LEA #314

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En materia de presupuestos públicos estadales y municipales, estamos llegando al llegadero. El futuro nos alcanza. Siempre es un misterio de las sociedades naturales que en ellas haya personas que vocacionalmente estén dispuestas, por ejemplo, a ser policías o bomberos. (Gracias a Dios por esta misteriosa distribución de vocaciones. El pintoresco matador español Rafael “El Gallo”—no confundir con Henrique Salas Römer—dijo famosamente, al explicársele que un cierto revuelo urbano en España se debía a un congreso de científicos: “Ar gente pa’tó”).

Los bomberos metropolitanos de Caracas, sin embargo, a pesar de que dependemos de su extraña y heroica profesión, no han podido cobrar su última quincena de sueldo, esperan que se les cumplan las promesas de un aumento retroactivo de 30% por los últimos nueve meses y se quejan de una dotación disminuida a veintidós unidades. Para colmo, en la última semana no les llega la comida a quienes hacen guardia de veinticuatro horas—la Alcaldía Metropolitana tiene un mono montado de dos millones de bolívares fuertes con el proveedor—y los asquerosos colchones sobre los que duermen les contagian con sarna que les fuerza a reposo médico.

En el estado Miranda, donde 150 policías son obligados a prestar servicio de escolta, la mitad de la flota vehicular de su policía no está en condiciones de operar, y esto desde hace dos años. Para potenciar este deterioro en su capacidad de combatir el principal problema de los mirandinos (y de los venezolanos), la inseguridad ciudadana que el régimen no ha hecho sino aumentar, funcionarios de la Dirección de Armamento de la Fuerza Armada se apersonaron en la sede central de Polimiranda para decomisar alrededor de 200 sub-ametralladoras HK, que aparentemente podían estar a disposición de Diosdado Cabello pero no ya a la de Henrique Capriles Radonski. También, como en el caso de los bomberos, hay policías mirandinos que deben cumplir turnos de veinticuatro horas.

Dos botones de muestra. La erosión de los servicios públicos se ha generalizado en el país, mientras el Presidente de la República gasta el dinero en maniobras navales conjuntas con una potencia extraña y eventos electorales extemporáneos que consumen lo suyo.

¿Es que podremos refugiarnos en la economía general y privada? No pareciera; el marcado descenso del valor de la cesta petrolera venezolana, en condiciones de control de cambios, está alimentando la presión inflacionaria, puesto que las empresas buscan protegerse anticipadamente de una probable devaluación.

Esta publicación lamenta no traer a sus lectores mejores noticias económicas justo antes de Navidad.

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CS #314 – Suicidio en primavera

Cartas

La época de oro del “Padre de la Gerencia Moderna”, Peter Ferdinand Drucker (1909-2005), fecha su inicio (1954) con la publicación de su libro The Practice of Management. Es en él donde resalta su prédica fundamental, la gerencia por objetivos. Contraponía este modo racional de gestionar a la observable gerencia por crisis, la práctica común de esforzarse sólo cuando el mundo se nos viene encima. A pesar de haber escrito hasta el fin de sus días—El ejecutivo eficaz en acción, 2005—, Drucker no tomó en consideración un refinamiento de la gerencia desordenada, introducido por la gerencia de un estadista de iniciales H y Ch, que gerencia por sobresaltos; esto es, por crisis que no vienen de afuera, sino que él mismo crea.

Ayer dijo HacheChé: “La vía de la Asamblea Nacional tiene una ventaja: que es más rápida”. Se refería, por supuesto, a su obsesiva preocupación porque le sea posible presentarse cuantas veces quiera a la reelección como Presidente de la República. Ni siquiera quince días han pasado de las elecciones del 23 de noviembre, cuando de nuevo sobresalta al país, que se disponía al sosiego navideño, con su febril apremio por la reelección. ¿Cuál es la urgencia nacional en dilucidar esa materia, cuando la oportunidad de ponerla a prueba no llegará hasta dentro de cuatro años, en diciembre de 2012? ¿Por qué  HacheChé está tan angustiado y urgido? ¿No ameritará su inquietud la declaración de un estado de excepción, siendo que, como reza el Artículo 337 de la Constitución, es potestad presidencial, en consejo de veintisiete ministros (más los alcaldes del Municipio Libertador y Valencia, hasta ahora), declararlo cuando concurran “circunstancias de orden social, económico, político, natural o ecológico, que afecten gravemente la seguridad de la Nación, de las instituciones y de los ciudadanos”? ¿No y que ahora “vienen por él”? ¿No y que la oposición ataca ahora las misiones? (Razón esta última de gran debilidad para revertir, característicamente en menos de una semana, su postura inicial de no promover directamente la enmienda constitucional—“Pero no puedo impedir que el pueblo lo haga”—para ordenarla perentoriamente y hasta bautizar la nueva campaña—lo único que sabe hacer—con el engorroso, ridículo y egocéntrico nombre de “Uh, ah, Chávez no se va”. Fue él, no la oposición, quien ordenó el salvaje ataque contra los gobernadores y alcaldes de oposición recién electos).

En efecto, los resultados del 23 de noviembre han sacado de quicio a HacheChé; es su propio sobresalto el que transmite a la Nación, que ya había arribado a la conclusión de que el gobierno perdió terreno en las recientes elecciones, a pesar de su todavía amplio dominio. Luis Vicente León, Director de Datanálisis, ha apuntado con aguda penetración una razón del agite: “Si él permitía que se incrustara la idea de que la oposición era fuerte por haber ganado en estados clave, las posibilidades de plantear la enmienda se le complicaban”. Está claro que el tema del 23 de noviembre no es uno que quiera seguir discutiendo.

La injustificable agitación es, por supuesto, otro caso de la táctica de huir hacia adelante, y en verdad estuvo planificada desde antes de las elecciones. En los círculos íntimos del gobierno se sabía que al término de ellas vendría la arremetida de la enmienda, contando con resultados mucho mejores que los que finalmente se dieron. Haberla pospuesto hubiera permitido que la sensación de derrota cundiera en sus propias filas, castigadas por el ingrato tratamiento que HacheChé infligió a los grandes derrotados en las elecciones—Diosdado Cabello, Jesse Chacón y Aristóbulo Istúriz—, a quienes indicó que debieran ir a administrar algún “núcleo endógeno” en la isla La Borracha. De hecho, ahora se ve más clara la razón de que HacheChé se convirtiera, con su grosera intromisión en elecciones locales que no eran de su incumbencia, en el único candidato a alcalde y gobernador oficialista en las pasadas elecciones. Al intentar concentrarlas en su persona, al adulterar su descentralizado sentido, vendía por anticipado la interpretación de que eran en verdad un plebiscito sobre su liderazgo nacional, y que un triunfo en ellas sería la base de la campaña reeleccionista. Más que desconfianza en la capacidad de sus candidatos locales (razonable, como se viera, en los casos de Cabello, Chacón, Di Martino, Istúriz, Silva, etc.) era la necesidad de tal plataforma reeleccionista lo que lo llevaba a asumir el único papel protagónico. Los cientos de candidatos del PSUV no pasaron nunca de ser relleno (no sanitario), extras de la película.

