Hasta que los computadores aparecieran para permitir la graficación dinámica de estructuras muy complejas, las matemáticas fractales no pudieron emerger de su fase embrionaria. Se conocía, por supuesto, el Conjunto de Cantor, que representa el proceso de convertir una línea recta en una entidad cada vez más e infinitamente pulverulenta.
Luego, Francia tomó el puesto de Meca de los fractales (aunque no tenían ese nombre) y de los procesos caóticos. Gaston Julia y Pierre Fatou descubrieron estructuras matemáticas «monstruosas», tenidas por «anomalías» que no podían ver porque sólo disponían de lápiz y papel, pizarrón y tiza, para confrontar la infinita complejidad que las caracteriza. Henri Poincaré, por su parte, enunció por primera vez (1903) el principio de la sensibilidad a las condiciones iniciales de los sistemas complejos. Pero, sin el computador, la biblia de las matemáticas fractales—Benoit Mandelbrot: The Fractal Geometry of Nature (1982), el lenguaje del caos y la complejidad—no hubiera podido ser escrita. De ninguna otra forma podría imaginar un humano la riqueza infinita del Conjunto de Mandelbrot.
Haz click sobre la imagen para ver animación de la generación del Conjunto de Mandelbrot. (En Wikimedia Commons).
Del mismo modo, la conducta de las estadísticas en el tiempo, su cambio en la escala temporal, no es de fácil percepción. Es, por consiguiente, de la mayor importancia, para científicos y políticos, para ciudadanos y tomadores de decisiones, el singular aporte de Hans Rosling y su Fundación Gapminder. El sueco Rosling, profesor de Salud Internacional en el Karolinska Institutet, inventó el concepto de Trendalyzer, un programa de computación que confiere animación a series de datos estadísticos. A partir de esta invención, no hay forma más eficaz de expresar la dinámica de esos datos: su desarrollo, su vida.
Google—¿quién más?—ha adquirido los derechos de Trendalyzer; el gigante de la información sabe cuándo es bueno lo que descubre. Ahora ofrece gratuitamente la herramienta, rebautizada como Motion Chart, el gráfico que se mueve. Y también TED(Technology, Entertainment, Design) ha contribuido a que se conozca el poderoso instrumento. En su fabuloso sitio web se encuentran presentaciones de Rosling, que hablan por sí solas. Una de ellas se muestra abajo. LEA
René Girard, intelectual de muchas dimensiones, vive y enseña en la Universidad de Stanford. Cynthia Haven ha hecho para Stanford Magazine una presentación-entrevista de quien es uno de los cuarenta Immortels, los miembros de la muy exclusiva Academia Francesa.
Desde su Teoría de la Mimesis, Girard ha enseñado que la imitación está en la raíz de los conflictos por un objeto de deseo común (imitado), y que la «solución» de muchos de ellos es el señalamiento de un chivo expiatorio—el capitalismo, por ejemplo—que las turbas puedan acosar y destruir. En su obra más reciente—Achever Clausewitz, de pronta publicación en inglés (Battling to the End: Politics, War, and Apocalypse)—, explica Haven, el filósofo opina que hemos llegado a un punto en el que el expediente del chivo expiatorio no funciona más: «El mecanismo del chivo expiatorio es demasiado conocido, así que el asesinato ritual ya no produce la expiación de la sociedad. Ya la guerra no funciona para resolver conflictos; de hecho, las guerras ya no tienen claros sus comienzos, sus conclusiones o sus metas. Más aún, con el escalamiento de las armas, la guerra pudiera destruirnos a todos nosotros». Girard dice a Haven una cosa terrible: «La historia, pudiera decirse, es una prueba para la humanidad. Pero todos sabemos muy bien que la humanidad está siendo reprobada en ella».
