por Luis Enrique Alcalá | Jun 3, 2015 | Notas, Política |

Leopoldo López el día de su detención
Lo que sigue son dos pasajes de una sección del Capítulo VIII de Las élites culposas (Libros Marcados, 2012), que lleva el mismo título de esta entrada. Al término de ellos, una actualización de la trayectoria del líder supremo de Voluntad Popular.
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A mediados del año 2009, la inercia estratégica de la joven Mesa de la Unidad Democrática, que se había estrenado con significativo progreso en las elecciones del año anterior, había regresado para definir su actuación, ahora centrada en la navegación hacia el difícil puerto de las candidaturas unitarias a la Asamblea Nacional en 2010. No hay duda de que Ramón Guillermo Aveledo fue una acertada selección para el cargo de Coordinador Nacional. Su serena diplomacia pudo resistir a la secesión con la que amenazaba Leopoldo López Mendoza, al principio desde su posición como Vicepresidente de Participación Ciudadana y Redes Populares de Un Nuevo Tiempo.
A este partido había llegado López, desde su militancia original en Primero Justicia, organización de la que fue uno de sus fundadores. En diciembre de 2006, junto con Liliana Hernández, antigua adeca, y Ramón José Medina, antiguo copeyano, ambos militantes de Primero Justicia, anunció la formación de Primero Justicia Popular en protesta por lo que consideraba una incorrección en la forma de realizar las elecciones internas del partido comandado por Julio Borges. (Medina decía: “PJ ya no significa Primero Justicia, sino Primero Julio”). En febrero de 2007 ya se había unido a Un Nuevo Tiempo, acompañado por los otros dos disidentes.
En 2009, sin embargo, López se quejaba de no tener un puesto en la Mesa de la Unidad Democrática. En una reunión en la casa de Lewis Pérez con Eduardo Fernández y Luis Miquilena, a la que Leopoldo López asistió con su asesor, John Magdaleno, se expuso la necesidad que Eduardo Fernández había anticipado el 23 de febrero de ese año: “Con estos partidos de la MUD no vamos p’al baile. Se hace necesaria una nueva organización política”. Pérez opinó que las “redes populares” de “este muchacho”—refiriéndose a López—podían ser la solución al problema que Miquilena describió así: “Chávez está bajando en las encuestas, pero del otro lado no hay quien capitalice su desplome”. López, por su parte, quiso justificar la creación de la organización nueva porque la central opositora no le permitía sentarse a su mesa lo que, debe decirse, era postura enteramente lógica de la MUD, puesto que el joven político era miembro y directivo de Un Nuevo Tiempo, partido que era representado en ella por Omar Barboza, su Presidente. Haber complacido a López habría equivalido a darle una doble representación a UNT.
Y es que ya López había vuelto a las andadas divisionistas. Un Nuevo Tiempo había postulado a Liliana Hernández—la misma que lo había seguido lealmente en su ruptura con Primero Justicia para inscribirse con él en el partido de Manuel Rosales—al cargo de Alcalde de Chacao en las elecciones de noviembre de 2008. López se negó a aceptar esta candidatura de su propio y segundo partido y promovió la candidatura de Emilio Graterón, quien a la postre resultó electo.
Pero todavía López no se había separado de UNT, ni este partido lo había expulsado por su indisciplinada actitud en Chacao. Todavía hablaba de redes populares; era por eso que Lewis Pérez se refería a ellas como la posible organización salvadora.
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Un poco más tarde, Leopoldo López completaría la nueva fase de su oscilante trayectoria política. El 5 de diciembre anunciaba en el Forum de Valencia la constitución de Voluntad Popular, su nuevo partido, que luego inscribiría en la Mesa de la Unidad Democrática. Ante ésta seguiría insistiendo en el método de elecciones primarias para la elección de los candidatos de oposición a la Asamblea Nacional.
La MUD prefería que los candidatos fueran seleccionados, según los casos, por elecciones como las mencionadas, por lo que registraran las encuestas de opinión o por consenso de los partidos y otras organizaciones, pero López Mendoza era insistente. En acto protagonizado el 20 de octubre por él y, en menor medida, por Carlos Vecchio, el concejal Daniel Ceballos, del estado Táchira, argumentó que su exitosa candidatura y la del gobernador, César Pérez Vivas, habían surgido de primarias. Del otro lado, Omar Barboza, en nombre de la Mesa, se anticipó por un día al argumento de Ceballos al señalar que, si bien la candidatura de Pérez Vivas fue determinada por primarias, la de Carlos Ocariz fue decidida por encuestas y la de Antonio Ledezma por consenso del que, por cierto, participó López Mendoza luego de haber sido inconstitucionalmente inhabilitado. Antes de esto, la propia precandidatura de López en 2008 nunca fue determinada por primarias, como tampoco lo fueron las que lo llevaron a ser Alcalde de Chacao en 2000 y 2004. Menos aún provino de primarias la candidatura de Emilio Graterón, sucesor y favorito de López Mendoza, en contra de la propuesta por Un Nuevo Tiempo, partido al que éste entonces pertenecía. Una “consulta vecinal” de bajísima representatividad, promovida por el bando de Graterón, había arrojado resultados favorables para él: 4.884 de 6.370 votos válidos, equivalentes a sólo 8% de los electores de Chacao.
Pero lo irónico fue que al año siguiente, cuando Carlos Vecchio, postulado por Voluntad Popular, fue derrotado por María Corina Machado justamente en elecciones primarias, Leopoldo López suplicó a la MUD que incluyera al perdedor Vecchio en una plancha determinada por consenso, exactamente el método que él denunciara hasta sólo horas antes con gran indignación. §§§
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POST SCRIPTUM
Leopoldo López se presentó como precandidato presidencial de la Mesa de la Unidad Democrática en las elecciones primarias del 12 de febrero de 2012, que seleccionaron al candidato opositor que se mediría con Hugo Chávez el 7 de octubre de ese año. En ese cotejo resultó electo Henrique Capriles Radonski, con 63,9% de los votos emitidos. López retiró antes su postulación, ofreciendo apoyo a la opción de Capriles. (En diciembre de 2011, Consultores 21 había medido una preferencia por Capriles de 51%; a favor de López se pronunciaba 11,2% de los encuestados. La suma de ambas cifras, de 62,2%, era prácticamente idéntica a la votación definitiva).
