En música, la imitación es la repetición posterior de un patrón musical en una forma diferente, pero manteniendo su carácter original. Un canon es una forma basada en la imitación.Wikipedia en Español.
Nos informa Wikipedia que Remo Giazotto (1910-1998) «fue un musicólogo italiano conocido especialmente por su clasificación y catalogación de las obras de Tomaso Albinoni. (…) Giazotto es famoso por su publicación de la obra llamada Adagio de Albinoni que decía haber transcrito de un fragmento de un manuscrito de Albinoni que encontró en la Biblioteca Estatal de Dresde, poco después de la Segunda Guerra Mundial (al tiempo que completó una biografía y una clasificación de la obra de Albinoni). Él afirmaba que había hecho el arreglo de la obra, pero que no la había compuesto. De haberla creado él sería su única composición. Se sabe hoy en día que es una obra enteramente original de Giazotto. El fragmento supuestamente encontrado disponía solo del pentagrama del bajo y de seis compases de la melodía, y se supone que era el movimiento lento de una sonata a trío. Giazotto compuso pues, sin crédito, el famoso Adagio en 1945 y fue publicado por primera vez en 1958″.
Así suena el hermoso tributo a su compositor favorito, en rendición de la Orquesta Filarmónica de Berlín conducida por Herbert von Karajan..
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Un caso distinto es la pieza Dziekuje—gracias en polaco—del muy importante compositor e intérprete de jazz Dave Brubeck (1920-2012): El Departamento de Estado del gobierno estadounidense promovió una gira de su grupo por algunos países euroasiáticos en 1958, y varias de las piezas interpretadas entonces están en el disco Jazz impressions of Eurasia. Brubeck se sentía agradecido, luego de visitar el museo dedicado a Federico Chopin en su casa natal de Zelazowa Wola y tocar en uno de sus pianos. Compuso la pieza evocadora del músico en el tren de regreso a Varsovia. En el concierto de despedida de Polonia, la tocó como tributo a Chopin que fue recibido con entusiastas aplausos.
Es una de mis piezas favoritas. LEA
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Anécdota de ñapa: Dave Brubeck fue un músico de jazz aclamado en su tiempo, lo que llevó a la revista Time a dedicarle su portada el 8 de noviembre de 1954. Se molestó porque fuera discriminatoriamente para él y no para Duke Ellington, el «Papa del Jazz», quien era de raza negra. Brubeck se encontró a los pocos días con Ellington y le dijo: «Has debido ser tú».
Última ñapa: pongo abajo otra versión de Dziekuje con sólo Brubeck al piano. Es la versión que prefiero. A fin de cuentas, Chopin no componía para batería, contrabajo y saxofón.
El sello RCA Victor lanzó el álbum Dinner in Caracas en 1955, grabado en Nueva York el año anterior. Dirigida su orquesta por el maestro Aldemaro Romero, resultó ser todo un éxito, al incluir interpretaciones lujosamente orquestadas de grandes piezas del repertorio musical venezolano.
Éstas son las piezas incluidas:
Lado A
Alma llanera, Pedro Elías Gutiérrez
Luna de Maracaibo, Lionel Belasco
Endrina, Napoleón Lucena
Conticinio, Laudelino Mejías
La reina, Amable Espina
Adiós a Ocumare, Ángel María Landaeta
Lado B
Sombra en los médanos, Rafael Sánchez López
Serenata, Manuel Sánchez López
Dama antañona, Francisco de Paula Aguirre
Fúlgida luna, Anónimo (Recopilación de Vicente Emilio Sojo)
El primer portal venezolano en Internet fue analitica.com. En él publiqué unos primeros trabajos, antes de que mi hijo mayor me explicara la noción de «marca personal» y montara para mí doctorpolitico.com.Había borrado de mis archivos, y encontré recientemente luego de una rápida búsqueda en la red, el trabajo que transcribo de seguidas, que se hizo necesario luego de difamación e injuria en mi contra alojadas en aquel espacio pionero.
Réplica a una calumnia de Basilio Plaza
28 de febrero de 2004
Haciendo una búsqueda en Internet me he topado con una página publicada en Analitica con fecha del 1º de marzo de 2000, en la que un tal señor Basilio Plaza, muy mal informado y, por ende, con gran irresponsabilidad, expone lo siguiente:
«Cerró El Diario de Caracas y su editor-gerente, Luis Enrique Alcalá, hombre de confianza de Hans Neumann, le echa la culpa a su exdirector Adolfo Herrera y al equipo periodístico de Herrera, al cual el mismo Alcalá había despedido hace algunos meses, como si los periodistas fueran los gestores de una operación financiera que fue siempre mala. De todos modos no hay problema, los periodistas están ya acostumbrados a que se les culpe de todo lo que no funciona.
