Más allá del voto popular su decisión

La cura es un pronunciamiento del Soberano

La cura es un pronunciamiento del Soberano

 

Siguen impertérritos los dirigentes de la clase política nacional, oficialistas y opositores. Ambos se preparan al cotejo electoral del 6 de diciembre: el gobierno con el cierre militar de fronteras—lo último: el Vicepresidente Ejecutivo Jorge Arreaza comentó hoy que con el estado de excepción extendido a los municipios Rómulo Gallegos y Pedro Camejo se va a «corroborar» la propiedad de las fincas «para hacerlas productivas» (El Universal: Revisarán «finca por finca» titularidad de tierras en Apure)—, el desacato a una sentencia supranacional que lo obliga, la condena absurda a un connotado opositor, la cotidianidad de su guerra sucia—banalidad del mal, diría Hannah Arendt—y la negación a la realidad económica; la oposición con comunicados y el anuncio de nuevas marchas, luego del resonante fracaso de la última convocatoria (8 de agosto).

Luis García Mora escribió el domingo pasado en Prodavinci:

Lo grave es que el Gobierno sigue imponiendo la agenda. Y la oposición no lo logra. Y pendientes: las elecciones las gana quien lleva la iniciativa, quienes llevan la vanguardia en los temas y los plantean. La oposición no articula una sola idea que obligue al Gobierno a reaccionar, a responderle. Eso no significa que tengan perdidas las elecciones, sino que de no actuar (quedan todavía tres meses), el Gobierno puede salir mejor parado el 6-D de lo que debería. En lo que queda de campaña, los líderes y estrategias del comando de la Unidad (Borges, Ramos Allup, Freddy Guevara y Márquez) tienen que imaginar (por decirlo así) su propio Dakazo, su crisis de frontera, su sentencia. Vale decir: la oposición necesita un evento que produzca el quiebre, pero los mediocampistas no pasan el balón, no generan los espacios, no producen variantes. Puro pase largo infinito y sin ubicación, con un déficit organizativo contra un Gobierno que sí lo tiene.

En ninguno de los dos lados emerge un interés por dar al Pueblo la tribuna de oradores. Son los políticos profesionales los que guardan celosamente el protagonismo—¿cómo podría entrevistarse al Poder Constituyente Originario en CNN, cuál es su dirección en Twitter?—, para que no caiga en manos del Soberano que teóricamente preside una democracia «participativa y protagónica». No creen en ella. El oficialismo calla sobre el punto, la oposición se refiere a él a regañadientes para decir que no se debe «distraer esfuerzos». (Jesús Torrealba: «Para cruzar ese puente hay que llegar al río» y, por supuesto, «No estamos en un cantón suizo»).

El 5 de abril del año pasado aumenté la apuesta, al plantear la celebración de un Gran Referendo Nacional que daría participación a ambos lados de la contienda. (En la emisión #89 de Dr. Político en RCR). He aquí un fragmento de 15 minutos, proveniente de esa transmisión:

(Fe de erratas: al comienzo del audio digo que un revocatorio se convoca a los cuatro años del período constitucional; en verdad, puede convocarse una vez cumplida la mitad del período: después de tres años de iniciado. En el caso del presidente Maduro, a partir del 10 de enero de 2016).

Sigo creyendo que es la voz del Pueblo la que sanará nuestras heridas.

LEA

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HACE SEIS AÑOS

Se reproduce acá el #351 de la Carta Semanal de doctorpolítico.

Licitación pública

Cartas

Interpretaciones de la verdad

Lo sé bien porque en aquel entonces yo mismo formaba parte importante del coro: fue en tiempos de “Pérez, segunda parte” cuando escribí una telenovela que alcanzó gran audiencia nacional, algunos de cuyos personajes más recordados no hacían sino llevar agua al molino de la antipolítica. En aquella telenovela todos los políticos eran cínicos, todos los empresarios estaban por el “Estado pequeño”, y por ello mantenían funcionarios corruptos en su nómina, y todas las transgresiones de la ley por parte de la “lumpenpobrecía” marginada estaban justificadas.

Ibsen Martínez
Una conversación con Moisés Naím
Noviembre de 2007

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Crece la magnitud de un repudio bifronte. Una de sus caras gesticula en rechazo a Hugo Chávez Frías y su gobierno, por supuesto; la otra hace muecas cada vez más críticas a los partidos de oposición, las que significan también, por extensión, una crítica a la Mesa de la Unidad. Hasta un defensor tan tenaz y leal de la oposición formal y sus aprendizajes como Teodoro Petkoff emitió una señal de alarma; el miércoles 23 de septiembre, desde su seudónimo Simón Boccanegra, escribía “¡Auxilio! ¿Adónde va la oposición?”, que iniciaba diciendo: “La verdad sea dicha: este minicronista está a punto de tirar la toalla con la oposición. El espectáculo no puede ser más deplorable. Un lío de órdago en Copei; un proceso interno en AD que termina con la expulsión del ex presidente de ese partido; un plan en marcha de algunos sectores de oposición contra otros”. Tan sólo cinco días antes (18 de septiembre) había alertado contra “El deporte de tirarle piedras a la oposición”. Ahora reportaba dolida incredulidad porque la cosa llegara hasta sostener que la recién nacida hija de Leopoldo López sería “bisbisnieta de Bolívar”, una filiación imposible por cuanto el Libertador no dejó descendencia, que se sepa. Algún asesor de López adujo que políticamente se estaba en una “batalla por los símbolos” e inventó un “astuto” correo electrónico apócrifo en el que se felicitaba a la tierna descendiente del héroe y su orgulloso padre. Boccanegra puso punto final: “Por este camino, Chávez forever”.

En su mismo periódico, Tal Cual, su articulista estrella cogió el cambio de seña; Ibsen Martínez decía desde sus páginas, luego de que otros cinco días hubieran transcurrido (28 de septiembre):

Ciertamente, políticos hemos tenido en el pasado que hicieron todo lo posible por ganarse el descrédito y el hartazgo generales con que ayudaron, como suele decirse, a tenderle la cama a Hugo Chávez. Pero, trascurridos más de diez años de la hecatombe que heló la sonrisa socarrona con que Herrera Campins miraba de soslayo a Irene Sáez como quien miraba a la gran esperanza blanca, el mismo tiempo transcurrido desde que un empequeñecido Alfaro Ucero fue dejado en el hombrillo y sin gato, sin mayor ceremonia, por los líderes de su partido para apoyar a un cacique carabobeño, cabría esperar que los herederos de aquellas carcasas hubiesen aprendido algo de su difícil y noble oficio. No ha sido así. Basta ver los indescifrables tejemanejes internos de “Un Nuevo Tiempo”, la presencia casi exclusivamente declarativa que hoy tiene “Primero Justicia”, la maquinal melancolía con que se desenvuelve la querella copeyana y el fachendoso histrionismo con que Ramos Allup cree velar lo que ocurre a bordo de esa nave de inactuales zombies todavía llamada “Acción Democrática”, para quitarse el sombrero ante la noble consecuencia de la masa opositora.