Pero una tercera función de esta nueva campaña urgentísima por la perpetuación de HacheChé en el poder es la de atemorizar y desconcertar a la oposición, distrayéndola del foco principal en las venideras y verdaderamente estratégicas elecciones de Asamblea Nacional (diciembre de 2010) y poniéndola a correr y a cometer errores. Es encomiable, por caso, el valiente y claro llamado de Jon Goikoetxea a vencer la pretensión continuista; tiene razón al estimar que el despropósito presidencial será derrotado. Pero carece de ella cuando convoca a los gobernadores y alcaldes opositores para que se sumen como protagonistas de la cruzada. Reporta El Universal: “Los gobernadores y alcaldes electos tendrán un papel importante que jugar, según el líder estudiantil”. Dijo Goikoetxea: “Ya estamos dispuestos a empezar, hay que hacerlo en coordinación con los representantes recientemente electos, porque tienen la legitimidad y la obligación; los escogimos no sólo para ser buenos gobernadores y alcaldes, sino para tomar la delantera en este proceso, para que sean voceros y defensores de la libertad en Venezuela”. Es una interpretación fundamentalmente equivocada. De nuevo, si se criticaba a HacheChé porque quiso nacionalizar unas elecciones de ámbito local, resultaría inconsistente que ahora se convoque a gobernantes estadales y municipales a involucrarse en la inminente confrontación. En realidad, bastará en este caso argumentarle clara y sencillamente al enjambre ciudadano los obvios inconvenientes de la pretensión de HacheChé. Es ese conglomerado inteligente el que, en las urnas, serenamente, fuera del escenario épico que el gobierno quiere construir y algunos opositores aceptan, volverá a negar el continuismo.

………

No será necesario, tampoco, gastar guáimaros en una discusión de corte legal, a pesar de que se tenga la razón en este terreno. El gobierno cuenta con una mayoría obsecuente en la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que ya amputó el sentido del Artículo 42 de la Constitución en su decisión 1.265 del pasado 5 de agosto, para dar pie a la inhabilitación inconstitucional abanderada por el Contralor General. Por más que la Constitución diga en su Artículo 345 que “La iniciativa de reforma constitucional que no sea aprobada, no podrá presentarse de nuevo en un mismo período constitucional a la Asamblea Nacional”, por más que la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política diga en su Artículo 193 que “En todo caso, si la materia objeto de un Referendo fuere rechazada por el pueblo, no podrá presentarse de nuevo durante los dos (2) años siguientes”, ya juzgará esa retorcida Sala, como ha adelantado el diputado Carlos Escarrá, luminaria del sofisma jurídico, que el procedimiento de enmienda es una vía distinta de una reforma, y por tanto la prohibición constitucional no sería aplicable en este caso. No vale la pena distraerse en una discusión jurídica.

Más aún, ya la Presidenta del TSJ y de su Sala Constitucional ha sentado una doctrina que contradice a la Constitución en el fondo del asunto. Al decidir sobre recurso intentado el 26 de marzo de este año (expediente No. 08-0341) por el abogado en ejercicio Luis Hueck Henríquez, Luisa Estella Morales Lamuño recordó así jurisprudencia previa (sentencia Nº 1.488 de la Sala Constitucional del 28 de julio de 2006): “la Sala reitera que la reelección no es tan sólo un derecho individual por parte del pasible de serlo, sino que además es un ‘(…) derecho de los electores a cuyo arbitrio queda la decisión de confirmar la idoneidad o no del reelegible, y que al serle sustraída dicha posibilidad mediante una reforma realizada por un poder no constituyente, se realizó un acto de sustracción de la soberanía popular, quedando dicha posibilidad de forma exclusiva, y dentro de los límites que impone a todo poder los derechos humanos, inherentes a la persona humana, al poder constituyente, el cual basado en razones de reestructuración del Estado puede imponer condiciones o modificar el ejercicio de derechos en razón de la evolución de toda sociedad así como de la dinámica social. (…) No puede entonces, alterarse la voluntad del soberano, por medio de instrumentos parciales y que no tengan su origen en el propio poder constituyente, es a él al cual corresponde la última palabra, teniendo como se ha dicho como único límite, los derechos inherentes a la persona humana y derivados de su propia dignidad  (…)’.”

La Constitución, naturalmente, no es un instrumento parcial; es la ley totalmente fundamental de la República, y fue además establecida por el Poder Constituyente Originario, en referéndum aprobatorio del 15 de diciembre de 1999. Esto es, fue el propio Poder Constituyente quien promulgara la limitación a la reelección presidencial en el Artículo 230 de la Constitución, que ahora se pretende enmendar.

Puede admitirse, por supuesto, que el Soberano debe preservar su derecho absoluto de reelegir a quién le dé la gana cuantas veces quiera; para eso es Soberano. Pero lo que esta misma Corona estimó saludable estipular en 1999—en “la mejor Constitución del mundo”, decía HacheChé entonces—es que el Presidente de la República no fuera más de una vez reelegible. Sabiamente, consideró que el Primer Magistrado de la Nación dispone de mucho poder y recursos muy considerables, que hacen verdaderamente asimétrica y ventajosa su participación como candidato en una contienda electoral. Y eso que todavía entonces no habíamos sido testigos del más obsceno y abusivo ventajismo de presidente alguno en nuestra historia, como es el dirigido de modo tan pertinaz por HacheChé.

A pesar de estas cosas, se reitera, no vale la pena enredarse en esta discusión con unos magistrados que decidirán complacientes con la voluntad de HacheChé. Lo mejor es no involucrarlos, lo mejor es ignorarlos, lo mejor es no darles vela en este entierro; que se queden expectantes por un protagonismo que no les alcance.

Tampoco conviene embarcarse en aventuras competidoras, como la propuesta de introducir aceleradamente por iniciativa popular la enmienda alterna de recortar el período presidencial y prescribir una segunda vuelta electoral. Por una parte, se trataría de desempolvar una iniciativa de Primero Justicia (sobre redacción de Juan Manuel Raffalli) en 2002, que nunca agarró vuelo (se proponía entonces, ilusamente, que la acogiera la Asamblea Nacional). Por otra parte, nada podría competir con el apuro de la enmienda de HacheChé, que ha ordenado se introduzca por la expedita vía de, justamente, la Asamblea Nacional.

Lo que hay que hacer es recoger el guante, aceptar el insolente desafío y derrotar la indemocrática pretensión con nuestros votos. Volver a decir no sin que quepa la menor duda.

………

A lo que estamos enfrentados es a un nuevo acto referendario, el quinto de nuestra corta historia a ese respecto, que busca abrir las puertas a la perpetuación en el poder del actual y muy concreto Presidente de la República.

Las oscilaciones—la “volatilidad”, se diría en estos tiempos de agitación bursátil—en el planteamiento de la cosa dan cuenta de las dudas que en el propio seno del PSUV suscita la obsesiva terquedad de HacheChé. Primero, él mismo prometió—¿cuánto vale su palabra de hombre?—que no promovería la enmienda. A los pocos días de que dijera esto, dejando magnánimamente que el PSUV y el pueblo (en ese orden) rumiaran si convenía promoverla, el Vicepresidente de ese partido, el oportunista Alberto Müller Rojas, declaró que el asunto de la enmienda no estaba planteado en el seno de la organización. Al señalársele que algún poetastro gobernador oriental ya se hallaba en campaña por la enmienda, Müller Rojas expuso que era él quien mandaba en el PSUV. Media hora después de ese atrevimiento, el jefe máximo del partido lo contradecía y se contradecía a sí mismo, al ordenar la operación “Uh, Ah, HacheChé no se va”. En sus palabras mostraba desfachatadamente su aberrante concepción de la democracia: “Les doy mi autorización al Partido Socialista Unido de Venezuela y al pueblo venezolano [en ese orden] para que inicien el debate para la enmienda constitucional, para que tomen las acciones que haya que tomar para lograrlo. Sí lo vamos a lograr, vamos a demostrar quién manda en Venezuela”. Ahora, pues, no es el pueblo quien autoriza al mandatario; ahora somos nosotros quienes debemos solicitar su majestuosa autorización, su real permiso.

