Crimen y Castilla

 

La tortura de la lengua es práctica antigua (friso en la Catedral de Santiago de Compostela, s. XII)

 

En agradecimiento de la visita de Ana Luisa Capdeviele

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¿Qué importan las palabras si expresan lo que queremos decir?

Fiódor Dostoyevski – Crimen y castigo, Capítulo IV

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Prescribe el Artículo 9 de la Constitución: «El idioma oficial es el castellano» (idéntica provisión a la del Artículo 6 de la constitución precedente, de 1961) y la autoridad suprema sobre ese idioma es la Real Academia de la Lengua, de la que pudiera decirse parafraseando nuestro vigente lenguaje constitucional (Art. 336):

La Real Academia de la Lengua garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios gramaticales; será la máxima y última intérprete del castellano y velará por su uniforme interpretación y aplicación.

El significado de castellano, por supuesto, nos informa esa misma Academia, es «Natural de Castilla, región de España» y también «Perteneciente o relativo al castellano», en tanto lengua, dialecto o variedad. (En total, lo que llamamos el DRAE, herramienta fundamental de nuestros tribunales, registra 18 acepciones del término.

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El libro de Rosenblat

En la introducción de su libro Buenas y malas palabras, ya advertía el gran filólogo Ángel Rosenblat:

Si una expresión es del habla popular o familiar, tiene su legitimidad en sí misma. La manera de hablar del pueblo venezolano, o del colombiano, argentino, castellano o andaluz, debe inspirar siempre el mayor respeto. La voz del pueblo es casi siempre la voz de Dios. Pero con el habla culta, la del libro, del periódico o de la conferencia, la actitud debe ser distinta. La lengua se afina desde la escuela hasta la universidad, desde la carta hasta el libro o el periódico, desde la conversación hasta la conferencia, y el filólogo no puede de ningún modo permanecer indiferente ante el uso del lenguaje o la educación del lenguaje. La lengua popular y familiar debe tener color local, debe ser espontánea y vivaz. En cambio, la lengua culta obedece a normas generales de unidad hispánica.

Antes había explicado el título de la más famosa de sus obras: «…fue el que me sugirió Mariano Picón Salas, con cierta picardía, para mi colaboración en el «Papel Literario» de El Nacional. Desde mi punto de vista filológico no hay «malas palabras». Toda palabra, cualquiera que sea la esfera de la vida material o espiritual a que pertenezca, tiene dignidad e interés histórico y humano».

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Otra cosa es lo gramatical, la fisiología del lenguaje, su mecánica, sus reglas para combinar palabras, que son sólo los átomos de las moléculas del discurso: las oraciones, cuya composición está igualmente sujeta a la gramática («Parte de la lingüística que estudia los elementos de una lengua, así como la forma en que estos se organizan y se combinan» Diccionario de la Lengua Española).

En el plano meramente léxico, como asentara Rosenblat, si una palabra es empleada y entendida por un número apreciable de parlantes de una lengua específica entonces debe ser admitida. Desde la publicación póstuma (1916) del Curso General de Lingüística de Ferdinand de Saussure, sin embargo, se distingue entre lengua y habla: «Una de las dicotomías más importantes que realiza se da al separar el lenguaje en lengua o langue (sistema de signos) y en habla o parole (manifestación particular de ese sistema en el acto de comunicación)». (Wikipedia en Español). Es lo primero, el sistema de signos, lo que se define por un conjunto de reglas gramaticales. En castellano, por caso, es gramaticalmente incorrecto el cierre de una oración con una preposición, como sí es posible en el terrible (y preciso) idioma alemán: «Ich mache die tür mit dem schlüssel…» Hasta allí sabemos que se le va a hacer—mache, de donde proviene el inglés make—algo a la puerta (tür, door) con la llave (schlüssel), y no es sino al cierre de la oración en aufzu cuando nos enteramos de si es abrirla o cerrarla. ¡Uf! Una lengua que se construye para el suspenso.

La gramática del castellano, especialmente después del monumental trabajo de Andrés Bello, es extraordinariamente lógica* y coherente, y a eso contribuye una pronunciación consistente. Otras lenguas no son tan uniformes; para burlarse del inglés en el que escribía, George Bernard Shaw retó al público que asistía a una de sus conferencias a que pronunciara una palabra por él inventada, la que escribió en un pizarrón: ghoti. Algunos asistentes propusieron (en aproximación fonética castellana) goutigotái. Shaw les dijo que la pronunciación correcta era ¡la de fish! (pez) y argumentó: «En enough (enof, suficiente) la combinación gh suena como efe; en women (uimen, mujeres) la o se pronuncia como i, y en rationnation (reishon o neishon, ración o nación) las letras ti suenan como sh». No tenemos ese problema de inestabilidad en la pronunciación** española; tampoco lo tenemos con nuestra gramática, en la que hay sólo muy pocas excepciones a sus perfectas y muy razonables reglas.

