por Luis Enrique Alcalá | Jul 5, 2015 | Argumentos, Política |

Datanálisis, junio 2015
El socio fundador de Datanálisis, José Antonio Gil Yepes, ofreció esta medición recentísima de la firma que celebrará sus 30 años el próximo miércoles: 40% de la población se ubica en la oposición, 38% en la independencia y 22% en el chavismo. Del primer grupo, sólo la mitad (19,9%) reporta afiliación a alguno de los 28 partidos opositores; el PSUV es bastante más eficiente: por sí solo logra afiliar el 90,9% de los chavistas (20% de los electores). Habrá que ver qué se desempeña mejor, si un ejército oficialista disminuido o 28 ejércitos menores que sumados equiparan a su enemigo (20% a 19,9%) en términos de opinión a su favor.
El diario El Nacional reportaba ayer la presentación de Gil Yepes: «Durante un acto con el Frente de Entendimiento Nacional, en el que el especialista presentó su libro Poder, petróleo y pobreza, dijo que el mejor escenario para la oposición en las parlamentarias sería ganar con 60% de los votos, lo que dejaría la Asamblea Nacional con una cantidad de diputados pareja entre ambos bandos políticos. ‘Ochenta y pico contra ochenta y pico’, dijo, y advirtió que entre las estrategias del chavismo para evitar que ello ocurra podría pensarse en el financiamiento a candidaturas independientes para dividir el voto». (Destacados del blog).
¿Qué impide que la MUD emplee la misma estrategia? ¿Por qué no puede ella también ayudar a candidaturas independientes que cumplan con ciertos requisitos? ¿No sería eso la mejor manera de comunicar: «Independientes, sabemos que existen»? Después que no digan que perdieron por esa artera maniobra socialista-bolivariana. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 25, 2015 | Argumentos, Política |

Ugalde recomienda algo como esto
A la memoria de Gustavo Antonio Marturet Machado, inteligencia de Venezuela a la que nunca dejé de admirar y respetar.
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Está enteramente justificado que se equipare con un médico a Luis Ugalde S. J. Así contestaba a comienzos de este año (16 de enero) las preguntas de Alonso Moleiro: “Tenemos el diagnóstico: así está el paciente, como si estuviéramos en una junta médica… Si usted tiene el enfermo en emergencia, tiene que atenderlo. Luego puede ocuparse del régimen de comida o de decirle si puede caminar”. El 22 de este mes tomaba parte en una junta convocada por Emilio Figueredo, Editor de Analitica.com. (Los facultativos restantes: Argelia Ríos, Rodrigo Agudo, Pedro Benítez, Asdrúbal Hernández, Evelyn Rodríguez, Luis Vezga Godoy, Orlando Ochoa, y Fernando Martínez Mottola). Reportó su sitio web:
El padre Luis Ugalde consideró que para que se dé el proceso de la transición hacia la democracia en Venezuela es necesario llegar a un consenso entre el Gobierno y la oposición. (…) El jesuita agregó que lo importante es que el Gobierno o sus representantes entiendan que el país va a seguir empeorando. “No hay ninguna otra fórmula ni externa ni interna, sino crear un consenso más amplio con aquellos que, hasta hoy, yo he considerado bandidos. A eso se llega porque cada día estamos peor y se va a sentir la presión por todos lados. Va a haber un clamor. Aquí estamos cerca del clamor y, por su parte, la oposición tiene que aceptar lo mismo”, aseveró. (…) Añadió que la negociación siempre va a ser odiosa para ambos lados porque se supone que eres un traidor si hablas con alguien del otro bando. “Tiene que haber una visión de transición y que ambas partes se sacrifiquen por algo que vale la pena”, puntualizó. (…) Junto a los panelistas, Ugalde concluyó que es necesario un Gobierno de transición que surja de un consenso entre las partes y, para que haya consenso, es necesario el perdón. … Ugalde señaló que la transición no será ninguna estrella del Gobierno, ni de la oposición porque las negociaciones son odiosas.
