por Luis Enrique Alcalá | Jul 23, 2012 | Argumentos, Política |

Afuera se piensa mejor
Mi querida niña: ¿cuándo vas a entender que la normalidad no es una virtud? Más bien denota falta de coraje moral.
Alice Hoffman
Practical Magic
…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.
Retrato hablado
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Hace poco trajo este blog referencia a una noticia contenida en Rayuela, la novela cumbre de Julio Cortázar. Ella nos informa de peceras con tabiques de vidrio transparente, en la que los peces que nadan allí tropiezan una y otra vez con ellos, pues no pueden distinguirlos del agua. Al cabo de una serie de frustraciones, los animales aprenden y dan vuelta antes de chocar. Luego, retirados los tabiques, continúan creyendo que no pueden pasar de un lado al otro: «Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…»
Los humanos pensamos desde cajas de percepción; nuestros marcos mentales nos impiden ver cosas que debieran resultar obvias. La oposición política venezolana funciona dentro de una caja que ha limitado su capacidad de formular estrategias eficaces, y la más esclavizante de todas es, justamente, que ella se piensa como oposición. Para los dirigentes de oposición, y la inmensa mayoría de sus seguidores, no hay otra cosa política distinta de la aborrecida presencia de Hugo Chávez, Presidente de la República «Bolivariana» de Venezuela. La Mesa de la Unidad Democrática es una coalición antichavista; Henry Ramos Allup, con característica franqueza, admitió en marzo del año pasado (en declaraciones al diario Ciudad Ccs) que Acción Democrática no compartía “ni ideales ni visiones” con los restantes partidos de la MUD: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”, y el propósito fundamental de la central opositora es salir de Chávez cuanto antes. Su clientela política piensa lo mismo, en muchos casos con radicalidad aun mayor. (Ver en este blog Enfermo típico). La película que exhibe la oposición está filmada en blanco y negro; naturalmente, también la que presenta el oficialismo. El simplismo de ambas posturas las hace mutuamente complementarias.
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Aurelio Useche Kislinger aportó a este blog un extenso comentario a El ojo clínico, en el que argumenta con un catálogo de razones, típicas de la caja perceptual opositora, para poner en duda las mediciones de la opinión pública que registran una amplia ventaja de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles Radonski (Datanálisis, 15,3 puntos; Datos, 16 puntos; Hinterlaces, 17 puntos; IVAD, 20,3 puntos). Su última línea concluye: «…me vienen dudas de si las encuestas están reflejando la realidad». Para hacer justicia a los argumentos de Useche, he creído conveniente dedicar esta entrada a glosar su comentario, y le avisé de este método en mi contestación provisional. Glosemos, pues, el comentario del Ing. Useche párrafo por párrafo.
Luis Enrique: no comparto tu visión pesimista, tan determinante, sobre un triunfo de Capriles. Sin desmeritar en lo absoluto tus comentarios e interpretaciones, sería muy importante que tus lectores tuvieran la oportunidad de ver las encuestas en su presentación integral. Ello permitiría observar con plenitud la información y cifras que ellas contienen.
La adjudicación de etiquetas calificativas, como «pesimista», es argumentalmente inválida y constituye una de las falacias más elementales. Chávez usa esa técnica con profusión («escuálido», «majunche»). No tengo acceso a las presentaciones integrales de ninguna encuestadora; no soy cliente de ninguna de ellas. Ofrezco en este blog la información que llega a mis manos, y en el mejor de los casos ella se contrae a unas pocas láminas o «resúmenes ejecutivos». Pero tal vez el Ing. Useche no haya leído el archivo de la última presentación en rueda de prensa de Hinterlaces, que puede ser descargado en formato .pdf al pie de El ojo clínico, y se haya limitado a la lectura de este artículo.
He venido observando en algunos de los encuestadores cierto afán de protagonismo por su frecuente presencia en los medios, en los cuales, además de entregar los resultados que, a su criterio, son los más relevantes de sus investigaciones, también emiten juicios de valor que los coloca más en el rol de políticos activos que investigadores de opinión. Y, desde luego, son opiniones, respetables, que constituyen un sesgo en la percepción sobre la opinión pública.
En verdad, no logro encontrar en las intervenciones públicas de algunos encuestadores ningún «juicio de valor». (Corrijo: Datanálisis y Consultores 21, así como Keller, se expresan frecuentemente con sesgo favorable a la oposición). Veo, en cambio, sus interpretaciones de los datos que obtienen, lo que me parece no sólo legítimo, sino útil. En tales intervenciones, seguramente hacen gravitar su conocimiento de primera mano acerca de las «presentaciones integrales» que se echaba en falta en el punto anterior. Y a veces se aventuran a criticar errores de campaña, que los respectivos comandos están en libertad de ignorar. Los encuestadores pueden ser legítimamente «asesores políticos»: Gallup, por ejemplo, se define como compañía consultora basada en investigación de opinión; Pew Research como un think tank; IPSOS tiene una división de «asuntos públicos» capaz de asesorar políticamente; National Opinion Research Center (Universidad de Chicago) lista entre sus capacidades Policy Analysis and Recommendations y algo que llama Technical Assistance, etcétera.
Se ha tratado el caso del chavismo y Chávez, similar al fanatismo religioso. Chávez ha logrado captar a buena parte de la opinión venezolana por su facilidad de expresión, utilizando frases y términos muy parecidos al lenguaje común de la población. Ello sucedió con AD y su principal líder Rómulo Betancourt. AD fue (ya no lo es) el movimiento político de mayor seguimiento en el país. No hay que olvidar al Juan Bimba con su cara feliz, con un bollo de pan en el bolsillo. Ahora tenemos modos más sofisticados: neveras, TV, lavadoras, cocinas, dádivas en dinero, empleo y sueldo sin trabajar. Pero además, un gran temor por la evidente coacción del gobierno. ¿Cuántos de esas camisas rojas van obligados a las manifestaciones de apoyo a Chávez?
Chávez es bastante más que un político con facilidad de expresión y términos del habla popular, en la que usualmente no se consigue referencias a conceptos de Antonio Gramsci o Montesquieu. Ha convertido—Francisco Toro Ugueto dixit—el «discurso salvaje» descrito por José Manuel Briceño Guerrero (El laberinto de los tres minotauros) en un discurso de poder. Chávez «ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar». (Tío Conejo como outsider). Gústenos o no, su comparación con Betancourt es muy insuficiente. Y no deja de haber resonancias religiosas en la fanática aceptación de Capriles como otro Arcángel San Miguel, encargado por Jehová mismo para reducir al nuevo Luzbel que es Chávez a la condición de Lucifer, eternamente condenado al llanto y crujir de dientes. Basta una visita al espacio de Twitter para encontrar innumerables caracterizaciones de Capriles en términos muy cercanos a la superstición. (En 2004, la psicóloga Magaly Villalobos encontró parecido a este respecto entre el chavismo santero y las estampitas marianas que Juan Fernández blandía en época del suicida paro petrolero). Los gobiernos anteriores a Chávez usaban la dádiva sistemáticamente: Plan de Emergencia de Wolfgang Larrazábal o Programa Materno-Infantil de Rafael Caldera. En todos los casos era criticable cuando se la empleaba como herramienta de clientelismo político, cosa que Chávez no inventó, aunque ciertamente la ha exacerbado a proporciones tumorales. Si no neveras, las latas de leche y las planchas de zinc fueron instrumentos proverbiales de la política previa a Chávez. Puestos en plan de exigencia cuantitativa—»¿Cuántos de esas camisas rojas van obligados a las manifestaciones de apoyo a Chávez?»—, convendría que el Ing. Useche precisara una cifra para la cantidad de los que reciben «sueldo sin trabajar»; en los gobiernos anteriores a la larga dominación chavista, hablábamos de los «reposeros».
Desde luego, son millones de gentes recibiendo esos beneficios del gobierno, que no pueden expresarse en libertad, cuando en reuniones, encuestas, focus groups, son invitados a dar su opinión. No entro a debatir si los métodos y diseño de muestras son incorrectos o no. Más bien me refiero al ambiente de libertad de opinión restrictiva que existe en el país. Y nadie olvida los efectos negativos de la lista de Tascón. Y a un cierto temor infundado muy calladamente sobre el secreto del voto. Desearía saber cuáles serían los resultados de una encuesta en Cuba o en la URSS, en su tiempo.
¡Ah, una cifra precisa! Millones de gentes. He visto videos de focus groups conducidos por Hinterlaces en los que ciudadanos catalogables en las clases D y E se expresan libremente en apoyo a la propiedad privada. (Dos fueron colocados en el Tragaluz de este blog, y están a la orden de quienes los requieran). La infame Lista de Tascón actúa desde la época del referendo revocatorio (2004), y no por eso las encuestas han medido equivocadamente la intención de voto. El ventajismo y los métodos sucios del oficialismo no son cosa nueva pero, en general, los venezolanos supimos, gracias a las encuestas, quiénes serían triunfadores y quiénes perdedores en los numerosos cotejos electorales celebrados desde esa fecha, incluyendo la derrota del gobierno en 2007. La comparación con Cuba o la URSS es, de nuevo, desproporcionada. El chavoma, por fortuna, es bastante más benigno que el fideloma o el stalinoma.