Lo patético, en este caso, es que el señor Alcalá parece haber expuesto negativa e injustamente el prestigio personal y profesional de sus periodistas en público, como justificación ante el personal del periódico para su cierre. El señor Alcalá, por cierto, es el mismo que quebró La Columna de Maracaibo”.*
En ningún momento eché la culpa del cierre de El Diario de Caracas, acaecido en febrero de 2000, al periodista Adolfo Herrera, como tampoco al equipo periodístico allí reunido. Es más, en ningún momento he hecho pública opinión alguna respecto de esa circunstancia, por lo que no logro comprender cómo el Sr. Plaza hace sus afirmaciones. Por lo contrario, informé a los periodistas y el resto del personal a mi cargo sobre las intenciones de cierre de inmediato, contrariando expresos e interesados requerimientos de la gerencia del periódico, y expuse las razones que el dueño me ofrecía, entre las que nunca hubo un juicio negativo sobre el equipo de redacción.
Por otra parte, dirigí el periódico por escasos cuatro meses, cuando el hoy difunto Hans Neumann me llamó para que me encargara de un proyecto al que el mismo Neumann había ya desahuciado en razón de su poquísima circulación y casi inexistente inversión publicitaria. En esa ocasión pretendió que yo pudiera darle un vuelco al medio en dos meses, plazo que logré extender a tres. Cuando habían transcurrido los dos primeros meses (noviembre de 1999) fui llamado de nuevo por el Sr. Neumann, entonces confinado a una silla de ruedas, para decirme que estaba “muy, pero muy contento” con mi trabajo y que me “tomara mi tiempo”, pues en los momentos su condición financiera personal había mejorado y podía, por tanto, disminuir la presión que había colocado sobre mí al convocarme inicialmente. Ya el periódico había mostrado signos de recuperación en su circulación y un nuevo concepto propuesto por mí había suscitado el entusiasmo del personal, desde la redacción hasta el departamento de rotativa.
Las razones para el cierre del periódico me fueron expuestas el 6 de enero de 2000, y no se materializaron hasta el mes siguiente. Ese día Hans Neumann me expuso que él creía su deber patriótico hacer todo lo que estuviera en sus manos para combatir a Hugo Chávez (para quien las rotativas de Neumann, sin escrúpulo, imprimieron el fallecido “Correo del Presidente”), y que quería que le entregase la dirección del periódico a Teodoro Petkoff, cosa que le habría sido solicitada por representación de Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken en diciembre de 1999 en su casa de la isla Moustique. También me ofreció entonces que dirigiese el proyecto de un “Semanario de Caracas”, que en algún momento yo había sugerido como modo de salvar al periódico. De este intercambio hay testigos.
A esta exigencia respondí que el periódico era de su propiedad y que podía hacer con él lo que le pareciera conveniente. Si insistía sobre el punto entregaría el cargo de Editor a Petkoff, y le dije que no aceptaría la capiti diminutio del inexistente semanario. También predije que el proyecto editorial de Petkoff no funcionaría, porque no debe hacerse periodismo como proyecto político, en notas escritas remitidas a Neumann al día siguiente y de las que guardo copia. Las posteriores dificultades financieras de Tal Cual, así como su volumen de circulación, terminaron por darme la razón.
Por lo que respecta al personal periodístico de El Diario de Caracas que tuve el honor de dirigir, dificulto que otro director del mismo hubiera logrado mejor empatía y espíritu de equipo que el suscrito, como podrá comprobarse preguntando directamente a los periodistas. Los únicos periodistas de cuyos servicios prescindí no dieron, simplemente, la talla, y uno en particular exhibió grave irresponsabilidad. Otro evidenciaba manejos turbios. De resto, trabajé con los periodistas ensamblados por Adolfo Herrera, de quien en ningún momento me he expresado en términos negativos.
Y en lo tocante al diario La Columna de Maracaibo, dejé de ser su Editor Ejecutivo en abril de 1990, nueve años antes de su cierre, por lo que mal pudiera haber sido, como afirma maliciosamente el Sr. Plaza, quien “quebró La Columna de Maracaibo”. Dirigí el proyecto del relanzamiento de La Columna desde el 10 de marzo de 1989 hasta el 20 de abril de 1990. El periódico, cerrado a mediados de 1988, reapareció bajo mi conducción el 8 de septiembre de 1989. En seis meses (febrero de 1990) había alcanzado el primer lugar de circulación en Maracaibo, superando al formidable oponente de Panorama donde habían fracasado antes en el intento el Diario de Occidente, Crítica, El Zuliano y El Nacional de Occidente. En abril de ese mismo año la inversión publicitaria, jamás vista en La Columna, había llevado la gestión financiera del periódico a punto de equilibrio (en ocho meses). En julio de ese año el periódico obtuvo el Premio Nacional de Periodismo (a los diez meses del arranque), en competencia con El Nacional y La Religión, que cumplía entonces 100 años de existencia. No pude celebrar el premio con los periodistas, pues mi salida fue forzada a fines de abril por desavenencias de principios con el Dr. Gustavo Gómez López, financista de La Columna.
