acre1. (Delingl.acre; cf.lat.ager ‘campo’). 1. m. Medida inglesa de superficie equivalente a 40 áreas y 47 centiáreas.
Dicionario de la Lengua Española
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Sobre un poema—El cántaro roto—de Octavio Paz, el lanzado Eric Whitacre compuso una obra para coros in situ y virtuales que la interpretan en un evento de TED (Technology, Entertainment, Design), el gran movimiento de conferencias compactas. Antes, como él mismo explica en una breve introducción, ya había dirigido un coro virtual de 4.000 cantantes en todas partes del mundo, ensamblados uno por uno. (Whitacre explica la técnica en este otro video). Es la música de todo un planeta. LEA
El efecto mariposa es un concepto que hace referencia en la noción del tiempo a las condiciones iniciales dentro del marco de la teoría del caos. La idea es que, dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en ciertas formas completamente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo de tiempo. Su nombre proviene de las frases: «el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» (proverbio chino) o «el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo» así como también «El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo». Este nombre también fue acuñado a partir del resultado obtenido por el meteorólogo y matemático Edward Lorenz al intentar hacer una predicción del clima atmosférico.
Wikipedia en Español
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Se dice que el presidente Rafael Caldera resistía, durante su segundo gobierno, las reiteradas recomendaciones de aumentar el precio de la gasolina para enderezar las finanzas de PDVSA: «¡Ni se les ocurra! La última vez que eso se hizo tuvimos el Caracazo», contestaría una y otra vez a sus asesores. La prudencia era virtud notable en el experimentado estadista, y en una mente clásica como la suya el escarmiento de 1989 había sido bastante más que suficiente.
Pero las sociedades contemporáneas son sistemas cada vez más complejos, cada vez con mayor número de componentes relacionados en un número creciente de interacciones. Para la época de la formación de las ideologías—entre la Revolución Francesa (1789) que trajo el liberalismo hasta la primera encíclica social (1891), pasando por el Manifiesto Comunista (1848) y la socialdemocracia o socialismo reformista (1875-90)—, se entendía que el problema social moderno era dilucidar cómo se distribuía la renta social entre patronos y obreros; es decir, entre dos roles sociales. Hoy en día, la Organización Mundial del Trabajo reconoce más de un millón de oficios diferentes.
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Tomemos otro camino:
En 1959, Edward Lorenz, meteorólogo, manipulaba el clima artificial y meramente simbólico de sus modelos matemáticos en su primitivo computador Royal MacBee. Había formulado ecuaciones que relacionaban variables como temperatura y presión atmosférica y confiado al computador el tedioso cálculo de las interacciones, el que imprimía tablas de resultados y hasta un escueto gráfico que mostraba las oscilaciones del clima a lo largo del tiempo. El computador de Lorenz no tenía mucha capacidad: sólo podía calcular hasta seis posiciones decimales. Pero el impresor era aun más lento, y por tal razón se le pedía que imprimiese los sucesivos valores sólo hasta los tres primeros decimales.
Un buen día Lorenz notó un segmento de gráfico que llamó su atención, por lo que se dispuso a correr el modelo de nuevo en el computador, a fin de examinar con mayor atención el episodio de su interés. Pero en lugar de arrancar los cálculos desde el inicio, dada la lentitud del cómputo, decidió tomar como condiciones iniciales valores previos de las variables cercanas a la zona interesante de las curvas. Así, tomó las hojas impresas, seleccionó un punto en el tiempo, previo pero no muy lejano, leyó los valores correspondientes, los ingresó manualmente a la máquina y arrancó el cómputo. Luego, para evitar el tedio, se fue a tomar café.
Cuando Lorenz regresó a su laboratorio se llevó una sorpresa mayúscula. El impresor trazaba ahora trayectorias enteramente distintas para las variables, y el gráfico no se parecía en nada a lo que originalmente había despertado su curiosidad. Al principio creyó que la causa sería un desperfecto repentino en el computador, o tal vez un error en su sistema de ecuaciones. Poco después encontró la verdad: en realidad no había especificado exactamente las mismas condiciones iniciales, pues leyó valores impresos con tres decimales redondeados, cuando entretelones el computador calculaba seis posiciones decimales. El error de una diezmilésima en la condición especificada para el nuevo cómputo había generado, con el paso del tiempo, discrepancias de gran magnitud. Había nacido la ciencia del caos.
