por Luis Enrique Alcalá | May 3, 2010 | Argumentos, Política |

El candidato de Albornoz
Quien primero me lo dijo fue Raúl Aular—médico, ejecutivo, líder de proyectos, experto en estudios de opinión y consultor gerencial—, escribiendo lo que sigue en correo electrónico del 9 de febrero de 2010, desde Barquisimeto:
Creo que en Lara puede darse una dinámica con la capacidad real de moldear de manera determinante los acontecimientos a nivel nacional. Hay mucha atención sobre lo que sucede en el estado y es vital moverse con inteligencia. Me preocupa el discurso de algunos “líderes” de oposición del estado: tienen una crisis de identidad; ante la ausencia de un discurso propio y al ubicarse en el bando opositor, se ven obligados a atacar a Falcón, pero inmediatamente quedan descolocados ante la popularidad del personaje y, sin quererlo, haciéndole el trabajo al chavismo radical. Este dilema es único en el país y representa un extraordinario reto de posicionamiento político, cuya resolución puede esconder las claves y códigos comunicacionales para desconectar a las masas tanto del discurso chavista como del discurso opositor ramplón que menosprecia al pueblo tanto como lo hacen los rojos. ¡Hay que meterle cabeza y sofisticación a la dinámica larense!
Luego, anteayer sábado, José Álvarez Cornett se comunicó conmigo por Twitter: “Una pregunta para @doctorpolitico El ‘nuevo’ PPT ¿le quitará más votos al chavismo o competirá mejor que la oposición por el segmento Ni-Ni?” Luego me incitó al delito: “@doctorpolitico Tal vez puede ser un buen análisis para su blog. Noto que gente importante: H. Falcón, Gral. Antonio Rivero, ahora están en PPT”.
Contesté diciendo, primero, que no todo lo que estuviera en primeras planas era importante, y luego que de Henri Falcón ya me había ocupado el pasado 21 de marzo (Qué cresta la de Falcón). Pero @chegoyo estaba en realidad tubeando al diario El Nacional, que ayer domingo publicó una entrevista a Henri Falcón de un poco más de media página.
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Es claro que Falcón busca hablar a los Ni-Ni aludidos por Álvarez Cornett, busca el posicionamiento descrito por Aular. Hernán Lugo-Galicia le pregunta en El Nacional: “¿Y en lo electoral no es así: blanco y negro?” Falcón contesta: “Si se revisan [sic] los estudios de opinión*, la mayoría rechaza los extremos radicales de la oposición y del Gobierno. Un sector de la población tiene la expectativa de que la dirigencia le hable de igualdad, ética, productividad, respeto y diálogo”. (Este blog promete y anuncia que dedicará, próximamente, todo un artículo a desmontar y discutir esta última enumeración).
Descubre Falcón el agua tibia, porque este problema ha sido diagnosticado muchas veces y desde hace varios años. Veamos, por ejemplo, lo reportado en el #60 de la Carta Semanal de doctorpolítico (30 de octubre de 2003, hace casi siete años):
“El Tercer Lado” es la fórmula que William Ury, experto internacionalmente reconocido en negociación de conflictos, propone para el encuentro de una salida pacífica en Venezuela. Según su enfoque, los conflictos se dan entre dos polos antagónicos y extremos, incluidos dentro de un “tercer lado” que representa a la comunidad general. Y ésta, que no participa directamente en el combate, es la más afectada. (Dato de Ury: las guerras de hoy en día, a diferencia de las clásicas, se caracterizan porque nueve de cada diez muertes son de civiles “ajenos” a la confrontación).El récipe de Ury: es preciso fortalecer el “tercer lado” para lograr la paz.(…) A través de múltiples ejemplos Ury mostró cómo es que los factores iniciales en la resolución de graves y recientes conflictos violentos fueron siempre las mujeres y los líderes religiosos. La iglesia católica venezolana, los medios de comunicación del país, parecieran buscar opciones distintas a las hasta ahora operantes. El Tercer Lado Ni-ni pudiera ser lo que andan buscando.
O por ejemplo esto, escrito en la Carta Semanal #72 (Ni lo uno ni lo otro, 5 de febrero de 2004, hace un poco más de seis años):
Laureano Márquez y Elías Santana, por nombrar sólo dos recientes casos, emiten vistosas pero superficiales y fáciles invectivas contra una buena cantidad de ciudadanos, a quienes una igualmente superficial nomenclatura intenta designar con el negativo apelativo de “ni-ni”. Lo hacen, además, con autosuficiencia moral. Regañan. José Antonio Gil, en cambio, anticipa o echa en falta un promedio entre extremos. William Ury viene a hablarnos de un “tercer lado”. ¿De quién hablamos? ¿Es que no hay modo de hablar de esa gente de modo sustantivo? No se trata de un tercer lado. No se trata de definirse diciendo: yo no soy tú pero tampoco tú. No se trata de insinuarse como una cuña entre dos polos para separarlos. Se trata de elevarse a un plano superior en el que sobrevivirán elementos de ambos polos. Pero no es un promedio porque la visión que necesitamos trae nuevos elementos. No es una suma algebraica. No es oposición sino superposición.