Al final de su nota para la revista de la Universidad de Stanford, Cynthia Haven reproduce, con autorización de la Universidad del Estado de Michigan, un extracto de la versión inglesa del último libro de Girard. También incluye la pieza un video del propio Girard en explicación (en inglés) de sus tesis. Este video se reproduce a continuación. LEA
Un segundo y ominoso aviso ha alcanzado, como réplica de terremoto, a la todavía incipiente administración de Barack Obama. La Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, en reversión de previa jurisprudencia de ella misma, acaba de declarar inconstitucionales las limitaciones que hasta ahora pesaban sobre las donaciones de empresas privadas a las campañas electorales. El tribunal, en decisión dividida de cinco contra cuatro, estimó que esas limitaciones equivalían a cercenar la garantía de libre expresión contenida en la Primera Enmienda de la constitución estadounidense. La consecuencia práctica: el dinero de las grandes corporaciones podrá ahora fluir libremente para intervenir a favor o en contra de cualquier candidato en cualquier elección.
Mitch Stewart , el Director de Organizing for America, volvió a “escribirme”. Hoy me dice: “Ayer en la mañana, la Corte Suprema de los EEUU decidió que las corporaciones pueden gastar libremente en las elecciones federales. Es una luz verde para una nueva estampida de dinero de intereses especiales en nuestra política, dando a sus cabilderos aun más poder en Washington. Ahora, cada candidato que luche por el cambio pudiera confrontar ataques ilimitados de intereses especiales corporativos como los de las compañías aseguradoras y los bancos de Wall Street… Sin límite a sus gastos, las grandes petroleras, los bancos de Wall Street y las compañías aseguradoras de salud tratarán de ahogar las voces de los estadounidenses comunes, y los republicanos parecen extáticos”. Ignorante de que mi dirección electrónica reposa en su base de datos por accidente y de que no soy votante de los Estados Unidos, Mitch me pide que haga llegar mi protesta de elector al Congreso de ese país.
El nuevo golpe llega a las pocas horas de que Obama dejara saber que procuraría legislación que estableciera límites al tamaño de los bancos, como modo de disminuir los riesgos asociados a sus fracasos, los que impactan a la ciudadanía común de modo evidente desde la crisis financiera desatada a fines de 2008. Pareciera que Obama ha querido abarcar demasiado prematuramente. Un error similar cometió Luis Herrera Campíns al comienzo de su gobierno:
“…desde muy temprano abrió frentes de lucha múltiples y simultáneos. Intentó arreglar el problema de los indocumentados y el del diferendo con Colombia, atacó los intereses de las televisoras comerciales con la prohibición a la propaganda de licores y cigarrillos y a la participación infantil en programas y cuñas de televisión, mostró frialdad o resentimiento ante FEDECÁMARAS al negarse a asistir a sus asambleas, estableció la pelea frontal contra el ex presidente Pérez y, en general, impuso un estilo sombrío desde aquella primera declaración: ‘Recibo una Venezuela hipotecada’. No era como para animar a la confianza del inversionista privado. Muy pronto, además, impuso el ‘enfriamiento’ a una economía ‘recalentada’. No mucho tiempo después el Ministro Ugueto confiaba a algunos amigos lo fácil que era congelar la economía y lo difícil que era reactivarla”. (Krisis: Memorias Prematuras).
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Una decidora encuesta—realizada por The Washington Post, la Fundación de la Familia de Henry J. Kaiser y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard—ha revelado el estado de la opinión en Massachusetts, que permitió el triunfo de Scott Brown en la reciente elección especial para llenar la plaza senatorial que ocupaba Ted Kennedy. El propio Post resume así los factores que causaron la derrota de la candidata demócrata: “La insatisfacción con la dirección del país, la antipatía hacia el activismo del gobierno federal y la oposición a las propuestas de los demócratas en cuidado de la salud”.
Y añade que la encuesta “subraya cuán significativamente la rabia del votante se ha volteado contra los demócratas y cuán dramáticamente ha cambiado el paisaje político durante el primer año del presidente Obama en el cargo”.
De modo, pues, que ahora queda a Obama una prueba para demostrar cuánto tiene verdaderamente de estadista. No, como pudiera ser la línea que parece tentado a asumir, redoblando tercamente la lucha que ha emprendido en varios frentes a la vez. Más bien lo contrario: aprendiendo de estos reveses para corregir el rumbo.