Rápidamente, Lorenz sacó la consecuencia: los sistemas complejos revelan una gran sensibilidad a las condiciones iniciales, y una pequeñísima diferencia en éstas puede acarrear a la larga diferencias descomunales. Naturalmente, la metáfora con la que se popularizara este carácter de los sistemas complejos adoptó ropaje climatológico. Se le bautizó como el principio del ala de mariposa: en un sistema tan complejo como el clima, el aleteo de una mariposa en China puede causar un temporal en California. (Marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela, 2004).
Los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989 en Caracas y otras ciudades del país «son más fácilmente comprensibles si se les interpreta como un caso de proceso caótico, antes que como resultado de una acción subversiva intencional». (Los rasgos del próximo paradigma político, 1994). Fueron la explosión caótica, o una gran avalancha, en el seno de un sistema de gran complejidad. Las condiciones iniciales de hoy, o durante el segundo gobierno de Caldera, no son las mismas de fines de febrero de 1989, y un aumento del precio de la gasolina no tenía ni tiene por qué conducir a un nuevo Caracazo.
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Ahora el ambiente político nacional está, una vez más, sobrecargado. Las escandalosas revelaciones recientes, en audios grabados a Mario Silva o Wilmer Ruperti, no contribuyen al alivio de la desazón ciudadana, asqueada de nuestra política. (Ver video del regaño de Hugo Chávez a Diosdado Cabello). ¿Estaremos llegando a un punto de quiebre? (Tipping point). La «Primavera Árabe» de 2010 fue ciertamente un proceso de este tipo, descrito ya por Bohdan Hawrylyshyn en Road Maps to the Future (1980), su informe al Club de Roma: «En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipitados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan demasiadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador. En Portugal puede haber sido un libro publicado por un general. En Irán, que también tenía un ejército fuerte y una implacable organización de seguridad interna, fue la voz de Khomeini, oída directamente (como del cielo) en cassettes de audio. En Polonia, el Papa, durante su reciente visita, pudo haber desencadenado casi cualquier conjunto de eventos según su escogencia». (Citado en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, 1987).A veces basta quitar una pluma, como nos demuestra la dueña del equilibrio, Miyoko Shida.
Y ya que hemos conocido lo que puede hacer una dama japonesa, una Señora Mariposa (Cho, Butterfly, farfalla) es el nombre que Giacomo Puccini escogió para la consentida de sus óperas. (Una vez sufrió un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida; tendido en el piso, repetía dulcemente: «Mia povera Butterfly»). Son las últimas palabras de su libreto «Butterfly! Butterfly! Butterfly!», anticipatorias (1904) de Edward Lorenz. Pero la ópera incluye el tema de la esperanza que no cesa, cuando la protagonista canta «Veremos un bello día». Aquí entona Angela Gheorghiu, la estupenda y hermosa soprano rumana, Un bel di vedremo.
Lo que se llamara la Edad de Oro del cine mexicano se inició en 1936, con la película Allá en el Rancho Grande que protagonizara Tito Guízar. Naturalmente, es la ranchera del mismo nombre la más famosa de sus canciones, y las rancheras son usualmente propias para la ventilación terapéutica de algún despecho. Allá en el Rancho Grande es una excepción, y aquí la canta nadie menos que el grandísimo Pedro Vargas acompañado de mariachi.
Allá en el Rancho Grande
Las rancheras son, obviamente, música de los iberoamericanos, del territorio más norteño de la inmensa zona que se comunica en español o portugués en el continente americano. La anterior es huérfana de padre, aunque su composición se atribuye a Silvano Ramos. En cambio, se sabe que Quirino Mendoza y Cortés compuso Cielito lindo en 1882. La versión que ahora se presenta trae esta memorable canción en la voz de Alfredo Sadel, o Alfredo Sánchez Luna (1930-1989), de quien pocos saben que trabajó como dibujante de publicidad en McCann Erickson bajo las órdenes de nadie menos que Carlos Cruz Diez. «El tenor favorito de Venezuela» canta, con introducción y todo, una pieza que todos nosotros hemos cantado alguna vez.
