por Luis Enrique Alcalá | Mar 19, 2009 | Cartas, Política |

Nature and Nature’s Laws lay hid in Night.
God said, Let Newton be! and all was Light.
Alexander Pope
If I have seen a little further it is by standing on the shoulders of Giants.
Issac Newton
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En este año bicentenario del nacimiento de Charles Darwin es apropiado leer en las ciencias de su elección, las biológicas, lecciones y moralejas utilísimas a la política. Sobre todo en lo conocido sobre la evolución, ese monumental despliegue del cambio del universo, la vida misma y las especies que pintara él por vez primera junto con Alfred Russel Wallace, y más aún y más particularmente sobre la evolución de los sistemas nerviosos de los seres vivos, puesto que la política es la actividad nerviosa más desarrollada de las sociedades.
Y es una lección estupenda la que recoge Carl Sagan en Dragones del Edén, su libro de 1977: la realidad de un cerebro trino en los animales superiores, especialmente en los humanos, un cerebro que es en verdad tres cerebros superpuestos. A su vez, Sagan se limita a explicar el cuadro descrito por Paul MacLean, quien fuera Jefe del Laboratorio de Evolución del Cerebro y la Conducta del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos.
Traduzco de Sagan: “…MacLean ha desarrollado un cautivador modelo de la estructura cerebral y su evolución que llama el cerebro trino. ‘Estamos obligados’, dice, ‘a vernos a nosotros mismos y al mundo a través de los ojos de tres mentalidades muy diferentes’, dos de las cuales carecen del poder de la palabra. El cerebro humano, sostiene MacLean, ‘equivale a tres computadores biológicos interconectados’, cada uno con ‘su propia y especial inteligencia, su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y del espacio, su propia memoria, sus propias funciones, motores y otras’. Cada cerebro corresponde a un gran paso evolutivo separado. Decimos que los tres cerebros se distinguen anatómica y funcionalmente…”
Lo interesante del asunto es que el cerebro que es evolutivamente más primitivo (cientos de millones de años), llamado por MacLean el Complejo R—rodea a la estructura que denominamos mesencéfalo—sigue existiendo y funcionando en el sistema nervioso central de los humanos que es, por supuesto, el más poderoso y sofisticado del reino de la zoología. A pesar de que más adelante en la evolución se superpondrán a él dos estructuras distintas y más evolucionadas—el llamado sistema límbico y el neocortex (corteza nueva)—la naturaleza no lo ha desechado; construye sobre él y lo preserva. El sistema límbico, asiento fundamental de las emociones, es posterior al Complejo R y anterior al neocortex, pero tampoco es desplazado por éste, que se le superpone sin anularlo cuando añade, al fin, las funciones superiores del pensamiento analítico y el lenguaje.
No deja de parecer a Sagan divertido que MacLean haya “demostrado que el Complejo R juega un rol importante en la conducta agresiva, la territorialidad, el ritual y el establecimiento de las jerarquías sociales”. Y comenta Sagan: “A pesar de bienvenidas excepciones ocasionales, me parece que esto caracteriza una buena cantidad de la conducta burocrática y política moderna. No quiero decir por esto que el neocortex no esté funcionando en absoluto en una convención política norteamericana o una sesión del Soviet Supremo; después de todo, mucha de la comunicación en estos rituales es verbal y por tanto neocortical. Pero es sorprendente cuánto de nuestra conducta real—distinta de lo que decimos y pensamos de ella—puede ser descrita en términos reptilianos”. (El Complejo R, de allí su nombre, es el cerebro ya presente en los reptiles. Con penetrante intuición de filósofo natural, Pedro León Zapata hace frecuentes alegorías presidenciales con la imagen de un dinosaurio: “A mí me absolverá la Prehistoria”).
A pesar de esto, y como se evidencia del apunte de Sagan, nuestro cerebro reptil continúa modelando buena parte de nuestra conducta, principalmente nuestra conducta política que entendemos, las más de las veces, como modo de dilucidar territorios a base de comportamiento agresivo y establecer jerarquías sociales que los rituales confirman. Y a pesar de esta preservación, el progreso de las especies inventa y supera el Complejo R.
Con otras palabras, Kevin Kelly—Getting smart from dumb things, en Out of Control—señala lo mismo: “El cerebro y el cuerpo se hacen del mismo modo. De abajo hacia arriba. En vez de por aldeas, uno comienza por conductas simples: instintos y reflejos. Uno hace un pequeño circuito que realiza un trabajo simple, y pone muchos ejemplares a circular. Entonces uno superpone un nivel secundario de comportamiento complejo que puede emerger de ese montón de reflejos funcionales. La capa original continúa trabajando, sea que la segunda lo haga o no. Pero cuando la segunda capa logra producir una conducta más compleja, subsume la acción de la capa que está abajo”.
De algún modo Isaac Newton, que no conocía estas exquisiteces de la neurofisiología evolutiva, celebraba la misma estrategia de preservar y honrar lo previamente construido. Fue en latín que escribió a Robert Hooke, honrando a quien fuera su rival al comparar sus aportes con los de Descartes: Pigmaei gigantum humeris impositi plusquam ipsi gigantes vident. (“Si vi más lejos fue porque subí sobre los hombros de gigantes”). Aunque su propio logro era inconmensurablemente mayor que el de Hooke—eran sus pedestales enormes Kepler, Galileo y Copérnico y, en fin de cuentas, también el descomunal Aristóteles cuya física él deponía—, Newton sabía que sin los precursores no hubiera visto lo que vio. Él mismo era el más gigantesco de los gigantes—no a todo el mundo puede escribírsele “Dios dijo: hágase Fulano”—y doscientos veintinueve años después de que publicara su epifanía un judío de Ulm se subiría sobre sus hombros para lanzar la mirada más lejos todavía.
