FS #49 – La mirada del adiós

Fichero

LEA, por favor

En tiempos cuando es de estilo—político que no lo practique es tenido por bobo—el autobombo y la procura del elogio desmedido hasta los límites del culto a la personalidad, sorprende recordar que uno de los más importantes documentos de la historia política de la humanidad, un cierto Discurso de Despedida, fuera publicado el 26 de septiembre de 1796 en el Independent Chronicle de Boston bajo el acápite de Miscelánea. El título mismo del texto a seis columnas era: Declinación del Presidente: al Pueblo de los Estados Unidos. Se trataba nada menos que de la manifestación política testamentaria del «Padre» de los Estados Unidos, de su primer Presidente, de George Washington, de su Farewell Address, a siete días de su primera publicación en Filadelfia.

Washington se hallaba próximo al término de su segundo período presidencial, y en vez de intentar la perpetuación de su poder hasta el 2021, optaba por alejarse de él y dar paso a nuevos gobernantes. Ya había creído poder hacerlo al cabo de su primer lapso constitucional; de hecho, notas que le preparara James Madison al efecto cuatro años antes, fueron desempolvadas para la redacción de éste su discurso del adiós. (Con las notas de Madison a la mano, Washington preparó una nueva versión del discurso, que recibió sugerencias de Alexander Hamilton y también de John Jay. Nunca fue dicho oralmente). Al exponer sus razones para no pretender el tercer período como Presidente que no pocos le exigían, Washington explicó: «Al tiempo que la escogencia y la prudencia me invitan a abandonar la escena política, el patriotismo no me lo prohíbe».

El gran general y patriota declinaba, pues, la oportunidad cierta de perpetuarse, y aprovechó la ocasión para desgranar sus postreros consejos, dirigidos a sus «Amigos y Conciudadanos». (Friends and Fellow-Citizens). La Ficha Semanal #49 de doctorpolítico contiene buena parte de la sección que Washington dedica al tema de la política exterior de la nación naciente. La médula de ella es la insistente advertencia de Washington en contra de tanto una desmedida animosidad hacia otra nación, como de un excesivo apego a algún país extranjero. Parecieran haber sido escritas sus palabras para alertar respecto de la actual política exterior oficial de Venezuela—agresiva contra los Estados Unidos, obsecuente e infatuada con Cuba—pero también respecto de quienes son igualmente extremistas y de signo contrario. Algunos venezolanos en el exterior, por ejemplo, convocaron para el 5 de junio una manifestación en Fort Lauderdale, «de respaldo a la Secretaria de Estado Ms Condoleeza Rice, y de protesta contra las violaciones a la Carta Democrática de América por el gobierno autoritario de Hugo Chávez Frías». Si el gobierno de este ciudadano ha establecido una enfermiza relación con el régimen dictatorial de Fidel Castro, también hay, tristemente, quienes buscan la solución a nuestros problemas mediante pleitesía al lamentable gobierno de George W. Bush y añoranza de su intervención. El Padre de los Norteamericanos desaconsejaría estas actitudes simétricas.

Nadie menos que Simón Bolívar portaba, colgado del cuello, un medallón con la efigie de Washington que los herederos de éste le obsequiaron. Así manifestaba su admiración por el héroe norteño. Del Farewell Address, de esta «mirada del adiós» que no es la policial de Ross MacDonald, dijo Henry Cabot Lodge: «…ningún hombre legó jamás un testamento político más noble». Es ciertamente, un agudo contraste de sentimiento y disposición con las pretensiones de personalidades menores, que se han abandonado a la megalomanía y el incienso de los adulantes.

LEA

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La mirada del adiós

Observen buena fe y justicia con todas las naciones; cultiven la paz y la armonía con todas. La religión y la moralidad prescriben esta conducta y ¿pudiera ser que no la ordenase igualmente la buena política? Será digno de una nación libre, ilustrada, que será grande en tiempo no muy distante, ofrecer a la humanidad el ejemplo magnánimo y novísimo de un pueblo guiado siempre por una justicia y una benevolencia exaltadas. ¿Quién puede dudar de que en el curso del tiempo y de las cosas los frutos de un plan así compensen ricamente cualesquiera ventajas temporales que pudieran perderse por una adhesión estable al mismo? ¿Sería posible que la Providencia no hubiera enlazado la felicidad permanente de una nación con su virtud? El experimento, al menos, está recomendado por todo sentimiento que ennoblece a la naturaleza humana. ¿Se hará, ay, imposible por sus vicios?

Para la ejecución de tal plan, nada tan esencial como excluir las antipatías permanentes e inveteradas contra naciones particulares, y adhesiones apasionadas con otras, y cultivar en lugar de eso sentimientos justos y amistosos para con todas. La nación que se entrega al odio o a la predilección habitual de otra es en cierta medida una esclava. Es una esclava de su animosidad o de su afecto, siendo suficiente una u otra cosa para desviarla de su obligación y su interés. La antipatía de una nación hacia otra la dispone con mayor facilidad a ofrecer insulto y agravio, a valerse de ligeras causas de resentimiento, y a ser altanera e intratable cuando sobrevienen motivos accidentales o triviales de disputa. De aquí surgen frecuentes colisiones, confrontaciones tercas, envenenadas y sangrientas. La nación, movida por la mala voluntad y el resentimiento, impulsa a veces al gobierno a la guerra, en contra de los mejores cálculos de la política. El gobierno a veces participa en esta propensión nacional, y adopta a través de la pasión lo que la razón rechazaría; en otras instancias somete la animosidad de la nación a proyectos de hostilidad instigados por el orgullo, la ambición y otros motivos siniestros y perniciosos. A menudo la paz de las naciones, algunas veces quizás la libertad misma, han sido la víctima.

