por Luis Enrique Alcalá | Abr 23, 2016 | Dr. Político en RCR, Entrevistas, Política |

El sabio rostro de Camille Saint-Saëns
El espejismo de una constituyente como solución a los problemas nacionales fue el tema central de la emisión #193 de Dr. Político en RCR. Esta superstición se basa en los equivocados conceptos de Hugo Chávez sobre ese otro poder constituido, uno excepcional sin duda, pero nunca con poderes absolutos. El Aire en la cuerda de Sol—de la Suite Orquestal #3 de Juan Sebastián Bach—y el inicio del Segundo Movimiento de la Sinfonía #3 (Órgano) de Camille Saint-Saëns amenizaron la ocasión. He aquí el audio de la transmisión de hoy:
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 22, 2016 | Argumentos, Política |

El verdadero dilema es Tío Tigre o Tío Conejo
Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro “tío tigre” menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.
Carta Semanal # 131 de doctorpolítico
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Hace no muchos minutos que he enviado a una decena de amigos el texto que copio abajo, que por ahora remata un intercambio electrónico que ya lleva varios días. Creo que se explica, en gran medida, por sí solo.
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En toda esta conversación hay premisas más o menos encubiertas. Una de ellas, por supuesto, es que la diabólica Sala Constitucional interpretará el Derecho como le venga en gana. Esto no es así; aunque en sus más recientes decisiones hay mucho de razonamiento extrajurídico, enteramente político—por ejemplo, en la declaración de inconstitucionalidad en la reforma a la ley del BCV, incluyó la coartada de «guerra económica» en sus considerandos—, en general trata de guardar las formas y técnicas de uso longevo en el máximo tribunal. Gerardo Blyde, que forzó la reformulación del decreto de Chávez para el referendo de abril de 1999, es abogado y es opositor, y hasta él sugirió que podía haber inconstitucionalidad en varios artículos de la Ley de Amnistías.
Ha habido torpeza e ignorancia de la Constitución en la fracción opositora de la AN y las sigue habiendo; le convendría a esa gente recibir un taller sobre el texto fundamental, y a nosotros mismos. Así se evitaría, por ejemplo, cosas oídas recientemente, como que habría sido a partir del 14 de este mes (tercer aniversario de la elección de Maduro) cuando se podía iniciar el proceso revocatorio, sin considerar que el Art. 233 dice con total claridad: «el nuevo Presidente o Presidenta [proveniente de elección luego de la falta absoluta del Presidente antes de tomar posesión o antes de cumplir la mitad del período] completará el período constitucional correspondiente». Es decir, el período que empezó el 10 de enero de 2013, no el 14 de abril. (A veces dejo correr la sospecha paranoide; pensé que el defectuoso argumento pudiera ser útil a quienes—Torrealba, por ejemplo, o Ramos Allup—entorpecieron la posibilidad revocatoria durante todo un trimestre, perdiendo noventa días que a la postre pudieran resultar cruciales).
Que el gobierno tendría al TSJ de su lado era cosa requetesabida, cantada de antemano; no entiendo a qué viene la sorpresa. Era esperable que el TSJ se cuadrara con Maduro, pero es inexacta la noción de que la AN opositora es atacada gratuitamente sin que ella tenga nada que ver en el asunto, sólo por el hecho de «pensar distinto» en una «dictadura». Su Presidente desenterró el hacha de la guerra el mismo 5 de enero, al declarar en su discurso inaugural que era un «compromiso no transable» encontrar en seis meses el modo de terminar con el gobierno. A continuación, se ocupó del incidente de los retratos expulsados, desdiciendo de la majestad de la Presidencia de la Asamblea Nacional, que ha podido solicitar al Director de Servicios de la institución que se encargara discretamente de la cosa. (Para el único propósito de suscitar en las jaurías de Facebook y Twitter su aprobación con la frase estándar—»Se las cantó claritas»—y la declaración de amor de Claudio Nazoa que fuera tan frívolamente celebrada, como si fuera una estocada definitiva). Después vino el autogol del decreto de guerra económica, que excusó por palabras de Maduro, el enemigo, a quien no se le pregunta, como Churchill no preguntó a Hitler de cuánto tiempo disponía para tomar Normandía. Toda una nube de abogados argumentó incompetentemente que Ramos Allup disponía de ocho días, cuando una ley muy orgánica estipulaba 48 horas (visto a tiempo por M). El peligroso decreto adquirió vigencia por esa inexcusable omisión, y si no cobijó decisiones gravísimas es porque el gobierno está grandemente debilitado; a pesar de sus ladridos, no pudo expropiar a la familia de Lorenzo Mendoza. (Ya escucho el ingenioso retruque a esta última observación: «¡Pero Polar no hará más cerveza! ¡La está destruyendo por otras vías!»)
