Cómo sorprender a la historia

 

Una cabeza realmente excepcional

 

 

En Policy Sciences (ciencias de las políticas, no ciencias políticas) se define una sorpresa como la ocurrencia de un evento de baja probabilidad. Se requería una mente fuera de lo común para acometer el tema de cómo causar sorpresas intencionalmente. He aquí la traducción de How to spring surprises on history, presentación del Prof. Yehezkel Dror* en la conferencia internacional When Patterns Change: Turning Points in International Politics (1979).

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El tema «Cómo sorprender a la historia»—o, dicho de otro modo no menos presuntuoso «Cómo planear discontinuidades»—hace surgir problemas filosóficos, científicos, metodológicos y aplicados a la vez oscuros y fascinantes. Ésta es sólo una exploración preliminar. Permítaseme comenzar ofreciendo cinco marcos de referencia alternativos, aunque no mutuamente excluyentes o contradictorios, para pensar sobre el asunto:

1. En términos de la filosofía de la historia la cuestión es en parte una de determinismo vs. maleabilidad. Dentro de la limitada perspectiva temporal de la actividad política humana, una visión estocástica de la historia—que la entiende como un conjunto de intersecciones que proveen ocasionales posibilidades de escogencia—puede adaptarse mejor a mis necesidades. Una metáfora alterna e interesante la provee la teoría de «catástrofes», la que trata de la posibilidad de moverse entre distintos estados bien sea «suavemente» o por la vía de un «salto» o «catástrofe». (Nota del traductor: El autor de la teoría es el matemático francés René Thom, quien la expuso en su obra «Stabilité structurelle et morphogénèse«, 1972).

2. En materia de fabricación de políticas, el problema puede ser formulado en términos de incrementalismo vs. cambio radical (como por ejemplo ha sido discutido en algunas controversias entre Lindblom y Dror). Aquí, la cuestión es la de saber si es aconsejable, o cuándo es aconsejable, tomar los riesgos de luchar por lo desconocido y cuáles son las condiciones de factibilidad política de hacerlo. (Nota del traductor: Incrementalismo quiere decir que se adopta conscientemente un curso de modificación de las cosas paso a paso. Dror, quien tampoco cree en «optimalismos» , pues recomienda, ante las estrategias de «optimización» una de «preferización», no acepta, sin embargo, la ruta del incrementalismo. De allí su debate con Lindblom. Dror propone un «radicalismo selectivo», según el que es preferible seleccionar unas cuantas áreas o puntos en los que se ensaya transformaciones a fondo.)

3. En términos de la teoría de inteligencia estratégica y el análisis de percepciones e imágenes, el problema no es visto—con razón—como el de «sorprender a la historia», sino como el de sorprender expectativas, las que, a su vez, están en parte basadas en la historia y sobre supuestos explícitos o implícitos de continuidad.

4. En términos del arte del estadista, es quizás lo mejor regresar a Maquiavelo y considerar las posibilidades de convergencia entre oportunidades históricas raras (ocassione) que provee la historia (fortuna) y que pueden ser utilizadas por gobernantes que tengan las raras cualidades necesarias (virtu).

5. En términos de política de la burocracia, el problema es el de si, cómo y cuando pueden ser vencidas o evadidas las fuerzas de la inercia y el conservatismo dinámico, como para que sea posible la innovación contraconvencional y contratendencial. ¿Dependemos acá de gobernantes innovadores especiales, o puede uno diseñar organizaciones de ruptura que, como «islas de excelencia», permitan escapar de los aspectos usuales de la política del establishment?

Yendo de estas consideraciones generales como marco de referencia al mundo contemporáneo, permítaseme ofrecer la tesis de que la probabilidad de discontinuidades está aumentando, proveyendo situaciones en las que es posible estimular o hacer surgir algunas discontinuidades mediante intervención consciente. Esta tesis está basada, en parte, sobre los siguientes puntos:

-La continuación de las principales tendencias actuales conduciría a situaciones imposibles, como ha sido ilustrado en obras pioneras de Forrester y en estudios posteriores del Club de Roma.

-Variables exógenas e incontrolables rompen la continuidad y son causa de «metaestabilidad». Son variables tales como la tecnología armamentística, la emergencia del Tercer Mundo, la propensión hacia movimientos ideológicos agresivos. (Nota del traductor: En la terminología droriana se llega a una situación «metaestable», cuando una situación en apariencia estable cambiará con toda seguridad y con un gasto de estímulos relativamente pequeño, al tiempo que se ignora cuál será la dirección del cambio. Este concepto le permitió prever la caída del Shah de Irán, aquí en Venezuela en una presentación a militares, cuando las cancillerías del mundo fueron enteramente tomadas por sorpresa).

