por Luis Enrique Alcalá | Oct 29, 2012 | Argumentos, Política |

Otra vez se tocan los extremos
Nosotros tenemos que participar, movernos. La lucha es luchando.
Henrique Capriles Radonski, en el estilo de Manuel Rosales
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En alguna parte observó G. W. F. Hegel que en el transcurso de la lucha los enemigos terminan por parecerse. Hay mucho, por ejemplo, de Carlos Andrés Pérez en Hugo Chávez, aunque algunos argüirán, no sin razón, que en lo tocante a megalomanía el segundo ha sobrepasado con creces a su precursor. Chávez fue el complemento perfecto de George W. Bush y se le parecía mucho, sobre todo en eso de sentirse ungido de la historia. Asimismo es notable la adopción de una agresividad irracional en gente opositora, que en principio rechaza a Chávez—de nuevo no sin razón—por su permanente modelación de la violencia.
Tenemos ahora un caso que Hegel consideraría de librito en esto de rivales que hacen mimesis. Se trata de un candidato a gobernador que se refirió a su contendiente como «aburrido», prosiguiendo así en su descripción: «Un bate quebrado, trasnochado, que da sueño…» Parecen cosas de Chávez ¿no es así? ¿No era Chávez quien descalificaba tempranamente a Henrique Capriles Radonski por «majunche»? (DRAE: Ven. De calidad inferior, deslucido, mediocre). ¿No era Capriles quien reclamaba reiteradamente el estilo insultante del Presidente de la República?
Pues bien, las caracterizaciones de aburrido, bate quebrado, trasnochado y somnífero fueron endilgadas por Capriles Radonski a Elías Jaua el pasado domingo 28 de octubre, ayer. Parece que Hegel tenía razón (al menos en este punto); Capriles imita ahora a Chávez y a la perfección, al decir: «Un bate quebrado, trasnochado, que da sueño no va a gobernar el estado Miranda, eso se los aseguro». Cuidado, que antes aseguró que sería presidente.
En su campaña instantánea por la reelección en Miranda, Capriles Radonski ha dado pruebas de su inteligencia mimética; ahora habla de «corazón» a cada rato, reforzando sin proponérselo la fatuidad de Hugo Chávez, el «corazón de su patria». También admite inadvertidamente saber que no puede proporcionar un liderazgo nacional, cuando proclama: «Yo tengo una sola lucha: mejorar la calidad de vida del pueblo mirandino».
El empleo de contrafigura de Hugo Chávez, demostrada la incompetencia de Capriles, está vacante. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 26, 2012 | Argumentos, Política |

Diseño para la toma del poder
Tal vez la historia española se escriba antes de que ocurra.
La verdad que ya no podemos eludir
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Era el mes de noviembre del primer año de un cierto período presidencial en Venezuela. Un alto funcionario del incipiente gobierno invitó a su casa a un compacto grupo de conocidos, amigos y subalternos de su cargo, a quienes justificó la convocatoria en estos términos: «Les pedí que vinieran para comunicarles que quiero ser el próximo Presidente de la República».
Una discusión más o menos pertinente siguió a tal solemnidad, y cuando tocó el turno a uno de los presentes, éste dijo: «Veo dos problemas en lo que planteas, y te anticipo que el primero de ellos no me interesa en absoluto: no me importa cuántos mítines, cuántos eslóganes, cuántas pancartas y volantes o cuántos jingles sean necesarios para que alcances la Presidencia. No me preocupa para nada cómo harías para llegar a Miraflores. En cambio, me interesa un segundo asunto: ¿que harías tú como presidente? O, puesto de distinta manera, ¿por qué tendrían los venezolanos que elegirte? ¿Para qué quieres ser presidente?»
El interpelado era persona de mente rápida y repuso con agilidad aduladora: «Aquel presidente que se rodee de personas tan capaces y brillantes como las que hoy están aquí será un gran presidente». Quien lo emplazara le hizo notar de inmediato que su respuesta, si bien ágil, astuta y persuasiva, no era en ningún caso convincente.
Poco después se produjo un alejamiento de estos dos interlocutores, y el pretendiente de la Jefatura del Estado se quejaba a comunes amigos que sus llamadas e invitaciones al otro no eran contestadas. No menos de una media docena de reclamos de esta clase le hizo llegar por interpuestas personas, hasta que el destinatario optó por escribir una carta al quejoso. Allí le puso:
Hace poco supe de una vieja leyenda alemana: en el origen del mundo había sólo dos clases de hombres, los héroes y los sabios. Los primeros salían todas las mañanas a trabajar: a conquistar castillos, rescatar doncellas y matar dragones; lo propio de los héroes. Pero éstos, al final de la jornada, se encaminaban a las cuevas de los sabios y les pedían que les explicaran qué significaba lo que habían hecho durante el día, pues no tenían la menor idea de por qué lo hacían.
He registrado mi parentela: tengo, obviamente, sangre española; tengo sangre francesa, italiana y hasta algo de escocesa, pero el alemán no me sale por ninguna parte. A mí tienes que explicarme el sentido de una hazaña antes de acometerla. Su justificación no puede ser una racionalización posterior.
No hay duda de que eres un poderoso emisor de señales políticas, pero lo que a mí me interesa son los significados. Es eso lo que nos separa.
La carta bastó. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 21, 2012 | Argumentos, Política |

Sus restos no aguardan la resurrección a temperaturas criogénicas
meme an idea, behavior or style that spreads from person to person within a culture.
Merriam-Webster Dictionary
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A meme acts as a unit for carrying cultural ideas, symbols or practices, which can be transmitted from one mind to another through writing, speech, gestures, rituals or other imitable phenomena. Supporters of the concept regard memes as cultural analogues to genes in that they self-replicate, mutate and respond to selective pressures.
Wikipedia
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memez. 1. f. Cualidad de memo. 2. f. Dicho o hecho propio del memo.
memo1, ma. (Voz que imita el tartamudeo). 1. adj. Tonto, simple, mentecato.
