El theremín, originalmente conocido como eterófono, thereminófono, termenvox o thereminvox, es uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos que se controla sin necesidad de contacto físico del intérprete o thereminista con el instrumento. Su nombre deriva de la versión occidentalizada del nombre de su inventor ruso Léon Theremin (Термен), que lo desarrolló en 1920 y lo patentó en 1928. El instrumento está formado por dos antenas metálicas que detectan la posición relativa de las manos del thereminista y los osciladores para controlar la frecuencia con una mano y la amplitud (volumen) con la otra. Las señales eléctricas del theremin se amplifican y se envían a un altavoz.
Alrededor de 1970 fui con mi amigo, compinche y compadre, Eduardo Plaza Aurrecoechea, a casa de su padre, el diplomático y músico Eduardo Plaza Alfonzo. Allí vi por primera vez un theremín, y hasta pude sacarle sonidos «musicales». Por supuesto, nada de lo que hice sonar valía la pena.
Luego supe de Clara Rockmore, posiblemente la intérprete más destacada del extraño instrumento.
El theremín fue muy utilizado en películas de serie B de Hollywood de las décadas de 1940 y 1950, para ambientar películas de ciencia ficción y terror a base de un uso efectista en la era anterior al sintetizador, su uso original era bien distinto: la violinista y thereminista Clara Rockmore (1911-1998) lo utilizó en un repertorio romántico clásico, dándole credibilidad como instrumento solista en un entorno orquestal. (Wikipedia en Español).
En el disco duro de mi venerable computador tengo tres piezas «tocadas» por ella. Hela aquí, por ejemplo, en Vocalise de Sergei Rachmaninoff, acompañada de piano:
Vocalise
Pero el theremín es un instrumento que también debe ser apreciado visualmente; helo aquí no tocado por Laurence Owen, quien se admite thereminista aprendiz, en El cisne, la más hermosa pieza de las que componen El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns:
Es como si el ejecutante fuese un fantasma ¿no? LEA
Es de hoy mismo un tuit de Antonio Ledezma, recogido en la imagen precedente. Paso a comentar, primeramente, su muy simplista y falsa afirmación inicial: que un referéndum revocatorio no sería aplicable a Nicolás Maduro por cuanto éste no sería el legítimo Presidente de la República de Venezuela.
Son dos los argumentos esgrimidos para sostener la falsa especie de que Maduro no es un presidente legítimo:
…se reputa de fraudulenta la convocatoria a las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018 por cuanto habría provenido de la ANC y porque se produjeron en fecha desacostumbrada. (Algunos, Cecilia García Arocha y José Virtuoso S. J., por ejemplo, argumentaron equivocadamente que la Constitución especificaba una fecha a fines de año). Las elecciones terminaron siendo convocadas y organizadas por el Consejo Nacional Electoral, y este órgano no podía desacatar a la ANC:
Art. 349: Los poderes constituidos no podrán impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente.
En tanto esas decisiones sean de rango subconstitucional—la Constitución no está suspendida mientras la ANC opera—, como lo es la fijación de fecha para unas elecciones, la validez de ese artículo se sostiene. (Lloviendo sobre mojado, 15 de marzo de 2019).
Luego, aduce el «alcalde» Ledezma que en 2016 se intentó convocar un referendo revocatorio y que «sabemos qué ocurrió». Bueno, lo que ocurrió fue que la Asamblea Nacional bajo absoluto control de la oposición desenterró el hacha de guerra el mismo día de su inauguración, el 5 de enero de 2016:
El papel de protagonista estuvo, naturalmente, a cargo de Henry Ramos Allup, elegido por el voto de 109 diputados Presidente del Poder Legislativo Nacional hasta el 4 de enero de 2017. Por una parte, su experiencia le permitió no caer en la trampa del ruidoso boicot de los diputados y barras del PSUV y su discurso inicial de autoridad máxima del Parlamento estuvo muy bueno, salvo en el tercer punto de la recapitulación de los objetivos de la Asamblea Nacional: por medio “constitucional, democrático, pacífico y electoral”, lograr la salida del actual gobierno en un plazo de seis meses contados desde esta fecha.
Fragmento del discurso de Ramos Allup en el que se compromete a salir del gobierno
Lo de la recuperación de la autonomía parlamentaria está muy bien; lo de una “ley de amnistía”, como se argumentó acá el 11 de diciembre (Sobre amnistías), sería mejor sustituirlo con un decreto de amnistía que por su carácter no puede ser objetado por la Presidencia de la República; pero la tercera formulación es un claro despropósito, que desdice previas afirmaciones en lo que dijo Ramos Allup: que la Asamblea estaría abierta al diálogo y que no se concibe como un contrapoder. La Asamblea Nacional sólo podría causar por su cuenta el resultado que Ramos Allup presentó como compromiso no transable, mediante la declaratoria de abandono del cargo de Nicolás Maduro, Presidente de la República.
