el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

1984: un manual de totalitarismo

País de Jauja (Cucaña). Cockaigne, óleo de Pieter Brueghel el Viejo)

 

Tomado del blog del club de lectura Las Hormigas

___________________________________________________________________

 

Á propos la obra cumbre de George Orwell

1984 es, ciertamente, una lectura profundamente perturbadora. Para los lectores venezolanos, las analogías entre las prácticas de Big Brother y los gobiernos socialistas son evidentes, por ejemplo, en materia del control de la historia: “Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”.

La historia de Orwell, publicada en 1949, es la de Winston Smith, un empleado del Ministerio de la Verdad de Oceanía, uno de los tres súper-estados del mundo al cabo de una generación desde la publicación de la novela; para el autor, luego de los enormes cataclismos sociales de la primera mitad del siglo XX—dos guerras mundiales y la emergencia de los estados totalitarios (fascista, nazi, soviético)—, treinta y cinco años debían ser suficientes para el despliegue de un totalitarismo del que las especies conocidas no eran sino maquetas.

La posibilidad de una cosa así estaba implícita en el desarrollo de la tecnología del poder, fenómeno estudiado por el sociólogo húngaro Karl Mannheim—Ideología e utopía (1936), Diagnóstico de nuestro tiempo (1944), obras escritas y publicadas en Inglaterra—que Orwell seguramente ha debido conocer.

Mannheim estuvo entre los primeros proponentes de una “tercera vía” distinta del capitalismo y el socialismo, y Orwell mismo, cuando todavía se llamaba Eric Arthur Blair, era un socialista democrático, un adeco. Ya su participación en la Guerra Civil Española le había acercado al trotskismo por su crítica al estalinismo, y Samuel Goldstein, el archienemigo del partido totalitario de Oceanía que todos los días era objeto de un ejercicio teledifundido de dos minutos de odio, era judío y lucía una chiva, como el hombre que amaba a los perros. (León Trotski).

………

Winston Smith era un miembro del “partido exterior”, parte de una burocracia que servía a un “partido interior”, la élite dominante de quienes estaban arriba. Es tema tratado por un venezolano el ciclo explicado por Goldstein: de cómo los segundos en una jerarquía social se alían con los terceros para derrocar a los primeros y convertirse en primeros ellos mismos.

José Manuel Briceño Guerrero, doctorado en Filosofía y Filología de la Universidad de Viena, apureño, antiguo profesor de la Universidad de Los Andes en Mérida, escribió un penetrante ensayo—El laberinto de los tres minotauros—que Francisco Toro Ugueto entendió como una prefiguración del chavismo:

Como anota Toro en su blog, Briceño Guerrero interpreta “…la cultura latinoamericana como una mezcla de tres ‘discursos’ separados, mutuamente incompatibles: el discurso Racional-Occidental, el discurso Mantuano y el discurso Salvaje”. El libro de Briceño Guerrero fue escrito entre 1977 y 1982, y por tanto no podía ser una referencia específica a Chávez.

Es Toro quien establece—como otros lectores del merideño lo han hecho—una relación significante entre la descripción del discurso salvaje y el chavista: “…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder”. (En Discurso salvaje, del blog de doctorpolítico, nota del 17 de mayo de 2005).

Briceño Guerrero reproduce la dinámica de Goldstein en la sección que dedica al discurso salvaje:

Para comprender el mecanismo de la trampa revolucionaria, veamos nuestra sociedad a vuelo de pájaro. Está constituida, primero, por los amos, los poderosos, los de arriba, los señores; llamémoslos blancos. Segundo, los que sin ser amos tienen una participación variable en los bienes de la sociedad, son capataces, administradores, maestros y profesores, pequeños comerciantes, policías, profesionales liberales; llamémoslos pardos; pueden ascender dentro de su categoría y algunos pueden superarla para engrosar el rango de los blancos. Tercero, nosotros, es decir, “los indios y los negros”, los de abajo y afuera.

Suele ocurrir que los blancos tengan entre ellos mismos peleas de señores. Entonces se sirven de nosotros; nos organizan política o militarmente con una ideología revolucionaria, con planes revolucionarios, con promesa de cambios radicales. Nos hacen combatir y cuando han logrado sus fines, cuando han arreglado sus cuentas de blancos, se deshacen de nosotros poco a poco mediante retrasos, aplazamientos, intrigas, divisiones, recompensas parciales y a veces aun con la ayuda de sus adversarios reconciliados.

