por Luis Enrique Alcalá | May 9, 2017 | Argumentos, Terceros |

Periodismo constructivo
En su aleccionador programa en Radio Caracas Radio (750 AM)—Todo se puede—Maira Prado reportó hoy el sorprendente testimonio de un ciclista uruguayo (Tabaré Alonso) quien, en contra de consejos y advertencias de que no debía visitar nuestro país, llegó acá al territorio «que fue plan de vida, no para irse sino para quedarse» (Maira dixit). Son tres minutos poderosísimos; helos aquí:
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por Luis Enrique Alcalá | May 9, 2017 | Argumentos, Notas, Polémica, Política |

Acusando recibo de comunicación de Elías Jaua
La Mesa de la Unidad Democrática ha remitido ayer al ministro Elías Jaua un escrito de rechazo a la invitación que éste le hiciera—como Presidente de la Comisión Presidencial que propondrá las bases comiciales para elegir la asamblea constituyente convocada el 1º de mayo—a fin de explicar los propósitos del gobierno. Pero más que rechazo a esa invitación, es un rechazo a la idea misma de la constituyente y a la legitimidad de la convocatoria. El documento es doble, siendo lo primero una presentación de lo segundo, un texto encabezado con este título: La MUD frente al fraude de la dictadura. Esto último es un inventario de lo que la organización opositora estima políticamente relevante a partir de 2015 hasta la fecha (y que deja de mencionar la historia desaparecida); lo que va más al caso de aquella iniciativa es la carta previa (covering letter), que al inicio mismo declara:
Esta convocatoria es ilegítima e inconstitucional. Así, (i) no es resultado de la consulta al pueblo de Venezuela, tal y como lo exigen los artículos 5 y 347 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Solo el pueblo puede decidir, mediante referendo, si quiere o no convocar a una constituyente y ningún Poder del Estado puede usurpar las funciones que le corresponden al pueblo. Los Poderes que tienen la iniciativa de convocatoria, deberán obligatoriamente consultar al ciudadano a través de referendo. Además, (ii) lo que se plantea son “votaciones sectoriales y territoriales” controladas por el Gobierno. Con ello se pretende quebrar la universalidad del derecho al sufragio, y desconocer el principio constitucional de “un elector un voto”.
La MUD, por tanto, ha acogido la equivocada tesis de Allan Randolph Brewer Carías (¿Presidente de la Sala Constitucional en el exilio?): “El único que puede convocar a una Constituyente es el pueblo, eso es lo que dice la Constitución». Uno se pregunta, si la Constitución quisiera significar eso ¿por qué la redacción del Artículo 347 no dice «El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, sólo él puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente», en lugar de «En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente»? (No dice ese artículo que nadie más puede convocarla, y el Artículo 348 contempla que 15% de los electores—la iniciativa popular que es parte representativa de ese Poder Constituyente Originario—puede hacerlo además del Presidente y la Asamblea). Si fuera cierta la afirmación de la MUD—»Los Poderes que tienen la iniciativa de convocatoria, deberán obligatoriamente consultar al ciudadano a través de referendo»—, ¿por qué el 348 no dice «La iniciativa de convocatoria a un referendo, para consultar si el pueblo quiere convocar la Asamblea Nacional Constituyente, podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros…» etc., en lugar de «La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros…»? Si fuera necesario ahora un referendo previo—como el del 25 de abril de 1999, necesario entonces puesto que en ese momento la figura de constituyente no estaba contemplada en la vigente Constitución de 1961—, ¿por qué no bastaría un referendo consultivo ordinario y por qué especificó la Constitución actual en su Artículo 348 requisitos más exigentes que los de mayoría simple de la Asamblea Nacional y 10% de los electores (Artículo 71), que eran, de nuevo, los que prescribía desde 1998 el Artículo 181 de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política que se empleó en aquella ocasión y bastó? ¿Por qué el 348 estipula dos terceras