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Tal vez convenga algo de glosa y elaboración, como guía para meditar sobre la aplicación concreta de tal receta. A fin de cuentas, el diálogo es únicamente una herramienta y lo importante es tener claro cuál es el aparato que con ella se construiría; el producto es lo que justifica el empleo del instrumento. Dicho de otro modo: si no se conoce de antemano qué es lo que se está dispuesto a acordar, el solo diálogo no garantiza nada:

No puede ser una conversación impreparada
La confusión de la herramienta con el fin explica mucho de los resultados de la política nacional. La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución. (…) Por otra parte, el método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de las «mesas democráticas» de las que debe salir el ansiado «acuerdo nacional». Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el «Encuentro Nacional de la Sociedad Civil» organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Pro Venezuela, la Mesa Democrática de Matos Azócar, los encuentros que organizó José Antonio Cova, y la constante prédica de los partidos, todos fueron intentos de alcanzar ese ya mítico gran entendimiento nacional. La evidencia es, pues, suficiente. La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto. (Los rasgos del próximo paradigma político, referéndum #0, febrero de 1994).
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El alfa y el omega de la cosa es la inclusión de un factor primordialísimo en ese diálogo: el Pueblo; el diálogo que Ugalde prescribe debe ser uno que acuerde ponerse en manos del Pueblo. Es en su seno donde el diálogo debe tener lugar, mucho más que en una mesa a la que sólo se sienten el oficialismo y su loyal opposition. Pero, de nuevo, el diálogo debe ser sobre algo concreto y debe incluir la condición de eficacia; esto es, debe diseñarse para que conduzca a una decisión. El uso de la herramienta debe, forzosamente, terminar en un producto.
La forma correcta de esa metamorfosis de un diálogo de cúpulas enemistadas en diálogo del demos es la convocatoria a un referendo consultivo; es al Pueblo al que debe llamarse a decidir. La pregunta clave, por tanto, es ¿qué es lo que se necesita decidir? Y la respuesta es: aquello que esté en el mismo meollo del problema.
Esto no es otra cosa que la insistencia oficialista en la implantación de un régimen socialista en Venezuela porque el gobierno sería, más que eso mismo, una revolución. Es eso lo que justifica todas sus actuaciones, incluyendo las detenciones de políticos y el empleo forzoso de máquinas captahuellas que registren quiénes compran un regulador de la tensión arterial o una batería de automóvil. Todo decreto del Ejecutivo que publica la Gaceta Oficial, así sea para establecer una fábrica de sardinas, lleva ahora este inequívoco encabezado: “Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”
Debiera ser obvio que algo así no puede decidirlo Nicolás Maduro por su cuenta, puesto que es un asunto de rango constitucional, lo que sólo puede ser establecido por el Poder Constituyente Originario, es decir, el Pueblo mismo. Ninguna reunión de plenipotenciarios del gobierno y la oposición—pongamos Jorge Rodríguez de un lado y Jesús Torrealba del otro—puede tomar una decisión de tal monta. En cambio, sí podría hacer dos cosas: primera, reconocer que esa cuestión es la médula del problema político nacional; segunda, que sólo el Soberano puede dilucidarla y, en consecuencia, debe solicitársele que lo haga de una vez por todas.
Ambas partes han argumentado que la decisión ha sido tomada, aunque cada una sostiene un sentido opuesto al otro: en la oposición se argumenta que el 2 de diciembre de 2007 se negó el socialismo en referendo constitucional; en el oficialismo que la elección de Hugo Chávez el 7 de octubre de 2012 equivalía a una aprobación del socialismo, dado que el «Plan de la Patria», muy socialista él, era evidentemente su programa de gobierno. Ninguna de las partes tiene la razón: en 2007 se votó en pro o en contra de un atado de 69 artículos, una media docena de los cuales traía el contrabando de menciones del socialismo en su redacción—por ejemplo, la modificación propuesta al Artículo 103 de la Constitución era para introducir una referencia a los «principios humanísticos del socialismo bolivariano»—, pero no se consultó directamente la implantación de un régimen socialista; del otro lado, una cosa así no puede ser decidida en una mera elección presidencial dado que representa un cambio constitucional profundo. Ni todo quien rechazara los proyectos de reforma de 2007 repudiaba el establecimiento de comunas ni todo quien votara por Chávez en 2012 aprobaba el socialismo. Una cosa así sólo puede ser establecida en un referendo explícito que no deje lugar a dudas.* Hay que preguntar al Soberano: «¿Está Ud. de acuerdo con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista?» (Ver Doctrina del referendo sobre el socialismo; nótese la fecha).