Este apoyo de López, como es su costumbre, no duró demasiado. Aunque no se opuso a la candidatura inercial de Capriles para enfrentar a Nicolás Maduro en 2013 (una vez fallecido Chávez), en apariencia le serruchaba las patas de la silla. Antes de la elección presidencial del 14 de abril que debía suplir la falta absoluta en la Presidencia de la República, Capriles tomaba posesión como Gobernador de Miranda el 16 de enero de ese año; entonces declaró ese preciso día que algunos socios en la MUD “muchas veces te ponen la mano en el hombro y después te están clavando el puñal en la espalda”. (Poco después sería de conocimiento pública la grabación de Ma. Corina Machado en conversación con Germán Carrera Damas, en la que denostaba de Capriles porque no había defendido en la calle su «triunfo» del 14 de abril y se quejaba de Ramón Guillermo Aveledo). En todo caso, Capriles perdió por mínima diferencia esa segunda elección presidencial y entonces pretendió que se interpretara las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013 como un plebiscito contra Maduro, lo que también perdió, pues él mismo se proclamó, en imitación de Chávez, como el jefe de campaña de todos los candidatos de la oposición a las alcaldías. El oficialismo obtuvo más de cuatro veces las alcaldías ganadas por la oposición y superó a ésta en más de 800.000 votos.

El florido anuncio de la activación constituyente
López no se empató en esa aventura; con Ma. Corina Machado encabezó un manifiesto firmado por 53 personalidades del país, en el que se argumentaba que «la salida» era la convocatoria de una asamblea constituyente como modo de acabar con el gobierno presidido por Maduro. La fecha escogida para su publicación—7 de diciembre de 2013—, veinticuatro horas antes del frustrado «plebiscito», marcaba claramente una primera y explícita separación. (El 20 de septiembre de 2014, Voluntad Popular proclamaba por boca de Luis Florido—su Coordinador Regional en Lara—que había «activado» el Poder Constituyente en el estado para tal fin, al reunir tal vez cuatro centenas de personas en un «céntrico hotel de Barquisimeto». De esta iniciativa, nunca más se supo). Pero es que la idea misma era, al menos, un viraje de 180 grados. El 23 de enero de 2012, en preparación de las primarias ya mencionadas del 12 de febrero, López y Machado habían suscrito, en señal de aceptación, los Lineamientos del Programa de Gobierno de la Unidad Nacional, cuya estipulación #46 decía con la mayor claridad: “La prioridad político-institucional del nuevo gobierno no ha de cifrarse en el cambio global de esa Constitución, ni en la convocatoria de una Asamblea Constituyente”. Es decir, o López & Machado tienen muy mala memoria, o mudan de opinión con rapidez o son de sinceridad escasa.
Lo siguiente fue la ocurrencia del 12 de febrero de 2014, ya claramente distanciada de la línea de la MUD. (Ver en este blog La marcha de la insensatez). En la tarde de ese infausto día, quien escribe veía como muchos venezolanos la transmisión de NTN 24, la televisora colombiana que estaba avisada; había programado un grupo de entrevistas que sólo mostrarían a conspicuos radicales: Leopoldo López, Ma. Corina Machado, Diego Arria y ¡Otto Reich! (¿Por qué consideró NTN 24 que el Sr. Reich, gente de Reagan y los Bush, tenía algo pertinente que decir en los justos momentos cuando se desarrollaban los violentos acontecimientos?)
Después, quizás para conmemorar el inicio del ciclo de guarimbas y represión que cobró 53 vidas venezolanas, Leopoldo López, Ma. Corina Machado y Antonio Ledezma—antiguo líder del «Comando Nacional de la Resistencia» que predicaba la abstención electoral—volvían a sus andadas separatistas con un manifiesto dado a conocer el 11 de febrero de este año, su llamado a construir «sectorialmente»—corporativamente, podría decirse—un «acuerdo nacional para la transición»:
La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en “profundizar” el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria y han deslegitimado en extremo al gobierno. Es claro que el régimen no resolverá la crisis y que el gobierno de Maduro ya entró en fase terminal. Nuestro llamado: construir un acuerdo para conducir la transición en paz.
Ahora acaba de convocar López manifestaciones en todo el país, de nuevo sin contar para nada con la Mesa de la Unidad Democrática. Las evaluaciones de los eventos del 30 de mayo son dispares. Hay quienes estiman en 4.000 personas los asistentes a la concentración en el Centro Lido de Caracas; otros evalúan las manifestaciones en varias ciudades del país como un éxito. Hay quienes sugieren que la nueva ocurrencia es el resurgir de la protesta y la presencia en la calle—fenómeno que existe desde comienzos de 2002, hace trece años, con poquísima eficacia—; hay los que señalan que es un golpe mortal a «la unidad» justo antes de las elecciones parlamentarias. Éstas son dos opiniones representativas, la primera de Marianella Salazar, la segunda de Luis García Mora:
La marcha convocada por el líder de Voluntad Popular, desde su celda en la prisión de Ramo Verde, resultó un éxito. La protesta contra la violación de los derechos humanos y la solidaridad con los presos políticos tuvo un gran poder de convocatoria y pudo más que los esfuerzos hechos desde la MUD para evitarla. (…) La conducta de la MUD es predecible: ¡cero riesgos! Uno puede entender que el gobierno quiera entorpecer y cerrarles al paso a dirigentes que han demostrado tener esféricas para ejercer sus derechos, rebelarse y hacer que la dictadura depredadora dure el menor tiempo posible, como han hecho Leopoldo López y Daniel Ceballos, al poner en riesgo sus vidas con una huelga de hambre. (…) En la MUD deberían entender que la forma de hacer política de López, Ledezma y Machado refleja una recuperación del mensaje opositor, con una conexión profunda e inequívoca: ¡no se rindan! Recuerdan la lucha democrática de tantos mártires de Acción Democrática, URD y el PCV contra la dictadura perezjimenista; por desgracia, en esos cascarones de partidos no queda ni uno que tenga la testosterona de aquellos forjadores de la democracia y la libertad.
