por Luis Enrique Alcalá | Jun 24, 2021 | Fichas, Política |
Lo que sigue es transcripción de las dos secciones finales de La verdad que ya no podemos eludir (1984), un artículo que ensamblé de textos previos para acompañar la publicación de una conferencia de Arturo Úslar Pietri en la Casa de Venezuela en Tenerife: La Comunidad Hispánica en el mundo de hoy.*Sigo creyendo que lo que allí propuse tiene sentido, que sería benéfico para el muy traumatizado mundo que habitamos.

La portada de la única edición de la segunda Válvula
LOS TABIQUES YA NO EXISTEN
Venezuela resultaría aplastada si pretendiese interponerse entre el Kremlin y la Casa Blanca, como quedaría reducida España dentro de la OTAN y de la Comunidad Económica Europea. Pero fuera del pueblo hispánico no hay otro candidato a ese papel amortiguador, porque no lo es China y no lo es la India ni el Japón y porque Europa es sólo un posible campo de batalla y de los demás ningún otro tiene el tamaño requerido.
Y entonces sí seríamos un mercado enorme, en el que alcanzaríamos la dimensión necesaria a una verdadera industrialización. Entonces sí podríamos salir de la inflación.
Entonces lo que debemos entre todos se tornaría en arma poderosa. Entonces sí podríamos decir a soviéticos y norteamericanos que el conflicto de Centroamérica va a ser digerido en nuestro seno. Entonces la Guyana ya no sería el contendor indespreciable que es para Venezuela, sino lo que Hong Kong es a la China para una federación hispánica. Entonces sí podríamos emprender la senda de la informatización y la modernidad.
Entonces seríamos protagonistas de la “tercera ola”. Lo suficientemente significativos como para proponer incluso la reconstitución de una hermandad más temprana, la del español y el portugués.
Habrá que despejar suspicacias. Habrá que explicar que nuestros Estados conservarían su autonomía ante un gobierno federal democráticamente electo—“constituido por el voto de estos fieles habitantes”. (Acta del 19 de abril). Habría que asegurar que permanecerían las peculiaridades vascas, catalanas, peruanas, mexicanas, canarias, uruguayas, panameñas, colombianas, venezolanas, castellanas.
Habría que darse cuenta de que contaríamos con un tribunal propio y eficaz para dirimir los diferendos territoriales entre nuestros Estados—como los Estados norteamericanos acordaron un procedimiento para dirimir los suyos—y de que entonces sí nos arreglaríamos para explotaciones conjuntas de yacimientos comunes y que ya no tendríamos, por esto, que alienar nuestra voluntad a jueces alemanes o ingleses reunidos en La Haya. Esto es perfectamente posible. El estilo estructural de la nueva democracia española lo permite y lo alienta, como puede colegirse del tratamiento diseñado para los distintos componentes de la nación peninsular: catalanes y vascos, por ejemplo. En efecto, los recientes cambios en la estructura política española facilitan la convergencia con los latinoamericanos, quienes vemos con alivio y alegría la entronización de la libertad en el territorio de la Península.
Es necesario que cesen los partidos y se consolide la unión. El Maestro Grases demostró a la Generalitat catalana cómo el Bolívar tardío, como lo fue el originario, era un Bolívar hispano. Cómo su último sueño era la democracia en la Península que hasta ahora ha sido que Juan Carlos y Adolfo Suárez y Felipe González han podido completar. Sueño al que hubiese dedicado otro juramento si las fuerzas no le hubieran faltado. Él no pudo regresar a la casa paterna puesto que las leyes de la vida le exigían la emancipación. Nosotros sí podemos convocar a todos los hermanos.
Alguien dijo una vez: “Los proletarios no tienen otra cosa que perder que sus cadenas”. Ahora se puede afirmar que los hispanos no tenemos otra cosa que perder que los tabiques. Y éstos, si miramos con atención, ya no están allí. Procesos de actualidad están impulsando una nueva conciencia en este sentido, la que no contradice históricamente el proceso de emancipación de las colonias de la antigua corona española. El interlocutor y hermano peninsular de los latinoamericanos de ahora no es el mismo que combatimos en las guerras de Independencia.