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Sería lo más sensato y responsable prever una actuación que se derivara de uno de los posibles resultados de la consulta: si el resultado de ella fuere negativo, el presidente Nicolás Maduro debiera renunciar, precisamente porque la justificación de todos sus actos presidenciales es la tal «construcción del socialismo»; el Soberano habría abolido su mismo fundamento. Esto es algo que sí pudieran acordar Torrealba y Rodríguez (autorizado éste por el Presidente para asumir la eventual renuncia como su generoso compromiso).
Y entonces tendríamos, perfectamente encajada dentro del marco constitucional, la transición de la que nos habla Luis Ugalde, dado que una renuncia del Presidente es una de las formas reconocidas en la Constitución de su falta absoluta y ésta, a su vez, conllevaría ineludiblemente una elección presidencial para completar el período. Por el mismo hecho se habría causado una presidencia breve de tres años, más que suficientes como plazo de una «transición», que es, por cierto, una figura que la Constitución no contempla en ningún lado. Es la sucesión de Maduro por alguien que no fuera socialista lo que de suyo conferiría carácter transicional a su período. Y a la predicción catastrofista de Maduro, glosada hoy por Néstor Francia, no debemos entenderla sino como fanfarronada, jamás como amenaza, puesto que es una contradictio in terminis: argumenta que el Pueblo ¡no toleraría lo que él mismo acabara de expresar en las urnas!
En tal elección competirían, previsiblemente, un candidato del PSUV y uno de la MUD, pero debieran participar uno o varios candidatos competentes que respondan con un discurso superior y transideológico a la mayoría del país, no alineada en los extremos de la polarización. Ugalde ha dejado colar la misma idea al construir: «la transición no será ninguna estrella del Gobierno, ni de la oposición». Resuena así con la elocuente medición de Datincorp (mayo 2015, cifras redondeadas): «La solución a los problemas del país vendrá de…»: no supo o no quiso responder 10%, del oficialismo 17%, de la oposición 18%, de un nuevo liderazgo 56%.
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En síntesis: el diálogo que Ugalde avizora como solución debe darse en el seno de un Pueblo que se prepare a dar su veredicto definitivo sobre el socialismo, no en una mesa cupular, mucho menos en otra reunión palaciega televisada. (Ni en componendas en las que Luis Miquilena procure, con José Vicente Rangel y Eduardo Fernández, la maniobra de que se nombre Vicepresidente Ejecutivo de la República a Henri Falcón, para ser luego Presidente chavista light, o al mismo Fernández; ni en otras cocinadas en el seno del oficialismo para conceder la misma posición a Diosdado Cabello, quien probablemente quede cesante a raíz de las elecciones parlamentarias).
Es algo tan simple y obvio como dar al Pueblo la tribuna de oradores lo que debieran acordar gobierno y oposición, es facilitar exactamente eso. Las condiciones están dadas para que la consulta se celebre, en ahorro logístico, financiero y, sobre todo, de angustias, con las elecciones de Asamblea Nacional. Ugalde decía a Moleiro en enero: «Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo». Ese plazo se ha excedido en tres meses; ¿moriríamos si lo extendemos hasta el 6 de diciembre? ¿Será posible que haya ahora manifestaciones callejeras que presionen por tan lógica salida? (Torrealba hizo el lunes este inventario: «Protestas populares, acciones de calle. Hasta compatriotas nuestros tuvieron que declararse en huelga de hambre»). ¿Habrá héroes que ayunen para que hable el Pueblo? ¿Será posible que el Sr. Shannon, el papa Francisco (que ya salió de la redacción de su encíclica ecológica), su compañero Ugalde, Raúl Castro, UNASUR, la OEA, la Unión Europea, Aministía Internacional, el PSUV y la MUD convengan en que la democracia es la palabra y voluntad del Pueblo Soberano y apoyen esta sencilla iniciativa?
Si se piensa la cosa un minuto, se concluye que ella eliminaría de un todo el factor odioso que Ugalde destacara dos veces con razón en su más reciente receta. LEA
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*Hay quien sostiene que no es posible decidir la implantación del socialismo en ninguna sociedad, por cuanto la propiedad sería un derecho humano inalienable. Sin embargo, Venezuela es signataria de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, la que establece como uno de sus principios lo siguiente: «Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado».