Su esquema respecto del sistema de seguridad social pierde adeptos con el paso de los días, en general sus índices de aprobación han disminuido notablemente y el haber mantenido, como si estuviera en campaña electoral y no en el despacho de la Oficina Oval, la presión sobre los electores a través de Organizing for America, ha recibido el rechazo de los votantes de Massachusetts al “activismo del gobierno federal”. (Estos resultados, sin embargo, no equivalen a una aprobación de las iniciativas republicanas, que tuvieron un rechazo incluso mayor que las del campo demócrata. Los Ni-ni también existen en Massachusetts).
Y es que quienes eligieron a Scott Brown no fueron las grandes compañías petroleras, las aseguradoras o los bancos, sino los electores. Wall Street es una calle de Manhattan, no de Boston. Si Obama se deja dominar por la arrogancia y el sentido mesiánico, muy pronto se convertiría, mucho antes de su último año del período, en un sitting-duck president que incluso pudiera verse forzado a renunciar si su ambicioso programa de cambios se paraliza.Lo que le sale es recomponer su mezcla estratégica con humildad.
Lo mismo, por supuesto, le sale a Hugo Chávez, que insiste en atacar a Obama cuando este presidente de los EEUU emprende luchas que, guardando las distancias, se parecen a las suyas. El Servicio Geológico de los Estados Unidos acaba de publicar una evaluación que prácticamente duplica la estimación de reservas comercialmente recuperables en la Faja del Orinoco. (De 235 mil millones de barriles en previa estimación, a 513 mil millones). Venezuela necesita el concurso de petroleras foráneas para la explotación de tan enormes recursos, pero entre ellas hay explicable renuencia a intervenir—por ejemplo, Statoil y Total han declinado participar en el desarrollo del bloque Junín 10—luego de que el gobierno destrozara la seguridad jurídica de los inversionistas extranjeros en su orgía de estatización.
El carácter de Hugo Chávez no conoce la humildad, por supuesto, a pesar de que afirmase, con característico tupé, y en su comparecencia de hace una semana ante la Asamblea Nacional: “Yo siempre opto por la modestia”. Es más probable que se deje tentar con la puerta abierta por la Corte Suprema de los Estados Unidos. Su decisión de ayer, 8-205, no prohíbe la intervención de compañías que operen en suelo norteamericano y sean de propiedad extranjera. CITGO tiene ahora las manos libres para intervenir directamente, con generoso financiamiento, en elecciones dentro de los Estados Unidos.
En el caso local, no obstante, si Hugo Chávez no rectifica, los electores venezolanos bien pudieran ofrecerle en septiembre, cuando se elija una nueva Asamblea Nacional, una sorpresa tan desagradable como la que dieron a Obama los electores de Massachusetts, donde las bardas ardieron.
El 1º de abril de 2008, la Ficha Semanal #188 de DoctorPolítico reprodujo la traducción de un discurso clave de Barack Obama, entonces pretendiente a la Presidencia de los Estados Unidos. Se trataba del discurso del 18 de marzo de aquel año, en el que abordó frontalmente el tema racial y manejó eficazmente los ataques que se le hacían por su relación con el pastor Jeremías Wright, cuyos muy agresivos sermones amenazaban con afectarle electoralmente.
Con ocasión de ese discurso escribió Álvaro Vargas Llosa: “…trascendió no sólo las fronteras raciales sino también las ideológicas cuando elogió el valor de la responsabilidad individual, refiriéndose a él como un valor ‘conservador’, con lo cual quiso decir que no tenía ningún complejo a la hora de valorar lo que es una piedra angular de la visión social del adversario”. Mario Vargas Llosa, padre del articulista, había opinado antes acerca de Obama: “No es un político al uso, sino una personalidad singular, excepcionalmente franca y persuasiva, que evita los estereotipos y las banalidades y no vacila en ir contra la corriente en defensa de sus convicciones… Los términos claves de su discurso son reconciliación, solidaridad, abrir más y más oportunidades para todos y emprender una lucha implacable contra la corrupción, los favoritismos, el privilegio y el abuso”.
El martes de esta semana, la seguridad parlamentaria de Obama, que contaba con una mayoría en el Senado a prueba de tácticas dilatorias—filibustering—republicanas, fue seriamente dañada. Scott Brown, candidato del Partido Republicano al escaño que por casi medio siglo ocupara el senador Edward (Ted) Kennedy, resultó triunfador en su competencia con la candidata demócrata, Martha Coakley, Fiscal General de Massachusetts.