partes de la Asamblea y 15% de los electores en la iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente? ¿No será porque el Artículo 348 está hablando de una convocatoria directa a constituyente y por eso exige condiciones especiales más astringentes? ¿En qué viola la convocatoria presidencial directa de una asamblea constituyente la prescripción del Artículo 5? («La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público»). ¿No es un ejercicio indirecto de la soberanía que el Presidente de la República, uno de «los órganos que ejercen el poder Público» y elegido «mediante el sufragio», convoque a constituyente? (¿O, si a ver vamos, indirectamente la Asamblea Nacional, que también es un poder que ejerce—o debiera ejercer—el Poder Público e igualmente se elige mediante el sufragio?) Por último, ninguna nueva constitución puede entrar en vigencia sin un positivo referendo aprobatorio del Poder Constituyente Originario, el Pueblo, en el que precisamente reside intransferiblemente la soberanía. (Disposición Final Única de la Constitución: «Esta Constitución entrará en vigencia el mismo día de su publicación en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela, después de su aprobación por el pueblo mediante referendo»). ¿Cómo es que se viola el Artículo 5 si en último término es el Pueblo quien debe aprobar la constitución resultante de una asamblea constituyente, convóquela quien la convoque? (Por cierto, la gente de la Alianza Nacional Constituyente, en la que participan juristas como Blanca Rosa Mármol, exMagistrada del Tribunal Supremo de Justicia, y sin saber que contradiría a Brewer y a la MUD, cree que puede convocar una constituyente sin referendo previo. Uno de sus documentos dice que es su estrategia: «Convocar y coordinar, por iniciativa popular del electorado, una Asamblea Nacional Constituyente, sin intervención de los poderes constituidos, tal como lo estatuye la Constitución vigente en sus artículos 347, 348 y 349, que se encargue de elaborar una nueva Constitución…». En ninguna parte de su profusa literatura postula que la iniciativa popular debe convocar primero un referendo).
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Luego está, naturalmente, lo de «votaciones sectoriales y territoriales». Hasta ahora, no se conoce lo que será la proposición de las bases comiciales de la elección de la constituyente ya convocada válidamente. El decreto 2.830 del 1º de mayo no menciona esa distinción sectorial-territorial respecto de las votaciones mismas, sino que «Los y las integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente serán elegidos en los ámbitos sectoriales y territoriales». («¿Qué significa eso? ¿Que habrá unos diputados constituyentes que sólo elegirán ‘todos los trabajadores y empresas’ o que, para facilitar la elección, habrá mesas de votación que ya no estarán en un colegio o liceo sino en un depósito de Alimentos Polar? Uno no sabe». En La lidia fácil). En cambio dice: «mediante el voto universal, directo y secreto». La pretenciosa redacción llama, por supuesto, a la peor de las interpretaciones, pero son hipótesis del suscrito que 1. el gobierno de Maduro, luego de rebeliones internas recientes que causaron la reversión de las infames sentencias 155 y 156, y dado el muy mayoritario repudio del gobierno en la opinión nacional, no tiene la fuerza política para imponer la distorsión que la MUD cree es su intención, y 2. ha empleado intencionalmente subterfugios para irritar a la oposición y provocar la conducta apresurada que ha exhibido. (Ver, de nuevo, La lidia fácil, con argumentación que pudiera estar equivocada). Pero es que se ha hecho práctica común en el debate político venezolano la atribución de intenciones al adversario de las que no se tiene constancia: «Lo que busca Ramos Allup…» o «lo que pretende Istúriz…» En esta práctica incurre la misiva de la MUD a Jaua: «se pretende quebrar la universalidad del derecho al sufragio», «El objetivo de Nicolás Maduro mediante la fraudulenta convocatoria constituyente no es otro que eludir la [responsabiidad de] restablecer el derecho al sufragio en Venezuela…» Eso de lo que busca o lo que pretende el adversario es lenguaje de moda.
