L’Etat c’est toi, ha dicho ayer Diosdado Cabello a Nicolás Maduro. En su programa Con el mazo dando del día de ayer, reseñado por la web de La Patilla, el diputado por el estado Monagas dijo a los empresarios que hubieran firmado para la activación del referendo revocatorio del mandato del Presidente de la República que no podrían tener contratos con el Estado: “Empresario que aparezca firmando ahí y tenga contrato con el Estado, ¡por favor papito lindo! No puede estar ahí, no puede tener contrato con el Estado”. La semana pasada había afirmado que debían ser despedidos los empleados públicos que hubieran incurrido en el mismo horrible pecado contrarrevolucionario.
El video obtenido por La Patilla muestra un auditorio lleno de militares uniformados que celebran la ocurrencia del pernicioso personaje del oficialismo. Se trata, sin duda, de un caso en el que debiera intervenir, por pública notitia criminis, el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab. Y la Asamblea Nacional debiera suspender a Cabello de su investidura parlamentaria, según la potestad que le confiere el numeral 20 del Artículo 287: «Corresponde a la Asamblea Nacional: (…) 20. Calificar a sus integrantes y conocer de su renuncia. La separación temporal de un diputado o diputada sólo podrá acordarse por el voto de las dos terceras partes de los diputados y las diputadas presentes».
Por Delphos para el Proyecto Integridad Venezuela del CEP de la UCAB (clic amplía)
En el estudio encargado a Delphos por el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello—datos levantados entre el 5 y el 20 de marzo de 2016—, hay una lámina que canta polifónicamente. Es la lámina 11 del reporte.
El chavismo era hace seis meses la autodefinición de 31,8% de los entrevistados; en marzo fue de 33,2%. El mudismo—resteados con la MUD y la oposición—registró 29,5% en septiembre pasado; en marzo fue de 29,2%. Los resteados con Maduro subieron 1,2% en cinco meses.
La oposición total a Maduro pasó de 42,1% en septiembre a 44,5% en marzo, pues la oposición que no está con la MUD ascendió de 12,6 a 15,3%. El nihilismo de «Todos los políticos son iguales» perdió 2,9 puntos, de 25,3% a 22,4%; si se suma al rechazo a Maduro, la cosa pasa de 67,4% a 66,9%.
Maduro sólo contaba con el respaldo de 16,6% de los encuestados en marzo, en ascenso de 15,5% en septiembre.
Los no convencidos ni por Maduro ni por la MUD, que eran de 54,3% en septiembre, siguen siendo tercamente en marzo de 54,3%. (Si se suma el chavismo no madurista a los «De oposición pero no con la MUD» y los que creen que «Todos los políticos son iguales»). LEA
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La nota antecedente, sin las iniciales, tiene 1.155 caracteres con espacios, y todavía podría conseguirse otras asociaciones; por ejemplo, que el chavismo no madurista creció menos, 0,2%, que los resteados con Maduro: 1,2%. O, también, que la pequeña captación de no convencidos por los polos—0,2%—fue para el lado izquierdo. Acá está un enlace para descargar los principales hallazgos del estudio CEP-UCAB/Delphos: Resultados-Estudio-Cep-Ucab-Abril-2016.
Torrealba certificando la desunión en la Mesa de la Unidad Democrática
Noticiero Digital daba cuenta, el 12 de los corrientes, de una insólita intervención de Jesús Torrealba en un foro de la Fundación Espacio Abierto, cuyo Director es el político venezolano Luis Manuel Esculpi. (Antes del Movimiento Al Socialismo; inconforme con el apoyo de este partido a la candidatura de Hugo Chávez en 1998, formó Izquierda Democrática. Esculpi se alió luego con Francisco Arias Cárdenas en la formación del partido Unión; esta alianza se partió y Esculpi regresó a Izquierda Democrática, cuyos dirigentes principales acordaron mudarse a Un Nuevo Tiempo, Esculpi incluido). La nota de ND nos entera de lo siguiente:
[Torrealba] entró en consideraciones en torno al tema de la unidad. “Yo debo decir que desde el 3 de enero de este año la dirección política de la unidad democrática está severamente aquejada por falta de coherencia y organicidad”.