Cielito lindo
María Joaquina de la Portilla Torres (1884-1951), nacida en León, Guanajuato, fue más conocida como María Grever. Autora de famosísimas canciones—Cuando vuelva a tu lado, Te quiero dijiste (Muñequita linda), Por si no te vuelvo a ver, Lamento gitano—compuso igualmente para el cine y las salas de concierto. Pero es seguramente la más famosa de sus más de ochocientas canciones Júrame, una pieza que ha cantado todo tenor que se respete. Aquí la interpreta Rolando Villazón, su compatriota, a quien vemos imponerla con su poderosa garganta en el Waldbühne de Berlín en un recital del año 2006.
Y es de sangre maya el autor de Contigo aprendí y una interminable lista de maravillas, Armando Manzanero. El más prolífico de los boleristas modernos de América Latina, sólo ha compuesto todavía la mitad de las canciones que creara María Grever, meras cuatrocientas, pero seguramente recordamos más de su inspiración. El bolero mencionado es cantado ahora por Alejandro Fernández, El Potrillo.
Contigo aprendí
Yucateco como Manzanero era Luis Demetrio (Traconis Molina), otro exitoso compositor de boleros. La puerta es tal vez su canción más famosa, quizás sólo superada por Si Dios me quita la vida, que aquí canta la muy extraordinaria voz, con registro asombroso, de Marco Antonio Muñiz, gente de Jalisco.
Si Dios me quita la vida
Teddy Fregoso nació en un pueblo de Jalisco con nombre de revolución, puesto que se llama Degollado, en 1925. Dejó atrás la tauromaquia y el teatro para seguir su fuerte vocación musical, pero hizo su carrera principal en los Estados Unidos en mercadeo y publicidad. (En California, dirigió la campaña presidencial de Jimmy Carter, con obvio éxito). De él se trae acá Sabrás que te quiero, la canción que haría muy popular el boliviano Raúl Shaw Moreno, quien la canta.
Sabrás que te quiero
Es el marketing contemporáneo, por otra parte, lo que seguramente ha potenciado más de lo que ya habría logrado por sí mismo el estupendo cantante Luis Miguel (Gallego Basteri). Ha enseñado a nuevas generaciones los números clásicos del repertorio de grandes boleros. Aquí interpreta, sin embargo, la canción relativemente reciente La Bikina, creada por Rubén Fuentes (Ciudad Guzmán, 1926) en 1964. (El compositor tomó la idea de su hijo, quien le dijo en una playa que las mujeres que usaban bikinis debían llamarse bikinas. Para una relación de la Leyenda de La Bikina,puede consultarse Wikipedia en Español).
La Bikina
Y ¿quién sería más charro que Jorge Negrete, aquí acompañado por el Trío Los Calaveras en El Rey, la archiconocida ranchera del nativo de Dolores Hidalgo (Guanajuato) José Alfredo Jiménez?
El Rey
Después del himno precedente, sólo puede cerrar esta escasa muestra musical de México lindo y querido el verdadero Rey, Agustín Lara. Helo aquí interpretando, al piano y con su voz cascada, la canción que compuso a su gran amor: María Bonita. (Es el tercer nombre de la hija bien nacida, bella como la Félix). LEA
El término paradigma y su uso en la expresión paradigma político se ha hecho de uso bastante generalizado. El sentido en el que se emplea no es el original del DRAE—modelo o ejemplo: Jesús era un paradigma de virtudes, ni su uso en Lingüística—, sino el propuesto por Thomas S. Kuhn en su obra de 1962: The Structure of Scientific Revolutions. Kuhn se refiere con el término paradigma al núcleo esencial de una determinada teoría o doctrina científica. Por ejemplo, en materia del fenómeno de la gravitación, el paradigma de la física aristotélica quedaba definido por el concepto de causa final: Aristóteles explicaba que los cuerpos caen porque todos los cuerpos buscarían ir hacia su lugar natural, la tierra, dado que todos los cuerpos estarían hechos del «elemento» tierra. Sobre el mismo fenómeno, el paradigma de Newton sustituye el concepto de Aristóteles por la idea de «acción a distancia», que permite concebir una «fuerza de gravitación universal» existente entre dos cuerpos cualesquiera. Einstein prescinde de esa noción de acción a distancia y la sustituye, a su vez, por la proposición de que la presencia de masa en el espacio induce una curvatura en éste; sería esta curvatura la que seguirían los astros al girar en derredor de cuerpos de mayor tamaño, y no una fuerza de gravitación.
