por Luis Enrique Alcalá | Feb 12, 2010 | Argumentos, Política |

Europa
El 11 de febrero de 2010, en sesión plenaria del Parlamento Europeo, máxima instancia legislativa de la Unión Europea, fue aprobada una Resolución de Urgencia con 41 votos a favor (más de las dos terceras partes), 13 en contra y 3 abstenciones, en la que se eleva varias peticiones al Gobierno de Venezuela luego de considerandos de la mayor gravedad. (En el punto R hay una confusión entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de Venezuela, y no se menciona la reciente renuncia del Ministro para la Salud).
En relación con esta resolución, el profesor Adolfo Salgueiro señaló al suscrito el punto del tamaño de la sesión que la aprobó: “…la legitimidad es dudosa aunque la legalidad sea impecable. Eso es porque los jueves los parlamentarios ya se van a sus lugares de origen. Siempre pasa así; por eso es que las cosas más importantes se votan martes y miércoles”.
Luego, el cineasta Wolfgang Schalk avisó al blog que el gobierno había aducido, justamente, que la votación no había sido significativa, porque el número total de diputados era mucho mayor al de los que habían aprobado la resolución.
El gobierno tiene razón en un punto: los diputados que votaron la resolución parlamentaria europea, positiva o negativamente, o se abstuvieron, todos sumados son sólo el 7,74% del total de miembros (736) del parlamento. Por tal razón, y para que no haya dudas, valdría la pena consultar directamente a cada uno de los restantes 679 diputados para preguntarle si, a su juicio, el texto aprobado el jueves por sólo 57 diputados debe ser llevado a la plenaria con una asistencia según un quórum de mayoría o si, en cambio, debe permanecer como está. También pudiera preguntarse, fuera del marco descrito, si convendría al gobierno nacional que se diera un debate más amplio sobre Venezuela, en una sesión suficientemente nutrida de la cámara europea.
Es recomendable leer la información colocada por María Teresa Herrera en https://doctorpolitico.com/?p=10462&cpage=1#comment-752 y en https://doctorpolitico.com/?p=10462&cpage=1#comment-755

Grupos políticos del Parlamento Europeo: EPP, ALDE y ECR, proponentes de la resolución, controlan el 54,7% de la cámara. La resolución se sostendrá. (Diagrama insertado a proposición de Ma. Teresa Herrera de Andrade).
Los 57 diputados presentes en la votación, de todos modos, fueron una muestra representativa de las posiciones sobre el tema venezolano en el cuerpo completo. Aun así, la participación del viernes 11 fue muy baja. Sobre todo si una decisión es importante, de muchas consecuencias, la participación debe ser elevada. Por ejemplo, habría sido mejor que la Constitución Nacional hubiera sido aprobada por bastante más de 3.301.475 electores (30,2% del registro de 10.940.596).
Pero el gobierno presidido por Hugo Chávez debe dar explicaciones a los ciudadanos sobre el financiamiento de una planta termoeléctrica a instalar en Cuba, cuando en Venezuela se retrasó las inversiones de ampliación y mantenimiento en el sector eléctrico durante once años de administraciones de Chávez. ¡Gracias a los gobiernos de la democracia previa a Chávez! Si no hubiera sido por ellos, ni siquiera tendríamos al sistema del Guri, que suple el 70% de nuestras necesidades. El Guri sí es mayoría, quórum, más que suficiente.
A continuación, se transcribe el texto oficial en castellano de la resolución declarada urgente en Estrasburgo. LEA
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Tarde pero seguro
Resolución del Parlamento Europeo, de 11 de febrero de 2010, sobre Venezuela
El Parlamento Europeo,
– Vistas sus anteriores resoluciones sobre la situación en Venezuela, y en particular las de 7 de mayo de 2009, 23 de octubre de 2008 y 24 de mayo de 2007,
– Visto el artículo 122, apartado 5, de su Reglamento,
A. Considerando que el concepto de libertad e independencia de los medios de comunicación constituye un componente esencial del derecho fundamental a la libertad de expresión consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
B. Considerando que la libertad de los medios de comunicación es de capital importancia para la democracia y el respeto de las libertades fundamentales, dada su función esencial a la hora de garantizar la libre expresión de opiniones e ideas, con el debido respeto de los derechos de las minorías—también el de la oposición política—, y contribuir a la participación efectiva de las personas en los procesos democráticos, permitiendo la celebración de elecciones libres y justas,
C. Considerando que el derecho del público a recibir información de fuentes pluralistas es fundamental para toda sociedad democrática y para la participación de los ciudadanos en la vida política y social de un país,
D. Considerando que la obligación de retransmitir íntegramente todas las alocuciones del Jefe de Estado, impuesta a todos los medios de comunicación en virtud de la Ley de responsabilidad social en radio y televisión, no se corresponde con los principios del pluralismo,
E. Considerando que la Constitución venezolana garantiza, en sus artículos 57 y 58, la libertad de expresión, comunicación e información,
F. Considerando que los medios de comunicación deben cumplir las disposiciones legales; que el cierre de un medio de comunicación debe ser el último recurso y una medida que sólo debe ejecutarse una vez se hayan ofrecido todas las garantías procesales, incluido el derecho a la defensa y a recurrir ante tribunales de justicia independientes,
G. Considerando que en mayo de 2007 la señal en abierto de Radio Caracas Televisión fue suspendida por el presidente Hugo Chávez y que el canal se vio obligado a convertirse en internacional para poder emitir a través de la televisión por cable,
H. Considerando que con motivo del citado cierre se iniciaron las primeras protestas del movimiento estudiantil,
I. Considerando que el 1 de agosto de 2009 el Gobierno de Hugo Chávez ordenó el cierre de 34 emisoras de radio mediante la negativa a renovar sus licencias,
J. Considerando que en enero de 2010 el Presidente Chávez ordenó el cierre de RCTV International (RCTVI) y otros cinco canales de televisión por cable y satélite (TV Chile, Ritmo Son, Momentum, America TV y American Network) al no haber retransmitido estos canales el discurso presidencial oficial con motivo del 52 aniversario del derrocamiento de Pérez Jiménez; que dos de ellos—America TV y RCTVI—siguen estando inhabilitados,
