por Luis Enrique Alcalá | Ene 14, 2010 | Argumentos |

Patrick Farrell - The Miami Herald/AP
Dos días antes del nuevo tormento en Puerto Príncipe, una hermana mía recordó algo que nuestra madre decía: «El alma duele». A quienes estamos lejos de estos hermanos caribeños, bien ilesos del ramalazo feroz que se abate sobre ellos, sólo puede dolernos el alma.
Es difícil imaginar qué saludo enviarles. ¿Cómo decirles que estamos con ellos, y que no entendemos por qué tienen que sufrir tanto?
El mismo día cuando Anne Morrow Lindbergh, mujer del famoso aviador, supo por fin que su pequeño hijo raptado estaba muerto y que había sido engañada inmisericordemente por su secuestrador, escribió una carta a su madre, recogida en su colección de diarios y correspondencia. En ella decía: “No creo que el mero sufrimiento enseñe. Si el solo sufrimiento enseñara, todo el mundo sería sabio, puesto que cada uno sufre. Al sufrimiento debe añadirse luto, comprensión, paciencia, amor, apertura y la disposición a permanecer vulnerable».
Eso lo decía una mujer terriblemente golpeada por un alevoso crimen contra el fruto de su vientre. Estaba dispuesta a permanecer vulnerable, estaba dispuesta a tener otro hijo; a pesar del miedo, estaba dispuesta a apostar de nuevo. Ojalá Haití encuentre la entereza de la señora Lindbergh, y sepa atreverse a despertar en cada nuevo día.
Es una bendición que el creciente tejido nervioso del mundo—Twitter, Facebook y demás redes sociales—haya acelerado la contribución de los habitantes del planeta que pueden enviar ayuda. Del diario El Universal saco los datos que pueden servir a cada uno de nosotros para acercar la nuestra.
Lo que podamos es amor, mientras el alma duele.
LEA
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¿Dónde entregar ayudas?
Diversas instituciones en Venezuela se han abocado a recolectar ayuda para los afectados por el terremoto que azotó el martes 12 de enero a la isla de Haití. En estos lugares usted podrá aportar diversos insumos, como agua potable, alimentos no perecederos, cobijas o mantas, que serán luego enviados a las zonas del desastre en ese país.
CRUZ ROJA DE VENEZUELA
Lista de insumos necesarios:
Agua potable
Dirección en Caracas:
Avda. Andrés Bello, justo al lado de la Universidad Alejandro Humboldt y frente a la Torre Banco Mercantil
Teléfono: (0212) 5780854.
CÁRITAS DE VENEZUELA
Esta institución está recibiendo tanto aportes económicos como alimentos no perecederos y agua potable para los afectados en Haití.
Cuenta Corriente Nº: 0105-0699-92-1699059454
Banco Mercantil
Depósitos a nombre de Cáritas de Venezuela.
Centro de acopio: Avda. Teherán, (antigua prolongación Avda. Páez), 200 metros antes de la UCAB, frente a la Urb. Juan Pablo II, Sede de la CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA, Montalbán, Caracas – Venezuela.
por Luis Enrique Alcalá | Ene 13, 2010 | Económica, Entrevistas, Política |
El Ing. Aurelio Useche Kislinger, ex Director Principal del Banco Central de Venezuela y ex Jefe de la Oficina Central de Presupuesto, ha accedido amablemente a asentar para DoctorPolítico su comentario sobre la devaluación de la moneda venezolana, recientemente decretada, el Viernes Rojo (8 de enero de 2010), por el Gobierno Nacional.
He aquí el archivo de audio:
por Luis Enrique Alcalá | Ene 13, 2010 | Argumentos, Política |
Y, por si acaso, tampoco he variado de opinión respecto a otra cosa: ni necesitamos ni queremos otro intento militar para resolver esta crisis. La soberanía no reside en los generales, no reside en Fedecámaras, en la CTV, en las universidades, en la Causa R, en la iglesia católica, en las otras iglesias todas reunidas, en las asociaciones de vecinos. La soberanía reside en el pueblo. En el pueblo todo. Ningún segmento, por más lúcido, capacitado o bien intencionado que pueda ser, tiene derecho a suplantar al cuerpo social en su conjunto.
