por Luis Enrique Alcalá | Ene 8, 2010 | Fichas, Política |

Christopher Hodgkinson es el autor de Administrative Philosophy: Values and Motivations in Administrative Life (1996), un libro que es descrito como «puente entre la literatura técnica de la teoría administrativa y el discurso filosófico». La preocupación central de Hodgkinson es el reino de los valores, pero no en terreno aislado, sino conectados prácticamente con el ejercicio humano. Antes, escribió La filosofía del liderazgo (The Philosophy of Leadership, 1983). De esta obra, se toma dos sucintos párrafos, que concentran la esencia de una postura ética correcta del líder, para componer esta nueva ficha.
_________
El actor no debe atarse afectivamente al resultado sino al proceso… El compromiso es con la obra misma; con la carrera y no con el premio; con la batalla y no con la victoria. El trabajo se vuelve en este sentido intrínsecamente honorable y satisfactorio a través de un proceso de compromiso moral y comprensión.
…
La indiferencia debe entenderse acá, naturalmente, en un sentido especial. No es que al líder no le importe. Al líder le importan y tienen que importarle los resultados, especialmente aquellos resultados humanos y organizacionales en los que tiene responsabilidad plena o parcial. A lo que, en razón del honor, debe ser indiferente es a los resultados de las acciones en tanto le afecten personalmente. Suponiendo que su curso de acción sea correcto, que ha descubierto cuál es su deber y cumplido con él, lo que es entonces un asunto de indiferencia, de despreocupación, es su propio éxito o fracaso. Ése es el ideal. Su propio ego debe dejar de importar, tiene que ser eliminado de la ecuación de las variables organizacionales. Tiene que ser trascendido. Y aunque esto pueda parecer escandalosamente idealista, esa praxis es también posible.
Christopher Hodgkinson
por Luis Enrique Alcalá | Ene 5, 2010 | Fichas, Política |

Benjamín Constant (Henri-Benjamin Constant de Rebecque, 1767-1830) fue un político francés nacido en Lausana, Suiza, de verbo elocuente e ideas clarísimas. En este blog puede leerse tres fragmentos notables de sus Principios de Política (FS #191, FS #192 y FS #210). Para esta ocasión, se trae acá el comienzo de una lúcida discusión sobre la obsesión por la uniformidad social (del Capítulo XIII—Acerca de la uniformidad—de su ensayo Del espíritu de conquista). El texto citado tiene obvia pertinencia a la actual situación política venezolana y es, entonces, oportuno aclarar que Constant fue un político nada conservador que luchó contra la Restauración Borbónica; en cualquier caso, con el mismo denuedo denunció los enfermizos excesos de la Revolución de 1789. LEA
………
Acerca de la uniformidad
Es bastante notable que la uniformidad no haya nunca encontrado tanto favor como en una revolución hecha en nombre de los derechos y la libertad del hombre. El espíritu sistemático se extasió primero en la simetría.
El amor al poder descubrió muy pronto la ventaja inmensa que le procuraba esta simetría. Mientras que el patriotismo sólo existe por un vivo apego a los intereses, a las costumbres, a las costumbres locales, nuestros supuestos patriotas han declarado la guerra a todas esas cosas. Ellos han agotado esta fuente natural del patriotismo, y lo han querido reemplazar por una pasión facticia hacia un ser abstracto, una idea general, despojada de todo lo que impresiona la imaginación y de todo lo que habla a la memoria.
Para construir el edificio, comenzaban por triturar y reducir a polvo los materiales que debía usar. Poco faltó para que designasen por cifras las ciudades y las provincias como designaban por cifras las legiones y los cuerpos del ejército: ¡tanto parecían temer que una idea moral pudiese incorporarse a lo que ellos constituían!
El despotismo, que ha reemplazado a la demagogia, y que se constituía legatario del fruto de todos nuestros trabajos, ha persistido muy hábilmente en la ruta trazada. Los dos extremos concuerdan sobre este punto, porque, en el fondo, en los dos extremos hay voluntad de tiranía. Los intereses y los recuerdos que nacen de las costumbres locales contienen un germen de resistencia que la autoridad soporta a su pesar y que se apresura a extirpar. Así, ella se las arregla mejor con los individuos, porque pasa sobre ellos sin esfuerzo su enorme peso, como sobre arena.
Hoy, la admiración por la uniformidad, real admiración en algunos espíritus limitados, afectados por muchos espíritus serviles, es recibida como un dogma religioso por una multitud de ecos aficionados a toda opinión ganadora. Aplicado a todos los puntos de un imperio, ese principio se aplicará a todos los países que este imperio quiera conquistar. Esta es, en consecuencia, una continuación inmediata e inseparable del espíritu de conquista. Pero cada generación, dice uno de los extranjeros que mejor han previsto nuestros errores desde el origen, hereda de sus abuelos un tesoro de riquezas morales, tesoro invisible y precioso que lega a sus descendientes. La pérdida de ese tesoro es para un pueblo un mal incalculable. Despojándole le despojáis de todo sentimiento de su valor y de su propia dignidad. Incluso cuando lo que sustituye al despojo sea mejor, aquello de lo que lo priváis es más respetable, porque imponéis vuestra mejora por la fuerza, así el resultado de vuestra operación es simplemente hacerle cometer un acto de cobardía que lo envilece y desmoraliza.
La bondad de las leyes es, osemos decirlo, algo mucho menos importante que el espíritu con el que una nación se somete a sus leyes y les obedece. Si las ama, si las cumple, porque le parecen emanadas de una fuente virtuosa, un don de las generaciones cuyas almas venera, las leyes se unen íntimamente a su moralidad; ennoblecen su carácter, e incluso aun cuando tengan defectos, crean virtudes y por ahí más felicidad que leyes mejores apoyadas sólo en el orden de la autoridad.
Tengo por el pasado, lo confieso, mucha veneración, y cada día, a medida que la experiencia me instruye o que la reflexión me ilumina, esta veneración aumenta. Diré, para escándalo de nuestros modernos reformadores, así se llamen a sí mismos Licurgos o Carlomagnos, que si yo viera un pueblo al que se hubiera ofrecido las instituciones más perfectas, metafísicamente hablando, y que las rehusara para manifestarse fiel a las de sus padres, estimaría a ese pueblo, y lo creería mucho más feliz por su sentimiento y su alma, bajo sus defectuosas instituciones, que la posibilidad de serlo a través de todos los perfeccionamientos propuestos. Entiendo que la naturaleza de esta doctrina no es favorable. Nos gusta hacer leyes, las creemos excelentes, nos enorgullecemos de su mérito. El pasado se construye solo; nadie puede reclamar su gloria.
Independientemente de estas consideraciones y separando la felicidad de la moral, notad que el hombre se doblega a las instituciones que encuentra establecidas como a reglas de la naturaleza física. Él ajusta según los defectos mismos de esas instituciones sus intereses, especulaciones, todo su plan de vida. Esos defectos se suavizan, porque siempre que una institución dura mucho tiempo, hay transacción entre ella y los intereses del hombre. Sus relaciones, sus esperanzas, se agrupan alrededor de lo que existe. Cambiar todo esto, incluso para mejor, es hacerle daño. Nada más absurdo que violentar las costumbres, bajo pretexto de servir a los intereses. El primero de los intereses es ser feliz, y los hábitos forman una parte esencial de la dicha.
Benjamin Constant
por Luis Enrique Alcalá | Nov 10, 2009 | Fichas, Política |
LEA, por favor
El año de 1998 fue indudablemente portentoso para los venezolanos, pues fue aquél en el que Hugo Chávez fuera elegido por vez primera como Presidente de los venezolanos. Causas profundas y longevas—la insuficiencia política de los actores convencionales—, así como una incomprensible secuencia de errores más cercanos a la fecha electoral, dieron el triunfo a quien un año antes de la votación no pasaba de 8% de intención de voto a su favor.
Para la época, Hans Neumann, antiguo jefe y amigo desde hacía treinta años, había adquirido el control de El Diario de Caracas, y no me fue difícil colarme en la nómina de articulistas. (Ya antes, bajo las direcciones de Ricardo Ball, Joaquín Marta Sosa y Diego Urbaneja, había enviado allí unos pocos artículos, como siempre sobre tema político).
La Ficha Semanal #267 de doctorpolítico reproduce un artículo del 11 de noviembre de aquel año electoral, el que, como él mismo explica, se sugirió solo a partir de una entrevista radial que me hiciera Marta Colomina desde Unión Radio, casa que también fuera mía entre 1994 y 1996, cuando conducía el programa dominical Argumento.