Artículo 233. Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: la muerte, su renuncia, la destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado éste por la Asamblea Nacional, así como la revocatoria popular de su mandato.
La revocatoria del mandato de Maduro no es prerrogativa de la Asamblea Nacional; eso es potestad exclusiva de los Electores. Es el Tribunal Supremo de Justicia el órgano que nombraría una junta médica que pudiera, si lo amarrara para examinarlo, declarar la incapacidad física o mental permanente del mismo ciudadano; la Asamblea sólo podría prestar su anuencia a una iniciativa que no es suya. Es sólo el TSJ el poder que puede sentenciar la destitución, luego de juicio previo por algún grave delito. La renuncia es prerrogativa de la persona presidencial. La muerte está vedada a la Asamblea según la condición de un medio pacífico expuesta por Ramos Allup; aunque sería indudablemente eficaz y hasta constitucional—es la primera causal prevista en el Art. 233—, sería criminal y nada pacífico un sicariato contratado al efecto.
Las palabras de Ramos Allup en promesa con plazo de medio año no le corresponden; quizás pudiera pronunciarlas como dirigente máximo de Acción Democrática, seguramente le corresponderían a Jesús Torrealba en tanto Secretario Ejecutivo de la MUD si anunciara la recolección de casi cuatro millones de firmas necesarias para convocar a referendo revocatorio, pero jamás es esa tarea algo que corresponda a la Asamblea Nacional. (Crítica teatral, 5 de enero de 2016).
No era en ningún caso función o prerrogativa de la Asamblea Nacional, mucho menos uno de sus compromisos «no transables» lograr la cesación del gobierno de Nicolás Maduro. (Al año siguiente, ya bajo la presidencia de Julio Borges, la misma Asamblea Nacional creyó que se la comía declarando peregrinamente la falta absoluta del Presidente de la República porque ¡Maduro había abandonado su cargo!)
………
También ocurrió, Sr. Ledezma—como Ud. debe saber—, que Henry Ramos Allup, apoyado por Jesús Torrealba, determinó que la Mesa de la Unidad Democrática se moviera para procurar la convocatoria de un referéndum revocatorio con dos meses de retraso. (Con el único y paupérrimo argumento de que era un procedimiento «muy engorroso»). Los remolones dirigentes no querían que subieran las acciones electorales de Henrique Capriles Radonski, posicionado entonces como el campeón de la causa revocatoria, pero así desperdiciaron dos meses que a la postre resultaron ser preciosos, pues una media docena de tribunales en distintos estados del país encontró problemas en la identificación de un buen número de convocantes. Ni Ramos Allup, ni Torrealba ni la MUD interpusieron defensa alguna ante tales sentencias tribunalicias.
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La convocatoria de un referéndum revocatorio de la presidencia de Nicolás Maduro es, en efecto, perfectamente posible a partir del 10 de enero de 2022. La Constitución Nacional así lo prevé:
Artículo 72. Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables.
Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.
Cuando igual o mayor número de electores y electoras que eligieron al funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocatoria, siempre que haya concurrido al referendo un número de electores y electoras igual o superior al veinticinco por ciento de los electores y electoras inscritos, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y la ley.
(…)
Artículo 233. (…) Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva.
De aquí a allá son nueve meses de un embarazo que esta vez debiera llegar a feliz término. LEA
Lo que sigue es mera reproducción de un reportaje—La mayoría descontenta—del sitio weben.el.tapete, acerca de una medición de opinión pública referida el pasado 10 de marzo en ¿Inminencia de un outsider?LEA
Recientes sondeos de opinión revelan un creciente rechazo a la gestión de Nicolás Maduro pero también escasa confianza en la oposición organizada
Por Equipo de Redacción
Nadie duda que existe no solo un altísimo descontento sino igual rechazo a la gestión de Nicolás Maduro y que se incrementa en la medida que la crisis nacional afecta cada día más y de manera directa a la población. Si bien ello establece un marco en teoría propicio para la expansión y lógicamente la victoria de las fuerzas opositoras, ello según la opinión de los venezolanos consultados en todas las encuestas no se expresa de esta manera. Las explicaciones son varias: en primer lugar, el descontento que suele expresarse también en las filas del propio oficialismo no significa necesariamente rechazo y menos aun la intención de un voto por el contrario. Por otra parte, la polarización venezolana es política pero también social lo que explica los niveles de conflictividad que se viven desde hace 20 años y finalmente no existe el cuadro de la polarización electoral y partidista común en el juego democrático, y que en Venezuela marcó la etapa de alternancia de Acción Democrática y COPEI durante varios años. Tampoco la reciente experiencia victoriosa de la unidad opositora con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en 2012 y 2013 ofreció además del cambio de gobernante una propuesta programática alternativa y creíble.
