente, en diciembre del año pasado reportó la situación inversa.
El siguiente cuadro informa del cálculo realizado por este blog para computar la ventaja promedio de Chávez sobre un candidato de oposición, según cada encuestadora, con los números de la tabla anterior.

Ventaja de Hugo Chávez en 2011
A lo largo de 2011, los hermanos Cabrera dieron un promedio de 8,1 puntos de ventaja al candidato innominado de la oposición; por su parte, Jesse Chacón adjudicó a Chávez un promedio de 34,1 puntos de ventaja sobre su posible contendor. He allí los extremos opuestos del registro de la opinión pública en 2011.
La tabla que sigue incorpora a Consultores 30-11 (Germán Campos), como sexta encuestadora, en el registro de la intención de voto desde que comenzara 2012.

Movimiento de la intención de voto en 2012
Como antes, computemos la ventaja promedio en lo que va de año para la candidatura oficialista.

Ventaja promedio de H. Chávez sobre H. Capriles en este año
Hasta Consultores 21 da a Chávez adelante, aunque mezquinamente, y la firma de Chacón concede 0,4 puntos de disminución en la ventaja de aquel señor. Los extremos, pues, se han moderado mínimamente.
Claro, la compilación de Reuters volverá a excitar la pasión analítica de tirios y troyanos; unos dirán que ya ganaron, otros que la mejor encuesta es el acto de inscripción de Capriles, que las encuestas han sido amañadas. Pero la cosa no pinta bien para el orador de los silencios. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 3, 2012 | Argumentos, Política |

