por Luis Enrique Alcalá | Sep 12, 2012 | Música |

¿Una nariz o un tubo de órgano?
Para una estrellita que hoy cumple años en Argentina
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Pon tu mano entre las mías… / temblarán como un canario / y oiremos las sinfonías / de algún amor milenario.
Alfonsina Storni
Un pájaro no canta porque tenga una respuesta, / canta porque tiene una canción.
Maya Angelou
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El canto de las sirenas podía perder a los navegantes; el de una mujer de buena voz puede enamorar a cualquiera. Gracias a Dios, hay mujeres, y ellas tienen muchas más canciones que los pájaros y las sirenas.

La Môme
He aquí dieciséis canciones en voces femeninas; creo que son una muestra elocuente para la tesis que antecede. Edith Piaf (Édith Giovanna Gassion), el Pequeño Gorrión (medía 1 metro 42 cms.), es la encargada de comenzarla, con su Hymne a l’amour. Pocas películas son tan completas y satisfactorias como La Vie en Rose, donde Marion Cotillard se destaca en el papel de Piaf hasta el Oscar a la Mejor Actriz en 2007, el primero a una artista en idioma extranjero, cuando se celebraba la octogésima ceremonia de premiación de la Academia de Artes y Ciencias del Cine. Ella nos hizo amar, todavía más, a La Môme.
Edith Piaf – Hymne a l’amour

La reina del disco
Bueno, para mí la voz más rica, sabia y expresiva de una cantante viva es la de Barbra Streisand. Pudiéramos poner acá muchas canciones que lo comprobarían, pero sonará primero Moon river, cantada en una emisión de radio cuando contaba 19 años de edad. (El año anterior, había hecho su primera presentación en un club gay de Nueva York). Inmediatamente después, canta en dúo con Donna Summer Enough is enough, tal vez la canción más popular de la música disco. (En una divertida aparición en Inside the Actors Studio, Streisand reconoció a James Lipton que mucha gente creyó que era negra, como Summer, al oír su generosa voz sin haberla visto. Acto seguido, se puso de pie y dijo: «Además, cuento con esto», y se dio una palmada en una notable nalga). Barbra Streisand también recibió un Oscar a la Mejor Actriz (1969) por su papel en Funny girl, y como directora se alzó con el Golden Globe a la Mejor Película por Yentl, en 1984.
Barbra Streisand – Moon river
Barbra Streisand & Donna Summer – Enough is enough

La voz de una caoba
Es también una dama de color Diana Ross, y una magnífica cantante. No lo oculta, al haber filmado Mahogany (caoba), en la que cantó su tema principal: Do you know where you’re going to? En los míticos años sesenta, fue la vocalista principal de Las Supremas; poco después se independizó para una asombrosa y exitosa carrera individual. En 1972 se hizo acreedora al Globo de Oro a la mejor actriz por su actuación como Billie Holiday en Lady sings the blues, papel por el que también fue nominada al Oscar. Escuchemos por ella misma el tema de Caoba.
Diana Ross – Mahogany

La Reina del Jazz
Pero muchos connoisseurs sostendrían fervientemente que la reina de las cantantes negras fue Ella Fitzgerald, y no soy quien para contradecirles. En efecto, se la llamó Reina del Jazz, Lady Ella y la Primera Dama de la Canción. No ganó un Oscar, pero sí trece Premios Grammy (incluyendo el Lifetime Achievement Award en 1967), la Medalla Nacional de Arte de los Estados Unidos, la Medalla Presidencial de la Libertad y el Premio Magnum Opus de la Universidad del Sur de California, que mucho la satisfizo. Era, por otra parte, una dama dada a la más generosa filantropía; todavía hoy, la fundación de caridad que estableció en 1993—tres años antes de su muerte a sus 79 años—, y que lleva su nombre, distribuye ayuda monetaria y propaga los ideales humanitarios de la fundadora. Es un privilegio escucharla en esta gran canción, grabada en vivo, de Cole Porter: I’ve got you under my skin.
Ella Fitzgerald – I’ve got you under my skin