No puedo saber exactamente cuáles son los propósitos del Presidente de la República, pero parecieran patentes sus logros:
El efecto político inmediato es múltiple: en primer lugar, desarma, entorpece o debilita las protestas y exigencias opositoras, empequeñecidas por la portentosa presencia de un proceso constituyente. Luego, desinfla bastante la presión internacional; ¿cómo se puede llamar dictador a quien convoca elecciones, según prevé la Constitución, para que opere una asamblea constituyente? Por último, compra tiempo; con esta “salida”, Maduro prácticamente se asegura como Presidente hasta el 10 de enero de 2019. (#lasalida de Maduro (primera parte)).
A eso, postulado prematuramente el mismo 1º de mayo, puede añadirse la débil actitud de negación inducida en la MUD; como puse en La lidia fácil, la Asamblea Nacional pudiera buscar cómo legislar—recuperando su eficacia si arregla el asunto del fulano desacato—acerca de las bases comiciales para elegir diputados constituyentes. Siendo que una ley es de rango superior a cualquier decreto del Ejecutivo, ella podría obliterar cualquier intención—que pongo en duda—de constituyente «comunal» o de composición «sectorial». (Al recibir el golpe del triunfo opositor del 6 de diciembre de 2015, Diosdado Cabello instaló, en la agonía del parlamento que presidió, un tal «parlamento comunal» al que «primeramente» debía responder la Asamblea elegida aquel día; ni siquiera ha vuelto a mencionar el asunto ni a procurar que la Sala Constitucional convalide su monstruoso invento, menos ahora cuando una nueva sesión del Consejo de Defensa de la Nación pudiera «exhortarlo» a abandonar su pretensión). Entonces pudiera aprestarse la MUD para dar otra paliza electoral al oficialismo, aunque sea en una constituyente que no necesitamos.
Puedo, admito de nuevo, estar equivocado. (No creo que en lo de la interpretación legal, sino en eso de andar postulando propósitos no tan aviesos pero sí traviesos para tomarle el pelo a los de la oposición, aprovechando que ya Jesús Torrealba no manda en la MUD, en la que fue elegido a su coordinación pero no, según dijo, por su «frondosa cabellera»). LEA
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por Luis Enrique Alcalá | May 7, 2017 | Argumentos, Notas, Polémica, Política |

Necesitamos que trabajen
Al Dr. Antonio D’Alessandro Martínez, curioso en estos temas
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En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa.
Antonio Machado
Una coral de muchas voces opositoras—diputados, líderes no investidos como tales, obispos, académicos, articulistas, jurisconsultos—canta la misma letra con acompañamientos musicales propios de cada cuerda: la asamblea constituyente que el Ejecutivo Nacional convoca es un fraude, una continuación del «golpe» (autogolpe de Estado), algo que el país debe repudiar. El madurismo, creo, ha incitado esta reacción a conciencia y se está divirtiendo mucho con eso. De allí los trapos rojos que el matador y sus banderilleros agitan, ante la cara de un toro heterógeneo que en cada embestida amella sus pitones.
Primero fue, por supuesto, el anuncio «histórico» en la Avda. Bolívar de Caracas, el único teatro que resta al oficialismo para simular asistencias masivas a sus convocatorias de calle. En día 1º de mayo, Maduro habló de «la clase obrera y el Pueblo» como convocantes de la constituyente, y agitó el capote de una constituyente «comunal». Poco después hablaría Borges para repudiar la noción y empleó la misma construcción de «la clase obrera y el Pueblo»; claro, se trataba del Día del Trabajador, y a los trabajadores se les entiende como los miembros de la «clase obrera»; son sinónimos, pues.
