Guerra en Ucrania

El mapa del NYT marca catorce sitios bombardeados en Ucrania

 

Lo que sigue ha sido traducido de correo del servicio de noticias proporcionado esta mañana por The New York Times (a las 7:51 a. m. hora de Caracas)

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Ha comenzado la guerra europea más significativa en casi 80 años

 

 

Temprano esta mañana en Ucrania, las tropas rusas cruzaron la frontera y los aviones y lanzamisiles rusos atacaron ciudades y aeropuertos ucranianos. Los ataques abarcaron gran parte del país, mucho más allá de las provincias fronterizas donde ha habido enfrentamientos esporádicos entre las naciones durante años.

El gobierno de Ucrania lo llamó “un ataque a gran escala desde múltiples direcciones”.

Se escuchó explosiones en Kiev, la capital, así como en más de una docena de otras ciudades. En un aeropuerto en las afueras de Kiev, los ataques con cohetes se dirigieron a aviones de combate ucranianos estacionados. En la ciudad portuaria sureña de Odessa, las tropas rusas llegaron desde el mar. En Lutsk, en la esquina noroeste de Ucrania, más cerca de Polonia que de Rusia, también se informó de explosiones.

Los ucranianos se apresuraron a refugiarse en las estaciones de autobús y metro. En Kiev, la gente empacó sus autos y esperó en largas colas por gasolina antes de salir de la ciudad. En el este de Ucrania, se formaron filas en cajeros automáticos y gasolineras.
“Es pánico, ¿no lo ves?” Yevheni Balai le dijo a Michael Schwirtz de The Times, señalando una cola de ucranianos ansiosos parados afuera de un banco cerrado en Slovyansk, en la parte este del país. “Han obtenido exactamente lo que querían los del otro lado: pánico y desestabilización”, dijo.

“Hemos vivido ocho años de guerra interminable”, dijo a The Times una mujer que dirige un banco de sangre en el este de Ucrania. “No hay a dónde correr. Toda Ucrania está explotando”.

Los detalles

Vladimir Putin, el presidente ruso, describió la invasión como “una operación militar especial” en lugar de una guerra, y Rusia dijo que los civiles no serían atacados. Pero Putin ha mentido repetidamente en el período previo a la invasión, y no estaba claro si esos comentarios tenían algún significado.

El Ministerio de Defensa de Rusia afirmó haber desactivado todas las defensas aéreas y bases aéreas de Ucrania alrededor de las 8 a.m. hora local, según Anton Troianovski, jefe de la oficina de The Times en Moscú. (Ucrania está siete horas por delante de Nueva York).

Putin advirtió a otros países que interferir con la invasión traería “consecuencias como nunca antes han experimentado en su historia”. Algunos analistas se preguntaron si esa línea equivalía a una amenaza de usar armas nucleares.

Poco antes de las 7 a. m. hora local, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, declaró la ley marcial y pidió a la gente que se quedara en casa y mantuviera la calma.

Las fuerzas ucranianas derribaron seis cazas rusos y un helicóptero durante intensas batallas para mantener el control de las ciudades, dijo un alto funcionario militar ucraniano. Las tropas ucranianas también afirman haber repelido, por el momento, los avances rusos sobre dos ciudades importantes: Chernihiv, en el norte, cerca de Bielorrusia, y Kharkiv, en el noreste, cerca de la frontera con Rusia.

El presidente Biden condenó el ataque “no provocado e injustificado”, calificándolo de “una guerra premeditada que traerá una pérdida catastrófica de vidas y sufrimiento humano”. Dijo que hoy anunciaría “sanciones severas” contra Rusia.

Tanto los demócratas como los republicanos en el Capitolio pidieron a Estados Unidos que apoye a Ucrania. “Si Putin no paga un precio devastador por esta transgresión, nuestra propia seguridad pronto estará en riesgo”, dijo el senador Chris Murphy, demócrata de Connecticut. El senador Ted Cruz, un republicano de Texas, dijo: “Estados Unidos apoyará a nuestros aliados ucranianos”, con ayuda continua, y responsabilizará a Putin.

La OTAN llevará a cabo una sesión de emergencia esta mañana, según Steven Erlanger de The Times. “La OTAN hará todo lo necesario para proteger y defender a todos los aliados”, dijo Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN. Ucrania no es miembro de la OTAN, pero su creciente cercanía con Estados Unidos y Europa occidental ha enfurecido a Putin.

Mientras Putin anunciaba la invasión, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estaba en medio de una reunión de emergencia. Resultó en una escena notable, ya que los diplomáticos reaccionaron a la noticia. “No hay purgatorio para los criminales de guerra”, dijo el embajador de Ucrania a su homólogo ruso. “Se van directo al infierno, embajador”.

El gobierno de China buscó mantener su delicado acto de equilibrio en la crisis, reiterando los llamados a la diplomacia y aprobando las importaciones de trigo ruso, lo que podría suavizar el impacto de las sanciones occidentales.