Torrealba se remontó al momento en que se logró el acuerdo de la tarjeta única en agosto de 2015; muy condicionado por la presión de Voluntad Popular, habida cuenta de los reclamos que hacía a partir de su condición de fenómeno electoral reciente y acelerado, y que fue lo que dio pie a su incorporación dentro del llamado G-4; el grupo de los cuatro partidos más representativos, en este caso, Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular.
Lo definió como el corazón del comando de campaña, al que se le agrega la figura del Secretario Ejecutivo de la MUD, de modo que vino a ser el G-5, y que las cosas marcharon en armonía allí hasta el día 3 de enero cuando no se obtuvo un acuerdo para elegir al presidente de la AN, y que, por tanto, se tuvo que ir a una elección; que fue lo que produjo un impacto interno.
“Ese impacto fue que nuestros compañeros de Primero Justicia, mis hermanos, dijeron: ya va, el G-4 es una estructura que funciona sobre la base de la confianza, y esta confianza ha sido resquebrajada. Esto ya no es un G-4, sino que es un 3 contra 1”.
Añadió que a partir de ese momento el grupo ejecutivo tampoco ha podido funcionar; porque no tiene normas acerca de cómo tomar decisiones, y que en esta situación hemos atravesado un trimestre completo, y un trimestre, a su juicio, donde ha pasado de todo, y argumentó que estas cosas se permitía decirlas públicamente en su carácter de dirigente político independiente, porque hay la necesidad urgente de remediar esta situación; ya que la unidad no se trata de una conquista que le pertenece a los partidos políticos, sino a todos los venezolanos.
Debo admitir que, al leer tan desusada candidez en la grave confesión, llegué a pensar que Torrealba tal vez quiera que lo remuevan de sus responsabilidades como Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática; lo que dijo fue público y, según la manida conseja de la política convencional, «los trapos sucios se lavan en casa». También pensé que la dirigencia de la MUD ni siquiera sabe administrar el éxito, pues no fue un logro pequeño la decisiva mayoría de escaños en la Asamblea Nacional. Luego recordé al «suicidio anómico» descrito en el famoso estudio de Émile Durkheim, que se desencadena por un súbito desequilibrio entre metas personales y recursos, así sea por la repentina adquisición de riqueza. (Mi tío me deja en herencia una fortuna y me pego un tiro).
Pero Torrealba avistó una posibilidad de futuro positivo; dice Noticiero Digital: «Propuso que la MUD se transforme [en] un gran movimiento de masas, que integre distintos sectores de la sociedad venezolana, y que sea nombrado un comando de campaña, donde los partidos políticos jueguen un papel de conducción; pero que antes la MUD debe prepararse para explicarle al país lo que se va a hacer, tan pronto se establezca un gobierno de transición».
Cuando se nombraba a Torrealba en el delicado cargo que desempeña como coordinador de la federación opositora, este blog publicó ¿Jesús Gorbachov? (1º de octubre de 2014). Allí se lee:
La aceptación de la tarea de coordinar la MUD por parte de Torrealba se conoció el pasado 24 de septiembre, dos días después de que la organización decidiera encargársela. En total ignorancia de que esta secuencia se daría, tuve el atrevimiento de sugerir en la edición #110 de Dr. Político en RCR (13 de septiembre) que convendría a la MUD traer un nuevo Secretario Ejecutivo que viniera con un programa de cambio, y que la modificación esencial sería un cambio de misión: en lugar de ser una mesa para unir a la oposición, que se propusiera serla para unir al país. (…) El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito.