Nunca ha habido en Venezuela un proyecto periodístico más hermoso y mejor dirigido que La Columna de septiembre de 1989 hasta abril de 1990. Los periodistas no se iban a descansar a sus casas, pues el rico ambiente de trabajo les hacía permanecer, disfrutando, en los predios del periódico después que sus deberes habían terminado. Tanto en el caso de La Columna como en el de El Diario de Caracas mi mayor orgullo ha sido, justamente, la fraternal y feliz relación con sus periodistas, que tenían en mí a su mejor defensor. El tiempo y los recursos que fueron luego puestos a disposición de Petkoff jamás me fueron ofrecidos.
Dicho sea de paso, en La Columna quedaba bajo mi mando no sólo la redacción y edición del diario, sino también su gestión comercial. Éste no era el caso de El Diario de Caracas, donde el ámbito comercial respondía a una gerencia independiente, fuera de mi responsabilidad y no poco divergente de los criterios que en todo caso propuse.
No conocía la calumniosa y totalmente mentirosa difamación del Sr. Basilio Plaza hasta hoy, a casi cuatro años de su mal intencionada nota. Como es el caso, sin embargo, que sus falsas y maliciosas aseveraciones reposan aún en los archivos de Analítica, escribo la relación antecedente la que, para los periodistas de El Diario de Caracas y La Columna con quienes tuve el honor de hacer periodismo, sería totalmente innecesaria.¶
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difamarDesacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama.
calumniar Atribuir falsa y maliciosamente a alguien palabras, actos o intenciones deshonrosas.
Diccionario de la Lengua Española
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Nota de esta fecha: En diciembre de 1999 recibí una llamada desde Maracaibo, mientras aún ejercía como Editor Jefe de El Diario de Caracas. Quien estaba al otro lado se identificó como Director de La Columna, y solicitó ayuda financiera de nosotros. Supongo que tenía a Hans Neumann por persona a quien le sobraba el dinero, y si La Columna aún se editaba nueve años después de que me hubiera ido de Maracaibo difícilmente hubiera podido llevarla a la bancarrota.
Un día como hoy nació mi madre, María Josefina Corothie Chenel de Alcalá; también mi hija menor, María Ignacia, en 1985. La primera en 1921, el año en el que Albert Einstein recibiera el Premio Nobel de Física. Había nacido en Puerto España, Trinidad, cuando esa isla pertenecía a Venezuela. Por casualidad, allí había nacido mi padre el 18 de octubre de 1912, pues mi abuelo—Pedro José Alcalá Lozano—, a quien no conocí, era Gerente de la Compañía Venezolana de Navegación en esa isla.
Albert Einstein (…) fue un físico alemán de origen judío, nacionalizado después suizo, austriaco y estadounidense. Se le considera el científico más importante, conocido y popular del siglo XX. (…) En 1905, cuando era un joven físico desconocido, empleado en la Oficina de Patentes de Berna, publicó su teoría de la relatividad especial. (…) Por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la física teórica, en 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física y no por la Teoría de la Relatividad, pues el científico a quien se encomendó la tarea de evaluarla no la entendió, y temieron correr el riesgo de que luego se demostrase errónea. (Wikipedia en Español).
María Ignacia y Cecilia Ignacia
Deseo un feliz cumpleaños a la menor de mi prole, quien lleva el primer nombre de mi madre y el segundo de mi esposa. LEA
Gisela Marrero Santana, madrina de bautizo de mi segundo hijo varón, es una gran contadora de chistes. Hace unas décadas atrás, compuso una versión sintética del famoso cuento de La Caperucita Roja, la conocidísima narración recogida inicialmente por Charles Perrault y luego por los hermanos Grimm. Hasta Pyotr Illich Tchaikovsky le dedicó un número de un minuto y dieciocho segundos en el segundo de sus tres ballets, La Bella Durmiente.
Escuchemos la versión de Gisela, que cuenta la historia con las sílabas en orden inverso—«¡Ñoco! ¡Le bolo trao vez!», debe entenderse como «¡Coño! ¡El lobo otra vez!»—en 37 segundos y hoy me enviara para deleite de mi esposa y yo.
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