En ese momento, no se conocía la redacción del decreto de convocatoria. En horas de la noche, Nicolás Maduro firmaba el decreto que sería publicado en Gaceta Oficial Extraordinaria (6.295) de ese mismo día; después de toda su paja histórica, protagónica, multiétnica, endógena y biométrica (basta de esdrújulas), el Artículo 2 del decreto estableció: “Los y las integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente Originaria serán elegidos o elegidas en los ámbitos sectoriales y territoriales, bajo la rectoría del Consejo Nacional Electoral, mediante el voto universal, directo y secreto; con el interés supremo de preservar y profundizar los valores constitucionales de libertad, igualdad, justicia e inmunidad de la República y autodeterminación del pueblo”. (En la jerga política, tanto oficialista como opositora, la palabra Pueblo con la que se llenan la boca se escribe con inicial minúscula). El empleo del término «sectoriales» reforzó el temor de que la tal asamblea se compondría corporativamente, a lo Mussolini, a pesar de que la redacción especifica «mediante el voto universal, directo y secreto». Entonces el matador dejó a sus asistentes el trabajo de marear al toro.
El Vicepresidente Ejecutivo de la República ofreció su capote: «por primera vez en 200 años de historia venezolana, los transportistas van a tener sus propios constituyentes en la Asamblea Nacional», y añadió Tareck El Aissami en defectuosa sintaxis: «Queremos darle al transportista rango constitucional, todas las políticas del órgano superior y estén presentes en la constitución». Bueno, muchos que no somos transportistas quisiéramos ostentar rango constitucional, y en 1817 no existía el sector de los transportistas; había, por supuesto, carreteros, y algunos mantuanos eran llevados por calles empedradas en sillas rodantes con tracción animal de los pardos; una que otra carroza había, pero esa declaración no es sino una muestra más de la «historia» que cuentan los socialistas aborígenes para cautivar a incautos admirados:
Miguel Rodríguez Torres, por ejemplo, declaraba ayer al diario El Universal: “El 4F irrumpimos contra un sistema que venía de los tiempos de la Colonia…» (…) Erika Farías reconoce que los problemas subsisten, pero dice que eso se debe a que quince años no son suficientes para resolver los que datan de hace tres mil (aparentemente ha logrado precisar cuáles serían, a pesar de que los indígenas que habitaban el territorio de Venezuela dos mil quinientos años antes de los españoles nunca tuvieron escritura y, por tanto, no dejaron registro de su inventario). (En Retórica cuatrofeísta, 5 de febrero de 2015).
El jefe de los banderilleros—dirige la comisión presidencial nombrada ese mismo primer día de mayo para el resto de los trámites—prosiguió la faena intermedia con la misma técnica de incitación y mareo; así, hoy reporta El Universal que Elías Jaua «Señaló que el proceso estará comprendido por dos circuitos, uno territorial que le corresponde al Consejo Nacional Electoral (CNE) organizarlo y uno sectorial donde participarán todos los trabajadores y empresas registradas en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) ¿Qué significa eso? ¿Que habrá unos diputados constituyentes que sólo elegirán «todos los trabajadores y empresas» o que, para facilitar la elección, habrá mesas de votación que ya no estarán en un colegio o liceo sino en un depósito de Alimentos Polar? Uno no sabe.
Entretanto, la oposición es invitada a reunirse con la comisión que Jaua preside para escuchar sus pareceres ¡y se rehúsa! (Hasta Henri Falcón se niega, en esta fase del proceso en la que parecen urgidos por desmarcarse de Maduro un hijo del Defensor del Pueblo y Gustavo Dudamel). Así se sirve la mesa al gobierno, que proclamará a los cuatro vientos: «¿Cómo es eso de que la convocatoria a constituyente es ‘unilateral’, si los invitamos a conversar de ella y ustedes se niegan?»