Cantora de la trova cubana
Entre nosotros hay también voces supremas, y una de ellas es, sin ninguna duda, la de Soledad Bravo, quien ha cantado de todo. Su padre, un republicano español, la trajo con su familia desde Logroño (La Rioja) para escapar del horror franquista. Acá hizo estudios de Arquitectura y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, y fue en el teatro de la primera facultad donde fue descubierta por Sofía Imber, quien se convirtió en su más entusiasta promotora junto con su esposo, Carlos Rangel. De tendencia izquierdista, cantó y grabó muchas canciones de protesta (ha grabado más de cuatro decenas de discos). Al morir Francisco Franco, regresó a su país de origen; allí y en Francia alcanzó fama muy merecida. Nos entrega ahora la zamba Alfonsina y el mar, que canta el suicidio de la poetisa Alfonsina Storni quien, sola y con cáncer en el pecho, envió a un periódico bonaerense su último poema—Voy a dormir—y se adentró en Mar del Plata para suicidarse de ahogo, como tres años después lo haría Virginia Woolf.
Soledad Bravo – Alfonsina y el mar

Influyente en el mundo (TIME Magazine)
Tal vez haya sido Argentina un país con cultura de muerte. Uno podría presumirlo leyendo a Jorge Luis Borges—su cuento favorito era El sur, en el que se preludia un deceso tan ineludible como innecesario, y no es ésa la única muerte en sus narraciones—, pero también recuerdo a mi tío Harry Corothie contándome el luto que vivió horrorizado en Buenos Aires, donde se doctoró en Música llegado como Ingeniero Forestal, a la muerte de Evita Péron; vívidamente describió la enfermiza ciudad engalanada con pendones negros en cada calle y rincón. En todo caso, Andrew Lloyd Webber compuso en honor a ella el musical Evita, del que el número más famoso es la canción Don’t cry for me, Argentina. La famosísima diva Madonna, a quien el Libro Guinness de Récords la tiene como la vocalista que más ha vendido discos en la historia—por sobre 300 millones—, la interpreta de seguidas.
Madonna – Don’t cry for me, Argentina

Nana te ve bien y canta mejor
Un sentimiento muy diferente se manifiesta en una canción de Simon & Garfunkel, la pareja que produjo la música de The Graduate; es su Feeling groovy (excitante, a la moda), también conocida como la Canción del Puente de la calle 59. Nana Mouskouri es la maravillosa voz de Creta que la canta ahora. Si el secreto de Streisand es su apéndice nasal, el de Mouskouri es haber nacido con dos cuerdas vocales diferentes. Sabe cantar, por supuesto, en griego, pero también lo ha hecho en español y portugués, en inglés y alemán, en hebreo y turco, en galés y holandés, en mandarín y maorí, en italiano y en francés. Y es, como Madonna, una gran vendedora de discos; ya sobrepasa los doscientos millones de copias.
Nana Mouskouri – Feeling groovy

Del álbum de la canción
Todo lo que hizo musicalmente el grupo (trío) español Mecano es bueno. Sus canciones son música inteligente con letra inteligente, y la vocalista de ellas es Ana Torroja, quien interpreta los memorables números con agradable voz aniñada. Ha hecho carrera por su cuenta, pero son ciertamente los números con los hermanos José María y Nacho Cano los que todos apreciamos. Aquí canta Me cuesta tanto olvidarte.
Ana Torroja – Me cuesta tanto olvidarte

No te vayas, Jeanette
Al separarse de Mecano, Torroja cantaba Porque te vas, de José Luis Perales; pero esta canción es propiedad exclusiva de Jeanette (Janette Anne Dimech). Nacida en Londres de padre belga-congolés y madre española, fue criada en los Estados Unidos antes de sentar plaza muy musical en la patria materna. Jeanette añade al alemán y el francés de Mouskouri, el canto en japonés. Ha colaborado con numerosos artistas—Raphael, Sacha Distel, Mocedades, Julio Iglesias—y se dio el lujo de rechazar una oferta de nadie menos que Michael Jackson por no considerarlo musicalmente afín. ¿Qué tal? También, como Torroja, tiene una voz de niña, aunque canta mejor el éxito de Perales, que es también el de su carrera.
Jeanette – Porque te vas