A lo mejor no le fue posible a Torrealba exigir ese propósito a su llegada, como se le recomendara en el artículo que acaba de citarse: «Ahora podría cambiar Torrealba las cosas, y para lograrlo debiera procurar la metamorfosis—DRAE: Transformación de algo en otra cosa—de la Mesa de la Unidad Democrática. Y es ahora, ya mismo, cuando debe intentarlo; a corto plazo, la MUD no podría pagar el costo político de prescindir de Torrealba; sería la garantía de su dispersión. Es ahora cuando puede exigir e imponer».
Las indiscreciones de Torrealba en el foro de Esculpi pudieran consolidar esa dispersión de la Mesa de la Unidad Democrática, pues lo que ha hecho es desnudar públicamente las profundas divisiones en su seno. ¿Será en la oportunidad de su salida buscada que la metamórfica meta se haga posible? LEA
No creo que haya sido satisfactoria la respuesta de Nicolás Maduro a Ernesto Villegas en el programa Siete Preguntas, que éste conduce en Telesur, acerca de la sospecha de su doble nacionalidad.
Por una parte, reafirmó haber nacido en Caracas, pero sobre la cuestión de la nacionalidad de su señora madre adoptó una postura evasiva: «Mi mamá es familia de fronteras, en todo caso, a mí no me gusta estar refiriéndome a mi mamá. Yo la amo mucho, demasiado, como para estar tratando de caer en la charca que crean ellos [el canal colombiano Caracol]. Mi mamá es sagrada, y de ella sólo hablo desde mi corazón y hacia adentro». (Según nota de El Universal, cuyo sumario dice: «El jefe de Estado, Nicolás Maduro, reafirmó este lunes que es venezolano, ante los rumores sobre su supuesta nacionalidad colombiana. Sin embargo, no aclaró la nacionalidad de su madre»).
Antes se ha puesto en duda el lugar de nacimiento de Maduro. En 2013, el exembajador de Panamá ante la OEA, Guillermo Cochéz, presentó a la cadena colombiana NTN24 una supuesta partida de nacimiento del presidente Maduro y declaró: “Maduro nació en Cúcuta el 22 de noviembre de 1961 y no en Caracas”. Poco después, la Registraduría de Colombia investigó el documento presentado por Cochéz y llegó a la conclusión de que era falso, según informó Carlos Alberto Arias, Director Nacional de Identificación, quien señaló varias inconsistencias e irregularidades en la “prueba” de Cochéz. Pero el asunto ya no es dónde nació quien ahora ejerce la Presidencia de la República, sino si posee la nacionalidad colombiana porque sería hijo de mujer de esa nacionalidad. El Artículo 41 de la Constitución es muy claro: «Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República…» etcétera. La elección de Maduro sería nula, y nulos sus actos como Presidente, si fuese a la vez venezolano y colombiano que no hubiera renunciado a esta última nacionalidad.
Según argumentaron exrectores del Consejo Nacional Electoral en comunicación dirigida a Tibisay Lucena el 4 de este mes, Nicolás Maduro declaró a los fines del acta de defunción de su madre que ella había nacido en Rubio, estado Táchira. Luego añadieron: «…es público y notorio que la madre de Maduro no nació en el Táchira, sino en Colombia», sin aportar pruebas de tales publicidad y notoriedad. ¿Creía Nicolás Maduro en 1994, año del deceso de su progenitora, que algún día sería Presidente—o Vicepresidente Ejecutivo de la República, o Canciller o Presidente de la Asamblea Nacional—y que le convenía mentir en día tan doloroso cuando le habría bastado renunciar a su presunta nacionalidad colombiana?
