por Luis Enrique Alcalá | Oct 13, 2009 | Fichas, Política |

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En 1928, Jóvito Villalba cumpliría veinte años (el 23 de marzo), pero antes, el 6 de febrero de ese mismo año bisiesto, pronunció un discurso que le haría famoso. Desde entonces se le tendría como eximio orador.
La ocasión era el día de una ofrenda al Libertador en el Panteón Nacional de los estudiantes universitarios de Caracas, presididos por su flamante reina de carnaval: Beatriz (Peña) Primera. Se celebraba la Semana del Estudiante, y cada uno de los actos de este festejo se convirtió en protesta no demasiado velada contra la dictadura del general Juan Vicente Gómez. (Además del discurso de Villalba, debe anotarse uno de Rómulo Betancourt y otro de Joaquín Gabaldón Márquez, amén de versos con intención subversiva de Pío Tamayo en el acto de coronación de la reina estudiantil). Gómez ordenó la captura y prisión de los protagonistas.
Esta Ficha Semanal #263 de doctorpolítico reproduce la pieza oratoria del joven Villalba. Su estilo es el de la época: hiperbólico, repetitivo, poético, épico. Apartando su empatía con la raíz española de los venezolanos—Villalba hablaba de “esta América española nuestra”—que el actual Presidente de la República rechazaría, otros rasgos del discurso se encuentran en la retórica oficialista de estos tiempos. Por una parte, la denuncia y rechazo del imperialismo estadounidense: “la absurda pretensión imperialista de otra raza”. Luego, el tono épico que decreta grandes momentos históricos: “el milagro bíblico de una nueva creación”. También, la superstición etnocéntrica: «el destino altísimo de nuestra raza sudamericana».
Por último, la fijación sobre la figura de Simón Bolívar. En la Carta Semanal #230 de doctorpolítico, del 22 de marzo de 2007, se opinaba así: “Nuestro derecho civil designa por emancipación al momento cuando el adolescente se hace adulto y ya no necesita de la guía moral de los padres. Él es ahora capaz de su propia determinación ética. Necesitamos pues, una segunda emancipación. La primera nos habrá liberado del yugo español; la segunda debe librarnos de la patológica fijación en la figura del ‘Padre de la Patria’. Hasta que no terminemos de enterrar a Bolívar y permitirle descanso, no seremos una república adulta. Es ley de vida, y signo ineludible de madurez, la emancipación del padre”.
Nuestra política debe dejar de ver hacia el pasado, por más heroico o meritorio que haya sido el nuestro.
Por supuesto, el celebrado discurso de Villalba era una oración juvenil: ampulosa, críptica (por necesidad política), hasta pedante. Pero fue, sin duda, un discurso galvanizador, y la dictadura leyó correctamente su potencialidad revolucionaria. El orador había anunciado una nueva época y descrito la hora como oscura. Era una declaración de guerra al régimen, y Juan Vicente Gómez la entendió como tal.
LEA
…
En el Panteón
¡Majestad! ¡Compañeros!:
Desde la atalaya altísima de una tribuna, donde se forjó la redención todavía no cumplida de un pueblo, José Martí dijo cierta vez, como trompetazo de orgullo vidente, que al Libertador le faltaba mucho por hacer en América.
Hoy, compañeros, en este día de la ofrenda, venimos ante el Libertador, porque ha llegado para él, precisamente, inminentemente, la hora de volver a ser.
Ante la conciencia libre de América, surge íntegro, encendido de fuerza, el grito de una protesta unánime, el mismo ideal de fraternidad latinoamericano, que cien años antes cupo holgado en la mirada visionaria del Libertador, y en todos los espíritus de esta América española nuestra, ese ideal es lo bastante generoso, para servir de causa, donde se sostiene y donde se llena de horizonte, frente a la absurda pretensión imperialista de otra raza el destino altísimo de nuestra raza sudamericana.
Al propio tiempo, en tierras de Venezuela, reduciéndole al límite de la patria, la afirmación de que ha vuelto a sonar el momento del héroe se revela también, como nueva campanada para esta tumba gloriosa en la inquietud de nosotros, que es la inquietud del gesto que ha de venir.
Por eso lo buscamos aquí donde se halla incontaminado el ambiente, como soterráneo hontanar de idealismo para las generaciones de la patria, a fin de incorporarle en la recia cruzada de que es lírica y juvenil anunciación esta fiesta; y a fin de que volviéndose luminoso su recuerdo, en la oscuridad de esta hora les alimente la pupila a todos los que en la patria venezolana la conserven intacta, diáfana, transparente, después de haber estado de cara al sol durante veinte años.
Incorporándola a nosotros, su obra, que es de todos. Él se difundirá en nuestras almas como un soplo siempre nuevo de juventud eterna, “divino tesoro” que a través de cien años se nos guarda incólume, sin que la extinga en el eslabón de las generaciones patrias el brusco vacío de quienes renunciaron dolorosamente en la claudicación. Virtualidad de él es precisamente esa de poder renacer, sin resentirse de anacronismo, aquí, entre nosotros, en la Universidad como un súbdito más de Beatriz I. Porque en el fondo de su obra se encuentra como título de nacionalidad para nuestro venezolanísimo reinado universitario, el mismo comprensivo amor hacia la patria, que todos los días diafaniza de ideal el alma lírica del estudiante, porque él no fue sólo el Libertador, el hombre que condujo invicto un ejército ante el asombro inédito de un Continente. Todo eso, y sobre todo eso algo más: un hijo de América, que forjó ese ideal que fue hasta ayer demasiado alto para contarse, como un número más, junto a doctrinas oportunistas en el programa teatral de conferencias panamericanas.
Como tal, como verdadero hijo de América, supo comprender y sentir en honda belleza de sacrificio y de promesa, la angustia de esta raza americana nuestra, que había de buscar en la explicación de un siglo, el sentido total de su destino para el porvenir.
¡Libertador!: Ha llegado de nuevo la hora de tu acción, que coincide para nosotros con este momento de definirnos ante el destino y ante nosotros mismos. Sentado estás, como te vio Martí, en la roca de crear, con la Federación de Estudiantes, con esta fiesta de la Primavera Universitaria, con el reinado de esta reina integral. ¡Oh! Samaritana de la siembra, de cuya belleza trasciende hacia ti como en una parábola de lirismo, el viejo dolor de tu pueblo: con todo eso, arraigo del futuro. Y propiciado el surco, pedimos a tu serenidad, con esta ofrenda, la palabra que ha de gestar el milagro bíblico de una nueva creación.
Habla, ¡oh, Padre! ante la Universidad donde se forjó la patria hace años. Pueda oírse otra vez tu voz rebelde de San Jacinto. En este sitio, cuando Beatriz Primera de Venezuela te haya ofrendado la nueva ternura de estas flores, dinos el secreto de tu orgullo, que es el mismo secreto de trescientos años, revelado ayer por el Ávila, por el viejo monte caraqueño, a María de 1783.
Padre nuestro, Simón Bolívar,
Padre nuestro, Libertador,
Cómo han puesto los esbirros
Tu Santiago de León.
Jóvito Villalba
por Luis Enrique Alcalá | Oct 6, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En diciembre de 1990 concluyó el suscrito un trabajo titulado “Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela”. En él abogaba por la introducción de “estudios generales” en las universidades venezolanas, sobre argumentos como éstos:
…es importante destacar que nuestro sistema educativo, en general, enseña con una orientación atrasada. Nuestro sistema educativo ofrece una sola oportunidad a los educandos para formarse una concepción general del mundo. Esa oportunidad se da a la altura de la educación secundaria, cuando todavía el joven puede examinar al mismo tiempo cuestiones de los más diversos campos: de la historia tanto como de la física, del lenguaje como de la biología, de la matemática y de la psicología, del arte y de la geografía. Si no existe, dentro del bachillerato venezolano, la previsión programática de intentar la integración de algunas de sus partes o disciplinas, al menos permite que “se vea” un panorama diverso. Luego, nuestro sistema encajona al alumno por el estrecho ducto de especialización que le exige nuestra universidad. Ya no puede pensar fuera de la disciplina o profesión que se le ha obligado a escoger, cuando, en la adolescencia, todavía no ha consolidado su entendimiento ni su visión de las cosas y mal puede tener convicción sólida acerca de lo que quiere hacer en el mundo.