Además, bella
Es hora de regresar a Francia en busca de Mireille Mathieu. A esta chanteuse se la ha declarado la sucesora de Edith Piaf. Este Gorrión de Aviñón, que debutó ante un público a los cuatro años de edad (ganándose una chupeta), era la mayor de catorce hermanos que vivían en la pobreza. Más tarde vería a Piaf en la televisión, y esto marcó su vida. A la fecha, Mathieu ha grabado más de 1.200 canciones diferentes en nueve idiomas (a pesar de su dislexia), y ha vendido 120 millones de discos. Era dueña de un peculiarísimo vibrato que ha perdido con el tiempo, pero eso no le ha impedido codearse con admiradores políticos como François Mitterrand o Vladimir Putin. Su amable tono intimista es perfecto para cantar Ne me quitte pas.
Mireille Mathieu – Ne me quitte pas

La plebeya nórdica
Así como Mecano, el grupo sueco ABBA se caracterizó por la composición e interpretación de buenas y sabrosas canciones. Hasta la grandiosa Meryl Streep quiso protagonizar Mamma mia!, la estupenda comedia musical sobre canciones de ABBA que fue nominada en varios renglones pero no premiada. (Pierce Brosnan recibió el Premio Razzie al Peor Actor de Reparto). Dos eran las vocalistas de este grupo: Agnetha Fâltskog y Anni-Frid Lyngstad (hoy Su Serena Alteza Princesa Anni-Frid Synni Reuss, Condesa de Plauen, luego de su matrimonio con un príncipe alemán de la Casa de Reuss). Es la plebeya de este dúo quien nos canta The winner takes it all, una canción del álbum Super Trouper que hice sonar durante un mes seguido al conocerla cuando mis hijos eran pequeños y me toleraban el abuso. La pieza es referencia al divorcio de Fâltskog y Björn Ulvaeus, uno de los varones de ABBA.
Agnetha Fâltskog – The winner takes it all

La mujer orquesta
Eithne Ní Bhraonáin no es nombre eufónico o fácil de recordar; por eso su dueña prefirió ser conocida como Enya. La cantautora e instrumentista irlandesa es conocida en el mundo entero por sus piezas de textura céltica, que consigue en el folclor de su tierra. En el primer año del tercer milenio cristiano, fue la cantante con más discos vendidos en el mundo. Se ha ocupado hasta del río Orinoco (Sail away), y ha recibido una nominación al Oscar y cuatro Premios Grammy. Nicky Ryan produce sus discos y Roma, su esposa, escribe las letras, a menos que estén en irlandés. Todo lo demás, la vocalización, la percusión y la ejecución de los demás instrumentos, es hecho por la elegante Enya quien, naturalmente, escribe los versos irlandeses. Es ella sola una fábrica de música. Aquí hace sonar todo lo que suena en Only time.
Enya – Only time

La voz de la paz
Llegados a tierras británicas, consideremos a una cantante que cantando dos veces fue escuchada por cinco mil millones de personas. Es Sarah Brightman, que lo hizo en los Juegos Olímpicos de Barcelona con José Carreras para una audiencia de mil millones de televidentes y con Liu Huan en los de Beijing, cuando fue oída por cuatro mil millones de pares de orejas. (Claro, hay más chinos que catalanes). Se la define como voz del crossover clásico—piezas de música culta que llegan a hacerse populares, como el reiteradísmo Canon de Pachelbel—y logra descollar en tal menester con un rango vocal de tres octavas, un véritable monstre à musique. Tan sólo del dueto que grabó con Andrea Bocelli—Time to say goodbye—vendió doce millones de copias, y ha recogido hasta ahora sólo unos ciento ochenta discos de oro y de platino. La UNESCO la nombró su Artista para la Paz del período 2012-2014, en reconocimiento a su “compromiso con las causas humanitarias y caritativas, su contribución, a través de su carrera artística, a la promoción del diálogo cultural y el intercambio entre culturas, y su dedicación a los ideales y objetivos de la Organización». ¿Qué puede hacerse con un engendro de esa naturaleza? Hay que matarlo. Encaramémosla, pues, en el Titanic (armado en Belfast, en suelo celta) y obliguémosla a cantar el tema principal de la película de James Cameron. Iremos con ella, pues con ella hay que morir.
Sarah Brightman – My heart will go on