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Al margen de los alcances de la improvisada concentración ciudadana que el dirigente político Leopoldo López convocó desde su celda, luce de imprescindible responsabilidad un llamado de atención sobre el mazazo que (uno no sabe si voluntaria o involuntariamente) López le acaba de asestar a la oposición sin ninguna consideración. Y por supuesto a la confusa y, por decir lo menos, desafortunada respuesta que sin un serio y profundo análisis político (sin tocar fondo ni nada) la dirección de la Mesa de la Unidad ha dado a tan insensato uppercut. ¿Qué busca Leopoldo López? ¿Qué interés tiene, más allá del suyo propio, para el país, en las profundas condiciones de ruina y colapso nacional? Justo cuando todas las encuestas señalan la posibilidad real de que la oposición gane y se haga con la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional, en unas inminentes elecciones parlamentarias. ¿No le basta con la repercusión mundial que ha tenido su detención y, aún más allá, del resto de los centenares de presos venezolanos y perseguidos políticos de este régimen? ¿No ha escarmentado Leopoldo López con el nefasto y fatídico ejemplo de polarización con la que el difunto casi logró destruir a la sociedad venezolana, para ahora intentarlo él en un irresponsable intento de polarizar con la MUD, asumiéndola como un grupo rival? ¿Qué te pasa, hombre?
Para García Mora, la convocatoria pone en peligro con una división prácticamente insalvable el triunfo electoral que luce posible. (Carlos Blanco ve la cosa contraria: «Lo único cierto de hoy es la gigantesca crisis que se abate sobre el venezolano de a pie. Y es la protesta frente a esta situación la que moviliza, lo cual puede dar, además, fuelle para una participación combativa en las elecciones…») Para Salazar, el asunto es de concentración sanguínea de hormonas masculinas.
La verdad es que López—Primero Justicia Popular, Redes Populares, Voluntad Popular; muy popular el muchacho—juega por su cuenta (también Ledezma y Machado; ver Ma. Corina y Shakespeare), y que sus iniciativas entusiasman a quienes obtienen satisfacción ritual y cotidiana—sobre todo en Facebook con la fórmula consabida: «Fulano se las cantó claritas. Excelente artículo. No tiene desperdicio»—en el más agresivo discurso antigubernamental. (Ver en este blog La arrechocracia). La verdad es que no hay unidad opositora, que nunca la ha habido sino circunstancialmente. Ya en 2006 se había recordado acá, en caracterización de la MUD, la definición de bote salvavidas que Enrique Jardiel Poncela propusiera en Para leer mientras sube el ascensor: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”.
En el epílogo de Las élites culposas está este juicio: «Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder… Su producto es mediocre». Y el año pasado (8 de octubre) se ponía en El mercado político nacional: «No existe en el teatro político nacional una opción que hace falta: una organización política de código genético distinto del de un partido ideológico convencional (o una federación de partidos convencionales, una organización de organizaciones o ‘movimiento de movimientos’)».
Estamos trabajando.
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Actualización: hoy se llegó a un acuerdo convergente entre la MUD y los salidistas para un programa de protestas por los opositores presos y la fijación de fecha de las elecciones parlamentarias.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 20, 2015 | Notas, Política |

El preso Antonio Ledezma: «¡Pónganme las esposas!» (foto de venezolanonews.com a través de Google Images)
La paranoia es un proceso mental que se cree está fuertemente influido por la ansiedad o el miedo, a menudo hasta el punto de la irracionalidad y la alucinación. Típicamente, el pensamiento paranoide incluye creencias persecutorias, o en una conspiración que concierne la percepción de una amenaza contra uno mismo. (P. ej. “Todo el mundo está contra mí”). La paranoia se distingue de las fobias, que también envuelven un miedo irracional pero usualmente sin culpar a nadie. También acompañan a la paranoia las acusaciones falsas y una desconfianza general en los demás. Por ejemplo, una persona paranoide puede creer que ha sido intencional un incidente que la mayoría de las personas vería como accidente o coincidencia.
Wikipedia
Detectar conspiraciones cuando no hay ninguna es un síntoma de paranoia; detectarlas cuando sí existen es un signo de salud mental. Un conocido mío dice que si uno no es un poco paranoico en los Estados Unidos hoy en día entonces está loco.
Carl Sagan – Los dragones del Edén
El autoengaño de Fausto (…) ilustra en forma dramática la tendencia de los líderes políticos a distorsionar y falsear las imágenes de sus logros. Tienden a ver los resultados ambiguos como grandes éxitos, los éxitos menores como tremendos logros y sus encandilantes fracasos como una empresa heroica que ha sido arruinada por terceros.
Yekezkel Dror – Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch
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La casi totalidad de los ciudadanos de Venezuela carece de elementos de juicio para afirmar o negar, seria y responsablemente, la veracidad de la denuncia gubernamental acerca de un frustrado plan de golpe de Estado, y yo formo parte de ese masivo contingente. La inmensa mayoría del país, ante el enésimo sobresalto político de los últimos años, no sabe si la denuncia es verdad o es falsedad. Los más opuestos construirán sus respuestas opuestas según, casi exclusivamente, el «carácter del reo»; los que condenan al chavismo dirán que lo mentiroso es habitual en el gobierno, los que condenan a la burguesía que ella hará lo que sea por restituir sus privilegios de clase.
Pero la verdad es que la mayoría de la nación no sabe. Si quiere pensar responsable y seriamente sobre el asunto, no puede descartar por imposible ninguna de estas posibilidades: 1. que la cosa sea verdad, 2. que la cosa sea media verdad, 3. que la cosa sea inventada, 4. que la cosa sea creída por paranoia gubernamental. Sólo es serio sostener que cada una de tales afirmaciones es posible.
Leopoldo Puchi da por sentado que en verdad fue develado un golpe de estado: «…lo más inquietante no es el reciente movimiento desmantelado, sino lo que pudiera venir. Ni al Gobierno ni a la oposición democrática le puede interesar que Maduro sea desalojado por la fuerza». (En Hay que tener cuidado con los pasos en falso, donde asimismo opina: «Julio Borges es de los dirigentes de oposición que se ha ubicado con mayor persistencia en la línea electoral. Es constantemente cuestionado por ‘blando’ y ‘colaboracionista’. Tal vez estaba como mucha gente al tanto de la conspiración develada, pero no luce creíble que haya participado en la organización del conato de golpe». Fue justamente éste el argumento que se ofreciera en el programa #131 de Dr. Político en RCR, cuando se reprodujo palabras de Borges del 29 de mayo de 2005: “Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten”).