Este desenlace fue una desagradable sorpresa para quienes pensaban que un estado tradicionalmente demócrata, patria chica de los Kennedy, devolvería al Senado, sin mucho esfuerzo, a la candidata de su partido. La agenda legislativa de Obama se encuentra, súbitamente, en serios problemas. En evaluación post mortem, Obama y sus colaboradores han sacado rápidas conclusiones de la derrota: primordialmente, que el gobierno de los Estados Unidos debe concentrarse en la creación de empleos, como modo de responder a las necesidades de su gente.
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El discurso aludido al comienzo fue traducido por DoctorPolítico, pues no fue posible encontrar en la web de campaña de Obama una versión en español, sorprendentemente en un esfuerzo que pretendía captar la mayoría del voto latino. En aquel momento, y en arranque entusiasta, el suscrito escribió a ese sitio web anexando la traducción, pensando que pudiera ésta ser útil a la campaña. Desde entonces, mi dirección electrónica ha quedado en la base de datos de Obama, el que ha trasladado a su presidencia la práctica de comunicarse electrónicamente con sus seguidores. En promedio, recibo al menos un correo semanal proveniente de la organización demócrata y ocasionalmente de la Casa Blanca misma (Obama, Biden), como ocurre con millones de personas en los Estados Unidos y el resto del mundo.
Ayer, miércoles 20 de enero, llegó a mi buzón una comunicación que “me” dirigiera Mitch Stewart, director de Organizing for America, heredera de la organización de campaña de Obama para la movilización del apoyo a favor de sus objetivos políticos. Creo que vale la pena copiarla, traducida, a continuación.
LEA
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Luis E.—
Los decepcionantes resultados electorales de ayer muestran un profundo descontento con el ritmo del cambio. Sé que la comunidad de OFA [Organizing for America] y el Presidente comparten esa frustración.
También vimos lo que todo el tiempo supimos era cierto: que cualquier cambio que valga la pena es difícil y será combatido en cada instancia. Aunque esto no elimina el aguijón de esta pérdida, sabemos que no hay una ruta al cambio real que no tenga retrocesos a lo largo del camino.
Hemos podido, simplemente, buscar hacer las cosas que eran fáciles, que no agitaran la controversia. Pero los cambios que no son controversiales rara vez resuelven el problema.
Nuestro país continúa enfrentando los mismos retos fundamentales que confrontaba ayer. Nuestro sistema de cuidado de la salud todavía necesita reforma. Wall Street todavía debe ser hecha responsable. Todavía necesitamos crear buenos trabajos. Y todavía necesitamos una economía de energía limpia.
El Presidente no está evadiendo esos retos. De hecho, su determinación y resolución son más fuertes que antes. Debemos corresponder a ese compromiso con el nuestro.
Pero no será fácil. El verdadero cambio rara vez lo es. Por tal razón, estoy agradecido de que formes con nosotros parte de esa lucha.
Primer frente: como era de esperar, el Consejo Nacional Electoral, controlado por mayoría oficialista, aprovechó bien las facultades, conferidas por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, para redistribuir circuitos electorales a favor de las candidaturas socialistas. Los nuevos circuitos de votación surgieron, naturalmente, en territorios donde la oposición había obtenido resultados favorables en elecciones recientes, mientras que aquellos en los que los candidatos gobiernistas se desempeñaron bien permanecieron intocados. Nada nuevo; el ventajismo es el rasgo más prominente del chavismo.
Segundo frente: a PDVSA le va muy bien con la devaluación y la dieta eléctrica. Rafael Ramírez ha anunciado con alborozo que la deuda de PDVSA con sus proveedores se ha desvanecido, gracias al nuevo esquema de cambios, y señala que el racionamiento de electricidad no afecta a las operaciones de la empresa, puesto que la mayoría de los sitios de perforación genera su propia electricidad con plantas separadas de la red nacional.
Hasta ahí las buenas noticias para el gobierno. Todo lo demás es motivo de preocupación.
