por Luis Enrique Alcalá | Jul 8, 2016 | Argumentos, Política |

En The Ethics of Belief (1877)
Lo siguiente es el plan expositivo de la emisión #204 de Dr. Político desde Radio Caracas Radio (750 AM), que en principio será transmitida en vivo mañana, sábado 9 de julio de 2016, a partir de las doce del mediodía.
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La semana pasada hice dos promesas en el programa #203 de Dr. Político en RCR: una al Sr. Roberto de Petare—envió un mensaje SMS desde su teléfono móvil sin ofrecer su apellido (¿cuántos Robertos hay en Petare?)—; otra al Sr. Félix Vásquez. El primero preguntó en cuál diccionario pudiera encontrar el verbo «preveer», que él sostuvo había empleado yo dos veces el 2 de julio. Me comprometí a revisar el audio del programa—cosa que hice, como siempre—para verificar la pertinencia de su acusación, y le hice notar de una vez que yo estaba perfectamente consciente de la diferencia entre prever (ver con anticipación) y proveer (suministrar o facilitar lo necesario o conveniente para un fin, entre otras acepciones). En verdad, creo haber resbalado la e final en «prevé» (fue la palabra que pronuncié) por tal vez una décima de segundo, de modo que el refinado oído gramatical de Roberto de Petare tuvo motivo para perturbarse tanto que se tomó el tiempo de escribir el exitoso mensaje que me halló en falta. (Por cierto, he comenzado esta nueva emisión sin la cita que ahora incluyo al inicio del programa desde que un amigo me lo sugiriera (a raíz de Citas favoritas). Esta vez quiero mencionar un proverbio de los chinos, entre los muchos y muy sabios que su cultura ha producido; es éste: «Cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo»).
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En todo caso, uno debe enmendar sus errores; es algo que hago cada vez que tomo conciencia, por autocrítica o la de terceros, de que he cometido una equivocación. Por ejemplo, en Las élites culposas (2012) dejé esta constancia:
…un poco más de dos años después redacté Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela (26 de septiembre de 1987). En este trabajo consideré la posibilidad de un outsider en la Presidencia de la República y la de un golpe militar. Una de las versiones consideradas era un golpe de raíz izquierdista. Así puse: “Por otra vía, los golpistas podrían buscar apoyo, ya no en los sectores económicos, sino en los estratos de más bajos ingresos, planteando una orientación populista (al estilo de Perú en los años sesenta) nutrida ideológicamente de fórmulas de izquierda, esto es, con dosis variables de marxismo”. A pesar de eso, mi visión de entonces era más bien miope. En el mismo estudio no concedía muy alta probabilidad a un golpe de Estado de origen marxista. Creía, equivocadamente, que las Fuerzas Armadas se habían vacunado eficazmente contra el parásito izquierdista. Estaba errado.
Nadie me forzó a tal admisión, nadie había notado mi error; sin embargo, me obligan en esta materia dos estipulaciones de mi Código de Ética (24 de septiembre de 1995):
*Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.
*No dejaré de aprender lo que sea necesario para el mejor ejercicio del arte de la Política, y no pretenderé jamás que lo conozco completo y que no hay asuntos en los que otras opiniones sean más calificadas que las mías.
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En cambio, prometí al Sr. Vásquez comentar acerca del ya trillado expediente del diálogo: él solicitó un comentario mío sobre el tema no sin adelantar su opinión de que ese diálogo sería abortado antes de nacer porque «esta gente no quiere». Prometí tratar el asunto en la siguiente oportunidad, pues su intervención se produjo cuando faltaban muy pocos minutos para el cierre de la transmisión.
Fue el sábado 22 de marzo de 2014, en el programa 87, cuando adelanté la opinión de que el diálogo debe ser «logrado primordialmente en el seno de la sociedad, sin esperar a que las organizaciones políticas formales terminen de ponerse de acuerdo»; esto es, que el diálogo importante es el que debe darse en el corazón del Pueblo mismo. Refresquemos lo dicho sobre este problema del diálogo hace más de dos años:
Por supuesto, es del mayor interés nacional que los extremos de la polarización puedan encontrar la forma de sentarse a dialogar y, más allá de eso, el modo de acordarse. El diálogo no es el producto que requerimos, sino sólo la herramienta para construirlo. Ya en febrero de 1994, hace más de dos décadas, se puso en Los rasgos del próximo paradigma político:
La confusión de la herramienta con el fin explica mucho de los resultados de la política nacional. La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución. (…) La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.
Es por tal razón que propuse el 25 de abril de este año una Plantilla del Pacto, el texto de un acuerdo concreto (el producto) que es posible y estimo beneficioso para el país. En esa entrada observé:
…en lugar de un acuerdo entre gobierno y oposición, lo que conviene al país es un pacto de los poderes públicos nacionales. Dice el segundo parágrafo del Artículo 136 de la Constitución: “Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado”. Asamblea Nacional y Gobierno, Tribunal Supremo de Justicia, Poder Ciudadano y Poder Electoral, están constitucionalmente obligados a acordarse en procura de los fines del Estado, que no son otros que los de la consecución de la paz y la prosperidad de la Nación.
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Pero si el diálogo fundamental es el que se puede producir en el seno del Pueblo, entonces es altamente aconsejable que los ciudadanos dialogantes estemos bien preparados para él. Acá caben dos observaciones.
La primera puedo ponerla en palabras de Julia Galef, pronunciadas en una de las conferencias TED (Technology, Entertainment, Design) en febrero de este año. Esta joven es cofundadora del Center for Applied Rationality, dedicado a mejorar el razonamiento y la toma de decisiones de las personas, especialmente en la consideración de problemas planetarios. (Su preparación académica es del campo estadístico, e hizo investigación social en las universidades de Columbia y Harvard).

Julia Galef
Galef presentó el caso de dos modos o marcos mentales—mindsets—diferentes: el del soldado y el del explorador, con los que es posible tramitar las evidencias disponibles sobre asuntos polémicos. El nivel de adrenalina del soldado es elevado, y su actuación procede de reflejos profundamente arraigados en la necesidad de protegerse a sí mismo y a los suyos y la de vencer al enemigo. En cambio, el oficio del explorador no es el de atacar o defender, sino el de entender; quiere saber qué es exactamente lo que está donde explora, con tanta precisión como sea posible. Ambos roles pueden ser entendidos como metáforas de cómo procesamos las ideas y la información.
El «razonamiento motivado», según los psicólogos de la percepción, está teñido por nuestro mindset: si pensamos desde el marco mental del soldado, nuestro razonamiento procurará que algunas ideas ganen y otras pierdan, desde un impulso de atacar nuevas ideas o defender ideas preconcebidas. Algunas ideas y alguna información parecerán ser nuestras aliadas y querremos defenderlas, mientras que otra información y otras ideas se nos antojarán como enemigas y nuestra disposición será la de destruirlas. Si vemos un juego de fútbol y el árbitro impone una penalización a nuestro equipo, tendremos tendencia a encontrar argumentos que demuestren que su juicio fue equivocado, y viceversa si impuso la pena al equipo contrario. (En nuestro discurso político sesentoso, hablábamos ya de «solidaridades automáticas»).
El explorador, por lo contrario, está motivado a obtener una imagen precisa de la realidad, aunque sea desagradable o inconveniente a su propia posición personal y, muy importantemente, a la de «su» gente; no obedece al impulso de hacer que una idea gane y otra pierda, sino a determinar la realidad de las cosas tan honesta y precisamente como se pueda. El trabajo de Galef consiste en encontrar cómo es posible que algunas personas sean capaces de superar sus propios prejuicios y sesgos para tratar de ver las evidencias tan objetivamente como puedan. La respuesta es que también el explorador actúa desde emociones, sólo que desde unas diferentes. Los exploradores, por ejemplo, son gente curiosa que deriva placer de la obtención de datos desconocidos o la solución de algún acertijo, y se siente intrigada al encontrar algo que contradice sus propias expectativas. Los exploradores no creen que sea signo de debilidad cambiar de opinión.
Es claro que lo más indicado es participar en un diálogo desde la mentalidad del explorador objetivo que desde la del soldado destructor.
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La segunda observación proviene del teorema fundamental en La ética de la creencia, la obra más conocida del genial matemático y filósofo inglés William Kingdon Clifford (1845-1879): «Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquiera crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente».
La más elemental responsabilidad exige hablar con verdad, y ésta no puede garantizarse con seriedad si no estamos seguros de que lo que afirmamos está soportado por evidencias indudables, sólidas; uno no debe opinar por la tapa de la barriga. Claro que tal proceder puede incurrir en algunos costos; Terencio escribió en una de sus agudas comedias (Andria, 166 a. C.): «La verdad engendra odio» (Veritas odium parit»), y Oscar Wilde dijo de un amigo en La esfinge sin secreto: «Solíamos decir de él que sería el mejor de los compañeros, si no dijera siempre la verdad».
Creo que todos sabemos que ambas recomendaciones—dialogar con mentalidad de explorador y desde la evidencia segura—no son habitualmente seguidas por los actores políticos convencionales, que se entienden como guerreros:
En varias ocasiones se ha metido aquí en un mismo saco a Chávez y a Ramos Allup, a Eduardo Fernández y José Vicente Rangel, al MVR y Primero Justicia. Porque con diferencias en maneras, en urbanidad política, todos venden pasteles de la misma masa, diferenciados tan sólo por el nevado decorativo de sus respectivos estilos. Caldera decía, famosamente, que él estaba “en las arenas de la lucha política”; Lusinchi o Pérez se autodefinían como “luchadores políticos” y los militantes del MEP (que respalda a Chávez), optaron por saludarse—impedidos de llamarse entre sí “camaradas”, pues así se nombra a los comunistas, o “compañeros”, pues de este modo se reconocen los adecos—oficialmente como “combatientes”. Chávez no se ha cansado de las metáforas de guerra, de señalar “batallas” y celebrar victorias sobre una derrota adversaria, aunque sí de recomendar, por razones que no vienen al caso, la lectura de El oráculo del guerrero. (Repudio paradigmático, 8 de diciembre de 2005).

