por Luis Enrique Alcalá | Feb 3, 2009 | Fichas, Política |

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Una brevísima Ficha Semanal #227 de doctorpolítico recoge los epígrafes y los párrafos iniciales del último capítulo—La evolución futura del cerebro—de un libro de Carl Sagan: Los dragones del Edén: Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana.
Sagan era, en verdad, astrónomo y astroquímico, indudable líder de la comunidad científica estadounidense y un extraordinario comunicador. A pesar de sus antecedentes profesionales—y tal como ocurrió con Francis Crick, biólogo molecular—experimentó la fascinación que sobre muchos científicos ejerce la doble maravilla del cerebro y la inteligencia humana. Fue excelso divulgador de la ciencia de frontera; en Cosmos, serie para televisión, y el best seller absoluto de los libros de ciencia basado en ella, construyó un majestuoso marco para la comprensión de nuestro papel en el universo, en un terreno que le era más familiar. En cambio, El cerebro de Broca y Los dragones del Edén le adentraron por la historia natural de la inteligencia. (Este último libro le valió el Premio Pulitzer en 1977).
Una vez que la evolución opta por la ruta de los cordados (animales dotados de un eje nervioso como la médula espinal), las estructuras neurales progresan en dirección de—término de Teilhard de Chardin—una cefalización creciente. El progreso ocurre por aposición de nuevos pisos nerviosos sobre los más primitivos, sin que éstos desaparezcan en los aparatos de los seres más evolucionados. Por ejemplo, el cerebro de un ofidio es mayormente un bulbo olfatorio, pero es obvio que el tigre es muy capaz de oler. En el texto reproducido, Sagan menciona las estructuras conocidas como neocortex, sistema límbico y complejo R. Explica en el capítulo tercero que el complejo R (por la palabra “reptil”) es la más primitiva de las tres y el principal motor psíquico de un cocodrilo o dinosaurio. Superpuesto a esa formación se encuentra el sistema límbico (del latín para “límite” o “borde”), ya presente en los mamíferos. Los humanos tenemos ambas estructuras, pero sobre ellas nuestros cerebros han colocado el techo del neocortex, asiento fisiológico de las capacidades intelectuales superiores. Paul MacLean, citado por Sagan, demostró que el complejo R es suficiente para generar la conducta agresiva, la territorialidad, el ritual y el establecimiento de las jerarquías sociales. (En una palabra: el chavismo). El sistema límbico añade, a la “sangre fría” de los reptiles, la profundidad de las emociones. El neocortex, finalmente, incorpora la posibilidad de análisis, reflexión y decisión.
Los trozos escogidos para esta ficha encierran al menos dos lecciones: primera, que la repetición de conductas tradicionales difícilmente podrá redundar en adaptación a un ambiente cambiante; segunda, que aunque lleve tiempo se impondrá a la larga la civilización sobre la agresiva infancia humana del cazador o el militar.
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Cambio y fuera
Es de la naturaleza del futuro ser peligroso… Los grandes avances de la civilización son procesos que prácticamente destruyen las sociedades en las que ocurren.
Alfred North Whitehead
Aventuras en las ideas
La voz del intelecto es suave, pero no descansa hasta que ha obtenido audiencia. En último término, luego de interminables rechazos, alcanza el éxito. Es éste uno de los pocos puntos en los que uno puede ser optimista sobre el futuro de la humanidad.
Sigmund Freud
El futuro de una ilusión
La mente es capaz de cualquier cosa puesto que todo está en ella: todo el pasado, así como todo el futuro.
Joseph Conrad
El corazón de la oscuridad
El cerebro humano pareciera hallarse en un estado de inquieta tregua, con escaramuzas ocasionales y raras batallas. La existencia de componentes del cerebro con predisposición a ciertas conductas no es una invitación al fatalismo o la desesperación: tenemos control sustancial sobre la importancia relativa de cada componente. La anatomía no es el destino, aunque tampoco es irrelevante. Al menos algunas enfermedades mentales pueden ser entendidas en términos de un conflicto de los partidos neurales en pugna. La represión mutua entre diversos componentes ocurre en muchas direcciones. Hemos mostrado cómo hay represión límbica y neocortical del complejo R, pero en la sociedad puede también darse la represión del neocortex por el complejo R y represión de un hemisferio cerebral sobre el otro.
En general, las sociedades humanas no son innovadoras. Son, más bien, jerárquicas y ritualistas. Las sugerencias de cambio son saludadas con sospecha: implican una variación futura desagradable en el ritual y la jerarquía: el intercambio de un conjunto de ritos por otro, o quizás una sociedad menos estructurada con menos rituales. Y sin embargo, hay momentos cuando las sociedades deben cambiar. “Los dogmas del tranquilo pasado son inadecuados para el tormentoso presente”; así describía Abraham Lincoln tal verdad. Mucha de la dificultad encontrada en los intentos por reestructurar las sociedades, incluyendo la estadounidense, se deriva de esa resistencia de los grupos con intereses creados en el statu quo. Un cambio significativo requiere que aquellos en los sitios superiores de la jerarquía desciendan muchos escalones. Tal cosa les luce indeseable y de allí su resistencia.
Pero una cierta cantidad de cambio—de hecho algún cambio significativo—es aparente en la sociedad occidental, ciertamente insuficiente pero más que en casi cualquier otra sociedad. Las culturas más viejas y estáticas son mucho más refractarias al cambio. En el libro “La gente del bosque”, de Colin Turnbull, hay una punzante descripción de una infante pigmea lisiada, a quien antropólogos visitantes le ofrecen una sorprendente innovación tecnológica: una muleta. A pesar del hecho de que pudiera mitigar el sufrimiento de la niña, los adultos, incluyendo sus padres, no prestaron particular interés al invento. Hay muchos otros casos de intolerancia a la novedad en las sociedades tradicionales; ejemplos diversos pudieran extraerse de las vidas de hombres tales como Leonardo, Galileo, Desiderio Erasmo, Charles Darwin y Sigmund Freud.
El tradicionalismo de las sociedades en estado estático es generalmente adaptativo: las formas culturales son producto de una evolución penosa en muchas generaciones, y se sabe que funcionan bien. Como ocurre con las mutaciones, es probable que un cambio azaroso funcione peor. Pero también como con las mutaciones, los cambios son necesarios para el logro de adaptaciones a nuevas circunstancias ambientales. La tensión entre estas dos tendencias determina en buena medida el conflicto político de nuestros tiempos. En una época caracterizada por un ambiente externo físico y social que cambia con rapidez, como la nuestra, la acomodación y la aceptación del cambio es adaptativa; en las sociedades que habitan ambientes estáticos no lo son. Los estilos de vida del cazador-recolector han servido bien a la humanidad durante la mayor parte de su historia, y creo que hay suficiente evidencia de que en cierta manera fuimos diseñados por la evolución para una cultura de esa clase; cuando abandonamos la vida de caza y recolección abandonamos la infancia de nuestra especie. La cultura de la caza y la recolección y la cultura de alta tecnología son ambas productos del neocortex. Estamos ahora irreversiblemente encaminados por el segundo de estos senderos. Pero tomará tiempo acostumbrarnos a él.
Carl Sagan
por Luis Enrique Alcalá | Ene 27, 2009 | Fichas, Política |

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El 30 de diciembre de 2008, el Diario Las Américas—el más viejo periódico de habla hispana de Miami, fundado en 1953—publicó un artículo cuyos autores son Alexander Alum, de la Escuela de Leyes de la Universidad Northwestern, y Rolando Armando Alum, de Palisades Medical Enterprises en Nueva Jersey, padre del primero. Esta Ficha Semanal #226 de doctorpolítico se contrae a reproducir la pieza en cuestión.
El artículo de los Alum lleva un propósito sencillo: dar aviso de un libro que demuele la noción, sostenida propagandísticamente por el régimen cubano, de que la Medicina y los sistemas de salud en Cuba son excelentes. Este cliché, verdadera coartada del régimen que ha cumplido este mes medio siglo de feroz opresión, es demolido por la autora de la obra, Katherine Hirschfeld, médica norteamericana que ejerce ahora la docencia en la Universidad de Oklahoma y conoció en 1996, en visita románticamente emprendida, el monstruo sanitario cubano por dentro. Hirschfeld había sido atraída por la ingenua noción de una excelencia médica cubana, pero su propia enfermedad, y las investigaciones históricas que emprendiera, la llevaron a las conclusiones que expone valientemente, y nadando contra la corriente de la falsa versión estándar, en Health, Politics and Revolution in Cuba Since 1898. (Puede obtenerse de Amazon el libro desde http://www.amazon.com/Health-Politics-Revolution-Cuba-Since/dp/0765803445).
