por Luis Enrique Alcalá | Feb 15, 2017 | Argumentos, Política, Terceros |

Cuando la retransmitía Venezolana de Televisión
La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) ha ordenado «la suspensión y salida inmediata de las transmisiones del Canal de Noticias CNN en español en el territorio nacional». En su justificación de la medida, adujo que a través de la cadena de noticias «sin argumento probatorio y de manera inadecuada difaman y distorsionan la verdad». No deja de necesitarse cara dura para repudiar una conducta que justamente caracteriza al gobierno presidido por Nicolás Maduro. (Estoy dispuesto a retractarme de esta última afirmación cuando el gobierno termine presentando pruebas irrefutables de que, por ejemplo, Julio Borges escogiera los blancos que serían bombardeados en Caracas por un mítico avión Tucano a comienzos de 2015. También pudiera ser que eso no fuese para CONATEL difamación sin argumento probatorio; a fin de cuentas, los alzados del 4 de febrero de 1992 no eran golpistas; eran rebeldes).
Comoquiera que Cable News Network es una agencia noticiosa estadounidense, cabe acá que salga en su defensa uno de los más importantes abogados de los Estados Unidos: Thomas Jefferson, uno de sus Padres Fundadores.
Nuestra libertad depende de la libertad de prensa, y ella no puede limitarse sin perderla. (Carta al Dr. James Currey, 28 de enero de 1786).
Siendo la base de nuestro gobierno la opinión del pueblo, su primer objeto debe ser el mantenimiento de ese derecho; si me fuere dado decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un instante en preferir lo segundo. (Carta al coronel Edward Carrington, 16 de enero de 1787).
Estoy por la libertad de prensa, y en contra de toda violación de la Constitución para silenciar por la fuerza y no por la razón las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos contra la conducta de sus agentes. (Carta a Elbridge Gerry, 26 de enero de 1799).
Para preservar la libertad de la mente humana y la libertad de prensa, todo espíritu debiera estar presto a entregarse al martirio, puesto que mientras pensemos como queramos y hablemos como pensamos, la condición del hombre procederá a mejorar. (Carta a William Green Mumford, 18 de junio de 1799).
Ningún experimento puede ser más interesante que el que ahora intentamos, y que confiamos terminará estableciendo el hecho de que el hombre puede ser gobernado por la razón y la verdad. Nuestro primer propósito debe ser, entonces, mantener abiertas para él todas las avenidas que llevan a la verdad. La más eficaz encontrada hasta ahora es la libertad de prensa. Es, por consiguiente, la primera que es cerrada por aquellos que temen la investigación de sus acciones. (Carta al juez John Tyler, 28 de junio de 1804).
Si una nación espera ser ignorante y libre, en estado de civilización, espera lo que nunca fue y nunca será. Los funcionarios de todo gobierno propenden a ordenar a voluntad sobre la libertad y la propiedad de sus constituyentes. No hay seguridad de ambas que no sea el mismo pueblo, ni podrán estar seguras sin información. Donde la prensa sea libre, y todo hombre capaz de leer, todo estará seguro. (Carta al coronel Charles Yancey, 6 de enero de 1816).
La única seguridad de todo reside en una prensa libre. La fuerza de la opinión pública no puede ser resistida cuando se permite que se exprese libremente. Debemos someternos a la agitación que produzca. Ella es necesaria para mantener las aguas puras. (Carta al Marqués de Lafayette, 4 de noviembre de 1823).
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Claro, se trata del abogado que escribiera en carta a William Stephens Smith, fechada en París el 13 de noviembre de 1787: «El árbol de la libertad debe ser regado de tiempo en tiempo con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural». LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 7, 2017 | Argumentos, Política |

Llegando a 7,5 millardos de terrícolas
A Marcel Granier
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En tan solo pocos días, 7.500 millones de seres humanos habitarán la Tierra. Al cierre del siglo XXI, se estima que la población mundial alcanzará 11.200 millones de personas, o 50% más que la población actual (añadiéndose 3.700 millones en 83 años apenas). Somos mucha gente, y seremos mucha más.

