el blog de luis enrique alcalá

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

A lo mejor sirve (la AN) para algo

 

Composición de la Asamblea Nacional – (Gráfico tomado de Wikipedia en Español)

 

Ayer reportaba el diario El Universal:

La Asamblea Nacional (AN) se declaró en sesión permanente este martes 29 de octubre ante la crisis venezolana, por lo que sesionarán este miércoles a partir de las 10:00 de la mañana. El presidente del Parlamento, Juan Guaidó, aseguró que la oposición está “lista” para solucionar la crisis nacional e invitó a la bancada oficialista a ponerse de acuerdo para alcanzar resultados positivos para el país. “Nosotros estamos listos para buscar una solución, cualquiera de ustedes vaya, presente la propuesta y nos vemos mañana”, expresó. Además discutieron la designación del comité de postulaciones electorales para el Centro Nacional Electoral (CNE).‬

Pero registró Panorama el mismo día:

El diputado por la bancada del Psuv, Francisco Torrealba, indicó que la renovación de los rectores del CNE se realizará a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), si el Parlamento se mantiene en desacato. “Si no se hace aquí, en la Asamblea Nacional (AN) se hará por vía de omisión legislativa en el Tribunal Supremo de Justicia. Pero de cualquier manera nosotros queremos que haya condiciones suficientes” para llevar a cabo las elecciones parlamentarias el próximo año, señaló Unión Radio.

Y Noticiero Digital destacó el alegato de un economista (“y experto petrolero”), José Toro Hardy:

“La vía constitucional para designar CNE es a través de la AN. La vía inconstitucional es a través del TSJ. La comunidad internacional lo sabe”, escribió en Twitter. “La falacia del desacato de la AN deja muy mal parado al TSJ ante la Comunidad Internacional”. Refirió que cuando la justicia se usa para desvirtuar la democracia “se sientan las bases para la instauración de una tiranía”.

Sobre esto último, el desacato existe; no es una falacia. (Ver Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019). Y parece ser que en opinión de Toro Hardy la tiranía aún está por instaurarse; sólo estarían sentándose sus bases.

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El 5 de junio de 2018, se reprodujo y comentó acá—A un corresponsal no identificado—”una entrevista realizada por María Angélica Correa (El Tiempo, 22 de mayo de 2018) a Miguel Ángel Martín, quien preside el Tribunal Supremo de Justicia ‘legítimo’ (en el exilio)”. He aquí dos de las preguntas que éste recibiera y sus contestaciones:

Ante un Consejo Nacional Electoral que es un brazo ejecutor del régimen, ¿la AN tiene facultad de designar los nuevos rectores a quienes ya se les terminó el período?

Es su competencia.

¿Aún están a tiempo?

Sí, porque es una omisión legislativa que pueden hacerla en cualquier momento.

Este blog comentó entonces: “Eso es; la AN presidida por Ramos Allup arrastró los pies y perdió el tren. Lo sé por José Rafael Revenga, quien formara parte del Comité de Postulaciones nombrado por ella. Oímos su espeluznante relato Leopoldo Baptista Zuloaga, Roberto Picón Herrera, Melquíades Pulido y yo”. (Al cierre de 2016 parecía que nadie podría superar la torpeza de Henry Ramos Allup en la Presidencia de la Asamblea Nacional: se inició el 5 de enero de ese año con su declaratoria, enteramente inconstitucional, de que era un “compromiso no transable” de la AN encontrar el modo de causar “la cesación de este gobierno”, y fue él quien desacatara dos veces la sentencia de suspensión provisional de los efectos de las elecciones de diputados por el estado Amazonas; él también quien torpedeara dentro de la Mesa de la Unidad Democrática la promoción del referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro; él quien ignorara la Ley Orgánica de Estados de Excepción permitiendo la vigencia automática del Decreto de Emergencia Económica, que consagrara la explicación de la “guerra económica” a la situación nacional. Pronto, sin embargo, lo superaría Julio Borges con la alucinada e irresponsable declaratoria de abandono del cargo por parte de Maduro y el nombramiento inconstitucional de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, sólo para que en este año Juan Guaidó quebrara todos los récords al autoproclamarse encargado de la Presidencia de la República y sostener que la Constitución permite a la Asamblea Nacional autorizar una invasión extranjera, lo que luego completaría con la “activación” del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que según él tiene que ver primariamente con “ayuda humanitaria”: “Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”, declaró el 22 de julio).

Si Guaidó es capaz de encontrar con prontitud suficiente sensatez, debe intentar primeramente, como se lo ha indicado el diputado Torrealba, la superación del desacato de la Asamblea Nacional a la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, que este mismo órgano y la Presidencia de la República le invitaron a subsanar a comienzos del año pasado. Es su deber de Presidente de la Asamblea Nacional recuperar la eficacia del Poder Legislativo Nacional.