Objetivos de un Tucano
Es posible que, en efecto, existiera realmente la conspiración denunciada por Nicolás Maduro y a medias detallada por Diosdado Cabello: «En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de personas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder». (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987; esas palabras del trabajo fueron citadas, junto con las que anteceden de Julio Borges, en Opinión perniciosa, artículo en este blog del 27 de enero). Una particular fracción de personas «que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas» fue, por supuesto, la de los conjurados de 1992. Por esto no es tan injustificada cierta propensión a pensar mal y aducir el conocidísmo refrán castellano: «Cada ladrón juzga por su condición».
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El gobierno ha ofrecido una interpretación del comunicado del 11 de los corrientes—acá en versión .pdf: Comunicado—, firmado por Antonio Ledezma (hoy preso), Leopoldo López (preso hace un año) y Ma. Corina Machado (despojada de su condición de diputada y la protección de la inmunidad parlamentaria), en el que abogaron por un tal «acuerdo nacional para la transición». Según la interpretación oficialista, esa fórmula es un llamado al golpe de estado tanto genérico como específico, pues habría sido la señal convenida para iniciar una insurrección criminal que tendría entre sus propósitos asesinar a Nicolás Maduro. (Tal como sostuvo Carlos Andrés Pérez, cuando se apresuró a afirmar el 4 de febrero de 1992, en los considerandos del decreto de suspensión de garantías de esa fecha, que entre los fines de la asonada del MBR 200 estaba matarlo). Los comunicadistas no son los únicos que leen que «el gobierno de Maduro entró en fase terminal». De modo menos extremo, opiné el 18 de noviembre de 2014 que aumentaba el caudal del caño de futuro que conduce a la cesantía anticipada del presidente Maduro (en programa con Nehomar Hernández, transmitido por Radio Caracas Radio el 30 de diciembre), y la semana pasada cité recientes palabras de Luis Ugalde S. J.: “Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo». La terminación anticipada del gobierno de Maduro está desde hace tiempo en el ambiente; más de una encuesta mide que dos terceras partes del país la prefieren, y ese gentío no está empatado en ninguna conspiración.

El triunvirato salidista
Que la publicación del comunicado de los salidistas haya sido una señal es también posible. En 1993, un amigo me comunicó que se planeaba un atentado contra el sistema eléctrico de Guri—el 30 de octubre de ese año, bajo la presidencia de Ramón J. Velásquez, se produjo un apagón masivo en el país—y me mostró unos cuantos titulares en la primera página de deportes en El Nacional que entendía como mensajes crípticos para el previsible levantamiento. Pero por sí mismo esto no confiere veracidad a la interpretación de Maduro, y su triunfal declaración—»¡Yo tengo el manifiesto! ¡Yo lo tengo!»—no tiene el menor valor. Todos lo tuvimos, pues fue justamente publicado en la prensa nacional.
Claro que los señalados son políticos de cierta radicalidad. Ya en época de la Coordinadora Democrática, Ledezma era el líder principal del «Comando Nacional de la Resistencia»— con Oscar Pérez y Patricia Poleo por socios—y abogaba por la abstención electoral, pues a su criterio las elecciones no eran una solución. Machado admitió en 2006 que sus esfuerzos eran conducentes a una «crisis de gobernabilidad»—aludida en la Carta Semanal #187 de doctorpolítico, 27 de abril de ese año—, y con López estableció un discurso salidista, aparte de la postura de la Mesa de la Unidad Democrática, desde el 7 de diciembre de 2013. Su reunión con George W. Bush (31 de mayo de 2005) y su conexión panameña no pueden ser sino signos sospechosos a los ojos de los policías de Maduro, para no mencionar la conversación que se le grabó con Germán Carrera Damas (reproducida parcialmente en La salida). Sin embargo, ninguno de esos indicios es comprobación fehaciente de su participación en un golpe de Estado en grado de frustración.
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La cosa puede ser una media verdad. Puede que haya habido militares a punto de rebelión armada sin que todos los civiles señalados estuvieran involucrados en el alzamiento planeado. No lo sabemos.
Puede que todo el asunto sea un montaje del gobierno. Los revolucionarios marxistas se creen en posesión de «valores superiores» que les autorizan a la inmoralidad vista por ojos burgueses; guerra es guerra. Además, la credibilidad del gobierno en materia de denuncias de golpes, sabotajes y magnicidios es bajísima; son demasiadas las instancias en las que ha asegurado que tan aviesos procedimientos existieron, pero nunca ha presentado pruebas convincentes de las tantas veces que ha dicho que viene el lobo (o la iguana). Todavía espera el país por una explicación suficiente acerca del siniestro de Amuay del 25 de agosto de 2012, que el gobierno intentó atribuir (Eulogio Del Pino) a sabotaje.

Los paras de Alonso
Pero también se creyó que era un montaje gubernamental el asunto de los paramilitares de la finca Daktari (Robert Alonso) en 2004. Entre otros, Antonio Ledezma, Jesús Torrealba, Alejandro Peña Esclusa, Rafel Huizi Clavier, Felipe Mujica, César Pérez Vivas, Henry Ramos Allup y Henrique Capriles Radonski interpretaron la cosa como puro teatro; «novela», la llamó Ledezma. Poco después, nada menos que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez admitió que la intención de un atentado violento contra Hugo Chávez era verídica. Francisco Santos, el Vicepresidente de Colombia, declaró por entonces: «Nos alegra muchísimo que las fuerzas de seguridad venezolanas hayan capturado el domingo a gente que está o pretende delinquir allá”.
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Sin ser un montaje, la denuncia del golpe puede provenir de un estado paranoide del oficialismo. El gobierno está grandemente preocupado por la situación general del país, pero en lugar de reconocer su responsabilidad primaria en tal estado de cosas, prefiere creer que su Plan «de la Patria» es «una empresa heroica que ha sido arruinada por terceros». (Ver Alquimia de la culpa, 9 de diciembre de 2014). Las encuestas mantienen al gobierno en ascuas, enfrentado como está a las cruciales elecciones de Asamblea Nacional, con el reiterado registro de un rechazo mayoritario y creciente de la administración de Maduro. Ese estado psicológico puede llegar a considerar como hechos lo que sólo son especulaciones más o menos verosímiles. En todo caso, conviene a sus necesidades electorales la desarticulación de la dirigencia opositora por cualquier medio y que cunda en los votantes la útil idea de que no habrá jamás elecciones limpias bajo su régimen.