Pero ¿qué significa «Mi mamá es familia de fronteras»? Eso no es suficiente; estando las cosas como están en el país, pienso que es obligación política y moral del presidente Maduro aclarar este asunto, de una vez por todas, en modo fehaciente. Si ama «demasiado» a su madre, eso es lo que debe hacer, y si no puede tranquilizarnos con sus decretos de emergencia económica, al menos que lo haga sobre esta cuestión. LEA
Tuve en suerte de infancia ser vecinode Puntofijo, la casa de la 1ª Transversal de Las Delicias de Sabana Grande (hoy Avda. Solano López) de la familia Caldera-Pietri. En la historia política nacional, se ha inscrito indeleblemente porque alojó el pacto trascendental que parió en 1958 la república civil venezolana:
El Pacto de Punto Fijo era un acuerdo para echar las bases del sistema democrático en un país que, en toda su historia, sólo tuvo elecciones universales en 1947—anuladas rápidamente por otro golpe militar en noviembre del año siguiente—, y difícilmente podía incluir a un partido (PCV) que sostenía como punto de fe programática el esquema marxista-leninista para el establecimiento de una dictadura del proletariado. (…) El Pacto de Punto Fijo, pues, no fue nada vergonzoso; por lo contrario, estableció unas reglas de convivencia democrática y el compromiso de defenderla de cualquier intento de reventarla mediante acciones militares por parte de gente que se autoatribuye la propiedad del poder. (Retórica cuatrofeísta).
Aquella cercanía infantil me permitiría almorzar y hasta desayunar en esa casa que una vez fue blanco de una bomba del terrorismo perezjimenista, y establecer amistad temprana con la familia cuyo patriarca fue Rafael Caldera, a quien siempre quise y admiré. También lo he defendido de la estulticia, a pesar de ocasionales y naturales diferencias entre ambos:
Se ha repetido hasta el punto de convertirlo en artículo de fe que Rafael Caldera fue elegido Presidente de la República por el discurso que hizo en el Congreso en horas de la tarde del 4 de febrero de 1992. Esto es una tontería. Caldera hubiera ganado las elecciones de 1993 de todas formas. Sin dejar de reconocer que ese discurso tuvo, en su momento, un considerable impacto, Caldera hubiera ganado las elecciones porque representaba un ensayo distanciado de los partidos tradicionales cuando el rechazo a éstos era ya prácticamente universal en Venezuela y porque venía de manifestar tenazmente una postura de centro izquierda frente al imperio de una insolente moda de derecha. (…) Se ha dicho que la “culpa” de que Chávez Frías haya ganado las elecciones es de Rafael Caldera, porque el sobreseimiento de la causa por rebelión impidió la inhabilitación política del primero. Esto es otra simplista tontería. Al año siguiente de la liberación de Chávez Frías se inscribe una plancha del MBR en las elecciones estudiantiles de la Universidad Central de Venezuela, tradicional bastión izquierdista. La susodicha plancha llegó de última. Y la candidatura de Chávez Frías, hace exactamente un año, no llegaba siquiera a un 10%. La “culpa” de que Chávez Frías sea ahora el Presidente Electo debe achacarse a los actores políticos no gubernamentales que no fueron capaces de oponerle un candidato substancioso. (Tiempo de desagravio).
Y también, sobre la especie tontamente repetida de que habría impedido a las nuevas generaciones copeyanas: «…es cierto que Caldera negó su apoyo a su antiguo ‘delfín’—dijo el viejo líder: ‘Paso a la reserva’—, pero Fernández había mostrado antes alguna mezquindad cuando, a la inauguración del gobierno de Herrera, ofreció la ‘solidaridad inteligente’ del partido, en obvios distanciamiento y condicionamiento. A la postre, visto el desempeño de Herrera y Fernández, parece que Caldera tuvo razón». (Las élites culposas).
En ese libro anoté además acerca del magistral discurso del 4F: «…Rafael Caldera pronunció (…) uno de los mejores discursos de su vida, premunido de su condición de Senador Vitalicio».