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Requerimos un nuevo paradigma político, requerimos una organización novedosa que lo encarne y lo transmita, que realice funciones que los partidos actuales—PSUV incluido—no atinan a cumplir. Pero la construcción de ese nuevo piso cerebral de la sociedad venezolana no requiere la cesación de los partidos, como pidiera Bolívar en proclama testamentaria con otra de sus humanas equivocaciones. Tampoco, claro, es lo que debe hacerse políticamente en Venezuela una federación de partidos, esquema que ya se probara, sin éxito, en la especie extinta de la Coordinadora Democrática y con muy bajo rendimiento en el esquema de unidad de candidaturas para el 23 de noviembre de 2008. El neocortex no es el agregado de una docena de Complejos R. Se trata de una estructura nueva, y puede decirse que la persistente ebullición de la creatividad política actual terminará creándola, terminará superponiéndola a lo que hoy vemos funcionando.
Más de uno ha especificado, con más o menos alguna precisión, segmentos de su genoma. Por ejemplo, que una “sala situacional” sería necesaria. Se la predica, incluso, con urgencia llena de explicable angustia. Visto que no hay cesación de arremetidas gubernamentales, la inquietud crece, y el tema de las salas situacionales se puso dramáticamente de moda cuando el Presidente de la República saludó y agradeció a decenas de miembros de la que funciona en Miraflores, al ganar su proposición de enmienda (no confundir con propósito de enmienda).
Pero no existen las salas situacionales aisladas, pues necesitan un cliente: el agente de decisión para el que operan y les da sentido. Sería como trabajar solamente en el diseño de un quirófano cuando lo que se requiere es el plano de un hospital entero. Esto no obsta para que quienes saben lo que es una sala situacional y podrían concebiblemente establecerla u operarla vayan pensándola, pues la estructura final probablemente exhiba arquitectura modular y aquélla sería uno de los módulos que la compondrían. (Es el mismo Kevin Kelly quien señala una mutación estratégica en los cultores de la robótica. Sus primeros intentos eran ambiciosos: pretendían nada menos que lograr un robot que imitase, de una vez, a un ser humano. Ahora proceden con el desarrollo de circuitos simples pero exitosos, que con otros de función distinta podrán componer más adelante un sistema más complejo). Por otra parte, la decisión metapolítica de transplantar un órgano nuevo o, más todavía, la de procrear un organismo enteramente nuevo, no debe ser sino estratégica, jamás respuesta táctica a una estrategia que se nos opone. Aunque Chávez no tuviera una, sería aconsejable contar, si se quiere hacer política moderna, con una sala situacional.
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La raíz del asunto, sin embargo, es paradigmática, y esta circunstancia lo hace peculiarmente difícil. Tardó tiempo para que Arturo Úslar Pietri comprendiera el problema. Aunque se le propusiera la idea a comienzos de 1985, no fue sino hasta octubre de 1991 cuando escribiera en El Nacional: “…de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta”. Y añadía, delatando que no tenía solución para el problema: “Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación”. Y eso que no vivió lo suficiente para contemplar el despliegue del anacronismo chavista.
El caso es, entonces, el concepto mismo de la política. Se la entiende como combate por el poder—el antropólogo Rafael Rengifo indica que la noción misma de poder es supuesta como una entidad asible, determinada como cosa en el tiempo y el espacio—y debiera ser entendida como la profesión de resolver problemas de carácter público. Esto tan simple es un profundo cambio paradigmático; los cambios de esta clase no son de la totalidad de un discurso, sino de una o unas pocas premisas que lo reorganizan en configuración diferente. (El judío de Ulm, Alberto Einstein, que subsumió a Newton encaramándose sobre sus anchos hombros, dedujo su revolucionaria teoría de la gravitación de sólo tres premisas inusuales).
El inventor del sentido más frecuente hoy del término paradigma, Thomas S. Kuhn (The Structure of Scientific Revolutions), sabía que uno nuevo, aun cuando sea muy superior al prevaleciente, provoca empecinadas resistencias. De hecho, dijo que el nuevo paradigma llegaría a entronizarse definitivamente cuando murieran quienes sustentan las concepciones más antiguas.
Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores—imagen de Eduardo Fernández—de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008).
Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos.
No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta.
luis enrique ALCALÁ
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 17, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Hace dos días una modesta mayoría de los electores de El Salvador escogió a Mauricio Funes como su nuevo presidente. Con sólo 68 mil votos de ventaja, Funes se impuso al rival postulado por Arena, la formación de derecha, con 51,3% ante el 48,7% de Rodrigo Ávila. Comoquiera que Funes fue postulado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), organización marcadamente izquierdista que intervino en la sangrienta guerra civil de El Salvador, es perfectamente natural que su triunfo suscite intensas preocupaciones. Entre éstas ocupa un lugar destacado la posible relación de Funes con el presidente venezolano.