Habría que sumar también que los triunfos opositores en especial la mayoría obtenida en la Asamblea Nacional en 2015 y que abría el camino para sumar fuerzas que condujeran al triunfo presidencial en 2018 fue desperdiciado en operaciones fracasadas que, según se comprobó recientemente en la consulta del 6 de diciembre, significaron dispersión y desgaste de las fuerzas que apuestan a la reconstrucción del país.
Debacle Nacional Los sondeos revelan también la preocupación y el malestar de la mayoría de los venezolanos por los resultados catastróficos de un modelo político que ha provocado la quiebra económica y la complicación de los problemas sociales y que explica la fuga de venezolanos hacia otros países y las cifras de hiperinflación más altas del mundo
Las Cifras El “INFORME ÓMNIBUS” de la empresa Datanálisis correspondiente al mes de febrero del 2021 ofrece entre otros los siguientes resultados:
Situación del país: 91,05% negativa, 9,05% positiva.
Situación personal: 56,45% negativa, 43.6% positiva.
Gestión de Nicolás Maduro: 82,65% negativa, 14,25% positiva, 3,2% no contesta.
Gestión de Juan Guiado: 76,4% negativa, 17,6% positiva, 6,0% no contesta.
Opositores
María Corina Machado: 69,0% negativa, 19,0% positiva, 12,0% no contesta.
Leopoldo López: 79,0% negativa, 14,0% positiva, 7,0% no contesta.
Henrique Capriles Radonski: 79,4% negativa, 14,6% positiva, 6,0% no contesta.
Henry Falcón: 75,8% negativa, 13,0% positiva, 11,2% no contestas.
Oficialistas
Jorge Rodríguez: 77,0% negativa, 15,2% positiva, 7,8% no contesta.
Diosdado Cabello: 86,4% negativa, 9.0% positiva, 4,6% no contesta.
Hugo Chávez (mientras fue Presidente): 40,0% negativa, 58,0% positiva, 2,0% no contesta.
Partidos Políticos La evaluación sobre los partidos arroja los siguientes datos:
PSUV: 8,6%
Acción Democrática: 1,4%
Primero Justicia: 1,2%
Somos Venezuela: 0,8%
Un Nuevo Tiempo: 0,6%
Voluntad Popular: 0,4%
Avanzada Progresista: 0,4%
PPT: 0,2%
PCV: 0,2%
6,2% no contesta.
Opción Electoral De haber elecciones presidenciales como resultado de un acuerdo con mediación extranjera:
Nicolás Maduro: 7,4%
Juan Guiado: 5,6%
Lorenzo Mendoza: 4,8%
Henry Falcón: 3,8%
María Corina Machado: 3,0%
Se preguntó además cómo se define el consultado en política:
Independiente: 77,2%
Pro-Gobierno: 10,25%
Pro-Oposición: 4,6%
Tamaño de la muestra: 500 personas.
Error Máximo admisible: 4.38%.
Nivel de Confianza: 95%.
Fecha de Campo entre el 08 al 12 de febrero del 2021.
De nuevo, ha sido Mireya Caldera quien me hicierallegar, el 8 de este mes de marzo, un artículo de Benigno Alarcón Deza con esta recomendación: «Sin desperdicio, lee hasta el final».
Así lo hice; Alarcón, el Director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, encabeza su texto con palabras de Václav Havel: “No fuimos tan solo las víctimas de un sistema sino quienes lo alimentábamos y manteníamos». Más adelante, ubica la cita al cierre de este párrafo en el discurso de Havel al tomar posesión como Presidente de Checoslovaquia (1º de enero de 1990):
Por miedo, la gente se ha acostumbrado a ignorar la realidad para centrarse sólo en la suya propia, como si su entorno no existiese. A callar o decir lo contrario a lo que se piensa por miedo. El miedo nos ha llevado a encerrarnos en nuestros asuntos y a ignorar las injusticias, las violaciones más flagrantes a nuestros derechos humanos, ciudadanos y políticos más elementales e incluso la desgracia del otro, para ver a quienes dedican su tiempo a la lucha por la justicia o la democracia como tontos, románticos. Todos nos acostumbramos al régimen totalitario y lo aceptamos como un hecho irrevocable y, con ello, sustentábamos su existencia. En otras palabras: todos nosotros—aunque cada uno en distinta medida—somos responsables del funcionamiento de la maquinaria totalitaria. Ninguno de nosotros es sólo su víctima, sino que todos somos, al mismo tiempo, sus creadores. No fuimos tan solo las víctimas de un sistema sino quienes lo alimentábamos y manteníamos.