Caldera estaba diciendo, valientemente, la verdad. Más valientemente continuó: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad… El golpe militar es censurable y condenable en toda forma, pero sería ingenuo pensar que se trata solamente de una aventura de unos cuantos ambiciosos que por su cuenta se lanzaron precipitadamente y sin darse cuenta de aquello en que se estaban metiendo”. Tenía razón, como lo hemos comprobado los venezolanos hasta la saciedad. Cuatro días después del primer levantamiento militar de 1992, el diario El Nacional publicó un artículo firmado por Manuel Alfredo Rodríguez, llamado sencillamente “Caldera”. En éste expuso: “El discurso pronunciado por el Maestro Rafael Caldera el 4 de febrero, es un elevado testimonio de patriotismo y un diáfano manifiesto de venezolanidad y humanidad. Pocas veces en la historia de Venezuela un orador pudo decir, con tan pocas palabras, tantas cosas fundamentales y expresar, a través de su angustia, la congoja y las ansias de la patria ensangrentada”. Y para que no cupieran sospechas aclaró: “Nunca había alabado públicamente a Rafael Caldera, aunque siempre he tenido a honra el haber sido su discípulo en nuestra materna Universidad Central. Nunca he sido lisonjero o adulador, y hasta hoy sólo había loado a políticos muertos que no producen ganancias burocráticas ni de ninguna otra naturaleza. Pero me sentiría miserablemente mezquino si ahora no escribiera lo que escribo, y si no le diera gracias al Maestro por haber reforzado mi fe en la inmanencia de Venezuela”. Nada menos que eso después de declarar: “La piedra de toque de los hombres superiores es su capacidad para distinguir lo fundamental de lo accesorio y para sobreponerse a los dictados de lo menudo y contingente. Quien alcanza este estado de ánimo puede meter en su garganta la voz del común, y mirar más allá del horizonte”.
La misma fauna que cobra odiosamente a Caldera sus palabras, aplaude en Facebook éstas de Nelson Mandela: «La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndole».
El 23 de enero de este año pude decir unas pocas cosas acerca de su benéfica trayectoria en la emisión #180 de Dr. Político en RCR.
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Esta nota ha sido suscitada por el amable correo que hoy recibiera de Andrés Caldera Pietri, el menor de sus hijos varones. (Como corresponde a mi edad, he tratado más frecuentemente a los mayores: Mireya, Rafael Tomás y Juan José Caldera Pietri). La comunicación incluía el enlace a una entrevista que le hizo Carolina Jaimes Branger con ocasión del enjundioso y hermoso libro acerca de la vida excepcional de su padre, repleto de entrañables fotografías familiares: Caldera – Con orgullo de ser venezolano. («Fui hecho cien por ciento en Venezuela»). Acá abajo, el audio de la cálida conversación:
Caldera: «un venezolano de excepción». (clic amplía)
Igualmente vino con el correo electrónico de Andrés un conmovedor documento: una carta de Rómulo Betancourt a Doña María Eva de Liscano, la tía y madre de crianza de Rafael Caldera, huérfano a sus dos años de edad. Betancourt testifica en ella de su hijo: «…es un venezolano que a Venezuela honra».
De los Caldera Pietri puedo afirmar lo mismo que dije de los hermanos Sucre-Eduardo—Andrés, el mayor de éstos, firmó con Caldera el acta fundacional de COPEI el 13 de enero de 1946—en el prólogo a Alicia Eduardo: Una parte de la vida (Fundación Empresas Polar), el libro de mi esposa sobre sus abuelos paternos:
La nobleza, la solidaridad, la discreción, la alegría, el sentido de realidad, la noción del deber ineludible, la paciencia, el respeto del prójimo y lo ajeno, el espíritu de cuerpo, la seriedad, (…) la falta de pretensión y una orientación práctica y desenredada hacia la vida, son rasgos comunes a los Sucre Eduardo, y esa múltiple conjunción, reiterada doce veces, sólo puede explicarse en la labor paternal y maternal de Andrés y Alicia.
