Dieciséis años de incompetencia

Capriles canta en coro con salidistas que querían clavarle un puñal

 

 

Some people at the demonstration worried about the low turnout. “There’s not a lot of people,” Diana Colorado, a 45-year-old electric engineer from Caracas, said at the march. “Everyone has become apathetic. They’ve lost faith in the politicians. The change they’d been hoping for never came.” At the Chacaito plaza where the opposition rally ended, a block from where Lopez was arrested last year, about a hundred young protesters remained at 2:45 p.m. and were surrounded by about twice as many riot police as they chanted “resistance.”

Venezuela Opposition March Ends After Police Scuffles (Bloomberg News, 24 de enero de 2015)

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Cada vez son más ralas las concentraciones de la oposición en Venezuela. (Las del oficialismo también). Sumadas todas las marchas y contramarchas convocadas desde que Jesús «Nos vamos p’a la calle» Torrealba se encargara como Coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática, no alcanzan a igualar una manifestación mediana de las de 2002 a 2004. Esta vez, en un arranque de ingenio, a alguien se le ocurrió bautizar la de ayer como «de las ollas vacías», tal vez en alusión a las que cocinan la imaginación estratégica opositora. Antes de la exigua demostración, la MUD lanzó la consigna de cornetear y cacerolear en todo el país la «Memoria y Cuenta» de Nicolás Maduro—«Dios proveerá»—, quien ha vuelto a coger el avión para regresar corriendo a Arabia Saudita. Respuesta a tal convocatoria: silencio nacional.

Ya había pasado lo mismo con una invitación parecida del profundo estratega Antonio Ledezma, cuando prescribió cacerolas y corneteo para anular la aprobación de la Ley Orgánica de Educación, publicada en Gaceta Oficial el 15 de agosto de 2009. Para ser justos, debe anotarse que un análisis posterior le llevó a recetar algo más contundente (aunque imposible): “un referendo abrogatorio que derogue la Ley Orgánica de Educación ya firmada este sábado por el presidente de la República Hugo Chávez Frías”. Todavía ignoraba que la Constitución norma en su Artículo 74: «No podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes (…) que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos…«, y no había meditado sobre la posibilidad de que el obsecuente Tribunal Supremo de Justicia sentenciara innecesariamente que la educación es un derecho humano, pues ya está dicho en el Artículo 102 del texto constitucional: «La educación es un derecho humano y un deber social fundamental…»

Luego de demostrar el 14 de enero que sus dotes oratorias han mejorado mucho—en una rueda de prensa fustigadora del gobierno e informándonos que hay carestía e inflación en Venezuela, lo que no sabíamos—, Henrique Capriles Radonski señaló el remedio: «debe haber una movilización reivindicativa; tenemos que lograr que el pueblo sea escuchado. De acuerdo a los planes que se organicen, yo acompañaré a esa movilización desde cualquier estado del país, y tenemos un conjunto de acciones que presentaremos en próximas horas», aclarando que las presentaría en primer lugar a los partidos políticos y después, of course, al pueblo. (Hasta en esto imita a Chávez; cuando se preparaba el proyecto de enmienda que le permitiría elegirse indefinidamente, el difunto líder concedió graciosamente: “Les doy mi autorización al Partido Socialista Unido de Venezuela y al pueblo venezolano [en ese orden] para que inicien el debate para la enmienda constitucional…»)

La olla de una manifestación vacía

La olla de una manifestación vacía

Bueno, el ingenioso récipe de Capriles se materializó en la «Marcha de las Ollas Vacías», que con su solo nombre prometía, en brillante ocurrencia táctica, tumbar a Maduro. (En la misma alocución del 14 de enero, el doble excandidato presidencial declaró que éste era «el momento perfecto para cambiar de gobierno»). Naturalmente, es de la suprema importancia que Capriles acompañe estas novedosas prácticas «desde cualquier estado del país»; su personal asistencia a estas cosas sería providencial. También anunció que se había puesto de acuerdo con los «salidistas» (sin aludirlos por este nombre); es decir, con quienes, según él, «muchas veces te ponen la mano en el hombro y después le están clavando el puñal en la espalda». (El 16 de enero de 2013, cuando tomaba posesión como Gobernador de Miranda, en declaraciones que cerró así: «Venezuela cuenta con el Flaco, con este servidor»). Trece años llevamos ya de manifestaciones, movilizaciones, marchas, concentraciones, protestas, corneteos y cacerolazos, pero ahora la cosa será dirigida por «el Flaco»; ahora estamos hechos.

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Desde diciembre de 1998, la dirigencia opositora venezolana no ha dado pie con bola ante el chavismo. Primero, se sumió en un estado catatónico, en una crisis de vergüenza. Cuando vinieron las votaciones de constituyente, Henry Ramos Allup intentó elegirse por el estado Apure ¡por iniciativa propia!; no quería que se le confundiera con un adeco. Luego, organizada en la Coordinadora Democrática—señora ya fallecida cuya única hija es la Mesa de la Unidad Democrática—, se dedicó a tropezar una y otra vez. El 19 de agosto de 2004 alguien escribió:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. (Bofetada terapéutica, en la Carta Semanal #100 de doctorpolítico).

En la misma vena, ahora incluyendo en el juicio a la MUD, el mismo autor puso en Las élites culposas:

Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre.