Diccionario de la Lengua Española
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El cadáver de Walt Disney fue cremado el 17 de diciembre de 1966 y sus cenizas fueron enterradas en el cementerio Forest Lawn de Glendale, California. A pesar de estos hechos, un gran número de personas está dispuesto a jurar que su cuerpo fue congelado a temperaturas sub cero, a la espera de que las ciencias médicas pudieran revivirlo. De modo semejante, un número equivalente asegura que el cómico mexicano Joaquín Pardavé fue enterrado vivo, a juzgar por los arañazos supuestamente observables en el lado interno de la tapa de su féretro. El cuerpo de Pardavé, fallecido a raíz de un derrame cerebral once años antes que Disney, jamás ha sido exhumado, por lo que habría sido extremadamente difícil a los creyentes en tal leyenda urbana revisar el interior de la urna que aún contiene lo que quede de él. En Venezuela, hay mucha gente que prefiere creer que hubo fraude electoral el 7 de octubre de este año antes que aceptar que su candidato, como lo pone TIME Magazine, fue incapaz de ofrecer una alternativa convincente.
La difusión de memes memos se ha visto potenciada con los medios de la Internet: el correo electrónico y las llamadas redes sociales, en los que se vuelca una avalancha gigantesca de necedad que se amplifica viralmente. Twitter es especialmente competente en acelerar dinámicas rumorosas sin fundamento. Tuits típicos: «Como se explica: q Capriles pierda en Miranda, Zulia, Lara y Carabobo? q haya 81% d participación con la Morrocoy?», «FRAUDE MASIVO los q tengan ojos q vean los resultados del CNE por estados. Capriles solo gana Táchira y Mérida NI Miranda !!», «Exit poll d Carabobo por PREDICTMATICA (48mil muestras) dio ventaja a HCR de 13,7%. Resultados CNE incomprensibles». Naturalmente, ni Gallup asociada con Gaither levanta 48.000 entrevistas en un solo estado venezolano, y por lo que respecta a la encuestadora esgrimida vale la pena considerar la evaluación de Francisco Toro en Caracas Chronicles. Afortunadamente, hay otros más sensatos: «Como carajo vamos a sumar votos rojos si seguimos diciéndoles ignorantes?» Pero no faltan tuits terribles, brevísimos, solemnes y pretenciosos depresores de la autoestima nacional, como esta idiotez: «Somos un país que tiene alergia congénita al esfuerzo y la mejora». (21 de octubre de 2012).
La credulidad es, lamentablemente, un defecto humano harto extendido, para fortuna de los estafadores que la aprovechan. Viktor Lustig, quien birlara alguna vez 5.000 dólares al mismísimo Al Capone, vendió nada menos que la Torre Eiffel a un crédulo André Poisson en 1925. Tal es la memez de los cándidos.
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Los memes que se conocen con el nombre de leyendas urbanas alcanzan en ocasiones el status de teorías explicativas. Hace nada ocurrió en un foro del servicio Open English—el de las cuñas televisivas donde un memo aprende inglés con etiquetas que dicen pollo-chicken y repollo-rechicken—un debate entre un argentino y una venezolana; el primero aseguraba que Cristina Kirchner no era tan mala porque tomaba distancia de los Estados Unidos, el Imperio, sin inmutarse porque él mismo hubiera optado por aprender inglés, el idioma de ese país al que denostaba, seguramente no para hablar con rusos o chinos. Es toda una teoría esta de la dependencia que explica el atraso del desarrollo latinoamericano por la maléfica influencia del país norteño (que ciertamente es muy entrometido). En la década de los sesenta, cuando la democracia venezolana daba sus primeros pasos, corría como meme irónico esta adivinanza: ¿en qué se diferencian un liberal, un socialcristiano y un izquierdista cuando la mujer les pone cuernos? Respuesta: el liberal le mete un tiro al amante y otro a la esposa; el socialcristiano procura el auxilio de su director espiritual; el izquierdista va a protestar ante la embajada americana. Hay mucha verdad en Las venas abiertas de América Latina, pero el propio Eduardo Galeano ha tomado algo de distancia de su libro de 1971.
Un meme análogo es el que explica la pobreza de un pueblo como el nuestro por la corrupción que consume dineros públicos, los que invertidos en asistencia social la eliminarían. A raíz de la aprobación en 1982 de la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público, el profesor Humberto Njaim (Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela), hoy Miembro de la Academia de Ciencias Políticas, aportó un útil estudio de sus costos y beneficios. En él reveló sus estimaciones cuantitativas de la corrupción administrativa venezolana: el perezjimenismo habría sustraído fondos por el equivalente de 1% del Presupuesto Nacional; la democracia habría llevado el asalto hasta 1,5%.
En marzo de 1999, cuando Hugo Chávez llevaba apenas un mes en su cargo actual, informé de esta medición a un conductor de taxi que me llevaba de La Carlota a El Paraíso y quiso comentar los problemas del nuevo presidente, apremiándome con la cuestión de una corrupción que nos tendría sumidos en la pobreza. Al oír los índices del profesor Njaim, preguntó con incredulidad (¡gracias a Dios!): «¿Tan poquito?» Entonces puse la cosa en la escala del momento: «No, no es poquito. El presupuesto que manejará Chávez es de veinte billones [castellanos] de bolívares, y 1,5% de eso es la suma de 300.000.000.000 de bolívares». «Es verdad—repuso el chofer—, ¡eso es un realero!»
La conversación cayó en un cauce nuevo para él; vi su sonrisa y creí escuchar los engranajes de su cerebro moviéndose mientras le daba la buena noticia de que no nos habíamos robado 98,5% del presupuesto nacional, y que si bien la corrupción era de un todo execrable, no podía ser que un tumor de 1,5% de tamaño explicara nuestra dolencia social. Quizás algo fundamentalmente malo, si acaso, había en nuestro manejo de la inmensa mayoría del gasto público.
