FS #203 – En el fondo un villano

Fichero

LEA, por favor

El siglo XX comenzó, casi, con la muerte de la reina Victoria (22 de enero de 1901), y su primer año concluyó, casi, con el otorgamiento de los primeros Premios Nóbel (10 de diciembre de 1901, en el aniversario de la muerte de Alfredo Nóbel, quien los instituyera en testamento de 1895). Victoria fue el punto culminante del imperialismo europeo; los Premios Nóbel una magnífica institución de la civilización occidental que resalta uno de los rasgos dominantes de aquel siglo: el despliegue exponencial y asombroso de la ciencia. Informalmente, se conoce como Premio Nóbel de Economía al Premio en Ciencias Económicas instituido (1968) por el Sveriges Riksbank (el Banco Central de Suecia) en memoria de Alfredo Nóbel. Fue conferido por vez primera al año siguiente.

En el primer año del siglo XXI fue galardonado con ese premio el economista estadounidense Joseph E. Stiglitz, por su “análisis de las informaciones asimétricas en los mercados”. (Stiglitz compartió el premio con su colegas, también estadounidenses, George A. Akerlof y A. Michael Spence). En su lección como premiado en el Aula Magna de la Universidad de Estocolmo (8 de diciembre de 2001), Stiglitz explicó: “Muchos de los debates políticos de las últimas dos décadas se han centrado sobre un punto clave: la eficiencia de la economía y la relación adecuada entre el mercado y el gobierno. El argumento de Adam Smith [1776], el fundador de la economía moderna, de que los mercados libres conducían a resultados eficientes ‘como por arte de una mano invisible’, ha desempeñado un papel central en estos debates: sugería que podíamos, en gran medida, confiar en mercados sin intervención gubernamental. En el mejor de los casos, habría un rol limitado para el gobierno. El conjunto de ideas que presentaré acá ha minado la teoría de Smith y el punto de vista sobre el gobierno que descansa en ella. Han sugerido que la razón por la que la mano es invisible es que simplemente no está allí o, al menos, que si lo está es paralítica”.

Lo anterior es noción sostenida, entre otras cosas por las asimetrías de la información en los mercados—que dista de ser perfecta o transparente—, por quien fuera, además de Premio Nóbel en 2001, asesor económico del gobierno de William Clinton y nada menos que Economista Jefe y Vicepresidente Senior del Banco Mundial. Más sorprendente aún es que Stiglitz escribiera “El malestar de la globalización” (Globalization and its Discontents, 2002) para señalar como villano, precisamente, al mismísimo Banco Mundial. La Ficha Semanal #203 de doctorpolítico se compone de casi todo el prólogo—autobiográfico, tal vez egocéntrico—que Stiglitz escribió para el libro.

Pero el siglo XXI, el tercer milenio, se inició también con el primer atentado hiperterrorista de la historia. Stiglitz saca de ese horror, que empañó el año de su galardón, una sobria y constructiva moraleja: “El bárbaro atentado del 11 de septiembre ha aclarado con toda nitidez que todos compartimos un único planeta. Constituimos una comunidad global y como todas las comunidades debemos cumplir una serie de reglas para convivir. Esas reglas deben ser—y deben parecer—equitativas y justas, deben atender a los pobres y a los poderosos, y reflejar un sentimiento básico de decencia y justicia social. En el mundo de hoy, dichas reglas deben ser el desenlace de procesos democráticos; las reglas bajo las que operan las autoridades y cuerpos gubernativos deben asegurar que escuchen y respondan a los deseos y necesidades de los afectados por políticas y decisiones adoptadas en lugares distantes”.

LEA

En el fondo un villano

En 1993 abandoné la vida académica para trabajar en el Consejo de Asesores Económicos del presidente Clinton. Tras años de investigación y docencia, ésa fue mi primera irrupción apreciable en la elaboración de medidas políticas y, más precisamente, en la política. De ahí pasé en 1997 al Banco Mundial, donde fui economista jefe y vicepresidente senior durante casi tres años, hasta enero de 2000. No pude haber escogido un momento más fascinante para entrar en política. Estuve en la Casa Blanca cuando Rusia emprendió la transición desde el comunismo; y en el Banco Mundial durante la crisis financiera que estalló en el Este asiático en 1997 y llegó a envolver al mundo entero. Siempre me había interesado el desarrollo económico, pero lo que vi entonces cambió radicalmente mi visión tanto de la globalización como del desarrollo. Escribo este libro porque en el Banco Mundial comprobé de primera mano el efecto devastador que la globalización puede tener sobre los países en desarrollo, y especialmente sobre los pobres en esos países. Creo que la globalización—la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales—puede ser una fuerza benéfica y su potencial es el enriquecimiento de todos, particularmente los pobres; pero también creo que para que esto suceda es necesario replantearse profundamente el modo en el que la globalización ha sido gestionada, incluyendo los acuerdos comerciales internacionales que tan importante papel han desempeñado en la eliminación de esas barreras y las políticas impuestas a los países en desarrollo en el transcurso de la globalización.

En tanto que profesor, he pasado mucho tiempo investigando y reflexionando sobre las cuestiones económicas y sociales con las que tuve que lidiar durante mis siete años en Washington. Creo que es importante abordar los problemas desapasionadamente, dejar la ideología a un lado y observar los hechos antes de concluir cuál es el mejor camino. Por desgracia, pero no con sorpresa, comprobé en la Casa Blanca—primero como miembro y después como presidente del Consejo de Asesores Económicos (un panel de tres expertos nombrados por el Presidente para prestar asesoramiento económico al Ejecutivo norteamericano)—y en el Banco Mundial que a menudo se tomaban decisiones en función de criterios ideológicos y políticos. Como resultado se persistía en malas medidas, que no resolvían los problemas pero que encajaban con los intereses o creencias de las personas que mandaban. El intelectual francés Pierre Bourdieu ha escrito acerca de la necesidad de que los políticos se comporten más como estudiosos y entren en debates científicos basados en datos y hechos concretos. Lamentablemente, con frecuencia sucede lo contrario, cuando los académicos que formulan recomendaciones sobre medidas de Gobierno se politizan y empiezan a torcer la realidad para ajustarla a las ideas de las autoridades.

Si mi carrera académica no me preparó para todo lo que encontré en Washington D C., al menos me preparó profesionalmente. Antes de llegar a la Casa Blanca había dividido mi tiempo de trabajo e investigación entre la economía matemática abstracta (ayudé a desarrollar una rama de la ciencia económica que recibió desde entonces el nombre de economía de la información), y otros temas más aplicados, como la economía del sector público, el desarrollo y la política monetaria. Pasé más de veinticinco años escribiendo sobre asuntos como las quiebras, el gobierno de las corporaciones y la apertura y acceso a la información (lo que los economistas llaman “transparencia”); fueron puntos cruciales ante la crisis financiera global de 1997. También participé durante casi veinte años en decisiones sobre la transición desde las economías comunistas hacia el mercado. Mi experiencia sobre cómo manejar dichos procesos comenzó en 1980, cuando los analicé por primera vez con las autoridades de China, que daba sus primeros pasos en dirección a una economía de mercado. He sido un ferviente partidario de las políticas graduales de los chinos, que han demostrado su acierto en las ultimas dos décadas, y he criticado con energía algunas de las estrategias de reformas extremas como las “terapias de choque” que han fracasado tan rotundamente en Rusia y algunos otros países de la antigua Unión Soviética.

Mi participación en asuntos vinculados al desarrollo es anterior. Se remonta a cuando estuve en Kenia como profesor (1969-1971), pocos años después de su independencia en 1963. Parte de mi labor teórica mas relevante fue inspirada por lo que allí vi. Sabía que los desafíos de Kenia eran arduos, pero confiaba en que sería posible hacer algo para mejorar las vidas de los miles de millones de personas que, como los keniatas, viven en la extrema pobreza. La economía puede parecer una disciplina árida y esotérica, pero de hecho las buenas políticas económicas pueden cambiar la vida de esos pobres. Pienso que los gobiernos deben y pueden adoptar políticas que contribuyan al crecimiento de los países y que también procuren que dicho crecimiento se distribuya de modo equitativo. Por tocar sólo un tema, creo en las privatizaciones (digamos, vender monopolios públicos a empresas privadas) pero sólo si logran que las compañías sean más eficientes y reduzcan los precios a los consumidores. Esto es más probable que ocurra si los mercados son competitivos, lo que es una de las razones por las que apoyo vigorosas políticas de competencia.

Tanto en el Banco Mundial como en la Casa Blanca existía una estrecha relación entre las políticas que yo recomendaba en mi obra económica previa, fundamentalmente teórica, asociada en buena parte con las imperfecciones del mercado: por qué los mercados no operan a la perfección, en la forma en que suponen los modelos simplistas que presumen competencia e información perfectas. También aporté a la política mi análisis de la economía de la información, en particular las asimetrías, como las diferencias en la información entre trabajador y empleador, prestamista y prestatario, asegurador y asegurado. Tales asimetrías son generalizadas en todas las economías. Dicho análisis planteó los fundamentos de teorías más realistas sobre los mercados laborales y financieros y explicó, por ejemplo, por qué existe desempleo y por qué quienes más necesitan crédito a menudo no lo consiguen—en la jerga de los economistas: el racionamiento del crédito—. Los modelos que los economistas han empleado durante generaciones sostenían que los mercados funcionaban a la perfección—incluso negaron la existencia del paro—o bien que la única razón de la desocupación estribaba en los salarios excesivos, y sugerían el remedio obvio: bajarlos. La economía de la información, con sus mejores interpretaciones de los mercados de trabajo, capital y bienes, permitió la construcción de modelos macroeconómicos que aportaron enfoques más profundos sobre el paro, y dieron cuenta de las fluctuaciones, recesiones y depresiones que caracterizaron al capitalismo desde sus albores. Estas teorías ofrecen claros corolarios políticos—algunos de los cuales son evidentes para casi todos los que conocen el mundo real—como que la subida de los tipos de interés hasta niveles exorbitantes arrastra a la quiebra a las empresas sumamente endeudadas, y que ello es malo para la economía. Aunque me parecían innegables, esas prescripciones políticas eran contrarias a las que el Fondo Monetario Internacional solía insistir en recomendar.

Las políticas del FMI, basadas en parte en el anticuado supuesto de que los mercados generaban por sí mismos resultados eficientes, bloqueaban las intervenciones deseables de los Gobiernos en los mercados, medidas que pueden guiar el crecimiento y mejorar la situación de todos. Lo que centra, pues, muchas de las disputas que describo en las páginas siguientes son las ideas y las concepciones sobre el papel del Estado derivadas de las mismas.

Aunque tales ideas han cumplido un papel relevante en el delineamiento de prescripciones políticas—acerca del desarrollo, el manejo de las crisis, y la transición—también son claves de mi pensamiento sobre la reforma de las instituciones internacionales que supuestamente deben orientar el desarrollo, administrar las crisis y facilitar las transiciones económicas. Mi estudio sobre la información hizo que prestara especial atención a las consecuencias de la falta de información; me alegró apreciar el énfasis en la transparencia durante la crisis financiera global de 1997-1998, pero no la hipocresía de instituciones como el FMI o el Tesoro de los EEUU, que la subrayaron en el Este asiático cuando ellos eran de lo menos transparente que he encontrado en mi vida pública. Por eso en la discusión de las reformas destaco la necesidad de una mayor transparencia, la mejora de la información que los ciudadanos tienen sobre esas instituciones, que permita que los afectados por las políticas tengan más que decir en su formulación. El análisis sobre la información en las instituciones políticas surgió de modo bastante natural de mi trabajo previo sobre la información en economía.