Sobre tal idea funda Alarcón su propio diagnóstico de la actualidad política venezolana:
Hoy, el miedo y la lucha por la sobrevivencia nos ha venido hundiendo en una dinámica enfermiza e inmoral. Pero esto no es una situación extraña de la que es imposible salir, sino la enfermedad propia que contamina a las naciones cuando se debilita el sistema y su espíritu democrático, como lo evidencia este discurso en el que Vaclav Havel, refiriéndose a un país que está al otro lado del mundo hace 26 años*, bien podría estarle hablando a la Venezuela de hoy. Esta dinámica inmoral y cínica solo nos lleva a un resultado: la resignación. La resignación, que no es más que esa especie de droga que nos adormece y paraliza como resultado de la desesperanza aprendida, y reforzada por un discurso que pretende ser la única verdad, creída o impuesta, pero la única verdad contra la cual no se puede hacer nada porque luchar contra ella puede tener consecuencias muy graves para quienes se atrevan a desafiar el paradigma impuesto, como si estuviéramos en una nueva etapa del oscurantismo. Así que es mejor bajar la cabeza resignados y simular que creemos que los problemas que vivimos son el resultado de una conspiración y no de las malas decisiones que se imponen sin resistencia alguna en un sistema sin contrapesos institucionales que eviten su auto-destrucción. Acallar la conciencia, callar lo que pensamos, ignorar las injusticias, limitar nuestra existencia al rol miserable de pasar agachados y sobrevivir encerrándonos en nuestras propias vidas es una forma de control social que elimina el último y más importante contrapeso en cualquier sistema democrático: la soberanía del pueblo, que no es más que EL PODER DE LA GENTE.
Sobre este último concepto, escrito a mayúsculas cerradas** que no confieren validez adicional a lo que así se exprese, regresa para concluir:
El camino de la democracia nunca ha sido fácil, los pueblos han tenido que pagar costos muy altos por su libertad. La democracia no es el resultado de lo que está escrito en una Constitución. Una constitución por sí sola no es más que un pedazo de papel. Una constitución para que esté viva necesita del compromiso de la gente con los valores allí expresados y la disposición a luchar por ellos. Los cambios se logran solo cuando las personas de a pie, las personas decentes, que somos la gran mayoría de este país, y con conciencia de lo que es ser ciudadano, lo deciden, se involucran, y se comprometen en las acciones necesarias para lograrlo. Sin la participación de la gente decente***, de los ciudadanos, nada puede cambiar, pero cuando lo deciden, nada los puede detener. En esto consiste EL PODER DE LA GENTE.
El cierre emplea de nuevo esa clase de escritura en mayúsculas para describir típicamente, no explicar concretamente:
Esta es una cruzada en donde nos toca conquistar el corazón de la gente, y despertar las conciencias y la esperanza para iniciar la construcción de un nuevo sistema democrático al servicio de TODOS. Esta es nuestra responsabilidad con la Venezuela en las que nos tocó vivir si queremos ver con orgullo, y no con vergüenza, a los ojos de nuestras próximas generaciones.
Leído el artículo que recibiera de Caldera, le comenté: «Está bien, pero ¿el poder de la gente empleado cómo? ¿Protestando o mandando? Alarcón ha sido particularmente sordo a cosas como ésta, habilitadas por la constitución que él relega al rango de mero papel: Los propios venezolanos«. (Alarcón no concreta cómo es que se «conquista» el corazón de la gente o se «despierta» las conciencias y la esperanza para tan sólo «iniciar» la construcción de un nuevo sistema democrático. También ha escrito: «Una constitución para que esté viva necesita del compromiso de la gente con los valores allí expresados y la disposición a luchar por ellos», siendo que una constitución es un cuerpo de normas, no de «valores»).