El famoso ensayo de Kuhn describe el progreso de la ciencia entre épocas de estabilidad conceptual, de permanencia de un determinado paradigma, hasta que una crisis en el poder explicativo del paradigma convencional conduce a la formulación de uno nuevo. Esta idea ha sido extendida para explicar la sucesión en el tiempo de las distintas concepciones sobre lo político. Los paradigmas, pues, son las unidades conceptuales básicas a partir de las cuales se interpreta la realidad. Obviamente, de ellos depende la conducta humana; en su Ensayo sobre el gobierno representativo, dice John Stuart Mill: «Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan».
La crisis de los paradigmas sociopolíticos tuvo una grave expresión en el descrédito que sufrió la llamada planificación estratégica. Comúnmente se acostumbra fechar la primera derrota importante de los planificadores estratégicos con el embargo petrolero árabe de fines de 1973. Las predicciones dejaron de ser confiables, al generalizarse la impresión de volatilidad o impredecibilidad del mercado petrolero. La discontinuidad, por otra parte, comenzó a manifestarse en el mundo político. La caída del régimen del Shah de Irán fue la primera “sorpresa” de cierta magnitud, la que inicia la serie de acontecimientos “impensables” que incluye cataclismos tales como el derrumbamiento del Muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética como secuela de la perestroika de Gorbachov. Una turbulencia de tan grande magnitud dejaba mal parados los intentos predictivos de los más sofisticados centros de análisis; junto con el agotamiento del recetario clásico, esa inestabilidad fue la razón principal de que cundiera el escepticismo ante los intentos de manejar el ambiente social desde marcos generales como guía para la acción.
El profesor Dror
Pero no todos los estrategas estaban perdidos o confundidos. Para el caso venezolano tiene especial relevancia la intuición analítica de Yehezkel Dror, puesto que se trata de un investigador que vino muchas veces al país y se reunió con los miembros más representativos de sus élites. Dror no sólo describió adecuadamente la inestabilidad intrínseca del régimen de Palevi bastante antes de su desplome, sino que caracterizó el problema general de la “endemia de las sorpresas» en un brillante artículo de 1975. (How to Spring Surprises on History: “Eventos considerados como de baja probabilidad ocurren con frecuencia variable y la sorpresa llega a ser endémica”). Si bien, pues, era evidente que la mayoría de los analistas no sabía qué decir respecto del futuro en ciertas áreas especialmente volátiles, unos pocos mostraban que era posible manejar satisfactoriamente el problema cambiando el punto de vista y la comprensión de la dinámica propia de los acontecimientos sociales.
A pesar de esto, en Venezuela fue muy intenso el rechazo a los “habladores de paja” de los departamentos de planificación estratégica. Un centro local de formación gerencial publicó en 1985 un libro (El caso Venezuela) en el que sus líderes de la época—Moisés Naím y Ramón Piñango—objetaban a la planificación estratégica: «El mejoramiento de la gestión diaria del país requiere que los grupos influyentes abandonen esa constante preocupación por lo grandioso, esa búsqueda de una solución histórica, en la forma del gran plan, la gran política, la idea, el hombre o el grupo salvador. Es urgente que se convenzan de que no hay una solución, que un país se construye ocupándose de soluciones aparentemente pequeñas que forman eso que, con cierto desprecio, se ha llamado «la carpintería». Si bien no hay dudas de que la preocupación por lo cotidiano es mucho menos atractiva y seductora que la preocupación por el gran diseño del país, es imperativo que cambiemos nuestros enfoques». Es decir, el remedio propuesto era el de sustituir los estrategas por los tácticos.