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por Luis Enrique Alcalá | May 25, 2015 | Argumentos, Entrevistas, Política, Terceros |

La madre de gente buena
Éxitos FM permite capturar audio de sus programas desde su página web, y este blog aprovecha esa feliz posibilidad para reproducir acá la muy inteligente conversación de Luis Ugalde S. J. y Ramón Piñango con César Miguel Rondón en la mañana de hoy. Tuve el honor de sentarme en el mismo pupitre con el padre Ugalde en la sede original de la Universidad Católica Andrés Bello en la esquina de Jesuitas; ya mudada la Escuela de Sociología a su sede de Montalbán, Ramón Piñango me enseñó Sociología de la Educación en el quinto año de la carrera. (Aunque Ramón es más conocido como Presidente del Instituto de Estudios Superiores de Administración—IESA—sé que no tendrá inconveniente si lo represento como gente de la UCAB). Ambos amigos dijeron cosas claras y profundas. Es un orgullo apropiarme de su entrevista, conducida magistralmente por Rondón.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | May 21, 2015 | Argumentos, Política |

Consternados por nuestra crisis humanitaria
En realidad todo lo que se cuenta, todo aquello a lo que no se asiste, es sólo rumor, por mucho que venga envuelto en juramentos de decir la verdad. Y no podemos pasar la vida prestándole atención, todavía menos obrando de acuerdo con su vaivén. Cuando uno renuncia a eso, cuando uno renuncia a saber lo que no se puede saber, quizá entonces, parafraseando a Shakespeare, quizá entonces empieza lo malo, pero a cambio lo peor queda atrás.
Javier Marías – Así empieza lo malo
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Con fecha de ayer, María Corina Machado ha enviado una carta a los integrantes de la Mesa de la Unidad Democrática (sus «compañeros»), de la que sus párrafos fundamentales son los siguientes:
Me dirijo a ustedes con carácter de urgencia para solicitarles respetuosamente un pronunciamiento conjunto—en el cual participen todos los partidos que pertenecen a la MUD, los parlamentarios de la Unidad y demás organizaciones democráticas vinculadas a nuestra plataforma—sobre las gravísimas acusaciones que se han hecho recientemente, desde varios medios públicos internacionales, sobre los presuntos nexos del Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello y otros altos funcionarios con supuestos delitos de narcotráfico. (…)
Toda Venezuela está esperando un pronunciamiento por parte de las fuerzas opositoras, puesto que se trata de presuntos crímenes de enorme gravedad, que involucran a individuos que ostentan los más altos cargos en el Gobierno y en las Fuerzas Armadas. Todo lo cual, de ser ciertas las denuncias, significaría que estamos ante la presencia de un narco Estado. (…)
Ante estos graves acontecimientos, nosotros no podemos permanecer en silencio. El mundo entero debe saber que los diputados de la Unidad y los partidos de la MUD estamos profundamente preocupados con estas denuncias, y que lucharemos para recuperar la democracia y la institucionalidad en Venezuela.
¿Cómo sabe la Sra. Machado que «toda Venezuela está esperando un pronunciamiento» sobre asuntos que ella misma califica de «presuntos crímenes» y sujeta a la condición «de ser ciertas las denuncias»? A pesar de que Nelson Bocaranda, en sus «Runrunes» de hoy en El Universal, menciona movimiento de investigaciones en los Estados Unidos y la inminente presencia de exfuncionarios del gobierno de Venezuela para aportar información, debió reconocer al comentar la tercera visita de Thomas Shannon a Caracas en las últimas seis semanas: «Lo único oficial hasta ayer era que ni el Departamento de Justicia ni el del Tesoro tenían abierta ninguna averiguación sobre el presidente de la AN».
La Sra. Machado hace gala de retórica hiperbólica en la misiva, al certificar en nuestro país una «crisis humanitaria». El 11 de febrero sólo se atrevía a sugerir su inminencia, en el comunicado que firmó junto con Antonio Ledezma y Leopoldo López: «La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en ‘profundizar’ el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria». (Llamado a los venezolanos a un acuerdo nacional para la transición). Crisis humanitaria, por Dios, fue la que vivió Haití a partir del poderoso terremoto de 2010, seguido por una epidemia de cólera, para un total de 300.000 muertos, otros tantos heridos y un millón de personas sin hogar. Quizás pueda llamarse crisis humanitaria la epidemia del virus de Ébola para Guinea, Liberia y Sierra Leone en 2014, a la que la Organización Mundial de la Salud le atribuye 11.135 muertes y un total de 26.969 casos probables hasta el 17 de este mes. Por cierto, la carta de Machado a la MUD es, una vez más, evidencia de su costumbre de jugar por su cuenta al hacerla pública cuando ha podido hacer su planteamiento en una reunión apropiada. (Esto sí es una denuncia cierta).