De millardo en millardo
Tardamos entre 100 y 200 mil años, desde nuestro origen en la sabana africana, para que fuéramos 1.000 millones de personas a comienzos del siglo XIX, pero un poco más de un solo siglo para que ese hito millardario se duplicara, en un crecimiento que continuó acelerándose. Tan enorme variedad de seres humanos se expresa en una rica gradación de colores de piel y estaturas, de inclinaciones vocacionales y niveles de inteligencia, de sentimientos y afiliaciones… Muchas son las patrias chicas en que nacemos, muchas las biografías concretas, innumerables los sufrimientos y las alegrías de esa biomasa bípeda. No en balde nos cuesta comprender a la humanidad.
Por eso, bastante antes de que alcanzáramos los números de hoy, los pensadores y científicos intentaron entendernos como miembros de algunos pocos tipos. Venimos en cuatro sabores temperamentales, se nos dijo mientras los médicos fueron los de la antigüedad grecorromana: sanguíneos, coléricos, melancólicos y flemáticos. Nuestro biotipo necesitó mas tarde sólo tres clases: longilíneo (flaco y alto), pícnico (gordo) y atlético. Después se habló de clasificarnos introvertidos o extrovertidos, cuando se distinguía desde hacía tiempo entre cinco razas: blanca, negra, amarilla, roja y cobriza, obviamente definidas por el color de la piel.
La política siempre buscó pocas categorías para tratar la diversidad: en Esparta, o se era homioi (ciudadano pleno), perieco (una especie de clase media) o ilota (esclavo; bueno, también había los esclavos-mercancía); en la Edad Media europea uno era de los oratores (clérigos), bellatores (militares) o laboratores (siervos de la gleba), una clasificación tripartita que de algún modo mutó en los tres «estados» de la sociedad francesa, representados en los États généreaux de su revolución. El marxismo simplificó todavía más el problema con facilidad dialéctica, reduciendo la clasificación tripartita a la pareja antagónica de poseedores versus desposeídos. Desde la Revolución Francesa se habla de izquierda, centro y derecha políticas, pero se preguntaba Carlos Fuentes en artículo publicado en Madrid y Ciudad de México el día de su muerte (Viva el socialismo. Pero…, 12 de mayo de 2012): “¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que ya no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?” Para Nicolás Maduro, dicotómicamente marxista, no hay sino la Revolución Bolivariana y la derecha.
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Hace dos días recibí, en repago de una cita de Will Durant en Los placeres de la filosofía, un pasaje de Comercio y Civilización, artículo de Don Boudreaux (3 de junio de 2004):
El comercio y la civilización están íntima e indisolublemente conectados. El comercio crea civilización. Mientras mayor sea la libertad de comerciar, más civilizada será la sociedad… La gente, en la medida en la que es civilizada, no restringe a la fuerza el rango de las personas con las que los demás pueden comerciar en paz. La gente, en la medida en la que es civilizada, no asigna significación especial a la nacionalidad de quienes ofrezcan comerciar pacíficamente. El historiador Will Durant (1939) produjo una de mis descripciones favoritas de los beneficios últimos de un comercio abierto y libre, al señalar que la razón es ella misma hija de ese comercio: «Las encrucijadas del comercio son el lugar de encuentro de las ideas, el terreno para la atrición de las costumbres y las creencias rivales; las diferencias engendran los conflictos, la comparación el pensamiento; las supersticiones se anulan las unas a las otras… y la razón comienza».
Es así; el comercio puede hacernos mejores personas y también mejores políticos, llenos de comprensión y empatía:
Una tercera virtud política, exigible de los líderes que adquieren poder público… es la compasión… la capacidad para compartir la pasión y la falibilidad del otro, para la comprensión y el perdón. Todos tenemos derecho a la vergüenza. Quien odia es un mal político; quien se mueve con el poder en pos de sus resentimientos es un mal político, pues desecha parte integral del tejido social y niega a otros la libertad de mejorar, de dejar atrás sus errores y progresar moralmente. El peor atentado contra la libertad del otro es congelarle en su pasado. (El político virtuoso).