El título del artículo de Martínez no dejaba lugar a dudas: “¿Chávez forever?”, haciendo eco de la campanada de Petkoff. La cosa es grave. Tan sólo la semana pasada se aludía aquí, antes de ese más reciente artículo de Martínez, a la admisión reproducida en el epígrafe:

La verdad es que los partidos venezolanos, especialmente Acción Democrática y COPEI, que alternaron en el poder suministrando seis personalidades para ejercer ocho presidencias entre 1959 y 1999, no necesitaron ayuda para deteriorarse ante la opinión pública, no necesitaban que Ibsen Martínez expusiera sus defectos en una telenovela que fue posible porque copió de la realidad política, a pesar de que recientemente él haya llegado a pensar que se le fue la mano y se sienta, sin motivo, culpable de la venida de Hugo Chávez por haber atizado la antipolítica.* (Carta Semanal #350 de doctorpolítico, 25 de septiembre, tres días antes de “Chávez forever”).

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Se conversa, se conversa...

Se conversa, se conversa…

La situación es tal que emblemáticos ex líderes de aquellos emblemáticos componentes del bipartidismo difunto—y hasta un ex chavista también emblemático—se ponen de acuerdo en un discurso: estamos en una situación muy delicada: Chávez se viene abajo y del otro lado no hay quien capitalice el desplome; los partidos de la Mesa de Unidad no son capaces; es preciso establecer una organización política nueva. Uno de ellos sostiene que se trata de consolidar un gran partido anti Chávez, que arrancaría con los cinco millones de votos del 15 de febrero en el bolsillo, y algunos parecen entender que Leopoldo López tendría la clave de esa nueva organización. A fin de cuentas, López cuenta con la experiencia acumulada de cuatro organizaciones: Primero Justicia Asociación Civil—la que recibió en su oportunidad reales de la PDVSA de Giusti gestionados por la madre de López, antaño Gerente de Asuntos Públicos de la División de Servicios de la empresa, mientras su hijo se desempeñaba como Analista de Entorno Nacional en la misma compañía—, Primero Justicia partido, Primero Justicia “popular” (al romper con Julio Borges) y Un Nuevo Tiempo (paciente partido con el que también rompe, después de auspiciar un candidato distinto, su propio de a caballo, al de UNT para la Alcaldía de Chacao). Para consolidar esta opción lopecista ante pretensiones de reciclaje candidatural de uno de los viejos, es que se ventila filiaciones bolivarianas. (En realidad, pone Wikipedia: “López’ mother, Antonieta Mendoza, is the daughter of Eduardo Mendoza Goiticoa, who is the great-grandson of the country’s first president Cristobal Mendoza and descended from the same family of Bolivar himself. More specifically, Leopoldo López is the great-great-great-great-nephew of Simón Bolívar”). Retátarasobrinonieto, pues, para estar claros.

En otro eje menos mantuano, una segunda protocandidatura presidencial intenta organizar la oposición a Chávez en su favor. Unidos por la Democracia es la marca que distingue profusos correos electrónicos en promoción de la figura de Antonio Ledezma. A comienzos de la huelga de hambre estudiantil que anoche concluyera abruptamente, las transmisiones electrónicas saludaban que se siguiera “el ejemplo de Antonio Ledezma”, el inventor y titular de la franquicia de las huelgas de hambre en predios de la representación en Caracas de la Organización de Estados Americanos. Ahora escribe (Terminó la huelga sin pena ni gloria) Miguel Ángel Nieto en nombre de Unidos por la Democracia: “…con un profundo dolor y decepción escribo esta noche, y la primera reflexión que me hago es, ‘SERA QUE NOS MERECEMOS A CHAVEZ’, pues en este plan, el país nacional se va decepcionando cada día mas, es así como hace pocos momentos vimos terminar sin pena ni gloria un esfuerzo loable que mantuvo arrinconado al régimen quien estaba pagando un costo altísimo y el mundo entero veía como los heroicos estudiantes dejaban desnudo ante el mundo al régimen, pero al final sucedió como dice el viejo refrán: MATARON AL TIGRE Y LE TUVIERON MIEDO AL CUERO…”

Más adelante pone (se corrige un poco el atropellado texto):

Desde que la huelga empezó se dijo que no era sólo por Julio Rivas, es más en el día de ayer al salir en libertad y declararse en huelga de hambre así lo manifestó, era por algo más importante que un solo preso político que hoy con justicia logró la libertad, pero hasta aquí todo muy bien, pero y dónde queda RICHARD BLANCO, DONDE QUEDAN LOS 11 EMPLEADOS DE LA ALCALDIA METROPOLITANA, DONDE QUEDA MARACAO, no amigos me disculpan si hiero susceptibilidades o les aguo la fiesta a alguien, pero esto no puede ser, pero es que hay algo peor, donde quedó la solicitud de que el régimen permitiese la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Venezuela, ah?, la cambiaron por una visita de ellos a la OEA en Washington, y me pregunto, carajo será que los Derechos Humanos nos los violan allá?

Etcétera.

Por supuesto, Antonio Ledezma también hizo publicitado turismo opositor de visita a la OEA en Washington, y suspendió su propia huelga de hambre sin que el caso de Richard Blanco o el de los once empleados de la Alcaldía Metropolitana, por los que ahora se fustiga a los estudiantes, estuvieran resueltos. A pesar de sus lamentaciones, Nieto concluye (esta vez sin correcciones): “Pero animo Venezuela, la lucha continua, los Julio, al igual que los valientes de otras anteriores huelgas jamás se dan por vencidos, y ahora es cuando la lucha continua, pero eso si y esto jamás lo olviden: LAS GRANDES HUELGAS DE HAMBRE COMO LAS DE GHANDI, Y OTRAS JAMAS TUVIERON ESTE TRISTE FINAL”.

Se dice que los residuos atávicos de Acción Democrática ven ahora en Antonio Ledezma a su propio candidato presidencial en 2012. Es sabido que, antes de fundar Alianza Bravo Pueblo y destacarse en la prédica abstencionista del “Comando Nacional de la Resistencia”, Ledezma era militante adeco.

¿Será que nos merecemos a Chávez? ¿Chávez forever?

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Desde una óptica distinta, sin embargo, estas cosas que parecen horribles pueden ser entendidas como manifestaciones diversas de una sola preocupación: la lucha contra la dominación de Hugo Chávez. Si pueden estar ésas y otras iniciativas equivocadas, de todos modos revelan una actitud generalizada que procura expresarse en acción, no quedarse con los brazos cruzados.