A continuación pareció que se adoptaría la ruta de la iniciativa popular—15% de los electores—y se buscaría recolectar, en tiempo récord, más de dos millones y medio de firmas para forzar el referéndum necesario de modo perentorio. Pero esta posibilidad hizo que la dirigencia del PSUV se sintiera en posición harto incómoda. Ella sabía que la tarea no sería nada fácil, aunque el 23 de noviembre un total de cinco millones y medio de votos fueron hacia sus candidatos a gobernaciones y alcaldías. Sin que la oposición hiciera nada al respecto, se hubiera formado un efecto de “lista de Tascón al revés”. No habría entre los partidarios del gobierno demasiados que quisieran dejar registradas para la historia sus firmas de apoyo a una pretensión continuista y dinástica. De allí que rápidamente se salieran de la suerte, pasándole la pelota a los sigüises de la Asamblea Nacional. “La iniciativa parlamentaria permitiría ahorrar tiempo y dinero”, dijo un vocero del PSUV. Minutos más tarde HacheChé confirmó la cosa: “La vía de la Asamblea Nacional tiene una ventaja, que es más rápida”. Ése es el producto de una “deliberación” de diez días.

………

HacheChé se encamina al suicidio. Es su solución al desasosiego de sus más recientes madrugadas. Ya no golpea puertas—al menos no se observa que lo haya hecho con las manos—pero lleva en el alma las sucesivas derrotas, las del 2 de diciembre de 2007 y el 23 de noviembre de 2008, la disolución de su coartada favorita con la elección de Barack Obama en los Estados Unidos y la angustia de un posible empeoramiento definitivo de las finanzas públicas, ya debilitadas. (Sobre esto último no hay total seguridad: sigue mermando, por razones estructurales, la oferta energética mundial a un ritmo de entre 6 y 7% por año, como ha destacado el Brujo de Los Palos Grandes. Uno de los efectos de la muy marcada disminución de los precios del petróleo es la reducción de los esfuerzos exploratorios y el desarrollo de costosas fuentes alternas. Así, Larry Nichols, ejecutivo jefe de Devon Energy, una de las más grandes compañías estadounidenses de exploración, ha anticipado: “Las compañías de petróleo y gas van a cortar significativamente sus presupuestos para el próximo año”, y varios expertos piensan que la caída resultante—la exploración en áreas como Montana y Colorado pudiera reducirse tanto como en 40%—haría que los precios de la energía subieran a un nuevo pico el año que viene, según TIME Magazine).

HacheChé se dirige al suicidio. No sólo es que los estudiosos de la opinión han reportado que su derrota del 2 de diciembre de 2007 tuvo que ver fundamentalmente con la vigésima primera proposición del rechazado “bloque A” del proyecto de reforma constitucional—Artículo 230: Sobre el periodo presidencial. Se modifica de 6 a 7 años. Se retiran los límites para ser reelegido—, sino que prácticamente todas las encuestas realizadas en 2008 registran una mayoría de repudio popular (al menos las dos terceras partes de los electores) a tal posibilidad. Su posición no ha mejorado, y las groseras agresiones contra los gobernadores y alcaldes electos de oposición—que además de vulnerarlos con el despojo de instituciones y equipos buscan desaparecer evidencias de manejos indebidos—tampoco lo favorecen, pues en último término son el desconocimiento de la voluntad electoral, un evidente irrespeto al pueblo.

HacheChé va directo al suicidio. Esta vez ya no se trata de trescientas y tantas elecciones estadales y municipales. Ahora se trata de una sola votación, de un solo artículo—”Va a ser muy sencilla: un sólo artículo, más nada, un sólo artículo”, decía, y explicaba que bastaba suprimir en el Artículo 230 de la Constitución la frase “y por una sola vez”—; la cosa no será entendida como la promulgación de un principio abstracto, sino como la muy concreta pregunta de si queremos que HacheChé tenga la posibilidad de seguir mandando después de febrero de 2013. Es decir, el efecto práctico del referéndum al que planea someternos es que, cuando el pueblo vuelva a decirle que no, le estará extendiendo un preaviso de cesantía. Ninguna deslegitimación pudiera ser más brusca.

El Brujo de La Florida ha alertado sobre ese desenlace, y ha especulado que subconscientemente HacheChé lo busca, como pretexto para renunciar y dejar así la muy complicada situación del Estado venezolano en manos de un opositor que se las vería negras para componerla y fracasaría en el intento. Entonces, deliran algunas neuronas extraviadas de Hacheché, él podría regresar como salvador de la Nación.

En todo caso, debemos saber que esa derrota de HacheChé, si le impele a la renuncia, configuraría una falta absoluta del Presidente de la República, que producida antes de enero de 2011 forzaría constitucionalmente una elección presidencial en treinta días. ¿Estamos preparados para eso?

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FS #223 – Justo enfrente

Fichero

LEA, por favor

Esta Ficha Semanal #223 de doctorpolítico, y la de la semana siguiente, reproducen la traducción del Resumen Ejecutivo del estudio Tendencias Globales 2025 – Un mundo transformado, del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, dado a la luz a fines del mes pasado. Este consejo es una estructura de análisis y recomendaciones a mediano y largo plazo para la comunidad de los servicios de inteligencia estadounidenses, como la Agencia Nacional de Seguridad, la CIA, el FBI y otras agencias, como las propias de cada rama de sus fuerzas armadas.

El informe en cuestión es el cuarto intento del Consejo para “identificar los motores clave y los desarrollos que probablemente den forma a los eventos durante una década o algo más en el futuro”. En este caso, se trata de un lapso de diecisiete años, que va desde hoy hasta el año 2025, aunque en uno que otro punto la proyección se extiende hasta la mitad de la centuria e incluso hasta el término de la misma. Otros famosos intentos predictivos han sido algo más extensos en el tiempo; los más notables fueron dos intentos del Instituto Hudson, antaño dirigido por su fundador, el analista de defensa convertido en futurólogo, Herman Kahn (quien dictó un seminario en Caracas en el año de 1977). En primer término, The Year 2000, publicado en 1967 y, luego, The Next 200 Years, editado para el bicentenario de la independencia de los Estados Unidos en 1976. Kahn murió a los sesenta y un años de edad en 1983, suficientemente antes de que se vencieran los plazos de su predicción, de forma que no pudiera echársele en cara algún desacierto.

Diecisiete años, el lapso que nos separa del año 2025, se van en un abrir y cerrar de ojos. Seguramente estarán cargados de acontecimientos significativos; a los pocos días de la publicación del interesante informe, con posterioridad a la elección de Barack Obama como cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos, una cepa terrorista mutante sometía a la ciudad de Mumbai (Bombay) a un asedio de horror, y la crisis económica mundial continuaba su despliegue inexorable. (En términos estadísticos oficiales, se conoció ayer que la recesión económica de los Estados Unidos se había iniciado ya en diciembre de 2007).