La novia eterna
Cercanos a Terranova, nos conseguimos a Celine Dion. (Céline Marie Claudette Dion, Compañera de la Orden del Canadá, también condecorada con la Orden Nacional de Québec). Es una cantante magnífica, de dulce y poderosa voz. Su primer disco fue posible gracias a que su futuro marido, René Angelil—un auténtico ángel—, hipotecó su casa para producirlo en 1981, cuando Celine tenía trece años y él 39. (Luego de seis años se empataron y más tarde se casaron, en 1994; en 2000 renovaron sus votos en nueva luna de miel en Las Vegas. Tienen tres hijos varones; dos de ellos mellizos concebidos por fertilización in vitro y traídos por cesárea. Son insistentes en su amor). Dion es la artista canadiense del canto más vendedora de todos los tiempos. Viéndonos pasar, canta My heart will go on, una versión que es a la que escuchamos de Brightman lo que entre sí son las Gymnopedies de Erik Satie.
Celine Dion – My heart will go on

La chica del cabaret
Pero, premunidos por un druida allegado a mares canadienses, nos agenciamos puestos con Brightman en un bote salvavidas y llegamos, a pesar del naufragio, sanos y salvos en el Carpathia a la isla que los lenapes nombraron Mana-hata. La maga Enya dispuso que una máquina del tiempo nos adentrara en el futuro, y en Manhattan escuchamos a Liza Minnelli, la impar hija de Judy Garland, cantar New York, New York. Allí nos quedamos un buen tiempo.
Liza Minnelli – New York, New York
El viaje ha concluido con un descubrimiento: «Sin la música, la vida sería una equivocación», dijo Federico Nietzsche, pero sin la voz de la mujer la propia música sería un error. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 9, 2012 | Argumentos, Política |

Así no se puede razonar con eficacia
obsesión. (Del lat. obsessĭo, -ōnis, asedio). 1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija.
Diccionario de la Lengua Española
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En fin de cuentas, no dudo que al lector le será patente el ánimo que impulsa a LEA—como suelo llamarlo amistosamente—, el cual es fiel al más puro espíritu machadiano: «Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. /La tuya, guárdatela».
José Rafael Revenga
Nota prologal a Las élites culposas
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Imitaré a Rafael Poleo, aunque sólo en el lema de su columna semanal en la revista Zeta, tomado de André Gide. En traducción algo diferente de la que usa: «Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo». (Toutes choses sont dites déjà; mais comme personne n’écoute, il faut toujours recommencer; en el Tratado de Narciso).
Lo que sigue, pues, son sólo cosas dichas o escritas antes por mí, que repito ahora por las razones de Gide. Su lectura conviene a quienes se dicen demócratas y se muestran incapaces de tolerar opiniones que divergen de las suyas, así como condenan a quienes las sostienen—sin refutarlas—desde una pretendida superioridad patriótica y moral. (También les sería de utilidad notar las fechas). Algunos, desde programas de radio o a segura distancia en el exterior, corresponden a la amarga definición de Manuel Vicente Romero García: «Venezuela es un país de reputaciones consagradas y de nulidades engreídas». (En El Cojo Ilustrado, 1896).
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El opositor patológico es adicto al objeto de su oposición. Si Chávez no ha dicho nada últimamente siente una desazón de carácter obsesivo-compulsivo y busca encontrar en el territorio de alguna gobernación, o un municipio fronterizo una manifestación más de la maldad de su régimen.
Pero, atraído irremisiblemente hacia el objeto de su odio, como quien se deja cautivar por la mirada de una serpiente, como mariposa que busca la lumbre en la noche (así se achicharre), procura estar enterado de todos los pasos del actual Presidente de la República, y esto realimenta su angustia, su odio, su estrés. Chávez sabe que causa ese efecto y disfruta dando pie a que esas emociones cundan en el número de sus opositores; hace a propósito lo que él presume que causará mayor irritación a sus opositores. El niño es llorón y la mamá lo pellizca.
Ésta no es, por otro lado, la única realimentación que se produce en esta dinámica. La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puedo hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentro, yo soy por implicación una mejor persona. Como no soy como él—¡Dios me libre!—entonces soy bueno. Mi bondad progresa relativamente, sin que yo haga mérito independiente, porque su maldad crece todos los días. Así obtengo satisfacción moral.
Y todavía hay un segundo mecanismo psicológico que refuerza la adicción: que en la execración ritual, en saborear una mezcla de amargura y angustia porque el hombre no ha caído, el opositor adicto ha encontrado la trascendencia. Ahora es un patriota, ya no sólo un ejecutivo financiero, un comunicador social o un dentista. Ahora soy héroe, pues he sentido en carne propia la gaseosa y lacrimógena represión. Ahora soy valiente.
(En Enfermo típico, artículo del 26 de enero de 2006).
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Lo primero que quiero asentar acá es que no creo que haya esta tarde en este sitio alguna persona que haya expresado, de manera más drástica, directa y longeva que yo, el rechazo a la figura del actual Presidente de la República y la política que nos ha traído. Desde un artículo de prensa en el mismo mes de febrero de 1992, en el que expresé mi opinión, que permanece invariable, de que la asonada del 4 de febrero de ese año era un abuso inexcusable, por cuanto el derecho de rebelión no reside en un grupo o minoría cualquiera, no reside en Fedecámaras, no reside en la CTV, ni en la Iglesia Católica, ni en el Bloque de Prensa, ni en ninguna organización por más meritoria y elogiable que haya podido ser su trayectoria, y ciertamente no residía ese derecho en una logia de militares que juraran prepotencias solemnes ante los restos de un decrépito samán. El sujeto del derecho de rebelión no es otro que una mayoría de la comunidad, y cualquier grupo que se lo arrogue sin autorización de esa mayoría es claramente un usurpador.