Asimismo, una vinculación apasionada de una nación a otra produce una variedad de males. La simpatía por la nación favorita, que facilita la ilusión de un interés común imaginario donde verdaderamente no existe ningún interés común real, e infundiendo en la una las enemistades de la otra, traiciona a la primera haciéndola participar en las querellas y guerras de la segunda sin motivo ni justificación adecuadas. Esto conduce igualmente a conceder a la nación favorita privilegios que se niega a otras, lo que puede perjudicar doblemente a la nación que hace las concesiones, al desprenderse innecesariamente de lo que debiera haber conservado, y al excitar los celos, la mala voluntad y la disposición a tomar represalias en aquellos a quienes se rehúsa iguales privilegios. Y también ofrece a ciudadanos ambiciosos, corruptos o engañados (que se consagran a la nación favorita), facilidades para que traicionen o sacrifiquen los intereses de su propio país sin ser odiados, a veces incluso con popularidad, revistiendo, con las apariencias de un sentido virtuoso del deber, una elogiable deferencia hacia la opinión pública, o un laudable celo del bien público, las viles o necias exigencias de la ambición, la corrupción o la infatuación.

Como avenidas de la influencia extranjera en formas innumerables, tales adhesiones son particularmente alarmantes para el patriota verdaderamente ilustrado e independiente. ¡Cuántas oportunidades ofrecen para sobornar las facciones domésticas, para practicar las artes de la seducción, para extraviar a la opinión pública, para influir o intimidar a los Consejos Públicos! Una adhesión tal de una nación pequeña o débil, a una grande y poderosa, condena a la primera a ser un satélite de la otra.

Contra las insidiosas estratagemas de la influencia extraña (les conjuro a creerme, conciudadanos) debe estar constantemente alerta el celo de un pueblo libre, puesto que la historia y la experiencia demuestran que la influencia extraña es uno de los enemigos más funestos del gobierno republicano. Pero, para que sea útil, este celo debe ser imparcial, so pena de que se convierta en el instrumento de la influencia misma que ha de evitarse, en vez de una defensa contra ella. La excesiva parcialidad por una nación, así como la excesiva aversión a otra, hacen que aquellos a quienes afectan sólo vean el peligro por un lado, y sirven como velo, y aun de ayuda a las artes e influencias del otro lado. Los verdaderos patriotas, que resisten las intrigas de la nación favorita, se exponen a hacerse sospechosos y odiosos, mientras los instrumentos de ésta, y aquellos que la siguen ciegamente, usurpan el aplauso y la confianza del pueblo cuando abdican sus intereses.

Nuestra gran regla de conducta en lo que atañe a las naciones extranjeras es que, al extender nuestras relaciones comerciales, tengamos con aquellas tan poca conexión política como sea posible. Ya que para estos momentos hemos contraído compromisos, permitamos que se cumplan con perfecta buena fe. Detengámonos aquí.

George Washington

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CS #140 – Pelota política

Cartas

En la liga juvenil de la política venezolana, Julio Borges ha destacado con su destemplado lanzamiento como candidato presidencial. No se explicó qué democrática instancia de Primero Justicia—¿tal vez una elección por la base?—determinó la candidatura. Una asistencia de cuatrocientas personas compuso el escenario de la proclamación en la ciudad de Maracaibo. Borges no dijo nada acerca de su propia idoneidad para el cargo, pero sí que su partido «se cansó de declararle a Marta Colomina por Unión Radio y de hacer política por televisión». (Entrevista a Borges de Alonso Moleiro en El Nacional del domingo 29 de mayo). De resto repitió su justificación generacional. En el escaso mitin marabino sentenció, justo al arranque de su discurso: «Hoy nace una nueva generación política». En la entrevista citada detalló: «Acá lo importante es que una nueva generación de políticos ha entrado a hacer historia. Sólo una nueva generación puede superar la pelea con el pasado y unir a un país dividido en el presente».

Una referencia anticipadora del lanzamiento de Borges se encuentra en el número doble 129-130 de esta carta, del 17 de marzo de este año; es decir, de hace dos meses y medio. Allí escribía: «Varias veces ha hecho esta carta alusiones a líneas sostenidas por Primero Justicia y la llamada Izquierda Democrática de Esculpi. Por lo que respecta al primero se presenta a sus miembros como ‘los únicos’, mientras Julio Borges ‘cede’ funciones partidistas a Liliana Hernández y él prepara su candidatura—ya nos repetirá que él es de la generación a la que toca el turno—mientras la aguerrida ex adeca gerencia ‘la única fuerza política que Chávez teme’.» Es decir, el lanzamiento de Borges no es una sorpresa, por más que Fernando Ochoa Antich quiera presentar el acontecimiento como un «terremoto» inesperado.

La oferta de Borges y Primero Justicia no tiene, para continuar en argot beisbolístico, nada en la bola. Tal cosa se pone de manifiesto de manera transparente en la misma entrevista antes mencionada. Moleiro pregunta: «¿Cómo podemos distinguir la orientación doctrinaria de Primero Justicia?» Y la respuesta de Borges, íntegramente trascrita, es la siguiente: «Chávez está planteando la definición de un proyecto socialista que asoma pero que no termina de describir. Es curioso: él propone que el Congreso Ideológico de su partido será en 2007. Es decir, en lugar de discutir esos temas en el año 2006, o antes, para saber hacia dónde vamos, lo hará después. Ese es un planteamiento político deshonesto. Es una propuesta, de nuevo, hecha para dividir al país: los socialistas y los capitalistas, como si estuviéramos en la Revolución Industrial. Si algo ha evolucionado en el mundo ha sido el cierre entre las contradicciones entre (sic) el socialismo y el capitalismo. Existen terceras vías, con afiliaciones socialdemócratas, como es el caso de Tony Blair, o las de la democracia cristiana. El eje izquierda-derecha está completamente obsoleto».

Tan lamentable declaración, que no contesta en absoluto la pregunta de Moleiro sino que la evade, revela la ausencia de una postura sustantiva de parte de Primero Justicia y de Borges. No puede hablar de la «orientación doctrinaria de Primero Justicia» sino en forma adjetiva: primero, invirtiendo la mayor parte de su respuesta en explicar la «orientación doctrinaria» de Chávez, que no es lo que se le pregunta; segundo, haciendo una débil alusión a «terceras vías», en lo que parece ser la ineludible referencia a Blair y que, dicho sea de paso, ya había sido empleada por el mismo Chávez una vez Presidente Electo para describir su propia postura antes de que se decidiera por el «socialismo del siglo XXI» de Heinz Dieterich. ¿Cómo se entiende lo que es una «tercera» vía sin referencia al eje izquierda-derecha que Borges declara obsoleto? ¿Cómo se puede declarar obsoleto a algo si no se es capaz de ofrecer lo que lo sustituya?