-Un cierto número de tendencias actuales conduce a situaciones explosivas (aunque no imposibles) donde alguna discontinuidad es altamente probable. Por ejemplo, precios energéticos, Suráfrica e Irán.

Saltando de estas observaciones sobre las posibilidades de crear, de acelerar o de influir discontinuidades, hacia la cuestión de la motivación para actuar así, tres situaciones principales pueden justificar intentos de actuar de ese modo para mutar las tendencias históricas:

1. Si las tendencias actuales son vistas como crecientemente negativas y cada vez más peligrosas para los valores aceptados.

2. Si se ha dado un salto en los valores que lleva consigo un imperativo categórico de tratar de cambiar la realidad, aun cuando ésta sea satisfactoria para los valores previos

3. Si la realidad se percibe como turbulenta y mudable en cualquier caso, requiriendo respuestas bajo la forma de saltos en políticas como el único modo de tener, tal vez, feedback positivo. (Bien sea para evitar cambios negativos o para aprovecharse de oportunidades positivas).

Suponiendo que uno desee planear una discontinuidad y suponiendo que uno ha analizado la dinámica de la situación para alcanzar la conclusión de que eso puede ser posible, ¿cómo se procede? O, para retroceder un paso, ¿cómo puede uno analizar el mérito y la factibilidad de darle una sorpresa a la historia? La literatura disponible en planificación y análisis de políticas, en pensamiento estratégico, etc., tiene poco que ofrecer a este respecto, pues se concentra más sobre micro-problemas que sobre tales problemas de «gran estrategia». Permítaseme ofrecer un cierto número de pensamientos preliminares sobre esta materia:

-Una buena inteligencia estratégica y el análisis de ambientes esperables puede identificar tendencias negativas y diagnosticar situaciones inestables.

-Las estructuras y procesos gubernamentales normales son incrementales por naturaleza. Aun si llegan a sentir una situación en deterioro se conducirán según una microrracionalidad, buscando encontrar un mejor punto en una curva dada; pero usualmente reprimirán o se opondrán a proposiciones «radicales», las que tratan de moverse a otra curva e incluso a otro espacio por la vía de discontinuidades conscientemente creadas.

-La política democrática tiene algunos aspectos adicionales que refuerzan el incrementalismo e inhiben estrategias «sorpresivas» (aunque no completamente). Esto puede hacer surgir problemas de competencia entre regímenes democráticos y no democráticos, los que pueden ser resueltos pero requieren atención.

-Un «empresariado político» (policy entrepreneurship) es un requisito para darle sorpresas a la historia. Involucra a gobernantes especiales que sean innovadores, anulen el conservatismo y quizás sean más aventureros, aceptadores de riesgo y propensos a apostar.** Esto hace surgir un dilema: demasiado poder concentrado en gobernantes especiales o en un grupo muy pequeño de tomadores de decisiones aumenta los peligros de acciones precipitadas y de equivocaciones. Un sistema cuidadoso de frenos, contrapesos y controles mutuos puede impedir las innovaciones políticas radicales del tipo histórico-mutante. Pequeños núcleos de altos políticos, auxiliados por pequeñas islas de excelencia bajo la forma de equipos altamente calificados, pueden ser lo óptimo para darle sorpresas a la historia. Este tipo de estructuras gubernamentales es aceptado en países democráticos bajo condiciones de crisis aguda; también disfrutan acá de algunas ventajas los regímenes presidencialistas. Un problema abierto es el de cómo permitir acciones sorpresa adecuadas en países de gobierno de gabinete bajo condiciones que no estén políticamente definidas como críticas, lo que añade una dimensión importante a los temas más amplios de una reducción en la capacidad de gobernar y de tendencias hacia lo que llamo «política del estancamiento». (Stalemate politics).