El sistema educativo tiene entonces una estrategia para protegerse de la obsolescencia de los conocimientos especializados. Luego de la carrera universitaria habitual, ofrece niveles cada vez más especializados y profundos: master o magister, doctorados, post-doctorados. Pero también se hace obsoleta la concepción general del mundo, de eso que los alemanes llaman Weltanschauung. Y para esto no existe remedio institucionalizado.
Una universidad típica norteamericana, en cambio, exige la decisión de profesionalización después de un college de cuatro años en el que se obtiene, con un pequeño grado de pre-especialización, los títulos gruesos de Bachellor in Science o Bachellor in Arts. (“El tiempo dedicado al aprendizaje general es marcadamente superior en el bachellor estadounidense que en el bachiller venezolano. La edad en la que el bachellor debe escoger finalmente un campo de profesionalización es más madura que la que exhibe nuestro típico bachiller de 17 años. Luego, en dos años tan sólo que toma el master de profesionalización, se obtiene un profesional capaz y más consciente de su papel general en la sociedad”).
La Ficha Semanal #262 de doctorpolítico recoge parte de la discusión del punto en el trabajo mencionado, en la que se señala cómo, incluso en los Estados Unidos, una excesiva preocupación por los autores clásicos conduce a la ignorancia de lo más recientemente pensado.
Entre nosotros, el bachiller típico sabe bastante de Carlomagno y nada de Churchill, tiene una buena idea de Newton y ninguna acerca de Mandelbrot. Una “persona 21”, aquella que es capaz de entender y navegar el siglo en el que vive, no puede pasar sin familiarizarse con el pensamiento del presente o el pasado recentísimo.
LEA
…
Presente mata pasado
Hace unos pocos años se suscitó una interesante polémica en los Estados Unidos. La discusión involucró a universitarios y funcionarios gubernamentales, principalmente a las autoridades de la Universidad de Stanford y el Secretario de Educación del gobierno federal norteamericano. No se debatía sobre la guerra de Vietnam o sobre presupuestos de educación. El centro de la contienda lo constituía la decisión de la Universidad de Stanford de modificar su curso básico sobre civilización occidental.
Tradicionalmente, la educación superior norteamericana ha considerado básica la instrucción sobre la civilización occidental y ha fijado su estrategia en el conocimiento de los más destacados pensadores de esta civilización. Mortimer J. Adler ha sido, sin duda, el más eficaz argumentador de la importancia de los textos “canónicos” de dicha civilización. How to read a book, que incluye una lista de los “cien libros principales” de Occidente, es el asiento de las principales tesis de Adler. En la misma onda, la Universidad de Harvard editó, por allá por 1908, los “Clásicos Harvard”, una colección conocida como “el estante de metro y medio” y que constituía una selección de literatura que aspiraba a ser irrefutablemente superior.
Una expresión más conocida de la misma postura es la de los Great Books de la Universidad de Chicago, publicadora de la Enciclopedia Británica. Es una colección a la que esa universidad llama “la Gran Conversación” y también “la substancia de una educación liberal”. (Adler es editor asociado de la colección). Varias declaraciones de los editores de los Great Books son ilustrativas de toda una filosofía educativa, traducida en política y estrategias educativas, que subyace al concepto de educación superior norteamericana. (Aunque posturas similares son observables en la educación venezolana, por una parte, y aunque muchos autores se quejen de que en los propios Estados Unidos la lectura de los “clásicos” se haya reducido demasiado).
En primer lugar, los dos primeros párrafos del tomo introductorio de la colección:
Hasta hace poco el Occidente ha considerado evidente que el camino de la educación transcurre por los grandes libros. Nadie podía considerarse educado a menos que estuviese familiarizado con las obras maestras de su tradición. Nunca hubo mucha duda en la mente de nadie acerca de cuáles eran esas obras maestras. Ellas eran los libros que habían perdurado y que la voz común de la humanidad llamaba las mejores creaciones escritas de la mente occidental.
En el curso de la historia, de época en época, nuevos libros han sido escritos que han ganado su lugar en la lista. Libros que una vez se creyó merecedores de estar en ella han sido superados, y este proceso de cambio continuará tanto tiempo como los hombres puedan pensar y escribir. Es la tarea de cada generación la de reevaluar la tradición en la que vive, descartar la que no pueda usar y traer al contexto del pasado distante e intermedio las contribuciones más recientes a la Gran Conversación. Este conjunto de libros es el resultado de un intento por revalorar y reincorporar la tradición de Occidente para nuestra generación.
La colección se detiene en Sigmund Freud. El autor inmediatamente anterior es William James. El antepenúltimo, Dostoievsky. A pesar de lo cual se aclara:
Los Editores no pensamos que la Gran Conversación llegó a su término antes de que el siglo veinte comenzara. Por lo contrario, saben que la Gran Conversación ha continuado durante la primera mitad de este siglo, y esperan que continúe durante el resto de este siglo y los siglos por venir. Confían en que han sido escritos grandes libros desde 1900 y que el siglo veinte contribuirá muchas nuevas voces a la Gran Conversación… La razón, entonces, de la omisión de autores y obras posteriores a 1900 es simplemente que los Editores no sintieron que ellos o ninguna otra persona pudiera juzgar con precisión los méritos de textos contemporáneos. Durante las deliberaciones editoriales acerca del contenido de la colección, mayor dificultad fue confrontada en el caso de autores y títulos del siglo diecinueve que con aquellos de cualquier siglo precedente. La causa de estas dificultades—la proximidad de estos autores y obras de nuestros propios días y nuestra consecuente falta de perspectiva en relación con ellos—haría todavía más difícil hacer una selección de autores del siglo veinte.
A nuestro juicio, esta dificultad es salvable y, con ello, rescatable para el pensamiento del estudiante de hoy el tesoro al que las estrategias de la Universidad de Chicago y de Mortimer Adler han renunciado: la riqueza y pertinencia de las grandes obras de pensamiento del siglo XX. En efecto, la intención de la colección Great Books es una intención canónica: esto es, el intento de canonizar el pensamiento del pasado bajo la hipótesis de su pertinencia al mundo actual. De hecho, en el pensamiento de los editores de la colección no deja de traslucirse un dejo spengleriano sobre la “decadencia de Occidente” y, tal vez, una disimulada añoranza de “siglos de oro”, cuando las cosas habrían sido mejor. “Estamos tan preocupados como cualquiera otro con el abismo en el que la civilización Occidental parece haberse zambullido de cabeza. Creemos que las voces que pueden restaurar la cordura a Occidente son las de aquellas que han tomado parte en la Gran Conversación”.
Sin dejar de considerar importante un estado de información adecuado, razonable, acerca de las nociones que autores del pasado tenían acerca del universo y de la sociedad, de la mente y de los objetos, consideramos que la estrategia de los Great Books de la Universidad de Chicago, la estrategia de los clásicos o libros canónicos, está equivocada e impone un énfasis incorrecto a la educación superior y aún a la educación media.
En primer término, la canonización no puede aspirar a la permanencia. No se trata de que los grandes libros del pasado, agrupados con algún criterio selector, incorporen verdades definitivas o soluciones finales a ciertos problemas. La misma colección a la que nos hemos venido refiriendo es un ejemplo de las contradicciones entre los distintos autores respecto de los diversos temas que discuten. En la mejor de las situaciones, pues, esas “voces de la Gran Conversación” que los editores de los Great Books quieren oír de nuevo, porque piensan que “pueden ayudarnos a aprender a vivir mejor ahora”, ilustrarán puntos de vista divergentes sobre cuestiones que, si bien en algunos casos pueden ser identificadas como viejos problemas, hoy en día están dotadas de contenidos diferentes y son interpretadas a través de imágenes e ideas que necesariamente tienen que manifestarse de modo muy distinto a las maneras intelectuales del pasado. No es lo mismo, por ejemplo, intentar el pensamiento sobre el tema del universo, desde la perspectiva de un pastor israelita de hace 3.500 años, que desde la percepción y construcción mental de un ingeniero de computación de 1990. O considérese, igualmente, la dificultad de hallar una solución al problema de la integración europea en la lectura de la historia griega.