¿Cómo puede Ma. Corina Machado conminar a la federación de partidos opositores para que emita un pronunciamiento sobre «presuntos crímenes», que «toda Venezuela está esperando» y «el mundo entero debe saber»? El epígrafe de Javier Marías pauta lo que es correcto comportamiento ante las acusaciones no probadas, y él no habla, aunque se trata de su más reciente novela, ni de Venezuela ni de Diosdado Cabello, sino de España tras la muerte de Francisco Franco y de la tácita decisión de los españoles de no cobrarse entre sí sus cuentas de la Guerra Civil.
En Conocimiento y opinión (14 de junio de 2007), quedó asentado:
Para quien escribe, el peor de los rasgos del presidente Chávez es, precisamente, la soberbia que exhibe en asuntos de moral personal y ciudadana. Él se siente y se proclama mejor que todos nosotros y él sabe lo que es bueno. Ser rico es malo; desprenderse de algunos dólares que le diera Kadaffi junto con algún diploma intrascendente es bueno. Sobre la convicción de superioridad moral asienta sus arbitrariedades. (…) Lo peor que puede hacer un opositor a Chávez es parecerse a él.
Ya Chávez no está con nosotros, pero Maduro y Cabello han copiado su procedimiento de acusar indiscriminada e irresponsablemente a quien les parece. Lo peor que puede hacer un opositor a ellos es parecérseles. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | May 4, 2015 | Argumentos, Política |

Estas cosas pasan
Sir George Conway procedió con gravedad. Las frases caían fácilmente de sus labios: la extrema delicadeza de la posición del gobierno, los intereses del público, la solidaridad del partido, la necesidad de presentar un frente unido, el poder de la prensa, el bienestar del país… Todo sonaba bien y no significaba nada. Para él, las palabras se habían convertido en un medio para oscurecer los hechos, no para revelarlos. Era competente en el arte de la frase útil; es decir, la frase que caiga en el oído como un alivio pero esté totalmente vacía de contenido.
Agatha Christie – Los trabajos de Hércules
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Tal vez la enfermedad más grave de la sociedad venezolana es su inclinación, aparentemente inevitable, a criticarse y rechazarse a sí misma. Es una exhortación insistente, permanente, a buscar, destacar y amplificar lo negativo. (…) Al nivel del ciudadano común repetimos ese patrón de conducta de muchos entre los líderes venezolanos. Repetimos los rumores más estrambóticos y las opiniones más pesimistas.
La peor enfermedad – referéndum, octubre de 1995
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Muchas personas trabajadoras, honestas y patrióticas llegan a sentir el aguijón de la desesperanza y buscan mudarse a otras latitudes para dejar de ver los problemas que aquejan a los venezolanos, para no pensar más en eso, para escapar a las trabas que un sistema anacrónico y disfuncional impone a su actividad empresarial o profesional.
In memoriam Augusto Mijares – referéndum, agosto de 1994
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La política puede ser, en efecto, congelada en ineficacia a través del estéril proceso de perpetuar el conflicto en el medio de cultivo de una sociedad culpable. Es por esto que una de las tareas principales para una nueva manera de conducir el negocio político es la búsqueda de líderes, partidos o instituciones políticas de una clase diferente, que puedan hacer surgir la expiación o absolución general de una sociedad.
El estado de la psiquis venezolana: síndrome de la sociedad culpable – Dictamen, junio de 1986
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Leopoldo Castillo creyó ver—A través de la mordaza—, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. Castillo esgrime una pobre defensa de una política que hace crisis planetaria. Para él, Carlos Fuentes habría errado en su testamento; en artículo publicado el día de su muerte (15 de mayo de 2012) éste osó advertir a François Hollande de un nuevo desafío: “…el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha“. Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles. El pasticho socialista del chavismo-madurismo es, por supuesto, una trasnochada y pretensiosa ilusión, una receta que no puede traer sino fracaso, pero es igualmente desandado el acatamiento irreflexivo a una Mesa de la Unidad Democrática que en materia de fracaso es experta.