K. Considerando que este nuevo cierre provocó una nueva ola de protestas estudiantiles, reprimidas con dureza por la policía en numerosos estados y ciudades del país, y que estos sucesos se saldaron con la muerte de dos jóvenes estudiantes en la ciudad de Mérida y decenas de heridos,
L. Considerando que estas medidas persiguen obtener el control y el amordazamiento de los medios de comunicación, cuando no cercenar los derechos democráticos a la libertad de expresión e información,
M. Considerando que la OEA, a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha alertado de que el nuevo cierre de canales tiene enormes repercusiones en cuanto al derecho a la libertad de expresión,
N. Considerando que el Presidente Chávez declaró recientemente que el uso de los sitios de redes sociales, como Twitter, de Internet y de la mensajería de texto a través de los teléfonos móviles para criticar u oponerse a su régimen constituye un acto de terrorismo,
O. Considerando que la reforma de la ley sobre ciencia y tecnología, sometida actualmente a debate en la Asamblea Nacional de Venezuela, pretende regular las «redes de información» de tal manera que podría conducir a la censura de Internet,
P. Considerando que Venezuela ha suscrito el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, así como la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
Q. Considerando que Venezuela es el país con las mayores reservas energéticas de América Latina y que medidas tales como la confiscación y expropiación arbitrarias, algunas de las cuales afectan a los intereses de la UE, socavan los derechos sociales y económicos básicos de los ciudadanos,
R. Considerando que algunos dirigentes cercanos al Presidente Chávez, como el Vicepresidente y Ministro de Defensa, Ramón Carrizález, la Ministra de Medio Ambiente, Yubiri Ortega, y el Presidente del Banco Central, Eugenio Vázquez Orellana, han presentado su dimisión recientemente,
S. Considerando que, según el informe de Transparencia Internacional 2009, Venezuela es uno de los países más corruptos del mundo,
T. Considerando la preocupación que está generando entre la población venezolana el latente clima de inseguridad y los índices de delincuencia y violencia, que han convertido a Venezuela y a su capital, Caracas, en uno de los lugares más peligrosos del mundo,
U. Considerando que los numerosos insultos, amenazas y ataques a dirigentes nacionales e internacionales proferidos por el Presidente Chávez han generado malestar e innecesarias e innumerables tensiones, que en algunos casos han conducido a que se ordenara incluso la movilización de las tropas de cara a una posible guerra con Colombia,
1. Muestra su consternación ante la muerte de los dos jóvenes estudiantes, Yonisio Carrillo y Marcos Rosales, acaecidas durante las protestas en Mérida, solicita a las autoridades que se lleve a cabo una investigación de las causas del homicidio de dichos jóvenes y pide que los culpables sean puestos a disposición de la justicia;
2. Lamenta la decisión gubernamental de no permitir en adelante la emisión de los mencionados canales en Venezuela y pide su restitución;
3. Pide a las autoridades de Venezuela que revisen esa decisión, así como la obligación de retransmitir íntegramente las alocuciones del Jefe del Estado;
4. Recuerda al Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela que es su obligación respetar la libertad de expresión, la libertad de opinión y la libertad de prensa, obligación establecida en su propia Constitución y en las distintas cartas y convenciones internacionales y regionales de las que Venezuela es parte signataria;
5. Pide al Gobierno de Venezuela, en nombre del principio de imparcialidad del Estado, que garantice un trato jurídico igual a todos los medios de comunicación, incluido Internet, ya sean públicos o privados y con independencia de toda consideración política o ideológica;
6. Considera que los medios de comunicación venezolanos deben garantizar una cobertura pluralista de la vida política y social de Venezuela;
7. Considera que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones debe actuar con independencia de las autoridades políticas y económicas y velar por un pluralismo justo;
8. Pide al Gobierno venezolano que se comprometa con los valores del Estado de Derecho y que promueva, proteja y respete el derecho a la libertad de expresión, también en Internet, y a la libertad de reunión;
9. Señala que, según establece la Carta Democrática Interamericana de la Organización de los Estados Americanos, en democracia, junto a la indudable y necesaria legitimidad de origen, fundada y obtenida en las urnas, ha de observarse igualmente la legitimidad de ejercicio, que ha de basarse en el respeto del pluralismo, de las normas establecidas, de la Constitución vigente, de las leyes y del Estado de Derecho, como garantía de una democracia plenamente viable, y que necesariamente ha de incluir el respeto a la oposición política pacífica y democrática, tanto más si ésta ha sido elegida en las urnas e investida del mandato popular;
10. Manifiesta su honda preocupación por la deriva autoritaria del Gobierno del Presidente Hugo Chávez, cuyas medidas pretenden debilitar a la oposición democrática y coartar los derechos y libertades de los ciudadanos;
11. Solicita al Gobierno venezolano que, de cara a las elecciones legislativas del 26 de septiembre, respete las reglas de la democracia y los principios de la libertad de expresión, reunión, asociación y elección;
12. Encarga a su Presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, a la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, al Gobierno y a la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, a la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana y al Secretario General de la Organización de los Estados Americanos.¶
PE432.947, Estrasburgo, en 11 de febrero de 2010
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 11, 2010 | General, Política |

La solución de los problemas públicos
Ésta es la segunda entrada de una serie de breves lecciones sobre los principios de la Política Clínica. Es el punto de vista asumido explícitamente por el suscrito desde 1984, y la aproximación que ha guiado las publicaciones de doctorpolítico. Entre los servicios que se anunciará prontamente en este blog, se encuentra un curso formal de Introducción a la Política Clínica, a ofrecer en varias ciudades del país.
(Aquí en archivo de audio):
político, ca. 7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
clínico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo al ejercicio práctico de la medicina basado en la observación directa de los pacientes y en su tratamiento.