O, poco antes del referéndum revocatorio de 2004 (Carta Semanal #91, del 17 de junio de ese año), esta consideración: “Pero hay una sustanciosa minoría de Electores—alrededor de 40%—que al tiempo que repudia a Chávez igualmente deja de encontrar atractivo en la, hasta ahora, difusa propuesta de la Coordinadora Democrática. Algunos creen que a estos ‘Ni-Ni’ les pasaría lo que al asno de Buridan: un pollino equidistante de dos pacas de pienso absolutamente idénticas, que al no encontrar razón de preferir una a la otra deja de escoger y se muere de hambre”.
O en El mero centro (Carta Semanal #190, 15 de junio de 2006, pronta a cumplir cuatro años y cuya lectura recomiendo ampliamente):
El respetado encuestador Eugenio Escuela incluyó una pregunta muy interesante en su estudio de la opinión pública venezolana de mayo de este mismo año 2006. (Levantamiento de datos entre el 6 y el 13 del mes pasado). Se preguntó a los entrevistados: “¿Usted se considera una persona de…?” Las opciones eran: extrema izquierda, izquierda, centro-izquierda, centro, centro-derecha, derecha, extrema derecha. Bueno, un 30% de los encuestados optó por no contestar o decir que no sabía. Pero los que contestaron se distribuyeron en lo que se asemeja mucho a una curva de Gauss, a una distribución estadística “normal”. De los que escogieron una ubicación, 1,03% dijo ser de extrema izquierda y 2,29% de extrema derecha; 8,69% se ubicó en la izquierda y 9,26% en la derecha; 14,42% se apostó en posición de centro-izquierda y 14,06% en centro-derecha. ¡Cincuenta coma veinticinco por ciento en el mero centro! (Respecto del universo total: extrema izquierda, 0,72%; extrema derecha, 1,60%; izquierda, 6,07%; centro-izquierda, 10,07%; centro-derecha, 9,82%, centro, 35,10%). ¿Será lo adecuado presentar una oferta que, entendiéndose a sí misma como trascendente de la vieja dicotomía izquierda-derecha, pueda ser comprendida por los electores como de centro? ¿Y será el candidato correcto ese caballero desconocido que responde al maracaibero nombre de Ninguno Nosabe Nocontesta?
(En este mismo blog se incluyó un gráfico de estos resultados en la entrada Por todo el centro, del 15 de abril de este año. Acá se reproduce de nuevo):

«Yo lo que soy es extremista de centro». LEA, noviembre de 1963 (clic para ampliar)
Claro, hay raíces más antiguas en esa población despegada de los actuales polos de la política nacional. El 8 de octubre del año pasado hacía referencia a ellas en la Carta Semanal #352 de doctorpolítico, en la que aludía a exposición del asesor político John Magdaleno (un abono que, a manera de introducción, hizo en favor de una intervención de su cliente, Leopoldo López):
He allí la falla de origen de la inmensa mayoría de los planteamientos políticos distintos del chavismo: que sólo atinan a definirse como antichavistas. Desaparecido Chávez, dejarían también, entonces, de tener sentido sus existencias. Ésa es la misma falla de origen de la iniciativa que acá se discute. Una nueva acción política que quiera ser viable no puede pensarse como oposición a Chávez; es preciso que procure superar el actual estado de cosas por superposición, por salto a un nivel superior de la política. (A fin de cuentas, el régimen de Chávez no es otra cosa que la exacerbación oncológica de una política que no inventó él: la política de poder posicionada en algún punto del eje decimonónico de izquierda y derecha). La refutación de Chávez debe venir, para usar términos evangélicos, por añadidura, nunca como única justificación. (…) Otras cosas dijo el encuestólogo asesor que querían causar un efecto preparatorio pero eran, por decir lo menos, inexactas. Por ejemplo, afirmó que los electores no alineados (los vilipendiados Ni-ni) habrían venido a la existencia a partir del “carmonazo”. Bueno, los electores que llegaron a conformar hasta 70% de intención de voto por Irene Sáez, ya en 1996, no querían nada con partidos, ni de izquierda ni de derecha (Ni-ni), y la encuestadora Gaither registraba en agosto de 1984 que 43% de sus consultados no identificaba un mejor partido entre las opciones AD, COPEI, MAS y Otros (Ni-ni-ni-ni). Para esos momentos, Gonzalo Barrios alertaba sobre la posibilidad de un outsider como candidato presidencial exitoso (en portada de la revista Auténtico), y la encuestadora Datos medía la preferencia de casi sesenta por ciento de sus entrevistados por un candidato que no viniera de los partidos en 1986.
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No hay, entonces, nada de novedoso en la aproximación de Henri Falcón, en procura del mercado de los Ni-Ni, obvia mayoría en el país (que también Leopoldo López busca cortejar). Menos aún cuando insiste en regresar a la dimensión ideológica, una aproximación claramente obsoleta. A El Nacional le dijo: “Creo en la democracia, en un socialismo ético y productivo y en la Constitución”. (Destacado de este blog). Eso es lo que se conoce como posición socialdemócrata y, por tanto, Henri Falcón hubiera podido inscribirse perfectamente en Un Nuevo Tiempo (que no habla de socialdemocracia sino de democracia social para que creamos). Henri Falcón es neo-adeco.