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Acá se ha advertido insistentemente sobre este preocupante fenómeno. (Ver, por ejemplo, MUD: marca de camisas de fuerza o MUD, MUD, MUD, es hora de partir). Y también se ha sugerido una salida al problema en más de una ocasión; la más reciente es del 8 de octubre del año pasado: El mercado político nacional. Pero este año debe haber elecciones para una nueva Asamblea Nacional, y sería un golpe de viento afortunado que el oficialismo pierda el control del poder Legislativo Nacional. Es bastante probable que la oposición obtenga mayoría de curules, vistos los niveles de desaprobación del gobierno y su pernicioso y obsoleto modelo en las encuestas. De darse este resultado, tal cosa se lograría no porque los dirigentes opositores tengan algo en la bola, sino por la terca incompetencia de los socialistas. A pesar de tal cosa, se trataría de un obvio mal menor, y hay mucha gente que se conformaría con eso.

En el horizonte, sin embargo, aparecerán tarde o temprano voces no alineadas en la polarización, con discurso transideológico, el necesario en Venezuela y todo el mundo. Porque es que más que oposición, lo que se necesita es superposición. LEA

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Los héroes escondidos

Facsímil del quinto honor

Facsímil del quinto honor (un clic sobre la imagen la amplía)

 

Alí Babá es el nombre escogido por santones radicales de la oposición, que ocultan su identidad mientras lanzan piedras alegre e irresponsablemente, mientras agreden gratuitamente desde una pretendida posición moral. Esto es, mientras se autocontradicen.

Ya se ocuparon irrespetuosamente de mis opiniones en otra ocasión, lo que refuté abundantemente en Disección de una «mancheta» necia. Entonces me habían condenado porque afirmé que ni había sido probado un fraude electoral reciente en Venezuela ni tampoco la nacionalidad colombiana de Nicolás Maduro, lo que de acuerdo con sus criterios son gravísimos pecados míos. A mi refutación de su necedad, reviraron aduciendo que su planteamiento había sido «respetuoso», a pesar de que habían titulado la invectiva así: «¿Son sensatas las posiciones defendidas por el Sr. Luis Enrique Alcalá o son necedades de un erudito?»

Por mi parte, no me ocupé de otras tres manchetas con las que pretendieron librarse de mi defensa; en una de ellas creyeron eficaz argumentar que ciertos estudios basados en la «Ley de Newcombe-Benford» eran una prueba irrebatible y definitiva de fraude electoral en Venezuela. Bueno, acá puede leerse un trabajo que asienta la impertinencia de esa clase de pretensiones: Irrelevancia de ley de Benford. El sumario asienta: «With increasing frequency websites appear to argue that the application of Benford’s Law – a prediction as to the observed frequency of numbers in the first and second digits of official election returns — establishes fraud in this or that election. However, looking at data from Ohio, Massachusetts and Ukraine, as well as data artificially generated by a series of simulations, we argue here that Benford’s Law is essentially useless as a forensic indicator of fraud. Deviations from either the first or second digit version of that law can arise regardless of whether an election is free and fair. In fact, fraud can move data in the direction of satisfying that law and thereby occasion wholly erroneous conclusions.»

Ahora han regresado para una nueva condena, la quinta, sólo que ya no en términos de observaciones supuestamente «respetuosas». En ella sugieren que ayer marcharía para acompañar a Nicolás Maduro en su repudio de las sanciones acordadas por el Congreso de los Estados Unidos el miércoles 10 de los corrientes, me endilgan el cognomento de «camarada», se refieren a mis argumentos como «cinismo» y me atribuyen una «supina estupidez», «soberbia» e «impericia». Es decir, intentan ofenderme. Ésos son los argumentos de quienes reivindican ser demócratas—condición que en principio exige respeto por la opinión ajena—y gente que combate al «régimen» por inmoral. La justificación de tal proceder la presentan de este modo: «Intervenir en la política interna de un país debería ser, en condiciones normales, rechazado por cualquiera. El tema Sr. Alcalá es que este país no está en condiciones normales». Es decir, la anormalidad autorizaría una conducta inmoral para combatir otra conducta inmoral; guerra es guerra, pues. Así razona Dick Cheney para defender las torturas de la Agencia Central de Inteligencia de los EEUU, que él autorizara directamente: “I have no problem as long as we achieve our objective.”

Los anónimos héroes de la contrarrevolución dejan de notar que mi argumentación en el programa #123 de Dr. Político en RCR no se centró sobre el punto de una intervención extranjera, a la que sólo hice una referencia de pasada el 10 de mayo en el programa #94, sino sobre la flagrante carencia de autoridad moral de los EEUU, contumaces violadores de derechos humanos, para imponer sanciones a nadie, ni siquiera al siniestro Sr. Milosevic, por el crimen que han cometido muchas veces. Punto.

El refugio de estos héroes en el incógnito es la excusa que aducen para justificar su cobardía (uso acá su ortografía y su sintaxis): «Asumimos el anonimato, no como un medio para actuar impunemente, sino como defensa ante ataques que vulneren aun mas nuestra integridad y la de nuestros». (¿?) Yo no me escondo tras nombres supuestos para refutar, con mejores argumentos, el sistema al que he combatido desde febrero de 1992; tampoco para exponer las críticas a actores distintos del oficialismo que pueda considerar necesarias. Estoy obligado por un código de ética que pronto cumplirá veinte años de haber sido formulado: «Procuraré comunicar interpretaciones correctas del estado y evolución de la sociedad general, de modo que contribuya a que los miembros de esa sociedad puedan tener una conciencia más objetiva de su estado y sus posibilidades, y contradiré aquellas interpretaciones que considere inexactas y lesivas a la propia estima de la sociedad general y a la justa evaluación de sus miembros». El gobierno sabe perfectamente bien que me le opongo, y la transmisión por Internet asegura que se vea mi rostro mientras lo combato, sin preocuparme por «mi integridad y la de míos». (Ayer recibí un chisme cuya veracidad no me consta: que CONATEL tendría a mi programa en la mira para sacarlo del aire, lo que seguramente haría felices a los ocultos Alí y Babá).