La Ficha Semanal #233 de doctorpolítico presenta la traducción de una nota—El Salvador election: Is this a referendum on Chávez?—de Sara Miller Llana, periodista de planta en The Christian Science Monitor, en la que se ponen de manifiesto esas tensiones certificando, de paso, cómo gravitó la figura de Chávez en la campaña electoral del país centroamericano. El reportaje fue publicado el mismo día de las elecciones.
De lo encontrado por Miller Llana pareciera desprenderse que no es automática la asociación de Funes y Chávez. Funes se perfila como un moderado líder de izquierda, a pesar de la propaganda de Arena.
Más aún: las primeras declaraciones de Funes evocan mucho más a Obama que a Chávez. Por ejemplo, Funes se apresuró a declarar que Arena será “respetada y escuchada”, evidenciando una disposición muy diferente a la que ha exhibido siempre Chávez ante su oposición. Más todavía: Funes dijo que no era el tiempo de la revancha, sino el tiempo del entendimiento político. “Tendremos que ser un gobierno en permanente negociación, en busca del consenso, donde el consenso deje atrás la intolerancia y la exclusión que han caracterizado los últimos veinte años de ejercicio [del gobierno]”. Y añadió: “Nada traumático va a pasar aquí. No habrá ninguna confiscación. No revertiremos ninguna privatización. No pondremos en riesgo la propiedad privada. En este momento no hay motivo ninguno para el miedo”.
Claro, está por verse si Funes es hombre de palabra o, como Chávez, es capaz de engaño descarado. Ya una vez, con ocasión de aceptar un premio a su labor periodística y cenar en la casa del presidente Armando Calderón Sol, solicitó autorización para registrar el acto, con el pretexto de mostrar la grabación a su madre. Llegado el momento, Funes desató una feroz filípica contra lo que consideraba abuso y corrupción del gobierno de su anfitrión.
Pero esta descortesía no equivale a su alineación con los poco urbanos procedimientos de Chávez. En un reportaje sobre Funes, la agencia de noticias AFP enfatiza cómo Funes se cuidó especialmente de ser identificado con nuestro presidente durante toda la campaña, y en cambio destaca su apertura hacia los Estados Unidos, país con el que espera tener las mejores relaciones y trabajar especialmente el tema migratorio y el control del tráfico de drogas. Por su parte, el gobierno estadounidense saludó el triunfo de Funes en lo que llamó una elección particularmente transparente.
Mauricio Funes, a diferencia de Ireneo, será de izquierda, pero no es chavista.
LEA
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Funes el izquierdoso
Los salvadoreños van hoy a las urnas para votar en una elección histórica que pudiera darle a la nación su primer presidente izquierdista, casi dos décadas después de que las guerrillas marxistas y militares financiados por los EEUU depusieran sus armas para terminar una guerra civil de doce años.
Esta elección presidencial, desde su arranque, ha sido señalada como el más nuevo frente en la batalla de ideologías conservadoras y liberales en América Latina.
El conservador partido gobernante, la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), ha advertido que, de ganar la izquierda, El Salvador pasaría a ser el siguiente peón del “socialismo del siglo XXI” del presidente Hugo Chávez, que busca un mundo multipolar menos dependiente de los EEUU.
El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que surgió de las filas rebeldes durante la Guerra Fría, hace una campaña de cambio con un candidato moderado. Repone que una continuación de los líderes de derecha significa más del neoliberalismo al estilo de los EEUU que afecta a los salvadoreños más pobres, forzando hasta un tercio de ellos a la migración en busca de trabajo.
Durante meses, el candidato del FMLN, Mauricio Funes, un ex periodista de televisión, ha mantenido la ventaja en las encuestas. Pero para este domingo este margen ante Rodrigo Ávila, un antiguo jefe de policía, se ha estrechado.
Ha sido una campaña manchada por la difamación y la evocación del miedo del pasado, en una nación profundamente dividida y todavía con las cicatrices de una guerra civil que cobró 75.000 vidas. Sin embargo, no importa quien gane, el hecho de que un partido de oposición tenga su mejor oportunidad en dos décadas—lo que pudiera introducir una alternación en el poder por primera vez desde que la guerra concluyera en 1992—ya es un paso positivo para la democracia, dicen algunos observadores.
¿Voto por el cambio?
Aun cuando abunda el temor al fraude en ambos lados y la campaña ha sido conducida con fiereza, aquí pudiera darse un momento importante de maduración política. “La gente está votando por el cambio”, dice Roberto Rubio-Fabián, director del think tank Funde en San Salvador. “El apoyo al FMLN se ha extendido bastante más allá de la militancia de izquierda”.
Los problemas domésticos motivan a la mayoría de los votantes, especialmente los económicos. Empleos viables es lo que la mayoría de los electores dice querer de su gobierno, especialmente los jóvenes (entre las edades de 19 y 34), que sufren una tasa de desempleo tan grande como de 12%. La tasa general de desempleo es de 7%.
“Necesitamos empleos, y no hay”, dice Werner Antonio Alvarado, quien está en sus años veinte y limpiaba las calles para el gobierno municipal en las afueras de San Salvador. Ahora está sin trabajo.