Las elecciones de ese año ya lejano—en diciembre próximo se cumplirán once años de la elección (el artículo los cumplirá mañana)—fueron nutridas en cuanto a número de candidatos, entre ellos el propio Hugo Chávez, Irene Sáez, Henrique Salas Roemer, Claudio Fermín, Radamés Muñoz León, Miguel Rodríguez, Alfredo Ramos y Luis Alfaro Ucero, que se quedó en el camino una vez que su partido, Acción Democrática, hiciera a última hora lo impensable: defenestrar a quien era la destilación más acabada del modo de ser adeco, para ofrecer apoyo—el beso de la muerte—a Salas Roemer. (Alfaro continuó apoyado por los partidos ORA y URD y obtuvo, finalmente, 30.000 votos).
También estuvieron llenas de insólitas decisiones políticas. Por ejemplo, el Congreso de la República aprobó en diciembre de 1997 una reforma a la ya derogada Ley Orgánica del Sufragio, y en esta ocasión estaba previsto que las elecciones de gobernadores se hicieran junto con las de Presidente de la República. Ya avanzado el año 1998, los partidos hasta entonces dominantes—AD y COPEI—se percataron del peligro electoral de Hugo Chávez y decidieron volver a reformar la ley para separar ambas elecciones, con la esperanza de obtener entrambos una mayoría de gobernadores y así construir un cerco de autoridades regionales al Ejecutivo Nacional. Alfaro Ucero, que con todo lo que pueda criticársele siempre fue un hombre serio, dijo que ese viraje de 180 grados ocurriría “sobre su cadáver”. No pudo detener la burda maniobra, y Acción Democrática lo redujo a la condición figurada de cadáver político. Desapareció del mapa, pero los electores asistieron al teatro y se percataron de la tracalería, aumentando su propensión a votar por Chávez.
Por lo que respecta al oponente de éste en 1998, Henrique Salas Roemer, mantuvo una postura contraria a la realización de una constituyente, en momentos cuando la mayoría del electorado quería una. El candidato conservador declaró que la constituyente era «un engaño y una cobardía». Cerca de dos mil millones de bolívares de 1998—unos tres millones y medio de dólares—, según dato que me ofreciera la Dra. Colomina, fueron gastados (causados) por una tal asociación civil «La Gente es el Cambio», en profusas cuñas televisadas en blanco y negro que aseguraban que la constituyente era una horrible idea. Se trataba de la puesta en práctica de una prescripción adelantada, el 24 de junio de 1998, por un destacado empresario venezolano: «Lo que hay que hacer es una campaña inteligente, profunda y con mucho real para parar a Chávez». El mucho real lo hubo, pero la campaña misma fue un clásico tiro por la culata. En cuanto el habitante más lerdo de las barriadas escuchó la centésima séptima cuña, repetida en prime time por todos los canales de televisión, ha debido darse cuenta de que «La Gente es el Cambio» era la gente con mucho real, y rechazaría su propuesta aniconstituyente. Al año siguiente, una de las personas directivas de «La Gente es el Cambio» intentó postularse a la constituyente que había combatido con tanto denuedo. Proyecto Venezuela, liderado por Salas Roemer, apoyaría también candidatos a la constituyente que tuvo antes por «engaño y cobardía».
LEA
…
Ejercicio de Elector
Hace unos días, tuve el privilegio de conversar con la doctora Marta Colomina en el programa que tiene por las mañanas en 1.090 KHz. Una o un oyente tuvo la amabilidad de interesarse en saber con cuál de los candidatos presidenciales estaba yo. Contesté que estaba como el profesor Jesús Sanoja Hernández, quien hace poco escribió en la prensa que lo había sorprendido el mes de octubre sin candidato.
A partir de esa pregunta se me ocurrió hacer un ejercicio. Consistió en considerar una serie de polarizaciones imaginables, y preguntarme por cuál de los dos candidatos de cada polarización considerada votaría. Lo que sigue es el resultado de pensar en las parejas de candidatos que consideré. No pensé en todas, por supuesto. Habría tenido que considerar más de un centenar de combinaciones. Cada pareja considerada tiene sus nombres ordenados alfabéticamente.
1. Chávez Frías – Salas Römer:
Votaría a regañadientes por Salas Römer. Mi principal problema con este último candidato es que no conozco, para empezar, su programa. Salas ha dicho que presentará su programa en noviembre—a última hora—porque considera “una irresponsabilidad” explicarlo en este momento. El otro día asistí a la segunda mitad de una conferencia en la que el expositor argumentaba que Salas sí tenía programa, pero que si lo presentaba perdía las elecciones, porque no sería tan reivindicativo como el de Chávez. El hecho es que no lo ha presentado y en este sentido repite lo que hasta ahora ha sido la regla de la política venezolana más reciente: que la legitimidad se establece sin que los Electores sepamos con alguna claridad qué harían los candidatos desde la Presidencia de la República.
Hasta ahora sabemos que buscará «la descentralización, la despartidización y la desmarginalización», y que ha declarado no estar muy seguro de cuál es el nuevo modelo político del que Venezuela, a su juicio, estaría muy necesitada. (3 de diciembre de 1997). Sabemos también que monta un caballo llamado Frijolito y que no promete freír adecos y copeyanos pero está orgulloso de haber “acabado con los partidos” en Carabobo.
Pero votaría por él sin dudarlo mucho si sólo quedaran Chávez y él. En estas páginas he expuesto con claridad suficiente por qué creo que Chávez sería nefasto para Venezuela. Muchos otros venezolanos han advertido también acerca de las desastrosas consecuencias de un triunfo de Chávez. Hoy quiero comentar tan sólo que Chávez es sin duda alguna un hombre muy hábil, pero es, en el fondo, una cabeza simple, simplista, sin profundidad. Quiere impresionar con citas memorizadas como si hubiera leído mucho. La verdad es que cita muy selectivamente, como a Bolívar, del que se siente mejor intérprete que la Sociedad Bolivariana o Pedro Grases. Es más, se cree la encarnación de Bolívar. Pero la verdad es que la pretendida erudición es, por una parte, en su pretencioso y pedante despliegue, en gran medida anacrónica, y por la otra, muchas veces sin real pertinencia a lo que se le pregunta o dice.
2. Alfaro Ucero – Chávez Frías:
Mil veces votaría por Alfaro antes que por Chávez. El carácter aluvional, chiriposo, oportunista y militarizado del apoyo a Chávez es mucho menos preferible que la organizada Acción Democrática, por más que ésta sea todavía una organización montada sobre viejos paradigmas políticos. En todo caso, los “paradigmas” de Chávez son aún más ancianos. El chavismo es tal cual como el paludismo, que habíamos dejado atrás como un mal pasado y ahora resurge con el deterioro acumulado. No quiero a Venezuela enferma de paluguismo.
No hay comparación posible entre la ligera y abusiva irresponsabilidad de Chávez y la seria responsabilidad de Alfaro, que dio apoyo a la transición y la seriedad de Caldera. Claro que una cierta cercanía ideológica se lo facilitaba: posiciones parecidas ante inventos tales como la venta de PDVSA y la caja de conversión, posiciones parecidas ante un dogmatismo neoliberal que ahora comienza a ser criticado universalmente. Hasta la revista Newsweek, pues, en su edición del Día de la Raza.
3. Chávez Frías – Sáez Conde:
Bueno. Votaría de nuevo contra Chávez por Sáez Conde. Gracias a Dios que muy probablemente no tendré que hacerlo. Pero hasta por Sáez votaría si la única otra posibilidad fuese Chávez. Probablemente lo haría con la tarjeta de Urbaneja, para no hacerlo por el nepótico “movimiento” IRENE o la verde tarjeta que ahora quiere desconocer Enrique Mendoza. (A mi casa llegaron cartas de este candidato a Gobernador del Estado Miranda en la que no había ni una sola mención de COPEI—ni siquiera cuando solicita en la comunicación el voto de apoyo para la Asamblea Legislativa—y un ribete azul más pálido que el de los impresos de Sáez, no el verde copeyano, bordea y enmarca la carta semipersonalizada). Prefiero la insulsez cariñosa de Sáez a la pendenciera superficialidad de Chávez.
4. Fermín – Chávez Frías:
Acá juro que no sabría. Creo que este caso sería el único en el que votaría nulo. Está claro que Fermín puede exhibir una mejor preparación de estadista que la que ni a duras penas podría pretender Chávez. No sé, sin embargo. Hay algo muy postizo en Fermín, hay nexos próximos muy indeseables, hay, con mayor urbanidad, naturalmente, la misma echonería de Chávez.
