Lo que está mal en el mundo

Los esposos G. K. Chesterton y Frances Blogg con su cachorro

 

A Maya, mi nieta, quien hoy cumple veintidós años

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El párrafo más acojonante de la historia de la literatura política

 

Al final de su libro Lo que está mal en el mundo, G. K. Chesterton alude a una ley promulgada en aquel período en el Reino Unido según la cual, para evitar las epidemias de piojos en los barrios pobres, los niños de la clase obrera deberían llevar las cabezas rapadas. Los pobres, escribe Chesterton, se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. En consecuencia, los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos. Y es que sería largo y laborioso cortar las cabezas de los tiranos; es más fácil cortar el pelo de los esclavos. En el razonamiento que hila la conclusión de este libro formidable, Chesterton sostiene que la lección de los piojos de los suburbios es que lo que está mal son los suburbios, no el pelo. Y dice una cosa verdaderamente sorprendente: sólo por medio de instituciones eternas como el pelo podemos someter a prueba instituciones pasajeras como los imperios.

Chesterton lleva todo el libro pensando un punto de partida sobre el que construir todo un orden social, un mínimo más allá del cual no tiene sentido defender nada. Y comienza así el último párrafo del libro, el más bello que yo haya leído en mi vida sobre el tema de la revolución: Hay que empezar por algún sitio y yo empiezo por el pelo de una niña. Cualquier otra cosa es mala, pero el orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es bueno. Es una de esas ternuras que son inexorables y que son la piedra de toque de toda época y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias están en su contra, habrá que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio. Porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una distribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla del pelo rojo, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser mutilados y destrozados para servirle a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos caerán, pero no habrá de dañarse un pelo de su cabeza. 

G. K. Chesterton, Lo que está mal en el mundo. Ed. El Acantilado. (Traducción de Mónica Rubio Fernández).

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Anécdota apócrifa

Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger

 

apócrifo, fa

Del lat. tardío apocry̆phus, y este del gr. ἀπόκρυφος apókryphos ‘oculto’.

  1. adj. Falso o fingido. Un conde apócrifo. 2. adj. Dicho de una obra, especialmente literaria: De dudosa autenticidad en cuanto al contenido o a la atribución.

Diccionario de la Lengua Española

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La II Guerra Mundial se inicia con la invasión de Polonia, el 1º de septiembre de 1939, por el ejército de Adolfo Hitler.

En uno de los primeros encuentros, un soldado alemán apuntaba a uno polaco que tenía a poca distancia. En eso escucha una voz del cielo, que le dice: «No lo mates; él va a ser Papa». El alemán pregunta: «¿Y yo?» Desde arriba dice la voz celestial: «Tú serás su sucesor».

Supuestamente serían el soldado polaco Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y el soldado alemán Joseph Ratzinger (Benedicto XVI). La anécdota es imposible, porque si bien Wojtyla nació en 1920 y habría tenido entones 19 años, Ratzinger nació en 1927. Ni el monstruo de Hitler empleó soldados de doce años de edad en 1939.* Aun así, «Se non è vero, è ben trovato».

Lo anterior fue el último cuento que contó mi suegro, el insigne pediatra Armando Sucre Eduardo, a quien recordamos especialmente por estas fechas, pues se nos fue el 30 de diciembre de 2008. En su honor, pongo acá una pieza de un compositor polaco, la Polonesa Heroica (en La bemol mayor, op. 53) de Federico Chopin, interpretada por Walter Gieseking, un pianista alemán:

 

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* En 1943, a sus dieciséis años, Ratzinger se encontraba ya en el seminario cuando fue forzosamente reclutado para las Juventudes Hitlerianas y adiestrado en servicios de infantería. «…tomó parte en el Reichsarbeitsdienst que era un una organización para el apoyo del ejército alemán, donde él, junto con otros compañeros, construyeron barreras antitanque. Ratzinger desertó en los últimos días de la guerra, pero fue hecho prisionero por soldados aliados en un campo cerca de Ulm en 1945″. (Wikipedia en Español).

 

LEA

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Madurando

 

Armando Sucre, mi suegro, es el más elegantemente uniformado al centro de la foto, flanqueado a la izquierda por Andrés, el mayor de los Sucre Eduardo, y a la derecha por Gonzalo Sucre (elevado al Salón de la Fama del Deporte Venezolano). Participaron en un juego de alumnos del Colegio San Ignacio contra unos antiguos, bastante mayores.

 

A NS

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En mi casa no mando yo, manda mi esposa. No en balde define el Diccionario de la Lengua Española:

señor, ra Del lat. senior, -ōris ‘más viejo’. 1. m y f. Persona que gobierna en un ámbito determinado. La señora de la casa.