Asimismo nos hace mejores el arte; por esto propuso el periodista Ryszard Kapuściński en Los cínicos no sirven para este oficio:
Hoy, para entender hacia dónde vamos, no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad, ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones que se preparaban. Es más útil entrar en un museo que hablar con cien políticos profesionales. Hoy en día, como el arte nos revela, la historia se está posmodernizando. Si le aplicáramos a ella las categorías interpretativas que hemos elaborado para el arte, quizás lograríamos desentrañarla mejor y tendríamos instrumentos de análisis menos obsoletos que los que, generalmente, nos empeñamos en utilizar. Caídas las grandes ideologías unificadoras y, a su manera, totalitarias, y en crisis todos los sistemas de valores y de referencia apropiados para aplicar universalmente, nos queda, en efecto, la diversidad, la convivencia de opuestos, la contigüidad de lo incompatible. Puede derivarse de todo ello una conflictividad abierta y sanguinaria, arcaica, el enfrentamiento difuso, el renacimiento de los localismos y de los más feroces tribalismos, pero también podría surgir un lento aprendizaje de la aceptación de lo distinto a uno mismo, de la renuncia a un centro, a una representación única. Como el arte posmoderno nos enseña, quizás podríamos darnos cuenta de que hay espacio para todos y que nadie tiene más derecho de ciudadanía que los demás.
En el instante de cerrar esta nota, ya éramos 7.495.897.489 humanos en el planeta, y la política de la polarización es la política de los trogloditas. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 3, 2017 | Argumentos, Política, Terceros |

Comprobado: hijo de gato caza ratón
He debido titular Teclado prestado. No; más propiamente, sustraído. Traté sin éxito de obtener autorización de The Washington Post para que me permitieran traducir un lúcido artículo de Andrés Miguel Rondón, publicado el viernes de la semana pasada; sin permiso suyo o del venerable diario, pongo abajo una traducción apresurada. (Hoy pensé en él cuando elogiaba una inteligencia similar, la de Francisco Toro Ugueto, a su tío y padrino: José Toro Hardy. Mi intuición no andaba descaminada: Andrés Miguel Rondón escribe para Caracas Chronicles, el extraordinario blog iniciado por Toro).
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En Venezuela, no pudimos parar a Chávez. No cometan nuestros mismos errores.
Cómo permitir que un populista los derrote una y otra vez
Andrés Miguel Rondón – 27 de enero de 2016, 1:54 PM
Andrés Miguel Rondón es un economista que vive en Madrid y nació y fue criado en Venezuela.
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Donald Trump es un capitalista confeso; Hugo Chávez era un socialista con sueños comunistas. Uno construye rascacielos, el otro los expropiaba. Pero las políticas son sólo la mitad de la política; la otra mitad, la más oscura, es la retórica. Algunas veces, la retórica predomina. Tal ha sido nuestro destino en Venezuela durante las dos décadas pasadas, y ése es ahora el de ustedes, americanos. Porque, en un sentido, Trump y Chávez son idénticos. Ambos son maestros del populismo.
La receta del populismo es universal. Consiga una herida común a muchos, encuentre alguien a quien echarle la culpa y construya una buena historia que contar. Revuélvalo todo. Dígales a los heridos que usted sabe cómo se sienten. Que usted ha encontrado a los malvados. Etiquételos: las minorías, los políticos, los empresarios. Caricaturícelos: como gusanos, conspiradores malévolos, gente que odia y que pierde, lo que sea. Entonces retrátese a sí mismo como el salvador. Capture la imaginación de la gente. Olvídese de políticas y planes, simplemente cautívelos con un cuento. Uno que comience en furia y concluya en venganza. Una venganza en la que puedan participar.
Es así como la cosa se convierte en un movimiento. Hay algo calmante en toda esa ira. El populismo se construye sobre el irresistible encanto de la simplicidad. El narcótico de la solución simple a una cuestión intratable. Ahora el problema se simplifica.
El problema es usted.
¿Cómo sé eso? Porque crecí como el “usted” en el que Trump se apresta a convertirlos. En Venezuela, la clase media urbana de la que vengo fue representada como el enemigo, en la lucha política que sobrevino luego de la llegada de Chávez en 1998. Durante años, vi con frustración que la oposición no pudo hacer nada ante la catástrofe que se sobreponía a nuestra nación. Fue más tarde cuando me di cuenta de que este fracaso fue autoinfligido. Así que ahora, para mis amigos americanos, he aquí algunos consejos sobre cómo evitar los errores venezolanos.
No olviden quién es el enemigo
El populismo sólo puede sobrevivir en medio de la polarización. Funciona mediante el incesante vilipendio de un enemigo de tiras cómicas. Nunca olviden que ustedes son el enemigo. Trump necesita que ustedes sean el enemigo, así como toda religión necesita un demonio. Un chivo expiatorio. “¡Pero los hechos!”, dirán ustedes, enteramente equivocando el punto.