En estos últimos años, como bien lo expresas en tu libro, han existido errores y omisiones en la actuación de la dirigencia política por errores de percepción; sin embargo, las elecciones primarias me han convencido de que existen cambios muy favorables. Y es que 3,5 millones de venezolanos manifestaron su opinión. Y esta encuesta, con esta muestra, es un indicio invalorable de la opinión pública.
La Mesa de la Unidad Democrática es, indudablemente, un progreso respecto de su señora madre: la Coordinadora Democrática. Hay una distancia considerable en el nivel de competencia de Enrique Mendoza y el de Ramón Guillermo Aveledo, y éste habría sido un mejor candidato de la MUD que Capriles Radonski. Pero las primarias de la MUD no fueron una encuesta; por definición, un evento de esa clase es sesgado, pues convoca a los opositores de Chávez. (La menos cuidadosa de las encuestas procura que su muestra de entrevistados sea representativa de la población general). Tampoco es cierto que votaron en aquéllas 3,5 millones de venezolanos. La asistencia exacta fue de 3.079.284 votantes. El exigente Ing. Useche no debió meter de contrabando la participación de 420.716 electores faltantes. En cuanto a su significación, tal asistencia equivale a 16,79% del registro electoral de enero de 2012 (18.338.913 electores inscritos). En su momento, defendí a Consultores 21—en Dos instantáneas—de una interpretación inexacta de sus datos. Alguien escribió en Twitter: “Consultores 21 calcula que 28% del RE irá a primarias”. La encuestadora tan sólo registró que, en su medición del 5 al 15 de diciembre de 2011, unos 561 entrevistados de una muestra de 2.000 ciudadanos—28,05%—indicaron “alto nivel de seguridad de participación” en las elecciones primarias de la oposición del 12 de febrero. En ningún momento aludió Consultores 21 al registro electoral ni postuló que tal cifra era un pronóstico. Pero si los críticos de algunas encuestadoras fuesen consistentes, ciertamente han debido echar en cara a Consultores 21 este «error» de 67% respecto de la base de votantes efectivos. Por otra parte, la numerosa asistencia a las primarias pudiera haber equivalido a una muy alta proporción de la clientela opositora, y entonces habría que recorrer una distancia de al menos 4.000.000 de votos adicionales para aspirar al triunfo. En cualquier caso, el Ing. Useche pareciera repetir «errores de percepción» de la «dirigencia política» que hace equivaler, como si no hubiera otra, a la de oposición.
He sido un crítico del inicio de la campaña de Capriles, no respondiendo a los ataques desmesurados de Chávez, al llamarlo majunche, o el de Jorge Rodríguez acerca de las náuseas que le generan al escuchar y ver a Capriles. Capriles venía haciendo un papel de bobalicón. Ello por la influencia de los ex chavistas en la MUD, sobre sus temores sobre la conveniencia de atacar a Chávez. Afortunadamente, ha habido un cambio y observo a Capriles con disposición a debatir y refutar a Chávez. Ojalá logre hacerlo con mayor determinación.
Capriles Radonski entendió, como su comando de campaña y quizás toda la dirigencia de la MUD, que era una táctica que le llevaría a la derrota dejar entender que clausuraría las «misiones» del gobierno. Para salir al paso de las dudas, llegó a anunciar una «Ley de Misiones», asunto que de todas formas no tocaría al Presidente de la República sino a la Asamblea Nacional, a menos que el abanderado de la MUD esté previendo ser beneficiario de una de esas leyes habilitantes que son tan criticadas. Así reiteró uno de esos «errores de percepción» que entiende que el considerable apoyo a Chávez se reduce a un interés clientelar. La misma idea se expresó en 2006 con la oferta bandera de Teodoro Petkoff—el «Cesta-Ticket Petrolero»—, reciclada en la tarjeta «Mi Negra» de Manuel Rosales. Arriesgo una conjetura de la que no tengo pruebas: al Ing. Useche no le consta que la idea de Capriles obedezca a la influencia de los ex chavistas en la MUD (Ismael García o Henri Falcón, por ejemplo). Y al expresar un deseo—Insha’Allah—indica a las claras que se ubica en uno de los dos polos de la película en blanco y negro, nítidamente dentro de la caja de oposición. (Para evitar esto, no es en absoluto necesario meterse dentro de la del oficialismo). Además, si Capriles Radonski tuviera la menor capacidad de refutar a Chávez, ¿por qué habría esperado a esta fecha desde que emergiera a la escena política en 1999?
Ha tenido, por lo menos, la intención de denunciar el modelo rentista petrolero, ya agotado en Venezuela. Pero todavía existen muchos venezolanos, pobres, ricos, empleados, profesionales que desean ver a un país con tipo de cambio subsidiado, tasas de interés reguladas por el BCV, crédito del Estado, pero en otras manos. Y es que esos tiempos no volverán. Es necesario que futuros políticos tomen a la economía como centro de su debate, y que procuren hacer riqueza para salir de la pobreza y acabar ese mito de que somos un país rico.
Estoy de acuerdo con el Ing. Useche en la necesidad de dejar atrás el modelo rentista petrolero, que las sucesivas administraciones de Chávez sólo han exacerbado. Sin embargo, me cuesta creer que Capriles, que ha propuesto consagrar las misiones en ley especial, tenga una firme voluntad en este sentido. Y, otra vez, ¿sobre cuál base demoscópica establece el Ing. Useche que «muchos venezolanos»—¿cuántos son? ¿Cuántos pobres, cuántos ricos, cuántos empleados, cuántos profesionales?—sienten el deseo que describe?
Hace unos años atrás, con motivo del referéndum para la reelección de Chávez, una dama que hacía la limpieza en casa decía: “A mí no me gusta Chávez, pero Ud. podrá comprender que él me regaló la nevera, la lavadora, la tv y la cocina”. Ahora, estas elecciones ocurren en un ambiente muy distinto, con mucho más evidencia de la población sobre el fracaso de Chávez, el temor es mayor. El abuso de la opinión pública sobre la gestión de Chávez, y las posibilidades de poner en peligro los ingresos del gobierno, tanto de empleados, contratistas y la coacción desde el gobierno son factores que pesan, indudablemente. En procesos anteriores, hasta 1999, habia más libertades y menos temor.
El radicalismo y el revanchismo son factores que pesan en esta ocasión. Por ello no estoy seguro, me vienen dudas de si las encuestas están reflejando la realidad.
Bueno, una golondrina no hace verano. El recurso anecdótico a la declaración de una empleada doméstica en la casa del Ing. Useche no puede ser generalizado al estatus de ley de la sociología venezolana. No hay modo de inferir a partir de ese único caso que no hay gente que apoye a Chávez por razones distintas. De nuevo, es un acertado señalamiento del clientelismo que evidentemente practica el gobierno, asunto antes cubierto. Pero cabe preguntar al Ing. Useche, que cuestiona a nuestros encuestadores, ¿es que ha hecho él algún estudio de opinión científicamente diseñado que le permita afirmar que ahora «el temor es mayor»? ¿Pudiera ofrecernos él, en «presentación integral», los detalles de su estratificación, nivel de confianza y margen estadístico de error? En este punto, la crítica al gobierno que atinada y legítimamente sustenta es extrapolada, sin decirlo, a la postulación de un mítico voto oculto que pudiera manifestarse el 7 de octubre para dar un triunfo a Capriles. Es hipótesis vieja; en 2004, fue adelantada por Alfredo Keller para augurar un triunfo opositor en el referendo revocatorio de ese año, y su campeón fue Ibsen Martínez, quien ahora escribe artículos de apariencia erudita en los que intenta invalidar, entre alusiones irrelevantes y altaneras de intención ofensiva, los estudios de opinión pública que miden mayor intención de voto por Hugo Chávez, sobre la base de ocasionales y escasos errores pasados. Su lógica, aplicada a sí mismo, lo descalificaría.
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El Ing. Useche ha hecho un favor a los lectores de este blog: el de presentar sugerentemente el catálogo de motivos por los cuales negarse a la aceptación de una realidad simple. La gran mayoría de los registros de opinión en Venezuela, como lo han destacado sin queso que alabar varios medios extranjeros y agencias noticiosas como Associated Press y Reuters, reporta que la candidatura de Chávez Frías lleva una ventaja muy significativa a la candidatura de Capriles Radonski, y sólo faltan 76 días para el 7 de octubre. Si no está esa mayoría unánimemente equivocada, este candidato segundo tendría que sacar de la manga recursos milagrosos para siquiera empatar la votación.
Con argumentos como los del Ing. Useche, se consuelan quienes piensan políticamente dentro de la caja perceptual de los partidos de oposición y sus seguidores. Su esquema retórico es la proyección de un deseo, wishful thinking. Naturalmente, el que se esté en minoría no significa que se esté en el error. Pero algún significado tendrá que IVAD haya contabilizado (5 al 15 de julio) en 18% el voto opositor duro, ante 46,9% del chavismo firme o que, muy similarmente, Hinterlaces también consiga 18% de apoyo al total de los partidos de la MUD, frente a 42% a favor del PSUV.
Quizás sea una explicación de tan marcado y reiterado fracaso el asunto de los tabiques que encierran la percepción y el pensamiento de la oposición. El chavismo es muy pernicioso, pero no por ese mismo hecho convierte en buenos a sus opositores; a ambos hay que dejarlos atrás. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 18, 2012 | Argumentos, Política |