Ancestros de los políticos
Esa conducta es ancestral, y quedó retratada en las secuencias iniciales de 2001: Odisea del espacio, la obra impar de Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke: dos tribus de homínidos, aún desprovistos de lenguaje, van todos los días a beber agua del mismo pozo, al que acceden desde riberas opuestas; antes de saciar su sed, se amenazan ritualmente con gruñidos, alaridos y chillidos; todos los días. Luego se hartan, beben y regresan a sus madrigueras. He aquí un fragmento de la banda de sonido del ritual:
Pero no es inevitable conducirse de ese modo; hasta el combate puede ser reglamentado:
…el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Antes de esta intervención, una pelea de box se daba en alguna taberna en la que se abría espacio a los pugilistas apartando sillas y mesas. Se peleaba a mano limpia, y un asalto concluía cuando un contendor caía al suelo, y el combate mismo cuando un peleador ya no pudiera levantarse. (Hubo peleas que superaron el centenar de rounds). Queensberry introdujo la prescripción de los guantes, marcó las zonas corporales prohibidas a los golpes, e introdujo el ensogado, así como el tiempo de tres minutos por asalto y claras funciones para el árbitro. Así se transformó el boxeo de un deporte “salvaje” en uno más “civilizado”, en el que no toda clase de ataque está permitida. Lo mismo puede forzarse con la política. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los “luchadores” políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social. (Debe ser que puede ser, 22 de marzo de 2007).
¿Por qué no damos nosotros el ejemplo en el diálogo popular, que es el fundamental? LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 13, 2016 | Argumentos, Política |

P. P. Fernández: La culpa es de la gente críticona
Recibí hoy de Eduardo Fernández un artículo de su hijo Pedro Pablo, por correo electrónico. El trabajo se llama La mejor apuesta, y su tesis es simple: «Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos».
En camino a esa conclusión, el articulista argumenta:
Algunos plantean que la solución de todos los problemas es la salida de Maduro. Son los mismos que decían que todo se resolvería cuando la providencia se llevara a su antecesor. El problema es muy complejo y hay demasiadas variables que nadie controla. (…) Hay gente que plantea salidas muy sencillas: “Convocamos el RR, o mejor, convocamos la gente a la calle para que Maduro renuncie de inmediato, constituimos un gobierno nuevo, resolvemos el problema de las divisas con una lluvia de inversiones internacionales que van a venir y con eso resolvemos también el problema de desabastecimiento, removemos a todos los poderes públicos (Lo vamos a hacer bien, no como Carmona), destituimos al Alto Mando Militar y sometemos la Fuerza Armada al poder civil (Ya eso está hablado) y enfrentamos a los colectivos y a los “Pranes” con el SEBIN y la Dirección de Inteligencia Militar”. Actúan como que fueran los directores de una película que dominan el desenlace de la trama y escogen el final feliz. Me recuerdan a aquellos que en los años 80 y 90 iniciaron la campaña antipolítica para destruir a los partidos, con Marcel Granier a la cabeza, pensando que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema. No se imaginaron que el llamado sería el Teniente Coronel nacido en Sabaneta, ni tampoco que su régimen político duraría, por lo menos, 17 años.
Nada hay de novedoso en el último y tramposo razonamiento; el 27 de julio de 2013, Leopoldo Castillo participaba en un conversatorio de la Casa de América en Madrid y esgrimió idéntico argumento: «Leopoldo Castillo creyó ver, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998». (A llorar p’al valle). Allí comenté:
Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (…) Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles.
Dicho sea de paso, la exitosa telenovela—resonaba con el sentir nacional—se inició después de la asonada del 4 de febrero de 1992 (3 de junio); mal ha podido causar la insurrección de Chávez y el resto de conjurados, que por propia admisión había comenzado desde al menos el 17 de diciembre de 1983, un poco más de ocho años antes del alzamiento y cinco antes de que Eduardo Fernández fracasara en su intento por alcanzar la Presidencia de la República. (Ver la relación de esa campaña en Un reconocimiento mezquino). Criticar a los partidos políticos es etiquetado fácilmente como «antipolítica», cuando lo que muchos pedíamos era una política distinta.
Por esos días [junio de 1985] publicó Eduardo Fernández un artículo que llamó “La conspiración satánica”, haciendo uso de la frase de Caldera de hacía unos meses. En este artículo, publicado en el diario El Nacional, Eduardo hacía una especie de retrato hablado de los “conspiradores”, advirtiendo contra quienes osaran cuestionar a los partidos, puesto que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema. No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia. (Comentario en Krisis: Memorias prematuras).
El 23 de febrero de 2009, el mismo Eduardo Fernández predicaba a la Peña de los Lunes en casa de Luis Ugueto Arismendi, ocho días después del éxito de Chávez en el referendo sobre la enmienda que lo autorizaba a reelegirse indefinidamente: «Con estos partidos [de la MUD] no vamos p’al baile; es necesaria una organización política nueva»; es decir, no es que criticaba a los partidos sino que los desahuciaba, y entonces, según él mismo, denigraba de la democracia como sistema. No me fue fácil creer lo que oía veinticuatro años después de su denuncia a la crítica a los partidos, por lo que tardé un día para llamarlo y decirle: «Es muy importante que tu apreciada voz haya pronunciado esa recomendación; si estás hablando en serio, me gustaría mostrarte un diseño que he elaborado para la organización que se requiere». Aceptó la cosa y nos reunimos; la presentación que le hice en su propio computador no recibió de su parte la más mínima objeción. Este estado de cosas fue anunciado a la misma peña el 30 de marzo de 2009—Contribución a la Peña de Luis Ugueto Arismendi—, a la que se dijo: «Es la construcción de una organización que porte y difunda ese [nuevo] paradigma la tarea política más importante del nivel estratégico. En la actualidad, se inicia en el IFEDEC, en labor de ingeniería genética, el desarrollo de una opción para la organización requerida», explicando de seguidas las «hipótesis fundamentales»* que guiaban ese desarrollo: lo que Fernández había aceptado. Poco después, supe que había decretado su rechazo, y nunca más hablamos del asunto.
Pero antes de que se pusiera de moda descalificar la crítica con el cognomento de «antipolítica», a un año de la «conspiración satánica» fernandina, ya un tocayo del articulista comentado, Pedro Pablo Aguilar, que fuera Secretario General de COPEI (el partido de los Fernández), regañó a la sociedad que se atrevía a quejarse de los partidos: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder.” (El Nacional, 7 de junio de 1986). La cosa era que nosotros estábamos en contra de los partidos, que no los comprendíamos; no que los partidos estuvieran de espaldas a la realidad del país.
Una vez un profesor extranjero, experto internacional en sistemas de decisión racional de alto nivel, fue invitado por un ministro central de un gabinete de esta última mitad de siglo venezolana. El profesor, a petición del ministro, recomendó la institución de un centro de investigación y desarrollo de políticas—con una cierta propensión al largo plazo, bien dotado de recursos, escudado del poder—; una unidad de análisis de políticas para la Presidencia de la República, naturalmente sometida al corto plazo, con capacidad de respuesta instantánea; y un programa de formación para los que trabajarían en ambos tipos de centro. Dijo que esa trilogía era indispensable para aumentar la racionalidad en la toma de decisiones públicas. Después de escucharlo con mucha atención, y después de declarar que esto último era lo que él procuraba hacer desde su ministerio, el ministro dijo: “El problema, profesor, es que por mucho tiempo más la clave de la política venezolana estará en el número de compadres que tenga el Presidente en el país”. (Carmelo Lauría, Ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República de Carlos Andrés Pérez, a Yehezkel Dror en 1977 y en mi presencia, durante una entrevista que él mismo había solicitado; en De héroes y de sabios, junio de 1998).
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Claro que la postura conciliatoria de Fernández hijo, en sí misma positiva, tiene antecedente en Fernández padre («tigrito» y «tigre», o «pollo» y «gallo» en avícola terminología de Salas Römer):
Entretanto, ya figuras de oposición pintan a Maduro con colores casi tan apetecibles como los que adornarían a Capriles. Eduardo Fernández ha propuesto que se conceda al Vicepresidente “el beneficio de la duda”; según él, ha demostrado ser “proclive al diálogo”. (En declaraciones a Noticias 24 Radio del 11 de diciembre de 2012, citadas al día siguiente en La desembocadura).
Ahora esgrime P. P. otra vez una tesis paterna: «Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos». Naturalmente, siempre y cuando lo presida su progenitor, el papá de P. P. (Después se queja de quienes, según él, «pensaban que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema»). Pero ¿es que a eso de «un gobierno de Unidad Nacional» no se aplica lo de «salidas muy sencillas»? ¿No es Fernández el joven el director de una película que «domina el desenlace de la trama y escoge un final feliz» para él y su padre? LEA
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En artículo posterior (Últimas Noticias, 15 de junio), Pedro Pablo Fernández escribe, ya sin careta: «Apoyar e impulsar al gobierno para que profundice las medidas que viene tomando es lo mejor que podemos hacer en beneficio del país, del gobierno, y sobre todo, en beneficio de los que pretenden sucederlo, porque las medidas que no se tomen hoy se tendrán que tomar mañana a un costo político mayor». ¿Querrá decir, por ejemplo, apoyar, impulsar y profundizar los CLAP?
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* 1. La organización no es un partido político convencional definido por una ideología, ni nace para oponerse o desplazar a los partidos; se rige por una metodología y pueden pertenecer a ella miembros de partidos. 2. La organización no lo es de organizaciones, sino de ciudadanos. 3. La organización no se define como instrumento de la “comunidad opositora”, y su apelación universal pretende ayudar a subsanar el problema de un país dividido. 4. La misión fundamental de la organización es la de elevar la cultura política de la ciudadanía en general, y la de formar a personas con vocación pública en el arte de resolver problemas de carácter público, esto es, en Política. 5. La organización establecerá una unidad de desarrollo de políticas públicas, a ser sometidas a la consulta más amplia posible. 6. La organización facilitará la emergencia de actores idóneos para el ejercicio de las funciones públicas. 7. La organización será establecida inicialmente en los espacios de Internet; el país contaba con 7.167.000 internautas a fines de 2008 (desde el nivel de 5.500.000 a comienzos de año), de los que más del 60% se ubican en las clases D y E; el 90% de esta población usa conexión de banda ancha. 8. La organización deberá estar en condiciones operativas en un plazo no mayor de seis meses desde ahora, a tiempo para incidir determinantemente en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional.
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 7, 2016 | Argumentos, Política |