Suele ocurrir también que pardos de ambición impaciente quieran forzar el ascenso dentro de su categoría, acelerarlo para llegar por un canal extraordinario al rango superior. Entonces se sirven de nosotros; nos organizan política o militarmente con una ideología revolucionaria, con planes revolucionarios, con promesa de cambios radicales. Nos hacen combatir y cuando logran llegar a importantes magistraturas desde donde se acomodan, se desligan de nosotros o nos mantienen organizados en las capas bajas de partidos políticos reformistas, en calidad de clientela y tropa de choque.

En el esfuerzo que hago para esta lucha me comprometo más que en el trabajo de los campos, el servicio doméstico, la construcción y las fábricas; me doy entero, arriesgo todo. Mi salario es la ilusión de triunfo, la exaltación momentánea, el desahogo, los instantes del asalto y del grito. Pero no logro realizar mi anhelo. Al contrario, mi rebeldía se incorpora aún más al dinamismo del sistema opresor, le sirve y lo fortalece. Mi peligrosidad se ve disminuida y retardada por esa masturbación periódica.

En cambio ellos sí logran sus fines; además de mantenerme en cintura, canalizan mi torrente hacia sus molinos, me cogen de escalera, arriman mi brasa a su sardina.

Amonedan mi furia para comprar poder los dirigentes revolucionarios. Se vuelven ricos con la plusvalía de esa empresa llamada lucha revolucionaria en la que yo pongo mi fuerza de combate, mi capacidad de sacrificio, mi agonía, Plusvalía revolucionaria.

¿No te has fijado, hermano, que los dirigentes revolucionarios son blancos o pardos? Los caudillos negros o indios de las revoluciones han sido “cachicamos trabajando para lapa”.

He visto también—deseara no haberlo visto—que la revolución, caso de ser practicada en serio y caso de triunfar, conduce a formas de injusticia y opresión más abominables que las actuales. Esas formas nuevas de injusticia y opresión las he visto en los ojos y en las palabras de los dirigentes más sinceros, más esforzados, más leales a la causa. Se sienten salvadores mesiánicos, avatares de la historia; creen conocer mis intereses, mis deseos y mis necesidades mejor que yo mismo; no me consultan ni me oyen; se han constituido por cuenta de ellos en representantes míos, en vanguardias de mi lucha; son tutelares y paternalistas; prefiguran ya el Olimpo futuro donde tomarán todas las decisiones para mi bienestar y mi progreso; las tomarán y me las impondrán en nombre mío, a sangre y fuego en nombre mío. Yo bajo la cabeza diciendo “Sí camarada, sí compañero, eso es lo que hay que hacer, tiene razón, viva”. Les sigo la corriente para que no me peguen y para no desanimarlos; pueden producir esos momentos de relajo, de caos, cuando parpadea la vigilancia de los gendarmes, cuando puedo descargar impune mi rencor, mi cólera reprimida, mi odio; después de todo, ese alivio esporádico es el mendrugo que me toca en el tejemaneje revolucionario mientras llegan días peores, los del triunfo revolucionario.

………

Por supuesto, 1984 se inscribe en una ilustre serie de utopías y distopías. La Edad Media es el tiempo del mito de Jauja o Cucaña—Cockaigne—país en el que no era necesario trabajar para comer y beber abundantemente, y el Renacimiento dio la muy influyente Utopía (1516) de Tomás Moro. El terror viene después: es de 1921 la novela Nosotros, el primer libro censurado en la Unión Soviética; no hubo edición en ruso hasta 1988, en época de Mikhaíl Gorbachov.

Orwell sostuvo que Aldous Huxley se inspiró en Nosotros, de Yevgeny Zamyatin, para escribir Un mundo feliz (1932). Huxley dijo que lo leyó después de su escritura y Orwell insistió; según él, Huxley mentía. En todo caso, Orwell leyó a ambos, puesto que escribió comparando los dos libros antes de 1949, el año de publicación de 1984, y reconoció la deuda con el ruso aunque no con quien había sido su instructor de francés mientras estudiaba en Eton. Huxley fue más generoso; en una carta a su ex alumno del 21 de octubre de 1949, lo felicitó por “how fine and how profoundly important the book is”.