La vaciedad ideológico-doctrinaria de los actores políticos tradicionales—y no por ser de cuño relativamente reciente Primero Justicia escapa a la condición tradicional—es consuetudinaria. Por otra parte, cuando Borges opina que la invitación de Chávez a definir el modelo del «nuevo» socialismo—Chávez también es adjetivador de oficio—es «un planteamiento político deshonesto» porque difiere la consideración del tema, el mismo Borges deja de destacar el hecho de que su propio partido, Primero Justicia, tampoco tiene muy bien definido el asunto, si nos atenemos a las declaraciones de Juan Carlos Caldera, que permiten que El Universal reporte: «Primero Justicia presentará en el tercer trimestre de este año su oferta ideológica y por ahora hay un ‘borrador’ que está siendo distribuido para recoger sugerencias de las bases del partido, informó Juan Carlos Caldera, miembro de la dirección nacional de esta organización. Caldera señaló que la visión de ‘derecha e izquierda es una visión que no le es suficiente a los problemas del país y deja por fuera temas muy importantes’, de modo que será a finales de año cuando en el marco del congreso ‘Centrados en la Gente’ definirán su perfil ideológico». O sea, la extemporánea candidatura de Borges no tiene nada que ver con convicción ideológica alguna, dado que tal cosa no está aún definida. Más precisamente, la postulación de Borges está montada ideológicamente sobre un borrador.

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Entretanto, en territorio de la liga del Caribe, Chávez no alineó con su equipo el sábado 28 de mayo—en la marcha convocada para defender a la «nueva PDVSA»—y concedió forfeit el domingo al cancelar el acostumbrado «Aló Presidente». De esas ausencias se generó una profusa catarata de explicaciones. Hasta bien entrada la tarde del lunes hubo rumores de un supuesto—y deseado por muchos—accidente cerebro-vascular, así como llamadas que aseguraban que la mamá de alguien que trabaja en la Casa Militar sabía que a Chávez le habían dado tres tiros. Otros juraban que estaba en Cuba, como se colegía del hecho de que el Airbus 300 habría aterrizado en Maiquetía luego del fin de semana.

En plan de más sofisticado análisis, algunos lanzaron la hipótesis del descontento presidencial—y su depresión emocional—con la escualidez de la marcha sabatina. (Por cierto, no tan escuálida como la exigua presencia de partidarios del chavismo enfrente de Miraflores el lunes por la mañana, en ridícula exigencia de que les enseñaran que su líder estaba vivito y coleando por cadena nacional de radio y televisión).

Tal vez se atinó más al sugerir que la cancelación del «Aló Presidente» era una forma de atenuar los más recientes ladridos de Chávez a los Estados Unidos, que incluyeron el posible rompimiento de relaciones diplomáticas por causa de Posada Carriles. En verdad, ya un Chávez más sobrio ha debido percatarse de que se le pasó la mano. (Quizás al saber que un pescueceante Bernal intentaba llevar a los marchistas sabatinos en asedio a la embajada norteamericana).

En todo caso, la abundancia de interpretaciones deja en claro una cosa: que la obsesión de muchos venezolanos con la persona de Chávez no sólo se dispara con su presencia, sino también con su ausencia. Es decir, Chávez les hace falta para vivir.

No vale la pena siquiera comentar las poco interesantes razones ofrecidas por el mandatario para su desaparición, y que intentó aprovechar para posicionarse como solícito padre. Sus desvelos paternales no son asunto de incumbencia de la Nación, por más que sea propenso a confundir su pobre biografía con la historia de la República.

Una sola explicación de su ausencia del sábado parecía tener algún sentido político: Chávez no querría dar un cheque en blanco a Rafael Ramírez, luego de haber calibrado que la rampante corrupción y la evidente ineptitud de PDVSA pueden ser el verdadero talón de Aquiles de su gobierno. No todos los fondos faltantes en PDVSA han ido al financiamiento y expansión de su gloriosa revolución. Una buena parte paga Lamborghinis que se estrellan en árboles que bordean carreteras de Florida.

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Pero estos acontecimientos folklóricos han quedado relegados a la categoría de noticias menores ante la noticia política del año: en las Grandes Ligas de la Casa Blanca disfrutaba María Corina Machado de tratamiento de jefe de Estado, al ser recibida en la Oficina Oval para una entrevista de cincuenta minutos con el mismísimo George W. Bush. (Precedente inmediato: Jaime Lusinchi fue recibido en la poderosa oficina por Ronald Reagan, otro presidente republicano, el 4 de diciembre de 1984).

No se trata de un acontecimiento casual. El sitio web de la propia Casa Blanca (http://www.whitehouse.gov) exhibió una foto de la reunión en sitio preferente de apertura de la página, al lado de la reseña de una conferencia de prensa de Bush (que no se refirió a la entrevista) y sobre otras noticias de alguna importancia, incluyendo las relativas a la conmemoración del Memorial Day en Arlington. Una segunda foto del encuentro fue incluida en el sitio, con la siguiente leyenda: «El presidente George W. Bush da la bienvenida a María Corina Machado, la fundadora y directora ejecutiva de Súmate, un grupo independiente de la sociedad civil democrática en Venezuela, a la Oficina Oval el martes 31 de mayo de 2005. Súmate fue establecida en enero de 2002 como una organización no gubernamental para defender los derechos electorales y constitucionales de todos los ciudadanos venezolanos y para vigilar y reportar sobre el desempeño de las instituciones electorales venezolanas».

En nota de prensa emitida por Súmate, María Corina Machado explica: El presidente Bush nos invitó para conversar ya que está muy interesado en conocer la perspectiva de la Sociedad Civil sobre la democracia en la región y en Venezuela, hablamos sobre el importante rol que los ciudadanos estamos ejerciendo en defensa de la democracia». Y más adelante añade: «Nosotros siempre hemos dicho que los problemas de Venezuela debemos resolverlos los venezolanos apegados a lo que establece la Constitución y las leyes del país, pero la comunidad internacional ha establecido un compromiso de apoyo a las democracias del mundo en acuerdos globales y regionales». Por su lado, un vocero anónimo de la Casa Blanca indicó que Bush y Machado discutieron la «actual situación que confrontan las instituciones democráticas venezolanas en riesgo» y también «el importante papel que Súmate está desempeñando en la defensa de los derechos constitucionales de todos los venezolanos, con particular énfasis en el trabajo de Súmate para salvaguardar la integridad y la transparencia del derecho de todos los venezolanos a votar». La ejecutiva de Súmate se apresuró a desmentir que hubiera solicitado ayuda económica de los Estados Unidos o tratado el tema de la destitución de Chávez: «Ello sería algo contra la promoción de la democracia», reportó Associated Press que habría dicho.