Diccionario de la Real Academia Española
………
Política Clínica (2)
La definición que ofrece el Diccionario indica que la clínica es una aproximación empírica, basada en la observación directa de los casos y no en alguna teoría preconcebida. Llevada al campo de la Política, la palabra implica que se trata de un arte que ha dejado atrás el recurso a las ideologías, esos sistemas de creencias más o menos supersticiosas acerca de cuál sería la sociedad humana teóricamente perfecta. En una Política Clínica, el lugar de la ideología es ocupado por la metodología que permita la solución de problemas concretos de carácter público. La Política Clínica no pretende saber cuál es la sociedad perfecta: su preocupación es conocer qué constituye una sociedad sana, una sociedad normal.
¿Qué es, entonces, una sociedad normal para la Política Clínica? En materia de renta, por ejemplo, una sociedad normal mostrará una distribución estadística normal; es decir, muy pocos serán muy ricos, un poco más serán no tan ricos, una gran mayoría formará una gran clase media, bastante menos serán pobres y muy pocos serán muy pobres.

Curva de distribución normal o Curva de Gauss
La existencia de una exigua clase muy rica es una constante histórica que no depende del sistema político. No ha habido revolución que no genere una clase privilegiada, como nos enseñó Milovan Djilas respecto de la revolución soviética. Pero la sustitución de una hegemonía por otra, de una clase social próspera por otra distinta no es la solución a la enfermiza distribución de las rentas en nuestro país, que se compone de los inevitables y escasos ricos, una delgada clase media en vía de depauperación y una grande masa de pobres.
Cualquier definición de sociedad normal se verá expuesta a cambios de significado con el correr del tiempo, así como la definición de “hombre sano” ha variado en el curso de la historia. No puede ser la misma concepción de salud la de una sociedad en la que la esperanza de vida alcanzaba apenas a los treinta años, que la que es exigible en una que extiende la longevidad con las nuevas tecnologías médicas.
Del mismo modo, una cosa era la “sociedad normal” alcanzable a fines del siglo XVIII y otra muy distinta la asequible a las tecnologías políticas de hoy en día. Es innegable el hecho de que muchas entre las naciones del planeta exhiben una distribución del ingreso que dista bastante de lo que una “curva de distribución normal” describiría. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 8, 2010 | Política, Proyectos |

Escudo de Santiago de León de Caracas
Al Señor Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, desde Caracas, en 8 de febrero de 2010:
En los últimos tiempos, Señor Presidente, Usted ha desafiado, a quienes ejercen desde partidos políticos de la Nación una oposición pertinaz a Su modo de gobernar, a que intenten convocar un nuevo referéndum revocatorio de Su elevación a la Presidencia de la República. Esto lo ha hecho repetidas veces en tiempos recientes.
La consulta al Pueblo, el Máximo y Soberano Poder de la Nación—distinto de Usted, aunque Usted haya querido equipararlo, también muy recientemente, con Su persona—, es asunto recomendable en una democracia. En efecto, el Pueblo o, más bien, una mayoría de Él, elige al Primer Mandatario Nacional y a Sus representantes legislativos de la Asamblea Nacional, como lo hace en circunscripciones parciales del país con otros cargos de ámbito menor.
Igualmente, el Pueblo puede pronunciar Su opinión en materias de especial trascendencia nacional, puede abrogar leyes o aprobarlas, así como decidir sobre tratados con terceros estados que se sometan a Su consideración. Puede también revocar poderes conferidos en elecciones y, finalmente, decidir en lo tocante a las modificaciones de la Constitución o la promulgación de una enteramente nueva. Esto lo puede porque, en Su carácter de Poder Constituyente Originario, no tiene otra limitación distinta de los derechos humanos y los tratados válidamente convenidos con otras repúblicas. De resto, puede hacerlo todo y todo poder constituido, especialmente el que Usted ejerce, le está sometido.
Así que sería perfectamente posible la convocatoria y celebración de un referéndum revocatorio como el que ha venido siendo objeto de Su insistencia, pero no es en ningún caso el único referéndum concebible.
Hay uno en particular que es grandemente aconsejable: la consulta al Pueblo sobre la conveniencia de instaurar en nuestro país un régimen político-económico socialista.
La Constitución de Venezuela no define nuestro Estado como uno de esencia socialista. Su Artículo Segundo establece: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. Siendo que la postura socialista es sólo una entre varias opiniones políticas, mal puede establecerse en el país como predominante o única cuando la Constitución estipula claramente el pluralismo político.
Y es de conocimiento perfectamente público que Usted dirige, por repetida y propia admisión, al Poder Ejecutivo Nacional y el Estado todo hacia un tal “socialismo del siglo XXI”, de definición imprecisa pero de conducta inequívoca, en total correspondencia con la definición que de socialismo ofrece el Diccionario de la Lengua Española: “Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”. (El castellano, naturalmente, a tenor de lo establecido en el Artículo 9 de la Constitución, es el idioma oficial en Venezuela, y su sentido, para cualquier propósito serio, está definido en el diccionario mencionado de la Real Academia Española).
Sin embargo, el Pueblo de Venezuela no ha sido nunca explícitamente consultado sobre materia de tan grande trascendencia, aunque un Estado venezolano socialista afectaría profundamente las costumbres de la Nación y alteraría radicalmente la suprema normativa constitucional.
Es verdad que Usted habló de “socialismo del siglo XXI” antes de ser reelecto en 2006, pero para la época esa noción era todavía muy nebulosa puesto que, según Su propia declaración, ese socialismo tendría que ser inventado. Esto es, quienes votaron por Usted el 3 de diciembre de 2006 estaban impedidos de saber en qué consistía Su proposición o intención de establecer en el país un régimen de “socialismo del siglo XXI”.
En cambio, pudiera argüirse que los venezolanos ya nos pronunciamos al efecto el 2 de diciembre de 2007. Pero esto último no es verdad. Ese día rechazamos dos proyectos de reforma constitucional propuestos por Usted y por la Asamblea Nacional, pero en ninguno de los dos se consultaba tan portentosa materia de manera franca y clara.