De allá para acá y viceversa
Un buen amigo me escribió desde Estados Unidos, y esto suscitó un cruce de correos que reproduzco abajo por creer que hay en él nociones importantes, necesarias para el enfoque correcto, práctico y eficaz en la solución de nuestros problemas políticos. LEA
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El 6 de junio, 11:56 AM:
Hola querido LEA
Como siempre oí tu programa.
Tu cita sobre el líder capaz de unir, no es que sea conveniente, sino que es de carácter imperativo.
Pero veamos el tema en forma algo desagregada.
Cuando el diálogo póstumo con los ex presidentes César Gaviria y Jimmy Cárter, recuerdo que escribí sobre la necesidad de un proceso previo de reflexión profunda y de contar con un garante. Te confieso que con la inveterada manía de ver las cosas de arriba hacia abajo en la estructura política. Hoy en día tenemos un fenómeno de unión de una mayoría del país en torno a algo etéreo como es el descontento frente al gobierno y frente a la oposición. Este fenómeno puede interpretarse como el mestizaje político, que creo haberte citado en otra nota, y que se está produciendo por generación espontánea, tal vez impulsada por lo que se vive de aquí y de allá, puesto que no existe una acción ni comunicacional, ni de estímulo al «ninismo» , más que el rigor del deterioro.
Pienso que de existir esa figura o estructura política con capacidad para articular un discurso de unificación, o por lo menos de funcionamiento político civilizado, debería canalizar su acción en un sentido preponderante de abajo hacia arriba, apoyándose en ese mestizaje de facto que cité al comienzo y utilizando sus habilidades para lograr «leverage» político que funcione de arriba hacia abajo. El nivel de confrontación de poderes que se percibe, necesita muchos más elementos coercitivos que persuasivos. No me refiero sólo al legislativo-ejecutivo como Asamblea o Consejo de Ministros, sino a los distintos factores que los componen, incluyendo las fuerzas armadas.
De esta manera estimo que, de lograrse esa estructura política, puede configurarse ese garante del proceso de reflexión y diálogo, que lo transformaría de una idea cargada de buena intención a algo más concreto y con la contundencia necesaria para vencer la atmósfera de resistencia que claramente se percibe. Por otra parte, estaríamos echando las bases para la superación de esa insuficiencia política que tú tanto mencionas con acierto y que podría sacarnos de esta rutina pendular de mediocridad de un lado a mediocridad del otro.
No pienso que las aseveraciones sobre éste o aquél tiene más que ganar o perder resulten ni convenientes ni prácticas. Pactar significa empatar, lograr el terreno común conveniente a las partes, si partimos de quienes serán los ganadores o perdedores el diálogo muere al nacer.
Como siempre el problema es el tiempo, que en este caso viene configurado por la desesperación, pero estamos en la actual coyuntura porque no hemos seleccionado cursos de acción de mediano plazo debido a que «no tenemos tiempo».
Un abrazo
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El 6 de junio, 6:03 PM:
Gracias, Orlando, por tus reflexiones.
Desde la perspectiva de la Política Clínica, la categoría que debe prevalecer es la corrección de los tratamientos públicos, no la conciliación de intereses a través de la transacción. Si alguien tiene una infección bacteriana, le convendrá la administración de penicilina, y ésta no es transable; su dosis no debe determinarse en una negociación.
Hace poco recordé, una vez más, a mi maestro y mentor, Yehezkel Dror. En julio de 1972, nos enseñó a varios venezolanos que si quería uno ser eficaz sus valores debían ser transparentes, pero que si se pretendía lograr consenso entonces era mejor que fueran opacos. Tiendo a preferir la eficacia; creo que es mi responsabilidad en tanto político clínico. No procuro caerle bien a todo el mundo, no soy como un conocidísimo dirigente político local (eterno pescueceante); una vez me confió, sin que viniera a cuento: «Creo que Aristóbulo tuvo razón al decirme que yo soy el único político venezolano que es a la vez de los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes». (Acabo de coñacearlo en mi blog; ve Un reconocimiento mezquino).
Sobre el «abajo» y el «arriba». Lo que debiera estar aquí es lo que usualmente se entiende allá; es el Pueblo (los de «abajo») lo que debe entenderse en posición superior; los que se creen «arriba» (Maduro, Ramos Allup) debieran entenderse como los servidores del Pueblo, puesto que éste es el Soberano.
En Venezuela, hay hoy en día más de 16 millones de internautas (80% del registro electoral), y 70% de ellos están ubicados en los estratos D y E; Internet no es algo del Country Club. Esto permite una acción política de bajísimo costo; ya no estamos en época en la que se precise instalar una «casa del partido» en cada caserío de la nación. La inversión inicial es baratísima, y su sostenimiento y expansión viene del mismo mercado político general.
Es pronosticable que la mayoría de los actores con recursos, ante una solicitud de cooperación por parte de un outsider con tratamientos realmente eficaces, se pronunciarían por los términos dilemáticos más conservadores. Pero es concebible que una minoría lúcida entre los mismos pueda proveer los recursos exigidos por una campaña poco costosa en grado suficiente, al menos para cebar la bomba que pueda absorber los recursos totales del mercado político general, pues si la aventura cala en el ánimo del público, una multitud de pequeños aportes puede sustituir o complementar a un número reducido de aportes cuantiosos. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela).
Eso fue escrito en septiembre de 1987, 21 años antes de que Obama captara el 70% de los recursos de su campaña de 2008 en donaciones por Internet en promedio de $50 per cápita.
Te dejo con los pasajes cruciales en De héroes y de sabios (junio de 1998):
Una muy buena parte de la resistencia de la política convencional al tema programático es una desconfianza muy arraigada respecto de las posibilidades e intereses del pueblo, de los intereses y capacidades de los Electores.
La inmensa mayoría de la dirigencia nacional, política o privada, alimenta un desprecio básico por el pueblo venezolano. A casi todo proyecto político verdaderamente audaz y significativo se le opone usualmente la idea de que el pueblo no se interesa sino por muy elementales necesidades de supervivencia, por las más egoístas apetencias, por los más triviales objetivos.
O si no, se derrota alguna buena idea con la declaración de que el pueblo no la entendería, de que “no está preparado para eso”.
En un programa de radio dedicado al análisis político, hace pocos años, el conductor del mismo decidió explicar a sus oyentes en qué consistía una “caja de conversión”, cuando esta receta económica empezaba a ser propuesta en Venezuela. Al poco rato recibió la llamada telefónica de un oyente, quien dijo: “Lo que Ud. está explicando es muy interesante, pero ¿no cree que debería hablar Ud. más bien del precio del ajo y la cebolla en el mercado de Quinta Crespo, porque eso no lo entiende el pueblo-pueblo?” Mientras el conductor del programa contrargumentaba para oponerse a la postura del oyente telefónico, un segundo oyente llamó a la emisora. Y así dijo al conductor: “Mire, señor. Yo me llamo Fulano de Tal; yo vivo en la parroquia 23 de Enero; yo soy pueblo-pueblo; y yo le entiendo a Ud. muy claro todo lo que está explicando. No le haga caso a ese señor que acaba de llamar”.
En mi escueta experiencia las personas responden con entusiasmo a un liderazgo que les respeta, que les estima, que piensa que son capaces de entender e interesarse por lo que la prédica convencional asegura que no les importa. En uno de los experimentos comunicacionales de éxito más rotundo que se hayan visto en Venezuela, la más crucial de las causas del mismo fue el concepto que de los lectores se formó un cierto periódico de provincia. Definió de antemano a su lector tipo como una persona inteligente, que preferiría que se le elevase a que se le mantuviese en un nivel de chabacanería. El periódico logró, en contra de cualquier pronóstico, el primer lugar de circulación en su ciudad en el lapso de seis meses desde su aparición, y cuatro meses después se hizo acreedor al Premio Nacional de Periodismo, en competencia con otros dos candidatos de gran peso.
Lo contrario también puede lograrse. Cuando Lyndon Johnson asumió la presidencia de los Estados Unidos, declaró la “Guerra a la Pobreza”, un conjunto de programas en el que el Headstart Program, destinado a proveer instrucción preescolar a niños de sus principales guetos urbanos, era su programa estrella. Al año de la declaración de guerra el Headstart Program había fracasado estrepitosamente.
Naturalmente, la administración Johnson ordenó un estudio que pudiera poner de manifiesto las causas del fracaso. La investigación evaluadora indicó una causa principal entre todos los factores de actuación negativa. Los maestros del programa se disponían a tratar con “niños desaventajados”—todos los instructivos que manejaban se referían a sus futuros alumnos precisamente así: disadvantaged children—y de manera inconsciente transmitían esa noción a los niños. Éstos, a su vez, “internalizaban el rol”, como dicen los sociólogos, de niños desaventajados y se comportaban como tales. Se esperaba de los alumnos un rendimiento deficiente y esto fue exactamente lo que proporcionaron.
Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo venezolano continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles.
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El 7 de junio, 11:38 AM:
LEA
Primero que nada muchas gracias por el tiempo que tomas para atender mis inquietudes con respuestas tan completas y valiosas.
No creo que pueda diferir de tus consideraciones y afirmaciones, aún en el campo de la selección entre la eficacia y el consenso, pues precisamente al invocar un leverage del ninismo, bien canalizado, creo que le doy posibilidades a un nuevo liderazgo y su estructura, libre de pasiones e ideologías, para colaborar con eficacia en los diálogos. Además, creo que se abriría un camino para formular una alternativa política real sin caer en la palidez del consenso. Es por esto que escribí: «El nivel de confrontación de poderes que se percibe, necesita muchos más elementos coercitivos que persuasivos». Esto no significa que no se busque adhesión en los cuadros tradicionales, lo que pienso es que el éxito de este proceso la propende de forma automática. Fíjate en el caso de Podemos en España, con una idea bien fundada, unida a una capacidad política fresca y notoria, y utilizando la comunicación moderna, el movimiento de acampados en una plaza, se ha convertido en la segunda fuerza electoral, a cinco puntos del partido popular y prácticamente han roto el bipartidismo. No intento hacer una analogía, sólo una semejanza, por cuanto las dos sociedades no son iguales, pero creo que corresponde al talento político, hacer los ajustes necesarios para hacer calzar la idea.
Por otra parte, el mestizaje político se refiere al proceso que ha surgido, por generación espontánea en gran parte del soberano, porque de la dirigencia, que como bien indicas actúa a espaldas del pueblo, no espero tal comportamiento, no está en su naturaleza y la confrontación menos se lo permite. No pueden ser del Caracas y del Magallanes, aunque así lo predique Eduardo Fernández para simular una imparcialidad o una mutación política.
Creo que la tarea pendiente es cómo convertir esa energía social potencial en algo coordinado que logre cambios extraordinarios. No digo que sea fácil transitar este camino, pero por una parte confío en el talento y la buena voluntad de venezolanos que todavía no han sido absorbidos por la vorágine y por otra, en tu apreciación de que en la actualidad el esfuerzo no es tan costoso como antes y la facilidad técnica para la comunicación es un recurso a la mano.
Gracias de nuevo Luis Enrique.
………
El 7 de junio, 12:43 PM:
Gracias una vez más. No me gusta el ejemplo de Podemos, porque es de nuevo una formación ideologically driven, y precisamente lo que hay que hacer es dejar atrás lo ideológico, establecer una política postideológica o, mejor, transideológica. (Como sabes, he escrito mucho sobre este asunto desde hace 31 años).
No basta, pues, colarse por la fisura abierta entre unos PP y PSOE excedidos, incompetentes. Si eso fuera «la solución», entonces lo que ahora huelen los libertarios en EEUU (que tienen un chance en las elecciones estadounidenses porque el GOP y los demócratas han entrado en rendimientos decrecientes) sería una ruta correcta; pero los libertarios son también ideologizantes.
La cosa no es no ser éste o el otro; la definición no puede ser negativa, en función de terceros actores. Por eso es que tampoco se trata de una oferta de centro, pues tal cosa continuaría referida al eje izquierda-derecha que ya no tiene asiento real. El 12 de mayo de 2012 moría Carlos Fuentes, y en esa fecha Madrid y Ciudad de México publicaron su último artículo (Viva el socialismo. Pero…). Allí pone hacia el final: «¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que ya no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?» En febrero de 1985, con veintisiete años de anticipación, ya yo había escrito:
Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones por otras más acordes con la realidad de las cosas lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe. (Proyecto SPV).
He dicho esto de muchas formas; por ejemplo, en Retrato hablado (30 de octubre de 2008). Añado énfasis en cursivas:
…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.
Lo que hay que hacer no podrá determinarse mediante la reiterada atención puesta sobre los factores políticos actuantes, en una castrante fijación sobre ellos; todos hacen política obsoleta e ineficaz, irrelevante. El foco no está en los partidos, en Borges, López o Machado; debe ponerse en el Pueblo. Y la postura requerida es la de políticos que se entiendan como profesionales de la solución de problemas públicos, una postura clínica, una comprensión de la política como arte de carácter médico. Yehezkel Dror, mi amigo y mentor, escribió en enero del año pasado:
In imperial Portuguese statecraft rulers and their advisors often viewed themselves as medical healers of the body politic. Some contemporary thinkers impressively continue this tradition, such as “Dr. Politico” (Dr. Luis Enrique Alcala) in Venezuela.
Me importa un carajo (perdona el latín) lo que digan Iglesias, Almagro o Ramos Allup. La clave no está en ellos. También está en el texto de 1985 lo siguiente (Tiempo de incongruencia):
Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra.
De allí también su transparencia. El ocultamiento y el secreto son el modo cotidiano en la operación del actor político tradicional, y revelan en él una inseguridad, una presunta carencia de autoridad moral que lo hacen en el fondo incompetente. La política pública es precisamente eso: pública. Como tal debe ser una política abierta, una política transparente, como corresponde a una obra que es de los hombres, no de inexistentes ángeles infalibles.
Más de una voz se alzará para decir que esta conceptualización de la política es irrealizable. Más de uno asegurará que “no estamos maduros para ella”. Que tal forma de hacer la política sólo está dada a pueblos de ojos uniformemente azules o constantemente rasgados. Son las mismas voces que limitan la modernización de nuestra sociedad o que la pretenden sólo para ellos.
Pero también brotará la duda entre quienes sinceramente desearían que la política fuese de ese modo y que continúan sin embargo pensando en los viejos actores como sus únicos protagonistas. Habrá que explicarles que la nueva política será posible porque surgirá de la acción de los nuevos actores.
Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que “los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía“.
Ni Ramos Allup, ni Almagro ni Iglesias son actores nuevos.
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por Luis Enrique Alcalá | May 24, 2016 | Argumentos, Política |