La caricatura de Chaplin
Como he sentido la malignidad cancerosa del proceso Chávez desde su primera emergencia con toda claridad, no he dejado de rechazarlo y combatirlo con los recursos de los que dispongo desde ese momento. La enumeración de las instancias en las que he hecho esto sería un uso indebido del tiempo que tengo ahora, pero señalaré que en esa larga secuencia fui la primera persona que comparó públicamente a Chávez con Hitler, en agosto de 1998, durante la recta final de la campaña presidencial de ese año. Poco antes, por otra parte, había dicho personalmente al propio Chávez sobre su abuso de 1992 y que no debía seguir glorificando esa fecha que celebró otra vez el sábado pasado. Ya electo, en un acto público, y separado de su persona por unos dos metros, interrumpí su discurso para decir, en voz tan alta como para que los circunstantes escucharan perfectamente, que él estaba completamente equivocado en su concepto constituyente.
Hago esta salvedad porque es experiencia repetida que quienes difieren de ciertas interpretaciones estándar, que quienes se atreven a criticar a la conducción ostensible del proceso opositor son tenidos por poco menos que traidores, y en el mejor de los casos por ingenuos comeflores que no han entendido la dimensión del monstruo que nos domina desde Miraflores.
Pero no, no estamos engañados, ni le hacemos el juego al régimen con nuestra divergencia. Precisamente porque nos parece de la mayor importancia política salir de Chávez, es por lo que nos desespera ver la reiteración suicida de una ceguera estratégica que no tiene precedentes en nuestro país. Es una postura que se asienta sobre espejismos, que proyecta en la mayoría de la nación, injustificadamente, sus propias y equivocadas lecturas acerca de la realidad. La preponderancia de esa manera de ver las cosas, precisamente, imposibilita el diseño y ejecución de una estrategia correcta, y por esto hemos asistido, una y otra vez, a una sucesión de derrotas lamentables. Es porque no queremos ser derrotados una vez más por lo que nos angustiamos y hablamos.
(En Advertencia airada, texto leído en la Peña de Luis Ugueto Arismendi el 6 de febrero de 2006).
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Nadie ha podido mostrar, si de combate puro se tratase, dónde está el talón de Aquiles de Chávez, cuál es el agujero por el que pueda entrar un cohete hasta las entrañas del régimen. ¿De qué más se le va a acusar que no haya sido todavía expuesto? Ya se le ha dicho corrupto, asesino, dictador, comunista, abusador, zambo, matón, perdonavidas, fraudulento, totalitario, megalómano, terrorista, mentiroso, cobarde, procaz, machista, anacrónico, sibarita, demagogo, populista, caprichoso, resentido, arbitrario, cruel, vengativo, nepótico, alevoso, militarista, inconstitucional, loco, dispendioso, verboso, sofista, irresponsable, mal reunido. ¿Cuánto que pudiera añadirse al numeroso expediente acusatorio de Chávez de aquí a diciembre de 2006 haría una verdadera diferencia? La Realpolitik tiene por táctica favorita el desprestigio del oponente: ¿con qué otra cosa pudiera ensuciarse la reputación de Chávez que ya no haya sido mencionada? No es realista pensar que en la campaña por desplegarse dentro de muy poco se destape una olla cuyo hedor pueda atenuar suficientemente la propensión a votar por Chávez. (…)
Que una porción del pueblo traduzca la dádiva—usualmente condicionada a conductas que los receptores estiman dignificantes—en apoyo político no debiera ni sorprender ni escandalizar a nadie. Entre los críticos de este fenómeno los más prominentes defienden el derecho a la ganancia y el lucro, por considerarlos consustanciales a la verdadera libertad. ¿Quién pudiera entonces, con autoridad personal, censurar que gente pobre ayudada por el gobierno se comporte con la misma racionalidad? (…)
Si no todo el apoyo puede anotarse a la ayuda dispendiada (o su expectativa) ¿qué otras causas del mismo están presentes? Hay una obvia: Chávez ha dedicado una muy considerable proporción de su mandato a la propaganda fide, a vender una explicación totalizadora, exhaustiva, acerca del mundo y su política y su historia. Hay una manera bolivariana de cepillar los dientes. Y aquí encontramos que su prédica ha llegado a convencer a mucha gente.
En parte sirve para lo mismo que Hitler hizo con el pueblo alemán. El Führer expió la culpa de la convicción de Versalles. (Encontrando un chivo expiatorio, los judíos). Cuando cesó la Gran Guerra, el villano principal—los Hapsburgo—ya no existía, al desmembrarse Austria-Hungría, y la mayor parte de la pena se impuso a su aliado, el Segundo Reich. De allí las mayores imposiciones y reparaciones exigidas a Alemania. Hitler borró esa culpabilidad versallesca con Mein Kampf y sus discursos, violando prohibiciones e interrumpiendo las compensaciones, y trajo a la psiquis germánica el alivio que conllevan las absoluciones.
Del mismo modo Hugo Chávez ha absuelto de culpa a la pobreza, al decirle que ella es una creación de la riqueza. Ha trasmutado, también aquí, una enfermedad en virtud. Ser rico es malo; ergo, los pobres son los buenos.