Uno de los aspectos estimulantes de acudir a Washington fue la oportunidad no sólo de entender mejor cómo funciona el Estado sino también de contrastar alguna de las perspectivas derivadas de mi investigación. Por ejemplo, en tanto que presidente del Consejo de Asesores Económicos de Clinton, traté de fraguar una filosofía y una política económicas que vieran a la Administración y a los mercados como complementarios, como socios, y que reconocieran que si los mercados son el centro de la economía, el Estado ha de cumplir un papel importante, aunque limitado. Yo había estudiado los fallos tanto del mercado como del Estado, y no era tan ingenuo como para fantasear con que el Estado podía remediar todos los fallos del mercado, ni tan bobo como para creer que los mercados resolvían por sí mismos todos los problemas sociales. La desigualdad, el paro, la contaminación: en estos campos el Estado debía asumir un papel importante. Trabajé en la iniciativa de “reinventar la Administración”: hacer al Estado más eficiente y sensible; había visto cuándo el Estado no era ninguna de las dos cosas y sabía que las reformas eran difíciles, pero también que, por modestas que parecieran, eran posibles. Cuando pasé al Banco Mundial esperaba aportar esta visión equilibrada, y las lecciones aprendidas, a los muchos más arduos problemas del mundo desarrollado.

En la Administración de Clinton disfruté del debate político, gané algunas batallas y perdí otras. Como miembro del gabinete del Presidente, estaba en una buena posición no sólo para observar los debates y sus desenlaces, sino también para participar en ellos, especialmente en áreas relativas a la economía, Sabía que las ideas cuentan pero también cuenta la política, y una de mis labores fue persuadir a otros de que lo que yo recomendaba era económica pero también políticamente acertado. En la esfera internacional, en cambio, descubrí que ninguna de esas dos dimensiones prevalecía en la formulación de políticas, especialmente en el Fondo Monetario Internacional. Las decisiones eran adoptadas sobre la base de una curiosa mezcla de ideología y mala economía, un dogma que en ocasiones parecía apenas velar intereses creados. Cuando la crisis golpeó, el FMI prescribió soluciones viejas, inadecuadas aunque “estándares”, sin considerar los efectos que ejercerían sobre los pueblos de los países a los que se aconsejaba aplicarlas. Rara vez vi predicciones sobre qué harían las políticas con la pobreza; rara vez vi discusiones y análisis cuidadosos sobre las consecuencias de políticas alternativas: solo había una receta y no se buscaba otras opiniones. La discusión abierta y franca era desanimada: no había lugar para ella. La ideología orientaba la prescripción política y se esperaba que los países siguieran los criterios del FMI sin rechistar.

Esas actitudes me provocaban rechazo; no sólo porque sus resultados eran mediocres, sino también por su carácter antidemocrático. En nuestra vida personal jamás seguiríamos ciegamente unas ideas sin buscar un consejo alternativo, y sin embargo a países de todo el mundo se les instruía para que hicieran exactamente eso. Los problemas de las naciones en desarrollo son complejos, y el FMI es con frecuencia llamado en las situaciones más extremas, cuando un país se sume en una crisis. Pero sus recetas fallaron tantas veces como tuvieron éxito, o más. Las políticas de ajuste estructural del FMI—diseñadas para ayudar a un país a ajustarse ante crisis y desequilibrios más permanentes—produjeron hambre y disturbios en muchos lugares, e incluso cuando los resultados no fueron tan deplorables y consiguieron a duras penas algo de crecimiento durante un tiempo, muchas veces los beneficios se repartieron desproporcionadamente a favor de los más pudientes, mientras que los más pobres en ocasiones se hundían aún mas en la miseria. Pero lo que más me asombraba era que dichas políticas no fueran puestas en cuestión por los que mandaban en el FMI, por los que adoptaban las decisiones clave; con frecuencia lo hacían en los países en desarrollo, pero era tal su temor a perder la financiación del FMI, y con ella otras fuentes financieras, que las dudas eran articuladas con gran cautela—o no lo eran en absoluto—y en cualquier caso sólo en privado. Aunque nadie estaba satisfecho con el sufrimiento que acompañaba a los programas del FMI, dentro del Fondo simplemente se suponía que todo el dolor provocado era parte necesaria de algo que los países debían experimentar para llegar a ser una exitosa economía de mercado, y que las medidas lograrían de hecho mitigar el sufrimiento de los países a largo plazo.

Algún dolor era indudablemente necesario, pero a mi juicio el padecido por los países en desarrollo en el proceso de globalización y desarrollo orientado por el FMI y las organizaciones económicas internacionales fue muy superior al necesario. La reacción contra la globalización obtiene su fuerza no sólo de los perjuicios ocasionados a los países en desarrollo por las políticas guiadas por la ideología, sino también por las desigualdades del sistema comercial mundial. En la actualidad—aparte de aquellos con intereses espurios que se benefician con el cierre de las puertas ante los bienes producidos por los países pobres—son pocos los que defienden la hipocresía de pretender ayudar a los países subdesarrollados obligándolos a abrir sus mercados a los bienes de los países industrializados más adelantados y al mismo tiempo protegiendo los mercados de éstos: esto hace a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres… y cada vez más enfadados.

Joseph E. Stiglitz

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FS #202 – Gringo imperator

Fichero

LEA, por favor

Niall Ferguson (Glasgow, 1964) ha sido llamado por The Times londinense “el más brillante historiador británico de su generación”. Es esta evaluación la que aparece al pie de su nombre, como lema heráldico, en la edición de bolsillo que hiciera Penguin Books (2004) de su libro “Imperio: cómo Inglaterra hizo el mundo moderno”. En todo caso, Ferguson escribe con gran amenidad, y revela la erudición con la que acomete sus temas en una profusa provisión de citas y documentos curiosos e interesantes.

Al comienzo de la introducción de ese libro Ferguson dice: “Cómo es que un archipiélago de islas lluviosas a las afueras de la costa nor-occidental de Europa llegó a gobernar el mundo, es una de las cuestiones fundamentales no sólo de la historia británica, sino de la del mundo”. Y luego añade: “La segunda y quizás más difícil cuestión es, simplemente, si el Imperio fue una cosa buena o mala”. La respuesta que Ferguson dará se pronuncia del lado positivo, no sin reconocer lo siguiente: “Hoy día es bastante convencional pensar que, a fin de cuentas, fue una mala cosa. Probablemente la razón principal de que el Imperio cayese en descrédito fue su involucración en el tráfico atlántico de esclavos y en la esclavitud misma”. Así cierra la introducción: “Para bien o para mal… el mundo que conocemos hoy es en gran medida el producto de la era británica del Imperio. El asunto no es si el imperialismo británico no tuvo manchas. Las tuvo. El asunto es si pudo haber un camino menos sangriento hacia la modernidad”.

Ferguson cree que en teoría esto era posible, aunque no en la práctica. Es una postura extraña en quien ha abogado por un “contrafactualismo histórico” y sostiene que no hay leyes históricas inexorables y que es la acción de los hombres concretos lo que determina  la trayectoria humana.

La Ficha Semanal #202 de doctorpolítico contiene el fragmento final de la obra, el cierre de su capítulo de conclusiones. En éste hace, primeramente, un balance que arroja saldo positivo para el Imperio Británico: “…el Imperio del siglo diecinueve indudablemente fue pionero del libre comercio, los movimientos libres de capital y, con la abolición de la esclavitud, del libre trabajo. Invirtió inmensas sumas en el desarrollo de una red global de modernas comunicaciones. Esparció y defendió el imperio de la ley en vastas áreas. Y aunque peleó muchas guerras menores, el Imperio mantuvo una paz global sin parangón antes o después”.

Pero luego admite Ferguson que los Estados Unidos son, en efecto, una nación tan imperial como la inglesa. Le da, por tanto, la razón a Hugo Chávez en este punto. Y eso que Ferguson aprobó abiertamente a George W. Bush y su invasión de Irak. Claro, a Ferguson le gustan los imperios de bandera anglosajona. Lo evidencia su imperioso lenguaje.

LEA

Gringo imperator

¿Qué lecciones pudieran aprender los Estados Unidos de la experiencia imperial británica? Una obvia es que la más exitosa economía del mundo—como Inglaterra fue durante la mayor parte de los siglos dieciocho y diecinueve—puede hacer mucho por imponer sus valores preferidos sobre sociedades menos avanzadas tecnológicamente. Es realmente sorprendente que Gran Bretaña fue capaz de gobernar tanto del mundo sin requerir un presupuesto de defensa especialmente grande. Para ser precisos, el gasto británico de defensa fue en promedio poco más de 3 por ciento de su producto nacional neto entre 1870 y 1913, y fue menor aún por el resto del siglo diecinueve.

Era dinero bien gastado. Sin duda es cierto que, en teoría, unos mercados internacionales abiertos hubieran sido preferibles al imperialismo pero, en la práctica, el libre comercio global ni estaba ni está ocurriendo. El Imperio Británico lo imponía.

En comparación, los Estados Unidos de hoy son inmensamente más ricos en relación con el resto del mundo que lo que alguna vez fuera Inglaterra. En 1913, la cuota de Inglaterra del producto total del mundo era de 8 por ciento; la cifra equivalente para los Estados Unidos era de 22 por ciento en 1998. No puede pretenderse que, al menos en términos fiscales, el costo de expandir el Imperio Americano llegaría a ser prohibitivo, aun cuando significase muchas guerras pequeñas como la de Afganistán. En 2000, el gasto de defensa estadounidense era de algo por debajo de 3 por ciento del producto nacional bruto, comparado con un promedio de 6,8 por ciento para los años 1948-98. Aun después de grandes recortes en el gasto militar, los Estados Unidos son todavía la única superpotencia del mundo, con una capacidad financiera y militar-tecnológica que no tiene rival. Su presupuesto de defensa es catorce veces el de China y veintidós veces el de Rusia. Inglaterra jamás disfrutó una ventaja tal sobre sus rivales imperiales.

La hipótesis, en otras palabras, es la de un paso en dirección de una globalización política, con un desplazamiento de los Estados Unidos de un imperio informal a uno formal, como una vez lo hiciera la Inglaterra victoriana. Esto es lo que ciertamente es de esperar si en verdad la historia se repite. Aunque su imperialismo no fue totalmente inconsciente, Inglaterra no se había propuesto gobernar una cuarta parte de la superficie terrestre. Como hemos visto, su imperio comenzó como una serie de bases costeras y esferas de influencia informales, en mucho como el “imperio” americano después de 1945. Pero las amenazas reales y percibidas a sus intereses comerciales tentaron constantemente a los británicos a progresar del imperialismo informal al formal. Fue así como tanto del mapamundi llegara a colorearse con el rojo imperial.