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La comparecencia de Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional, el viernes pasado, para la presentación de su cuenta sobre “los aspectos políticos, económicos, sociales y administrativos de su gestión” en 2009, fue sintomática. Precedida de una hora entera de besos a niñitas y atención a galerones adulantes, la intervención, característicamente prolongada y divagante, tuvo ciertamente dos focos principales: la reiterada apelación al nuevo Nuncio Apostólico, Monseñor Pietro Parolin, y la constante referencia a la “Cuarta República”. Por momentos parecía que Chávez no había comparecido al Palacio Legislativo para explicar su gestión en 2009, sino para exponer la de los gobiernos anteriores al suyo, que cesaron hace ya casi once años exactos.
La constante apelación a Monseñor Parolin tiene una explicación obvia: tres días antes, la XCIII Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado Venezolano había presentado al país su Carta Pastoral sobre el Bicentenario de la Declaración de la Independencia de la República, y en este notable documento destacan clarísimas críticas al desempeño del Estado en la última década. En suma, Chávez estaba ardido por la carta episcopal.
Por supuesto, el Presidente comparecía ante sus obsecuentes legisladores poco después del Viernes Rojo devaluador y de sus marchas y contramarchas—un gobierno que rectifica—en materia del racionamiento eléctrico impuesto a la capital de la República. Hay que reconocer que el espectáculo del viernes 15 de enero fue un acto de coraje mediático: la jovialidad presidencial quiso disipar la noción, muy difundida en la población, de que el gobierno estuviese en problemas. Alguien, en el canal televisivo de la Asamblea Nacional, decidió musicalizar el largo paseo de Chávez, previo a la alocución, con una pieza zarista: el tercer movimiento del primer concierto para piano y orquesta de Tchaikovsky fue repetido una y otra vez mientras duró el besamanos preludial.
Antes de ese acto, Chávez había intentado explicar a los venezolanos el asunto ese de la crisis eléctrica: que era causada por el fenómeno de El Niño y por la decisión equivocada de los gobiernos de la “4ª República” al construir el sistema del Guri, pues habían hecho depender de una sola fuente de suministro las tres cuartas partes de la generación eléctrica en el país. En su mensaje de cuenta, en cambio, los sospechosos cuarto-republicanos dejaron de ser imputados; el único villano era El Niño, El Niño, El Niño. Lo importante era asentar, como ítem de gestión egocéntrica, que esto “no es culpa de Chávez”.
Ahora desmiente esta explicación el Comité de Vigilancia (del Comité de Profesionales y Técnicos de Electrificación del Caroní C. A., EDELCA). En comunicado público, el comité decidió “aclararle a la nación que la crisis de insuficiencia de energía eléctrica no se debe al evento climatológico El Niño, cuya aparición en nuestra zona geográfica es cíclica y se hace presente en períodos regulares”. Y, para que no quedasen dudas, afirmó en el comunicado: “La principal causa de que actualmente nos encontremos en la situación de alarma se debe a que el Gobierno nacional no ha sido capaz de realizar, de manera oportuna, las inversiones requeridas en los sistemas de generación, transmisión, subtransmisión, distribución, comercialización y gestión del sistema eléctrico nacional”.
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El gobierno pretende anular el impacto previsible de la devaluación sobre los precios, una decisión macroeconómica, con tratamiento microeconómico expropiador. La crisis de un segmento del sistema bancario, originada en la tolerancia y estímulo a la corrupción, con el tratamiento microeconómico de la intervención. Ambas cosas dan pie a la orgía estatizante de un gobierno cuyo jefe acaba de declararse marxista, es decir, anacrónico. Ya el Estado venezolano se ha hecho con el control de 25% del sistema bancario nacional, y la Asamblea Nacional acaba de modificar la Ley de Defensa a las Personas en el Acceso a Bienes y Servicios, para extender el mecanismo de expropiación y las facultades presidenciales para iniciarla “sin que medie para ello declaratoria de utilidad pública e interés social por parte de la Asamblea Nacional”. (Chávez había pedido estos nuevos poderes el viernes 15 en su alocución ante la Asamblea, y ésta le complació de inmediato).