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Otra premisa es que la lucha contra el demonio político autorizaría en «nosotros»—siempre me ha preocupado ese plural de primera persona—una conducta tramposa; si es incorrecto entender a una constituyente como cuerpo con poderes absolutos, esto no importa, porque tenemos «el antecedente del 99» y «lo que es igual no es trampa».
Yo creo que imitar el mal conduce a cosas malas, indebidas. Al cierre de un artículo sobre las críticas a Dudamel y Abreu en 2007 (Conocimiento y opinión), puse lo siguiente:
Para quien escribe, el peor de los rasgos del presidente Chávez es, precisamente, la soberbia que exhibe en asuntos de moral personal y ciudadana. Él se siente y se proclama mejor que todos nosotros y él sabe lo que es bueno. Ser rico es malo; desprenderse de algunos dólares que le diera Kadaffi junto con algún diploma intrascendente es bueno. Sobre la convicción de superioridad moral asienta sus arbitrariedades.
Por supuesto, el gobierno buscó manipular los sentimientos del público al asociar su nuevo y redundante canal con la imagen admirada de Gustavo Dudamel. Este gobierno que dirige Chávez es un maestro en las artes de la manipulación. No está solo en la práctica, no obstante. ¿O qué eran las estampitas de la Virgen María que el ya poco recordado Juan Fernández blandía ante las cámaras durante el paro petrolero? ¿Qué era la insinuación del difunto y golpista cardenal Velasco, cuando decía en sermón catedralicio que los deslaves que sembraron muerte y destrucción en el estado Vargas eran un claro castigo de Dios a la soberbia presidencial?
Lo peor que puede hacer un opositor a Chávez es parecerse a él.
«Nosotros» debemos dar el ejemplo correcto. No nos sale lanzar rollos de papel higiénico a diputados oficialistas, ni dar discursos con una sábana de varios metros de papel en el que estaría enumerada una lista de casos de corrupción; ese histrionismo barato no ayuda en nada al país, a sus asediados y angustiados pobladores. ¿O es que no excita los peores instintos oficialistas que se hable en la Asamblea de «rectores tramposos» del CNE en la aprobación de la Ley de Referendos?
«Nosotros» debimos redactar un decreto de amnistía, no una ley, y no ayudó a nada la celosa declaración de Alfredo Romero, quien vio tardíamente la posibilidad (el 14 de diciembre) luego de haber anunciado un proyecto de ley una semana antes: “…este esfuerzo no puede estar sujeto a mezquindades, a luchas por protagonismos estériles ni a egoísmos de ningún tipo. De la lucha por la libertad, por los DDHH y contra la persecución política nadie es dueño ni protagonista exclusivo, así que este es un esfuerzo que es y será para todos los venezolanos”. (Ahora tenemos los resultados que tenemos, y en el juego nada gentil y fraternal en las entrañas de la MUD hay quien sugiere que el asunto se complicó adrede porque convendría a algunos que López siga preso).
«Nosotros» debimos aprovechar las facilidades del Decreto-Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas en la Ley de Referendos, en vez de esperar ahora que, en una interpretación defectuosa del Art. 298, habrá que sumar seis meses de espera para celebrar un revocatorio.