Fe de erratas – El Globo, 26 de marzo de 1992
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Los lados de un forcejeo
Las caricaturas contrapuestas deben ser identificadas. La primera, a la izquierda, es facsímil de la que hiciera Nino Menardo, en estupenda interpretación de la idea de soberanía popular, para un artículo del suscrito (Destranquémosle) del 5 de marzo de 1992 en el diario El Globo, un mes y un día después de la intentona golpista de Arias Cárdenas, Chávez y demás socios conspiradores. Juan Bimba, en despreocupada pose de monarca, con una mano en el bolsillo de su liquilique arremangado para revelar las alpargatas, lleva en la otra el sombrero de cogollo, porque su cabeza luce ahora, perfectamente ajustada, la corona del Soberano. Se trata del Pueblo serenamente seguro de su poder, con cara de no tener que dar explicaciones.
Un poco antes, el 28 de febrero de aquel año, escribía también para El Globo:
En estricto sentido, el comandante Chávez y sus compañeros de la cuarta madrugada de febrero abusaron de nosotros.
He podido conocer y admirar muy de cerca la conducta médica de un pediatra excepcional. Como pocos médicos que conozco, éste se tomó en serio el juramento de Hipócrates, el primer código ético de una profesión que la Historia registra por escrito. El protocolo que sigue este médico al que me refiero es invariablemente el mismo: ante la enfermedad de uno de sus pacientes procura, primeramente, que el enfermo se cure sin su intervención de faculto. Parte, pues, de una confianza básica y fundamental en las propias capacidades del cuerpo humano para sanarse a sí mismo. Sólo si el paciente no da muestras de mejoría se aviene entonces a recomendar algún remedio. Para que consienta en recetar antibióticos casi que hay que torcerle el brazo. Un revólver sobre su pecho es necesario para que admita que, llegado un cierto momento, el caso debe tomarlo un cirujano. Para él un cirujano es, entonces, un último recurso y no es, propiamente y de acuerdo con Hipócrates, un recurso médico. Políticamente, las cosas deben verse de la misma manera.
El comandante Chávez actuó como cirujano. La imagen del 4 de febrero como acto quirúrgico ha entrado ya en nuestras cabezas. Pero los militares que participaron en la acción, independientemente de su valentía y de la pasión que los animaba, abusaron del pueblo venezolano. Porque es que ningún cirujano tiene derecho a intervenir sin el consentimiento del paciente, a menos que éste se encuentre inconsciente y, por tanto, privado de su facultad de decidir si se pone en las manos del cuchillero. Y el pueblo venezolano no estaba inconsciente y el comandante Chávez no nos consultó sobre la operación y nosotros no le autorizamos a que lo hiciera.
Claro que justamente un día antes de la fracasada intentona, el 3 de febrero de 1992, el mismo periódico había publicado otro artículo mío (Basta), último de una serie que exigía la renuncia de Carlos Andrés Pérez—la había pedido por vez primera el 21 de julio de 1991, desde El Diario de Caracas—, en el que puse:
Basta de paquete. Basta de financiarle sus campañas extranacionales. Basta de mermas al territorio. Basta de megaproyectos, sociales o económicos. Basta de megaocurrencias. Basta de megalomanía. Usted, señor Pérez, que hace no mucho ha tenido la arrogancia de autotitularse patrimonio nacional, tiene toda la razón. Usted sí es patrimonio nacional, historia nacional, cruz y karma nacionales. Por tanto es a nosotros a quienes corresponde decidir qué hacer con Ud. Por de pronto, no queremos que siga siendo Presidente de la República.
Era entonces difícil imaginar un gobierno peor que el suyo. Todos los estudios de opinión detectaban el rechazo generalizado que suscitaba, aunque también la renuencia a sustituirlo por la incertidumbre acerca de quién pudiera sucederle. Pero a la madrugada del día siguiente, cuando hasta mi casa llegaban atronadores los cercanos disparos contra La Casona, sentí como afrenta personal lo que hacían los alzados desconocidos, puesto que me había empeñado, no sin costo también personal, en que cesara el gobierno de Pérez por métodos civiles, civilizados.