Por otra parte, la acumulación del conocimiento humano es justamente la base más fundamental de sus posibilidades futuras, por lo que no es de despreciar la tradición intelectual de Occidente ni tampoco la de otras culturas.
El aparente dilema puede salvarse, a nuestro modo de ver, mediante dos cambios de perspectiva. Primero, teniendo a los “grandes libros” como herramientas de utilidad heurística. Esto es, como instrumentos estimulantes de la creación y la invención. Así, se trata de dar la bienvenida a los viejos estados mentales de la humanidad, expresado en sus obras anteriores, sean éstas escritas, plásticas, ejecutables, científicas o artísticas, en tanto acicate de una nueva producción, y no como depositarias de soluciones prêt-à-porter a los problemas contemporáneos, las que nos permitirían la holgazanería intelectual de una erudición sin sabiduría.
Luego, debe dedicarse un espacio educativo marcadamente menor a la consideración de los clásicos que al pensamiento más reciente, al que se acuerda en nuestro sistema educativo un examen definitivamente escaso. La serie televisiva “Cosmos”, diseñada y conducida por el astrofísico norteamericano Carl Sagan, dio origen a un libro que llevó el mismo nombre, en el que se incluye una poderosa analogía. Se trata de su ya famoso calendario cósmico, en el que reduce a la escala de un año toda la evolución cósmica, desde el postulado Big Bang de los orígenes, hasta nuestros días. Al transportar, como en una suerte de geometría descriptiva, la temporalidad de la evolución del universo descubierta hasta ahora sobre el tiempo de un año, de inmediato se evidencia cómo en los primeros meses la densidad de eventos significativos es muy baja. Después, al final del año cósmico comienzan a aglomerarse los acontecimientos, al punto de que la aparición de la especie humana se produce el “31 de diciembre” y los desarrollos históricos más recientes en los últimos segundos y milésimas de segundo anteriores a la medianoche de ese día.
Análogamente, si se proyectara sobre la división de un año un “calendario de la civilización”, desde la aparición de la especie humana hasta el último día de 1990, se mostraría, con diferente pendiente, un fenómeno similar de mayor intensidad creativa a medida que transcurren las épocas y los siglos. Si alguna dificultad confrontaron los editores de la Universidad de Chicago, fue la de la profusión de obras importantes del siglo XX que habrían debido considerar. Es, por tanto, un desperdicio, que se excluya de la formación intelectual del estudiante actual la rica producción de ideas del siglo en el que vive, a favor de un estudio de los clásicos.
La excusa de la imposibilidad de juzgar la importancia por la excesiva proximidad no es válida. La consecuencia que se ha querido evitar es la de una selección efímera, el que una obra considerada importante en un momento sea desvalorizada luego y excluida de la lista canónica. Pero los propios editores de Chicago han declarado que tales listas son cambiantes—“En el curso de la historia, de época en época, nuevos libros han sido escritos que han ganado su lugar en la lista. Libros que una vez se creyó merecedores de estar en ella han sido superados, y este proceso de cambio continuará tanto tiempo como los hombres puedan pensar y escribir”. Así ocurrió también con los Classic Books de Harvard de 1908, cuyas selectas obras “incluyen varias novelas norteamericanas que en la actualidad parecen arcaicas y no eternas”. (James Atlas, La Batalla de los Libros).
Además, no es necesariamente cierto que juzgar adecuadamente a las obras de la actualidad sea intrínsecamente más difícil que la valoración de textos más alejados en el tiempo. Hay algo de erróneo en ese postulado muy usado en el quehacer histórico, el de que sólo es posible el juicio correcto después del paso del tiempo. Hay algo de ilusión óptica en esa creencia. El paso del tiempo no sólo era requerido para la amortiguación de “las pasiones”, que por otra parte son perfectamente pasibles a causa de eventos del pasado. (Considérese, si no, la fuerza emocional con la que se debaten temas como el origen del mundo, o la animadversión casi personal que Karl Popper exhibe hacia Platón en The Open Society and its enemies). El tiempo se consume también en el mismo proceso de búsqueda de información remota. Pero, por un lado, hoy en día nos hallamos en presencia de una abundancia documental e informativa, situación inversa a la escasez de fuentes documentales sobre los hechos a medida que son más remotos. Por el otro, la información se borra; la entropía informativa, reconocida en la ecuación fundamental de la teoría de la información, existe realmente. La información se pierde, se desorganiza, se extravía, con el correr de los días. Sólo a una mente cósmica, a un cerebro divino, le será posible preservar todo el universo de datos que se yuxtapone al universo “natural” y cada vez se integra más con él.
Lo anterior significa que es muy necesario hacer historia instantánea, aunque la pasión sea más fuerte con lo inmediato. Entre otras cosas, porque lo desapasionado es, como lo apasionado, una distorsión.
Si es conveniente, y potencialmente muy útil, el estudio de los clásicos, es necesaria una dosificación diferente que permita el acceso a otros estados mentales, tanto de la contemporaneidad, como hemos venido argumentando, como de otras culturas y modos de pensamiento distintos a los de Occidente. La planetización que experimenta la humanidad, el concepto en formación de un mundo “global”, son fenómenos que exigen conocer modelos intelectuales y procesos culturales hasta ahora ignorados por nosotros.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Sep 29, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El 15 de diciembre de 2002, en pleno desarrollo del paro de la “Gente del Petróleo”, remitió el suscrito un “memorándum electrónico” a un conocido abogado venezolano, en respuesta a oblicuas y despectivas alusiones de éste en un documento titulado “¿Por qué el gobierno se resiste al referendo?” El abogado en cuestión, cuyo nombre ha sido sustituido en el texto de esta Ficha Semanal #261 de doctorpolítico por el nombre Fulano, escribía con aparente molestia.
Parecía ser que molestaba al susodicho profesional del Derecho que quien escribe hubiera adelantado opiniones jurídicas sobre temas constitucionales sin ser abogado, y creyó refutarlas apuntando meramente a ese hecho. Pero la verdad era que aquellas opiniones refutaban una vistosa teoría suya, que sostenía la invalidez de la Constitución de 1999 por provenir de un referéndum convocado por una asamblea constituyente, y porque ésta no era figura contemplada por la Constitución de 1961 en su articulado.
La tesis había sido presentada públicamente en la Asamblea Anual de Fedecámaras celebrada en Maturín en julio de 2001, cuando en ella resultara electo Pedro Carmona Estanga como Presidente del organismo. Diez meses después creería ser el Presidente de otra cosa.
En el decreto constitutivo que promulgara el 12 de abril de 2002, Carmona pretendió suspender de sus cargos a los diputados principales y suplentes a la Asamblea Nacional (Artículo 3), y también destituir de sus cargos al Presidente y demás Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, “así como al Fiscal General de la República, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo y a los miembros del Consejo Nacional Electoral” (Artículo 8).
¿Sobre cuál fundamento podía basarse la validez jurídica de tan graves decisiones? La teoría del abogado molesto venía como anillo al dedo, pues si la Constitución de 1999 era nula, los cargos creados por ella eran inexistentes. De hecho, el Artículo 8 del decreto de Carmona sostuvo que las personas afectadas por la destitución detentaban “cargos ilegítimamente ocupados”.
Como la usurpación de Carmona no pasó de treinta y seis horas, nunca hubo oportunidad de ofrecer la explicación antecedente. Pero el abogado molesto iba a ser premiado. En la mañana del día 12 de abril, antes del acto de constitución de su efímero gobierno de facto, Carmona ofreció una rueda de prensa en el Salón de los Espejos del Palacio de Miraflores. A la gran mesa estuvieron sentados unos cuarenta personajes, entre ellos el abogado de la conveniente teoría. Carmona adelantó la noticia de la constitución de un consejo consultivo, y dijo que la mayoría de quienes estaban allí serían miembros de ese consejo, luego promulgado, ilícitamente, en el Artículo 4 de su aberrante decreto vespertino.
La ficha de hoy reproduce las primeras dos páginas del memorándum de refutación que el suscrito remitiera al abogado de marras.
LEA
…
Abogado molesto
Mi propósito era tan sólo el de reducir la frondosa masa de contradicciones y abusos que acaban por convertir el derecho y los procedimientos en un matorral donde las gentes honestas no se animan a aventurarse, mientras los bandidos prosperan a su abrigo.