En los mercados globales, el precio del petróleo superó los 100 dólares el barril. Los índices bursátiles asiáticos bajaron un 3 por ciento a las 6:20 a. m., hora del Este.

Daniel Dale de CNN ha compilado una lista de reporteros en Ucrania. Muchos rusos sienten una profunda inquietud por ir a la guerra. En Times Opinion, Richard Haass escribe: “Occidente debe mostrarle a Putin lo equivocado que está al elegir la guerra”.

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(De correo ulterior)

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA

Actualizaciones en vivo: el gobierno de Ucrania prometió una «defensa total» cuando Rusia atacó a más de una docena de ciudades y pueblos en todo el país por tierra, aire y mar. (jueves, 24 de febrero de 2022 9:32 a. m. EST)

Funcionarios ucranianos dijeron que Rusia disparó misiles de crucero y balísticos contra aeródromos y cuarteles militares cerca de la capital, Kiev.

En tierra, las tropas rusas cruzaron la frontera con Ucrania en múltiples áreas a la vez.

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Memorizado para persistir

Salvador Dalí: La persistencia de la memoria

 

Ando revisando documentos que ya son vetustos, como aquél del que extraigo el texto que transcribo abajo. Éste consiste en la Introducción de mi primer libro: Krisis – Memorias prematuras (1986). Creo que algunas cosas dichas allí pueden ser de interés, aun a tres décadas y media de distancia.

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En 1972 exhibieron en Caracas una rara e interesante película que se llamaba La tienda roja. La cinta fantasea sobre la aventura de una expedición italiana hacia regiones árticas inexploradas que dirigía el general Umberto Nobile. Un grupo de expedicionarios voló con él en un dirigible que se estrelló en un inhóspito y desolado paraje. Allí los sobrevivientes pudieron radiodifundir señales de emergencia y pedir auxilio. Tres intentos de rescate, nos cuenta la película, fueron un rompehielos ruso que no pudo llegar a alcanzarlos, la solitaria y trágica figura del noruego Roald Amundsen que se acerca en su trineo y muere en la búsqueda y, finalmente, un piloto alemán que llega hasta el sitio del accidente en un avión biplaza. Esta circunstancia significaba que podría salvarse uno de los sobrevivientes, pues el aeroplano sólo tenía puesto para una persona más. Quien se salva es Nobile, dejando atrás a sus compañeros, abandonados a una muerte prácticamente segura.

La historia sigue, muchos años más tarde, en el salón de la casa de Nobile, ya viejo. Es de noche y le visitan sus fantasmas. Su conciencia proyecta en la sala la imagen de Amundsen, la del piloto alemán, la de un grumete de la expedición que iba a casarse con la novia a quien adoraba… Es un terrible tribunal que le acosa y le pregunta por qué eligió salvarse él y no salvó a cualquier otro. Nobile responde y se defiende: “Mis influencias como general servirían para organizar una partida de salvamento. Ningún otro hacía más probable el rescate posterior de todos los que quedaban. Me salvé para salvar a los demás”.

La discusión prosigue hasta que el fantasma de Amundsen lo emplaza: “Nadie hace nada por una única razón. Siempre hay más de una razón. Pero hay una que en la última instancia es la que definitivamente inclina la balanza. ¡Nobile! ¿Cuál fue esa razón para ti? ¿Cuál, entre tantas, fue la que inclinó la balanza hacia tu propia salvación?” El general calla por un momento, sin más recurso que la sinceridad, y exclama: “¡Yo pensaba en un plato de sopa caliente y en una bañera y en una cama en que dormir al abrigo del viento!”

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Esto es la historia de una decisión personal de quien escribe. El jueves 12 de diciembre de 1985 fui a la oficina del presidente de una importante empresa a explorar la posibilidad de un empleo.* Fuertemente influido por la presión de una agobiante situación económica—por la que no puedo culpar a nadie más que a mí—pensaba que podría hacer un alto de un par de años en mi proceso de preocupación creciente por la política venezolana. Pensaba que podía dejar lo que había venido haciendo últimamente y descansar, escribir unos libros con calma y consolidar mi seguridad económica. La cita con el presidente de la empresa era al final de la mañana. Una hora antes de salir trabajaba en mi escritorio. Aunque no estaba enfermo me sentía terriblemente. No recuerdo muchas veces en las que me haya sentido tan mal. El amor por mi mujer y mis hijos, que sufren la angustia de la incertidumbre que les he impuesto desde hace casi tres años, me dio fuerzas para sobreponerme y manifestar un convincente interés en emplearme. Pero me sentía mal. Yo no quería ese empleo. Yo quería seguir, en contra de considerables obstáculos, en mi creciente inmersión en la política.

La entrevista, y una posterior y casual conversación con el vicepresidente de la misma organización, fueron exitosas. La empresa tendría un lugar para mí aunque tuvieran que crear la posición, según el vicepresidente. Pero, me advirtió: “Debes pensar si eso es realmente lo que tú quieres”.