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El asunto de las bases comiciales para la elección de una constituyente no está normado. Tan sólo existe el precedente de las empleadas en 1999. (Ver #lasalida de Maduro (primera parte)). El campo está prácticamente abierto para un órgano cuya función principal es, precisamente, dotar de normas a la vida de la ciudadanía y su Estado, y ese órgano no es otro que la Asamblea Nacional. A comienzos del año pasado se habló de una Ley de Referendos que hubiera podido sobrepujar a los reglamentos de referendos revocatorios (tres) que el Consejo Nacional Electoral aprobó en 2007, pues una ley es de rango superior al nivel reglamentario. Nunca más se supo de tal intención.
Ahora podría aprobar la AN una ley brevísima que regule la elección de diputados constituyentes, y ella predominaría sobre el nivel reglamentario que es el único existente entre el Presidente y el Consejo Nacional Electoral. Claro, para que esto sea posible, la Asamblea debe recuperar su eficacia; el 22 de octubre del año pasado se le proponía en Prontas elecciones:
Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados…”
¿Por qué se ha resistido la Asamblea Nacional? ¿Qué espera Julio Borges para levantar el teléfono e invitar a Maikel Moreno a almorzar para arreglar ese asunto?* En vez de esto, ha ido a Washington a reunirse en la Casa Blanca con Herbert McMaster—¡el Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump! (¿qué pito toca este peligroso especialista en nuestros asuntos venezolanos?)—tal vez porque el Chapulín Colorado Almagro ha quedado fuera de juego, pues ya no tiene sentido suspender a Venezuela en su condición de miembro de la Organización de Estados Americanos—la sanción máxima prevista en la Carta Democrática Interamericana—, dado que Venezuela ha optado por salirse de ella; no se puede botar de una fiesta a quien se ha retirado hace rato.
La resistencia de los diputados a volverse eficaces configura, a mi modo de ver, un desacato incluso más grave: el desacato a los Electores, que los pusimos allí para que legislaran, para que pudieran hacerlo. Entretanto, ellos y el elenco protagónico de la MUD siguen embistiendo en el aire. LEA
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Post scriptum: habría sido políticamente más sabio y bastante más fuerte que la oposición profesional dijera: «Sr. Presidente: una constituyente no es necesaria ni arreglará en un ápice la tragedia que vive el Pueblo (escribiéndolo con inicial mayúscula). Pero Ud. tiene facultades para convocarla. Queremos que sepa que derrotaremos a su bando en las elecciones que la elijan; Ud. no contará en ella con mayoría, como no la logró en la Asamblea Nacional». Es decir, en vez de correr como gallinas enloquecidas, recoger el guante, aceptarle el reto.
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* Ayer puse en correo electrónico a quien he dedicado esta entrada: «En efecto, los diputados en discordia solicitaron su desincorporación poco después, el 15 de noviembre, pero (…) Ramos Allup no procedió a la desincorporación oficial y se limitó a observar: ‘Hemos tomado nota’. Así las cosas, el 9 de enero, en trámite previo a la locura de la declaratoria del abandono del cargo por parte de Maduro, Borges procedió oficialmente a la desincorporación; la quisquillosa Sala Constitucional dijo que ese procedimiento no había valido porque la elección misma de Borges como Presidente de la AN era nula, por haberse producido mientras persistía el desacato. A raíz de eso argumenté en mi programa que la postura del TSJ era excesiva, que ha podido limitarse a invalidar aquellas actuaciones de la AN en las que los diputados objetados hubieran participado y que ellos no habían tomado parte en la elección de Borges. En todo caso, el asunto es arreglable mediante una conversación entre la AN y el TSJ, pero la AN no ha querido disolver el conflicto de poderes, pues el TSJ comenzó el año excitando a la Asamblea a arreglar la situación. Parece preferir el papel de víctima para ir a quejarse ante Almagro».