A llorar p’al valle – 8 de agosto de 2013
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…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.
Retrato hablado – 30 de octubre de 2008
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 16, 2015 | Acciones, Argumentos, Política |

El Dr. Juan Manuel Raffalli, desarrollador de la vacuna
Comenzando el año 2002, una mayoría de venezolanos ya se horrorizaba con las ejecutorias y desplantes de Hugo Chávez y quería que abandonara el poder; entonces se enumeraba las rutas que pudieran conducir a tal resultado. Las extremas eran una petición de renuncia y la convocatoria de una nueva asamblea constituyente (el inefable Herman Escarrá era quien la proponía). Naturalmente, la primera dependía de la voluntad de Chávez, mientras que la segunda era un procedimiento aparatoso; una constituyente procede cuando se necesita generar una constitución radicalmente distinta de la existente, lo que no parecía indicado cuando ya habíamos hecho exactamente eso escasamente dos años antes, y convocar una con el único propósito de defenestrarlo equivalía a matar cucarachas a mandarriazos (imagen de Daniel Lara Farías).
Primero Justicia auspiciaba entonces un camino más sensato y proporcionado: la aprobación de una enmienda constitucional para recortar el período presidencial, que el Artículo 230 de la Constitución fija en seis años. Su diseñador había sido el abogado Juan Manuel Raffalli, diputado suplente de Gerardo Blyde en la bancada de Primero Justicia. (En marzo de 2002, recibí de manos de Julio Borges una carpeta contentiva del trabajo de Raffalli).
La iniciativa no prosperó; el Carmonazo cambió para mal el carácter del repudio a Chávez. Después de su fracaso—gracias a Dios—unos militares rebeldes tomaron la Plaza Francia de Altamira para un espectáculo diario de discursos catárticos que Globovisión transmitía incesantemente y, al fracasar a su vez este intento de suscitar un levantamiento armado, vino luego el paro liderado por arrogantes ejecutivos de PDVSA que se creyeron capaces de derrocar a Hugo Chávez. Un nuevo descalabro condujo al diálogo mediado por César Gaviria, entonces Secretario General de la OEA, y el expresidente de los EEUU, Jimmy Carter, y la cosa desembocó en las conversaciones de la Mesa de Negociación y Acuerdos (en las que Raffalli participó) donde finalmente se aceptó lo que de todos modos estaba en la Constitución: un referendo revocatorio.
Como sabemos, éste se celebró el 15 de agosto de 2004, con el resultado que previeron unánimemente los estudios serios de la opinión:
El 15 de agosto en la noche, el general Enrique Mendoza no fue capaz de aceptar la derrota que todas las encuestas predecían, incluso Penn, Schoen & Borland, traída por Marcel Granier. Quince días antes del referendo, Edmond Saade había dicho a los jefes de la oposición, en un desayuno en casa de Mauricio García Araujo, que su encuestadora (Datos) tenía al gobierno ganando por al menos doce puntos, y un tracking poll de Consultores 21 del 13 de agosto, cuarenta y ocho horas antes del referendo, produjo cifras que sólo diferían en décimas de los resultados que posteriormente ofrecería el Consejo Nacional Electoral. (Suma contra gentiles abstencionistas).
El descrédito triple del intento de Carmona Estanga, la toma militar de la Plaza Francia y el enervante paro petrolero, se sumó al invento de las misiones en 2003—posibilitadas por un marcado aumento en los precios del petróleo—para que Chávez saliera airoso de la prueba.
Todavía antes de esto último, Primero Justicia intentó otra avenida, promoviendo un referendo consultivo acerca de la conveniencia de que Hugo Chávez continuara presidiendo la República. Esto, por supuesto, no produciría resultados vinculantes, por cuanto la Constitución prescribía un medio específico (el referendo revocatorio) para causar la remoción presidencial, aunque sí causaría poderosos efectos políticos que provocarían la cesación de un gobierno aún debilitado por la secuencia de repudios.