Entre 1989 y 1993, muy connotados profesores—Naím entre ellos—así como gerentes reconocidamente capaces del sector privado ejercieron importantes funciones públicas, con resultados desastrosos (el Caracazo, las asonadas de 1992). Por esta razón resulta interesante contrastar este caso local de miopía técnica con el juicio que mereció a Tocqueville la ceguera de los funcionarios del gobierno de Luis XVI, cuando la Revolución Francesa estaba a punto de estallar: «…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos –hombres de Estado, Intendentes, los magistrados– hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado –o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro– estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario». (Alexis de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución).
Es sólo muy recientemente que la Teoría de la Complejidad, que incluye la llamada Teoría del Caos, ha podido proporcionar un paradigma adecuado. Los primeros ejercicios analíticos de predicción eran fundamentalmente proyecciones en línea recta. (La estadística ofrecía la herramienta de la regresión lineal, mientras el determinismo histórico de las doctrinas marxistas contribuía a la opinión de que el futuro era único e inevitable). Obviamente, sólo pocos fenómenos pueden ser adecuadamente descritos como una línea recta, así que un ineludible reconocimiento de la multiplicidad del futuro llevó, más tarde, al desarrollo de la técnica de “escenarios” (principalmente por la Corporación RAND, en la década de los sesenta), en los que se exponía intencionalmente un conjunto de descripciones diferentes del futuro en cuestión. Sin embargo, la técnica de escenarios está asociada con una percepción del problema en forma de abanico de futuros, según la cual se presume una continuidad de la transición entre los distintos futuros, al desplazarse por el área continua del abanico. Este modo de ver las cosas supone, por tanto, una enorme cantidad de incertidumbre, pues los futuros serían, en principio, infinitos.
Bifurcaciones históricas (clic amplía)
El formalismo matemático (fractales) sobre el que se asienta la teoría de la complejidad, en cambio, permite describir el futuro como una estructura arborificada o ramificada, como una arquitectura discontinua en la que unos pocos futuros posibles actúan como cauces o atractrices por los que puede discurrir la evolución del presente. Benôit Mandelbrot, investigador del Thomas Watson Research Center de la compañía IBM, presentó en 1982, en su libro The Fractal Geometry of Nature, la noción de fractal—en términos generales, una línea que exhibe “autosimilaridad”, que se parece a sí misma. (La matemática fractal reproduce, con ecuaciones de extrema simplicidad, estructuras ramificadas complejas, sea ésta el perímetro de un helecho o la forma del aparato circulatorio humano. Cuando los investigadores de fenómenos caóticos—el clima, la turbulencia de los líquidos, los ataques cardíacos, etcétera—buscaban una herramienta analítica que les permitiera describir estos procesos, encontraron que la matemática fractal era justamente lo que necesitaban. Las atractrices, o cauces del orden subyacente a los fenómenos caóticos, son líneas de tipo fractal). Son nociones como ésas, las provistas por Mandelbrot, Edward Lorenz o Mitchell Feigenbaum, asibles con facilidad por un alumno de bachillerato, las que permiten una comprensión más ajustada a la complejidad de las sociedades humanas, que son los sistemas más ricos que conocemos.
Aun en condiciones de extrema complejidad, es posible tanto predecir el futuro como seleccionarlo. Por el lado de la predicción social, el problema es ahora un asunto de identificación de las atractrices actuantes en un momento dado. Por el lado de la acción, se trata de evitar ciertas atractrices indeseables y de seleccionar alguna atractriz conveniente o, más allá, de crear una nueva atractriz altamente deseable. Eso es, fundamentalmente, la esencia de una imagen-objetivo. Eso es lo que deben proporcionar los estrategas políticos. Los tácticos son necesarios, pero no son suficientes. LEA
Nada es más hermoso que una guitarra, salvo tal vez dos.