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La segunda de las caricaturas es, a juicio de quien escribe, una de las más geniales del genio Pedro León Zapata, publicada el 29 de julio de 2008, como es costumbre, en el diario El Nacional, que no me ha autorizado a reproducirla.
Lo dice todo. Alude, por supuesto, a la frase de su mentor y modelo, Fidel Castro, en el alegato del juicio que siguió al fallido asalto al Cuartel Moncada de La Habana: “La historia me absolverá”. Pero el tiranosaurio del dibujo, con botas y charreteras, que no es rex sino red, dice como le corresponde que es la prehistoria quien lo absolverá. ¿De cuál forma más concisa puede decirse que el agresivo régimen rojo de Hugo Chávez es un anacronismo, una involución?
Desde que se anunciara, el Viernes Rojo, la devaluación que es, primero que otra cosa, la admisión de un fracaso—a lo que se ha añadido el humillante racionamiento eléctrico en un país cuya más patente «ventaja comparativa» era justamente la abundancia de energía fósil e hidroeléctrica—, el enjambre ciudadano se muestra propenso a volverse africanizado. Sin que hubiera líder ostensible que lo dirigiese, un buen número de las abejas electoras voló a consumir anticipadamente, en protección contra inevitables aumentos de precios; otro sub-enjambre convocaba a una gran marcha de protesta para el próximo 23 de enero; otro, simplemente, llamaba a salir a la calle ese mismo día, sin marcha; otro proponía, finalmente, un paro general con idéntico fin para hoy mismo. (De esta última convocatoria se sospecha que sea sembrada por el propio gobierno). Después de estas manifestaciones, la Mesa de la Unidad ha decidido oficializar la invitación a marchar el sábado 23 de enero (cómoda fecha). Por enésima vez, la carencia de imaginación política repite acciones enteramente simbólicas e ineficaces, que sólo sirven para drenar algo de la irritación ciudadana. Hace tiempo que al gobierno le da risa la consigna-cliché de la oposición burocrática: “Hay que calentar la calle”.
Fueron entonces, inicialmente, reacciones inorgánicas, reacciones de turba antes de ser burocratizadas por la Mesa de la Unidad, y por tal razón el gobierno debe preocuparse mucho. (En Las 9 leyes de Dios, Kevin Kelly dice: «Una turba puede dirigirse a sí misma, y en el territorio del cambio rápido, masivo y heterogéneo, sólo una turba puede dirigir»). Rafael Poleo, que en octubre de 2008 le mostró el espejo del fin de Benito Mussolini—en atrevimiento idéntico al que con seis años de anticipación apareciera en la Carta Semanal de doctorpolítico (#16A, del 5 de diciembre de 2002, referida en LEA, por favor #307)—y debió marchar una vez más al exilio, dijo en entrevista aparecida el lunes 11 de los corrientes, anteayer, en Tal Cual, que hay “tres elementos que podrían causar la caída del gobierno de Hugo Chávez en un futuro cercano”. Éstos son: “Uno, la fatiga del líder. Dos, la falta de dinero… Tres, Chávez ha optado por una apuesta perdedora en el tablero geopolítico”.
Con razones distintas, el infaltable Heinz Dieterich, aún admirador de Chávez, concedió una entrevista a Carolina Barros (Venezuela Analítica, 5 de enero de 2010) la que, después de citarle diciendo que si el gobierno perdía las elecciones de Asamblea Nacional el proceso bolivariano llegaría a su fin, incluyó el siguiente intercambio:
Pregunta: En uno de sus últimos artículos usted describió al Gobierno de Chávez como un Titanic a punto de chocar y señaló la urgencia por cambiar el rumbo. También el embajador de Venezuela ante la OEA, Roy Chaderton, dio una señal de alarma ante los medios.