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Las causas del cambio lingüístico son diversas; una particularmente frecuente es la de series cortas de verbos a los que corresponde un sustantivo que a su vez da origen a otro verbo. Por ejemplo, la serie promover, promoción, promocionar, o la de influir, influencia, influenciar. (Una noción relativamente reciente es la inglesa de influencer, y el diccionario aún no reconoce «influenciador», lo que no arredra a la parla ejecutiva, que simplemente opta por decirlo en inglés). Más de una vez, ese mecanismo generador arriba a vocablos tan innecesarios como feos, como en el caso de abrir, apertura y el horrible aperturar de la jerga bancaria; no se necesita este barbarismo—DRAE: Incorrección lingüística que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios—para abrir una cuenta de ahorros. (Para no hablar de printear en lugar de imprimir).

¿Enemigo del buen lenguaje?

Muy explicablemente, el impacto de la poderosa tecnología de la informática y sus «redes» ha sido enorme sobre ese proceso de cambio, y no siempre para bien. El periodismo es desde hace tiempo un asunto digital, y como leemos más noticias que libros bien curados—curar. Cuidar de algo, poner cuidado—estamos expuestos a los vicios de lenguaje de más de un periodista, graduado sin que alcanzara un dominio responsable del idioma en el que escribe. (A mi paso por El Diario de Caracas, me vi forzado a dictar para los redactores un «taller de castellano instantáneo», a fin de moderar sus frecuentes errores de escritura; antes, en el diario marabino La Columna, encontré periodistas jóvenes mejor formados en lenguaje).

Mencionaré unos pocos ejemplos de esta notoria y creciente falta de calidad en la escritura periodística. Del primero, repetido frecuentemente, sospecho que su causa es tecnológica. Una oración como «El ministro explicó ya la vez justificó…» debe provenir de un corrector automático con instrucciones defectuosas; lo correcto es escribir «El ministro explicó y a la vez justificó…»

Luego, está el caso de emplear adjetivos en lugar de adverbios, lo que ya ocurre desde hace décadas, bastante antes de que los correctores de celulares modificaran la escritura de algún «comunicador» que envíe sus trabajos desde su teléfono portátil. Este caso, por ejemplo: «El 19 de abril, se reunió un grupo de ciudadanos ante la Catedral de Caracas; paralelo a esto, el Alcalde Metropolitano colocó una ofrenda floral a los pies de la estatua del Libertador». Gramaticalmente hablando, estaría uno autorizado a imaginar a Antonio Ledezma acostado en perfecta alineación entre las aceras de la catedral y la plaza Bolívar. Ha debido escribirse «paralelamente a esto».

Finalmente, es redacción común algo como este ejemplo tomado de BBC Mundo:

Solecismos Se trata de la falta de sintaxis o un error cometido contra las normas del idioma. Un ejemplo:«hubieron manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno». Cuando lo correcto debería ser: «hubo manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno».

La misma fuente, al corregir la frecuente equivocación, incurre en dos errores: 1. «lo correcto» sería que escribiese «debiera» o «debiese» (formas subjuntivas) en lugar de la empleada conjugación condicional («debería») sin que la condición haya sido especificada; 2. «lo correcto» sería escribir «Un ejemplo: ‘hubieron manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno’, cuando lo correcto debiera ser ‘hubo manifestaciones tras la polémica medida tomada por el gobierno'». En este caso, el adverbio de tiempo cuando no debe iniciar una oración separada sino enlazar de seguidas a ambas oraciones, sin separarlas por un punto.

Vale la pena usar ese ejemplo para explicar la causa de la incorrección (lo que BBC Mundo no hace) en casos similares. En castellano, el verbo concuerda en número (singular o plural) con el sujeto, no con los complementos de la oración. Así, es incorrecto decir o escribir «Se ponen inyecciones» o «Se hacen viajes y mudanzas»; debe usarse «Se pone inyecciones» y «Se hace viajes y mudanzas». A tales oraciones se las conoce como cuasirreflejas, oraciones impersonales (que carecen de sujeto) con apariencia de reflejas. Una oración refleja es una en la que la acción del sujeto recae sobre sí mismo; por ejemplo, «Yo me peino», «Ella se baña». (Las inyecciones no se ponen a sí mismas). En cambio, «Hubo manifestaciones» es una oración impersonal, cuyo sujeto no existe o no está especificado, como en «Llueve». Nadie es el sujeto de esta oración, y la regla es que en las oraciones impersonales el sujeto se presuma en singular: «Llueve a cántaros» o, más claramente, «Llueve sapos y culebras», no «Llueven sapos y culebras». Uno escribe «Él comió tres arepas», con el verbo en singular aunque su complemento esté en plural, y «Ellos comieron un mango cada uno», con el complemento directo en singular y el verbo en plural para concordar en número con el sujeto.