El desempeño opositor, desde una lectura incorrecta del 6D, ha ayudado mucho a la exacerbación de la guerra de poderes. Esa lectura algo alucinada ha conducido a lo que miden Datanálisis y DatinCorp: «Desapareció la esperanza generada por el triunfo opositor el 6 de diciembre de 2015… Hay frustración en los venezolanos con la actuación de la nueva Asamblea Nacional, incluida la gestión del Presidente de la institución Henry Ramos Allup». (Palabras textuales de Jesús Seguías al 2 de febrero). Que no haya mucha queja, entonces.
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Pareciera insensato continuar esperando que algún día la oposición convencional la pegue; el reciente «cabildo abierto» fue un fracaso en términos de asistencia. Ganarse un Kino luce como más probable. Hay que hacer cosas distintas.
A fines de 2005, contribuí con un capítulo (Tío Conejo como outsider) al libro Chávez es derrotable, editado por Fausto Masó. Ese texto concluye así:
¿Es posible afirmar que en Venezuela existen, o tendrían que existir, ejemplares humanos que calcen los puntos enumerados hasta ahora, que no son todos? Sé que existen. Hay más de un venezolano de cultura actualizada, serena y capazmente comprensivo de la complicada y planetizada época que vivimos, provisto de modernos paradigmas, y que a un tiempo es buen líder y eficaz comunicador, en posesión de vocación pública alejada del resentimiento político o social y la mera ambición de poder, inteligente y profesional.
Pero ni siquiera tales rasgos serían bastantes. Una exigencia adicional es que el candidato viable, y por tanto apoyable, no esté aquejado por defectos que de obvio bulto le impedirían. Por ejemplo, no podría ser “cuartorrepublicano”, por más que las “viudas del paquete” o los políticos prechavistas pudieran coincidir con él o ella en más de una cosa. Tampoco podría ser, naturalmente, chavista, aunque su bagaje terapéutico pudiera coincidir, en grado siempre menos virulento, con desiderata sostenidos por Chávez, como pudieran ser el caso de la preferencia por un mundo multipolar o la democracia participativa.
Ahora bien, supongamos que tan peculiar personaje existiera y pudiera ser descubierto ¿es probable que se organice y obtenga el apoyo requerido para una campaña ineludible? Siendo lo que antecede las condiciones indispensables a una “sorpresa”—ocurrencia de un evento de baja probabilidad—para que sea exitosa ¿qué puede decirse de las probabilidades de tal aventura?
La condición crítica será seguramente la de disponibilidad de los recursos. Acá se enfrentaría un outsider con la incredulidad básica ante una aventura no convencional y con la tendencia conservadora que aun en casos de crisis encuentra difícil ensayar algo novedoso. Aquellos que pudieran dotar a un candidato como el descrito con los recursos suficientes estarán oscilando entre los extremos de más de un dilema.
Uno de los dilemas es el de seguridad vs. corrección. Se sabe de lo inadecuado de los actores políticos tradicionales, pero ante un planteamiento correcto por un outsider habría la incomodidad de abandonar lo conocido. Stafford Beer decía, refiriéndose a la sociedad inglesa de hoy, que su problema era que “los hombres aceptables ya no son competentes, mientras los hombres competentes no son aceptables todavía”. En forma similar Yehezkel Dror destaca otro dilema: si se quiere eficacia es necesaria una transparencia en los valores, la exposición descarnada de los mismos; si lo que se quiere, en cambio, es consenso, entonces es necesaria la opacidad de los valores, no discutirlos más allá de vaguedades y abstracciones.
Así, pues, se estaría ante un dilema de tradicionalidad vs. eficacia, de poder vs. autoridad. Es pronosticable que la mayoría de los actores con recursos, ante una solicitud de cooperación por parte de un outsider con tratamientos realmente eficaces, se pronunciaría por los términos dilemáticos más conservadores o “seguros”.
Pero es concebible que una minoría lúcida entre los mismos pueda proveer los recursos exigidos por una campaña poco costosa—no puede, no debe ser cara—en grado suficiente, al menos para cebar la bomba que pueda absorber los recursos totales del mercado político general, pues si la aventura cala en el ánimo del público, una multitud de pequeños aportes puede sustituir o complementar a un número reducido de aportes cuantiosos.