5. Chávez Frías – Rodríguez:
De nuevo, contra Chávez por Rodríguez. Ya no quiero decir nada malo adicional sobre Chávez, de modo que sobre Rodríguez diré esto: a pesar de que continúo convencido de que es lo mejor que Pérez desaparezca de una vez por todas de la escena política nacional, creo en la sinceridad de aquél cuando se distingue ideológica y programáticamente de Pérez. Creo en la honestidad intelectual de Rodríguez. Además ha presentado un programa bastante bueno, con el que yo pudiera llegar a estar, tal vez, de acuerdo.
6. Chávez Frías – Muñoz León:
Bueno, fíjense. Aquí sí he llegado a una pareja absurda, y como es absurda votaría absurdamente ¡por Chávez! Entre un golpismo subdesarrollado como el de Chávez, y un golpismo gorilista de Muñoz, el que según un ex Presidente de la República no llegó a expresarse en la práctica no porque no quiso sino porque no pudo, me quedo con el primero. Por lo menos tendríamos un populista folklórico y no un señor que dijo que él quería mandar porque había estudiado “para poner orden”. Digo no al pinochetismo, así pudiera ser menos terrible porque sea de tercera categoría.
7. Chávez Frías – Quintana:
Este otro caso—y tal vez también el de la imposible pareja de Chávez Frías y Peña Esclusa—sería otro espantoso escenario en el que votaría por Chávez. Prefiero el patriotismo pueril y trasnochado de Chávez a la servil adulación proyanqui de Quintana. Éste se complació en hacernos saber, en inexplicada reseña y foto en colores de algún periódico nacional, que él había saludado a William Clinton como el “representante de la república imperial”. (Seguramente lo pensó en mayúsculas). Perdone, Mr. Maisto, pero no cambiaría mis siete menesterosas estrellas por la tentadora estrella cincuenta y uno de la bandera que Ud. tan dignamente sirve.
8. Alfaro Ucero – Salas Römer:
Me sorprendí a mi mismo sintiendo serenamente que votaría por Alfaro y no por Salas. Votaría por éste, creo yo, en cualquiera otra polarización. Es decir, prefiero a Salas antes que a Rodríguez, a Sáez, a Fermín, a Chávez como ya dije. Pero si tengo que escoger entre un proyecto con claros visos nepóticos, convergentoide, como el de Salas, y la posibilidad de un gobierno adeco, escojo esto último. No veo un claro dibujo de organización política en Salas. Veo a Frijolito, veo a su hijo, veo el mismo encierro en el que se convirtió Convergencia, pero no veo claro ese futuro organizativo. En cambio creo que, a pesar de todas las cosas, la historia de Acción Democrática sigue siendo significativa y en balance positiva, como lo es la de COPEI, sólo que AD tiene más probabilidades de someterse a vientos de cambio y modernización, en un ambiente bastante más democrático que el que impera en el Proyecto Venezuela como extensión del Proyecto Carabobo. Prefiero el modo adeco al de römerolandia.
Esto fue lo mejor que pude hacer con el ejercicio. Para ser totalmente honesto, debo añadir que preferiría que fuese presidente un señor equis que ni siquiera es candidato, porque creo que puede haber un mejor presidente que Alfaro Ucero. Para justificar esto tendría que exponer un programa que conviniese más a la Nación en este crucial momento de su historia, y eso llevaría, por lo menos, un artículo más.
No sé si alguna encuestadora propone un ejercicio similar a los Electores que consulta. Pero tal vez este periódico en el que amablemente reciben mis artículos, desee promover una correspondencia que solicite a los Electores su opinión acerca de las polarizaciones mencionadas y también otras que son posibles.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Nov 3, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En una de las primeras salidas al cine del suscrito con quien hoy es su esposa, en la noche del 19 de julio de 1976 y época de incipiente cortejo, el pretendiente propuso tomar un café en Sabana Grande con el avieso fin de estirar la compañía de quien lo ha tenido, desde entonces, integralmente enamorado.
Sentados en una de las mesas del Gran Café, fuimos al poco rato requeridos por un hombre de vestimentas claras y viejas, que ofrecía vendernos un libro que su mano derecha puso ante nuestros ojos. El libro, posiblemente de unas doscientas páginas, llevaba por título La ciencia en la Unión Soviética, lo que no era, hay que decir, un incentivo para adquirirlo.
El encuentro con el vendedor ambulante ha debido durar no más de veinte segundos y, previsiblemente, concluyó con nuestra negativa a comprar lo ofrecido. Sin embargo, el porte serísimo y no poco altivo del oferente, y su obvio estado de necesidad taladraron mi ánimo al punto de que, luego de dejar a la dama en su casa, su gratísimo recuerdo y su perfume residual en mi automóvil entraron en competencia con la insistente imagen, silenciosa y triste, del vendedor.
Necesité de una verdadera catarsis para dejar de pensar en él. A pesar de que una novia previa, ducha en cosas de la literatura, me había asegurado años antes que yo no servía para escribir cuentos, no me fui a dormir hasta que hubiera concluido un relato que hallara razones para la particular conducta de tan severo promotor del comunismo científico. Una vaga culpabilidad por no haberle comprado el libro me asediaba, así como una incierta admiración por lo que supuse eran su dedicación y su compromiso con la causa revolucionaria a la que presuntamente adhería.
Creo haber construido una motivación plausible, si no literariamente meritoria. He conocido fanáticos con la misma mirada alucinada, a la vez peligrosos y conmovedores militantes, imbuidos de imperativo moral, serios y dedicados a su fe. Quise creer que no se trataba de un vendedor casual o descuidado, que hubiera conseguido por azar el libro que vendía—no cargaba sino ése—, desentendido de su servicio, sino de alguien que estaba persuadido, como evangélico mercader de biblias, de la trascendencia de su misión, sostenida su existencia en ese significado. Quise rendir culposo homenaje a su extraña pero bella forma de humanidad.
Quise también, por supuesto, impresionar a la hermosa joven a la que pretendía, al dedicarle la narración. Pero si algún efecto le causó fue para corroborar una conjetura que ya por ese tiempo había formulado: que el autor estaba algo tocado de la cabeza. El cuento ha debido hacer lo suyo para posponer nuestro matrimonio, que tardó casi tres años más en celebrarse.
La Ficha Semanal #266 de doctorpolítico reproduce el cuento de esa noche, para el que había elegido el título de Camarada Carmona. No podía saber que ese apellido llegaría a tener alguna significación política en Venezuela veintiséis años después. Eso es, por tanto, pura coincidencia.
LEA
…
Camarada Carmona
Ya la lluvia se había hecho enumerable. Pronto vendría el chaparrón de gente a distribuirse aleatoria entre las sillas.
Casi todos pedirían café, casi todos necesitándolo para prolongar una compañía que se deshace cuando ya no se puede encontrar en la ciudad un pretexto digestivo.
La lluvia, casi siempre, respetaba los horarios de los cafés de las aceras, limitando su discurso a la duración de los cines con un control aprendido en su larga práctica de orador urbano. Hoy se había excedido.
Pronto llegarían los clientes de Carmona. Sus clientes naturales, sabedores de su papel, conocedores de su total dedicación a la causa.
Carmona jamás les había dirigido la palabra. Sólo un mesonero o dos conocían su nombre. Pero a pesar de eso él sabía que podía contar con sus clientes. (Más que clientes, sus camaradas). Los que algún día tomarían el poder y habían comenzado por tomar los cafés de su avenida.
Todos los elegidos, seguramente, visitaban esos toldos para plantear los justos combates del día siguiente, o para descansar de las duras escaramuzas de las que regresaban victoriosos. Esos bebedores de café eran el ejército del pueblo, el ejército de Carmona.
Ninguno de ellos daba muestras de reconocerlo, porque así debe ser antes de la terminación de la guerra, porque el luchador socialista debe ser serio y guardarse de caer en fáciles manifestaciones sentimentales. Así eran sus clientes y camaradas.
Carmona llevaba en la mano lo que había venido a vender. Su ejemplar de La ciencia en la Unión Soviética, con carátula inesperadamente limpia después de tantos meses de posesión y de oferta. La reverencia del revolucionario preserva sus símbolos sin mancha.
Carmona había sido uno de los quinientos afortunados a quienes se les había regalado el libro en la Exposición Industrial Socialista de octubre del año pasado. Uno de los quinientos que llegaron primero, de los que escucharon el discurso del embajador ruso y se distrajeron adrede cuando sonaba el del vicecanciller venezolano. De esos quinientos solamente él había entendido. Su misión sería vital aun dentro de tantas tareas importantes, porque la suya construía mientras los zapadores del viejo orden demolían.