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por Luis Enrique Alcalá | May 6, 2017 | Dr. Político en RCR, Política |

El compositor de Finlandia
En este día se dedicó el programa #247 de Dr. Político en RCR a evaluar la iniciativa constituyente del presidente Maduro, que había anticipado sería «histórica» y se había comentado en el programa anterior. El Presidente de la República puede convocar directamente (en Consejo de Ministros) una asamblea constituyente sin necesidad de referendo previo, y no dispone de fuerza que le permita estructurarla «comunalmente». Como se ha expuesto acá en #lasalida de Maduro (primera parte) y #la salida de Maduro (segunda parte), la dirigencia opositora se ha apresurado a condenar algo que probablemente no se refleje en las bases comiciales por las que aún esperamos. El segundo número del Capricho español de N. A. Rimsky Korsakoff y el inicio del poema sinfónico Finlandia de Jan Sibelius sonaron en esta emisión, cuyo archivo de audio se pone a continuación:
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | May 5, 2017 | Fichas, Otros temas, Política |
A M. G.*
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Un gran pequeño libro
El título de esta entrada es el lema de otra feliz iniciativa de TED—Technology, Entertainment, Design—, la magnífica organización de estimulantes conferencias que obliga al más pintado de los Premios Nobel a exponer un tema importante para la persona 21—»aquella que es capaz de entender y navegar el siglo en el que vive»—en no más de veinte minutos. Tengo en mis manos The Great Questions of Tomorrow de David Rothkopf, el ejecutivo jefe de Foreign Policy, en edición de TED Books. Es un libro de formato pequeño y sólo ciento diez páginas que nos abre la mente al futuro multidimensional que llueve sobre nosotros, en lo que el autor llama «el día antes del Renacimiento».
El epígrafe, que Rothkopf certifica ha sido atribuido a Albert Einstein, es la guía de la obra:
Si tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de eso, emplearía los primeros cincuenta y cinco minutos en la determinación de la pregunta adecuada que habría que hacer, porque una vez que supiera la pregunta adecuada podría resolver el problema en menos de cinco minutos.
Rothkopf—ver de él en TED.com una presentación relacionada—hace preguntas muy pertinentes a nuestra adaptación al tsunami que se avecina por causa de la era digital: ¿Quién soy? (¿Quiénes somos?), ¿Quién gobierna? ¿Qué es el dinero? ¿Qué es un trabajo? ¿Qué es la paz? ¿Qué es la guerra? Todas estas cuestiones, que creíamos ya definidas para siempre, adquieren con la explosión digital significados inéditos y complejos, que el autor anticipa y explica. Por ejemplo: «¿Necesitan los gobiernos grandes equipos en sus embajadas cuando tantas comunicaciones ya no pasan de persona a persona y, de hecho, a menudo sobrepasan a los diplomáticos por completo (cuyo papel, después de todo, era fundamentalmente el de correveidiles que llevaban formas de comunicación hoy pasadas de moda)?» O esta noticia: «Sólo el 12% de los miembros del Congreso [de los EEUU] tiene un adiestramiento en ciencia o tecnología, según un estudio del Instituto de Políticas de Empleo en 2011». O, por caso: «Ya existen flujos de datos que mostrarán las fluctuaciones económicas en tiempo real con un increíble nivel de detalle: por comunidades, por cuadras, por familias, por negocios, comoquiera que querramos medirlas. Con el uso de estas herramientas y las nuevas fuentes de datos, el mundo será capaz de encontrar correlaciones jamás imaginadas». Etcétera.
La lectura del libro me produjo algo cercano al vértigo, que potenció algo que me dijo (hablando de otra cosa) quien me lo trajera de regalo: «Ya nosotros estamos de salida; lo que nos toca hacer es para los jóvenes». Terminada la lectura, sentí que el cambio es tan descomunal que tal vez nuestros nietos, ni siquiera nuestros hijos, podrán comprenderlo por completo.