El mismo Orwell, naturalmente, había tenido su primer éxito literario con Rebelión en la granja (1945), una poderosa alegoría satírica del régimen stalinista; el líder de los cochinos, Napoleón, está modelado en Jósif Stalin.

Y los precedentes no se limitan a lo literario; hablando de Napoleón, esto se escribió del Bonaparte:

Napoleón Bonaparte enseñó a todos los líderes autoritarios que lo sucedieron cuáles son los elementos esenciales en una dictadura: la propaganda, una eficaz e inexorable policía secreta que constituye un estado dentro del estado, el uso de dispositivos democráticos como el referendo para reunir apoyo popular a favor del régimen, la burocratización de las instituciones críticas de la educación y la religión para que puedan convertirse en instrumentos de adoctrinamiento, y la utilidad de las aventuras foráneas para hacer soportable la represión interna. Ninguna de estas herramientas del autoritarismo es original de Napoleón; su contribución fue entretejerlas como el instrumento del estado autoritario moderno y demostrar cuán eficaz puede ser ese instrumento internamente. (Blum, Cameron, Barnes: The European World).

………

Leer a Orwell, específicamente 1984, es someterse a la claustrofobia y el terror; la agobiante sensación de imaginarse, como Smith, vigilado las veinticuatro horas del día hasta en el más mínimo de los gestos. Saber que un poder totalitario puede distorsionar la realidad al punto de no poder reconocerla, y doblegar la rebeldía del más inteligente para someterlo al amor de lo que repudia. El poder imaginativo de Orwell y su trabajo analítico pudieran vacunarnos de totalitarismo, pero también es un práctico manual para quienes quieran aplicarlo en sus propios proyectos totalitarios. Como explicaba Samuel Goldstein: “Uno no establece una dictadura con el fin de preservar una revolución; uno hace la revolución para establecer la dictadura”.

¿Ministerio del Amor o Misión Amor Mayor? §

………

Apéndice formíceo

Para la economía clásica la mano misteriosa del mercado estaba basada en la eficiencia del decisor individual. Se lo postulaba como miembro de la especie homo œconomicus, hombre económicamente racional. Los modelos del comportamiento microeconómico postulaban competencia perfecta e información transparente. El mercado era perfecto porque el átomo que lo componía, el decisor individual, era perfecto. La propiedad del conjunto estaba presente en el componente.

En cambio, la más moderna y poderosa corriente del pensamiento científico en general, y del pensamiento social en particular, ha debido admitir esta realidad de los sistemas complejos: que éstos –el clima, la ecología, el sistema nervioso, la corteza terrestre, la sociedad– exhiben en su conjunto “propiedades emergentes” a pesar de que estas mismas propiedades no se hallen en sus componentes individuales. En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida. Como lo ponen técnicamente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en “Exploring Complexity” (Freeman, 1989): “Lo que es más sorprendente en muchas sociedades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del individuo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la ineficiencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones coherentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia”. Hoy en día no es necesario suponer la racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente independientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales.

Es esta característica natural de los sistemas complejos el más poderoso fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfección económica de los consumidores el mercado es preferible como distribuidor social.

(En Marcos para la interpretación de la libre empresa en VenezuelaLuis Enrique Alcalá, enero 2004).

………

LEA

____________________________________________________________

 

Share This:

Nota ortográfica

En estos tiempos esdrújulos* en los que todo es épico, icónico, dramático, protagónico… es natural que abunden los signos de admiración, también llamados de exclamación. Las damas tienden a usarlos con más frecuencia; a fin de cuentas, suyo es el territorio de las emociones. También, por supuesto, el de los decretos domésticos. (En toda cultura. Ver video abajo).

Wikipedia explica:

Un signo de exclamación o signo de admiración (¡ !) es una seña escrita que denota sorpresa, asombro, alegría, súplica, mandato, deseo, etc. Se escribe signo de admiración de apertura («¡») y signo de admiración de cierre («!») para indicar el principio y el final de una exclamación respectivamente. (…) En español los signos de exclamación deben colocarse de forma obligatoria al comienzo y al final del enunciado correspondiente. Aunque en otras lenguas únicamente se coloca el signo de cierre, la entonación del español exige que sea necesario también el signo de apertura. (…) Los signos de exclamación se escriben separados por un espacio de las palabras que los preceden y que van tras ellos, pero pegados a la primera y la última palabra del enunciado que enmarcan. (…) En los textos literarios o muy expresivos está permitido utilizar dos o tres signos de exclamación al principio y al final del enunciado para dar mayor énfasis a la exclamación. Sin embargo, ese procedimiento no se debe extender a otros usos.