Hubo, sí, en esos proyectos intentos de contrabandear una imposición a la Nación de un régimen socialista. Por ejemplo, en la modificación pretendida del Artículo 16 de la Constitución, relativo al territorio nacional, se decía: “Las comunas serán las células sociales del territorio y estarán conformadas por las comunidades, cada una de las cuales constituirá el núcleo territorial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano”. Se quería también cambiar el Artículo 70 y decir: “Son medios de participación y protagonismo del pueblo, en ejercicio directo de su soberanía y para la construcción del socialismo…” Al pretender la modificación del Artículo 103, en lo tocante a una “educación integral”, se quiso normar: “…el Estado realizará una inversión prioritaria de acuerdo a (sic) los principios humanísticos del socialismo bolivariano…” Etcétera.
Pero, por una parte, Usted no parece dispuesto a darse por aludido con la inequívoca manifestación del Pueblo, a pesar de que Usted mismo comentara luego del 2 de diciembre de 2007: “Quizás no estamos maduros para empezar un proyecto socialista, sin temores. No estamos listos todavía para emprender un gobierno abiertamente socialista”. Por la otra, conviene estar seguros en asunto tan grave. Los proyectos de reforma constitucional derrotados el 2 de diciembre de 2007, que negaron de pleno derecho todas y cada una de las aproximaciones indirectas mencionadas, comprendían la modificación de sesenta y nueve artículos de la Carta Magna, y puede sostenerse que a nadie le es posible especificar con seguridad a qué fue exactamente lo que una mayoría de electores negó su aquiescencia, puesto que las modificaciones individuales fueron amalgamadas en dos proyectos compuestos, cada uno, por muchos artículos. Usted pudiera argumentar con lógica validez que nadie sabe si el Pueblo negó, en aquella oportunidad, la implantación en Venezuela del indefinido “socialismo del siglo XXI”, base y justificación primordial de Su actuación.
Comoquiera, pues, que Usted persiste en el empeño de convertir el Estado venezolano en uno francamente socialista y, de hecho, aprovecha el menor pretexto para expropiar y estatizar entidades económicas típicas de la esfera privada; comoquiera que no puede sostenerse válidamente que el Pueblo ha repudiado explícitamente la pretensión de convertir nuestro Estado en uno socialista, es de la mayor importancia, de la más especial trascendencia nacional, que se consulte directa e inequívocamente al Pueblo, al verdadero Soberano, sobre Su voluntad acerca de este punto.
Para evitar ambigüedades, la pregunta sometida a cada ciudadano del país en disfrute pleno de sus derechos políticos debe ser como ésta: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?”
Por supuesto, según pauta el Artículo 71 de la Constitución, este preciso referéndum consultivo pudiera ser convocado “a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral”. Pero también señala ese artículo que lo mismo puede ser causado “por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros”, y es meridianamente claro que este último es el procedimiento más expedito y menos costoso para el país, en momentos de grande dificultad económica nacional.
De modo, pues, Señor Presidente, que si Usted ha recomendado insistentemente a sus opositores organizados en partidos políticos la convocatoria de un referéndum revocatorio en Su contra, a Usted puede recomendársele recíprocamente, más bien exigírsele, que convoque Usted mismo, en acuerdo con Sus ministros, el referéndum consultivo sobre la conveniencia de instaurar en nuestro país un régimen político-económico socialista.
Si Usted cree verdaderamente en la democracia participativa, si Usted puede ver que la pretendida instauración modifica profundamente la estructura y el concepto del Estado venezolano y las costumbres de la Nación, si puede ver que Usted no tiene derecho de imponer tal cosa, por su gravedad, sin recabar la opinión del Soberano, entonces Usted no puede negarse a la inmediata convocatoria del referéndum descrito. Usted nos debe esa consulta; se la debe al Pueblo, el Poder que le supera.
Es emplazamiento que le hace en Caracas, en calidad de Ciudadano e integrante del Poder Constituyente Originario,
Luis Enrique Alcalá
C. I. 2.139.408
………
Aquí, lectura de lo que antecede en archivo de audio:
por Luis Enrique Alcalá | Feb 6, 2010 | Política, Terceros |

La franqueza valiente de Alberto Ravell
Alberto Ravell Cariño (1905-1960) fue el Senador del Pueblo. Así lo llamaron sus electores yaracuyanos, que llevaron su candidatura independiente hasta la Asamblea Constituyente en 1946, apoyada por el partido que contribuyó a fundar: Acción Democrática.
No tuvo nunca educación superior formal, pero es obvio en cualquiera de sus textos que era persona culta y cuidado escritor. Periodista y político, su compromiso tenaz con la verdad y la justicia le significó prisión, tortura y exilio, en más de una de las frecuentes temporadas de dictadura y mengua que han aquejado a Venezuela.
Cuando su antiguo compañero de reclusión, Germán Suárez Flamerich, asumió la Presidencia de la Junta de Gobierno a raíz del asesinato de Carlos Delgado Chalbaud (13 de noviembre de 1950), Ravell meditó varias semanas una carta pública que le dirigiría y escribió en La Habana—entonces podía hacerse—el 31 de diciembre de ese año y dio a la luz al día siguiente, como parto de Año Nuevo. Su texto, que pude conocer gracias al Dr. José Rafael Revenga, es el contenido de esta nueva ficha.
La carta no hace concesiones al encumbrado mandatario, no da cuartel. Al propio tiempo, es conmovedora, al registrar sin vergüenza alguna las privaciones y dolores que habían caído sobre su familia «por el delito de amar la Democracia y la Justicia». Cuando la escribe cree acercarse a la mitad de su vida, sin saber que ya había consumido las cuatro quintas partes de ella.