Moviéndonos de la factibilidad política y del delicado balance entre riesgosas concentraciones de poder y equilibrios de poder inhibidores de acción radical, hacia los problemas intelectuales—cómo se planifica mejor una sorpresa a la historia—debe ser enfatizada la ya mencionada escasez de estudios y metodologías pertinentes. Para movernos hacia terra incognita, algunos de mis trabajos preliminares sobre las posibilidades del análisis macropolítico y la planificación de gran estrategia me conducen a los siguientes comentarios tentativos:

1. La selección y el éxito de intentos de mutar tendencias depende del macroanálisis de situaciones sociopolíticas y político-estratégicas y su evolución. Algunas veces un individuo se muestra capaz de asir tales Gestalten. Pero, para hacerlo sistemáticamente, son necesarias unidades especiales compactas, altamente calificadas e interdisciplinarias. Los equipos de análisis político y de inteligencia del tipo regular son incapaces de hacer el trabajo.

2. Es posible definir situaciones cuando intentos de ir más allá del incrementalismo y de sorprender a la historia son justificadas. Tendencias al deterioro que constituyen amenazas cada vez más serias, ideologías y aspiraciones que no tienen chance sin rupturas radicales de la continuidad, turbulencia histórica que o se vuelve demasiado riesgosa o provee oportunidades que pasarán; todo esto, como ya ha sido mencionado, son condiciones que pueden ser analíticamente diagnosticadas y que justifican políticas de shock.

3. Puede ser posible a veces el diseño de una política de shock dominante, la que en el mejor de los casos logra desplazamientos muy deseables en los eventos y que en el peor de los casos no envuelve costos serios. (Por ejemplo, en mi análisis, la iniciativa de paz del Presidente Sadat se aproxima a una situación de ese tipo). En otras situaciones puede ser posible reducir los riesgos de fracaso o sus costos, mediante un sondeo y aprendizaje preliminares, construyendo sobre la base de la reversibilidad o por varias estrategias de «compensación de apuestas». (Hedging). En vista de la incertidumbre de la post-discontinuidad, las políticas de cambio radical usualmente confrontan riesgos irreducibles e indefinibles. Por tanto, a pesar de las posibilidades arriba mencionadas, tales políticas son intelectual y emocionalmente «apuestas difusas». Todas las metodologías de confrontación de incertidumbre son útiles, pero de utilidad limitada. (Nota del traductor: Dror ha enumerado los rasgos de un modelo de confección de políticas (policymaking) en las condiciones actuales al que ha llamado «fuzzy betting»: «Una buena imagen para considerar la confección de políticas como apuesta difusa es la de un casino inestable, donde la opción de no jugar es en sí misma un juego con altas probabilidades en contra del jugador; donde las reglas del juego, las proporciones necesarias de suerte y habilidad y los premios, cambian en forma impredecible durante la apuesta misma; donde formas impredecibles de «cartas locas» (tales como un ataque terrorista o la distribución de diamantes por millonarios pródigos) pueden aparecer súbitamente; y donde la salud y la vida de uno mismo y la de sus seres amados puede estar en juego, algunas veces sin uno saberlo»).

4. La prudencia (que es un juicio de valor en loterías) requiere, por tanto, un «análisis del peor caso», en el que lo pésimo de la continuación de tendencias o la no intervención en la turbulencia ambiental se compara con lo pésimo de los intentos de causar discontinuidad. La comparación de lo pésimo de la no intervención con lo óptimo de la intervención es un enfoque muy riesgoso que no puede ser recomendado. (Aunque, inherentemente, esto es un asunto de juicios de valor sobre las actitudes ante el riesgo). Por el otro lado, la comparación de lo óptimo de la no intervención contra lo pésimo de la intervención tampoco puede ser recomendada, por más que esto sea una difundida postura intelectual del incrementalismo y el conservatismo.

Yehezkel Dror

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El profesor Dror ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Public Policymaking Reexamined, Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem, Design for Policy Sciences, Ventures in Policy Sciences: Concepts and Applications, Policymaking Under Adversity, The Capacity to Govern: A Report to the Club of Rome, Israeli Statecraft: National Security Challenges and Responses, Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch, For Rulers: Priming Political Leaders for Saving Humanity From Itself. En los momentos, prepara la publicación de otro más, con un título extraordinariamente sugestivo: Steering Human Evolution: Eighteen Theses on Homo Sapiens Metamorphosis, y ha optado por presentarse a sí mismo de este modo: Yehezkel Dror, Contemplative Policy Scientist. (Crazy States ha sido citado numerosamente en este blog; por ejemplo, el 8 de febrero de 2011 en Neurochaparrón).