Pero el país no se engaña con la erraticidad del gobierno, que hoy dice, por enésima vez, que quiere mejorar las relaciones con los Estados Unidos y mañana los acusa de la ocupación de Haití bajo el disfraz de la ayuda humanitaria. (El hermano Lula, en cambio, conversa con Obama y le propone una mayor presencia estadounidense en la atribulada república del Caribe, que hoy fue despertada, a las 6:03 a. m., con un nuevo terremoto de 6,1 en la escala de Richter).
Por todas partes resurgen las fórmulas drásticas; una típica, la idea de la renuncia del Presidente. Rafael Poleo la presentó hábilmente en su Péndulo del viernes 15 en la revista Zeta, al sugerir a la gente del PSUV que la cesantía de Chávez es asunto que les conviene. («El Presidente debe renunciar en vista de su inocultable incapacidad para el ejercicio del cargo… Por cierto que esta mera exposición de hechos perceptibles por quien tenga ojos para ver, no puede ignorar que el PSUV, aun disminuido por una conducción errónea, sigue siendo el partido mayoritario, de lo cual se derivan derechos innegables. Uno de esos derechos sería, vía la Asamblea Nacional, decidir la substitución presidencial, mejor si previo acuerdo con el substituido. Porque no se trata de sacar del poder al PSUV, ni siquiera al Presidente Chávez, sino de cortar un proceso degenerativo que conduce al desastre»).
Y al creciente coro de advertencias provenientes de sus filas—Chaderton, Dieterich—se ha incorporado un video del grupo de los Carapaicas, gente armada de la Urbanización 23 de Enero, en el que hacen una desoladora descripción de la enorme torta y recomiendan la sustitución de todo el gabinete de ministros (con una que otra «honrosa» excepción).
Hasta el mismo Chávez, con incómoda jaqueca política, está muy consciente del problema. Ya son dos las ocasiones recientes en las que ha probado incitar a la dirigencia opositora formal, retándola a que plantee un nuevo referéndum revocatorio, mientras echa la culpa de cualquier problema sobre los hombros de terceros (hasta la delincuencia sería culpa ¡de la burguesía nacional en complicidad con los Estados Unidos, pues la promueve y financia!)
No será Chávez, en obvia decadencia, quien fijará la agenda política del pueblo. Hay otras maneras, distintas de la revocación, para dar término democrático a su desgobierno. LEA
«La Patria está a las puertas del segundo centenario de su nacimiento como país independiente, libre de vínculos coloniales con la corona española y comprometido con una absoluta liberación de todo coloniaje. En efecto, entre el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811, los fundadores de la patria tomaron la difícil decisión de formar la República de Venezuela, y proclamaron un hermoso sueño nacional, conscientes de la grandeza del mismo, del sacrificio que implicaba, así como de las limitaciones para llevarlo a cabo».
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Así comienza la Carta Pastoral sobre el Bicentenariode la Declaración de Independencia de la República, aprobada el martes 12 de los corrientes por la XCIII Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado Venezolano. Es un extraordinario documento, del que DoctorPolítico extrae y reproduce a continuación, en secuencia, lo que considera los párrafos de mayor pertinencia a la actual situación nacional. Una de las virtudes del mismo, sin duda, es el recorrido histórico que emprende para ofrecer sus conclusiones. LEA
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Tanto el 19 de abril como el 5 de julio fueron dos acontecimientos en los que brilló la civilidad. La autoridad de la inteligencia, el diálogo, la firmeza y el coraje no tuvieron que recurrir al poder de las armas o a la fuerza y a la violencia. La sensatez en el intercambio de ideas y propuestas respetó a los disidentes y propició el anhelo común de libertad, igualdad y fraternidad.
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Este hermoso sueño y propósito de reconocer la dignidad de todos, de lograr formas de convivencia y libertad para toda persona sin exclusión, era una aspiración primordial, pero imperfecta. Era sólo el inicio de un largo camino. En efecto, no se reconocía entonces la igual dignidad de indígenas, esclavos, negros, pardos, mestizos y blancos de orilla, ni se daba el mismo trato a los propietarios y a los carentes de medios materiales. La intención del proyecto no integraba en el nuevo orden las necesidades y aspiraciones más profundas y justas de vastos sectores. De derecho, todos estaban incluidos en la esperanza y en la bendición de Dios, invocada para romper con el pasado y emprender una larga marcha hacia la construcción de una forma de convivencia que, de verdad, fuera ámbito de vida, de libertad y de dignidad para todos; de hecho, sin embargo, la gran mayoría de los sectores populares quedó excluida.