De su oficio en el destierro destaca una sola cosa: que estaba «enseñando a [su] hijo pequeño el camino del deber». Es hijo que aprendió muy bien la lección y heredó su inteligencia y su temple: Alberto Federico Ravell, el ecuánime Director General de Globovisión. LEA
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Carta Pública que dirigiera Alberto Ravell el 1º de enero de 1951 a su antiguo compañero de cárcel gomecista, Dr. Germán Suárez Flamerich, Presidente de la Junta de Gobierno, luego del asesinato de Carlos Delgado Chalbaud.
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Mi estimado Germán: en realidad no sé cómo empezarte esta carta. Yo, que tengo la brusca y desaliñada espontaneidad de los sinceros, me siento un poco molesto, al tratar de darle encabezamiento y forma. Te escribo desde el destierro.
A lo mejor ni siquiera sabes—todo puede suceder—que me encuentro en exilio no voluntario sino forzado desde hace un año; que conmigo están mi mujer y mi hijo pequeño, que mi madre anciana llora mi ausencia, después de haber padecido más de dieciocho años de angustia bajo el régimen de Gómez, y que viva decorosamente de mi trabajo como ayer. Ignoras tal vez, que mi único crimen fue serle leal a un mandato que el pueblo de Venezuela puso entre mis manos de hombre y permanecer fiel a principios democráticos irrenunciables que han informado toda mi vida. Ignoras quizás, que no se me levantó expediente, ni se me hizo interrogatorio, ni se me acusó de nada en concreto, como en los buenos tiempos en que el terror campeaba por sus respetos en la ancha y noble tierra venezolana. Ignoras probablemente—asómbrate como jurista, Germán—que me pusieron a bordo de un avión junto con treinta y dos compañeros—abogados, maestros, escritores, poetas, obreros, comerciantes—con uno de entre ellos gravemente enfermo—el ex constituyentista J. R. Silva Yaraure, quien fuera operado de urgencia al llegar a Guayaquil—, y que en el avión nos trataron como si fuésemos hampones, gracias a las oficiosas recomendaciones del funcionario del Ministerio de Relaciones Interiores.
Ignoras también, que a mi esposa trataron de ultrajarla en el aeródromo de Maiquetía porque se acercaba a despedirme al autobús donde permanecía recluido y que se salvó de la infamia del vejamen gracias a la intervención de un militar, cuyo nombre silencio no por faltar el respeto a la verdad sino para evitarle represalias. Ignoras quizás, que millares de venezolanos, hombres, mujeres y niños viven la misma suerte. Ignoras que en las cárceles hay detenidos ancianos y mujeres. Ignoras que los hogares son allanados a diario y que el terror se ha enseñoreado del país. Ignoras que en torno tuyo—candidato civil de última hora—se mueven en la sombra sordas ambiciones y abismos de odio. Ignoras que no es ya un grupo político, derrocado el 24 de noviembre por un golpe de fuerza, el que solicita en todos los tonos un cambio radical en los métodos empleados hasta hoy, sino la totalidad de la Nación, la masa del pueblo, el que piensa y el que crea, el que construye y el que siembra, el que sufre y el que aguarda, en fin, todos los que aspiran a que el orden social se instaure y les sean devueltos sus derechos.
Ignoras, quizás, que el problema básico del pueblo venezolano no puede resolverse con persecuciones brutales y con procedimientos salvajes erigidos en normas de Gobierno. Ignoras tal vez, que en el fondo de ese pueblo, que llevó en sus mochilas la libertad por todo un continente, está latente la virtud de ayer, el sacrificio de ayer, la voluntad heroica de construirse a sí mismo. ¿Hacia dónde van ustedes, los hombres civiles que apoyan a los que derrocan gobiernos legítimos y desgarran constituciones discutidas en amplio debate político? ¿Hacia dónde va Venezuela cuando sus hijos, defensores de principios ayer, los que tenían tradición civilista y revolucionaria, se hacen sordos a su llamado de madre y, halagados por el poder o la fortuna, claudican o se entregan?
¿Hacia dónde vamos, Germán? Yo quiero que me respondas de hombre a hombre, de corazón a corazón, categóricamente y sin esguinces, sin que intervenga para nada la pasión política que a ratos enturbia la mente de los hombres.
¿Sientes que tu autoridad está basada en algo de contenido jurídico, o político, o social? ¿Eres el producto de una elección—tan siquiera amañada para satisfacer la escurridiza y arbitraria opinión internacional—o el hombre signo que aparece de pronto ante los militares como una solución? ¿Qué eres en el fondo, Germán? Yo no he usado nunca el insulto para combatir a mis enemigos políticos. Tú lo sabes muy bien. Me jacto de contarme entre los escasos venezolanos que, con derecho de sobra, no reclamaron contra los bienes de Gómez, y tú no ignoras que cuando se instauraron los juicios por peculado yo intervine generosamente en favor de algunos reos, concitándome malevolencias y hasta provocando malentendidos. Como todo hombre he cometido errores de visión o de conjunto, pero a mi mano no la ha movido nunca ni el odio ni el rencor. Lo sabe Medina, de quien fui amigo, de quien soy amigo, de quien seguiré siendo siempre amigo personal, a pesar de que combatí ásperamente su política con armas que siempre fueron leales.
Lo sabe López Contreras, hijo mimado y putativo del viejo dictador, lo sabe Gómez, ya muerto, lo saben inclusive los militares del triunvirato a quienes di batalla franca desde una trinchera de principios. Pero no puedo silenciar mis pensamientos, Germán. Nací a la vida pública hace más de treinta años. Era el obscuro dependiente de una tienda en Puerto Cabello, frisaba apenas en los quince años y no venía ni del Colegio ni de la Universidad.
Siguiendo el camino que mi padre me trazara, abracé con noble pasión la causa del pueblo y hoy, al cabo de muchos años, sufro nuevamente otro destierro por defender los mismos principios y las mismas ideas que un día encendieron mi adolescencia. Sólo tengo conmigo en esta hora, como capital invalorable, a mi mujer y a mis hijos y a mi pluma modesta, pero insobornable.