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La actual Asamblea Nacional cesará en funciones en los primeros días de enero de 2021, por lo que el año que viene deberá elegirse una nueva, y es posible la convocatoria de una nueva elección de Presidente de la República antes de agotar el actual período, que vence el 10 de enero de 2025, si se produce una decisión del Pueblo en referendo convocado al efecto. En Prontas elecciones (22 de octubre de ¡2016!), se planteó lo siguiente:

Exijamos, en cambio, a la Asamblea Nacional que escuche el clamor del Pueblo que quiere elegir prontamente un nuevo presidente. Ella puede, por mayoría simple de 84 brazos alzados, convocar inapelablemente ese referendo tan lógicamente fundado como aconsejable. Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).

Nueve meses antes, a cuatro días escasos de la instalación de la actual Asamblea Nacional (5 de enero de 2016), en el programa #178 de Dr. Político en RCR, se propuso a ese cuerpo una alianza suya con el Pueblo para la convocatoria de referendos. Es hora de que haga caso; es eso lo fundamental. Pero primero lo primero: el cese del desacato. No estamos para malacrianzas. LEA

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Actualización: el diputado Guaidó participó en una reunión del Frente Amplio Venezuela Libre del 31 de octubre; reporta el diario Panorama:

El presidente de la Asamblea Nacional y dirigente de la oposición, Juan Guaidó, descartó que el sector que representa vaya a participar en elecciones parlamentarias, a pesar de que se cambie el Poder Electoral. “El origen de la crisis en Venezuela no son las parlamentarias, por eso no vamos a participar en parlamentarias ni nada que no permita una solución”.

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La ola de la protesta planetaria (explicada)

 

La Primavera Árabe

 

Lo que sigue es una traducción no autorizada de un trabajo en The Interpreter (un servicio de The New York Times) con fecha de hoy: The Global Protest Wave, Explained. Sus autores son Max Fisher y Amanda Taub, y ofrecen una importante interpretación del fenómeno de protestas generalizadas en el planeta. (Hace exactamente tres semanas, se trajo a este blog un conjunto de citas—La médula del problema—de las que bastará refrescar el comienzo de una, tomada de Una especie política nueva—11 de marzo de 2015—: “Es evidente la proliferación de crisis políticas en el mundo en estos tiempos, y tal cosa sugiere que más que sólo eso estamos ante una crisis planetaria de la Política en tanto profesión”).

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Ni es la imaginación de Ud. ni los últimos meses han sido atípicos: las protestas masivas están aumentando en todo el mundo. Se han vuelto más comunes año tras año desde el final de la Segunda Guerra Mundial y ahora alcanzan un nivel de frecuencia sin precedentes. Y si pudiera parecer difícil encontrar un hilo conductor—manifestaciones anticorrupción en el Líbano, manifestaciones separatistas en España, marchas en favor de la democracia en Hong Kong, protestas contra la desigualdad en Chile y los resultados electorales en Bolivia, por nombrar solo los más recientes—, eso no es una coincidencia. Porque todo esto está siendo impulsado por algo más que las causas inmediatas de cada alzamiento individual. El mundo está cambiando de tal forma que hace que las personas sean más propensas a buscar cambios políticos radicales saliendo a la calle.

Antes de explicar esos cambios y cómo han creado una era de descontento global, hay otra tendencia que Ud. debiera conocer. Las protestas también se están volviendo mucho más propensas al fracaso. Hace solo 20 años, el 70 por ciento de las protestas que exigían un cambio político sistémico lo obtuvieron, una cifra que había estado creciendo constantemente desde la década de 1950. A mediados de la década de 2000, esa tendencia se revirtió de repente. En todo el mundo, la tasa de éxito de los manifestantes se ha desplomado a solo el 30 por ciento, según un estudio de Erica Chenoweth, una científica política de la Universidad de Harvard que calificó el descenso como “asombroso”. “Realmente, algo ha cambiado”, nos dijo Chenoweth, quien estudia los disturbios civiles. Para comprender ese cambio, consideremos cuatro transformaciones principales tras nuestra nueva normalidad de protesta global masiva y lo que revela acerca del mundo.

 

(1) La democracia se está estancando

Lo que antes era un crecimiento constante de la democracia en todo el mundo se ha estancado, y tal vez esté comenzando a revertirse. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, el número de países que avanzan hacia el autoritarismo supera el número de los que avanzan hacia la democracia, según un estudio reciente de Anna Lürhmann y Staffan Lindberg de la Universidad de Gotemburgo en Suecia.