Regresé a casa y le conté a mi esposa, quien me dijo: “La decisión es tuya”.

Sería la tranquilidad económica tan ansiada. Se trataba de una remuneración anual superior a los quinientos mil bolívares**, y al nivel de vida al que hemos descendido por la atrición en los ingresos, con poco que añadiéramos viviríamos más holgados, quedando un remanente con el que podríamos pagar incontables deudas con prontitud. El fin de semana, como tantos otros, lo pasé trabajando protegido por mi mujer de los reclamos de los niños. Por la madrugada del domingo 15, revisando textos comenzados e interrumpidos días atrás, encontré uno que implicaba un grave paso. Entonces supe que lo daría y sentí paz. Me sentí incomparablemente mejor que cuando fui por el empleo. Al día siguiente, 16 de diciembre de 1985, di el paso. Me presenté en la Notaría Primera del Distrito Sucre y allí autentiqué un documento. El texto es el que sigue:

Yo, Luís Enrique Alcalá Corothie, venezolano, mayor de edad, casado, titular de la cédula de identidad número dos millones ciento treinta y nueve mil cuatrocientos ocho, ocurro ante Notario Público para certificar la siguiente declaración:

Primero. Que en ejercicio de mis derechos políticos, según lo dispuesto en los Artículos 112 y 182 de la Constitución de la República de Venezuela, he decidido solicitar de los electores venezolanos el apoyo necesario para ser postulado candidato a la Presidencia de la República en la próxima oportunidad constitucional.

Segundo. Que buscaré esta postulación directamente de los electores, según lo contemplado en el parágrafo segundo del Artículo 95 de la Ley Orgánica del Sufragio.

Tercero. Que he tomado esta decisión, en pleno uso de mis facultades y con plena conciencia de mis muchas debilidades, porque, después de un severo y laborioso examen de ambas y de una concienzuda consideración del actual proceso nacional y su posible evolución, creo reunir los requisitos que estimo necesarios para desempeñar el cargo de la Presidencia de la República con eficacia.

Cuarto. Que estoy asimismo plenamente consciente de la enorme dificultad del intento que me propongo y que, también considerada debidamente esa dificultad, creo poder vencerla, con la ayuda de Dios.

Quinto. Que en procura de tal finalidad no cabe otra conducta responsable que la de prepararme más aún, en el tiempo que me es disponible, para el servicio a la Nación desde su más obligante magistratura.

Es declaración dada en Caracas, a los dieciséis días del mes de diciembre de mil novecientos ochenta y cinco.

Si, como a Nobile, me preguntaran cuál fue la razón que inclinó mi cargada balanza hacia esa decisión, debería contestar que fueron esos estados opuestos de desasosiego y paz que sentí por esos días. La inquietud cuando iba a solicitar empleo porque representaba una claudicación en la lucha. La paz que lograba con el otro paso. No fue esa última razón un nuevo componente racional, alguna nueva premisa que recompusiera mi análisis de las posibilidades, o algún nuevo dato que yo ignorara. Ni siquiera puedo decir que se trató de algún episodio intuitivo, o que la cosa se resolvió en el terreno emocional. Sentí la respuesta de mi ser como un conjunto global e indiferenciado, tanto en la inquietud como en la calma. No eran mi cerebro o mi corazón lo que se angustiaba o descansaba. Era una plenitud. Pero, como con Nobile, sería inadecuado describir mi decisión como el producto de tales sensaciones. En la formación de ese paso ha intervenido una larga serie de acontecimientos y percepciones, la interacción con mucha gente, incontables horas de análisis y reflexión, mientras he sido tocado, como todo otro venezolano, por los accidentes de nuestra presente crisis nacional. En cierto sentido, mi proceso personal no es otra cosa que el modo como la crisis del país me pasaba por dentro. Ésa es la historia que quiero contar aquí.

Como toda historia, la hago arrancar desde un punto arbitrario: con el año de 1983. Las raíces de una preocupación por la significación histórica de la sociedad de la que soy miembro son muy anteriores a ese año. Así lo es también alguna que otra noción sobre lo social que forma parte de mi actual enfoque y comprensión de lo político. Esta es una de las maneras en que la historia de mi decisión resulta una historia incompleta, pues sería posible encontrar la fuente de algunos de sus componentes en años más remotos. Hay asimismo otra causa de inexactitud: “Cada pulpero alaba su queso”, y por más que he procurado mostrar acá, con alguna desnudez, las debilidades personales que considero pertinentes a mi actuación política y su posible eficacia, mi vergüenza limita mi sinceridad. No creo haber eludido hablar de algún defecto que me conozca y que yo crea que debe ser conocido para que las gentes se formen una opinión válida acerca de mis capacidades políticas. Sin embargo, lo que dejo traslucir en el recuento no es, por supuesto, más que una fracción de mi falibilidad.