Se puede participar más

Se puede participar más

Las iniciativas, por otra parte, no son exclusivas de los espacios partidistas. En una miríada de puntos del país una angustiada creatividad busca salidas y soluciones. Por ejemplo, los hermanos Vladimir y Rodrigo León han descubierto una ingeniosa fórmula para arribar a postulaciones con apoyo mayoritario a la Asamblea Nacional: que cada partido u organización de la “sociedad civil” confeccione planchas con candidatos a presentar en unas elecciones primarias, cuyos votantes pueden componer la suya propia combinando nombres de una y de otra. Si el estado X tuviera para elegir a doce diputados, cada organización postulante—una treintena, tal vez—presentaría una plancha con doce nombres, y los participantes en las primarias opositoras del estado en cuestión compondrían por su lado sus listas personales. Un programa de computación desenredaría la madeja con ayuda del método D’Hondt y restituiría la representación proporcional que la Ley Orgánica de Procesos Electorales ha debilitado gravemente, al menos para la selección de los candidatos opositores.

Así como la Fórmula León, hay muchas ideas que carecen de espacio para ser analizadas y debatidas, un espacio capaz de crear foco y orden a partir de la cacofonía de la oposición. La Mesa de la Unidad no es, obviamente, ese espacio, pero pudiera ella propiciar el establecimiento de una “Asamblea Democrática”—siglas: A. D.—a la que pudiera llevarse ideas como la descrita u otra cualquiera de mayor gravedad aún. Por ejemplo, la proposición de construir una nueva organización política, en vista del agotamiento práctico, o aun extinción, de los canales partidistas tradicionales.

Bastante ha tardado en emerger el todavía incipiente consenso acerca de la conveniencia de una organización política “de código genético distinto” del que determina la conducta de los partidos conocidos. En innumerables ocasiones se ha tocado el tema en esta publicación. He aquí una típica (Carta Semanal #69 de doctorpolítico, 15 de enero de 2004):

En febrero de 1985, luego de largos meses de trabajo y análisis, fue posible arribar en Venezuela al diseño general de un tipo de asociación política caracterizado por un código genético diferente al de un partido convencional. Subyacía al análisis un diagnóstico de insuficiencia política de los actores políticos tradicionales, y se ubicaba la etiología de esa condición en una “esclerosis paradigmática” de esos actores. Esto es, que no ya la negatividad de tales actores (la idea de que serían intencionalmente nocivos o de que la actividad política es de suyo una praxis “sucia”), sino la insuficiencia de su positividad en razón de que operaban dentro de marcos conceptuales obsoletos, era la causa del deplorable desempeño de nuestro Estado, de nuestras instituciones y de los actores políticos predominantes. Creía tenerse claro para entonces que se requería toda una sustitución de paradigmas y la emergencia de un vehículo asociativo nuevo, que dejara atrás los vicios de constitución que fuerzan a los partidos convencionales, independientemente de la buena voluntad de sus integrantes y dirigentes, a un desempeño insuficiente.

Así, se planteaba en un “documento base” de esta nueva asociación cosas como las siguientes: “Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente la afirmación que hacemos”. Y más adelante especificaba: “No basta, sin embargo, para justificar la aparición de una nueva asociación política la más contundente descalificación de las asociaciones existentes. La nueva asociación debe ser expresión ella misma de una nueva forma de entender y hacer la política y debe estar en capacidad de demostrar que sí propone soluciones que escapan a la descalificación que se ha hecho de las otras opciones. En suma, debe ser capaz de proponer soluciones reales, pertinentes y factibles a los problemas verdaderos”.

Hace casi 20 años, por consiguiente, ya algunas cabezas interesadas en el proceso político nacional veían muy difícil una metamorfosis de los partidos que les permitiera ser portadores de un nuevo paradigma acerca de la Política, distinto del prevaleciente enfoque “realista” o de Realpolitik. Habiendo generado un diseño consecuente con el diagnóstico y el análisis, habiendo tenido éxito en formular un paradigma alterno, experimentaron no obstante todo género de dificultades para constituir la asociación. El experimento era visto como excesivamente romántico.

A las alturas de septiembre de 2004, en cambio, es posible que ya sea más que evidente que la insuficiencia del viejo modo de hacer política, vistos los resultados de un gobierno irresponsable y arrogantemente “revolucionario” y de una oposición insustancial e incompetente, implique la necesidad de construir e impulsar nuevos cauces para la expresión de vocaciones públicas.

La cosa, pues, no es nueva. Es asunto largamente pensado.

Los que puedan proponer que propongan

Los que puedan proponer que propongan

Ahora bien, comoquiera que la necesidad de la nueva organización ha aflorado en más de una cabeza venezolana, y dado que algunos—Leopoldo López, por caso—tienen un concepto más o menos aterrizado de lo que pudiera ser, convendría contar con un espacio en el que todas las versiones imaginadas sean cotejadas en licitación política. Conviene hacer su contraste como proposiciones de conjunto, una contra la otra. Acá se sugirió el 28 de agosto de 2003 (Carta Semanal #51):

Si el Ministerio de Sanidad se encontrase ante la necesidad de construir un nuevo hospital público, seguramente no convocaría a una masiva reunión de arquitectos, médicos, pacientes, enfermeros, administradores de salud, a celebrarse en un gran espacio como el Parque del Este para que, “participativamente”, se pusieran de acuerdo sobre el diseño del hospital.

En cambio, determinaría como primera cosa, técnicamente, los criterios de diseño: debe ser un hospital para 1.500 camas, debe cubrir las especialidades tales y cuales, no debe pasar de un costo de tanto, etcétera.

Una vez con tales criterios en mano, procedería a llamar a licitación a unas cuantas oficinas de arquitectura demostradamente capaces. Las oficinas de arquitectos que participaran en la licitación desarrollarían, cada una por su lado, un proyecto completo y coherente. No serían admitidas, por ejemplo, proposiciones que sólo diseñaran la sala de partos o la admisión de emergencias. Cada oficina tendría que presentar un proyecto completo. Sólo así podrían competir, la una contra la otra, en una licitación que contrastaría una proposición coherente y de conjunto contra otras equivalentes.

¿Cuáles pudieran ser, en este caso, los criterios de diseño que guiaran a los licitantes? A juicio de esta publicación debieran ser los siguientes:

1. la organización no debe ser un partido político convencional definido por una ideología, ni nacer para oponerse o desplazar a los partidos; debe regirse, en cambio, por una metodología y deberán poder pertenecer a ella miembros de partidos;

2. la organización no debe serlo de organizaciones, sino de ciudadanos;

3. la organización no debe definirse como instrumento de la “comunidad opositora”, y su apelación universal debe ayudar a subsanar el problema de un país dividido.