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Hace tiempo que planeaba escribir una nota como ésta; que la hubiera postergado tanto obedece a una triste presunción de causa perdida. Los enemigos son demasiados y muy poderosos, pero me consuelan estas palabras de Mahatma Gandhi, asesinado hace setenta y dos años un día como hoy:

Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca pidas disculpas por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto, y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad es siempre la verdad.

Espero que algo de responsabilidad gramatical penetre a la mayoría de nuestros periodistas. Repitamos el artículo de fe de Ángel Rosenblat: «La lengua se afina desde la escuela hasta la universidad, desde la carta hasta el libro o el periódico, desde la conversación hasta la conferencia, y el filólogo no puede de ningún modo permanecer indiferente ante el uso del lenguaje o la educación del lenguaje. La lengua popular y familiar debe tener color local, debe ser espontánea y vivaz.*** En cambio, la lengua culta obedece a normas generales de unidad hispánica». Los profesionales de la comunicación social que maltratan nuestra lengua incurren en conducta criminal. LEA

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Quienes cursamos el bachillerato en el Colegio de La Salle de La Colina en los años cincuenta tuvimos el privilegio de contar, como profesor de Castellano y Literatura, con el pedagógico y elegante catalán Antonio Pons. Pronto captamos que cuando nos enseñaba a emplear nuestra lengua correctamente en verdad nos enseñaba Lógica.

** En el inglés estadounidense, se pronuncia arcansas cuando se menciona al río y arcansó para referirse al estado, y en ambos casos la escritura es la misma: Arkansas.

*** Rosenblat sostenía igualmente que la lengua es, como el vino, un organismo vivo; de allí que cambie.

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Al menos 1,5 Gigapalabras

«Una imagen vale más que mil palabras» es un adagio en varios idiomas​ que afirma que una sola imagen fija (o cualquier tipo de representación visual) puede transmitir ideas complejas​ (y a veces, múltiples) o un significado o la esencia de algo de manera más efectiva que una mera descripción verbal.

Wikipedia en Español

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Bits, bytes, kilobytes, megabytes, gigabytes son unidades de información cuyo significado empezamos a entender los comunes mortales hace cuarenta y cuatro años: «Se acostumbra fechar la revolución del computador personal con la aparición del primer computador Apple, en 1976″. (Carta a Arturo Sosa hijo, el padre del Papa Negro, del 7 de septiembre de 1984).

Ocho bits, que componen 1 byte, son la cantidad de información requerida para representar unívocamente una letra o carácter de la escritura, pero un artículo de un poco más de 3.000 caracteres, que en principio requeriría en el orden de 24 kilobytes, genera un archivo almacenable de alrededor de 50 kilobytes (cincuenta millares de bytes), pues un procesador de palabras emplea una buena cantidad de bytes para asignarla a instrucciones de formato. La memoria total del primer computador personal de I. B. M. (fines de 1982), empresa que entró con retraso al mercado personal, era de sólo 256 Kbytes o ¡un cuarto de megabyte! Hace tiempo, sin embargo, que quien no hable en gigabytes (millones de bytes) no está en nada. Ahora se mide en esta gigantesca unidad la memoria y la capacidad de almacenamiento de los computadores personales más modestos y los teléfonos celulares de uso corriente.

Mil palabras, por supuesto, es bastante más que mil letras, y si el proverbio universal que atribuye esa elocuencia a una sola imagen es veraz, entonces la unidad mínima de un discurso visual—una caricatura de Rayma, por ejemplo—es la de una megapalabra. Finalmente, la potencia máxima de una imagen—que no sea transmitida y multiplicada en la red de redes—es la de un mural urbano, puesto a la vista de los habitantes o visitantes de una ciudad. Ése es el caso de esta representación mural—que pudiera ser un montaje pero imagen al fin—en el embaulado del río caraqueño, el venerable Guaire de los indios teques y caracas:

 

Sobre un muro del Guaire

 

Todo un estudio; quizás una tesis de grado. LEA

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A confesión de parte…

 

 

Fabrice Coffrini / Agence France-Presse — Getty Images

 

…relevo de pruebas.