Es muy interesante que el Consejo de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos admita sin ambages que la supremacía estadounidense está en declive; se trata, a fin de cuentas, de un órgano del gobierno federal de ese país que emite su opinión cuando aún no ha cesado el peculiar gobierno de George W. Bush, el que actuó durante ocho años como si los Estados Unidos fuesen el dueño del mundo. Global Trends 2025 – A Transformed World, expresa la convicción de la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos sobre la multipolaridad del mundo que vivimos. Se trata de un muy importante cambio en la percepción del primer país del planeta.

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Justo enfrente

El sistema internacional—tal como fuera construido luego de la Segunda Guerra Mundial—será casi irreconocible para 2025, debido al surgimiento de potencias emergentes, una economía globalizadora, una transferencia histórica de riqueza relativa y poder económico de Occidente a Oriente y la creciente influencia de actores no estatales. Hacia 2025, el sistema internacional será uno global y multipolar, al continuar estrechándose las brechas de poder nacional entre países desarrollados y en desarrollo. Junto con el desplazamiento de poder entre las naciones-estado, está aumentando el poder relativo de varios actores no estatales, que incluyen empresas, tribus, organizaciones religiosas y redes criminales. Los jugadores están cambiando, pero también cambian el alcance y amplitud de problemas transnacionales que son importantes para la continuidad de la prosperidad global. Un crecimiento económico potencialmente desacelerado, poblaciones que envejecen en el mundo desarrollado, el aumento de limitaciones en energía, alimentación y agua, y las preocupaciones acerca del cambio climático limitarán y disminuirán lo que todavía será una era de prosperidad sin precedentes en la historia.

Históricamente, los sistemas multipolares emergentes han sido más inestables que los bipolares o unipolares. A pesar de la reciente volatilidad financiera—que pudiera terminar acelerando muchas de las actuales tendencias—no creemos que nos encaminamos hacia un colapso total del sistema internacional—como ocurrió en 1914-1918 cuando se detuvo una fase precoz de globalización. Pero los próximos veinte años de transición hacia un nuevo sistema estarán cargados de riesgos. Las rivalidades estratégicas girarán probablemente en torno al comercio, las inversiones y la innovación y adquisición de tecnologías, pero no podemos descartar un escenario, al estilo del siglo XIX, de carrera armamentista, expansión territorial y rivalidad militar.

Es ésta una historia sin desenlace claro, como lo ilustra una serie de viñetas que empleamos para hacer el mapa de nuestros futuros divergentes. Aunque los Estados Unidos probablemente seguirán siendo el actor individual más poderoso, su fuerza relativa—incluso en el reino de lo militar—declinará, y su influencia estará más constreñida. Al mismo tiempo, no es claro hasta dónde otros actores—tanto estados como no estatales—estén dispuestos a asumir una carga recrecida o podrán soportarla. Los hacedores de políticas y los públicos tendrán que absorber una creciente exigencia de cooperación multilateral, cuando el sistema internacional sea presionado por la incompleta transición de un viejo orden a uno nuevo todavía en formación.

El crecimiento económico como combustible del surgimiento de jugadores emergentes

En términos de tamaño, rapidez y dirección del flujo, la transferencia actual de riqueza y poder económico en el globo—en términos gruesos, de Occidente a Oriente—no tiene precedentes en la historia moderna. Este desplazamiento se deriva de dos fuentes. Primera, los aumentos en los precios del petróleo y otras materias primas han reportado ingresos extraordinarios para los países del Golfo y Rusia. Segunda, costos bajos que se combinan con políticas gubernamentales han desplazado el locus de la manufactura y ciertas industrias de servicios al Asia.

Las proyecciones de crecimiento para Brasil, Rusia, India y China indican que en conjunto alcanzaran la participación original del G-7 en el producto bruto global entre 2040 y 2050. China está en posición de tener más impacto sobre el mundo en los próximos veinte años que cualquier otro país. Si persisten las tendencias actuales, China tendrá la segunda economía del mundo y será una potencia militar líder. También pudiera ser el mayor importador de materias primas y el primer contaminador. Probablemente, India continuará disfrutando un crecimiento económico relativamente rápido, y pujará por un mundo multipolar en el que Nueva Delhi sea uno de los polos. China e India deberán decidir el punto hasta el que están dispuestos a desempeñar un creciente papel global y estén en capacidad de hacerlo, y cómo se relacionarán entre sí. Rusia tiene el potencial para ser más rica, más poderosa y más segura de sí misma en 2025. Si invierte en capital humano, expande y diversifica su economía y se integra a los mercados mundiales, hacia 2025 Rusia podría jactarse de un producto doméstico bruto que se aproxime al del Reino Unido y Francia. Por otra parte, Rusia pudiera experimentar una declinación significativa si deja de tomar esos pasos y los precios del petróleo y el gas permanecen en el rango de US$ 50-70 por barril. No hay ningún otro país que se proyecte surja hasta el nivel de China, India o Rusia, y es probable que ninguno se aproxime a su influencia global. Esperamos, sin embargo, ver el aumento de poder político y económico de otros países, tales como Indonesia, Irán y Turquía.

Por su mayor parte, China, India y Rusia no están siguiendo el modelo liberal occidental de autodesarrollo, sino que emplean un modelo diferente, el “capitalismo de Estado”. Éste es un término vago que se emplea para describir un sistema de gestión económica que concede al Estado un papel prominente. Otras potencias emergentes—Corea del Sur, Taiwan y Singapur—también han usado el capitalismo de Estado para desarrollar sus economías. No obstante, el impacto de China en el recorrido de este camino es potencialmente mucho mayor, debido a su escala y su aproximación a la “democratización”. A pesar de esto, seguimos siendo optimistas en cuanto a las posibilidades a largo plazo de una mayor democratización, aun cuando los progresos sean probablemente lentos y la globalización sujete a muchos países recientemente democratizados a un aumento de las presiones sociales y económicas, que pudieran minar las instituciones liberales.

Muchos otros países se quedarán más rezagados económicamente. El África Subsahariana seguirá siendo la región más vulnerable a las interrupciones económicas, el conflicto civil y la inestabilidad política. A pesar de una creciente demanda global de materias primas de las que el África Subsahariana sería un suplidor principal, no es probable que las poblaciones locales experimenten ganancias económicas significativas. Las ganancias extraordinarias provenientes de aumentos sostenidos en los precios de las materias primas pueden atrincherar más aún a gobiernos corruptos o mal equipados en varias regiones, disminuyendo las perspectivas de reforma basada en la democracia y los mercados. Aunque muchos de los principales países de América Latina se habrán convertido en potencias de ingreso mediano para 2025, otros, particularmente países tales como Venezuela y Bolivia, que han asumido políticas populistas por tiempo prolongado, se rezagarán, y algunos, como Haití, se habrán hecho aun más pobres e ingobernables. En conjunto, América Latina continuará a la zaga de Asia y otras áreas de rápido crecimiento en términos de competitividad económica.

Asia, África y América Latina serán responsables de virtualmente todo el crecimiento de población de los próximos veinte años; menos de tres por ciento del crecimiento ocurrirá en Occidente. Europa y Japón continuarán aventajando grandemente a las potencias emergentes de China e India en riqueza per cápita, pero tendrán que luchar para mantener tasas de crecimiento robustas, puesto que decrecerá el tamaño de sus poblaciones activas. Los Estados Unidos serán una excepción parcial al envejecimiento de las poblaciones en el mundo desarrollado, porque experimentarán mayores tasas de natalidad y más inmigración. Aumentará el número de emigrantes que buscarán moverse de países desaventajados a países relativamente privilegiados.