Continuará mirando aun si lo hacen callar. Habrá que matarlo.
El bioanálisis es verdaderamente una gran cosa. Los exámenes de laboratorio son en extremo útiles; precisan cuantitativamente la cantidad de bilurrubina no conjugada en la sangre, pero el ojo clínico sabe que hay un problema de la función biliar con sólo ver el color amarillento de la piel. Lo mismo hacen las encuestas; si la muestra de población es tomada con esmero, con una buena estratificación, registran con bastante exactitud el estado de la opinión pública. Hablemos, pues, de dos exámenes de esa opinión relativamente recientes.
El más antiguo fue recogido el lunes 16 de julio por la inoportuna Reuters, en nota de Diego Ore y Daniel Wallis que reprodujeron varios medios internacionales. Por ejemplo, el Chicago Tribune, titulando Venezuela’s Chavez maintains poll lead over rival. Escribieron esos periodistas:
El presidente venezolano Hugo Chávez mantuvo una ventaja de 15 puntos porcentuales sobre su rival opositor Henrique Capriles en una encuesta cuidadosamente vigilada que se publicara el lunes, a menos de tres meses de la elección presidencial del 7 de octubre. El estudio de junio por la respetada encuestadora Datanálisis mostró 46,1 por ciento de votantes que apoyan a Chávez y 30,8 por ciento por Capriles, mientras que el resto estaba indeciso o no respondió. (…) Su ventaja de 15,3 puntos porcentuales fue ligeramente menor que el 15,9 por ciento registrado por Datanálisis en mayo, pero todavía dentro del margen de error de 2,7 puntos porcentuales. (…) La mayoría de los encuestadores mejor conocidos de Venezuela da a Chávez una ventaja de dos dígitos sobre Capriles, quien está prometiendo poner fin a las políticas estatistas y radicales y establecer una administración de ‘izquierda moderna’ al estilo brasileño.
Los números de Datanálisis implican que Capriles Radonski debiera, junto con un estancamiento de la candidatura socialista, crecer 1% cada cinco días para lograr un empate. Al cubrir la misma encuesta, Noticias 24 informó: «Según los números de la firma Datanálisis, la intención de voto a favor del militar retirado se incrementó en 2,5 puntos porcentuales, a 46,1 por ciento en junio respecto al mes anterior; mientras que Capriles subió 3,1 puntos a 30,8 por ciento en ese lapso». (Destacado de la agencia). Capriles, pues, logró un aumento neto de 0,6% en treinta días; o sea, su eficacia tendría que ser diez veces mayor en lo que queda de campaña si quisiera empatar.
La gente de Datanálisis hizo todo lo posible por no desanimar al campo caprilista. En la divulgación de la encuesta a una audiencia sin chavistas, José Antonio Gil Yépez hizo una comparación de corte «teórico» entre las ofertas de Chávez y Capriles para presentar favorablemente al segundo de los candidatos. Noticias 24 registró sus palabras:
“Los modelos de sociedad entre los candidatos Chávez y Capriles son muy distintos, de inclusión–excluyente versus inclusión–incluyente». Así lo definió, según la teoría sociológica y política y concluye que la propuesta del candidato oficialista es un Modelo de Comunidad Primitiva y en el caso del aspirante de la Mesa de la Unidad, plantea un Modelo de Sociedad Moderna. (…) «El margen de ventaja de Capriles está en su capacidad de acompañamiento y trabajo en equipo y las ventajas de Chávez radican en el dinero y las manipulaciones desinformadas“.
Por su parte, Luis Vicente León ofreció esperanzas para Capriles: «Chávez arranca la carrera en el puesto uno; eso no quiere decir que quien arranque en el puesto uno llegue en el puesto uno, lo que tiene es una ventaja de arranque» (El Universal, martes 17 de julio), y pintó la tierra prometida en el terreno de los indecisos: «Dijo que en apenas una semana de campaña los indecisos se redujeron 6% y de este sector 55% se fue al candidato opositor».
Bueno, no en una semana; la comparación de Datanálisis es referida a lo que midió un mes antes, y no toda la reducción de indecisos en un poco menos de 6%—5,6%; de 28,7% a 23,1%—fue a Capriles; 45% de este 6% aproximado se pronunció por Chávez. Si todo el 23% de indecisos remanentes se decantare en las mismas proporciones observadas el último mes—45% para Chávez y 55% para Capriles—, el candidato opositor terminaría añadiendo 12,65% a la intención de voto a su favor, mientras que Chávez obtendría 10,35% de esa supuesta decisión; en ese caso hipotético de cero indecisos, de difícil cristalización (ver en este blog ¿Una tragedia inescapable?), Capriles lograría una votación total de 43,45%, mientras que Chávez obtendría 56,45%, para una ventaja final de 13 puntos. (Otra manera de decir la misma cosa: si Chávez perdiera ventaja, en los 81 días que faltan para la elección, en la misma proporción que Datanálisis midiera en un mes, terminaría reduciéndola en 1,62% y ganaría entonces con una brecha de sólo 13,68 puntos, lo que sería una ganga, pero no como para que la Mesa de la Unidad Democrática decida poner una fiesta). A modo de consolación, León destacó algo que El Universal registró: «Dijo que la diferencia que tiene en contra el aspirante opositor no es irreversible, pero es importante, no obstante recuerda que la encuesta de arranque en la campaña de 2006 entre Chávez y Manuel Rosales, le daba al Presidente 46 puntos de ventaja y terminó en 26%». Es decir: «No se preocupe, Capriles Radonski, que la paliza no va a ser tan dolorosa».
Noticias 24 dio detalles técnicos: «La encuesta se realizó del 14 al 23 de junio con una muestra de 1.300 entrevistados en hogares, con un margen de error de +/- 2,72 puntos porcentuales», y cerró con una comparación: «La encuestadora GIS XXI, del ex ministro del actual gobierno Jesse Chacón, arroja 34,8 puntos de diferencia a favor de Chávez, mientras que Hinterlaces reduce esa ventaja a 21%. Al contrario, Consultores 21 asegura que ambos candidatos están igualados en 46% de preferencia».
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En efecto, Hinterlaces reportó 21 puntos de diferencia en su Monitor País del mes anterior, con datos levantados entre el 14 y el 26 de junio. (Ver en este blog No sólo números, explicaciones). Ahora ha ofrecido, una vez más en presentación en el Hotel Marriott (hoy, 18 de julio), las mediciones de un estudio de seguimiento (tracking poll presidencial) concluido el pasado sábado 14 de julio. Veamos qué dice este último examen bionalítico.