La prédica de este blog acerca de la adquisición por el Pueblo de una «conciencia de Corona» es longeva, pero bastará refrescar cosas dichas en el comentario sobre la marcha del 12 de febrero de 2014 a la Fiscalía General de la República (La marcha de la insensatez; énfasis añadido):
No puede ocultarse lo pernicioso del régimen chavista, y la condición a la que ha sometido al país es repudiable en todo sentido. Es por ello que las ganas de mucho pueblo de protestarlo son harto explicables; el gobierno nos ha llevado a los límites de la exasperación. Pero mandar es muy preferible a protestar. La grave situación de la república, consecuencia de la necia intención de imponerle una camisa de fuerza socialista, sólo puede resolverla la Corona: el Soberano, el Poder Constituyente Originario. Éste es un poder supraconstitucional, sólo limitado por los derechos humanos y lo que la nación haya convenido con las soberanías equivalentes de otras naciones. Es éste el gigante que debe ser despertado para que hable, para que se pronuncie, para que manifieste su voluntad. No para que marche o fabrique pancartas, no para que golpee cacerolas o abuchee presidenticos en juegos de pelota, sino para que ordene. No hay eventos electorales próximos en el calendario nacional (…) pero siempre es tiempo de referendo. Podemos convocarlo cuando queramos. Más que nunca, es el tiempo de preguntar al Soberano si está conforme con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista, que es la coartada fundamental del actual gobierno y los que lo antecedieron desde 1999. (Hace dos días, en su amoroso programa Con el mazo dando, el Presidente de la Asamblea Nacional insistía, al comentar la “movida”, la irresponsable “salida” de López & Machado, que “la salida” era el socialismo). Es hora de que hable Su Majestad.
Un abogado anglosajón diría: «I rest my case». LEA
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* Hace treinta y un años; no veintiséis.
** En el uso de Internet, las mayúsculas cerradas constituyen mala educación; se las tiene por el equivalente de gritar.
*** El adjetivo «decente», que Alarcón emplea dos veces en el mismo párrafo, parece significar que nuestros males deben su origen a políticos «indecentes». En agosto de 2014, Juan Carlos Sosa Azpúrua postulaba que la solución de nuestro problema nacional vendría de la mano de unos «militares decentes». Alarcón se incluye en esa categoría: «las personas decentes, que somos la gran mayoría de este país».
Con fecha de hoy,efectococuyotrae una nota centrada sobre un elocuente hallazgo de Datanálisis: «Un outsider le gana en intención de votos a Maduro y a Guaidó, según encuesta». En el cuerpo de la información, asienta:
Una encuesta de Datanálisis revela que en unas hipotéticas elecciones presidenciales, 45,8% de los electores votaría por un candidato independiente, 12% por el dirigente chavista Nicolás Maduro y 11,4% por el líder opositor Juan Guaidó. 30,8% opta por la opción de No sabe / No responde.
En el estudio, de febrero de este año, el outsider representa casi el doble de intención de votos de los que reúnen Maduro y Guaidó juntos.
“Lo que la encuesta dice es que hay decepción y desconexión con las ofertas políticas existentes llámense oficialistas, que tienen el mayor nivel de rechazo empezando por Maduro, u opositoras (…) la gente quiere una propuesta distinta a las estrategias pasadas, a la polarización actual”, responde el director de Datanálisis Luis Vicente León.
Para el analista político es evidente que en Venezuela aumenta el terreno para un outsider frente a la crisis de partidos y el desgaste de los dirigentes políticos: “El campo del outsider es el campo de las decepciones de la población frente al liderazgo”.
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El próximo mes de septiembre se cumplirán treinta y cuatro años del estudioSobre la Posibilidad de una Sorpresa Política en Venezuela, que consideró dos clases de sorpresa en el acontecer político venezolano: 1. un golpe de Estado y 2. justamente, la llegada de un outsider democrático a la Presidencia de la República. Respecto del primer tipo, ese estudio postuló: «…de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales, probablemente lo haría con un porcentaje muy reducido de votos. En ese caso el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable». Poco después de la fracasada intentona de Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Diosdado Cabello et al., se sabría que su alzamiento estuvo planeado para el 16 de diciembre ¡de 1991! Los golpistas proyectaban amanecer mandando desde Miraflores en un nuevo aniversario de la muerte de Simón Bolívar.
Pero la sección pertinente de ese trabajo de 1987 versa sobre el asunto que fuera medido por Datanálisis el pasado mes de febrero. Puede resultar de interés reproducir aquélla prácticamente en su totalidad.
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SORPRESA #2: OUTSIDER DEMOCRATICO
Es posible también una sorpresa más democrática que un golpe de Estado. Es más, la probabilidad de ese tipo de sorpresa es significativamente mayor que la de una «solución» militar. No obstante, sigue siendo una sorpresa. Es decir, la probabilidad de un evento tal es baja. No es altamente probable que un candidato no postulado por Acción Democrática o COPEI llegue a ganar las elecciones. Pero de esto se trata precisamente, de considerar cualitativamente las sorpresas, pues de su ocurrencia se ocupará el curso de los acontecimientos y el signo de los tiempos, según el cual, para recordar a Dror, la sorpresa es ahora un fenómeno endémico.