Heinz Dieterich: La preocupación por la supervivencia de la revolución bolivariana, expresada por el embajador Roy Chaderton, existe en amplios sectores de la Nueva Clase Política (NCP) bolivariana, desde alcaldes, diputados, diplomáticos, militares, comunicadores, gobernadores y hasta ministros. Esa preocupación nació hace alrededor de tres años, pero se manifiesta hoy con mayor fuerza, porque el iceberg está más cerca. Como es natural, hay fracciones de derecha, centro e izquierda en la NCP, definidas por ideología, política y economía. Lo que tienen en común es su miedo a perder el poder. Por eso no actúan ante el presidente con la verdad y firmeza que requiere la grave crisis del sistema y de la nación.
Hay olor, pues, a inminencia. El iceberg al que Dieterich se refiere no es otro que el Pueblo de Venezuela, ése que Nino Menardo pintó con tanta inteligencia, el mismo que enviará a Hugo Chávez de regreso a la prehistoria. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 11, 2010 | Argumentos, Política |
En La visita de Orión, entrada del 9 de los corrientes en este blog, escribí: “De haber ocurrido el incidente descrito por el presidente Chávez (y no tenemos base para ponerlo en duda), debe ser rechazado por todos nosotros, independientemente de nuestra posición política interna”.
El muy competente geólogo venezolano Aníbal R. Martínez me hizo llegar amablemente una fotografía de un avión P-3C Orión, con un comentario que decía: “De más está decir que en nada se parece a la costa desértica de Falcón la geografía que se ofrece en la foto”.

P-3C Orión en imagen de la web de la Marina de EEUU y Wikipedia

La misma imagen mostrada por Chávez
Después me cayó la locha, al conocer por otros oportunos envíos que esa foto, que yo mismo había visto en Wikipedia, fue la presentada por el presidente Chávez al hacer su denuncia del viernes 9, lo que el suscrito ignoraba. Es más, a juicio del suscrito, y a pesar de que la ilustración es presentada en la web de la Marina de los EEUU como si se tratara de una fotografía, más bien pareciera un dibujo bastante bien hecho.
La piratería es evidente. ¿Cómo pudo pensar Chávez que la patraña no sería descubierta? Ya varios sitios web están difundiendo la torpeza. El diario ABC de España pone:
Según Chávez, el avión estadounidense estuvo una media hora sobrevolando el espacio venezolano. De ser así los dos F-16 que lo interceptaron han tenido tiempo suficiente como para tomar fotografías del avión P-3.
“Sabemos de dónde salen, a dónde llegan. Lo estamos viendo, sabemos hasta el nombre del piloto y copiloto, dónde nacieron y su número de cédula de identidad. Nuestra inteligencia ha mejorado mucho”, aseguró.
Esta última afirmación llama la atención, ya que los estadounidenses no utilizan un carnet de identidad como los venezolanos o los españoles. Suelen llevar la licencia de conducir como documento para identificarse en su país (y obviamente el pasaporte para viajar al exterior).
Por mi parte, había advertido: “Como los griegos clásicos, Chávez es mitómano, y en este caso la especie de un proyecto agresor estadounidense-colombiano-holandés sirve a su política interior necesitada de distracción. El cuento del lobo se le aplica; son tantas las veces que ha denunciado cosas parecidas que no se le cree aunque diga la verdad”.
Es vergüenza incomprensible que altos militares venezolanos se avengan a cohonestar tan burda maniobra. El gobierno descubierto dirá, por supuesto, que la imagen empleada por Chávez era meramente ilustrativa, y que en su Sala Situacional reposa la foto verdadera, que no difunde por razones de seguridad.
Ahora, pues, sí tengo una base muy fuerte para poner en duda lo que llamé “el segundo mito de Orión”.
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ACTUALIZACIÓN
En el sitio web www.aporrea.org aparece hoy (11 de enero de 2010) una noticia tomada de Venezolana de Televisión, según la cual el Vicepresidente Ejecutivo de la República, Ramón Carrizales, ofreció información detallada sobre la incursión de un avión P-3 Orión de los Estados Unidos en espacio aéreo venezolano, la que incluyó exhibición de las trazas de radar del incidente. En este juego de información y desinformación, debo admitir que la credibilidad del informe ha aumentado. Puede uno mantener la reserva y conjugar la hipótesis de que estas pruebas son fabricadas, pero a primera vista no parece ése el caso. La pelota está del lado de holandeses y estadounidenses.