La revista Choice reseña: “Es sorprendente conocer, en este recuento etnográfico por una antropóloga médica estadounidense, que el gobierno de Castro aparentemente ha estado alterando los libros de contabilidad… Habiendo sido golpeadas sus idealizaciones preconcebidas por ‘discrepancias entre la retórica y la realidad’, observa un sistema represivo, burocratizado y secreto, amplio en ‘militarización’ pero corto en derechos de los pacientes, con ‘doctores familiares’ empleados por el Estado que no sólo son responsables por la salud de esos pacientes, sino también de exponer su disensión política… La autora, recurriendo a documentos históricos concluye que el régimen mostró avances en salud pública después de 1959, pero concomitantemente manipuló tanto las estadísticas de salud como el impacto de una previa involucración de los Estados Unidos en Cuba para resaltar los supuestos éxitos de la revolución de 1959. Una mirada reveladora y persuasiva sobre la salud pública bajo el socialismo. Altamente recomendable”.
Hirschfeld se ha limitado a exponer, mediante el empleo de una rigurosa metodología, la mentira que nuestro presidente ha enarbolado en el Panteón Nacional para celebrar cincuenta años de opresión.
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Médicos espías
El régimen reinante en Cuba marca medio siglo este primero de enero. Sus apologistas en el extranjero aún se afincan, particularmente, en la defensa de supuestas mejorías en los sistemas de salud y de educación. A pesar de la extensa bibliografía cubanológica, no ha habido hasta ahora suficientes estudios académicos que desglosen dichos mitos; pero ya tenemos uno ejemplar. Según cuenta en Health, Politics and Revolution in Cuba Since 1898—Salud, Política y Revolución en Cuba desde 1898—(Transaction: 2008), la antropóloga Katherine Hirschfeld se fue a Cuba en 1996 atraída por los supuestos logros en la salud pública. Pero esta joven estadounidense resultó ser otro intelectual más cuyo idealismo ingenuo se desvaneció al experimentar en carne propia la horrible realidad de la Cuba de hoy.
La autora residió por un tiempo en Santiago de Cuba, en donde devino en una verdadera “observadora-participante” al contraer el dengue, la fiebre infecciosa que las autoridades habían declarado erradicada una década atrás, por lo que la epidemia de 1996-97 fue considerada un “secreto de Estado.” Hirschfeld atravesó por una experiencia surrealista en un hospital santiaguero, el cual estaba sub-equipado y sub-atendido—irónico, ya que Cuba envía personal médico, supuestamente “de exceso,” a otros países (por. ej., Venezuela, en donde muchos de ellos desertan).
Al igual que le ha ocurrido a otros investigadores extranjeros (por ej., el controversial antropólogo Oscar Lewis a finales de los 60), la metodología de Hirschfeld—entrevistando a ciudadanos comunes—levantó las sospechas de la Seguridad del Estado cubana, por lo que fue interrogada en repetidas ocasiones. La antropóloga se marchó, pues, a La Habana, en donde, aunque con limitaciones, pudo examinar documentos históricos en algunos archivos. Su conclusión es que el sistema de salud post-1959 llegó, con el tiempo, a todos los rincones del país; pero acarreando un precio político-represivo, ya que es parte integral del complejo aparato de control socio-legal. Todo personal médico es considerado “un soldado revolucionario” entrenado a espiar a sus propios pacientes.
La autora clasifica los servicios de salud de la isla en tres estratos: El primero, para las élites privilegiadas del Partido Comunista y los extranjeros que pagan con los codiciados dólares, es el nivel que tanto celebran no pocos académicos y periodistas en el extranjero, así como ciertas personalidades de Hollywood. El segundo plano, de inferior calidad—y en coordinación con los infames Comités de Vigilancia—es para el resto de la población. Es ahí donde los disidentes políticos confrontan una gran desventaja al no recibir atención médica adecuada.
La tercera categoría la constituye una “red” informal de salud a la cual el cubano promedio recurre al no confiar en el sistema médico burocrático. Típicamente, profesionales del sector de la medicina—incluyendo odontólogos—ejercen clandestinamente a cambio de efectivo, así como por trueques (por ej., enseres robados de agencias estatales, y/o enviados por familiares emigrados). Hirschfeld explica que las autoridades se hacen de la “vista gorda,” ya que esta red “subterránea” alivia al estado de pacientes.
Se desprende del estudio de Hirschfeld—si es que quedaba alguna duda—que un sin número de servicios en Cuba dependen de remesas y envíos caritativos del Exilio, el cual, paradójicamente, es blanco de ataques constantes por parte del gobierno, así como de sus fanáticos defensores en el exterior. Quizás el lector familiarizado con la problemática cubana no encuentre nada nuevo en este libro; pero las Ciencias Sociales se reducen a menudo a documentar lo obvio. Lo cierto es que Hirschfeld describe, etnográficamente, aspectos de la vida cotidiana vistos desde adentro, y desde abajo, a diferencia de aquellos intelectuales que tratan de negar la realidad, pontificando cómodamente desde el extranjero, a veces basándose en meras breves visitas semi-turísticas.
No obstante, lo más admirable de Hirschfeld es su integridad intelectual. Con notables excepciones, el gobierno de La Habana es todavía considerado una vaca sagrada en ciertos medios intelectuales extranjeros. Sin embargo, Hirschfeld—ahora profesora universitaria en Oklahoma—no escatima en aplicar fuertes calificativos a la longeva y dinástica dictadura, llamándola totalitaria y despótica. La loable audacia de la Dra. Hirschfeld radica en su candidez, retando a aquellos intelectuales que otorgan al callar la verdad, aquellos autores que menosprecian la honestidad que se espera de los estudiosos comprometidos con la objetividad cándida, esencial en las Ciencias Sociales.
Hirschfeld reafirma que el acometimiento más evidente del régimen no ha sido el mejorar la calidad de vida del ciudadano promedio, sino su efectividad en difundir una imagen falsa, manufacturando y manipulando estadísticas a su favor. Ella desafía esa propaganda que parece todavía influenciar a ciertos intelectuales en el extranjero, quienes tienden a identificarse, no con las pobres víctima—como es costumbre en las Ciencias Sociales—sino, insólitamente, con la anacrónica gerontocracia dominante. En fin, este paradigmático primer libro de Hirschfeld merece ser traducido al español cuanto antes.
Rolando Alum Jr. & Alexander Alum
por Luis Enrique Alcalá | Ene 20, 2009 | Fichas, Política |

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La esposa del suscrito es incansable lectora y certera crítica de libros de ficción. En su opinión, “La otra isla”, la primera novela de Francisco Suniaga, es una obra estupenda. Ahora lee con detenimiento “El pasajero de Truman”, después que quien escribe tragara su texto en una tarde y una noche.
El libro, un best seller en las librerías venezolanas, es la explicación de uno de los misterios políticos más apasionantes del siglo XX venezolano: la entrada de Diógenes Escalante, candidato de consenso a la Presidencia en 1945, en el reino de la locura. Fue su insania súbita lo que precipitara el golpe de Estado del 18 de octubre contra el gobierno del general Medina Angarita, hecho que generó grandes y graves consecuencias.
Al gusto del autor de esta nota, el método escogido por Suniaga, aunque eficaz para la ilación del cuento, se hace a veces monótono y adquiere una artificialidad que se deriva de excesivas mediaciones. Supuestamente, reporta una serie de conversaciones entre “Román Velandia” (Ramón J. Velásquez) y “Humberto Ordóñez” (Hugo Orozco) luego de que el primero, empleado repentinamente por Escalante, esperase unas cuantas décadas para una reconstrucción obligada con el segundo, que fuera por muchos años asistente y amigo íntimo del candidato enloquecido. Hay momentos cuando, por ejemplo, Escalante recuerda cosas dichas a él por Cipriano Castro, en recuento que hace a Ordóñez-Orozco, para que éste a su vez las confíe muchos años después a Velandia-Velásquez y finalmente Suniaga, como narrador omnisciente, las transmita al lector. El detalle y longitud de algunos de estos discursos tan mediados hace poco creíble la técnica, pero debe admitirse que el lector queda precisamente informado y jamás se confunde con la enrevesada exposición, pues Suniaga es una pluma clara.