Intención de voto del 4 al 14 de julio (clic amplía)
La brecha entre los candidatos—al igual que midiera Datanálisis—disminuyó entre junio y julio, para pasar de 21% a 17%. Chávez bajó de 52 puntos a 47, y Capriles de 31 a 30. Y es que Hinterlaces, al contrario de la encuestadora de Gil & León que midió un crecimiento de ambas candidaturas y una disminución de los indecisos, registró un descenso de los candidatos y un movimiento ascendente de los indecisos, de 13% a 20%. (Más 3% de entrevistados que indicaron que no votarían por ninguno de los dos candidatos; sumados estos últimos a los indecisos, se obtiene la cifra de Datanálisis: 23%). Oscar Schemel dijo que a la distancia de poco más de dos meses de la fecha de los comicios, ya era posible proyectar los resultados electorales polarizados; es decir, retirando de la cuenta a quienes no han decidido aún por quién votarán. Las cuentas le dan a Chávez triunfador con 61% de los votos efectivos contra 39% de Capriles, lo que, recordó, correspondía a las proporciones que se han mantenido bastante estables del oficialismo y la oposición desde hace varios años.

Al menos la mitad de los indecisos propende a la abstención
También a diferencia de Datanálisis, Hinterlaces interpreta el papel de los indecisos como irrelevante a la hora de afectar los resultados. Para Hinterlaces, los indecisos no cambiarán los resultados del 7 de octubre. Schemel exhibió una lámina que escudriña la estructura de esta categoría. Dice la nota de prensa entregada hoy a los asistentes a su rueda de prensa:
El más reciente Monitor País de Hinterlaces arrojó un incremento de los indecisos de 13% a 20% en un mes. El análisis de los resultados del estudio revela que la mitad de este segmento podría abstenerse de votar, por lo que no incidirán en los comicios del 7 de octubre. El 75,8% de los indecisos no se identifica con ningún partido político; el 52,05% no apoya a ninguno de los candidatos y 49,32% no se identifica con «los ideales de ninguno de ellos». De la misma manera, las simpatías de los indecisos se distribuyen equilibradamente. Un 19,63% piensa que el presidente Chávez tiene las mejores ideas y proyectos y un 18,26% cree que quien las tiene es Henrique Capriles, mientras 22,37% cree que «ninguno de los dos» y un 39,73% «no sabe o no responde».