Sigue siendo poco probable que la intención de una penetración tal sea provocar un incidente que justifique una intervención armada de los Estados Unidos en Venezuela, presunción que Carrizales repitió. Más bien, tiene sentido pensar que el mensaje obvio es: Hugo Chávez, te tenemos vigilado.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 11, 2010 | Estudios, Política |

Química tumoral
En esta entrada, la número 1.001 del blog, se encuentra un nuevo archivo de audio: la lectura por el autor de la sección final del estudio DICTAMEN 2010, correspondiente al tratamiento del chavoma. En el estudio mismo se justificaba la elección del término así: «El término oncológico se emplea para destacar que la patología chavista no fue inoculada al país por un agente o vector externo, sino que procede de las propias entrañas de la nación, estaba en su seno. También, por supuesto, para designar su carácter pernicioso e invasivo, que ha ido penetrando extensamente los tejidos social e institucional trastocándolos y destruyéndolos».
He aquí el audio:
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 9, 2010 | Argumentos, Política |

P-3A "Orión" del escuadrón VP49 de patrullaje del mar
Para el mito griego, Orión era el gran cazador, a quien todos los animales temían; muere irónicamente—en algunas versiones—al ser picado por un enorme alacrán, que aun así es bastante más pequeño que un toro o un león. La astronomía de ese mismo pueblo nombró dos constelaciones celestes, justamente, en honor a Orión—cuyo arco apunta apropiadamente hacia la cabeza del Toro (Tauro) para enfatizar su vocación cinegética—y Escorpión, que aparece por el este cuando la figura de Orión desaparece en el poniente, en perfecta concordancia con la leyenda. La constelación es mejor divisada en los trópicos, donde estamos, durante los meses de noviembre a febrero, cuando estamos.
La Marina de los Estados Unidos no puso demasiada atención al sino de Orión, al escoger ese nombre para designar a su actual equipo estándar de patrullaje marítimo: el Lockheed P-3. Le bastaba su fama homérica de cazador destacado. Y es uno de este tipo de aparatos el que, Hugo Chávez asegura tropicalmente, penetró espacio aéreo venezolano en dos incursiones, ayer viernes 8 de enero de 2010: una de quince minutos y una de diecinueve minutos. El Presidente de la República añadió que dos aviones caza F16 de la Fuerza Aérea de Venezuela interceptaron al intruso y lo escoltaron cortésmente fuera de nuestros cielos.
El relato presidencial es consistente con su tesis, expuesta en Copenhague el mes pasado durante la cumbre mundial sobre el calentamiento global, acerca de la presunta y conjunta intención de Holanda y los Estados Unidos de intervenir militarmente en Venezuela. Con su peculiar sentido del calendario histórico, Chávez escogió el 17 de diciembre, aniversario de la muerte de Bolívar, para asegurar que ambas naciones conspiraban para agredir al país desde Aruba y Curaçao, islas vecinas desde las que militares norteamericanos operan vuelos de patrullaje antidrogas sobre el Caribe. Con igual consistencia, las cancillerías estadounidense y holandesa han negado esa acusación.
En materia de la concreta denuncia de ayer, los Estados Unidos equipararon al Presidente de la República con una sargenta de la Fuerza Aérea de su Comando Sur estacionada en Miami, Shanda De Anda, para responder (por correo electrónico): «Podemos confirmar que ningún avión militar de los Estados Unidos entró hoy al espacio aéreo venezolano. En seguimiento de nuestra política, no volamos sobre el espacio aéreo de una nación sin previos consentimiento o coordinación». Esto, naturalmente, puede que sea una política reciente; los Estados Unidos tienen una larga historia de sobrevuelos no autorizados. (Por ejemplo, la Embajada de la República Popular China en los Estados Unidos afirmó, el 4 de abril de 2001, que un avión de reconocimiento EP-3, estadounidense, penetró tres días antes espacio aéreo chino sobre la provincia de Hainan y que, como Venezuela, China ordenó a dos de sus cazas militares aproximarse al avión para vigilarlo. El comunicado de la embajada señala que el aparato estadounidense violó regulaciones de vuelo y enfiló contra uno de los aviones chinos, causando su estrellamiento y la pérdida del piloto. Luego de la colisión, el EP-3 aterrizó, sin consentimiento de los chinos, en el aeropuerto militar de Lingshui. Naturalmente, los Estados Unidos sostuvieron que su avión se encontraba en espacio aéreo internacional).