 

 

LEA

*A propósito de tiempos esdrújulos, he aquí un fragmento de mi participación en el programa Y así nos va (Daniel Lara y Nehomar Hernández, conductores) del 17 de marzo de 2015:

 

____________________________________________________________

 

Share This:

Vivir a pie

 

Tal Cual digital

 

El siguiente texto está tomado de TalCual digital, Se trata de una breve narración de María Ignacia Alcalá Sucre, la menor de mis hijos. Fue publicada por el diario en su web el 21 de octubre de 2010.

______________________________________________________________________________________

 

Nunca les he dirigido la palabra, a pesar de que ya son años de verlos o adelantarlos con el paso rápido que he llegado a dominar. Son años ya, más de cinco, de notar su presencia en los mismos caminos que camino, de verlos franquear las definitivas pero invisibles fronteras entre Sebucán, Santa Eduvigis y Los Palos Grandes. Es mejor así.

Él y ella, esposos, viven muy cerca de mi casa, cruzando la Avenida Miguel Otero Silva de Sebucán hacia una transversal. Mi madre afirma que es en el pequeño barrio que se esconde siguiendo mi calle, dando la curva y asomándose desde los nuevos edificios lujosos: “El hueco”, de donde salieron nuestro mecánico y nuestro herrero y un compañero de clases de una amiga (también vecina) que se convirtió en amigo propio. Yo creo más bien que su casa es una de las que sobreviven al borde del barrio, pequeñas, con materos afuera y flores rojas y rizadas.

La Miguel Otero Silva antes se llamaba Avenida La Salle. Recién mudados, correspondencia y facturas llegaban a mi casa con esa indicación. “Antigua Avenida La Salle”. Ellos caminan por allí, por la Avenida La Salle, cuando no era antigua. Innumerables veces suben o bajan, mecidos por el bambú que sirve de muralla vegetal y se alza sobre la pared de bloques de la Escuela Experimental de Enfermería. Él o ella o ambos (de la mano) pasan como abrazados por un hechizo que los ata a un tiempo distinto. No parecen escuchar la violencia de los partidos de fútbol que se juegan allí dentro los fines de semana, ni ver las cordilleras armadas por graffiti sobre graffiti.

Él siempre está de chemise. Con pantalón los días de semana, para el trabajo, para el Bazar Dinafra, para estar afuera cuando paso por esa calle que se estira y lleva finalmente a Altamira, a la esquina del Celarg, a La Castellana, al fin de mis paseos. Las bermudas son para el descanso, la canilla en una mano y la esposa en la otra, la parsimonia, los domingos de flojeras y mangos. Usa un bigote espeso, una cortina en su cara.

Ella va a buscarlo al trabajo. Jamás la he visto en pantalones. Ondea faldas de algodón que le llegan un poco más abajo de la rodilla. Tiene bonitas piernas, talladas a fuerza de mantener el equilibrio en tacones por calles imposibles. Ya conoce los huecos y las raíces que fracturan las aceras, sabe alejarse del lugar donde las ratas revuelven eternas bolsas de basura. No titubea ni tropieza. Pareciera que para ella ésa es la única manera de vivir: en falda y con tacones, siempre con gracia. Se pinta los labios de rojo y el pelo de negro. Quizás se lo arregla en la Segunda de Santa Eduvigis, en la peluquería de Fina, ese tesoro humilde en el que todavía pueden hacerte un buen moño (con secado incluido) por Bs. 25. A donde Fina van señoras, señoronas y niñas de todos los estratos sociales rezando el mantra democrático que las venezolanas conocemos desde el nacimiento. Todas tenemos el derecho (y el deber) de ser bellas. Ella parece extranjera (mi mamá dice que ellos son una pareja de libaneses), pero en eso, en el mandato estético, es criollísima.

Algunas noches se reparten el peso del mercado. Llevan bolsas del Excelsior o bolsas del Klasse, dependiendo de si deciden bajar hasta la Tercera de Los Palos Grandes o subir hasta el tope de Santa Eduvigis. Esas noches caminan más lento y van balanceándose un poco de lado a lado.