Las causas de este cambio son complejas y aún están en disputa. Las actitudes nacionalistas están aumentando, y los votantes eligen cada vez más a posibles hombres fuertes. Las presiones internacionales en pro de la democratizción se han relajado. La corrupción global ha ayudado a afianzar los sistemas políticos rotos.

Cualquiera que sea la causa, hay algo que no ha cambiado. Las presiones de abajo hacia arriba que generalmente se manifiestan como demandas públicas o al menos un deseo de democracia, como el crecimiento de las clases medias, todavía están acumulándose, como lo han hecho a lo largo de la era moderna. Pero ahora que la gente no está obteniendo democracia, es como si se hubiera cerrado una válvula de escape. Esa presión acumulada se está liberando en forma de explosiones de indignación masiva. Y debido a que las vías de cambio dentro del sistema, como votar en las elecciones o presionar a los funcionarios electos, son consideradas cada vez menos confiables, la gente busca el cambio desde fuera del sistema, con protestas masivas.

Mientras que antes los dictadores solían surgir de la noche a la mañana, en golpes de Estado o auto-coronaciones, ahora emergen gradualmente, acumulando poder poco a poco en un proceso que puede desencadenar ciclos de protesta de muchos años. Pero la mayoría de los gobiernos está estancada en algún punto intermedio entre los sistemas democráticos y los autoritarios—países como el Líbano o Irak—, que tienen elecciones pero también partidos que no responden. Esos países intermedios, donde los ciudadanos tienen suficiente libertad para esperar y exigir un cambio pero no para obtenerlo, pueden ser los más susceptibles a una repetida revuelta popular. Tales países pudieran quedar “atrapados en una trampa de equilibrio de bajo nivel” entre los disturbios y la reforma, escribió Seva Gunitsky, politóloga de la Universidad de Toronto, en un artículo reciente. Estas “democracias superficiales”, escribió, pueden ser “lo suficientemente receptivas como para subvertir o adelantar protestas sin verse obligadas a emprender reformas liberales fundamentales o aflojar su monopolio sobre el control político”, lo que asegura un ciclo tras otro de indignación y decepción pública.

 

(2) Las redes sociales hacen que las protestas sean más propensas a iniciarse, más probable que aumenten de tamaño y más probable que fracasen

Inicialmente recibidas como una fuerza de liberación, ahora las redes sociales “realmente aprovechan la represión en la era digital mucho más que la movilización”, dijo Chenoweth. Una teoría desarrollada por Zeynep Tufekci, un académico de la Universidad de Carolina del Norte, postula que las redes sociales facilitan a los activistas la organización de protestas y alcanzar rápidamente números que antes eran impensables, pero que esto es realmente un pasivo. Chenoweth dijo que la facilidad con que las redes sociales permiten a los activistas atraer a los ciudadanos a las calles, “puede dar a las personas una sensación de falsa confianza; 200.000 personas hoy no es lo mismo que 200.000 personas hace 30 años, porque están menos comprometidas”.

Ella aludió, en comparación, al Comité No Violento de Coordinación de Estudiantes, o SNCC, un grupo estudiantil de derechos civiles que jugó un papel importante en el movimiento de derechos civiles. En esa era anterior a los medios sociales, los activistas tuvieron que pasar años movilizándose a través del alcance comunitario y la construcción de organizaciones. Los activistas se reunían casi a diario para ensayar, elaborar estrategias y resolver desacuerdos. Pero esas tareas hicieron que el movimiento fuera más duradero, asegurando que se constituyera en redes populares del mundo real. Y eso significó que el movimiento tenía la organización interna, tanto para perseverar cuando las cosas se ponían difíciles como para traducir victorias callejeras en resultados políticos cuidadosamente planificados.

Las redes sociales permiten que los movimientos salten muchos de esos pasos, poniendo más personas en las calles más rápidamente, pero sin la estructura subyacente para ayudar a obtener resultados. Esto prepara a las sociedades para ciclos recurrentes de protestas masivas, seguidas de un fracaso para lograr el cambio, seguido de más protestas impulsadas por las redes sociales.

Al mismo tiempo, los gobiernos han aprendido a cooptar las redes sociales, utilizándolas para difundir propaganda, movilizar a sus simpatizantes o simplemente difundir la confusión. Rara vez es eso suficiente para que los gobiernos anulen toda disidencia, pero no es necesario que lo sea. Para prevalecer, solo necesitan crear suficiente duda, división o desconexión cínica para que los manifestantes no logren una masa crítica de apoyo. Las campañas progubernamentales de redes sociales ni siquiera necesitan ser tan sofisticadas; para compensar, los gobiernos tienen bolsillos muy profundos.