Se estima que el número de países con estructuras de edad jóvenes en el actual “arco de inestabilidad” declinará por tanto como 40 por ciento. Tres de cada cuatro países de juventud abultada que persistirán estarán localizados en el África Subsahariana, y prácticamente todo el resto en el núcleo del Oriente Medio, dispersos a través del sur y el centro de Asia y en las islas del Pacífico.

Nueva agenda transnacional

El tema de los recursos alcanzará preeminencia en la agenda internacional. Un crecimiento económico sin precedentes—positivo en muchos aspectos—continuará ejerciendo presión sobre varios recursos estratégicos, incluyendo energía, alimentos y agua, y se pronostica que agoten los recursos fácilmente disponibles en algo más que una década. Por ejemplo, la producción, fuera de la OPEP, de hidrocarburos líquidos—petróleo, crudo, líquidos del gas natural y fuentes no convencionales (como las arenas bituminosas)—no crecerán al ritmo de la demanda. Ya está declinando la producción de muchas fuentes tradicionales de energía. En otras partes—China, India y México—la producción se ha nivelado. Escasearán los países con capacidad de producción significativamente creciente; la producción de petróleo y gas estará concentrada en áreas inestables. Como resultado de estos y otros factores, el mundo se encontrará en medio de una fundamental transición energética del petróleo hacia el gas natural, el carbón y otras alternativas.

El Banco Mundial estima que la demanda de alimentos crecerá en 50 por ciento para 2030, como resultado de una población mundial creciente, una prosperidad en aumento y el desplazamiento hacia preferencias dietéticas occidentales de una mayor clase media. La falta de acceso a suministros estables de agua está alcanzando proporciones críticas, particularmente para propósitos agrícolas, y el problema empeorará a causa de una rápida urbanización en todo el mundo y de añadir alrededor de 1.200 millones de personas durante los próximos veinte años. Hoy en día, los expertos consideran que hay veintiún países, que tienen una población combinada de 600 millones de habitantes, con escasez de tierra cultivable y agua fresca. Debido al continuo crecimiento de la población, se estima que otros treinta y seis países, con una población total de 1.400 millones de personas, caerán en esa categoría de aquí a 2025.

Se espera que el cambio climático exacerbe la escasez de recursos. Aunque el impacto del cambio climático variará según la región, un cierto número de regiones comenzará a sufrir efectos dañinos, particularmente la escasez de agua y la pérdida de producción agrícola. Es probable que las diferencias regionales en producción agrícola se hagan más pronunciadas con el tiempo, con una declinación desproporcionadamente cargada sobre países en desarrollo, principalmente los del África Subsahariana. Se espera que las pérdidas agrícolas crezcan con el tiempo, con impactos substanciales predichos por la mayoría de los economistas para fines de este siglo. Para muchos países en desarrollo, un producto agrícola disminuido será devastador, pues la agricultura representa una mayor proporción de sus economías y muchos de sus ciudadanos viven cerca de los niveles de subsistencia.

Una vez más, nuevas tecnologías pudieran proveer soluciones, tales como alternativas viables a los combustibles fósiles o medios para vencer las limitaciones de los alimentos y el agua. Sin embargo, todas las tecnologías actuales son inadecuadas para reemplazar la arquitectura energética tradicional a la escala requerida, y probablemente no habrá nuevas tecnologías energéticas que sean comercialmente viables o generalizadas para 2025. El ritmo de la innovación tecnológica será crucial. Aun con una política favorable y financiamiento para los biocombustibles, el carbón limpio o el hidrógeno, la transición a los nuevos combustibles será lenta. Históricamente, las principales tecnologías tienen un “retraso de adopción”. Un estudio reciente ha encontrado que, en el sector energético, se consume un promedio de veinticinco años para adoptar ampliamente una nueva tecnología de producción.

A pesar de que sea hoy visto como poco probable, no podemos descartar la posibilidad de una transición energética que evitaría los costos de una reparación de la infraestructura de energía. La más grande de las posibilidades para una transición relativamente rápida y barata durante el período vendría de mejores fuentes de energía renovable (fotovoltaica y eólica), así como de mejoras en la tecnología de baterías. Con muchas de estas tecnologías, la valla del costo de infraestructura de los proyectos individuales sería más baja, permitiendo que muchos actores económicos pequeños desarrollen sus propios proyectos de transformación energética para el servicio directo de sus intereses—por ejemplo, celdas de combustible estacionarias para alimentar hogares y oficinas, recarga de automóviles de planta híbrida, y venta de energía reciclada a la red. Del mismo modo, los esquemas de reconversión energética—tales como planes de generar hidrógeno para celdas de combustible a partir de electricidad en los garajes domésticos—pudieran eludir la necesidad de desarrollar una compleja infraestructura de transporte de hidrógeno.

Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos

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LEA #313

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El Vicepresidente Electo de los Estados Unidos, Joe Biden, predijo antes del 4 de noviembre que no pasarían seis meses sin que el liderazgo de Barack Obama fuera puesto a prueba por una crisis internacional. En su momento, esa declaración fue considerada un imprudente desliz típico de Biden—la campaña de McCain intentó hacer mucho del episodio—, pero ahora, con los dramáticos acontecimientos en India, parece que la prueba ha comenzado aun antes de la toma de posesión de Obama. Hawai, Bombay, dice la letra de una canción del grupo Mecano; en Hawai nació Obama, en Bombay (ahora conocida como Mumbay) pereció ayer al menos un centenar de personas y tres centenares resultaron heridos, como consecuencia de un racimo de ataques terroristas simultáneos. A diferencia de ataques anteriores, que usualmente afectaron en mayor medida a ciudadanos indios, los blancos preestablecidos eran nacionales estadounidenses y británicos. (Bush y Blair).

Los movimientos terroristas del siglo XXI han mostrado su plasticidad táctica; ya lo hizo con dimensiones épicas al Quaeda el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, cuando una impensable afrenta al orgullo de los Estados Unidos fue sentida del mismo modo insultante por la mayoría de los habitantes del planeta. La escala y la meticulosa planificación de los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono fue una sorpresa mayúscula para el mundo entero.

En Mumbay, de nuevo, se pone de manifiesto una planificación detallada y una escala desusada. Aunque India ha sufrido, desde hace dos años, la terrible táctica de ataques simultáneos, el número de los de ayer, el arsenal desplegado por los atacantes y los blancos que éstos escogieron, dan cuenta de una cepa terrorista mutante. Una organización hasta ahora desconocida (Deccan Mujaheddin) se ha atribuido la paternidad de los atentados, y se presenta como jihadista, esto es, como islámica radical. Si antes se detonaba a distancia explosivos colocados en vehículos, el masivo ataque de ayer en Mumbay fue perpetrado por jóvenes terroristas suicidas.

India, naturalmente, pero también los Estados Unidos están siendo exigidos por una nueva ola terrorista, que incluye el secuestro de supertanqueros por eficaces piratas africanos. Los atacantes de Mumbay llegaron del mar, según explicó R.R. Patil, ministro de seguridad interna del estado indio de Maharashtra. La sofisticación de los terroristas se puso de manifiesto en la toma de rehenes en dos grandes hoteles—y un centro de judaísmo ultra ortodoxo (Chabad Lubavitch)—, en medio de los cuales está ubicada la sede de la Bolsa de Mumbay, ciudad que es el corazón y la capital económica de la India.