En algún punto Ordóñez-Orozco—¿Suniaga?—carga la mano contra Rómulo Betancourt, al sugerir que fue irresponsable o mentiroso, pues escribió en “Venezuela, política y petróleo” que detectó tempranamente en Escalante la mirada de quien tenía “el sistema nervioso ya quebrado”. Al menos el personaje Ordóñez-Orozco es, entonces, inconsistente, pues él mismo informa de conductas extrañas en Escalante antes de su traslado a Venezuela para encargarse de la candidatura, y hasta refiere que su barbero común en Washington le confió su impresión de que la salud de aquél estaba seriamente comprometida. Si la opción alterna fuera cierta, por otra parte, que Betancourt habría ofrecido irresponsablemente el apoyo de su partido a Escalante a pesar de percibirlo como psiquis herida, ¿qué pudiera decirse entonces de Ordóñez-Orozco, que no sólo aplacó convenientemente sus propias dudas, sino que se dedicó con la mayor pasión a prepararse para su propia prosperidad política, la que iba a alcanzar como mano derecha de quien iba a ser Presidente de la República? He allí una inconsistencia del antibetancurismo superficial.
Pero, más allá de echar luz sobre el hasta ahora oscurecido affaire Escalante, el texto de Suniaga enseña lecciones de indudable gravitación sobre nuestro presente. No puede haber escapado a su inteligencia que el eco de peripecias e ideas de la primera mitad de nuestro siglo pasado resonaría ahora, pues las asociaciones posibles son obvias. La Ficha Semanal #225 de doctorpolítico reproduce, como muestra de tales reverberaciones, dos fragmentos de la obra de Suniaga: en el primero, Escalante hace una evaluación preliminar de Cipriano Castro; en el segundo, refiere cómo obtuvo su primer cargo consular, en conversación con Castro en la que también participó el general Ibarra, Canciller de la época.
Cualquier parecido con la realidad actual es, como se advierte usualmente, pura coincidencia.
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Pura coincidencia
La vida tiene sus contradicciones. En 1899, en una de esas piruetas de nuestra historia, Castro se alzó contra el gobierno de Ignacio Andrade e invadió Venezuela desde Colombia. Los motivos aparentes están recogidos en proclamas del momento y en discursos dados posteriormente desde la Presidencia. El motivo real siempre me pareció otro: la crisis de los precios del café de finales del siglo XIX dejó arruinados a hacendados como Castro, y la guerra era el mejor negocio en el que podían anotarse. Por supuesto que no le faltó quien lo siguiera en esa empresa. Igual que Guzmán Blanco y otros caudillos criollos que le precedieron, contaba con esa aura que los eleva y los hace irresistibles. Era capaz de plantearse como posibles los disparates más grandes, más increíbles, y encontrar gente dispuesta a matar y morir por ellos. Dicho en las palabras del viejo embajador César Zumeta, era psicópata y psicopatógeno. Es decir, estaba loco y tenía la insólita cualidad de volver locos a los demás. Esa condición psicopática de Castro, cubierta por el barniz de la consigna “nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”, daba a su épica un aire de romanticismo que le ganó la simpatía de los jóvenes que en los albores del siglo XX buscaban una esperanza a la que aferrarse. Y él les ofreció, nada más y nada menos, ser los hombres nuevos que la humanidad espera desde los tiempos de Caín. Yo no me tragué el cuento. Intuía, y después por mis lecturas comprobé, que el hombre nuevo no existe ni puede crearse, el hombre es un continuum, es siempre el hombre, sin adjetivos. Lo nuevo, sólo si ese hombre se lo labra, podría ser el tiempo en el que le toque existir. Y si logra eso, aun cuando con su accionar haya provocado una renovación real y profunda de su entorno, probablemente sufrirá el castigo de no poder ver su obra realizada. Ése es el sino de lo humano. (Págs. 43 y 44).
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—En principio, déjeme decirle que desde 1902 estoy en deuda con su tío, el general Calixto Escalante, y quiero que sepa que será a él a quien le deba el favor. No es fácil encontrar a alguien de la talla de su tío, dispuesto a dar la vida por nuestra noble causa. En cuanto a lo otro, mire, se me ocurre algo mejor, sería un desperdicio que usted se nos fuera para el Táchira. Con su estatura, porte y preparación, está mandado a hacer para representarnos en los salones diplomáticos de Europa. Vamos a aprovechar que aquí está el canciller y lo enviamos para allá. General Ibarra, vamos a mandar a este joven para Europa. ¿Qué consulado tenemos libre en el Viejo Continente?
—Ninguno. Lamentablemente están todos ocupados, señor Presidente -dijo el general Ibarra en un tono que, aunque respetuoso, parecía reflejar cierto cansancio—. Por gente amiga suya y de la Restauración, señor Presidente—agregó.
—¿Y Liverpool? ¿No me dijo usted hace unos días que el consulado en Liverpool estaba sin cónsul desde hacía tiempo?
—Sí, señor Presidente. Y hace apenas tres días, el dos de septiembre, me ordenó usted que lo cerrara. Incluso esta mañana le envié al embajador británico, Percy Wyndham, la nota donde le informo nuestra decisión de clausurarlo. Tal vez al joven podríamos adscribirlo a una embajada o a un consulado acá, en nuestra América.
—Pues no señor. En lo que salga de este despacho, me le notifica al embajador inglés que no cerramos nada, que hemos designado al señor Diógenes Escalante cónsul nuestro en Liverpool.
—Señor Presidente, perdone usted que le repita algo que ya sabe, pero la diplomacia tiene sus formas. Los ingleses no van a entender que, en la mañana, enviemos una nota informándoles que cerramos nuestro consulado en Liverpool y, en la tarde, mandemos otra notificándoles el nombramiento de un nuevo cónsul para esa delegación.
—Pues eso es exactamente lo que vamos a hacer, ministro. A mí me tiene sin cuidado lo que crean los ingleses. Venezuela es un país soberano y eso sí es bueno que lo tengan clarito los ingleses y quienes no lo sean. Para su tranquilidad, sepa usted que los ingleses, los de allá y los de América, los franceses, holandeses, alemanes, todos esos carajos, tienen siglos haciendo lo que les viene en gana, cosas peores y mucho más arbitrarias que ésta. ¿Le parece poca arbitrariedad haber bloqueado nuestras costas y bombardeado nuestros puertos porque les dio la gana? Y ya usted vio, no ha habido quien les dé el vuelto. ¿Dónde estaban las fórmulas diplomáticas cuando eso? Así que, sin temor alguno y sin dar explicaciones, esta tarde me manda esa nota, ésa es nuestra decisión y punto. Si no tuviéramos esta actitud inflexible cuando se trata de nuestra soberanía, lo del bloqueo se habría convertido en invasión. Que aprendan a respetar a Venezuela, ministro. No olvide que eso es muy importante y para enseñárselo al mundo estamos aquí. Y usted, Escalante, llévese lo dicho y lo decidido aquí como muestra de lo que debe hacer un patriota cuando lo que está de por medio son los intereses de la paria. No me canso de repetírselo a los diplomáticos de esta Revolución Restauradora; adonde quiera que usted vaya, Venezuela, la patria inmarcesible que Bolívar en su magnificencia nos legara, debe ir primero.
A mí que jamás fui capaz de actuar de esa manera me admiró esa determinación, ese saltar por encima de las formas, ese ¡hágase mi voluntad! que dictan los poderosos, sin detenerse a medir las consecuencias ni prestar oído a lo que piensen los demás. Aunque nunca me comportara así, e incluso lo censurara en privado, me cautivaba ese arrojo que los lleva a violar los procedimientos, las convenciones sociales, las normas jurídicas, los acuerdos políticos, los sacramentos y salir bien librados, si acaso no fortalecidos. Y es que se atreven hasta contra el sentido del ridículo. ¿Cuántas veces no me quedé estupefacto ante la temeridad con la que se enfrentan al ridículo los hombres como Castro? La dimensión de lo ridículo es uno de los parámetros que los autócratas rompen, y lo hacen tan a menudo que quienes lo rodean llegan a creer que esa conducta es normal, cuando, ni por asomo, lo es. Peor aún, los imitan y promueven en los demás esa actuación ridícula. Los autócratas no sólo son psicópatas y patogénicos, Humberto, también son ridículos y ridiculizadores. Recuerdo que Castro había adoptado, por aquellos primeros tiempos de su mandato, un uniforme de trabajo bastante curioso, una chamarra de lino crudo parecida al uniforme de verano del zar Nicolás de Rusia. Cuando tenía reuniones políticas con sus partidarios, completaba ese atuendo enrollándose en el cuello un pañuelo amarillo, el color de la bandera restauradora. Era asombroso ver entonces cómo los castristas, civiles y militares, lucían ese atuendo, en abierta competencia para ver quién se ponía la chamarra más rusa o el pañuelo más amarillo y se parecía más al jefe. En octubre de 1903, unos meses después de la humillación a la que nos habían sometido las flotas de Alemania e Inglaterra, asistí a un evento convocado en Miraflores para celebrar el aniversario de la Revolución Restauradora. Y desde la entrada al palacio hasta el salón del acto se encontraba usted con aquella comparsa de funcionarios y caudillos de provincia ataviados con chamarras zaristas y pañuelos amarillos enrollados en el cuello, iguales al general, uniformados como unos pendejos. Por situaciones como ésa, combinadas con el discurso heroico y lleno de floripondios del general Castro, su gobierno tuvo para mí una pátina ridícula que, dicho sea de paso, todas las dictaduras parecieran necesitar. (Págs. 51-55).