Hay modos eficaces y otros enteramente ineficaces de combatir el error. El protocolo de actuación del opositor enfermo, que se ha dejado enfermar por el chavismo, es la acusación ritual y cotidiana desde una «santa» indignación, pero lo que es tan eficaz como necesario no es eso, sino la refutación de su discurso, y es esto lo que procuro hacer incesantemente desde hace casi veintitrés años. Creo, además, que «Lo peor que puede hacer un opositor a Chávez es parecerse a él». (Conocimiento y opinión, 14 de junio de 2007). En Las élites culposas escribí: «Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre». Seguramente Alí y Babá encontrarán manera de transmutar esa muy explícita condena en un apoyo al presidente Nicolás Maduro. LEA

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Alquimia de la culpa

Una culpa aplastante

 

Venezuelan President Nicolás Maduro’s government indicted opposition leader María Corina Machado this week for allegedly plotting to assassinate him. But the thing to remember about Machado is that she isn’t exactly the most competent anti-government operative. She’s best known for blunders like leading the 2005 opposition boycott of parliamentary elections. That essentially gifted the National Assembly to Venezuela’s ruling and radical socialist revolution, turning it into a rubber stamp for then-President Hugo Chávez. So if Machado really was planning to murder Maduro, it’s doubtful el presidente’s life was ever in much danger. (…) Machado’s crime is inept opposition leadership. Maduro’s incompetent governance is the genuinely indictable offense – and chances are he won’t be able to distract even 24 percent of Venezuelans in 2015.

Tim Padgett, Venezuela’s Truly Indictable Offense

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Los mecanismos de defensa psicológicos fueron descritos por Segismundo Freud, quien enumeró los tres que consideraba fundamentales. El primero y más elemental es la negación: yo no fui quien rompió el jarrón; el tercero y más refinado es la sublimación, por el que puede transformarse una culpa en un motivo superior. El segundo es la proyección: el culpable proyecta su culpa en otros, a quienes adjudica la responsabilidad de sus propias faltas. Es éste el procedimiento favorito del chavismo: «Este rasgo terrible y definitivo del modo de gobernar de Hugo Chávez se complementa con una ‘desconexión moral’—moral disengagement, otro concepto de Bandura—que le impele a fabricar excusas para su mala conducta, eludir la responsabilidad de sus consecuencias y culpar a sus víctimas. Las razones de Chávez son, mayormente, coartadas». (Nocivo para la salud mental).

Sus discípulos han continuado en la práctica proyectiva: «Aristóbulo Istúriz explica que no se puede eliminar el control de cambios, ‘una medida política, no una medida económica’, porque de hacerse ‘los tumbarían’, sin importar lo que convenga a los ciudadanos aquejados de inflación y desabastecimiento; Erika Farías reconoce que los problemas subsisten, pero dice que eso se debe a que quince años no son suficientes para resolver los que datan de hace tres mil (aparentemente ha logrado precisar cuáles serían, a pesar de que los indígenas que habitaban el territorio de Venezuela dos mil quinientos años antes de los españoles nunca tuvieron escritura y, por tanto, no dejaron registro de su inventario); Hugbel Roa, diputado del PSUV, recibe esta pregunta del semanario Quinto Día: Acerca de las últimas declaraciones de Diosdado Cabello, sobre las intrigas, chismes, grupitos. ¿Eso está planteado realmente a ese nivel?’, para contestarla de este modo incomprensible: ‘Efectivamente siempre se ha querido, cualquier situación que se presenta en nuestra organización, algunos actores sobre todo algunos medios de derecha intentan crear zozobra y mostrar al país y en el mundo que en el Partido Socialista Unido de Venezuela estamos divididos. No, no, nosotros estamos’. (?)» (El mercado político nacional).

El presidente Nicolás Maduro es ducho en esta práctica de la proyección. Las macroculpas, naturalmente, son siempre de la «Cuarta República»—en sí misma, una noción tramposa*—y el «Imperio». La más reciente transferencia de su responsabilidad ha consistido en postular la existencia de un «bloqueo financiero»; se queja de que el acceso a los medios externos de financiamiento es cada vez más oneroso para Venezuela.

Maduro denunció que el «bloqueo financiero» que se está ejerciendo sobre Venezuela no permite que se obtenga financiamiento. Responsabilizó de esto a las calificadoras de riesgo al sentenciar que «han puesto el riesgo país Venezuela como el más alto del mundo. Tenemos más riesgo país que otros que están en guerra. No voy a nombrar países para no ofender. Tenemos el doble de riesgo país que los hermanos países de África con Ébola».

Reiteró que se debe a causas políticas que Venezuela no tenga acceso a créditos: «Si vamos por allí a pedir 100 millones de dólares prestados para hacer una inversión en el metro o mantener las inversiones de las nuevas industrias, a un país le cobran 5, 8 o 9% de interés y a Venezuela le quieren cobrar 35%. Y hay venezolanos de la derecha metidos en esta jugada contra la patria. Los voy a denunciar».

Por otra parte, indicó que el dólar paralelo en la realidad económica venezolana «no existe» y aseguró que «nos lo quieren imponer como instrumento de guerra financiera, monetaria, psicológica y política».

Indicó que se pretendía una «guerra» al país que generara «hambruna y desempleo atroz», pero que «buena parte de nuestra pequeña y mediana industria está produciendo a 80%. Estamos teniendo un superávit histórico de lo que necesita el mercado nacional», según dijo Maduro recordando la cosecha de arroz. (El Universal: Maduro: Hoy llegó a 60,55 dólares el barril de petróleo venezolano).

