Mi hijo mayor tenía un mes de nacido y yo me ocupaba más bien de música académica, pero pude percibir el descomunal impacto del mayor concierto de todos los tiempos: el Festival de Woodstock, que cumple cincuenta años.
Sería después cuando mis hermanos y hermanas me dieran instrucción preescolar en esa música que expresaba tantas cosas de la actualidad cultural y política, y luego películas como Las fresas de la amargura o Mrs. Robinson y cintas que me grabara Eduardo Quintana Benshimol, mi añorado amigo, pulirían algo más mi analfabetismo inicial. Gracias a ellos pude apreciar presentaciones de Joan Baez en el Estadio de Béisbol de la Universidad Central de Venezuela y Carlos Santana en el Poliedro de Caracas. Faltaba mucho para que la Academia Sueca decidiera conferir el Premio Nobel de Literatura al rapsoda Bob Dylan en 2016.
Blowin’ in the wind
Tomo de YouTube un video conmemorativo de la experiencia Woodstock, que vale la pena ver a pantalla completa. LEA
La Constitución no está suspendida mientras opera una Asamblea Nacional Constituyente.
Las decisiones mencionadas en su Art. 349—Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente—tendrían, por tanto, rango subconstitucional, no pueden ir contra lo constitucionalmente dispuesto, por cuanto el más mínimo cambio de ello requiere un referendo aprobatorio.
El Art. 200 dispone: «De los presuntos delitos que cometan los y las integrantes de la Asamblea Nacional conocerá en forma privativa el Tribunal Supremo de Justicia, única autoridad que podrá ordenar, previa autorización de la Asamblea Nacional, su detención y continuar su enjuiciamiento». La ANC—que no es la Asamblea Nacional (del mismo modo que Guaidó no es el Presidente de la República)—no puede autorizar la detención de diputados ni la continuación de su enjuiciamiento.
Pregunten al profesor Herman Escarrá. (A ver qué dice). LEA
En el siglo XVI d. C., el águila bicéfala era la marca heráldica más potente hasta ese momento, pues simbolizaba la unión de la dignidad imperial del Sacro Imperio Romano Germánico (el imperio de los Habsburgos) con la Monarquía hispánica, incluidas las colonias castellanas en tierras americanas y asiáticas. El águila bicéfala será el emblema de los Habsburgos en Madrid y en Viena. (…) La imagen del águila bicéfala apareció en Rusia en el siglo XV d. C. (…) El escudo de los zares sufrió varias transformaciones y adiciones hasta que en 1917, la revolución sustituyó el escudo imperial por la hoz y el martillo, que persistió hasta 1992. En agosto de ese año el águila bicéfala renació para ser el escudo de la Federación Rusa, junto con la bandera también de origen zarista: blanca, roja y azul. (…) El simbolismo del águila bicéfala indica que una de sus cabezas mira hacia lo infinito del pasado, y la otra hacia lo infinito del futuro, mostrando con ello que el presente es apenas una fina línea de contacto entre dos eternidades.
El águila bicéfala o bifronte es símbolo del poder monárquico que pretende ser la combinación de dos orígenes, sean éstos de héroes, dinastías o civilizaciones. En el mundo romano tiene el precedente del dios Jano, cuyo nombre sobrevive en Enero, Janvier (francés), January (inglés), Januar (alemán), Janeiro (portugués), Jaanuaril (estonio), Gener (catalán), Gennaio (italiano), Ianuarie (rumano), etcétera.
Rostro bifronte de Jano Colección Vaticana
Jano en la mitología romana, es el dios de las puertas, los comienzos, los portales, las transiciones y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año y se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes que derivó de su nombre (que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a enero). Jano es representado con dos caras, mirando hacia ambos lados de su perfil y no tiene equivalente en la mitología griega. El Janículo, colina ubicada en Roma, debe su nombre a este dios. (Wikipedia en Español).
Los pinos del Janiculum (Pinos de Roma, Ottorino Respighi)
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Un bizamuro
El suscrito está muy lejos de despreciar a su país (ver en este blogEste piazo’e pueblo, 27 de julio de 2006), pero quisiera sugerir que no es un águila bicéfala el símbolo que puede representar con fidelidad la actual política nacional; es, creo, un zamuro bifronte el emblema apropiado por varias razones.
La primera es que los zamuros son mucho más venezolanos que las águilas, a pesar de que en nuestro país sea muy conocida el águila arpía, de la que hubo—no sé ahora—un ejemplar en el Parque del Este de Caracas. (El término arpía, por otra parte, derivado de la mitología—Ave fabulosa, con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña—se aplica con un sentido nada noble en la cuarta acepción que ofrece el Diccionario de la Lengua Española: «Persona codiciosa que con arte o maña consigue cuanto puede»).