En ningún momento había abierto el libro. Le bastaba su título para comprender todo. Como comprendía el trabajo de esos que ya comenzaban a sentarse y a mostrar las suelas oscurecidas por el agua.
Durante las primeras semanas había aprendido mucho. Naturalmente, nunca preguntó. Lentamente, fue acumulando pequeñas evidencias. Posturas, gestos, tonos de voz, miradas, ademanes. No terminó el dibujo de la estructura de autoridad del ejército del pueblo, al percatarse de que uno más que penetrase en el secreto era un riesgo más para la causa. Era suficiente con distinguir los que eran de los que no eran.
No siempre había sido capaz de discriminar. Una noche ya lejana se había equivocado cuando le ofreció La ciencia en la Unión Soviética a uno, el único, que había estado dispuesto a comprar. Y él había estado a punto de vender, pues llegó a pronunciar el precio, el que sólo por coincidencia igualaba el precio de una semana en la pensión. Le detuvo la sonrisa del falso cliente cuando sacaba la billetera; sonrisa que hubiera podido ser de burla o de lástima. Así no sonríe un camarada a un camarada.
Tuvo entonces más cuidado. Los enemigos no debieran conocer cómo sería la nueva ciencia en el país socialista. Ese poder creador se reservaría a los auténticos de sonrisa justa.
Carmona vio que esta noche era especial. Hasta la lluvia ayudaría a que nada más vinieran los auténticos de sonrisa exacta, los que venían porque tenían que venir. Hoy vendería el libro.
Cada solitario, o cada pareja o cada grupo que llegaba ahora tenía una de las marcas propias del ejército: ninguno lo miraba. Era preciso disimular que lo conocían. Justamente una de las cosas que hacían los que no eran era mirarle. Pero esta noche nadie lo miraba. Buen síntoma.
Tendría que estar menos atento, porque hoy no vendrían los que hubieran querido comerciar La ciencia en la Unión Soviética para aprovecharse de sus tesoros al tiempo que la rebajaran a la calidad de mercancía. La oferta, la eventual compra hecha por un camarada no eran más que modos de camuflar la transferencia del mensaje que se le había confiado. ¿Cómo podía venderlo a alguien que de verdad pensara que compraba?
Ocho mesas ya estaban colmadas, la acera prometiendo otras tantas. Carmona se esforzaba por no delatar su satisfacción al reconocer, en la aparente casualidad de las ubicaciones, las horas de meticulosa preparación y, en el recuerdo de las últimas noches, los ensayos de la operación que hoy se montaría. Hoy vendería el libro.
Ahora se le aclaraba la renuencia de las largas noches precedentes. La venta tenía que efectuarse sin que los adversarios supieran. Por eso se había elegido una noche lluviosa. Había para él en esto una lección de paciencia revolucionaria.
Pero entonces no era cierto que tendría que estar menos atento. Al contrario, debiera asegurarse doblemente de que ningún infiltrado presenciara el trueque proyectado. Conoció el miedo de los comandos cuando aguzaba todas las habilidades aprendidas en el sabio adiestramiento al que el ejército del pueblo lo había sometido, desde aquella trascendental visita suya a la Exposición Industrial Socialista del año pasado.
Creyó haber hecho la verificación en un tiempo aceptable. Moros ausentes de la costa. Aquel grupo de europeos le era conocido. Los asesores, por supuesto. En la mesa de al lado la pareja de estudiantes, en la otra el diputado y su mujer, en la otra aquél en cuyos ojos hubo furia la noche cuando casi vendió el libro, en la de enfrente el obvio jefe de engañosa ropa cara y mujeres inteligentes.
Todo lo hizo con prudencia. Cierto es que los mesoneros no eran enemigos, más bien de aquellos que serían liberados, pero aun así no era cuestión de permitirles darse cuenta de algo que no entenderían del todo, tomando en cuenta lo que a él le había costado entender. Con la misma calma comenzó por fin a acercarse a las mesas. Para la primera esperó, con sabiduría de buen vendedor, que los ocupantes terminaran de hacer su pedido. Levantó la vista uno. Se tomó tiempo para leer el título que Carmona blandía elevado pero muy poco para decir no, gracias. Evidentemente, hablaba por todo el grupo y Carmona, inmutable, giró hacia los camaradas contiguos.
Segundos más largos o más numerosos. Parecía que este camarada estaba al borde del saludo y Carmona tuvo que amonestarlo con una fugaz mirada severa. No, gracias. No podía ser ese joven el comprador comisionado, si era tan inexperto como para lanzarle afecto imprudente. Casi decidió mencionar el incidente a quien le comprara el libro, recordando después sus propias inexactitudes en la época de recluta. Quizás no era lo indicado, pero volvió a mirar al principiante, y esta vez sus ojos querían infundirle ánimo y decirle con la mirada que él había pasado por lo mismo varias veces y que ahora era un veterano como algún día, joven, podrá usted serlo si tiene constancia y coraje. Le dije que no, gracias.
Ya había tardado demasiado en esa mesa, inmadura para recibir la ciencia. La ciencia en la Unión Soviética levantó nuevamente para la pareja del diputado y su mujer, aunque astutamente previó que éste tampoco sería el contacto. Demasiado conocido. No, gracias. ¡Qué amables suenan las gracias en labios de camaradas! Gracias, gracias, el ejército le da las gracias. Este otro, tal vez; no lo había visto antes. ¿No se acuerda que usted ya me lo ofreció la semana pasada? ¡Qué manera tan llena de tacto para decirme que está pendiente de mí! Aquí no son necesarias las gracias.
Como al lado fue innecesario el no y tan sólo le dijeron gracias.
En la siguiente había pasado antes el vendedor de perfumes y ya le habían comprado y él no se acercaría, porque los revolucionarios nunca tienen mucho dinero y si éste había comprado perfume era porque tampoco él era el señalado.
¿Creíste que sería tan rápido, Carmona? La ocasión era solemne. Los camaradas siempre son solemnes con la ciencia. Muy protocolares. Hay que recorrer todo el ritual, aunque los mesoneros, pobres inconscientes, ya comiencen a recoger las primeras mesas y las últimas propinas.
Erguido Carmona, bizarro Carmona, importante Carmona. En su honor desfilaron los camaradas cuando se iban.
Erguido, Carmona caminaba hacia la pensión donde debía el precio de La ciencia en la Unión Soviética, contento Carmona de no haber vendido porque entonces mañana por la noche no habría tenido misión para cumplir ni sueño prolongado.
luis enrique ALCALÁ
______________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Oct 27, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El diario El Nacional presentará mañana, con palabras de Miguel Henrique Otero y Luis Ugalde S. J., el primer volumen de una obra escrita por el sociólogo José Antonio Gil Yepes: La Centro Democracia.
El título mismo ya es un acierto de síntesis, pues prácticamente lo dice todo. Intuitivamente, quien escuche el término “centro-democracia” sabrá que alude a una ubicación política que sostiene la democracia y evita los extremos contrapuestos de un liberalismo y un socialismo entendidos como antagónicos.
A quien escribe le cupo en suerte escuchar ayer, de boca del propio Gil Yepes, una presentación esquemática de las tesis del libro, las que están soportadas por el prolongado estudio de la opinión venezolana que ha hecho Datanálisis, la prestigiosa encuestadora que él preside. La Ficha Semanal #265 de doctorpolítico recoge los comentarios que hizo el suscrito al término de la inteligente y provocadora disertación de Gil Yepes.
Anteayer, un artículo de Luis Vicente León en El Universal reproducía palabras de Gil Yepes, las que contienen datos esperanzadores:
La buena noticia es que la cultura política del venezolano no se presta para otra cosa que no incluya las libertades, el pluralismo y la tolerancia. Sobre esto último más bien se observa que la proporción de ciudadanos que proponen que debe privar la cooperación entre los sectores ha aumentado del 54 al 93% a partir de la radicalización del proceso llamado “profundización de la revolución”. Las mayorías, más bien, han rechazado la conflictividad y se manifiestan a favor de “sólo cooperación”. Dentro de esta misma vena, sigue incólume el apoyo a la propiedad privada, a la libertad de expresión, a la necesidad de los partidos políticos, entre otros rasgos de la cultura política heredada de regímenes anteriores. Más importante aún, es que siguen siendo mayoría los ni-ni, los no autodefinidos políticamente y lo que sí los define a ellos es el rechazo a la polarización. Ese 54% de ni-ni que existe hoy día es un excelente mercado potencial para promover democracia, tolerancia, pluralismo, concertación de acuerdos y, en suma, la Centro Democracia. De allí la necesidad de más y mejor democracia. Lo que hoy queremos bautizar como Centro Democracia.