La historia de mi decisión de buscar el voto de los venezolanos para acceder al cargo de Presidente de la República está llena de episodios de interacción con un gran número de personas. Refiero aquí la mayoría de ellos. Para eso, he optado por suprimir los nombres de las personas involucradas cuando he estimado que la narración de los hechos pudiera resultarles comprometedora. El paso dado el 16 de diciembre de 1985 fue el acto de un hombre solo. No me hice acompañar por nadie. La autenticación del documento por Notario Público es suficiente signo de que lo quise hacer del dominio general, pero la soledad que elegí habla de que fue igualmente un acto personal de mi exclusiva responsabilidad. Por esta razón, al hacer el recuento del proceso que me llevó a la decisión, a veces protejo a personas que aparecen en el relato con el silencio de sus nombres. A casi todas ellas debo agradecer en mayor o menor medida algún apoyo material o espiritual, alguna palabra de aliento o, simplemente, algún gesto de conmovedora amistad. Muchas de esas personas, preocupadas por mi suerte y la de los míos, me han visto recorrer el tortuoso camino, lleno de oscilaciones, de arranques y retrocesos, de entusiasmo y depresión. Muchos buenos y certeros consejos he recibido de ellas, los que no siempre he sabido llevar a la práctica.

Pero me ha parecido que en este texto no debo asociarlas con mi decisión, tomando en cuenta la aparente insensatez de la misma. El 23 de diciembre de 1985 desayunaban en mi casa cinco venezolanos, ya informados de mi voluntad de buscar la postulación. El más enérgico de los cinco me dijo con inmenso calor de amistad: “¡Esto que te propones es un soberano disparate!” Es necesario que refiera la gestación del disparate. Si no estoy escribiendo exclusivamente para las personas a quienes en estos últimos años he llenado con numerosas y hasta contradictorias imágenes, si bien escribo este recuento para el público en general, también pienso mucho en los amigos, en quienes me han escuchado y han sufrido de algún modo mi anómala trayectoria hacia una función pública. Dedicando, como lo hago, mucho tiempo a pensar la política, es bastante frecuente que llegue a conclusiones que modifican mis posiciones anteriores. Mis interlocutores deben luego sufrir, en entrevistas que no dejan espacio a una relación completa y continua del análisis, alguna sorpresa, alguna modificación. “Parecía tener una interpretación nueva cada semana, la cual pacientemente nos explicaba a mis colegas y a mí. Pero cuando entendíamos todos los detalles (normalmente como una semana después), él ya había refutado su propia hipótesis e ideado otra alternativa”. Así se refiere Richard Muller a su profesor, el físico y Premio Nobel Luís Álvarez. Algún consuelo obtuve al leer esa declaración, pues pensé que no solamente yo torturaba a mis amigos con un incesante cambio en el discurso. Pido perdón por la penosa experiencia a la que he sometido, en más de una ocasión, a tantas y tan pacientes personas amigas. Solicito su comprensión ante lo ambicioso de las reflexiones emprendidas. Apelo a su benevolente entendimiento para que me concedan el atenuante de la profunda crisis que vivimos, cuya lectura es un trabajo arduo y desequilibrante. Lo cambiante del ambiente de señales que recibimos es una condición que ha exigido el constante reexamen en las hipótesis que he venido manejando; la magnitud de los problemas que enfrentamos como sociedad, un factor que induce oscilación en el pensamiento. He procurado mostrar aquí, no obstante, cómo es que, a pesar de las perturbaciones, una cierta interpretación de lo político emerge como teoría válida y cómo es que, a pesar de los cambios en mis proposiciones, cada nuevo estadio construía sobre los anteriores y preservaba lo esencial de mi enfoque, como creo también que cada nueva versión era factible en su momento y esencialmente correcta.

La misma persona que en el desayuno que referí opinó que mi decisión era disparatada se despidió de mí diciéndome: “Vuelve a escribir el Informe Krisis”. Aludía a una publicación mensual que produje desde octubre de 1983 hasta febrero de 1985, y que tanto él como otros amigos me excitaban a continuar, en parte porque podía darme algún ingreso, en parte porque piensan que es un modo de influir en la opinión de importantes actores de la vida nacional. La palabra crisis es de origen griego y en ese idioma significa decisión. Nada parecería más apropiado, pues, que llamar a esta historia de una decisión con el nombre de mi antigua publicación. Ha sido una larga crisis, una difícil pero pacificante decisión.