No los he visto por la Principal de Sebucán. En otras calles hay mejores panaderías, mejores farmacias y nada de hospitales psiquiátricos. Me da la impresión de que prefieren alejarse de la locura. Tampoco los he visto montados en Metrobús. Parecieran no salir al alboroto de la Rómulo Gallegos.

Nunca les he hablado y nunca les voy a hablar. ¿Qué les diría? “Hola, muy buenas. Yo siempre los veo y me sonrío. Ustedes me ponen contenta, ustedes me ponen triste, cuando pienso en esta zona siempre pienso en ustedes”. No. Sería una torpeza decir siquiera una palabra. Uno no le habla a una columna, o a un símbolo. Uno simplemente se siente contento de que esté allí sosteniendo el techo o llenando un mundo de significado. Los veo caminando, agradezco en silencio y camino yo también. ¶

______________________________________________________________

 

Share This:

Para comenzar la semana

Lorenzo Lara Carrero es un empresario de medios y es mi amigo. Hace un buen número de años que no lo veo, desde que organizara un taller en la sede de su compañía—en el Edificio Polar de la Plaza Venezuela de Caracas—para discutir cómo pudiera hacerse una campaña presidencial que fuera mayormente montada en Internet. Ésa fue su práctica respuesta a una llamada que le hice, recuerdo, desde el Cementerio del Este. En ella ya le consultaba, dada su experiencia en el campo, precisamente sobre cómo emplear la Red de redes para tal propósito.

Por varias cosas le estoy agradecido. por sus consejos y apoyos varios. Pero siempre he atesorado el comentario que insertara en la entrada en este blog que lleva por título Hallado lobo estepario en el trópico. (28 de mayo de 2011). Éste es su texto:

Querido Luis Enrique: una intransigencia como la tuya es una bendición, pues está basada en principios y fundamentos sólidos, con argumentos bien ensamblados totalmente racionales, además muy bien escritos y apoyados en información completamente actualizada.
Tu intransigencia es necesaria en este momento en nuestro país, cuando las instituciones son más frágiles que nunca, la mentira pública y notoria predomina, la ignorancia asume con total irresponsabilidad y desvergüenza posiciones que nos afectan a todos y, lamentablemente, la mayoría de las personas arriesgamos poco, todavía, en favor de genuinos intereses colectivos.
Agradezco tu intransigencia y el trabajo que dedicas al análisis y a las propuestas en favor de esos genuinos intereses colectivos. Gracias por estar dispuesto a asumir el papel de «Lobo estepario» tropical.
A veces es difícil lidiar con tus argumentos, a veces son incómodos. Esas características son, precisamente, señal clara de su importancia para nuestro país.
Un gran abrazo,

Lorenzo

No recuerdo otra evaluación de mis trabajos políticos que me haya hecho sentir tan lleno de gratitud.

LEA

___________________________________________________________________

 

Share This:

Estamos enredados

Algunas de las redes sociales

 

Las redes sociales son explicablemente el escenario de fenómenos de pretenciosa «sabiduría». Miles—¿millones?—de mensajes, imágenes y videos emergen en la pantalla de nuestro teléfono celular con lo que usualmente es intrascendente. Pululan en ellas, por ejemplo, recetas de cocina que se nos explica en plural mayestático: «Picamos los ajos… calentamos a 350 grados… aderezamos con cebollín…», etcétera.

Es tiempo de bulos—fake news, en inglés—y de «influencers». («El papa Francisco es jesuita, primero que nadaLuego, como papa moderno, se comporta como influencer, como un Schwarzenegger cualquiera que no puede pasar mucho tiempo sin declarar por las «redes sociales». ¿Cómo es la cosa?). Las admoniciones que produce desde sus «apps» son verdaderos clichés. Si Román Ibarra dijo de María Corina Machado que se referiría a ella «de ahora en adelante» como «Doña Cliché», el Sumo Pontífice puede ser apropiadamente tratado como Don Cliché. Por ejemplo, en «enseñanzas» recientes nos informa:

El Pueblo de Dios, para ser colmado del Espíritu, debe caminar unido, hacer sínodo. Así se renueva la armonía en la Iglesia: caminando juntos con el Espíritu al centro. ¡Hermanos y hermanas, construyamos armonía en la Iglesia!

Ven, Espíritu creador, armonía de la humanidad, renueva la faz de la tierra. Ven, Don de dones, armonía de la Iglesia, únenos a Ti. Ven, Espíritu del perdón, armonía del corazón, transfórmanos como Tú sabes, por intercesión de María.