Hawai, Bombay. No le es fácil al mundo, sea occidental o hinduista, recibir horrores tan espantosos como el que conmoviera ayer al segundo país más poblado del mundo.

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CS #313 – Camino despejado

Cartas

Hablaron los pueblos de Venezuela, los que no deben ser confundidos con el pueblo de Venezuela. Si uno argumentaba que estas elecciones del domingo pasado eran municipales y estadales, no nacionales como Chávez las entendió, entonces no debiera ahora, para ser consistente, extraer conclusiones nacionales del 23 de noviembre. Aquí se expuso la semana pasada: “Ni de una totalidad de triunfos en los estados y municipios puede sacarse conclusiones sobre asuntos de exclusivo dominio nacional”. Nos referíamos, por supuesto, a los deseos en Hugo Chávez de perpetuarse en el poder.

Pero por supuesto que se puede extraer conclusiones nacionales, y no sólo porque el presidente Chávez se metiera hasta el cuello en elecciones que no eran de su incumbencia.

Por ejemplo, que la muy significativa presencia de las dos terceras partes de los electores inscritos ante las máquinas de votación tiene que ser agradecida no sólo al pueblo venezolano, sino también a San Isidro Labrador que quitó el agua y puso el sol, sin permitir más que una que otra garúa intrascendente.

Por ejemplo, que la campaña emprendida por Chávez ha herido grandemente a la gente de Podemos, el PPT, el PCV y otras organizaciones disidentes—traidoras, en el léxico presidencial—, y habrá que ver entonces cómo se conducen y alinean sus diputados en los dos años que les quedan en la Asamblea Nacional. (Observación atinada que aportara Levy Benshimol).

Por ejemplo, que en contra de lo supuesto por esta publicación—“De hecho, luce probable que en términos porcentuales el avance opositor sea mayor en el ámbito municipal que en el estadal”—las candidaturas de oposición obtuvieron el 26% de las gobernaciones disputadas (tomando a la Alcaldía Metropolitana de Caracas como una), pero sólo el 18% de las alcaldías en juego (58 de 321, incluyendo la ganada por Antonio Ledezma). No hay ni uno solo de los estados del país en el que las opciones opositoras o disidentes ganaran una mayoría de las alcaldías. En Apure, Portuguesa, Sucre, Vargas y Yaracuy (más el Distrito Capital) ni una sola alcaldía recayó en candidatos de oposición o disidentes del chavismo. He aquí una lista de los estados seguidos por dos números; el primero es el número de sus municipios en los que se eligió alcalde, mientras que el segundo es el de las alcaldías obtenidas por candidatos del PSUV: Anzoátegui, 21, 18; Apure, 6, 6; Aragua, 18, 17; Barinas, 12, 11; Bolívar, 11, 8; Carabobo, 13, 11; Cojedes, 9, 7; Delta Amacuro, 4, 3; Falcón, 25, 22; Guárico, 15, 12; Lara, 9, 8; Mérida, 23, 18; Miranda, 20, 15; Monagas, 13, 12; Nueva Esparta, 11, 6; Portuguesa, 14, 14; Sucre, 15, 15; Táchira, 29, 16; Trujillo, 19, 16; Vargas, 1, 1; Yaracuy, 12, 12; Zulia, 19, 13.

Por ejemplo, que esta vez, al perder el gobierno tres gobernaciones adicionales y Caracas, se ha llegado al status que esta publicación predijo y postuló como importante: “Será la interpretación que por su cuenta elabore el enjambre ciudadano lo que será decisivo. Por los vientos que soplan, es razonablemente probable que la conclusión a la que llegará el 70% de la población que no es chavista será que el gobierno habrá visto reducirse su dominación el 23 de noviembre de 2008. Esto será suficiente, por ahora”. El ciudadano promedio en Venezuela ha leído los resultados así: que el gobierno—el presidente Chávez—ha perdido terreno, a pesar de haberse esforzado muchísimo y en característico y multidimensional abuso.

Pero esto, como hemos visto, ha sucedido en la cota de los estados; a nivel de los municipios se produjo lo contrario. Dicho de otro modo: Si Chávez tenía en contra desde 2004 a dos gobernadores entre veinticuatro (8%, incluida la Alcaldía Metropolitana de Caracas), y ahora tiene seis entre veintitrés (26%), Salas Feo tendría en contra al 85% de los municipios de su estado, Capriles Radonsky al 75%, Morel Rodríguez al 55%, Pérez Vivas al 55% y Pablo Pérez al 68%. Mientras un poco más de la cuarta parte de las gobernaciones son ahora de oposición, sólo un poco menos de la quinta parte de las alcaldías serán ejercidas por opositores. Es como si la oposición a Chávez quisiera expresarse preferentemente a través de gobernadores, o fuera su expresión más difícil mediante los alcaldes.

Y el ciudadano opositor típico en las circunscripciones perdidas por el PSUV, a pesar de que se quejara de la contaminación de las elecciones locales desde el nivel nacional, se alegra menos porque cree que su estado o municipio tienen ahora un gobernante idóneo que porque Chávez ha sufrido un nuevo retroceso.

………

Hay varias cosas muy buenas de las elecciones del 23 de noviembre, las más de ellas ya expuestas por los mejores analistas del país y notadas independientemente por los propios ciudadanos, pues los hechos han hablado, en gran medida, por sí mismos. Tal vez sea la mejor de todas el refuerzo a la línea de la participación electoral como procedimiento eficaz, junto con un crecimiento en la confianza sobre nuestro sistema electoral. Lejos han quedado los tiempos en los que un amplio conglomerado de ciudadanos antichavistas denostaba de Smartmatic y de los jóvenes venezolanos que habían creado en ella una compañía de clase mundial en su ramo. Ya no parece tener cabida el otrora acostumbrado grito de fraude, ni obtendrán atención los ingenieros o estadígrafos que empleen oscuros teoremas para “demostrar” que lo ha habido desde al menos 2004. Al haber registrado dos veces en sucesión una derrota y una pérdida de terreno de Chávez, el Consejo Nacional Electoral ha visto mejorar su reputación. Hasta los antichavistas más radicales—Antonio Sánchez García, por caso—celebran los logros de la oposición en los términos proclamados por el Consejo Nacional Electoral sin discutirlos demasiado.

Obviamente, y una vez más, esta conducta seria de la máxima autoridad electoral se limita al acto de las elecciones. No hay duda de que durante el período de campaña la mayoría de sus rectores actúa en plan de alcahuete del Presidente de la República. A pesar de los dignos y valientes esfuerzos de Vicente Díaz—un miembro del Grupo La Colina cuya autoridad moral se deriva de su recta sensatez y su rechazo al obstruccionismo—el Consejo Nacional Electoral cohonestó los descarados abusos de Hugo Chávez, con la excusa de que este ciudadano no sólo es el jefe del Ejecutivo Nacional, sino mandamás de un cierto partido político. También formó parte de la gavilla de instituciones que sostuvieron las inhabilitaciones inconstitucionalmente impuestas por el contralor Russián, a quien apoyara la mayoría de la Sala Constitucional mediante la amputación falaz del sentido del Artículo 42 de la Constitución, en su infame Decisión 1.265 del 5 de agosto de este año.