Ubicación ideológica normal de los venezolanos. Eugenio Escuela, mayo 2006.
…este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha…
Carlos Fuentes
Viva el socialismo. Pero… (su último artículo)
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Un joven político venezolano, de visita en mi casa hace cuatro semanas, vino ostensiblemente a pedir consejos para encaminar su inmediata trayectoria. Es concejal caraqueño y ha intentado, infructuosamente, llegar a la Asamblea Nacional y convertirse en candidato a una de las alcaldías de Caracas. Es firme creyente, pues, en que tiene que alcanzar posiciones públicas de cada vez mayor ámbito e importancia para ascender la escalera que culmina en su sueño: la Presidencia de la República. Luego de escuchar y considerar someramente los consejos que me había pedido—le hablé de la inutilidad de las ideologías y la necesidad de una política clínica como única legitimación—declaró repentinamente. «Yo estoy conformando un equipo para tomar el poder».
Evidentemente, pensó que eso bastaría para impresionarme y sumirme en actitud entusiasta o reverente. Ni siquiera hizo alusión a su postura ideológica o a algún partido con el que estuviera comprometido; él tenía su propio grupo y tomaría el poder, era cosa decidida. Por ahora, procura aparecer cuanto puede en los medios de comunicación con alguna denuncia llamativa. El número es más importante que la sustancia: hay que ver y dejarse ver.
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A fines del siglo XIX estaban ya definidas las ideologías que se ofrecen como justificación de la lucha por el poder en los tiempos que siguieron, hasta nuestros días. En el siglo XVIII el liberalismo ofreció una ideología apropiada para la Revolución Industrial; la libertad era principalmente libertad de empresa y libertad de contrato: los trabajadores se empleaban «libremente» por salarios que escasamente aseguraban su supervivencia. Para 1848, año del Manifiesto Comunista que Carlos Marx y Federico Engels compusieron, la ideología marxista estaba lista para combatir al liberalismo y constituir la base de la Unión Soviética, la China maoísta, el régimen de Cuba y las mitades norteñas de Corea y Vietnam. En 1891, León XIII puso en juego—encíclica Rerum novarum—la Doctrina Social de la Iglesia, propuesta explícitamente como una tercera vía (bastante antes de Tony Blair) entre el capitalismo liberal y el socialismo marxista. Cinco años más tarde, Eduard Bernstein inventaría la social-democracia, un socialismo atenuado que defenderían los adecos del mundo. La baraja estaba completa.
Cada una de estas ideologías pretendía ser la respuesta a lo que se llamó el Problema Social Moderno. Había una anatomía nueva en las sociedades más adelantadas: su economía ya no era la agraria y artesanal que caracterizó a la Edad Media; ahora eran las fábricas las unidades características y la aguda división social entre patronos y obreros había suplantado la distinción entre señores y siervos de la gleba. El Problema Social Moderno requería dilucidar cómo debía repartirse la ganancia del producto industrial: mientras más se adjudicaba a los patronos la postura y la ideología era más de derecha y mientras más quería beneficiarse a los obreros más de izquierda.
Hoy hay de nuevo una distinta anatomía de las sociedades que han continuado su evolución: la Organización Internacional del Trabajo enumera desde hace unos años más de un millón de oficios diferentes. ¿Cómo podría ser una descripción adecuada la división de esa inmensidad en sólo las dos clases excluyentes de patronos y obreros? China es hoy en día un país capitalista gobernado por un partido que se dice su antítesis, el comunista, y hasta Cuba sostenida por el apasionado amor de Chávez reconoce por fin que debe permitir una economía privada. ¿Qué sentido tienen hoy el liberalismo, el marxismo, la socialdemocracia y la democracia cristiana?
Salvo la prédica cada vez menos convencida del «socialismo del siglo XXI», en Venezuela se usa muy poco el tema ideológico; María Corina Machado interesó a muy poca gente con su aproximación ideológica del «capitalismo popular», y a pesar de que Un Nuevo Tiempo encargó a Demetrio Boersner la redacción de su documento de principios ideológicos y Primero Justicia realizó, a la usanza de COPEI, un congreso ideológico, los discursos de los líderes se atienen a formular críticas contra el gobierno o proferir el remedio genérico del clisé y la frase altisonante: «El 7 de octubre es un momento crucial para la Patria, es un evento estratégico no coyuntural, es la base definitiva para la construcción del socialismo bolivariano y de la independencia» (Blanca Eekhout), o «La Venezuela que viene no va a ser solamente del petróleo; ése es un recurso importante, pero tenemos talento para diversificar nuestra economía y ése es el camino» (Henrique Capriles Radonski).
En verdad, los políticos convencionales se han dado cuenta de que las ideologías, que justificaban la lucha por el poder, ya no sirven ni para eso. Sólo queda la lucha.
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¿A qué partido pertenece?
El próximo pasado 23 de mayo, registró el diario El Universal la siguiente declaración de un conocido político nacional: “Está en juego el próximo 7 de octubre la democracia, la libertad, el futuro de todas las familias de Venezuela, nos estamos jugando a Venezuela». Exactamente el mismo día, el mismo periódico traía esta otra proclamación, no demasiado diferente: “En octubre nos jugamos la soberanía y la independencia de nuestro país. Nos estamos jugando el futuro de la patria». Se trata de la misma imagen de que algo crucial está frente a nosotros, de inminente importancia, de tono épico y pretensión histórica, a punto de ocurrir. Para nuestros políticos (de lado y lado de la polarización), cada semana hay una encrucijada histórica, un hito en la epopeya nacional. Doce días antes de estas manifestaciones gemelas—la primera de Antonio Ledezma, la segunda de Jorge Rodríguez (¿no y que son de toldas distintas?)—titulaba el mismo diario: «Ocariz llama a los venezolanos a unir esfuerzos para rescatar al país». Por supuesto, la implicación velada es que quien se ocupa en llamados tan trascendentes es una persona que merece ser admirada.
Es obvio que el número uno en el ranking nacional en esto de epopeyas cotidianas es el Presidente de la República: todo lo que hace o deja de hacer, desde la última «misión» que se le ocurra (para conjurar algún problema que no ha logrado resolver) hasta su «absceso pélvico», es histórico y lo inscribe en la liga—algo venida a menos—del Panteón Nacional y en los registros meritorios de la historia universal.
¿Cuándo tendrá la palabra, por Dios, la sencilla y tranquila construcción de Venezuela por sus ciudadanos comunes? ¿Cuándo lograrán éstos arrancar el mérito a esos remedos de héroe mitológico que a cada instante opinan en los espacios comunicacionales del país? ¿Hasta cuándo la grandilocuencia ineficaz? LEA
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