Nosotros, Germán, sin ser de la misma generación, estuvimos juntos en los patios y calabozos del Castillo “Libertador” de Puerto Cabello, Bajo el mismo toldo comimos el mismo pan y amasamos los mismos sueños. La misma boina azul del estudiante cubría nuestras cabezas y leíamos bajo aquel sol de fuego los mismos libros. Me recuerdo a Felipe Massiani, común amigo nuestro, gran escritor y gran ciudadano, hojeando los textos de Derecho, junto al anafe de la “peña Beatriz” en la cual cocinábamos los frijoles. Arrastramos los mismos grillos y oímos el clamor de los flagelados—por las noches—al son de la “Juana Bautista” y sentimos llegar hasta nosotros, envuelta en pañuelos de lágrimas, la ternura de nuestras madres, de nuestras mujeres, de nuestras hermanas y de nuestras novias. Luego, Germán, estuvimos juntos en aquel Frente Electoral Independiente que se reunía por las noches, casi clandestino, en la vieja casa de Martín Pérez Guevara y fuimos a elecciones para concejales en plancha conjunta.
Yo aplaudí, hasta hacerme sangre las manos, tu exaltación a la Presidencia del Concejo Municipal de Caracas. Tú Diputado y yo Senador, votamos en la misma urna por la candidatura simbólica de Rómulo Gallegos el año 41 y juntos, Germán, seguimos hasta el año 47 cuando, llamado por la Junta Revolucionaria de Gobierno que presidía Rómulo Betancourt, pusiste al servicio de la República tu innegable capacidad intelectual para colaborar en la redacción de la Constitución libérrima que un día nos dio, por abrumadora mayoría de votos, en limpia elección, que fue reconocida públicamente por las mismas Fuerzas Armadas, un noble Presidente civil a todos los venezolanos.
Luego te perdí de vista, Germán. Vino el golpe del 24 de noviembre y yo regresé de los Estados Unidos a asumir, frente a mi pueblo, posición leal y responsable. Mis Caminos de Venezuela fueron silenciados por la censura, mi Espejo de La Ciudad fue roto de un manotazo brutal y un día ya mi Noticiero Silka no pudo ser nunca más vocero de las angustias del pueblo de Venezuela. No quiero aparecer como víctima, porque es triste papel que no se acomoda con mi temperamento combativo. Di pelea doctrinaria frente a los triunviros, defendiendo los principios en los cuales creo y creeré toda la vida y me derribó la fuerza, la misma que parece haberse entronizado dentro de nuestra propia Historia desde su mismo comienzo. Ganó la batalla Pernalete, el personaje sombrío, y aquí me tienes en el destierro, enseñando a mi hijo pequeño el camino del deber y comiendo pan limpio y honesto con mi mujer que me acompaña.
Aquí me tienes, Germán, contemplando conmovido cómo Venezuela se convierte de pronto en un vasto escenario dramático, viendo cómo los ciudadanos carecen de garantías y derechos, viendo cómo las cárceles se llenan de hombres de todos los partidos y de todas las tendencias y cómo los niños sin pan y sin amparo lloran la ausencia de sus padres. Por los escasos países libres que aún quedan en la Tierra, andamos muchos hombres aquí sin patria, por el delito de amar la Democracia y la Justicia. Cuando conocí tu designación para reemplazar al coronel Delgado Chalbaud, hice una pausa y una tregua en mi propio pensamiento. Esperaba de ti cuando menos una demostración de calidad moral, un acento puro, una actitud responsable.
Ha llegado el final del año, Germán, y el pobre Estatuto Electoral, confeccionado en mesa redonda, con la sola participación de dos partidos semilegalizados, duerme sueño de justo en la gaveta de un escritorio cualquiera de Palacio, mientras continúan las persecuciones y los allanamientos, y siguen los secuestros y las expulsiones y ha corrido sangre y se vive en zozobra y en temor y las gentes hablan en voz baja y se anudan lazos innobles y se esconde la verdad tras bambalinas que todos conocemos.
Sin pedantería, pero con autoridad moral suficiente para hacerla, quiero emplazarte públicamente a que me respondas esta carta. Yo, que monologué muchos años en el fondo de un calabozo, quiero abrir cauce para entablar un diálogo con tu propia conciencia y con la conciencia de mi pueblo que es también el tuyo. Y en nombre de nuestro compañerismo de ayer, en ese Frente Electoral Independiente de que te hablaba anteriormente, de ese voto depositado en las urnas por Rómulo Gallegos, de la ponderación de juicio que tú me aconsejabas frente a mis desbordamientos, te pido categórica respuesta para algo que no es exclusivamente mío sino que pertenece a todos y está en los labios de todos los venezolanos.
Esta carta no me la dicta ningún sentimiento mezquino ni se mueven manos de trastienda tras mis palabras limpias. Es la primera actitud pública que asumo después de haberse cumplido un año de mi destierro. La he meditado largamente y es producto de una madura serenidad. Fija de una vez por todas mi posición frente al problema venezolano. He pensado en mí mismo y he pensado en los míos. Mi madre anciana y enferma puede esperar aún. Afortunadamente para mí y para los nuestros es de recia y noble ascendencia gallega y su apellido Cariño es símbolo de ternura, de pan, de bendición y de amor. Es miel y es leche bíblica. Afortunadamente para mí, mi noble mujer y mi hijo pequeño también pueden esperar.
Quienes no pueden esperar por más tiempo son las madres y los niños que lloran, quienes no pueden esperar por más tiempo son los derechos y las libertades conculcadas.