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Noticias 24 informaba ayer:
El presidente del Parlamento Latinoamericano capítulo Venezuela, Ángel Rodríguez, rechazó el llamado a un Acuerdo Nacional de Transición que hicieron la semana pasada varios dirigentes de oposición. En este sentido, manifestó que en Venezuela “no hay ningún mecanismo constitucional que hable de transición”.
Bueno, tampoco está en la Constitución ninguna mención o prescripción del socialismo, a pesar de lo cual todo decreto presidencial publicado en Gaceta Oficial lleva ahora este encabezado: «Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…»

El rey Juan (Bimba)
Resulta incomprensible cómo en esta enorme crisis no se busca un pronunciamiento del poder supremo de nuestro Estado, el Poder Constituyente Originario, el Soberano, la Corona. (Una vez más está equivocado Eduardo Fernández, quien hoy firma en Últimas Noticias el artículo Elecciones parlamentarias, donde asegura: «De acuerdo con la Constitución Nacional el Poder Legislativo es el primer poder del Estado. En consecuencia, de acuerdo con la teoría constitucional y con la letra de la Constitución vigente, nada puede ser más importante que la elección de la Asamblea Nacional». El primer poder del Estado es el Pueblo, y nada puede ser más importante que la manifestación de su voz en referendo).
Nada es más necesario en esta atribulada hora de la República que la manifestación soberana del Pueblo en un referendo que coincida, para ahorros financieros y logísticos, con las próximas elecciones parlamentarias. Para resolver los problemas de fondo que agobian a la sociedad venezolana, que la neurotizan, nada más indicado que dejarla hablar. El tratamiento verdaderamente definitivo es la decisión soberana sobre la implantación en Venezuela de un esquema socialista. (En noviembre, Datanálisis midió 80,1% de opinión contraria al «socialismo del siglo XXI», y el gobierno hace como si tal opinión no existiera).
Un referendo sobre el socialismo resultaría en un claro y contundente repudio de la arrogante y extraviada pretensión oficialista. Un referendo así forzaría la renuncia de Nicolás Maduro (no es asunto de «pedirla», sino de mandarla). Un referendo consultivo sobre el socialismo se convoca con la mitad de las firmas requeridas para un referendo revocatorio (10% de los electores en vez de 20%), y no se necesita esperar al año que viene.
Es momento de dar la palabra al Pueblo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 27, 2015 | Notas, Política |

El oficio de la deshonestidad intelectual
Si el actual gobierno dedicase la misma energía, la misma preocupación, el mismo interés, el mismo esfuerzo, el mismo ingenio que a diario empeña en cazar peleas, en buscar camorra, en agredir a los demás, en hacer obra útil, en laborar por el país, tuviéramos, definitivamente, un gran gobierno. De ello no hay la menor duda. (…) Prácticamente en el país nadie queda excluido de la agresividad oficial. (…) En todo caso, lo que conviene señalar es que a medida que la crisis se acentúa, y el fracaso oficial es mayor, también se incrementa la agresividad oficial. El gobierno se hunde y como sucede con quienes caen en arenas movedizas, el esfuerzo consiste en chapotear aun más, lo cual determina un hundimiento mayor.
José Vicente Rangel – Bohemia #926, enero de 1981
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Todas las semanas habla y escribe José Vicente Rangel. No siempre dice tonterías, aunque lo hace las más de las veces en obsecuente y falaz defensa de los gobiernos chavisto-maduristas. Se ha cuidado de no repetir las palabras suyas que reproduce el epígrafe; absolvió la agresividad de Hugo Chávez, mucho peor que la que atribuía a Luis Herrera Campíns hace treinta y cuatro años, explicándola como propia del «estilo» de su jefe. Lo más reciente, distribuido por eljoropo.com, es el artículo en Últimas Noticias para su sección El Espejo, que titula mentirosamente: Todo cuanto plantea la oposición se sustenta en la violencia. Pudiera uno glosar esa falsedad con otra análoga: Todo cuanto plantea JVR se sustenta en la mentira. No siempre es así: ocasionalmente, dice la verdad; ocasionalmente emplea medias verdades y con frecuencia dice cosas falsas. En el cuerpo del texto califica esa presunta violencia, según él sustento de los planteamientos opositores: sería «abierta o solapada».
Por supuesto que «En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de personas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder». (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987). Por supuesto que hay gente que se opone al gobierno y que ha propuesto (en privado), que lo que había que hacer en 1998 era «pegarle un tiro a Chávez»; también hubo quien declarara a comienzos de 2002 que la deposición de Chávez no sería posible por medios “institucionales” (Cecilia Sosa), mientras Jorge Olavarría parecía equiparar derecho de rebelión y golpe de Estado; también ocurrió la contratación de mercenarios colombianos para el mismo fin (en 2004 por la persona interpuesta de Robert Alonso, quien carecía de medios de fortuna para hacerlo por su cuenta); también se predicó la multiplicación de «guarimbas» agresivas (el mismo Alonso y, después, Alejandro Peña Esclusa en 2005); también quienes han pregonado que debe crearse «una crisis de gobernabilidad» (María Corina Machado, 5 de abril de 2006), y que la misma señora y Leopoldo López inventaron el hashtag #lasalida como ingrediente de sus intentos por derrocar a Nicolás Maduro en 2014, y que a la misma dama se le grabó una conversación con Germán Carrera Damas—dada a conocer el 26 de junio de 2013—en la que decía que ella ha debido ir a plantear la situación venezolana al Departamento de Estado y el Congreso de los Estados Unidos porque «no puede ser que ellos no sepan lo que está pasando aquí».
Todo eso, y mucho más que desconozco, es verdad. Pero, por una parte, tales posiciones nunca han sido mayoritarias en la oposición nacional. Al descubrirse la estúpida ocurrencia de Robert Alonso y sus paramilitares, es cierto, Carlos Andrés Pérez ofreció declaraciones a Radio Caracol de Colombia (12 de mayo de 2004): “Es que Chávez ha rechazado todas las salidas pacíficas que se le han presentado, de manera que ya no queda más que el último recurso: la violencia». Pero sobre el mismo hecho comentaron lo opuesto Enrique Mendoza—“No hemos pretendido, no pretendemos ni vamos a aceptar la salida del señor Presidente por un acto de fuerza, de lo que se ha llamado vulgarmente golpismo, cosa que él sí ejerció contra un presidente constitucional”—y Pompeyo Márquez: «La oposición democrática no cree en atajos o salidas violentas. Todo factor o individualidad que coquetee con esas opciones está fuera de la Coordinadora Democrática». El 29 de mayo de 2005, diría Julio Borges: «Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten».