La situación centroamericana es un caso muy claro y contundente. El actual conflicto se resuelve de un modo en el contexto de la tensión entre superpotencias y de un modo distinto dentro de un contexto hispánico. En el primer caso la salida pudiera muy bien ser la detonación de un conflicto de extensión mundial. En el segundo, el marco hispánico puede admitir sin contradicciones regímenes políticos de signo ideológico diverso, pues para él las distinciones entre doctrinas políticas se supeditan al de la unión de un mundo con historia y lengua que sólo adquieren pleno significado en un espacio máximo, más allá de un espacio andino, centroamericano o aun latinoamericano. No estaremos completos sin España.
De allí, por ejemplo, el apoyo que el gobierno español brinda a las iniciativas del Grupo Contadora en relación con la crisis centroamericana y el llamado de atención que ha enviado a las grandes potencias para que se abstengan de considerar a la zona en cuestión como territorio para dirimir disputas que nos son ajenas. Asimismo habrá que entender que hay cuestiones internacionales ante las que los hispanoparlantes asumiremos posiciones coincidentes, como expresión de una conciencia unificada frente a problemas que reconoceremos como propios.
MISIÓN PARA UN PUEBLO OLVIDADO
En su edición del 15 de noviembre de 1982, la revista Newsweek publicó un extenso informe especial sobre el tema del idioma inglés como lengua de comunicación internacional. Luego de señalar que después del chino—hablado sólo por los chinos y fragmentado en varios grupos lingüísticos—el inglés es hablado por unos setecientos millones de personas en el mundo entero, pasa a considerar otros idiomas. Dijo Newsweek: “Sólo otro idioma, sin embargo, ofrece un serio reto como lengua para la comunicación mundial: el francés. De acuerdo con las más generosas estimaciones de París, hay 150 millones de francoparlantes en el mundo”. En el resto del artículo el idioma castellano es ignorado por completo. Curiosamente, la revista eligió olvidar, voluntaria o involuntariamente, a un conjunto de trescientos millones de almas que hablan una sola lengua y que ocupan una extensa zona del planeta que se extiende desde la frontera sur de los Estados Unidos de Norteamérica, se aloja en el continente europeo y alcanza al continente asiático en las Islas Filipinas. Se trata de trescientos millones de personas que hablan español, trescientos millones de personas no tomadas en cuenta por Newsweek.
Han sido los trabajos lingüísticos de Sapir y Whorf los que han destacado con mayor fuerza los diferentes marcos mentales, las diversas metafísicas que los distintos lenguajes imponen a los parlantes. Hay cosas formulables en un idioma que resultan impensables en otro. Se piensa distinto en español que en inglés o en chino. El efecto es profundo y a veces indetectable. Esto significa que hay trescientos millones de personas que piensan parecido porque hablan el mismo idioma: el español. Los pueblos que hablan español están ligados, por supuesto, por razones históricas. Pero si cada una de las naciones del mundo hispánico no hubiese tenido relación con ninguna otra y hubiese inventado el idioma castellano independientemente, esto bastaría para hacerlas muy similares en enfoques y percepciones de las cosas. Efectivamente, es el lenguaje un fenómeno profundo y radical. Es por esto que aunque no tuviésemos razones históricas para considerarnos un solo pueblo, la comunidad metafísica del lenguaje nos presenta la unión como la más sensata opción de futuro.
Pues el hecho lingüístico tiene importantes consecuencias para la época que atraviesa ahora la civilización humana. La característica más notable de la próxima fase en la evolución del hombre estará, como lo confirma una miríada de acontecimientos, asentada sobre el uso extenso e intenso de las tecnologías de comunicación e información. Las formas cotidianas de la dominación, por ejemplo, serán las de dominación por posesión de información. La información se superpone a lo económico como lo económico se superpuso a lo militar. En estas circunstancias, la uniformidad que representa un idioma común es un activo de considerable poder. Para la crisis actual, en la que una excesiva preocupación por el know-how, por las señales y por los medios ha desplazado la preocupación clásica por las finalidades, los contenidos y los significados, la emergencia de una nueva realidad geopolítica con un lenguaje común y una inclinación acusada hacia el mundo de los valores representa una esperanza.
Una vieja leyenda alemana afirma que en el origen del mundo había dos clases de hombres: los héroes y los sabios. Cada mañana, los héroes partían a correr las aventuras que les son propias: doncellas que rescatar, castillos que conquistar y dragones que matar. Al final de la jornada encaminaban sus pasos hacia las cuevas que habitaban los sabios—quizás las cuevas de Altamira—para que éstos les explicaran el significado de lo que habían hecho durante el día. Es un esquema parecido al de Hegel, y en todo caso distante del temperamento español, el que exigiría conocer los significados antes de acometer sus aventuras. Tal vez la historia española se escribe antes de que ocurra.
En 1968 Jorge Luis Borges pasó un tiempo en Cambridge “on the Charles” para enseñar en las aulas de Harvard. Por ese tiempo se le hizo un conjunto de entrevistas muy iluminadoras de su pensamiento. En una de ellas dice diferenciarse de Unamuno en que a éste le angustia la trascendencia y la inmortalidad, mientras que a él, Borges, no le importa si ya no sigue siendo Borges, si no hubiera sido nunca Borges, si no hubiera nunca sido. Es claro que Borges es un redomado mentiroso. Si a alguien le preocupan esas cosas es a Borges, quien no cesa de escribir del infinito, de los espejos y de sus dobles. En el fondo, no puede haber hispano a quien no interese la trascendencia. Es de la trascendencia del hombre, esgrimida contra la posibilidad apocalíptica y maniquea de su eliminación, de lo que precisamente se trata.¶
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* En Krisis: Memorias Prematuras (1986), refiero: «Hacia la segunda mitad de octubre Andrés Sosa Pietri llamó a mi casa una mañana. Ya hacía cierto tiempo que mi oficina había vuelto a mi hogar. Me pidió que le ‘sacara’ el número de diciembre de la revista de sus empresas. Estaba inconforme con lo que se había venido publicando. No fue hasta mediados de noviembre cuando se pudo arribar al concepto de lo que fue el primer número de la revista Válvula». Propuse ese nombre para la revista porque la principal empresa de Sosa era la Constructora Nacional de Válvulas, ignorando que Úslar Pietri había lanzado un importante manifiesto poético ultraísta en 1928 en una revista que se llamó, justamente, Válvula. (Ambas publicaciones, separadas por 56 años, llegaron a editar sólo un único número). En el libro de 1986, expliqué: «Era una locura. Desde fines de noviembre es cuando las imprentas se hallan más atareadas. Se decidió publicar un número dedicado a un solo gran tema: el conjunto de los pueblos hispánicos. Yo tenía la posibilidad de armar rápidamente un texto con lo que había escrito a Arturo Sosa y lo que había dicho en Filadelfia. Se decidió pedir a Arturo Úslar Pietri que escribiese algo. No le fue necesario. Tenía a la mano el texto inédito de una conferencia suya en Tenerife de varios años antes y de una gran actualidad». Más adelante refiero: «La repartí con orgullo. Al Dr. Úslar Pietri le había encantado. Recomendó su envío a España y a universidades norteamericanas. La llevé o entregué personalmente a una buena cantidad de gente. A mi madre y mis hermanos, a mis suegros, a Marcel Roche, que pasaba unos días en Venezuela antes de regresar a representar a Venezuela ante la UNESCO en París, a Abel Figueira Chaves, el dueño del Automercado Los Palos Grandes, a Isidro Dos Santos, mi suplidor de leche y periódicos, a Oscar Avilán, el amistoso cobrador de las cuotas del automóvil, al profesor Horacio Vanegas, a Cruz Arguinzones, mi mensajero, a Elías Santana, el dirigente de las asociaciones de vecinos, a Gerardo Cabañas, entre otros. Son personas en las que tiendo a pensar cuando tengo algo que dar».
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 17, 2021 | Polémica, Política |

La sonrisa de un político feliz
El diario El Universal publicó el noveno día de este mes una nota de prensa que tituló de este modo: «Claudio Fermín afirma que no es el momento de un referéndum revocatorio». Éste es su primer párrafo:
El presidente de Soluciones para Venezuela, Claudio Fermín, destacó que no es el momento de un referéndum revocatorio, ya que, descartada la posibilidad de que el Presidente de la República o la Asamblea Nacional convoquen la consulta, “la única vía sería el proceso de recolección de firmas, pero sería una distracción para las venideras elecciones del mes de noviembre, no se puede convocar de manera improvisada, lo que está planteado como una realidad son las elecciones de gobernadores y alcaldes, hay que plantarse con los pies en la tierra”.
Por supuesto que no es éste el momento y que sólo puede hacerse mediante la recolección de firmas de electores. El Artículo 72 de la Constitución establece con la mayor claridad:
Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.
Obviamente, la mitad del segundo período de Maduro se cumple el 10 de enero de 2022. Visto así, pareciera que Fermín ha descubierto el agua tibia. Concluidas las elecciones estadales y municipales de noviembre, aún faltarían dos meses para que fuese posible convocar un referendo revocatorio de la investidura actual de Nicolás Maduro; en cambio, a partir de ese momento sería posible la revocatoria de su mandato en cualquier fecha del resto de su período, que expira el 9 de enero de 2025. Pero entonces estamos autorizados a suponer que hay dirigentes de las extintas Coordinadora Democrática y su hija única, la Mesa de la Unidad Democrática, que propugnan no distraerse ahora con las elecciones locales, dado que el problema político principal consistiría en el ejercicio presidencial de Maduro. Habrá, seguramente, quien aduzca asimismo la escasez de recursos característica de estos tiempos y la conveniencia de preservarlos para la caza mayor. ¿No es ésa la excusa de la zorra en la fábula de Samaniego? (Es voz común que a más del mediodía,
en ayunas la Zorra iba cazando;
halla una parra, quédase mirando
de la alta vid el fruto que pendía. / Causábala mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas. / Miró, saltó y anduvo en probaduras,
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la Zorra dijo:
”No las quiero comer. No están maduras”. / No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algún intento:
aplica bien el cuento,
y di: No están maduras, frescamente). El registro de Datanálisis en el mes de febrero de este año pareciera fundamentar que es ése el caso:

Sin embargo, el contendiente no está en mejores condiciones:

No debe haber recursos fácilmente disponibles para ninguno de los dos objetivos de la oposición que algunos contraponen, especialmente luego del desperdicio de los invertidos en la elección de Asamblea Nacional de mayoría opositora en 2015, la que resultó ser absolutamente ineficaz. Pero superado noviembre de 2021, en escasos cinco meses a partir de hoy, será indudablemente «el momento de un referéndum revocatorio». (Ver en este blog lo expuesto acá el pasado 25 de marzo en To revoke or not to revoke; that is the question). Algo que pudiera ofrecer Fermín ahora es que en diciembre de este año comenzará a trabajar denodadamente para lograr la cesantía de Maduro por revocación. LEA
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Addenda
El sitio web llamado infobae—por información Buenos Aires—trae hoy una reacción de Juan Guaidó a la temática asumida por Claudio Fermín. Así la titula: «Guaidó señaló que los comicios regionales son una estrategia de la dictadura para dividir la alternativa democrática». Luego expone sobre el tema de esta entrada:
El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, señaló este miércoles que las elecciones regionales y municipales que se celebrarán en noviembre en el país “no son una solución” al “conflicto” en Venezuela, sino “una estrategia de la dictadura”.
En un comunicado compartido por su equipo, Guaidó indicó que “la dictadura” realiza los comicios regionales para dividir a la alternativa democrática.
“Las elecciones regionales no son la solución a la crisis. Eso es un falso dilema, estamos luchando por condiciones. Entendemos que las elecciones regionales no son una solución a nuestro conflicto, necesitamos son elecciones presidenciales”, criticó.
Asimismo, insistió en no reconocer al Consejo Nacional Electoral (CNE), que, en sus palabras, está “tutelado por la dictadura”. “Ellos no pueden ni siquiera convocar una elección presidencial porque obedece a la dictadura”, dijo.
Primeramente, llamar a Juan Guaidó «presidente interino» no es información sino lo contrario; no es información veraz sino información falaz. Luego, las declaraciones del lamentable exdiputado son una instancia adicional de la misteriosa facultad de más de un político que parece penetrar la mente de algún adversario y conocer cuáles son sus verdaderas intenciones. (“Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquier persona crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente”. William Clifford, La Ética de la Creencia). Las elecciones de autoridades estadales y municipales están pautadas constitucionalmente, y hay que realizarlas aunque las entienda el Sr. Guaidó como «estrategia de la dictadura».
(Leyendo esto último, el amigo Orlando Amaya observó con grande y pedagógica agudeza: «Si navegamos en la ola de la locura, un golpista diría que hay que tumbar dos gobiernos». Esto es, el «fraudulento» de Maduro y el «legítimo» de Guaidó).
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 14, 2021 | Letras, Otros temas |

Los esposos Borges-Kodama
Hoy se cumplen 35 años de la muerte de Jorge Luis Borges, grande entre los grandes escritores en lengua castellana. El 3 de noviembre del año pasado, infobae publicó su última narración explicándola así:
El cuento que Borges dictó poco antes de morir: una traición, una ejecución y una culpa que lo acompañó hasta el final – “Silvano Acosta”, un texto breve inédito hasta hace unos días, recorre una historia que involucró a su abuelo militar y un desertor. El autor de “El Aleph” conoció el relato, oculto por décadas, gracias a una subasta. 19 de noviembre. 1985. Primeras horas de la mañana. Una sensación extraña recorre a Jorge Luis Borges y le pide a María Kodama que tome lápiz y papel. Y le dicta: “Desde el momento de nacer contraje una deuda, asaz misteriosa, con un desconocido que había muerto en la mañana de tal día de tal mes de 1871”.
Acá está su brevísimo texto:

De la mano de María Kodama
Silvano Acosta
Mi padre fue engendrado en la guarnición de Junín, a una o dos leguas del desierto, en el año de 1874. Yo fui engendrado en la estancia de San Francisco, en el departamento de Río Negro, en el Uruguay, en 1899. Desde el momento de nacer contraje una deuda, asaz misteriosa, con un desconocido que había muerto en la mañana de tal día de tal mes de 1871. Esa deuda me fue revelada hace poco, en un papel firmado por mi abuelo, que se vendió en subasta pública. Hoy quiero saldar esa deuda. Nada me costaría fantasear rasgos circunstanciales, pero lo que me ha tocado es lo tenue del hilo que me ata a un hombre sin cara, de quien nada sé salvo el nombre, casi anónimo ahora, y la perdida muerte.
Asesinado Urquiza, la montonera jordanista asedió a Paraná. Una mañana entraron a caballo en la plaza y dieron la vuelta golpeándose la boca y gritando algún sapucai* para hacer burla de la tropa. No se les ocurrió apoderarse de la ciudad.
Para levantar el sitio, el gobierno envió al regimiento número dos de infantería de línea. Faltaban plazas y una leva recogió algunos vagos en las tabernas y en las casas malas del Bajo. Acosta fue apresado en esa redada, entonces común. Nada me costaría atribuirle una parroquia de Buenos Aires o un oficio determinado—peón de albañil o cuarteador—pero esa atribución haría de él un personaje literario y no el hombre que fue lo que fue. A la semana desertó del cuartel y se pasó a los montoneros. Tal vez pensó que la disciplina entre gauchos sería menos severa que en las filas de un ejército regular. Tal vez quería desquitarse de haber sido arrastrado a la guerra. Prosiguió la campaña y un Destacamento del Dos trajo prisioneros. Alguien reconoció al pobre Acosta. Era un desertor y un traidor. El coronel Francisco Borges, mi abuelo, firmó la sentencia de muerte con la buena caligrafía de la época. Cuatro tiradores la ejecutaron.
Yo nací treinta años después. Un vago sentimiento de culpa me ata a ese muerto. Sé que le debo una reparación, que no le llegará. Dicto esta inútil página el diecinueve de noviembre de 1985. ¶
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* Un sapucai es un grito largo y agudo, usado como llamado o signo de júbilo. Es típico de la cultura guaraní, muy difundido en la región litoral de Argentina y las provincias de Corrientes, Chaco, y Formosa. Es particularmente usado en la cultura del Chamamé y por los pescadores de la región. Etimológicamente, su origen parece provenir del guaraní sapukái (“grito; gritar, clamar”); según informes populares, “grito triunfal del mensú o hachero al derribar un árbol”. El sapucai tiene muchos significados. Para unos es un grito que se usaba en los eclipses para pedirle a Dios que no acabara con el mundo, para otros es un grito que describe emociones y que puede ser distinguido por personas como sucedió en el conflicto de la Guerra de las Malvinas, cuando los soldados hacían sus sapucai y sus compañeros lo podían distinguir y sentir dolor, impotencia u honor por luchar por su patria . (Wikipedia en Español).
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Más de infobae sobre Borges: https://www.infobae.com/cultura/2021/06/13/la-literatura-la-ceguera-la-democracia-el-amor-el-feminismo-las-opiniones-contundentes-de-jorge-luis-borges/
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«Y es que las amistades de Tony eran, todas, con gente valiosa. Tenía que ser así, pues nunca supe que hiciera algo que no fuera importante, y en cambio siempre supe que en sus relaciones invertía afecto, el que siempre reciproqué». Eso escribí de Antonio Casas González el pasado 1º de abril, y hoy la gentil amiga Elsa Pineda me hizo llegar esta foto en la que Tony aparece al lado de Jorge Luis Borges:

Debe haber sido tomada hacia 1968, cuando Borges fue profesor—¡de literatura inglesa!—en la Universidad de Harvard y Tony trabajaba en el Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington. «En 1968 Jorge Luís Borges pasó un tiempo en Cambridge ‘on the Charles’ para enseñar en las aulas de Harvard. Por ese tiempo se le hizo un conjunto de entrevistas muy iluminadoras de su pensamiento. En una de ellas dice diferenciarse de Unamuno en que a éste le angustia la trascendencia y la inmortalidad, mientras que a él, Borges, no le importa si ya no sigue siendo Borges, si no hubiera sido nunca Borges, si no hubiera nunca sido. Es claro que Borges es un redomado mentiroso. Si a alguien le preocupan esas cosas es a Borges, que no cesa de escribir del infinito, de los espejos y de sus dobles. En el fondo, no puede haber español a quien no interese la trascendencia». (En carta a Arturo Sosa, 7 de septiembre de 1984).
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 7, 2021 | Educación, Otros temas |

A Nacha
Una vez que una acción está hecha es correcta o incorrecta para siempre, y ningún fracaso accidental de sus buenas o malas consecuencias puede posiblemente alterar eso. (…) La cuestión del bien o el mal tiene que ver con el origen de su creencia, no con su sustancia; no con lo que era sino con cómo la obtuvo; no si a fin de cuentas resultó ser verdadera o falsa, sino si tenía el derecho de creer a partir de la evidencia que tenía frente a sí.
William Kingdon Clifford – La Ética de la Creencia
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William K. Clifford
En su obra fundamental, La Ética de la Creencia, William Clifford nos legó la substancia de la postura intelectual conocida como evidencialismo.* Puede resumirse el aporte de Clifford en una sentencia inapelable: «Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquier persona crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente». (Citas favoritas, 15 de junio de 2016).
«Muy cerca de la postura de Clifford está la expresada por John Erskine en La obligación moral de ser inteligente, puesto que ambos son de la opinión de que el conocimiento no es una cosa que pueda elegirse tener o no tener, según nuestro capricho. Desde el momento cuando terceras personas son afectadas por nuestras acciones, debemos a los otros el asegurarnos, hasta donde sea posible, de que no resultarán dañados por nuestra ignorancia. Es posible decir, entonces, que es nuestro deber ser inteligentes». (Un tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).
Y esto es principalmente así en nuestras opiniones políticas, que usualmente son formuladas desde reacciones instantáneas cargadas de emocionalidad y prejuicios. Siendo que una opinión política incide sobre el juicio colectivo, debemos tener el mayor cuidado al expresarla.
Procuraré comunicar interpretaciones correctas del estado y evolución de la sociedad general, de modo que contribuya a que los miembros de esa sociedad puedan tener una conciencia más objetiva de su estado y sus posibilidades, y contradiré aquellas interpretaciones que considere inexactas o lesivas a la propia estima de la sociedad general y a la justa evaluación de sus miembros. (Código de Ética Política, 24 de septiembre de 1995).
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John Erskine
Juan Erskine fue un notable educador; en su segunda responsabilidad como profesor universitario, enseñó durante 28 años en la Universidad de Columbia, en la que sembró la semilla de lo que luego se conocería como el movimiento de los Great Books, que materializara la Enciclopedia Británica en su colección de obras fundamentales que justamente lleva ese nombre. Era también Erskine un notable pianista y compositor, y a partir de esa vocación llegaría a ser el primer Presidente de la afamada Escuela de Música Juilliard en Nueva York, y Director de la Ópera Metropolitana de la misma ciudad, en la que brillaron en sucesión Enrico Caruso, Beniamino Gigli y Jussi Bjoerling, por mencionar sólo a sus tenores más notables.