Venezuela acaba de cambiar por liquidez inmediata con Goldman Sachs la deuda de República Dominicana por petróleo sin mayor problema, pero el punto es que las calificadoras de riesgo, aun si tuvieran (como las tienen) sus propias simpatías y antipatías políticas, no pueden inventar fábulas sin grave pérdida de credibilidad, imprescindible en su negocio. Venezuela está en serios problemas económicos, agravados por la baja de precios petroleros; tiene la mayor tasa de inflación del planeta, un déficit equivalente a dieciséis puntos del Producto Interno Bruto, una fase contractiva de su economía, un retraso en el cumplimiento de sus asignaciones de divisas… y pare de contar. ¿Quería Maduro que Moody’s o Standard & Poor o Fitch dejaran de considerar esta situación? Descartemos a esas agencias porque son del Imperio y preguntemos a los chinos—que por principio ven con más simpatía a los gobiernos socialistas—, a quienes debemos literalmente varias millonadas, por lo que no está en su interés que Venezuela tenga dificultades. Pero, reportó Víctor Salmerón el 13 de agosto en El Universal: «Principal calificadora china ve alto riesgo en Venezuela – Dagong degradó la calificación del país y proyecta déficit fiscal de 14.7% del PIB».

El problema de Maduro y su gobierno es que la ciudadanía venezolana ha aprendido a desentrañar en sus primitivos pretextos la proyección freudiana. Datanálisis ha encontrado en noviembre que 85,7% de los encuestados opina que es mala la situación del país. (¿Es que más de las cuatro quintas partes de nuestra nación han constituido una agorera agencia de calificación de riesgo que impide el acceso razonable a financiamiento externo?) También midió la encuestadora, por cierto, un rechazo de 72,2% al gobierno y 71,5% de quienes creen que el mandato de Maduro será revocado en 2016.

A pesar de lo cual, un terso José Vicente Rangel escribe: «Maduro ha demostrado condiciones para ejercer el cargo de Presidente de la República. Logró sortear con éxito este año 2014 y resolvió situaciones críticas con serenidad y firmeza. A esto se agrega el masivo apoyo de calle que tiene y la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Por tanto, no hay razón alguna para que Maduro deje de ser presidente y Venezuela dé un salto al vacío cuya consecuencia sería el caos». (¿Por qué no está planteada una transición?)

Bueno, siempre se puede silbar en la oscuridad. (To be confident that something good will happen when it is not at all likely: She seems pretty sure she’ll win the title, but she may just be whistling in the dark. The Free Dictionary). Hay quienes silban en lo oscuro para moderar el miedo; para Rangel, 72, 2% de rechazo es ¡un «masivo apoyo de calle»! LEA

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*Fernando Luis Egaña explicó en 2004 lo que nos tragamos como marco lingüístico cada vez que admitimos la denominación «cuarta república». Como las primeras tres ocurren entre 1811 y 1830, y la quinta empezó propiamente el 15 de diciembre de 1999, entonces la «cuarta» comprende «los 168 años que incluyen el paecismo, la Federación, el dominio andino y el surgimiento de la democracia». Para la nueva enciclopedia del régimen «son un mismo magma tenebroso que separa la gesta libertadora de la ‘revolución bolivariana’. Semejante mamarracho historiológico no resiste el menor soplido y, sin embargo, es la ‘versión oficial’ que el actual régimen difunde a diestra y siniestra, con el conformismo escandaloso de buena parte de la opinión pública y publicada».

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Ruptura de paradigmas políticos

Tomado de taringa.net

Tomado de taringa.net

 

Unión Radio no transmitirá el sábado 1º de noviembre una entrevista que me hiciera el Prof. José Eduardo Orozco para su programa De educación y algo más, la que fuera grabada el lunes 27 de octubre. En ella, expuse criterios que se superponen al discurso frecuente acerca de la educación y los valores como presuntos elementos de una solución eficaz a nuestros problemas políticos. No me convencen las razones que me ofrece el Prof. Orozco para la «posposición» en correo que acaba de enviarme y le contesté diciéndole:

…conjeturé el mismo lunes que ocurriría algo así como lo que me comunica, que la entrevista no será transmitida este sábado por Unión Radio; fueron demasiado frontales mis refutaciones al discurso gaseoso de «la educación como salida» y la importancia de «los valores» para «la Venezuela que todos queremos». Lealmente, le advertí un día antes de la grabación: «Mi posición respecto al tema de los valores no es demasiado ortodoxa», y le envié un estudio (El lugar de los valores en la política) que compuse el año pasado en el que se leen cosas como éstas:

Los valores, en consecuencia, son entidades abstractas que pertenecen al mundo de la cultura, en tanto elaboraciones del hombre; no son entidades objetivas del mundo natural.

La Política no es una ciencia, menos aún es ella una ciencia deductiva, more geometrica. La Política es un arte, un oficio, una profesión, un métier. Como tal oficio o profesión, debe estar sujeta la Política a un código de ética, algo que es mucho más específico y práctico que una doctrina centrada en valores abstractos, puesto que estipula los comportamientos correctos.

Lo que expuse en nuestra conversación contradice premisas que para Ud. y su programa son fundamentales, y entendería que no le fuera cómodo o conveniente que la transmisión de lo grabado se efectúe. Por otra parte, Ud. aduce ahora que «debido a la urgencia que presenta una organización… el equipo de producción… determinó que nuestra conversación será postergada para una fecha próxima». Antes me había exigido—en su correo del domingo 26—acerca de ella: «por la urgencia del caso, deberíamos grabar tan esperada entrevista este lunes 27». Da la impresión de que su programa se la pasa de urgencia en urgencia.