La presencia de María Corina Machado en los Estados Unidos obedece a su participación en representación de Súmate ante la sesión de la Organización de Estados Americanos a celebrarse en Fort Lauderdale. Machado hablará ante el organismo el próximo domingo 5 de junio, luego de que una precoz protesta de parte del embajador Valero fuese retirada por razones «de cortesía» con el anfitrión: los Estados Unidos. La reunión con Bush no puede hacer otra cosa que amplificar la importancia del testimonio que Súmate ofrecerá ante la OEA, sin duda centrado sobre la poca confiabilidad del Consejo Nacional Electoral. El mismo presidente Bush hablará en la cumbre de Florida, donde puede darse por sentado que se referirá al tema venezolano y el papel de Súmate y María Corina Machado, mientras reitera su desaprobación de Chávez y sus métodos.

Movidos del terreno de la pelota a las arenas taurinas, puede decirse que Bush ha dado la alternativa a María Corina Machado. Con la entrevista del martes, Machado pasa a ocupar un indiscutido primer lugar en el liderazgo político venezolano, opacando los municipales intentos de Julio Borges, por ejemplo. Aunque se cuida muy bien de mencionar siquiera la idea de una candidatura, es claro que se ha posicionado con más fuerza que nadie con este viaje norteño.

Durante la tortuosa travesía de la oposición venezolana entre 2002 y 2004, la actuación de Súmate y su líder más connotada fue poco menos que impecable. Las declaraciones de Machado siempre fueron claras, pertinentes y aplomadas. Alguna vez se dio el lujo de ofrecer los servicios de Súmate al Comando Maisanta, para ayudarlo en la organización de las elecciones internas del Movimiento Quinta República. Así consolidó una imagen de excelencia profesional, respetuosa del liderazgo de la Coordinadora Democrática, a la que prestó el brazo técnico que esa cúpula opositora requería. En el #74 de esta carta, del 19 de febrero de 2004, se afirmaba: «Súmate es el núcleo vital de la nueva organización política que necesitamos. Ella merece mejores estrategas».

Desde que el 12 de marzo declarase su conversión a un «movimiento ciudadano nacional», Súmate se ha convertido en su propio estratega. Todavía insiste en el débil alegato de los profesores Hausmann y Rigobón acerca de la existencia de un fraude electrónico el pasado 15 de agosto, y en la sospecha basada en las encuestas de salida que Súmate encargara ese día. (El mismo Rigobón declararía después a El Universal que no debía tomarse en serio a las «exit polls» porque en todas partes eran «una porquería»). Pero Súmate ha concentrado ahora su acción de movimiento en la exigencia de «elecciones limpias», con una sólida batería de argumentos. Con este propósito se alineaba el «Informe Waller» (What to do about Venezuela, mayo 2005, analizado en el #137 de esta carta) del Centro para Política de Seguridad, en los siguientes términos: «Para las elecciones de 2006 debe implantarse un nuevo modelo y proceso electoral para desalentar o al menos entorpecer la clase de fraude que ocurrió en 2004. Es probable que el régimen sabotee la implementación de cualquier nuevo proceso. Esto, por sí mismo, ayudará a consolidar el cambio de paradigma hacia una precisa percepción del gobierno venezolano como una dictadura».

Es de esperar que Súmate se mantenga desligada de ese enfoque del Center for Security Policy, que en su sitio web proclama al reseñar el «Informe Waller»: «El informe enfatiza que todavía es posible un cambio de régimen en Venezuela sin el uso de la fuerza, aun cuando la acción militar pudiera necesitarse si el dictador decide hundir la infraestructura económica del país consigo, como trató de hacer Saddam Hussein en Irak».

Si algo bueno ha habido en las recientes declaraciones de Julio Borges es su formulación de la siguiente postura: «Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten». Algo así le sale declarar a María Corina Machado.

En estas cosas es preciso ser claros. Por ejemplo, María Corina Machado nunca ofreció como explicación lo que ahora aduce Oscar Vallés, dirigente de Súmate, al salir al paso de acusaciones gubernamentales sobre una presunta candidatura presidencial de su líder: que «el objetivo fundamental del encuentro entre Bush y Machado era alertar a Estados Unidos sobre la intención del gobierno con la campaña antiestadounidense, que sería desviar la atención de la situación de los derechos humanos en Venezuela, la cual será expuesta en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos». Esto reporta ayer El Universal (sitio web) y cita a Vallés diciendo que las posturas antinorteamericanas de nuestro gobierno sitúan a Venezuela «al margen extremo del sistema interamericano de naciones, que constituye un gravísimo antecedente que, sin duda, marcará el futuro de las relaciones hemisféricas de Venezuela y ante las cuales los ciudadanos de este país no podemos quedarnos de brazos cruzados».

Vallés opina también, en evidente alusión a Julio Borges, que un debate prematuro sobre candidaturas presidenciales «desvía la atención sobre las graves amenazas y peligros que hoy conciernen y apuntan a la debilidad de Venezuela y la democracia». Y añade: «el debate es por la lucha por las libertades, por el restablecimiento pleno de las garantías ciudadanas, pensar en candidaturas sí es hacerle el juego al gobierno».

LEA

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LEA #140

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De las ausencias del presidente Chávez en el fin de semana—en la marcha del sábado en defensa de PDVSA y en Aló Presidente del domingo—se generó, probablemente para su narcisista diversión, una profusa catarata de explicaciones. Hasta bien entrada la tarde del lunes hubo rumores de un supuesto—y deseado por muchos—accidente cerebro-vascular, así como llamadas que aseguraban que la mamá de alguien que trabaja en la Casa Militar sabía que a Chávez le habían dado tres tiros. Otros juraban que estaba en Cuba, como se colegía del hecho de que el Airbus 300 habría aterrizado en Maiquetía luego del fin de semana.