El sumo sacerdote
Y esta fórmula es presentada al pueblo, mayormente pobre, con todos los rasgos de una epifanía, con profetas—Bolívar, Zamora, Maisanta, Jesucristo—y demás yerbas aromáticas. Hay toda una teorización del asunto, osadamente perorada, machacada, a lo mejor ni siquiera entendida en su totalidad por el propio orador o por su audiencia, pero de correspondiente empatía con un sufrimiento ancestral y milenario. Briceño Guerrero describió ese furor en El discurso salvaje, en desconocimiento pero anticipación de Chávez, dos décadas antes de su aparición política. (…)
…
Ante esto último nada ha hecho la oposición convencional. En 1999 alguien explicaba a un concierto de curiosos de la política que la mera negación de Chávez no bastaría. Que uno no niega un fenómeno telúrico que tiene por delante. Que ante aquél cabía, primero, un esfuerzo de contención. (Lo que se demostró posible, por ejemplo, con la redacción primera del decreto que convocaba a referendo consultivo sobre la elección de una constituyente. Fue tan obviamente absolutista que el helado silencio del país, roto sólo por el reclamo de Blyde y otros pocos, forzó al gobierno a rehacer su primer decreto programático, moderando su pretensión de poder de aquel momento. Aun no controlaba el máximo tribunal de la república).
Pero explicó también que tampoco sería suficiente la contención mera. Había, más que oponerse a Chávez, que superponerse a él. Y de ese año hubo también un ejemplo. De Miraflores venía la noción de que la constituyente debía ser “originaria”; esto es, capaz de alterar, mutilar, impedir o suprimir cualquier otro poder constituido. La oposición conservadora automática, que antes se había opuesto a la constituyente misma, quiso defender la noción de que ésta debía ser “derivada”, y por ende equivalente, no superior al Congreso o los restantes poderes constituidos. Era difícil vender esta constituyente disminuida en la parroquia 23 de enero.
Lo que debió decirse, en cambio, debía trascender la trampajaula terminológica construida por Chávez. Debió apuntarse que lo que era en verdad originario era el pueblo, en su carácter de poder constituyente. Debió decirse: “Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros ‘apoderados constituyentes’. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo hagan la Constitución de 1961 continuará vigente, en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros no la aprobemos en referéndum”. Así se habría pasado sobre su discurso.