Otros problemas acechan. Las remesas del exterior componen cerca del 20% del producto nacional bruto de la nación centroamericana, y se hacen más cruciales cada año, pasando de 1.700 millones de dólares en el año 2000 a 3.700 millones el año pasado. No obstante, el dinero enviado a casa pudiera disminuir en 5 por ciento este año, dice Manuel Orozco, director de remesas y desarrollo del Diálogo Interamericano en Washington. Las exportaciones del país a los EEUU pudieran también caer en 10 por ciento.
El partido Arena sostiene que está en mejor posición para ayudar a que el país capee la inminente crisis económica. “Arena ha demostrado su capacidad para gobernar, para atraer inversión y para generar industria”, dice Luis Mario Rodríguez, un abogado que ayudó a redactar el programa de gobierno del Sr. Ávila.
“Toda la inversión pudiera ser ahuyentada con un triunfo del FMLN”, añade, refiriéndose a una relación entre ciertos miembros del FMLN y el Sr. Chávez, que ha progresado en la nacionalización y expropiación de las industrias clave de Venezuela durante su diez años en el gobierno.
Todo Chávez, todo el tiempo
Arena, que es apoyado por los principales medios de comunicación en El Salvador, colocó vallas en la ciudad que muestran al Sr. Funes con Chávez y otros jefes de Estado izquierdistas. De hecho, el líder venezolano aparece por estos días en la televisión salvadoreña tanto como los mismos candidatos.
El FMLN descarta estas cosas como tácticas para atemorizar, y dice que la lucha real no es entre las ideologías, sino entre la creación de una economía que sólo beneficia a los privilegiados y una que beneficie a todos. “El de ellos es un modelo que expulsa a su propia gente”, dice Gerson Martínez, un miembro del FMLN de toda la vida que coordinó el programa de gobierno de Funes. “Durante veinte años vivimos en una sociedad de posguerra, y Arena se benefició del miedo. Pero esto no funciona con Mauricio”.
De muchos modos, las condiciones parecen darle la ventaja al FMLN. Arena ha estado tanto tiempo en el poder que naturalmente carga la peor parte de las críticas, tanto en lo económico como en lo criminal, otra preocupación principal en un país que está entre los más violentos de América Latina.
“Hay una fatiga del partido político”, dice el Sr. Orozco. En un estudio del último otoño por la Universidad de Centroamérica, más del 80% de los entrevistados dijo que el país necesitaba un cambio de dirección.
Pero el FMLN no estaría en ventaja de no haber evolucionado como partido. Durante los últimos veinte años, dice el Sr. Rubio-Fabián, el FMLN tuvo como candidatos a izquierdistas de línea dura, lo que ahuyentó a muchos salvadoreños cuyos recuerdos de la guerra civil todavía están vivos. “No fueron capaces de cambiar su imagen ni de tranquilizar a la gente que teme la guerra”, dice Rubio-Fabián.
Después de veinte años, un izquierdista moderado
Luego de dos décadas de derrotas políticas, sin embargo, el partido se dio cuenta de que debía expandir su base electoral. Es así como Funes, que convoca desde fuera del partido y nunca peleó en la guerra, y que se ha pintado a sí mismo como un izquierdista moderado en el molde del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, se convirtió en el candidato del FMLN. Rubio-Fabián dice que su base de apoyo viene de los electores de clase media y clase media baja, así como de los votantes urbanos, jóvenes y varones.
Los partidarios de Ávila contienden que, aun cuando Funes mismo es moderado, todavía tiene que lidiar con un partido de línea dura que vería la mano de Chávez en el país con buenos ojos. Dice el Sr. Rodríguez: “El problema no es Mauricio Funes. Aun con buenas intenciones, tiene a todos los comunistas de antaño en su esquina”.
Luis Gustavo Cruz, un elector estudiante, mueve la cabeza cuando otro comercial con Chávez aparee en una pantalla de televisión. “Esto es una manipulación total”, dice el Sr. Cruz, quien alega no considerarse de izquierda pero votará por Funes para el cambio. “Debieran dar a alguien distinto la oportunidad de manejar el país”, dice.
Otros dicen que se preocupan por la dirección que tome el FMLN, y que esto pudiera significar que El Salvador se encontrara formando parte de un nuevo eje izquierdista. Julia Ester Cuéllar, una vendedora de alimentos en San Salvador, susurra su escogencia de presidente. “Arena”, musita, y añade con voz aún más queda, “Yo no quiero que Chávez comience a entrometerse en nuestro país”. Y termina: “En estos tiempos, es mejor quedarse con el conocido”.
Sara Miller Llana
por Luis Enrique Alcalá | Mar 12, 2009 | LEA, Política |

No es porque Barack Obama lo haya hecho, y lo sigue haciendo, con éxito que la nueva política debe existir en la red de redes. Es porque la red de redes es la nueva realidad.
En un planeta con 6.700 millones de habitantes, 1.700 millones navegan habitualmente por Internet; esto es, la cuarta parte de la humanidad está conectada en modo que no existía disponible para los mortales comunes antes de 1995. En Venezuela, más de seis millones de compatriotas son internautas, y de éstos las dos terceras partes serían ubicadas por las estadísticas en las clases D y E. Hay en el barrio venezolano una poderosa vocación de modernidad que debe ser acompañada.