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Anoche leí en The New York Times un reportaje acerca de la comparecencia de Juan Guaidó en el Foro Económico Mundial, que se celebra anualmente en el pueblo suizo de Davos. (De allá venía Carlos Andrés Pérez cuando fue recibido por el fracasado intento de deponerlo del 4 de febrero de 1992). Reclutado Google Translate para obtener una versión castellana a la que debí hacer unos cuantos ajustes, el resultado se reproduce acá a continuación y sin comentarios:

 

Guaidó promete cambio para Venezuela, pero no logra conquistar Davos

 

Un año después de declararse presidente, el líder de la oposición exhibió una figura emproblemada en el Foro Económico Mundial.

Por Mark Landler

  • 23 de enero de 2020 – Actualizado a las 12:27 p.m. ET

 

DAVOS, Suiza – Por estas fechas del año pasado, Juan Guaidó habría sido el brindis de Davos. Guaidó, el líder de la oposición venezolana, acaba de liderar una ola de disturbios populares para ganar la Presidencia de la Asamblea Nacional de Venezuela y se declaró el verdadero líder de su país en crisis.

Pero cuando Guaidó hizo la ronda en la reunión de figuras políticas y comerciales de este año, después de haber venido a Europa desafiando la prohibición de viajar fuera de su país, parecía un hombre cuyo momento hubiera pasado.

Con el represivo Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, todavía firmemente arraigado en el poder, y con el presidente Trump, el respaldo más destacado de Guaidó, distraído por su juicio en el Senado y su campaña de reelección, el asediado venezolano pasó la mayor parte de su tiempo respondiendo preguntas sobre por qué no había logrado derrocar al señor Maduro.

«Subestimamos la capacidad del régimen de hacer el mal», dijo Guaidó en una sala a medio llenar donde, dos días antes, Trump había hablado ante una multitud que solo cabía de pie. «Realmente estamos en este momento subiendo una cuesta».

Guaidó insistió en que él y sus seguidores terminarían por desalojar al gobierno de Maduro. Instó a los líderes europeos a tomar medidas enérgicas contra el comercio de oro de Venezuela, el que dijo ayudó a consolidar el control de Maduro al proporcionar un medio de cambio de divisas y asegurar la lealtad de los militares.

Pero el Sr. Guaidó pasaba trabajo para ofrecer nuevas ideas sobre cómo los gobiernos podrían apretar la presión sobre Maduro. Venezuela ya está bajo fuertes sanciones que hasta ahora no han podido desalojarlo. En un año electoral, Estados Unidos tiene menos probabilidades que nunca de considerar opciones más agresivas, como la intervención militar.

En Washington, el principal defensor del señor Guaidó, el ex Asesor de Seguridad Nacional John R. Bolton, dejó la administración. Trump no mencionó a Venezuela durante su discurso en Davos, y salió el miércoles de la estación alpina de esquí sin ver al Sr. Guaidó.

Eso dejó al venezolano con unas pocas reuniones que incluyeron a los líderes de Austria, Grecia y los Países Bajos, así como una sesión con un asistente regular a Davos, Tony Blair, el ex primer ministro británico. El martes, Guaidó se reunió en Londres con el actual Primer Ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson.

«La idea detrás de todas estas reuniones es la misma», dijo Guaidó a los periodistas, hablando a través de un traductor. «La gente debería dejar de ver a Venezuela como un problema insoluble».

Pero luego comparó a Venezuela con Siria, Yemen y Sudán del Sur, tres estados devastados por la guerra que a menudo se considera problemas insolubles.

Aunque Venezuela no se encuentra en estado de guerra, Guaidó señaló que millones de personas habían huido del país en busca de alimentos o atención médica. Los que se quedan atrás se encuentran en una pobreza extrema y viven con salarios de tan sólo $ 3,5 al mes, incluso para las enfermeras y otros profesionales. El gobierno ha aumentado su represión, encarcelando y torturando a miembros de la oposición.

El propio Guaidó asumió un gran riesgo al abandonar el país. Se negó a describir cómo evadió las fuerzas de seguridad, excepto para decir que no eran particularmente eficientes y que su equipo logró distraerlas. Aún así, Guaidó enfrenta la posibilidad de represalias severas cuando regrese a casa.

«Volver a Venezuela no será fácil», dijo. «Espero poder llegar a casa sano y salvo».