“Más y mejor democracia” era, justamente, el título de un libro del antiguo Grupo Roraima, publicado en 1987 y alimentado principalmente por Gil Yepes y Marcel Granier.
Aquí cabe recordar las líneas finales de la Ficha Semanal #108 (29 de agosto de 2006): “…José Antonio Gil Yepes, egresado en 1967 de la Universidad Central de Venezuela y Ph. D. de Northwestern University en 1971. Esta escueta mención de algunos entre sus logros académicos es injusta presentación de su importancia como pensador del proceso político venezolano”.
LEA
………
La centro-democracia
Dicen que Jaime Balmes era tan intelectualmente capaz, que cuando llegaba a sus manos un nuevo libro se sentaba a la mesa con él y miraba fijamente su portada. Luego, lo apartaba a un lado y cavilaba un rato sobre lo que pudiera decirse bajo el título de la obra. Sólo entonces abría el libro y comenzaba a leer. Si después de un tiempo más bien breve, el texto no transitaba por donde había pensado, entonces lo desechaba por entero.
No voy a intentar el ejercicio de Balmes con La Centro Democracia, el nuevo libro de José Antonio Gil; principalmente porque no soy tan capaz como Balmes lo fuera, pero también porque mañana podré ponerme en un ejemplar, pues pretendo asistir a su presentación en El Nacional. No voy a pelar ese boche.
Pero si no hice el ejercicio de Balmes no pude menos que recordar cosas dichas por el propio José Antonio desde hace ya un buen rato. Por ejemplo, la Carta Semanal #55 de doctorpolítico, del 25 de septiembre de 2003, hace ya seis años, registraba lo siguiente:
El periodista Roberto Giusti acaba de escribir un clarísimo y pertinente análisis para El Universal, en el que insiste sobre temas adelantados en la presente publicación. Su tema es el de las desventuras y traspiés de la oposición formal en Venezuela. Después de una compacta y exacta caracterización del régimen chavista Giusti concluye: “Nunca antes un gobierno había fracasado tan estruendosamente y nunca antes una oposición fue tan inepta a la hora de meterse en el corazón de la gente y de identificarse con sus penurias”. Y luego de exponer esta carencia fundamental, señala la siguiente verdad estratégica: “A todas luces se nota el imperativo de un liderazgo único, firme y con la autoridad para desarrollar una sola política, una sola estrategia y un solo discurso, lo cual no significa un solo líder”. En intuición que apunta en dirección aun más penetrante, José Antonio Gil formula: “carecemos de un paradigma basado en el justo medio”.
O, también, en mi Carta Semanal #72, del 5 de febrero de 2004, ponía:
Las últimas décadas del siglo XX, en gran medida por usanza norteamericana, dieron en llamarse post modernismo. No teniendo conciencia clara de lo que eran, tampoco encontraron un nombre propio, un sustantivo que les describiera con propiedad. Por esto lo adjetivo, por esto lo adverbial. Nosotros somos lo que viene después del modernismo, y no tenemos nombre todavía.
Así hubo en Venezuela un lema de campaña que proponía una “democracia nueva”, o un “paquete alternativo” que se llamó “una economía con rostro humano”. Pretendían llegar a la sustantividad con la adición de adjetivos. Casi pudieran haber dicho, en vez de una nueva democracia, una post democracia, para seguir la antedicha moda intelectual norteamericana.
Así hubo una estrategia de un partido en Venezuela expresada en estos términos: oposición al gobierno de Caldera, deslinde de Acción Democrática, continuar la exploración de alianzas con el MAS, la Causa R y otros partidos. Textual. No hay, en esta estrategia alienada, fuera de sí, una sola referencia a la esencia propia. Todo se entiende en oposiciones o alianzas respecto de terceros.
O no hay ya esencia, entonces, o se carece del modo de nombrarla. Tal vez esto sea síntoma de tiempos nuevos, de cosas demasiado incipientes, de cosas que comenzamos a hacer sin saber cómo se llaman. García Márquez habló de mundos que eran tan recientes que las cosas aún no tenían nombre, y para referirse a ellas había que señalarlas con el dedo.
………
Laureano Márquez y Elías Santana, por nombrar sólo dos recientes casos, emiten vistosas pero superficiales y fáciles invectivas contra una buena cantidad de ciudadanos, a quienes una igualmente superficial nomenclatura intenta designar con el negativo apelativo de «ni-ni». Lo hacen, además, con autosuficiencia moral. Regañan.
José Antonio Gil, en cambio, anticipa o echa en falta un promedio entre extremos. William Ury viene a hablarnos de un «tercer lado». ¿De quién hablamos? ¿Es que no hay modo de hablar de esa gente de modo sustantivo?
Pero también hemos tenido la delación de Luis Vicente León en El Universal del domingo pasado, quien después de asentar que “Siguen siendo mayoría los ni-ni”, adelantó palabras del propio José Antonio para decir:
La Centro Democracia es un enfoque político que busca el equilibrio entre los principios de la derecha y la izquierda.
Contrariamente a las tradicionales descalificaciones entre ellas, la C. D. considera que ambas ideologías aportan principios que son valiosos y necesarios para el funcionamiento adecuado de la sociedad: la Centro Democracia no descalifica a nadie. Lo único que rechaza es no ser pluralista, no ser tolerante de las diferencias, no ser democrático. Rechaza el autoritarismo, el totalitarismo, el pluralismo a medias, y la pseudodemocracia que manipula las leyes en ventaja del poderoso, sea de izquierda, como ocurre en Venezuela, sea de derecha, como ocurrió en el Perú de Fujimori.
El aporte que hace la derecha se puede resumir en el énfasis que pone en la libertad.
El aporte que hace la izquierda se puede resumir en el énfasis que pone en la igualdad.
No es cierto que tales principios sean dilemáticos. Por el contrario, son una díada. Ambos principios son necesarios para lograr la justicia, la paz, el bien común, así como también la prosperidad y la seguridad individual.
Finalmente, el mero título del nuevo libro de José Antonio me hizo recordar un incidente de fines de octubre de 1963, cuando Raúl Leoni, Rafael Caldera y Arturo Úslar Pietri competían por la Presidencia de la República en campaña que culminaría en las elecciones del 1º de diciembre de ese año. En ese entonces, hace la friolera de cuarenta y seis años, José Antonio y yo compartíamos pupitres del primer año de Sociología en la Universidad Católica Andrés Bello, y recibíamos clases de Filosofía Social que impartía José Rafael Revenga, aquí presente.
Bueno, nuestra querida compañera, Clementina Lepervanche, observaba a prudente distancia una conversación entre quien les habla y un simpatizante copeyano, a quien hice observaciones críticas de la campaña de Caldera. Clementina, que estaba con la campaña uslarista de la campana, razonó que el enemigo de su enemigo era su amigo, y que si yo criticaba a Caldera entonces era un mango bajito que ella recogería a favor de Úslar. Al concluir mi diálogo con el compañero copeyano, se me vino encima y me propuso que me sumara a la causa uslarista. Entonces hice también observaciones críticas a la campaña de la campana y Clementina quedó totalmente desconcertada, al no poder ubicarme en el universo. Sospechó que yo pudiera estar con Leoni o, peor aún, ser un comunista infiltrado en casa de jesuitas. Así que quiso preguntarme cuál era mi ubicación política. Alguna musa desocupada me inspiró a decir: “Clementina, lo que yo soy es un extremista del centro”. Es ésa la anécdota que predijo la simpatía que guardo hacia el libro de José Antonio antes de haberlo leído.
………
La tesis de José Antonio Gil tiene ilustres antecesores. Nadie menos que Octavio Paz dijo: “Debemos buscar la reconciliación de las dos grandes tradiciones políticas de la modernidad, el liberalismo y el socialismo. Es el tema de nuestro tiempo”. (Citado por Enrique Krauze en El poder y el delirio).
Más recientemente, Bernard-Henri Lévy, el líder de la Nouvelle Philosophie de los años setenta, escribió Left in Dark Times: A Stand Against the New Barbarism (2008), que es el discurso de un izquierdista contra distorsiones como las de Chávez, motivado por su renuencia a apoyar políticamente a su amigo, Nicolás Sarkozy. En una entrevista que le hizo La Nación de Argentina al salir su libro, Lévy diagnosticó: “La izquierda está enferma de derechismo”. En otra posterior al mismo periódico, y criticando el repudio automático del liberalismo por parte de ciertos izquierdistas, dijo: “El verdadero liberalismo nunca defendió la ley de la jungla o el mercado desregulado. Por el contrario, el liberalismo exige reglas, pactos, obligaciones que enmarcan la relación de las fuerzas económicas. El liberalismo no es el mercado, es el contrato”.