…por curar la estatosis de Venezuela
Es trabajo inconcluso uno comenzado en el mes de abril para argumentar acerca de caminos políticos prácticos y novedosos en Venezuela, del que se pone acá el comienzo que sigue:
El 25 de febrero de 2002, el suscrito propuso en Televén (programa Triángulo, dirigido por Carlos Fernandes), un procedimiento de abolición del gobierno de Hugo Chávez que se afirmaba en dos premisas: 1. que existe un derecho de rebelión—más concretamente, un derecho de abolición—, cuya formulación más clara y primera en la historia del Derecho reside en la Declaración de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776): “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”. (Sección Tercera)[1]; 2. Que el Pueblo, en su condición de Poder Constituyente Originario, es un poder supraconstitucional, según doctrina establecida en sentencia de la Sala Política Administrativa de la antigua Corte Suprema de Justicia el 19 de enero de 1999. Es decir, que ese poder no está limitado por la Constitución, que sólo limita a los poderes constituidos. El Poder Constituyente Originario de Venezuela está únicamente limitado por los derechos humanos—ni siquiera un referendo unánime de la totalidad de los electores puede autorizar que se me caiga a palos—y por los convenios con soberanías equivalentes en los que la República haya entrado válidamente.
Fue esa sentencia la que autorizara la consulta referendaria del 25 de abril de 1999, en la que los venezolanos contestamos mayoritariamente que sí queríamos elegir una asamblea constituyente “para reformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva constitución”, aunque la figura de constituyente no estuviera contemplada en la Constitución de 1961. Del mismo modo, aunque en la Constitución aprobada en 1999—vigente para los momentos del programa en Televén (y ahora mismo)—no se incluyó la figura de abolición, la voluntad mayoritaria del Poder Constituyente Originario podía decretarla.