Justo antes de volar a Europa, el Sr. Guaidó se reunió con el Secretario de Estado Mike Pompeo en Bogotá, Colombia. Estados Unidos es uno de los más de 50 países que reconocen a Guaidó como el líder legítimo de Venezuela. El Sr. Pompeo insistió en que la administración estadounidense no había retrocedido en su determinación de ver expulsado al Sr. Maduro, y expresó la esperanza de que eso aún pudiera suceder.

«Escuché esta idea de que hemos subestimado a Maduro», dijo Pompeo a los periodistas. «Lo que se ha subestimado es el deseo de libertad que descansa en los corazones del pueblo venezolano».

Funcionarios estadounidenses dijeron que la visita de Guaidó a Davos fue valiosa porque puso un rostro humano a la lucha en Venezuela. A pesar de haber aparecido en los titulares durante el año pasado, Guaidó, de 36 años, sigue siendo una especie de abstracción para quienes están fuera de América Latina, según un alto funcionario. Al contar su propia historia, dijo esta persona, Guaidó aún pudiera movilizar apoyo entre los europeos, quienes serían cruciales para imponer sanciones efectivas y detener el comercio de oro.

Mientras el Sr. Guaidó analizaba sus problemas del año pasado, señaló una oferta de amnistía hecha por la oposición a miembros del ejército que aceptaran volverse contra el gobierno de Maduro. La oferta no arrastró a los altos funcionarios, en parte porque Maduro les dio acceso a lucrativas minas de oro. Han seguido siendo un baluarte de apoyo para él.

«Tratamos de hacer eso, pero nos rebotó», dijo Guaidó. «Realmente son los altos mandos del ejército los que están detrás de él». ML

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¡Bis, bis, bis!

 

Ilustración en The Guardian para el obituario de Earl Wild, fallecido tal día como hoy hace diez años

 

Unos cuantos visitantes de este blog han expresado gran satisfacción por la entrada de hace nueve días, con el último movimiento del segundo Concierto para piano y orquesta en Do menor de Sergio Rachmaninoff a cargo de Earl Wild al piano, con el brillante acompañamiento de la Orquesta Filarmónica Real dirigida por Jascha Horenstein. La mayoría de ellos manifestó su total acuerdo con esta afirmación: «Convendrá Ud., amable visitante, (…) que nunca había escuchado una rendición tan satisfactoria como ésta, así de perfecta».

En esa entrada también se reprodujo una apreciación de ArkivMusik: «la fusión de poesía y estilo del pianista se suman a una Rapsodia de Paganini que deja atrás casi todas las versiones estéreo». Es por eso que hoy, a una década exacta de la despedida de Earl Wild, un encore más bien largo trae esa inmortal obra, que contiene uno de los más hermosos temas creados por Rachmaninoff, uno de los más hermosos de la entera literatura musical: la Variación 18. Dice Wikipedia en Español:

La parte más destacada de la obra ha sido la variación XVIII, que es una inversión del tema original de Paganini. Ha sido usada en la banda sonora de varias películas, entre otras: El Peñón de las Ánimas (1942), The Story of Three Loves (1953), Rhapsody (1954), Pide al tiempo que vuelva (1980), Dead Again (1991), Groundhog Day (1993), Sabrina (1995), Ronin (1998).

Añoro, otra vez, la muy autorizada presencia melómana de Nuestro insólito Rafael Sylva, quien jurase como catecúmeno radical que la mejor versión de la rapsodia* era la de William Kapell (en desventajosa grabación monaural), acompañado por la orquesta Robin Hood Dell bajo el mando de Fritz Reiner.

De temperamento fogoso, él no opinaba prudentemente sino con vehemencia; sus dictámenes musicales eran dogmas de fe, enunciados con seguridad inexpugnable. Así, por ejemplo, nadie habría interpretado de Rachmaninoff la Rapsodia sobre un tema de Paganini con tal fiereza—sustantivo escogido por Rafael—como William Kappell, especialmente su endiablada—él eligió el adjetivo—Variación 19.

Nunca tuvimos oportunidad de compararla con la rendición de Wild, Horenstein y la Royal Philharmonic Orchestra, como solíamos hacer con otras obras favoritas. Creo que él habría bendecido esta ejecución tan potente como luminosa, llena al mismo tiempo de fortaleza y claridad:

Rapsodia (en La menor) sobre un tema de Paganini, op. 43

¡Bravísimo! LEA

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La rapsodia es una pieza musical característica del romanticismo compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática y lenta y otra más rápida y dinámica, consiguiendo así una composición de efecto brillante. La forma de las partes integrantes de la rapsodia puede ser parecida a la de la fantasía. (Wikipedia en Español).