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Queremos, sin embargo, concentrar nuestra reflexión en la etapa democrática iniciada a raíz de enero de 1958. Estas últimas décadas pueden desglosarse en dos períodos significativos y crecientemente contrastantes. El primero se caracterizó por una relativa bonanza económica, una significativa movilidad social ligada a la generalización de la educación y la formación profesional, así como por una consolidación de la institucionalidad democrática, el afianzamiento de una cultura civilista, de pacificación y pluralismo. Hubo, además, progresos significativos en el orden de la salud, educación e infraestructura.
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Ese primer período experimentó su quiebre a finales de los años setenta. La superabundancia de recursos, debida a los precios del crudo, no sólo dislocó la economía, sino que marcó el inicio de una creciente desilusión en las mayorías populares: la democracia integral no era para todos.
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Sin embargo, al no utilizarse la renta petrolera con real justicia y equidad, surgió un ansia de cambio más profundo, en el que se retomara el camino hacia una más equitativa justicia distributiva, un combate más vigoroso contra la corrupción y los privilegios, y una más efectiva participación, haciendo que los más pobres fueran auténticos sujetos activos, protagonistas de la cosa pública. Un logro positivo de este período fue la descentralización.
La vida nacional fue experimentando, pues, un desgaste y distorsión en la convivencia democrática por agotamiento de los partidos políticos, desencanto de la participación ciudadana y la insuficiente e inadecuada atención a las necesidades reales y expectativas sentidas de las grandes mayorías empobrecidas y crecientemente relegadas. Todo esto, junto con promesas insatisfechas y legítimas ansias de reconocimiento no tomadas en consideración, crearon una matriz favorable al surgimiento de alternativas transformadoras, más allá de un simple cambio de gobierno. Eso fue lo que prometió el candidato triunfador en la campaña electoral de 1998.
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El segundo período, en el cual estamos, abarca las últimas tres décadas hasta hoy. La transformación iniciada en 1998, fue el resultado de un profundo anhelo, definido como un proyecto inédito de “refundar” la República, y por eso contó inicialmente con un gran respaldo popular; sin embargo, el mismo se ha venido concretando en un “proceso de cambio”, primero de régimen, por un proceso constituyente y una nueva Constitución; luego de sistema, calificado ahora como revolucionario, de pretensión totalitaria, ya que intenta reestructurar tanto lo socioeconómico como lo político-institucional, lo jurídico-constitucional y lo ético-cultural. Por estas razones, su ambición no sólo toca el tejido material y organizativo del cuerpo social, sino también, y sobre todo, afecta el fondo íntimo, espiritual, del alma nacional. Todo esto, en su ideario y realizaciones, no sólo se presta a grandes ambivalencias y ambigüedades, sino que contradice elementos fundamentales de una auténtica cultura democrática.
Es un mal de la nación, en uno y otro período, el que millones de venezolanos continúen, todavía hoy, sumidos en condiciones materiales, institucionales y morales indignas de su condición humana, y permanezca frustrado el propósito de construir una República para todos en la riqueza de su diversidad y libertad, y con todos en la comunidad de su solidaridad y fraternidad. Las élites de antes y de ahora no han logrado que el pueblo sea sujeto capacitado y autónomo. Y el proyecto de socialismo del siglo XXI, pregonado ahora, dista mucho de lo que el pueblo venezolano aspira y reclama.