Pero fue a refugiarse bajo el toldo de Patria Para Todos, un poco más a la izquierda de AD-Un Nuevo Tiempo (como antes lo fue, en mayor medida, el Movimiento Al Socialismo de Petkoff). Así da cuenta Wikipedia en español acerca del PPT:
Patria Para Todos o PPT, es un partido político venezolano fundado el 27 de septiembre de 1997 ubicado en la izquierda, está formado en su mayor parte por antiguos sindicalistas y algunos profesionales. El PPT surgió como una escisión de La Causa Radical. Inmediatamente desde la fundación del PPT, se alió con Hugo Chávez junto a la plataforma electoral Polo Patriótico. En el 2000 se separó de la coalición por divergencia en la elección de candidatos en los comicios legislativos y de gobernadores y de alcalde[s] de ese año. A pesar de la separación del gobierno de Chávez, el PPT no se alió con la oposición, pasando ser crítico de ésta y del gobierno, hasta que en el 2002 se volvió a integrar al chavismo, conformando el Bloque del Cambio.
En síntesis, Henri Falcón es “de izquierda”, lo que es cosa tan atávica como serlo “de derecha”. (“En los partidos políticos de segunda ola, los temas principales han sido el control de los medios de producción, el trabajo y los recursos naturales. Un partido de segunda ola proveía LA RESPUESTA: socialismo, capitalismo, marxismo, fascismo, dando por sentado que si todo el mundo siguiera sus dictados todos los problemas del mundo se resolverían. No es necesario decir que ninguna de las agendas mencionadas ha traído la era utópica que anunciaban”. Amos Davidowitz: The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study, 1996).
Más aún: ha acompañado a Hugo Chávez durante una década. Todavía pasa trabajo para despegarse totalmente—en la entrevista concedida a Lugo-Galicia se mueve, en general, como una guabina—de Chávez y su gobierno. Pregunta: ¿Por qué tardó tanto en descubrir las amenazas o riesgos que implicaba Chávez? Respuesta: No hablo de amenazas y riesgos; hablo de la persona que conocí, de decisiones que en lo político están marcadas por momentos y circunstancias. Pregunta: ¿No representa un riesgo para la democracia un gobernante sectario? Respuesta: Eso depende del momento y sus circunstancias. El peligro viene dado más por la inacción, el miedo a actuar, consciente y duramente, dentro de la Constitución y las leyes. Pregunta: ¿Cuándo comenzó a distanciarse del Gobierno? Respuesta: Mi distanciamiento, más que del Gobierno y del partido, es de la conducción y los métodos que niegan el sentido de lo colectivo y el debate y que impiden una efectiva materialización de los principios de la Constitución, que para muchos, y me incluyo por ser corredactor, es una de las más avanzadas del mundo. Pregunta: ¿Ha dicho todo lo que sabe del poder? Respuesta: No soy quién para calificar; sólo expreso, de manera clara, mi verdad.
Esa clara “verdad”, aparentemente es ésta: “Soy un creyente de la democracia inclusiva, cargada de garantías y de oportunidades y con énfasis en lo social. (…) Creo en la democracia, en un socialismo ético y productivo y en la Constitución”. Tan clara “verdad” como haber establecido que pudiera haber momentos y circunstancias en las que un gobernante sectario no representaría un riesgo para la democracia.
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En este blog se puso el pasado 21 de marzo: “No hay quejas sustantivas de la actuación administrativa de Henri Falcón en el estado Lara, ni en su carácter de alcalde, electo y reelecto, del municipio Iribarren (Barquisimeto), ni en el de su gobernador electo y reelecto. Todo lo contrario: el 23 de noviembre de 2008, fue el gobernador en funciones que obtuvo la mayor votación en cualquiera de los estados del país, recibiendo el 73,15% de los votos. Ni siquiera Chávez se ha acercado a un resultado como ése, y seguramente lo envidia”. Tales méritos, sin embargo, no lo convierten en contrafigura eficaz de Chávez—contra quien alguien o algunos habrán de medirse en 2012—, como los éxitos de Manuel Rosales, primero en Maracaibo y después en todo el estado Zulia (al igual que Falcón en Barquisimeto y Lara), no lo hicieron contendor suficiente en 2006. La popularidad de Rosales en el Zulia no fue trasplantable a todo el país (perdió en todas partes, incluido el estado Zulia, salvo en Maracaibo); nada garantiza que la popularidad de Falcón en Barquisimeto y Lara pueda extrapolarse a Venezuela.
También se dijo en la oportunidad aludida: “Falcón, por otra parte, se ha caracterizado por ser un gobernante moderado y asequible, muy distinto del estilo típico del Presidente de la República”. Pero asimismo: “Ha marcado Falcón distancias estilísticas con Chávez, obviamente, pero tampoco es que ha manifestado frontal desacuerdo con ninguna de las ejecutorias presidenciales de los últimos once años, que son muchísimas, por supuesto, la mayoría terribles”. La perniciosidad de Hugo Chávez no se agota en su malacrianza. LEA
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*La construcción correcta es “Si se revisa los estudios de opinión…” De un tiempo a esta parte se construye con excesiva frecuencia—no es vicio exclusivo de su idioma—como lo hizo Falcón: “Si se revisan los estudios de opinión…” La confusión se origina porque la atención se pone sobre el plural del complemento directo “los estudios de opinión”. Pero, en castellano, el verbo concuerda en número con el sujeto, no con el complemento directo. (“Él revisa los estudios de opinión” y no “Él revisan los estudios de opinión”). Aquel tipo de oraciones se conoce como oraciones “cuasirreflejas”; parecen reflejas—“Yo me peino, tú te bañas, ellos se mudan de ropa”—, en las que el sujeto y el complemento directo son una misma cosa, pero no lo son. (Por esto los camiones deben decir: “Se hace viajes y mudanzas” y no “Se hacen viajes y mudanzas”, puesto que los viajes no se hacen a sí mismos). Una oración cuasirrefleja es una clase de oración impersonal; esto es, de sujeto no especificado o inexistente. (“Ayer llovió”). Se lo presume gramaticalmente en singular. (“Ayer llovió a cántaros”, y no “Ayer llovieron a cántaros”). Vale.