Bueno, trescientos mil millones de bolívares de los actuales son el presupuesto nacional de 2012. Supongamos que Pérez Jiménez los administrara; entonces irían a manos corrompidas tres mil millones de bolívares, unos setecientos millones de dólares si CADIVI los cambiara. Si los manejasen las administraciones democráticas de 1959 a 1983, entonces la sustracción de fondos nacionales sería unos Bs 4.500.000.000. (Repito, de los de hoy; si, como algunos hablan todavía, se contaran en bolívares «débiles», hablaríamos de 4 billones y medio de bolívares esmirriados). Si las administraciones de Chávez hubieran agravado el problema triplicando la tasa perezjimenista (a 3%, o el doble de la corrupción «democrática»), los «boliburgueses» habrían aprovechado 9.000 millones de bolívares. Finalmente, si quisiéramos suponer que la corrupción actual ha quintuplicado la cosa, llevando el peculado a 5% del presupuesto nacional, los dineros extraviados en cuentas suizas y otras sumarían 15 mil millones de bolívares, quince billones en la escala monetaria hace tiempo obsoleta.
Pues bien, la población venezolana puede ser estimada a la fecha en 29 millones de habitantes. Supongamos ahora que el arcángel Gabriel corta de un tajo con su espada flamígera toda la corrupción y reparte este último realero en cuotas idénticas a cada venezolano; entonces ¡cada ciudadano recibiría al año la cantidad de Bs. 517! ¿Saldríamos de abajo con menos de un bolívar con cincuenta céntimos diarios per cápita?
Alegrémonos porque no se han robado al menos 285 mil millones de bolívares y enterremos, a temperaturas no criogénicas para que nunca resucite, el meme idiota de que nuestra anormal distribución de la riqueza se debe a la corrupción administrativa. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 18, 2012 | Argumentos, Política |

La demoscopia como bioanálisis político
El suscrito clausuró el martes 16 de los corrientes un panel convocado por Hinterlaces, integrado además por Manuel Felipe Sierra y Miguel Pérez Pirela, para comentar el resultado electoral del 7 de octubre. Previamente, Oscar Schemel presentó el análisis de la encuestadora. Su página web destaca: «Oscar Schémel insistió en que los marcos de interpretación clásicos resultan cortos, insuficientes y desacertados para re-significar, interpretar y simbolizar las nuevas realidades. (…) El Presidente de Hinterlaces explicó que en Venezuela existe una disputa social y simbólica,—pero no antagónica—por refundar una nueva Democracia y redefinir las relaciones sociales y el desarrollo». Schemel opinó que el gobierno triunfante debe extender su «base social de apoyo» y ampliar los consensos, incorporando a otras clases sociales. A continuación, el contenido de mis planteamientos.
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Pudiera decirse que las encuestadoras son los laboratorios del bioanálisis político. El buen médico no puede prescindir del bioanálisis, pues éste le ofrece las lecturas precisas de azúcar en la sangre o las proporciones exactas de los distintos tipos de glóbulos blancos en ella. Del mismo modo, el buen político debe hacer uso de los estudios de opinión cuyos resultados, por supuesto, pueden variar según el laboratorio que analice las muestras. Una encuestadora que cinco días antes de la elección presidencial daba a Henrique Capriles como triunfador sobre Hugo Chávez por 4,6 puntos de ventaja (un error de más de 15%), explicó su inexactitud el miércoles de la semana pasada, en un foro del diario Últimas Noticias, como consecuencia de «un error muestral». La verdad es que el Vicepresidente Ejecutivo de esa encuestadora dijo el 27 de junio, al comentar la diferencia de sus números con otras encuestadoras: «Eso es imposible, alguien está mintiendo“. La mentira, como sabemos, puede ser recíproca, y es bueno estar en un evento convocado por una encuestadora que no miente.
Pero el buen médico no tiene que esperar que un bioanalista le diga que alguien está enfermo; su ojo clínico le permite adelantarse. Así es también con los buenos políticos, por lo que cabe preguntarse qué es un buen político, quiénes serían aquellos a los que llegáramos a llamar estadistas porque serían gente experta en el arte del Estado. Viene en nuestro auxilio Alexis de Tocqueville, pues ofreció en El Antiguo Régimen y la Revolución una definición del «verdadero arte del Estado», al que identificó con «una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro».
Visión. En eso consiste, pues, el «ojo político», y un ojo clínico adiestrado podía en este caso conocer de antemano cuál sería el resultado de la elección del 7 de octubre. Los resultados de esa fecha no le sorprendieron. Hay, afortunadamente, una «historia clínica» de la que tomaré extractos que me permitirán soportar la tesis de cómo puede un ojo clínico adelantarse a la demoscopia.
El 10 de marzo de 2011, año y medio antes de la votación del 7 de octubre pasado, se anticipó en El pelotón opositor, artículo en el que se analizaba las posibilidades de los precandidatos de oposición (Henrique Capriles Radonski incluido), lo siguiente:
Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.
Casi tres años antes, el 30 de octubre de 2008, se especificó en el artículo Retrato hablado los rasgos necesarios en una candidatura viable y eficaz, capaz de derrotar electoralmente al presidente Chávez:
Siendo así las cosas ¿cuáles serían los rasgos imprescindibles en tal contrafigura?
El primero de ellos, paradójicamente, es que no sea una contrafigura de Chávez. Es decir, que su razón de ser no sea oponerse al actual Presidente de la República. El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese.
Luego, y en estrecha relación con lo anterior, la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.
Quien sea capaz de un discurso así, por supuesto, deberá haber abrevado de las más modernas y actuales fuentes de conocimiento, y haber arribado a un paradigma de lo político que deje atrás tanto la desactualizada y simplista dicotomía de derechas e izquierdas—capitalismo o liberalismo versus socialismo—como el modelo de política de poder (Realpolitik). El discurso de Chávez es, obviamente, decimonónico, pero no podrá superársele con Hayek o Juan XXIII.