Los Caldera-Pietri sólo se explican a partir de la labor familiar de Rafael Caldera y Alicia Pietri, y su excelencia es la cosecha de su séxtuple siembra. Para muestra un botón; he obtenido permiso de Rafael Tomás (de Aquino) Caldera Pietri para obsequiar acá su luminoso estudio de El Principito, la obra cumbre de Antoine de Saint-Exupéry. Concluimos mi señora y yo su lectura, a cuatro manos, tan sólo el domingo pasado, y al leer su última línea prorrumpí en aplausos. Minutos después le escribía: «No sé como darte gracias por la hermosa y profunda epifanía de esta tarde, al leer tu profundo y hermoso texto. (Hay que ser un dulce y sabio artesano para haberlo escrito)».
He aquí lo que un fino espíritu puede ver en lo que otros no percibimos sino con su ayuda:
El Presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, dijo hoy en su turno de último orador—en la sesión dedicada a la decisión del Tribunal Supremo de Justicia sobre las facultades de control del Poder Legislativo Nacional—que esa sentencia «es inválida, inexistente, no vinculante» porque «el artículo 40 exige (de la Ley del TSJ) que la sentencia esté firmada por las dos terceras partes de los magistrados de la Sala, es decir, por cinco de los siete magistrados y consta en la misma sentencia que fue firmada solo por cuatro, porque los tres magistrados exprés, por escrúpulos no firmaron». (…) «El TSJ en su carrera, en su malandanza, en su apuro, no se dio cuenta de que violaba su propio reglamento». (Según nota en la web del diario El Universal).
Cabe esta confusión; por un lado, la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia establece: «Quórum de decisión – Artículo 11. Para que sean válidas las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia se requiere el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros que la deban integrar». Por el otro, el Artículo 40 de su Reglamento dispone:
Las decisiones de la Sala Plena se adoptarán por la mayoría simple de los Magistrados y Magistradas presentes, salvo en los casos que disponga la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, que requieran del voto favorable de la mayoría absoluta de los Magistrados y Magistradas presentes. A los efectos del presente Reglamento se entenderá por mayoría simple la mitad más uno de los Magistrados y Magistradas de la Sala Plena presentes en la sesión. Si el número de Magistrados y Magistradas es impar, la mayoría será la mitad del número par inmediato superior. Mientras que, la mayoría absoluta equivale al voto favorable de las 2/3 partes de los Magistrados y Magistradas que integran la Sala Plena. Cuando en el presente Reglamento Interno se utilice el vocablo «mayoría» sin calificarse, deberá entenderse que se trata de mayoría simple.
¿Qué se entiende, en general, por mayoría absoluta? Según el DRAE, lo mismo que por mayoría simple: «mayoría absoluta1. f. mayoría que consta de más de la mitad de los votos». Es decir, la mitad más uno, que en el caso de la Sala Constitucional de siete miembros es el número de cuatro magistrados.
¿Debe acá prevalecer la definición de mayoría absoluta que se expone en el Artículo 40 del Reglamento de la Ley? Notemos acá tres cosas: primera, que el artículo dice «A los efectos del presente Reglamento se entenderá…», es decir, que no se pretende aplicar sus definiciones a otras normas legales o reglamentarias (específicamente, no se aplica al Artículo 11 de la Ley); segunda, que lo dispuesto en ese artículo se predica exclusivamente de la Sala Plena y, por tanto, de ninguna otra de las salas, la Constitucional entre ellas; tercera, que «los casos que [dispone] la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, que [requieren] del voto favorable de la mayoría absoluta—2/3 «A los efectos del presente reglamento»—de los Magistrados y Magistradas presentes» no son decisiones de jurisprudencia de una sala, sus sentencias, sino asuntos extraordinarios como el nombramiento de magistrados que integren las salas especiales o la declaratoria de mérito para el enjuiciamiento del Presidente de la República.
Es cuestión de correcto castellano. Ni Ramos Allup ni quienes lo asesoraron sobre el punto tienen la razón. LEA
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