Francisco Suniaga
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 9, 2008 | Fichas, Política |

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Se reproduce en esta Ficha Semanal #224 de doctorpolítico la segunda y última parte del Resumen Ejecutivo—traducido del inglés—del informe Tendencias Globales 2025: Un mundo transformado, producido por el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos y publicado a fines de noviembre pasado.
Una vez más, se insiste en esta última sección del resumen en la complejidad del nuevo orden mundial en gestación, así como en la reducción de la influencia estadounidense. El desarrollo y consolidación de nuevas potencias—como las del llamado BRIC (Brasil, Rusia, India y China)—conforman un mundo multipolar, en el que llamativamente no se reconoce un papel preponderante a un posible bloque latinoamericano o suramericano de naciones.
A los Estados Unidos se le reconoce un papel aún importante, en su condición de “primero entre iguales”. El 30 de agosto del año pasado decía la Carta Semanal #252 de doctorpolítico: “Lo cierto es que ya no es el optimismo acerca de los Estados Unidos el sentimiento dominante. A la caída de la Unión Soviética muchos se apresuraron a pronosticar una ineludible supremacía norteamericana, y Francis Fukuyama fue tan lejos como para anunciar ‘el fin de la historia’, pues ya nada podría evitar la generalización planetaria de la democracia y los mercados. Los hechos más recientes han hecho que el académico más famoso de los noventa, antaño neo-conservador partidario del gobierno de George W. Bush, se haya distanciado de éste y sugerido algunos ajustes a su simplista visión de la época. El tocayo del presidente norteamericano, el financista y activista de la democracia George Soros, ha escrito un ensayo que titula The Bubble of American Supremacy (La burbuja de la supremacía americana), en obvia analogía con las ‘burbujas’ de expansión financiera efímera. Soros argumenta que el gobierno de Bush hijo ha dejado a los Estados Unidos en situación muy comprometida, que niega la posibilidad de continuación de la supremacía estadounidense. Si evaluaciones como ésta son atinadas, lo esperable a la salida de la actual administración en Washington—que tiene cada vez menor apoyo electoral y se ha visto forzada a quedarse sin las estrellas de su estado mayor—es una contracción de la actividad y presencia norteamericana en el mundo. Ya a estas alturas, Vladimir Putin aprovecha la evidente debilidad para reafirmar su poder y restaurar la fortaleza de Rusia como potencia, Mahmoud Ahmadinejad para proseguir impertérrito en su carrera armamentista y Hugo Chávez para retar todos los días a la superpotencia norteña y culparla de todo lo malo que pueda suceder en Venezuela. Es una suerte para el mundo que pueda distinguirse en China la postura de un socio de buena fe, que no está apostando a la desestabilización, ni financiera ni política, de los Estados Unidos. Pudiera ser que, en un sentido, el sueño americano estuviese tocando a su fin. En todo caso, las nuevas realidades que ahora confrontan los Estados Unidos pudieran acelerar la conformación de una polis planetaria verdaderamente multipolar, en la que la patria de Washington pudiera aspirar, si acaso, al sitial de primus inter pares, a la usanza de una baronía medieval que elegía al monarca de su seno”.
El informe completo (Global Trends 2025: A Transformed World) puede ser obtenido en archivo con formato .pdf en: http://www.acus.org/files/publication_pdfs/3/Global-Trends-2025.pdf
LEA
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Un mundo nuevo
Perspectivas de terrorismo, conflicto y proliferación
El terrorismo, la proliferación y el conflicto seguirán siendo preocupaciones importantes, aunque temas como los de los recursos asciendan en la agenda internacional. Es improbable que el terrorismo islámico desaparezca para 2025, pero su atractivo pudiera disminuir si continúa el crecimiento económico y se mitiga el desempleo juvenil en el Cercano Oriente. Oportunidades económicas para la juventud, y un mayor pluralismo, disuadirían a algunos de unirse a las filas de los terroristas, pero otros—motivados por distintos factores, tales como un deseo de venganza o para ser “mártires”—continuarán asumiendo la violencia como modo de lograr sus objetivos.
En ausencia de oportunidades de empleo y los medios legales para la expresión política, las condiciones estarán maduras para la alienación, un radicalismo creciente y el posible reclutamiento de jóvenes por los grupos terroristas. Los grupos terroristas serán en 2025 probablemente una combinación de descendientes de grupos largamente establecidos que heredarán estructuras organizativas, procesos de comando y control y procedimientos de adiestramiento necesarios para conducir ataques sofisticados, y una colección de iracundos y marginales que se volverán radicales por sí mismos. Para aquellos grupos terroristas que estén activos en 2025, la difusión de tecnología y conocimiento científico colocará a su alcance algunas de las más peligrosas capacidades existentes hoy en el mundo. Una de nuestras mayores preocupaciones continúa siendo que terroristas u otros grupos malévolos puedan adquirir y emplear agentes biológicos o, menos probablemente, artefactos nucleares para causar una gran cantidad de víctimas.
Aun cuando no es inevitable que Irán adquiera armamento nuclear, las preocupaciones de otros países acerca de un Irán nuclearmente armado pudiera conducir a Estados de la región a desarrollar nuevos arreglos de seguridad con potencias extranjeras, adquirir armas adicionales y considerar la prosecución de sus propias ambiciones nucleares. No es claro que pueda emerger naturalmente en el Oriente cercano, con un Irán con capacidad bélica nuclear, el tipo de relación disuasiva estable que existió entre las grandes potencias durante casi toda la Guerra Fría. Ciertos conflictos de baja intensidad bajo un paraguas nuclear pudieran escalar sin intención hacia un conflicto más amplio, si no se establece claras líneas de alarma entre los Estados involucrados.
Creemos que no es probable que arraiguen conflictos ideológicos como los de la Guerra Fría, en un mundo en el que la mayoría de los Estados esté preocupada con los desafíos pragmáticos de la globalización y cambiantes alineaciones globales de poder. Es más probable que la fuerza de la ideología sea mayor en el mundo musulmán, particularmente en el núcleo árabe. En aquellos países que probablemente tengan que luchar con el abultamiento juvenil de sus poblaciones y una débil base económica—tales como Pakistán, Afganistán, Nigeria y Yemen—es probable que la tendencia radical Salafi del Islam gane terreno.
Pudieran resurgir ciertos tipos de conflictos—por recursos, por ejemplo—que no hemos visto por cierto tiempo. La percepción de una escasez de energía impulsará a los países a asegurar su acceso a suministros de energía. En el peor caso, esto pudiera resultar en conflictos interestatales si los líderes de los gobiernos estiman que un acceso seguro a recursos energéticos, por ejemplo, es esencial para mantener la estabilidad doméstica y la supervivencia de sus regímenes. No obstante, aun breves acciones de guerra tendrán consecuencias geopolíticas importantes. Las preocupaciones por la seguridad marítima están proveyendo justificación para ampliaciones navales y esfuerzos de modernización, tales como el desarrollo de una capacidad naval de alta mar por parte de China e India. La ampliación de capacidades navales regionales pudiera conducir a un aumento de las tensiones, las rivalidades y acciones de contrapeso, pero también creará oportunidades de cooperación multinacional para la protección de rutas marítimas críticas. A medida que el agua se haga más escasa en Asia y el Cercano Oriente, la cooperación para administrar los recursos hídricos se hará más difícil dentro de los Estados y entre ellos.