Quien pretenda el trabajo de contrafigura de Chávez deberá, en la misma línea, ser enciclopédicamente capaz. Esto es así, más que porque lo requiera la tarea política normal, porque la narrativa de Chávez, fuertemente ideológica, contiene una explicación y una respuesta para prácticamente casi todo. Hay una manera “bolivariana” de lavarse los dientes, de entender la historia de Venezuela y del mundo, de suponer el futuro, de estimar cómo deben ser los seres humanos, de prescribir la forma de la economía y los contenidos de la educación, de cambiar los nombres de todas las cosas, etcétera. La contrafigura tendrá que moverse con comodidad en más de un territorio conceptual, tendrá que ser tan “todo terreno” como Chávez. No bastará que sea “buen gerente”, o que haya hecho méritos como operador político convencional.
Después, la contrafigura viable no podrá tener ni rabo de paja ni techo de cristal. En particular, no debe ser asimilable a una vuelta al pasado pre-chavista, a lo que inexactamente se entiende por “Cuarta República”. Menos todavía debiera ser posible tildarla de elitista. Quien quiera asumir la misión no deberá entenderse como parte de una “gente decente y preparada” que desprecie la venezolanidad, como más de uno que denuesta frecuentemente del gentilicio y se presume “material humano” superior al de la mayoría de sus compatriotas. Aparte de su injusticia e incorrección intrínsecas, el tufo de una orientación aristocratizante se distingue a cien kilómetros de distancia y no es apreciado.
Además de todo lo anterior, el candidato al empleo de contrafigura de Chávez deberá ser tan buen comunicador como él, capaz de sintonía y afinidad. No basta disponer de dotes intelectuales y morales. El acto político es esencialmente un acto de comunicación. Por supuesto, el contenido de la comunicación, el mensaje mismo, tendrá que ser sólido, serio, responsable, pero tendrá que ser comunicado con idoneidad. Los públicos no deberán oler en el líder buscado la mentira, ni detectar lenguajes corporales que contradigan su prédica.
Está clarísimo que los rasgos de ese retrato hablado no se corresponden con los aparentes en Capriles Radonski. Pero mucho antes todavía, el 31 de marzo de 2005, se dijo en la Carta Semanal #131 de doctorpolítico:
Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro “tío tigre” menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.
Lo que tal vez llevó al editor Fausto Masó a invitar al autor de esas palabras a que contribuyera con un capítulo para el libro que publicó como Chávez es derrotable, un año antes de la elección de 2006. Ese capítulo fue entregado a Libros Marcados en octubre de 2005, y se llamó Tío Conejo como outsider. Allí se decía de Chávez, cinco años antes del anuncio de la enfermedad presidencial:
…no sólo tiene el control de todo el aparato estatal—desde el nivel nacional hasta el municipal en lo ejecutivo, y transversalmente en lo legislativo, judicial, electoral y el “poder ciudadano”—lo que incluye casi todo aparato represor—militar convencional y de reserva junto con lo policial (salvo unos pocos municipios)—sino por supuesto los recursos financieros públicos, que en el año electoral han sido presupuestados en nada menos que 85 billones de bolívares. (Más de cuatro veces, en bolívares corrientes, lo que manejara en su primer año de gobierno). Por si fuera poco, usará este poder desde una plataforma de apoyo electoral que oscila, según las encuestas, entre 45% y 60%—veinte o cuarenta puntos sobre su más cercano competidor—y, para coronar, ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar. Si Chávez muriera mañana, habrá dejado un hondo y extenso recuerdo en el mundo entero, y una empatía global con su trayectoria y sus posturas se convertiría en una amplificación y diseminación de ellas. A Chávez hay que mantenerlo vivo.
Las citas que anteceden son muestra suficiente para apuntalar la tesis anunciada; el ojo clínico se anticipa al bioanálisis y, en particular, el ojo del buen político sabía, antes de que la demoscopia seria lo estableciera, que Capriles Radonski no podía ganar las elecciones presidenciales de 2012.
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Debiera poderse abrir un nuevo lapso de la política venezolana luego de los resultados del 7 de octubre. El ojo político-clínico veía el 28 de septiembre de 2012 lo que asentó en Reporte climatológico parcial:
Creo que después del 7 de octubre habrán mejorado las condiciones para una necesaria distensión. Hace rato que ya no oímos “¡Exprópiese!” Apartando la disminución de sus fuerzas físicas, el Presidente de la República ha comenzado a notar que no cuenta con gerentes capaces en número suficiente dentro de su gobierno, que cada estatización—después del millar que ha ordenado—es un nuevo escaparate en un lomo recargado, que hasta Cuba se abre tímidamente a la iniciativa privada, que su socialismo no puede funcionar y sólo le queda definirlo de otra manera menos marxista para preservar la etiqueta en la que tanta propaganda ha invertido.
En cualquier caso, Venezuela no se extingue el 7 de octubre, y los que se han fajado en la aventura capriloradonskista también serán mejores si son humildes:
Hace unos días, en un sorprendente ejercicio de lucidez, por lo demás habitual en él, el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”. ¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. Es imposible completarla con altanería. (Principal virtud. Carta Semanal #320 de doctorpolítico, 19 de febrero de 2009).
Este último artículo llevaba como epígrafe palabras dichas por el Presidente de los Estados Unidos recién electo en 2008, en contestación a la primera pregunta que la revista TIME Magazine le hiciera para presentarlo como Persona del Año: “…creo que ganamos una victoria decisiva. Sin embargo, cuarenta y siete por ciento del pueblo americano votó por John McCain. Por consiguiente, no creo que los americanos quieran arrogancia en su próximo presidente”.
La virtud de la modestia o humildad es una de las principales en un buen político:
…los políticos, en abrumadora mayoría, se conducen por la vida como si fuesen seres inerrantes, y eso que su campo profesional es bastante más complejo que el asumido por las ciencias naturales. Su discurso es usualmente enfático, muchas veces furibundo, como si hubiesen alcanzado una certidumbre que les da derecho a la imposición de sus criterios e ideologías. En particular, son más arrogantes cuando rebasan el discurso meramente político para pontificar como jueces morales, con la condena de amplios conjuntos humanos y pretender que su opinión es moralmente superior. Los electores debiéramos bajarle el copete a los políticos que pretenden tener toda la razón. (El político virtuoso, Carta Semanal #259 de doctorpolítico, 18 de octubre de 2007).