El tipo de análisis que haremos acá es el de estipular cuáles serían los requisitos necesarios en un candidato sorpresa y en su campaña, sin los que no podría darse su triunfo.
Rasgos necesarios del candidato
El primer rasgo indispensable en el líder que pueda orientar a su favor la considerable potencialidad de un voto harto de lo tradicional y de su ineficacia, es que sea un verdadero outsider. Hay, al menos, dos sentidos en los que este concepto de outsider se aplicaría en este contexto.
Para comenzar, el candidato debe ser un político que pueda ser percibido como estando fuera del establishment de poder venezolano. No necesariamente significa esto que el candidato deba estar contra la actual articulación de poder en Venezuela. Simplemente es necesario que no se le perciba como formando parte de la red de compromisos que caracterizan a la configuración actual.
(…)
El pueblo sabe, empírica o intuitivamente, que una persona, participante directo de la configuración de poder actual, carece de la libertad necesaria para acometer los cambios que sería necesario introducir a través de tratamientos novedosos a la situación política. Para ponerlo en otros términos: un líder que ostente en los momentos actuales una cantidad significativa de poder, estará al mismo tiempo muy impedido por la serie de transacciones en las que, con toda probabilidad, habrá debido incurrir para acceder a la posición que ocupa y para mantenerla.
(…)
Hay un segundo sentido, más específico, en el que el candidato que pueda resultar la sorpresa debe ser un outsider. Debe serlo también en términos de estar afuera o por encima del eje tradicional del «espacio» político. Tal eje viene determinado por un continuum más o menos lineal, que va desde las posiciones de «izquierda» hasta las posiciones de «derecha». Esta es una división tradicional del campo político, pues responde al criterio de que el principal «problema social» (o político), consiste en distribuir la renta social: si se acomete este asunto con preferencia para «los pobres» entonces se es izquierdista; si esto se hace con preferencia por «los ricos», entonces se es derechista.
No es éste el sitio para describir otra noción política más moderna que considera obsoleto el planteamiento anterior, definitorio de «derechas» e «izquierdas». Pero el candidato que pretenda tener éxito en 1988 deberá ser outsider también en el sentido de no situarse en alguna posición del eje referido, sino en un plano diferente.
(…)
La segunda característica importante (a nuestro juicio más importante que la condición de outsider) que debe ostentar un candidato con posibilidades de «dar la sorpresa», es la posesión de tratamientos suficientes y convincentes para la crisis.
La base de esta condición consiste en poder partir de una concepción de lo político que comprenda importantes y hasta radicales diferencias con las concepciones convencionales. En la raíz de tal concepción está la necesidad de una sustitución de paradigmas políticos, en el sentido que Tomás Kuhn da al término paradigma. Es decir, nos hallamos ante una realidad social y política que ya no puede ser comprendida por los planteamientos y enfoques convencionales, lo que es la causa de fondo de la crisis de gobernabilidad. No es el caso que los políticos tradicionales tengan las recetas adecuadas y por «maldad» se resistan a aplicarlas. El punto es que no las saben.
(…)
A partir de una concepción diferente, más científica y moderna de la política y sus posibilidades tecnológicas reales, es como podría ser posible la generación de tratamientos que cumplan con tres condiciones necesarias a la persuasión pública requerida:
1. Deben ser radicales pero pocos: dos extremos resultan imposibles, dañinos o inútiles: el planteamiento de una reforma radical y global, que se ocupe de todo a la vez, en el mejor de los casos será altamente traumático y, más probablemente, imposible de aplicar por falta de capacidad para gerenciar un grado de cambio tan exhaustivo; la estrategia de cambiar lo menos posible e ir ajustando las cosas de modo incrementalista es derrotada por la complejidad original del problema y su velocidad de complicación creciente. Este dilema es comprendido intuitivamente por el elector promedio. De allí la poca credibilidad de los programas de gobierno exhaustivos, así como la de los programas tímidos e incrementalistas. Para que un programa alcance la credibilidad necesaria deberá ser del tipo radical selectivo, es decir, identificador de pocos puntos estratégicos sobre los que se ejerza una acción transformadora a fondo. Y a esta condición deberá sumarse la de concreción, pues no bastará la enumeración de pocas áreas si éstas son vagamente definidas.