Histograma del apoyo en los indecisos

León y Schemel en el Marriott hoy. ¿Confabulación?
En síntesis, Oscar Schemel no pudo dorarle la píldora a Capriles Radonski, como hizo Luis Vicente León, haciéndole creer que los indecisos pudieran darle la victoria. En cambio, señaló al segmento de 34% de entrevistados con postura crítica ante el gobierno como el verdadero mercado a conquistar por cualquiera de los dos comandos de campaña.
Significativamente, a escasos 81 días de las votaciones del 7 de octubre, hay una proporción considerable de ciudadanos que no han decidido su voto, como también un porcentaje elevado de gente no alineada, en el sentido de no estar convencida por las ofertas de los partidos, sean éstos del lado oficialista o de la oposición. La última medición de Hinterlaces, recién salida del horno, obtuvo los siguientes porcentajes de apoyo a los partidos—pregunta: ¿Con cuál partido político se identifica Ud. más actualmente?—: PSUV, 38%; Primero Justicia, 7%; Un Nuevo Tiempo, 4%; Acción Democrática, 2%; Otros (con menos de 1%), 2%; con todos los partidos de oposición, 3%; ¡con ninguno, 42%! (No sabe o no contesta el 2% de la muestra). El partido NNN—Ninguno-No sabe-No contesta—, con 44%, supera por 6 puntos al partido del Presidente. Casi la mitad de los venezolanos pide a gritos una oferta que supere la mediocridad de las organizaciones existentes.
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Estos registros no sorprenden a un ojo clínico adiestrado. (El buen clínico conoce el funcionamiento del cuerpo humano; el buen político el del cuerpo social). El 10 de marzo de 2011—¡hace un año, cuatro meses y ocho días!—se escribió en este blog (El pelotón opositor):
…por supuesto, muchos nombres suenan como posibles candidatos. Además de los ya nombrados, puede enumerarse con facilidad a Eduardo Fernández, María Corina Machado (2,5% según IVAD), Ramón Guillermo Aveledo, Cecilia Sosa, Cecilia García Arocha, Pablo Pérez (6,3%), Henrique Capriles Radonski (7,3%, en el primer lugar)…
(…)
Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.
Quienquiera hubiese practicado con responsable seriedad una política clínica habría arribado a la misma impresión diagnóstica y el pronóstico que de ella se deriva. No hay modo de que Capriles Radonski alcance la Presidencia de la República, y eso lo sabe más de un opositor inteligente. Entre avezados financistas de su campaña, hace rato que lo dan por perdedor; aunque recomienden seguir con el espectáculo hasta el final, ya saben que lo mejor que pueden hacer es prepararse a mediano plazo para una segunda elección, cuando se produzca la falta absoluta del Presidente de la República antes de los cuatro años contados a partir de la cuarta toma de posesión de Hugo Chávez.
Otros, menos inteligentes, dirigen sus baterías contra el Consejo Nacional Electoral, como un equipo de la Eurocopa que, en lugar de atacar la meta del contrario en procura de goles, se dedicara a quejarse del árbitro y los jueces de línea.* Es táctica de derrotado, la misma que en 2004 proclamó un fraude que jamás se comprobara; con eso logró apenas un aumento de la abstención oposicionista y la derrota en 21 de 23 estados el 30 de octubre de ese mismo año. Por lo demás, reman contra la corriente, como lo hizo otro Henrique al oponerse al proceso constituyente en 1998, cuando las encuestas medían una opinión mayoritaria a su favor. Hinterlaces midió en junio 71% de opinión positiva del Consejo Nacional Electoral, cifra que se coloca en 70% en el estudio de seguimiento presentado hoy. No luce aconsejable arrendar la ganancia a los impenitentes acusadores del CNE. LEA
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*El rector electoral Vicente Díaz ha escrito la siguiente nota:
En Venezuela no es posible, por ningún método, alterar la voluntad de los electores expresada en votos. Quien tenga los votos ganará, y así será proclamado.
Algunos hechos que fundamentan esta afirmación. Sólo unos pocos, dado lo limitado del espacio.
Registro Electoral: no es cierto que haya millones de electores inventados. Nuestro registro es plenamente consistente con la cantidad de población. Y tiene el mismo perfil de cobertura que los principales países de la Región. Lo que pasa es que ya Venezuela no es un país joven. Los partos por mujer pasaron de más de 5 hace 30 años, a poco más de 2 en la actualidad.
Votación: no se puede alterar el voto, ni agregársele votos a la máquina. El elector comprueba su voto con el comprobante que le da la máquina y lo deposita en la caja de resguardo. Al terminar la votación se imprimen los resultados, se cuentan cuántos electores sufragaron según el cuaderno de votación y se agrega a mano al acta de escrutinio, se conecta la máquina y se transmiten los resultados; esa acta se le entrega a los testigos de los partidos, qiuienes la reportan a sus comandos. Luego de todo esto se sortean manualmente las cajas que se abrirán para la auditoría ciudadana. Si se alteraran los votos se comprobaría en el conteo manual, nunca ha sucedido. No puede suceder. Y si se le agregaran votos, no coincidirían los votantes (registrados a mano) con los votos. Por cierto, la máquina es bidireccional, siempre ha sido. No es un secreto. Es una garantía de seguridad, pero siempre está desconectada, hasta la transmisión.
Totalización: no se pueden alterar los votos Ya no tiene capacidad de transmision inalámbrica, es como un teléfono fijo: si no se conecta no transmite. Y todo esto se verifica exaustivamente en las auditorías de producción y predespacho, por los técnicos en la transmisión ni en la sala de totalización. No hay salas de totalización paralelas y clandestinas. La de la Bolivariana siempre ha existido, es de respaldo; es auditada y certificada por los técnicos representantes de los candidatos, y al igual que en la de Plaza Caracas siempre hay testigos de los partidos. La del antiguo Teleport está por inaugurarse, se acaba de construir, nunca ha funcionado. Además, y principalmente, ni que las rectoras y yo quisiéramos cambiar los resultados podríamos hacerlo: el boletín de totalización incluye las hojas complementarias con el resultado acta por acta y mesa por mesa. La totalización es la suma de los resultados de cada mesa. No se puede cambiar el total sin cambiar los de las mesas. Los de las mesas no se pueden cambiar porque todos los partidos tienen las actas.
Por razones de espacio no puedo hablar de tonterías como el cable submarino o el satélite Simón Bolivar. Tal vez más adelante vuelva sobre el tema. Y con toda seguridad escribiré en torno al SAI. Estoy a la orden para conversar sobre cualquiera de estos temas.
Las puertas de mi oficina, mi correo y mi tuiter están a la orden para aclarar dudas o escuchar sugerencias.
@vicentedz
Rectoriavd@cne.gob.ve
(Recibido de Sadio Garavini di Turno)
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Para descargar .pdf del Tracking Presidencial de Hinterlaces: MCS – MONITOR PAIS – JULIO 2012 – REPORTE ELECTORAL (18-07-2012)
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 12, 2012 | Argumentos |

La idea que Eugenio Mendoza Goiticoa llevó a la XVIII Asamblea de Fedecámaras (Mérida, julio de 1962)
Se ha querido presentar al empresariado nacional como actor insensible y egoísta, involucrado en una dominación deliberada sobre los habitantes más pobres del país. La verdad es que el empresario venezolano ha sido destacado pionero en materia de responsabilidad y solidaridad social, tanto en términos de recursos aportados como en materia de iniciativas con imaginación y de conceptos avanzados en la materia.

Alfredo Anzola Montaubán, el ideólogo
Siempre hubo filantropía de los empresarios en Venezuela, pero fue en la década de los años sesenta cuando su presencia se hizo marcadamente mayor y mejor orientada por una moderna filosofía de la responsabilidad social, de elaboración esencialmente autóctona. En 1964 los empresarios venezolanos concibieron y emitieron su Declaración de Responsabilidad Social de la Libre Empresa, que daba piso principista a la organización y el concepto del Dividendo Voluntario para la Comunidad, que cumplió 40 años de existencia en 2004. El documento fue conceptualmente tan importante que la explicación venezolana de sus nociones fue requerida en el continente y en Europa, y misiones de empresarios nacionales fueron a distintos países a llevar el evangelio de la responsabilidad social, tan lejos como a Filipinas, donde la iniciativa del DVC fue copiada en la asociación Phillipine Business for Social Progress (1971). Treinta y seis años antes de que British Petroleum comenzara la publicación de balances sociales y ecológicos (año 2000), ya el liderazgo empresarial venezolano había establecido las líneas conceptuales de la responsabilidad social de la empresa, noción que terminó estando de moda en el mundo sólo al inicio del siglo XXI.