Nadie podría negar la extensión del imperio americano informal—el imperio de las corporaciones multinacionales, de las películas de Hollywood e, incluso, el de los evangelistas de televisión. ¿Es esto algo muy distinto del incipiente imperio británico de compañías comerciales monopolistas y misioneros? Tampoco es una coincidencia que un mapa que muestra las principales bases militares de los EEUU en el mundo se parezca notablemente a un mapa de las estaciones de aprovisionamiento de carbón de la Marina Real de hace cien años.  Incluso la política exterior americana reciente recuerda la diplomacia de cañoneras del Imperio Británico en su apogeo victoriano, cuando algún pequeño problema en la periferia podía ser resuelto con un breve y aguzado “golpe quirúrgico”. La única diferencia es que las cañoneras de hoy vuelan.

Sin embargo, en tres aspectos el proceso de “anglobalización” es hoy en día fundamentalmente diferente. Desde una inspección más cercana, las fortalezas de América pueden no ser las fortalezas de un hegemón imperial nato. Por una parte, el poderío imperial británico dependía de la exportación masiva de capitales y gente. Pero desde 1972 la economía americana ha sido importadora neta de capital (a razón de 5 por ciento del producto doméstico bruto en 2002), y sigue siendo el destino favorito de inmigrantes de todo el mundo, no un productor de posibles emigrantes coloniales. En su apogeo, Inglaterra fue capaz de girar sobre una cultura de desvergonzado imperialismo que se remontaba al Periodo Isabelino, mientras que los EEUU—nacidos no de una guerra contra la esclavitud, como el Sr. Blair parecía sugerir en una conferencia, sino de una guerra contra el Imperio Británico—siempre será gobernante de otros pueblos a regañadientes. Desde la intervención de Woodrow Wilson para restaurar al gobierno electo en México en 1913, el enfoque americano ha sido, demasiado a menudo, disparar algunos proyectiles, penetrar marchando, celebrar elecciones y luego irse al diablo… hasta la próxima crisis. Haití es un ejemplo reciente; Kosovo otro. Afganistán pudiera ser el próximo, o quizás Irak.

En 1899, Rudyard Kipling, el poeta más grande del Imperio, dirigió una poderosa petición a los Estados Unidos para que asumieran sus responsabilidades imperiales:

Asuman la Carga del Hombre Blanco—

Envíen los mejores de su cría—

Comprometan a sus hijos en exilio

A servir la necesidad de sus cautivos;

A atender con arnés pesado

Pueblos que aletean salvajes—

Sus pueblos sombríos, recién conquistados,

Medio diablos, medio niños.

Asuman la Carga del Hombre Blanco

Y cosechen su vieja recompensa:

La acusación de quienes mejoren,

El odio de los que protejan…

Nadie se atrevería hoy a usar un lenguaje tan políticamente incorrecto. La realidad es, no obstante, que los Estados Unidos han tomado—lo admitan o no—algún tipo de carga global, tal como urgía Kipling. Se consideran responsables no sólo de pelear una guerra contra el terrorismo y los Estados forajidos, sino también de diseminar los beneficios del capitalismo y la democracia fuera de su territorio. Y del mismo modo que el Imperio Británico antes que él, el Imperio Americano actúa infaltablemente en nombre de la libertad, aun cuando su propio interés se manifieste de manera primordial. Éste fue el punto que señalaba John Buchan, mirando hacia el apogeo del kindergarten imperialista desde el ventajoso y oscuro punto de 1940:

“Yo soñaba con una hermandad planetaria con historia de una raza y un credo común, consagrada al servicio de la paz; Inglaterra enriqueciendo al resto con su cultura y sus tradiciones, y el espíritu de los Dominios como un viento fuerte que refrescara el aire viciado de los viejos países… La ‘carga del hombre blanco’ es ahora una frase casi sin sentido; antes implicaba una nueva filosofía política y un estándar ético, serio y seguramente no innoble”.

Pero Buchan, como Churchill, encontró un heredero de este legado al otro lado del Atlántico:

“…Sólo hay en el globo dos organizaciones probadas de unidades sociales de gran escala, los Estados Unidos y el Imperio Británico. Este último ya no puede exportarse… pero los Estados Unidos… son el ejemplo supremo de una federación en acto… Si el mundo va a tener alguna vez prosperidad y paz, debe haber alguna clase de federación—no diré de democracias, pero sí de Estados que acepten el reino de la Ley. Para tal tarea, aquéllos me parece que son el líder predestinado”.

Descontando la retórica de tiempos de guerra, hay algo más que un poco de verdad en eso. Y, sin embargo, el imperio que hoy gobierna el mundo es a la vez más y menos que su progenitor británico. Tiene una economía mucho más grande, mucha más gente, un arsenal mucho mayor. Pero es un imperio que carece del impulso para exportar su capital, su gente y su cultura a aquellas regiones atrasadas que los necesitan con mayor urgencia y que, si son desatendidas, generarán las mayores amenazas a su seguridad. Es un imperio, en suma, que no se atreve a pronunciar su nombre. Es un imperio en negación.

El Secretario de Estado americano Dean Acheson dijo, célebremente, que Inglaterra había perdido un imperio y fracasado en encontrar un rol. Quizás la realidad es que los americanos han asumido nuestro viejo rol sin enfrentar el hecho de que un imperio viene con él. La tecnología del gobierno allende los mares puede haber cambiado—los acorazados pueden haber cedido el puesto a los F-15. Pero guste a quien guste, niéguelo quien lo niegue, el imperio es hoy una realidad, como lo fuera durante los trescientos años cuando Inglaterra gobernó, e hizo, el mundo moderno.

Niall Ferguson

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FS #201 – No éramos tan malos

Fichero

LEA, por favor

En 1995 vio la luz un estudio emprendido el año anterior por Conciencia XXI, la organización que diera origen a Consultores 21, la conocida encuestadora. En aquel entonces estaba dirigida por Alfredo Keller, el Presidente de la igualmente conocida Alfredo Keller & Asociados. El estudio en cuestión llevó por nombre “Encuesta Nacional de Valores”, la que había seguido la metodología del Grupo Europeo de Estudio sobre los Sistemas de Valores. La publicación referéndum reseñó los principales hallazgos del estudio en septiembre de 1995, y es el texto de ese comentario el contenido de la Ficha Semanal #201 de doctorpolítico.

Lo encontrado en la Encuesta Nacional de Valores no difiere demasiado de actitudes medidas con posterioridad en los venezolanos. Más recientemente, varios estudios de opinión confirman la vocación democrática de las mayorías venezolanas, así como su creencia en el valor del esfuerzo individual por encima de la caridad estatal.

En una cosa, sin embargo, hay una diferencia marcada entre aquella época y la actual, caracterizada por una amplia politización. Los venezolanos de la mitad de la década de los noventa se mostraban particularmente desentendidos de la política. Vistos los desarrollos posteriores, ese desapego era más bien un desencanto, que luego cristalizó en el voto castigo que representó la elección de Hugo Chávez en 1998.

Chávez, que se presentó a la opinión pública con un golpe de Estado fallido, había estado haciendo campaña política desde que saliera del penal de Yare, sobreseída su causa en 1994 por Rafael Caldera. A pesar de tres años de intensa actividad, en diciembre de 1997, a un año escaso de su elección, Chávez sólo alcanzaba 6% de intención de voto a su favor. Irene Sáez todavía era preferida sobre él y sobre Henrique Salas Römer, los otros dos candidatos que pujaban desde posiciones contrarias al continuismo bipartidista de Acción Democrática y COPEI. Esto es, la mayoría prefería un candidatura “suave” a la muy feroz de Chávez. Pero Sáez abandonó su posición de “independiente”—siempre había sido la candidata de Enrique Mendoza, quien la vendió a COPEI—y terminó aceptando la postulación de los verdes. Los adecos, que originalmente habían postulado a Luis Alfaro Ucero, la destilación más pura del aparato, terminaron defenestrándolo de manera humillante y ofreciendo un tardío apoyo a Salas Römer, “l[o] cual aceptó”.

En el fondo, pues, quedó sólo un candidato distanciado del bipartidismo adeco-copeyano, Hugo Chávez Frías, por quien se desaguó un descontento que en 1994 Conciencia 21 medía como alienación. Como siempre, “del agua mansa líbreme Dios”. Años antes, por otra parte, Eduardo Fernández había diagnosticado en discurso solemne en el Congreso de la República: “El pueblo está bravo”. (5 de julio de 1987).

Por algo sería.

LEA

No éramos tan malos

Nada tiene que ver con la Comisión Nacional de Valores ni con la Bolsa de Valores de Caracas. No se trata de acciones o bonos Brady. El estudio acometido en 1994 por Conciencia XXI—organismo de la periferia copeyana—, y aún en proceso digestivo, centra su atención sobre la expresión manifiesta de las bases culturales del desarrollo venezolano.

El estudio en cuestión recogió en una “encuesta representativa nacional urbana”, las respuestas de dos mil personas a más de doscientas preguntas que sondeaban posturas, actitudes y valores de los venezolanos. Tal cúmulo de información sobre sus problemas y sus valores, sus satisfacciones e insatisfacciones, sus esperanzas y sus temores, ha generado una ingente cantidad de datos primarios y de elaboraciones ulteriores en cotejos y cruces estadísticos de diverso tipo.

Conciencia XXI se apoyó en el Grupo Europeo de Estudio sobre los Sistemas de Valores, fundación que desde 1979 ha venido reuniendo a bastantes universidades e institutos especializados en el tema. Esta organización ha realizado dos grandes encuestas sobre esta materia: la primera, en 1981, fue llevada a cabo en nueve países de Europa Occidental; la segunda, aplicada en 1990 en quince países europeos y también en los Estados Unidos y el Canadá, equivale a un sondeo representativo de algo más de 700 millones de personas.

El levantamiento de la información primaria de esta Encuesta Nacional de Valores tuvo lugar en los últimos dos meses de 1994, que en su fase de diseño preliminar contó con la participación de Ramón Piñango, Ramón Guillermo Aveledo, Maxim Ross y Gustavo Martín.

Las áreas exploradas cubrieron las bases psico-sociales de la sociedad venezolana, los objetivos sociales y vitales, la familia, la ética y la moral, la religión, el trabajo y la actividad económica, la política. Muchos son los hallazgos interesantes en esta investigación dirigida por Alfredo Keller y que Conciencia XXI pone “al servicio del gobierno, instituciones, educadores, dirigentes políticos y empresariales, de responsables eclesiales, de otros líderes de la sociedad y del público en general”, con la esperanza de que “se convierta en servicio público”. Acá comentaremos algunos de esos hallazgos que nos parecieron de especial importancia y oportunidad.

Un primer resultado esperable tiene que ver con la lectura de la situación general del país y la situación personal de los entrevistados, que se expresa en una suerte de expectativa sobria y cautelosa. El estudio reconoce un 86% de encuestados prudentes ante los cambios personales, desconfiados de la gente y sus intenciones en un 82%, con un entorno social amenazante para el que piden autoridad y disciplina (92%), liderazgo fuerte (76%), cambios radicales (86%) pero no traumáticos sino graduales (84%). Lo que podría llamarse el criterio de la radicalidad gradual.

Para quienes pudieran pensar que tales respuestas implican un soterrado apoyo a eventuales aventuras dictatoriales, es bueno advertirles que, a pesar de la situación económica general y el reciente proceso de empobrecimiento en Venezuela—con un mayor distanciamiento social—los venezolanos, confrontados con el dilema libertad-igualdad, se pronuncian en mayoría (54%) por la libertad (que cada quien pueda vivir y desarrollarse sin obstáculos) antes que por la igualdad (que nadie se vea desfavorecido, que las diferencias no sean tan grandes: 33%).