Todavía recibió una pregunta que nos atañe más de cerca: “¿Usted no cree que Chávez sea de izquierda?” Lévy contestó así: “Naturalmente que no. ¿Cómo puede ser de izquierda un hombre que ejerce un poder personal, que sueña con que ese poder sea vitalicio, que amordaza a los medios de comunicación de su país, que está sentado sobre una montaña de oro que su población no aprovecha y que es el aliado de Ahmadinejad en la guerra planetaria que libran los demócratas y los antidemócratas? Hay actualmente una izquierda que piensa que Chávez es de la familia, el niño turbulento de la familia. Yo no. Yo soy de izquierda y creo que Chávez es mi adversario”.
………
Para el problema escogido por José Antonio promuevo una cierta solución: no intentar la fusión de liberalismo y socialismo, sino dejar a ambos atrás, superándolos desde un plano de discurso político que prescinde de ideologías y resiste a ser entendido con ubicación precisa en el eje izquierda-derecha. Este eje es, junto con la noción de Realpolitik, la política de poder, componente fundamental del paradigma político que ha hecho crisis, la que explica la insuficiencia política notada en Venezuela desde mediados de la década de los ochenta.
La dirección descrita es lo verdaderamente moderno, al menos en comprensión de Tony Blair al describir, precisamente, la política de Nicolás Sarkozy: “[Sarkozy] se yergue en el moderno molde post-ideológico”. Recién electo, Barack Obama dijo que su gobierno no podía estar “impulsado ideológicamente”. Un intérprete de la elección que lo convirtió en Presidente de los Estados Unidos, Roger Simon, escribió el 5 de noviembre de 2008: “La victoria de Obama no señala un desplazamiento ideológico en este país. Significa que el público americano se ha hartado de las ideologías”.
Así, pues, no creo que la tarea estipulada por Octavio Paz pueda ser acometida como síntesis ideológica que nos traiga una ideología nueva y promediada. Por ejemplo, regresemos a la siguiente caracterización de José Antonio, tal como es entendida por Luis Vicente León: “El aporte que hace la izquierda se puede resumir en el énfasis que pone en la igualdad”. Pues, por una parte, también el liberalismo procede de raíz igualitaria; si el socialismo marxista propugna la igualdad final de la sociedad sin clases, el liberalismo se conformó con la tesis de la igualdad originaria de los buenos hombres que luego fueron dañados por la vida en sociedad.
Pero, más importante aún, porque la igualdad de los hombres es una utopía. Nunca seremos iguales, y esto es un dato que se obtiene de una desapasionada observación científica (que es lo que debe presidir una política responsable), y no de los deseos ideológicos. A lo mejor que puede aspirarse en materia de distribución de renta, por caso, es a una normalización de ella: a una situación en la que haya, como en toda sociedad independientemente de su régimen político, muy pocos muy ricos, pero también muy pocos muy pobres (que serán inevitables), y en cambio haya una muy mayoritaria clase media, toda en un nivel adecuado y suficiente de renta.
La sustitución del paradigma político ideológico no puede ser una combinación sintética de ideologías. No es una nueva ideología lo que necesitamos, sino dejar atrás toda ideología.
luis enrique ALCALÁ
_______________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Oct 20, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Esta Ficha Semanal #264 de doctorpolítico es debida a la gentileza del Ing. Aurelio Useche, que prestó a quien escribe un estimulante libro de Jorge Olavarría: La revolución olvidada. (Fundación Olavarría, 2008). Con el préstamo vino una instrucción específica: buscar la glosa que hace Olavarría, junto con numerosos fragmentos del mismo, del discurso del Dr. Ángel Biaggini, abogado y ministro, con ocasión de presentar al país lo que habría sido su programa de gobierno el 1º de octubre de 1945. La ficha se construye con casi todos los trozos del discurso reproducidos por Olavarría; a pesar de haber prescindido de cuatro que abundan sobre el tema agrario—tema predilecto de Biaggini, quien era entonces Ministro de Agricultura y Cría y el diseñador de la reforma agraria del gobierno de Medina Angarita—esta entrega es atípicamente larga. De todas formas, el discurso merece un espacio que no puede negársele sin atentar contra la comprensión de la visión integral que tenía entonces el frustrado candidato.
Diecisiete días después de la lectura del discurso en el Teatro Municipal, se desataba un golpe de Estado contra el presidente Medina, en trágica decisión que alteró un cauce de indudable progreso material y político de nuestro país. Como es sabido, el partido Acción Democrática, aliado con militares de las nuevas promociones, insurgió contra Medina para dar lugar a lo que nuestra historiografía política conoce como el Trienio Adeco. Los mismos militares le darían fin en 1948.
La evaluación histórica de aquel hecho es cuestión que divide las opiniones, pero Olavarría hace una consideración muy pertinente acerca del programa de Biaggini, candidato de emergencia al manifestarse la insania de Diógenes Escalante, a quien Acción Democrática había acordado apoyar: “Leído cincuenta años después, este documento se revela, a quien lo lea con ánimo desprejuiciado, como un notable proyecto de gobierno: progresista, serio, realista, posible, bien razonado y fundamentado, con una innegable estructura de ideas y propósitos auténticamente democráticos, lo cual lleva a pensar que, de haberse puesto en práctica en sus aspectos esenciales, habría significado para Venezuela un notable avance económico, político y social”.
Los cuatro fragmentos finales expuestos por Olavarría indican, por una parte, el conocimiento que Biaggini tenía de la objeción principal a su apresurada candidatura, a la par que su inocencia respecto de la conspiración que estaba en marcha mientras hablaba. El Dr. Biaggini, que tenía entonces veinte años de carrera política—desde que presidiera la Asamblea Legislativa del estado Táchira en 1925—se retiró de la vida pública a raíz del golpe que le impidió presidir nuestro Poder Ejecutivo. Murió en San Cristóbal en 1975.
LEA
………
Programa de Ángel
[S]i en otra época de la vida venezolana, el ejercicio se consideró arbitraria regalía, las nuevas generaciones han insurgido contra aquella concepción y gobernar significa hoy ante todo servir; salir al encuentro de las necesidades del pueblo y usar sin vacilaciones los recursos todos del Estado para satisfacerlas en la mayor medida posible. El gobernante de hoy no puede ser orgulloso dispensador de bienes y de males porque la democracia reclama que sea el intérprete diligente de los anhelos colectivos. El pueblo está en la obligación de velar para que la labor del mandatario se discipline en tarea de rendimiento, no extralimite sus funciones y las someta siempre al canon regulador de la ley. De una democracia efectiva, el gobernante acata no sólo el ordenamiento legal positivo que define sus atribuciones y fija el límite de su mandato, sino también ese criterio imponderable que se llama la opinión pública.
………
No concibo al gobierno como cenáculo estrecho y cerrado, sino como foro amplio y abierto a toda idea alta y a toda insinuación útil; y ya que mi partido no representa en la vida nacional un bloque exclusivista, en mi administración han de tener cabida holgada los hombres honestos y capaces, cualesquiera que sean sus compromisos políticos, a condición de estar identificados con los principios democráticos y asistidos de una voluntad inquebrantable de trabajar por el bien de la República.
………
Juzgo que la buena política debe de ser amplitud nacional y de franca convivencia: el partido que personifica el gobierno, atento a que éste cumpla su programa; los de oposición, actuando de reguladores mediante una crítica incitante; pero tanto el uno como los otros, desposeídos de las estériles pasiones personalistas, animados sólo de una gran pasión: el amor a la Patria. Por eso, yo gobernaría con firmeza, pero sin rencor ni desconfianza; con permeabilidad mental suficiente para acoger lo viable y provechoso que señale la opinión, pero desdeñando sí, la voz confusa de la demagogia.
………
El gobierno del presidente Medina se ha desenvuelto en un ambiente de completas libertades públicas: durante su administración los venezolanos han hablado y escrito sin trabas ni temores, y aún excedida en muchos casos esta garantía individual, tan ecuánime magistrado ha sabido ser tolerante. Pues bien, yo he de seguir tal línea de conducta porque conceptúo que es más útil y fecundo extremar la tolerancia que contener el vuelo de las ideas, dado que la libre expresión del pensamiento, bajo cualquiera de sus formas, constituye sólido baluarte de la democracia.