José Rafael Revenga nos da el siguiente dato alucinante: el parque mundial de teléfonos celulares ya alcanza los cuatro mil millones de aparatos, y la cuarta parte de ellos fue vendida el año pasado. O uno lee en Wikipedia en español: “Un netbook es un subportátil, es decir, una categoría de ordenador de bajo coste y reducidas dimensiones, lo cual aporta una mayor movilidad y autonomía. Son utilizados principalmente para navegar por Internet y realizar funciones básicas como proceso de texto y de hojas de cálculo”. Pues bien, en medio de la descomunal crisis económica planetaria, ABI Research estima que el mercado de estos últimos dispositivos crecerá por lo menos en 100% durante 2009.
El gran libro de Marshall MacLuhan era un ensayo más bien compacto: “La comprensión de los medios: las extensiones del hombre”. Allí nos proponía entender el automóvil como una extensión del aparato locomotor, y el telescopio como una extensión del ojo. Pero ahora las redes y los procesadores nos extienden el cerebro total, la capacidad general de pensar y comunicar. Estamos bien enredados, como predijo Teilhard de Chardin sin saber cuál sería el sustrato físico de una conciencia colectiva que culminaría la evolución humana, o como sintió Yehezkel Dror—“Ahora se construye el cerebro del mundo”—ignorando la misma cosa.
No somos ya, pues, Homo sapiens; ha nacido una nueva especie del género Homo. Extendidos en facultades, somos el producto de una mutación que ha producido el Homo retis, el hombre de la red. Y éste no es el gladiador reciario, que lanzaba su red sobre el contrincante. Por más que la conectividad planetaria puede ser, local y temporalmente, empleada con maldad o desalmadamente para la agresión, el enjambre planetario tiene un tamaño enorme, y forma una célula sobrehumana cuya prioridad será su homeostasis: la supervivencia. El hombre de la red es primordialmente el hombre de la cooperación.
¿Qué es un referéndum de escasos once millones de votantes ante uno que pudiera, en plazo más bien breve, concitar a un par de miles de millones?
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 12, 2009 | Cartas, Política |

Entre las varias ideas (un comando estratégico unificado, una sala situacional, una tesis política, un think tank, etc.) que unas ganas de hacer cosas, una inusitada efervescencia de iniciativas ha puesto sobre el tapete—en explosión de creatividad política suscitada por la votación del 15 de febrero pasado—, ninguna tan definitiva y necesaria como la de una nueva organización política, puesto que ella puede, precisamente, contener todo lo enumerado, y además puede ocuparse del problema esencial de facilitar la emergencia de actores idóneos para el ejercicio de las funciones públicas.
No basta para justificar la aparición de una nueva asociación política, sin embargo, ni siquiera la más contundente descalificación de las asociaciones existentes, como es estado de opinión que se generaliza con el paso de los días. La nueva asociación tendría que ser expresión, ella misma, de una nueva forma de entender y hacer la política y debe estar en capacidad de demostrar que sí propone soluciones que escapan a la descalificación que se ha hecho de otras opciones. En suma, debe ser capaz de proponer soluciones reales, pertinentes y factibles a los problemas verdaderos.
No debe entenderse por esto, sin embargo, que tal asociación pretenda conocer la más correcta solución a los problemas. Tal cosa no existe y por tanto tampoco existe la persona o personas que puedan conocerla. Ningún actor político que pretenda proponer la solución completa o perfecta es un actor serio.
Siendo las cosas así, lo que proponga un actor político cualquiera siempre podrá en principio ser mejorado, lo que de todas formas no necesariamente debe desembocar en el inmovilismo, ante la fundamental y eterna ignorancia de la mejor solución. Más todavía, una proposición política aceptable debe permitir ser sustituida por otra que se demuestre mejor: es decir, debe ser formulada de modo tal que la comparación de beneficios y costos entre varias proposiciones sea posible.
De este modo, una proposición deberá considerarse aceptable siempre y cuando resuelva realmente un conjunto de problemas, es decir, cuando tenga éxito en describir una secuencia de acciones concretas que vayan más allá de la mera recomendación de emplear una particular herramienta, de listar un agregado de estados deseables o de hacer explícitos los valores a partir de los cuales se rechaza el actual estado de cosas como indeseable. Pero una proposición aceptable debe ser sustituida si se da alguno de los siguientes dos casos: primero, si la proposición involucra obtener los beneficios que alcanza incurriendo en costos inaceptables o superiores a los beneficios; segundo, si a pesar de producir un beneficio neto existe otra proposición que resuelve más problemas o que resuelve los mismos problemas a un menor costo.
En ausencia de estas condiciones para su sustitución la solución que se proponga puede considerarse correcta y, dependiendo de la urgencia de los problemas y de su importancia (o del tiempo de que se disponga para buscar una mejor solución), será necesario llevarla a la práctica, pues el reino político es reino de acción y no de una interminable y académica búsqueda de lo perfecto.
Pero es importante también establecer que no constituyen razones válidas para rechazar una proposición la novedad de la misma—“no se ha hecho nunca… las cosas no se hacen así”—o la presunción de resistencias a la proposición. Por lo que atañe a la primera razón debe apuntarse que una previa condición de las soluciones aceptables es precisamente la novedad. Respecto de la existencia de resistencias y obstáculos hay que señalar que eso es un rasgo insalvable de toda nueva proposición. El que las resistencias y los obstáculos hagan a una proposición improbable no es una descalificación válida: el trabajo del hombre es precisamente la negación de probabilidades, la consecución de cosas improbables.