Otro de los asistentes al desayuno mencionado decía que mis probabilidades objetivas dependerían fundamentalmente de que yo pudiera articular un mensaje cuyos componentes tenía a la mano, no sin advertirme que era esta fácil circunstancia el peor enemigo a vencer. Muchas veces he lidiado con la estructura que daría a muchas cosas que quiero decir. Un afán puntilloso de perfección textual me hizo desechar los varios esquemas. Confío en que la organización de este relato, decidida con posterioridad a la amistosa advertencia, y en función de una secuencia temporal, me permita explicar mis ideas de un modo más natural, sin la pretensión de un ensayo acabado, de un tratado sobre la política, de un plan de acción… versiones que, entre otras, consideré escribir. Lo que aquí se lee no es otra cosa que el tránsito de la crisis que a todos influye por el alma de una persona que se ha dejado deliberadamente penetrar por aquélla. De vez en cuando se topará el lector con referencias a notorios acontecimientos de la época narrada. Un trabajo más completo, un intento más científico, procedería con un recuento sistemático de las noticias como referente paralelo a mi crisis personal.*** Admito la imperfección de una relación incompleta a este respecto y tal vez acometa en ocasión posterior ese trabajo referencial. Pero ahora no tengo tiempo y debo vencer los escrúpulos y presentar a la lectura este texto limitado. Creo en la transparencia política. Creo que la época no se satisface con míticos personajes ya imposibles y que nunca se equivocan, distantes y perfectos. Así expongo al escrutinio público este relato personal que, en virtud de mi decisión política, debo ofrecer. Si no por una postura moral, al menos porque en la política informatizada de nuestros días, ante un ciudadano cada vez más consciente y menos creyente en superhombres salvadores, resulta una necedad exhibirse como esos seres pretendidamente inerrantes que pueblan nuestra política cotidiana. Eso sí sería un verdadero disparate.

Son estas páginas una suerte de memorias prematuras. En mi experiencia, a medida que los recuerdos me son más antiguos, disminuye la pasión negativa que algunos acontecimientos hayan podido causarme. No guardo de estos tres últimos años de mi vida, sin embargo, ningún rencor que valga la pena.

Por lo contrario, jamás como ahora he recibido de los demás mayor cantidad de consideración, paciencia y amistad. Si a los ojos de los amigos alguna meta temporal no fue aún alcanzada tal vez eso se deba a mi falta de humildad y a la terquedad que esta carencia causa, o, como he dicho, a la sensación de lo incompleto o inadecuado de mi diseño ante un proceso social tan complejo e inusual. Es en rebeldía ante el castrante escrúpulo perfeccionista que escribo estas prematuras memorias. Seguramente podría hacerlo con mayor justicia en una ocasión posterior.

26 de diciembre de 1985

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* La empresa era Menevén, y me había reunido primero con su presidente, Renato Urdaneta. Su vicepresidente, quien me recibió luego, era entonces Roberto Mandini.

El amedrentamiento ha sido arma favorita de Chávez durante todo su período, y desde su mismo inicio. Más de una de esas reuniones televisadas desde el Salón Ayacucho parecía atenerse a un estilo de gobernar en corte, como si se tratara del más absoluto de los monarcas franceses tomando decisiones sobre la marcha y delante de todo el mundo, sin discreción alguna, muchas veces para vergüenza de los involucrados. Pero al estilo versallesco de decidir enfrente mismo de los cortesanos, Chávez ha añadido el poder intimidante de una cámara de televisión, clavada sobre el semblante de la persona a quien pudiera ocurrírsele aludir directamente. Por ejemplo, con motivo de la primera reestructuración de la plana mayor de PDVSA, Chávez se dirigía al país desde el centro del estrado, mientras a su lado derecho observaba, entre otros, el recién nombrado presidente de la compañía, Roberto Mandini. Éste último no estaba conforme con el candidato que Chávez quería imponer en PDVSA Gas, Domingo Marsicobetre. Chávez forzó una transmisión televisada al país para informar acerca de la reestructuración de autoridades en PDVSA y, ante las cámaras de televisión, dijo que todavía no había acuerdo respecto de quien dirigiría PDVSA Gas. “Hemos hablado de un nombre… ¿No es así, Mandini? ¿Marsicobetre, no?” El acosado Mandini, sabiéndose enfocado por la cámara, y sin atreverse a contradecir al Presidente de la República ante los ojos de la Nación, capituló allí mismo. (Tragedia de abril, 14 de junio de 2002).

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** A la tasa promedio de 1985, equivalentes a US$ 38.500.

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*** Precisamente hice eso en mi segundo libro: Las élites culposas – Memorias imprudentes.

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Otra vez

Ilustración de portada

 

De nuevo somos foco de interés para el Grupo Internacional de Crisis, en extenso estudio de esta fecha sobre nuestro estira y encoge entre gobierno y oposición. De seguidas, el resumen inicial:

Conclusiones principales

¿Qué hay de nuevo? La lucha por la supremacía política en Venezuela, que en algún momento fue un asunto de política interna, se ha convertido en una constante fuente de discordia geopolítica. En parte debido al deterioro de la crisis humanitaria, éste sigue siendo un asunto preocupante para los países vecinos. La reciente disposición de los partidos venezolanos a negociar les podría permitir a los actores internacionales desempeñar un papel más constructivo.