Cambio zamuro por caballo
La segunda es que ya ha sugerido alguien recientemente—según una entrada en Facebook:El Zamuro como Ave Nacional de Venezuela—la sustitución del blanco caballo de la libertad en el Escudo de la República de Venezuela, precisamente, por un negrísimo zamuro, ave autóctona de rapacidad carroñera, que es rasgo de más de uno de nuestros políticos y comentaristas del ramo. (Presumo, sin ser equinólogo u ornitólogo, que hay en nuestra geografía un número mayor de negros zamuros que de caballos blancos).
Una tercera razón es que el presidente Maduro también ha sido asociado con nuestra más conocida ave de rapiña, en cuyo pico se encontraría:
La Pepa en su primera clase
La cuarta razón: sería facilísimo el establecimiento de la Orden de la Pepa de Zamuro (inspirada en la británica Orden de la Jarretera), sobre todo porque está listo el diseño desde el collar de su Primera Clase hasta la pepita de la Tercera. Naturalmente, los zamuros presidenciales o presidenciables—Maduro y Guaidó—debieran recibirla en el grado de Comendador.
Para un blasón venezolano bifronte
Finalmente, una quinta razón viene siendo la principal: apartando los zamuros pichoncitos y ordinarios de la política local—un exquisito postre de la repostería caraqueña lleva el nombre de Zamuritos, pero no son éstos a los que me refiero—, los zamuros reyes (los hay, zoológicamente hablando) son el Presidente de la República y el Presidente de la Asamblea Nacional: Nicolás Maduro Moros y Juan Guaidó; son sus figuras las que debieran ser representadas por un zamuro bicéfalo. Uno es de izquierda y otro de derecha; he allí la bifrontalidad esencial, característica de la “comprensión habitual de nuestra política nacional como película en blanco y negro, una historia de héroes contra villanos (en roles cambiantes según quien la cuente) que no admitiría otras salidas”. (El mercado político nacional, 8 de octubre de 2014). Más aún: quien se coloca a la izquierda en un plano planísimo debe mirar a la derecha y viceversa, así que los zamuros deben mirarse de frente; es lo que aconseja la lógica heráldica. Los picos de las cabezas zamuras (no confundir con samurai) debieran tocarse, a punto de devorarse mutuamente.
¿Una quimera?
Pudiera ser que en un futuro próximo fuese posible a la ingeniería genética, con ayuda de computación cuántica, lograr la fusión en un solo ser asombroso de Juan y Nicolás. Elon Musk sería, creo, capaz de lograrlo, y entonces Donald Trump entraría de lleno en la esquizofrenia.
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Autocrítica: la nota que antecede no es propiamente clínica, por lo que tal vez no deba publicarse en este espacio, pero quien escribe carece de un blog de pelea, y la lucha es inevitable en política. Por más que ella puede ser entendida como arte de carácter médico sujeta a un código de ética, no hay modo de desembarazarse del piso inferior del cerebro humano: el Complejo R (por aquello de reptiles), que se rige por instintos de territorialidad y competencia:
…nuestro cerebro reptil continúa modelando buena parte de nuestra conducta, principalmente nuestra conducta política que entendemos, las más de las veces, como modo de dilucidar territorios a base de comportamiento agresivo y establecer jerarquías sociales que los rituales confirman. (Política natural, 19 de marzo de 2009).
Como es sabido, los reptiles dan origen evolutivo a las aves pero, si soy sincero, debo asentar que no creo en otro emblema heráldico-monárquico que éste:
LEA
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Con fecha de hoy, 13 de agosto de 2019, el apreciadísimo amigo Orlando Amaya me hizo llegar desde el exterior el siguiente comentario a esta entrada:
Es una completa desgracia que tengas toda la razón en tu sátira.
Primero, porque el espectáculo es tan ridículo o grotesco que sólo a través de la sátira puede referírsele. No hay manera de argumentar con conocimiento de lo que se habla. No merece tratársele con seriedad. Como diría Eduardo Madina (dirigente vasco de la política española), saben lo que dicen pero no saben de lo que hablan. Aunque parezca una frase suma cero, no es así. Saber lo que se dice es actuar con miopía de futuro, viendo el beneficio inmediato, de bajo orden en el campo ético y reñido con la alta política. Saber de lo que se habla, es hacerlo con propiedad profunda y con visión u ojo clínico del futuro y el fondo. Esa relación, y a la vez esa diferencia, entre la cáscara y el amarillo del huevo únicamente la conocen y la entienden los responsables, con talento, estudios profundos y experiencias valiosas en la política.