Toda proposición política seria, y muy especialmente la que pretenda emerger por el canal de una nueva asociación política deberá estar dispuesta a someterse a un escrutinio y a una crítica comparativa que se conduzcan con arreglo a las normas descritas más arriba. La “objetividad” política sólo se consigue a través de un proceso abierto y explícito de conjetura y refutación, pero jamás dentro de un ámbito en el que lo pautado es el silencio y el acatamiento a “líneas” establecidas por oligarquías, o en el que se confunde la legitimidad política con la mera descalificación del adversario.
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Pero que una proposición esté abierta a la crítica general no es lo mismo que sostener que las proposiciones deben ser construidas en asamblea o decididas en transacción consensual.
La discusión pública venezolana tal vez haya agotado los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a importantes o meritorios actores y factores de poder de la sociedad. Si hay que construir una “visión de país”, un “consenso-país”, un “proyecto de país”, una “tesis política”, ¿no será lo mejor—se pregunta—reunir a quienes hayan trabajado ya en tareas similares para que compartan sus hallazgos y pueda así componerse un conjunto sumatorio?
El método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de estas “mesas democráticas” (así las llamaba hace más de una década Luis Raúl Matos Azócar) de las que debe salir el ansiado acuerdo nacional. Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el “Encuentro Nacional de la Sociedad Civil” organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Así trabajó la comisión del “consenso-país” de la extinta Coordinadora Democrática. Así, al interior de los partidos, tiende a trabajarse cuando les toca preocuparse de la confección de un “programa de gobierno”. En unas ciertas “memorias prematuras” de 1986 puede leerse una descripción de la dinámica prevaleciente:
“Lo típico es organizar una serie innumerable de reuniones, dispuestas según una estructura similar a la de aquellas ‘pirámides’ de dólares que fueron una estafa socialmente tolerada en Caracas… El inconveniente de esta forma de redactar programas de gobierno es que el resultado final tiende invariablemente a la incoherencia… Desde una media docena de personas hasta varias decenas en algunos casos, se reúnen a ‘echar ideas’ o a leer sus ponencias favoritas. Usualmente no le es dado al director de la reunión, aunque piense que oye alguna idea impertinente, rechazar muchas de las proposiciones, pues el compañero de Achaguas se podría resentir y el apoyo de Fulanito y los fulanistas sería escatimado. La sumatoria de un proceso de tal naturaleza es de un grado de incompatibilidad tal, o de un carácter tan absolutamente negador del concepto de prioridades (al incluir prácticamente de todo), que no es posible nunca llevarla a la práctica si se llega a ganar las elecciones”.
La oposición de opiniones e intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.
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Si el Ministerio de Sanidad se encontrase ante la necesidad de construir un nuevo hospital público, seguramente no convocaría a una masiva reunión de arquitectos, médicos, pacientes, enfermeros, administradores de salud, aseguradores y sepultureros a celebrarse en un gran espacio como el Parque del Este para que, “participativamente”, se pusieran de acuerdo sobre el diseño del hospital.
En cambio, determinaría como primera cosa, técnicamente, los criterios de diseño: debe ser un hospital para 1.500 camas, debe cubrir las especialidades tales y cuales, no debe pasar de un costo de tanto, etcétera.
Una vez con tales criterios en mano, procedería a llamar a licitación a unas cuantas oficinas de arquitectura demostradamente capaces. Las oficinas de arquitectos que participaran en la licitación desarrollarían, cada una por su lado, un proyecto completo y coherente. No serían admitidas, por ejemplo, proposiciones que sólo diseñaran la sala de partos o la admisión de emergencias. Cada oficina tendría que presentar un proyecto completo. Sólo así podrían competir, la una contra la otra, en una licitación que compararía una proposición coherente y de conjunto contra otras equivalentes.
Este es el mismo método que debe emplearse para la emergencia de una solución política. Lo que el espacio político nacional debe alojar es una licitación política con claras reglas para el contraste de proposiciones de conjunto.
¿Cuáles son estas reglas? Con más detalle que antes debe postularse que, si a la discusión se propone una formulación que parece resolver un cierto número de problemas o contestar un cierto número de preguntas, la decisión de no adoptar tal formulación debiera darse si y sólo si se da alguna o varias de las siguientes condiciones:
a. cuando la formulación no resuelve o no contesta, más allá de cierto umbral de satisfacción que debiera en principio hacerse explícito, los problemas o preguntas planteados.
b. cuando la formulación genera más problemas o preguntas que las que puede resolver o contestar.
c. cuando existe otra formulación—que alguien debiera plantear coherentemente, orgánicamente—que resuelve todos los problemas o contesta todas las preguntas que la formulación original contesta o resuelve, pero que además contesta o resuelve puntos adicionales que ésta no explica o soluciona.
d. cuando existe otra formulación propuesta explícita y sistemáticamente que resuelve o contesta sólo lo que la otra explica o soluciona, pero lo hace de un modo más sencillo. (En otros términos, da la misma solución pero a un menor costo).
Si ninguna de las condiciones precedentes existe, la formulación propuesta debe llevarse a la práctica. No se compondrá jamás un país desde las ciencias políticas, sino desde la política, la profesión u oficio de resolver problemas de carácter público.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Mar 10, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Esta Ficha Semanal #232 de doctorpolítico es más bien una antificha. En apariencia sería un apoyo a la idea de una Medicina Política o una Política Clínica, puesto que viene redactada enteramente en términos de metáforas de la patología. Sin embargo, se trata de un uso metafórico superficial, meramente vistoso, con algo—sin duda—de poder pedagógico, pero sin integración a un paradigma sólido de la política como arte de carácter médico.