Margueritte Yourcenar
Memorias de Adriano
A fines de 1993, Fulano, José Vicente Rangel entrevistaba a Don Arturo Úslar Pietri en el programa que por ese entonces el hoy Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela conducía en Televén. Comoquiera que el tema de una constituyente venía siendo planteado con insistencia desde 1989 (desde el “Frente Patriótico” liderado por Juan Liscano), Rangel inquirió sobre el punto a Úslar Pietri. (En realidad, sobre el tema de una reforma constitucional). Úslar comentó: “Ése es un asunto que debe ser manejado por expertos en derecho constitucional e historiadores”.
Traigo a colación la anécdota porque Úslar Pietri, de estar vivo, habría concurrido contigo en la opinión de que el tema constitucional es asunto técnico y profundo, no propio a la exploración de “algún diletante de la ciencia jurídica”. Asimismo, porque como es práctica común de los pronunciamientos tribunalicios, en particular de aquellos que provienen del Máximo Tribunal, antes de entrar en materia es necesario dilucidar el problema de la competencia. De mi competencia para discutir el tema constitucional.
Porque es que en más de una ocasión, de modo velado y oblicuo, nunca directo y frontal, haces alusiones a mí, más que a mis argumentos, con la expresión “diletante”, que en tu caso lleva intención descalificadora y despreciativa. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, por cierto, registra, como última acepción del término, ese sentido peyorativo. Pero también define: “Aficionado a las artes, especialmente a la música. Conocedor de ellas. Que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional”.
Prefiero entenderme dentro de las acepciones positivas de la palabra, y por tanto reivindico con orgullo que puedo ser entendido, en efecto, como diletante en materia constitucional. El diccionario igualmente anuncia que el vocablo tiene origen italiano. No escapa a tu culta persona que diletante significa, en esa lengua, lo mismo que amante. Un diletante del derecho es, en ese sentido, un amante del derecho. Y he aquí la clave para diferenciar nuestras respectivas situaciones: tú ejerces profesionalmente el derecho; yo tan sólo lo amo.
Tampoco ignoras, por supuesto, que el argumento ad hominem, por más que se exprese con tu florentino estilo de aludir sin nombrar, es una de las falacias más elementales, menos refinadas, más primitivas. Desde el punto de vista lógico esa clase de argumentación es completamente inválida. De modo que si se tratara de una mera referencia de retórica defectuosa dejaría pasar la atribución de diletantismo, dado que no tiene la menor importancia argumental.
Pero como digo, en tu caso, dada la reiteración, parece revelar una posición tomada, según la cual estaría vedado a los ciudadanos comunes el pensamiento jurídico o, como decía Úslar, el asunto constitucional sería territorio estrictamente reservado a especialistas. No estuve de acuerdo con Úslar en esa ocasión. Indudablemente que los expertos en derecho constitucional son imprescindibles en las tareas constituyentes. También pueden aportar conocimiento relevante los historiadores, sin duda. Pero ése no era el sentido del dictum uslariano, y entonces debo tomar distancia de sus implicaciones. Si la única disciplina pertinente a la deliberación constitucional, aparte del derecho, fuese la historia, de algún modo la prescripción de Úslar equivaldría a recomendar que se acometa la labor constituyente con la vista en el pasado. En cambio, creo que serían de invalorable utilidad los aportes de disciplinas diferentes, sobre todo en lo que tiene que ver con el diseño orgánico del Estado. Expertos en organización y sistemas, sociólogos, futurólogos, tendrían mucho que contribuir al diseño de una constitución, especialmente en esta época de rupturas paradigmáticas y de cambios planetarios.
Es por esta clase de razones, Oswaldo, sobre las que podría abundar a placer, que rechazo que me descalifiques. Estoy perfectamente autorizado, en tanto profesional, en tanto intelectual y, sobre todo, en tanto ciudadano, para opinar, con responsabilidad, en el tema que ha ocupado nuestra reciente correspondencia la que, de nuevo, en mi caso es frontal y directa, y en el tuyo oblicua e insidiosa. A tu correo anterior te respondí directamente. Tú escoges la distancia olímpica de la alusión innominada.
………..
Saldado ese punto definitivamente secundario, paso a comentar el nuevo ropaje de tu argumentación jurídico-constitucional, aunque lo haré en mi orden y no en el tuyo, que se me hace farragoso. Será inevitable que repita conceptos y razonamientos, porque tergiversas significado y secuencia lógica de puntos ya dilucidados.
Y voy a comenzar por aclarar un asunto cronológico. Tres años antes de tu conferencia de julio de 2001 en la asamblea de Fedecámaras de ese año, cuatro meses antes de la decisión de la Corte Suprema de Justicia de enero de 1999, ya había escrito (septiembre de 1998), en un brevísimo artículo cuya intención era refutar ciertas argumentaciones contrarias a la convocatoria de una constituyente: “Es preciso reformar la Constitución de 1961 para que pueda convocarse una constituyente (Brewer-Carías y otros), pues hay que preservar el ‘hilo’ constitucional. Incorrecto. El artículo 250 de la constitución vigente, en el que fincan su argumento quienes sostienen que habría que reformarla antes, habla de algo que no existe: ‘Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone’. El texto de 1961 no dispone de medio ninguno para derogarla. Sólo menciona enmiendas o reforma general. No prescribe medio alguno para sustituirla por conceptos constitucionales cualitativamente diferentes. Además, el Poder Constituyente, nosotros los Electores, estamos por encima de cualquier constitución. Si aprobamos la convocatoria a una constituyente eso es suficiente”. Anexo a esta comunicación el texto completo de ese sucinto análisis, a fin de que puedas entender el trozo encajado en su contexto. Igualmente adjunto otro texto más antiguo, “Comentario constitucional”, de octubre de 1995.
Esto es, Fulano, mi argumentación sobre la vaciedad del artículo 250 de la constitución de 1961 no tiene que ver con lo que tú llegarías a sostener varios años más tarde, y que he calificado de peregrino argumento. Sostuviste que la Constituyente de 1999 y su producto, la Constitución vigente, y a pesar de que hubiese sido ésta refrendada en referéndum del pueblo venezolano, son nulas, inexistentes, porque la Constituyente del 99 era “un medio distinto” de los dispuestos por el texto del 61 para su derogación.
En realidad, Fulano, se trata de un asunto más bien sencillo: la constitución del 61 no disponía absolutamente de ningún medio para su derogación. A pesar de esto escribes: “Algún diletante de la ciencia jurídica ha aventurado razonamientos justificativos del proceso en la circunstancia de que la Constitución de 1961 no contemplaba su derogatoria, sino la enmienda y la reforma, como si la derogatoria fuera un mecanismo o procedimiento distinto de la reforma y no el resultado de la entrada en vigencia del texto reformado”.
Este diletante de la ciencia jurídica te muestra a ti, Fulano, que en efecto la constitución del 61 dice a la letra: “o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone”. No dice “fuere reformada”, ni tampoco “fuere enmendada”. Y tú sabes perfectamente las diferencias de significado. Mi más bien minúscula contribución sólo consistió en descubrir que la redacción del 250 del 61 era, en el mejor de los casos, defectuosa, si es que, como ha sido dicho tantas veces, el famoso 250 fuese intencionalmente un cerrojo definitivo que confería a esa constitución la condición de eternidad invulnerable.
La derogatoria sí puede ser muy distinta de una reforma. Precisamente, la constitución de 1961 no fue jamás entendida como una reforma de la de 1953, que estuvo en vigencia hasta el 23 de enero de 1961, sino como un texto constitucional enteramente nuevo. Por eso dispuso explícitamente: “Queda derogado el ordenamiento constitucional que ha estado en vigencia hasta la promulgación de esta Constitución”. (Artículo 252).
O por ejemplo, nota, por favor, la siguiente redacción: “Mientras no sea modificado o derogado por los órganos competentes del Poder Público, o no quede derogado expresa o implícitamente por la Constitución, se mantiene en vigencia el ordenamiento jurídico existente”. Creo que ya te habrás percatado de que tal estipulación es, justamente, la Disposición Transitoria Vigésima Tercera (última), de la constitución de 1961 que, como ella misma dice, forma parte integral de la misma constitución. Esa disposición te ilustra, entonces, que algo puede ser derogado sin que sea reformado o enmendado.