Federico Chopin
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Despejemos de una vez el Teorema de Chopin. Su primera afirmación es que no hay, instrumentalmente hablando, un sonido más hermoso que el de una guitarra. (El polaco no quiso decir que una guitarra, a pesar de su forma acinturada, fuera más hermosa que George Sand, sino que sonaba más bellamente que un piano). Alessandro Ignazio Marcello (1673-1747) tiene un delicioso Concierto para oboe y orquesta en Re menor, del que es el Adagio el movimiento más conocido. Tan estupendo es que nadie menos que Johann Sebastian Bach lo transcribió para que el clavecín sustituyera al oboe. (Bach era hombre de teclados, así que en ese arreglo podía tocarlo él mismo). Es el mismo movimiento lento que suena en una escena de Las fresas de la amargura, una película de 1970 que se centra sobre las protestas estudiantiles en universidades estadounidenses en 1968, el año del «Mayo Francés». Una pareja de jóvenes enamorados se calza audífonos y escucha el Adagio, pero ya no es el oboe el instrumento solista, sino una guitarra, según arreglo de Ian Freebairn-Smith, quien dirige la orquesta de la Metro-Goldwyn-Mayer. Para calibrar la verdad de la premisa, escuchemos primero la enunciación del tema principal del movimiento en oboe y, a continuación, el movimiento entero tal como sonó en The Strawberry Statement.
Adagio – Oboe
Adagio – Guitarra
John Williams
Julian Bream
Se me pone que la proposición primera de Chopin es verdadera. Ahora escuchemos dos guitarras; John Williams (no el compositor fílmico sino el guitarrista clásico inglés) hace dúo con Julian Bream para interpretar la Pavana para una infanta difunta de Maurice Ravel.
Pavana
Álvaro Pierri
Bueno, ahí no estoy seguro. Creo que prefiero la versión original en piano, el instrumento de Federico, pero la guitarra es muy capaz de fiereza y también de dulzura, y es esta última cualidad la que basta para consagrar como suprema la hermosura de su sonido. Otras guitarras demostrarán la cosa. Empecemos por Heitor Villa-Lobos, de quien vienen en sucesión dos piezas: primero, su Preludio #1, después, el Chôro #1. Los ejecutantes son Julian Bream y luego el maravilloso guitarrista uruguayo Álvaro Pierri.
Preludio
Chôro
Jan Vermeer: Mujer joven tocando guitarra
Si algún país se ha apropiado de la guitarra, ése es España. No hay una guitarra inglesa o una italiana, pero se habla con propiedad de la guitarraespañola (y de una portuguesa). La vihuela de los siglos XV y XVI, instrumento español, determinó el desarrollo técnico de la guitarra, y siendo la España imperial señora de los Países Bajos, la guitarra fue muy popular en esas naciones cultas. Además de esas razones históricas, la muy española música flamenca tiene una guitarra por columna vertebral, venida de la guitarra morisca. De hecho, el Diccionario de la Lengua Española informa que el nombre del instrumento viene del árabe qīṯārah,éste del arameo qipārā que en última instancia viene del griego κιθάρα (cítara); el inglés guitar viene directamente del español. Luego, España ha producido guitarristas eximios: el Papa de la Guitarra en el siglo XX fue, sin que quepa la menor duda, Andrés Segovia. Escuchemos su impecable ejecución de Asturias, de la Suite Española de Isaac Albéniz, y el Trémolo de Francisco Tárrega.
Asturias
Trémolo
Y a Paco de Lucía, que del mismo Tárrega toca acá su Capricho árabe, y a Pepe Romero, que interpreta la Andaluza de Enrique Granados.
Capricho árabe
Andaluza
Francisco Turina compuso un Homenaje a Tárrega en guitarra; en comprobación de que la música y la guitarra españolas son universales, escuchemos ahora al guitarrista austriaco Konrad Ragossnig, en los dos primeros movimientos de esa suite: Garrotín, Soleares.