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** A comienzos de 1988, Yehezkel Dror quiso disuadirme de un cierto proyecto político mío con muy baja probabilidad de éxito, que de haberse llevado a cabo habría sido naturalmente una sorpresa en Venezuela. (Es la segunda de las sorpresas consideradas en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, texto mío de septiembre de 1987 que Dror desconocía). Planteó el tema y enumeró tres o cuatro dificultades en apariencia insalvables, a lo que contesté: «Sí, Yehezkel, y también hay ésta y esta otra y esta más». Pensó unos segundos y dijo: «Bueno, debo decir que estás perfectamente consciente de lo difícil del asunto; no eres un iluso sino alguien con los pies firmemente plantados sobre la realidad. Sólo me queda decirte que, a mi juicio, tienes también una tolerancia al riesgo mayor que la que te recomendaría». Únicamente por respeto al maestro, no le recordé su propia tesis: que para dar sorpresas a la historia se requería innovadores «más aventureros, aceptadores de riesgo y propensos a apostar». En el estudio mencionado, meses antes de nuestra conversación, había escrito sobre un outsider (sin que él supiera): «El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por de­finición improbable—a fin de cuentas se trataría de una sorpresa—no es ne­cesariamente imposible, y que, por lo contrario, la dinámica del proceso po­lítico venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. (…) Yehezkel Dror nos dice que la situación del agente de decisión de hoy es cada vez más la de una apuesta difusa». (En sus términos: «fuzzy betting». Vide supra). LEA

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Feliz fin de semana

Vale la pena verlo a pantalla completa

 

 

Con este video se inaugura el canal de Dr. Político en YouTube por el que pronto transmitiré semanalmente, como lo hice desde Radio Caracas Radio entre el 12 de julio de 2012 y el 18 de mayo de este año. LEA

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Sobre anticipaciones

 

 

Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria». (…) Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó en medio de ellos y siguió su camino.

Lucas (4:24-30)

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…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario.

Alexis de Tocqueville – El Antiguo Régimen y la Revolución (1856)

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Un profeta es rara vez elogiado/ Antes del ocaso/ Del día cuando por primera vez proclama/ Verdades desagradables./ Pero cuando tus verdades/ Se hagan obvias con el tiempo,/ Y su autor sea reivindicado,/ Sé, en ese momento de cosecha, clemente, misericordioso,/ Amplio de mente, con gran propósito,/ Y que la contrariedad de la vida te haga sonreír.

Arthur HaileyOverload (1979)

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¿Es que podemos afirmar que falta mucho para que ocurran “caracazos” a escala planetaria, continental o subcontinental? ¿Podemos decir que son imposibles? Por más que avancen las tecnologías del poder, el poder último es el de la humanidad, que perfectamente puede manifestarse en alteraciones del orden público a escala del mundo, como la misma tierra parece alterar el clima, la marcha de los océanos, el vulcanismo, en reclamo por nuestras agresiones. Pobladas simultáneas en las principales ciudades suramericanas tendrían efectos tan drásticos y extensos como los del Niño.

La crisis como antifaz Carta Semanal #42 de doctorpolítico (26 de junio de 2003)

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Disertación oportuna

 

Sin excesivo preámbulo, he aquí una presentación con preguntas y respuestas del muy importante sociólogo Manuel Castells* en el Centro de Estudios Públicos de Chile, el 7 de los corrientes, a propósito de los disturbios en esa nación y muchos otros países del mundo. Entre los nuevos fenómenos sociopolíticos que menciona, está la emergencia de una democracia deliberativa, explicada someramente en este blog (La sabiduría del enjambre, 9 de agosto de 2012).

 

 

 

Tal vez sea admisible que registre algo de satisfacción intelectual propia al escuchar, de los autorizados labios de Castells, la estrecha concurrencia de su lectura con las tesis enumeradas acá, en La médula del problema, el 4 de octubre de 2019. (Botón de muestra: «Es evidente la proliferación de crisis políticas en el mundo en estos tiempos, y tal cosa sugiere que más que sólo eso estamos ante una crisis planetaria de la Política en tanto profesión». En Una especie política nueva, 11 de marzo de 2015). En todo caso, la admitida satisfacción es idéntica a la descrita en Hallado lobo estepario en el trópico (28 de mayo de 2011):

El 3 de agosto de 1991, The Jerusalem Post publicaba una entrevista a mi amigo y mentor Yehezkel Dror. Entonces hacía veinte años de la publicación de su visionario libro: Crazy States: A counter-conventional strategic problem. (Dror, en aquel momento analista senior del más grande think-tank del planeta, la Corporación Rand, tipificó y anticipó la emergencia de jefes de Estado como Gaddafi, Idi Amín Dadá y Hugo Chávez). La entrevistadora, Daniella Ashkenazy, recordó un juicio crítico del libro en el prestigioso American Political Science Review: “Brillante pensamiento… pero ¿cómo puede ser tan fantasioso y estar tan distanciado de la realidad?” Cuando el tiempo le dio la razón, Yehezkel admitió: “Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón: a la vez satisfacción y pesar; satisfacción intelectual y pesar como ser humano”.