Eso por lo que respecta a tu precario teorema que pretende que la constitución vigente en Venezuela es la de 1961, montado sobre la premisa de una frase semánticamente vacía del artículo 250 de esa constitución.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Sep 22, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
La Ficha Semanal #260 de doctorpolítico se compone con una sección de larguísima carta enviada a un amigo del suscrito, en octubre de 1997, para alimentar su necesidad de saber, mientras estaba en el exterior por unos pocos meses, cómo se perfilaba el arranque del año siguiente, año de elecciones en Venezuela. La sección corresponde al reporte de la convención del partido COPEI que terminó asumiendo la candidatura presidencial de Irene Sáez, y es particularmente dura hacia la candidata y, sobre todo, hacia Luis Herrera Campíns.
El fragmento reproducido sugiere que el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 no era inevitable, y que las ejecutorias de los principales partidos de entonces, AD y COPEI, permitieron que Chávez, que en 1997 tenía una intención de voto a su favor que no superaba 7%, resultara ganador, mientras que Sáez, que llegó a disfrutar de más de 60% de esa intención, se hundiera como el Titanic. La razón principal de ese hundimiento fue que Sáez, cuya imagen era de independiente, la destrozó al aceptar el apoyo de una de las mitades del bipartidismo que la mayoría del electorado rechazaba, a esas alturas, con ferocidad. Al negar lo que había parecido ser su esencia, los electores sólo encontraron dos candidatos para desaguar su bipartidismo—Salas Römer y Chávez—y uno de ellos no podía ocultar su tufo de conservador elitesco. La votación fue hacia el que de ellos dos se parecía más a la mayoría pobre.
En el texto se menciona al “maletinazo” y el “cuñazo”, hitos desagradables en la historia de COPEI. El primer término alude a la compra de votos a favor de la candidatura de Lorenzo Fernández en una convención electoral del partido, por parte del calderismo, contra la de Herrera. (Gente del bando de este último admitió al suscrito, no obstante, que el lado herrerista era el que había lanzado la primera piedra a este respecto). El “cuñazo” es descrito por el politólogo Herbert Koeneke del siguiente modo: “En 1988, el comando de campaña de Eduardo Fernández, ante la abrumadora ventaja de Carlos Andrés Pérez en las encuestas de intención electoral, decidió transmitir un comercial, al que se llegó a denominar ‘el cuñazo’, en el que se atacaba a los gobiernos precedentes, incluido el de su correligionario Luis Herrera Campíns, por la pésima situación económica en que habían dejado al país”. (El Universal, 13 de octubre de 1998).
En cualquier caso, la candidatura Sáez—promovida inicialmente por Enrique Mendoza, de cuyo presupuesto mirandino vivió COPEI por esa época en gran medida—fue uno de los puntos más bajos, si no el más bajo, de toda la historia de un partido otrora glorioso y que hoy en día aparece en las encuestas en el rubro “otros”.
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Punto bajo
Los aspectos sustanciales de la Convención de septiembre pudieron ser predichos con matemática exactitud bastante antes de su celebración. Se conocía la redacción, en términos generales, de la reforma estatutaria que sería propuesta y aprobada para abrirle la puerta a la candidatura Sáez; se sabía que el informe político del Secretario General procuraría la reconfirmación de la estrategia oficial—modificada con lo necesario para acomodar las realidades divisionistas de los socios de su alianza—anunciada en noviembre de 1996; se sabía que Eduardo Fernández sería de nuevo inmisericordemente vapuleado.
Una cosa, sin embargo, destacó adicionalmente con claridad. La XXI Convención Nacional de COPEI fue la convención de la revancha de Luis Herrera Campíns. Los dos sorprendentes discursos pronunciados allí por el Presidente de COPEI llamaban profundamente a la preocupación.
El primero de ellos, el discurso de instalación oficial de la convención, estableció un tono pugnaz y reconcomiado desde el mismo arranque del evento. Y la pugnacidad iba claramente dirigida contra dos personajes, Rafael Caldera y Eduardo Fernández, y contra una institución, Acción Democrática.
El segundo discurso, en buena medida dirigido a contrarrestar un discurso de reconvención de José Antonio Pérez Díaz, detalló puntos de reconcomio hacia Caldera y Fernández—“aquel desaguisado del maletinazo en Radio City… aquella espantosa estupidez política del cuñazo”—pero incluyó además lo que tal vez sea la más abierta declaración de populismo y clientelismo que se le haya escuchado a un dirigente nacional de importancia. Ya al término de éste su segundo discurso, Luis Herrera Campíns pronunció las siguientes palabras: “…les voy a decir por qué creo que necesitamos ganar: no por ustedes, que al fin y al cabo—unos por razón de experiencia estamos jubilados, otros por razón de méritos están desempeñando importantes responsabilidades en los organismos representativos—tenemos nuestro medio de vida asegurado, ni de la mayor parte de los dirigentes municipales y regionales del partido que también tienen su vida, por lo menos a corto plazo, asegurada. No, no por ellos, sino por los que no tienen cargos en la burocracia, por los que no tienen acceso a la administración pública para plantear sus problemas y que se los resuelvan, para que se les escuche su pobreza, para que se les dé una muestra de afecto y de solidaridad, que se los podría dar un Presidente copeyano o un gobierno donde el Partido COPEI sea también partido de gobierno…”
Debo admitir que tan descarada declaración me produjo una muy desagradable sensación, aunque ya había escuchado que esa racionalización herrerista estaba siendo ofrecida a más de un copeyano: ganemos para que puedan tener cómo vivir. Resuélvanse, asegúrense de estar “cubridos”—como diría la inefable Blanca Ibáñez—con un triunfo electoral. No imaginé nunca, sin embargo, que el presidente de ese partido se atreviera a presentar un argumento tan alejado de la ética socialcristiana en el seno de una Convención Nacional, ante unas cámaras de televisión que transmitieron al país todo el discurso.
A partir de ese momento comencé a pensar que mientras Luis Herrera Campíns fuese el máximo estratega de COPEI este partido no tendría futuro. COPEI ha sufrido demasiado tiempo las consecuencias del distanciamiento y enemistad entre Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns. Por eso escribía en artículo que me publicó el diario El Nacional, poco después del triunfo electoral de Caldera en 1993: “Poco falta para que en Oslo los señores De Klerk y Mandela reciban juntos, hermanados, el Premio Nóbel de la Paz. ¿Es que hay en Venezuela una rencilla de mayor monta que la que representaban Mandela y De Klerk en África del Sur?… Hoy en día las Alemanias separadas ya son una sola, hoy en día los Estados Unidos y Rusia cooperan, Israel y la Organización para la Liberación Palestina cooperan. ¿Son los conflictos venezolanos más importantes que los de estos antiguos enemigos?… En 1992, ¿había entre COPEI y Pérez una diferencia menor que la que hay hoy día entre COPEI y Caldera? En ese año la intención del salvamento de la democracia sirvió para la participación de COPEI en el gobierno de Pérez. ¿Es que hoy en día la situación nacional es menos apremiante que entonces?… Es difícil encontrar algún punto en la ‘carta de intención’ de Caldera, resumen de su programa de gobierno, que colida frontalmente con algún postulado doctrinario de COPEI. ¿Qué argumento podría esgrimirse, entonces, para que COPEI negara su apoyo a Rafael Caldera?”
Y sin embargo, ahora COPEI dice que admitirá alianzas electorales hasta con Convergencia—luego, por supuesto, de procurarlas con ambos fragmentos del MAS y de la Causa R—pero nunca con Acción Democrática, organización que vendría siendo, en la interpretación estándar del herrerismo, la encarnación de las huestes satánicas.
Un partido que se deje conducir desde el reconcomio, a partir de un complejo de Edipo irresuelto, de una fijación patológica que no le permite concebir otra razón de ser que la de oponerse a un “adversario histórico”, será un pobre partido, pues no acierta a proponer nada constructivo. La conducción que Luis Herrera Campíns ha impreso a COPEI es a todas luces nefasta, para el partido y para el país. COPEI tiene que encontrar un modo de neutralizar la influencia del ex presidente Herrera quien, si a lo mejor es un estratega eficaz de votos y oportunismos, es ciertamente, en tanto hombre de Estado, una pobre y dañina figura.