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 28, 2010 | Argumentos, Política |

La tutoría de la violencia
En 1961, Albert Bandura, considerado hoy el psicólogo más importante de Norteamérica, realizó un experimento clásico y verdaderamente crucial, que ofrece fundamento empírico a la más eficaz de las explicaciones de la delincuencia, y que igualmente permite entender lo que seguramente es la más nociva y venenosa de las influencias que Hugo Chávez Frías ejerce sobre la psiquis nacional.
En aquel año, el actual Presidente de la República alcanzaba, presumiblemente, el uso de razón. Chávez nació en 1954, y ahora que un arzobispo se le enfrenta cabe citar lo que estipula el canon 97 del Código de Derecho Canónico: “§ 2. El menor, antes de cumplir siete años, se llama infante, y se le considera sin uso de razón; cumplidos los siete años, se presume que tiene uso de razón”. Es decir, en 1961 Hugo Chávez debía ya tener la capacidad para distinguir entre el bien y el mal.
Bandura se interesó en el papel jugado por la modelación social en el pensamiento, la motivación y la acción humanas, y muy pronto precisó el foco de sus investigaciones para dedicarse al estudio de la relación entre esa modelación y las conductas agresivas. Su enfoque fue decididamente experimentalista. Desde la época de sus estudios de postgrado, sostenía que los psicólogos debían “conceptualizar los fenómenos clínicos de forma que los haga susceptibles a la prueba experimental”, pues creía que sólo en el laboratorio podía la investigación psicológica controlar los factores que determinan la conducta. De este esfuerzo germinó su primer libro—Adolescent Aggression (1959, Hugo Chávez todavía no tenía uso de razón)—y más adelante (1973), Aggression: A Social Learning Analysis.
Su base conceptual, pues, es la teoría del aprendizaje social. En 1986, Bandura publicó Social Foundations of Thought and Action: A Social Cognitive Theory, obra de enorme influencia, en la que los seres humanos son entendidos como entes capaces de autorregulación y autodesarrollo, y no como un manojo de respuestas a estímulos externos—conductismo—o como el producto de impulsos internos, como Freud los entendía en buena medida.
La conducta, sin embargo, es grandemente influenciada por factores ambientales y es, en mucho, la imitación de modelos. En particular, Bandura ha sostenido que los individuos, especialmente los niños, aprenden sus respuestas agresivas al observar a personas en actos de agresión, bien sea directamente o a través de medios como el cine y la televisión.
Los individuos, pues, no heredan una tendencia a la violencia; la adquieren por imitación. Al hacerlo, por otra parte, refuerzan esa conducta al obtener algún beneficio, sea éste el alivio de una tensión, la ganancia financiera, la aprobación de terceros o el desarrollo de su autoestima. Es fácil ver que la teoría del aprendizaje social es la teoría de la conducta más relevante a la criminología.
A partir del famoso experimento de 1961 (ver su descripción en Wikipedia), la conclusión principal del equipo de Bandura y sus colaboradores fue que las conductas de agresión pueden ser aprendidas a partir de la observación y la imitación de modelos. Los niños observados en el experimento llegaron a pensar que la conducta agresiva era aceptable, y de este modo sus inhibiciones de la agresión se debilitaron. Este debilitamiento hace más probable que se responda a situaciones futuras con respuestas más agresivas. La agresividad se aprende.
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Desde que entró, en mala hora, Hugo Rafael Chávez Frías a la política venezolana—el 4 de febrero de 1992—, este ciudadano se ha conducido, constantemente, como un modelo agresivo. Por supuesto, por sus actos de esa fecha, que fueron armados para la agresión. Pero también en su campaña electoral de 1998, cuando ofrecía freír cabezas de adecos y copeyanos; también el 4 de febrero de 1999—cuarenta y ocho horas después de haber jurado sobre una constitución a la que declaró, frente a su padre, moribunda, en revelación de su carácter despiadado—cuando emplazó a la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia para que aceptara el robo por necesidad; también cuando sugirió tempranamente a Marcel Granier que su vida corría peligro; también cuando escribía cartas, en plan de colega revolucionario, al terrorista criollo Illich Ramírez Sánchez, alias “El Chacal”; también cuando incitó agresiones de otros, como las de la banda de Lina Ron, a la que declaraba luchadora meritoria; también cuando despidió con sorna a los ejecutivos de PDVSA; también cuando ha insultado a mandatarios extranjeros e instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales en cualquier parte del globo; también cuando ha excitado las invasiones de propiedades privadas, como él mismo ha hecho en aplicación del “método Chaz”; también cuando ha amenazado a quienes se le opongan con el empleo de la fuerza armada; también cuando compra armas—fusiles, aviones y helicópteros de guerra, submarinos—y cuando establece contingentes de reservistas más grandes que el ejército regular; también cada vez que golpea la palma de su mano diestra con el puño siniestro; también cuando no cesa de hablar de guerra, de magnicidio, de guerrilla, de resistencia; también cuando ofrece la expropiación a cuanto factor social no se alinee con su voluntad; también cuando acuña el lema de “patria, socialismo o muerte”.
Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. No hay, pues, nada que pueda salvar a las administraciones de Chávez en el registro de la historia, y esto debe ser explicado a sus partidarios en el seno de nuestra ciudadanía. Uno pudiera invitarles a que hicieran una lista de los aciertos de Chávez pues, por más larga que fuere, sería reducida a la insignificancia al cotejarla con su perenne modelación de la violencia y la agresión, que deja cicatrices en el espíritu de la Nación.
¿Cómo puede disminuir la delincuencia en un país cuyo presidente la modela, exacerbando el azote que lacera por igual a sus partidarios y sus opositores? ¿Qué asaltante no se sentirá “dignificado” por la conducta presidencial, cuya agresividad y cuyo desprecio por la propiedad puede tomar por modelos?
Este rasgo terrible y definitivo del modo de gobernar de Hugo Chávez Frías se complementa con su “desconexión moral”—moral disengagement, otro concepto de Bandura—, que le impele a fabricar excusas para su mala conducta, eludir la responsabilidad de sus consecuencias y culpar a sus víctimas. Las razones que Chávez ofrece son, mayormente, coartadas.
Y esta espantosa modelación, para agravarla, es amplificada por el más obsceno culto a la personalidad que haya conocido Venezuela. No hay agencia oficial que no le adule, no hay programa que no se atribuya a sus méritos, no hay pieza publicitaria del gobierno que no infle su ego megalómano y tóxico.
Quien se regodeara aludiendo a una tal enfermedad del “escualidismo”, es en sí mismo un agente patógeno peligrosísimo, que preside un proceso canceroso, maligno, pernicioso e invasivo, destructor del tejido conectivo venezolano. De hecho, es él mismo la causa de ese cuadro infeccioso secundario, mucho menos grave.
Preparémonos para una inmensa tarea de medicina y psiquiatría política al cese de su mando. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 20, 2010 | Argumentos, Política |

Oposicionitis infecciosa
El Presidente de la República, que al igual que Carlos Andrés Pérez se beneficiaría mucho de “un poquito de ignorancia”, jugó a ser doctor el pasado viernes 16, cuando diagnosticó en la oposición la enfermedad del “escualidismo”. La metáfora no es mala: hay mucho opositor evidentemente enfermo; el problema con el Sr. Presidente es que cree—o hace creer que cree—que en el país no existen sino quienes le apoyan y los que él llama “escuálidos”. (DRAE: Flaco, macilento).
El mundo, por supuesto, viene en colores. Es comprensible que quien tiende a vivir en el siglo XIX, a pesar de su “socialismo del siglo XXI”, tienda igualmente a creer que la sociedad en general y en particular la venezolana existen en blanco y negro, como los primeros daguerrotipos (1837).
Por otra parte, el chavismo es una enfermedad cancerosa, mucho más perniciosa que el infeccioso paludismo opositor o escualidismo, y de ella se ocupará quien escribe en una segunda entrega sobre el tema. Pero no le falta algo de razón a Chávez cuando dice que “la oposición” se alegra con malas noticias, como la crisis del suministro eléctrico o las dificultades de la economía: “Lo que para la patria es malo o puede ser malo, para ellos [la oposición] es bueno, se alegran. Es una enfermedad. Ser escuálido es una enfermedad que requiere tratamiento especial, aunque no sé si tiene cura”. No todo quien se le opone cabe en esa descripción, por supuesto, pero más de uno entre nuestros conciudadanos corresponde a ella.
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Hay un opositor que es patológico porque su conducta conspira contra las posibilidades de éxito de la oposición y también porque se daña a sí mismo. El opositor patológico es adicto al objeto de su oposición. Si Chávez no ha dicho nada últimamente, siente una desazón de carácter obsesivo-compulsivo y busca encontrar en el territorio de alguna gobernación, o un municipio fronterizo, una manifestación más de la maldad de su régimen. Necesita comprobar cada día, con evidencia fresca, la maldad del mandatario y su combo. Necesita hablar de esas cosas—ahora en Twitter—todos los días, varias veces al día.
Atraído irremisiblemente hacia el objeto de su odio, como quien se deja cautivar por la mirada de una serpiente, como mariposa que busca la lumbre en la noche (así se achicharre), procura estar enterado de todos los pasos del actual Presidente de la República, y esto realimenta su angustia, su odio, su estrés. Chávez sabe que causa ese efecto, y disfruta dando pie a que esas emociones cundan en el número de sus opositores; hace a propósito lo que él presume que les causará mayor irritación. El niño es llorón y la mamá lo pellizca.