Una visión que cumple 50 años
La década de oro de la inversión social privada fue, entonces, la que va de 1963 a 1973 (justo el año antes de que se iniciara la patología económica venezolana causada por la inundación de dólares petroleros a raíz del embargo de los países árabes, una acción en la que Venezuela no tuvo parte). Entre esos años floreció una numerosa constelación de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la acción solidaria en casi cada parcela de necesidad, y criterios y conceptos desarrollados por ellas y por la actividad fundacional fueron asumidos por el gobierno para sus propios programas. (En materia, por ejemplo, de desarrollo de las comunidades de menores recursos—con el Instituto Venezolano de Acción Comunitaria y Acción en Venezuela—o en la consideración de la enseñanza preescolar como sistema educativo formal: los principios desarrollados por Alba Fernández de Revenga en el Centro Infantil Altamira de la Fundación Neumann informaron la filosofía de la educación oficial en preescolar, establecida por el Ministerio de Educación que ejercía Enrique Pérez Olivares, muy recientemente fallecido).
Por aquella época, debe anotarse, la incipiente democracia venezolana se vio seriamente amenazada por la violenta actividad subversiva de la guerrilla rural y urbana. El empresariado venezolano eludió la tentación de involucrarse, como le fue propuesto, en la promoción de la violencia contraria, y asumió como suya la acción a favor de las comunidades desde la perspectiva de una ciudadanía corporativa que respondía a la realidad social. Y aunque a comienzos de la democracia el sector público disponía de más recursos que el sector privado, la acción social de éste se hizo sentir con su creatividad innovadora y la magnitud y energía de su dedicación.
Esto cambió de manera muy importante a partir de 1974. Un Estado repentinamente recrecido en recursos, trastocó las proporciones y las prioridades. Así, un Estado súbitamente rico ya no tuvo tanto interés en la cooperación social proveniente de la iniciativa privada, y el deterioro posterior de las condiciones económicas generales dificultó la proyección de la acción social empresarial.
A pesar de esto, la solidaridad social del empresario venezolano sigue siendo muy significativa, como lo atestiguan las cifras de su inversión en la comunidad, que han sido recogidas por reciente investigación sistemática. (Tan sólo una entidad bancaria venezolana, por ejemplo, registraba en 2004 la cifra de 17 millardos de bolívares de aporte en el “balance social” que publica con regularidad).
Pero más allá de las cifras, es la calidad y la eficiencia de la inversión social privada algo digno de destacar. La sola iniciativa de la red de escuelas de Fe y Alegría representa para el Estado venezolano un enorme alivio de la carga social, y a todas luces es de una productividad superior a la del sistema educativo público.
Hoy en día la presencia social del empresario nacional está multiplicada por todas partes, a través de su contribución al sostenimiento de numerosas ONGs o mediante la operación directa de programas propios. Además del Dividendo Voluntario para la Comunidad, Fedecámaras ha establecido una especial Oficina de Responsabilidad Social, y la Cámara de Comercio Venezolano-Americana (Venamcham) administra su vigoroso programa de Alianza Social. Numerosas fundaciones de diversas escalas canalizan fondos de muy importante cuantía para la educación, la ciencia, la cultura, el alivio de la pobreza, la profilaxis contra las drogas, la salud, el deporte.
Pero como decía Juan XXIII, no sólo hay que ser bueno, hay que parecerlo. Es necesario que el empresariado de Venezuela se reposicione a este respecto, a partir de la realidad de su trascendente solidaridad social. Ser rico no es malo.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 5, 2012 | Argumentos, Política |

El risueño saludo de los insuficientes
A menudo, los desastres se acompañan de situaciones en las que hay inconvenientes para prácticamente toda decisión que se necesite hacer.
Yehezkel Dror
La toma de decisiones bajo condiciones desastrosas, 1988
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En julio de 1972 venía por primera vez Yehezkel Dror a Venezuela; luego repetiría sus sustanciosas visitas casi una vez por año hasta 1994. En aquella ocasión, el experto de clase mundial en policy sciences dictó durante tres días su famoso Taller para Tomadores de Decisiones de Alto Nivel, y ya entonces había presentado, con un nombre decidor, la situación que enfrenta quien toma decisiones públicas cuando todas las opciones son de resultado previsible negativo: a esa circunstancia se la llama opción trágica (tragic choice). Es una situación de esa clase la que se eleva el próximo 7 de octubre frente a los electores venezolanos: ni Hugo Chávez Frías ni Henrique Capriles Radonski son una opción satisfactoria. Para traducir el tecnicismo de Dror con viejo vulgarismo caraqueño: pareciera que si no nos agarra el chingo, nos agarra el sin nariz.