Una «pacífica» hermandad
Por la otra, Rangel es particularmente ciego al ignorar la raíz indiscutiblemente violenta del chavismo. ¿Por qué nunca repudió esta admisión de Adán Chávez, hermano del golpista principal de 1992?:
Nuestro proceso bolivariano se inició en esta etapa bicentenaria por la vía electoral, y queremos seguir por allí, por una vía pacífica que permita construir el socialismo bolivariano, pero conscientes de los peligros que nos acechan y seguros de que el enemigo no descansa, no podemos olvidar otros métodos de lucha. Sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros métodos, incluso la lucha armada, para obtener el poder. (27 de junio de 2011).
El proceso «bolivariano» de Hugo y Adán Chávez se inició con la asonada criminal, asesina, del 4 de febrero de 1992 y, como este último dejó claro, no se les aguaba el ojo diecinueve años después al anunciar una posible lucha armada «para obtener el poder».
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Hace no mucho (30 de noviembre de 2014) Rangel invitó a su programa dominical en Televén a Luis Vicente León. ¿Qué anda midiendo Datanálisis, la encuestadora que León dirige? Que la popularidad de Nicolás Maduro cayó en diciembre a 22%, que el mes anterior 80,1% de los encuestados sostenía que el «socialismo del siglo XXI» es un modelo equivocado que es preciso cambiar y que, ya para octubre, 68,1% prefería que el presidente Maduro abandonara su cargo el mismo año pasado o fuera removido por revocación de su mandato en 2016.
Datanálisis ha encontrado en noviembre que 85,7% de los encuestados opina que es mala la situación del país. (¿Es que más de las cuatro quintas partes de nuestra nación han constituido una agorera agencia de calificación de riesgo que impide el acceso razonable a financiamiento externo?) También midió la encuestadora, por cierto, un rechazo de 72,2% al gobierno y 71,5% de quienes creen que el mandato de Maduro será revocado en 2016. (Alquimia de la culpa, nota en la que hay registro de otra torpe mentira de JVR: “Maduro ha demostrado condiciones para ejercer el cargo de Presidente de la República. Logró sortear con éxito este año 2014 y resolvió situaciones críticas con serenidad y firmeza. A esto se agrega el masivo apoyo de calle que tiene…»)
La verdad es que «El gobierno se hunde y como sucede con quienes caen en arenas movedizas, el esfuerzo consiste en chapotear aun más, lo cual determina un hundimiento mayor». La verdad es que Dagong, la agencia china de calificación de riesgo que rebajó en agosto pasado la ubicación de la república venezolana, no forma parte del «eje mediático que impulsa el trabajo sucio contra Venezuela» (JVR hoy). La verdad es que las cuatro quintas partes de la opinión nacional rechazan hoy al gobierno madurista sin formar parte de la «confabulación mediática» que patrocina «la derecha internacional con apoyo directo de Washington y de ciertos demócratas reblandecidos» (JVR hoy). La verdad es que la principal confabulación mediática que afecta a los venezolanos es la de la ventajista acumulación de medios oficialistas—incluidos los que Rangel maneja—, que se esfuerza todos los días en ocultar la realidad del país. La verdad es que la propaganda socialista local ha superado en obscenidad de su gasto lo que a duras penas logró administrar Joseph Goebbels en la Alemania dominada por los nazis.
La verdad, dudoso periodista Rangel—el gran Ryszard Kapuściński escribió: Los cínicos no sirven para este oficio—, es que Ud. escribe y dice muchas mentiras. No es verdad que «todo cuanto plantea la oposición se sustenta en la violencia». La verdad es que más de la mitad del país, mayoritariamente en contra de la administración de Nicolás Maduro, ni siquiera se afilia a nada de la oposición formal en Venezuela. La verdad es que la inmensa mayoría que se opone a lo que probablemente sea el más extraviado gobierno venezolano en toda su historia no está conspirando; quien viene desde hace rato conspirando es Ud., en contra de la salud de la República. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 16, 2015 | Notas, Política |

En la pág. 166 de Cambridge University Press
El Libro de los cambios (I Ching) es uno de los textos clásicos de la sabiduría china, el más antiguo de ellos. En principio es un libro de adivinación del futuro, pero puede ser leído como acumulación de sabiduría acerca de la vida personal y, sobre todo, de la política. Es posible que el presidente Maduro, ahora que estuvo en China para conseguir «los recursos necesarios para que el país mantenga su ritmo de inversiones, de importación, la estabilidad económica», se haya puesto en conocimiento de esa fuente sabia y milenaria.
En cualquier caso, en los últimos días cupo hacerle llegar al profesor Yehezkel Dror, mientras agradecía su generosa referencia a mi trabajo, el texto del Hexagrama #43 del I Ching, en la traducción al inglés por Cary F. Baynes de la traducción al alemán por Richard Wilhelm directamente del chino, con prólogo de Carl Gustav Jung. (En la edición de Cambridge University Press). Una nueva traición al original está acá, vertida al castellano por quien abajo pone sus iniciales.
El libro tiene un total de 64 hexagramas, construidos de un trigrama inferior y uno superior. En el caso del hexagrama 43, su trigrama inferior es Ch’ien (lo creativo, el Cielo, representado por tres líneas yang, fuertes, luminosas, masculinas), mientras que el superior es Tui (lo alegre, el lago), con dos líneas yang y una yin (receptiva, oscura, femenina) a punto de ser expulsada en ascenso de las líneas.
He aquí la transcripción de su significado y la interpretación o «juicio» (no se incluye su «imagen» poética):
43. Kuai / Ruptura (Resolución)
Este hexagrama significa, por una parte, una ruptura después de una larga acumulación de tensión, como un río hinchado que rompe sus diques o a la manera de una tormenta. Por la otra, aplicado a las condiciones humanas, se refiere al tiempo en que la gente inferior comienza a desaparecer gradualmente. Su influencia está menguando; como resultado de una acción resuelta, ocurre un cambio de las condiciones, una ruptura. El hexagrama está ligado al tercer mes. [Abril-Mayo].