¿Es que el Espíritu Santo necesita ser recordado de que puede transformarnos «como él sabe»?

………

Pero las redes sociales y la informatización general de la sociedad contemporánea mundial también sirven para potenciar propósitos políticos. Repito la nota al pie de Luigi Ferrajoli, filósofo:

En Avant-Garde Politician – Leaders for a New Epoch (2014), Yehezkel Dror postula la necesidad perentoria de una «Constitución de la Humanidad»; en eso concurrimos, pero diferimos en el modo de aprobarla. Dror, acostumbrado a moverse en los corridors of power, la imagina redactada y pactada por gobiernos del mundo, mientras que quien escribe, como minúsculo ciudadano del planeta, exige que sea aprobada y promulgada en un referendo planetario, y una aplicación blockchain que aloje una consulta de esa escala es perfectamente posible. (Cadenas de libertad, 7 de septiembre de 2017).

Habrá que vencer resistencias. Pongo un ejemplo; el 20 de marzo de 2018 hice llegar a Marcel Granier un memorándum que decía entre otras cosas:

La asociación en formación se beneficiaría mucho de una web para fines de promoción y movilización, así como de votación o recolección de firmas, aunque éstas no vayan a ser reconocidas. Es posible, de todos modos, argumentar que deban serlo: 1. el Art. 4 de la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas (Chávez habilitado en 2001) establece: “Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos”; 2. Desde hace más de una década el TSJ admite y decide recursos de amparo constitucional que le son remitidos por correo electrónico; 3. El gobierno difícilmente podrá aducir que un proceso de este tipo montado en blockchain carece de validez, cuando él mismo ha creado su criptomoneda Petro en esa plataforma).

Hasta la fecha de hoy, como me ha ocurrido con otros, el destinatario no ha acusado recibo de tal correspondencia, y a estas alturas se llama Petro el actual Presidente de Colombia.

LEA

_____________________________________________________________

 

Share This:

Ocho citas valiosas

Pensamientos con algún valor

 

Usted sabe que yo he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: Primero, la América es ingobernable para nosotros; Segundo, el que sirve en una revolución ara en el mar; Tercero, la única cosa que se puede hacer en América es emigrar; Cuarto, este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas; Quinto, devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; Sexto, si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de América.

Simón Bolívar

……..

He visto también—deseara no haberlo visto—que la revolución, caso de ser practicada en serio y caso de triunfar, conduce a formas de injusticia y opresión más abominables que las actuales. Esas formas nuevas de injusticia y opresión las he visto en los ojos y en las palabras de los dirigentes más sinceros, más esforzados, más leales a la causa. Se sienten salvadores mesiánicos, avatares de la historia; creen conocer mis intereses, mis deseos y mis necesidades mejor que yo mismo; no me consultan ni me oyen; se han constituido por cuenta de ellos en representantes míos, en vanguardias de mi lucha; son tutelares y paternalistas; prefiguran ya el Olimpo futuro donde tomarán todas las decisiones para mi bienestar y mi progreso; las tomarán y me las impondrán en nombre mío, a sangre y fuego en nombre mío. Yo bajo la cabeza diciendo “Sí camarada, sí compañero, eso es lo que hay que hacer, tiene razón, viva”. Les sigo la corriente para que no me peguen y para no desanimarlos; pueden producir esos momentos de relajo, de caos, cuando parpadea la vigilancia de los gendarmes, cuando puedo descargar impune mi rencor, mi cólera reprimida, mi odio; después de todo, ese alivio esporádico es el mendrugo que me toca en el tejemaneje revolucionario mientras llegan días peores, los del triunfo revolucionario.

José Manuel Briceño Guerrero

………

El pueblo no tiene derecho de golpear a un solo inocente, ni de tratar como culpable a un solo acusado, sin pruebas legales. Así, pues, no puede delegar semejante derecho a nadie. El pueblo no tiene derecho de atentar contra la libertad de opinión, la libertad religiosa, las garantías judiciales, las formas protectoras. Ningún déspota, ninguna asamblea, puede entonces ejercer un derecho semejante diciendo que el pueblo lo ha investido de él. Todo despotismo es ilegal; nada puede sancionarle, ni siquiera la voluntad popular que él alega. Pues se arroga, en nombre de la soberanía del pueblo, un poder que no está comprendido en esta soberanía, y no sólo es destitución irregular del poder que existe, sino la creación de un poder que no debe existir.