Por ejemplo, el paro petrolero (clic amplía)
Pero eso no se dijo, o por lo menos la voz que lo dijo no tenía fuerza y tampoco se le prestó alguna. La oposición con recursos—organizativos, comunicacionales, financieros—siempre ha acusado a Chávez; nunca lo ha refutado. Siempre ha estado a la defensiva, siempre ha jugado en terrenos escogidos por Chávez, discutido en su terminología, atendido sus convocatorias; se ha regido por su agenda y actuado según guión escrito por él, en el que prácticamente todas las actuaciones opositoras hasta ahora mostradas—salvo la táctica inicial del 11 de abril y la participación masiva de empleados petroleros en el paro—han sido anticipadas. El guión es tan bueno que aun las excepciones e imprevistos son absorbidos en él, neutralizados.
(En Tío Conejo como outsider, trabajo reproducido el 20 de julio de 2006).
………
Siendo así las cosas ¿cuáles serían los rasgos imprescindibles en tal contrafigura?
El primero de ellos, paradójicamente, es que no sea una contrafigura de Chávez. Es decir, que su razón de ser no sea oponerse al actual Presidente de la República. El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese. El problema político venezolano es más grande que Chávez. (…)
Luego, y en estrecha relación con lo anterior, la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.
Quien sea capaz de un discurso así, por supuesto, deberá haber abrevado de las más modernas y actuales fuentes de conocimiento, y haber arribado a un paradigma de lo político que deje atrás tanto la desactualizada y simplista dicotomía de derechas e izquierdas—capitalismo o liberalismo versus socialismo—como el modelo de política de poder (Realpolitik). El discurso de Chávez es, obviamente, decimonónico, pero no podrá superársele con Hayek o Juan XXIII.
Quien pretenda el trabajo de contrafigura de Chávez deberá, en la misma línea, ser enciclopédicamente capaz. Esto es así, más que porque lo requiera la tarea política normal, porque la narrativa de Chávez, fuertemente ideológica, contiene una explicación y una respuesta para prácticamente casi todo. Hay una manera “bolivariana” de lavarse los dientes, de entender la historia de Venezuela y del mundo, de suponer el futuro, de estimar cómo deben ser los seres humanos, de prescribir la forma de la economía y los contenidos de la educación, de cambiar los nombres de todas las cosas, etcétera. La contrafigura tendrá que moverse con comodidad en más de un territorio conceptual, tendrá que ser tan “todo terreno” como Chávez. No bastará que sea “buen gerente”, o que haya hecho méritos como operador político convencional.
Después, la contrafigura viable no podrá tener ni rabo de paja ni techo de cristal. En particular, no debe ser asimilable a una vuelta al pasado pre-chavista, a lo que inexactamente se entiende por “Cuarta República”. Menos todavía debiera ser posible tildarla de elitista. Quien quiera asumir la misión no deberá entenderse como parte de una “gente decente y preparada” que desprecie la venezolanidad, como más de uno que denuesta frecuentemente del gentilicio y se presume “material humano” superior al de la mayoría de sus compatriotas. Aparte de su injusticia e incorrección intrínsecas, el tufo de una orientación aristocratizante se distingue a cien kilómetros de distancia y no es apreciado.
Además de todo lo anterior, el candidato al empleo de contrafigura de Chávez deberá ser tan buen comunicador como él, capaz de sintonía y afinidad. No basta disponer de dotes intelectuales y morales. El acto político es esencialmente un acto de comunicación. Por supuesto, el contenido de la comunicación, el mensaje mismo, tendrá que ser sólido, serio, responsable, pero tendrá que ser comunicado con idoneidad. Los públicos no deberán oler en el líder buscado la mentira, ni detectar lenguajes corporales que contradigan su prédica.