En su campaña, Capriles mostraba arrogancia cuando, en imitación de Hugo Chávez, comenzó a hablar de sí mismo en tercera persona, refiriéndose a él mismo como el «Flaco» y Capriles o Capriles Radonski. Por lo que respecta al Presidente de la República no fue nada modesto autodenominarse fatuamente el «corazón de su Patria»; si eso fuera verdad, Venezuela sufriría una cardiopatía severa, pues ese corazón ha sido medido en 54% de la masa corporal venezolana el pasado 7 de octubre.
Pero si Hugo Chávez y Henrique Capriles no observaran la virtud de la modestia o humildad, los venezolanos forzaremos esa distensión necesaria, esa unión de los venezolanos. La atinadísima encuestadora que es Hinterlaces reportó el 20 de julio de 2011 la rotunda respuesta de sus entrevistados de entonces a la siguiente pregunta: «¿Cree Ud. que ha llegado el momento en que chavistas y opositores se pongan de acuerdo para unir al país?» De los consultados, sólo 3% no contestó o declaró no saber y 7% se mostró contrario a esa noción; 90% de los entrevistados—representativos de 9 de cada 10 venezolanos porque Hinterlaces sí es muy cuidadosa en su diseño muestral—consideró que había llegado el momento de que opositores y chavistas se pusieran de acuerdo para unir al país.
No necesitamos que los líderes nacionales nos empujen a encontrarnos los unos con los otros. El enjambre ciudadano puede decidir ese movimiento por sí mismo. El Pueblo Soberano, la verdadera Corona, puede ordenar el reencuentro.
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Gracias a Hinterlaces, gracias a Oscar Schemel. Les felicito por un trabajo bien hecho.
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Miguel Pérez Pirela empleó reiteradamente durante su intervención, que precedió inmediatamente a la mía, una terminología dicotómica: «bolivarianos» y «opositores». A esto me referí más o menos con las siguientes palabras:
El nombre Bolívar y el adjetivo bolivariano no son marcas o franquicias al estilo de McDonald’s; hay un sentido en el que todo venezolano es asimismo bolivariano, y el adueñarse de esas denominaciones para un exclusivo uso sectario es una apropiación indebida. Puedo entender la manipulación buscada por el gobierno, cuando pretende que Bolívar era socialista. Pero el Libertador dijo a Francisco Iturbe al término de la Campaña Admirable (1813): «No tema Ud. por las castas; las adulo porque las necesito. La democracia en los labios y la aristocracia aquí», poniendo la mano en el corazón. No había entonces ningún socialismo bolivariano.
Más allá de eso, personalmente estoy harto de Bolívar. Nuestro Código Civil dice que a la mayoría de edad la gente se emancipa de sus padres, aunque los siga queriendo; pues bien, hace rato que hemos debido emanciparnos del Emancipador, del Padre de la Patria. Pérez Pirela dijo que la oposición no debía «enfrascarse en marcos mentales de los ochenta o los noventa», y le doy toda la razón. Pero mucho peor es enfrascarse en marcos del siglo XIX. «O inventamos o erramos» es la frase más manida de Simón Rodríguez, figura del panteón chavista, e inventar es dejar atrás al pasado. No se debe entrar en el futuro mirando al espejo retrovisor.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 15, 2012 | Argumentos, Política |

Maurits Cornelis Escher – Noche y día
…el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”. ¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. Es imposible completarla con altanería.
Principal virtud. Carta Semanal #320 de doctorpolítico, 19 de febrero de 2009.
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Creo que después del 7 de octubre habrán mejorado las condiciones para una necesaria distensión. Hace rato que ya no oímos “¡Exprópiese!” Apartando la disminución de sus fuerzas físicas, el Presidente de la República ha comenzado a notar que no cuenta con gerentes capaces en número suficiente dentro de su gobierno, que cada estatización—después del millar que ha ordenado—es un nuevo escaparate en un lomo recargado, que hasta Cuba se abre tímidamente a la iniciativa privada, que su socialismo no puede funcionar y sólo le queda definirlo de otra manera menos marxista para preservar la etiqueta en la que tanta propaganda ha invertido.
Reporte climatológico parcial, 29 de septiembre de 2012
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La realidad viene en colores, o al menos como suele decir Yekezkel Dror: en muchas tonalidades de gris. Es incorrecto el intento de comprenderla en blanco y negro, como aves de colores opuestos que vuelan en direcciones contrarias en una noche y un día imposiblemente simultáneos. Hay en Venezuela un enjambre ciudadano de casi veinte millones de electores que pudieran volar todos hacia un mismo horizonte multicolor.
A las mentes simplistas conviene el maniqueísmo, la simple idea de que la vida es una lucha entre el principio del bien y el principio del mal. Yo estoy del lado del bien; el otro es malo y por tanto debo aniquilarlo. Pero el otro piensa recíprocamente, y ambas cosas no pueden ser verdaderas a un tiempo. La lógica y los hechos no soportan esa contradicción. Por eso se justificaría una lógica dialéctica o dinámica, una que no se agota en la agonía; de la oposición de contrarios—tesis y antítesis—surgiría una nueva síntesis que incorpore elementos de ambas posturas.
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Todos los factores políticos organizados del país son asociaciones que justifican su lucha por el poder en una ideología: el PSUV en una ideología socialista de cepa marxista, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática en una socialdemócrata, Primero Justicia y COPEI en la socialcristiana, y hasta el íngrimo Marco Polesel (Movimiento Demócrata Liberal) esgrime el liberalismo clásico. Cada uno de estos planteamientos es irremediablemente anacrónico, obsoleto.