Así que los arquitectos que propugnan una nueva organización política—Leopoldo López, por ejemplo—que participen en la licitación política abierta y pública aquí propuesta, en vez de promover su proyecto en arreglo de cogollos o mandarinatos. Esto es, si es que esa cosa de la unidad tiene algún valor. De lo contrario, que cada quien siga su rumbo. LEA

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*Por estas calles comenzó transmisiones el 3 de junio de 1992; difícilmente hubiera podido causar algo que se manifestara cuatro meses antes. No es de RCTV o Ibsen Martínez la culpa del chavoma.

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¿Qué se debe hacer? (y III)

esclerosis-multiple-sintoma

 

insuficiencia. 1. f. Falta de suficiencia. 2. f. Cortedad o escasez de algo. 3. f. Incapacidad total o parcial de un órgano para realizar adecuadamente sus funciones. Insuficiencia hepática.

esclerosis. 1. f. Med. Endurecimiento patológico de un órgano o tejido. 2. f. Embotamiento o rigidez de una facultad anímica.

Diccionario de la Lengua Española

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La insuficiencia política funcional en Vene­zuela no debe explicarse a partir de una supuesta maldad de los políticos tradicionales. Con seguridad habrá en el país políticos “malévolos”, que con sis­temati­cidad se conducen en forma maligna. Pero esto no es explicación suficiente, puesto que en la misma proporción podría hallarse políticos bien intencionados, y la gran mayoría de los políticos tradicionales se encuentra a mitad de camino en­tre el al­truismo y el egoísmo políticos. La explicación última de nuestra insuficiencia política funcional reside, pues, en la esclerosis paradigmática del actor político tradicional.

Dictamen, junio de 1986

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Llamo la «hipótesis de las tías» a la siguiente admonición, escuchada con alguna frecuencia: «No, mijito; no se meta en política. Mire que la política es muy cochina». Siempre tendrá uno alguna tía que ofrezca ese consejo al sobrino que manifieste precozmente una vocación política.

De alguna forma, la misma lectura reside en las explicaciones comunes del deficiente desempeño de los actores políticos tradicionales; sería su maldad—interés exclusivo en el poder, persecución implacable de adversarios, propensión a corromperse—la causa de los males sociales, y cuando se adquiere irreflexivamente una opinión cínica de la política se condena injustamente a todo aquél que haya nacido para ocuparse de los asuntos públicos.

Pero este desempeño insuficiente no obedece a mala voluntad, a malicia intencionada, a una especial maldad que sería intrínseca a la política. “La política es muy sucia”, hemos escuchado muchas veces, pero la verdad es que los políticos concretos somos seres humanos normales, con cuarenta y seis cromosomas, idénticos a quienes se dedican al deporte, a la ciencia, a la empresa, a la religión o las artes. No hay una mayor proporción de gente mala entre los militares que la que se encuentra entre los economistas o los mineros, los abogados o los carteros. La condition humaine es gaussiana; sigue una distribución normal que se expresa en todo oficio o profesión. Si medimos en una población lo suficientemente grande las estaturas de sus miembros, encontraremos que unos pocos, tal vez 5%, miden más de un metro con ochenta centímetros y que un porcentaje similar alcanzará menos de un metro sesenta. La gran mayoría tiene una altura intermedia entre esas dos marcas. Lo mismo observamos en la distribución de facultades tales como la inteligencia: la mayoría obtiene un cociente de inteligencia que está entre noventa y ciento diez unidades de Stanford-Binet; muy pocos rebasan los ciento cuarenta puntos del genio y, por fortuna, también muy pocos quedan por debajo del nivel limítrofe de la idiocia. Un moralímetro que desarrollaran Hewlett-Packard o LG registraría también una distribución de Gauss en la medición de cualidades morales. En una población cualquiera, la proporción de héroes o santos es exigua—hay una Teresa de Calcuta por planeta—y, gracias a Dios, también es muy pequeña la de malandrines a tiempo completo. La muy mayor parte de los grupos humanos está compuesta por individuos de producto moral promedio, que son capaces de un acto heroico cada doce años y cuatro meses y de sostenerlo por seis días seguidos, así como de echar una buena broma a sus compadres cada nueve años y siete meses. De resto, sus acciones se colocan, cotidianamente, tan lejos de la heroicidad como de la felonía. (En Interpretación y profecía, epílogo de Las élites culposas).

Es observable en prácticamente toda nación del mundo—EEUU, Brasil, España, Ecuador, Grecia, Venezuela—la inconveniente condición de insuficiencia política: las instituciones políticas resuelven insuficientemente los problemas públicos o, peor aún, los agravan. Ahora bien, dado que no es correcta la atribución de ella a una mítica maldad propia de los políticos ¿cuál es su causa? Creo desde hace más de treinta años que la etiología de la insuficiencia es de orden paradigmático: el endurecimiento de los marcos mentales, esencialmente ideológicos, desde los que los políticos ordinarios entienden su profesión.

La primera campanada

La primera campanada

Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones por otras más acordes con la realidad de las cosas lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe. (Sociedad Política de Venezuela – Documento Base, febrero de 1985).

Un mes antes de la escritura de ese texto tuve el privilegio de ser invitado a conversar por Don Arturo Úslar Pietri, en la biblioteca de su casa en La Florida; allí le planteé esa noción de la obsolescencia de los marcos mentales del político convencional, tesis que entonces no quiso admitir. Casi siete años le tomaría postular en un artículo en El Nacional (30 de octubre de 1991): «…de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta. Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación…”

Algo más tarde, la misma idea emergía en otras latitudes. En 1996, Amos Davidowitz escribió The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study, donde asentaba:

A second-wave party provided THE ANSWER: socialism, capitalism, Marxism, fascism, assuming that if everyone followed its dictates all the world’s problems would be solved. Needless to say, all of the above agendas didn’t bring about the utopian era they heralded. (…) If in the past, the social movements offered a comprehensive total world view that promised an end to poverty, war, and social injustice, parties representing these ideas could muster peoples’ support around the world. People were willing to go to Spain and join the International Brigade or participate in the massive social revolutions of the first half of the century. Now parties in all the industrialized nations are witness to a decline in party membership and a deep mistrust by the body politic of the political system and its politicians.

Persistentemente, el mismo problema era entendido por una mente literaria, la de Carlos Fuentes: Madrid y Ciudad de México publicaron el mismo día de su muerte (15 de mayo de 2012) su último artículo. (Viva el socialismo. Pero…) En él preguntaba: «¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?»

Y, por supuesto, Daniel Bell había publicado en 1960 The End of Ideology, una colección de ensayos en la que argumentaba que las ideologías se han vuelto «irrelevantes para la gente sensata», y que la polis del futuro sería manejada por ajustes tecnológicos parciales del sistema existente. A pesar de estas cosas, Henri Falcón y Henrique Capriles Radonski proponen que la salida es una «nueva» ideología: el progresismo.