Finalmente, y no menos importante, la persona en cuestión deberá estar dispuesta a arriesgarse grandemente. Una tarea como la descrita pondrá en peligro, indudablemente, su seguridad personal. Chávez no es José Gregorio Hernández, y aun si quisiere respetar a ese contendiente, tan distinto de los que ha confrontado hasta ahora, su círculo inmediato incluye gente violenta con lógica revolucionaria que autoriza, en nombre de valores pretendidamente superiores, prácticamente cualquier cosa. Lo de Chávez y sus principales aliados es un protocolo de poder sine die, eterno. El outsider del que se viene hablando deberá ser capaz de resistir los ataques que sobrevendrían, en una gama que puede ir desde el enlodamiento de su reputación hasta la eliminación física. El riesgo aumentará a medida que la opción que represente comience a significar una posibilidad clara de éxito.
(En Retrato hablado, texto del 30 de octubre de 2008).
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Ha comenzado a moverse el previsible tropel de precandidaturas en el campo opositor venezolano. Algunas son obvias o declaradas explícitamente: Herman Escarrá, Oswaldo Álvarez Paz— “Yo lo que quiero es ser Presidente de este país”—o Antonio Ledezma (1,5% en la encuesta de IVAD en enero), por ejemplo, que han dicho que competirán en las primarias. Su precoz emergencia sigue, con algo de morosidad o paciencia, según se mire, el ejemplo de Hugo Chávez, quien ya ha jugado peón cuatro rey, caballo tres alfil rey y alfil cuatro alfil sin que la oposición tenga todavía, naturalmente, quien pueda oponerle. Acaba de declarar el comienzo de su campaña, pero es que el 24 de septiembre del año pasado, dos días antes de las elecciones de Asamblea Nacional, anunció que calentaba los motores para su intento de 2012, y también había declarado el inicio de su cuarta candidatura ¡tres días después de tomar posesión para su actual período, el 13 de enero de 2007! (…)
Y, por supuesto, muchos nombres suenan como posibles candidatos. Además de los ya nombrados, puede enumerarse con facilidad a Eduardo Fernández, María Corina Machado (2,5% según IVAD), Ramón Guillermo Aveledo, Cecilia Sosa, Cecilia García Arocha, Pablo Pérez (6,3%), Henrique Capriles Radonski (7,3%, en el primer lugar), Julio Borges (1,3%), Leopoldo López (por ahora inhabilitado: “Primero debo restituir mis derechos, entonces decidiré”), Manuel Rosales (en el exilio, 6,7%), César Pérez Vivas, Henri Falcón (2,9%)—aunque a pesar de las ganas de lanzarlo de Patria Para Todos, y en un arranque de realismo, ha dicho: “No pretendo ser precandidato ni candidato presidencial”—, Henrique Salas Feo (1,0%), Henry Ramos Allup, Miguel Ángel Rodríguez, etcétera, etcétera, etcétera. (Incluso hay quien menciona a Lorenzo Mendoza como candidato formidable, y también quien cree que Blanca Rosa Mármol estaría a la orden como candidata de transacción amable en caso de trancarse el proceso de escogencia). (…)
Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.
(En El pelotón opositor, artículo del 10 de marzo de 2011).
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Y he aquí el enlace a la entrevista para Ciudad Ccs que me hiciera Clodovaldo Hernández, publicada el lunes 3 de los corrientes y reproducida por Noticiero Digital. Ha causado roncha en ambos bandos. El amable Francisco Kerdel Vegas la repartió a corresponsales suyos con una pregunta: «¿Y si tiene razón?» LEA
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