 

(3) Una polarización social recrecida

Hay un hecho acerca de los movimientos de protesta que a menudo se pasa por alto. Frecuentemente pensamos que las protestas masivas representan a “la gente”. Así es como los participantes las describen, y eso le da a sus protestas un cierto grado de legitimidad democrática. Pero la verdad, en casi todos los casos, es que están impulsadas ​​principalmente por una clase social particular o un grupo de clases sociales.

Eso no hace que las protestas sean menos legítimas. Sí, sin duda tendrán asistentes de todos los estratos sociales, y los manifestantes podrían tener razón al posicionar sus demandas al servicio de toda la sociedad, pero cualquier movimiento, especialmente al principio, está generalmente animado por una clase social que colectivamente exige cambios que servirán a esa clase o, tal vez con la misma frecuencia, que exige revertir los cambios que la han perjudicado. (Cuando se unen suficientes clases sociales, particularmente los estratos más pobres que son históricamente menos propensos a protestar, se produce una revolución).

En Hong Kong, por ejemplo, el movimiento en verdad intenta principalmente proteger la democracia y el estado de derecho ante la invasora influencia autoritaria de Beijing. Pero ese movimiento es impulsado principalmente por estudiantes y profesionales de clase media, que han visto afectada su ubicación en la sociedad por los cambios en la estructura de la economía de Hong Kong—por ejemplo, el drástico aumento en los precios de alquiler a personas demasiado ricas para calificar como receptoras de subsidios—y por la rápida inmigración de China continental. He aquí por qué eso es importante para comprender la avalancha de disturbios mundiales: la polarización social está aumentando en todo el mundo. La gente está más polarizada a lo largo de líneas raciales, de clase y partidistas. Como resultado, es más probable que se aferre a su sentido de identidad grupal y vean a su grupo como asediado, obligándola a levantarse colectivamente.

Al igual que con el estancamiento de la democracia, probablemente hay muchas razones para ese aumento de la polarización social: la considerable alteración de la economía, el aumento de la inmigración en todo el mundo, las reacciones contra los ideales liberales de la multiculturalidad y la igualdad posteriores a la Segunda Guerra Mundial… Pero a medida que las personas solidifican su sentido de identidad grupal, se enfocan mucho más en las diferencias percibidas entre “nosotros” y “ellos”. El resultado es a menudo una sensación de conflicto entre “la gente” y “el sistema”—lo que es una receta de violentas reacciones populistas en países en los que la gente aún confía lo suficiente en las instituciones para lograr cambios a través de las elecciones, con alzamientos antisistema en otros lugares.

 

(4) Aprendizaje autoritario

Los hombres fuertes del mundo, los posibles hombres fuertes y los francamente dictadores parecen haber notado el aumento de los disturbios civiles, y especialmente el éxito de los manifestantes en forzar el cambio. Las protestas no violentas se convirtieron, para los autoritarios del mundo, en una amenaza tan peligrosa como cualquier ejército extranjero, si no más.

A mediados de la década de 2000, comenzaron a luchar con lo que la Sra. Chenoweth llamó, en un documento de 2017, “esfuerzos conjuntos para desarrollar, sistematizar e informar sobre técnicas y mejores prácticas para contener tales amenazas”. Las prácticas y herramientas de análisis de redes, por ejemplo, ayudan a los gobiernos a identificar el puñado de activistas y organizadores que actúan como nodos en un movimiento social. El encarcelamiento o amenaza de esas personas puede ser incluso más eficaz que una represión a gran escala, con menos riesgo de provocar una reacción violenta más amplia. Y, dijo la Sra. Chenoweth, los gobiernos aprendieron a observarse mutuamente para obtener lecciones acerca de herramientas y tácticas, e incluso a compartirlas abiertamente.

Este intercambio directo e indirecto de lecciones tiene un nombre: aprendizaje autoritario. Estas estrategias de gato y ratón, para frustrar y redirigir el disenso popular sin aplastarlo, son una de las principales razones por las que el grado de éxito de las protestas se ha desplomado. Pero tales estrategias tampoco derrotan directamente a la disidencia, por lo que pudieran estar ayudando a garantizar futuros ciclos de protestas, manteniendo alta la tasa global.

Los movimientos de protesta no logran de manera confiable un cambio político rápido y transformador en la forma en que solían hacerlo. Pero la Sra. Chenoweth encontró que ya no son aplastados violentamente con tanta frecuencia. Sus agravios subyacentes permanecen, al igual que su capacidad y su disposición para inundar las calles con indignación, en ciclos recurrentes de disturbios perturbadores pero no transformadores. No es el resultado ideal para ningún gobierno, pero en última instancia es una victoria. Entonces, si bien esto pudiera parecer la era del poder de la gente, tal vez sea más preciso describirlo como una era de frustración enojada.