………
En la vida actual de Venezuela se ha puesto en evidencia una gran verdad: la de que somos ya un pueblo apto para afianzar y practicar con mayor amplitud el sistema democrático. De allí que me afirme en la creencia de que ha llegado la hora de satisfacer la principal aspiración de los venezolanos: la intervención directa del pueblo en la elección de su Primer Magistrado. Por eso declaro, en forma solemne, que traicionaría a mi partido y al país si, en caso de ser llamado a regir los destinos de la nación, no interpretase aquel anhelo como un mandato expreso de propiciar cálidamente una reforma constitucional que establezca la elección de Presidente de la República por medio del voto directo y secreto.
………
La elección directa de los diputados, medida harto progresista, ha de ser robustecida con el establecimiento de la incompatibilidad entre la función legislativa y otras de carácter público, y también se impone reorganizar la forma de trabajo del Congreso Nacional a fin de que resulte más eficaz la labor de este Alto Cuerpo.
………
El municipio debe ser fortalecido en su aspecto económico, pues su autonomía no será efectiva mientras los ingresos no sean suficientes para atender a las necesidades locales. Este fortalecimiento lo capacitará para cumplir muchas labores de fomento urbano que hoy corren por fuerza de las circunstancias a cargo de los gobiernos nacional y estatales, y hará del municipio la verdadera célula de nuestra democracia.
………
La principal garantía de los ciudadanos en sus bienes y en sus personas estriba en un poder judicial organizado, constituido por magistrados de insospechable honestidad, preparados suficientemente y libres de toda presión oficial y de cualquier indebido halago. De allí que el próximo gobierno deberá completar la reforma de la judicatura con este paso fundamental: el establecimiento de la carrera judicial, basada en el principio de la inamovilidad de los jueces y del ascenso por riguroso escalafón. La intervención del Estado en la vida económica del país hace necesario crear tribunales para lo contencioso administrativo, a fin de dar máximas garantías a los intereses de los particulares frente a las actividades de los organismos de la administración pública.
………
La evolución cívica del país, que ha superado plenamente la época en que las peculiaridades del momento dieron motivo a una larga sucesión de ductores surgidos del Ejército, y que reclama hoy, por su indiscutible avance, igualdad de circunstancias para los civiles; las reformas hasta hoy realizadas y las que esbozo en este discurso, muy en particular la de elección directa del Presidente de la República, no serían posibles, ni se podrían mantener, si al presente no montase guardia, en la vela de nuestra soberanía y del orden interno, una fuerza armada que ya no es instrumento de un jefe ni de una casta, sino institución moderna al servicio de la República y de la Ley.
………
La dirección de los destinos nacionales por un civil, lo que no acontece hace más de medio siglo, pondría aún más de relieve cómo es de absolutamente sincero el sentimiento apolítico del Ejército. La acción del gobierno respecto a los organismos militares tiene que estar inspirada en el reconocimiento y en la gratitud que nacen de esos hechos, y así, la nación es deudora de las fuerzas de tierra, mar y aire, de la permanente atención que ellas requieren para cumplir a cabalidad su gran misión en la vida del país.
………
En la presidencia de la República me sentiría obligado, de manera especial, para con nuestra noble institución armada; me esmeraría en sostener el ritmo en el progreso de las armas, en conservar el constante ascenso de la cultura y moral de los servidores militares, y en procurar a éstos seguridad social y económica, pues comprendo que su elevada actitud de respeto a la Ley y de fuerza al servicio del derecho es inquebrantable soporte para la paz y el orden, y la mejor garantía para el éxito de la profunda transformación social que a paso firme nos conduce al triunfo definitivo de la democracia en Venezuela.
………
…si proyectamos dar seguridad e independencia al empleado público es porque consideramos que nuestro partido no necesita acudir a recursos desacreditados para discutir con sus adversarios, en limpio juego democrático, la posesión legítima del poder.
………
Sin perder la discreta noción acerca de las fuerzas nacionales, pienso que debemos hacer cuanto esté a nuestro alcance para que las cuatro libertades rooseveltianas imperen sin excepción en la vida de todas las naciones y para que las normas de la vida humana asciendan incesantemente en el seno de la comunidad internacional.
………
Esta transformación impone a las nuevas generaciones la ineludible empresa de restaurar el campo, ya que no debemos olvidar que Venezuela, país semicapitalista, hoy fuerte productor de materias primas procedentes del subsuelo, es por tradición nacida de la adaptabilidad de su pueblo al medio físico, un país agrícola y pecuario.
………
[La industria venezolana requiere] la creación de un instituto que estudie las posibilidades industriales del país en sus aspectos más importantes: materia prima, capital y mercado y que, sin pretender absorberlas, inicie la instalación de nuevas empresas y proteja las existentes.
………
Enfocado desde el ángulo que demanda el problema, éste debe ser considerado en sus grandes necesidades: vías de comunicación troncales, de penetración e interestatales; aprovechamiento de sus ríos en el triple aspecto del transporte, riego y fuentes de energía; mejoramiento de los puertos y construcción de aeródromos. Realizar este plan de conjunto simultáneamente con el desarrollo intensivo de determinadas zonas, en orden a su importancia, es la única manera de salvar en cortos años el espacio que nos separa de los grandes pueblos modernos, pujantes y absorbentes por la energía de sus hombres y la extensión de su cultura.
………
Las grandes causas de enfermedad y muerte en Venezuela son flagelos de carácter social, cuyo origen debe buscarse en las malas condiciones de vida, y todo programa de sanidad y asistencia social debe tener en cuenta esta noción fundamental, si se quiere lograr resultados perdurables, y por ello la acción de los despachos ejecutivos tiene que coordinarse en una lucha cerrada por elevar el tipo de vida hasta lograr que sus principales índices; alimentación, vivienda y educación acusen el punto deseado, ya que los tres son factores básicos en la campaña sanitaria. El saneamiento del medio físico es elemento de primer orden en esta campaña, y contribuirá por sí solo a disminuir considerablemente la mortalidad general en el país, pues una cuarta parte de esa mortalidad se debe a la falta de acueductos, cloacas y drenajes. El actual gobierno desarrolla una intensa labor en este sentido, pero el problema es de grandes dimensiones, y requiere de considerables recursos.
………
Un plan de educación vasto y audaz que corresponda a los problemas nacionales y que atienda unitariamente y con igual predilección a todas las fases del proceso educativo, escuela liceo y universidad, integrándolos con invariable sentido de nuestra realidad en la vida y anhelo progresista de los venezolanos constituiría una de mis grandes preocupaciones de Magistrado. El afianzamiento de lo bueno hasta ahora realizado; el continuo adelanto de las formas de progreso en la enseñanza; la revisión de ciertas disposiciones que no han ofrecido los resultados que se esperaban y la realización integral de la reforma universitaria pueden considerarse como la síntesis del más conveniente programa educativo.
………
[La universidad] debe ser una entidad autónoma, una unidad diferenciada, con escuelas cuyas especialidades respondan en general a las necesidades de desarrollo del país, y en particular a las características de determinadas regiones. Debe ser una universidad que a través de las diferentes escuelas se ubique científica y tecnológicamente en zonas de influencia sobre la geografía política del país; una universidad que forme profesionales de la ciencia al servicio de la dirección de la Patria y dé conciencia que eleve y fortalezca el espíritu nacional; una universidad que reciba las influencias exteriores de lo que la República necesite a la vez que ayude a enrumbar en todos los órdenes el proceso de la evolución nacional.
………
[L]o que interesa como razón de gobierno es construir una nación moderna, vigorosa, capaz de redimirse con sus propias fuerzas.
………
[El deporte] da vigor a la raza, genera contagiosa alegría, torna útiles los ratos de ocio, y afirma el sentimiento colectivo y cuanto se haga para difundirlo y protegerlo tiene el apoyo popular y está justificado plenamente, y de allí que tanto la construcción de estadios y demás locales especiales, con la ayuda moral y económica a las actividades deportivas debe figurar en todo plan de trabajo que en verdad consulte la conveniencia de la Nación.
………
Ella [la Ley de Arancel de Aduanas] no ha de seguir siendo un simple medio de proporcionar recursos al erario gravando indebidamente aquellos artículos de primera necesidad que no estamos en capacidad de producir, sino un precioso instrumento para estimular y proteger el desarrollo económico.
………
[S]in perjuicio del respeto que del orden económico debe guardarse a la iniciativa privada y a la igualdad de comercio, el Estado habrá de intervenir cuando se trata de prestar apoyo al constructivo esfuerzo particular y de amparar, a la vez, el derecho de los consumidores.
………
Desde cualquier punto que se contemple el panorama económico de la República, es difícil concebir un rápido y grande incremento de la agricultura, la ganadería, y las industrias fabriles o mineras, sin el concurso del capital extranjero. Por tanto, es evidente que sólo una amplia garantía para este capital, como la que goza el venezolano, es la política que puede acelerar el progreso económico de la Nación.