Sede del programa Triángulo
Fueron los demás participantes en la discusión del 25 de febrero de 2002 en Televén las siguientes personas: Oswaldo Álvarez Paz, excandidato presidencial y exMiembro de la Comisión Presidencial Constituyente establecida por Hugo Chávez (ya Presidente electo pero sin tomar posesión); Omar Mezza Ramírez, exDiputado de la Constituyente de 1999, Diputado de la Asamblea Nacional y Director de Política de Alianzas del Movimiento V República; Néstor León Heredia, Vicepresidente de la Comisión de Defensa de la Asamblea Nacional y Diputado por el Movimiento V República. Ninguno de ellos, y tampoco el moderador Fernandes, supo oponer argumento alguno a mi planteamiento: que si una mayoría de electores venezolanos suscribía un documento que aboliera el gobierno de Hugo Chávez, ese gobierno quedaría abolido de pleno derecho.
Tampoco pudieron oponer argumento en contrario Julio Borges, Gerardo Blyde y Liliana Hernández, a quienes expliqué personalmente la iniciativa por considerar que yo no tendría forma material de organizarla; pero tampoco la acogieron: en aquel momento, Primero Justicia promovía una enmienda constitucional para recortar el período constitucional de Hugo Chávez y, más tarde, sustituiría esa idea por la de un referendo “no vinculante pero sí fulminante” que preguntaría a los ciudadanos si querían que Chávez no siguiera gobernando.
El abogado Herman Escarrá se enteró del procedimiento de abolición y me hizo saber por medio de Marta Colomina de su interés en conversar conmigo sobre el asunto. Lo hicimos el 8 de marzo de ese año de 2002, ocasión en la que me dijo: “Lo que Ud. propone es, como decimos en Filosofía del Derecho, ontológicamente correcto”. Dos días después lo despreciaría, en conversación con Asdrúbal Aguiar en CMT Canal 51, porque tal cosa se le habría ocurrido a “un sociólogo”, etiqueta que repitió en el tono que habría empleado para decir “servicio de adentro”.
A pesar de estas primeras experiencias, este sirviente procedió a redactar un Acta de Abolición. Ella rezaba:
Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando
Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz,
Que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto,
Por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…
A continuación, se decretaba un “Estatuto de Transición” que regulaba el modo de sustituir el gobierno abolido por uno que lo sucediera para sanar la República; siendo un acto directo del Poder Constituyente Orginario, estipulaba válidamente un procedimiento ad hoc, distinto del ordinario previsto en la Constitución, para cubrir la falta absoluta del Presidente de la República. (El Acta de Abolición que lo precedía, por lo demás, era el único procedimiento, de los propuestos hasta entonces para terminar el gobierno de Chávez, que emitía una orden expresa e inapelable a la Fuerza Armada Nacional). Éstas eran sus disposiciones (en una segunda versión de mayo de 2003):
ESTATUTO DE TRANSICIÓN
Cláusula Primera. A la cesación del mandato del ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías la Asamblea Nacional se reunirá en sesión plenaria para elegir, en un plazo no mayor de cuarenta y ocho horas, una Junta de Transición de cinco (5) miembros, la que ejercerá colegiadamente las funciones atribuidas por la Constitución a la Presidencia de la República hasta que la celebración de elecciones presidenciales, en un lapso que no será menor de seis meses ni mayor de un año, determine quién deberá completar el período constitucional como Presidente de la República.
Cláusula Segunda. Los miembros de la Junta de Transición deberán llenar los requisitos exigidos por la Constitución para el cargo de Presidente de la República.
Cláusula Tercera. Ningún miembro de la Junta de Transición podrá postularse en las elecciones presidenciales previstas en la Cláusula Primera.
Cláusula Cuarta. En las elecciones presidenciales que se celebrarán para elegir a quien complete el período constitucional participarán como candidatos quienes hayan presentado un programa de gobierno a los Electores de Venezuela y no se les permitirá propaganda electoral hasta que lo hayan hecho.

Quien continuó fue Chávez
Como quedó dicho, ninguno de los actores organizados de la oposición profesional apoyó la proposición, aunque ninguno atinó a rebatirla. Por unos pocos días de enero de 2003, pareció que la Gente del Petróleo sería el vehículo suficiente; sus principales directivos acogieron la idea con entusiasmo y aseguraron ser capaces de recoger las firmas requeridas, salvo Juan Fernández, quien argumentó que el gobierno estaba a punto de caer y no sería necesario abolirlo. Él fue el matador del tratamiento; un mes después, colapsaba el desatinado y suicida paro petrolero. (Horacio Medina, entusiasta del procedimiento de abolición, acató la voluntad de Fernández y trataría de explicar luego el desenlace: “Chávez iba a fregarnos en dos años; con el paro ¡logramos que se quitara la careta y nos fregara en dos meses!”).
………
- El cuadro clínico nacional
La secuencia referida en lo precedente es ilustrativa de la patología política patente en Venezuela. En Las élites culposas resumí así la cosa:
Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre.
Para nadie es un secreto que la administración de Nicolás Maduro persiste en “enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto”.
Se trata, indudablemente, de un proceso que puede en propiedad ser tenido por canceroso; de modo metafórico pero intencional, lo llamé chavoma en febrero de 2003. Detallé esta designación, una de varias veces, el 19 de agosto de 2015 en ¿Qué se debe hacer? (II):

El chavoma
El término oncológico es apropiado para referirse a la dominación política instaurada en Venezuela a partir del 2 de febrero de 1999, puesto que no se trata de enfermedad inoculada por algún vector externo—un anofeles o chipo—sino de un proceso que residía en las entrañas del pueblo venezolano desde mucho tiempo antes de que hiciera eclosión. Como anota Toro en su blog, Briceño Guerrero interpreta “…la cultura latinoamericana como una mezcla de tres ‘discursos’ separados, mutuamente incompatibles: el discurso Racional-Occidental, el discurso Mantuano y el discurso Salvaje”. El libro de Briceño Guerrero fue escrito entre 1977 y 1982, y por tanto no podía ser una referencia específica a Chávez. Es Toro quien establece—como otros lectores del apureño lo han hecho—una relación significante entre la descripción del discurso salvaje y el chavista: “…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder”. (Discurso salvaje).
Es por tal razón que son insatisfactorias las caracterizaciones del chavismo (del chavoma) como la mera llegada al poder de una nueva y delincuente oligarquía. Seguramente ha habido y hay entre jerarcas mayores y menores del régimen chavista-madurista gente corrupta y malhechora, verdaderamente forajida; tal vez en proporción mayor que la que hubiera en regímenes anteriores a 1999, acá y en toda otra nación del planeta. A fin de cuentas, los más radicales izquierdistas venezolanos nunca superaron electoralmente el “seis por ciento histórico” hasta el año del advenimiento de Chávez como Presidente de la República, y como en ellos había hambre longeva de poder y de prebendas, la corrupción actual supera la de quienes los precedieron. Pero es un juicio más ajustado a la realidad explicar el chavismo como el producto de la acusada decadencia de la política que lo anticipara, y su sustitución por una nueva hegemonía fundada en la creencia de que Marx tenía razón. La mayoría de los socialistas venezolanos cree seriamente que la explicación de todo mal social debe encontrarse en el afán de lucro de “la burguesía”; es decir, está profunda pero honestamente equivocada.
Luego, el sistema chavista es claramente pernicioso, puesto que invade terreno propio de la sociedad y sus ciudadanos, como un cáncer que se extiende ocupando y destruyendo tejido de órganos imprescindibles del cuerpo que aqueja. La conjunción de su origen y su naturaleza autoriza que lo entendamos como proceso canceroso.
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Del otro lado, las fuerzas políticas no agrupadas en torno al PSUV (antes al Movimiento V República) no han acertado en la forma de tratar ese gravísimo problema venezolano. A la llegada de Chávez al poder, entraron en estado casi catatónico, y no atinaron a ejercer la oposición correcta. Así, permitieron sin mayor protesta el abuso de la “Preeliminación del Senado” por acto excesivo de la Asamblea Constituyente de 1999—Capriles Radonski, entonces Presidente de la Cámara de Diputados del decapitado Congreso de la República, no elevó su protesta; la cosa no era con él sino con la cámara contigua—, ni tampoco opusieron a la pretensión chavista de que la Constituyente era “originaria”, esto es, con poderes absolutos, la correcta noción de que lo que es originario es el Pueblo, el verdadero Poder Constituyente Originario. (La catatonia se evidenció en un signo elocuente: Henry Ramos Allup se postuló a la Constituyente ¡por el estado Apure y por iniciativa propia! Intentaba disimular que era adeco). En una primera fase de la oposición a Chávez, esta retirada de los partidos provocó la participación muy activa de los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, en explicable horror al vacío político.
El protocolo opositor estándar se estableció en modo meramente acusatorio; todos los días, Leopoldo Castillo añadía unas cuantas páginas al prontuario de Chávez desde su espacio televisivo Aló Ciudadano, cuando lo que siempre fue necesario no era acusarlo sino refutarlo.

La opinión contraria
En el fondo, es la “falla de origen” de la Mesa de la Unidad Democrática concebirse como una estructura de oposición, alienada en función de la existencia del enemigo. En marzo de 2011 dijo Henry Ramos Allup: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”, y el propósito era salir de Chávez. Desde 1998, el protocolo de actuación opositora fue acusar a Chávez y ahora lo es acusar a Maduro, varias veces al día. Pero lo que había que hacer era no tanto acusarlos sino refutar su discurso, y proponer una lectura clínica desde un plano discursivo superior; en otras palabras, más que oponerse a Chávez y su heredero, superponérseles. (En ¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014.
Mucho antes, en abril de 1999, planteé a la Peña de Luis Ugueto Arismendi, y luego hasta la saciedad en otros sitios y escritos, que la oposición por negación de Chávez no funcionaría, que uno no negaba un fenómeno telúrico que tuviera ante los ojos, que no se negaba la existencia del Caroní, que la oposición eficaz debía proceder, en un nivel inmediato, por contención—“El problema de Chávez (…) es también, y muy importantemente, uno de contenerle. Urge encontrar el modo de tomarle la zurda muñeca que empuñará la llave inglesa y dificultarle el opresivo giro con el que querrá expandir su totalitaria y quirúrgica manera de gobernar”. (Bofetada terapéutica, 19 de agosto de 2004)—, pero más profundamente por superposición.
…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. (…) Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución. (Retrato hablado, 30 de octubre de 2008).
El chavoma, pues, se montó sobre un cuadro patológico previo de insuficiencia política que permitió su emergencia. (Un año antes de su primera elección, la intención de voto a favor de Chávez se situaba entre 6 y 8%). De nuevo, el término metafórico tiene un exacto sentido; se dice que hay insuficiencia cardiaca, pulmonar o renal cuando el corazón, el aparato respiratorio o los riñones no ejercen su función debidamente, y es apropiado hablar de insuficiencia política cuando el aparato político de una nación no ejerce la suya, que no es otra que la de resolver los problemas públicos de esa nación.
La condición de insuficiencia política en Venezuela puede fecharse con exactitud, gracias a los estudios de opinión de la encuesta Gaither, hoy ausente del país. En agosto de 1984, su estudio trimestral registró un súbito y marcadísimo desplazamiento negativo de la opinión que evaluaba la actuación de los partidos políticos de la época (AD, COPEI, MAS y otros). Poco después, la reacción de los políticos profesionales era quejarse de la ciudadanía; Pedro Pablo Aguilar declaraba a El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder.” Es decir, Aguilar había descubierto que no es que los partidos (el “país político”) se encontraran de espaldas a la realidad nacional, sino que ¡el “país nacional” se encontraba de espaldas a la realidad de los partidos!
Lo importante acá es, sin embargo, la etiología, la causa de la insuficiencia. La explicación convencional es que la política es en sí misma sucia, que los políticos son todos corruptos, únicamente interesados en adquirir poder y preservarlo. Si bien se define habitualmente la actividad política, precisamente, como lucha por el poder que se justifica desde una particular ideología, la hipótesis de la maldad intrínseca de los políticos no se sostiene.