2. Deben ser eficaces: no se trata por tanto de pseudotratamientos. «Reactivar la economía» no es la solución, sino el estado final que debe alcanzarse una vez aplicada la solución. Combatir el «centralismo», combatir el «presidencialismo», etcétera, son orientaciones generales muy loables pero poco concretas. Los tratamientos deberán venir explicados en forma tan concreta que se pueda especificar su beneficio y su costo. Los tratamientos deberán dirigirse al ataque de causas problemáticas antes que a la moderacion temporal de sintomatologías anormales.
3. Deben ser positivos: se necesita un planteamiento terapéutico que trascienda la política quejumbrosa para ofrecer salidas que permitan un razonable optimismo.
Por último, el candidato debiera tener la capacidad de «librar por todos». (En el juego infantil del escondite se estipula a veces una regla por la que al quedar sólo un jugador por descubrir, éste puede salvarse, no únicamente a sí mismo, sino a todos los anteriores que hayan sido atrapados). (…) El cargo de Presidente de la República tiene de por sí mucha capacidad de convocatoria, y lo tendría mucho más si tal cargo lo ocupase un outsider que hubiera logrado dar la sorpresa. El punto está más bien en la voluntad real de convocar que tenga el involucrado, en la medida en que no esté atado a intereses tan específicos que no pueda verdaderamente pasar por encima de rencores de asiento grupal. Si un aspirante a outsider sorpresivo, a «tajo» de las elecciones, plantea su campaña con un grado apreciable de vindicta, de falta de comprensión de lo que en materia de logros políticos debemos aun a los adversarios, obtendrá temprana resonancia y fracaso final. El outsider con posibilidad de éxito no se impondrá por una mera descalificación de sus contendientes y, en todo caso, no por descalificación que se base en la negatividad de éstos sino en la insuficiencia de su positividad. El propio Issac Newton reconoció: «Si pude ver más lejos fue porque me subí sobre los hombros de gigantes».
Rasgos necesarios de la campaña
Suponiendo que exista el verdadero outsider y que éste posea un arsenal terapéutico eficaz, concentrado y positivo, capaz de ser asumido voluntariamente como programa por el público en general, todavía queda el problema de ejecución de su campaña en forma correcta.
El eje básico de una campaña correctamente ejecutada pasa nuevamente por la suficiencia de los tratamientos que el outsider proponga. La campaña debe ser planteada en esos términos: suficiencia vs. insuficiencia.
Luego viene la consideración del tiempo estratégico. Por diversas razones el tiempo de lanzamiento de la candidatura con posibilidades debe ser lo más tardío posible. Por un lado está el problema de los recursos: es improbable que un verdadero outsider pueda conseguir los fondos necesarios a una campaña prolongada. Por otra parte, el intento debe ser hecho contraviniendo los intentos de actores muy poderosos. En tales condiciones una guerra de atrición no es sostenible. No puede un outsider trenzarse en una larga «guerra de trincheras» contra Acción Democrática y COPEI, pues caería en el asedio. Nuestro outsider se encuentra en la situación de Israel, país pequeño y rodeado de enemigos mucho más numerosos y de mayor poder. Así, su estrategia indica un golpe sorpresivo y contundente y definitivo. Por último, el tiempo debe ser tardío porque lo que es necesario producir corresponde a lo que los psicólogos de la percepción llaman un gestalt switch. Es un cambio súbito en la manera de percibir una misma cosa. De este modo, o el cambio de percepción se produce o no se produce, o se entiende o no se entiende, y para esto no es necesaria o correcta una campaña de convencimiento gradual, sino una argumentación suficiente que tienda a producir una respuesta más instantánea.
Este punto viene ligado, como dijimos, al tema de los recursos, pues una condición de corrección de la campaña deberá ser por fuerza la de su economía. La campaña deberá ser económica, tanto porque no se dispondrá de muchos recursos como porque un gasto excesivo produciría un rechazo de la misma. Así, la campaña debiera ser diseñada en términos económicos.
Esto será posible si la campaña es planteada en términos de calidad vs. cantidad. Contra la reiteración esloganista de millares de cuñas y pancartas, una concentración en mensajes más completos, más densos y contundentes.
A favor de esta posibilidad jugaría la amplificación que se daría por el efecto de novedad. Por el mismo hecho de plantearse una campaña de estilo diferente es como se daría la posibilidad de distinguir el mensaje en un mar de ruido electoral, en la cacofonía de las abrumadoras campañas tradicionales, como un minúsculo flautín clarísimo lo hace dentro de un tutti orquestal.
La campaña deberá caracterizarse, además, por una extraordinaria capacidad organizativa. Se trata, para mencionar sólo un problema, de disponer de testigos en unas treinta mil mesas electorales, con su correspondiente apoyo logístico y de comunicación. Para un outsider este problema es de gran cuantía puesto que, por definición, al ser outsider no dispone de la «maquinaria» de antemano.