¿Por qué importa? Los actores externos no pueden imponer el fin de la disputa entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la oposición. Pero las dos partes tampoco pueden resolver la crisis sin el consentimiento tácito y, preferiblemente, la participación activa de las potencias mundiales, incluidos EE. UU., la UE, Rusia y China.

¿Qué se debe hacer? Las conversaciones entre el gobierno y la oposición, actualmente suspendidas, requerirán mediación externa, apoyo constante por parte de los aliados extranjeros de ambas partes, al igual que compromisos de apoyo financiero y técnico en caso de que finalmente se alcance un acuerdo.

Resumen ejecutivo

Más de dos décadas de agitación política en Venezuela han resultado involucrando a gran parte del mundo. La disputa entre los gobiernos del autoproclamado socialista Hugo Chávez (1999-2013) y su sucesor Nicolás Maduro, por un lado, y una alianza de oposición por el otro, se propagó primero por América Latina y desde entonces se ha convertido en una disputa global. A principios de 2019, el presidente de EE. UU., Donald Trump, con el apoyo de la principal corriente de oposición, intentó abiertamente derrocar a Maduro a través de la estrategia de “máxima presión”: sanciones económicas severas, aislamiento diplomático y vagas amenazas de intervención militar. El intento fracasó. Pero trazó una clara línea divisoria entre los Estados que apoyan a Maduro, incluidos Rusia y China, y casi 60 otros países que respaldaron la iniciativa estadounidense y la “presidencia interina” del líder opositor Juan Guaidó. Tres años después, el país vive un estancamiento político y una fuerte crisis humanitaria. Pero las dos partes volvieron a la mesa de negociación en 2021. Los aliados extranjeros de ambos lados deben respaldar con urgencia los posibles esfuerzos, actualmente suspendidos, para lograr una solución negociada para Venezuela.

Chávez, un consumado populista carismático, se valió del petróleo barato, generosas finanzas y actos de solidaridad para cultivar un círculo de aliados cercanos en América Latina y el mundo, entre los que destaca Cuba. Al mismo tiempo, satanizó a quienes se oponían a su gobierno, en particular a EE. UU. y sus acólitos. Pero poco después de su muerte en 2013, el inicio de una devastadora recesión económica intensificó el conflicto político interno venezolano y lo extendió mucho más allá de sus fronteras. Los países vecinos absorbieron la mayor parte del masivo éxodo de migrantes, actualmente estimado en seis millones de personas, quienes huían de la pobreza y del colapso de los servicios públicos. Mientras tanto, el crimen organizado y grupos armados colombianos intentaron obtener ganancias en negocios ilícitos y la complicidad de las desfinanciadas fuerzas de seguridad del otro lado de la frontera, lo que desató la ira de Bogotá. Los dos Estados rompieron relaciones en 2019.

El gobierno venezolano afinó su aparato de seguridad estatal y adoptó una postura más represiva, por lo que EE. UU. endureció sus sanciones a partir de 2015 contra funcionarios estatales y posteriormente las amplió para dirigirlas a sectores económicos completos. Múltiples países de Europa y América Latina se unieron a esta causa después de que Maduro fuera reelecto en 2018 en medio de unas elecciones boicoteadas por la oposición y acusaciones de fraude. Estos eventos llevaron a la Asamblea Nacional controlada por la oposición a nombrar a Guaidó como jefe de Estado en enero de 2019. Decenas de Estados reconocieron su nuevo “gobierno interino”.

Los partidarios de Maduro lo defendieron de inmediato, lo que provocó un enardecido enfrentamiento en la escena internacional. Moscú, que ya respaldaba financiera, militar y diplomáticamente a Caracas, le ayudó a evadir las sanciones y bloqueó las iniciativas de EE. UU. con las que pretendía promover medidas punitivas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Beijing también ha invertido mucho en Venezuela, a menudo a su pesar, pero de igual manera se sumó a los esfuerzos para proteger al gobierno de Maduro. Turquía e Irán, por su parte, se convirtieron en socios económicos cruciales del agobiado Estado sudamericano.

Tres años después de que Guaidó reclamara la presidencia y los aliados internacionales de Venezuela se dividieran en bloques rivales, los gobiernos extranjeros pueden estar ahora posicionados para fomentar, en lugar de obstaculizar, una solución pacífica para la crisis. El gobierno y la oposición reanudaron las negociaciones facilitadas por Noruega en agosto de 2021 en Ciudad de México, aunque el gobierno suspendió su participación dos meses después. La participación de la comunidad internacional está contemplada explícitamente en el memorando de entendimiento firmado al inicio de las conversaciones. Rusia y los Países Bajos han sido invitados como “acompañantes” del proceso. También está previsto un Grupo de Amigos, compuesto por un número igual de aliados de cada parte; sin embargo, aún no se ha definido la composición de este grupo ni el papel que desempeñarán los países que lo integren. 