………

Esta patología de la insuficiencia política requiere, como se manifestara en la segunda entrega de esta serie, una terapéutica menos simple y rápida que la que exige el tratamiento del chavoma; precisa, por un lado, la educación política en nuevos paradigmas más pertinentes: teorías de la complejidad y el caos, de los enjambres, de las avalanchas…

Los humanos pensamos dentro de marcos mentales (Daniel Kahneman & Amos Tversky) o paradigmas (Thomas Kuhn) que vienen proporcionados por las ciencias y crecen con elementos perceptuales simples o memes (Richard Dawkins) que se diseminan al modo genético. El marco mental más englobante es lo que los alemanes llaman Weltanschauung (concepción del mundo), y en él se insertan los más específicos. (La noción es más o menos equivalente a la noción de episteme de Michel Foucault—Les mots et les choses—: lo que puede ser pensado en una época particular). Muchos de los marcos mentales empleados en política son préstamos de la física newtoniana (espacios políticos, fuerzas políticas, etc.) o de concepciones estáticas, tales como la de “sectores”. P. ej. “…un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales«. A partir de 1959 emerge en el campo de las ciencias un conjunto de disciplinas que pudieran llamarse ciencias de la complejidad: teoría del caos, teoría de los sistemas complejos, teoría de avalanchas, teoría de enjambres. Estas nuevas nociones—por caso, la idea de propiedades emergentes en un sistema complejo, o su sensibilidad a las condiciones iniciales—son más poderosas y pertinentes al discurso político que las ideas clásicas. Es de la mayor importancia que el político del siglo XXI comprenda esos conceptos. (Prospecto de un Taller de Política Clínica, mayo 2015).

El vehículo del proyecto (clic amplía)

El vehículo del proyecto (clic amplía)

Se trata de nociones entendibles suficientemente al nivel del ciudadano en general y, con algo de mayor profundidad, en el caso de políticos profesionales. Ya en 1985 se postulaba como primer objetivo de una nueva organización política—que portara un código genético distinto del de un partido convencional—la atención a ambos niveles: «La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública…» Eso es posible; Isaac Asimov podía explicar con transparencia de agua clara nociones de relatividad o cuántica al común de los mortales.

Pero es igualmente necesario el establecimiento de un nuevo espacio político, de esa organización política postulada hace treinta años. Tal proyecto ha sido actualizado para que tenga existencia primaria en Internet. Cuando fuera concebido, faltaba toda una década para que la red de redes alcanzara a Venezuela, pero ahora tiene el país 15 millones de internautas, de los que 70% corresponde a venezolanos que los sociólogos clasificarían en los «estratos» D y E.

Es tarea por hacer: tarde pero seguro. LEA

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¿Qué se debe hacer? (II)

El cáncer crece al ser alimentado con petroleros

El cáncer crece alimentado con dólares petroleros

 

La dolencia más aguda del soma político venezolano es el chavoma. Un signo precoz de esta patología se hizo patente el 4 de febrero de 1992, a tiempo para echar a perder nuestra celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento. Luego se derribaría la estatua de Colón en Los Caobos y entraría en vigor el nuevo nombre para el Cerro Ávila: el ridículo Waraira Repano, como si los teques y caracas que vivían a sus faldas y lo llamaban así tuvieran alfabeto y escritura, no digamos la letra W. (DRAE. w. Vigésima sexta letra del abecedario español, y vigésima tercera del orden latino internacional, usada en voces de procedencia extranjera). Un socialista «bolivariano»* que se respetara ha debido insurgir en defensa de la grafía Guaraira para no emparentar la cosa con Washington o, al menos, exigir consistencia y escribir Río Waire, Puerto de La Wuaira, Warenas o Waracarumbo. (Esto es, para consagrar la wachafita revolucionaria).

………

El término oncológico es apropiado para referirse a la dominación política instaurada en Venezuela a partir del 2 de febrero de 1999, puesto que no se trata de enfermedad inoculada por algún vector externo—un anófeles o chipo—sino de un proceso que residía en las entrañas del pueblo venezolano desde mucho tiempo antes de que hiciera eclosión.

La profecía de un filósofo apureño

La profecía de un filósofo apureño

Como anota Toro en su blog, Briceño Guerrero interpreta “…la cultura latinoamericana como una mezcla de tres ‘discursos’ separados, mutuamente incompatibles: el discurso Racional-Occidental, el discurso Mantuano y el discurso Salvaje”. El libro de Briceño Guerrero fue escrito entre 1977 y 1982, y por tanto no podía ser una referencia específica a Chávez. Es Toro quien establece—como otros lectores del apureño lo han hecho—una relación significante entre la descripción del discurso salvaje y el chavista: “…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder”. (Discurso salvaje).

Es por tal razón que son insatisfactorias las caracterizaciones del chavismo (del chavoma) como la mera llegada al poder de una nueva y delincuente oligarquía. Seguramente ha habido y hay entre jerarcas mayores y menores del régimen chavista-madurista gente corrupta y malhechora, verdaderamente forajida; tal vez en proporción mayor que la que hubiera en regímenes anteriores a 1999, acá y en toda otra nación del planeta. A fin de cuentas, los más radicales izquierdistas venezolanos nunca superaron electoralmente el «seis por ciento histórico» hasta el año del advenimiento de Chávez como Presidente de la República, y como en ellos había hambre longeva de poder y de prebendas, la corrupción actual supera la de quienes los precedieron.** Pero es un juicio más ajustado a la realidad explicar el chavismo como el producto de la acusada decadencia de la política que lo anticipara, y su sustitución por una nueva hegemonía fundada en la creencia de que Marx tenía razón. La mayoría de los socialistas venezolanos cree seriamente que la explicación de todo mal social debe encontrarse en el afán de lucro de «la burguesía»; es decir, está profunda pero honestamente equivocada.

Luego, el sistema chavista es claramente pernicioso, puesto que invade terreno propio de la sociedad y sus ciudadanos, como un cáncer que se extiende ocupando y destruyendo tejido de órganos imprescindibles del cuerpo que aqueja. La conjunción de su origen y su naturaleza autoriza que lo entendamos como proceso canceroso.