Pero quienes, dentro de la oposición, proclamaron hasta el cansancio que no había destino en el camino electoral y proponían métodos non sanctos para salir de Hugo Chávez, también han sufrido, como él, su segunda derrota en fila.

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El próximo gran hito político del país, apartando elecciones locales complementarias en 2009, es sin duda la elección de una nueva Asamblea Nacional a fines de 2010. Dos años, pues, median entre hoy y esa oportunidad para emplearlos en la conquista de una mayoría de escaños parlamentarios por candidatos que porten y encarnen un paradigma de política clínica que supere al paradigma clásico, signado por la dicotomía izquierda-derecha y la práctica de una política de lucha y poder. Esta tarea es doble: de aprendizaje del paradigma nuevo, de diseño y operación de un nuevo esquema para la organización del esfuerzo.

Pero dado que hay tiempo para trabajar en ese inmenso compromiso, conviene aplicar este amanecer político en una serena e intensa deliberación. Stop the world, como dice la canción, ahora que se ha frenado significativamente el ímpetu absolutista presidencial, ahora que se ha merecido una cierta calma, para pensar y decidir la construcción de nuevos cauces políticos, de cauces no convencionales.

A este fin debe evitarse, intencionalmente, la bajadita de los simplismos superficiales y automáticos. Hay clichés estratégicos—como aquel de que ”hay que calentar la calle”—que se aceptan de un sólo envión sin mayor análisis. Por ejemplo el siguiente teorema, aparentemente impepinable: “No hay democracia sin partidos; por tanto, si queremos tenerla, es preciso fortalecerlos”. Si por partidos se entiende organizaciones políticas, entonces está bien, porque ya no sólo la democracia, sino cualquier forma de política se hace sólo a través de la organización. (Incluso puede decirse que la organización es más agudamente necesaria cuando no hay democracia, como demostrara tan contundentemente la Solidaridad de Lech Walesa en Polonia o el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela o el Nacional Indio de Mohandas Karamchand Gandhi). Pero deducir de aquella premisa que se trata de fortalecer estos partidos, los existentes y actuantes, siendo lo que son y estando como están, ya no es procedimiento lógica o políticamente válido. El asunto exige ser acometido seria y responsablemente en la más desapasionada y honesta de las discusiones.

El foco actual, en verdad, debe ponerse de una vez en las elecciones de Asamblea Nacional, aunque también haya que atender la cotidianidad y esforzarse en una frecuente contención de los amagos y designios de Hugo Chávez. En notas compuestas el 5 de noviembre, el suscrito se atrevía a decir: “Si se hace las cosas bien, será posible presentar al país una nueva y competente camada de políticos, muy diferente a la actual, y lograr una mayoría en la Asamblea Nacional. A partir de ese momento, ya no más leyes habilitantes, ya no más autorizaciones a viajes presidenciales al exterior de duración superior a cinco días, ya no más aprobación automática de opacos presupuestos. En cambio, la potestad real de verdadera fiscalización y control del Ejecutivo Nacional, lo que ha estado ausente desde la época del Plan Bolívar 2000”.

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En una carpeta aparte, sin embargo, deberá prepararse lo relativo a una eventualidad cuya probabilidad, aunque no muy grande, es mayor que cero y produciría un gran impacto político. Los resultados del 23 de noviembre de 2008, superpuestos a los del 2 de diciembre de 2007, han perforado la armadura del chavismo; si a esto se añade la grave coyuntura económica mundial, a cuyos efectos Venezuela no podrá escapar, pudiera darse un proceso de deterioro y deslegitimación de Chávez, y en tal caso la renuncia de éste a su comando surgiría como opción, que es la que Chávez adopta cuando se halla contra la pared. (El 4 de febrero de 1992, el 11 de abril de 2002. Observación reiterada de Luis Alberto Machado).

Una dinámica de esa clase, por tanto, pudiera conducir a la falta absoluta del Presidente de la República, y si ella se produjere antes de enero de 2011 el país tendría, según la Constitución (Artículo 233), que elegir un nuevo presidente en el lapso de un mes.

Convendría entonces que los electores ya hubieran conocido suficientemente, para ese momento, unas cuantas caras políticas frescas, entre las que pudiera estar la del sucesor de Chávez en esas circunstancias. Quienes todavía pueden asignar recursos financieros y comunicacionales a los emprendimientos políticos personalizados, debieran considerar la facilitación de esos surgimientos.

Incluso si llegare a ocurrir que un nuevo referéndum revocatorio pareciera tanto viable como probablemente exitoso, sería más que aconsejable la identificación y exposición de posibles sucesores. Aquí se recordó el pasado 30 de octubre: “Cuando ya una mayoría nacional rechazaba a Carlos Andrés Pérez en 1991, se detectaba igualmente la negativa a su sustitución porque se ignoraba quién podía sucederlo”.

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FS #222 – Burbujas de amor

Fichero

LEA, por favor

Entre los muchos expertos consultados o interpelados por el Senado de los Estados Unidos con motivo de la crisis económica, compareció ante su Comité de Supervisión del Comercio el legendario financista George Soros. La Ficha Semanal #222 de doctorpolítico reproduce un extracto de su testimonio, en el que hace referencia a sus propias nociones sobre las “burbujas” en los mercados de valores y discute el tema de los precios del petróleo, de obvio interés de nuestro país.

Soros ha escrito en plan teórico acerca del fenómeno de las burbujas. En este mismo año, la editorial Public Affairs, que ya había editado tres libros previos de su pluma, publicó The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What It Means, que ataca el problema actual desde la idea de una “superburbuja” que estuvo preparándose durante veinticinco años y ahora ha estallado.

Más en general, y sobre tema geopolítico, Soros escribió en 2003 The Bubble of American Supremacy: Correcting the Misuse of American Power, igualmente publicado por Public Affairs. En esta obra Soros argumenta que la presidencia de George W. Bush ha llevado a los Estados Unidos a una situación tan comprometida que el ejercicio de su supremacía en el mundo toca a su fin. (Soros aportó grandes sumas de dinero en un vano intento por impedir la reelección de Bush en 2004). Ya esta opinión no es exclusiva de gente que, como Soros, han sido opositores de Bush; el National Intelligence Council, órgano del gobierno federal dedicado al pensamiento estratégico a mediano y largo plazo para la comunidad de inteligencia estadounidense (CIA, Agencia de Seguridad Nacional, FBI, etc.), ha puesto a la orden del público su estudio Global Trends 2025: A Transformed World, en el que se lee afirmaciones como ésta: “Aun cuando es probable que los Estados Unidos sigan siendo el actor individual más poderoso, la fortaleza relativa de los Estados Unidos—incluso en el reino de lo militar—declinará, y la influencia de los Estados Unidos estará más constreñida”. Igualmente reconoce que “Para 2025 el sistema internacional será globalmente multipolar”. Hugo Chávez puede estar contento. (La Ficha Semanal #223, de la semana que viene, contendrá una traducción del resumen ejecutivo de tan importante reporte).