Hoy, a doscientos años, los venezolanos, puestos delante de Dios, hemos de confesar que sólo en parte hemos cumplido el propósito de los fundadores. Estamos contrariando la divisa fundacional ya mencionada de “no establecer nuestra felicidad sobre la desgracia de nuestros semejantes”. Nuestro pueblo experimenta grandes privaciones en medio de la abundancia de recursos petroleros; muchos hermanos nuestros carecen de oportunidades de empleo estable para una vida digna, y sobreviven y trabajan en medio de grandes dificultades y temores; el despilfarro, la corrupción y la ineficiencia acaban con los recursos que debieran convertirse en vida y no en confrontaciones, incertidumbres y desesperanza. Éstas, y otras carencias, han sido una constante en nuestro devenir republicano.
…
La deuda social, las consecuencias de la falta de continuidad administrativa y el costo pagado por el populismo y el derroche son inmensos. Es mucho lo que tenemos que corregir. Es patente el sufrimiento humano de las mayorías cuando se coarta la libertad con leyes e instituciones que deterioran la vida humana.
Debemos asumir a la personacomo sujeto singular de derechos y deberes, abierta solidariamente a los demás; lo contrario del egoísmo y de la masificación. Requerimos ciudadanos como agentes conscientes y beneficiarios del bien común, partícipes y actores de la soberanía popular. Necesitamos institucionalidad, es decir, intermediación eficaz de la libertad, responsabilidad subsidiaria por lo público y común. Y en ella, deseamos un Estado como instrumento apto, propiciador del mayor grado de felicidad para todos, con instituciones, leyes y servicios públicos justos y efectivos que promuevan y garanticen el bien común a través del florecimiento de la creatividad y libertad solidarias.
Vamos a construir juntos, en unión de corazones, de ideales y esperanzas, una Venezuela de hermanos, entregada con trabajo y responsabilidad a transformar los inmensos recursos con que Dios la ha dotado, para convertirlos en salud, educación, seguridad, vivienda digna y sobre todo en oportunidades de trabajo productivo, pilar fundamental del desarrollo humano integral para todos.
…
La tarea no es fácil, como no lo fue entonces. Las resistencias son muchas y se requiere sacrificio y constancia, como nos lo demostró el Libertador con su vida y sus palabras visionarias. Es hora de construir verdaderas comunidades con igualdad de participación, de abrirnos al optimismo y de reencontrarnos todos como venezolanos en el abrazo de la dignidad y del amor de hijos de Dios; un abrazo que nos renueve en el reconocimiento y en la afirmación de los otros, de aquellos que tendemos a rechazar, incluso a odiar, y de aquellos a los que por ideas diversas o sectarismos políticos excluimos. Dios quiere para nosotros una Venezuela en la cual la unión, el perdón y el amor sean las bases sólidas para que el hermoso proyecto fundacional se convierta en realidad, sin las limitaciones que en estos doscientos años de historia lo han frenado.
La fecha del 19 de abril nos plantea, para hoy y para el futuro, una gran responsabilidad, a la que Dios nos llama cuando nos ordena, “no matarás” (Dt.5) y “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lc.): a todos, pero de manera especial a los dirigentes y líderes políticos, empresariales, culturales y sociales, que por su posición en la sociedad están llamados a presentar al país proyectos de transformación y avance que sean, al mismo tiempo, realistas e inspiradores, para producir efectivo bienestar e inclusión.
…
En el marco de la situación actual del país, la conmemoración bicentenaria del 19 de abril y del 5 de julio ofrece una invalorable oportunidad para un examen de conciencia nacional acerca de lo que hemos hecho con la República heredada de los fundadores de la nación y, sobre todo, de lo que nos corresponde realizar en relación con lo que ellos soñaron en aquella génesis de la nación independiente.
En fidelidad creadora y crítica al proyecto de entonces, hemos de promover la salud espiritual del país, reconstruyendo lo que fuere necesario, en el sentido de una sociedad auténticamente justa, sin exclusiones ni divisiones; verdaderamente libre y democrática, con pluralismo, división de poderes, estado de derecho; de calidad cultural mediante la promoción de un genuino humanismo. Una Venezuela de todos y para todos, con atención preferencial a los más débiles, sin exclusiones ni presos políticos, con el debido respeto a los procesos judiciales, con las normales garantías para la propiedad privada y con diversidad de opciones políticas. Un país soberano, integrado internacionalmente en una real fraternidad de pueblos, sin expresiones altisonantes, acciones desafiantes o alianzas preocupantes.
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