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El médico es el Soberano

El médico es el Soberano

Paradójicamente, es más fácil curar el chavoma que la insuficiencia política crónica*** que permitió su entronización en las instituciones públicas venezolanas. El tratamiento eficaz no es otro que remitir el asunto al Poder Constituyente Originario, la apelación al Soberano para que se pronuncie, en referendo consultivo, sobre la conveniencia de implantar en Venezuela un régimen político-económico socialista, pretensión que el chavismo-madurismo no oculta. (Todo decreto del Ejecutivo que publica la Gaceta Oficial lleva ahora este inequívoco encabezado: “Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”)

Una consulta de esa naturaleza puede ser causada por decreto del Presidente de la República en Consejo de Ministros y por decisión de la Asamblea Nacional en simple mayoría, y es evidente que jamás harán una cosa así. El oficialismo no ignora este dato de noviembre del año pasado (Datanálisis): 80,1% de los entrevistados estuvo de acuerdo con esta afirmación: «El socialismo del siglo XXI es un modelo equivocado que debe ser cambiado».

El chavismo no se pondrá la soga al cuello; sabe que un referendo tal rendiría un resultado adverso, a tal punto que provocaría la renuncia del presidente Maduro, pues no podría en ninguna forma creíble repudiar el socialismo a estas alturas. Pero tampoco la dirigencia opositora ha querido oír de esta iniciativa (propuesta por vez primera a mediados de 2009; ver Parada de trote). El 28 de junio, el semanario La Razón publicó una entrevista en la que dije:

…el fondo del asunto es esta consideración: ante una crisis de la dimensión que padecemos, es insólito que no se procure el pronunciamiento del Pueblo, el Poder Constituyente Originario, en una democracia supuestamente participativa. Ni el oficialismo ni la oposición formal están interesados en consultarle; sólo quieren que elija mandatarios o representantes, es decir, que sólo haga democracia representativa. Así conservan ellos el protagonismo mientras dan discursos sobre la democracia participativa protagónica, histórica, endógena, biométrica y demás esdrújulas.

Tendrán que ser actores distintos quienes promuevan la consulta desde la iniciativa popular, y eso es perfectamente posible: Datanálisis midió hace un mes en 57% la proporción de venezolanos que se definen como independientes; es decir, quienes no están afiliados al PSUV (18%) o a la MUD (17%). LEA

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*Nunca hubo el menor atisbo de socialismo en Simón Bolívar; al término de la Campaña Admirable (1813), confió a Francisco Iturbe: “No tema Ud. por las castas; las adulo porque las necesito. La democracia en los labios y la aristocracia aquí”, poniendo la mano en el corazón. No había entonces ningún socialismo bolivariano.

**En Costos y beneficios políticos de la Ley Orgánica de Salvaguarda del Patrimonio Público (1983), Humberto Njaim estimó que el perezjimenismo incurrió en peculado equivalente a 1% del Presupuesto Nacional, mientras que los gobiernos democráticos que lo sucedieron habrían superado ese nivel al llevarlo a 1,5%. (Este porcentaje parece muy pequeño, pero el presupuesto que Caldera dejó a Chávez era de 20 billones de bolívares de la época, de modo que 1,5% de eso hubiera sido la considerable cantidad de 300.000 millones de bolívares perdidos por corrupción de haberse mantenido el índice Njaim). El suscrito intentó obtener de cuatro destacados economistas una estimación de lo que sería el peculado actual de los socialistas; ninguno tenía una cifra confiable, aunque alguno lo conjeturó en 10% a partir de la magnitud conocida de dólares administrados en la burocracia del control de cambios.

*** «…el chavoma es sólo el aspecto más agudo de la enfermedad política venezolana, una manifestación superpuesta y derivada del crónico cuadro de insuficiencia política—la incapacidad de las instituciones políticas para resolver los problemas públicos de importancia—que tiene su origen en la obsolescencia, por esclerosis, de los marcos mentales de los actores convencionales». (¿Qué se debe hacer? (I))

(Continuará)

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¿Qué se debe hacer? (I)

La respuesta obvia a una pregunta común

La respuesta obvia a una pregunta común

El título de este artículo es la transliteración al alfabeto romano del cirílico, que dice en ruso: ¿qué debe hacerse? o ¿qué debemos hacer? Sirvió primero como título de una novela políticamente radical, escrita en prisión por Nikolai Chernyshevsky. (…) La obra fue criticada por Dostoievsky y por Tolstói (quien escribió un panfleto argumentativo con el mismo título), pero se convirtió en un clásico entre los socialistas y anarquistas europeos hasta que, finalmente, el mismísimo V. I. Ulianov, o Lenin para los íntimos, escribiera su propio panfleto político y preguntara de nuevo (1902): ¿qué debemos hacer? (…) Es ésa—¿qué debe hacerse?—la misma pregunta que se hacen muchos venezolanos, especialmente quienes ejercen o quieren ejercer, eficazmente, oposición al régimen político encabezado por (…) Chávez. Algunos, más aún, creen—creemos, para ser sinceros—tener la respuesta a esta cuestión. La semana pasada, se daba cuenta acá de cómo hay quienes creen que ella es la formación de una nueva organización, bajo la premisa de que la oposición formal expresada en los partidos aliados en la Mesa de la Unidad no sería capaz de capitalizar el creciente deterioro del gobierno en materia de apoyo político a su favor (lo que no es, ni con mucho, la única razón válida para proponerla).

Shto delat’? (Carta Semanal #352 de doctorpolítico, 8 de octubre de 2009)

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A un reciente comentario de Don Yunis Zujur Meneses en mi blog—»¿cuál es la respuesta frente a lo que está pasando en el país?»—, contesté: «…no hay una ‘respuesta’ fácil y única. Es preciso educar políticamente al pueblo y a quienes tengan vocación pública. Me comprometo a escribir una entrada en este blog con una explicación más completa y detallada». Después de haber hecho la promesa creí entender que él se refería a la respuesta en términos del planteamiento de Gonzalo Pérez Petersen en la edición #156 de Dr. Político en RCR: que la muy preocupante y dolorosa situación nacional podía ser respondida con huida, parálisis o pelea (que él postuló en términos constructivos). Voy a hacerme el sueco y pretender que Don Yunis preguntaba por una respuesta general al problema; no pienso desaprovechar el pretexto que me ha brindado.

El foco de lo que sigue, como en Chernyshevsky y Lenin, estará sobre lo que debemos hacer, no sobre lo que podemos hacer; nadie tiene el deber de hacer lo que no se puede, así que lo que se debe hacer de suyo exige que sea posible, aunque Daniel Kahneman observara: «A veces ocurre lo imposible y a veces no ocurre lo inevitable». (En Conflict resolution: A cognitive perspective, 1995. Conocí la frase por envío de un libro más que interesante—Expert Political Judgment, de Philip E. Tetlock—, que debo a Leonardo Durán). Y como no hay una respuesta fácil y única a esto tendré que escribir bastante, así que manejaré el asunto por entregas; esta primera tiene carácter introductorio.

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Primero que nada, debemos estar claros acerca de la naturaleza del problema.