EL JUICIO
RUPTURA. Uno debe resueltamente hacer conocer el asunto / En la corte del rey. / Debe anunciarse con verdad. Peligro. / Es necesario avisar a la propia ciudad. / No conviene recurrir a las armas. / Emprendiendo algo uno progresa.
Aunque sólo un hombre inferior ocupe una posición de gobierno en una ciudad, será capaz de oprimir a los hombres superiores. Aun una única pasión que acecha en el corazón tiene el poder de oscurecer la razón. La pasión y la razón no pueden existir en vecindad—por consiguiente, es necesaria una lucha sin cuartel para que prevalezca el bien.
En una lucha resuelta del bien contra el mal, hay, sin embargo, reglas definidas que no debemos descuidar si queremos tener éxito. Primero, la resolución debe estar basada en la unión de fuerza y amabilidad. Segundo, no es posible un compromiso con el mal; el mal debe ser abiertamente desacreditado en toda circunstancia. Ni debe uno pasar por alto sus propias pasiones y defectos. Tercero, la lucha no debe ser llevada a cabo directamente por la fuerza. Si el mal es blandido piensa en armas, y si le hacemos el favor de combatirlo golpe por golpe, al final perdemos porque nos enredamos en el odio y la pasión. Por tanto, es importante comenzar por casa, estar en guardia en nuestras propias personas contra las faltas que hemos blandido. De esta forma, al no encontrar oposición, se amellan los afilados bordes de las armas del mal. Por la misma razón, no debemos combatir nuestras propias fallas directamente. Mientras luchemos con ellas, continuarán victoriosas. Finalmente, el mejor modo de combatir el mal es progresar enérgicamente en el bien.
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LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 14, 2015 | Notas, Política |

Dror habla sobre los retos de seguridad del siglo
Me honro en reconocer en Yehezkel Dror, una autoridad de clase mundial en asuntos de gobierno, a un amigo y maestro. (Preparo por estos días un taller de Política Clínica, y me ha parecido apropiado llamar lo que expondré acerca de policy sciences sintéticamente con este nombre: Drórica).
Hace poco me anunció el envío de su más reciente libro—Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch—que espero con fruición anticipada. Con su aviso llegó una reseña de Michael Marien, quien asienta en ella:
Baste decir que todos los miembros del Congreso de los EEUU, y los líderes nacionales, y los líderes por venir en todas partes del globo (junto con los editores más destacados y los académicos relevantes), debieran invertir una semana en Avant-Garde Politician si es que van a enseriarse acerca del orden del mundo en una era de innegable metamorfosis y posible colapso global.
El sábado 10 de enero, a partir de lo entrevisto en la reseña de Marien, mencioné el nuevo libro de Dror en la edición #126 de Dr. Político en RCR, y me aventuré a suponer que se trata de la obra sobre Política más importante en lo que llevamos de siglo XXI. Entonces envié a Yehezkel un fragmento de audio de esa emisión, explicando mi valoración y mi atrevimiento. Al poco tiempo, recibí de vuelta un correo suyo que decía: Dear Luis, as Fortuna sometimes does, your welcome message and your kind words on my book (parts of which I understood, though my Spanish got rusty from non-use) arrived minutes after the item of mine above, in which I mention you, was published! Thanks, Yehezkel
Bajo esas líneas venía una opinión que había escrito para Amazon acerca de un libro de Henry Marsh—Do no harm, una exposición acerca de la política como arte médico cuyo título viene de la fórmula hipocrática latinizada: Primum non nocere—, en la que generosamente me nombra. (En 1995, compuse un código de ética para la Política cuyo orden expositivo tomé del Juramento de Hipócrates, y su primera estipulación reza: «Recomendaré o aplicaré, según sea el caso, sólo las acciones y cambios que entienda sean beneficiosos a las personas y a sus asociaciones, a menos que este beneficio particular implique perjuicio a la sociedad general o daño innecesario a otras personas o sus asociaciones, y jamás recomendaré o aplicaré nada que yo sepa sería dañino a las personas o asociaciones que pidan mi consejo o asistencia»).
Es con gran orgullo que reproduzco a continuación la reseña del profesor Dror del texto de Marsh, tal como aparece en Amazon:
LESSONS ON POLITICAL LEADERS, January 13, 2015
By Yehezkel Dror (Jerusalem Israel)
This review is from: Do No Harm (Paperback)
Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch
In imperial Portuguese statecraft rulers and their advisors often viewed themselves as medical healers of the body politic. Some contemporary thinkers impressively continue this tradition, such as «Dr. Politico» (Dr. Luis Enrique Alcala) in Venezuela. And, indeed, this fascinating book, as well as in the literature on medical training and practice as a whole, presents issues salient to political leaders, subject to careful application.
Thus: «Much of what happens in hospitals is a matter of luck (p. ix),»[but it also is] a question of balancing risks, sophisticated technology, experience and skill (p. 41), while political leaders face much more uncertainty without being equipped by study and experience to handle it well; «the self-importance [produced by being a neurosurgeon] (p. 14) is all the more a danger accompanying political leadership, while being much less subjected to peer control and other safeguards; «Doctors like to talk of the `art and science’ of medicine. I…prefer to see [it] as a practical art…that takes years to learn» (p. 31), but nearly all political leaders sorely lack the extensive knowledge, systematic study and supervised learning from practice essential for fulfilling their missions well; «Doctors need to be held accountable, since power corrupts» (p. 180), but this is relatively easy when results become soon visible and statistical quality control can be applied, while political leaders easily cover up errors, or are held responsible by simplistic publics for what does not depend on them. And so on.
Politics and medicine are in many respects radically different. Thus, there is a model of a «healthy person», a catalogue of the more frequent diseases, and evidence-supported «best practices,» however changing with time. Nevertheless, one overall critical lesson from the history of medicine fully applicable to politics is provided by the progression from «Feldscherers» (a term going back to barbers engaged in surgery, first used around 1877 and then applied to fields surgeons lacking serious qualifications), to highly professional medical specialists.
Extensive study of political leaders as well as observation of many of them in action leads me to the bitter conclusion that most of them are in in the stage of Feldscherers, lacking most of the qualifications needed for coping with the fateful issues increasingly facing humanity. Democratic elections are essential in most countries, but the truth must be confronted: they are far from assuring the quality of successful candidates, all the more so when big money and political marketing cover up the real traits of candidates. Therefore, as discussed in my most recent book, radically upgrading of the qualities of political leaders is essential.