Ésta no es, por otro lado, la única realimentación que se produce en esta dinámica. La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puede hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentra es, por implicación, una mejor persona. Dado que no es como él—¡Dios lo libre!—entonces es bueno. Su bondad progresa relativamente, sin que haga mérito independiente, porque la maldad de Chávez crece todos los días.
Todavía hay un tercer mecanismo psicológico que refuerza la adicción: en la execración ritual, en saborear una mezcla de amargura y angustia porque el hombre no ha caído, el opositor adicto ha encontrado la trascendencia. Ahora es un patriota, ya no sólo un ejecutivo financiero, un comunicador social o un dentista que antes no se preocupó para nada de la política. Ahora es héroe, pues marcha cuando se lo piden y ha sentido en pulmón propio la gaseosa y lacrimógena represión. Ahora es valiente.
Si, por otra parte, ocurre que es gente de clase media o baja, su participación en un movimiento en el que destacan notables figuras de la más alta clase le confiere movilidad social vertical, sobre todo si logra identificarse con algún atuendo característico de la clase alta (como un cierto sombrero de Panamá que distinguía hace un tiempo a una arribista dama de clase media), y dice Marcel y Oscarcito y María Corina y Leopoldo como si les tuteara de toda la vida. Ahora el opositor enfermizo se codea con los más ricos y hasta parece adinerado.
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El tipo weberiano (ideal, abstracto) de opositor es, asimismo, un ser inerrante. Nunca se ha equivocado. Carmona habría tenido razón al volarse sin remilgos la Asamblea Nacional entera y anular la designación bolivariana de la república; el paro que siguiera al carmonazo habría sido la medida justa, sobre todo cuando entrara en él la “gente del petróleo”—a pesar de que por su acción se acelerara grandemente lo que se presumía era un desenlace inconveniente e inevitable. (“Chávez nos iba a fregar en dos años; con el paro petrolero hicimos que se quitara la careta y nos fregara ¡en dos meses!”) Habría sido correcto abstenerse el 30 de octubre de 2004 y el 7 de agosto de 2005, y el 4 de diciembre de este último año habría sido lo acertado retirarse de las elecciones de Asamblea Nacional, aunque de esa manera se entregara todo el frente al enemigo.
Para esta psicología, la retirada y abstención del 4 de diciembre de 2005 fueron, increíblemente, incomprensiblemente, un triunfo extraordinario, presagio en sí mismo del descalabro del régimen. (Hasta se anunció un Movimiento 4D, de vida tan efímera como la “carmonada”). Un pertinaz espejismo triunfalista domina cíclicamente esa psiquis, cuando si algo estuvo claro el 4 de diciembre de aquel año es que los electores no fueron cautivados por el discurso oficialista, pero mucho menos por el opositor. Retirar las candidaturas a última hora era, realmente, un intento burdo por impedir el implacable juicio y el más patente rechazo a la oferta de oposición que pronosticaban, una vez más, todas las encuestas.
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El tipo ideal de opositor existencial, adicto e inerrante es también supersticioso. La psiquiatra Magaly Villalobos mostró este rasgo en trabajo al que llamó Caimanes de un mismo caño (2004), en el que encontraba más de una similitud entre el opositor radical y el chavista duro. En particular, describía la imaginería supersticiosa de cierta oposición, que a la superchería mariano-lioncista y santera de la afiliación oficialista, opone las estampitas virginales y pretende que la Madre de Dios ha sacado carnet de la Coordinadora Democrática o la Mesa de la Unidad ídem. (“No importa que no tengamos aviones porque allá tenemos a Dios que nos acompaña”. Antonio Ledezma, 19 de abril de 2010).
Claro, esta concupiscencia supersticiosa ha sido estimulada desde altas esferas, como cuando un cardenal—que no era Rosalio—sugiriera en la Catedral de Caracas que los deslaves e inundaciones que asolaron al estado Vargas en 1999 eran un castigo de Dios a la soberbia presidencial.
¿No se llamaba Juan Fernández aquel indio al que se habría aparecido la Virgen de Coromoto? ¿No había una relación numerológica implacable entre la fecha del referendo revocatorio y el número 2.021, o algo así, que hacía ineludible la caída de Chávez? ¿No lo habían determinado los astros de algún modo?
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El tipo patológico de opositor es, por otra parte, simplista y trillado. Va por la vida (política) armado de dogmáticas prescripciones estratégicas: “Hay que calentar la calle”; “lo que hay que hacer es constituir un movimiento de movimientos”; “si no hay un CNE confiable no se puede ir a elecciones”; “la unidad es necesaria por encima de cualquier cosa, y debemos tener un solo candidato opositor”.
El estado mental, la situación emocional de este tipo de opositor no puede hacer otra cosa que agravarse pues, siendo que su conducta fortalece al objeto de su odio, obtiene en su empecinamiento lo mismo que le angustia. Es difícil tratarle: cuando se busca explicarle algún aspecto de la realidad cuya comprensión pudiera hacerle aterrizar, una cierta clase de paranoia le hace ver traidores en quienes procuran que entienda.