Hace años que saber esto se ha entendido como la elección de una etiqueta; graves voces hemos escuchado sostener que si no comprendemos que vivimos en dictadura—que, para peor, sería una dictadura comunista—no seremos capaces de superar la situación actual en Venezuela. Pero, por un lado, dictadura comunista fue la que viviera Rusia bajo la dominación soviética, o la de Cuba, o la coreana norteña, o la china establecida por Mao Tse-tung (o Zedong), y de ellas las tres últimas subsisten, aunque los chinos han declarado en el 18º Congreso de su Partido Comunista (Plan 383, noviembre de 2013) que se proponen «fortalecer los cimientos de una economía basada en el mercado por medio de la redefinición del rol del gobierno; reformar y reestructurar las empresas del Estado y los bancos del sector público; desarrollar el sector privado; promover la competencia; y profundizar las reformas en cuanto a los factores tierra, trabajo y mercados financieros”. Por su parte, los cubanos han iniciado una morosa apertura de su economía en la misma dirección, proceso que será acelerado por el restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

Dictador comunista (desconfíe de imitaciones)

Dictador comunista (desconfíe de imitaciones)

Pronto será sólo en Corea del Norte, por tanto, que se viva bajo una dictadura comunista. Técnicamente no lo es, sin embargo, porque la propiedad estatal de los medios de producción es el rasgo definitorio del socialismo—DRAE: Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes—; según Carlos Marx, la fase comunista es ulterior: la propiedad sería común, es decir, habría desaparecido la propiedad privada que sería el asiento de la lucha de clases y por ende el Estado mismo se haría innecesario y también desaparecería. Dicho de otro modo, en ningún momento de la historia se ha visto un solo caso de sociedad comunista como los comunistas la entienden; lo que ha existido son dictaduras administradas por partidos que se llaman comunistas.

El mismo tipo de error terminológico se produce al asegurar que los países escandinavos son socialistas; en realidad se trata de naciones con economías de mercado que «socializan » algunas cosas, como el sistema de salud en Inglaterra, la cuna de la Revolución Industrial, claramente «capitalista». España no se convirtió en un «país socialista» porque Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero fuesen dirigentes del Partido Socialista Obrero Español.

Si, por otra parte, viviéramos bajo una dictadura común y corriente como, digamos, la de Pérez Jiménez o la de Pinochet, las columnas semanales de Laureano Márquez serían imposibles. Es solamente vistosa la explicación de la prisión de Leopoldo López sobre la noción de que está en la cárcel «por pensar distinto»; tal eslogan deja de explicar por qué están libres, entonces, tantas personas que piensan distinto de Nicolás Maduro, el suscrito incluido. Naturalmente, el país ha visto en los últimos años un agresivo ventajismo del gobierno en contra de más de un medio de comunicación en manos opositoras, y la represión física en contra de más de un comunicador; pero en una dictadura seria no se permitiría que Alberto Franceschi abriera la boca. (Por supuesto, Iósif Stalin no lo habría tolerado).

Propongo, pensando en quienes no pueden dormir si carecen de etiquetas con las que caracterizar al régimen venezolano, que hablemos, en el peor de los casos, de una subdictadura, en el mismo sentido en que un médico diagnostica casos de tiroiditis subaguda. Al cabo de año y medio de dictadura castrista, no había una empresa privada en Cuba, y centenares de pobladores habían sido detenidos, torturados y fusilados en paredones, y claramente no es esto el caso venezolano. La dictadura estalinista tuvo en su haber nueve millones de muertos; ella, con propiedad, fue una dictadura «comunista», no lo que aquí sufrimos.

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Una exageración análoga es la calificación del actual estado de cosas en nuestro país como «crisis humanitaria». El 20 de mayo de este año, Ma. Corina Machado enviaba una carta «con carácter de urgencia» a la Mesa de la Unidad Democrática, para que ésta se pronunciara perentoriamente sobre «presuntos crímenes de enorme gravedad, que involucran a individuos que ostentan los más altos cargos en el Gobierno y en las Fuerzas Armadas. Todo lo cual, de ser ciertas las denuncias, significaría que estamos ante la presencia de un narco Estado». (Otra etiqueta). Entonces observó este blog (en Ma. Corina y Shakespeare):

La Sra. Machado hace gala de retórica hiperbólica en la misiva, al certificar en nuestro país una “crisis humanitaria”. El 11 de febrero sólo se atrevía a sugerir su inminencia, en el comunicado que firmó junto con Antonio Ledezma y Leopoldo López: “La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en ‘profundizar’ el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria”. (Llamado a los venezolanos a un acuerdo nacional para la transición). Crisis humanitaria, por Dios, fue la que vivió Haití a partir del poderoso terremoto de 2010, seguido por una epidemia de cólera, para un total de 300.000 muertos, otros tantos heridos y un millón de personas sin hogar. Quizás pueda llamarse crisis humanitaria la epidemia del virus de Ébola para Guinea, Liberia y Sierra Leone en 2014, a la que la Organización Mundial de la Salud le atribuye 11.135 muertes y un total de 26.969 casos probables hasta el 17 de este mes.

La utilidad de etiquetar al régimen no pasa de proveer—a los héroes y heroínas de Facebook, Twitter y llamadas telefónicas a ciertos programas de radio—una fórmula simple y autosuficiente para denostarlo. Pero no sirvió de nada a los rusos, checos, húngaros, polacos, albanos, búlgaros, rumanos y alemanes orientales tomar conciencia de que vivían bajo dictaduras «comunistas». Bautizar un problema no es lo mismo que resolverlo, y partir de premisas incorrectas o falsas es garantía de que las estrategias que se fabriquen a partir de ellas serán ineficaces. (Si Eisenhower hubiera ordenado a Patton tomar Berlín y le hubiera provisto de mapas donde la capital alemana se mostrara al este de Moscú…)

Que tal es el caso de la estrategia reiterada de la oposición venezolana es indiscutible. Para empezar, su «falla de origen es, justamente, entenderse como oposición, como algo que está definido en función de un tercer ente externo a ella. Si ese ente deja de existir ¿qué la justificaría?» (La Razón como anfitrión). Henry Ramos Allup declaraba el 9 de marzo de 2011 a Ciudad Ccs: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. Los propósitos, naturalmente, son los de salir del chavismo, y el medio para obtenerlos la descalificación ritual. La única estrategia opositora ha sido la de acusar al régimen todos los días, nunca refutar su discurso, que siempre ha sido la tarea necesaria. En abril de 2005 dijo Hugo Chávez ante unos empresarios: «Ser rico es malo, es inhumano». Diez años después, no ha aparecido el dirigente opositor que pudiera refutar esa paráfrasis de Pierre Joseph Proudhon: «La propiedad es un robo».