¿Qué los convierte en el enemigo? Para un populista la cosa es muy simple: si Ud. no es una víctima, Ud. es culpable.
Durante las protestas lideradas por los estudiantes en 2007 contra el cierre de RCTV, entonces el segundo mayor canal de TV en Venezuela, Chávez iba al aire continuamente para representarnos a nosotros los estudiantes como “cachorros del Imperio Americano”, “partidarios del enemigo del país”, bebés malcriados y antipatrióticos que sólo querían ver telenovelas. Usando nuestra procedencia como su acusación principal, buscó estereotiparnos como los herederos directos de los oligarcas mayormente imaginarios de la generación de nuestros padres. Los estudiantes que apoyaban al chavismo eran “hijos de la Patria”, los “hijos del Pueblo”, “el futuro del país”. Ni por un momento fue el análisis del gobierno más allá de esas caricaturas.
El problema no es el mensaje sino el mensajero, y si ustedes no se dan cuenta de eso están perdiendo su tiempo.
No exhiban desprecio
No alimenten la polarización, desármenla. Esto implica dejar atrás el teatro de la decencia herida.
Esto incluye retruécanos como el que el elenco de “Hamilton” dedicó al Vicepresidente electo Mike Pence poco después de la elección. Aunque sincero, sólo antagonizó a Trump; seguramente no convenció a ningún seguidor de Trump para que cambiara su punto de vista. Avergonzar nunca ha sido un método de persuasión eficaz.
La oposición venezolana luchó durante años para obtener eso. No pudimos dejar de pontificar acerca de lo estúpido que era el chavismo, no sólo hacia nuestros amigos extranjeros sino también hacia la base electoral de Chávez. “En serio ¿este tipo? ¿Están locos? Ustedes deben estar locos”, decíamos.
Estaba claro el subtexto. “Miren, idiotas: él va a destruir el país. Se alía descaradamente con los malos: Fidel Castro, Vladimir Putin, los supremacistas blancos o las guerrillas. Él no es tan inteligente. Está amenazando con destruir la economía. No respeta la democracia ni a los expertos que trabajan duro y saben cómo se hacen los negocios”.
Oí tantas veces variaciones de tales comentarios que mi despertar político se produjo por la tectónica toma de conciencia de que Chávez, sin importar su maldad, realmente no era estúpido.
Tampoco lo es Trump. Llegar al cargo más alto del mundo no sólo requiere una gran fuerza de voluntad, sino también una precisión retórica grandemente calculada. La clase de precisión con la que nacen sólo unos pocos genios políticos, ésa que él blande con extravagancia.
“Estamos en un sistema amañado, y una buena parte de la causa está en esa gente deshonesta de los medios de comunicación”, dijo Trump hacia el final de la campaña, cuando sonaba más parecido a Chávez. “¿No es sorprendente? Ni siquiera quieren verlos a ustedes”. La conclusión natural es muy clara: apaguen el televisor, escúchenme sólo a mí. Al menospreciar a los seguidores de Trump, ya han perdido la primera batalla. En lugar de combatir la polarización, han caído en ella.
Lo peor que pueden hacer ustedes es empaquetar juntos a los moderados y los extremistas y creer que los EEUU se dividen en racistas y liberales. Ésa es la definición de librito de la polarización. Nosotros creímos que nuestro país estaba dividido en oligarcas traidores y la base de Chávez, crédula y sin educación. El único beneficiario fue Chávez.
No traten de deponerlo
Nuestra oposición probó todo truco del libro. ¿Golpe de Estado? Hecho. ¿Una ruinosa huelga petrolera? Hecho. ¿Boicotear elecciones con la esperanza de que los observadores internacionales intervinieran? Ya saben.
Miren, los opositores estaban desesperados. Teníamos razón de estarlo. Pero un puño enfurecido no es una estrategia.
Quienes están del otro lado—y crucialmente los independientes—se rebelarán contra nosotros si parecemos estar enloqueciendo. Sólo estaríamos demostrando ser precisamente lo que decimos combatir: un enemigo de la democracia. Mientras tanto, le estamos dando al populista y sus seguidores suficiente combustible retórico para llamarnos con derecho saboteadores e intrigantes antipatrióticos, durante años y años.
Para una gran parte de la población, la oposición venezolana es todavía ese intrigante malcriado y antipatriótico. Eso minó la eficacia de la oposición en los años cuando más la necesitaríamos.