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Adiós a las ideologías

 

El corresponsal de la ODCA, hijo y ministro de Rafael Caldera

 

 

Yo no tengo ideología, amigo mío. Yo lo que tengo es biblioteca.

Arturo Pérez Reverte

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Acabo de recibir de Andrés Caldera Pietri el texto de sus palabras en la instalación del Consejo Superior de la Democracia Cristiana ODCA, evento previsto en comunicado que se comentara acá el 15 de este mes de enero. En ellas encuentro un intento de refutación de mi comentario crítico—»Vamos en el siglo XXI, en el tercer milenio, a un mundo postideológico, transideológico, pero la ODCA no se ha percatado de esa profundísima búsqueda»—, comenzando por esta proposición de Caldera Pietri en el segundo párrafo de su texto: «Por años hemos escuchado hablar del fin de las ideologías, como si pudiera reducirse la política a un mero pragmatismo vacío, enfocado en obtener o conservar el poder».

Tal vez no esperase él una respuesta en andanadas, que transcribo parcialmente a continuación:

Sostener que vamos a un mundo postideológico no es lo mismo que “reducir la política a un mero pragmatismo vacío, enfocado en obtener o conservar el poder”. Esto puse al inicio en El caso de una licenciatura en Política (19 de septiembre de 2003):

La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política.

El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.

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Ese ejercicio profesional clínico, he argumentado, debe estar sujeto a un código de ética, tal como la Medicina se rige por el Juramento de Hipócrates. Puedes leer el que compuse en 1995 acá: Código de conducta.*

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Las ideologías, como asenté en el material que te enviara al recibir de ti la noticia de la reunión de ODCA, son guías obsoletas que en la gran mayoría de los casos sirven como justificación (o coartada) precisamente para una mera lucha por el poder. Pedro Pablo Aguilar [ex Secretario General de COPEI],** declarando a El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder».

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También anexé, a una de las respuestas, un texto de veinte páginas que compusiera entre el 18 y el 19 de febrero de 2013 para los amigos Marcel Granier y Luis Penzini, este último dolorosamente fallecido. (El lugar de los valores en la política). Ese documento se inició con esta explicación:

En las últimas dos visitas que he hecho, dos amigos de gran inteligencia y solidez moral me han planteado, con diferencia de unos pocos días, el mismo problema metapolítico: la función de los valores en el ejercicio de la política. No hay razón para sorprenderse de la coincidencia; ambos han compartido importantes pedazos de historia personal y cívica y son, por tanto, espíritus afines. El primero de ellos explicó que ha asumido antes la posición que defiendo acerca de la obsolescencia de las ideologías, pero que más recientemente se pregunta por la conveniencia de su preservación porque este asunto de los valores le parece central al buen ejercicio de la política. El segundo contrastó el discurso de «la Cuarta República» con el actual discurso militarista del hombre fuerte (una particular reencarnación del cesarismo democrático) y cree que el discurso político que podía dejar atrás a ambos es «el discurso de los valores». Este tema del lugar de los valores en el ejercicio político, pues, es tanto importante como recurrente, tal como señala el epígrafe*** que fuera tomado de un texto de hace más de dos décadas.

Y siendo que el caso venezolano que más conozco es el de COPEI, me valí de él en esa comunicación para argumentar mi propia comprensión del tema ideológico:

Antes de la llegada del sistema chavista, fue COPEI la formación del bipartidismo que más tiempo y esfuerzo invirtió en el problema de la ideología, al punto que celebró su «congreso ideológico» en octubre de 1986. (Acción Democrática manejó este asunto de modo más íntimo y discreto, con las tesis internas de su Secretaría de Doctrina. Esta unidad, dirigida a la caída de Pérez Jiménez por Domingo Alberto Rangel, definía en su documento base: Acción Democrática es un partido marxista. Luego aclaraba que su empleo del marxismo era estrictamente para fines analíticos, no terapéuticos. Naturalmente, el Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento Al Socialismo tenían una importante carga ideológica, más el primero que el segundo, así como organizaciones como La Causa R—fundada por el marxista Alfredo Maneiro—y Bandera Roja; pero estos partidos, sumados, por mucho tiempo no pasaron del «6% histórico de la izquierda venezolana»).