En plan de más sofisticado análisis, algunos lanzaron la hipótesis del descontento presidencial—y su depresión emocional—con la escualidez de la marcha sabatina. (Por cierto, no tan escuálida como la exigua presencia de partidarios del chavismo enfrente de Miraflores el lunes por la mañana, en ridícula exigencia de que les enseñaran que su líder estaba vivito y coleando por cadena nacional de radio y televisión).

Tal vez se atinó más al sugerir que la cancelación del Aló Presidente era una forma de atenuar los más recientes ladridos de Chávez a los Estados Unidos, que incluyeron el posible rompimiento de relaciones diplomáticas por causa de Posada Carriles. En verdad, ya un Chávez más sobrio ha debido percatarse de que se le pasó la mano. (Quizás al saber que un pescueceante Bernal intentaba llevar a los marchistas sabatinos en asedio a la embajada norteamericana).

En todo caso, la abundancia de interpretaciones deja en claro una cosa: que la obsesión de muchos venezolanos con la persona de Chávez no sólo se dispara con su presencia, sino también con su ausencia. Es decir, Chávez les hace falta para vivir.

No vale la pena siquiera comentar las poco interesantes razones ofrecidas por el mandatario para su desaparición, y que intentó aprovechar para posicionarse como solícito padre. Sus desvelos paternales no son asunto de incumbencia de la Nación, por más que sea propenso a confundir su pobre biografía con la historia de la República.

Una sola explicación de su ausencia del sábado parecía tener algún sentido político. La escuché de una persona que me merece cada vez más respeto como interpretador de lo político: Chávez no quería dar un cheque en blanco a Rafael Ramírez, luego de haber calibrado que la rampante corrupción y la evidente ineptitud de PDVSA pueden ser el verdadero talón de Aquiles de su gobierno. Practicante de la doctrina del preservativo usado—perdonen la grosera expresión presidencial, aun en esta versión eufemística—Chávez habría olido que debe desmarcarse de esa obscena gestión. No todos los fondos faltantes en PDVSA han ido al financiamiento y expansión de su gloriosa revolución. Una buena parte paga Lamborghinis que se estrellan en árboles que bordean carreteras de Florida.

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FS #48 – Gran Referendo Nacional

Fichero

LEA, por favor

Como anunciara en el #139 de la Carta Semanal de doctorpolítico del jueves pasado, la ficha de esta semana contiene la redacción más reciente de un tratamiento que expliqué allí de la siguiente forma: «Teniendo a la mano el instrumento de abolir, blandido en ultimátum, exigir a Chávez que convocara en Consejo de Ministros un referendo consultivo a celebrar en pocos meses, en el que se definiera si los ciudadanos que querían su continuación en el cargo eran mayoría, bajo el compromiso de renunciar si el resultado le era adverso. Esta proposición contenía una exigencia adicional: en aras de la irreprochabilidad del proceso referendario, Chávez debía configurar una falta temporal en la Presidencia según lo contemplado en el artículo 234 de la Constitución: ‘Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más’.»

Expliqué asimismo que este tratamiento a la crisis nacional, menos astringente que el previamente propuesto de una abolición del gobierno, fue rechazado por un editor, que antes me había solicitado artículo sobre el tema abolicionista, en marzo de 2002, más o menos en los siguientes términos: «Lo que va a ocurrir es que los factores de poder en Venezuela van a deponer a Chávez, y a eso se le dará un maquillaje institucional».

Con posterioridad a este incidente, expuse los rasgos esenciales del tratamiento al entonces Gobernador del Estado Miranda, Enrique Mendoza, quien ya emergía como el factótum principal de la Coordinadora Democrática, a fines de septiembre de 2002. Un precoz interés de su parte pronto degeneró en olvido o desatención.

A comienzos de 2003, ya fracasado el paro emprendido en diciembre del año anterior, hice conocer el asunto del difunto Alejandro Armas y de Manuel Cova, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Venezuela y miembro, como el primero, de la Mesa de Negociación y Acuerdos. La versión que llegó a manos de Armas y Cova es la publicada en esta ficha. Poco antes había recomendado un «vuelvan caras» a la Gente del Petróleo. Esto es, que se reincorporasen súbitamente a sus funciones en PDVSA. (En el #27 de esta publicación argumenté el punto, pues me parecía que en febrero de 2003, cuando aún no habían sido despedidos, un regreso imprevisto y repentino de los empleados en huelga desarticularía la estrategia del gobierno).

Ninguna de estas iniciativas prosperó.

El diseño del tratamiento tenía la posible virtud de asegurar para la oposición una ruta más suave para el logro de sus objetivos—suponiendo que un referendo consultivo como el descrito, según parecían predecir las encuestas, rindiese un resultado negativo sobre la gestión de Chávez—mientras, al mismo tiempo, permitía salvar la cara al gobierno y evitar su abolición. Es claro que su viabilidad había disminuido con el paro, y que su ventana de oportunidad probablemente hubiera coincidido con el inicio de las sesiones de la Mesa de Negociación y Acuerdos bajo mediación de la OEA. En todo caso, se trata de consideraciones contrafactuales, pues la idea jamás fue discutida en esa instancia. El único sentido de recordar este documento es el de mostrar que la Coordinadora Democrática dejó de considerar esa salida, y se cerró sobre un curso de acción—enmienda para recorte de período, paro general—que a la postre terminó recorriendo el camino señalado por el gobierno (referendo revocatorio) y en desastre.

La redacción del tratamiento en cuestión—Gran Referendo Nacional: Un posible acuerdo político ante el ultimátum de abolición—es cuestionable en varios puntos. Para empezar, contiene una inexactitud. En su cuarto párrafo dice: «… el Sr. Presidente debiera renunciar. Esta última posibilidad introduciría la obligación constitucional de elegir un nuevo presidente dentro de los treinta días de haberse hecho efectiva la renuncia, si es el caso que ésta se produjere antes de cumplirse la mitad del período». La verdad es que tal previsión procedía antes de cumplirse los primeros cuatro años del período. (Artículo 233 de la Constitución).