Pero el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aun el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas se trataría de una sorpresa—no es necesariamente imposible, y que, por lo contrario, la dinámica del proceso político venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. Si esto es percibido de este modo, entonces tal vez las fuentes de apoyo necesarias quieran comportarse como un jugador racional de la ruleta con cien dólares en la mano. Apartará cincuenta dólares como reserva y de los cincuenta restantes apostará la mayoría, cuarenta y cinco quizás, a las posibilidades de mayor probabilidad: rojo (Chávez), negro (Borges), par (Smith), impar (Petkoff). Pero jugará cinco de los cien dólares en pleno al diecisiete negro (outsider), porque sabe que si la apuesta es de éxito menos probable, si pierde lo hace poco y si gana, en virtud del efecto multiplicador del pleno, obtendrá mucho más de lo que haya invertido.
Finalmente, y nuevamente en la analogía de los juegos, bastante dependerá de la lectura que se tenga de la crisis. Para aquellos para los que la abrumadora acumulación de evidencias no sea suficiente para creer que la crisis no es de carácter coyuntural y pasajero, solucionable con un paro mágico, la panacea 350 o la estupidez de un golpe, invasión o magnicidio, será lo indicado negar su apoyo al outsider. Sólo aquellos que ya se hayan convencido de que la crisis es estructural y profunda y requiere, por tanto, terapias no convencionales, podrán pensar como el buen jugador de dominó (o de bridge) que carezca de la información completa sobre la localización de las piezas o cartas claves. En esas condiciones un buen jugador identificará cómo tendría que darse esa ubicación de piezas para poder ganar la mano. Entonces jugará como si en verdad la disposición efectiva fuese esa única forma de ganar, rogando para que así sea, pues el éxito es crucial.
Perdonen que esto no haya cabido en una paginita (se me ha sugerido que esto es «mi problema»), y no estoy hablando de Rodríguez Torres. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 16, 2016 | Dr. Político en RCR, Política |

El gran valsista vienés
Principalmente se dedicó el programa #192 de Dr. Político en RCR a la defensa del mismo ante calumnias del Sr. Jesús Torrealba en su programa del lunes de esta semana, en respuesta a una de sus oyentes que sugirió que las mediciones que registran una disminución del apoyo a la oposición y un aumento del apoyo al gobierno desde la elección de Asamblea Nacional eran en gran parte mentirosas. Una de las piezas que componen la Danza de las horas de la ópera La Gioconda de Amilcare Ponchielli y algunos compases del famoso vals de Johann Strauss h., El Danubio azul, fueron la música de esta ocasión. Acá se pone el audio de esta transmisión de hoy:
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Actualización: en el programa mencioné un correo enviado al Sr. Torrealba el 24 de mayo del año pasado, al que no hizo el menor caso. Copio acá uno posterior, del 8 de octubre de 2015, del que tampoco tengo acuse de recibo. Gmail no me ha reportado que fuera devuelto por el servidor de correos de Torrealba.
Estimado Sr. Torrealba: a partir de una secuencia reseñada anteayer en mi blog (Irrupción constituyente), creo que debe darse un compromiso ante los electores de los candidatos a diputaciones de la Asamblea Nacional; esto es, iniciar su gestión con la convocatoria, por mayoría simple del Parlamento, de un referendo consultivo que obtenga el parecer del Soberano sobre la cuestión central de la política nacional: la implantación en Venezuela de un régimen socialista.
He argumentado que los electores tienen todo el derecho de exigir una cosa así a quienes ahora solicitan su voto para ser elegidos, y me propongo hacer todo cuanto esté a mi alcance para que un número apreciable de aquellos así lo entienda y lo reclame a partir del inicio de la campaña electoral de eventuales legisladores.
Aunque sostengo igualmente que un referendo sobre ese tema en particular debiera ser promovido por ambos lados de la diferencia, oficialismo y oposición (y también por candidatos independientes), es claro que tal cosa resultaría más natural a los candidatos opositores, tomado en cuenta que los estudios de opinión miden desde hace años una consistente y creciente mayoría de ciudadanos que no aprueban las pretensiones socializantes del Gobierno.