La revolución—perdón, la conversación—no será transmitida. He aquí el audio correspondiente (hay pausas de pocos segundos entre los distintos segmentos):

LEA

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El mercado político nacional

 

Pablo Benavides: Mercado de San Jacinto, 1963

Pablo Benavides: Mercado de San Jacinto, 1963

 

Ésta es, a grandes rasgos, la oferta política nacional. Su caracterización más sencilla consiste en darse cuenta de que se trata de una oferta política cualitativamente insuficiente. Esto se traduce, a la hora de evaluar los actores políti­cos, en una calificación de los actores políticos tradicio­nales como incompetentes.

Sociedad Política de Venezuela Documento Base, febrero de 1985

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Una vez más, tal como en 1993 y 1998, el mercado político nacional está abierto a nuevas iniciativas. En esos años, la desafección al esquema de alternación bipartidista permitió la resurrección de Caldera y luego la llegada de Chávez, un candidato que escasamente doce meses antes registraba alrededor de 7% de intención de voto a su favor.

Son ahora el PSUV y la MUD quienes, juntos, no alcanzan el favor de siquiera la mitad del país. En su Encuesta Nacional Ómnibus recogida entre el 31 de marzo y el 20 de abril de este año, Datanálisis registró como autodefinición política de los entrevistados (“En relación a la política nacional, usted se considera…”) 31,9% de la oposición antichavista, 30% pro gobierno/chavista/oficialista y 34,9% ¡de ninguno de los dos! Con más detalle, la medición de identificación partidista (“En relación a la política nacional, ¿podría decirme de qué movimiento o partido se considera usted?”) consiguió 25,1% a favor del PSUV y 21,8% para el resto de los partidos (si se suma 9,3% adjudicado a la Mesa de la Unidad Democrática como si fuera uno aparte), para un total de 46,9% de ciudadanos polarizados. En contraste, 47,8% reportó ser de ningún partido o se definió como independiente y 5,3% no supo o no respondió, para un total de 53,1% no afiliado al PSUV o la MUD. (Hinterlaces ha reportado el 30 de septiembre la proporción de «independientes» en 47%, el mismo nivel medido por Datanálisis cuatro meses antes).
Respuestas de hace 3 meses

Identificación partidista de 1.300 entrevistados – Datanálisis, hace 4 meses

En análisis del 2 de junio, ETT reporta (en la nota PSUV y MUD tienen fuertes rechazos por encima del 50%):

El analista político Luis Vicente León asegura que en la oposición y el oficialismo no existe vocero alguno que aglomere el respaldo popular y en ese sentido, afirma que “la mayoría de los dirigentes políticos hoy tienen más centímetros por columna que votos”.

León a través de su cuenta en la red social Twitter puntualizó este sábado que «el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) presentan rechazos superiores al 50% sobre el total de la población”.

En ese sentido, explicó que los matices de pensamiento en la población venezolana son mucho mayores que las que presentan sus líderes, lo que “dificulta que se sientan representados por ellos”.

Para Luis Vicente León en el escenario actual “las conexiones políticas de lado y lado son mucho más débiles que en la era Chávez, con lo que se abre espacios a la anarquía”.

Esto es, el mismo rechazo a las organizaciones políticas tradicionales que propulsó la expresión de radicales de derecha e izquierda en las más recientes elecciones del Parlamento Europeo. Naturalmente, León registra acá la comprensión habitual de nuestra política nacional como película en blanco y negro, una historia de héroes contra villanos (en roles cambiantes según quien la cuente) que no admitiría otras salidas. Lo verdaderamente constructivo sería, en cambio, propiciar la emergencia de una nueva organización política, que escape a la polarización ideologizada y a esa anarquía que León vislumbra como única opción.

La oferta política nacional, proveniente en abrumadora mayoría de los actores políticos convencionales—el PSUV y los partidos agrupados en la MUD—, es irremediablemente obsoleta, al estar fundada sobre bases ideológicas. Además, aun dentro de esa concepción clásica de la política—la lucha por el poder sobre la coartada de una ideología—, la calidad de los mensajes es pobrísima.

 

El tarantín socialista

Los Marx: Groucho y Karl

Los Marx: Groucho y Karl

El oficialismo, por caso, insiste en el socialismo como promesa fundamental, aunque la mayoría de los venezolanos lo rechaza. El envoltorio de su oferta no puede ser más deplorable: desde el culto necrofílico a un tal «Comandante Eterno», reitera su trasnochado «Plan de la Patria 2013-2019«, un documento ampuloso que postula cinco objetivos «históricos». (La preferencia oficialista por palabras esdrújulas es muy marcada: histórico, endógeno, protagónico, agroecológico, biométrico, etcétera. Un oyente de Dr. Político en RCR se refiere a Chávez como el líder «electromagnético» y «galáctico»).

Más de uno de esos objetivos es ridículamente pretencioso; el penúltimo y el último se proclaman así: «IV. Contribuir al desarrollo de una nueva Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico [la esdrújula de rigor] y pluripolar que permita lograr el equilibrio del Universo y garantizar la Paz planetaria. V. Preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana». Y como ya el gobierno no cuenta con la guía intelectual de Jorge Giordani, ha tenido que asumir el papel de ideólogo el Sr. Diosdado Cabello; en plan de sorna dijo el 4 de junio: «La salida es el socialismo». (DRAE: Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes). El socialismo ha fracasado en la búsqueda de una sociedad mejor y un hombre «nuevo» en todas partes del mundo; por lo demás, a un costo terrible: tan sólo la variedad estalinista debió invertir nueve millones de muertos en la Rusia soviética. Hasta Cuba, tutora del gobierno venezolano, procura reacomodarse con urgencia; el 29 de marzo de este año aprobó una ley de inversiones extranjeras que satisfaría con creces al más exigente de los capitalistas.