Luego, es muy discutible el realismo del tratamiento en sí, que supone una factibilidad de suyo dudosa. Pero puede considerarse que la posición opositora no era tan débil antes del paro como después de él, antes del revocatorio como después de él, y que, en cualquier caso, se trataba, con algo de creatividad política, de añadir una carta a la baraja de salidas, en aquellos momentos en impasse en el seno de la Mesa de Negociación y Acuerdos. Hasta entonces nadie se había fijado en la posibilidad constitucional de las faltas temporales del Presidente.

Por último, la memoria me traicionó la semana pasada, al redactar «…exigir a Chávez que convocara en Consejo de Ministros un referendo consultivo…» pues como se verá de la lectura de la ficha, en lugar de tal ruta se proponía que el referendo consultivo fuese convocado por la Asamblea Nacional. De hecho, poco después de los acontecimientos de abril de 2002, hice llegar por correo electrónico la esencia de la proposición a cada uno de los diputados y diputadas. Dos de ellos (de oposición) enviaron contestaciones corteses. Ambos lados habían decidido participar en un juego de suma cero. Ninguno quería perder su protagonismo para dejar la solución en manos del Soberano.

LEA

……

Gran Referendo Nacional

Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional.

Lo primero que debiera dilucidar un referéndum así es la conveniencia de la permanencia del Presidente de la República en su cargo. No es éste un asunto que compete sólo a los más conspicuos entre los actores políticos en Venezuela. Es un asunto del Pueblo todo.

Formulada así la pregunta: «¿Considera Ud., Sr. Elector, conveniente para la salud de la Nación que el ciudadano Hugo Chávez Frías continúe en el cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela?», el resultado no sería, en ningún caso, legalmente vinculante, aunque sí sería moral y políticamente obligante. Distinto fuere que una mayoría de venezolanos suscribiese un mandato expreso de abolición del gobierno, pues aquí se manifestaría plenamente el carácter supraconstitucional del Pueblo.

Pero aunque no sea vinculante el Sr. Presidente sabrá atenerse a la opinión popular. Si una mayoría contestare negativamente, entonces el Sr. Presidente debiera renunciar. Esta última posibilidad introduciría la obligación constitucional de elegir un nuevo presidente dentro de los treinta días de haberse hecho efectiva la renuncia, si es el caso que ésta se produjere antes de cumplirse la mitad del período.

Para contribuir con la libertad y credibilidad del ejercicio de consulta, el presidente debe separarse temporalmente del cargo, según lo previsto en el Artículo 234 de la Constitución: «Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más».

De este modo el Sr. Presidente se abstendría voluntariamente de presidir la República mientras se dispone lo necesario a la celebración del referéndum, para el que los seis meses posibles según el 234 tendrán que bastar. Si se requiriere nueva elección presidencial un mes después, ya estará adelantado el trabajo correspondiente al registro electoral y buena parte de las coordinaciones necesarias.

El Sr. Presidente debe completar su aporte nombrando, antes de producirse su falta temporal, a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo, quien deberá ser persona que pueda ser vista por las partes hoy en conflicto como alguien que pueda ofrecer garantías de comportamiento imparcial.

La celebración de referendos, así como la de elecciones, es un proceso costoso y laborioso, que debiera intentar el logro de una máxima eficiencia. No debiera convocarse a referéndum para obtener la respuesta a una única pregunta. Estando frente al hecho trascendente de la presencia participativa del pueblo, debiera consultársele sobre más de una materia, para así aprovechar mejor el poder de su carácter definitivo e inapelable en la dilucidación de cuestiones que inquietan el alma nacional.

………

«Nosotros, los representantes debidamente autorizados por el Gobierno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela y por la Coordinadora Democrática, conscientes de la importancia de lograr un clima de entendimiento nacional, acordamos el siguiente

PROTOCOLO DE ENTENDIMIENTO

I. CONCESIONES COMUNES

Cláusula Primera: Ambas partes reconocen que el país atraviesa una seria crisis cuya solución debe ser sometida a la decisión del Pueblo de Venezuela y que es necesario iniciar un período de recuperación que consolide la democracia venezolana.

Cláusula Segunda: Ambas partes acuerdan suspender la organización de manifestaciones públicas que no sean las propias a las cuestiones del Gran Referendo Nacional estipulado en la Cláusula Cuarta y excitar a sus respectivos partidarios a respetar tal suspensión mientras se mantenga la validez del presente Protocolo de Entendimiento.

Cláusula Tercera: Ambas partes acuerdan moderar sus manifestaciones de propaganda adversaria en contribución a la creación de un clima de entendimiento nacional.

Cláusula Cuarta: Ambas partes aceptan la celebración de un Gran Referendo Nacional, el que consultará en diversas materias de especial trascendencia nacional y será convocado por la Asamblea Nacional para su celebración el 19 de abril de 2003. A los fines de la determinación de las preguntas del Gran Referendo Nacional, el Gobierno Nacional suministrará tres preguntas para someter a consulta. La Coordinadora Democrática someterá una pregunta sobre si es conveniente la permanencia en el cargo del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y dos preguntas adicionales.

Cláusula Quinta: Ambas partes acuerdan reconocer y acatar la mediación y veeduría de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos para la supervisión del cumplimiento del presente Protocolo de Entendimiento en general y, en particular, para la garantía de una limpia consulta popular en el Gran Referendo Nacional.

II. CONCESIONES RECÍPROCAS

Cláusula Sexta: El Ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías, de serle adverso el resultado del Gran Referendo Nacional en cuanto a su permanencia en el cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se compromete a renunciar al mismo. La Coordinadora Democrática se compromete a reconocer la legitimidad del Ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela de serle favorable el resultado de la consulta.

Cláusula Séptima: El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela se compromete a separarse del cargo por un lapso de noventa días, prorrogable por igual duración, según lo contemplado en el Artículo 234 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y a nombrar antes de la separación a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, de común acuerdo con la Coordinadora Democrática. La Coordinadora Democrática renuncia a promover un referendo revocatorio del mandato del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela o una enmienda constitucional para la reducción de su período.

Cláusula Octava: En negociación separada el Gobierno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela y la Asociación Civil Gente del Petróleo acordarán lo conducente a la pronta normalización de actividades de la industria petrolera nacional.