 

Max Fisher & Amanda Taub

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En la primera sección del análisis de Fisher y Taub se encuentra esta afirmación: “Las presiones de abajo hacia arriba que generalmente se manifiestan como demandas públicas o al menos un deseo de democracia, como el crecimiento de las clases medias, todavía están acumulándose, como lo han hecho a lo largo de la era moderna”. A propósito de eso, Daniel Zovatto, politólogo, jurista y Director regional de IDEA, ofrece pedagógicas observaciones acerca del caso chileno en esta recentísima entrevista.

 

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Política épica

 

Presentación de dirigentes de oposición en uno de los estadios de la UCV

 

Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas.

Will Durant – Los placeres de la Filosofía

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El sitio web de Banca y Negocios reportó una presentación de Datanálisis—Escenarios Datanálisis Respuestas Concretas ante la Crisis—, celebrada ayer, 18 de octubre, fecha franquicia de Acción Democrática, pues en ese día de 1945 un golpe de Estado derrocó al presidente Isaías Medina Angarita para inaugurar lo que se nombraría como el “Trienio Adeco”. (En menor medida, puede reivindicarla como suya Eduardo Fernández, al haber nacido exactamente cinco años antes de producirse tal turbulencia, en 1940). La reseña registra la pregunta que dirigiera el moderador del evento a José Antonio Gil, Director de Datanálisis: “¿Se va a ir Maduro?”

Sin embargo, Gil Yepes no pudo responder de forma clara a la pregunta de si Maduro se irá. “Nadie lo sabe”, fue lo primero que pudo señalar después de esperar unos segundos para su respuesta. El alto grado de impopularidad de Maduro no significa que su salida esté próxima. El grado de aceptación del principal líder de la oposición, Juan Guaidó, cayó de 49% a 39%. “Venezuela parecería ser un país sin héroes”, aseguró el director de Datanálisis.

Gil logró evocar en mí una máxima de Bertolt Brecht—”un dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo xx, creador del teatro épico, también llamado teatro dialéctico” * (Wikipedia en Español)—, quien dijera: Desgraciado el país que necesita héroes”.

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El género de la novela, una narración en prosa de extensión mayor a la de un mero cuento, no aparece en Occidente hasta el siglo XIII, con la obra Blanquema (1283), de Raimundo Lulio. Hasta entonces, el género narrativo predominante era el épico, que registraba grandes hazañas aderezadas con una buena dosis de mitología; sus protagonistas eran heroicos. Pero nuestra política cotidiana no ha llegado aún a la época novelesca; sigue siendo una turbulenta corriente de conflictos”.

Acaba de producirse uno de esos rituales e inútiles intercambios que son formulados en dimensiones heroicas (destacados en cursivas de este blog):

La actriz Liliana Morillo comentó una de las recientes publicaciones que realizó Juan Guaidó en su cuenta en Instagram, mensaje que al parecer no fue del agrado del político. “Sigue dialogando, señor. Que va bien, muy bien. No me joda”, escribió Morillo en un post en el que Guaidó habla de la muerte de Edmundo Rada, mejor conocido en la parroquia Petare como Pipo, quien supuestamente fue asesinado por los “esbirros de la dictadura por estar liderando protestas a favor de los derechos de la gente de su barrio”. “Acaban de matar a un hermano de lucha, Liliana. Sé que eres cristiana y que conoces la misericordia como concepto. Mañana es el funeral de ese hermano de lucha. Será en Petare, el lugar donde luchó y donde nosotros seguiremos luchando. Aquí y con fuerza», le contestó Guaidó a la hija de Lila Morillo y «El Puma» Rodríguez. “Usar el sarcasmo en este momento, siendo una cristiana que conoce la misericordia, no es de Dios”, agregó. “No cuando se hace en contra de quienes estamos poniendo el pecho. Dios te bendiga a ti y a los tuyos”, continuó. (nuevodia.com).

Cuatro menciones de lucha, una de puesta del pecho y una de fuerza en tan sólo 83 palabras. Nuestros políticos convencionales (y los de otros países) entienden la actividad política como lucha por el poder, no como la solución de problemas de carácter público. Eso no es nada nuevo: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”. (Declaración de Pedro Pablo Aguilar, Secretario General de COPEI, al diario El Nacional, 7 de junio de 1986. Guaidó estaba por cumplir tres años de edad).