Él es el justificador de la candidatura de la Srta. Sáez, y ha indicado que no hay que preocuparse por el problema de sus capacidades porque “modernamente el poder es compartido” y que explica su prominencia en las encuestas porque ahora vivimos en una “civilización de la imagen”. El cinismo parece ser el estilo que nos propone el actual Presidente de COPEI.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Sep 15, 2009 | Fichas, Política |

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Irving Stone (1903-1989) explotó como nadie el género biográfico en forma novelada. Dos de sus novelas biográficas, o sus adaptaciones, llegaron al cine. En 1956 Kirk Douglas representó a Vincent Van Gogh en Anhelo de vivir, una película basada en un libro de Stone del mismo nombre. Más famoso filme fue La agonía y el éxtasis (1965), en el que Charlton Heston interpretó a Miguelángel y Rex Harrison al papa Julio II. Como era característico en el escritor, la obra sobre la que se basó la película fue meticulosamente documentada: no sólo vivió Stone varios años en Florencia y en Roma, donde trabajó incluso como aprendiz de escultor, sino que hizo traducir del italiano al inglés 495 cartas del genio renacentista, encargando la tarea a Charles Speroni, Profesor de Italiano en la Universidad de California en Los Ángeles. El gobierno italiano confirió a Stone varias distinciones honoríficas por su contribución al conocimiento del Renacimiento en Italia.
Entre las casi dos decenas de novelas biográficas escritas por Stone se encuentra Pasiones del espíritu, su biografía de Sigmund Freud. La Ficha Semanal #259 de doctorpolítico se construye con algunos extractos traducidos de la versión original inglesa: Passions of the Mind, Doubleday, 1971.
La presentación que Stone hace de Freud nos habla de un hombre tenaz e intelectualmente honesto, que debió pagar años de incomprensión a causa de su fidelidad a los hallazgos de su ciencia, la que inventó prácticamente solo en una Viena mojigata en la que, por fortuna, todavía no se había instalado oficialmente el antisemitismo a fines del siglo XIX y principios del XX. Es una trayectoria, no obstante, que culmina en triunfo.
La historia en Pasiones del espíritu, pues, es la de las dificultades que todo pionero confronta, que todo profeta debe pagar si no puede callarse, y es una maqueta de los obstáculos que debe superarse si se quiere innovar en materia política.
En una de sus novelas (Overload, 1979), Arthur Hailey inventa al vicepresidente de la ficticia compañía de suministro eléctrico Golden State Power and Light, Nimrod Goldman, quien sufre como Freud por haber pronosticado con bastante antelación y mucho rechazo una falla mayor de energía en California. Goldman recibe una lección de la dama parapléjica a la que ama, quien le enseña la postura correcta que debe asumir, cuando llegue la hora de su reconocimiento, en un poema con ecos de Omar Khayyám que escribe para él. He aquí una traducción apresurada:
El dedo móvil a veces retrocede / No para escribir de nuevo sino para releer: / Y lo que una vez fue desechado, objeto de ridículo, / Puede, en la plenitud de una luna o dos, / O incluso años, / Ser aclamado como sabiduría / Dicha francamente tan temprano, / Necesitada de valor / Para enfrentar la maledicencia de otros menos perceptivos, / Aun abrumada de diatriba. / Querido Nimrod! / Recuerda: Un profeta es rara vez elogiado / Antes del ocaso / Del día cuando por primera vez proclama / Verdades desagradables. / Pero cuando tus verdades / Se hagan obvias con el tiempo, / Su autor reivindicado, / Sé, en ese momento de cosecha, clemente, piadoso / Amplio de mente, con propósito grande, / Y que la contrariedad de la vida te divierta. / Porque no son a todos, sólo a los pocos, / Los dones présbitas—larga visión, claridad, sagacidad— / Por suerte, con la lotería del nacimiento, / Conferidos por la atareada naturaleza.
El padre de un amigo solía decir: «Yo nunca tengo razón; yo siempre tenía razón».
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El precio de la profecía
“Te aconsejaría ir poco a poco, Sig; sé discreto. No arriesgues la ridiculización de Viena con tu idea de la histeria masculina. Lo único que puedes es hacerte daño”.
Sigmund caminaba nerviosamente por el cuarto.
“Pero Josef, ¿tú no me estarás pidiendo que abandone lo que he aprendido?”
“Usa tu intuición y tu adiestramiento en tus pacientes. Construye primero un portafolio de pruebas”.
“Una vez que mi traducción de Charcot aparezca en alemán el material definitivo estará disponible para que todos lo lean. Estaré comprometido”.
Breuer negaba con la cabeza, vacilante. “Leerán la neurología de Charcot con gran respeto; y cuando lleguen al material sobre la histeria masculina lo desecharán como el pecado venial pasajero de un gran científico. Y en cuanto a tu parte en el libro, estás traduciendo, no abogando”.
“Josef, estoy planeando escribir sobre el tema para mi conferencia en la Asociación Médica…”
“¡Entonces no lo hagas! Es demasiado peligroso. Los escépticos sólo pueden ser convencidos a su propio ritmo, no al ritmo del proselitista”.
(Discusión de Breuer y Freud). Pág. 199.
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“Sigmund, el adversario que más te combate es el que está más convencido de que tienes razón”.
(Theodor Meynert a Freud). Pág. 336.
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Breuer negaba con la cabeza. “No. No tenemos un vocabulario para describir lo que estamos encontrando. No tenemos mapas ni aparatos… porque los viejos son irrelevantes”.
(Breuer a Freud, cuando éste le decía “Hemos descubierto verdades universales acerca de la mente inconsciente y sobre cómo descarga la histeria. ¿Es que cincuenta casos concienzudamente investigados no son tan reveladores como cincuenta láminas de patología estudiadas con el microscopio?” Freud pujaba para que Breuer se atreviera a la publicación conjunta de sus hallazgos, que lo eran más de Freud que de Breuer). Pág. 354.
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“Creo que mis servicios y obligaciones para con un paciente se han completado una vez que he revelado el significado escondido y secreto de sus síntomas. La cura reside en ese mismo acto. Realmente no es mi responsabilidad si acepta mi diagnóstico o no, aunque por supuesto no habrá cura a menos que lo acepte. Por tanto, para mí es urgente que ella crea en mi solución y trabaje fielmente con mis indicaciones. Si los dolores son la culpa de Emma obviamente no soy yo el culpable; por tanto, ella ha fracasado en su propia cura y no soy responsable de ninguna parte del fracaso”.
(Freud comentándole a Martha un sueño que había tenido y que relacionaba con una paciente renuente a aceptar su diagnóstico y su tratamiento). Pág. 407.
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“Freud, fuimos juntos a la Escuela de Medicina, trabajamos juntos en los laboratorios durante años, he admirado tu trabajo sobre parálisis en niños. Es por eso que te pido: no publiques tu conferencia. Eso te causará un daño irreparable. Perderás el respeto que ahora se tiene por ti. Tanto Kraft-Ebing como yo creemos que estás yendo demasiado rápido y tomando demasiados riesgos. Deberías trabajar varios años más, acumular evidencia adicional, probar tus hipótesis, erradicar la posibilidad de error”.
Sigmund se sentía mal. Estudió los rostros de los dos hombres exitosos que tenía delante.
Kraft Ebing añadió con suavidad, “Hemos desarmado tu conferencia pieza por pieza, y estamos convencidos de que cometes un error fundamental con tu concepto de ‘sexualidad infantil’. Es completamente repugnante a la naturaleza humana. Te encarezco, mi querido Freud, que no permitas que tu creencia se lleve por delante las evidencias que hasta ahora has encontrado, como lo hiciste en tu conferencia. No abandones los precisos métodos de la ciencia a la que has dedicado tu vida. Una publicación prematura dañaría más que tu reputación”.
Sorprendido, Sigmund preguntó, “A quién más dañaría?”
“A la Escuela de Medicina. Rundschau se lee mucho. Podrías hacer un gran daño a tu universidad”.
(Wagner-Jauregg y Kraft-Ebing, tratando de convencer a Freud de que no publicara su conferencia sobre la etiología de la histeria). Págs. 426 y 427.