Cláusula Novena: En negociación separada el Gobierno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela y una representación de los altos oficiales militares declarados en desobediencia legítima, acordarán lo conducente a la pronta normalización de la situación profesional de estos oficiales.

El presente Protocolo de Entendimiento tendrá una vigencia de noventa días continuos a partir de la firma del mismo por las partes, prorrogables por un lapso idéntico.

Dado, firmado y sellado en Caracas, a los xx días del mes de febrero de 2003

Por el Gobierno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela

Por la Coordinadora Democrática

El Secretario General de la Organización de Estados Americanos

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CS #139 – Hilos de historia

Cartas

Casi mes y medio antes de los acontecimientos del 11 de abril de 2002 recibí la llamada de un editor venezolano de periódicos y revistas. La llamada tenía por objeto solicitarme un artículo para una de sus publicaciones, en el que debía exponer una cierta salida a la crisis política del momento. El editor había leído artículo de Marta Colomina del domingo 3 de marzo, en el que se pronunciaba a favor de lo expuesto por mí. De hecho, la llamada y la petición se produjeron en la mañana de ese día.

Colomina me había entrevistado por radio el 26 de marzo de ese año, luego de que supiera de la descripción que hice por primera vez el día anterior en el programa Triángulo de Televén, hoy extinto. Había mostrado cómo la decisión de la Corte Suprema de Justicia del 19 de enero de 1999, que dio origen al proceso constituyente de ese año, implicaba que una mayoría de los venezolanos podía de pleno derecho y de modo perfectamente constitucional abolir el gobierno que quisiera, aun cuando la figura de abolición no estuviera contemplada en la Constitución que ya nos regía, y cómo podía, desde su carácter de Poder Constituyente Originario, ordenar a la Fuerza Armada que se asegurara del cumplimiento del inapelable decreto de abolición. El artículo solicitado por el editor fue publicado tres o cuatro días después de su llamada. Se llamó «Acta de abolición».

Tres semanas después imaginé un curso menos duro, pero igualmente eficaz. Un método más médico que quirúrgico. Teniendo a la mano el instrumento de abolir, blandido en ultimátum, exigir a Chávez que convocara en Consejo de Ministros un referendo consultivo a celebrar en pocos meses, en el que se definiera si los ciudadanos que querían su continuación en el cargo eran mayoría, bajo el compromiso de renunciar si el resultado le era adverso. Esta proposición contenía una exigencia adicional: en aras de la irreprochabilidad del proceso referendario, Chávez debía configurar una falta temporal en la Presidencia según lo contemplado en el artículo 234 de la Constitución: «Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más».

Al tener la idea a punto llamé al mismo editor y le propuse un segundo artículo sobre este nuevo curso. Rechazó la noción de inmediato con las siguientes palabras: «Lo que va a ocurrir es que los factores de poder en Venezuela van a deponer a Chávez, y a eso se le dará un maquillaje institucional». No había que gastar pólvora en zamuros, ni tampoco se requería la participación popular de la abolición: los «factores de poder» se bastarían solos.

(La próxima Ficha Semanal de doctorpolítico, #48 del martes 31 de mayo, contendrá la redacción del tratamiento desechado).

………

Los políticos de todas partes del orbe juegan así. No es que la política surja del derecho. El derecho es convocado en tanto maquillaje necesario para presentar una decisión de Realpolitik como si fuera legal o legítima. Los Estados Unidos, por poner un caso, cuyo Congreso aprobó en diciembre una provisión que permite la suspensión de cierto tipo de ayuda internacional a un país que rehúse conceder la inmunidad a todo ciudadano norteamericano ante la Corte Penal Internacional. Equivale a declarar que el Poder Legislativo de los Estados Unidos sostiene que los ciudadanos de este país deben disfrutar de esa inmunidad, a pesar de que los actos por los que concebiblemente pudieran ser enjuiciados habrían sido predicados por una presunta defensa universal de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

¿Qué busca proteger esa inmunidad? ¿En qué impunidad se convierte?

Ayer salió a la luz pública el informe anual (2004) de Amnistía Internacional. El Grand Prix fue ganado ampliamente por los Estados Unidos, en un informe de 3.305 palabras. (Venezuela ni siquiera apareció en el marcador, a pesar de duras haladas de oreja en documento de 683 palabras).

El informe de 308 páginas sobre los Estados Unidos de Amnistía Internacional reserva su mayor condena para lo que ocurre en el centro de detención de la Bahía de Guantánamo, que los Estados Unidos inexplicablemente administran en Cuba. Le impone una etiqueta: «el gulag de nuestro tiempo». (Según expresión de Irene Khan, Secretaria General de Amnistía Internacional). La famosa ONG internacional exige el cierre del campo, al señalar que los Estados Unidos han desatendido su responsabilidad de proteger los derechos humanos y en cambio han creado un nuevo léxico de abusos y torturas. El informe considera que los «…intentos de diluir una prohibición absoluta contra la tortura mediante nuevas políticas y parla cuasi-gerencial, tales como ‘manipulación ambiental, posiciones de estrés y manipulación sensorial’, fue uno de los más dañinos asaltos contra los valores globales» durante 2004.

Con este juicio los Estados Unidos se encuentran destacados entre los peores casos de violación de derechos humanos en el planeta, en la dudosa compañía de Sudán, Zimbabwe, Haití, Congo, China, Nepal y Australia. El reporte de Amnistía Internacional considera que la caída del régimen Talibán de Afganistán, a manos de fuerzas dirigidas por los Estados Unidos ha hecho poco por los derechos de las mujeres. En la región occidental de Herat cientos de mujeres se han pegado fuego para escapar de la violencia doméstica o matrimonios forzados.

¿Qué ocurre entretanto con los ciudadanos norteamericanos? ¿Qué opinan ante un gobierno que, al decir de Amnistía Internacional, «ha sancionado técnicas de interrogación que violaron la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura» y cuyo presidente «ha establecido en un memorándum central de política fechado el 7 de febrero de 2002 que, aunque los valores de los Estados Unidos ‘exigen que tratemos humanamente a los detenidos’, hay algunos ‘que no merecen legalmente ese tratamiento’»?