Gracias al estimado amigo Orlando Amaya, por quien supe del inestimable video. LEA

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    • Manuel Castells Oliván (Hellín, Albacete, España, 9 de febrero de 1942) es un sociólogo, economista y profesor universitario de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley, así como director del Internet Interdisciplinary Institute en la Universidad Abierta de Cataluña y presidente del consejo académico de Next International Business School. En los últimos veinte años ha llevado a cabo una vasta investigación en la que relaciona la evolución económica y las transformaciones políticas, sociales y culturales en el marco de una teoría integral de la información, cuyo ejemplo más claro puede ser el Proyecto Internet Catalunya que coordina. Los resultados de su trabajo se recogen en la trilogía La Era de la Información, traducida a varios idiomas. Castells es actualmente uno de los autores de referencia en el campo del estudio de la Sociedad de la Información. Desde el 16 de febrero de 2006 es académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, con la medalla número 38. Según el Social Sciences Citation Index 2000-2014, Manuel Castells es el quinto académico de las Ciencias Sociales más citado del mundo y el académico de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) más citado del mundo. (Wikipedia en Español).

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Diecinueve añitos

 

Unas 100 personas se concentraron en la neurálgica avenida Libertador, que comunica el este con el oeste de la capital venezolana, sosteniendo pancartas con mensajes como “calle sin retorno” y “calle por la libertad”. (AFP, 18 de noviembre de 2019).

 

El mes que viene se cumplirán 19 años de protestas opositoras de calle. En 2000, el infame decreto 1.011 de Hugo Chávez Frías, relativo a la designación de supervisores de educación con inconvenientes poderes, provocó una marcha de madres, que entonaban el lema «Con mis hijos no te metas», hacia el Tribunal Supremo de JusticiaTodavía las manifestaciones no habían adquirido el alcance generalizado de rechazo al gobierno como un todo; habría que esperar dos años.