Igualmente es importante y sugestivo el hallazgo del estudio respecto de la relación entre posiciones igualitarias y el esfuerzo individual. Este último predomina en las respuestas frente a las posturas igualitaristas, lo que sugiere una revisión de la versión despectiva estándar acerca de nuestros pobladores: que seríamos un conjunto humano poco proclive al logro y al esfuerzo individual. La encuesta midió esta oposición entre igualitarismo y esfuerzo individual a través de la comparación entre parejas de definiciones como las siguientes, que registramos con sus porcentajes de acuerdo: 1. Todos deberíamos ganar más o menos lo mismo (27%) – Se debe estimular el esfuerzo individual (73%); 2. La competencia es mala y hace que la gente se ponga egoísta y mezquina (32%) – La competencia es buena y hace que la gente trabaje duro y busque nuevas ideas (68%); 3. Las personas sólo pueden hacerse ricas a costa de otras (32%) – En Venezuela uno puede hacerse rico trabajando y sin perjudicar a nadie (66%).

El que los términos relacionados con una motivación al logro superen claramente a las posiciones igualitaristas—tal vez podría decirse “populistas”—es un claro mentís a las frecuentes interpretaciones deprecatorias del “ADN cultural” de los venezolanos, y permite asentar confianza en que contamos con una orientación de valores proclives al desarrollo de nuestra Nación.

En una jerarquización de aquellos aspectos que son “muy importantes” para los encuestados, se confirma la impresión precedente. Así, en orden decreciente, la familia es muy importante para el 72% de los entrevistados, el trabajo para el 62%, la religión para el 51%, los amigos para el 40%, el tiempo libre para el 38% y la política para ¡el 13%!

La política es el aspecto considerado menos importante por la gente en su mayoría. Según la encuesta de Conciencia XXI, la política no tiene importancia para el 73%, absolutamente ninguna para el 41% y poca para el 32%.

Dice Alfredo Keller: “Baja es la importancia de la política en la vida de la gente, y bajo en consecuencia es su interés por ella. (Apenas el 20% manifiesta algún tipo de interés). Y ello a pesar de que casi la mitad de la población (43%) está informada sobre la situación política del país. Información que no pasa de constituir una implicación cognitiva, con escasísima implicación emocional. Se sabe de ella, pero está fuera de los temas de conversación familiar (17%) o de las conversaciones con los más allegados”.

Por otra parte, el estudio confirma que los políticos y los partidos políticos actuales son las instituciones en las que menos confía la gente, lo que llama a Keller a una preocupada reflexión: la confianza en las instituciones es un factor esencial para el funcionamiento social, por lo que resulta alarmante la desconfianza registrable respecto de todas las ramas del Poder Público y los actores políticos en general.

A pesar de lo cual los entrevistados se pronunciaron muy mayoritariamente a favor de la democracia: “La democracia es el mejor sistema político para Venezuela” (78%); “Hay que defender a la democracia a como dé lugar” (76%); “La democracia puede solucionar los problemas que tenemos” (68%); “Una dictadura no arreglaría los problemas que tiene el país” (69%).

La conjunción lógica de una firme fe en valores democráticos, junto con la implacable desconfianza respecto de todo lo político se expresa consistentemente en el deseo de cambio.

Un 86% expresó apoyo a la idea de que “Venezuela necesita cambios radicales en lo político y lo social”, aunque, radicalidad gradual tomada en cuenta, un 84% opinó a favor de la noción de que “Nuestra sociedad debe mejorarse poco a poco, con reformas”.

No todo es buena noticia, sin embargo. Junto con esta prudencia y sobriedad, junto con esta mayor valoración del esfuerzo individual, aparecen algunas fisuras. Una observación de gran interés es la que registra el estudio en materia de “seguridad moral”. Keller presenta el punto de este modo: “Si la política, la acción política y la vida democrática no son sino procedimientos para tomar decisiones justas sobre lo que debe ser hecho o evitado en el seno de una sociedad, no es banal preguntar y saber si la sociedad, los venezolanos creen que ‘existen normas claras sobre lo que está bien y lo que está mal y que esas normas se aplican siempre, a todas las personas y en cualquier circunstancia’ o si, por el contrario, creen que ‘nunca podrá haber normas totalmente claras sobre lo que está bien y lo que está mal, porque lo bueno y lo malo dependen completamente de las circunstancias del momento’”.

La encuesta encontró ante esta disyuntiva una distribución simétrica: quienes postulan la existencia de normas y valores absolutos (46%) igualan en número a quienes creen que las circunstancias son dominantes (46%). Esto implica que sólo la mitad de los venezolanos tendría principios seguros para distinguir siempre entre el bien y el mal. La retórica reflexiva de Keller le impulsa a preguntar: ¿significará esto una disolución de las actitudes y la conciencia morales, o más bien se trataría de un “refinamiento del discernimiento ético”? La distribución hallada en las respuestas de acuerdo con las opciones presentadas se asemeja más, según datos de 1990 (Estados Unidos) y 1994 (Europa) a la presente entre los europeos que a la dominante entre los norteamericanos: (85% de certeza moral).

Son muchos los datos y los posibles cruces y correlaciones de la información levantada en esta oportuna y útil Encuesta Nacional de Valores emprendida por Conciencia XXI. La seriedad del equipo del proyecto permite apostar a la confiabilidad de los datos; la interpretación de los mismos está abierta al juicio de los analistas.

Vale la pena recobrar algunas reflexiones de una presentación de Alfredo Keller de los resultados de la investigación: “Antes de extrapolar hacia el futuro, fijando el destino a partir de nuestros deseos y temores, conviene basarse en nuestros conocimientos, relativamente seguros, sobre el presente y el pasado reciente. Este estudio puede ser un insumo… Se lee muy frecuentemente, y el estudio arroja algunos elementos de apoyo a esos escritos, que vivimos en un mundo descreído, en una ‘sociedad que produce perplejidad’, ‘necesitada de esperanza’. Faltan valores que relacionen y agreguen las voluntades humanas, que nos aglutinen en torno a ideales. Se acabaron las religiones que daban sentido o respuesta a las cuestiones inaplazables. Se acabaron también las ideologías políticas que alimentaban la esperanza en mundos mejores… Es verdad. Todos tenemos miedo: por nuestra seguridad, por el futuro, por el país, por el mundo. Tal es la naturaleza de la imaginación humana. Y, empero, todo hombre, toda civilización, han seguido adelante al sentir que tienen la obligación de hacer lo que es preciso hacer. El compromiso personal de cada uno con su destreza, el compromiso intelectual y el compromiso emocional, amalgamados en uno solo, podrán realizar el ascenso que todos deseamos”.

Es esta una admonición, una invitación de Keller que no vacilamos en suscribir.

LEA

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FS #200 – Misioneros al poder

Fichero

LEA, por favor

Es peculiaridad de la política alemana el que el Estado financie la actividad partidista. Cada partido importante contiene una fundación que recibe fondos del gobierno federal y ellas, a su vez, tienen amplia libertad para apoyar movimientos, partidos e iniciativas que pueden incluso ser extranjeras. En el caso venezolano, son muy influyentes los programas de la Fundación Konrad Adenauer, del campo social-cristiano, y la Fundación Friedrich Ebert, del social-demócrata. El programa más importante de esta última es el sostenimiento del ILDIS, el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales. En un estudio de junio de 1998 sobre el problema de la relación entre conocimiento y poder (con especial mención de los institutos conocidos como think tanks), el suscrito anotó lo siguiente: “El autor de este comentario no conoce todos los institutos de investigación venezolanos en los que se estudie problemas públicos, por supuesto, y cree, además, que algún espacio se ha ido ganando a esta función racionalizadora de la política con la producción del ILDIS (centro socialdemócrata que contribuye a un análisis serio en el seno de los órganos de dirección de Acción Democrática), del IESA (que ahora ofrece una maestría en políticas públicas), del CENDES, (viejo centro de la democracia que ha perdido influencia), de la COPRE (que debiera ser redefinida), del Instituto de Investigaciones Económicas de la UCAB, de Pensamiento y Acción, de CEDICE, de la Fundación Raúl Leoni, por mencionar a institutos domiciliados en la región capital”.

Es así como el ILDIS alimenta un mejor pensamiento de lo político en latitudes latinoamericanas, particularmente en Venezuela. Puede uno percatarse de la amplitud de sus actividades en la siguiente dirección: http://www.ildis.org.ve

Por estos días puede accederse allí a un útil y oportuno estudio de Yolanda D’Elia y Luis Francisco Cabezas sobre el alcance, la eficacia y la situación actual de las “misiones” gubernamentales, cuya valoración objetiva no es cosa fácil. El sitio web del ILDIS advierte: “Las misiones representan el emblema y la columna vertebral de la política social del actual gobierno venezolano. Su concepción y formas de implementación, sin duda poco ortodoxas, han captado el interés de lo/as cientistas sociales tanto en el ámbito nacional como internacional. Generalmente, se les asocia con un esfuerzo por cerrar las brechas de inequidad y desigualdad social que caracterizan a la sociedad venezolana. Sin embargo, su evaluación rigurosa no es sencilla. Las dificultades para construir y alimentar indicadores objetivamente verificables sobre su cobertura, eficacia y eficiencia operacional, representan un serio obstáculo para cualquier intento de evaluarlas desapasionadamente”.

A pesar de esta advertencia, se encontrará en el trabajo de Cabezas y D’Elia la más completa evaluación posible de las “misiones”, escrita desapasionadamente. La Ficha Semanal #200 de doctorpolítico reproduce de ese estudio (Las Misiones Sociales en Venezuela), el capítulo correspondiente al “Estado actual de las misiones: coberturas y desempeños”.

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Misioneros al poder

Alcance real y caída de las coberturas

Barrio Adentro 1 y Mercal fueron las que lograron el mayor alcance territorial y poblacional de todas las misiones, por introducirse dentro de las dos esferas de más alto déficit institucional en las estructuras de bienestar social del país y por su gran penetración en las zonas donde viven los sectores de menores recursos. El gobierno afirma que, de acuerdo con el personal de salud colocado y el volumen de ventas de alimentos en estas zonas, ambas misiones cubren entre un 60% y 70% de la población venezolana. En la Misión Barrio Adentro I, todavía hoy el gobierno estima una cobertura de 17 millones de personas y en la Misión Mercal se calcula en 15 millones. Las encuestas de Datanálisis indican, por el contrario, que en su punto más alto de expansión, la Misión Barrio Adentro pudo haber llegado al 30% de la población (7,2 millones) en el año 2004 y la Misión Mercal al 53% (12 millones) a finales del año 2006.

Las misiones Robinson I y II, destacaron por la innovación del sistema de educación inicial para la población adulta no escolarizada en un tiempo de ejecución más rápido que el alcanzado históricamente por los planes tradicionales. Pero éste era un esfuerzo relativamente sencillo delante de una estructura institucional educativa que desde hace varias décadas viene mostrando coberturas superiores al 80% en los niveles de educación básica. Las mas difíciles de ejecutar fueron Ribas y Sucre, al querer levantar con ellas una estructura de educación media y superior paralela a la existente que supone triplicar el esfuerzo de inversión en infraestructura y profesionalización hecha en el país por años. Según voceros del gobierno, alrededor de 2,7 millones de personas han sido beneficiarias del sistema de misiones educativas. Las encuestas de Datanálisis confirman esta cifra, encontrando una cobertura de estas misiones cercana al 10% de la población. Las cifras del gobierno indican que más del 80% de estos beneficiarios han sido personas adultas. El promedio de edad fue de 54 años en la Misión Robinson I, 43 años en la Misión Robinson II y 31 años en Ribas. Pero al mismo tiempo, las mismas cifras muestran que aproximadamente 2,6 millones de personas han ido saliendo del sistema. El 86% de los retirados son jóvenes, siendo mayor la pérdida de beneficiarios en la Misión Ribas.