Claramente, los Estados Unidos tienen instituciones más fuertes y un más justo equilibrio de poderes que Venezuela. Aun fuera del poder, los demócratas no tienen un deseo aparente de intentar algo como un golpe de Estado, lo que está bien. Tratar de deponer a Trump, en vez de cavar para combatir su agenda, sólo distraería al público de cualquier política fallida que su administración ponga en práctica. En Venezuela, la oposición se enfocó en tratar de rechazar al dictador por cualquier medio posible, cuando hemos debido seguir señalando cómo el régimen de Chávez dañaba a la gente que precisamente decía servir.
Encuentren una contraargumentación. (No, no la que están pensando).
No pierdan su tiempo intentando demostrar que esta gran idea es mejor que aquélla. Boten todas las palabras grandiosas. El problema, recuerden, no es el mensaje sino el mensajero. No es que los partidarios de Trump son tan estúpidos como para distinguir lo correcto de lo incorrecto, es que ustedes les son más valiosos como enemigos que como compatriotas. Vuestro reto es probar que ustedes son de la misma tribu que ellos, que ustedes son americanos en exactamente la misma forma que lo son ellos.
En Venezuela, caímos en esa trampa de mala manera. Una y otra vez escribimos acerca de los principios, acerca de la separación de los poderes, de las libertades civiles, el papel de los militares en la política, la corrupción y la política económica. Les tomó diez años a los líderes de la oposición darse cuenta de que realmente tenían que ir a los barrios y el interior del país. No para un discurso o un mitin, sino para un juego de dominó o a bailar salsa, para mostrar que también eran venezolanos, que no sólo regañaban severamente sino que podían batear una pelota, que podían contar eficazmente un chiste. Que podían romper la división tribal, descender de las carteleras y mostrar que eran reales. Esto no es populismo disfrazado. Es el único medio de establecer su postura. Es tomar la decisión de no vivir en una cámara de eco. Poner pausa al canto de sirena de la polarización.
Porque si la música sigue, sí, ustedes verán vecinos deportados y amigos de credos diferentes y orientación sexual diferente que vivirán con miedo y ansiedad, mientras la desigualdad económica de su país se profundiza por ese camino. Pero algo peor pudiera pasarles. En Venezuela, generaciones enteras se partieron en dos. Se borró el sentimiento de una cultura compartida. La retórica ocupó el lugar de nuestros libros de historia, de nuestro futuro, de nuestra percepción de nosotros mismos. Perdimos la libertad de ser algo más que caricaturas.
Esto no tiene por qué ser vuestro destino. Ustedes pueden ser diferentes. Reconozcan que ustedes son el enemigo que Trump necesita. Muestren preocupación, no desprecio, por las heridas de aquellos que lo llevaron al poder. Por sobre todo, tengan paciencia con la democracia y luchen incesantemente para liberarse de los grillos de la caricatura de ustedes que los populistas han dibujado.
Se trata de una gran exigencia. Pero la alternativa es peor. Créanme.
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 5, 2017 | Argumentos, Política |

Transmisión de mando
Hoy se estrena nueva directiva de la Asamblea Nacional. Controlado por la oposición, presidido por Henry Ramos Allup, el parlamento venezolano aprobó un total de quince leyes en 2016, de las que sólo una entró en vigencia; las restantes catorce fueron anuladas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional, argumentando que la Asamblea se encontraba en desacato por la incorporación de diputados cuya elección la misma sala declaró suspendida. Ramos hizo un lastimoso recuento de su conducción para argumentar que el saldo del órgano legislativo nacional había sido positivo (?) bajo su guía, pero sólo pudo exhibir, con desproporcionado detalle, el reconocimiento a los trabajadores de la Asamblea. (Se le olvidó anotar el fundamentalísimo logro de extraer de la sede legislativa los retratos de Hugo Chávez y el de Simón Bolívar con rasgos de afrodescendiente). Julio Borges tiene ahora la oportunidad de ejecutar un decisivo cambio de rumbo.