………
El gobierno debe contemplar con igual devoción el interés de los patronos y del obrero; sus relaciones han de estar presididas por el mutuo deseo de hacer cada vez más firmes las condiciones de trabajo y por el ánimo de solucionar, siempre por vías justas y legales, las posibles diferencias que surjan en la vida industrial de la Nación. Ha de garantizarse la más libre y segura inversión de capitales, al mismo tiempo del más cabal y pleno ejercicio de los derechos obreros, pues sin tal garantía la acción del gobierno no puede ser fecunda porque no podría haber fe ni confianza ni justificación. De una vez quiero sintetizar mi pensamiento en relación con la política obrera: mejores condiciones de trabajo, seguridad social, cultura y una amplia libertad sindical.
………
Las observaciones que he recogido en el medio rural venezolano, el estudio que he realizado acerca de sus complejos y variados problemas con ocasión de mis gestiones administrativas, y el hecho de que la población campesina constituye el 66% de la totalidad del país, me afirman y ratifican en el concepto que sobre la industria agropecuaria, fundamento de la economía nacional, ha de erigirse, de modo estable y consistente, el edificio de nuestro propio bienestar y prosperidad. Por consiguiente, pienso que, sin perjuicio de atender y ampliar todos los servicios públicos, por fuerza, la acción oficial—en máxima proporción—ha de enderezarse a eliminar las causas que retardan e impiden el progreso del campo.
………
Si nuestra escasa producción agropecuaria y la ingente necesidad de incrementarla hasta darle el carácter de industria autóctona más próspera, no fuese motivo suficiente para emprender con sostenido esfuerzo la obra del resurgimiento económico-social del agro venezolano, la protección que en justicia merece nuestro campesino, quien ha sido en la historia del país el elemento sobre el cual han gravitado las mayores penalidades y que con insólita paciencia de la vida rural, justifica por sí sola el planteamiento de una política que quiera estructurar sobre nuevas bases la economía del campo.
………
El cumplimiento de esta importante finalidad constituiría la actividad central de la administración que me tocara presidir, ya que comparto el concepto de quienes hacen descansar el engrandecimiento del país—por todos ambicionado—en la vitalización y mejora efectiva de los diversos factores que integran su medio rural. Muchos y variados aspectos comprende la conveniente realización de esta labor, y, para no extenderme en demasía, eludo detallar ahora los puntos que conducen a su adecuada solución, mas sí quiero esbozar las dos cuestiones esenciales que, a mi juicio,están íntimamente ligadas con el problema económico del campo: consiste la primera en el arraigo del hombre a la tierra; y estriba la segunda en el mejoramiento de las tres fases que integran el proceso de la explotación agropecuaria: producción, transporte y distribución.
………
Es un hecho evidente que no obstante la vasta extensión territorial del país, existe en Venezuela un problema de tierras que ha motivado, en buena parte, el éxodo de la población campesina hacia la ciudad, y las constantes migraciones de grupos de labradores y criadores con el fin de reanudar en otros sitios sus interrumpidas faenas, como consecuencia de la inestabilidad que para ellos ofrece el cultivo del suelo ajeno. Las graves repercusiones económicas que se originan de tan lamentable estado de cosas, han puesto de manifiesto la inaplazable necesidad de procurar el remedio eficaz a ese peligroso mal que, aunado a las otras condiciones desfavorables dentro de las cuales se desenvuelve la vida campesina, influye notablemente en el decaimiento de nuestra agricultura y nuestra cría. Con miras a encontrar la adecuada solución al problema de la carencia de tierras confrontada por muchos de los hombres del campo, fue que el actual gobierno tomó la iniciativa de la Reforma Agraria, cuyo principal objetivo es transformar, en sentido progresista, la fisonomía y las características de la actividad rural integralmente considerada; obra renovadora que persigue la estabilidad del campesino en la tierra, por ser éste el punto que sirve de soporte a la tarea de mejoramiento en los otros órdenes.
………
La política de puertas abiertas a la inmigración, instaurada por el gobierno del presidente Medina, debe ser mantenida para contribuir con ese movimiento espontáneo de hombres de buena voluntad a la solución de nuestro problema demográfico. Sería un error confiar únicamente una tan gran tarea a la inmigración dirigida. La historia de otros países nos enseña que los grandes núcleos pobladores llegaron a sus playas por propia inclinación, contando sólo con su esfuerzo personal para abrirse paso y fundar sus hogares en la patria adoptiva. No significa esto, como es natural, que el Estado ha de ser indiferente ante los inmigrantes. Al contrario, en el caso de Venezuela, y ante iguales intereses de naciones mejor dotadas desde los puntos de vista geográfico o climático, no podemos omitir sacrificio para ofrecer al inmigrante protección y ayuda en el período de adaptación a nuestro medio. Creo que debe darse en materia de inmigración dirigida preferencia al elemento rural, mas para ello se requiere de una labor previa de acondicionamiento del campo que haga en verdad productiva la explotación de la tierra. La aplicación de la Ley Agraria por una parte, y el programa de tierras públicas por la otra, serán magníficos estimulantes para la labor que en tal sentido toca desarrollar. Junto con la inmigración de agricultores, también será necesario intensificar la de artesanos y trabajadores especializados que vengan a crear nuevas fuentes de riqueza y a perfeccionar la mano de obra existente.
………
Es indispensable y hoy inaplazable para Venezuela el aumentar y mejorar su elemento humano, para que alcance el sitio que le corresponde como fuerza moral y económica entre los pueblos de América.
………
Hay una cuestión de ética pública que no puedo eludir en este momento y la voy a exponer con toda franqueza. Me refiero a esa tesis de los miembros menos autorizados de la oposición, tan deprimente para Venezuela y que repugna a nuestro sentimiento patriótico, según la cual toda solución del problema presidencial que no sea la suya, constituye un vulgar afán de perpetuarse en el mando a través de un testaferro. Yo quiero rechazar aquí ante la máxima representación de mi partido y ante Venezuela entera esa injusticia de que se hace objeto con precipitación a la viril dignidad de nuestro pueblo, y esa ofensa que se irroga al presidente Medina Angarita.
………
Como ya lo afirmó con irrebatibles razones uno de nuestros más altos valores intelectuales [Arturo Úslar Pietri] la colectividad venezolana ha demostrado estar hoy capacitada para la vida cívica, tener conciencia de sus derechos y una inquebrantable resolución de no volver atrás. Un pueblo, en estas condiciones, y en el cual además subsisten el valor y el sentido heroico que lo llevaron a la emancipación de un continente, no permite ni ha de permitir jamás que se burlen así sus ideales y se desconozca impunemente sus más caras conquistas.
………
Si el general Medina se ha ganado limpiamente un nombre de gobernante democrático al procurar con una reforma constitucional y una nueva ley de elecciones una real intervención del pueblo en la orientación de su destino, y al buscar con la organización de un partido la eliminación de la preponderancia personal del Jefe del Estado, fuerza es pensar y sostener, y yo lo afirmo sin asomos de equivocare, que no será ese hombre, en quien por la honestidad de sus principios republicanos puede confiar Venezuela entera, quien pretenda violentar nuestra vida constitucional.
Además, y pese a mi natural temperamento pacífico y conciliador, a esta ingénita modestia de mi vida, que algunos—los que no me conocen—estiman como debilidad o falta de carácter, puedo asegurar que me siento con energías suficientes para gobernar con propia autoridad. Si mis copartidarios me llevan a la Primera Magistratura, esas energías, fortalecidas por el apoyo de mi partido, y por el que habré de encontrar en todos los sectores que con sinceridad anhelan el progreso de nuestro país, y los cuales constituyen la gran mayoría, y por el sólido respaldo que han de ofrecer al gobernante legítimamente elegido las instituciones encargadas de ello por la Ley, esas energías estarán enteras al servicio de la Patria.
………
En síntesis, pues, si llego al poder, habrá continuidad en la gestión administrativa del gobierno, porque la del actual se ha caracterizado por su claro propósito de darle progreso y seguridad económica al país; y habrá continuidad en la orientación política, porque este régimen se ha distinguido por el absoluto respeto a las libertades públicas, por su tendencia a que la vida política progrese y se afirme en su sentido popular y porque sus ideas de gobierno no perderán su vigencia al fin de su mandato sino que subsistirán en la plataforma de nuestro partido, pero nadie podrá, con buenas razones, tachar de continuismo a mi administración, ni negar personalidad a mi gobierno.
Ángel Biaggini
____________________________________
intercambios