No fue sino hasta el mes de enero de 2002 cuando pudo cuajar la convicción de que Chávez era derrotable, de que su salida era posible aún antes de que venciera su período presidencial. La gran marcha del 23 de enero así lo demostró. Chávez hizo todo lo posible por minimizar la significación de la marcha, hasta el 11 de abril la mayor manifestación pública escenificada en Venezuela. Desde prohibir el sobrevuelo de helicópteros como intento de impedir que los medios de comunicación pudieran mostrar su verdadera magnitud, hasta su mentira directa y patética al comparar el tamaño de la concentración opositora con el de la de sus partidarios. El país no cayó en el engaño, sin embargo, y todo el mundo supo que Chávez, por primera vez, había “perdido la calle”. Previamente había buscado negar la importancia de la efemérides, preguntando qué era lo que había que celebrar en esa fecha. (…) El 11 de abril se reunió la más gigantesca concentración humana que se haya visto en Venezuela en torno a las oficinas de PDVSA en Chuao. Un descomunal río de gente desbordaba la arteria vial de la autopista Francisco Fajardo. Personas de todas las edades y extracciones sociales se daban cita para protestar el atropello de la industria petrolera y exigir, a voz en cuello, como ya se había gritado el 23 de enero, la salida de Hugo Chávez de Miraflores. Confiado en su innegable y colosal fuerza, y estimulado por la consigna de los oradores de Chuao, que veían excedidas sus más optimistas expectativas, el inconmensurable río comenzó a desbordarse en dirección a ese palacio de gobierno. Por aclamación de unanimidad asombrosa, la mayoría aplastante del pueblo caraqueño, para asombro y terror de Chávez y sus secuaces, pedía que los militares se pronunciaran y sacaran al autócrata de la silla presidencial. (…) Luego los muertos. Muchos portaban chalecos que les hacían aparecer como fotógrafos de prensa. Asesinados a mansalva, con ventaja, con alevosía. La sociedad civil puso los mártires necesarios a una conspiración que, sordamente, se había solapado tras la pureza cívica de un movimiento inocente. (…) Semanas antes del sangriento día, un corpulento abogado trasmitía las seguridades que enviaba una “junta de emergencia nacional” a una reunión de caraqueños que habían descubierto su vocación por lo político en la lucha contra Chávez. Enardecido, con una bandera norteamericana prendida en la solapa, admitía que conspiraba junto con otros, que una junta de nueve miembros—cinco de los cuales serían civiles y el resto militares—ineluctablemente asumiría el poder en cuestión de días. Un editor rechazaba un artículo ofrecido a su revista en el que se exploraba caminos constitucionalmente compatibles, porque lo que iba a pasar era que “los factores reales de poder en Venezuela” depondrían a Chávez y luego darían “un maquillaje constitucional” a un golpe de Estado. Pedro Carmona Estanga emergería como el líder de un golpe cuyo blanco, antes que Hugo Chávez, depuesto por la presión de un pueblo, era este mismo pueblo, manipulado y utilizado por la sofisticación artera de operadores políticos que habían decidido la operación con bastante antelación. (…) Viajaron a los Estados Unidos para consultas, coordinaron calendarios, calibraron la temperatura creciente de la protesta popular, y estuvieron listos para el golpe de mano. Nada de esto sabían los que marcharon el 11 de abril. Nada sabrían hasta que la verdadera cara de los golpistas emergiera al día siguiente, 12 de abril de 2002. (…) Pedro Carmona Estanga traicionó sin escrúpulo la confianza de la sociedad venezolana, que había visto en él a uno de sus líderes. Al presidir un acto arbitrario como el de su autoproclamación y el del monstruoso decreto “constituyente” del 12 de abril, echó por tierra el enorme esfuerzo, regado con sangre, de la sociedad civil que había logrado el milagro político de deponer al autócrata de Sabaneta. (…) La sociedad civil venezolana no tiene nada que agradecer a Pedro Carmona Estanga. Por lo contrario, tiene mucho que reclamarle y cobrarle. El no es nuestro líder. Menos ahora, que abandona la escena en procura de su seguridad individual, mientras el resto de los venezolanos debe continuar sufriendo los despropósitos de Hugo Chávez. Chávez ha significado el más crudo y acelerado de los aprendizajes políticos para los venezolanos. Pedro Carmona, esperemos, representa para nosotros la pérdida definitiva de la inocencia más desprevenida. (Tragedia de abril, 14 de junio de 2002).

Ésas sí fueron marchas, bastante más al oeste de Caracas que la Plaza Brión de Chacaíto, que en sí misma es un progreso; al menos ya no se trata de la quinta Unidad—a pocos metros de la quinta La Esmeralda—, en la popular y populosa barriada de Campo Alegre que servía de sede a la Coordinadora Democrática, la madre de la Mesa de la Unidad Democrática. Por cierto ¿qué es de la vida de la MUD?

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La imaginación estratégica de la dirigencia opositora venezolana es realmente escasa*, lamentable; desde 2002 no hace otra cosa que convocar a marchas, y al menos la de 19 años atrás tenía un objeto específico para el repudio. Nunca ha sido capaz esa dirigencia de imaginar al Pueblo mandando en lugar de marchar y protestar. Jamás ha considerado llamarlo a decidir.

María Corina Machado, quien por cierto firmara al pie del monstruosos decreto de Pedro Carmona, acaba de declarar: “En el caso de los venezolanos son ya 20 años de lucha ejemplar de la ciudadanía pero se han cometido** errores garrafales que le dieron tiempo recursos y legitimidad para que la tiranía se asiente en el país y avance en su proceso de desestabilizar a otras naciones, por eso el TIAR representó un hito que trajo una gran esperanza a la sociedad venezolana y a otras naciones, nadie creía que podría aprobarse el TIAR en la AN y la OEA y se aprobó”.