Cuando hay campeonatos mundiales de fútbol, ella manda que lo que se vea en los televisores sea los juegos del gran evento cuatrienal; como comprueba la foto, es cosa de sangre. Algunos los vemos en su computador portátil gracias a un programa especializado en la transmisión de los partidos del jugado en Catar. En casa sólo recibimos en pantalla más grande la señal de Televén, y hoy estaba sintonizada en ella para los juegos de la jornada que transmitiría. Tal circunstancia me permitió, mientras esperaba, ver al presidente Nicolás Maduro en una gran rueda de prensa con participación de periodistas sobre lo acordado en la exitosa nueva rueda de negociaciones de gobierno y oposición celebrada en México.

Maduro centró la mayor parte de su discurso inicial en la celebración del acuerdo de gobierno y oposición contra las sanciones internacionales que pesan sobre Venezuela. En esto se regodeó, con razón y alguna inexactitud: más de una vez se refirió a las sanciones que impuso Donald Trump a Venezuela, pero ellas comenzaron—con menor crudeza y extensión, hay que admitir—en el gobierno de Barack Obama.

Este blog ha criticado sustancialmente a los gobiernos de Nicolás Maduro—antes a los de su predecesor—, pero la cosa ha podido ser peor. (Por ejemplo, para Juan Guaidó, quien no ha sido sancionado en modo significativo por su protagonismo patrañero. Para el suscrito, tal circunstancia revela no tanto una sabiduría política de Maduro como su temor a peores sanciones de los «más de cincuenta países» que reconocieron en Guaidó al Presidente «legítimo». Hace tiempo que Guaidó debió ser detenido).

Volvamos al balompié. El equipo favorito de mi señora y jefa es, desde siempre, el brasileño. En reconocimiento de tal hecho irrefutable, pongo acá el Himno Nacional de Brasil:

 

 

Personalmente, prefiero en el mundial catarí a ese vecino país sudamericano antes que al argentino, sobre todo luego de escuchar unas trescientas veces al narrador del enfrentamiento con Polonia decir Argentina, por más que respete y admire al Sr. Leo Messi.

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Hombre de humor

A la cesación de su cargo como Presidente de la Federación Rusa, Mijaíl Gorbachov experimentó la estrechez económica. (Lo que es signo de que no incurrió en peculado). Aceptó entonces aparecer en una famosa cuña de televisión para la cadena Pizza Hut, lo que le representó ansiados ingresos.

He aquí el divertido comercial:

 

 

 

¡Por Gorbachov!

LEA

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Mea culpa (et absolutio)

En 1971 Pablo Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente».

 

En más de un sitio de este blog me he quejado de la sordera de terceros ante planteamientos políticos que he hecho y sigo creyendo acertados. También he reportado, con menor frecuencia, mi propia e incesante autocrítica, a la que me obliga esta cláusula de mi Código de Ética (1995):

5. Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.

En Dos despertares di cuenta el pasado 20 de mayo:

Hoy he amanecido dos veces. La primera a eso de las 4 y media de la madrugada, en estado depresivo que es en mí infrecuentísimo. Los pensamientos que ocupaban mi cerebro consciente se ubicaban en tres posiciones: 1. el estado de la humanidad aún pandémica, a más de dos años de la emergencia del virus COVID 19 y sus mutaciones; 2. la persistencia de los estados de guerra en múltiples focos del planeta, a los que se ha sumado el desquiciante conflicto ruso-ucraniano; 3. la terca y generalizada sordera ante mis análisis y recomendaciones políticas.

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Pero el año pasado vi en Netflix una película de 2016, recientemente incorporada al sitio de streaming. Se trata del filme—Neruda—de Gael García Bernal en el que asimismo actúa como policía. Me enseñó mucho acerca de la trayectoria del gran poeta chileno.

 

 

Por ella supe de un poema que no había leído ni oído nunca y me impactó grandemente, obligándome a reflexionar.

No culpes a nadie – Pablo Neruda

Nunca te quejes de nadie, ni de nada,
porque fundamentalmente tú has hecho lo que querías en tu vida.

Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo
y el valor de empezar corrigiéndote.
El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,
enfréntala con valor y acéptala.

De una manera u otra es el resultado de tus actos
y prueba que tú siempre has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado,
así como la causa de tu futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones,
de quien vivirá a pesar de todo,
piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo
y tus problemas sin eliminarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos,
mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte
y dejarás de ser un títere de las circunstancias
porque tú mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate,
lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida;
nunca pienses en la suerte, porque la suerte es:
el pretexto de los fracasados.

Pasé una semana entera de autocrítica luego de verla.

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Ayer, sin embargo, releí el generoso comentario de Lorenzo Lara Carrero, del 29 de mayo de 2011 en Hallado lobo estepario en el trópico:

Querido Luis Enrique: una intransigencia como la tuya es una bendición, pues está basada en principios y fundamentos sólidos, con argumentos bien ensamblados totalmente racionales, además muy bien escritos y apoyados en información completamente actualizada.