Homenaje a Tárrega
Alirio Díaz, heredero de Andrés Segovia
Venezuela es, naturalmente, «la población que de la parte septentrional de América del Sur ha hecho el pueblo hispánico». La música para guitarra compuesta en esta tierra está indisolublemente unida a la figura de Antonio Lauro. Hijo de un barbero inmigrante de Italia (que cantaba acompañado de la guitarra), Lauro nació en Ciudad Bolívar y se hizo músico y profesor académico que tocaba muy bien el instrumento y componía para él. También, dicho sea de paso, sufrió prisión (1951-52) durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez por sus posturas democráticas. Entre sus numerosas piezas para la guitarra, se escoge acá el vals Carora, interpretado por él mismo. Carora es, por supuesto, una ciudad de vocación musical; no en balde son de sus cercanías Alirio Díaz, a quien nadie menos que Joaquín Rodrigo le dedicara Invocación y Danza, y el hábil y preciso guitarrista que es Rodrigo Riera. A continuación de Carora, podremos oír a Alirio Díaz en Sevilla, de la Suite Española de Albéniz.
Carora
Sevilla
Agustín Barrios
La guitarra no se quedó al norte de Sudamérica. En latitud muy austral, fue el indiscutible rey del instrumento el paraguayo Agustín Barrios Mangoré (1885-1944). Como Lauro, fue un magnífico ejecutante y un notable compositor. Acá oímos, primero, su Chôro de saudade de las manos de John Williams; luego, se convoca a la fina guitarrista paraguaya Berta Rojas para escuchar el Allegro de la obra cimera de Barrios: La catedral.
Chôro de saudade
Allegro
La música sonada en guitarra tiene una cualidad especial, la de una penetrante y única dulzura. También tiene fuerza y vivacidad; por esto, ni el rock duro pudo escapar al influjo de la guitarra española. Emerson, Lake & Palmer hicieron un arreglo de Los cuadros de una exposición, la genial suite de Modesto Mussorgsky. Por la mayor parte, respetaron la música y el orden expositivo del ruso, pero introdujeron una hermosa canción propia que llamaron The Sage, cantada y acompañada en guitarra «acústica» (la guitarra española) por Greg Lake. He aquí el solo de guitarra en medio de la pieza:
The Sage
Es hora de cerrar este estudio del Teorema de Chopin. Hemos concluido que tenía, por la medida chiquita, la mitad de la razón: la guitarra es un instrumento de belleza insuperable. Para comprobarlo una vez más, de nuevo John Williams, el Príncipe de la Guitarra, se ocupa de tocarla en el expansivo Adagio del Concierto de Aranjuez, la opulenta obra de Joaquín Rodrigo. Eugene Ormandy acompaña con la Orquesta de Filadelfia al gran guitarrista inglés. Es todo por hoy. LEA
Probablemente tío Edgar estudió Química con la esperanza de conseguir la piedra filosofal. Nunca olvidaré el título de su tesis de grado, aprobada con honores: Métodos espectrométricos para la determinación del manganeso en aceros. El arcano y elegante nombre aumentó mi respeto de sobrino afortunado, recrecido ya por el átomo simbólico de berilio en su anillo de graduación. Luego sería el competente Director de la Escuela de Química de la Universidad Central de Venezuela, donde estudió y se graduó.
A mí me explicó qué eran los orbitales, y me regaló el libro de Química Inorgánica de Mellor, con larga dedicatoria. Fue uno de mis maestros iniciales de música clásica, y quien descubrió a mis oídos el mundo de la ópera. No puedo contar las mañanas y las tardes que dedicamos a oír sus cantantes favoritos, mientras me explicaba el drama o elogiaba una voz. Mucho antes, hizo para mí un paracaídas con cordel y un pañuelo, que lanzó desde el balcón de Aragonesa, la casa de mi abuela, mi primera casa. Nos tiramos pelotas de béisbol. Lo escuché al piano.
Supo de química cuántica y a pesar de eso quiso preservar enseñanzas astrológicas. Enseñó ciencia, aprendió música y la hizo en canto y en instrumento, fue político de la universidad. Murió hoy el varón menor de los Corothie-Chenel, hermano de mi madre, y siento un agujero negro.
En su memoria, traigo acá una canción de Jan Sibelius en la voz impar de Jussi Bjoerling, la voz suprema de su panteón de voces. De su recital en Carnegie Hall, el 24 de septiembre de 1955 y acompañado al piano por Frederick Schauwecker, tomo Svarta rosor (Rosas negras). La vida de mi tío merece unos aplausos como los que se oyen al fin. Fue un hombre que jamás se apartó de la rectitud. LEA
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