Lo primero que Borges tiene que hacer es librar a la Asamblea de la situación de desacato. Es más importante para el país que los diputados unicamerales puedan ejercer su delicada función que un indignado, pero inútil, reclamo por la camisa de fuerza que el TSJ le ha colocado arbitrariamente. Es mucho más importante, por ejemplo, que la Asamblea recupere su capacidad de convocar referendos consultivos por mayoría simple, para así dar basamento a una alianza operativa del Poder Constituyente Originario y el Poder Legislativo Nacional, una de Pueblo y legisladores. El 22 de octubre del año pasado se propuso acá—Prontas elecciones—la convocatoria de uno que abriría las puertas a una elección presidencial inmediata. Entonces se observó:
Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).
Quince días después, los diputados en cuestión hacían justamente eso, pero Ramos Allup se negó a perfeccionar el asunto; con ineficaz altivez se limitó a observar: «Hemos tomado nota». La pelea por la representación del estado Amazonas debe darse en otras instancias—a estas alturas, lo mejor es una nueva elección, cosa que fue preacordada en la mesa de diálogo con supervisión vaticana y unasúrica—, pero es urgente y fundamental que la Asamblea recupere su eficacia. Se la necesita para permitir un esquema de diálogo que sustituya la asimetría del diálogo Gobierno-MUD por la constitucionalmente prevista cooperación de los Poderes Legislativo y Ejecutivo Nacionales. (Ver en este blog Plantilla del Pacto, del 25 de abril de 2016, donde se replantea elevar a consideración del Soberano la conveniencia del socialismo para Venezuela).
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El tratamiento de abolición del gobierno de Maduro propuesto en este espacio el pasado 17 de diciembre (y en la misma fecha desde el programa #227 de Dr. Político en RCR) fue ideado para el caso de Hugo Chávez en 2002 (expuesto en el programa Triángulo que transmitió Televén el 25 de febrero de ese año). Luego de un período de infructuosa promoción—poco después, consciente de mi propia insuficiencia operativa, ofrecí la iniciativa a Primero Justicia—, retomé la idea en 2003 como ultimátum que pudiera hacer más tragable un referendo consultivo, acerca de su permanencia en el cargo, que el presidente Chávez se comprometiera a acatar con su renuncia si el resultado le fuera desfavorable. (Esa proposición se argumentaba así: «Un posible acuerdo político ante el ultimátum de abolición», e iniciaba su descripción desde esta idea básica: «Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional»).
La abolición es una iniciativa radical que no puede emanar de la Asamblea Nacional; ella sería únicamente prerrogativa del Pueblo—enteramente constitucional; Corte Suprema de Justicia, 19 de enero de 1999: no todo lo que es constitucional está presente en una constitución cualquiera—, pero ese parlamento sí puede implementar las posibilidades, en creciente orden de agresividad, expuestas en Plantilla del Pacto y Prontas elecciones, que conducirían al mismo resultado de la abolición de modo más suave. (Si se añadiera ahora a la primera opción la consulta popular sobre nueva elección presidencial que prevé la segunda).
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Anteayer daba cuenta José Antonio Gil Yepes de los más recientes registros de Datanálisis, en entrevista concedida a Unión Radio: “Los independientes se encuentran en 45 %, mientras que los opositores alrededor de 27 % y el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela, principal partido chavista) solo suma 18 %”. Luego abundó sobre el punto, al destacar que quienes representan casi la mitad de la población “quieren diálogo y paz, están hartos del conflicto entre el Gobierno y la oposición; para esa gente el sentarse en la mesa de diálogo era una oportunidad positiva”.
Según se me informara, Primero Justicia prefería hacia septiembre de 2016, a diferencia de Acción Democrática, la confrontación al entendimiento con el gobierno. (Los más radicales en cada polo de esa disyuntiva eran Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo). Pero las investiduras cambian las perspectivas. (Efecto Beckett: quien fuera Arzobispo de Canterbury durante el reinado de Enrique II de Inglaterra, Thomas Beckett, llegó a ese cargo por designación del rey, su camarada de libertinas parrandas; pero al sentir la mitra episcopal sobre sus sienes empezó a pensar y actuar como hombre de iglesia, contraviniendo la expectativa de su actitud complaciente que Enrique había previsto, lo que lo llevó, hay que advertir a Borges, al martirio).