Leer la poderosa obrita de Rothkopf fue a la vez para mí causa de maravilla y sobrecogimiento, y eso que ya yo había planteado en el Coloquio El Comunicador Necesario (19 de mayo de 1994): «Cuando aprendíamos historia universal en la escuela primaria nos enseñaban a dividirla en dos eras, la prehistórica y la histórica, y a dividir a la vez a ésta en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna, Contemporánea. Pues bien, es tiempo de que tomemos conciencia de que estamos, no ya cerrando un siglo, no ya cerrando un milenio y abriendo otro, sino en el mismo comienzo de una nueva edad de la historia, la que me atreveré, en este auditorio de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, a bautizar con un nombre: la Edad Compleja». No hace mucho reincidí en la cosa (El medio es el medio, 29 de abril de 2015):
Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones.
Es mi más decidida y entusiasta recomendación conseguirse una copia del librito de Rothkopf y leerlo. Algún editor inteligente en lengua española debiera publicarlo inmediatamente traducido al castellano. LEA
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* MG era una marca de automóviles deportivos que algunos pavos de los años 50 admirábamos, junto con los Austin Healey, los Triumph, los AC Bristol…
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por Luis Enrique Alcalá | May 3, 2017 | Notas, Política |

Que lo echen a los leones
El 9 de marzo de 2011, Henry Ramos Allup declaraba a Ciudad Ccs: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”.
El 16 de enero de 2013, luego de tomar posesión como Gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski declaró en referencia a algunos compañeros de la MUD: “Muchas veces te ponen la mano en el hombro y después le están clavando a uno el puñal en la espalda”.
El 12 de abril de 2016, Jesús Torrealba explicaba en la Fundación Espacio Abierto, que dirige Luis Manuel Esculpi:
«Yo debo decir que desde el 3 de enero de este año la dirección política de la unidad democrática está severamente aquejada por falta de coherencia y organicidad”. Que las cosas marcharon en armonía allí hasta el día 3 de enero cuando no se obtuvo un acuerdo para elegir al presidente de la Asamblea Nacional y que, por tanto, se tuvo que ir a una elección, que fue lo que produjo un impacto interno. “Ese impacto fue que nuestros compañeros de Primero Justicia, mis hermanos, dijeron: ya va, el G-4 es una estructura que funciona sobre la base de la confianza, y esta confianza ha sido resquebrajada. Esto ya no es un G-4, sino que es un 3 contra 1”. Añadió que a partir de ese momento el grupo ejecutivo tampoco ha podido funcionar porque no tiene normas acerca de cómo tomar decisiones, y que en esta situación se había atravesado un trimestre completo, y un trimestre, a su juicio, en el que había pasado de todo, y argumentó que estas cosas se permitía decirlas públicamente en su carácter de dirigente político independiente «porque hay la necesidad urgente de remediar esta situación, ya que la unidad no se trata de una conquista que le pertenece a los partidos políticos, sino a todos los venezolanos».
Hace nada, María Corina Machado amenazaba con retirar a Vente Venezuela de la Mesa de la Unidad Democrática y declaraba (9 de febrero de 2017) al diario Tal Cual: “Durante mucho tiempo no hubo reuniones en la MUD y ni siquiera había dónde expresarlo. Es un momento de profunda autocrítica para aprender de los errores y para hacer las cosas muy distintas. Creo que uno de los errores fundamentales en los cuales incurrimos en Vente y yo asumo mi responsabilidad directa fue no haber hecho público esas posiciones de profundas diferencias. Las puse por escrito, las dije en encuentros informales, pues no había espacio porque la MUD no se reunía”.
Pero se le ocurre al papa Francisco observar en contestación a una entrevista improvisada lo siguiente acerca de las nuevas peticiones al Vaticano: «Es curioso… la misma oposición está dividida”, y se le llama comunista, se le quiere lapidar y se celebra en Facebook una caricatura de Edo en la que se lo representa como Poncio Pilatos.
Alguien se limitó a comentarme que el Papa había sido inoportuno. La verdad, aunque a veces resulte incómoda—Terencio: “La verdad engendra odio”—, nunca es inoportuna. LEA
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