En mi estimación, cualquier candidato que se sume a la iniciativa aumentará por ese mismo hecho la propensión de votar a su favor, y por esto conjeturo que está en el interés de la Mesa de la Unidad Democrática incitar a sus postulados a acogerla.
El artículo citado de mi blog cierra con esta idea:
Siendo que la pretensión socialista es la excusa universal, la coartada general de todos los actos del gobierno, un rechazo masivo al socialismo en referendo debe forzar la renuncia de Nicolás Maduro al cargo que ahora ocupa. No podría sostenerse si se viera forzado a suprimir de papelería, gigantografías y carteles, de discursos y decretos, la especie de que se ocupa en la construcción del socialismo.
Naturalmente, un referendo revocatorio es el medio perfecto para alcanzar lo mismo, pero no puede ser convocado sino por los electores, en ningún caso por la Asamblea Nacional y, por otra parte, exige el doble del esfuerzo en caso de hacerse necesaria la iniciativa popular.
No escapa a su conocimiento que, más allá de la esperanza cifrada en que el oficialismo deje de controlar la Asamblea Nacional, una muy significativa mayoría nacional prefiere que el presidente Maduro deje de gobernar cuanto antes.
He querido poner a su consideración y, por su intermedio, a la de la Mesa y sus candidatos, esta clara posibilidad de contribuir decisivamente a la superación del problema político venezolano, actuando directamente sobre su meollo.
Quedo a la espera de conocer su opinión acerca de esta proposición.
Cordialmente
Luis Enrique Alcalá
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 14, 2016 | Notas, Política |

Torrealba certificando la desunión en la Mesa de la Unidad Democrática
Noticiero Digital daba cuenta, el 12 de los corrientes, de una insólita intervención de Jesús Torrealba en un foro de la Fundación Espacio Abierto, cuyo Director es el político venezolano Luis Manuel Esculpi. (Antes del Movimiento Al Socialismo; inconforme con el apoyo de este partido a la candidatura de Hugo Chávez en 1998, formó Izquierda Democrática. Esculpi se alió luego con Francisco Arias Cárdenas en la formación del partido Unión; esta alianza se partió y Esculpi regresó a Izquierda Democrática, cuyos dirigentes principales acordaron mudarse a Un Nuevo Tiempo, Esculpi incluido). La nota de ND nos entera de lo siguiente:
[Torrealba] entró en consideraciones en torno al tema de la unidad. “Yo debo decir que desde el 3 de enero de este año la dirección política de la unidad democrática está severamente aquejada por falta de coherencia y organicidad”.
Torrealba se remontó al momento en que se logró el acuerdo de la tarjeta única en agosto de 2015; muy condicionado por la presión de Voluntad Popular, habida cuenta de los reclamos que hacía a partir de su condición de fenómeno electoral reciente y acelerado, y que fue lo que dio pie a su incorporación dentro del llamado G-4; el grupo de los cuatro partidos más representativos, en este caso, Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular.
Lo definió como el corazón del comando de campaña, al que se le agrega la figura del Secretario Ejecutivo de la MUD, de modo que vino a ser el G-5, y que las cosas marcharon en armonía allí hasta el día 3 de enero cuando no se obtuvo un acuerdo para elegir al presidente de la AN, y que, por tanto, se tuvo que ir a una elección; que fue lo que produjo un impacto interno.
“Ese impacto fue que nuestros compañeros de Primero Justicia, mis hermanos, dijeron: ya va, el G-4 es una estructura que funciona sobre la base de la confianza, y esta confianza ha sido resquebrajada. Esto ya no es un G-4, sino que es un 3 contra 1”.
Añadió que a partir de ese momento el grupo ejecutivo tampoco ha podido funcionar; porque no tiene normas acerca de cómo tomar decisiones, y que en esta situación hemos atravesado un trimestre completo, y un trimestre, a su juicio, donde ha pasado de todo, y argumentó que estas cosas se permitía decirlas públicamente en su carácter de dirigente político independiente, porque hay la necesidad urgente de remediar esta situación; ya que la unidad no se trata de una conquista que le pertenece a los partidos políticos, sino a todos los venezolanos.