La segunda y más preocupante razón es porque cada vez se entiende más que esa manera, costumbre o manía, es la política, en lugar de la inteligencia para diseñar las fórmulas que hagan grande a un pueblo. Dios quiera que sea por el síndrome de sarchaviosis o el «Sar» Nicolás de ahora y que la enfermedad sea tratable
Hasta aquí llevo pura teoría o generalidades; por eso quisiera ver una lista de las acciones, cambios de rumbo y políticas, reestructuraciones, acuerdos para una adecuada explotación de nuestros inmensos recursos, etc. Y como estamos en confianza, y sin ánimo de ofender algo que amo profundamente como es mi Venezuela, te repetiré una frase de mi dermatólogo de Caracas: “Veo a Venezuela como un gorila sentado sobre un baúl de morocotas, con la mano estirada mendigando un pedazo de pan”.
No te sabría decir cuál de las dos metáforas, la del zamuro o la del gorila, retratan mejor la situación.
Independientemente de las acciones o movimientos que haga la geopolítica, que tampoco es muy santa que digamos, creo que la fuerza del Soberano es la única opción para encauzar este río desbocado.
El primer movimiento o número de una obra del compositor ruso Aleksandr Glazunov* (1865-1936) me ha poseído desde que lo oí por primera vez, hace menos de un año. Es el Preludio de la Suite característica de la Edad Media, de la que hay muy pocas grabaciones. (Ninguna, por ejemplo, bajo la dirección de Gustavo Dudamel, quien ciertamente haría una versión memorable). Hace un mes, comencé a oír ese preámbulo musical casi a diario, y ahora la frecuencia de escucha es varias veces al día. ¿Qué me pasa? ¿Por qué mi audición obsesiva de esa pieza?
A las 11:24 p. m. del 3 de agosto de 2019, me ha surgido una interpretación, que si no explicación le provee sentido a esa manía: en ella encuentro un modelo que propongo a la conducta política popular venezolana.
La pieza comienza estableciendo con un motivo de sólo cuatro notas (como la Quinta Sinfonía de Beethoven) un movimiento decidido desde los contrabajos, insistente, que promete ser incesante; en todo caso, es noble, pues si poderoso no es agresivo sino elocuente, convencido de su simple verdad que reiteran y reiteran primero las maderas y luego los metales. Tal manifestación, queturbulentos violines procuran envolver, se prolonga hasta que se explica con mayor calma—a partir del primer minuto y cuarenta y cinco segundos—y a los 2 minutos con un primer obsequio de belleza, que alcanza una primera plenitud a los 2′ 29″ y una segunda treinta segundos después. La sorpresa: llega aún una belleza más amplia y dulce, una hermosura amorosa que comienza a ser expuesta a los 3′ 22″ en un tema afín que es, repito, increíble e inesperadamente mucho más hermoso y alcanza un primer clímax a los 4′ 36″ (marcado por un golpe de platillos) y una cumbre ulterior a los 4′ 58″, seguida por la reiteración del bellísimo discurso al que se une un coro de trompas a los 5′ 02″ y se hace definitivo al modular armónicamente los contrabajos y trombones a los 5′ 24″. Allí comienza el cierre con la entrada sosegada del arpa—ya está dicho todo—a los 5′ 32″, para que las maderas a los 6′ 07″ abran el regreso del argumento inicial de las cuerdas graves, que callan a los 7′ 03″ sin que podamos concebir que una refutación sea posible.
Suite de la Edad Media – Preludio (Yevgeny Svetlanov – Orquesta del Estado de la Unión Soviética)
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Eso sí es una ruta: la del Pueblo de Venezuela, que debe hablar desde la belleza de su supraconstitucionalidad, desde la seguridad de su fuerza, que no requiere violencia o insulto, que no necesita condenar sino mandar serenamente, lo que es ciertamente preferible a protestar o execrar.
No sé, Aleksandr, cómo agradecerte. LEA
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* En la hermosa escritura cirílica: Алекса́ндр Константи́нович Глазуно́в
1. No podemos acordar nada que contradiga la Constitución.
2. Sólo el Pueblo puede superponerse a ella mediante un referendo.
3. Los acuerdos no deben ser establecidos entre el gobierno y la oposición, sino entre los poderes públicos constituidos. (Art. 136: «Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado»).
4. Las “materias de especial trascendencia nacional” (Art. 71 de la Constitución), a ser dilucidadas en un referendo que consulte al Soberano, serían: a. si el Pueblo quiere que se celebre en noventa días una nueva elección de Presidente de la República; b. si el Pueblo quiere que se celebre en noventa días una nueva elección de Asamblea Nacional; c. si el Pueblo quiere que se nombre de inmediato cinco nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (“cinco personas no vinculadas a organizaciones con fines políticos”, Art. 296) según el siguiente procedimiento—distinto del previsto en ese artículo, que sólo el Poder Constituyente Originario puede sobrepujar—: dos de los nuevos rectores a ser nombrados por la Asamblea Nacional, dos por el Poder Ejecutivo Nacional y uno de mutuo acuerdo de estos dos poderes. (En Tiempo de Guerra, 10 de julio de 2019).
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