Los diálogos comenzaron en medio de un clima internacional que es, de algún modo, más favorable para un acuerdo que en cualquier otro momento del pasado reciente. Bajo la presidencia de Joe Biden, Washington adoptó una postura más multilateral y modificó la política de “máxima presión” de Trump, lo que ha permitido una alineación mucho más estrecha entre EE. UU., Canadá y la UE con respecto a Venezuela. América Latina está dividida más equitativamente que antes y, con algunas excepciones, menos decidida a expulsar a Maduro de su cargo. Con cada vez menos apoyo a la reivindicación de Guaidó a la presidencia interina y el colapso del gobierno aparentemente improbable, Rusia y China pueden estar menos preocupadas por el cambio de régimen y los efectos que pueda tener en su posición global, y más interesadas en rescatar sus devaluadas inversiones.

Aun así, lograr un consenso a través de la división que genera la crisis venezolana no es nada fácil dadas las tensas relaciones entre las principales potencias, que sólo han empeorado por el enfrentamiento sobre Ucrania. EE. UU. percibe la creciente presencia de Rusia y China en América Latina como una amenaza. Ni Moscú ni Beijing están dispuestos a contemplar un acuerdo que represente una clara ganancia estratégica para Washington, en especial si además perjudica sus intereses económicos.

Para lograr que las distintas potencias extranjeras hagan concesiones será necesario adaptarse a sus principales intereses y límites. EE. UU. tiene un pequeño pero influyente grupo de cabildeo sobre Venezuela que se opondrá activamente a cualquier acuerdo que considere demasiado indulgente con Maduro. Cuba y otras naciones del Caribe necesitarán garantías de que sus necesidades energéticas serán satisfechas. Rusia y China intentarán obtener garantías para sus inversiones, especialmente en el sector energético, y para el pago de las deudas bilaterales. Bogotá estará inconforme con cualquier acuerdo que no aborde el tema del refugio que los grupos armados dedicados a la economía ilícita en Colombia han encontrado en Venezuela.

Pero estas dificultades no deben ocultar el evidente interés de los aliados de ambas partes por encontrar una salida para el estancamiento. Con este objetivo, ellos deben exhortar a sus pares venezolanos a volver a la mesa de negociaciones y trabajar de buena fe para lograr un acuerdo; y deben ofrece incentivos, en especial al lado del gobierno, para alcanzarlo. También deben estar preparados para prestar distintos tipos de asistencia para sortear obstáculos y garantizar el progreso de las conversaciones, desde paquetes de ayuda financiera hasta apoyo a reformas de seguridad interna o justicia, o comprometiéndose a verificar el cumplimiento de un acuerdo final.

La fractura geopolítica ha hecho que sea fácil para ambas partes en Venezuela recurrir a sus aliados extranjeros en busca de apoyo, en lugar de hacer concesiones a sus opositores nacionales. Pero mientras el país esté sumido en una emergencia socioeconómica extrema, todos los interesados tienen más que ganar con una solución pacífica y negociada a esta prolongada crisis.

Caracas/Bogotá/Bruselas, 17 de febrero de 2022

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(Para descargar el informe completo en formato .pdf).

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La bondad nunca se equivoca

En papel con membrete de la Fundación Casa de Bello. (Clic sobre la imagen para ampliar).

 

Había yo cumplido 44 abriles (eneros) cuando recibí la carta reproducida arriba, que atesoro. Don Pedro Grases habita mi Olimpo particular como uno de sus más importantes dioses. En enero de este año de doses reiterados cumplí uno más que los que reporta al escribir: «Te admiro tu decisión de bajar a la arena y pelear por el bien público. Yo me siento lejos de esta tentación. Además estoy en vísperas de mis 78 abriles, o sea que toda moderación es poca». Viviría otros diecisiete.

El primer día de este mes recordé de nuevo a esa gigantesca divinidad, cuando puse:

Es en este sentido práctico, plenamente realista, que Don Pedro Grases, el gran catalán venezolano, afirmaba en su septuagésimo cumpleaños: “La bondad nunca se equivoca”. Para quien había logrado escapar de la muy real y concreta tragedia de la Guerra Civil Española, eso no era poesía, sino constatación práctica.

Perdóneseme la insistencia en él y en la vocación que admitiera en mis Memorias prematuras (Krisis). LEA

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terciar. Dicho de una cosa o de la oportunidad de hacerla: Presentarse casualmente. Si se tercia, le hablaré de nuestro asunto.

Diccionario de la Lengua Española

 

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Nuevo reporte del ICG

Un grupo serio

 

El pasado 27 de enero, el International Crisis Group publicó un nuevo informe sobre Venezuela—El tímido repliegue de Maduro desestabiliza a la oposición—(la versión en español es descargable como archivo en formato .pdf en este enlace: Commentary / Latin America & Caribbean).