Los acontecimientos de abril del año pasado trastocaron grandemente percepciones y proyectos. Después de una recuperación más bien rápida en las filas de la oposición, Primero Justicia emergió con una idea diferente: un referendo consultivo. A sabiendas de que un referendo de esta clase no tendría efectos vinculantes—mientras sí los tendría, obviamente, un referendo revocatorio—el joven partido llevó a cabo una admirable campaña de recolección de firmas y entregó al Consejo Nacional Electoral planillas en número suficiente para la convocatoria. De nuevo, la Coordinadora Democrática aceptó la estrategia y promovió la iniciativa.
Todos sabemos que mientras la iniciativa del referendo consultivo estaba en progreso, el talibanismo opositor y el acicate pendenciero del gobierno indujeron a la Coordinadora Democrática y a la Gente del Petróleo a plantear el impaciente y suicida paro general de diciembre de 2002. A pesar de que se había decidido intentar el “no vinculante pero sí fulminante” referendo consultivo—que se celebraría en febrero de 2003—el más notorio liderazgo opositor procedió a torpedear la iniciativa, con la ilusión de que la parálisis nacional daría al traste con el gobierno aun antes de que el referendo se celebrase. (Carta Semanal #36 de doctorpolítico, 15 de mayo de 2003).
Fue la exitosa recolección de las firmas para ese referendo la primera actuación de una incipiente Súmate, pero el Consejo Nacional Electoral accidental que aprobó la convocatoria fue inhabilitado, no sin razón, por el Tribunal Supremo de Justicia, y así se impidió la segunda terapia desarrollada por Primero Justicia.
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Ha llegado la hora de replantear el «tratamiento Raffalli» para aprovechar la convocatoria a elecciones de Asamblea Nacional; esto es, intentar por iniciativa popular la enmienda de recorte del período presidencial que Primero Justicia propuso hace trece años, y así someterla a referendo concurrente antes de que este mismo 2015 concluya.
Convendrá mantener las cosas extremadamente simples: sustituir tan sólo una oración del Artículo 230 de la Constitución, que dice «El período presidencial es de seis años», por otra que diga «El período presidencial es de tres años». (El proyecto original reducía el período de seis a cuatro años y además introducía la figura de una doble vuelta electoral en caso de que el triunfador en las elecciones no obtuviese la mayoría absoluta de votos). Basta la mera reducción del período para causar lo que espera no menos del 70% de los electores venezolanos (incluyendo una considerable proporción de chavistas): la cesación perentoria de la presidencia de Nicolás Maduro. La reducción del período a tres años la terminaría el 10 de enero de 2016, lo que es un efecto más instantáneo que un referendo revocatorio que sólo podría promoverse a partir de esa fecha y a un costo mayor. (La iniciativa de revocación exige 20% de los electores; una iniciativa de enmienda requiere 15%).
Esta reformulación de la «vacuna Raffalli» tiene, por otra parte, varias ventajas: 1. es menos agresiva que un revocatorio, pues el presidente Maduro no quedaría impedido de postularse en la elección que automáticamente debiera celebrarse; 2. como me hiciera notar Luis Ugalde S. J., ella misma introduciría un período «transicional» de tres años, bueno para la reparación de los más graves estropicios chavistas; 3. esta fórmula sería probablemente apoyada por actores internacionales preocupados por la situación venezolana que predican el diálogo entre fuerzas enfrentadas; concretaría ese diálogo. (De nuevo, esto último fue argumentado por persona distinta de mí que prefiere no ser nombrada, pero no es bueno ganar indulgencias con escapulario ajeno, por lo que dejo constancia de que esta importante lectura no es propiedad mía).
Finalmente, la celebración concurrente del referendo sobre la enmienda constitucional en la misma fecha de las elecciones de Asamblea Nacional (la que se sabrá, según la rectora Lucena, en unas dos semanas), no sólo ahorrará en gastos y otros esfuerzos de logística, sino que será un poderoso incentivo de la propensión a votar en tan importantes elecciones. Ellas podrían representar la pérdida del Poder Legislativo Nacional para el oficialismo, lo que en cualquier caso sería muy conveniente al país.
Debiera corresponder a Primero Justicia el honor de llevar esta receta al seno de la Mesa de la Unidad Democrática en busca de su aprobación e implementación. A fin de cuentas, fue ese partido el que la desarrollara hace más de una década. De hecho, un ciudadano común que no milite en sus filas debiera tener el derecho de exigirle esa conducta, consistente con su propia historia. LEA
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