Las ideologías son cosa del pasado
En esencia, una ideología es la fe en una receta general para el logro de una sociedad perfecta o mejor, y usualmente echa la culpa a alguien de que la sociedad actual sea tan defectuosa. El polo liberal cree que los males de la sociedad se deben a la excesiva intromisión del Estado, especialmente en los mercados; el polo marxista sostiene lo contrario: que la insatisfacción social debe atribuirse al afán de lucro de los empresarios—»Ser rico es malo» o, como lo puso Proudhon: «La propiedad es un robo»—que excluirían intencionalmente a los pobres a quienes explotan. En el medio, la socialdemocracia y la democracia cristiana hacen malabarismos para ubicarse equidistantemente de estos extremos. («El paquete alternativo es una economía con rostro humano», sintetizaba gaseosamente Eduardo Fernández en el hotel Eurobuilding, a pocos días de la intentona del 4 de febrero de 1992. Un Nuevo Tiempo, de su lado, hablaba de “…la creación de una economía mixta que combine los mecanismos del mercado con una planificación y regulación democrática coordinada por el Estado, que oriente los esfuerzos y las expectativas del capital, del trabajo y de los consumidores hacia el logro de metas de desarrollo diversificado y sustentable de las fuerzas productivas internas, y de distribución equitativa del ingreso nacional”. Democracia Social, Bases Ideológicas del Partido Un Nuevo Tiempo).
UNT encargó a Demetrio Boersner la redacción del último documento nombrado, y este trabajo informaría a la postre la Declaración de Principios Ideológicos y Programáticos de Un Nuevo Tiempo, emitida el 7 de abril de 2008. (Boersner fue el Coordinador del Congreso Ideológico y Programático de este partido). COPEI, por supuesto, hizo su congreso ideológico en 1986 y, por su parte, Primero Justicia celebró el suyo hace cinco años (13 de octubre de 2007). En diciembre de 2006, Julio Borges anunciaba el evento como «fortalecimiento ideológico» de su partido «para dar la batalla por la defensa de la educación libre, de la descentralización y la distribución justa de la riqueza petrolera».
Ese mismo mes era un eco de su voz la diametralmente opuesta de Diosdado Cabello, que proponía—¡oh sorpresa!—un congreso ideológico como unificador de las organizaciones del chavismo. Vladimir Villegas, por esos días alineado con Cabello, escribía entonces: «…una definición ideológica es necesaria para dar coherencia a una organización política. Siendo el partido de los factores que promueven, estimulan y defienden la revolución bolivariana, el pensamiento político del Libertador Simón Bolívar es una de sus fuentes integrantes. Pero a la vez, es un partido que reivindica el socialismo como alternativa. Por ende, tendrá que definir las características del sistema socialista que propone para Venezuela. He allí otro punto que invita al debate. No es suficiente hablar de socialismo a secas. Ni siquiera de socialismo del siglo veintiuno. Hay que ir a definiciones específicas con respecto al rol del partido en la sociedad, al modelo político, a las formas de propiedad, al rol del mercado y del Estado». (Los retos del Partido de la Revolución, El Nacional, 12 de diciembre de 2006). Ya ese Villegas se dejó de eso, pero de allí saldría el PSUV o Partido Socialista Unido (se pretendió «Único») de Venezuela.
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Las ideologías no pueden ser plataformas para el lanzamiento de la reunión nacional. Son marcos mentales dentro de los que se piensa siempre en términos divisionistas. Y son medicina antigua, periclitada. (Ver en este blog Panaceas vencidas). A pesar de lo cual, Leopoldo López declara hoy en El Universal: «Creo que lo ideológico es fundamental», y que el objetivo no es reunir a los venezolanos, sino «construir una nueva mayoría». (Para desplazar a la actual, se entiende).
Las ideologías son esgrimidas de cuando en cuando por el liderazgo nacional, especialmente por el Jefe del Estado, cuyo proyecto político está grandemente ideologizado (y por eso mismo anclado en el pretérito pluscuamperfecto). Pero algo de ellas se ha filtrado en las conciencias del enjambre ciudadano. Es afortunado, no obstante, que la penetración ideológica no ha calado demasiado adentro. Cuando estamos en medio de un proceso electoral, la polarización hace crecer a los dos polos, izquierdista y derechista, de la contienda. Pero entre elección y elección, como entre la de gobernadores y alcaldes de 2008 y la de diputados nacionales en 2010, el cuerpo político venezolano se desinflama y recupera su normalidad proporcional, como midiera la Encuesta Nacional Ómnibus de Datanálisis entre el 23 de septiembre y el 8 de octubre de 2009:

La mayoría no está alineada con los discursos opuestos (clic para ampliar)

Los venezolanos queremos un país unido
Es por eso que la distensión y el diálogo puede venir no tanto de los dirigentes políticos—que se miran entre sí con suspicacia—como de la ciudadanía. El 20 de julio de 2011 presentaba Hinterlaces su Monitor País de aquel momento, y el estudio incluía una decidora lámina en la que mostraba la casi unanimidad de sus entrevistados—9 de cada diez—acerca de la necesidad de unir a Venezuela, de curar el mal que diagnosticaba Ramón J. Velásquez cinco meses antes de esa medición de la opinión nacional.
Aunque no es enteramente imposible que gobierno y oposición arriben a entendimientos fundamentales, no creo que deba esperarse la sanación de ellos; esto es, serán bienvenidos sus acercamientos, pero es el enjambre ciudadano el que puede comenzar la reunificación nacional sin esperar instrucciones partidistas. Él, como conjunto, sabe que no es verdad que el gobierno debe ser entendido como una «banda de delincuentes» comunistas (conceptos frecuentes en Facebook y en tuits de opositores irracionales) y tampoco que los empresarios venezolanos practican intencionalmente la exclusión social. (A todo empresario inteligente le interesa que la comunidad a la que sirve sea próspera). Es el Pueblo Soberano, el Poder Constituyente Originario, la Corona, quien puede acometer la tarea profunda de la reunificación, aunque los políticos no quieran. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 11, 2012 | Argumentos, Política |

La torta de la oposición
Bote salvavidas: Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado.
Enrique Jardiel Poncela – Para leer mientras sube el ascensor
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No hay democracia sin partidos, repetía Ramón Guillermo Aveledo el 6 de octubre para la web de El Nacional y su originalísima sentencia era rebotada, con entusiasmo, en el espacio virtual por frenéticos tuits de esa misma fecha. A juzgar por ese concepto, la Mesa de la Unidad Democrática hace honor a su nombre, pues son más o menos treinta partidos sus miembros; es mucha democracia.