Al menos Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Héctor Rodríguez, Vladimir Padrino, Tarek William Saab, Aristóbulo Istúriz, Juan Guaidó, Ma. Corina Machado, Diego Arria, Ricardo Hausmann, Nitu Pérez Osuna, Stalin González… (paro de contar) se perciben como héroes de una gloriosa epopeya; son contraejemplos del dictamen de Gil Yepes y, como entendiera Brecht, desgraciada Venezuela si los necesitara. LEA

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* La dialéctica—del griego διαλεκτική (dialektikḗ), τέχνη (tékhnē), literalmente: técnica de la conversación; con igual significado, en latín (ars) dialectica—es una rama de la filosofía cuyo ámbito y alcance han variado significativamente a lo largo de la historia. Originariamente designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo que actualmente se llama lógica. En el siglo XVIII el término adquirió un nuevo significado: la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos… (Wikipedia en Español).

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El demos cabe en la red

 

La democracia digital

 

Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento.

El mes de Janoreferéndum #11, 21 de enero de 1995.

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El “único” poder legítimo de la Asamblea Nacional fue establecido el 6 de diciembre de 2015, en elecciones organizadas por el mismo Consejo Nacional Electoral que tenemos actualmente, bajo la misma presidencia de Tibisay Lucena. En camino hacia ese evento, “la Mesa de la Unidad Democrática experimentó dificultades con la selección de sus candidatos a la Asamblea Nacional; pudo celebrar primarias en sólo 33 de los 87 circuitos electorales involucrados el 16 de mayo. El argumento adelantado entonces era el costo que sería presuntamente impagable”. (Cómo seleccionar un candidato, 29 de agosto de 2016). El punto fue levantado por el suscrito, con suficiente tiempo, en una entrevista en el programa Y así nos va que transmitiera Radio Caracas Radio; he aquí el audio del breve pasaje preciso:

Fragmento de Y así nos va (17 de marzo de 2015)

 

La MUD tenía a su disposición un modo verdaderamente económico de efectuar elecciones primarias, en Internet, para determinar sus candidatos en todos los circuitos, y optó por otro camino.

El número de internautas venezolanos mencionado en el programa de Hernández y Lara, así como el de usuarios de teléfonos inteligentes*, continuó ascendiendo aun en medio de nuestras dificultades económicas. Así lo registró Tendencias Digitales, una filial de Datanálisis dedicada desde hace años a medir la penetración de Internet en Latinoamérica, en elocuentes cifras de fines del año pasado:

 

En crecimiento constante

 

La vocación de modernidad del Pueblo de Venezuela

 

El 70% de los internautas puede votar

 

Por estos días de reciente y creciente apoyo a la proposición** de resolver nuestros problemas mediante consultas referendarias, pudiéramos tomar conciencia de tales magnitudes, y asimismo de este principio útil al Pueblo en la Red de redes, estrenado en el Artículo 4 de la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas (17 de enero de 2001): Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos… LEA

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* A fines de 2017, se estimaba en 16 millones la cantidad de teléfonos inteligentes en uso en Venezuela.

** Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional. (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

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De audición infrecuente

 

Las perlas musicales escondidas

 

A Susana Carolina Gil Olo, de nobles raíces estonianas.

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Es poco probable que el nombre de Hugo Alfvén, compositor nacido en Estocolmo, sea familiar incluso para melómanos avezados, pero apuesto a que muchos hemos oído su Rapsodia sueca #1, apodada Midsommarvaka, (Vigilia en medio del verano). Cotejemos nuestra memoria musical con esta versión de la Orquesta de Filadelfia, conducida por quien la puliera hasta la perfección, el húngaro Eugene Ormandy:

 Rapsodia sueca #1

Asimismo, apuesto alto a que el nombre de Julius Fučík, músico nacido en Praga, es bastante desconocido entre nosotros, aunque todos recordemos instantáneamente su Entrada de los gladiadores, probablemente escuchada por primera vez en una función de circo (Elgar Howarth dirige el Ensemble de Philip Jones):

Entrada de los gladiadores

Más de una vez vi la carátula de discos con piezas de Ernst von Dohnányi, un compositor húngaro no tan innombrado, en el salón de música de mi compinche y maestro sinfónico, Rafael Sylva, y creo recordar lo mismo en casa de un gran amigo de juventud, Johann Ossott Franklin. El recuerdo es sólo visual; no fue sino hasta hace muy poco cuando oyera su primera sinfonía, cuyo movimiento inicial pongo acá abajo (Leon Botstein dirige la Orquesta Filarmónica de Londres):