Como soy leal a mi pensamiento nada exijo de ti—teniendo el derecho de pedirlo todo como ciudadano y como hombre—pero estoy lleno hasta los bordes de angustia humana, de pavor humano por las cosas tremendas que suceden en Venezuela. Te pido en nombre de lo que fuimos, de la piedra infante que un día nos cobijó, de los hombres que en nosotros creyeron y en nuestras manos depositaron su confianza, que leas y medites esta carta que te escribe un hombre ya casi en la mitad del camino de su vida, sin ambiciones políticas de ninguna naturaleza y sin odios que le recoman el espíritu; te lo pido en nombre de mi propia vida atravesada de actitudes desaforadas y hasta a veces incomprendida, pero siempre leal a lo revolucionario, a lo integral, que los hombres más que los libros sembraron en mi ánimo, que pongas tu pensamiento en la Venezuela transida de dolor y devuelvas a sus hijos las libertades que les fueron arrebatadas en fecha infausta para la historia civilista y democrática de América.
Acerca de estos temas, el de la restitución plena de las garantías individuales y el derecho inalienable de nuestro pueblo a disponer de su propio destino, es que te pido, Germán, entables, si es hora todavía para ello, el diálogo que yo inicio con la presente carta desde mi modesto hogar en La Habana, frente a los muros mismos de la Universidad. O eres, Germán Suárez Flamerich, universitario, abogado, compañero nuestro de ayer, o han tomado en préstamo tu nombre o lo has prestado tú mismo para dar apariencia civil a algo que no puede ser justo ni decente ni honorable.
Hubiera querido no escribir esta carta públicamente. Lo he hecho con la sangre de mis propias venas y con clamor y con la angustia de mi pueblo. La he escrito en la vigilia del 31 de diciembre, junto al amor de mi mujer y a la cabeza de mi hijo, frente al retrato de mi madre anciana y estoica; pensando en mi Yaracuy poblado de negros sudorosos y palúdicos, en los altos repechos de la Cordillera con sus frailejones y sus nieblas, en Barlovento silencioso en su pascua como un tambor en duelo, en las sabanas alucinadas de los llanos por donde caminan las palabras en busca de horizontes; pensando en las costas luminosas de Margarita, de Güiria y de Coro donde los hombres aguardan el rescate de su propia historia, en el Lago poblado de taladros y en los músculos recios de sus obreros, en los seres sencillos que deletrean su destino a la luz de los candiles o bajo clamor de las estrellas; pensando en las madres que lloran ausencias, en las esposas, las hermanas y las novias que tejen recuerdos y en los hijos que mojaron su cena de Año Nuevo—si es que la tuvieron—con lágrimas de espera; pensando, Germán, en el dolor que punza con herida tremenda el cuerpo y el alma de ese pueblo nuestro que tanto ha dado en sangre y en hazaña para la libertad americana.
Cordialmente,
Alberto Ravell
por Luis Enrique Alcalá | Feb 4, 2010 | Argumentos, Política |

Ramiro Valdés, en foto de la edición impresa de L'Express del día de hoy, 4 de febrero de 2010
En mágica coincidencia, la revista francesa L’Express escogió su edición del 4 de febrero de 2010 para publicar una semblanza de Ramiro Valdés, «el Beria cubano». Aquí se la presenta traducida con prisa.
La gravedad de la presencia de Valdés en Venezuela ya no puede ocultarse. Que el totalitario régimen de los hermanos Castro haya creído oportuno enviar a su policía supremo a nuestro país, habla tomos enteros acerca de su preocupación por el destino del chavismo. Tal como plantea Axel Gyldén, autor de la nota en L’Express, Valdés ha acrecentado recientemente su poder en Cuba, donde espera por el deceso del alcoholizado Raúl Castro para asumir la primera magistratura de la isla hermana. No se trata, su venida, de una inocua cooperación técnica, la que por lo demás es incapaz de ofrecer. También explica Gyldén este nuevo encumbramiento de «Ramirito» como un regreso a la línea más represiva del castrismo.
Hugo Chávez no ha podido creer que los venezolanos aceptaríamos desprevenidos e ignorantes esta repugnante asistencia de Valdés sin medir su significación, sin repudiarla del modo más enfático. En consecuencia, o percibe su situación como casi perdida o ha decidido desafiar descaradamente a los venezolanos para que pensemos que ha muerto nuestra democracia. O para que anticipemos aterrorizados la cristalización del Estado dual y totalitario Cuba-Venezuela, en el que Chávez no puede ser, por razones de senioridad, el número uno.
Si pudieran oírme los estudiantes venezolanos que por estos días protestan sin cesar, les habría indicado la poca sabiduría de marcar con nuevas marchas la infausta fecha del 4 de febrero, con nuevas manifestaciones. En cambio, ahora les pediría un foco único, reconcentrado: que pospongan sus demás reclamos, por más importantes que sean, y apunten todos contra la figura de Ramiro Valdés y su nueva estada en Venezuela. Como buen perro de presa, mordería esa pata asquerosa sin aflojar. Valdés está aquí para lo mismo que se le ha convocado una vez más en Cuba: para recrudecer la represión. Es preciso que lo expulsemos. LEA
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Un duro bajo la sombra de Castro
En La Habana, el poder cerradura. Hombre clave de la represión, después de medio siglo, Ramiro Valdés regresa al plan original y pudiera un día suceder a Raúl.
Raúl, el presidente cubano de 78 años, no necesita presentación; tampoco su hermano convaleciente, Fidel, de 83 años. Pero ¿quién, más allá de las fronteras de Cuba, conoce a Ramiro? Figura histórica de la revolución castrista, es todavía su “tercer hombre”. Ministro de Informática y Telecomunicaciones desde 2006—un puesto estratégico desde el que controla Internet—Ramiro Valdés, de 77 años, ha sido ascendido en diciembre pasado a Vicepresidente del Consejo de Estado. Allí queda en posición de suceder a Raúl Castro si la salud de este último, sin duda debilitada por un sostenido consumo de alcohol, le traiciona.
Discreto, más bien secreto, este hombre de la sombra, enjuto y robusto, muy distante de la sensibilidad tropical, está lejos de ser un desconocido para los cubanos. Símbolo de la represión, Ramiro ha dirigido en efecto el Ministerio del Interior en las peores horas de la dictadura: una primera vez entre 1961 y 1969, luego de nuevo entre 1978 y 1985. Despiadado, el primer policía de Cuba se encargaba entonces de aplastar a la oposición, antes de prender a los homosexuales y a todos aquellos que el régimen consideraba como “desviados”. Sobre todo, “Ramirito”—como se le conoce—ha dirigido la policía política del sistema que, todavía hoy, espía las acciones y los gestos de los cuadros devotos del régimen.