Este campo ideológico está hoy dividido, pues el madurismo procura enmendar el rumbo suicida del socialismo sin que se note demasiado y los radicales doctrinarios le cobren esa «traición». La cacofonía oficialista no ayuda: Aristóbulo Istúriz explica que no se puede eliminar el control de cambios, «una medida política, no una medida económica», porque de hacerse «los tumbarían», sin importar lo que convenga a los ciudadanos aquejados de inflación y desabastecimiento; Erika Farías reconoce que los problemas subsisten, pero dice que eso se debe a que quince años no son suficientes para resolver los que datan de hace tres mil (aparentemente ha logrado precisar cuáles serían, a pesar de que los indígenas que habitaban el territorio de Venezuela dos mil quinientos años antes de los españoles nunca tuvieron escritura y, por tanto, no dejaron registro de su inventario); Hugbel Roa, diputado del PSUV, recibe esta pregunta del semanario Quinto Día: «Acerca de las últimas declaraciones de Diosdado Cabello, sobre las intrigas, chismes, grupitos. ¿Eso está planteado realmente a ese nivel?», para contestarla de este modo incomprensible: «Efectivamente siempre se ha querido, cualquier situación que se presenta en nuestra organización, algunos actores sobre todo algunos medios de derecha intentan crear zozobra y mostrar al país y en el mundo que en el Partido Socialista Unido de Venezuela estamos divididos. No, no, nosotros estamos». (?) Hugbel Roa parece incluir el programa Con el mazo dando, conducido por Diosdado Cabello en Venezolana de Televisión—¿un medio de derecha?—en su queja. Y siguió:

¿Giordani es de derecha?

Ya eso es un debate, primero que para nosotros eso no es un debate, ese señor, el ministro Giordani ha asumido una posición intrigante que de verdad no colabora en nada con lo que nosotros estamos planteando ahorita.

¿Y Navarro?

De igual manera, el profesor Navarro se solidariza con unos elementos que no tienen nada que ver, primero, acusar al Presidente Nicolás Maduro es una irresponsabilidad porque nosotros sabemos que de toda la guerra y todo el plan que se ha montado contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Que hay una permanente conspiración, que ha habido permanente asesoría y financiamiento por parte del Departamento de Estado.

Vendría a ser, ciertamente, una novísima teoría que Giordani y Navarro han recibido asesoría y financiamiento del Departamento de Estado.

 

La buhonería opositora

¿Qué encontramos del «otro lado»? Una Mesa de la Unidad Democrática que ya no solo está dividida ideológicamente—Ramos Allup: «No compartimos ideales ni visiones»—sino también estratégica y operacionalmente.

"No fui elegido por mi frondosa cabellera"

«No fui elegido por mi frondosa cabellera»

Dos días después de su asunción como nuevo Secretario Ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba acompañaba a Lilian Tintori en su representación ante la sede del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y esto significa que la oposición formal venezolana no puede darse el lujo de separarse de Leopoldo López, que en algunas encuestas supera en simpatías las captadas por Henrique Capriles Radonski. La inminencia de las elecciones de Asamblea Nacional aconseja desconocer la fractura que representó el manifiesto pro constituyente que López y María Corina Machado promovieron y fue publicado el 7 de diciembre de 2013, justamente un día antes de las elecciones municipales que Capriles planteara como «plebiscito» contra Maduro, el que la oposición perdió de modo decisivo.* La iniciativa de López & Machado contravenía su compromiso expreso; el 23 de enero de 2012, veinte días antes de las primarias de oposición de las que surgiría la candidatura presidencial de Capriles (con el apoyo de López una vez que éste se convenció de que no ganaría), los que participaron en esas primarias firmaron un documento—Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional—que incluía esta estipulación: “La prioridad político-institucional del nuevo gobierno no ha de cifrarse en el cambio global de esa Constitución, ni en la convocatoria de una Asamblea Constituyente”. Ma. Corina Machado y Leopoldo López refrendaron ese documento-pacto; o entonces lo hicieron insinceramente o mudan de opinión con rapidez. (O tienen muy mala memoria).

Luego vino el proceso de protestas y guarimbas iniciado el 12 de febrero—ver La marcha de la insensatez—del que, otra vez, fueron López & Machado los mentores principales. (Acompañados por Antonio Ledezma, quien hace un tiempo formó parte con Oscar Pérez y Patricia Poleo del extinto «Comando Nacional de la Resistencia»—más radical que la Coordinadora Democrática—y predicaba el abstencionismo). A mediados de la tarde de ese día, la emisora colombiana NTN24 ya había dispuesto un peculiar grupo de entrevistados sobre los sucesos que en esos instantes se desarrollaban: María Corina Machado, Leopoldo López, Diego Arria y ¡Otto Reich!** La cosa estuvo preparada. Además de los muertos, resultó ser una baja de ese proceso Ramón Guillermo Aveledo, y ahora la MUD ha logrado refrescarse poniendo en su lugar la figura de Torrealba, a quien Nicolás Maduro califica de «basura». Es sorprendente la agresividad oficialista contra Torrealba; tal vez esto se deba a algo aún no medido por encuestadoras: que el flamante vocero de la MUD ejerce ya para el pueblo opositor un liderazgo más esperanzador que el de Capriles o el de López & Machado.