El riesgo del empleo de armas nucleares durante los próximos veinte años, aunque seguirá siendo muy menor, probablemente sea mayor que el de hoy en día, como consecuencia de varias tendencias convergentes. La difusión de las tecnologías nucleares y su conocimiento experto está generando preocupaciones acerca de la emergencia de nuevos Estados con armas nucleares y la adquisición de materiales nucleares por grupos terroristas. Los actuales choques de baja intensidad entre India y Pakistán continúan evocando el fantasma de la escalada de esos eventos, hasta un conflicto más amplio entre estas potencias nucleares. La posibilidad de un futuro cambio perturbador de régimen o su colapso, en un Estado nuclear como Corea del Norte, también continúa cuestionando la capacidad de Estados débiles para controlar y proteger sus arsenales nucleares.
Si llegare a emplearse armas nucleares en los próximos quince a veinte años, el sistema internacional experimentará un choque de inmediatas repercusiones humanitarias, económicas y político-militares. El uso futuro de armas nucleares probablemente traería cambios geopolíticos significativos, pues algunos Estados buscarían establecer o reforzar alianzas de seguridad con potencias existentes, y otros presionarían por un desarme nuclear global.
Un sistema internacional más complejo
La tendencia hacia una mayor difusión de la autoridad y el poder que ha venido ocurriendo por un par de décadas se acelerará probablemente, a causa de la emergencia de nuevos actores globales, el empeoramiento del déficit institucional, la potencial expansión de bloques regionales y la aumentada fortaleza de actores y redes no estatales. La multiplicidad de actores en la escena internacional pudiera añadir vigor—en el sentido de llenar los vacíos dejados por instituciones de posguerra envejecidas—o fragmentar ulteriormente el sistema internacional e incapacitar la cooperación internacional. La diversidad de tipos de actores aumenta la probabilidad de fragmentación de las próximas dos décadas, en especial por el variado espectro de retos transnacionales que confronta la comunidad internacional.
No es probable que las potencias emergentes del BRIC desafíen el sistema internacional como lo hicieron Alemania y Japón en los siglo XIX y XX, pero en virtud de su creciente influencia geopolítica y económica disfrutarán de amplios grados de libertad para establecer políticas a su medida en lugar de adoptar plenamente las normas occidentales. Es también probable que deseen preservar la libertad de sus políticas para maniobrar, dejando a otros la carga principal de tratar problemas tales como el terrorismo, el cambio climático, la proliferación y la seguridad energética.
No parece probable que las instituciones multilaterales—que son grandes y engorrosas y fueron diseñadas para un orden geopolítico diferente—tengan la capacidad de adaptarse rápidamente para emprender nuevas misiones, acomodar afiliaciones cambiantes y aumentar sus recursos.
Las organizaciones no gubernamentales (ONG)—concentradas sobre problemas específicos—serán cada vez más parte del paisaje, pero es probable que las redes de ONG estén limitadas en su capacidad de efectuar cambios en ausencia de esfuerzos concertados de instituciones multilaterales o gobiernos. Los esfuerzos de mayor inclusión—para reflejar la emergencia de las potencias más nuevas—pueden hacer más difícil a las organizaciones internacionales el ataque de los desafíos transnacionales. El respeto por los puntos de vista divergentes de las naciones miembros continuará conformando la agenda de las organizaciones y limitando las clases de solución que pueden ser intentadas.
Un mayor regionalismo panasiático—posible para 2025—tendría implicaciones globales, detonando o reforzando una tendencia hacia tres núcleos comerciales y financieros que pudiesen convertirse en cuasi-bloques: América del Norte, Europa y Asia Oriental. El establecimiento de tales cuasi-bloques tendría implicaciones para la capacidad de lograr futuros acuerdos globales de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los agregados regionales pudieran competir en la fijación de estándares transregionales para la tecnología de la información, la biotecnología, la nanotecnología, los derechos de propiedad intelectual y otros aspectos de la “nueva economía”. Por otra parte, la ausencia de cooperación regional en Asia pudiera acicatear la competencia entre China, India y Japón en materia de recursos como el energético.
La proliferación de identidades políticas es intrínseca a la creciente complejidad de roles del Estado, instituciones y actores no estatales, lo que conduce al establecimiento de nuevas redes y comunidades redescubiertas. No hay identidad política que sea probablemente dominante en la mayoría de las sociedades para 2025. Las redes basadas en la religión pudieran ser redes temáticas imprescindibles, y en conjunto pudieran jugar un papel más fuerte que el de agrupaciones seculares en muchos problemas transnacionales, como los del ambiente y la desigualdad.
Los Estados Unidos: una potencia menos dominante
Hacia 2025 los Estados Unidos se verán como uno de varios actores importantes, aunque todavía el más importante de la escena mundial. Incluso en el reino de lo militar, donde los Estados Unidos continuarán teniendo considerables ventajas en 2025, los progresos de otros países en ciencia y tecnología, una adopción más amplia de tácticas de guerra irregular por actores tanto estatales como no estatales, la proliferación de armas precisas de largo alcance y el creciente uso de ataques de guerra cibernética constreñirán cada vez más la libertad de acción de los Estados Unidos. Un papel más constreñido de los Estados Unidos tiene implicaciones para otros países y para la probabilidad de enfrentar con eficacia nuevos temas de la agenda. A pesar del reciente aumento del antiamericanismo, los Estados Unidos probablemente continúen siendo vistos como un contrapeso regional muy necesario en el Cercano Oriente y Asia. Seguirá esperándose de los Estados Unidos un rol significativo en el empleo de su poder militar para contrarrestar el terrorismo global. En materia de nuevos problemas de seguridad como los derivados del cambio climático, el liderazgo de los Estados Unidos será ampliamente considerado crítico para coordinar puntos de vista diversos y encontrar soluciones. Al mismo tiempo, la multiplicidad de influyentes actores y la desconfianza respecto de los poderes muy grandes disminuirá la capacidad de los Estados Unidos para imponer decisiones sin el apoyo de socios fuertes. Ciertos desarrollos en el resto del mundo, incluyendo desarrollos internos en un número de Estados clave—particularmente China y Rusia—también sean probablemente determinantes cruciales de las políticas de los Estados Unidos.
2025 – ¿Qué clase de futuro?
Las tendencias mencionadas sugieren discontinuidades, shocks y sorpresas importantes, que destacaremos en el informe. Algunos ejemplos incluyen el empleo de armas nucleares o pandémicas. En algunos casos, el elemento sorpresa es sólo un asunto de tiempo: una transición energética, por ejemplo, es inevitable; la única duda es acerca de cuándo o cuán abrupta o suave será la transición. Una transición energética de un tipo de combustible (fósil) a otro (alternativo) es un evento que históricamente sólo ha ocurrido una vez en un siglo con consecuencias de gran magnitud. La transición de la leña al carbón ayudó a desencadenar la industrialización. En este caso, una transición que deje atrás los combustibles fósiles—en especial si es abrupta—tendrá repercusiones mayores sobre los productores de energía del Cercano Oriente y Eurasia, potencialmente causando la declinación permanente de algunos Estados como potencias globales y regionales.
Otras decadencias son menos predecibles. Es probable que resulten de la interacción de varias tendencias, y dependerán de la calidad del liderazgo. No hay seguridad de que China o Rusia se conviertan en democracias. La creciente clase media de China aumenta las probabilidades pero no convierte un desarrollo así en inevitable. Un pluralismo político en Rusia parece menos probable en ausencia de diversificación económica. Una presión desde abajo pudiera forzar el asunto, o pudiera un líder comenzar o enriquecer el proceso de democratización para sostener la economía o estimular el crecimiento económico. Una caída sostenida en los precios del petróleo y el gas alteraría el panorama y aumentaría las probabilidades de una mayor liberalización política y económica en Rusia. Si alguno de estos países se democratiza, tal cosa representaría una nueva ola de democratización con amplia significación para muchos otros países en desarrollo.
Son asimismo inciertos los desenlaces de los desafíos demográficos que Europa, Japón y aun Rusia confrontan. En ninguno de estos casos la demografía implica un destino inevitable de poder global o regional disminuido. La tecnología, el papel de la inmigración, las mejoras en salud pública y las leyes que alientan una mayor participación de la mujer en la economía son algunos de los factores que pudieran cambiar la trayectoria de las tendencias actuales que apuntan a un crecimiento económico disminuido, mayores tensiones sociales y una posible declinación.
El que las instituciones globales se adapten y revivan—otra incertidumbre clave—estará también en función del liderazgo. Las actuales tendencias sugieren una dispersión del poder y la autoridad que creará un défict global de goernabilidad. La inversión de estas líneas tendenciales requeriría un fuerte liderazgo en la comunidad internacional por parte de varias potencias, incluyendo en éstas a las emergentes.