Julio Borges lucirá desde hoy en su cabeza la mitra parlamentaria, y puede conducir un lapso legislativo mucho más eficaz y sensato que lo que pudo ser el presidido por Henry Ramos Allup y sus inútiles desplantes. El país se lo exige. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 6, 2016 | Argumentos, Política |

No más de 140 caracteres por tuit
Hoy fue dirigido a mí (y a @marupita, del grupo VR, Venezuela Resistencia) un tuit de @GamelinBas (perteneciente al mismo grupo):
¡NI EN LAS PEORES DICTADURAS DEL MUNDO! Las 41 decisiones inconstitucionales del TSJ contra la AN @marupita @doctorpolitico
Supongo que el dardo se me lanzaba porque en el conversatorio del viernes 2 de diciembre con el grupo, advertí contra el lenguaje hiperbólico que dice cosas como que padecemos una hambruna o vivimos bajo una dictadura comunista. (Ver en este blog Etiqueta negra, del 11 de abril de 2016. O, también, Pandemónium, donde puse el 21 de julio: «En general, un cierto lenguaje hiperbólico, conveniente a cierta clase de discurso político, desayuda en lugar de ayudar. No es necesario para que sepamos los venezolanos que estamos en las peores condiciones generales desde la Guerra Federal. El empleo de una etiqueta dramáticamente vistosa no conduce a la solución de nuestros graves problemas políticos»).
Bueno, contesté ese tuit de este modo: «En las peores dictaduras del mundo no se tolera una Asamblea en manos de la oposición. No se tolera ninguna oposición». Lo que motivó esta respuesta de @GamelinBas: «Las dictaduras sí permiten oposición, cuando ésta es comprada y favorece al tirano, dando falsa imagen de democracia».
A mi vez, disparé una ráfaga de tres tiros:
Ud. habló de “las peores dictaduras del mundo”.
Y destacó la anulación de la AN por el TSJ. Eso no parece una oposición comprada.
Es muy importante razonar consistente y lógicamente. Ud. se autocontradice.
Del lado de allá, silencio hasta ahora, más de una hora después del último de mis mensajes. Como pienso colocar en Twitter el enlace a esta entrada, son de esperar más dardos.
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Mientras cerraba esta edición llegó una necedad de otro miembro de VR a quien ya bloqueé: «Amigo se te cayó la careta». Jamás me tapo la cara; en cambio, es descripción de VR la siguiente: «Todos en el canal somos ciudadanos venezolanos que estamos dentro y fuera del país, desde profesionales, amas de casa, personas de barrios humildes y hasta militares encubiertos. Pero todos anónimos». Y, por supuesto, esa persona no es mi amigo, y no se le dice a un amigo que se esconde tras un antifaz. Uno de los más inteligentes y serenos miembros de VR me había escrito el 8 de noviembre: «…por favor, no se deje llevar por la apariencia de Nosferatu, es sólo un avatar que la mayoría de los que estamos en la llamada resistencia hemos decidido usar para protegernos de represalias del régimen actual». Creo que el grupo sobreestima su importancia. Por mi parte, nunca he optado por esa protección de secta secreta:
En desayuno al que fuéramos invitados en plena campaña electoral de 1998 (en las oficinas de la agencia de publicidad J. Walter Thompson) dijimos al mismísimo Hugo Chávez, expositor de circunstancia, que el titular del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad, y no una logia de una decena de comandantes que sin ningún derecho juraran alzarse ante los restos de un decrépito y patriótico samán. En la misma ocasión le quisimos hacer entender que si insistía en glorificar su criminal aventura de 1992 no tendría ningún sentido establecer un diálogo al que me invitaba, tras mi declaración primera, en compañía de William Izarra. (…) En enero de 1999, ya electo Chávez, nos permitimos decir en voz tan alta que llegó a todo el auditorio, y en su presencia a distancia de dos metros, que estaba completamente equivocado en su concepto constituyente, en acto convocado en La Viñeta. Durante todo el transcurso de su desgobierno, por escrito, por radio, por televisión, hemos hecho explícita nuestra consistente oposición a sus ideas y sus métodos. El 25 de febrero de 2002, por citar un solo caso, propusimos un procedimiento para abolir su régimen en conocido programa matutino televisado. (LEA #100).
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 4, 2016 | Argumentos, Política |

El anuncio del evento
En la noche del 2 de este mes, participé como ponente en un conversatorio virtual organizado por VHLT (Venezuela Hasta Los Tuétanos), un grupo que definiera uno de los coordinadores en estos términos:
Todos en el canal somos ciudadanos venezolanos que estamos dentro y fuera del país, desde profesionales, amas de casa, personas de barrios humildes y hasta militares encubiertos. Pero todos anónimos. No creemos en marchas vacías dirigidas por políticos y mucho menos la falsa oposición. apoyamos la vida, el respeto de los derechos humanos y oportunidades de un mejor futuro. Estamos trabajando en la calle creando conciencia para rescatar los valores perdidos. Nuestro logo es una V y una R. Y estamos organizándonos cada uno en nuestra comunidad.