Se trata de la reproducción de un artículo de la productora de televisión inglesa Hazel Henderson, aficionada a la economía y la futurología, predicadora de la ética en la conducta económica. (Ethical Markets: Growing the Green Economy). La pieza en cuestión fue dada a conocer por InterPress Service el 9 de enero de este año, y lleva por título “Diagnóstico del cuerpo político económico”. (Diagnosing the economic body politic). Es la traducción de este artículo lo que compone la ficha #232.
Aunque la lectura de su texto se tropezará con imagen tras imagen tomadas de la terminología médica, no hay tras ellas una fundamentación seria para su empleo, y una que otra son mutuamente contradictorias. No basta la metáfora para hacer ciencia, aunque en ciertos casos puedan alcanzar valor heurístico; es decir, relativo al descubrimiento y la invención. El profuso empleo de analogías médicas, algunas más acertadas que otras, es, sin embargo, un indicador cultural de cuán listos estamos para exigir una seriedad clínica al ejercicio político. De algún modo se percibe que tenemos derecho a obtener de los políticos un nivel de idoneidad que damos por sentado como exigible de los profesionales de la salud.
Naturalmente, es posible adoptar una postura médica en política y economía con verdadera responsabilidad profesional. Esta publicación ha dado cuenta, por ejemplo, de la proposición formal de Jeffrey Sachs en su libro The End of Poverty (2005), cuyo capítulo cuarto fuera llamado “Economía Clínica” y describe un protocolo médico para la actuación profesional de los economistas. Antes, en 1993, el economista venezolano José Toro Hardy organizó sus “Fundamentos de Teoría Económica” en una parte anatómica, una fisiológica y una patológica. Antes todavía, en 1984, quien escribe ya proponía una aproximación médica a la política, no sin reconocer los antecedentes de Rudolf Virchow—fundador de la Patología y miembro del Reichstag en época de Bismarck—y de observaciones de Yehezkel Dror. (Policy sciences are, in part, a clinical profession and craft). Y, obviamente, la marca bajo la que se edita esta publicación es doctorpolítico, precisamente en reivindicación del carácter médico en la política exigible.
Con las salvedades hechas, pues, se trae a la atención de los suscritores de esta publicación el artículo de Henderson. En su exposición afloran preocupaciones legítimas junto con frecuentes prescripciones dogmáticas, no exentas de simplismo y contradicción. Se ha vestido con ropa hospitalaria, pero no es un texto de Medicina Política.
LEA
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Abuso metafórico
En 2008, los principales medios estuvieron repletos con diagnósticos de las enfermedades de la economía de los EEUU. Los banqueros centrales, los políticos y sus consejeros económicos buscaban explicar el desmayo de la economía en términos médicos. Se describió al paciente económico como si sufriera un ataque cardiaco, un síncope, un colapso, una pérdida de vigor animal, una pérdida de confianza. Se describía a nuestro cuerpo económico en shock, necesitado de inyecciones de liquidez, de una sala de emergencias, de resucitadores, de un quirófano, de respuesta a la medicación y de, ojalá, una sala de recuperación.
Echemos una mirada a estas profusas imágenes que conjuraron los expertos económicos y veamos si puede haber algunas evaluaciones médicas más realistas. Puesto que parece obvio que nuestra economía requiere una reestructuración, veamos cuán deformada llegó a ser en el último cuarto de siglo. Sabemos que nuestro cuerpo económico sufre de un crecimiento canceroso de su sector financiero que hizo metástasis hasta un 20% del PIB. Un sector financiero normalmente eficiente, análogo al sistema circulatorio de suministro sanguíneo, no necesita ser más grande que el 10% del PIB.
Despleguemos, pues, el diagnóstico en términos médicos más amplios. El cuerpo económico sufre de:
– Un corazón y un sistema circulatorio recrecidos. A diferencia del viejo remedio médico de la sangría, los doctores económicos de hoy parecen preferir el suministro sanguíneo del cuerpo, creando hematomas en el sector bancario. La inyección de liquidez ha conducido a edemas con hemorragia y coagulación en varios órganos y sectores. Puede ser que la cirugía de bypass sea la respuesta para reducir a las hinchadas (“demasiado grandes para fallar”) firmas de Wall Street, bancos y compañías “aseguradoras” mientras se redirecciona las transfusiones a los dueños de viviendas, negocios de Main Street, estudiantes, presupuestos de los estados, la extensión de beneficios de desempleo, estampillas de alimentos, escuelas, cuidado de la salud, servicios humanos y fundaciones caritativas.
– Disfunciones del sistema inmunológico, que han comprometido las funciones reguladoras de sus células de vigilancia, el hígado, los riñones y otros órganos vitales, causando el crecimiento de organismos tales como los CDO, SIV, CDS y una variedad de invasores externos irreconocibles. Aquí se necesita el remedio de potenciar los anticuerpos de la inmunidad, los vigilantes, los periodistas de investigación y los blogueros. Otras prescripciones deben incluir el lavado de desperdicios (“activos tóxicos”) de los bancos, los fondos de protección y las compañías de seguros, simplemente llevándolos a pérdida y permitiendo que las compañías imprudentes fracasen y vayan a la quiebra.