Fundado en 1946

COPEI, en cambio, se distinguió siempre por su definición ideológica. Rafael Caldera precisó la ubicación del partido en el mitin de cierre de su campaña presidencial en 1963; en su discurso dijo enfáticamente: «COPEI es un partido de centro-izquierda», a pesar de que en su origen admiraba el falangismo español y había establecido su fuerza electoral en los estados andinos, que expresaban su descontento con AD, el partido que había interrumpido la hegemonía andina en 1945. La sección juvenil de COPEI buscó posicionarse al lado izquierdo con su propio nombre: Juventud Revolucionaria Copeyana. Nada de esto impidió que su práctica política se orientara inequívocamente a la búsqueda del poder, como indicó de nuevo Rafael Caldera: «Yo no estoy en las alturas del poder, sino en las arenas de la lucha política…»

Si el estilo inconfundible de la Realpolitik, de la política del poder por el poder, pudo entronizarse en tal grado en la práctica de la dirigencia copeyana, eso fue posible gracias al anquilosamiento de la función ideológica socialcristiana. En términos sobresimplificados, el esquema de actuación del político copeyano, en especial de su dirigencia, consistía en conocer los principios de la democracia cristiana—contenidos, como se ha explicado aquí antes, en el libro de Pérez Olivares y en la obra posterior de Rafael Caldera: Especificidad de la Democracia Cristiana—procurarse un adiestramiento retórico y de oratoria y manejarse dentro de los estatutos y reglamentos del partido, anotándose en alguno de los “ismos” determinados por el liderazgo de alguna figura en particular: calderismo, herrerismo, eduardismo, oswaldismo. El supuesto simplista de este esquema residía en la idea de que los principios funcionarían como axiomas geométricos, a partir de las cuales sería posible deducir la política concreta.

Es así como, tan tarde como en 1985, Eduardo Fernández y Gustavo Tarre Briceño entendían las labores del Congreso Ideológico Nacional como partiendo de un “nivel filosófico-principista” e incluyendo un “nivel de la política concreta”. Ambos niveles, pensaban, requerían un “puente sociológico” que les comunicase, lo que revelaba la dificultad con la que se habían topado: la incomunicabilidad entre principios y práctica política.

El problema era éste: no bastaba reflexionar intensamente sobre, digamos, el principio de la dignidad de la persona humana para extraer deductivamente una solución al problema de la deuda externa que fuese una solución demócrata cristiana.

Esa creencia en una relación deductiva entre principios y política es un rasgo bastante común del paradigma político clásico, y se manifestaba con particular intensidad en el pensamiento de los líderes de la democracia cristiana venezolana. Un destacado ejemplo lo constituyó el debate sobre el “agotamiento del modelo de desarrollo venezolano”, tema de moda por los comienzos de la década de los ochenta y en el que terció el Dr. Rafael Caldera con una tesis bastante típica de las formulaciones clásicas. Caldera argumentó, desde un discurso pronunciado en tierras mexicanas, que no era cierto que el modelo de desarrollo venezolano hubiese caducado; más bien, por lo contrario, el asunto era que no había sido llevado a la práctica, y que debía buscarse la descripción del susodicho modelo en el Preámbulo de la Constitución Nacional de 1961.

Una postura idéntica podía encontrarse en muchos otros discursos como, por ejemplo, en la estereotipada conferencia sobre “objetivos nacionales” del curso del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional: “Los Objetivos Nacionales se dividen en Objetivos Nacionales Permanentes y Objetivos Nacionales Transitorios. Los Objetivos Nacionales Permanentes están enumerados en el Preámbulo de la Constitución Nacional”.

Vale la pena transcribir acá el texto pertinente del Preámbulo de la Constitución:

“…con el propósito de mantener la independencia y la integridad territorial de la Nación, fortalecer su unidad, asegurar la libertad, la paz y la estabilidad de las instituciones; proteger y enaltecer el trabajo, amparar la dignidad humana, promover el bienestar general y la seguridad social; lograr la participación equitativa de todos en el disfrute de la riqueza, según los principios de la justicia social, y fomentar el desarrollo de la economía al servicio del hombre; mantener la igualdad social y jurídica, sin discriminaciones derivadas de raza, sexo, credo o condición social; cooperar con las demás naciones y, de modo especial, con las repúblicas hermanas del continente, en los fines de la comunidad internacional, sobre la base del recíproco respeto de las soberanías, la autodeterminación de los pueblos, la garantía universal de los derechos individuales y sociales de la persona humana, y el repudio de la guerra, de la conquista y del predominio económico como instrumentos de política internacional; sustentar el orden democrático como único e irrenunciable medio de asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos, y favorecer pacíficamente su extensión a todos los pueblos de la Tierra; y conservar y acrecer el patrimonio moral e histórico de la Nación…”

Obviamente el texto que antecede es un recuento de valores y criterios más que de objetivos, por lo que difícilmente puede llamarse al Preámbulo de la Constitución de 1961 un “modelo de desarrollo”.