Sinfonía #1 en Re menor – 1. Allegro

¿Había oído algo del sueco Johan Svendsen? Nada de nada. He aquí una hermosa pieza suya, con Miklos Szenthelyi en el violín y Gyorgy Gyorivånyi-Råth al frente de la Orquesta Estatal Húngara:

Romance en Sol mayor

Tal vez haya escuchado cuando niño, en casa de mi madrina de bautizo, el aria de Stanislao Gastaldon que continúa este grupo de piezas, pues ella tenía unos cuantos discos de 78 r. p. m. con grabaciones de Enrico Caruso, quien acá la canta. Entiendo que fue o era una canción popular:

Musica prohibita

De quien sí había aprendido algo era de Josef Suk, e incluso que fue discípulo y yerno de Antonín Dvořák, pero no hace mucho que descargué su refrescante Serenata para cuerdas, a cargo de Bohdan Warchal ante la Orquesta de Cámara Eslovaca:

Serenata para cuerdas en Mi bemol mayor – 1. Andante con moto

Deliberadamente, dejé de última la pieza que prefiero en este grupo de obras: el primer movimiento del Concierto para piano y orquesta en Sol mayor de Artur Lemba, la primera obra de esa clase compuesta en Estonia. (Lemba también compuso la primera sinfonía estoniana). Mihkel Poll al piano y Paul Mägi, quien dirige la Orquesta Sinfónica de la Academia Estoniana de Música y Danza, se encargan de cerrar esta ofrenda de música inusual, pero muy satisfactoria.

Concierto #1 en Sol mayor – 1. Allegro moderato

 

Una galería de músicos indespreciables

 

Seguiremos escarbando. LEA

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La médula del problema

 

Es cuestión de marcos mentales

 

No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa.

José Ortega y Gasset

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A L. H. B.

Por todas partes hay desarreglos políticos importantes. En nuestro continente, Ecuador vive ahora un estado de excepción, Perú tiene una crisis en la que no se sabe bien quién gobierna, Argentina padece de nuevo serísimos problemas económicos, Brasil está gobernado por un neurótico tan desequilibrado como Donald Trump, Justin Trudeau enfrenta problemas de credibilidad y gobernabilidad en Canadá, el México de López Obrador parece no dar pie con bola, Nicaragua no sale de sus problemas, Venezuela los sufre mucho peores… Cruzado el Atlántico, Inglaterra vive una crisis tras otra de su sistema parlamentario en el manejo del Brexit, Francia no ha terminado de reducir la militante insatisfacción de los chalecos amarillos, Italia; bueno, Italia… Los chinos se han enredado en Hong Kong, Arabia Saudita insiste en sus anacrónicos y crueles medios de regir, Siria ha incurrido en gravísimas violaciones de derechos humanos…

¿Será que la raíz de tales procesos es común? Bien pudiera ser que esos casos clínicos de enfermedad política, en apariencia dispares, tengan que ver con cosas como éstas:

En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate.

De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998

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Es evidente la proliferación de crisis políticas en el mundo en estos tiempos, y tal cosa sugiere que más que sólo eso estamos ante una crisis planetaria de la Política en tanto profesión. No otra cosa es el fenómeno manifestado en el Movimiento de los Indignados, Occupy Wall Street, el ascenso de Podemos en España, el de Syriza en Grecia y la sorpresiva votación de las últimas elecciones del Parlamento Europeo, que fueron un rechazo a las organizaciones políticas tradicionales y la vigorosa expresión de radicalismos de derecha e izquierda.

Una especie política nueva, 11 de marzo de 2015

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¿Es que podemos afirmar que falta mucho para que ocurran “caracazos” a escala planetaria, continental o subcontinental? ¿Podemos decir que son imposibles? Por más que avancen las tecnologías del poder, el poder último es el de la humanidad, que perfectamente puede manifestarse en alteraciones del orden público a escala del mundo, como la misma tierra parece alterar el clima, la marcha de los océanos, el vulcanismo, en reclamo por nuestras agresiones. Pobladas simultáneas en las principales ciudades suramericanas tendrían efectos tan drásticos y extensos como los del Niño.

La crisis como antifaz, 26 de junio de 2003

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Un tsunami político se ha desatado en el mundo árabe y no ha cesado. Comenzó al norte de África, en Túnez; alcanzó al Yemen; llegó a tierra de faraones, donde la inundación de ciudadanos egipcios está dando al traste con una dictadura de 30 años; ha hecho que el Rey de Jordania ponga sus bardas en remojo y, poco después, que parezca inminente la llegada de la ola a Siria. Ahora Hosni Mubarak, otrora hombre fuerte de Egipto, se ha visto forzado a declarar que no buscará otra reelección en las previstas elecciones de septiembre de este año. Ya no podrá gobernar “hasta el 2021”, pero es muy poco probable que llegue a septiembre.