Algunas incertidumbres, de ocurrir, tendrían mayores consecuencias que otras. En este trabajo, enfatizamos un potencial en conjunto de mayor conflicto, algunas de cuyas formas pudieran amenazar la globalización. En esta categoría ubicamos a un terrorismo con armas de destrucción masiva y una carrera armamentista en el Cercano Oriente. Las incertidumbres clave y sus posibles impactos son discutidos en el texto en la página vii sobre su probabilidades relativas. En los cuatro escenarios imaginados, hemos destacado nuevos retos que pudieran surgir como resultado de las transformaciones globales en progreso. Presentan nuevas situaciones, dilemas o complicaciones que representan un alejamiento de recientes desarrollos. Como conjunto, no cubren todos los futuros posibles. Ninguno de ellos es inevitable o aun necesariamente probable pero, como con muchas otras incertidumbres, los escenarios son modificadores potenciales de las reglas de juego.
• En Un Mundo sin Occidente, las nuevas potencias suplantan a Occidente como los líderes de la escena mundial.
• Sorpresa de Octubre ilustra el impacto de la desatención al cambio global del clima; impactos inesperados estrechan el rango de opciones del mundo.
• En Ascenso del BRIC, las disputas por recursos vitales emergen como fuente de conflicto entre potencias mayores, en este caso los pesos pesados emergentes de India y China.
• En La Política No Siempre Es Local, emergen redes no estatales para fijar la agenda internacional en materia de ambiente, eclipsando a los gobiernos.
Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 2, 2008 | Fichas, Política |

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Esta Ficha Semanal #223 de doctorpolítico, y la de la semana siguiente, reproducen la traducción del Resumen Ejecutivo del estudio Tendencias Globales 2025 – Un mundo transformado, del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, dado a la luz a fines del mes pasado. Este consejo es una estructura de análisis y recomendaciones a mediano y largo plazo para la comunidad de los servicios de inteligencia estadounidenses, como la Agencia Nacional de Seguridad, la CIA, el FBI y otras agencias, como las propias de cada rama de sus fuerzas armadas.
El informe en cuestión es el cuarto intento del Consejo para “identificar los motores clave y los desarrollos que probablemente den forma a los eventos durante una década o algo más en el futuro”. En este caso, se trata de un lapso de diecisiete años, que va desde hoy hasta el año 2025, aunque en uno que otro punto la proyección se extiende hasta la mitad de la centuria e incluso hasta el término de la misma. Otros famosos intentos predictivos han sido algo más extensos en el tiempo; los más notables fueron dos intentos del Instituto Hudson, antaño dirigido por su fundador, el analista de defensa convertido en futurólogo, Herman Kahn (quien dictó un seminario en Caracas en el año de 1977). En primer término, The Year 2000, publicado en 1967 y, luego, The Next 200 Years, editado para el bicentenario de la independencia de los Estados Unidos en 1976. Kahn murió a los sesenta y un años de edad en 1983, suficientemente antes de que se vencieran los plazos de su predicción, de forma que no pudiera echársele en cara algún desacierto.
Diecisiete años, el lapso que nos separa del año 2025, se van en un abrir y cerrar de ojos. Seguramente estarán cargados de acontecimientos significativos; a los pocos días de la publicación del interesante informe, con posterioridad a la elección de Barack Obama como cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos, una cepa terrorista mutante sometía a la ciudad de Mumbai (Bombay) a un asedio de horror, y la crisis económica mundial continuaba su despliegue inexorable. (En términos estadísticos oficiales, se conoció ayer que la recesión económica de los Estados Unidos se había iniciado ya en diciembre de 2007).
Es muy interesante que el Consejo de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos admita sin ambages que la supremacía estadounidense está en declive; se trata, a fin de cuentas, de un órgano del gobierno federal de ese país que emite su opinión cuando aún no ha cesado el peculiar gobierno de George W. Bush, el que actuó durante ocho años como si los Estados Unidos fuesen el dueño del mundo. Global Trends 2025 – A Transformed World, expresa la convicción de la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos sobre la multipolaridad del mundo que vivimos. Se trata de un muy importante cambio en la percepción del primer país del planeta.
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Justo enfrente
El sistema internacional—tal como fuera construido luego de la Segunda Guerra Mundial—será casi irreconocible para 2025, debido al surgimiento de potencias emergentes, una economía globalizadora, una transferencia histórica de riqueza relativa y poder económico de Occidente a Oriente y la creciente influencia de actores no estatales. Hacia 2025, el sistema internacional será uno global y multipolar, al continuar estrechándose las brechas de poder nacional entre países desarrollados y en desarrollo. Junto con el desplazamiento de poder entre las naciones-estado, está aumentando el poder relativo de varios actores no estatales, que incluyen empresas, tribus, organizaciones religiosas y redes criminales. Los jugadores están cambiando, pero también cambian el alcance y amplitud de problemas transnacionales que son importantes para la continuidad de la prosperidad global. Un crecimiento económico potencialmente desacelerado, poblaciones que envejecen en el mundo desarrollado, el aumento de limitaciones en energía, alimentación y agua, y las preocupaciones acerca del cambio climático limitarán y disminuirán lo que todavía será una era de prosperidad sin precedentes en la historia.
Históricamente, los sistemas multipolares emergentes han sido más inestables que los bipolares o unipolares. A pesar de la reciente volatilidad financiera—que pudiera terminar acelerando muchas de las actuales tendencias—no creemos que nos encaminamos hacia un colapso total del sistema internacional—como ocurrió en 1914-1918 cuando se detuvo una fase precoz de globalización. Pero los próximos veinte años de transición hacia un nuevo sistema estarán cargados de riesgos. Las rivalidades estratégicas girarán probablemente en torno al comercio, las inversiones y la innovación y adquisición de tecnologías, pero no podemos descartar un escenario, al estilo del siglo XIX, de carrera armamentista, expansión territorial y rivalidad militar.
Es ésta una historia sin desenlace claro, como lo ilustra una serie de viñetas que empleamos para hacer el mapa de nuestros futuros divergentes. Aunque los Estados Unidos probablemente seguirán siendo el actor individual más poderoso, su fuerza relativa—incluso en el reino de lo militar—declinará, y su influencia estará más constreñida. Al mismo tiempo, no es claro hasta dónde otros actores—tanto estados como no estatales—estén dispuestos a asumir una carga recrecida o podrán soportarla. Los hacedores de políticas y los públicos tendrán que absorber una creciente exigencia de cooperación multilateral, cuando el sistema internacional sea presionado por la incompleta transición de un viejo orden a uno nuevo todavía en formación.
El crecimiento económico como combustible del surgimiento de jugadores emergentes
En términos de tamaño, rapidez y dirección del flujo, la transferencia actual de riqueza y poder económico en el globo—en términos gruesos, de Occidente a Oriente—no tiene precedentes en la historia moderna. Este desplazamiento se deriva de dos fuentes. Primera, los aumentos en los precios del petróleo y otras materias primas han reportado ingresos extraordinarios para los países del Golfo y Rusia. Segunda, costos bajos que se combinan con políticas gubernamentales han desplazado el locus de la manufactura y ciertas industrias de servicios al Asia.
Las proyecciones de crecimiento para Brasil, Rusia, India y China indican que en conjunto alcanzaran la participación original del G-7 en el producto bruto global entre 2040 y 2050. China está en posición de tener más impacto sobre el mundo en los próximos veinte años que cualquier otro país. Si persisten las tendencias actuales, China tendrá la segunda economía del mundo y será una potencia militar líder. También pudiera ser el mayor importador de materias primas y el primer contaminador. Probablemente, India continuará disfrutando un crecimiento económico relativamente rápido, y pujará por un mundo multipolar en el que Nueva Delhi sea uno de los polos. China e India deberán decidir el punto hasta el que están dispuestos a desempeñar un creciente papel global y estén en capacidad de hacerlo, y cómo se relacionarán entre sí. Rusia tiene el potencial para ser más rica, más poderosa y más segura de sí misma en 2025. Si invierte en capital humano, expande y diversifica su economía y se integra a los mercados mundiales, hacia 2025 Rusia podría jactarse de un producto doméstico bruto que se aproxime al del Reino Unido y Francia. Por otra parte, Rusia pudiera experimentar una declinación significativa si deja de tomar esos pasos y los precios del petróleo y el gas permanecen en el rango de US$ 50-70 por barril. No hay ningún otro país que se proyecte surja hasta el nivel de China, India o Rusia, y es probable que ninguno se aproxime a su influencia global. Esperamos, sin embargo, ver el aumento de poder político y económico de otros países, tales como Indonesia, Irán y Turquía.