Moralidad de Gauss
…este desempeño insuficiente no obedece a mala voluntad, a malicia intencionada, a una especial maldad que sería intrínseca a la política. “La política es muy sucia”, hemos escuchado muchas veces, pero la verdad es que los políticos concretos somos seres humanos normales, con cuarenta y seis cromosomas, idénticos a quienes se dedican al deporte, a la ciencia, a la empresa, a la religión o las artes. No hay una mayor proporción de gente mala entre los militares que la que se encuentra entre los economistas o los mineros, los abogados o los carteros. La condition humaine es gaussiana; sigue una distribución normal que se expresa en todo oficio o profesión. Si medimos en una población lo suficientemente grande las estaturas de sus miembros, encontraremos que unos pocos, tal vez 5%, miden más de un metro con ochenta centímetros y que un porcentaje similar alcanzará menos de un metro sesenta. La gran mayoría tiene una altura intermedia entre esas dos marcas. Lo mismo observamos en la distribución de facultades tales como la inteligencia: la mayoría obtiene un cociente de inteligencia que está entre noventa y ciento diez unidades de Stanford-Binet; muy pocos rebasan los ciento cuarenta puntos del genio y, por fortuna, también muy pocos quedan por debajo del nivel limítrofe de la idiocia. Un moralímetro que desarrollaran Hewlett-Packard o LG registraría también una distribución de Gauss en la medición de cualidades morales. En una población cualquiera, la proporción de héroes o santos es exigua—hay una Teresa de Calcuta por planeta—y, gracias a Dios, también es muy pequeña la de malandrines a tiempo completo. La muy mayor parte de los grupos humanos está compuesta por individuos de producto moral promedio, que son capaces de un acto heroico cada doce años y cuatro meses y de sostenerlo por seis días seguidos, así como de echar una buena broma a sus compadres cada nueve años y siete meses. De resto, sus acciones se colocan, cotidianamente, tan lejos de la heroicidad como de la felonía. (En Interpretación y profecía, epílogo de Las élites culposas).
Esta aproximación absolutoria era ya explícita a las alturas de febrero de 1985:
Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte?
Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente la afirmación que hacemos.
Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tradicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales.
Los descalificamos porque nos hemos convencido de su incapacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos.
(…)
Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones por otras más acordes con la realidad de las cosas lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe. (Proyecto – La Sociedad Política de Venezuela).

La revolución necesaria es mental
La raíz de la insuficiencia política es de orden paradigmático; no es verdad que cada lunes se reuniera el Comité Nacional de COPEI para considerar un orden del día cuyo primer punto fuese cómo jorobar a los venezolanos. Sus miembros, como los dirigentes de los demás partidos nacionales, procuraban hacer las cosas según su mejor criterio, pero es justamente ese criterio el que ha sido rebasado por una sociedad del siglo XXI que supera la complejidad de sociedades del siglo XIX para cuyos problemas se formulara las ideologías aún actuantes. En el prospecto para un Taller de Política Clínica (mayo 2015) describí el problema:
Los humanos pensamos dentro de marcos mentales (Daniel Kahneman & Amos Tversky) o paradigmas (Thomas Kuhn) que vienen proporcionados por las ciencias y crecen con elementos perceptuales simples o memes (Richard Dawkins) que se diseminan al modo genético. El marco mental más englobante es lo que los alemanes llaman Weltanschauung (concepción del mundo), y en él se insertan los más específicos. (La noción es más o menos equivalente a la noción de episteme de Michel Foucault—Les mots et les choses—: lo que puede ser pensado en una época particular). Muchos de los marcos mentales empleados en política son préstamos de la física newtoniana (espacios políticos, fuerzas políticas, etc.) o de concepciones estáticas, tales como la de “sectores”. (…) A partir de 1959 emerge en el campo de las ciencias un conjunto de disciplinas que pudieran llamarse ciencias de la complejidad: teoría del caos, teoría de los sistemas complejos, teoría de avalanchas, teoría de enjambres. Estas nuevas nociones—por caso, la idea de propiedades emergentes en un sistema complejo, o su sensibilidad a las condiciones iniciales—son más poderosas y pertinentes al discurso político que las ideas clásicas. Es de la mayor importancia que el político del siglo XXI comprenda esos conceptos.
Pero además escribí en Política natural (19 de marzo de 2009):
Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008).
Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos.
No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta.
Si los políticos convencionales ya no pueden ofrecernos soluciones a los problemas de las sociedades contemporáneas—la crisis de la política es hoy en día planetaria—de todas formas debemos estarles agradecidos.
Venezuela es sólo un caso—con nuestros rasgos propios—de la crisis de la profesión política a escala mundial. El 15 de mayo de 2012 moría el literato e intelectual mexicano Carlos Fuentes; Madrid y Ciudad de México publicaron ese mismo día su último artículo: Viva el socialismo. Pero… En él preguntaba: “¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?”
Vienen tiempos postideológicos, transideológicos. LEA
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[1] Un importante antecedente de la Declaración de Derechos de Virginia, plantilla de la Declaración de Independencia de los EEUU que la seguiría a las tres semanas, es el Acta de Abjuración de los Estados Generales holandeses (26 de julio de 1581) contra la Corona de España. Éste es su preámbulo: “Como es aparente a todos, un príncipe es constituido por Dios para ser el gobernante de un pueblo, defenderlo de la opresión y la violencia como un pastor a sus ovejas; y Dios no ha creado al pueblo como esclavo de su príncipe, para obedecer a su mandato sea éste justo o injusto, sino antes al príncipe para sus súbditos (sin los que no podría ser príncipe), para gobernarlos de acuerdo con la equidad, amarlos y sostenerlos como un padre a sus hijos o un pastor a su rebaño, incluso a riesgo de su vida para defenderlos y preservarlos. Y cuando él no se conduce de ese modo, sino que, por lo contrario, les oprime, buscando oportunidades para infringir sus antiguas costumbres y privilegios, exigiéndoles aquiescencia esclava, entonces ya no es más un príncipe, sino un tirano, y los súbditos no tienen por qué considerarlo de otro modo. Y particularmente cuando eso lo hace deliberadamente, sin autorización de los estados, ellos pueden no sólo inhabilitar su autoridad, sino proceder legalmente al escogimiento de otro príncipe para su defensa. Éste es el único método que queda a los súbditos cuyas humildes peticiones y protestas nunca pudieron ablandar a su príncipe o disuadirlo de sus tiránicos procedimientos: y es esto lo que la ley natural dicta para la defensa de la libertad, que debemos transmitir para la posteridad, aun a riesgo de nuestras vidas”.
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 25, 2016 | Argumentos, Política |