Lista de espera, 1º de febrero de 2011

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…en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio (29/06/13), sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”. Es Nicolás Maduro quien no ha dejado de citar al toro del atentado y… los toros embisten.

 Huele a humo, 27 de junio de 2017

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El cambio político necesario en el país (y en el mundo) es paradigmático; más que crisis políticas particulares, asistimos a una crisis de la política que ha adquirido dimensión planetaria. En una comprensión de la política como lucha por el poder, no puede sorprendernos que la fuerza militar ocupe un lugar privilegiado, y ya hemos visto que el último año y medio de la política local ha alojado un ping-pong jurídico de sentencias de desacato, enmiendas de recorte de período, declaraciones de abandono del cargo presidencial, demandas de la Fiscal General de la República ante el Tribunal Supremo de Justicia, discusiones sobre la interpretación del Artículo 347 de la Constitución, etcétera. Birretes de legista y gorras militares parecen ser lo que cuenta.

Necesitamos una Política Clínica, que se entienda a sí misma como arte u oficio de resolver los problemas de carácter público. El abogado y el militar deben estar subordinados a esa tarea, que es para lo que el Pueblo, el Poder Constituyente Originario, ha dado origen al Estado. De lo contrario, la institución perfectamente representativa de los venezolanos va a terminar siendo un tribunal militar.

El paradigma jurídico-militar, 26 de julio de 2017

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Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte?

Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente la afirmación que hacemos.

Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tradicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales.

Los descalificamos porque nos hemos convencido de su incapacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa.*

Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985

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Entre 1989 y 1993, muy connotados profesores así como gerentes reconocidamente capaces del sector privado ejercieron [en Venezuela] importantes funciones públicas. Por esta razón resulta interesante contrastar este caso local de miopía técnica con el juicio que mereció a Tocqueville la ceguera de los funcionarios del gobierno de Luis XVI cuando la Revolución Francesa estaba a punto de estallar: “…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario”. (Alexis de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución).

Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994

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…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político. (…) …la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una “catástrofe en las ideas”, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces.

Krisis – Memorias prematuras, 14 de febrero de 1986.

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En general, nuestros políticos típicos o convencionales están pendientes de atender—en su ansiedad por insertarse con declaraciones ocurrentes en el “ciclo de las noticias”—lo episódico, lo anecdótico, lo chismoso, lo zahiriente, cuando el problema de fondo es sistémico. Por ejemplo, el diario El Nacional creyó importante destacar ayer declaraciones vistosas, pretendidamente sabias, de Henry Ramos Allup:

“Los golpes lo dan los militares, no los damos los civiles. A veces los civiles acompañan como comparsa los golpes militares y terminan empalados porque nadie va a dar un golpe para que mande otro. Militar da golpe pa’ militar, militar no da golpe pa’ civil”, subrayó.

Ya no recuerda la historia de su propio partido; el golpe de Estado de 1945 contra Isaías Medina Angarita encaramó a una Junta de Gobierno presidida por el civil Rómulo Betancourt, la que daría lugar a las elecciones que instalaron al civil Rómulo Gallegos en la Presidencia de la República. También parece haber olvidado que la deposición de Marcos Pérez Jiménez, y su sucesión por una junta cívico-militar, terminó en el mismo año de 1958 con la elección del mismo Rómulo Betancourt quien, como está dicho, era un civil.

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Propongo a los actores políticos nacionales esta ruta alterna, distinta de la promovida por Juan Guaidó: 1. cese de la usurpación de las ideas primitivas y obsoletas; 2. gobierno de transición mental; 3. elecciones libres que abran la puerta a políticos verdaderamente eficaces, transideológicos, clínicos. (Eso sí: obtenidas no de un acuerdo cupular constitucionalmente incompetente en Barbados o Barbuda, sino por mandato específico del Pueblo pronunciado en referendo). LEA

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* Al diagnóstico del Proyecto SPV se le opuso argumentación característica: “Por esos días publicó Eduardo Fernández un artículo que llamó ‘La conspiración satánica’, haciendo uso de la frase de Caldera de hacía unos meses. En este artículo, publicado en el diario El Nacional, Eduardo hacía una especie de retrato hablado de los ‘conspiradores’, advirtiendo contra quienes osaran cuestionar a los partidos, puesto que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema. No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia”. (Krisis – Memorias Prematuras). Casi treinta años después, persistía ese procedimiento: “Leopoldo Castillo creyó ver—A través de la mordaza—, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos”. (A llorar p’al valle, 8 de agosto de 2013).

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