Por su mayor parte, China, India y Rusia no están siguiendo el modelo liberal occidental de autodesarrollo, sino que emplean un modelo diferente, el “capitalismo de Estado”. Éste es un término vago que se emplea para describir un sistema de gestión económica que concede al Estado un papel prominente. Otras potencias emergentes—Corea del Sur, Taiwan y Singapur—también han usado el capitalismo de Estado para desarrollar sus economías. No obstante, el impacto de China en el recorrido de este camino es potencialmente mucho mayor, debido a su escala y su aproximación a la “democratización”. A pesar de esto, seguimos siendo optimistas en cuanto a las posibilidades a largo plazo de una mayor democratización, aun cuando los progresos sean probablemente lentos y la globalización sujete a muchos países recientemente democratizados a un aumento de las presiones sociales y económicas, que pudieran minar las instituciones liberales.
Muchos otros países se quedarán más rezagados económicamente. El África Subsahariana seguirá siendo la región más vulnerable a las interrupciones económicas, el conflicto civil y la inestabilidad política. A pesar de una creciente demanda global de materias primas de las que el África Subsahariana sería un suplidor principal, no es probable que las poblaciones locales experimenten ganancias económicas significativas. Las ganancias extraordinarias provenientes de aumentos sostenidos en los precios de las materias primas pueden atrincherar más aún a gobiernos corruptos o mal equipados en varias regiones, disminuyendo las perspectivas de reforma basada en la democracia y los mercados. Aunque muchos de los principales países de América Latina se habrán convertido en potencias de ingreso mediano para 2025, otros, particularmente países tales como Venezuela y Bolivia, que han asumido políticas populistas por tiempo prolongado, se rezagarán, y algunos, como Haití, se habrán hecho aun más pobres e ingobernables. En conjunto, América Latina continuará a la zaga de Asia y otras áreas de rápido crecimiento en términos de competitividad económica.
Asia, África y América Latina serán responsables de virtualmente todo el crecimiento de población de los próximos veinte años; menos de tres por ciento del crecimiento ocurrirá en Occidente. Europa y Japón continuarán aventajando grandemente a las potencias emergentes de China e India en riqueza per cápita, pero tendrán que luchar para mantener tasas de crecimiento robustas, puesto que decrecerá el tamaño de sus poblaciones activas. Los Estados Unidos serán una excepción parcial al envejecimiento de las poblaciones en el mundo desarrollado, porque experimentarán mayores tasas de natalidad y más inmigración. Aumentará el número de emigrantes que buscarán moverse de países desaventajados a países relativamente privilegiados.
Se estima que el número de países con estructuras de edad jóvenes en el actual “arco de inestabilidad” declinará por tanto como 40 por ciento. Tres de cada cuatro países de juventud abultada que persistirán estarán localizados en el África Subsahariana, y prácticamente todo el resto en el núcleo del Oriente Medio, dispersos a través del sur y el centro de Asia y en las islas del Pacífico.
Nueva agenda transnacional
El tema de los recursos alcanzará preeminencia en la agenda internacional. Un crecimiento económico sin precedentes—positivo en muchos aspectos—continuará ejerciendo presión sobre varios recursos estratégicos, incluyendo energía, alimentos y agua, y se pronostica que agoten los recursos fácilmente disponibles en algo más que una década. Por ejemplo, la producción, fuera de la OPEP, de hidrocarburos líquidos—petróleo, crudo, líquidos del gas natural y fuentes no convencionales (como las arenas bituminosas)—no crecerán al ritmo de la demanda. Ya está declinando la producción de muchas fuentes tradicionales de energía. En otras partes—China, India y México—la producción se ha nivelado. Escasearán los países con capacidad de producción significativamente creciente; la producción de petróleo y gas estará concentrada en áreas inestables. Como resultado de estos y otros factores, el mundo se encontrará en medio de una fundamental transición energética del petróleo hacia el gas natural, el carbón y otras alternativas.
El Banco Mundial estima que la demanda de alimentos crecerá en 50 por ciento para 2030, como resultado de una población mundial creciente, una prosperidad en aumento y el desplazamiento hacia preferencias dietéticas occidentales de una mayor clase media. La falta de acceso a suministros estables de agua está alcanzando proporciones críticas, particularmente para propósitos agrícolas, y el problema empeorará a causa de una rápida urbanización en todo el mundo y de añadir alrededor de 1.200 millones de personas durante los próximos veinte años. Hoy en día, los expertos consideran que hay veintiún países, que tienen una población combinada de 600 millones de habitantes, con escasez de tierra cultivable y agua fresca. Debido al continuo crecimiento de la población, se estima que otros treinta y seis países, con una población total de 1.400 millones de personas, caerán en esa categoría de aquí a 2025.
Se espera que el cambio climático exacerbe la escasez de recursos. Aunque el impacto del cambio climático variará según la región, un cierto número de regiones comenzará a sufrir efectos dañinos, particularmente la escasez de agua y la pérdida de producción agrícola. Es probable que las diferencias regionales en producción agrícola se hagan más pronunciadas con el tiempo, con una declinación desproporcionadamente cargada sobre países en desarrollo, principalmente los del África Subsahariana. Se espera que las pérdidas agrícolas crezcan con el tiempo, con impactos substanciales predichos por la mayoría de los economistas para fines de este siglo. Para muchos países en desarrollo, un producto agrícola disminuido será devastador, pues la agricultura representa una mayor proporción de sus economías y muchos de sus ciudadanos viven cerca de los niveles de subsistencia.
Una vez más, nuevas tecnologías pudieran proveer soluciones, tales como alternativas viables a los combustibles fósiles o medios para vencer las limitaciones de los alimentos y el agua. Sin embargo, todas las tecnologías actuales son inadecuadas para reemplazar la arquitectura energética tradicional a la escala requerida, y probablemente no habrá nuevas tecnologías energéticas que sean comercialmente viables o generalizadas para 2025. El ritmo de la innovación tecnológica será crucial. Aun con una política favorable y financiamiento para los biocombustibles, el carbón limpio o el hidrógeno, la transición a los nuevos combustibles será lenta. Históricamente, las principales tecnologías tienen un “retraso de adopción”. Un estudio reciente ha encontrado que, en el sector energético, se consume un promedio de veinticinco años para adoptar ampliamente una nueva tecnología de producción.
A pesar de que sea hoy visto como poco probable, no podemos descartar la posibilidad de una transición energética que evitaría los costos de una reparación de la infraestructura de energía. La más grande de las posibilidades para una transición relativamente rápida y barata durante el período vendría de mejores fuentes de energía renovable (fotovoltaica y eólica), así como de mejoras en la tecnología de baterías. Con muchas de estas tecnologías, la valla del costo de infraestructura de los proyectos individuales sería más baja, permitiendo que muchos actores económicos pequeños desarrollen sus propios proyectos de transformación energética para el servicio directo de sus intereses—por ejemplo, celdas de combustible estacionarias para alimentar hogares y oficinas, recarga de automóviles de planta híbrida, y venta de energía reciclada a la red. Del mismo modo, los esquemas de reconversión energética—tales como planes de generar hidrógeno para celdas de combustible a partir de electricidad en los garajes domésticos—pudieran eludir la necesidad de desarrollar una compleja infraestructura de transporte de hidrógeno.
Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos
por Luis Enrique Alcalá | Nov 25, 2008 | Fichas, Política |

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Entre los muchos expertos consultados o interpelados por el Senado de los Estados Unidos con motivo de la crisis económica, compareció ante su Comité de Supervisión del Comercio el legendario financista George Soros. La Ficha Semanal #222 de doctorpolítico reproduce un extracto de su testimonio, en el que hace referencia a sus propias nociones sobre las “burbujas” en los mercados de valores y discute el tema de los precios del petróleo, de obvio interés de nuestro país.
Soros ha escrito en plan teórico acerca del fenómeno de las burbujas. En este mismo año, la editorial Public Affairs, que ya había editado tres libros previos de su pluma, publicó The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What It Means, que ataca el problema actual desde la idea de una “superburbuja” que estuvo preparándose durante veinticinco años y ahora ha estallado.