Para la elección del 7 de octubre, no todos los partidos—algunos entran y salen, otros se fusionan o cambian el nombre—fueron con tarjeta propia. Los venerables AD y COPEI, por ejemplo, así como Proyecto Salas Gallo-Pollo (perdón, Proyecto Venezuela), optaron por no exponerse al conteo y decidieron «ir con» la tarjeta MUD Unidad. Otros han añadido la palabra o el concepto de unidad a sus denominaciones: Unidad para Venezuela, MIN Unidad, Unidos Visión Venezuela, Unidad DR, Unidad NOE. (En la lista oficial de la MUD aparece también el vetusto nombre de Unión Republicana Democrática). Muchos fueron los que quisieron montarse en el bote salvavidas, en el autobús del progreso.
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He aquí una tabla que registra el desempeño de las distintas tarjetas el pasado domingo:

Votación para Capriles Radonski por tarjetas
(Los votos reportados luego para Capriles Radonski fueron 6.499.575, vs. 8.136.637 para Chávez Frías. La proporción de las distintas tarjetas de la MUD no varía sustancialmente).
Resulta claro que Primero Justicia alcanzó su objetivo: siendo que el candidato de la MUD es miembro suyo, quiso ir con tarjeta propia para medirse y emerger, circunstancialmente, como el «primer partido de la oposición». Esa jugada era, obviamente, un tiro al piso. La gran mayoría de los votantes sabe que Capriles es un primojusticiero, y era natural que una buena cantidad de los votos a su favor desaguara por el canal de su partido. PJ—Primero Julio, al decir de Leopoldo López y Ramón José Medina—estuvo muy cerca de la votación por la tarjeta unitaria y diez puntos por encima de Un Nuevo Tiempo, que es porcentualmente la ventaja que Chávez obtuvo sobre su contendor. (Ahora se razona que esa diferencia es un gran progreso del autobús respecto de la elección de 2006—cuando Chávez superó a Rosales por 26 puntos—, y que la pérdida no fue por mucho; los estrategas zulianos pudieran aducir lo mismo en esto de determinar cuál es el principal partido de la oposición. Ya lo harán).
Las tres primeras tarjetas (MUD, PJ, UNT) representaron el 80% (79,8%) de la votación a favor de Capriles. Si se considera las cinco primeras, añadiendo el «popular» partido de Leopoldo López—ex Primero Justicia, ex Un Nuevo Tiempo—y Avanzada Progresista, refugio de los ex chavistas Ismael García, Henri Falcón, el «Gato» Briceño y algunos ex adecos y otros izquierdistas menores, se alcanza 90,9% de los votos de la oposición. Así se repartió la torta, y ya Moverse no puede moverse más, porque llegó en el último lugar.
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Las reacciones dignas en el mundo opositor llaman a no rendirse; así razonan los dirigentes de la MUD y el candidato mismo, tanto Julio Borges como Teodoro Petkoff: que Chávez tiene a «la mitad del país en contra», que el vaso está medio lleno. No alcanzan al obvio corolario: que Capriles tiene más de la mitad de la población en contra. Y ahora se escucha lo mismo que se decía tras la elección presidencial de 2006, cuando se creyó que Rosales era el líder que a la oposición le faltaba. (Ver la Lectura recomendada de esta semana en este blog: Medio líder). Ahora se cree haber encontrado esa figura en Capriles, sobre todo porque tuvo un desempeño mejor que el del zuliano. Si éste no ganó en ningún estado del país (sólo en el municipio Maracaibo), Capriles superó a Chávez en Mérida y Táchira, que eran los únicos estados—más Trujillo—donde COPEI, fundado en 1946, ganaba tradicionalmente con la afluencia del gomecismo (hegemonía andina) desplazado por la revolución protagonizada por militares y Acción Democrática en 1945. Son cosas que se han dicho antes: luego del revocatorio de 2004, la elección de gobernadores en 2008 y la minoría en la Asamblea Nacional en 2010. La MUD casi que celebra, como aquel entusiasmado argentino luego de la Guerra de las Malvinas: «¡Che, quedamos subcampeones!»

El precursor en su carraca
Ahora bien, como Manuel Rosales, Capriles tendría que ejercer el tal liderazgo de la oposición en el tiempo que le dejaría el ejercicio de la Gobernación del Estado Miranda (¿medio tiempo?), si es que gana la elección decembrina en la que ha decidido participar 72 horas después de cesar como candidato presidencial. Tendrá por competidor a Elías Jaua, en un estado que se suponía suyo y en el que no pudo ganarle a Hugo Chávez, quien lo superó por unos siete mil votos. A comienzos de 2007, cuando una buena parte de opositores entendidos creía con fe de bretona que Rosales era ese líder que la oposición «tanto había buscado», el Dr. Ramón J. Velásquez mostró su molestia por la nueva candidatura del zuliano a la Alcaldía de Maracaibo. (El segundo parágrafo del Artículo 160 de la Constitución especificaba entonces que los gobernadores en ejercicio sólo podían presentarse una vez a la reelección, y Rosales ya había sido reelecto el 31 de octubre de 2004). El ex Presidente dijo a una reunión de una fracción de aquellos entendidos: «¿No y que era un líder nacional? ¿Cómo es eso de refugiarse en una alcaldía? ¡Jefe es jefe!» Capriles sigue los pasos de Rosales con su mismo justificativo: Más vale pájaro en mano que cien volando. (En realidad treinta, el número de partidos que componen la MUD). El franciscanismo de Capriles no llega hasta prescindir así como así del presupuesto del estado Miranda.
¿No es una de las críticas que se hace a Hugo Chávez que además de su cargo público ejerce muy activamente la jefatura del oficialismo como Presidente del PSUV?