Las iniciales en el logotipo corresponden a «Venezuela» y «Resistencia». El contacto inicial había anticipado:
El grupo donde me encuentro es uno de tantos que nos hacemos llamar «la resistencia», aunque debo ser honesto con ud., muchos de nosotros no tenemos claro (no es mi caso), qué significa verdaderamente ser resistencia. Este grupo está tratando de pasar a un nuevo nivel de organización. No comulgamos en lo absoluto con los métodos de la Mud, aunque estamos abiertos a oír algún vocero de ellos que quiera exponer alguna idea. A nuestro canal han venido personajes a exponer mayormente q sostienen alternativas no Mud, me parece que los enfoques que ud defiende son sumamente interesantes para q sean considerados por esta algo etérea resistencia, y puede ayudar a aclarar mejor los objetivos.
A esta persona le describí mi posición así: «No quisiera ser entendido como actor de resistencia o mera oposición. Si uno se define como opositor o de resistencia, queda limitado al enemigo. Hay que hacer cosas que debe hacerse aunque Maduro no existiera. Vea el concepto en doctorpolitico.com/?p=45880«.
Al final de esta nota está el archivo de audio de mi planteamiento inicial, que supongo habrá conmovido las bases desde las que parte más de un miembro del grupo (dos personas tuitearon que yo era un chavista disfrazado y la consabida «refutación» de que creo saberlo todo). Es frecuente la lectura de nuestro proceso político como dicotomía:
De modo, pues, que si comparto la descripción crítica de sistemas como el castrista, el sandinista o el chavista, todos cultores de la mentira sistemática como herramienta de distorsión para dominar, no concurro con la presentación del mundo como película en blanco y negro, como un asunto de superhéroes contra supervillanos. La realidad tiene muchas tonalidades de gris o, más exactamente aún, viene en deslumbrantes colores. No todo lo que se opone al socialismo es por eso mismo esencialmente loable. (En Cruce de correos, 10 de mayo de 2014).
Por lo que respecta a mi presunta conciencia de insuperabilidad, públicamente juré en 1995 cumplir un código de ética del que nunca me he desviado; dos de sus estipulaciones rezan:
5. Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.
6. No dejaré de aprender lo que sea necesario para el mejor ejercicio del arte de la Política, y no pretenderé jamás que lo conozco completo y que no hay asuntos en los que otras opiniones sean más calificadas que las mías.
Pero nunca falta quien se desagrada ante el conocimiento de otros, especialmente si sacude sus propios prejuicios; incapaces de refutarlos, acuden entonces al ataque personal infundado como psicólogos a distancia de alguien a quien no conocen. (La falacia ad hominem, tenida por la ciencia de la Lógica como razonamiento inválido de los más primitivos). «Nadie, por otra parte, ha refutado mis tesis en veintiocho años de labor. Las objeciones que les oponen no son de fondo, son oblicuas o indirectas» (En Hallado lobo estepario en el trópico, 28 de mayo de 2011; ahora son 33 los años de trabajo en Política). Ya había escrito José Ingenieros: “La envidia es el rubor de la mejilla sonoramente abofeteada por la gloria ajena”. (En El hombre mediocre). No creo que haya cometido pecado al instruirme, y creo que lo que haya aprendido no es algo que deba guardar egoístamente para mi uso exclusivo, sino que debo ponerlo a la orden de los demás. La propiedad, incluida la intelectual muy especialmente, tiene una función social.
La interacción con personas conectadas—al inicio se reportó más de 280—duró dos horas y veinte minutos más; en general, se condujo correctamente, pero hacia su término hubo interrupciones que inicialmente toleré. Cuando uno de los moderadores a quien solicité impedirlas (tal como yo había escuchado en silencio las participaciones) dijo que no podía controlarlas, di por terminada mi intervención. Pero agradezco a los organizadores del evento su interés al invitarme y la oportunidad de emerger en su canal, una fresca modalidad para la participación política acorde con la omnipresente realidad virtual de estos tiempos. LEA
La patología política venezolana y la terapéutica correcta
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