Más en general, y sobre tema geopolítico, Soros escribió en 2003 The Bubble of American Supremacy: Correcting the Misuse of American Power, igualmente publicado por Public Affairs. En esta obra Soros argumenta que la presidencia de George W. Bush ha llevado a los Estados Unidos a una situación tan comprometida que el ejercicio de su supremacía en el mundo toca a su fin. (Soros aportó grandes sumas de dinero en un vano intento por impedir la reelección de Bush en 2004). Ya esta opinión no es exclusiva de gente que, como Soros, han sido opositores de Bush; el National Intelligence Council, órgano del gobierno federal dedicado al pensamiento estratégico a mediano y largo plazo para la comunidad de inteligencia estadounidense (CIA, Agencia de Seguridad Nacional, FBI, etc.), ha puesto a la orden del público su estudio Global Trends 2025: A Transformed World, en el que se lee afirmaciones como ésta: “Aun cuando es probable que los Estados Unidos sigan siendo el actor individual más poderoso, la fortaleza relativa de los Estados Unidos—incluso en el reino de lo militar—declinará, y la influencia de los Estados Unidos estará más constreñida”. Igualmente reconoce que “Para 2025 el sistema internacional será globalmente multipolar”. Hugo Chávez puede estar contento. (La Ficha Semanal #223, de la semana que viene, contendrá una traducción del resumen ejecutivo de tan importante reporte).
En el corazón de la doctrina de Soros reside la idea de la “reflexividad” de los mercados, la noción de que hay una dinámica de mutua influencia entre las tendencias económicas fundamentales y la percepción de éstas. (El concepto de profecía autocumplida es una forma de reflexividad: quienes creen que los precios bajarán proceden a vender, con lo que en efecto deprimen los precios). Es interesante que Soros concede la existencia de una burbuja de este tipo con los precios petroleros, pero reconoce una tendencia fundamental al encarecimiento de los mismos, montada sobre factores económicos reales que describe en el texto reproducido aquí.
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Burbujas de amor
Aunque no soy un experto petrolero, tengo toda una vida estudiando las burbujas de inversión, como inversionista profesional. Mi teoría sobre las burbujas financieras, explicada en mas detalle en mi reciente libro, El nuevo paradigma para los mercados financieros, es considerablemente diferente a la visión convencional. De acuerdo con mi teoría, los precios de los mercados financieros no tienden necesariamente al equilibrio Simplemente, no reflejan pasivamente las condiciones fundamentales de la oferta y demanda; hay varias maneras en que los precios de mercado afectan los fundamentos que deben reflejar. Hay una doble vía, una interacción reflexiva entre las percepciones sesgadas del mercado y sus fundamentos, y esa interacción puede alejar al mercado del equilibrio. Cada secuencia de explosión y caída, o burbuja, comienza con algún cambio fundamental, tal como el alcance de Internet, y lo sigue una interpretación equivocada de la nueva tendencia de precios que resulta de ese cambio. Inicialmente, ese error de interpretación refuerza tanto la tendencia como la mala interpretación en sí; pero con el tiempo la brecha entre la realidad del mercado y su interpretación se hace tan amplia que ya no es sostenible.
Cada vez más, el error de interpretación se reconoce como tal, dando paso a la desilusión, y estos cambios de percepción comienzan a influir en las condiciones fundamentales en la dirección opuesta. Tarde o temprano, se revierte la tendencia de los precios en el mercado. A medida que los precios caen, declina también el valor de los colaterales empleados como seguro de los préstamos, provocando llamados al margen. Los tenedores de seguros se ven forzados a venderlos a precios de urgencia para alcanzar el requerimiento mínimo de efectivo o capital, y estas ventas hacen que el mercado se dispare frecuentemente en la dirección opuesta. La caída tiende a ser más corta y más aguda que la explosión que la precede.
La secuencia contradice la visión convencional, que sostiene que los mercados tienden hacia el equilibrio y las desviaciones de éste ocurren de manera aleatoria. Algunos instrumentos financieros sintéticos ampliamente usados—como los COD, que han jugado un papel tan importante en hacer de la crisis hipotecaria una crisis financiera mayor—se basan en esa visión.
Más aún, las instituciones financieras, las agencias clasificadoras y las autoridades reguladoras tomaron en cuenta la posibilidad inicial de autorreforzarse con el auge y luego autodestruirse con la subsiguiente caída.
Sus cálculos de riesgo fueron construidos sobre premisas equivocadas. Cuando la burbuja subprime, no óptima, se rompe, los CD AAA y otros instrumentos sintéticos pierden inmediatamente gran parte de su valor. La crisis subprime contagió los otros mercados con alarmante velocidad, y la solvencia de las instituciones financieras más merecedoras de crédito fue puesta en duda,
Actualmente, estamos viviendo la ruptura de una burbuja de crédito que ha involucrado a todo el sistema financiero y, a la vez, un auge y caída inevitable del precio del petróleo y otras materias primas, commodities, que han tenido las mismas características que una burbuja. Creo que ambos fenómenos se conectan en lo que llamo la superburbuja, que ha evolucionado a través del último cuarto de siglo. La tendencia fundamental de la superburbuja ha sido el creciente uso del apalancamiento—tomar prestado para financiar consumo e inversión—, y el concepto errado de esa tendencia fue lo que llamé el “fundamentalismo del mercado”, la creencia de que el mercado asegura una mejor distribución de los recursos.
Basta de burbujas en general. Con respecto al mercado petrolero en particular, creo que hay cuatro factores principales en juego, los que se refuerzan mutuamente. Dos de ellos son fundamentales y los otros dos son “reflexivos”, en el sentido de que describen las tendencias del mercado que ellos mismos afectan junto con las supuestas condiciones fundamentales de la oferta y la demanda.
Primero, el costo de descubrir y desarrollar reservas nuevas está aumentando, y se acelera la tasa de agotamiento de los campos petroleros más viejos. Esto se ha llamado, erróneamente, “crudo cumbre” (peak oil)—es decir, que nos habríamos acercado o habríamos llegado a la tasa máxima de producción mundial. Se trata de un concepto errado, ya que los precios altos permiten desarrollar económicamente fuentes de energía mas costosas. De todos modos, la idea contiene un elemento veraz importante: algunas de las fuentes mas accesibles y prolíficas de petróleo, en lugares tales como Arabia Saudita y México, fueron descubiertas hace más de cuarenta años y su rendimiento está cayendo rápidamente.
Segundo, hay una tendencia “reflexiva” a que el suministro de petróleo caiga a medida que sube el precio, invirtiendo la forma normal de la curva de suministro. Típicamente, mientras sube el precio los productores ofrecen más. Para los productores de petróleo que esperan que el precio suba más, sin embargo, hay menos incentivo para transformar las reservas de petróleo subterráneo en reservas de dólares en la superficie. Los productores de petróleo calculan que estarán en mejor situación si explotan sus reservas más lentamente. Esto puede ser descrito como una curva de suministro descendiente. Por otro lado, los altos precios del petróleo ha permitido que regímenes políticos ineficientes y hostiles a Occidente se sostengan en el poder, como Irán, Venezuela y Rusia. La producción petrolera de estos países está en decadencia.
Tercero, los países cuya demanda crece—los mayores productores de petróleo—, junto con China y otros exportadores asiáticos, mantienen artificialmente bajos los precios domésticos de la energía mediante los subsidios. Por consiguiente, una elevación de los precios no reduce la demanda, como ocurriría en condiciones normales. Tal cosa puede ser considerada como uno de los fundamentos del mercado, aunque las presiones presupuestarias están cambiando gradualmente políticas gubernamentales como ésas.
Finalmente, la demanda es reforzada por la especulación, que tiende a amplificar las tendencias del mercado. He aquí es un fenómeno esencialmente reflexivo. Además de los fondos compensatorios y los especuladores individuales, los inversionistas institucionales, tales como los fondos de pensión y fideicomiso, se involucraron fuertemente en la indexación de las materias primas, y no sólo el petróleo, sino también el oro y otros materiales en bruto. En realidad, esos inversionistas institucionales se han convertido en el “elefante en la cristalería de los mercados de futuros. La materia prima, o commodity, se ha convertido en un renglón de activos para los inversionistas institucionales y éstos han aumentado sus participación en ese rubro, al seguir una estrategia de inversión en índices de materiales en bruto. En la primavera y el comienzo del verano de 2008, los precios spot del petróleo y otros artículos subieron anticipadamente sobre los costos marginales de producción, y los contratos far out subieron más rápido que los precios spot. Los esquemas de costo han asumido la forma de una curva parabólica, cosa que es característica de la formación de burbujas.
Entonces, ¿es esto una burbuja? La respuesta es que hay una burbuja superpuesta a la tendencia al alza del precio del petróleo, una tendencia que tiene un fundamento basado en la realidad. En la actual recesión, es un hecho que la demanda crece mas rápidamente que el suministro de reservas disponibles, y esto persistirá aunque se eliminen el índice de compras de materias primas y la especulación.
George Soros
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