Capriles, por su parte, ha venido predicando una ideología distinta del humanismo cristiano de su partido, Primero Justicia. Inmediatamente después de su fracaso plebiscitario de la Inmaculada Concepción, ha hablado con cierta insistencia de «progresismo», el nuevo ismo cuyo máximo propagandista es Henri Falcón. (Ver, del 16 de julio de este año, Una guará ideológica). El 15 de diciembre de 2013, declaraba Capriles a El Universal: «Henri Falcón y yo coincidimos: frente al socialismo decadente, el progresismo inteligente, incluyente y eficiente». Como el gobernador de Lara, parece ignorar que el mundo se mueve con no poco trauma hacia una era post-ideológica.

No hay mucho más en la oferta opositora. Torrealba anunció que la MUD iba «pa’la calle», y convocó una marcha más—¿no hay imaginación estratégica en la oposición?—para el sábado 4 de octubre, que inteligentemente fue suspendida luego del asesinato del diputado socialista Robert Serra. También afirmó que había que aliar al liderazgo político con el liderazgo comunitario y establecer un «pacto con los pobres y la clase media», luego de postular, erróneamente, que «nuestra clase media es una realidad reciente, aparecida durante la democracia». (En entrevista concedida a Roberto Giusti, el 28 de septiembre, para El Universal). Faltaría por definir si Jesús Torrealba puede también ser tenido por «progresista».

 

Ausente del mercado

La organización desconocida

¿Valdrá más malo conocido?

No existe en el teatro político nacional una opción que hace falta: una organización política de código genético distinto del de un partido ideológico convencional (o una federación de partidos convencionales, una organización de organizaciones o «movimiento de movimientos»). La ciudadanía puede y debe exigir una oferta clínica y profesional que deje atrás las ideologías, esas recetas de medicina antigua, esas panaceas vencidas que fueron formuladas en el siglo XIX y son incompetentes para resolver los problemas públicos de sociedades más complejas, como las del siglo XXI. Un espacio así fue propuesto en febrero de 1985, sin que fuera posible obtener apoyo a la idea. Hoy es la cosa mucho más fácil y mucho menos costosa, pues la red de redes puede alojar su manifestación principal, sin que por eso se suprima el contacto presencial. Nuestro país tiene hoy alrededor de 15 millones de internautas—79% del registro electoral—, de los que el 30% busca información política en Internet y 70% pertenece a las clases D y E. (Ya en 1995, un ejecutivo de IBM de Venezuela me confiaba sorprendido: «La compraventa de computadores personales de segunda mano en los barrios de Caracas mueve más dinero que el mercado corporativo de computación». Hay una vocación de modernidad en los barrios venezolanos que es preciso acompañar).

La apuesta debe ser al apoyo del pueblo a tal sensatez; en Sobre la Posibilidad de una Sorpresa Política en Venezuela (septiembre de 1987), se observaba sobre la economía de un outsider democrático: «…es concebible que una minoría lúcida (…) pueda proveer los recursos exigidos por una campaña poco costosa—no puede, no debe ser cara—en grado suficiente, al menos para cebar la bomba que pueda absorber los recursos totales del mercado político general, pues si la aventura cala en el ánimo del público, una multitud de pequeños aportes puede sustituir o complementar a un número reducido de aportes cuantiosos». En 2008, veintiún años después de aquel estudio, la campaña de Barack Obama obtuvo la gran mayoría de sus fondos—un total de 745 millones de dólares—en donaciones pequeñas del público en general que contribuía por Internet.

Concebiblemente, no sería de un todo imposible que la organización necesaria surgiera por metamorfosis del PSUV o la MUD, y el segundo caso sería en principio más probable. (Ver ¿Jesús Gorbachov?). Ya el hecho de que exista una diversidad de partidos socialcristianos—Primero Justicia, COPEI, Proyecto Venezuela y lo que quede de Convergencia—y de otros socialdemócratas—Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática y Alianza Bravo Pueblo (si no se cuenta a Voluntad Popular, cuya ideología reporta Wikipedia en Español como progresista, centrista y socialdemócrata)—indica a las claras que la ideología no es el factor principal, puesto que están desunidos. La federación de la MUD es menos homogénea, ideológicamente hablando, que el Partido Socialista Unido de Venezuela, y por tal razón tendría menos obstáculos a la hora de decidir que las ideologías deben quedar atrás. De todos modos, antes he adelantado opinión sobre este punto:

Pero un outsider, alguien que viene de fuera, no podía por definición surgir de las filas chavistas, ni siquiera en el caso de que Hugo Chávez, fajado con su enfermedad, se viera impedido de la candidatura. Tampoco, por supuesto, de las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática. Los partidos que componían la abigarrada mezcla de la MUD no habían experimentado la metamorfosis que sería necesaria para convertirse en actores relevantes y pertinentes. Se trata de un impedimento congénito o, aun más profundamente, genético, constitucional. La valentía que se requiere para sobreponerse a eso es la necesaria para sufrir una lobotomía ideológica; no es coraje frecuente. Quizás, si nos indignáramos como en El Cairo, Madrid, Londres y Nueva York, algún día estén dispuestos a someterse a esa intervención quirúrgica. (Las élites culposas, mayo 2012).