Las que tuvieron muy bajas coberturas, a pesar de los enormes déficits en los sectores donde fueron dirigidas, fueron las misiones Vuelvan Caras y Vivienda-Hábitat. Cada una de estas misiones reporta en las encuestas de Datanálisis porcentajes de cobertura iguales o inferiores al 3% de la población. La misión Vuelvan Caras fue prácticamente desmantelada después de varios fracasos en los planes de formación laboral, la conformación de cooperativas y la constitución de Núcleos de Desarrollo Endógeno (NUDE’s) en el año 2005. En el año 2006, se procedió a trasladar más del 50% de las 300 mil personas formadas en esta misión—la mayoría mujeres—, para trabajar en las actividades de la Misión Madres del Barrio y, en el 2007, la misión Vuelvan Caras fue definitivamente sustituida por la Misión Che Guevara. La misión Hábitat disminuyó sensiblemente en sus niveles de ejecución, después de no lograr mayores avances en los planes de rehabilitación de barrios, sustitución de viviendas precarias por viviendas dignas y la construcción de 250 mil unidades habitacionales anuales. Tales misiones requerían de planes de inversión sostenidos y su articulación con los sectores económicos nacionales y locales.

A mediados del año 2005, el rendimiento de las misiones de mayor alcance comenzó a bajar de manera considerable afectando rápidamente los niveles de cobertura reportados por los beneficiarios. Según las mediciones de Datanálisis, la tendencia de beneficiarios de la Misión Barrio Adentro I decreció entre los años 2004-2007 a una cobertura de 22%. La Misión Mercal también se redujo a un 46% y, se ha encontrado que en el 2008 bajó a un 43%. Entre las educativas, la Misión Ribas es donde más se observa una disminución del número de beneficiarios, llegando a perder entre los años 2006-2007 un total aproximado de 360 mil estudiantes.

Declive del sistema de atención paralelo

Después de 5 años de haberse puesto en práctica, el sistema de atención paralelo que se pensó podía nacer de las misiones muestra hoy día un gran debilitamiento que explica la caída de las coberturas. En todos estos años la disponibilidad de recursos financieros nunca logró equipararse al ritmo de los planes de expansión decretados por el Presidente, creando una constante situación de incumplimiento de metas y de expectativas no satisfechas en las comunidades. Ademas del bajo rendimiento y los rezagos financieros, el sistema enfrenta severas dificultades de carácter institucional que han ido aumentado con el tiempo. La persistencia de estas dificultades es lo que hace pensar que no es una crisis del sistema, sino que se trata del declive de las estructuras paralelas que se soportan sobre el mecanismo de las misiones. Como muestra, presentamos a continuación las principales dificultades por las que atraviesan las tres misiones mas emblemáticas: Barrio Adentro, Mercal y las Misiones educativas.

Misión Barrio Adentro En el 2003 se instalaron 8.500 puestos de médicos cubanos en locales comunitarios temporales. Al expandir la misión, se esperaba construir 6.500 establecimientos de salud para que los médicos prestaran un servicio más adecuado, pero hasta el 2006 solamente se había construido el 40%, y el 30% de éstos todavía no se encontraba equipado. Cifras del 2007 indican que no hubo cambios significativos en esta situación y que alrededor del 30% de los puestos de salud a nivel nacional cerraron ese año. Además, estudios y denuncias señalan que un número elevado de establecimientos construidos se encuentra sin uso, a causa de la  inseguridad, mala ubicación, poco espacio y deficiencias físicas, así como la persistencia de problemas de suministro de insumos médicos y de higiene.

En Barrio Adentro II, se propuso la rehabilitación de centros de salud existentes para convertirlos en clínicas de atención especializada, pero solamente se inauguraron 7 en Caracas. Para llenar este vacío, se decidió traer de Cuba equipos de diagnóstico, cirugía y rehabilitación a fin de dar soporte a los puestos de salud y cubrir emergencias. La meta era construir 600 Centros de Diagnóstico Integral (CDI), 600 Salas de Rehabilitación (SRI) y 30 Centros de Alta Tecnología (CAT) pero al 2007 todavía falta por cumplir el 50%. En Barrio Adentro III, se anunció la rehabilitación y modernización de 33 hospitales públicos y hasta el 2006 solamente se ejecutaron obras en 5 de ellos. Nuevamente, en el 2007, se anunció la construcción de 15 hospitales nuevos, habiendo construido ya 2 centros cardiológicos en Caracas y Zulia, pero se desconoce el estado de dicha oferta.

La Defensoría del Pueblo en el 2004 señalaba que los médicos cubanos debían ser formados por especialistas venezolanos en terapéutica y que era necesario aumentar el personal médico venezolano en los puestos de salud. Sin embargo, después de 5 años, éstos representan menos del 2% en el total de personal y, hasta el presente, la práctica médica de los cubanos no ha sido certificada por autoridades académicas nacionales ni es objeto de regulación por parte del ente rector del sistema de salud. En el 2005, se anunció el reclutamiento de 20.000 jóvenes venezolanos para cursar 3 años de medicina integral comunitaria bajo la tutoría de los cubanos. De cumplir con los requisitos académicos y comunitarios, éstos serian incorporados como fecha más cercana en el 2010. Además, la falta de espacios y equipos para la formación de los jóvenes, hace presumir que el número de graduados no cumplirá la meta de 1 médico por cada 250 familias. Para solventar este problema, Venezuela y Cuba acordaron en el 2007 instalar una Escuela Cubana de Medicina en el país.

Asimismo, las cifras oficiales indican una reducción del personal médico cubano en 20%, pasando de aproximadamente 15.000 médicos en el 2005 a 12.000 en el 2007. Esto ha sido corroborado por entrevistas hechas a las comunidades en estudios y medios de comunicación, quienes afirman que ha disminuido considerablemente la presencia de los médicos en los puestos de salud y que ya no se cumplen los horarios de consulta, las actividades de prevención ni las visitas domiciliarias. Incluso, reportes de las comunidades indican que, en Caracas y Vargas, la reducción del personal cubano podría estar alrededor del 60%. Se desconoce las causas de la retirada parcial de estos médicos, ello puede deberse al vencimiento del período de servicio, estipulado hasta un máximo de 3 años, para lo cual no existe capacidad nacional ni internacional de reemplazo, y también a su traslado a la fase de Barrio Adentro II.

Con la expansión de la Misión Barrio Adentro I, el gobierno ofreció un sistema de atención primaria en salud las 24 horas del día que lograría disminuir el uso de los hospitales públicos en un 80%. En realidad, la atención abarca 4 horas de consulta y cubre básicamente una atención de medicina simplificada que no tiene las condiciones para constituirse en una red completa de atención primaria. Ocurre lo mismo con los centros de Barrio Adentro ll, los cuales tienen como función en Cuba la de servir de red complementaria para el diagnóstico (laboratorio, exámenes de todo tipo) y no como una red de especialidades médicas. Datos del año 2007 muestran que las comunidades con puestos de salud de Barrio Adentro, siguen usando con bastante frecuencia los hospitales públicos para chequeos preventivos y consultas a especialistas. Asimismo, el personal de los centros de Barrio Adentro I y II, ha manifestado no contar con espacio, insumos ni recursos humanos suficientes para cumplir con la labor que les fue encomendada.

Misión Mercal

El número de establecimientos para la venta de alimentos a bajo precio de la red Mercal, aumentó entre los años 2004-2005 de manera exponencial, pasando de 1.600 a 15.700. Pero el 96% de estos establecimientos pertenecen a particulares, el 90% de éstos son bodegas y el 6% funcionan como franquicias. En el año 2005, comenzaron a verse fallas importantes en las capacidades de almacenaje, la cadena de distribución y la fuga de alimentos. En el 2003 se había programado construir 300 centros de acopio para la distribución de alimentos y hasta el 2007 solamente se había construido el 38%. En el año 2005, comenzaron a presentarse dificultades de diferente naturaleza. Los problemas más reportados ese año eran: la escasez de pollo, carne, huevos y leche, la pérdida de productos por robos, un inadecuado sistema de enfriamiento para mantener los alimentos y deficientes sistemas de administración.

La Misión generaba cerca de 8.000 empleos directos y existen alrededor de 30.000 mujeres voluntarias de las comunidades encargadas de hacer y suministrar 150 comidas diarias [por centro] para la población en riesgo nutricional, situación de calle y desempleo, a través del programa Casas de Alimentación. Los estudios acerca de la Misión indican una alta precarización de estos empleos. Para el gobierno estos empleos no generan compromisos laborales y, por tanto, no requieren pago de salarios ni beneficios sociales, aun cuando se exige cumplimiento de horario y metas de producción. Durante el 2007, los trabajadores de Mercal organizados sindicalmente denunciaron incumplimientos en las convenciones colectivas por parte de los organismos encargados. Asimismo, el gobierno paga a las mujeres voluntarias de las Casas de Alimentación un bono o ayuda de 160 bolívares fuertes mensuales que representa apenas el 20% del salario mínimo fijado en el 2008.

Las metas de abastecimiento de Mercal también crecieron exponencialmente, de 3.200 toneladas de alimentos para abastecer a 8 millones de personas en el 2004, se pasó al doble de la cantidad con 6.928 toneladas para abastecer a 15.000.000 en el 2005 y a una meta de aproximadamente 10.000 toneladas para llegar a 20 millones de personas en el ano 2007. Sin embargo, entre los años 2005-2006 el gobierno admitió una caída de 53% mensual en las ventas, debido a que los recursos recibidos no alcanzaban para cubrir las toneladas de alimentos necesarias, además de continuar pagando el subsidio a los precios y cubrir los gastos de las Casas de Alimentación.

En el 2007, cerca de un 20% de las bodegas abandonaron la red Mercal a causa del desabastecimiento y el escaso margen de ganancia. De igual manera, se produjo una desviación de los productos hacia canales de distribución privados. Debido a esta situación, el Ministerio del área ordenó la reducción del horario de trabajo de los establecimientos de la red y decidió darle prioridad a las ventas de gran volumen en puestos itinerantes como los mercados a cielo abierto y mercados móviles. A principios del 2008, el gobierno estimaba una pérdida de 41,5% de beneficiarios. Con 13 mil puntos de venta aún funcionando, en el año 2007 las encuestas de opinión indicaban que Mercal no era el principal lugar de compra de los sectores de menores recursos, quienes continuaban utilizando en un 65% la red de abastos y supermercados privados.

Con la expansión de la red de Mercal se proponía crear un sistema de seguridad alimentaria aumentando la capacidad de control del Estado sobre la producción, el almacenamiento y la comercialización de alimentos a nivel nacional, pero en la práctica las importaciones de alimentos se elevaron a niveles jamas antes vistos, siendo éste uno de los indicadores internacionales que más expresa la vulnerabilidad alimentaria de un país. En declaraciones de funcionarios públicos se ha estimado que el 70% de los alimentos vendidos en Mercal son importados. De igual manera, en el 2004 se esperaba atender a 1,3 millones de personas a través de los programas especiales de protección nutricional, pero hasta el 2007 la población atendida se ha mantenido alrededor de las 600 mil personas (46%).