Esto por lo que toca al nivel individual, a la tragedia psicológica que corroe la salud mental de esta clase de opositor. En lo tocante a la dimensión política, es imposible lograr aciertos con la aplicación reiterada de recetas que se ha demostrado son ineficaces, una y otra vez. No es posible obtener resultados novedosos y eficaces con la repetición de métodos viejos e ineficaces. El peor de todos, se ha comprobado, es el de permitir el predominio del opositor adicto, ritual, obsesivo, supersticioso, inmediatista, estratégicamente superficial, enfermo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 15, 2010 | Argumentos, Política |
(Puede aumentarse, para más fácil lectura, las imágenes haciendo clic sobre ellas).
No puede ponerse en duda la trascendencia del día 26 de septiembre de este año. En esa fecha, los electores venezolanos elegiremos una nueva Asamblea Nacional. Ese día, habrá elecciones, a pesar de la testaruda paranoia de la contraguerrilla comunicacional opositora, que hace todo género de predicciones apocalípticas sobre la supuesta intención de Chávez de suspenderlas—por un método que nunca se explica—si llegare a creer que sus candidatos no podrán conformar la mayoría que necesita su revolución. Tonterías. Las elecciones van.
Todos sabemos cómo el gobierno ha aumentado su control de los restantes poderes del Estado, especialmente de la Asamblea Nacional. A pesar de la más reciente deserción de Patria Para Todos—ya en 2007 un fragmento de Podemos se había salido del redil—, el Partido Socialista Unido de Venezuela mantiene una mayoría holgada que le permite aprobar cuanta pieza de legislación interese al Ejecutivo. Es, precisamente, la posibilidad fundada de arrebatar este control del Legislativo por parte de Hugo Chávez, lo que hace a las elecciones del 26 de septiembre un evento tan crucial. Una Asamblea fuera de las manos del oficialismo cambiaría radicalmente la escena política: se detendría la invasión legislativa socializante y se haría posible el control sobre un gobierno que no rinde cuentas desde los días del Plan Bolívar 2000. Chávez no podría seguir viajando como lo hace.

Eritema legislativo
El número mágico, en una Asamblea de 167 diputados, es la mayoría simple de 84 representantes; puesto en negativo, arrebatar el control del Poder Legislativo a Chávez equivale a limitar las curules que obtengan el PSUV y el Partido Comunista de Venezuela (el único aliado que le queda) a 83. ¿Cuán probable es este resultado?
Aunque se trata de múltiples elecciones desagregadas, en las que factores de diversa índole determinarán sus resultados, el reciente y creciente deterioro del apoyo de la población al gobierno permite estimar que un voto-castigo pudiera significarle al gobierno la derrota, dependiendo del comportamiento de los votantes no alineados con gobierno u oposición. El Instituto Venezolano de Análisis de Datos ya medía la importancia de este último segmento en su estudio de la opinión pública del mes de febrero, en el que la intención de voto por los candidatos oficialistas era ligeramente inferior a la correspondiente a candidatos independientes y los de la oposición formal (Mesa de la Unidad Democrática), aunque un porcentaje muy significativo (14%) de gente indecisa impide cualquier pronóstico:

Un reparto equitativo
Esa distribución relativamente plana—no hay un segmento claramente dominante—corresponde a la distribución de las simpatías entre los polos oficialista y opositor, hoy en día prácticamente equivalentes. La encuesta de marzo de Alfredo Keller y asociados muestra el mismo aplanamiento de la autodefinición política, aunque pareciera continuar siendo el sector independiente, por su mayor tamaño, la clave de todo el asunto. Por ahora, pareciera que esta distribución hubiera sido ordenada por alguien que hubiera dicho: repártase equitativamente:

Lo que Keller mide
El fenómeno de aplanamiento se debe al crecimiento de la polarización a medida que se conoce la concreción de las candidaturas y se acerca la fecha de la votación. Ambos factores adelgazan la magnitud de los votantes en posición neutral o no alineada, los conocidos y vilipendiados Ni-ni, que hasta fines de 2009 componían la mitad de los electores. Un cómputo compuesto de las mediciones de tres encuestadoras—Datanálisis, Hinterlaces, IVAD—entre 2004 y 2009 ofrece precisamente esa fotografía:

No alineados al frente
Para fines del año pasado, todavía la autodefinición política favorecía al gobierno, con simpatías que duplicaban las suscitadas por la oposición. Pero esto está cambiando de manera radical y acelerada, al aumentar la erosión de la confianza nacional en el gobierno de Hugo Chávez. Hinterlaces ya registraba en noviembre del año pasado un 57% de entrevistados que estimaba que el país iba mal encaminado. A la vuelta de tres meses esta opinión alcanzaba ya una cota de 65%. Y la misma encuesta de Keller ha venido midiendo este deterioro progresivo, según revela la siguiente infografía de El Universal:

El gobierno en caída
No obstante, las elecciones, como se apuntó, dependen en último término de una conjunción de factores múltiples, entre los que cosas como la capacidad financiera de las campañas respectivas—rubro de ventaja para el gobierno—y la concentración o dispersión de esfuerzos en los numerosos circuitos en disputa destacan como los más importantes. A nuestras manos llegó un análisis desprovisto de identificación, razón por la que es imposible atribuirle crédito de autoría; está centrado en una recomendación estratégica para la oposición: que focalice su mayor dedicación sobre una veintena de circuitos clave (por alguna razón, sus tablas fueron confeccionadas en idioma inglés, lo que genera errores con los acentos):

Un modo teórico de ganar
Todo esto, naturalmente, es de un carácter altamente especulativo, pero en términos generales la cosa no pinta bien para el gobierno, y la percepción de que esto es así alimenta los últimos y sucesivos divorcios de antiguos socios de Chávez (Podemos, PPT, Henri Falcón, Alberto Müller Rojas, ahora el grupo de Luis Fuenmayor Toro: De Frente con Venezuela).