Finalmente, el outsider deberá ser capaz de resistir los ataques que sobrevendrían, en una gama que puede ir desde el enlodamiento de su reputación hasta la eliminación física. El riesgo aumentará a medida que la opción que representa comience a significar una posibilidad clara de victoria.
Las probabilidades
Siendo lo que antecede las condiciones indispensables a una «sorpresa» exitosa ¿qué puede decirse de las probabilidades de tal aventura?
La condición crítica será seguramente la de disponibilidad de los recursos. Acá se enfrentaría un outsider con la incredulidad básica ante una aventura no convencional y con la tendencia conservadora que aún en casos de crisis encuentra difícil ensayar algo novedoso. Aquellos que pudieran dotar a una campaña como la esbozada de los recursos suficientes estarán oscilando entre los extremos de más de un dilema.
Uno de los dilemas es el de seguridad vs. corrección. Se sabe de lo inadecuado de los actores políticos tradicionales, pero ante un planteamiento correcto por un outsider habría la incomodidad de abandonar lo conocido. Es queja perpetua del sector privado que el Gobierno no establece reglas de juego estables. La verdad es que hay reglas tácitas de conducta establecidas desde hace tiempo, incluyendo las que regulan la urbanidad de la corrupción. Stafford Beer decía, refiriéndose a la sociedad inglesa de hoy, que su problema era que “los hombres aceptables ya no son competentes, mientras los hombres competentes no son aceptables todavía”. En forma similar Yehezkel Dror destaca otro dilema: si se quiere eficacia es necesaria una transparencia en los valores, la exposición descarnada de los mismos; si lo que se quiere, en cambio, es consenso, entonces es necesaria la opacidad de los valores, no discutirlos más allá de vaguedades y abstracciones.
Así, pues, se estaría ante un dilema de tradicionalidad vs. eficacia, de poder vs. autoridad. Es pronosticable que la mayoría de los actores con recursos, ante una solicitud de cooperación por parte de un outsider con tratamientos realmente eficaces, se pronunciarían por los términos dilemáticos más conservadores.
Pero es concebible que una minoría lúcida entre los mismos pueda proveer los recursos exigidos por una campaña poco costosa en grado suficiente, al menos para cebar la bomba que pueda absorber los recursos totales del mercado político general, pues si la aventura cala en el ánimo del público, una multitud de pequeños aportes puede sustituir o complementar a un número reducido de aportes cuantiosos.*
Pero el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aún el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas se trataría de una sorpresa**—no es necesariamente imposible y que, por lo contrario, la dinámica del proceso político venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. Si esto es percibido de este modo, entonces tal vez las fuentes de apoyo necesarias quieran comportarse como un jugador racional de la ruleta con cien dólares en la mano. Apartará cincuenta dólares como reserva y de los cincuenta restantes apostará la mayoría, cuarenta y cinco quizás, a las posibilidades de mayor probabilidad, rojo, negro, par, impar. Pero jugará cinco de los cien dólares en pleno al diecisiete negro (outsider), porque sabe que si la apuesta es de éxito menos probable, si pierde pierde poco y si gana ganará mucho más que lo que invirtió.
Finalmente, y nuevamente en la analogía de los juegos, bastante dependerá de la lectura que se tenga de la crisis. Para aquellos para los que la abrumadora acumulación de evidencias no sea suficiente para creer que la crisis no es de carácter coyuntural y pasajero, será lo indicado negar su apoyo al outsider. Sólo aquellos que ya se hayan convencido de que la crisis es estructural y requiere por tanto terapias no convencionales, podrán pensar como el buen jugador de dominó (o de bridge) que carezca de información completa sobre la localización de las piezas o cartas clave. En esas condiciones, un buen jugador identificará cómo tendría que darse esa ubicación de piezas para poder ganar la mano. Entonces jugará como si en verdad la disposición fuese esa única forma de ganar, rogando para que así sea.
Yehezkel Dror nos dice que la situación del agente de decisión de hoy es cada vez más la de una apuesta difusa.
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* Veintiún años después, Barack Obama lograría precisamente eso en su campaña de 2008: 70% de los recursos financieros de su campaña fue provisto por numerosas donaciones individuales con un promedio de 50 dólares por aporte.
** Una sorpresa es la ocurrencia de un evento improbable. Para el Diccionario de la Lengua Española, sorpresa es «Acción y efecto de sorprender», y sorprender es «Conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible».
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Un complemento a esta entrada esRetrato hablado, del 30 de octubre de 2008.
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