Tu intransigencia es necesaria en este momento en nuestro país, cuando las instituciones son más frágiles que nunca, la mentira pública y notoria predomina, la ignorancia asume con total irresponsabilidad y desvergüenza posiciones que nos afectan a todos y, lamentablemente, la mayoría de las personas arriesgamos poco, todavía, en favor de genuinos intereses colectivos.

Agradezco tu intransigencia y el trabajo que dedicas al análisis y a las propuestas en favor de esos genuinos intereses colectivos. Gracias por estar dispuesto a asumir el papel de «Lobo estepario» tropical.

A veces es difícil lidiar con tus argumentos, a veces son incómodos. Esas características son, precisamente, señal clara de su importancia para nuestro país.

Un gran abrazo,

Lorenzo

Entonces opté por seguir adelante, al tiempo que me negara a la soberbia. En la misma entrada dejé esta constancia:

Salvo la envidia y la avaricia, me confieso practicante de los restantes cinco pecados capitales, pero no guardo rencores. El resentimiento es en mí una emoción efímera, cuestión de horas; sé que la llegada de un nuevo paradigma es asunto muy difícil, y por eso tengo paciencia con mis detractores. Y no reivindico que tenga mérito alguno en mi manera de ser, como tampoco admito la culpa.  Fueron mis padres quienes me hicieron, y a mi cabeza y mi corazón, con su amor de recién casados. Ellos quienes escogieron mi querido colegio de la infancia y primera juventud, donde tuve la suerte de excepcionales profesores que forjaron mi modo de pensar y mi postura ante la vida. Lo que haya podido lograr no se explica sino a partir de esa suerte y la de haber seguido trayectorias que a otros estuvieron vedadas. (…) De resto, estoy dispuesto a pagar el precio de mi juramento de 1995, aun cuando ése sea la peor maldición para un político: la soledad. Porque es que Armanda dijo a Harry Haller—Der Steppenwolf—, según la invención de Hermann Hesse: «Pero también pertenece del mismo modo a la eternidad la imagen de cualquier acción noble, la fuerza de todo sentimiento puro, aun cuando nadie sepa nada de ello, ni lo vea, ni lo escriba, ni lo conserve para la posteridad».

 

LEA

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Ricardo el joven

Ricardo Zuloaga no era de estirpe felina. Su corazón no era de león arrebatador, sino de noble caballo libre, como el del escudo de Venezuela. Se entendía muy bien con los corceles, con los aviones que volaban como sus ideas. Se entendía muy bien con la gente o, más bien, nosotros le entendíamos perfectamente. Su vida entera fue una larga y límpida lección de nobleza y libertad. (…) Dios lo bendijo con el carisma de la bondad y, como decía Pedro Grases, «La bondad nunca se equivoca».

Ricardo Corazón de Caballo (25 de febrero de 2011).

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Aumenta mi agradecimiento a CINESA; después de los documentales biográficos que dedicara a Juancho Otaola y Tomás Sanabria, he podido ver en YouTube el que realizara sobre el grandísimo venezolano que fuera Ricardo Zuloaga Pérez Matos*, con quien tuve el honor de mantener una cálida amistad fundada en su generosa apertura.

 

 

El extraordinario documento fílmico es uno más de la estupenda serie Constructores de un País. Éste es el equipo que lo hizo posible:

Guión y Dirección: Óscar Lucien
Asesoría Cinematográfica: Carlos Oteyza
Producción Ejecutiva: José Ignacio Oteyza, Daniela Nieves
Producción General: Oriana Petit
Dirección de Fotografía: Gustavo Poleo
Edición y Postproducción: Carlos Guerrero
Música Original: Luis Contreras, Eleventh Studios
Locución: Claudia Nieto
Mezcla de Sonido: Luis Lara, Bolívar Films

Gracias, muchísimas gracias. LEA

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En una nota al pie del primer libro—Alicia Eduardo – Una parte de la vida—de Cecilia Ignacia Sucre Anderson, mi esposa, se refiere esta anécdota sobre su abuelo: «El Dr. Ricardo Zuloaga cuenta que entró en pánico cuando supo que había sido nombrado, en la década de los cincuenta, junto con Juan Bernardo Arismendi en la comisión para la expropiación de los inmuebles de la futura avenida Urdaneta. Creyó que su juventud no le permitiría equilibrar al telúrico y apabullante empresario inmobiliario que era Arismendi, así que solicitó apoyo de alguien más experimentado. Se nombró entonces a Andrés Sucre Sucre, ya dueño de significativo prestigio. Andrés pudo fácilmente, para alivio de Zuloaga, lidiar al gigante y moderarlo. Zuloaga y otros de los jóvenes que trabajaban con él decían que, como aquella avenida estaba planificada desde la Andrés Bello hasta la Sucre, debería llamarse avenida Andrés Sucre en lugar de Urdaneta».

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