“Ramiro Valdés es el Beria cubano”—sintetiza Jaime Suchlicki, Director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, en Florida—“Como jefe de la NKVD (precursora de la KGB) bajo Stalin, ese personaje siniestro y sin escrúpulos era el responsable de las acciones viles del régimen. La sola evocación de su nombre hacía que el pueblo temblara”.
Último sobreviviente, aún en el poder, del ataque frustrado al cuartel Moncada en 1953 que marca la sublevación contra Batista, Valdés ha participado en todos los episodios de la epopeya castrista: el exilio en México, el desembarco del Gramma en las costas cubanas en 1956, la guerrilla en Sierra Maestra como segundo del Che Guevara (1956-1958) antes de convertirse en comandante y, en fin, el “triunfo de la revolución” del 1º de enero de 1959. Ostenta una impecable hoja de servicios que le ha valido los muy honrosos títulos de “Comandante de la Revolución” y “Héroe de la República”.
En el poder, Ramiro pronto se convirtió en el Director de la prisión de La Cabaña, en La Habana, donde los opositores eran fusilados implacablemente. Luego funda y dirige el Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), prefiguración de la actual “Seguridad del Estado”, la policía política. De 1960 a 1996, su rol en la DIER es determinante en el aplastamiento de la contraguerrilla campesina que desafía a Castro durante seis años desde las montañas del Escambray.
Amargo, distante, arrogante, cínico, sádico
También en la ciudad, “Ramiro” crea la atmósfera de terror necesaria al establecimiento de un poder totalitario. Su policía recoge a todos aquellos que el régimen define como “asociales”: jóvenes de cabellos largos tentados por la moda hippie, admiradores de los Beatles, cubanos de todas las edades en quienes se note una falta de ardor revolucionario, candidatos al exilio… sin olvidar sacerdotes, seminaristas y homosexuales. En esa época, Ramiro preside asimismo la creación de las famosas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), esos campos de trabajo donde, entre 1965 y 1968, 30.000 detenidos seguirán cursos de reeducación ideológica.
“Yo creo que disfruta viendo sufrir a los demás”, considera en Miami su antiguo compañero de armas, Huber Matos, de 91 años, condenado en 1961 a veinte años de gulag tropical por haber osado criticar la deriva autoritaria del régimen al que entonces pertenecía. Manuel de Beunza, antiguo oficial superior de inteligencia bajo las órdenes de “Ramiro”, quien desertara en 1987 y vive desde entonces en los Estados Unidos, describe, él también, un ser amargo, distante, arrogante, cínico, sádico: “Durante su segundo paso por el Ministerio del Interior, convocó a una reunión de oficiales para incitarlos a expresarse libremente, incluyendo, insistió, la crítica al ministro mismo. Pero una vez que la reunión hubo terminado, quienes hubiesen mencionado el nombre Ramiro fueron degradados o castigados”. (Citado por Pedro Corzo en Cuba: perfiles del poder. Ediciones Memorias, 2007).
Finalmente, en 1985, Raúl convence a Fidel de la destitución de su homólogo encargado del Interior y su eterno rival. Las tensiones entre Raúl y Ramiro se remontan a los tiempos de la guerrilla. Han perdurado, atizadas por la concurrencia histórica entre los servicios de inteligencia de ambos ministerios.
Brazo de articulación del gobierno, Ramiro Valdés es sin embargo nombrado, en los años 80, a la cabeza de COPEXTEL, la empresa estatal encargada de desarrollar la electrónica, las telecomunicaciones y, luego, la Internet. De esta misión emerge exitosamente, en estrecha colaboración con empresas chinas y se impone como el artífice de la aproximación sino-cubana.
“En esta última década, Ramiro y Raúl remendaron la relación”—observa Brian Latell, ex Analista en Jefe de la CIA y autor de L’Après Fidel (Ediciones City). “En esos años emprendieron juntos un largo viaje de trabajo a China. Una cosa inimaginable en otros tiempos. Hoy en día, han decidido que deben cerrar filas y ayudarse mutuamente”.
El regreso a la gracia de “Ramirito” corresponde, en todo caso, a un endurecimiento del régimen. En julio de 2006, el advenimiento de Raúl Castro como Presidente interino suscitó la esperanza de una relajación. Pero el año 2009 ha marcado un nuevo giro: una recuperación de Fidel Castro, que ha reencontrado su tono y significa que él solo, como antes, fija la línea a seguir, a punta de editoriales publicados en la prensa oficial, de los que ha firmado al menos 111 el año pasado. El aumento de la represión contra los disidentes se inscribe en este contexto, así como el fin de una esperanza de aproximación con Washington. Ahora Fidel Castro tacha a Barack Obama de “George Bush afro-americano” y de “cínico”, aunque le reconoce de todas formas una “sonrisa amable”.
La completa rehabilitación del radical Ramiro Valdés se inscribe dentro de esta secuencia. “El mensaje de Fidel Castro a los cubanos es muy claro”, concluye Brian Latell. “Con Ramiro de nuevo en la cúspide del Estado, la línea dura está de regreso”.
Axel Gyldén
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Caja destacada:
“Ramirito” el policamburista
Omnipresente, Ramiro Valdés es el único personaje que se sienta en todos los órganos ejecutivos del poder. Éstos son sus cargos:
Ministro de Informática y Comunicaciones
Vicepresidente del Consejo de Estado
Vicepresidente del Consejo de Ministros
Miembro del “Politburó” del Partido Comunista
Sus títulos honoríficos son:
Comandante de la Revolución
Héroe de la República
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L’Express – 4 de febrero de 2010 (Págs. 52 y 53).
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