Misiones Educativas

Hasta el 2005, la Misión Robinson I instaló 136 mil ambientes para actividades de alfabetización en casas y centros educativos, con la asesoría de 74 técnicos cubanos y el trabajo de 50.000 efectivos militares. Los materiales educativos fueron adquiridos en Cuba: “… 1.900.000 cartillas, 200 mil manuales del facilitador, 80 mil televisores e igual número de VHS, un millón de videos y de bibliotecas familiares y un aproximado de 300 mil lentes correctivos”. La Misión terminó prácticamente su labor cuando el Presidente declaró erradicado el analfabetismo en el país, con la graduación de aproximadamente 1,5 millones de personas alfabetizadas ese año. Un total aproximado de 600 mil personas de esta misión prosiguió estudios de educación primaria en la Misión Robinson II y se calcula que se hayan graduado en el 2007 unas 300 mil personas (50%).

En la Misión Ribas, se instalaron 34 mil ambientes. De los 600 mil matriculados a nivel nacional en el 2004, esta misión graduó a unos 160 mil nuevos bachilleres en el 2006 (27%) y, de 500 mil matriculados en el 2006, se graduaron 250 mil en el 2007 (50%). En esta misión han participado unos 30 mil facilitadores y 6 mil asesores. Estudios y denuncias han sugerido una posible migración de estudiantes de la Misión Ribas a la Misión Vuelvan Caras, por el monto de las becas (de 160 BsF. en Ribas a 185 BsF. en Vuelvan Caras) y porque en esta última las becas se otorgan a todos los participantes, mientras que en Ribas el porcentaje de becados es de 27%. Datos del BCV revelan que el 36% de los que participaron en la Misión Vuelvan Caras son estudiantes. También el gobierno ha confirmado actos de corrupción relacionados con estas becas. El Ministro de educación superior decía en el 2007: «…de 100.000 mil supuestas becas que había en Misión Sucre, (…) encontramos 79 mil verdaderas y casi 20 mil irregulares, de las cuales más de 10 mil no habían sido cobradas por tres meses o más”.

La idea del gobierno es que los estudiantes de Ribas continúen dentro del sistema y trabajen dentro de los planes de la revolución: “El titular de la cartera de Energía y Petróleo, explico que esta misión apenas está empezando y no debe ser una misión finita, que culmine con una graduación, porque aún tienen mucho camino que recorrer y un gran futuro que construir, incorporándose activamente a la Misión Sucre: en el seno de las comunidades, en la organización popular y estudiantil”. En el 2006, de los 400 mil bachilleres de la Misión Ribas apenas se inscribieron en la Misión Sucre un numero de 25 mil (6%), ante lo cual el gobierno abrió la Misión Ribas Técnica con la idea de ofrecer una alternativa mas corta a los que no quisieron proseguir estudios universitarios.

En la Misión Sucre se creó la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) con sedes en Caracas, Zulia y Bolivar, y se abrieron programas educativos en 11 universidades experimentales y 28 colegios universitarios. Pero, los programas tardaron 2 años en regularizarse por dificultades para cubrir la plantilla de profesores, cambios de orientación en la misión y el diseño de los programas. Las inscripciones superaron la capacidad instalada de aulas en los centros educativos disponibles, de 6 mil requeridas solamente se contó con 1.400 hasta el 2007. En el 2004, se crearon unos 1.000 ambientes provisionales en las Aldeas Universitarias con la idea de municipalizar la misión en los 334 municipios del país y posteriormente sustituirlos por establecimientos, pero hasta ahora se han asignado recursos para construir 37 aldeas. En el 2008, el Presidente anunció la edificación de 28 universidades nuevas y la remodelación de 29 institutos y centros universitarios dentro de la nueva Misión Alma Mater.

En el 2003, se inscribieron en la Misión Sucre cerca de 400 mil estudiantes que comenzaron estudios en el Programa de Iniciación Universitaria (PIU) mientras se esperaba por la apertura de las carreras. Unos 196 mil (49%) terminaron este programa en el 2005, fecha en la cual se eliminó. De estos estudiantes promovidos, 53 mil se inscribieron en 86 carreras de formación ofrecidas en los centros universitarios (27%) y para el año 2008, se habían graduado alrededor de 5 mil estudiantes (9,4%). En esta Misión participan unos 2.300 preparadores y 21.000 profesores de las universidades involucradas.

La calidad ha sido uno de los problemas mas críticos de todas las misiones educativas, lo que es reforzado por la ausencia de mecanismos de supervisión y evaluación. Las dificultades que más se han reportado son: la baja calidad académica y pedagógica de los facilitadores y asesores, así como el ausentismo y la alta rotación de éstos, atribuido a la irregularidad en los pagos. También se ha mencionado el incumplimiento de los periodos académicos, la inasistencia de los estudiantes, la falta de material didáctico y de apoyo, y las malas condiciones de equipos e instalaciones.

Yolanda D’Elia / Luis Francisco Cabezas

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FS #199 – Putt de veinticinco

Fichero

LEA, por favor

Daniel Bell (1919) es un sociólogo estadounidense de importante influencia. En 1960 publicó el penetrante estudio que llamó “El fin de la ideología”. De tendencia izquierdista—“Soy un socialista en economía, un liberal en política y un conservador en cultura”—, Bell hizo, no obstante, fuerte oposición al estalinismo dentro del grupo conocido como “Intelectuales de Nueva York”. A la fundación del Instituto Hudson por Herman Kahn, Bell fue invitado a unirse a su claustro de investigadores, en compañía de Raymond Aron. Comoquiera que ese instituto estaba dedicado a la futurología—The Year 2000, de Kahn y Anthony Wiener con prólogo de Bell, The Next 200 Years —, este último está ampliamente familiarizado con el problema de la predicción social.

En el verano de 1987, Daedalus, la revista de la American Academy of Arts and Sciences, publicó un artículo futurológico de Bell: El mundo en 2013. En él trató, obviamente, de pronosticar el estado de la humanidad con veinticinco años de anticipación, de los que cinco están aún por cumplirse. Es la sección media de ese artículo la que se reproduce acá, en esta Ficha Semanal #199 de doctorpolítico.

La lectura de los pronósticos de Bell confirma lo intrínsecamente difícil que es el arte de predecir. Él mismo advierte al comienzo del artículo: “¿Podemos predecir el futuro? Si por ello entendemos la configuración exacta de la sociedad mundial, o incluso de los Estados Unidos, en el año 2013, es muy poco probable. Los imponderables son principalmente las corrientes político-ideológicas, que son demasiado complejas y difíciles de proyectar”. (De paso, esta afirmación de Bell contesta a algunos de los críticos de The End of Ideology, puesto que la suponía muy actuante diecisiete años después de haber decretado su fin).

Más adelante, Bell continúa la discusión sobre la posibilidad de pronosticar: “Entonces, ¿qué es posible predecir? Dentro de una perspectiva limitada se puede identificar marcos que están surgiendo y que forman la matriz de la vida de las personas”.

El segundo gran libro de Daniel Bell es “El advenimiento de la sociedad postindustrial” (1973), caracterizada por la difusión planetaria del capital, el desequilibrio del comercio internacional y la declinación del sector manufacturero en la economía doméstica de los Estados Unidos. Además de estos cambios estructurales, sociales o económicos hay también cambios en los valores, con predominio de la racionalidad y la eficiencia. Bell teme que tarde o temprano esto desemboque en una separación de la sociedad y su cultura.

En cuanto a la claridad de su bola de cristal, el texto reproducido registra más de un acierto y, como era de esperar, unos cuantos desatinos. Una puntería imperfecta es característica inmancable de cualquier intento de predicción por parte, si se quiere, de una academia de los más sabios.

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Putt de veinticinco

EL DESPLAZAMIENTO A LA ZONA DEL PACÍFICO

La cuestión más importante es si, para el año 2013, la cuenca del Pacífico será el centro del poderío económico. De ser así, las naciones del este de Asia encabezadas por Japón y China, los países del sudeste asiático, y los Estados Unidos y la Unión Soviética, serán los principales actores económicos del mundo.

Éste es un cambio de extraordinarias dimensiones históricas. Tradicionalmente, Europa ha sido el centro del desarrollo económico y de la civilización. La matriz inicial fue la Cuenca del Mediterráneo. Después del siglo XVII, el centro económico se desplazó a la zona del Atlántico y a los países del norte de Europa. Desde 1970, el desplazamiento ha sido hacia el Pacífico. Actualmente, la gran expansión en el comercio de los EUA es con los países de la zona del Pacífico.

Si ocurre un giro económico, lo que es probable, ¿ocurrirá también un giro político? Y, de ser así, ¿es posible que un país sea una potencia política de primer orden sin llegar a ser también, con el tiempo, una gran potencia militar? Es poco probable. La “línea de fuerza económica” más importante va de Japón a Australia. Japón tiene escasos recursos naturales y produce pocos alimentos propios. Australia posee vastos depósitos de hulla y uranio; es un granero de gran importancia.

La vieja división del trabajo, que moldeó a la economía mundial durante 200 años desde 1780 hasta 1980, creó un conjunto de sociedades manufactureras centrales (el Reino Unido y Alemania, después los Estados Unidos, luego la Unión Soviética y Japón), junto con una periferia de países, principalmente en el Tercer Mundo. que suministraron las materias primas y los productos primarios para los países centrales. Este patrón está desapareciendo y no ha surgido una pauta clara y única. La manufactura industrial básica de bienes estandarizados de producción en masa está siendo “sacada” del mundo occidental y ubicada en el este de Asia y, en menor medida, en Brasil y la región mexicano-caribeña.

Los Estados Unidos y Japón han pasado a ser sociedades postindustriales; las partes predominantes de sus economías son los sectores de servicios y alta tecnología. Para 1990 casi el 75% de la fuerza laboral de los EUA estará en los servicios. La palabra servicios trae a la mente imágenes de empleos mal pagados en restaurantes de servicio rápido. Esto es engañoso. Las principales áreas de empleo son los servicios financieros, los servicios profesionales y de diseño, los servicios humanos (salud, educación y servicios sociales) y, en el extremo inferior de la escala, los servicios personales. El núcleo de la sociedad postindustrial reside en sus servicios profesionales y técnicos.

En la nueva manufactura, la proporción de materias primas disminuye en forma sostenida como porcentaje de los costos. En los países avanzados, el cambio básico consiste en evitar los productos y procesos pesados y con empleo intensivo de materiales: 40 kilos de fibras ópticas en un cable pueden trasmitir la misma cantidad de mensajes que una tonelada de alambre de cobre. Las materias primas disminuyen en importancia, no sólo a causa de la miniaturización (por ejemplo, los microconductores) y la reducción de los requerimientos de energía, sino también por la revolución en la ciencia de los materiales.

UN NUEVO SISTEMA MONETARIO MUNDIAL

Si el primer cambio ocurre en los centros múltiples de manufactura, el segundo en los centros financieros: los Estados Unidos se han convertido en la sede de la economía de grandes partes del mundo. Londres, a la mitad del camino entre Nueva York y Tokio (en tiempo), se esta volviendo un nódulo de servicios financieros.