En el corazón de la doctrina de Soros reside la idea de la “reflexividad” de los mercados, la noción de que hay una dinámica de mutua influencia entre las tendencias económicas fundamentales y la percepción de éstas. (El concepto de profecía autocumplida es una forma de reflexividad: quienes creen que los precios bajarán proceden a vender, con lo que en efecto deprimen los precios). Es interesante que Soros concede la existencia de una burbuja de este tipo con los precios petroleros, pero reconoce una tendencia fundamental al encarecimiento de los mismos, montada sobre factores económicos reales que describe en el texto reproducido aquí.

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Burbujas de amor

Aunque no soy un experto petrolero, tengo toda una vida estudiando las burbujas de inversión, como inversionista profesional. Mi teoría sobre las burbujas financieras, explicada en mas detalle en mi reciente libro, El nuevo paradigma para los mercados financieros, es considerablemente diferente a la visión convencional. De acuerdo con mi teoría, los precios de los mercados financieros no tienden necesariamente al equilibrio Simplemente, no reflejan pasivamente las condiciones fundamentales de la oferta y demanda; hay varias maneras en que los precios de mercado afectan los fundamentos que deben reflejar. Hay una doble vía, una interacción reflexiva entre las percepciones sesgadas del mercado y sus fundamentos, y esa interacción puede alejar al mercado del equilibrio. Cada secuencia de explosión y caída, o burbuja, comienza con algún cambio fundamental, tal como el alcance de Internet, y lo sigue una interpretación equivocada de la nueva tendencia de precios que resulta de ese cambio. Inicialmente, ese error de interpretación refuerza tanto la tendencia como la mala interpretación en sí; pero con el tiempo la brecha entre la realidad del mercado y su interpretación se hace tan amplia que ya no es sostenible.

Cada vez más, el error de interpretación se reconoce como tal, dando paso a la desilusión, y estos cambios de percepción comienzan a influir en las condiciones fundamentales en la dirección opuesta. Tarde o temprano, se revierte la tendencia de los precios en el mercado. A medida que los precios caen, declina también el valor de los colaterales empleados como seguro de los préstamos, provocando llamados al margen. Los tenedores de seguros se ven forzados a venderlos a precios de urgencia para alcanzar el requerimiento mínimo de efectivo o capital, y estas ventas hacen que el mercado se dispare frecuentemente en la dirección opuesta. La caída tiende a ser más corta y más aguda que la explosión que la precede.

La secuencia contradice la visión convencional, que sostiene que los mercados tienden hacia el equilibrio y las desviaciones de éste ocurren de manera aleatoria. Algunos instrumentos financieros sintéticos ampliamente usados—como los COD, que han jugado un papel tan importante en hacer de la crisis hipotecaria una crisis financiera mayor—se basan en esa visión.

Más aún, las instituciones financieras, las agencias clasificadoras y las autoridades reguladoras tomaron en cuenta la posibilidad inicial de autorreforzarse con el auge y luego autodestruirse con la subsiguiente caída.

Sus cálculos de riesgo fueron construidos sobre premisas equivocadas. Cuando la burbuja subprime, no óptima, se rompe, los CD AAA y otros instrumentos sintéticos pierden inmediatamente gran parte de su valor. La crisis subprime contagió los otros mercados con alarmante velocidad, y la solvencia de las instituciones financieras más merecedoras de crédito fue puesta en duda,

Actualmente, estamos viviendo la ruptura de una burbuja de crédito que ha involucrado a todo el sistema financiero y, a la vez, un auge y caída inevitable del precio del petróleo y otras materias primas, commodities, que han tenido las mismas características que una burbuja. Creo que ambos fenómenos se conectan en lo que llamo la superburbuja, que ha evolucionado a través del último cuarto de siglo. La tendencia fundamental de la superburbuja ha sido el creciente uso del apalancamiento—tomar prestado para financiar consumo e inversión—, y el concepto errado de esa tendencia fue lo que llamé el “fundamentalismo del mercado”, la creencia de que el mercado asegura una mejor distribución de los recursos.

Basta de burbujas en general. Con respecto al mercado petrolero en particular, creo que hay cuatro factores principales en juego, los que se refuerzan mutuamente. Dos de ellos son fundamentales y los otros dos son “reflexivos”, en el sentido de que describen las tendencias del mercado que ellos mismos afectan junto con las supuestas condiciones fundamentales de la oferta y la demanda.

Primero, el costo de descubrir y desarrollar reservas nuevas está aumentando, y se acelera la tasa de agotamiento de los campos petroleros más viejos. Esto se ha llamado, erróneamente, “crudo cumbre” (peak oil)—es decir, que nos habríamos acercado o habríamos llegado a la tasa máxima de producción mundial. Se trata de un concepto errado, ya que los precios altos permiten desarrollar económicamente fuentes de energía mas costosas. De todos modos, la idea contiene un elemento veraz importante: algunas de las fuentes mas accesibles y prolíficas de petróleo, en lugares tales como Arabia Saudita y México, fueron descubiertas hace más de cuarenta años y su rendimiento está cayendo rápidamente.

Segundo, hay una tendencia “reflexiva” a que el suministro de petróleo caiga a medida que sube el precio, invirtiendo la forma normal de la curva de suministro. Típicamente, mientras sube el precio los productores ofrecen más. Para los productores de petróleo que esperan que el precio suba más, sin embargo, hay menos incentivo para transformar las reservas de petróleo subterráneo en reservas de dólares en la superficie. Los productores de petróleo calculan que estarán en mejor situación si explotan sus reservas más lentamente. Esto puede ser descrito como una curva de suministro descendiente. Por otro lado, los altos precios del petróleo ha permitido que regímenes políticos ineficientes y hostiles a Occidente se sostengan en el poder, como Irán, Venezuela y Rusia. La producción petrolera de estos países está en decadencia.

Tercero, los países cuya demanda crece—los mayores productores de petróleo—, junto con China y otros exportadores asiáticos, mantienen artificialmente bajos los precios domésticos de la energía mediante los subsidios. Por consiguiente, una elevación de los precios no reduce la demanda, como ocurriría en condiciones normales. Tal cosa puede ser considerada como uno de los fundamentos del mercado, aunque las presiones presupuestarias están cambiando gradualmente políticas gubernamentales como ésas.

Finalmente, la demanda es reforzada por la especulación, que tiende a amplificar las tendencias del mercado. He aquí es un fenómeno esencialmente reflexivo. Además de los fondos compensatorios y los especuladores individuales, los inversionistas institucionales, tales como los fondos de pensión y fideicomiso, se involucraron fuertemente en la indexación de las materias primas, y no sólo el petróleo, sino también el oro y otros materiales en bruto. En realidad, esos inversionistas institucionales se han convertido en el “elefante en la cristalería de los mercados de futuros. La materia prima, o commodity, se ha convertido en un renglón de activos para los inversionistas institucionales y éstos han aumentado sus participación en ese rubro, al seguir una estrategia de inversión en índices de materiales en bruto. En la primavera y el comienzo del verano de 2008, los precios spot del petróleo y otros artículos subieron anticipadamente sobre los costos marginales de producción, y los contratos far out subieron más rápido que los precios spot. Los esquemas de costo han asumido la forma de una curva parabólica, cosa que es característica de la formación de burbujas.

Entonces, ¿es esto una burbuja? La respuesta es que hay una burbuja superpuesta a la tendencia al alza del precio del petróleo, una tendencia que tiene un fundamento basado en la realidad. En la actual recesión, es un hecho que la demanda crece mas rápidamente que el suministro de reservas disponibles, y esto persistirá aunque se eliminen el índice de compras de materias primas y la especulación.

George Soros

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