El Pueblo es la solución
El 5 de febrero de 2003 redactaba el suscrito Gran Referendo Nacional, una proposición de acuerdo entre las partes enfrentadas en ese momento: el gobierno que presidía Hugo Chávez y la Coordinadora Democrática. Estábamos en medio del paro organizado por la Gente del Petróleo, que coordinaba sus acciones, como lo hacían las organizaciones cúpula empresariales y sindicales, con la central opositora; el gobierno contaba, naturalmente, con los militantes del Movimiento V República, el resto del Polo Patriótico y unas cuantas unidades más combativas, como la que comandaba Lina Ron. Era una coyuntura que presagiaba guerra civil.
Hoy nos encontramos en una situación parecida—ver Desactivemos la bomba—, aunque los componentes no son exactamente los mismos; ahora no es la oposición algo que esté minoritariamente representado en la Asamblea Nacional, ahora la controla. Es por esto que la prescripción de hace trece años no puede ser aplicada de forma idéntica; en lugar de un acuerdo entre gobierno y oposición, lo que conviene al país es un pacto de los poderes públicos nacionales. Dice el segundo parágrafo del Artículo 136 de la Constitución: «Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado». Asamblea Nacional y Gobierno, Tribunal Supremo de Justicia, Poder Ciudadano y Poder Electoral, están constitucionalmente obligados a acordarse en procura de los fines del Estado, que no son otros que los de la consecución de la paz y la prosperidad de la Nación. Es enteramente obvio que esa colaboración de los poderes sólo existe entre los no legislativos, y no siempre para «la realización de los fines del Estado», sino con frecuencia para sostener los fines de una parcialidad política: la socialista. La Asamblea Nacional está aislada y rodeada.
En cierto sentido, la misma Asamblea se buscó eso. La secuencia reciente se inicia el 5 de enero; Henry Ramos Allup dijo en su discurso inaugural como Presidente del Poder Legislativo Nacional: “Ahora estamos dispuestos a dialogar en los términos públicos y honorables que debamos discutir. Eso sí, sin que cedamos en los propósitos que antes mencioné: recuperar nuestra autonomía como poder, ley de amnistía y reconciliación nacional y buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno. Esos compromisos no son transables”. Ni es tal cosa algo que compete al Poder Legislativo Nacional—somos los electores quienes podemos revocar el mandato de un Presidente en ejercicio—ni la lectura estratégica de Ramos Allup era correcta; su poder no era tan decisivo como creyó, como se ha comprobado con el muro infranqueable que la Sala Constitucional del TSJ ha levantado ante sus decisiones. Un amigo dijo hace días para describir la situación que el partido estaba 8 a 0—hasta hoy, cuando el TSJ ha declarado ya oficialmente que una enmienda que recorte el período presidencial no puede aplicarse retroactivamente a Maduro (como fuera anticipado acá el 25 de noviembre pasado en Martes de Ramos)—, aludiendo a los ocho «goles» que el oficialismo había marcado a la Asamblea Nacional (uno de ellos un autogol).
Pero todavía puede enmendarse la cosa. No es que el gobierno las tenga todas consigo; el rechazo a su gestión sigue siendo abrumador en la opinión general del país, y su debilidad se reflejó en que el amenazante decreto de emergencia económica no llegó a mayores; no pudo «radicalizar» la revolución. La declaradera de Padrino López es indicativa de que el gobierno se siente amenazado e inseguro.
Dos debilidades pudieran entender que les conviene transar. Por otra parte, acá se puso el 27 de agosto de 2013 (Alto al fuego):
El mundo debe repudiar deliberadamente, con la mayor claridad y decisión, a los políticos que sólo saben pelear. En nuestro patio, una dolencia relativamente leve nos acosa cada día. Empalidece ante las tragedias siria y egipcia, por supuesto, pero tiene enferma a la psiquis nacional. Mutuas acusaciones y descréditos hablan de atentados reales o fabricados, corrupción oficialista u opositora, criminal negligencia industrial o traicioneros sabotajes, intenciones aviesas en la oposición o el gobierno. (…) …en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio, sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. (…) Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”. Si la paz va a llegar algún día a Egipto y Siria ¿qué excusa pudieran esgrimir nuestros operadores políticos convencionales para seguir sacándose los ojos entre sí? Hay que exigirles que depongan sus armas difamatorias y se sienten a conversar. Ya basta.
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El acuerdo al que debe arribarse es esta vez uno entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, compuesto sobre la plantilla de lo que propuse aquella vez:
ACUERDO DE LOS PODERES LEGISLATIVO Y EJECUTIVO NACIONALES DE VENEZUELA
Cláusula Primera. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales reconocen que el país atraviesa una seria crisis cuya solución debe ser sometida a la decisión del Pueblo de Venezuela, y que es necesario iniciar un período de recuperación que consolide la democracia venezolana y permita la superación de los problemas públicos de diversa índole que aquejan a la población.
Cláusula Segunda. El Poder Legislativo Nacional reconoce que no es una de sus facultades o propósitos la cesación del gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros, elegido en libres comicios el 14 de abril de 2013 para completar el período constitucional iniciado el 10 de enero de 2013. El Poder Ejecutivo Nacional, a su vez, admite la legitimidad de la Asamblea Nacional, igualmente elegida por voluntad popular el 6 de diciembre de 2015.
Cláusula Tercera. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales auspiciarán la celebración de un Gran Referendo Nacional, el que consultará en diversas materias de especial trascendencia nacional y será convocado por la Asamblea Nacional para su celebración el domingo 26 de junio de 2016. A los fines de la determinación de las preguntas del Gran Referendo Nacional, el Gobierno Nacional suministrará tres preguntas para someter a consulta. La Asamblea Nacional las incluirá y someterá igualmente tres preguntas, una de las cuales será: «¿Está Ud. de acuerdo con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista?» Esta específica consulta se hace necesaria por el encabezado estándar de los decretos emanados del Ejecutivo: «Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”, y asimismo por la aprobación del «Plan de la Patria», presentado como «segundo plan socialista».
Cláusula Cuarta. El ciudadano Nicolás Maduro Moros se compromete a presentar su renuncia al cargo de Presidente de la República si, al celebrarse ese Gran Referendo Nacional, resultare negada la pregunta especificada en la cláusula anterior, lo que causaría de suyo la falta absoluta que será subsanada por la elección prevista en el Artículo 233 de la Constitución, al producirse aquélla antes de los cuatro años del presente período constitucional, que se cumplirán el 10 de enero de 2017.
Cláusula Quinta. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales constituirán una comisión de enlace que determinará urgentes acciones coordinadas entre ambos para resolver o paliar la crítica situación referida en la Cláusula Primera de este acuerdo, en el espíritu de lo prescrito en el Artículo 136 de la Constitución.
Cláusula Sexta. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales reiteran su confianza en el Pueblo de Venezuela, que en su carácter de Poder Constituyente Originario, el poder supremo del Estado venezolano, sabrá disolver inconvenientes diferencias mediante sus decisiones en acto directo de democracia participativa.
Creo que contribuiría a la potabilidad de esta solución para el gobierno, que el Dr. Henry Ramos Allup presente de inmediato su renuncia al cargo de Presidente de la Asamblea Nacional. La credibilidad en las sanas intenciones de la oposición venezolana aumentaría grandemente con ese sacrificio.
Asimismo, el Partido Socialista Unido de Venezuela y la Mesa de la Unidad Democrática debieran contribuir al feliz tránsito del pacto dibujado arriba, mediante acuerdo en dos cláusulas propuestas en 2003:
Ambas partes acuerdan suspender la organización de manifestaciones públicas que no sean las propias a las cuestiones del Gran Referendo Nacional (…) y excitar a sus respectivos partidarios a respetar tal suspensión mientras se mantenga la validez del presente Protocolo de Entendimiento.
Ambas partes acuerdan moderar sus manifestaciones de propaganda adversaria en contribución a la creación de un clima de entendimiento nacional.
Pienso que deben eso al país. LEA
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Actualización: el 27 de abril, cuarenta y ocho horas después de la publicación original de esta nota, la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Venezuela emitió un comunicado, cuyo numeral noveno dice:
9. El respeto a la institucionalidad es un compromiso y una obligación moral irrenunciable. Los Poderes Públicos deben respetarse entre sí y articularse a favor de la nación. Lo contrario, el irrespeto y la permanente confrontación entre ellos, va en detrimento de la posibilidad real de solucionar los problemas que nos afectan a todos. Concretamente, el Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional, a más de respetarse y actuar según su respectiva autonomía, reconociendo el papel que a cada uno le corresponde, están llamados a dar al pueblo ejemplo de “encuentro y diálogo” en favor de la convivencia nacional. En esta misma línea, deben buscar, de manera conjunta, soluciones, que el pueblo reclama, a problemas de vital importancia: la recuperación económica general del país, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, la falta de electricidad y calidad de los servicios públicos, la violencia y la inseguridad, la seguridad social de los adultos mayores, el problema de los llamados presos políticos. La Ley de amnistía es un clamor nacional e internacional y una contribución a la distensión social. Desconocer a la Asamblea Nacional es desconocer y pisotear la voluntad de la mayoría del pueblo.
Actualización 2: con fecha de hoy (2 de mayo) se conoció una nota publicada en inglés por Radio Vaticana, que se copia acá:
Pope Francis writes letter to Venezuelan President Maduro
02/05/2016 16:50
(Vatican Radio) Pope Francis has written a letter to Venezuelan President Nicolas Maduro in reference to the situation in the country. The chief of the Vatican Press Office, Father Federico Lombardi sj confirmed the news without giving information about the letter’s contents, on Monday.
Amid triple-digit inflation rates, Venezuela is undergoing one of the most serious economic crises of its history and basic goods and food are increasingly difficult to find. Shortages have led to smuggling and a thriving black market while power outages have led to looting.
«The Pope is following with great attention and participation the situation in Venezuela,” Lombardi said and cited the pontiff’s “most recent public remarks” and the “ample passage, very eloquent” which the Pope dedicated to Venezuela on Easter Sunday in the message before the Urbi et Orbi Blessing.
The Pope said: “With the weapons of love, God has defeated selfishness and death. His son Jesus is the door of mercy wide open to all. May his Easter message be felt ever more powerfully by the beloved people of Venezuela in the difficult conditions which they are experiencing, and by those responsible for the country’s future, that everyone may work for the common good, seeking spaces of dialogue and cooperation with all. May efforts be made everywhere to promote the culture of counter, justice and reciprocal respect, which alone can guarantee the spiritual and material welfare of all people.”
«The seriousness of the situation appears clearly from the recent Statement of Bishops on 27 April,” Fr. Lombardi stated. “For his part, the Nuncio, S.E. Msgr. Giordano, has committed very clearly to encourage the dialogue desired by the Pope.”
“In this context, I can say that the Pope himself did recently have a personal letter given to President Maduro, with reference to the situation of the country,» Lombardi said.
Venezuelan Bishops press government to permit Church to help
In their 27 April statement, Venezuela’s bishops urged the government of President Maduro to allow the Church to bring in much-needed supplies such as food and medicine.
They warned that never before had the country suffered from such an “extreme lack of goods and basic food and health products” combined with “an upsurge in murderous and inhuman crime, the unreliable rationing of electricity and water, and deep corruption in all levels of the government and society.”
They recalled that the government is duty-bound to “encourage all forms of assistance to its citizens” and to provide basic goods and services.
Authorization, the bishops said, “is urgently needed for private institutions in the country, such as Caritas or other programs of different religious denominations…to bring in food, medicine, and other basic needs from national and international aid groups, and to organize distribution networks in order to meet the urgent needs of the people.”
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 25, 2016 | Argumentos, Política |

Una guerra civil hace lo mismo que un terremoto en Siria
Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional.
Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003
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La coincidencia de dos intervenciones de opinión, del general Padrino López, Ministro de Defensa, y de María Corina Machado, ayer—el primero en entrevista con José Vicente Rangel, a quien dijo que estaba «en proceso» un golpe de estado; la segunda en remitido de prensa (La patria reclama de todos sus ciudadanos el cumplimiento de nuestro deber) dirigido a los militares venezolanos—, me llevó a temer que Venezuela pudiera estar en una fase que pudiera llamarse pre-siria, en la antesala de una confrontación armada, de una guerra civil.