La ventana de oportunidad que pareció abrirse para la MUD con la designación de Jesús Torrealba pudiera cerrarse con mucha rapidez. En este caso, habrá que construir la nueva organización desde cero, y esto facilitaría su pureza conceptual. Pero, mientras esa opción no surja, un paseo por el mercado político nacional es desolador; sus anaqueles conceptuales están desabastecidos. En ellos sólo encontramos mediocridad y, entretanto, el país y su gobernabilidad se sumen en profundidades mayores con el paso de los días. El Fondo Monetario Internacional estima que 2014 cerrará para nosotros con una inflación de 64%, si siguen matando diputados habrá que adelantar las elecciones de Asamblea Nacional y Quinta Crespo pudiera convertirse de mercado en matadero. LEA

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*En entrevista de marzo de este año, Torrealba declaró a la periodista Milagros Socorro: «El 8D el oficialismo se graduó de minoría, pero es una minoría muy grande. También ese día el país no oficialista se graduó de mayoría, pero una mayoría aun no suficientemente cohesionada». Este blog apuntó el 11 de diciembre de 2013 en Las cuentas como son: «Es obvio que el oficialismo no cuenta con la mayoría del país; pudo llevar a las urnas a sólo 27,3% del total de 19.066.431 electores. Considerando las cifras de Wikipedia—la web del Consejo Nacional Electoral no dispone aún de las cifras definitivas—, no hay duda de que la oposición tuvo un desempeño inferior; sólo 22,9% de los electores inscritos votó por candidaturas postuladas por el consorcio opositor. Es razonamiento claramente tramposo sumarle 1.533.503 votos (13,8% de los votantes, 8% de los inscritos) por candidaturas no alineadas con ninguno de los extremos de la polarización. Lo mismo pudiera hacerse con los números del otro lado para decir que no votó por la MUD un total de 6.746.693 asistentes a las urnas, lo que supera en 2.372.783 su propia votación». Dos días después, se actualizó la información en un comentario a esa entrada: «En el día de hoy, la rectora Sandra Oblitas certificó definitivamente que, de un total de 335 alcaldías en disputa, el PSUV y sus aliados ganaron 242 (72,24%), mientras que la MUD obtuvo 75 (22,39%) y otros candidatos un total de 18 (5,37%). En votos totales, la alianza centrada en el PSUV obtuvo 5.227.491 sufragios sobre 4.423.897 de la MUD, para una ventaja de 803.594 votos».

**Otto Reich fue alto funcionario diplomático de los gobiernos republicanos de Ronald Reagan, George H. W. Bush y George W. Bush. Luego fue consejero en política exterior de los candidatos John McCain y Mitt Romney, así como asesor corporativo de Bell Atlantic, McDonnell Douglas Aircraft, AT&T y British American Tobacco. Contribuyó a la redacción de la ley Helms-Burton que extendió el embargo de los EEUU contra Cuba.

Para descargar esta entrada en .pdf: El mercado político nacional

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Ave Ledo, morituri te salutant

El próximo voto pudiera ser para sí mismo

Su próximo voto pudiera ser para sí mismo

Ramón Guillermo Aveledo ha renunciado a la Secretaría Ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática. Ya hay quien hace analogías con la renuncia de Luiz Felipe Scolari a la Dirección Técnica de la selección brasileña de fútbol. Es una comparación natural: Aveledo no jugó él mismo en los estadios electorales por la oposición al chavismo aunque, por supuesto, fue un destacadísimo parlamentario hasta 1999, el año de la asunción de Hugo Chávez a la Presidencia de la República.

En más de una ocasión, en este blog se ha elogiado la labor de Aveledo, realizada con constancia, inteligencia y discreción. La más reciente (8 de mayo) incluyó un agradecimiento a su «clara dignidad» ante declaraciones impertinentes de Roberta Jacobson, Sub Secretaria de Estado para América Latina de los EEUU. (Dos maravillas, y el programa #94 de Dr. Político en RCR, del 10 de mayo, se refirieron al asunto). Antes hice público reconocimiento a su tino y equilibrio en el manejo del saco de gatos que es la MUD, en entrevista con William Echeverría para Globovisión en 2010. Hoy quiero decir que Aveledo es un político más redondo y competente que cualquiera de los que participaron en las elecciones primarias de la MUD del 12 de febrero de 2012, de las que salió la candidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski.

La renuncia de Aveledo a su cargo de coordinación le ha debido reportar alivio. Como él mismo ha insinuado, no sólo le ha atacado el oficialismo; gente de la oposición le ha criticado, siendo lo más notable lo que María Corina Machado dijera a Germán Carrera Damas en la conversación que se les grabó el año pasado. (Ver María Corina me quiere gobernar). La «diputada desaforada»—así la llaman medios extranjeros—se quejó de que Aveledo no le permitiera dirigir las relaciones internacionales de la federación opositora. En su carta de renuncia, Aveledo asentó al comienzo:

En los últimos meses, una campaña artera y sañuda se ha desarrollado contra la Unidad y su instrumento, la Mesa de la Unidad Democrática, y se ha escogido a fin de golpearla, disparar contra la credibilidad de su vocero y servidor. Empezó en los laboratorios del poder arrogante, pero no se quedó allí, la insensatez lo acogió con lascivia. En la fuente o en la desembocadura, playas unitarias han sido mojadas por esas aguas contaminadas.

Ahora se ha liberado de la pesada carga que soportó con paciencia y acierto general y queda libre, como el «último en la fila» de los militantes de «la Unidad», para emerger oportunamente como su candidato presidencial. Esta candidatura pudiera darse en 2018, al término del actual período constitucional o incluso antes, si se produjere la falta absoluta del presidente Maduro por revocación de su mandato o por renuncia. En tal caso, sería esperable en él un desempeño mejor que los que ofrecieron Rosales y Capriles; a ambos, y al extraviado proponente del «progresismo» (Henri Falcón), les supera en inteligencia y preparación. LEA

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