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Como era poco probable que fuese invitado de nuevo a hablar ante alguna sociedad médica, y la publicación de su conferencia había conducido, en sus propios términos, “a la ruptura de la mayor parte de mis contactos”, preguntó a un viejo conocido de su padre en los negocios acerca de un grupo con el que pudiera discutir sus descubrimientos.
“¿Dónde puedo encontrar un círculo escogido de personas de carácter que me reciban amigablemente a pesar de mi temeridad?”
El hombre mayor respondió: “El B’Nai Brith es un sitio donde se encuentran hombres de ese tipo. Pero para el propósito de la reunión a que te refieres, te recomiendo a los jóvenes del Círculo Académico de Lectura Judío”.
Cerca de treinta jóvenes se reunieron en el salón del club en la Ringstrassen Haus en una noche de sábado. Nada sabían de lo que Sigmund denominó “los primeros atisbos en las profundidades de la vida instintiva del hombre” ni habían oído jamás acerca de la estructura arquitectónica de la mente inconsciente. Escucharon con fascinado respeto y luego hicieron preguntas que indicaban que, aunque sólo comprendían elementalmente lo que el Dr. Sigmund Freud tenía que decir, estaban ansiosos por saber más.
(Esta conferencia fue dictada por Freud a un público no iniciado luego de las primeras represalias de sus colegas. “Sus pacientes referidos por otros doctores se desvanecieron por completo, como si hubiera sido puesto en una lista negra. No venían los pacientes del Allgemeine Krankenhaus, del Instituto Kassowitz ni de los doctores que se los enviaban antes”). Pág. 430.
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La conferencia fue anunciada en el Neue Freie Presse y generó considerable interés. Por la mañana del día de la conferencia llegó una carta expresa a la Berggasse. Excusándose, el vocero de la Sociedad Filosófica explicaba: se había filtrado algo acerca del contenido de la conferencia del Dr. Freud; algunos de los miembros, los hombres, no las mujeres, habían objetado. ¿No podría el Dr. Freud ser tan considerado como para comenzar con casos y ejemplos inofensivos, no sexuales? Luego, cuando llegase al material que algunos pudieran considerar ofensivo, no podría él anunciar, tan delicadamente como fuese posible, que se disponía a detallar ciertos asuntos objetables; y luego esperar unos instantes, en silencio por supuesto, “durante los cuales las damas pudieran abandonar el salón?”
Canceló la conferencia con una nota tan indignada que casi quemaba el papel. Martha preguntó: “¿No podrías haber disertado sobre la psicopatología de la vida cotidiana? Tú mismo has dicho que ése es el camino fácil hacia el inconsciente, y hay muy poco material sexual en el libro”.
“Sí hubiera podido, si para empezar me hubieran pedido esa conferencia. Pero después de que he presentado el cuerpo principal de mi obra, declarar noventa por ciento de ella indecente o reprensible sería admitir que estoy haciendo algo malo. Si estos hombres creen que los oídos de sus mujeres son demasiado delicados para oír acerca de la vida sexual de Homo Sapiens prefiero retirarme de su plaza de toros”.
“Si tuvieras que elegir” le echó en cara Minna, “¿qué preferirías ser, el matador o el toro?”
“En cada corrida salgo gloriosamente ataviado como el matador, pero al final de la prueba de algún modo me he transformado en el toro con la espada en el lomo, dobladas mis rodillas en la arena”.
(Freud comentando su frustración amargamente ante su mujer y su cuñada, pues hacía cinco años, desde la conferencia ante la Sociedad de Psiquiatría y Neurología, que no recibía invitaciones. La que le hizo la Sociedad Filosófica le había alegrado enormemente, sólo para que la conferencia nunca se llevara a cabo). Pág. 517.
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Esa noche Sigmund se sentó en su estudio y escribió a Fliess con sarcasmo:
“El Wiener Zeitung no lo ha publicado todavía, pero las noticias se han regado desde el Ministerio. ¡El entusiasmo público es inmenso! Las felicitaciones y los ramos de flores continúan lloviendo, como si el papel de la sexualidad hubiera sido reconocido súbitamente por Su Majestad, la interpretación de los sueños confirmada por el Consejo de Ministros, y la necesidad de la terapia psicoanalítica de la histeria aprobada por una mayoría de dos terceras partes del Parlamento. Obviamente, vuelvo a tener buena reputación, y mis más tímidos admiradores ahora me saludan desde lejos en la calle”.
Uno de los primeros en aparecer fue un efervescente Wilhelm Stekel. Su cara resplandecía de orgullo. Sigmund se sintió conmovido.
“¡Excelencia! Ahora que usted es el Profesor Sigmund Freud en vez de un simple e inferior Dozent, ¿no habrá llegado el momento de llevar a cabo su plan de formar su propio grupo? Creo que usted lo llamó un seminario, un círculo de gente interesada en el psicoanálisis…”
(Después de largos años Freud había sido nombrado Profesor, distinción que en el Imperio Austro-Húngaro era conferida por el propio Emperador. En la campaña final fue ayudado por la presión a su favor de la Baronesa von Ferstel, a la que había curado). Pág. 536.
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“Con todo, es mejor que ser ignorado. Es tradicional atacar salvajemente aquello que uno más teme”.
(Freud a Stekel). Pág. 562.
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“La herejía de una generación es la ortodoxia de la siguiente”.
(Freud a Jung). Pág. 563.
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“Para las decisiones sin importancia busca en tu mente consciente. Para las grandes decisiones de tu vida, deja que domine tu mente inconsciente. De esa forma no te equivocarás”.
(Freud a Theodor Reik, que le pedía consejo sobre su matrimonio y su vida profesional). Pág. 721.
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Desde el Armisticio la Sociedad Psicoanalítica Internacional había crecido tremendamente; ahora tenía doscientos treinta y nueve miembros, de los cuales ciento doce habían asistido al Congreso, con la adición de otros ciento cincuenta interesados. Once miembros habían hecho el viaje desde América, treinta y uno de Inglaterra, noventa y uno de Berlín, un testimonio del trabajo hecho por Karl Abraham, Max Eitingon y luego Hanns Sachs y Theodor Reik en el centro de adiestramiento. A pesar de la continua oposición y adversidad, veinte miembros habían venido desde Suiza. Mirando al gran salón y recordando los desafortunados quebrantos en el Congreso de Munich de hacía una década, Sigmund reflexionaba:
“Tenemos la cantidad y la fortaleza para sostenernos. ¡Hemos llegado! Puede que perdamos miembros a lo largo de los años, por razones relevantes o irrelevantes; pero estamos tan firmes sobre nuestros pies como cualquier sociedad psiquiátrica o neurológica”.
El psicoanálisis había llegado para permanecer.
(Congreso de Berlín de 1922). Pág. 764.
Irving Stone
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 8, 2009 | Fichas, Política |

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Algunos suscritores de las publicaciones de doctorpolítico—Carta y Ficha, hasta ahora— manifestaron curiosidad sobre el trabajo—Dictamen, junio de 1986—del que fue extraído el fragmento reproducido en el artículo breve de la carta de la semana pasada, la #347. En otras ocasiones se ha aludido acá a ese trabajo, el primero en el que explícitamente intentara una aproximación médica o clínica a los problemas políticos. El fragmento reproducido en esta Ficha Semanal #258 es parte de la sección “Insuficiencia política funcional”, dentro de un capítulo dedicado al diagnóstico que, en síntesis, encuentra que esa insuficiencia tiene por etiología (origen) la esclerosis del paradigma político.
Es de algún interés notar que muchos de los problemas políticos que sufre hoy nuestra sociedad, grandemente exacerbados, se encontraban ya molestándonos hace veintitrés años. Y es que, en gran medida, los diez últimos años no son otra cosa que, justamente, la exacerbación de patologías preexistentes. Si algo es esclerótico es el paradigma político del presidente Chávez: una lógica de Realpolitik o política de poder llevada a sus penúltimas consecuencias—hay regímenes mucho peores, como los de Castro, Hitler, Pinochet, Stalin—y la entronización simplista de una ideología marxista. Nos instruye el DRAE: esclerosis. (Del gr. σκλá½µρωσις). 1. f. Med. Endurecimiento patológico de un órgano o tejido. 2. f. Embotamiento o rigidez de una facultad anímica.