¿El padrino de Padrino?
El mismo día, el diario El Nacional había publicado un preocupante trabajo de Hernán Lugo Galicia*—Maduro ordenó a la FANB crear este año Fuerzas de Acciones Especiales—, cuyo sumario afirmaba que «Padrino López instruyó al Estado Mayor Superior ‘acercar’ armas y municiones a la Milicia Bolivariana y amenazó con ‘rebelión popular’ antioligarquía». Algunos de los párrafos más descriptivos de la nota son los que siguen:
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana forma sus filas, invierte en armas y elabora los planes para enfrentar a sus enemigos externos e interno, Estados Unidos y los adversarios del gobierno, ante la creencia del alto mando político-militar de Miraflores de una eventual “guerra de cuarta generación, guerra no convencional y estrategia de Estado fallido”.
Con este argumento, el Ministerio de la Defensa y el Comando Estratégico Operacional de la FANB (Ceofanb) crearán las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES). “Por instrucciones del Sr. Presidente y Comandante en Jefe de la FANB, este es el año de las Fuerzas de Acciones Especiales”, afirmó el ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, ante los miembros del Estado Mayor Superior Ampliado el 5 de febrero, en una reunión en Fuerte Tiuna.
La expresión de Padrino López fue recogida, posteriormente, en el documento Guía de Planeamiento del Comandante Estratégico Operacional de la FANB ante las amenazas contra la independencia, soberanía y la integridad del espacio geográfico de la República Bolivariana de Venezuela. La guía consta de 17 líneas dirigidas a toda la estructura militar, con “obligatorio cumplimiento”, instó el titular castrense, según el documento de 10 páginas. (…) La “guía” señala que la nueva formación militar de Venezuela se nutre en la “guerra popular prolongada” (ideada por Mao Zedong), “la conjunción de las fuerzas del pueblo” (planteada por Võ Nguyên Giáp, jefe del Ejército Popular de Vietnam) y “la lucha revolucionaria”, impulsada por Hugo Chávez. (…) En el punto 14, Padrino López ordena lo siguiente: “Desconcentrar todo el armamento y munición que sea posible, con el objeto de acercarlos a las unidades y al pueblo, especialmente a la Milicia Bolivariana que las requiere para elevar su apresto operacional. Usar a lo máximo las instalaciones de la FANB existentes”. (…) En el documento, el Ministerio de la Defensa propone canalizar el descontento social, pues creen que la protesta no será contra el gobierno. “La rebelión de masas frente a la amenaza de la oligarquía”, es la idea que, desde Miraflores, se trabaja en pro del pueblo.

Muy molesta
Por su parte, Machado creyó oportuno publicar una página entera en la que advierte y exige a los «Ciudadanos oficiales, soldados y guardias nacionales»:
La nación vive horas de dolor, incertidumbre e indignación. La que advertíamos en nuestros mensajes de 2015 y febrero de 2016 como una crisis humanitaria, hoy toma visos de explosión social, ante el hambre y la violencia; de crisis de seguridad ciudadana ante la criminalidad, desbordada en calles, ciudades y pueblos, que enluta los hogares y que a ustedes les alcanza diariamente, porque las bandas criminales los han marcado como objetivos para quitarles sus armas e infundirles temor. El país exige una respuesta frente a este escenario en el que la República se extingue.
El régimen, por órdenes cubanas, pretende transformarlos en un instrumento de represión contra su pueblo. Los militares cubanos en el Comando Estratégico Operacional (CEO), imparten instrucciones para que no cumplan su misión de defensa de la integridad territorial de la nación y los enfrenta a los ciudadanos, señalándolos como responsables de la debacle que ellos mismos causaron.
No se les permite combatir a la guerrilla que transita y vive en Amazonas, Apure, Barinas y Táchira, para que en Colombia haya paz, mientras que en Venezuela hay una guerra de la delincuencia contra los ciudadanos de bien. Se les impide actuar contra el narcotráfico, porque los altos mandos son parte de esa mafia. Se les prohíbe patrullar la zona en reclamación de nuestro Esequibo y ejercer nuestra soberanía. El apresto operacional se encuentra en un estado deplorable, porque no hay dotación, entrenamiento y equipamiento. Mueren los cadetes en prácticas de rutina y la FAN se desmantela ante sus ojos. Por ello, ante la ilegal pretensión de emplearlos ahora como carceleros y eventuales verdugos de un pueblo hambriento, en especial a la Guardia Nacional, es imperativo recordarles nuevamente cuál es la esencia de la FAN y qué espera la nación de sus ciudadanos militares.
Ustedes, hombres y mujeres de uniforme, juraron defender la patria con su propia vida si fuere necesario. En su actuación, no pueden olvidar que el respeto a los derechos humanos es universal y que su violación los hace reos de delitos que no prescriben en la legislación nacional e internacional. Para emplear las armas, deben exigir instrucciones precisas que les señalen los alcances y propósitos de esas operaciones; de lo contrario, se convierten en paramilitares al servicio de una banda criminal, no de la patria que les confió el monopolio de sus armas.
Confío en que existe una reserva moral en nuestras FAN. Confío en que los valores esenciales que les inspiran siguen vigentes y que es sólo una minoría la que recibe órdenes de un régimen extranjero, que se ha pervertido en actividades ilícitas y que hoy deshonra con sus acciones a la institucionalidad militar. La transición a la democracia requiere que cada ciudadano soldado permanezca leal a su juramento a la Constitución. Ustedes serán determinantes tanto para la reconstrucción de la FAN profesional que el país necesita, como para erradicar, con su firmeza y compromiso, a los grupos irregulares, y recobrar el control y la soberanía en todo el territorio nacional.
La nación les demanda hoy el cumplimiento de las palabras de nuestro padre de la patria Simón Bolívar: “Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo” y “La Libertad es el único objeto digno de sacrificio de la vida de los hombres”. Que el toque de silencio les recuerde su juramento y a quiénes deben su lealtad.
Tales son los líneas de la confrontación. La cosa no pinta nada bien.
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Acuerdo en mayo de 2003 (clic para ampliar)
A comienzos de 2003, la situación política nacional estaba grandemente recalentada, al punto de que la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter decidieron mediar entre gobierno y oposición luego del Carmonazo, la toma de la Plaza Francia en Altamira por militares rebeldes y el paro petrolero, que por entonces agonizaba. Incidentes violentos habían aumentado la temperatura del conflicto: iniciándose el paro, João de Gouveia asesinó a tres personas y dejó a otras incapacitadas en esa plaza el 6 de diciembre de 2002. Tres días después, en horas de la noche, eran simultáneamente atacadas Globovisión, RCTV, Meridiano Televisión y Venevisión, así como los medios del estado Aragua, el diario El Aragüeño y el canal regional TVS; el diario El Siglo fue rodeado amenazantemente. El canal Promar TV, en el estado Lara, también sufrió los ataques de los oficialistas, así como el diario El Impulso de Barquisimeto. Hordas violentas rodearon y tomaron las sedes de TV Táchira, Radio Valera y Radio San Juan de los Morros. Globovisión Zulia sufrió destrozos en sus instalaciones; por suerte, TVO Anzoátegui estaba cerrada y sufrió sólo daños en la fachada.
La mediación de César Gaviria, Jimmy Carter y sus respectivos auxiliares, logró reducir las tensiones y propiciar la constitución de una Mesa de Negociación y Acuerdos, en la que se acordó finalmente la celebración del referendo revocatorio que tendría lugar el 15 de agosto de 2004. Hoy hace igualmente falta un serio acuerdo político en Venezuela; todavía estamos a tiempo de evitar el derramamiento de sangre por diferencias políticas que cada vez son más encarnizadas.
La esencia del acuerdo es remitir los problemas al criterio definitivo del Poder Constituyente Originario, para que decida en referendo sobre lo que nos divide. (En una próxima entrada, lo que creo pudieran ser los términos del pacto y cuáles serían sus partes signatarias). LEA
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*Fue Hernán Lugo Galicia quien afirmara, en una nota en primera página de El Nacional, que el Alto Mando Militar había forzado la aceptación por Hugo Chávez de los resultados del referendo del 2 de diciembre de 2007, cuando se rechazó los proyectos de reforma constitucional de la Presidencia de la República y la Asamblea Nacional. El 5 de diciembre, Chávez se presentó en Fuerte Tiuna y desde allí desmintió la especie en términos altisonantes.
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