Después del 26 de septiembre, por supuesto, se desatará la contienda principal, cuyo foco es la Presidencia de la República en las elecciones previstas para diciembre de 2012. Una vez más, Chávez se ve disminuido; las dos terceras partes del país (IVAD, Hinterlaces) prefieren que deje de gobernar a partir de esa fecha.
Pero eso dependerá de la emergencia de una figura (o contrafigura) cuyo discurso resuene con la distribución nacional de preferencias políticas. Un registro grandemente revelador y poco conocido es el proporcionado por el encuestador Eugenio Escuela a mediados de 2006, al preguntar por esas preferencias en términos del eje izquierda-derecha. Los resultados reconfirman que Hugo Chávez insiste en remar contracorriente:

Una distribución prácticamente ideal
Venezuela es de centro, y quizás quiera expresarse así el 26 de septiembre. La «piedra natal» de ese mes es el zafiro, y su significado «pensamiento claro». LEA

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por Luis Enrique Alcalá | Abr 11, 2010 | Argumentos, Económica, Política, Terceros |

Las manos de Rosling dan forma a ideas para el 2020
El 24 de enero de este año trajimos al blog el ameno poder didáctico de Hans Rosling (Estadísticas motorizadas. Una entrada previa—LEA #331, 14 de mayo de 2009—ya daba cuenta de su extraordinario trabajo desde la Fundación Gapminder. Su nivel de comprensión de los grandes procesos sociales, con el despliegue visual en animación de su dinámica, es algo que no puede conseguirse de ninguna otra manera.
De nuevo, he aquí una de sus mejores presentaciones en TED (Technology, Entertainment, Design), que es un reservorio de extraordinarias disertaciones cortas (no más de veinte minutos cada una) sobre variados temas de actualidad (Ideas worth spreading) por los más acreditados expositores.
Recientemente, Ericsson, la firma de telefonía sueca—la nacionalidad de Rosling—decidió producir una serie de videos futuristas, cuyo cierre fue confiado al profesor del Karolinska Institutet de Estocolmo en vista de su extraordinaria capacidad pedagógica. Por ahora sólo puede verse las piezas, incluida la de Rosling—2020 – Shaping Ideas, la #20—, en idioma inglés. La #8, por cierto, fue requerida a una venezolana, la muy autorizada socióloga del cambio tecno-económico Carlota Pérez, catedrática de Tecnología y Desarrollo Socio-económico en la Universidad Tecnológica de Tallin, Estonia, y Honorary Research Fellow de Política Científica y Tecnológica de la Universidad de Sussex, Inglatera, quien visitara recientemente al país.
Rosling tiene la marca de los mejores profesores: un estupendo sentido del humor. La audiencia corresponde cálidamente a sus jocosos apuntes y seguramente recuerda por ellos su lección con más facilidad. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 8, 2010 | Argumentos, Política, Terceros |

Sontag: el rostro de la conciencia noble
El diario argentino La Nación llevó una concisa nota en su sección Enfoques el domingo 4 de este mes, cuyo conocimiento debo y agradezco a Luisa Barroso. Se la reproduce a continuación.
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Susan Sontag contra Gabo
La voz independiente de Susan Sontag fue de las primeras en censurar el viraje hacia el autoritarismo de la revolución cubana. La autora de Contra la interpretación, fallecida en 2004, luchó desde la izquierda contra todos los totalitarismos. Poco después del fusilamiento de los tres cubanos que habían secuestrado una embarcación de pasajeros para llegar a EE.UU., Sontag asistió a la Feria del Libro de Bogotá, en abril de 2003. Fue allí donde la norteamericana exigió públicamente que Gabriel García Márquez explicara su adhesión al régimen cubano. Gabo le contestó por medio de una declaración en el diario El Tiempo : «Estoy en contra de la pena de muerte en cualquier lugar, motivo o circunstancia», se excusó. Y agregó: «Yo mismo no podría calcular la cantidad de presos, de disidentes y de conspiradores que he ayudado en absoluto silencio a salir de la cárcel o a emigrar de Cuba en no menos de veinte años». Unos meses más tarde, Sontag declararía al diario El País que la respuesta de Gabo le había parecido «lamentable»: «¿Es ése un régimen que merezca ser defendido? ¿Un régimen en el que tienes que ayudar a que la gente escape?». La admiración confesa de Sontag hacia García Márquez no le impidió reprocharle su silencio ante los atropellos del régimen: «No puede seguir siendo amigo de Castro y a la vez calificarse a sí mismo de periodista». A la gran ensayista norteamericana le irritaba que algunos sectores de la izquierda se abstuvieran de criticar al régimen cubano bajo el pretexto de no darle munición a Washington. «Me opongo a que se utilice la crítica al imperialismo americano, muy justificada, para defender una dictadura horrenda», solía decir.
La Nación
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Todavía cómplices
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