Veinticuatro horas antes del anuncio del incidente denunciado por el presidente Chávez, Roy Daza, quien preside la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional, había revelado la existencia de la grabación de un intercambio entre la torre de control del aeropuerto de Maiquetía y un piloto estadounidense, que confirmaría la presencia de un avión de los Estados Unidos, en mayo de 2009, dentro del espacio aéreo nacional. El piloto en cuestión indica no haber estado consciente de haber penetrado nuestro espacio aéreo—200 kilómetros adentro, según el gobierno venezolano—, y asegura estar de regreso a su base en Curaçao.
Es justamente desde Curaçao que habría despegado el P-3 Orión denunciado por Chávez. Su primera penetración está precisada a las 12:55 p. m. de ayer y, luego de haber sido escoltado fuera de nuestro espacio aéreo, habría regresado a la 1 y 37 minutos para una incursión segunda de 19 minutos de duración.
De acuerdo con el análisis venezolano, la penetración estadounidense perseguiría la fabricación de un incidente, un casus belli, que justificaría una agresión militar abierta y completa contra nuestro país. Es difícil dar credibilidad a esta motivación. A menos que Barack Obama esté dominado por una personalidad realmente retorcida, el Presidente de los Estados Unidos no es guerrerista, y estos son tiempos en los que las intervenciones militares estadounidenses, particularmente en Afganistán, están siendo grandemente exigidas. No se ve con facilidad la ventaja que obtendrían los Estados Unidos de una guerra contra Venezuela, país que, a pesar de su permanente retórica insultante, no ha dejado de suplir fielmente con su petróleo al mercado del norte, y tampoco ha dejado de importar productos norteamericanos. Una intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela haría un daño incalculable a las relaciones del decadente gigante con América Latina, e incluso países habitualmente críticos de Chávez, como Colombia, Perú y Chile, se verían forzados a repudiar una aventura tal.
No deja de preocupar, sin embargo, que la política exterior estadounidense hacia América Latina, que prometía la reparación del estado en que la dejó George W. Bush, exhiba como rasgo más destacado el aumento de la presencia militar de los Estados Unidos en Colombia, asunto que ha irritado a la región y ha suscitado también internamente oposición en este último país. De haber ocurrido el incidente descrito por el presidente Chávez (y no tenemos base para ponerlo en duda), debe ser rechazado por todos nosotros, independientemente de nuestra posición política interna. Y Chávez, si no fuera quien es y fuera un verdadero estadista, hubiera debido convocar a los representantes de la leal oposición a Su Majestad, para informarles y exigir su apoyo en nombre de los intereses nacionales. Eso es conducta imposible: para Chávez, sus opositores internos forman parte de la misma conspiración. Tal acusación es falsa, por supuesto, pero, es triste decirlo, en Venezuela hay quienes se alegrarían de una ocupación de Venezuela por los Estados Unidos.
Además, la credibilidad de lo reportado ayer por Chávez se debilita gracias a él mismo. Como los griegos clásicos, Chávez es mitómano, y en este caso la especie de un proyecto agresor estadounidense-colombiano-holandés sirve a su política interior necesitada de distracción. El cuento del lobo se le aplica; son tantas las veces que ha denunciado cosas parecidas que no se le cree aunque diga la verdad.
En todo caso, nunca antes de Chávez estuvo Venezuela tan asediada, real o imaginariamente. En cierto sentido, el cuadro es enteramente creado por él; basta considerar su inocultable apoyo a los insurgentes colombianos, combatientes contra un gobierno tan legítimamente electo como el suyo y profundamente involucrados en el narcotráfico. El segundo mito de Orión tiene autor conocido.
LEA
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