Hoy la casa de Eduardo Fernández y su hijo

Ante tales dificultades llegó a hacerse doctrina del Instituto de Formación Demócrata Cristiana, IFEDEC, fundado por Arístides Calvani, la existencia de unos “planos de mediación”: pisos sucesivos de concreción mediante los cuales sería posible “descender” del techo de los principios hasta la planta baja de las políticas específicas. El invento era una elaboración de tesis formuladas en Chile, hacia la época de los años sesenta, por el padre jesuita Roger Vekemans, de gran influencia ideológica en la democracia cristiana continental.

Tales elaboraciones no hacían otra cosa, por supuesto, que complicar el problema, introduciendo una serie de pasos conceptuales que equivalía a “correr la arruga” una y otra vez. Una formulación alternativa, que les fue ofrecida, no contó con mucha acogida. (En 1985 ya les había sugerido que los valores no debían ser vistos como “objetivos”, sino como criterios de selección de tratamientos políticos. La idea subyacente, en este caso, es que la política no se deduce sino que se inventa. Frente a un determinado problema surge— dependiendo del “estado del arte” de las disciplinas analíticas—un grupo de soluciones diferentes, ante las que los valores son útiles para escoger aquella solución “más democrática” o “más justa” o que mejor parada deje a la “dignidad” o, a lo Moronta, a la “centralidad de la persona humana”).

Pero esta bizantina salida de postular la existencia—inobservable—de unos supuestos “planos de mediación” no obstaba para que en IFEDEC se admitiera que en política era inevitable “derramar sangre”, por lo que además del discurso principista y ético se manejaba una soterrada autorización a la práctica de la Realpolitik.

(En Estudio copeyano, referéndum, Vol. I, No 8, 19 de octubre de 1994).

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En el estudio sobre el lugar de los «valores» en la política inserté esta observación: «El Movimiento Al Socialismo, Podemos, Patria Para Todos ondean banderas marxistas; Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo son partidos de la socialdemocracia; COPEI, Primero Justicia, Proyecto Venezuela y lo que quede de Convergencia son organizaciones socialcristianas. La misma redundancia de opciones dentro de una misma corriente ideológica ya es signo de que, incluso para ellas, lo ideológico no es lo importante». (Olvidé mencionar en esta enumeración la formación de Henri Falcón, de la corriente «progresista» de la socialdemocracia y Voluntad Popular, partido inscrito en ¡la Internacional Socialista!, algo así como la ODCA adeca).

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Todos los argumentos arriba transcritos están sujetos a la quinta estipulación de mi Código de Ética Política:

Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.

De antes debiera Andrés Caldera Pietri estar persuadido de que no hablo por la tapa de la barriga; de ahora, que he considerado el asunto ideológico en profundidad. LEA

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* En la comunicación a Granier y Penzini apunté: «Como tal oficio o profesión, debe estar sujeta la Política a un código de ética, algo que es mucho más específico y práctico que una doctrina centrada en valores abstractos, puesto que estipula los comportamientos correctos. En septiembre de 1995, sentí la necesidad de componer uno para la Política y opté por seguir, en su orden expositivo, el manifiesto en el Juramento de Hipócrates, el primer código deontológico de la humanidad. (El 26 de ese mes, juré cumplirlo públicamente en el programa Argumento, un espacio dominical que por entonces conducía en Unión Radio)».

** Aguilar es uno de los firmantes del comunicado de ODCA, igualmente suscrito por Oswaldo Álvarez Paz, quien compitiera por el poder y perdiera ante Rafael Caldera en 1993 a pesar de ser fiel de su misma ideología—¿misma religión, distinta secta?—, Humberto Calderón Berti (defenestrado por Juan Guaidó), Abdón Vivas Terán (destituido de la Secretaría General de la Juventud Revolucionaria Copeyana por ser demasiado rojito para Caldera), Román Duque Corredor (próximo a Eduardo Fernández, inasistente ¿no invitado?), José Rodríguez Iturbe (fugaz Canciller del efímero Pedro Carmona Estanga), etcétera.

*** Es cada vez más frecuente encontrar (…) en los diagnósticos que intentan establecer las causas de la erosión institucional y la patología de la conducta societal, una referencia a una crisis de los valores. Sería igualmente sorprendente que la solución a esta mentada crisis de los valores (…) fuese a encontrarse en una vuelta a imágenes que fueron funcionales en un pasado. (Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).

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