El punto principal es la internacionalización del capital; un estado de cosas simbolizado por la vasta acumulación de eurodólares “apátridas” (dólares retenidos por bancos y países fuera de los Estados Unidos) que no están sujetos al reglamento financiero de los EUA. La existencia de esta vasta provisión significa que los grupos banqueros y empresariales pueden buscar rendimientos más altos para sus capitales, incluso cuando estas acciones vayan en contra de los intereses nacionales de cada país en particular. Pocos son los países que pueden controlar su propia moneda.

Tendrán que surgir algunos sistemas monetarios nuevos que constituyan la columna vertebral de la nueva economía internacional. El oro es una solución sencilla: los precios se denominan en oro; el oro es fungible. Sin embargo, también está sujeto a la manipulación: no puede funcionar fácilmente como patrón independiente ajeno a los controles políticos. Además, el oro es en gran medida inaccesible para la mayoría de los países pequeños y menos desarrollados.

Otras dos posibilidades: una “canasta” de las principales monedas o una “canasta de productos” en las que los países depositaran y retiraran créditos para aquéllos, y un sistema bancario internacional que funcionara como lo hace la Reserva Federal en los Estados Unidos, es decir, como supercontrol para los bancos centrales nacionales.

Todo esto puede parecer esotérico; no obstante, sin un nuevo arreglo estructural internacional, la economía mundial seguirá siendo errática e inestable. Un nuevo sistema monetario no descarta inestabilidades, pero las vuelve más manejables dentro de los contextos nacionales.

Dos puntos adicionales:

Aunque vemos el libre movimiento de capitales desde un punto de vista internacional, los precios de las materias primas—especialmente de los metales—han sido deprimidos, y pueden permanecer así hasta finales del siglo, aumentando sólo en forma lenta y limitando por ende la capacidad de muchos países (particularmente en África) de construir una base de capital para su propio desarrollo.

El “iceberg oculto”. Aunque el capital puede moverse libremente, no ocurre así con la mayoría de las personas. Si los empleos son dispersados por todo el mundo, ¿seguirán las personas a los empleos?

LA PROXIMA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

Para el 2013 habrá madurado la tercera revolución tecnológica: la unión de las computadoras y las telecomunicaciones (televisión interactiva, audio telefónico, computadoras para la informática. facsímiles de textos) en un sistema único pero diferenciado, el de la “nación cableada” e incluso la “sociedad mundial”.

La primera revolución tecnológica, ocurrida hace 200 años, fue la aplicación de la energía del vapor al transporte (ferrocarriles, barcos de vapor), a la minería y a la producción de maquinaria en las fabricas. La segunda revolución tecnológica, acaecida hace 100 años, dependió de la difusión de la electricidad (mensajes codificados en alambres, telégrafo y teléfono; luz; energía para turbinas y elevadores, lo que permitió la construcción de rascacielos) y el progreso de la química, que por primera vez permitió a los hombres hacer productos fuera del contexto de la naturaleza (productos sintéticos, petroquímicos, plásticos).

La tercera revolución tecnológica será auxiliada por las comunicaciones en idiomas ordinarios, la traducción mediante máquinas y ciertos sistemas periciales. Se habrán difundido la robótica, el correo y los mensajes electrónicos, la recuperación de la información sobre pedido, los servicios organizados por medio de terminales interactivas. La gama de cambios posibles y probables es enorme.

Esta revolución resultará en la eliminación de la geografía como variable controladora. Para ilustrar esto, considérese la naturaleza cambiante de los mercados.

Históricamente, el mercado fue el lugar donde los caminos y los ríos se cruzaban, donde los comerciantes y las caravanas hacían un alto en su recorrido, donde los agricultores llevaban sus productos y los artesanos sus habilidades. En la nueva economía ya no es así. Tomemos el mercado de petróleo de localización específica. Se le llama “el mercado de Rotterdam” porque los buques tanque con capacidad por encima de sus entregas contratadas solían dirigirse a Rotterdam a vender el petróleo excedente “en el lugar mismo”. Allí, los corredores hacían sus tratos y enviaban a los barcos a sus nuevos destinos. El mercado ya no está en Rotterdam. ¿Dónde está? En todas partes. Es una red de télex-radio-computadora que vincula a los corredores en todo el mundo y desvía a los barcos en alta mar a sus nuevos destinos.

Cada día se desliga más el trabajo del lugar, y las operaciones de sus oficinas generales. Las redes de comunicaciones, con estallidos de datos que recorren velozmente miles de kilómetros, significan la disolución de los viejos hábitos y ubicaciones geográficos. Así, vemos un cambio de extraordinaria importancia histórica y sociológica: el cambio en la naturaleza de tos mercados de “lugares” a “redes”.

Sin embargo, la realización de estas posibilidades tecnológicas podría verse frustrada por dos dificultades tal vez insuperables. Casi todas las personas han tendido a concentrarse en problemas relacionados con los recursos (alimentos, energía, agua, metales y minerales). Creo que sus temores son un tanto infundados. Sin embargo, hay dos problemas estructurales que constituyen peligrosas bombas de tiempo.

¿HACIA DÓNDE SE DIRIGE LA NACIÓN-ESTADO?

Bomba de tiempo 1: El estado. Tenemos en la actualidad una economía internacional fuertemente interdependiente. Sin embargo, pese a que la economía internacional se halla cada día más integrada, muchos estados se están fragmentando. El proceso se parece al acordeón, expandiéndose y contrayéndose en momentos determinados. En Bélgica, la fragmentación es lingüística y nacional; en Canadá es lingüística; en el norte de Irlanda es religiosa; en España se basa en el nacionalismo local; en Nigeria es tribal. En cualquiera de estas naciones, las divisiones siguen las “fallas” históricas de estos países. Pero como esto parece estar ocurriendo en tamos lugares diferentes, deberíamos sospechar la existencia de un problema estructural común subyacente. Creo que es éste: la nación-estado se está volviendo demasiado pequeña para los grandes problemas de la vida, y demasiado grande para los pequeños problemas de la vida.

La nación-estado es demasiado pequeña para los grandes problemas porque no existen mecanismos internacionales efectivos para resolver los problemas de los flujos de capital, los desequilibrios entre productos, la pérdida de empleos y las varias oleadas demográficas que se presentarán en los próximos 20 años. Pero es demasiado grande para los pequeños problemas porque la afluencia de poder a un centro político nacional significa que la nación-estado se vuelve cada vez menos sensible a la variedad y diversidad de necesidades locales, y los centros políticos locales pierden la capacidad para controlar efectivamente los recursos y tomar sus propias decisiones.

Una retrospectiva histórica: ¿qué fue el Nuevo Trato de Franklin D. Roosevelt? Para algunos fue un “socialismo insidioso”, para otros fue “la salvación del capitalismo”. Tal vez el punto central es que fue una respuesta a un cambio de escala. De 1900 a 1930 hubo un crecimiento en los mercados y las empresas nacionales. Pero el poder económico y equilibrador efectivo permaneció en manos de los estados. Lo que el Nuevo Trato hizo fue crear mecanismos nacionales eficaces para resolver los problemas económicos nacionales: una Comisión Controladora de Acciones y Valores para regular los mercados financieros y un sistema de Seguridad Social para ofrecer a las personas de edad avanzada una red de seguridad.

En la actualidad no existe semejante correspondencia de escalas. Hay muy pocas agendas económicas o coordinadoras internacionales efectivas que estén a la altura del poder económico internacional. Y dada la multiplicación de las soberanías nacionales como resultado de la disolución del viejo sistema colonial, la nación-estado se ha vuelto cada día más inefectiva para hacer frente a tos problemas económicos. Así, estamos ante la integración económica internacional y la fragmentación política nacional.

Bomba de tiempo 2: La demografía. La población mundial asciende hoy a unos 5.000 millones de personas. Dadas las proyecciones actuales, podría duplicarse en 40 años, a 10.000 millones. ¿Podremos alimentar a todas estas personas? ¿Habrá empleos suficientes? Así es como suelen plantearse las preguntas, Creo que tanto los cálculos como las preguntas están equivocados.

Habría que decir, en primer lugar, que debemos desagregar las cifras del crecimiento. Es probable que en Europa haya una declinación absoluta de la población. Esto ya está ocurriendo en Alemania Occidental y en Hungría, y pronto ocurrirá en algunos otros países. En África, y en menor medida en América Latina, las poblaciones aún van en rápido aumento. El problema en estos países se deriva menos de los números totales—en África, la relación entre las personas y la tierra disponible para el cultivo es aún manejable—que del hecho de la urbanización, la concentración en las ciudades.

Es en las urbes del Tercer Mundo donde tiende a haber un problema con el crecimiento de las megalópolis: la ciudad de México (30 millones de habitantes para el ano 2000); Shanghai (25 millones); Bombay y Jakarta (cerca de 17 millones cada una). En estas ciudades, los problemas de infraestructura y servicios serán severos, como lo son ahora en El Cairo y Calcuta.

Aun así, ésa no es la principal bomba de tiempo. Lo es más bien la brecha cada vez más amplia entre los grupos de edad en diferentes partes del mundo. En toda el África, los jóvenes menores de 15 años de edad constituyen entre el 40 v el 50% de la población. En casi toda América Latina—en especial en Centroamérica y el Caribe—los jóvenes representan cerca del 40% de la población; en la mayor parte de Asia, entre el 30 y el 40%; en los EUA y Canadá, aproximadamente el 22%. Con excepción de Irlanda, en Europa esta proporción de jóvenes es de 20% o menos.

Estos desequilibrios de la población significan que, en los próximos 20 años, veremos que el mundo es arrasado por oleadas demográficas. En los países densamente poblados, significará duplicar las tasas de ingreso a las fuerzas laborales.

LA DEMANDA DE RECURSOS

Contrariamente a la opinión aceptada y popular, los recursos—alimentos, agua, energía, metales y minerales, bosques y tierras pantanosas, el problema del ozono—no son aspectos de gran impacto, ni siquiera limitaciones graves. Lo que ocurre es que todos los cálculos se basan en proyecciones que sobrestiman el lado de la demanda y suelen equivocarse garrafalmente en el lado de la oferta.

Tomemos un ejemplo como indicación de la lógica prevaleciente y sus deficiencias. En 1973, el Club de Roma predijo el agotamiento temprano de las existencias mundiales de cobre. En el lapso de unos años, sin embargo, el precio del cobre se duplicó. A ese elevado precio, Israel, Panamá y Zaire abrieron minas durante largo tiempo inactivas. Asimismo, y en vista del alto precio del cobre, los usuarios empezaron a remplazar la tubería de cobre por plástico y a buscar otros materiales sustitutos, como las fibras ópticas. En la actualidad los mercados están saturados de cobre. De ahí mi relato admonitorio.

Alimentos. Hace 10 años sólo había unos cinco grandes exportadores de cereales y granos: los Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina y, marginalmente, uno o dos países más. Hoy, casi todos los países del mundo son prácticamente autosuficientes en alimentos y buscan mercados para exportar. La India es un magnífico ejemplo.

Energía. Es difícil saber si se nos agotará el petróleo para el año 2013. Las proyecciones actuales indican que habrá una crisis de petróleo entre principios y mediados de la década de 1990. Para el año 2013 habrá nuevas tecnologías en el horizonte: diodos emisores de luz que remplazarán a las bombillas y a las luces de los semáforos, y la superconductividad que reforzará las redes de fuerza electromotriz, posiblemente mediante molinos de viento y tableros solares.