– Atrofia esquelética y muscular en tanto se desmanteló los sectores productivos y la manufactura vertebral, la infraestructura, las plantas, los equipos y la producción de bienes se desplazó hacia la mano de obra más barata de otros países menos regulados. La columna de la economía sufrió un deterioro, al pasar a malas condiciones los diques, el tratamiento de desechos, las fuentes de agua, los puentes, las represas, las carreteras y los ferrocarriles. Es un obvio remedio llevar nuevas transfusiones de sangre a la circulación para oxigenar y restaurar los tejidos, los huesos y los tendones.
– Sobrepeso y acumulación de depósitos grasos en los tejidos, a causa de sobreinversión en automóviles para el transporte mientras pasa hambre el tránsito masivo y se impide el ciclismo, los paseos y los parques para mantener el vigor en las ciudades y la infraestructura. Hay remedios a la mano para el estímulo de la revitalización urbana y el reequipamiento de la infraestructura de las ciudades con paseos para peatones, tránsito masivo y revertir el desordenado despliegue urbano.
– Recrecimiento disfuncional de un complejo médico-industrial que se traga 16% del PIB y un complejo militar-industrial que devora 500 mil millones de dólares al año. La cura de estas condiciones exige un desplazamiento hacia programas de bienestar y cuidado de la salud que sean preventivos, universales, de pagador único y holísticos, y de presupuestos de armas hacia la diplomacia y mejores servicios de información e inteligencia.
– Atrofia cerebral y nerviosa debida al entumecimiento mental de los medios de comunicación principales. La publicidad induce la compra impulsiva, una baja autoestima y el desperdicio consumista, mientras ofusca la comprensión pública de la necesidad de cambiar los combustibles fósiles por un uso eficiente de los recursos con una energía limpia, ecológica y renovable. Los remedios incluyen la expansión de la teledifusión pública, estándares éticos para la publicidad, el financiamiento público de las campañas políticas, la restauración de la doctrina de equidad, la provisión de igualdad de tiempo de la FCC mientras se reconstruye escuelas que se derruyen, se revisa currículos obsoletos y se paga adecuadamente a los maestros. Serán necesarios programas de readiestramiento para reubicar el exceso de economistas, abogados, administradores, comerciantes de opciones, analistas cuantitativos e ingenieros financieros hacia el cumplimiento de tareas útiles, incluyendo la ingeniería real, la remodelación de edificios, la restauración de parques y terrenos de juego, el voluntariado en bancos de alimentación, hogares de cuidado de infantes y la alfabetización de nuestro 20% de analfabetas.
– Constipación y acumulación de desechos tóxicos en órganos del cuerpo, el colon, el hígado y los riñones, lo que conduce a una incapacidad de lavar los activos tóxicos de los balances mediante las pérdidas y bancarrotas apropiadas. Acumulación de polución a causa de falta de supervisión reguladora y exigencia de eliminación de sustancias tóxicas. Las prescripciones incluyen la restricción del cabildeo y las contribuciones políticas, el vigoroso imperio de la ley y una nueva regulación para aumentar los estándares ambientales y de salud y seguridad públicas. La compactación del sector financiero debe incluir el fraccionamiento de bancos exageradamente grandes, la prohibición de credit default swaps, y otros derivados turbios, el restablecimiento de la ley Glass-Steagall para separar la banca de la correduría, la banca de inversión y los seguros, al tiempo que se prohiba la venta corta y se restablezca la regla de las pequeñas ganancias y el pequeño impuesto a todas las transacciones.
– Desórdenes psicosomáticos, incluidos el narcisismo, los sentimientos de derecho adquirido, temores sin fundamento, adicción al petróleo, uso excesivo de medicamentos y una incapacidad para aceptar la realidad y reconocer las nuevas condiciones globales. Los remedios incluyen endurecimiento de algunas otras economías de la familia humana que nos prestan unos 3 mil millones de dólares diarios para sostener nuestros hábitos de consumo excesivo, incluyendo China, Japón y las naciones de la OPEP. Otra prescripción clave es un pequeño impuesto sobre las transacciones diarias en divisas de más de 2 billones de dólares, de las que 90% es especulativo. Esto estabilizaría la turbulencia monetaria y proveería miles de millones de dólares para alcanzar las Metas del Milenio de las Naciones Unidas de proveer salud y educación a todos los miembros de la familia humana y reducir la pobreza. La evasión de impuestos y el lavado de dinero pueden ser más estrechamente vigilados y castigados, al tiempo que las transferencias costa afuera a burdeles financieros puedan ser cauterizadas y cerradas.
¿Tiene cura el cuerpo económico de los EEUU? ¡Sí! El rejuvenecimiento y las reformas están en la agenda de la nueva administración Obama, así como planes para realizar cirugía reconstructiva de la economía, hacia una nueva base solar, eólica y geotérmica y una infraestructura más eficiente. A medida que el resto del mundo descanse menos sobre el dólar estadounidense, los consumidores de los EEUU abandonarán muchas viejas adicciones y los productores crearán economías locales más sostenibles. Las industrias tumefactas se compactarán y las firmas ineficientes desaparecerán. Los viejos sueños de los “dueños del universo” de Wall Street y las aventuras militares y el imperio de los viejos muchachos podrán disolverse tranquilamente.
Hazel Henderson
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