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Reiteración en 2007 ante Seguros Nuevo Mundo

Reiteración en 2007 ante Seguros Nuevo Mundo

¿Significa lo que antecede que valoro al régimen chavista-madurista como algo de escasa gravedad? En absoluto; ya en febrero de 2003 lo había llamado chavoma, para enfatizar su carácter pernicioso e invasivo, y reiteraba un tratamiento radical para su extirpación—propuesto el año anterior y desatendido por la dirigencia opositora de la época—que se fundaba en la actuación especial del Poder Constituyente Originario (Memoria Clínica: Tratamiento de abolición). Pero el chavoma es sólo el aspecto más agudo de la enfermedad política venezolana, una manifestación superpuesta y derivada del crónico cuadro de insuficiencia política—la incapacidad de las instituciones políticas para resolver los problemas públicos de importancia—que tiene su origen en la obsolescencia, por esclerosis, de los marcos mentales de los actores convencionales. Ellos son, fundamentalmente, la idea de que la política es una lucha por el poder justificada sobre una ideología particular, noción que es compartida por los actores políticos en todo el mundo, lo que explica por qué la política misma es lo que está en crisis en todas partes. (Ver Habas en proceso de cocción).

La muy mediocre y nociva «revolución bolivariana» para lo que ha servido es para disimular la muy mediocre y no tan nociva política de sus opositores profesionales, la Coordinadora Democrática y su hija única: la Mesa de la Unidad Democrática. (Ver La torta). Fue, además, la inocultable decadencia de la política que hacían nuestros partidos tradicionales—AD, COPEI, MAS, La Causa R y otros menos importantes—lo que permitió la llegada de Chávez al poder, un candidato que doce meses antes de las elecciones de 1998 no superaba 7% de intención de voto a su favor. Todavía a estas alturas esos actores y los más nuevos—Primero Justicia se presentaba a su fundación como una organización que reemplazaría la «política vieja»— se bastan con el hecho evidente de la nocividad del chavismo-madurismo:

La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puedo hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentro, yo soy por implicación una mejor persona. Como no soy como él—¡Dios me libre!—entonces soy bueno. Mi bondad progresa relativamente, sin que yo haga mérito independiente, porque su maldad crece todos los días. Así obtengo satisfacción moral». (Enfermo típico).

Pero la negatividad del adversario no me legitima, la maldad de Hitler no me convierte en santo. LEA

(Continuará)

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La polis hemorrágica

Se dijo que esto ocurriría

Se dijo que esto ocurriría

 

Uno debe tener sentido común (…) nada es permanente, nada perdura. He llegado a la conclusión de que este lugar es manejado por un loco. Un loco, déjame decirte, puede ser muy lógico. Si eres rico y lógico, y también loco, por muy largo tiempo puedes tener éxito en vivir tu ilusión. Pero al final—se encogió de hombros—, al final esto se desintegrará. Porque, ve, ¡lo que ocurre aquí no es razonable! Al final, lo que no es razonable debe siempre pagar sus cuentas.

Agatha Christie – Destino desconocido

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Un estado loco 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y a correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de “valores superiores”); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas).

Yehezkel Dror – Estados locos

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El profético y desatendido estudio de Yehezkel Dror—Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem—fue publicado en 1971, veintiún años antes del fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 en Venezuela; la novela atípica de Agatha Christie—Destination Unknown—, política antes que policial, es de 1954, el año en el que Hugo Chávez Frías viniera al mundo. Ambos se aplican a nuestro proceso político.

Dror ofreció su estudio, elaborado desde su ocupación como Investigador Senior en la Corporación RAND, el más grande think tank del planeta, en respuesta a una asignación: debía presentar su propia versión acerca de una «amenaza inusual» (uncommon threat). Veinte años más tarde, Daniella Ashkenazy lo entrevistaría—hacen hoy exactamente veinticuatro y un día—para The Jerusalem Post:

El libro fue publicado antes de que el líder libio Muammar Gaddafi comenzara a enviar sub-ametralladoras por valija diplomática, y en un momento en el que muchos en el mundo jamás habían oído de un ayatollah. También eran desconocidos líderes tan infames como Pol Pot y Saddam Hussein. Crazy States fue escrito en una era antes de que terroristas y movimientos separatistas y de liberación comenzaran a volar aviones y autobuses, secuestrar civiles y políticos y asesinar atletas olímpicos. Dror puso gran energía en probar que su visión del futuro habitaba el reino de lo probable. Crazy States dibujó el mapa de una visión que los humanistas encontraron difícil de aceptar. La prestigiosa American Political Science Review observó: «Brillante pensamiento… pero ¿cómo se puede ser tan fantástico y estar tan distanciado de la realidad?» En retrospectiva, aunque Dror pudo reír de último, su risa era hueca: «Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón, a la vez satisfacción y pesar», me dijo: «satisfacción intelectual; pesar en tanto ser humano».

En verdad, no hay diversión en ver cómo se desenvuelve un resultado negativo que haya sido suficientemente advertido y con bastante antelación. Cinco días antes del 7 de diciembre de 1998, la fecha de la primera elección de Hugo Chávez, el ingeniero petrolero Marco Antonio Suárez escribía a sus amigos: «Porque una vez electo, no son cinco, ni diez, son veinte años antes de que volvamos a ver luz. Y mientras tanto una nueva generación podrá educarse para que estos resbalones históricos no vuelvan a suceder. Para que la retórica superficial y sabanera no vuelva a ser protagonista. Para que los adornos baratos del lenguaje no sustituyan la discusión seria. Por lo pronto, Chávez habemus, con todo y verruga. Es nuestra manera particular de recibir el siglo XXI. Por ahora». He aquí predicciones más anticipadas:

Por otra vía, los golpistas podrían buscar apoyo, ya no en los sectores económicos, sino en los estratos de más bajos ingresos, planteando una orientación populista nutrida ideoló­gicamente de fórmulas de izquierda, esto es, con dosis variables de mar­xismo. (…) En cambio, de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales (…) el próximo gobierno sería (…) ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987. El MBR 200 se planteó dar el golpe el 16 de diciembre de 1991, para amanecer en Miraflores en un nuevo aniversario de la muerte de Simón Bolívar).

Alexis de Tocqueville consideraba que el «verdadero arte del Estado» consistía en “una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”. Pero Agatha Christie no podía saber, cuando escribía su thriller, que en ese tiempo alguien nacía en Sabaneta para establecer cuarenta y cinco años después un «estado loco» en Venezuela, un régimen nada razonable que tendrá que pagar sus cuentas.

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Nadie sabe cuál forma adoptará el desenlace, pero todos lo presentimos. Los médicos conocen una condición clínica a la que llaman «hemorragia (o sangrado) en capas», que se presenta sin aviso en pacientes con lesiones abdominales; saben con seguridad que ocurrirán nuevos sangramientos, aunque ignoran cuándo y dónde. Todavía sufrirá más el pueblo venezolano antes de que lo razonable se establezca. LEA

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