Debo admitir que, al leer tan desusada candidez en la grave confesión, llegué a pensar que Torrealba tal vez quiera que lo remuevan de sus responsabilidades como Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática; lo que dijo fue público y, según la manida conseja de la política convencional, «los trapos sucios se lavan en casa». También pensé que la dirigencia de la MUD ni siquiera sabe administrar el éxito, pues no fue un logro pequeño la decisiva mayoría de escaños en la Asamblea Nacional. Luego recordé al «suicidio anómico» descrito en el famoso estudio de Émile Durkheim, que se desencadena por un súbito desequilibrio entre metas personales y recursos, así sea por la repentina adquisición de riqueza. (Mi tío me deja en herencia una fortuna y me pego un tiro).
Pero Torrealba avistó una posibilidad de futuro positivo; dice Noticiero Digital: «Propuso que la MUD se transforme [en] un gran movimiento de masas, que integre distintos sectores de la sociedad venezolana, y que sea nombrado un comando de campaña, donde los partidos políticos jueguen un papel de conducción; pero que antes la MUD debe prepararse para explicarle al país lo que se va a hacer, tan pronto se establezca un gobierno de transición».
Cuando se nombraba a Torrealba en el delicado cargo que desempeña como coordinador de la federación opositora, este blog publicó ¿Jesús Gorbachov? (1º de octubre de 2014). Allí se lee:
La aceptación de la tarea de coordinar la MUD por parte de Torrealba se conoció el pasado 24 de septiembre, dos días después de que la organización decidiera encargársela. En total ignorancia de que esta secuencia se daría, tuve el atrevimiento de sugerir en la edición #110 de Dr. Político en RCR (13 de septiembre) que convendría a la MUD traer un nuevo Secretario Ejecutivo que viniera con un programa de cambio, y que la modificación esencial sería un cambio de misión: en lugar de ser una mesa para unir a la oposición, que se propusiera serla para unir al país. (…) El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito.
A lo mejor no le fue posible a Torrealba exigir ese propósito a su llegada, como se le recomendara en el artículo que acaba de citarse: «Ahora podría cambiar Torrealba las cosas, y para lograrlo debiera procurar la metamorfosis—DRAE: Transformación de algo en otra cosa—de la Mesa de la Unidad Democrática. Y es ahora, ya mismo, cuando debe intentarlo; a corto plazo, la MUD no podría pagar el costo político de prescindir de Torrealba; sería la garantía de su dispersión. Es ahora cuando puede exigir e imponer».
Las indiscreciones de Torrealba en el foro de Esculpi pudieran consolidar esa dispersión de la Mesa de la Unidad Democrática, pues lo que ha hecho es desnudar públicamente las profundas divisiones en su seno. ¿Será en la oportunidad de su salida buscada que la metamórfica meta se haga posible? LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 12, 2016 | Entrevistas, Política |

La agencia noticiosa de Italia
La periodista Milagros Rodríguez tomó amablemente mi opinión, en fecha aniversaria del Carmonazo, para la agencia italiana de noticias ANSA. He aquí lo que registró con fidelidad de lo que dije:
…para Luis Enrique Alcalá, sociólogo y analista político, el panorama sigue luciendo «incierto para Venezuela hasta que no haya nuevos liderazgos competentes que emerjan y sepan qué es lo que tienen que decir y hacer».
«Estamos atrapados, lamentablemente, con problemas cotidianos muy agudos de desabastecimiento, inflación, que ya va a entrar en el rango de hiperinflación, con una inseguridad espantosa y entretanto la oposición y oficialismo lo que hacen es ponerse etiquetas», cuestionó Alcalá en diálogo con ANSA.
A su juicio el país se encuentra entre «la perniciosidad del oficialismo y la incompetencia de la oposición». «La dirigencia opositora no sabe en qué palo ahorcarse y por eso ofrece un combo de posibilidades, cuando lo que ha debido hacer es activar el 11 de enero el revocatorio, que es el mecanismo que la Constitución prevé para salir de un gobierno que no le convenga al pueblo», enfatizó.