A continuación, algunos extractos del reporte y comentarios de este blog. Primeramente, el sumario del informe y su primer párrafo:

El estancamiento político entre el gobierno del presidente Maduro y la oposición ha generado una emergencia humanitaria en Venezuela. En este extracto del Watch List 2022, Crisis Group insta a la UE y a sus Estados miembros a mantener contacto con todos los grupos de oposición, trabajar con el gobierno para restablecer la política representativa y el Estado de Derecho, apoyar los esfuerzos internacionales para las negociaciones y aumentar la ayuda internacional. 

Venezuela permanece inmersa en una compleja crisis humanitaria que tiene como ingrediente principal el estancamiento político entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y una oposición cada vez más fragmentada. EE. UU. y un puñado de sus aliados cercanos continúan reconociendo a Juan Guaidó, el expresidente de la Asamblea Nacional, como el legítimo jefe de Estado interino del país. Pero la autoridad de Guaidó sobre la alianza multipartidista, Plataforma Unitaria, que nominalmente lidera, se ha debilitado desde que las polémicas elecciones legislativas de diciembre de 2020 (boicoteadas por los principales partidos de la oposición) le devolvieron el control del parlamento a Maduro. El fracaso de la estrategia con la que Guaidó pretendía sacar a Maduro del poder a través de presiones externas (principalmente estadounidenses) ha hecho que él sea tan poco popular como el presidente. La decisión de la Plataforma de participar en las elecciones locales y regionales del 21 de noviembre de 2021, a pesar de las objeciones de Guaidó, aumentó su aislamiento, especialmente después de que se negara a hacer campaña por los candidatos de esta alianza. Acusaciones de corrupción en el manejo de los activos de Venezuela en el extranjero por parte de su “gobierno interino” han deteriorado aún más la unidad de la oposición.

En materia de la situación nacional, luego de llamarla «emergencia humanitaria», explica:

La economía venezolana se ha contraído en un 80 por ciento desde que el presidente Maduro asumió el cargo en 2013, provocando un éxodo masivo de más de seis millones de venezolanos. La combinación de corrupción, mala gestión y colapso económico ha acabado con la infraestructura del país, lo que provoca frecuentes apagones a gran escala, problemas crónicos en el suministro de agua y energía, el colapso del transporte público y privado, y una deficiencia crítica de servicios médicos. Las sanciones económicas de EE. UU., particularmente las dirigidas a la industria petrolera, han exacerbado la situación. Bajo la administración de Maduro, las estadísticas que el Estado venezolano publica son esporádicas e inverificables, lo que dificulta los esfuerzos para determinar el verdadero alcance en todos los aspectos, desde los daños económicos hasta la delincuencia y el impacto de la pandemia de COVID-19. Una encuesta anual realizada por las principales universidades del país estima que el nivel de pobreza es del 94 por ciento.

Más adelante, habla de «desorden en la oposición»:

Un acuerdo de último momento entre los principales partidos de la oposición le permitió a Guaidó renovar su controversial mandato como “presidente interino” justo antes de que expirara el 5 de enero. Su argumento se basa en que la Asamblea Nacional elegida democráticamente para el periodo 2016 – 2021 sigue siendo el verdadero parlamento del país, a pesar de la elección de una nueva legislatura en diciembre de 2020 en unas elecciones que la principal corriente de oposición boicoteó y desestimó como una farsa. Pero la oposición se encuentra profundamente dividida y es poco funcional. Su liderazgo, incluido Guaidó, ha sido objeto de severas críticas internas por denuncias de corrupción e incompetencia en la gestión de los activos de Venezuela en el extranjero.

Es de notar que en esos fragmentos la designación de Guaidó viene ahora entrecomillada, como se reitera más adelante:

El fracaso de la campaña de “máxima presión” liderada por EE. UU. para derrocar a Maduro, centrada en el respaldo extranjero (en especial el de Washington) a la “presidencia” de Guaidó, sanciones económicas e individuales y el boicot electoral, convenció a la Plataforma Unitaria de participar en las elecciones locales y regionales en noviembre de 2021.

(…)

La primera tarea de la UE y sus Estados miembros, junto con otros actores externos que buscan poner fin a la crisis de Venezuela, es exhortar a las distintas facciones de la oposición a tomar esta ruta, haciendo énfasis en un cambio gradual y un diálogo con el gobierno de Maduro y sus aliados extranjeros. En la medida de lo posible, deben promover avances hacia una mayor unidad de la oposición y evitar insistir en el apoyo al “gobierno interino”, cuya autoridad sobre el grueso de la oposición y su papel como agente movilizador de lealtad política probablemente continúe disminuyendo.

Es decir, el importante grupo de vigilancia de conflictos—ahora sigue más de setenta en el mundo—emite una inequívoca señal de duda respecto de las pretensiones de Juan Guaidó, que este blog ha desmontado desde el 23 de enero de 2019. (Ver, por caso, Más usurpador será usted).

Sigue ignorando, no obstante, al actor fundamental: el Pueblo en su carácter de único poder supraconstitucional de la Nación. LEA

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