Benjamín Constant

………

La prudencia (que es un juicio de valor en loterías) requiere… un “análisis del peor caso”, en el que lo pésimo de la continuación de tendencias o la no intervención en la turbulencia ambiental se compara con lo pésimo de los intentos de causar discontinuidad. La comparación de lo pésimo de la no intervención con lo óptimo de la intervención es un enfoque muy riesgoso que no puede ser recomendado. (Aunque, inherentemente, esto es un asunto de juicios de valor sobre las actitudes ante el riesgo). Por el otro lado, la comparación de lo óptimo de la no intervención contra lo pésimo de la intervención tampoco puede ser recomendada, por más que esto sea una difundida postura intelectual del incrementalismo y el conservatismo.

Yehezkel Dror

………

De ahí en más, mis entrevistas con funcionarios, académicos y empresarios en la capital china me depararían una sorpresa tras otra. Sobre todo, cuando entrevisté a los máximos expertos sobre América latina, que—sentados al lado de la bandera roja y profesando fidelidad plena al Partido Comunista—me señalaban que los países latinoamericanos necesitaban más reformas capitalistas, más apertura económica, más libre comercio y menos discursos pseudorrevolucionarios. Uno de ellos… me dijo que uno de los principales problemas de América latina era que todavía seguía creyendo en la teoría de la dependencia, el credo económico de los años sesenta según el cual la pobreza en Latinoamérica se debe a la explotación de los Estados Unidos y Europa. En la República Popular China, el Partido Comunista había dejado atrás esta teoría hacía varias décadas, convencido de que China era la única responsable de sus éxitos o fracasos económicos. Echarles la culpa a otros no sólo era erróneo, sino contraproducente, porque desviaba la atención pública del objetivo nacional, que era aumentar la competitividad, me aseguró el entrevistado. Ése era el nuevo mantra de la política china, que eclipsaba a todos los demás: el aumento de la competitividad como herramienta para reducir la pobreza.

Andrés Oppenheimer

………

¿Está condicionada la humanidad a sentirse arrastrada sólo por líderes de gran potencia carismática, enraizada en tendencias neuróticas de agresividad tan fuertes e insatisfechas que despiertan y agrupan a las del mismo sentido que tienen latentes las masas? ¿Puede engañársenos con el señuelo artificial de un carisma inventado por los creadores profesionales de una imagen política, que al montarse sobre una personalidad endeble se derrumbará en los momentos de crisis, cuando su fuerza carismática, en realidad inexistente, sería necesaria para la defensa colectiva? ¿No es posible la agrupación en torno a un líder, sereno, equilibrado, que a la vez con fuerza y mesura sepa conducir sin avasallamiento?

Juan Antonio Vallejo-Nágera

………

Al referirse a los inicios de la Independencia, y a pesar de su limitada inteligencia, el autor de Recuerdos de la rebelión de Caracas, José Domingo Díaz, quien por ser vehemente realista e hijo expósito ha sido descalificado por muchos historiógrafos, dejó constancia de algo que no podía comprender del todo: «Allí por la primera vez se vio una revolución tramada y ejecutada por las personas que más tenían que perder…”; y, para evitar cualquier duda sobre cuáles eran a su juicio los verdaderos propósitos de nuestros héroes, nos legó estas palabras dichas por Bolívar a Iturbe después de la Campaña Admirable: “No tema usted por las castas: las adulo porque las necesito; la democracia en los labios y la aristocracia aquí”, señalando el corazón.

Ángel Bernardo Viso

………

Este concepto de la “defensa nacional” no puede ser entendido como un fin en sí mismo, justificativo de cualquier ejercicio de poder legislativo diseñado para promover ese objetivo. Está implícita en el término “defensa nacional” la noción de defender aquellos valores e ideales que distinguen a esta nación. Durante casi dos siglos, nuestro país ha encontrado singular orgullo en los ideales democráticos consagrados en su Constitución, y los más apreciados de estos ideales han encontrado expresión en la Primera Enmienda. Sería verdaderamente irónico que, en nombre de la defensa nacional, sancionáramos la subversión de una de aquellas libertades—la libertad de asociación—que hacen que la defensa de la nación valga la pena.

Earl Warren

_____________________________________________________________

 

Share This:

Share This: