Desinformación móvil

Mucha gente recibe en sus dispositivos móviles noticias mayormente políticas, narradas varias veces al día, que produce un tal «Servicio de Información Pública». Hoy comienzan así las que he recibido de rebote poco después de mediodía:

Bueno, habrá que explicar una vez más, esta vez a la Internacional Demócrata de Centro*, que el Sr. Juan Guaidó no es y nunca ha sido Presidente interino de Venezuela y que la Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015 agotó su período constitucional el 5 de enero de este año. No es una organización partidista internacional el ente llamado a proclamar tales patrañas como si tuviera autoridad para hacerlo.  (Ver en este blog El caso Venezuela, un deporte internacional, del 5 de febrero de 2019 o, antes, La Revolución Marrón, del 30 de enero del mismo año).

El Servicio de Información Pública haría bien en informar responsable y críticamente, con bases serias, o cambiarse el nombre a Servicio de Desinformación Pública (SDP). LEA

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*La Internacional Demócrata de Centro – Internacional Demócrata Cristiana (en inglés Centrist Democrat International, en francés: Internationale Démocrate Centriste), llamada hasta 2001 sólo Internacional Demócrata Cristiana, es una asociación compuesta por partidos políticos demócratacristianos y socialcristianos de distintos países y cuya ideología, según su declaración de principios, se basaba en el humanismo cristiano. La organización nació en el año de 1961 bajo el nombre de Unión Mundial Demócrata Cristiana. (Wikipedia en Español).

Dice inequívocamente el octavo mandamiento de la «Ley de Dios», que obliga a los cristianos: «No darás falso testimonio ni mentirás».

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Fechas ¿imprevistas?

 

Una fecha infame

 

…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario.

Alexis de Tocqueville – El Antiguo Régimen y la Revolución (1856)

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He dejado pasar inadvertidamente, al encontrarme convaleciente, un nuevo aniversario de una fecha infame que además fuera perfectamente evitable; me refiero al 4 de febrero de 1992, del que hace dos semanas se cumpliera veintinueve años. Así se inicia el primer capítulo—La democracia sangraba—de Las élites culposas, libro del suscrito publicado en 2012:

Por la ventana de mi cuarto escuchaba las detonaciones del asalto a la residencia presidencial de La Casona, a la una de la madrugada del 4 de febrero de 1992. Una desazón irresoluble me había atrapado, aumentada porque había buscado evitar, sin éxito, lo que ahora se desarrollaba sin clemencia. Varios venezolanos morirían abaleados o bombardeados y no se tenía seguridad acerca del desenlace. En esos momentos era todavía posible que el sistema democrático fallara y fuera interrumpido, que los golpistas desconocidos triunfaran y asumieran el poder en Venezuela.

Siete meses y catorce días atrás, el 21 de julio de 1991, El Diario de Caracas había publicado un artículo mío—Salida de estadista—, en el que recomendaba la renuncia del presidente Pérez como modo de eludir, justamente, lo que estaba ocurriendo a pocas centenas de metros de mi casa. Allí puse: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal”.

Saludado como exageración—el Director del periódico, Diego Bautista Urbaneja, escribió tres días después sobre mi planteamiento: “No creo que exista un peligro serio de golpe de Estado…”—, el expediente de la renuncia sería luego propuesto por nada menos que Rafael Caldera, Arturo Úslar Pietri y Miguel Ángel Burelli Rivas, después de la intentona del 4 de febrero. Yo la había recomendado antes del abuso. Herminio Fuenmayor, el Director de la Inteligencia Militar, declaró que había en marcha una campaña—¡el íngrimo artículo!—para lograr la renuncia de Pérez. El general Alberto Müller Rojas, luego jefe de campaña de Hugo Chávez Frías, escribió en El Diario de Caracas sobre la ingenuidad de mi proposición. Al año siguiente, y luego de la intentona, volvió a escribir en adulación a Úslar Pietri, señalándolo como “el primero” que había solicitado la renuncia de Pérez. La verdad era que un mes escaso antes del golpe Úslar proponía que Pérez se pusiera al frente de ¡un gobierno de emergencia nacional! El interés oportunista de Müller Rojas era obvio: habiendo gravitado antes por los predios de aquel “Frente Patriótico”* que lideraba Juan Liscano, quería ahora ser contado entre “Los Notables” que rodeaban a Úslar Pietri.

Pero antes, todavía, alerté sobre el peligro de un golpe de Estado. En Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela (septiembre de 1987), había escrito: “…el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable”.**

El liderazgo político venezolano de las dos últimas décadas del siglo pasado no dominaba lo que Tocqueville llamó «el verdadero arte del Estado», el que exige «una capacidad para predecir el futuro». LEA

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* Esta asociación más o menos informal fue la primera que promovió la idea de una asamblea constituyente, desde 1989, luego de la Constitución de 1961. Entre sus miembros estuvieron Luis Miquilena y Manuel Quijada.

** La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar.

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La Cámara de las Comunas

Foto de El Universal

 

Cámara de los Comunes (en inglés: House of Commons) es el nombre de las cámaras bajas de los parlamentos bicamerales de Reino Unido y Canadá. La expresión «Comunes» hace referencia al hecho de que los componentes de la Cámara eran originariamente representantes de las ciudades, en oposición a los miembros de la Cámara de los Lores, todos ellos miembros de la nobleza y la jerarquía de la Iglesia de Inglaterra.

Wikipedia en Español

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Ayer publicó la web de El Universal una nota que tituló así: Maduro entregó a diputados leyes para crear el Estado Comunal. Allí pone:

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, hizo entrega al presidente de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, de los dos primeros Proyectos de Ley redactados por el Poder Popular. Se trata de la Ley del Parlamento Comunal y la Ley de las Ciudades Comunales, las cuales serán evaluadas y estudiadas por el Poder Legislativo. (…) El Mandatario nacional afirmó que el siglo XXI venezolano se definirá por el fortalecimiento del Estado Comunal, durante el acto de clausura del Congreso Nacional de Comunas 2.0. La comuna «debe ser el futuro y la garantía de la patria. La comuna tiene que saber a pueblo, a verdad, a familia, a comunidad», recalcó. (…) Asimismo, destacó el Jefe de Estado que en la actualidad, «tenemos 3.265 comunas y 48.565 Consejos Comunales». El Congreso Nacional de las Comunas 2.0 se desarrolló entre el pasado 20 de octubre de 2020 y este mes de febrero, a través de videoconferencias, debido a la pandemia del Covid-19.

Esto es película ya vista. El 16 de diciembre de 2015 reportaba la web del mismo periódico:

Durante una nueva emisión del programa rutinario de todos los martes, Con el Mazo Dando, Cabello explicó que el Parlamento Comunal, juramentado el pasado martes, está respaldado por la Constitución venezolana. Cabello fundamentó sus argumentos en el artículo 5 de la Constitución. “Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”, citó el presidente de la Asamblea Nacional.  (…) “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la Ley” añadió el diputado. Explicó que la Ley a la que se refiere dicho texto es la Ley Orgánica de las Comunas. (…) Según la interpretación de Cabello, el párrafo constitucional al que hace referencia, contempla que el máximo ente competente en materia jurídica es el pueblo y el Poder Legislativo tiene que responder primeramente a las directrices de la comunas.

Claro que eso era resollar por la herida. Cabello había sido herido malamente apenas diez días antes, cuando los candidatos de la oposición a la Asamblea Nacional se habían alzado con la mayoría absoluta de curules el 6 de diciembre de aquel año. Él había presidido precisamente el mismo cuerpo sin que durante su titularidad se le ocurriese el cuento de que el Poder Legislativo Nacional, en defectuosa interpretación de nuestra juridicidad, quedaba sometido al tal «parlamento comunal». Entonces se le opuso acá lo siguiente:

No, Sr. Cabello, las comunas no eligieron a la Asamblea Nacional; ésta fue elegida directamente por los ciudadanos, sin ninguna clase de intermediación comunal; es a ellos a los que responde, y la palabra comuna no aparece en ninguna parte de la Constitución». De seguidas se le explicó: «Lo más cercano al término es esta prescripción: Artículo 184. La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los Estados y los Municipios descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos vecinales organizados los servicios que éstos gestionen previa demostración de su capacidad para prestarlos, promoviendo (…) 5. La creación de organizaciones, cooperativas y empresas comunales de servicios, como fuentes generadoras de empleo y de bienestar social, propendiendo a su permanencia mediante el diseño de políticas donde aquellas tengan participación». Por ejemplo, una cooperativa o empresa comunal para limpieza de oficinas o servicio de taxi. Pero las comunas o soviets venezolanos son una tramposa e inconstitucional creación del chavismo para escapar del referendo de 2007, cuando los proyectos de reforma de la Constitución introducidos por el Presidente de la República y la Asamblea Nacional fueron rechazados. El 2 de diciembre de ese año, una mayoría del Poder Constituyente Originario negó, entre otras cosas, esta pretensión de reformar el Artículo 16: «Sobre la conformación del territorio nacional. Aparece como unidad política primaria la ciudad, la cual estará integrada por comunas ‘células sociales del territorio’, las cuales a su vez estarán conformadas por las comunidades, ‘cada una de las cuales constituirá el núcleo territorial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano'», (Wikipedia en Español). Lo que la Constitución establece es lo siguiente: «Artículo 16. Con el fin de organizar políticamente la República, el territorio nacional se divide en el de los Estados, Distrito Capital, las dependencias federales y los territorios federales. El territorio se organiza en Municipios». Y también: «Artículo 136. El Poder Público se distribuye entre el Poder Municipal, el Poder Estadal y el Poder Nacional. El Poder Público Nacional se divide en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Electoral». Y por último: «Artículo 168. Los Municipios constituyen la unidad política primaria de la organización nacional, gozan de personalidad jurídica y autonomía dentro de los límites de la Constitución y de la ley».

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Asimismo se había registrado acá el 17 de diciembre de 2015—en Un «parlamento» Helene Cursis (que sí sabe de Cabellos)—que el Pueblo venezolano «no había mostrado entonces un notable entusiasmo por el parto de los montes de la ley de comunas (con el ojo ciego y desentendido de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que ha debido declarar su inconstitucionalidad)», lo que se justificó en un registro de la época por Venebarómetro (Croes, Gutiérrez & Asociados):

El Pueblo no quiere un estado comunal (clic amplía)

 

Ahora es igualmente claro que el presidente Maduro se siente triunfador. Luego de una increíble serie de torpezas, la oposición formal a su desgobierno ha perdido el control de la Asamblea Nacional, lo que ha fortalecido a los socialistas que aún lo siguen. Ya se ha notado tal resultado por cancillerías extranjeras, como igualmente el colapso de las equivocadísimas pretensiones centradas en la telenovela de la que Juan Guaidó fuera protagonista. Pero ese innegable cambio político no le da la razón a Maduro; nuestro orden constitucional no contempla un «Estado Comunal.» El actual Presidente de la República convocó el 1º de mayo de 2017, en ejercicio de su clara atribución constitucional, una asamblea constituyente disuelta recientemente, sin que su «labor» de más de tres años incluyera leyes de un parlamento comunal y de ciudades comunales, cambios constitucionales que de todos modos habrían tenido que ser aprobados en referendo, pero el desempeño de la fenecida constituyente no produjo un proyecto de nueva constitución. Supongo que Maduro dirá que lo que es igual no es trampa, y que los opositores que controlaron hasta el 5 de enero de este año la Asamblea Nacional aprobaron el engendro inconstitucional de un tal «estatuto de transición», en evidente e inválido exceso.

Pero el error de mi contendiente no es causa de mi acierto. LEA

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Parte médico

A eso de las siete de la noche del domingo 3 de enero de este año 2021, me encontraba tramitando una hallaca ante el mesón de la cocina de la casa cuando sufrí un desvanecimiento que me hizo reclinar la cabeza para posarla ante mi plato. El episodio sería luego diagnosticado como síncope vagal, causado por la ingesta inadvertida del doble de la dosis típica de sildenafil. Lo cierto es que perdí el conocimiento.

Mi esposa, alarmada, reclutó de inmediato la ayuda de nuestro hijo y nuestro yerno, que viven cerca de nosotros, y ellos me subieron a un carro que me llevó a una primera clínica, donde recuperé la conciencia y fui sometido a una batería de exámenes, que incluyó pruebas cardiológicas y tomografía axial computarizada del tórax. Esta última reveló la presencia de un nódulo en el vértice del pulmón izquierdo. El médico jefe requirió un examen ulterior que practicara un cirujano especialista, quien programó para el 26 de enero la resección del mismo, mientras se cumplía trámites requeridos por el seguro de salud que me ampara. Esta operación ocurrió en un centro médico distinto del inicial.

Ayer lunes, el cirujano me examinó y me declaró curado, luego de hacerme conocer el siguiente reporte citológico:

 

En síntesis, me fue extirpado un nódulo canceroso y suficiente tejido circundante para asegurar la remoción total de tejido maligno. El cáncer ha desaparecido, tanto así que no se programó ni radiaciones ni quimioterapia posteriores. Deberé reportarme dentro de tres meses.

Mi error, al ingerir el doble de la dosis máxima unitaria de sildenafil, condujo a la detección del nódulo pulmonar y su oportuna y total resección. Deo gratias.

LEA

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Caldera & Pietri

A una prole de excepción

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El gran repositorio documental que es YouTube preserva un discurso excepcional de un orador que fue siempre excepcional. Así lo presenta:

A un mes del 4 de febrero de 1992, Rafael Caldera enfrenta a partidarios de los militares alzados en un foro en el que participó en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Invitado por el rector Luis Fuenmayor y compartiendo el escenario con Andrés Velázquez, Caldera ataca al militarismo, a la tesis del gendarme necesario, al Cesarismo Democrático y hace una defensa de la institucionalidad democrática.

Dice el presidente Caldera que la culpa no la tiene la democracia sino los dirigentes que han abusado de ella para su provecho personal e insiste en que hay salida democrática y tenemos que luchar por ella.

«Traicionaría mi vida si viniera aquí por acto de demagogia a instarlos a ustedes a realizar acciones insurreccionales», dijo en esa ocasión ante una UCV a la que volvía después de muchos años, desde antes de haber ejercido la presidencia por primera vez.

 

 

Sobre el impresionante discurso de Rafael Caldera Rodríguez, Senador Vitalicio, en el Congreso de la República el 4 de febrero de 1992, puse en Las élites culposas:

Caldera estaba diciendo, valientemente, la verdad. Más valientemente continuó: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad… El golpe militar es censurable y condenable en toda forma, pero sería ingenuo pensar que se trata solamente de una aventura de unos cuantos ambiciosos que por su cuenta se lanzaron precipitadamente y sin darse cuenta de aquello en que se estaban metiendo”. Tenía razón, como lo hemos comprobado los venezolanos hasta la saciedad. Cuatro días después del primer levantamiento militar de 1992, el diario El Nacional publicó un artículo firmado por Manuel Alfredo Rodríguez, llamado sencillamente “Caldera”. En éste expuso: “El discurso pronunciado por el Maestro Rafael Caldera el 4 de febrero, es un elevado testimonio de patriotismo y un diáfano manifiesto de venezolanidad y humanidad. Pocas veces en la historia de Venezuela un orador pudo decir, con tan pocas palabras, tantas cosas fundamentales y expresar, a través de su angustia, la congoja y las ansias de la patria ensangrentada”. Y para que no cupieran sospechas aclaró: “Nunca había alabado públicamente a Rafael Caldera, aunque siempre he tenido a honra el haber sido su discípulo en nuestra materna Universidad Central. Nunca he sido lisonjero o adulador, y hasta hoy sólo había loado a políticos muertos que no producen ganancias burocráticas ni de ninguna otra naturaleza. Pero me sentiría miserablemente mezquino si ahora no escribiera lo que escribo, y si no le diera gracias al Maestro por haber reforzado mi fe en la inmanencia de Venezuela”. Nada menos que eso después de declarar: “La piedra de toque de los hombres superiores es su capacidad para distinguir lo fundamental de lo accesorio y para sobreponerse a los dictados de lo menudo y contingente. Quien alcanza este estado de ánimo puede meter en su garganta la voz del común, y mirar más allá del horizonte”.

Pero todavía hay hoy contradictorios cobradores de muy escasa inteligencia política:

La misma fauna que cobra odiosamente a Caldera sus palabras, aplaude en Facebook éstas de Nelson Mandela: “La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndole”.

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La compañera de ese hombre plenamente excepcional fue, ella misma, una dama excepcional.

 

 

La prole que nos legaron—Mireya Alicia, Rafael Tomás, Juan José, Alicia Elena, Cecilia Antonia, Andrés Antonio—es asimismo excepcional. No podía ser de otra manera.

He dejado constancia de esta inconmovible opinión:

De los Caldera Pietri puedo afirmar lo mismo que dije de los hermanos Sucre-Eduardo—Andrés, el mayor de éstos, firmó con Caldera el acta fundacional de COPEI el 13 de enero de 1946—en el prólogo a Alicia Eduardo: Una parte de la vida (Fundación Empresas Polar), el libro de mi esposa sobre sus abuelos paternos:

La nobleza, la solidaridad, la discreción, la alegría, el sentido de realidad, la noción del deber ineludible, la paciencia, el respeto del prójimo y lo ajeno, el espíritu de cuerpo, la seriedad, (…) la falta de pretensión y una orientación práctica y desenredada hacia la vida, son rasgos comunes a los Sucre Eduardo, y esa múltiple conjunción, reiterada doce veces, sólo puede explicarse en la labor paternal y maternal de Andrés y Alicia.

Los Caldera-Pietri sólo se explican a partir de la labor familiar de Rafael Caldera y Alicia Pietri, y su excelencia es la cosecha de su séxtuple siembra.

Siempre estaré agradecido de su amistad. LEA

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