Es de la introducción a Dictamen una exigencia relativa a los tratamientos políticos que se propongan a los electores, principalmente en campañas electorales:
“No se califica un médico porque haya logrado descalificar a otro. No se convierten en eficaces sus tratamientos porque los vociferen, como no es garantía de eficacia el que algunos sean los más antiguos médicos de la familia. El paciente requiere el mejor tratamiento que sea posible combinar, así que lo indicado es contrastar los tratamientos que se propongan. Debe compararse lo que realmente curan y lo que realmente dañan, pues todo tratamiento tiene un costo. Es así como debe seleccionarse la terapéutica. Será preferible, por ejemplo, un tratamiento que incida sobre una causa patológica a uno que tan sólo modere un síntoma; será preferible un tratamiento que resuelva la crisis por mayor tiempo a uno que se limite a producir una mejora transitoria. Y por esto es importante la comparación rigurosa e implacable de los tratamientos que se proponen. Solamente así daremos al paciente su mejor oportunidad… La política se hace entonces exigible como un acto médico”.
Hoy, veintitrés años después de que fuera escrito, diez años después de que un cirujano político llegara a gobernar en Venezuela, es tiempo desde hace tiempo de pasar a una fase postoperatoria más tranquila. Ya basta de anestesiar e inmovilizar al paciente para intervenirlo con acciones traumáticas e invasivas.
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Insuficiencia política
Es evidente que el sistema político está funcionando inadecuadamente y que contribuye de manera decisiva al comportamiento también inadecuado de otros sistemas, pues no sólo no genera las respuestas para los problemas que muchas veces él mismo diagnostica, sino que impide el normal desenvolvimiento de los restantes componentes societales. Incluso impide el normal desenvolvimiento de sí mismo, al enmascarar procesos que debieran aceptarse como normales y que, al realizarse de todas maneras de forma encubierta, lo hacen ineficientemente, con un costo muy superior al que sería normal. Por ejemplo, a esta modalidad de “victorianismo político” corresponden actividades tales como las del tradicional apoyo encubierto desde las instituciones gubernamentales a los distintos procesos electorales en los que participa el partido de gobierno. En sociedades de mayor desarrollo político se considera natural que, digamos, un Presidente de la República se pronuncie pública y abiertamente en favor de candidatos de su preferencia.
En la caracterización de esta insuficiencia política funcional es importante anotar que se trata de un proceso autocatalítico, o, lo que es lo mismo, un proceso cuyos productos contribuyen a acelerar el proceso: se produce una retroalimentación. El desempeño incorrecto del sistema político se va agravando en virtud de su propia ineficacia. Asimismo, otro rasgo digno de notar es que el sistema político se comporta en estas condiciones con una exacerbación de sus respuestas alérgicas. Las críticas al sistema sólo se aceptan si provienen del mismo sistema político. (Aún esto mismo es estrictamente controlado, como lo comprueban las represalias contra hipercríticos intrapartidistas como Luis Matos Azócar).
Una de las modalidades de descalificación de la crítica externa consiste en calificar a los críticos de “conspiradores”. En este juego se incurre con frecuencia en contradicción. Por ejemplo, en las últimas semanas, a raíz de debates sobre una presunta vulneración de la libertad de prensa y de opinión, el Partido Social Cristiano COPEI ha censurado el uso de la palabra “conspiración” por parte del Gobierno, en aparente olvido de que fue el propio Dr. Rafael Caldera quien introdujo el tema de la “conspiración satánica” durante 1985, reforzado por artículo de prensa del Secretario General, Eduardo Fernández, justamente bajo el mismo título.
Así, pues, la insuficiencia política funcional se manifiesta en Venezuela como enfermedad grave y, lo que es peor, con tendencia a un progresivo agravamiento. Es importante notar que la insuficiencia del sistema político es reconocida por los miembros más conspicuos del mismo. Por citar el caso más notorio, vale la pena recordar una cruda frase del Primer Magistrado Nacional, Dr. Jaime Lusinchi, en ocasión de contestar a las Comisiones del Congreso de la República que fueron a participarle la instalación del período legislativo de 1985. En esa oportunidad el Presidente de la República confesó: “…el Estado casi se nos está yendo de las manos”. Una situación análoga a la ejemplificada por la preocupante frase del Presidente Lusinchi es la que protagonizaría el piloto de un gran avión de pasajeros que saliese de su cabina para anunciar a los pasajeros de primera clase (los senadores y diputados) que el aeroplano no responde a los mandos.
Pudiera ser que una mayor tendencia a la candidez es característica de los Presidentes de Acción Democrática. En 1975, el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez confesaba a los periodistas que no había sido posible dar a luz el documento contentivo del “V Plan de la Nación”, por cuanto, a pesar de que él había convocado por tres veces a su discusión ¡los ministros no habían leído el documento!
No es, pues, una situación desconocida para los habituales protagonistas de la escena política nacional esta insuficiencia política funcional aguda. ¿Cuáles son sus causas?
Una primera causa evidente es la del hipercrecimiento del tejido político, que infiltra e invade a otros tejidos del soma nacional. Es posible referirse a una neoplasia del sistema político, que, como todo crecimiento maligno, va destruyendo otros tejidos hasta el punto de destruir la vida y por este proceso destruirse al final a sí mismo. La infiltración más notable es detectada, como vimos antes, en la invasión del sistema judicial (controlado partidistamente, como ha podido verse recientemente en el caso de las nuevas autoridades de la Corte Suprema de Justicia), en la invasión del sistema económico a través del excesivo control permisológico que impide la circulación normal y de una hiperplanificación, y en la invasión y mediatización del sistema de representación popular. Esta hiperplasia política hace que el propio sistema político se encuentre en situación de sobrecarga decisional, puesto que, a las complicadas circunstancias ambientales derivadas de procesos tales como la reestructuración de la deuda externa, el deterioro de los precios petroleros y la situación de inseguridad de áreas vecinas (Centroamérica), ha añadido la complicación de su propio exceso.
En circunstancias tan complicadas como las actuales, resulta incomprensible que el propio Ejecutivo Nacional se complique y se recargue con una miríada de responsabilidades que bien pudiese delegar o desempeñar de otra forma. Por ejemplo, entre los decretos que dictó el Presidente Lusinchi con base en la llamada Ley Habilitante, se encontraban aquellos por los que el Presidente debía autorizar cada tarjeta de crédito que fuese a ser adjudicada a funcionarios públicos, así como también se reservaba el Presidente la autorización de todo nuevo cargo de la Administración Central. En tales condiciones, no queda tiempo material ni psicológico para la invención eficaz de políticas. Las presiones cotidianas consumen todo el tiempo disponible y, de este modo, la planificación de estrategias resulta poco menos que imposible. El Gobierno actúa para “apagar incendios”, pues no puede dedicar suficiente atención a los verdaderos negocios de Estado, sobre todo cuando también debe dedicar atención a los ataques de la oposición y a los acontecimientos políticos de su propio partido.
Pero debe existir una causa más profunda de insuficiencia del sistema político, pues, como hemos anotado, estos procesos patológicos han sido más de una vez diagnosticados. Es así como algo más fundamental es la causa última de la insuficiencia. En nuestra opinión esta causa es la esclerosis paradigmática evidente en los actores políticos tradicionales.
Todo actor político lleva a cabo su actividad desde un marco general de percepciones e interpretaciones de los acontecimientos y nociones políticas. Este marco conceptual es el paradigma político, y del paradigma que se sustente depende la capacidad de imaginar y generar las soluciones a los problemas públicos.
Es ése el sustrato del problema. La insuficiencia política funcional en Venezuela no debe explicarse a partir de una supuesta maldad de los políticos tradicionales. Con seguridad habrá en el país políticos “malévolos”, que con sistematicidad se conducen en forma maligna. Pero esto no es explicación suficiente, puesto que en la misma proporción podría hallarse políticos bien intencionados, y la gran mayoría de los políticos tradicionales se encuentra a mitad de camino entre el altruismo y el egoísmo políticos.
La explicación última de nuestra insuficiencia política funcional reside, pues, en la esclerosis paradigmática del actor político tradicional.
luis enrique ALCALÁ
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