La foto de la portada es ya una mentira (clic amplía)
El Presidente de la República ha impreso y distribuido su «Propuesta del Candidato de la Patria—Comandante Hugo Chávez—Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019». Típica: grandilocuente, irremisiblemente anacrónica y falaz, narcisista. Ahora se autoproclama en la portada, y en vallas y carteles, como «El corazón de mi patria». Hay que ser fatuo.*
El propio título del documento ya delata un doble anacronismo, además de expresar una mentira. La insistencia en Bolívar equivale a fijarse patológicamente en el pasado, en la gloria de una persona que murió hace 182 años, a quien ya debiera dejarse descansar. Cuando un joven adquiere madurez, el Derecho dice que se emancipa de la tutela de sus padres; por mayor que sea la deuda que los venezolanos tengamos con el Libertador, hace mucho que es hora de emanciparnos del emancipador, de entrar en el futuro sin la enfermiza y constante referencia pretérita. Claro que «el corazón de su patria» pretende ser personaje de epopeya, la más primitiva de las literaturas. De allí su insistencia megalómana en asociarse con Simón Antonio de la Santísima Trinidad.
Luego, el socialismo es anacrónico y no basta que se le proclame «del siglo XXI» para ponerlo al día. El socialismo, como toda otra ideología, es medicina antigua, panacea vencida. Toda ideología se arroga títulos para conocer cuál sería la sociedad perfecta y quién es el culpable de que una concreta no lo sea; los liberales dicen que es el Estado, los socialistas que es la empresa privada. Ambos están equivocados, como lo están las medias tintas de los socialdemócratas y los demócrata cristianos. La política responsable es hoy transideológica; el último artículo que se publicara de Carlos Fuentes, dos días antes de su muerte, señalaba «este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha».
Pero asociar a Bolívar con el socialismo es una distorsión histórica de primera magnitud. El Libertador declaró a Fco. Iturbe al cabo de la Campaña Admirable: “No tema usted por las castas: las adulo porque las necesito; la democracia en los labios y la aristocracia aquí”, señalando el corazón. (José Domingo Díaz, Recuerdos de la rebelión de Caracas, Madrid, 1829). Simón Bolívar era, sépase, muy capaz de demagogia. La identificación del Padre de la Patria con el socialismo es una falsificación manipuladora, tal vez ignorante.
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Un buen muchacho
Ante tamaño desatino se yergue un candidato gris, escaso. Ha creído Capriles, como muchos otros antes que él, que a la proposición totalizante de Chávez debe oponerse programas específicos, como sus planes de Seguridad para Todos y Empleo para Todos. Los programas de gobierno son importantísimos para eso, para el gobierno, pero no son los elementos que ganan elecciones. Es mucho más determinante la imagen que los electores se formen del carácter del candidato, y la que Capriles proyecta es lamentable: la de un muchacho bueno, decente, que no insulta, que preservará las misiones (quiere consagrarlas en una ley), pero que tiene dificultades para hilar las ideas—que le llevan a silencios inexplicables en sus oraciones de campaña—y promete nociones tan vagas y vacías como los lugares comunes que repite en sus insulsas arengas. No calza los puntos de un estadista, no ha refutado jamás el discurso chavista, y en más de una ocasión se ha notado muy confundido, como cuando anunciaba en agosto de 2009 un imposible referendo abrogatorio de la Ley Orgánica de Educación y la formación, en lastimosa ocurrencia a imitación de Chávez, del Comando Moral y Luces que lo promovería. Jamás llegó a constituirse.
Capriles tuvo una actitud dudosa en 1999 cuando, Presidente de la Cámara de Diputados, prosiguió en su cargo después de la decapitación del Congreso de la República electo en noviembre de 1998, en la llamada Pre-eliminación del Senado perpetrada inconstitucionalmente por decreto de la Asamblea Constituyente. Su propia cámara no había sido tocada; él seguía teniendo salario presidencial, despacho, carro y escolta presidenciales y continuó despachando como si nada hasta el año siguiente, cuando las elecciones de julio de ese año establecieron una flamante Asamblea Nacional. No parece demasiado carácter, y tampoco fueron muy felices sus actuaciones por los días del Carmonazo, cuando permitió que su antiguo compañero de partido y Alcalde de Chacao, Leopoldo López, saliera de su jurisdicción para detener en Baruta, predio de Capriles, al Ministro del Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, y sacarlo fuera de su residencia sin ninguna orden judicial que le autorizara.
Pero, apartando esos detalles reveladores de su personalidad, Capriles carece de panacea. El «Socialismo del siglo XXI» es tan engañoso como el Pacto Social de Jaime Lusinchi y la Democracia Nueva de Eduardo Fernández, pero al menos posa como remedio sistémico. Capriles no ha podido sintetizar su proposición, que en el fondo no es sino el hecho evidente de que él no es Hugo Chávez; a sus seguidores les basta, pero por eso solamente no ganará las elecciones.
Capriles es la oposición a Chávez; no tiene otra razón de ser. Es miembro de un Partido ideologizado—¡hizo su congreso ideológico!—de centro-derecha; está clara su orientación general ante un candidato que ha admitido sin el menor pudor: «Soy marxista». Así estamos en el siglo XIX.
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Ésos son los términos de nuestra opción trágica del 7 de octubre. Una enorme proporción de los electores no se convence con el discurso de Chávez y tampoco con el de Capriles. Voces sensatas han detectado este asunto y hablan con claridad. Teódulo López Meléndez acaba de declarar al diario El Informador de Barquisimeto: «Mi tesis es que la unificación de los viejos partidos no puede históricamente suplantar al proceso chavista, que es menester una unificación de país, pero ello no se logra sólo con alianzas sino con una oferta que luce inexistente».
En efecto, la oferta necesaria no se ha manifestado. Es posible, sin embargo; es más, ella existe y será anunciada. Entretanto, pudiera haber una expresión electoral de la gente no alineada: si, como parece irremediable, Chávez ganare el 7 de octubre, sería más sano que no sacara demasiada ventaja a Capriles y que su propia votación resultara disminuida mientras la abstención, signo de inconformidad con los dos polos, fuese de proporción cercana a la que los candidatos recaben. Por ejemplo, Chávez 38%, Capriles 32%, abstención 30%.
A futuro no muy lejano, una proposición sensata y moderna, responsable y sin arrogancia, puede interesar en primer término a la gran población no alineada—que al cese de los procesos electorales se mide como la mitad o más del país—y luego a quienes apoyan circunstancialmente, con baja intensidad de convicción, a la insuficiente pareja de candidatos.
Chávez ganará la elección del 7 de octubre, pero su falta absoluta como Presidente de la República se producirá antes de enero de 2017—quizás bastante antes—y la Constitución mandará en ese caso una nueva elección. Entonces deberá haber disponible una figura convincente, una que pueda enrumbar al Estado, no altaneramente al país, en una dirección que lo aleje del anacronismo de opciones ideológicas, como las que ahora nos atenazan.
Hay quien supone que puede modificarse el texto constitucional para eliminar esa condición de nuevo sufragio, pero la más mínima enmienda debe pasar por referendo del Pueblo y tal intento fracasaría. Chávez no podría salirse con la suya para dejar un sucesor de su agrado al decirnos: «Pueblo, no tú, sino yo, escogeré a quien me suceda». La Corona, el Pueblo soberano, titular y asiento del Poder Originario, no lo permitirá. No estamos condenados a la tragedia. LEA
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*fatuo. Lleno de presunción o vanidad infundada y ridícula. (Diccionario de la Lengua Española, 22ª edición).
Para descargar .pdf de este artículo: ¿Una tragedia inescapable?
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 1, 2012 | Política |

El 7 de julio al mediodía Dr. Político en 750 AM
El viernes 29 de junio, Día de San Pedro y San Pablo—que habría sido octagésimo octavo cumpleaños de mi pediatra suegro—, grabé dos segmentos más como piloto para Dr. Político, programa radial con participación de los oyentes que transmitirá Radio Caracas Radio a partir del sábado 7 de julio a las 12 del mediodía. Acá están para su consideración los archivos de audio de esa grabación, realizada por mi tocayo y colega capricorniano Luis Enrique Delgado.
Primer segmento
Segundo segmento
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ACTUALIZACIONES:
1. La Eurocopa:

4 goles a 0, la vergogna d’Italia
Y tú, y yo, y tus hijos y mis hijos, no menos que Grases y Alfonsín y Juan Carlos y Felipe y Bolívar y Sucre y Castro y Ortega y Duarte y Cortázar y García Márquez y Borges y Mendoza y Vollmer y Tinoco y Lansberg y Neumann y Cisneros y Aparicio y Armas y Maradona y Berrocal y Soto y Botero y Saura y Gades y Segovia y Díaz y trescientos millones más, somos exactamente eso: somos españoles.
En carta del suscrito a Arturo Sosa hijo, 7 de septiembre de 1984
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2. Las encuestas:
Este blog ha recibido información acerca de la más reciente encuesta de Datos (Pulso Nacional, con trabajo de campo sobre una muestra de 2.000 entrevistas efectuadas del 25 de mayo al 6 de junio). La intención de voto medida en ese estudio fue de 49% para Hugo Chávez y 31% para Capriles; la ventaja del primero es de 18 puntos. El agrado de Capriles (34%) cae en todas las regiones. El 52% cree que Chávez ganará las elecciones y 38% piensa que lo hará Capriles (bajando de 46% hace seis meses). El 40% de los entrevistados se identifica con el PSUV y 18% con la oposición (hace seis meses, 32%; más específicamente, la labor de la MUD cae a una aprobación de 31%). Si el PSUV tuviera que lanzar a Elías Jaua, éste obtendría 38% y Capriles 35%: ¡el propio empate técnico! Por otro lado, he aquí un enlace para ver o descargar láminas de los últimos registros de Consultores 21, la encuestadora que mide distinto a todo el mundo (según ella, la intención de voto a favor de Chávez y a favor de Capriles se diferencia en ¡una décima de punto porcentual!): Consultores 21 – Junio 2012
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 28, 2012 | Argumentos, Política |