«Se han perdido tres meses y el nudo de la cuestión política es la pretensión socializante del oficialismo; ése es el problema central que debe dilucidar el Poder Constituyente Originario en un referendo consultivo que la Asamblea, con mayoría simple, es decir con 84 diputados, puede hacer», destacó.
Gracias a Milagros y a ANSA. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 11, 2016 | Argumentos, Política |

La prestigiosa etiqueta
Un amigo inteligente, bien intencionado y proactivo, me escribe: «es una DICTADURA». Un importante venezolano acaba de declarar a un medio nacional: «Aquí está planteada una dictadura. Una dictadura pura y dura…» Se ha conseguido por fin la etiqueta definitiva, cuyo uso satisfará toda necesidad. Del otro lado de esta polarización que hace mucho más daño que bien, se ha empleado otras; la más reciente es una reciclada: «derecha fascista». El país puede respirar tranquilo, pues su problema político se habría esfumado con tales «descubrimientos»; su clase política opone una etiqueta a otra, cada actor enfrentado coloca una estrella amarilla de seis puntas en el abrigo del otro, como hacía Hitler en la Alemania que sojuzgó tan trágicamente. Problema resuelto.
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Mi señora me dice: «Es que lo que se busca es la aplicación a Venezuela de la Carta Democrática Interamericana». Bueno, lo peor que pudiera pasarle al país en tal eventualidad es ser suspendido de la condición de miembro de la OEA; más concretamente, que Bernardo Álvarez no podría hablar en Washington a sus colegas, los demás representantes permanentes de los países del continente ante esa organización. Claro que está la raya misma de la suspensión pero ¿qué es una raya más para un tigre? ¿Es que no está desde hace tiempo muy suficientemente desacreditado el gobierno venezolano en la opinión internacional? Con eso no va a caer el gobierno. Quienes se empeñan en buscar afuera la solución a nuestros problemas políticos, que no hemos sido capaces de idear siquiera, reproducen la táctica de una cuña televisiva del detergente Ariel, en la que una madre que lava ropa escucha la queja de uno de sus hijos, cuya voz en off gritaba: «¡Mamá, Federico me está molestando!»
Se me olvidaba: la decisión de suspender a un país miembro de la OEA de esa condición debe ser tomada por una mayoría de dos terceras partes de los Estados (Artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana). Le deseo suerte al Sr. Almagro, evidentemente excedido en sus funciones de Secretario General al haberse enfrascado en una lucha personal contra el gobierno de Nicolás Maduro; en los años recientes, sólo los Estados Unidos, Canadá y Panamá (país algo ajado a raíz de los Panama Papers) han votado contra Venezuela.
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La teoría de la información la define como aquello que cambia el estado mental de quien la recibe. Si anunciara ahora que Carlos Gardel ha fallecido, eso no constituiría información para nadie, puesto que tal hecho es universalmente conocido. No es noticia que el gobierno venezolano sea pernicioso; desde el 4 de febrero de 1992 se conoce que el chavismo es capaz de cualquier cosa, incluyendo el empleo de las armas para sus fines políticos. Adán Chávez, quien ahora acusa a Henry Ramos Allup, Julio Borges y Henrique Capriles Radonski “de llevar a toda su gente por el camino de la violencia y la locura”, declaraba el 27 de junio de 2011:
Nuestro proceso bolivariano se inició en esta etapa bicentenaria por la vía electoral, y queremos seguir por allí, por una vía pacífica que permita construir el socialismo bolivariano, pero conscientes de los peligros que nos acechan y seguros de que el enemigo no descansa, no podemos olvidar otros métodos de lucha. Sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros métodos, incluso la lucha armada, para obtener el poder.
Ya en 2002 se redactaba, en un proyecto de Acta de Abolición del gobierno de Hugo Chávez, esta caracterización de su infortunado régimen:
…el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines [la prosperidad y la paz de la Nación], al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto…
¿Calificar a Maduro de dictador añade algo? ¿Es que necesitamos, a catorce años de distancia, una caracterización más precisa que la antecedente? ¿Qué tal esta otra?