Su predecesor, Guillermo Clifford, «fue un matemático y filósofo inglés. (…) Es conocido por su defensa del evidencialismo frente a la responsabilidad moral de creer en aquello de lo que no se tienen pruebas. (…) En 1870 escribió On the space theory of matter (Sobre la teoría espacial de la materia), en la que argüía que energía y materia eran simplemente diferentes tipos de curvatura del espacio. Esas ideas jugaron luego un papel fundamental en la teoría general de la relatividad».** (Wikipedia en Español).
Gracias, Guillermo; gracias, Juan. LEA
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* «El evidencialismo es una tesis en epistemología que establece que uno está justificado para creer algo si y sólo si esa persona tiene evidencia que respalde su creencia. El evidencialismo es, por tanto, una tesis sobre qué creencias están justificadas y cuáles no». (Wikipedia).
** Es decir, Clifford, quien viviera sólo 34 años, se adelantó en 46 al postulado principal de la obra cimera de Albert Einstein.
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 5, 2021 | Política, Terceros |

El más grande de los Padres Fundadores de los EEUU
Yo creo que ésta es la más extraordinaria colección de talento y conocimiento humano que se haya reunido alguna vez en la Casa Blanca, con la posible excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba en ella solo.
John F. Kennedy (el 29 de abril de 1962, en cena de agasajo a 49 Premios Nobel)
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He aquí una muestra incompleta de citas de Jefferson sobre la libertad de prensa, tomadas de entrada en este blog del 15 de febrero de 2017: La defensa de Tomás.
-Nuestra libertad depende de la libertad de prensa, y ella no puede limitarse sin perderla. (Carta al Dr. James Currey, 28 de enero de 1786).
-Siendo la base de nuestro gobierno la opinión del pueblo, su primer objeto debe ser el mantenimiento de ese derecho; si me fuere dado decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un instante en preferir lo segundo. (Carta al coronel Edward Carrington, 16 de enero de 1787).
-Estoy por la libertad de prensa, y en contra de toda violación de la Constitución para silenciar por la fuerza y no por la razón las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos contra la conducta de sus agentes. (Carta a Elbridge Gerry, 26 de enero de 1799).
-Para preservar la libertad de la mente humana y la libertad de prensa, todo espíritu debiera estar presto a entregarse al martirio, puesto que mientras pensemos como queramos y hablemos como pensamos, la condición del hombre procederá a mejorar. (Carta a William Green Mumford, 18 de junio de 1799).
-Ningún experimento puede ser más interesante que el que ahora intentamos, y que confiamos terminará estableciendo el hecho de que el hombre puede ser gobernado por la razón y la verdad. Nuestro primer propósito debe ser, entonces, mantener abiertas para él todas las avenidas que llevan a la verdad. La más eficaz encontrada hasta ahora es la libertad de prensa. Es, por consiguiente, la primera que es cerrada por aquellos que temen la investigación de sus acciones. (Carta al juez John Tyler, 28 de junio de 1804).
-Si una nación espera ser ignorante y libre, en estado de civilización, espera lo que nunca fue y nunca será. Los funcionarios de todo gobierno propenden a ordenar a voluntad sobre la libertad y la propiedad de sus constituyentes. No hay seguridad de ambas que no sea el mismo pueblo, ni podrán estar seguras sin información. Donde la prensa sea libre, y todo hombre capaz de leer, todo estará seguro. (Carta al coronel Charles Yancey, 6 de enero de 1816).
-La única seguridad de todo reside en una prensa libre. La fuerza de la opinión pública no puede ser resistida cuando se permite que se exprese libremente. Debemos someternos a la agitación que produzca. Ella es necesaria para mantener las aguas puras. (Carta al Marqués de Lafayette, 4 de noviembre de 1823).
En contestación a comentario de Orlando Amaya a la entrada citada, le puse: «Jefferson reconoció (en la tercera de las citas) que podía haber quejas y críticas justas e injustas de la opinión ciudadana. Aun así, hay formas de defenderse de la calumnia que no son cortarle la lengua a quien difame, y la trayectoria del chavismo-madurismo no es algo que pueda ser absuelto». LEA
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