Intención de voto en el mes de junio
Acepté con gusto la amabilidad de Oscar Schemel, «el mejor conceptualizador de los encuestadores venezolanos» (José Rafael Revenga dixit), quien me invitó a la rueda de prensa en la que presentó los hallazgos fundamentales del Monitor País de Hinterlaces correspondiente al mes de junio (levantamiento de campo entre el 16 y el 24 de junio), recién salido del horno. Se trató de 1.500 entrevistas directas—con muestra estratificada, semi-probabilística, polietápica y aleatoria—de las que el 76% se hizo en hogares y 24% por consulta telefónica. (Hinterlaces comenzó en 2006 sus sondeos telefónicos—de amplio empleo en los Estados Unidos—y ha logrado construir una base de datos de 12 millones de teléfonos fijos y celulares plenamente estratificados). Además hace Hinterlaces estudios cualitativos—focus groups—que le permiten desentrañar significados y motivos para las respuestas que obtiene con sus encuestas; su aproximación a tal tomografía de la opinión nacional es psicosocial, cultural, lo que mejor aprecia la premisa de que el país ha cambiado su cultura política. «Hay un nuevo país», dijo Schemel.
Naturalmente, la cifra más esperada era la de intención de voto para el 7 de octubre; la recentísima medición registra que la brecha entre las candidaturas del oficialismo y la oposición se ha ampliado algo más: ahora es de 21 puntos la ventaja de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles. He aquí los datos de las respectivas trayectorias (que sólo corresponden a intención de voto por Capriles después del 12 de febrero):

Recorrido histórico de la intención de voto
En el último mes, la ventaja del adelantado se amplió en cuatro puntos desde la formalización de las postulaciones ante el Consejo Nacional Electoral; la intención de voto a favor de Chávez aumentó en 1%, mientras que bajaron tres puntos quienes anuncian que votarán por Capriles. Dos informaciones complementarias son la propensión a votar en las elecciones presidenciales y el juicio acerca de quién ganará en ellas.

Apuesta al ganador (clic para ampliar)
Una buena mayoría del país piensa que Hugo Chávez será el triunfador. En mayo, 61% de los consultados pensaba eso mismo; en junio, 60% cree que tal será el resultado. Sólo 24% de la muestra piensa que Capriles vencerá. En términos del padrón electoral, 4.300.000 personas creen que Capriles ganaría, lo que no es una cifra despreciable. Esa fue la cantidad de votantes que sufragó por Manuel Rosales en diciembre de 2006, y seguramente hay un buen número de electores que votarán por Capriles aunque crean que perderá. Con toda probabilidad, sacará más votos que Rosales en números absolutos.

Disposición de ir a votar (clic amplía)
En cambio, parece muy elevado el porcentaje de quienes aseguran que depositarán su voto el 7 de octubre. Los que dicen que votarán con seguridad alcanzan 86% de los encuestados, y si se suma quienes afirman que lo harán probablemente, la cosa se monta en un total de 94%. Estas respuestas hacen presumir a Hinterlaces que la abstención del 7 de octubre equivaldrá a 20% de los electores.
Quien hace este blog, en cambio, se inclina por pronosticar 30% de abstención y que, tal vez, Chávez gane a Capriles por menos de diez puntos y él mismo alcance 40% de los votos o un poco menos. Esto, obviamente, puede ser un caso de wishful thinking; veremos si puede ser más preciso el ojo clínico de Dr. Político que el bioanálisis del laboratorio de Hinterlaces. Reconoceré mi error si se produce, pero apuesto a alguna forma de manifestación de la gente no alineada con el gobierno y tampoco con la oposición.
En una de las tantas informaciones que Schemel aportó acerca de la importancia de ese grupo, llamó mi atención la que refiere porcentajes de identificación con tres posibilidaes; Hinterlaces preguntó: «¿Cuál de las siguientes frases se parece más a su manera de pensar? 1. El resultado de las próximas elecciones presidenciales decidirá mi futuro; 2. Gane quien gane, mi situación personal se mantendrá igual; 3. Los cambios en mi vida personal no dependen de estas elecciones». Estos fueron los resultados: 1. 35%, 2. 24%, 3. 38%. Casi 40% del país cree que construye la forma de su vida a pesar de lo que pase políticamente.
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El solo Resumen Ejecutivo del Monitor de Hinterlaces se compone de 49 láminas (abajo se encuentra un enlace para descargarlo en formato .pdf). Creo interesante mostrar algunas de las que corresponden a la opinión de los ciudadanos acerca de ciertos grupos e instituciones. Aquí se ha seleccionado las que presentan la estimación de los venezolanos acerca de los tribunales de justicia, la policía, el Consejo Nacional Electoral, el PSUV y la oposición, así como un cuadro de simpatías por los principales partidos. No será fácil la cosa para quienes preparen su grito de fraude, con los números que ahora obtiene el CNE.
Cuando los periodistas presentes en la rueda de prensa preguntaron a Schemel si la brecha de 21 puntos entre Chávez y Capriles, a escasos tres meses de las votaciones, era superable por el segundo, se resistió a desahuciarlo por completo. Destacó que Capriles había tenido éxito en posicionarse como «candidato potable», que no genera mucha resistencia y ha asegurado la continuidad, en términos generales, de los programas sociales del gobierno. Y pudiera haber, dijo, eventos imprevistos que modificaran la situación a favor de Capriles. Si hubiera sido yo a quien hubiese sido dirigida la interrogante, habría sacado una cuenta muy simple: Capriles tendría que captar 7% de los electores cada mes faltante, mientras Chávez no convenciera ni un solo votante más, para lograr un empate. (Y no me refiero a un «empate técnico» como el que ha declarado Consultores 21, sino real).
Hace nada declaró Saúl Cabrera, el Director General de esa encuestadora: “Tengo en la cara una sonrisa y es que nuestros estudios reflejan que los candidatos tienen una diferencia de 2, 3 o 4 puntos; pero otros estudios, realizados a la misma población, señalan una diferencia porcentual de 27 o 30 puntos, eso es imposible, alguien está mintiendo“. (En Noticias 24). Bueno, la admisión de rostro sonriente equivale a admitir para quién trabaja. Por su lado, Schemel no tenía en la cara una sonrisa cuando habló hoy, con mucha seriedad, en la rueda de prensa del Hotel Marriott, y aprovechó para destacar que sus más de 60 clientes son todos empresas privadas nacionales e internacionales, que no trabaja para ninguno de los comandos y ninguno de los partidos. Tampoco habló de 27 o 30 puntos de brecha; sólo de 21, el número de la consultora de Capriles.
LEA

Aprobación de los tribunales

Aprobación de la policía

Aprobación del Consejo Nacional Electoral

Aprobación del PSUV

Aprobación de la oposición

Simpatías partidistas de los venezolanos
Descargue aquí el Resumen Ejecutivo, que no sólo contiene números, sino explicaciones: MONITOR PAIS – JUNIO 2012 – REPORTE MCS (28-06-2012)
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