El término oncológico es apropiado para referirse a la dominación política instaurada en Venezuela a partir del 2 de febrero de 1999, puesto que no se trata de enfermedad inoculada por algún vector externo—un anofeles o chipo—sino de un proceso que residía en las entrañas del pueblo venezolano desde mucho tiempo antes de que hiciera eclosión. (…) Es por tal razón que son insatisfactorias las caracterizaciones del chavismo (del chavoma) como la mera llegada al poder de una nueva y delincuente oligarquía. Seguramente ha habido y hay entre jerarcas mayores y menores del régimen chavista-madurista gente corrupta y malhechora, verdaderamente forajida; tal vez en proporción mayor que la que hubiera en regímenes anteriores a 1999, acá y en toda otra nación del planeta. A fin de cuentas, los más radicales izquierdistas venezolanos nunca superaron electoralmente el “seis por ciento histórico” hasta el año del advenimiento de Chávez como Presidente de la República, y como en ellos había hambre longeva de poder y de prebendas, la corrupción actual supera la de quienes los precedieron. Pero es un juicio más ajustado a la realidad explicar el chavismo como el producto de la acusada decadencia de la política que lo anticipara, y su sustitución por una nueva hegemonía fundada en la creencia de que Marx tenía razón. La mayoría de los socialistas venezolanos cree seriamente que la explicación de todo mal social debe encontrarse en el afán de lucro de “la burguesía”; es decir, está profunda pero honestamente equivocada. Luego, el sistema chavista es claramente pernicioso, puesto que invade terreno propio de la sociedad y sus ciudadanos, como un cáncer que se extiende ocupando y destruyendo tejido de órganos imprescindibles del cuerpo que aqueja. La conjunción de su origen y su naturaleza autoriza que lo entendamos como proceso canceroso.
El párrafo precedente viene de un artículo en este blog del 19 de agosto del año pasado (¿Qué se debe hacer? (II)), aunque la designación de chavoma se empleó por primera vez en febrero de 2003; allí también se dijo:
La utilidad de etiquetar al régimen no pasa de proveer—a los héroes y heroínas de Facebook, Twitter y llamadas telefónicas a ciertos programas de radio—una fórmula simple y autosuficiente para denostarlo. Pero no sirvió de nada a los rusos, checos, húngaros, polacos, albanos, búlgaros, rumanos y alemanes orientales tomar conciencia de que vivían bajo dictaduras “comunistas”. Bautizar un problema no es lo mismo que resolverlo…
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¿Cuál es entonces la utilidad de la etiqueta negra? Absolutamente ninguna; su valor agregado es exactamente cero. Pero argumentarán quienes la reciclan—Luis Enrique Oberto predicó por más de un año, a partir de 2004, la necesidad de bautizar a Chávez como dictador (con ayuda de Hannah Arendt y Los orígenes del totalitarismo) en una conocida peña caraqueña—que lo que pasa ahora es que el Tribunal Supremo de Justicia, el Poder Ciudadano, el Poder Electoral y el Poder Ejecutivo Nacional desconocen e impiden a la Asamblea Nacional, sin considerar que Ramos Allup declaró la lucha frontal el 5 de enero al anunciar, en evidente exceso, el «compromiso no transable» de salir de Maduro en seis meses; tal cosa no es un propósito legítimo del Poder Legislativo Nacional. Dirán que ahora sí es verdad que el régimen «se ha quitado la careta», que es nuevo que se pretenda anular las decisiones de un cuerpo elegido por más de siete millones de electores—también más de siete millones de votantes eligieron al señor al que se le prometió la cesantía—, pero tampoco consideran las omisiones y descuidos de la Asamblea y su máximo dirigente, que han facilitado las cosas al TSJ oficialista y han desplazado desfavorablemente la opinión en sólo tres meses; el 8 de este mes, reportaba NBC News:
…the surge in support for the opposition has lost steam in the months since the elections. Dr. Gil Yepes points out that the figures of support for the opposition and the government are once again converging, with self-identified supporters of the government rising from 22 to 34 points, and self-identified opponents dropping from 50 to 38 points.
El país, que sufre agudos dolores y privaciones, está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo!
Pobre país. LEA
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