No hay como insertarse en el «ciclo de las noticias», pero tampoco es ella muy imaginativa que se diga; no hace sino repetir sus propios y muy garrafales errores. Ya el 31 de mayo de 2005 había sido recibida en el Salón Oval de la Casa Blanca por el mismísimo George W. Bush, cosa que Juan Guaidó no ha logrado ni logrará con Donald Trump; esto es, ella anda en busca de intervenciones extranjeras, específicamente gringas, desde hace al menos catorce años, y eso es verdaderamente un error garrafal, y no precisamente porque en aquel entonces no hubiera pensado en invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca el que, dicho sea de paso, jamás fue concebido para tumbar gobiernos americanos. El año anterior había cometido el error garrafal de contratar a Ricardo Hausmann para «probar» que había habido fraude en el referendo revocatorio contra Hugo Chávez, el que nunca existió. El fallido intento—Alejandro Plaz, su colega en Súmate, admitió el 1º de agosto de 2005 ante asedio insistente de Pedro Pablo Peñaloza que le entrevistaba para El Universal, que no se había podido demostrar fraude y que tampoco se podría en el futuro—inauguró la mortal matriz de desconfianza en el sistema electoral venezolano, que tanto daño ha hecho a una larga serie de candidaturas de oposición. Tampoco Machado piensa en el Pueblo como agente de decisión.

No puede ocultarse lo pernicioso del régimen chavista, y la condición a la que ha sometido al país es repudiable en todo sentido. Es por ello que las ganas de mucho pueblo de protestarlo son harto explicables; el gobierno nos ha llevado a los límites de la exasperación. Pero mandar es muy preferible a protestar. La grave situación de la república, consecuencia de la necia intención de imponerle una camisa de fuerza socialista, sólo puede resolverla la Corona: el Soberano, el Poder Constituyente Originario. Éste es un poder supraconstitucional, sólo limitado por los derechos humanos y lo que la nación haya convenido con las soberanías equivalentes de otras naciones. Es éste el gigante que debe ser despertado para que hable, para que se pronuncie, para que manifieste su voluntad. No para que marche o fabrique pancartas, no para que golpee cacerolas o abuchee presidenticos en juegos de pelota, sino para que ordene. No hay eventos electorales próximos en el calendario nacional, pero siempre es tiempo de referendo. Podemos convocarlo cuando queramos. Más que nunca, es el tiempo de preguntar al Soberano si está conforme con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista, que es la coartada fundamental del actual gobierno y los que lo antecedieron desde 1999. (Hace dos días, en su amoroso programa Con el mazo dando, el Presidente de la Asamblea Nacional insistía, al comentar la “movida”, la irresponsable “salida” de López & Machado, que “la salida” era el socialismo). Es hora de que hable Su Majestad. Para esto es necesario, naturalmente, que el pueblo venezolano adquiera conciencia de Corona. Que se percate de que no tiene que desfilar para pedir o protestar, que no tiene que rogar pues puede mandar. Entonces bastará que diga tersamente, como la poderosa reina Victoria: “We are not amused”; cuando ella pronunciaba esas palabras, rodaban cabezas en Inglaterra. Bastará que digamos: “No estamos divertidos con el socialismo”. (La marcha de la insensatez, 12 de febrero de 2014, a propósito de la manifestación que Machado convocara en combinación con Leopoldo López, previo aviso a NTN24 de Colombia para que los entrevistara a ambos junto con Diego Arria y ¡Otto Reich!).

Ciertas cosas deben ser repetidas. LEA

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Debe admitirse algo de imaginación en Juan Guaidó o, más bien, en sus libretistas de Washington; a pesar de su falsedad intrínseca, su autoproclamación es al menos ocurrente, más que la declaratoria de abandono del cargo por parte de Nicolás Maduro que inventara Julio Borges y ya nadie menciona.

** La expresión «se han cometido errores garrafales» es gramaticalmente incorrecta. En castellano, el verbo concuerda en número (singular o plural) con el sujeto de la oración, no con su complemento directo, que en este caso es «errores garrafales». Debe decirse «Él comió (sujeto y verbo en singular) muchas arepas» (complemento directo en plural). Ese tipo de oración—»Se hace viajes y mudanzas», «Se pone inyecciones»—es una oración cuasirrefleja, con apariencia de refleja, como «Él se peina», en la que el sujeto y el complemento directo son lo mismo; la acción del sujeto recae sobre sí mismo; el sujeto es su propio complemento directo. Es un tipo de oración impersonal—»Llueve», por ejemplo—, una cuyo sujeto no está especificado y debe ser presumido en singular; no se dice «Llueven sapos y culebras», sino «Llueve sapos y culebras». Lo correcto es decir «se ha cometido errores garrafales», a pesar de una lamentable difusión del feo vicio gramatical.

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