In my reading this book raises implicitly the fateful question how to assure that political leaders have the required moral and cognitive qualities, thus adding to its merits as being fascinating to read.
Professor Yehezkel Dror
The Hebrew University of Jerusalem
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En mi agradecimiento instantáneo logré decir:
I fully agree with this statement: «Politics and medicine are in many respects radically different.» To begin with, it’s one thing to treat an individual biological entity, a man, and another quite different to deal with human aggregates: the Gemeinschaft, the Gesellschaft, nation-states or human swarms (Loren Carpenter)—that is why complexity theory is so pertinent to Politics. Then, human physiology is for the most part the same in the liver considered by Galen or a contemporary medical doctor; the organ has not changed much since; on the other hand, Israel is very different from Louis XIV’s France. And, as you suggest, we do not have agreement on what is a «healthy society». A few years back—1985—, I brought forward this problem in timidly writing that we needed a concept for a normal society, a notion that would have to change with time, since societies evolve faster than biological species. Medical students—in Venezuela, at least—spend two full years of their six-year school to understand the structure, macro and microscopically, and the functioning of the healthy body, before facing the study of sickness. (You might recall that I studied three years of Medicine before trying Sociology, a discipline that I came to consider generally useless for my calling). The best I could suggest was to think of income distribution in Gaussian terms: a «normal society» would have a Gaussian distribution of income and, in consequence, better societies would be achieved by a process of «normalization» in this sense. (I even crushed some numbers and studied the Lambda function, a mathematical class that includes the Gauss curve).
But I’ve never attempted a full mapping of Medicine into Politics; what I stress is the role of the politician as the citizens have all the right to demand: a well prepared professional in public problem-solving (also in metapolitical questions) who would be guided by a code of ethics in Hippocratic fashion; no more than that. Even from that weak analogy, many implications derive that differ from the usual political practice: a fight for power based on an ideological alibi. Ideologies are ancient medicine; invented, all of them, in the XIX century, long before Dror. Of course, the ideological paradigm and Realpolitik are far from dead, but then Kuhn warned that the new paradigm triumphs when the holders of the old paradigm die, and what is happening, the global crisis of traditional politics, is killing scores of sclerotic conventional politicians. (…)
So, I preach a clinical approach out of my own sense of responsibility; I simply feel this to be my duty, since it is possible. When I wrote (1995) my personal code of ethics—very much like the one I will read in Avant-Garde Politician—all I did was to translate what already was my personal attitude of many years into writing; it was no more difficult than that.
Gracias, Yehezkel, maestro y amigo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 18, 2014 | Notas, Política |

Un apretón premonitorio
Las decisiones anunciadas simultáneamente ayer por Barack Obama y Raúl Castro, encaminadas a normalizar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, fueron la mejor de las noticias en el planeta al cierre de un año que en general ha sido terrible. Pocas horas antes, el reporte del monstruoso ataque del Talibán contra niños de un colegio paquistaní, a los que asesinó a mansalva, añadía dolor al doloroso 2014: el año de ISIS, el año de los conflictos entre Rusia y Ucrania, el año de los estudiantes desaparecidos en Iguala, el año en que recrudeciera el forúnculo del conflicto entre Israel y Palestina. Localmente, nuestro ambiente político se ha endurecido este año con el ciclo de protesta y represión que comenzara el 12 de febrero, y se prolonga con la detención de Leopoldo López y otros dirigentes opositores—hoy aprobó el Parlamento Europeo una muy fuerte declaración condenatoria del gobierno venezolano: Resol. Parl. Eur. sobre Vzla.—, en medio de una economía seriamente deteriorada y ante un gobierno que resiste a la rectificación de su equivocadísimo planteamiento fundamental. Necesitábamos buenas noticias, y el acuerdo cubano-estadounidense ha sido una magnífica. Como si fuera un eco de su espíritu conciliador, al caer la tarde de ayer un comunicado de las FARC colombianas anunciaba un cese al fuego unilateral indefinido a partir del 20 de diciembre. Los europeos andan haciendo lo suyo. Un acuerdo del Parlamento de Europa reconoce al Estado Palestino, mientras el Tribunal de Luxemburgo desecha la calificación de Hamás como grupo terrorista. (No certificando su inocencia, sino invalidando los elementos de juicio—alegatos en prensa e Internet—empleados por la Unión Europea para fundamentar tal designación). Son todos eventos que favorecen la distensión planetaria al concluir doce meses muy conflictivos para el mundo.
Por supuesto, hay aguafiestas: el senador Marco Rubio (republicano de Florida e hijo de cubanos), agitado porque Jeb Bush admitiera estar interesado en la próxima candidatura presidencial de los republicanos (lo que él también desea), no tardó en denunciar el acuerdo entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, e incluso amenazó con hacer presupuestariamente imposible el establecimiento de una embajada estadounidense en La Habana; Robert Menéndez (senador por Nueva Jersey e hijo de cubanos, con serias investigaciones en su contra por corrupción) opinó que Obama ha hecho concesiones sin obtener contraprestación suficiente a cambio; Ileana Ros-Lehtinen (cubana representante por Florida) emitió una declaración oficial en la que asegura que «esta extraviada acción del presidente Obama envalentonará al régimen de Castro en la continuación de sus actividades ilícitas, y a pisotear libertades fundamentales e ignorar los principios democráticos». (También sugirió que Obama pudiera haber violado varias leyes con su decisión). Éste es el trío que promovió y logró la aprobación—al día siguiente de las revelaciones sobre las «técnicas de interrogatorio enriquecidas» de la Agencia Central de Inteligencia—de la legislación para sancionar a funcionarios venezolanos acusados (no convictos) de violación de derechos humanos, sobre la base de denuncias que el Tribunal de Luxemburgo habría desestimado. Bueno, ellos tres se posicionan en contra de la mayoría de los ciudadanos estadounidenses (y de los cubano-estadounidenses) que reflejan en encuestas su aprobación del alivio conseguido ayer. Afortunadamente, Marco Rubio no será el próximo Presidente de los Estados Unidos; ni siquiera será el candidato del Partido Republicano. (Ver análisis de Edward-Isaac Dovere).
Lo que ha hecho Obama respecto de Cuba tal vez sea lo más significativo de su accidentada y, hasta cierto punto, decepcionante presidencia. Trae paz a los hombres de buena voluntad.
¡Feliz Navidad! LEA
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