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Un automatismo que no deja de ser conmovedor postula que «lo que hay que hacer», «lo que tenemos que hacer», es preservar el «capital político» obtenido el 7 de octubre. Esto es una ilusión de base lingüística: la mera conjunción del sustantivo capital y el adjetivo político. Ese capital fue gastado íntegramente el domingo pasado; Chávez no tiene un «capital» de ocho millones de votos ni Capriles uno de seis millones y medio. (Como no tenía siquiera el capital de 53,11% de electores mirandinos que lo eligieron en 2008; el domingo obtuvo el apoyo de 49,51%). En cada campaña hay que empezar de nuevo; la conciencia de la gente no es un mineral cristalizado para siempre. Y la primera persona del plural en «tenemos» se refiere, por supuesto, a quienes se definen como antichavistas. Esta gente alienada (fuera de sí, referida a algo externo y no a sí misma, sin sustancia propia) puede conformarse con el liderazgo del «Flaco»—como hay innumerables referencias en Twitter y Facebook a Capriles Radonski—por el mero hecho de que él no es Chávez, pero la cosa no será tan fácil en el seno de la central opositora. Dicho sea de paso, en una de sus ineficaces imitaciones de Chávez, Capriles adquirió la costumbre de referirse a él mismo en tercera persona, y hablaba en su mítines del «Flaco» y de «Capriles» o «Capriles Radonski». David Owen anotó como uno de los rasgos de lo que llamó enfermedad hibrística la «tendencia a hablar de sí mismos en tercera persona o con el plural mayestático». (In Sickness and in Power, 2008).
Tampoco se acerca la aprobación de la oposición organizada al volumen de votos obtenidos por Capriles el 7 de octubre. En la cuarta semana de septiembre, Datanálisis levantó los datos de su Tracking telefónico nacional; en el rubro de autodefinición política encontró un 42% de entrevistados que se identificaban con el oficialismo o chavismo—menos que el 54% que terminó sufragando por Chávez—y sólo 17,6% que lo hacían con la oposición o el antichavismo; 33,4% se denominó Ni-Ni y 7% no supo o no contestó. Claro que Datanálisis no es la encuestadora favorita de los opositores, aquella que habló primero de «empate técnico» y luego, para el 2 de octubre, de la victoria de Capriles por 4,6% de ventaja. («Alguien está mintiendo». Saúl Cabrera, Vicepresidente de Consultores 21). Los votos por Capriles no son de la Mesa de la Unidad Democrática.
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Una cosa es el liderazgo del capriloradonskismo y otra muy distinta el de los factores formales de oposición, reunidos en la Mesa de la Unidad Democrática. Esta organización de organizaciones o «movimiento de movimientos»—lo que se necesita es una organización de ciudadanos—dista mucho de ser un movimiento homogéneo. En famosa entrevista a Ciudad Ccs—un diario al que también han concedido sus declaraciones Julio Borges y Eduardo Fernández, entre otros opositores—dijo Henry Ramos Allup (9 de marzo de 2011): «Bueno, la política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones».

La cosa está entre Ramones
Por otra parte, la MUD misma, su secretaría, es objeto de competencia. Ya se comenta que Ramón José Medina buscará postularse como sucesor de Ramón Guillermo Aveledo, y ésta sería sólo una de las luchas internas en su seno. No todos querrán admitir a Capriles como líder único de la oposición, y más de uno querrá ser candidato presidencial en 2018 o aun antes, si es que una incapacitación de Chávez da paso a una nueva elección según lo contemplado en el Artículo 233 de la Constitución: «Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. (…) Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes».
Pero peor aún es que la MUD no ha logrado desprenderse de su imagen de vieja política, por más que Capriles dijera en su campaña que la había superado. La MUD es hija de la extinta Coordinadora Democrática, a juzgar por su composición:

Mapas genéticos de madre e hija única y heredera
El 60% de las organizaciones que componían la Coordinadora Democrática forma ahora parte de la Mesa de la Unidad Democrática; en cualquier caso, sus miembros más importantes y vocales: Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática, COPEI, Movimiento al Socialismo, La Causa R, Proyecto Venezuela. Entre las que estaban y no están han desaparecido algunas; otras han cambiado de nombre o se han fundido, y entre las que están y no estaban hay un buen número que no existía cuando se despachaba los asuntos de la oposición desde la quinta Unidad en la popular y populosa barriada de Campo Alegre.
Cuatro días después del referendo revocatorio de 2004, la Carta Semanal #100 de doctorpolítico estableció un símil que precedía a una conclusión:
Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos.
Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia.
La hija y heredera de aquella otra organización de organizaciones, que no de ciudadanos, ha vuelto a fracasar. La misma dirigencia que entregó íntegra al gobierno la Asamblea Nacional en 2005 y fue incapaz de obtener una mayoría de curules en la de 2010—tampoco numérica: PSUV 48,13%, MUD 47,22%—, la organización que ni siquiera existía en 2007 cuando el gobierno perdió, fundamentalmente por abstención entre sus filas, el referendo sobre las reformas constitucionales de 2007, la que en el mejor de sus intentos hasta ahora logró cinco de veintitrés gobernaciones en 2008, ha aplicado un nuevo tratamiento que no cura al paciente de su chavoma.
Si la oposición tuvo su mejor desempeño desde 1998 es porque esta vez derrotar a Chávez era más fácil que nunca. Un artículo en TIME Magazine del día siguiente a la elección apuntaba:
Pero los venezolanos tenían más razones que nunca para votar en contra de Chávez en estas elecciones—delitos violentos y rampantes que han significado para el país la tasa más alta de homicidios de América del Sur, la mala gestión económica que ha producido una de las tasas de inflación más altas del mundo, la corrupción oficial que ha comenzado a recordar a los venezolanos la sordidez que Chávez condenara cuando llegó al poder—, y el hecho de que la mayoría no lo rechazara habla menos del duro ventajismo de Chávez que del persistente fracaso de la oposición en ofrecer una alternativa convincente.
Se trata de la misma gente. Es gente, hay que reconocerlo, muy consistente: volvió a poner la torta, aunque haya sido una torta más pequeña. LEA
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