Agua. Un problema creciente, sobre todo en los Estados Unidos, pero provocado en gran medida por el desperdicio, la mala administración y la contaminación. De nuevo, no es fundamentalmente un problema de recursos, sino económico y político: la necesidad de administrar mejor los recursos escasos.

¿Podemos trazar un cuadro integral y coherente del mundo en el año 2013? Dados tan sólo los imponderables políticos esbozados aquí, la respuesta es no. Pero si deseamos concentrarnos en los problemas principales, los más explícitos serían los desequilibrios demográficos y de grupos de edad. El mas difuso pero crucial seria la fragmentación política. De tos cambios estructurales, el auge de la zona del Pacífico es claramente el cambio más trascendental que se vislumbra, y es de extraordinaria importancia histórica y económica.

Daniel Bell

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FS #198 – Proletarios, uníos

Fichero

LEA, por favor

La semana pasada se reprodujo acá el texto de una conferencia, pronunciada en Caracas en 1964, del experto marxólogo Jean-Yves Calvez S. J. Resulta oportuno, por tal razón, traer a esta Ficha Semanal #198 de doctorpolítico algún texto de quien fuera objeto focal de su estudio: Carlos Marx. En realidad, se reproduce en esta edición un texto escrito a cuatro manos por él y por Federico Engels, su amigo, su socio político y su protector. (Engels diría reiteradas veces que las ideas, y la mayor parte de la redacción, se debían a Marx). Se trata de buena parte de la primera sección del muy famoso Manifiesto Comunista, publicado en Londres en 1848 (21 de febrero), con motivo de la reunión de la Primera Internacional Socialista. (Como anticipaba el mismo manifiesto, originalmente en alemán, sería publicado poco después “en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa”. Posiblemente no haya hoy lengua en el mundo que no cuente con una versión).

El manifiesto comienza y concluye con célebres palabras. Al inicio declara: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Contra este fantasma se han conjurado, en una santa jauría, todas las potencias de la vieja Europa, el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”. Al cierre exhorta: “Tiemblen si quieren las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Con ella, los proletarios no tienen nada que perder, sino sus cadenas. Por el contrario, tienen todo un mundo entero que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!” Es, sin duda, uno de los documentos políticos más influyentes de la historia.

El trozo escogido corresponde a la descripción marxista de la “burguesía”, la clase de empresarios y comerciantes que ejercía dominio sobre los asalariados o proletarios (de prole; DRAE, segunda acepción: “Se decía de quien carecía de bienes y solamente estaba comprendido en las listas vecinales por su persona y prole”). Está tomado de la sección que lleva por título “Burgueses y proletarios”. (La siguiente es “Comunistas y proletarios”, seguida del “programa general”, una sección sobre la literatura socialista y comunista y la sección final que ubica a los comunistas en posición diferenciada respecto de los distintos partidos de oposición).

Las medidas que contemplaba el programa para “los países más avanzados” (mencionadas por Calvez), y que tendrían que ser aplicadas “mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción”, eran las siguientes:

«1. Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.

2. Fuerte impuesto progresivo.

3. Abolición del derecho de herencia.

4. Confiscación de la fortuna de todos los emigrados y rebeldes.

5. Centralización del crédito en el estado, por medio de bancos nacionales, con capital del estado y régimen de monopolio.

6. Nacionalización de los transportes.

7. Aumento de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.

8. Proclamación del deber general de trabajar. Creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.

9. Organización de las explotaciones agrícolas e industriales. Tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.

10. Educación pública y gratuita para todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual. Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.»

La teoría marxista suponía que la revolución socialista debía ser precedida por la revolución industrial capitalista. Que los comunistas que hayan llegado originalmente al poder se hayan dado en países precapitalistas—Rusia, China, Cuba, etc.—es el primer y más rotundo mentís al socialismo “científico” de Carlos Marx.

A pesar de este desatino predictivo, puede admitirse que las palabras escritas por Marx son una vívida descripción de lo que hoy llamamos la «globalización».

LEA

Proletarios, uníos

Hasta nuestros días, la historia de la humanidad ha sido una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores feudales y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, siempre frente a frente, enfrentados en una lucha ininterrumpida, unas veces encubierta y otras franca y directa, en una lucha que conduce siempre a la transformación revolucionaria de la sociedad o al exterminio de ambas clases beligerantes.

Desde el principio de la historia, nos encontramos siempre la sociedad dividida en estamentos, dentro de cada uno de los cuales hay, a su vez, una nueva jerarquía social con grados y posiciones. En la Roma antigua eran los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos. En la Edad Media eran los señores feudales, los vasallos, los maestros, los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba. Y dentro de cada una de estas clases, nos encontramos también con matices internos.

La moderna sociedad burguesa, que ha surgido de las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho sólo ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha que han venido a sustituir a las antiguas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, y cada vez más abiertamente, toda la sociedad tiende a separarse en dos grandes grupos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la gleba de la Edad Media, surgieron los villanos de las primeras ciudades, y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.

El descubrimiento de América o la circunnavegación de África abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la ascendente burguesía. El mercado de la China y de las Indias Orientales, la colonización de América, el intercambio comercial con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario, que se escondía en el seno de la sociedad feudal ya en descomposición.

El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos. A cada etapa histórica recorrida por la burguesía le correspondió una nueva etapa en el progreso político. Clase oprimida bajo el poder de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna”, una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses. En unos lugares se organiza en repúblicas municipales independientes, y en otros forma el Tercer Estado tributario de las monarquías. En la época de la manufactura, es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, conquista la hegemonía política y crea el Estado actual representativo. El poder público es, pura y simplemente, un consejo que gobierna los intereses colectivos de la clase burguesa.

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. En donde ha conquistado el poder, ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales o idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales, y no dejó en pie más relación entre las personas que el simple interés económico, el del dinero contante y sonante. Echó por encima del santo temor a Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y de la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua fría de sus intereses egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero. Redujo todos los innúmeros derechos del pasado, que hacía tiempo que se habían adquirido y que estaban bien escriturados, a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Dicho en pocas palabras, sustituyó un régimen de explotación casi oculto por los velos de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen de explotación franco, descarado, directo, escueto.

La burguesía ha despojado de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso respeto. Ha convertido en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.

La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían a la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares.

La burguesía ha demostrado que esos alardes de fuerza bruta de la Edad Media, que los reaccionarios tanto admiran, sólo tenían su sustento en la más absoluta vagancia. Hasta que ella no nos lo reveló, no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, que los acueductos romanos y que las catedrales góticas. Ha acometido movimientos de población mucho mayores que las antiguas emigraciones de los pueblos o las Cruzadas.

La burguesía no puede existir si no es revolucionando permanentemente los instrumentos y los medios de la producción, que es como decir todo el sistema de la producción y con él todo el régimen social. Todo lo contrario que las clases sociales que le precedieron, pues éstas tenían, como causa de su existencia y pervivencia, la inmutabilidad e invariabilidad de sus métodos de producción. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las precedentes por un cambio continuo en los sistemas de producción, por los continuos cambios en la estructura social, por un cambio y una transformación permanentes. Se derrumban las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, junto con todo su séquito de ideas y creencias antiguas y venerables, y las nuevas envejecen ya antes de echar raíces. Se esfuma todo lo que se creía permanente y perenne. Todo lo santo es profanado y, al final, el hombre se ve constreñido por la fuerza de las cosas a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.

La necesidad de encontrar permanentemente nuevos mercados espolea a la burguesía de una punta o la otra del planeta. En todas partes se instala, construye, establece relaciones.

La burguesía, al explotar el mercado mundial, da un sello cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Entre los lamentos de los reaccionarios, destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales caen por tierra, arrolladas cada día por otras nuevas, cuya instalación es un problema vital para todas las naciones civilizadas. Por industrias que ya no transforman, como antes, las materias primas del país sino las traídas de lejanas tierras, y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de sus fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas, que la producción del país no puede satisfacer suficientemente tal como lo hacía en otros tiempos, sino que se reclama para su satisfacción, productos de tierras remotas y otros climas. Ya no reina aquel mercado local y nacional autosuficiente, en donde no entraba nada de fuera. Actualmente, la red del comercio es universal y están en ella todas las naciones, unidas por vínculos de interdependencia. Y lo que acontece con la producción material, sucede también con la espiritual. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional son cada día más raras, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.

La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción y con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, arrastra a la civilización hasta a las naciones más bárbaras. El bajo precio de sus productos es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular hasta a los salvajes más xenófobos y fanáticos. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía, o a perecer. Las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Resumiendo, se crea un mundo a su imagen y semejanza.

La burguesía somete el campo al dominio de la ciudad y crea urbes enormes. Acrecienta en una fuerte proporción la población urbana con respecto a la rural, y rescata a una parte considerable de la población de la estrechez de miras de la vida en el campo. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete a los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, a los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.

La burguesía va concentrando cada vez más los medios de producción, la propiedad y la población del país. Reúne a la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos pocos la propiedad. Por lógica, este proceso tenía que conducir a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una única nación, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.

En el siglo escaso que lleva como clase dominante, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Pensemos en el sometimiento de las fuerzas naturales al hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación mediante el vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por milagro… ¿Quién en los pasados siglos pudo sospechar siquiera que en el trabajo de la sociedad yaciesen ocultas tantas y tales energías, y tales capacidades de producción?

Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal. Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, todo el régimen feudal de propiedad, ya no se correspondía con el estado de desarrollo de las fuerzas productivas. Obstruía la producción en vez de fomentarla y se habían convertido en un impedimento. Era necesario destruirlo y lo destruyeron. Vino a ocupar su puesto la libre competencia, con la constitución política y social adecuada para ello, mediante la hegemonía económica y política de la clase burguesa.

Actualmente, ante nuestros ojos, se está produciendo algo parecido. Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la sociedad burguesa moderna, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerdan al brujo impotente para dominar los espíritus que conjuró. Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las fuerzas productivas modernas, que se rebelan contra el vigente régimen de producción, contra el vigente régimen de propiedad, en el que residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Baste con mencionar las crisis económicas, cuyos ciclos periódicos suponen un peligro cada vez mayor para la existencia de toda la sociedad burguesa. Éstas, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En las crisis se desata una epidemia social, que en cualquiera de las épocas pasadas hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la sobreproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmada, sin recursos para subsistir. La industria y el comercio parece que hubiesen sido destruidos. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de propiedad, pues se han hecho demasiado poderosas para servir a este régimen, restringiendo su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazando con dar al traste con el régimen burgués de propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar las riquezas que ellas mismas engendran. ¿Cómo se sobrepone la burguesía a las crisis económicas? De dos formas: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistando nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente, los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis, preparando otras más profundas e importantes, y destruyendo los medios de que dispone para prevenirlas.

Las armas con que la burguesía derribó al feudalismo se vuelven ahora contra ella. La burguesía no sólo forja las armas que han de provocarle la muerte sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros modernos, los proletarios.

En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, se desarrolla también el proletariado, esa clase obrera moderna, que sólo puede vivir encontrando trabajo, y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta el incremento del capital. El obrero, obligado a venderse a plazos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades del mercado, a todas las fluctuaciones del mercado.

Carlos Marx – Federico Engels

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