Bueno, una encuesta de Gallup, USA Today y CNN (data del 20 al 22 de mayo) revela que la gestión del presidente Bush ha continuado descendiendo en su tasa de aprobación. (Cuatro puntos en las últimas dos semanas y media). Además de la desaprobación en materia doméstica (58% contra su manejo de la economía, 59% contra su proposición en el tema de pensiones), 56% rechaza su manejo del problema de Irak y 51% su gestión general de relaciones exteriores.

¿Es sólo en el caso de los derechos humanos violados en Abu Ghraib, Guantánamo y Afganistán que el gobierno de Bush merece reprobación? Considérese un solo indicador en materia de desempeño económico: el gobierno de Bush recibió una ejecución presupuestaria federal con un superávit de 230 mil millones de dólares y logró transformarlo en un déficit de más de 500 mil millones en menos de tres años. En términos absolutos amenaza con duplicar el nivel histórico máximo—el último año de la administración de Bush padre—y en términos de porcentaje del producto interno bruto el récord establecido por Reagan en 1986.

La opinión pública tiende a ser más lenta que los expertos en la formación de sus juicios. La Red de Noticias de Historia de la Universidad George Mason realizó 415 entrevistas a historiadores norteamericanos. Ocho de cada diez historiadores consultados (338) consideran que la actual presidencia de los Estados Unidos es un fracaso en términos generales. Doce por ciento de la muestra estima que se trata de la peor presidencia de la historia estadounidense, no demasiado lejos del 19 por ciento que la considera exitosa.

Cuando los juicios de los entrevistados son más agresivos la hipérbole no puede ser peor: «Aunque anteriores presidentes han metido a los Estados Unidos en guerras desaconsejables, ningún predecesor logró convertir a los Estados Unidos en un agresor no provocado. Ningún predecesor ha logrado tan exhaustivamente confirmar las impresiones de aquellos que ya odiaban a los Estados Unidos. Ningún predecesor convenció tan eficazmente a un rango tan amplio de la opinión mundial de que los Estados Unidos son una amenaza imperialista a la paz mundial. No creo que uno pueda hacer algo peor que eso». O, en referencia directa a George W. Bush: «Él es descaradamente una marioneta de intereses corporativos, que se ocupan sólo de su propia codicia y no tienen sentido de responsabilidad cívica o servicio comunitario. Él miente, constantemente y a menudo, aparentemente sin control, y mintió sobre su invasión de un país soberano, de nuevo por intereses corporativos; mucha gente ha muerto o resultado mutilada, y también sobre esto ha mentido. Él aparenta solemnidad y gesticula de manera vergonzosa, más apropiada a un vendedor de aceite de serpiente, no a un estadista. No piensa, procesa o habla bien, y es emocionalmente inmaduro a causa de, entre otras cosas, su falta de recuperación del abuso de drogas. El término es ‘borracho seco’. Es una abyecta vergüenza en el exterior; el resto del mundo le odia… Él es, por mucho, el más irresponsable, inmoral e inexcusable ocupante de nuestra (antiguamente) más alta magistratura que haya existido». Son condenas durísimas de algunos profesores en los Estados Unidos.

Anteayer reporta Robert McElvaine en la History News Network que incluso hay que tomar con un grano de sal las evaluaciones de los historiadores que hablan de una gestión exitosa de Bush. Uno de los historiadores escribió: «Su presidencia ha sido notablemente exitosa en su prosecución de políticas desastrosas». Otro secundó: «Creo que la administración Bush ha sido muy exitosa en el logro de sus objetivos políticos, lo que la hace un desastre para nosotros». Es exactamente la clase de juicios que los venezolanos podemos hacer de la administración Chávez.

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LEA #139

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El primer ministro Jean-Pierre Raffarin dijo: «Hoy perdemos más que un filósofo. Toda la tradición humanista europea está de luto por uno de sus voceros más talentosos». El gobernante francés hablaba de Paul Ricoeur, el gran filósofo, intérprete bíblico, estudioso de la percepción y fenomenólogo, que murió a los 92 años de edad en su casa de Chatenay-Malabry, al oeste de París. Su hijo Marc explicó el viernes pasado cómo tuvo la más suave de las muertes, durante su sueño. Merecía esa muerte, después de tanto tiempo en un campamento de concentración alemán durante la dominación de Hitler, después de tanto mérito como intelectual y campeón de la luz y la bondad.

Habiéndose graduado en la Universidad de Rennes, se convirtió en profesor universitario después de la guerra, y enseñó entre otros lados en la Sorbona y la Universidad de Chicago. También fue activo en el partido socialista de Francia. Escribió una veintena de libros sobre el papel de la ética en la política, la religión, el mal y la culpa, sobre lingüística, sobre Marxismo y Estructuralismo. En noviembre pasado le cupo el honor y el alivio financiero representados por el Premio Kluge—que reconoce logros en campos no cubiertos por el Premio Nóbel—que compartió con el historiador norteamericano Jaroslav Pelikan.

Mientras era prisionero de los nazis Ricoeur y sus compañeros organizaron círculos de lectura y seminarios, los que alcanzaron tal nivel que el gobierno de Petain debió acreditar la escuela de prisioneros como institución que podía conferir diplomas. Una vez libre su país lo premió con la Cruz de Guerra.

Descubridor de la «flecha» de los textos, sostenía que éstos debían ser evaluados no por lo que el escritor quiso significar, sino por lo que significaban ahora. Escribió en 1976 (Teoría de la Interpretación): «¿Qué es lo que en verdad debe entenderse—y en consecuencia apropiarse—de un texto? No la intención del autor, que supuestamente se esconde tras el texto; no la situación histórica común al autor y sus lectores originales; ni siquiera su comprensión de sí mismos como fenómenos culturales e históricos. Lo que debe ser apropiado es el significado del texto mismo, concebido de un modo dinámico como la dirección del pensamiento que el texto abre». Después indicaba que todo texto suministra una flecha que indica hacia delante, y que es tarea del lector seguirla en pos de nuevos significados.

Y nos dejó una advertencia: «Con la idea de la corrupción entramos en el reino del terror». Mientras un régimen es más corrupto se hace más peligroso. Tiene más usufructo que ocultar y proteger. Nos lo dice quien conoció el terror de cerca.

De rigueur l’adieu a Ricoeur. Gracias por sus iluminaciones.

LEA

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